sábado, 17 de diciembre de 2016

4º domingo de adviento'16 - Felicitación de Navidad

“El Señor vendrá a salvar a su pueblo”
A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien.
Queridos:
Desde hace años, desde hace una vida para muchos de vosotros, sois evidencia de que “el Señor ha salido de su santuario y ha venido a visitar a su pueblo”.
Del Señor han sido vuestras manos, con las que él continúa realizando su obra; suya es vuestra compasión, por la que él continúa vendando heridas y resucitando esperanzas; suyo es vuestro corazón, en el que él continúa amando; suyos sois cada uno de vosotros en quienes él continúa saliendo al encuentro de los pobres y les lleva la buena noticia.
Para los pobres, vosotros sois evidencia de que el Señor está cerca, de que su luz ha brillado en la noche: ¡Sois evidencia de la Navidad!
Pero sois también testigos de vuestra pobreza, de que, en esta vida, el adviento no termina: sabéis que lo verdadero y la plenitud son futuros, y que nuestro Dios es siempre “un Dios escondido”, es siempre aquel a quien ansiamos de noche y por quien madrugamos más que la aurora.
Es así para nosotros. Es así para todos los pobres.
Por eso, Iglesia amada del Señor, te son familiares las palabras del Salmista: “¿No vas a devolvernos la vida para que tu pueblo se alegre contigo? Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”. ¡Paradojas de la fe que profesáis!: Vosotros, que hacéis evidente la Navidad, esperáis todavía que se cumpla, que os envuelva su alegría, que os visiten en ella la misericordia de Dios y su salvación.
Nombres para lo que esperamos:
Por creyentes y por pobres, somos emigrantes que se echan a los caminos con un hatillo de sueños.
Los ciegos esperan la luz. Los que la ley ha declarado impuros, piden que la gracia los purifique. Los enfermos buscan la salud, y los cautivos sueñan un mundo de cadenas rotas y pasos en libertad.
Los hambrientos mendigan el evangelio de un pan; para el sediento, el evangelio es el agua; para el desnudo, un vestido con que protegerse; para el que llora, una mano que ofrezca confianza…
Nosotros soñamos a la medida de nuestras necesidades o de nuestros deseos. Dios sueña a la medida de su amor. Escucha lo que ese amor ha soñado para todos:
“Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón.
La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra; la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan.”
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.
La luz, la gracia, la salud y la libertad que pedías, el pan, el agua, el vestido y el consuelo que necesitabas, el amor de Dios te lo ha dado todo, y se llama salvación y gloria, misericordia y fidelidad, justicia y paz. ¡Dios nos lo ha dado todo en Jesús! Jesús es el nombre de todo lo que soñamos.
¡Feliz Navidad!:
No temas, pequeño rebaño; no temas, Iglesia enviada por el Espíritu del Señor para llevar a los pobres la bueno noticia: Tu Dios viene a ti, pequeño él también como un niño, vulnerable él también como un recién nacido.
Que la fe lo levante hasta tu mejilla y lo acerque a tu corazón. Y que el amor haga subir desde tu corazón el cielo un canto de alabanza por la justicia que ese niño es para ti, por la paz que con él ha nacido para ti, por la salvación que en él te ha alcanzado, por la gloria que en su fragilidad has visto resplandecer.
Feliz Navidad, Iglesia de Tánger. Feliz Navidad a los pobres, pues, con el nacimiento de Jesús, llega para todos ellos el Reinado de Dios. En verdad, “el Señor ha salido de su santuario y ha venido a visitar a su pueblo”.
Tánger, 14 de diciembre de 2016.
Fiesta de San Juan de la Cruz.

Celebraciones en Navidad ' 16: horarios





ENERO 2017

+MIERCOLES 4 DE ENERO --
- 17,00 horas. Distribución de juguetes por “Caritas” en la Parroquia

- 20,00 horas, en la Plaza del Ayuntamiento, del  pueblo de Rivas-Vaciamadrid, Visita de los Reyes Magos a la Parroquia de “San Marcos”;  Adoración de los Reyes y recogida de cartas dirigidas a Sus Majestades de Oriente. Actividad realizada por la “Asociacion Casco Antiguo de Rivas-Vaciamadrid”, en colaboración con las tres Parroquias del Municipio.

+SABADO 7 DE ENERO -- 
- Excursión a Navacerrada, para todas las familias que quieran. 
--Quedaremos en la parroquia a las 9:30.
--Cada uno llevará la comida de ese dia.
--En principio nos organizaremos en coches para ir. 
--El alquiler del autobús está condicionado al número de inscripciones.
--Los menores que no vayan con sus padres deberán traer firmada la autorización que se les mandó por correo electrónico.
--La hora de regreso aproximada será a las 18:00.
--e-mail de inscripciones:    carlos.langdon@parroquiasantamonica.com

+DOMINGO 8 DE ENERO. -- 
- En la Misa de 11,30 horas, se recibirán las Reliquias de los Santos Niños, Justo y Pastor. Permanecerán una semana en la Parroquia, y se llevaran a cabo distintas actividades.



V Mercadillo de Navidad ' 16 (18/12, 25/12, 01/01/2017) - Parroquia San Marcos

Música Il piacere: eventos musicales


Clases de Lengua de signos Española


viernes, 16 de diciembre de 2016

Clases de guitarra: actividad parroquial


Benedicto XVI, entrevista en la que explica los motivos de su renuncia (agosto 2016).



1  Benedicto XVI, entrevista en la que explica los motivos de su renuncia (agosto 2016). Sus relaciones con Papa Francisco. «LA OBEDIENCIA A MI SUCESOR NUNCA SE HA PUESTO EN DISCUSIÓN» Benedicto XVI explica los motivos de su renuncia El Papa emérito en una entrevista al diario La Repubblica ha respondido al periodista Elio Guerriero acerca de los motivos de su renuncia: la salud y las dificultades físicas que le impedían desempeñar su función, en especial en aquellas ocasiones en las que consideraba necesaria su presencia, como la JMJ de Río de Janeiro de 2013. 25/08/16 7:44 PM | Imprimir | Enviar El Papa emérito respondió al periodista Elio Guerriero en el diario La Repubblica sobre cuestiones relativas a su renuncia y la relación con el Papa Francisco. Reproducimos por su interés la traducción de la entrevista realizada por Religión en Libertad.  Santidad, visitando por última vez Alemania en 2011, usted dijo: «No se puede renunciar a Dios». Y también: «Donde hay Dios, ahí está el futuro». ¿No le disgustó tener que renunciar en el año de la fe? Naturalmente, tenía presente llevar a término el año de la fe y escribir la encíclica sobre la fe que debía concluir el recorrido iniciado con Deus caritas est. Como dice Dante, el amor que mueve el sol y las demás estrellas nos impulsa, nos conduce a la presencia de Dios, que nos da esperanza en el futuro. En una situación de crisis, la mejor actitud es ponerse delante de Dios con el deseo de reencontrar la fe para poder proseguir el camino de la vida. Por su parte, al Señor le agrada acoger nuestro deseo de darnos las luces que nos guían en el peregrinaje de la vida. Es la experiencia de los santos, de San Juan de la Cruz o de Santa Teresita del Niño Jesús. En 2013, sin embargo, había numerosos compromisos que consideraba que no podría completar.  ¿Cuáles eran estos compromisos? En particular, ya estaba fijada la fecha de la Jornada Mundial de la Juventud que debía tener lugar en el verano de 2013 en Río de Janeiro, en Brasil. A este respecto yo tenía dos convicciones muy precisas. Después de la experiencia del viaje a México y a Cuba, ya no me sentía capaz de realizar un viaje tan comprometido. Además, con la impronta marcada 2 por Juan Pablo II en estas jornadas, la presencia física del Papa era indispensable. No se podía pensar en una participación televisiva o en otras formas facilitadas por la tecnología. Ésta asimismo era una circunstancia por la cual la renuncia era para mí un deber. En fin, tenía la certeza de que también sin mi presencia el año de la Fe llegaría en cualquier caso a buen puerto. La fe, de hecho, es una gracia, un don generoso de Dios a los creyentes. Por tanto, tenía la firme convicción de que mi sucesor –como así ha sucedido- llevaría igualmente al buen fin querido por el Señor la iniciativa que yo había comenzado.  Visitando la basílica de Collemaggio en L’Aquila, dejó su palio sobre el altar de San Celestino V [el único Papa, además de él, que ha renunciado al pontificado]. ¿Me puede decir cuándo llegó a la decisión de tener que renunciar al ejercicio del ministerio petrino por el bien de la Iglesia? El viaje a México y Cuba había sido para mí hermoso y conmovedor desde muchos puntos de vista. En México me había impactado la fe profunda de tantos jóvenes, con la experiencia de su pasión gozosa por Dios. Del mismo modo me habían impresionado los grandes problemas de la sociedad mexicana y el compromiso de la Iglesia de encontrar, a partir de la fe, una respuesta al desafío de la pobreza y de la violencia. Tampoco es preciso recordar expresamente cómo me impactó en Cuba ver la forma en la que Raúl Castro quería conducir a su país por un nuevo camino sin romper la continuidad con el pasado inmediato. En ese sentido me impresionó mucho el modo en el que mis hermanos en el episcopado buscan encontrar una guía para este difícil proceso partiendo de la fe. En esos mismos días, sin embargo, experimenté con gran fuerza los límites de mi resistencia física. Sobre todo, me di cuenta de que ya no estaba en disposición de afrontar un futuro vuelo transoceánico por los problemas del huso horario. Naturalmente, hablé de estos problemas con mi médico, el profesor doctor Patrizio Polisca. De esta forma, se hacía evidente que ya no podría participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en el verano de 2013, se oponía claramente el problema del huso horario. Desde entonces tuve que decidir en un tiempo relativamente breve sobre la fecha de mi renuncia.  Tras la renuncia, muchos imaginaban escenarios medievales, con portazos y denuncias clamorosas. Hasta el extremo de que los mismos comentaristas quedaron sorprendidos, casi desilusionados, con su decisión de permanecer en el recinto de San Pedro, de subir al monasterio de Mater Ecclesiae. ¿Cómo llegó a esta decisión? Había visitado muchas veces el monasterio Mater Ecclesiae desde sus orígenes. A menudo había ido para participar en las Vísperas y celebrar la Santa Misa para todas las religiosas que pasaban por allí. Por último, había estado con ocasión del aniversario de la fundación de las hermanas visitandinas. »En su momento, Juan Pablo II había decidido que la casa, que antes servía como residencia del director de Radio Vaticana, en el futuro debía convertirse en un lugar de oración contemplativa, como una fuente de agua viva en el Vaticano. Habiendo sabido que aquella primavera concluía el trienio de las visitandinas, me vino casi naturalmente la certeza de que éste sería el lugar donde podría retirarme para continuar, a mi modo, el servicio de la oración al cual Juan Pablo II había destinado esta casa. 3  No sé si ha visto una foto tomada por un corresponsal de la BBC, el día de su renuncia, donde se ve la cúpula de San Pedro alcanzada por un rayo [Benedicto hace ademán con la cabeza de haberla visto]. Para muchos esa imagen sugirió una idea de decadencia, o incluso del fin del mundo. Ahora, sin embargo, se me ocurre decir: si esperaban herir a un vencido, a un derrotado por la Historia, yo a quien veo aquí es a un hombre sereno y confiado. Estoy plenamente de acuerdo. Yo me habría preocupado si no hubiese estado convencido, como dije al inicio de mi pontificado, de ser un simple y humilde trabajador en la vida del Señor.Desde el inicio fui consciente de mis límites y acepté, como he siempre intentado hacer en mi vida, en espíritu de obediencia. Luego estuvieron las dificultades mayores o menores del pontificado, pero también hubo muchas gracias. Me daba cuenta de que todo aquello que tenía que hacer no podía hacer hacerlo yo solo, y de este modo estaba casi obligado a ponerme en manos de Dios, a confiar en Jesús, a quien, a medida que escribía mi libro sobre Él, me sentía vinculado con una amistad antigua y cada vez más profunda. Y luego estaba la Madre de Dios, la madre de la esperanza, que era un apoyo seguro en las dificultades y a quien sentía cada vez más cercana en el rezo del santo Rosario y en las visitas a santuarios marianos. En fin, estaban los santos, mis compañeros de viaje de toda la vida: San Agustín y San Buenaventura, mis maestros del espíritu, pero también San Benito, cuyo lema de poner por delante a Cristo me resultaba cada vez más familiar; y San Francisco, el pobrecito de Asís, el primero que intuyó que el mundo es el espejo del amor creador de Dios, del cual provenimos y hacia el cual nos dirigimos.  ¿Son, pues, consolaciones espirituales? No, mi camino no estaba acompañado sólo por lo Alto. Todos los días recibía numerosas cartas, no sólo de los grandes de la Tierra, sino también de personas humildes y sencillas que querían decirme que me sentían próximo, que rezaban por mí. De aquí también, en los momentos difíciles, la confianza y la certeza de que la Iglesia está guiada por el Señor y que, por consiguiente, podía volver a poner en sus manos el mandato que me había confiado el día de la elección. Por lo demás, este apoyo ha continuado tras mi renuncia, por cual no puedo más que dar las gracias al Señor y a todos los que me expresaron y todavía me manifiestan su afecto.  En su despedida a los cardenales, el 28 de febrero de 2013, prometió a partir de entonces obediencia a su sucesor. En ese tiempo, tengo la impresión de que usted ha contado con la cercanía humana y la cordialidad del Papa Francisco. ¿Cómo es la relación con su sucesor? La obediencia a mi sucesor nunca se ha puesto en discusión. Pero hay además un sentimiento de comunión profunda y de amistad. En el momento de su elección sentí, como tantos otros, un sentimiento espontáneo de gratitud a la Providencia. Después de dos pontífices provenientes de la Europa central, el Señor, por así decirlo, volvía su mirada a la Iglesia universal y nos invitaba a una comunión más extensa, más católica. Personalmente me impresionó profundamente desde el primer momento la extraordinaria disponibilidad humana del Papa Francisco respecto a mí. Nada más ser elegido me llamó por teléfono. No consiguiéndolo en ese intento, me volvió a llamar inmediatamente después de su encuentro con la Iglesia universal en el balcón de San Pedro y me habló con gran cordialidad. Desde entonces me ha regalado una maravillosa relación paterno-fraternal. A menudo 4 recibo aquí pequeños regalos, cartas escritas personalmente. Antes de emprender grandes viajes, el Papa nunca deja de visitarme. La benevolencia humana con la que me trata es una gracia especial para mí en esta última fase de mi vida, de la cual sólo puedo estar agradecido. Lo que [Francisco] dice sobre la disponibilidad hacia los demás no son solamente palabras. Las pone en práctica conmigo. ¡Que él Señor, por su parte, le haga sentir todos los días su benevolencia! Es lo que le pido al Señor para él. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Sevillanas: actividad parroquial


