sábado, 18 de marzo de 2017

31 Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (3 noviembre 2013). El encuentro entre Jesús y Zaqueo (1). Homilía de Juan Pablo II (2 de noviembre de 1980). Cristo se hace siempre el encontradizo con todos. Necesidad de querer ver a Cristo. El encuentro con Cristo provoca la conversión. ¿Quiero yo «ver a Cristo»? ¿Hago todo para «poder verlo»? ¿Quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿evito el encuentro con El? ¿Prefiero no verlo o prefiero que Él no me vea (al menos a mi modo de pensar y de sentir)? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de Él, de Cristo? No sólo Zaqueo "ha visto a Cristo", sino que al mismo tiempo, Cristo ha escrutado su corazón y su conciencia; se realiza lo que constituye el fruto propio de "ver" a Cristo, del encuentro con El en la verdad plena: se realiza la apertura del corazón, se realiza la conversión. "Hoy ha venido la salud a tu casa”.



1 31 Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (3 noviembre 2013). El encuentro entre Jesús y Zaqueo (1). Homilía de Juan Pablo II (2 de noviembre de 1980). Cristo se hace siempre el encontradizo con todos. Necesidad de querer ver a Cristo. El encuentro con Cristo provoca la conversión. ¿Quiero yo «ver a Cristo»? ¿Hago todo para «poder verlo»? ¿Quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿evito el encuentro con El? ¿Prefiero no verlo o prefiero que Él no me vea (al menos a mi modo de pensar y de sentir)? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de Él, de Cristo? No sólo Zaqueo "ha visto a Cristo", sino que al mismo tiempo, Cristo ha escrutado su corazón y su conciencia; se realiza lo que constituye el fruto propio de "ver" a Cristo, del encuentro con El en la verdad plena: se realiza la apertura del corazón, se realiza la conversión. "Hoy ha venido la salud a tu casa”. 2 Tesalonicenses 1,11-2,2: 11Rogamos constantemente por vosotros, para que Dios os haga dignos de su vocación, y con su poder haga realidad todos vuestros deseos de hacer el bien y de practicar la fe.12 Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en vosotros, y vosotros en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. 2 1 Acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, os rogamos, hermanos, 2 que no se inquiete fácilmente vuestro ánimo ni os alarméis: ni por revelaciones, ni por rumores, ni por alguna carta que se nos atribuya, como si fuera inminente el día del Señor. Lucas 19, 1-10: 1 Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. 2 Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. 3 Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. 4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. 5 . Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: « Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa. » 6 Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 7 Al verlo, todos murmuraban diciendo: « Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador. » 8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: « Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo. » 9 Jesús le dijo: « Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Cfr. Juan Pablo II, Homilía en el 31 Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C 2 de noviembre de 1980 – Parroquia Romana del Santísimo Sacramento y de los Mártires Canadienses. Sabiduría 11,22-12,2. 2 Tesalonicenses 1,11-2,2. Lucas 19,1-10. Homilía en la parroquia del Santísimo Sacramento y de los mártires canadienses El encuentro entre Jesús y Zaqueo (1) o Zaqueo, a toda costa, "hacía por ver a Jesús". Y para ello —por ser pequeño de estatura— ese día se subió a un árbol "para verle". Cristo no sólo le dio a entender que le había visto (a él, jefe de publicanos, por lo tanto, hombre de una cierta posición) sobre el árbol, sino que además manifestó ante todos que quería "hospedarse en su casa". 3. El fragmento del Evangelio de San Lucas, que la liturgia de hoy propone para meditar en el trigésimo primer domingo durante el año, recuerda el episodio que tuvo lugar, mientras Jesús estaba atravesando la ciudad de Jericó. Fue un acontecimiento tan significativo que, aunque ya lo sabemos de memoria, es preciso meditar otra vez con atención en cada uno de sus elementos. Zaqueo era no sólo un publicano (igual que lo había sido Leví, después el Apóstol Mateo), sino un "jefe de publícanos", y era muy "rico". Cuando Jesús pasaba cerca de su casa. Zaqueo, a toda costa, "hacía por ver a Jesús" (Lc 19, 3), y para ello —por ser pequeño de estatura— ese día se subió a un árbol (el Evangelista dice "a un sicómoro"), "para verle" (Lc 19, 4). 