jueves, 15 de diciembre de 2016

El bautismo (2). Catequesis del Papa Francisco, 15 de enero de 2014.



1 El bautismo (2). Catequesis del Papa Francisco, 15 de enero de 2014. Él nos hace transformarnos en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. De generación en generación, a través del bautismo, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios.En virtud del Bautismo nosotros nos transformamos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio en el mundo (Exhortación Apost. Evangelii gaudium, 120). “Cada bautizado, cualquiera sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de todos, de todo el Pueblo de Dios, un nuevo protagonismo de los bautizados, de cada uno de los bautizados. (ibid.) Cfr. Catequesis del Miércoles, 15 de enero 2014 El miércoles pasado hemos iniciado un breve ciclo de catequesis sobre los Sacramentos, comenzando por el Bautismo. Y acerca del Bautismo quisiera detenerme también hoy, para subrayar un fruto muy importante de este Sacramento: él nos hace transformarnos en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. Santo Tomás de Aquino afirma que quién recibe el Bautismo es incorporado a Cristo casi como miembro suyo y es agregado a la comunidad de los fieles, es decir, al Pueblo de Dios. (Summa Theologiae, III, q. 69, art. 5; q. 70, art.1). En la escuela del Concilio Vaticano II, nosotros decimos hoy que el Bautismo nos hace entrar en el Pueblo de Dios, nos transforma en miembros de un Pueblo en camino, un Pueblo peregrinante en la historia. En efecto, así como de generación en generación se transmite la vida, del mismo modo también de generación en generación, a través del renacimiento de la fuente bautismal, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios. Desde el momento en que Jesús dijo esto que hemos escuchado del Evangelio, los discípulos fueron a bautizar y, desde aquel tiempo hasta hoy, hay una cadena en la transmisión de la fe por el Bautismo, y cada uno de nosotros somos el anillo de esta cadena; un paso adelante siempre, como un río que irriga. Y así es la gracia de Dios, y así es nuestra fe, que debemos transmitir a nuestros hijos. Así es el Bautismo. ¿Por qué? Porque el Bautismo nos hace entrar en este Pueblo de Dios, que transmite la fe. Esto es muy importante, ¿eh? Un Pueblo de Dios que camina y transmite la fe. En virtud del Bautismo nosotros nos transformamos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio en el mundo (Exhortación Apost. Evangelii gaudium, 120). “Cada bautizado, cualquiera sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de todos, de todo el Pueblo de Dios, un nuevo protagonismo de los bautizados, de cada uno de los bautizados. (ibid.) El Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo, porque recibe la fe, y misionero, porque transmite la fe. Esto lo hace el Bautismo en nosotros: hace recibir la gracia. Y la fe es transmitir la fe. Todos en la Iglesia somos discípulos y lo somos siempre, por toda la vida; y todos somos misioneros, cada uno en el puesto que el Señor le ha asignado. Todos: el más pequeño es también misionero y aquel que parece más grande es discípulo. Pero algunos de ustedes dirán: "Padre, los obispos no son discípulos, los obispos saben todo. El Papa sabe todo, no es discípulo". Eh, también los obispos y el Papa deben ser discípulos, porque si no son discípulos, no hacen el bien, no pueden ser misioneros, no pueden transmitir la fe ¿entendido?¿Han entendido esto? Es importante, ¿eh? Todos nosotros: ¡discípulos y misioneros! Existe un vínculo indisoluble entre la dimensión mística e aquella misionera de la vocación cristiana, ambas radicadas en el Bautismo. “Recibiendo la fe y el bautismo, nosotros cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que conduce a confesar a Jesucristo como Hijo de Dios y a 2 llamar Dios “Abbá” (Padre). Todos los bautizados y las bautizadas estamos llamados a vivir y a transmitir la comunión con la Trinidad, porque la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria” (Documento final de Aparecida, n. 157). Nadie se salva solo. Esto es importante. Nadie se salva solo. Somos comunidad de creyentes, y en esta comunidad experimentamos la belleza de compartir la experiencia de un amor que nos precede a todos, pero que al mismo tiempo nos pide que seamos “canales” de la gracia los unos por los otros, no obstante nuestros límites y nuestros pecados. La dimensión comunitaria no es sólo un “marco”, un “contorno”, sino que es parte integrante de la vida cristiana, del testimonio y de la evangelización. La fe cristiana nace y vive en la Iglesia, y en el Bautismo las familias y las parroquias celebran la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su cuerpo, que es la Iglesia (ibid., n.175 b). A propósito de la importancia del Bautismo para el Pueblo de Dios, es ejemplar la historia de la comunidad cristiana en Japón. Pero escuchen bien esto. Aquella comunidad sufrió una dura persecución a comienzos del siglo XVII. Fueron numerosos los mártires, los miembros del clero fueron expulsados y millares de fieles fueron asesinados. No quedó en Japón ningún sacerdote, todos fueron expulsados. Entonces la comunidad se retiró a la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento. Y cuando nacía un niño, el papá o la mamá lo bautizaban, porque todos los fieles pueden bautizar en circunstancias particulares. Cuando después de aproximadamente dos siglos y medio - 250 años después - los misioneros volvieron a Japón, millares de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. ¡Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo! Pero esto es grande, ¿eh? El Pueblo de Dios transmite la fe, bautiza sus hijos y va adelante. Y habían mantenido, aún en secreto, un fuerte espíritu comunitario, porque el Bautismo los había hecho transformar en un sólo cuerpo en Cristo: estaban aislados y escondidos, pero eran siempre miembros de la Iglesia. ¡Podemos aprender tanto de esta historia! ¡Gracias! www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

El Bautismo (1). Catequesis del Papa Francisco, 8 de enero de 2014.


1 El Bautismo (1). Catequesis del Papa Francisco, 8 de enero de 2014. Nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos. Si logramos seguir a Jesús y a quedarnos en la Iglesia, aún con nuestros límites, con nuestras fragilidades y nuestros pecados, es justamente por el Sacramento en el cual nos hemos transformado en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Cfr. Catequesis del Miércoles 8 de enero 2014 Queridos hermanos y hermanas: Hoy iniciamos una serie de Catequesis sobre los Sacramentos, y la primera es acerca del Bautismo. Por una feliz coincidencia, el próximo domingo es justamente la fiesta del Bautismo del Señor. 1. El Bautismo es el sacramento sobre el cual se funda nuestra misma fe y que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Junto a la Eucaristía y a la Confirmación, forma la así llamada “Iniciación cristiana”, la cual constituye como un único, gran evento sacramental que nos configura al Señor y hace de nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor. Puede nacer en nosotros una pregunta: ¿pero es de verdad necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No es en el fondo un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? ¿Es una pregunta que puede venir, no? Y a tal propósito, es iluminante lo que escribe el apóstol Pablo: “¿No saben que quienes hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por medio del Bautismo, entonces, hemos sido sepultados junto a Él en la muerte para que, como Cristo fue resucitado entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva” (Rm 6, 3-4). Por lo tanto ¡no es una formalidad! Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado: no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos. 2. Muchos de nosotros no tenemos el mínimo recuerdo de la celebración de este Sacramento y, es obvio, si hemos sido bautizados poco después del nacimiento. Pero yo he hecho esta pregunta dos o tres veces, aquí en la plaza: quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo, levante la mano. ¿Quién la sabe? ¿Eh, pocos, eh? Pocos. Pero es importante, es importante conocer cuál ha sido el día en el que yo he sido sumergido, puesto justamente en aquella corriente de salvación de Jesús. Y me permito darles un consejo. Pero, más que un consejo, una tarea para hoy. Hoy, en casa, busquen, pregunten la fecha del Bautismo y así sabrán cuál ha sido el día tan bello del Bautismo. ¿Lo harán? (La gente responde: ¡sí!) No siento entusiasmo, ¿eh? ¿Lo harán? (La gente grita más fuerte: ¡sí!) ¡Eh, sí! Porque es conocer una fecha feliz, aquella de nuestro Bautismo. El riesgo de no saberlo es perder la memoria de aquello que el Señor ha hecho en nosotros, la memoria del don que hemos recibido. Entonces terminamos por considerarlo sólo como un evento que ha sucedido en el pasado – y ni siquiera por voluntad nuestra, sino de nuestros padres – por lo tanto no tiene más ninguna incidencia en el presente. Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo: despertar la memoria del Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo cada día, como realidad actual 2 en nuestra existencia. Si logramos seguir a Jesús y a quedarnos en la Iglesia, aún con nuestros límites, con nuestras fragilidades y nuestros pecados, es justamente por el Sacramento en el cual nos hemos transformado en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Es por la fuerza del Bautismo, de hecho que, liberados del pecado original, somos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva: la esperanza de andar en la vía de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Recuerden: es verdad esto. La esperanza del Señor no defrauda nunca. Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los sufrientes, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo. 3. Y un último elemento, que es importante. Y hago una pregunta: ¿una persona puede bautizarse a sí misma? (la gente responde: ¡no!) No escucho: (la gente grita más fuerte: ¡no!) ¿Están seguros? (La gente responde: ¡sí!) No se puede bautizar: ¡nadie puede bautizarse a sí mismo! Nadie. Podemos pedirlo, desearlo, pero tenemos siempre necesidad de alguien que nos confiera este Sacramento en el nombre del Señor. Porque el Bautismo es un don que es otorgado en un contexto de solicitud y comunión fraternal. Siempre en la historia, uno bautiza al otro, al otro, al otro... es una cadena. Una cadena de gracia. Pero yo no puedo bautizarme solo: tengo que pedir a otro el Bautismo. Es un acto de fraternidad, un acto de filiación a la Iglesia. En la celebración del Bautismo podemos reconocer los lineamientos más genuinos de la Iglesia, la cual, como una madre, continúa a generar nuevos hijos en Cristo, en la fecundidad del Espíritu Santo. Pidamos entonces de corazón al Señor que podamos experimentar siempre más, en la vida de cada día, esta gracia que hemos recibido con el Bautismo. Encontrándonos, nuestros hermanos puedan encontrar unos verdaderos hijos de Dios, verdaderos hermanos y hermanas de Jesucristo, verdaderos miembros de la Iglesia. Y no se olviden la tarea de hoy ¿eh?, que era: buscar, preguntar la fecha de mi Bautismo. Y como yo sé mi fecha de nacimiento, así también debo conocer la fecha de mi Bautismo, porque es un día de fiesta. Gracias. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

El Bautismo del Señor (2013). La unción de Jesús y la presencia plena del Espíritu en Él.



1 El Bautismo del Señor (2013). La unción de Jesús y la presencia plena del Espíritu en Él. Nuestra participación por nuestro bautismo en el de Jesús. Efectos en nosotros de nuestro bautismo. El bautismo con el agua y el Espíritu Santo es el sacramento primero y fundamental de la Iglesia, el sacramento de la vida nueva en Cristo. El bautismo libera de la culpa original, perdona los pecados, nos comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre. Somos ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se nos da para luchar contra el mal. El agua bendita que se nos derrama es signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos hizo al morir en la cruz. Después recibimos una segunda y más importante unción con el “crisma”, para indicar que somos consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. La vela encendida que se nos entrega es símbolo de la luz de la fe que los padres y padrinos deberán custodiar y alimentar continuamente con la gracia vivificante del Espíritu. Lucas 3, 15-16.21-22: 15 Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, 16 Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. 21 Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, y mientras oraba, sucedió que se abrió el cielo, 22 y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido. «Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido» (Lucas 3,22) “El sentido del año litúrgico en general, no es otro que el de sacarnos de nuestra desmemoria y de la oscuridad de nuestra vida cotidiana y llevarnos hacia estas huellas de Dios que han sido marcadas a fuego de una vez para siempre en la historia a fin de que nuestro corazón se abra nuevamente, a fin de que las veamos y ellas nos señalen el camino”. “A través del bautismo Jesús se ha unido a nosotros: Su bautismo es el como puente Que él ha tendido entre sí y nosotros, el camino a través del cual él se nos hace accesible”. “El bautismo de Jesús nos recuerda sobre todas las cosas nuestro propio bautismo y nos pregunta qué ha surgido en nuestra vida con esa entrada de Dios en mi existencia personal. Nos pregunta qué significa para mí, en realidad, el ser bautizado”. (J. Ratzinger - Benedicto XVI, Y Dios se hizo hombre, Ed. Encuentro 2012, pp. 76-77) I La unción de Jesús: el Espíritu de Dios descendió sobre Jesús y lo ungió (Lucas 3,22). • Hoy celebramos el Bautismo de Jesús en el río Jordán, cuando Jesús fue colmado por el Padre de Espíritu Santo. Aunque nadie ignora la presencia del Espíritu Santo en Jesús ya desde el momento de su nacimiento, se atribuye un significado decisivo a la unción solemne recibida por Jesús en el Jordán, con motivo del comienzo de su acción mesiánica 1 . • “El Espíritu Santo viene a ungir, esto es - en el lenguaje bíblico -, a consagrar, a dar la investidura y los poderes necesarios para esta misión a Jesús; misión que no es simplemente salvar a los hombres, sino salvarlos de un modo concreto establecido por el Padre: a través del abajamiento, la obediencia voluntaria y el sacrificio expiatorio”. (…) “A esta nueva y fundamental etapa de la vida de Jesús, le corresponde una nueva y fundamental unción del Espíritu Santo; y esto es lo que 1 Cfr. Raniero Cantalamesa, El misterio del Bautismo de Jesús, Edicep 1997 2 entendemos, precisamente, cuando hablamos del misterio de la unción”. (Cfr. R. Cantalamessa o.c. pp. 12-13). • Aunque todo lo que Jesús hace o dice en el evangelio lo realiza «en el Espíritu Santo», los evangelios ponen algunos momentos determinados explícitamente en relación con una moción especial del Espíritu Santo sobre Jesús(Cfr. R. Cantalamessa o.c. pp. 27-28): a) el Espíritu impulsa a Jesús a luchar contra el demonio. En la lucha contra el demonio Jesús realiza su misión real, en cuanto que abate el reino de Satanás y establece el reino de Dios: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mateo 12,28); b) impulsa a Jesús a predicar el evangelio; el Espíritu consagra a Jesús con la unción para llevar la buena nueva a los pobres (Lucas 4,18); c) impulsa a orar al Padre, ofreciéndose a él en sacrificio; el Espíritu hace «exultar de gozo» a Jesús, y le hace decir: Yo te bendigo, Padre ... (Lucas 10,20). II. Los cristianos participamos por nuestro bautismo de esa unción de Jesús, de esa presencia plena del Espíritu Santo en Jesús. o Un mismo Espíritu fluye en Jesús y en nosotros, del mismo modo que es una misma savia la que fluye entre la vid y los sarmientos. cfr. Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18 • El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en el Jordán es para nuestra santificación. La unción de Cristo es una “unción para nosotros”, estaba destinada a nosotros. San Pedro afirma: “Este Jesús … ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís” (hechos 2, 3s ss.). Y san Pablo escribe que Dios ha enviado a nuestros corazones “el Espíritu de su Hijo”, es decir, el Espíritu de Jesús que clama “Abbá, Padre” (Cfr. Romanos 8, 15). El hecho de que el Espíritu Santo grite en nosotros “Abbá, Padre” es la mejor prueba de que es el mismo Espíritu que estaba en Jesús de Nazaret. • Un mismo Espíritu fluye en Jesús y en nosotros, del mismo modo que es una misma savia la que fluye entre la vid y los sarmientos. o El momento en que Jesús, en la cruz, «expiró» cfr. Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18 • “El momento en que Jesús, en la cruz, «expiró» (Juan 19, 30), es también para el evangelista, el momento en que «entregó el Espíritu»; la misma expresión griega debe ser entendida, según el uso propio de Juan, en uno y en otro sentido: en el sentido literal de «expirar» y en el místico de «entregar el Espíritu». El episodio del agua y de la sangre que sigue inmediatamente, acentúa este significado místico. Poco después, este misterio es como representado plásticamente, cuando, en el cenáculo, Jesús resucitado «sopló» sobre los discípulos diciéndoles: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22). Parafraseando unas palabras de Jesús («Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste»), san Gregorio de Nisa hace decir al mismo Jesús: «Yo les he dado a ellos el Espíritu Santo que tú me diste» 2 . (Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18). o Así lo describen algunos escritores de los primeros tiempos del cristianismo. • San Ireneo de Lyon (130-202). «El Espíritu de Dios descendió, pues, sobre Jesús y lo ungió, como había prometido en los profetas, a fin de que nosotros fuésemos salvados participando en la abundancia de su unción» 3 . • San Atanasio (296-373) de Alejandría: «De su plenitud hemos recibido la gracia del Espíritu» 4 . • «A nosotros - escribe también san Atanasio - está destinado el descenso del Espíritu Santo 2 Ssan Gregorio de Nisa, In Cant. 17,22; PG 44, 1116 3 San Ireneo, Adv. Haer. III, 9, 3; PG 7, 872 A. 4 San Atanasio, C. Ariani. 1, 50; PG 26,118. 3 sobre Jesús en el Jordán... es para nuestra santificación, a fin de que fuésemos hechos partícipes de su unción y se pudiera decir de nosotros: ¿No sabéis que sois santuario de Dios y el Espíritu Santo habita en vosotros? (1 Co 3,16). En efecto, mientras el Señor, como hombre, era lavado en el Jordán, también nosotros éramos lavados, con el Señor y por el Señor, y mientras él recibía el Espíritu, éramos nosotros quienes, por el Señor, nos hacíamos capaces de recibir el Espíritu» 5 . o En el Concilio Vaticano II • En el Concilio Vaticano II se afirma que en Pentecostés el Señor Jesús “hace partícipe a todos su cuerpo místico de la unción del Espíritu Santo con que fue él ungido” 6 . o En el Bautismo nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 128 También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que El derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos (Tito 3, 5-7). o Lo que algunas personas piensan hoy en día sobre el bautismo. Cfr. J. Ratzinger – Benedicto XVI, Y Dios se hizo hombre, Ed. Encuentro 2012, pp. 77-78. • “Algunas personas piensan hoy en día que, en realidad, el bautismo no es más que una modalidad un tanto anticuada de incorporar a alguien en una comunidad religiosa. Piensan que se ha realizado de ese modo porque la mayoría no sabía leer ni escribir. Hoy – así piensan -, eso sería mucho más fácil con una simple anotación en actas, con un certificado o algo semejante. Y porque así piensan, omiten el bautismo y dicen: que el niño quiera inscribirse o no alguna vez lo dejamos a su arbitrio. Sin embargo, por el aparente respeto a la libertad del niño, olvidan que tampoco le han preguntado si acaso quería nacer, si quería aceptar la exigencia que significa la vida humana. Y, de hecho, esta exigencia de vivir hacia lo desconocido de un futuro ignoto solo puede justificarse si podemos brindar inicialmente algo más que la mera existencia biológica; si, junto con la vida, que se adentra hacia un futuro indefinible, podemos brindar también un sentido, una fuerza del bien que sea más fuerte que todas las amenazas y destrucciones imaginables y, posibles hacia las que, tal vez, ese niño se encamine. Solo si podemos dar también esto segundo está bien y tiene sentido hacer lo primero”. III. La unción de Jesús y del cristiano en el Catecismo de la Iglesia Católica o El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios • n. 1286: En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11, 2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4, 16 - 22; Is 61, 1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3, 13 - 17; Jn 1, 33 - 34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3, 34). o Esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico • n. 1287: Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36, 25 - 27; Jl 3, 1 - 2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12, 12; Jn 3, 5 - 8; Jn 7, 37 - 39; Jn 16, 7 - 15; Hch 1, 8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2, 1 - 4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las 5 San Atanasio, Or. I c. Arian. 47; PG 26, 108s. 6 Presbyterorum ordinis, 1,2 4 maravillas de Dios" (Hch 2, 11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17 - 18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2, 38). • n. 1288: "Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch 8, 15 - 17; Hch 19, 5)”. (…) El signo de la unción designa e imprime un sello espiritual. • n. 1289: Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10, 38). (…) Significaciones de la unción en el simbolismo bíblico y antiguo • n. 1293: “La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11, 14, etc. ) y de alegría (cf Sal 23, 5; Sal 104, 15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1, 6; Lc 10, 34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.” El sello es el símbolo de la persona, signo de su autoridad, de su propiedad sobre un objeto. • 1295: “Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38, 18; Ct 8, 9), signo de su autoridad (cf Gn 41, 42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32, 34) - por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor - ; autentifica un acto jurídico (cf 1R 21, 8) o un documento (cf Jr 32, 10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29, 11)”. Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano también está marcado con un sello. • n. 1296: “Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6, 27). El cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2Co 1, 22; cf Ef 1, 13; Ef 4, 30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7, 2 - 3; Ap 9, 4; Ez 9, 4 - 6)”. Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. • n. 1294: “Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación y el consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cf 2Co 2, 15)”. IV. Juan Pablo II: los efectos del bautismo en los cristianos. A) De una homilía en la fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán 12 de enero de 1997 Isaías 42,1-4.6-7; Hechos 10,34-38; Marcos 1,6-11 o Los efectos del bautismo que recibimos los cristianos (…) La Iglesia celebra hoy el bautismo de Cristo, y también este año tengo la alegría de administrar, en esta circunstancia, el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos. El bautismo libera de la culpa original, perdona los pecados, nos comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre. (…) El bautismo libera al hombre de la culpa original y perdona sus pecados, lo rescata de la esclavitud del mal y marca su renacimiento en el Espíritu Santo; le comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre y que nos ofrece su Hijo unigénito, hecho hombre, muerto y resucitado. (…) 5 El bautismo con el agua y el Espíritu Santo es el sacramento primero y fundamental de la Iglesia, sacramento de la vida nueva en Cristo. La unción con el óleo de los catecúmenos, el agua que se derrama, la unción con el “crisma”, la vela encendida. Estos niños dentro de poco recibirán ese mismo bautismo y se convertirán en miembros vivos de la Iglesia. Serán ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se les da para luchar contra el mal. El agua bendita que se les derrama es signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos hizo al morir en la cruz. Después se recibe una segunda y más importante unción con el “crisma”, para indicar que son consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. La vela encendida que se les entrega es símbolo de la luz de la fe que los padres y padrinos deberán custodiar y alimentar continuamente con la gracia vivificante del Espíritu. B) Catequesis. El bautismo, fundamento de la vida cristiana, el 1-04-1998. o En bautismo se da al hombre el Espíritu de la vida que "consagró" la humanidad de Cristo desde el momento de la Encarnación y que Cristo mismo infundió en virtud de su obra redentora. El Espíritu Santo hace nacer y crecer en el cristiano una vida "espiritual", divina, que anima y eleva todo su ser. A través del Espíritu, la vida misma de Cristo produce sus frutos en la existencia cristiana». • «Pablo muestra el efecto esencial del bautismo, cuando escribe a los Gálatas: "Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo" (Gálatas 3,27). Existe una semejanza fundamental del cristiano con Cristo, que implica el don de la filiación divina adoptiva. Los cristianos, precisamente porque están "bautizados en Cristo", son por una razón especial "hijos de Dios". El bautismo produce un verdadero "renacimiento". La reflexión de san Pablo se relaciona con la doctrina transmitida por el evangelio de san Juan, especialmente con el dialogo de Jesús con Nicodemo: "El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu" (Juan 3,5-6). "Nacer del agua" es una clara referencia al bautismo, que de ese modo resulta un verdadero nacimiento del Espíritu. En efecto, en él se da al hombre el Espíritu de la vida que "consagró" la humanidad de Cristo desde el momento de la Encarnación y que Cristo mismo infundió en virtud de su obra redentora. El Espíritu Santo hace nacer y crecer en el cristiano una vida "espiritual", divina, que anima y eleva todo su ser. A través del Espíritu, la vida misma de Cristo produce sus frutos en la existencia cristiana». V. Los efectos del bautismo en el Catecismo de la Iglesia Católica o Los dos efectos principales del bautismo. • n. 1262: “La gracia del Bautismo. Los distintos efectos del Bautismo son significados por los elementos sensibles del rito sacramental. La inmersión en el agua evoca los simbolismos de la muerte y de la purificación, pero también los de la regeneración y de la renovación. Los dos efectos principales, por tanto, son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo (Cf Hechos 2, 38; Juan 3, 5)”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Vigilia Pascual (2010). Homilía de Benedicto XVI.