2 Cristo vio de este modo a Zaqueo y se dirigió a él con las palabras que nos hacen pensar tanto. Efectivamente, Cristo no sólo le dio a entender que le había visto (a él, jefe de publicanos, por lo tanto, hombre de una cierta posición) sobre el árbol, sino que además manifestó ante todos que quería "hospedarse en su casa" (cf. Lc 19, 5). Lo que suscitó alegría en Zaqueo y, a la vez, murmuraciones entre aquellos a quienes evidentemente no agradaban estas manifestaciones de las relaciones del Maestro de Nazaret con "los publícanos y pecadores". o ¿Quiero yo "ver a Cristo"? ¿Hago todo para "poder verlo"? Es el problema actual para cada uno de nosotros personalmente. ¿Quiero?, ¿quiero verdaderamente? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado... para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de El, de Cristo? 4. Esta es la primera parte de la perícopa, que merece una reflexión. Sobre todo, es necesario detenerse en la afirmación de que Zaqueo "hacía por ver a Jesús" (Lc 19, 3). Se trata de una frase muy importante que debemos referir a cada uno de nosotros aquí presentes, más aún. indirectamente, a cada uno de los hombres. ¿Quiero yo "ver a Cristo"? ¿Hago todo para "poder verlo"? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y los poblados de su tierra. Es el problema actual para cada uno de nosotros personalmente: ¿Quiero?, ¿quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿Quiero?, ¿quiero verdaderamente? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de El, de Cristo? Esta es una dimensión del problema que encierran las palabras del Evangelio de hoy sobre Zaqueo. o Otra dimensión: ¿hago todo lo posible para que el mayor número de hombres "quiera ver a Cristo Jesús"? Pero hay también otra dimensión social. Tiene muchos círculos, pero quiero situar esta dimensión en el círculo concreto de vuestra parroquia. Efectivamente, la parroquia, es decir, una comunidad viva cristiana, existe para que Jesucristo sea visto constantemente en los caminos de cada uno de los hombres, de las personas, de las familias, de los ambientes, de la sociedad. Y vuestra parroquia, dedicada a los Mártires Canadienses, ¿hace todo lo posible para que el mayor número de hombres "quiera ver a Cristo Jesús"? ¿Como Zaqueo? Y además: ¿qué más podría hacer para esto? ¿Rezamos para que otros traten de ver a Cristo, para que vayan a su encuentro, como Zaqueo? Detengámonos en estas preguntas. Más aún, completémoslas con las palabras de la oración, que encontramos en la segunda lectura de la Misa, tomada de la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses: Hermanos... "sin cesar rogamos por vosotros, para que nuestro Dios os haga dignos de su vocación y con toda eficacia cumpla todo su bondadoso beneplácito y la obra de vuestra fe, y el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros y vosotros en El, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo" (2 Tes 1, 11-12). Es decir —hablando con el lenguaje del pasaje evangélico de hoy—, oremos para que vosotros tratéis de ver a Cristo (cf. Lc 19, 3), para que vayáis a su encuentro, como Zaqueo... y que, si sois pequeños de estatura, subáis, por este motivo, a un árbol. (…) o Zaqueo no se asustó de que la acogida de Cristo en la propia casa pudiese amenazar, por ejemplo, su carrera profesional o hacerle difíciles algunas acciones, ligadas con su actividad de jefe de publícanos. 5. Zaqueo no se dejó confundir ni turbar. No se asustó de que la acogida de Cristo en la propia casa pudiese amenazar, por ejemplo, su carrera profesional o hacerle difíciles algunas acciones, ligadas con su actividad de jefe de publícanos. Acogió a Cristo en su casa y dijo: "Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuádruplo"(Lc 19, 8). No sólo Zaqueo "ha visto a Cristo", sino que al mismo tiempo, Cristo ha escrutado su corazón y su conciencia; se realiza lo que constituye el fruto propio de "ver" a Cristo, del encuentro con El en la verdad plena: se 3 realiza la apertura del corazón, se realiza la conversión. "Hoy ha venido la salud a tu casa” En este punto se hace evidente que no sólo Zaqueo "ha visto a Cristo", sino que al mismo tiempo, Cristo ha escrutado su corazón y su conciencia; lo ha radiografiado hasta el fondo. Y he aquí que se realiza lo que constituye el fruto propio de "ver" a Cristo, del encuentro con El en la verdad plena: se realiza la apertura del corazón, se realiza la conversión. Se realiza la obra de la salvación. Lo manifiesta el mismo Cristo cuando dice: "Hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto éste es también hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 9-10). Y ésta es una de las expresiones más bellas del Evangelio. (…) www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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