Vigilia Pascual (2010). Homilía de Benedicto XVI. El Bautismo es fármaco de inmortalidad. Es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con él. Es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva. El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida. La hierba medicinal contra la muerte existe. Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Vigilia Pascual del año 2010, 3 de abril. Queridos hermanos y hermanas o Una leyenda judía: la aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha impuesto. Una antigua leyenda judía tomada del libro apócrifo «La vida de Adán y Eva» cuenta que Adán, en la enfermedad que le llevaría a la muerte, mandó a su hijo Set, junto con Eva, a la región del Paraíso para traer el aceite de la misericordia, de modo que le ungiesen con él y sanara. Después de tantas oraciones y llanto de los dos en busca del árbol de la vida, se les apareció el arcángel Miguel para decirles que no conseguirían el óleo del árbol de la misericordia, y que Adán tendría que morir. Algunos lectores cristianos han añadido posteriormente a esta comunicación del arcángel una palabra de consuelo. El arcángel habría dicho que, después de 5.500 años, vendría el Rey bondadoso, Cristo, el Hijo de Dios, y ungiría con el óleo de su misericordia a todos los que creyeran en él: «El óleo de la misericordia se dará de eternidad en eternidad a cuantos renaciesen por el agua y el Espíritu Santo. Entonces, el Hijo de Dios, rico en amor, Cristo, descenderá en las profundidades de la tierra y llevará a tu padre al Paraíso, junto al árbol de la misericordia». En esta leyenda puede verse toda la aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha impuesto. Se pone en evidencia la resistencia que el hombre opone a la muerte. En alguna parte — han pensado repetidamente los hombres — deberá haber una hierba medicinal contra la muerte. Antes o después, se deberá poder encontrar una medicina, no sólo contra esta o aquella enfermedad, sino contra la verdadera fatalidad, contra la muerte. En suma, debería existir la medicina de la inmortalidad. También hoy los hombres están buscando una sustancia curativa de este tipo. o El Bautismo, fármaco de inmortalidad. También la ciencia médica actual está tratando, si no de evitar propiamente la muerte, sí de eliminar el mayor número posible de sus causas, de posponerla cada vez más, de ofrecer una vida cada vez mejor y más longeva. Pero, reflexionemos un momento: ¿qué ocurriría realmente si se lograra, tal vez no evitar la muerte, pero sí retrasarla indefinidamente y alcanzar una edad de varios cientos de años? ¿Sería bueno esto? La humanidad envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud. Se apagaría la capacidad de innovación y una vida interminable, en vez de un paraíso, sería más bien una condena. La verdadera hierba medicinal contra la muerte debería ser diversa. No debería llevar sólo a prolongar indefinidamente esta vida actual. Debería más bien transformar nuestra vida desde dentro. Crear en nosotros una vida nueva, verdaderamente capaz de eternidad, transformarnos de tal manera que no se acabara con la muerte, sino que comenzara en plenitud sólo con ella. Lo nuevo y emocionante del mensaje cristiano, del Evangelio de Jesucristo era, y lo es aún, esto que se nos dice: sí, esta hierba medicinal contra la muerte, este fármaco de inmortalidad existe. Se ha encontrado. Es accesible. Esta medicina se nos da en el Bautismo. Una vida nueva comienza en nosotros, una vida nueva que madura en la fe y que no es truncada con la muerte de la antigua vida, sino que sólo entonces sale plenamente a la luz. El Bautismo es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con él. Ante esto, algunos, tal vez muchos, responderán: ciertamente oigo el mensaje, sólo que me falta la fe. Y también quien desea creer preguntará: ¿Es realmente así? ¿Cómo nos lo podemos imaginar? ¿Cómo se desarrolla esta transformación de la vieja vida, de modo que se forme en ella la vida nueva que no conoce la muerte? Una vez más, un antiguo escrito judío puede ayudarnos a hacernos una idea de ese proceso misterioso que comienza en nosotros con el Bautismo. En él, se cuenta cómo el antepasado Henoc fue arrebatado por Dios hasta su trono. Pero él se asustó ante las gloriosas potestades angélicas y, en su debilidad humana, no pudo contemplar el rostro de Dios. «Entonces — prosigue el libro de Henoc — Dios dijo a Miguel: “Toma a Henoc y quítale sus ropas terrenas. Úngelo con óleo suave y revístelo con vestiduras de gloria”. Y Miguel quitó mis vestidos, me ungió con óleo suave, y este óleo era más que una luz radiante... Su esplendor se parecía a los rayos del sol. Cuando me miré, me di cuenta de que era como uno de los seres gloriosos» (Ph. Rech, Inbild des Kosmos, II 524). Precisamente esto, el ser revestido con los nuevos indumentos de Dios, es lo que sucede en el Bautismo; así nos dice la fe cristiana. Naturalmente, este cambio de vestidura es un proceso que dura toda la vida. Lo que ocurre en el Bautismo es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con él. El rito de las renuncias (las vestiduras que dejamos) y de las promesas En el rito del Bautismo hay dos elementos en los que se expresa este acontecimiento, y en los que se pone también de manifiesto su necesidad para el transcurso de nuestra vida. Ante todo, tenemos el rito de las renuncias y promesas. En la Iglesia antigua, el bautizando se volvía hacia el occidente, símbolo de las tinieblas, del ocaso del sol, de la muerte y, por tanto, del dominio del pecado. Miraba en esa dirección y pronunciaba un triple «no»: al demonio, a sus pompas y al pecado. Con esta extraña palabra, «pompas», es decir, la suntuosidad del diablo, se indicaba el esplendor del antiguo culto de los dioses y del antiguo teatro, en el que se sentía gusto viendo a personas vivas desgarradas por bestias feroces. Con este «no» se rechazaba un tipo de cultura que encadenaba al hombre a la adoración del poder, al mundo de la codicia, a la mentira, a la crueldad. Era un acto de liberación respecto a la imposición de una forma de vida, que se presentaba como placer y que, sin embargo, impulsaba a la destrucción de lo mejor que tiene el hombre. Esta renuncia —sin tantos gestos externos— sigue siendo también hoy una parte esencial del Bautismo. En él, quitamos las «viejas vestiduras» con las que no se puede estar ante Dios. Dicho mejor aún, empezamos a despojarnos de ellas. En efecto, esta renuncia es una promesa en la cual damos la mano a Cristo, para que Él nos guíe y nos revista. Lo que son estas «vestiduras» que dejamos y la promesa que hacemos, lo vemos claramente cuando leemos, en el quinto capítulo de la Carta a los Gálatas, lo que Pablo llama «obras de la carne», término que significa precisamente las viejas vestiduras que se han de abandonar. Pablo las llama así: «fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo» (Ga 5,19ss.). Estas son las vestiduras que dejamos; son vestiduras de la muerte. Dios nos viste con indumentos de luz, las nuevas «vestiduras» fruto del Espíritu. En la Iglesia antigua, el bautizando se volvía después hacia el oriente, símbolo de la luz, símbolo del nuevo sol de la historia, del nuevo sol que surge, símbolo de Cristo. El bautizando determina la nueva orientación de su vida: la fe en el Dios trinitario al que él se entrega. Así, Dios mismo nos viste con indumentos de luz, con el vestido de la vida. Pablo llama a estas nuevas «vestiduras» «fruto del Espíritu» y las describe con las siguientes palabras: «Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí» (Ga 5, 22). En la Iglesia antigua, el bautizando era a continuación desvestido realmente de sus ropas. Descendía en la fuente bautismal y se le sumergía tres veces; era un símbolo de la muerte que expresa toda la radicalidad de dicho despojo y del cambio de vestiduras. Esta vida, que en todo caso está destinada a la muerte, el bautizando la entrega a la muerte, junto con Cristo, y se deja llevar y levantar por Él a la vida nueva que lo transforma para la eternidad. Luego, al salir de las aguas bautismales, los neófitos eran revestidos de blanco, el vestido de luz de Dios, y recibían una vela encendida como signo de la vida nueva en la luz, que Dios mismo había encendido en ellos. Lo sabían, habían obtenido el fármaco de la inmortalidad, que ahora, en el momento de recibir la santa comunión, tomaba plenamente forma. En ella recibimos el Cuerpo del Señor resucitado y nosotros mismos somos incorporados a este Cuerpo, de manera que estamos ya resguardados en Aquel que ha vencido a la muerte y nos guía a través de la muerte. El Bautismo es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva. En el curso de los siglos, los símbolos se han ido haciendo más escasos, pero lo que acontece esencialmente en el Bautismo ha permanecido igual. No es solamente un lavacro, y menos aún una acogida un tanto compleja en una nueva asociación. Es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva. o El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida. La hierba medicinal contra la muerte existe. Sí, la hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo accesible. Si nos atenemos a Él, entonces estamos en la vida. Por eso cantaremos en esta noche de la resurrección, de todo corazón, el aleluya, el canto de la alegría que no precisa palabras. Por eso, Pablo puede decir a los Filipenses: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres» (Flp 4,4). No se puede ordenar la alegría. Sólo se la puede dar. El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida. Estamos ya cobijados para siempre en el amor de Aquel a quien ha sido dado todo poder en el cielo y sobre la tierra (cf. Mt 28,18). Por eso pedimos, seguros de ser escuchados, con la oración sobre las ofrendas que la Iglesia eleva en esta noche: Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas, para que aquello que ha comenzado con los misterios pascuales nos ayude, por obra tuya, como medicina para la eternidad. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Fiesta del Bautismo del Señor (11 de enero de 2015) Ciclo B.


1 Fiesta del Bautismo del Señor (11 de enero de 2015) Ciclo B. Primer domingo del tiempo ordinario. La vida nueva en Cristo Jesús. El bautismo de Jesús tiene un significado para nosotros. Los creyentes por el bautismo somos inmersos con Cristo en la muerte al pecado, al mal y a todo lo que es contrario al Evangelio, para resucitar con Él a una vida nueva: se trata del paso de la vida «vieja» a la vida «nueva» en Cristo Jesús. Nacemos a una vida nueva renunciando al pecado, y estamos llamados a caminar en la vida en plena y filial obediencia a la misión y a la vocación a la que hemos sido llamados. La imagen de la esclavitud y de la libertad, para explicar el contenido de la vida “nueva”. Para vivir la vida “nueva”, es decir, según el Espíritu, hay que mortificar (lo cual que significa «morir a …») las obras de la carne. «Se dice que alguien vive según la carne cuando vive para sí mismo» (San Agustín). El carácter dramático de la existencia del hombre en esta vida. Cfr. Fiesta del Bautismo del Señor 11/01/15 Ciclo B - Primer domingo del tiempo ordinario. Isaías 42, 1-4.6-7; Salmo 28; Hechos 10, 34-38; Marcos 1, 6b-11 Isaías 42, 1-4. 6-7: 1 Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien se complace mi alma. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. 2 No gritará, ni chillará, no hará oír su voz en la calle. 3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo vacilante. Dictará sentencia según la verdad. 4 No desfallecerá ni se doblará hasta que establezca el derecho en la tierra. Las islas esperarán su ley. 6 «Yo, el Señor, te he llamado en justicia, te he tomado de la mano, te he guardado y te he destinado para alianza del pueblo, para luz de las naciones, 7 para abrir los ojos de los ciegos, para sacar a los cautivos de la prisión, y del calabozo a los que yacen en tinieblas.» Hechos de los Apóstoles 10, 34-38: En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, y dijo: 34 «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas. Está claro que Dios no hace distinciones; 35 sino que en cualquier pueblo le es agradable el que le teme y obra la justicia. 36 Ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciando el Evangelio de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo ocurrido por toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo a Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y poder, y cómo pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.» Marcos 1, 6b-11: “En aquel tiempo 7 Juan predicaba diciendo: «Después de mí viene el que es más poderoso que yo, ante quien no soy digno de inclinarme para desatarle la correa de la sandalias. 8 Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo». 9 Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y nada más salir del agua vio los cielos abiertos y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; 11 y se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me he complacido” El Bautismo (palabra que deriva del griego bapto/baptizo, “sumergirse”) de Jesús tiene un significado para nosotros: «inmersión» en la muerte al pecado, al mal y a todo lo que es contrario al Evangelio, para «emerger» a la vida nueva de los Hijos de Dios, con una vida que sea una continua adhesión a la voluntad de Dios. 1. El significado para nosotros del Bautismo de Jesús. cfr. Primo Gironi, Battesimo di Gesù- Annuncio, Omelie- Temi di Predicazione, n. 108 nuova serie • El bautismo es una palabra que deriva del griego (bapto/baptizo/, «sumergirse»), que para nosotros es «inmersión» en la muerte (al pecado, al mal y a todo lo que es contrario al Evangelio), para «emerger» a la vida nueva de los resucitados, de los Hijos de Dios. Nuestra vida debe ser, siguiendo el ejemplo de Jesús, una continua adhesión a Dios y a su voluntad de Padre. Como Jesús (y como el «Siervo» del que se habla en la primera Lectura), nosotros estamos llamados a caminar en la vida en plena y filial obediencia a la misión y a la vocación a la que hemos sido llamados y consagrados por el Espíritu del Señor, por el Espíritu del Padre. 2 o Los creyentes por el bautismo somos inmersos con Cristo en la muerte para resucitar con él a una vida nueva; se trata del paso de la vida «vieja» a la vida «nueva» en Cristo Jesús. • “Fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva” (Romanos 6, 3-4). Por el sacramento del bautismo los cristianos nos unimos a Cristo; cuando se celebra el bautismo por inmersión, aparece con mayor claridad el simbolismo: la inmersión en el agua “sepulta al pecador en la muerte de Cristo” (cfr. Colosenses 2,12) de la que se sale por la resurrección con él (Cfr. Romanos 8,11) como nueva criatura; nacemos a una vida nueva renunciando al pecado. o La imagen de la esclavitud y de la libertad, para explicar el contenido de la vida “nueva”1 . En otros versículos de esta misma carta a los Romanos, san Pablo exhorta a vivir con un estilo de vida típicamente cristiano que corresponde a la condición de bautizados, usando la imagen de la esclavitud y de la libertad. “Que no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus concupiscencias (...) gracias a Dios, vosotros, que fuisteis esclavos del pecado, obedecisteis de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis confiados y, liberados del pecado, os hicisteis siervos de la justicia. (...) Ahora, liberados del pecado y hechos siervos de Dios, dais vuestro fruto para la santidad; y tenéis como fin la vida eterna” (Cfr. vv. 12-23). o La vida nueva es el revestimiento de Cristo. Y a los Gálatas, Pablo les dirá: “Los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo” (3,27). Por el bautismo, el hombre se transforma en hijo de Dios y se reviste de Cristo. Para vivir la vida “nueva”, es decir, según el Espíritu, hay que mortificar (morir a …) las obras de la carne. Las obras según el Espíritu y según la carne en la carta a los Gálatas. Una de las afirmaciones más claras sobre el paso de la vida «vieja» a la vida «nueva», es expresada por Pablo en su conocido texto a los Gálatas sobre las obras de la carne, el hombre viejo, que hay que mortificar, para vivir según el Espíritu, con sus frutos: “Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes (...) En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Cfr. 5, 19-23) 2 . 2. ¿Por qué Jesús se mezcla entre la multitud gris de los pecadores que esperan a las orillas del Jordán, para ser bautizado por Juan? Cfr. J. Ratzinger - Benedicto XVI, Jesús de Nazaret a) Jesús inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. o El significado pleno del bautismo de Jesús, se manifiesta en la cruz: el bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo - «Éste es mi Hijo amado» (Marcos 3, 17) – es una referencia anticipada a la resurrección. • (p. 39). “El bautismo [de Juan] comportaba la confesión de la culpas. Era realmente un reconocimiento de los pecados y el propósito de poner fin a una vida anterior malgastada para recibir una nueva. ¿Podía hacerlo Jesús? ¿Cómo podía reconocer sus pecados? ¿Cómo podía desprenderse de una vida anterior para entrar en una vida nueva? Los cristianos tuvieron que plantearse estas cuestiones”. • (p. 40): “A partir de la cruz y la resurrección se hizo claro para los cristianos lo que había ocurrido: Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. La inicia con una anticipación de la cruz. Es, por así decirlo, el verdadero Jonás que dijo a los marineros: «Tomadme y lanzadme al mar» (cf. Jon 1, 12). El significado pleno del bautismo de Jesús, que comporta cumplir «toda 1 Nota de la redacción de Vida Cristiana: “La libertad quiere decir que el hombre es capaz de caminar hacia Dios, su verdadero y último fin (cfr. Gálatas 5, 16-26). Se es libre cuando se es conducido por el Espíritu de Dios. Éste da fuerza al espíritu humano para superar las inclinaciones de la carne, denunciadas por la Ley (cfr. ibídem vv. 22-23). De ahí que cuando no se vive conforme al Espíritu, la persona se deja llevar por las apetencias de la carne. «Se dice que alguien vive según la carne cuando vive para sí mismo. En este caso, por “carne” se entiende todo el hombre. Ya que todo lo que proviene del desordenado amor a uno mismo se llama obra de la carne». (San Agustín, La ciudad de Dios 14,2). 2 Gálatas 5, 16-17: “Caminad en el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios al espíritu, y el espíritu tiene deseos contrarios a la carne, porque ambos se oponen entre sí, de modo que no podéis hacer lo que os gustaría”. 3 justicia» se manifiesta sólo en la cruz: el bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo - «Éste es mi Hijo amado» (Mc 3, 17) – es una referencia anticipada a la resurrección”. o Jesús no sólo es un espectador antes los pecados de los hombres, sino que con-padece • (p. 42): “El bautismo de Jesús se entiende así como compendio de toda la historia, en el que se retoma el pasado y se anticipa el futuro: el ingreso en los pecados de los demás es el descenso al «infierno», no sólo como espectador, como ocurre con Dante, sino con-padeciendo y, con un sufrimiento transformador, convirtiendo los infiernos, abriendo y derribando las puertas del abismo. Es el descenso a la casa del mal, la lucha con el poderoso que tiene prisionero al hombre (y ¡cómo es cierto que todos somos prisioneros de los poderes sin nombre que nos manipulan!). Este poderoso, invencible con las meras fuerzas de la historia universal, es vencido y subyugado por el más poderoso que, siendo de la misma naturaleza de Dios, puede asumir toda la culpa del mundo, sufriéndola hasta el fondo, sin dejar nada al descender en la identidad de quienes han caído”. o Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo • (pp. 43-45): “Juan el Bautista, al ver a Jesús, pronunció estas palabras: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1,29). Mucho se ha hablado sobre estas palabras, que en la liturgia romana se pronuncian antes de comulgar. ¿Qué significa «cordero de Dios»? ¿Cómo es que se denomina a Jesús «cordero» y cómo quita este cordero» los pecados del mundo, los vence hasta dejarlos sin sustancia ni realidad? (...) El canto del siervo de Dios en Isaías 53, 7 compara al siervo que sufre con un cordero al que se lleva al matadero: «Como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca». Más importante aún es que Jesús fue crucificado durante una fiesta de Pascua y debía aparecer por tanto como el verdadero cordero pascual, en el que se cumplía lo que había significado el cordero pascual en la salida de Egipto: liberación de la tiranía mortal de Egipto y vía libre para el éxodo, el camino hacia la libertad de la promesa. A partir de la Pascua, el simbolismo del cordero ha sido fundamental para entender a Cristo. Lo encontramos en Pablo (cf. 1 Co 5, 7), en Juan (cf. 19, 36), en la Primera Carta de Pedro (cf. 1, 19) y en el Apocalipsis (cf. por ejemplo, 5, 6). (...) La palabra hebrea taljã' significa tanto «cordero» como «mozo», «siervo» (ThWNT I 343). Así, las palabras del Bautista pueden haber hecho referencia ante todo al siervo de Dios que, con sus penitencias vicarias, «carga» con los pecados del mundo; pero en ellas también se le podría reconocer como el verdadero cordero pascual, que con su expiación borra los pecados del mundo. «Paciente como un cordero ofrecido en sacrificio, el Salvador se ha encaminado hacia la muerte por nosotros en la cruz; con la fuerza expiatoria de su muerte inocente ha borrado la culpa de toda la humanidad» (ThWNT I 343s). Si en las penurias de la opresión egipcia la sangre del cordero pascual había sido decisiva para la liberación de Israel, El, el Hijo que se ha hecho siervo 3—el pastor que se ha convertido en cordero— se ha hecho garantía ya no sólo para Israel, sino para la liberación del «mundo», para toda la humanidad. (...) 3. Efectos del bautismo: muerte al pecado y nacimiento a una vida nueva en Cristo “Fuimos sepultados juntamente con Cristo Jesús mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva”. a) Qué significa ser sepultados con Cristo para una vida nueva. • Con la inmersión se entienden mejor las palabras de San Pablo a los romanos: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte» (6, 4). El signo de la inmersión o del bautismo «significa eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una nueva vida: «Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Romanos 6, 4) (Cf Colosenses 2, 12; Efesios 5, 26).» (Catecismo de la …, n. 628). Los dos efectos principales del bautismo son la purificación de los pecados (morir al pecado) y el nacimiento a una vida nueva, es decir, un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo; muerte y purificación y regeneración y renovación. (Cf. Catecismo de la …, 1262; Cf Hechos 2, 38; Juan 3, 5). • Dicho con otras palabras, el Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y los 3 Nota de la redacción de Vida Cristiana. Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo siervo de todos, Catecismo de la Iglesia Católica, n. 786: (…) “Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20, 28). Para el cristiano, «servir es reinar» (Lumen gentium 36) particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (Lumen gentium 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo” (…). 4 demás pecados personales que puede tener el hombre cuando es bautizado en edad adulta, y devuelve el hombre a Dios; pero permanecen «las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual» (CEC 405): quien ha recibido el bautismo, aunque recibe “la gracia de la purificación de todos los pecados ..... debe seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados” (CEC 2520). • Según nos dice el Concilio Vat. II, en la Constitución Lumen gentium, 7: «La vida de Cristo se comunica a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de una manera misteriosa pero real». «Esto es particularmente verdad en el caso del bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo (Cf. Romanos 6, 4-5r; 1Co 12,13)». (Cf. CEC 790). b) La vida nueva en Cristo: su contenido se expresa de diversos modos • Esta nueva vida en Cristo, ha sido expresada de diversos modos: - los bautizados se han «revestido de Cristo» (Gálatas 3,27); - el Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica (Cf. Catecismo de la Iglesia … 1227); - el Bautismo hace del bautizado «una nueva criatura» (2 Corintios 5,17); un hijo adoptivo de Dios (Cf Gálatas 4, 5-7); «partícipe de la naturaleza divina» 2 Pedro 1,4); miembro de Cristo (Cf 1 Corintios 6, 15; 12, 27); coheredero con Él (Cf Romanos 8, 17); templo del Espíritu Santo (Cf 1 Corintios 6, 19). (Cf. Catecismo de la …, n. 1265). - comienzo de la vida nueva (Cf Catecismo de la …, n. 1275; Romanos 6,4): el Bautismo « constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo», por la cual, además de lo ya dicho, el bautizado es «incorporado a la Iglesia» y «hecho partícipe del sacerdocio de Cristo» (Cf. Catecismo de la …, nn. 1277 y 1279). - “Por la gracia del bautismo ... somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eterna (Cf Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 9)”. (cf. Catecismo de la …, n. 265). - después del baño del agua, «el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios (S. Hilario, Mat. 2). - mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (Cf Romanos 6, 5); ( Catecismo de la …, n. 2565). - Es Cristo que pasa, n. 96: “Todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia, para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo, para realizar cada una de nuestras acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, perpetuando así la misión del Dios-Hombre”. c) Cristo en cierto sentido se convierte en sujeto de nuestras acciones • Gal 2,20: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne , la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Biblia de Jerusalén: “(a) Por la fe (Romanos 1,16), Cristo se convierte, en cierto sentido, en sujeto de todas las acciones vitales del Cristiano (Romanos 8,2.10- 11+; Filipenses 1,21; ver Colosenses 3,3). (b) Aunque todavía «en la carne» (Romanos 7,5+), la vida del cristiano está ya espiritualizada por la fe (ver Efesios 3,17); sobre esta condición paradójica, ver Romanos 8, 18-27.” b) El carácter dramático de la existencia del hombre en esta vida. • La «pérdida de nuestra vida» (de la vida, natural, según la carne, es decir, según la precariedad y debilidad de la vida humana) y la ganancia de la vida según el Espíritu se lleva a cabo no sin fatiga, lucha, etc. Se trata de la lucha ascética, realidad positiva muy conocida en la vida cristiana, que explica “el carácter dramático que caracteriza la existencia del cristiano en el mundo”. Es nuestra cooperación a la acción del Espíritu Santo autor de esa nueva vida. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

La Vigilia Pascual (2015), Año B.




1 La Vigilia Pascual (2015), Año B. “Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis como os dijo”. (Marcos 16,7). También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. En la vida del cristiano, después del bautismo, hay una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo. La novedad del Bautismo. El paso del «hombre viejo» al «hombre nuevo» en el centro de la Vigilia. Cfr. En la Vigilia de la Noche de la Santa Pascua, Año B, 4 de abril de 2015. Evangelio: Marcos 16, 1-7. El paso del «hombre viejo» al «hombre nuevo» en el centro de la Vigilia. 1. Galilea: el Señor dice a sus discípulos que vayan a Galilea Francisco, Vigilia Pascual del año 2014 (19 de abril) Galilea fue el lugar de la primera llamada a los discípulos por parte de Jesús. o Les pide volver a donde todo comenzó Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». «No temáis» y «vayan a Galilea». Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria; sin miedo, «no temáis». Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor. 2. También para nosotros hay una «Galilea». El comienzo del camino con Jesús, donde Dios me tocó. o Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a los hermanos. Volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió seguirlo; volver a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba. También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y 2 hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena. En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también otra «Galilea», una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió seguirlo; volver a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba. o En esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás. Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? Se trata de hacer memoria, regresar con el recuerdo. ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás. Allí te espera el Señor. He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia. No tengáis miedo, no temáis, volved a Galilea. Volver a Galilea no es volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor. El evangelio es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra. Volver a Galilea sin miedo. (…) 2. Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos cerremos en nosotros mismos, y es ahí donde está la muerte. Cfr. Francisco, Homilía en la Vigilia Pascual del 30 de marzo de 2013 Si ahora hemos estado lejos de Él, demos un pequeño paso: nos acogerá con los brazos abiertos. Si somos indiferentes, aceptamos arriesgar, y no quedaremos decepcionados. • (…) Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura..., y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí a Aquel que vive. Acepta entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en él, ten la seguridad de que él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como él quiere. 3. El paso del “hombre viejo” al «hombre nuevo» En el centro de la Vigilia pascual está el “hombre viejo” que debe morir con Cristo para que nazca el “hombre nuevo”. San Juan Pablo II, Homilía, Vigilia Pascual del 10 de abril de 1982 • Pablo escribe en la carta a los Romanos, hacia el año 57, es decir, 25 años después de los sucesos de la Pascua: “… fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, asís nosotros caminemos en una vida nueva” (Romanos 6,4). Por tanto, para la primera generación apostólica de los confesores de Cristo - y también para nosotros - en el centro de la vigilia pascual está el «hombre viejo», el hombre del pecado, que debe morir junto con Cristo, debe ser sepultado con él, para que en la muerte redentora de Cristo muera el pecado y en el alba del Domingo de Pascua nazca el «hombre nuevo». El hombre que vuelve nuevamente a la vida mediante Cristo. Ese paso del hombre viejo al nuevo es el testimonio que debemos dar. 3 o Se trata del revestimiento de Cristo por la fe y el Bautismo Es una nueva creación • Hemos sido llamados a ser testigos de la resurrección de Jesús, del paso del «hombre viejo» al «hombre nuevo» que obra Jesús, por su pasión, muerte y resurrección, en nuestras vidas. Somos llamados a ser testigos de la nueva vida en Cristo: se trata del revestimiento en Cristo por la fe y el Bautismo (Gálatas 3,27), de modo que llegamos a ser una nueva criatura: “el que está en Cristo es una nueva creación” (2 Corintios 5,17). • Biblia de Jerusalén 4,24: Todos los hombres deben revestirse del «Hombre Nuevo» (Efesios 2,15+), para ser en el re-creados (ver Gálatas 3,27; Romanos 13,14). En otros lugares Pablo habla en este sentido de «nueva creación» (2 Corintios 5,17+). 4. La liturgia bautismal (tercera parte de la Vigilia) Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu. (de la Bendición del agua bautismal) La novedad del Bautismo Homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual del 8 de abril de 2007 o Es un nacimiento a una nueva vida, más que un baño o una purificación Depositamos nuestra vida en sus manos, de modo que podamos decir con san Pablo: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí". El Bautismo es más que un baño o una purificación. Es más que la entrada en una comunidad. Es un nuevo nacimiento. Un nuevo inicio de la vida. El fragmento de la Carta a los Romanos, que hemos escuchado ahora, dice con palabras misteriosas que en el Bautismo hemos sido como "incorporados" en la muerte de Cristo. En el Bautismo nos entregamos a Cristo; Él nos toma consigo, para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino gracias a Él, con Él y en Él; para que vivamos con Él y así para los demás. En el Bautismo nos abandonamos nosotros mismos, depositamos nuestra vida en sus manos, de modo que podamos decir con san Pablo: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí". Si nos entregamos de este modo, aceptando una especie de muerte de nuestro yo, entonces eso significa también que el confín entre muerte y vida se hace permeable. Tanto antes como después de la muerte estamos con Cristo y por esto, desde aquel momento en adelante, la muerte ya no es un verdadero confín. Pablo nos lo dice de un modo muy claro en su Carta a los Filipenses: "Para mí la vida es Cristo. Si puedo estar junto a Él (es decir, si muero) es una ganancia. Pero si quedo en esta vida, todavía puedo llevar fruto. Así me encuentro en este dilema: partir - es decir, ser ejecutado - y estar con Cristo, sería lo mejor; pero, quedarme en esta vida es más necesario para vosotros" (cf. 1,21ss). A un lado y otro del confín de la muerte él está con Cristo; ya no hay una verdadera diferencia. Pero sí, es verdad: "Sobre los hombros y de frente tú me llevas. Siempre estoy en tus manos". A los Romanos escribió Pablo: "Ninguno… vive para sí mismo y ninguno muere por sí mismo… Si vivimos, ... si morimos,... somos del Señor" (14,7s). Nuestra vida pertenece a Cristo, ya no más a nosotros mismos. Ya no estamos solos ni siquiera en la muerte. Queridos catecúmenos que vais a ser bautizados, ésta es la novedad del Bautismo: nuestra vida pertenece a Cristo, ya no más a nosotros mismos. Pero precisamente por esto ya no estamos solos ni siquiera en la muerte, sino que estamos con Aquél que vive siempre. En el Bautismo, junto con Cristo, ya hemos hecho el viaje cósmico hasta las profundidades de la muerte. Acompañados por Él, más aún, acogidos por Él en su amor, somos liberados del miedo. Él nos abraza y nos lleva, dondequiera que vayamos. Él que es la Vida misma. 4 Las personas bautizadas y creyentes no son realmente ajenas las unas para las otras. Homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual del 22 de marzo de 2008 o Por el Bautismo el Señor entra en nuestras vidas por la puerta de nuestro corazón. Y aunque nos separen continente, o culturas, etc., nos podemos conocer en el mismo Señor, en la misma fe, en la misma esperanza y amor. Por el Bautismo el Señor entra en vuestra vida por la puerta de vuestro corazón. Nosotros no estamos ya uno junto al otro o uno contra el otro. Él atraviesa todas estas puertas. Ésta es la realidad del Bautismo: Él, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduciéndoos en el fuego vivo de su amor. Formáis una unidad, sí, una sola cosa con Él, y de este modo una sola cosa entre vosotros. En un primer momento esto puede parecer muy teórico y poco realista. Pero cuanto más viváis la vida de bautizados, tanto más podréis experimentar la verdad de esta palabra. Las personas bautizadas y creyentes no son nunca realmente ajenas las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o también acontecimientos históricos. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Señor, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestras vidas es el mismo. Experimentamos que en lo más profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por más grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extraños el uno para el otro. Estamos en comunión a causa de nuestra identidad más profunda: Cristo en nosotros. Así la fe es una fuerza de paz y reconciliación en el mundo: la lejanía ha sido superada, estamos unidos en el Señor (cf. Efesios 2, 13). El símbolo de la luz y del fuego en el bautismo Homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual del 22 de marzo de 2008 Gregorio de Tours narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de encender el fuego para la celebración de la Vigilia Pascual directamente con el sol a través de un cristal: se recibía, por así decir, la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del año. Esto es un símbolo de lo que celebramos en la Vigilia Pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el corazón de Dios y el corazón del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha traído a la tierra -la luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. Él ha traído la luz, y ahora sabemos quién es Dios y cómo es Dios. Así también sabemos cómo están las cosas respecto al hombre; qué somos y para qué existimos. o Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo más íntimo de nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer cómoda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo más íntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua se llamaba también al Bautismo el Sacramento de la iluminación: la luz de Dios entra en nosotros; así nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos preservarla de todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer cómoda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. En las promesas bautismales encendemos, por así decir, nuevamente, año tras año esta luz: sí, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Razón eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. Sí, creo que en Jesucristo, en su encarnación, en su cruz y resurrección se ha manifestado el Rostro de Dios; que en Él Dios está presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. Sí, creo que el Espíritu Santo nos da la Palabra verdadera e ilumina nuestro corazón; creo que en la comunión de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Señor y así caminamos hacia la resurrección y la vida eterna. El Señor nos ha dado la luz de la verdad. Esta luz es también al mismo tiempo fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestros corazones, para que nosotros seamos realmente hombres de Dios y para que su paz actúe en este mundo. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

El Bautismo del Señor (10 de enero de 2016).


1  El Bautismo del Señor (10 de enero de 2016). El Espíritu de Dios descendió sobre Jesús y lo ungió. Nuestra participación, por nuestro bautismo, en el de Jesús. El bautismo con el agua y el Espíritu Santo es el sacramento primero y fundamental de la Iglesia, el sacramento de la vida nueva en Cristo. Efectos en nosotros de nuestro bautismo: el bautismo libera de la culpa original, perdona los pecados, y nos comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre. Somos ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se nos da para luchar contra el mal. El agua bendita que se nos derrama es signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos dio al morir en la cruz. Después recibimos una segunda y más importante unción con el “crisma”, para indicar que somos consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. La vela encendida que se nos entrega es símbolo de la luz de la fe que los padres y padrinos deberán custodiar y alimentar continuamente con la gracia vivificante del Espíritu. Lucas 3, 15-16.21-22: 15 Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, 16 Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. 21 Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, y mientras oraba, sucedió que se abrió el cielo, 22 y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido. La primera y la segunda Lecturas son las mismas para los tres ciclos: A, B, y C.  Cfr. Fiesta del Bautismo del Señor, Año C (2016) 10 de enero “El bautismo de Jesús nos recuerda sobre todas las cosas nuestro propio bautismo y nos pregunta qué ha surgido en nuestra vida con esa entrada de Dios en mi existencia personal. Nos pregunta qué significa para mí, en realidad, el ser bautizado”. (J. Ratzinger - Benedicto XVI, Y Dios se hizo hombre, Ed. Encuentro 2012, pp. 76-77) 1. La unción de Jesús: el Espíritu de Dios descendió sobre Jesús y lo ungió (Lucas 3,22). • Hoy celebramos el Bautismo de Jesús en el río Jordán, cuando Jesús fue colmado por el Padre de Espíritu Santo. Aunque nadie ignora la presencia del Espíritu Santo en Jesús ya desde el momento de su nacimiento, se atribuye un significado decisivo a la unción solemne recibida por Jesús en el Jordán, con motivo del comienzo de su acción mesiánica 1 . • “El Espíritu Santo viene a ungir, esto es - en el lenguaje bíblico -, a consagrar, a dar la investidura y los poderes necesarios para esta misión a Jesús; misión que no es simplemente salvar a los hombres, sino salvarlos de un modo concreto establecido por el Padre: a través del abajamiento, la obediencia voluntaria y el sacrificio expiatorio”. (…) “A esta nueva y fundamental etapa de la vida de Jesús, le corresponde una nueva y fundamental unción del Espíritu Santo; y esto es lo que entendemos, precisamente, cuando hablamos del misterio de la unción”. (Cfr. R. Cantalamessa o.c. pp. 12-13). • Aunque todo lo que Jesús hace o dice en el evangelio lo realiza «en el Espíritu Santo», los evangelios ponen algunos momentos determinados explícitamente en relación con una moción especial del Espíritu Santo sobre Jesús (Cfr. R. Cantalamessa o.c. pp. 27-28): a) el Espíritu impulsa a Jesús a luchar contra el demonio. En la lucha contra el demonio Jesús realiza su misión real, en cuanto que abate el reino de Satanás y establece el reino de Dios: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mateo 12,28); b) impulsa a Jesús a predicar el evangelio; el Espíritu consagra a Jesús con la unción para llevar la buena nueva a los pobres (Lucas 4,18); c) impulsa a orar al Padre, ofreciéndose a él en sacrificio; el Espíritu hace «exultar de gozo» a Jesús, y le hace decir: Yo te bendigo, Padre ... (Lucas 10,20). 1 Cfr. Raniero Cantalamesa, El misterio del Bautismo de Jesús, Edicep 1997 2 2. Los cristianos participamos por nuestro bautismo de esa unción de Jesús, de esa presencia plena del Espíritu Santo en Jesús.  Un mismo Espíritu fluye en Jesús y en nosotros, del mismo modo que es una misma savia la que fluye entre la vid y los sarmientos. cfr. Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18 • El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en el Jordán es para nuestra santificación. La unción de Cristo es una “unción para nosotros”, estaba destinada a nosotros. San Pedro afirma: “Este Jesús … ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís” (hechos 2, 3s ss.). Y san Pablo escribe que Dios ha enviado a nuestros corazones “el Espíritu de su Hijo”, es decir, el Espíritu de Jesús que clama “Abbá, Padre” (Cfr. Romanos 8, 15). El hecho de que el Espíritu Santo grite en nosotros “Abbá, Padre” es la mejor prueba de que es el mismo Espíritu que estaba en Jesús de Nazaret. • Un mismo Espíritu fluye en Jesús y en nosotros, del mismo modo que es una misma savia la que fluye entre la vid y los sarmientos. o El momento en que Jesús, en la cruz, «expiró» cfr. Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18 • “El momento en que Jesús, en la cruz, «expiró» (Juan 19, 30), es también para el evangelista, el momento en que «entregó el Espíritu»; la misma expresión griega debe ser entendida, según el uso propio de Juan, en uno y en otro sentido: en el sentido literal de «expirar» y en el místico de «entregar el Espíritu». El episodio del agua y de la sangre que sigue inmediatamente, acentúa este significado místico. Poco después, este misterio es como representado plásticamente, cuando, en el cenáculo, Jesús resucitado «sopló» sobre los discípulos diciéndoles: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22). Parafraseando unas palabras de Jesús («Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste»), san Gregorio de Nisa hace decir al mismo Jesús: «Yo les he dado a ellos el Espíritu Santo que tú me diste» 2 . (Raniero Cantalamessa o.c. pp. 14-18). o Así lo describen algunos escritores de los primeros tiempos del cristianismo. • San Ireneo de Lyon (130-202). «El Espíritu de Dios descendió, pues, sobre Jesús y lo ungió, como había prometido en los profetas, a fin de que nosotros fuésemos salvados participando en la abundancia de su unción» 3 . • San Atanasio (296-373) de Alejandría: «De su plenitud hemos recibido la gracia del Espíritu» 4 . • «A nosotros - escribe también san Atanasio - está destinado el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en el Jordán... es para nuestra santificación, a fin de que fuésemos hechos partícipes de su unción y se pudiera decir de nosotros: ¿No sabéis que sois santuario de Dios y el Espíritu Santo habita en vosotros? (1 Co 3,16). En efecto, mientras el Señor, como hombre, era lavado en el Jordán, también nosotros éramos lavados, con el Señor y por el Señor, y mientras él recibía el Espíritu, éramos nosotros quienes, por el Señor, nos hacíamos capaces de recibir el Espíritu» 5 . o En el Concilio Vaticano II • En el Concilio Vaticano II se afirma que en Pentecostés el Señor Jesús “hace partícipe a todos su cuerpo místico de la unción del Espíritu Santo con que fue él ungido” 6 . 3. En el Bautismo nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 128 También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha 2 San Gregorio de Nisa, In Cant. 17,22; PG 44, 1116 3 San Ireneo, Adv. Haer. III, 9, 3; PG 7, 872 A. 4 San Atanasio, C. Ariani. 1, 50; PG 26,118. 5 San Atanasio, Or. I c. Arian. 47; PG 26, 108s. 6 Presbyterorum ordinis, 1,2 3 incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que El derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos (Tito 3, 5-7). 4. Lo que algunas personas piensan hoy en día sobre el bautismo. Cfr. J. Ratzinger – Benedicto XVI, Y Dios se hizo hombre, Ed. Encuentro 2012, pp. 77-78. • “Algunas personas piensan hoy en día que, en realidad, el bautismo no es más que una modalidad un tanto anticuada de incorporar a alguien en una comunidad religiosa. Piensan que se ha realizado de ese modo porque la mayoría no sabía leer ni escribir. Hoy – así piensan -, eso sería mucho más fácil con una simple anotación en actas, con un certificado o algo semejante. Y porque así piensan, omiten el bautismo y dicen: que el niño quiera inscribirse o no alguna vez lo dejamos a su arbitrio. Sin embargo, por el aparente respeto a la libertad del niño, olvidan que tampoco le han preguntado si acaso quería nacer, si quería aceptar la exigencia que significa la vida humana. Y, de hecho, esta exigencia de vivir hacia lo desconocido de un futuro ignoto solo puede justificarse si podemos brindar inicialmente algo más que la mera existencia biológica; si, junto con la vida, que se adentra hacia un futuro indefinible, podemos brindar también un sentido, una fuerza del bien que sea más fuerte que todas las amenazas y destrucciones imaginables y, posibles hacia las que, tal vez, ese niño se encamine. Solo si podemos dar también esto segundo está bien y tiene sentido hacer lo primero”. 5. La unción de Jesús y del cristiano en el Catecismo de la Iglesia Católica o El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios • n. 1286: En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11, 2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4, 16 - 22; Is 61, 1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3, 13 - 17; Jn 1, 33 - 34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3, 34). o Esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico • n. 1287: Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36, 25 - 27; Jl 3, 1 - 2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12, 12; Jn 3, 5 - 8; Jn 7, 37 - 39; Jn 16, 7 - 15; Hch 1, 8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2, 1 - 4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2, 11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17 - 18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2, 38). • n. 1288: "Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch 8, 15 - 17; Hch 19, 5)”. (…)  El signo de la unción designa e imprime un sello espiritual. • n. 1289: Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10, 38). (…)  Significaciones de la unción en el simbolismo bíblico y antiguo • n. 1293: “La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11, 14, etc. ) y de alegría (cf Sal 23, 5; Sal 104, 15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1, 6; Lc 10, 34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.”  El sello es el símbolo de la persona, signo de su autoridad, de su propiedad sobre un objeto. 4 • n. 1295: “Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38, 18; Ct 8, 9), signo de su autoridad (cf Gn 41, 42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32, 34) - por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor - ; autentifica un acto jurídico (cf 1R 21, 8) o un documento (cf Jr 32, 10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29, 11)”.  Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano también está marcado con un sello. • n. 1296: “Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6, 27). El cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2Co 1, 22; cf Ef 1, 13; Ef 4, 30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7, 2 - 3; Ap 9, 4; Ez 9, 4 - 6)”.  Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. • n. 1294: “Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación y el consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cf 2Co 2, 15)”. 6. San Juan Pablo II: los efectos del bautismo en los cristianos.  A) De una homilía en la fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán 12 de enero de 1997 Isaías 42,1-4.6-7; Hechos 10,34-38; Marcos 1,6-11 o Los efectos del bautismo que recibimos los cristianos (…) La Iglesia celebra hoy el bautismo de Cristo, y también este año tengo la alegría de administrar, en esta circunstancia, el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos.  El bautismo libera de la culpa original, perdona los pecados, nos comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre. (…) El bautismo libera al hombre de la culpa original y perdona sus pecados, lo rescata de la esclavitud del mal y marca su renacimiento en el Espíritu Santo; le comunica una nueva vida que es participación de la vida de Dios Padre y que nos ofrece su Hijo unigénito, hecho hombre, muerto y resucitado. (…) El bautismo con el agua y el Espíritu Santo es el sacramento primero y fundamental de la Iglesia, sacramento de la vida nueva en Cristo. La unción con el óleo de los catecúmenos, el agua que se derrama, la unción con el “crisma”, la vela encendida. Estos niños dentro de poco recibirán ese mismo bautismo y se convertirán en miembros vivos de la Iglesia. Serán ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se les da para luchar contra el mal. El agua bendita que se les derrama es signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos hizo al morir en la cruz. Después se recibe una segunda y más importante unción con el “crisma”, para indicar que son consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. La vela encendida que se les entrega es símbolo de la luz de la fe que los padres y padrinos deberán custodiar y alimentar continuamente con la gracia vivificante del Espíritu.  B) De la Catequesis de los miércoles: el bautismo, fundamento de la vida cristiana El 1-04-1998. o Por nuestro bautismo somos revestidos de Cristo • «Pablo muestra el efecto esencial del bautismo, cuando escribe a los Gálatas: "Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo" (Gálatas 3,27). Existe una semejanza fundamental del cristiano con Cristo, que implica el don de la filiación divina adoptiva. Los cristianos, precisamente porque están "bautizados en Cristo", son por una razón especial "hijos de Dios". El bautismo produce un verdadero "renacimiento". 5 La reflexión de san Pablo se relaciona con la doctrina transmitida por el evangelio de san Juan, especialmente con el dialogo de Jesús con Nicodemo: "El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu" (Juan 3,5-6). "Nacer del agua" es una clara referencia al bautismo, que de ese modo resulta un verdadero nacimiento del Espíritu. En efecto, en él se da al hombre el Espíritu de la vida que "consagró" la humanidad de Cristo desde el momento de la Encarnación y que Cristo mismo infundió en virtud de su obra redentora. El Espíritu Santo hace nacer y crecer en el cristiano una vida "espiritual", divina, que anima y eleva todo su ser. A través del Espíritu, la vida misma de Cristo produce sus frutos en la existencia cristiana». 7. La importancia del Bautismo en nuestras vidas. No es una formalidad. Cfr. Papa Francisco, Catequesis sobre el Bautismo, 8 de enero de 2014  Nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. o Para que podamos caminar en una vida nueva. 1. El Bautismo es el sacramento sobre el cual se funda nuestra misma fe y que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Junto a la Eucaristía y a la Confirmación, forma la así llamada “Iniciación cristiana”, la cual constituye como un único, gran evento sacramental que nos configura al Señor y hace de nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor. Puede surgir en nosotros una pregunta: ¿pero es de verdad necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No es en el fondo un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? ¿Es una pregunta que puede venir, no? Y a tal propósito, es iluminante lo que escribe el apóstol Pablo: “¿No saben que quienes hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por medio del Bautismo, entonces, hemos sido sepultados junto a Él en la muerte para que, como Cristo fue resucitado entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva” (Rm 6, 3-4). Por lo tanto ¡no es una formalidad! Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado: no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos. o Si logramos seguir a Jesús y a quedarnos en la Iglesia, aún con nuestros límites, con nuestras fragilidades y nuestros pecados, es justamente por el Sacramento en el cual nos hemos transformado en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo.  Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. 2. (…) Si logramos seguir a Jesús y a quedarnos en la Iglesia, aún con nuestros límites, con nuestras fragilidades y nuestros pecados, es justamente por el Sacramento en el cual nos hemos transformado en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Es por la fuerza del Bautismo, de hecho que, liberados del pecado original, somos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva: la esperanza de andar en la vía de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Recuerden: es verdad esto. La esperanza del Señor no defrauda nunca. Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los sufrientes, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo. 8. Los padres, transmisores de la fe a los hijos Cfr. Papa Francisco, Homilía en la Fiesta del Bautismo del Señor, domingo 12 de enero de 2014. Celebración de la Misa y bautismo de algunos niños.  La cadena de la fe. La más hermosa herencia. (…) Estos niños son el eslabón de una cadena. Vosotros padres traéis a bautizar al niño o la niña, pero en algunos años serán ellos los que traerán a bautizar a un niño, o un nietecito... Así es la cadena de la fe. ¿Qué quiere decir esto? Desearía solamente deciros esto: vosotros sois los que transmitís la fe, los 6 transmisores; vosotros tenéis el deber de transmitir la fe a estos niños. Es la más hermosa herencia que vosotros les dejaréis: la fe. Sólo esto. Llevad hoy a casa este pensamiento. Debemos ser transmisores de la fe. Pensad en esto, pensad siempre cómo transmitir la fe a los niños. (…) 9. Los efectos del bautismo en el Catecismo de la Iglesia Católica o Los dos efectos principales del bautismo. • n. 1262: “La gracia del Bautismo. Los distintos efectos del Bautismo son significados por los elementos sensibles del rito sacramental. La inmersión en el agua evoca los simbolismos de la muerte y de la purificación, pero también los de la regeneración y de la renovación. Los dos efectos principales, por tanto, son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo (Cf Hechos 2, 38; Juan 3, 5)”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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