sábado, 25 de marzo de 2017

Sacramentos para ver: por Monseñor Agrelo

Participando en las celebraciones cuaresmales de la comunidad de fe, catecúmenos y fieles salimos al encuentro de Cristo resucitado, encuentro que se hace real en los sacramentos pascuales: en el bautismo que da el “ser otro Cristo”; en la confirmación que da el “actuar al modo de Cristo”; y en la eucaristía que nos lleva a la plenitud de la inserción en Cristo.
Los sacramentos que celebramos son signo de la presencia de Cristo resucitado en medio de sus discípulos. Cuando hablamos de bautismo, confirmación o eucaristía, en realidad hablamos de Cristo y de nosotros, de lo que él es para nosotros, de lo que nosotros somos para él.
Presta ahora atención a la palabra que se proclama en la asamblea litúrgica de este domingo.
 Mientras el lector recuerda la unción de David como rey, tú recuerdas que, incorporado a Cristo por el bautismo, en Cristo eres sacerdote, profeta y rey.
Mientras con el Salmista elevas tu canto al Señor, que es tu rey y tu pastor, tú recuerdas que, en Cristo, Dios se te ha revelado pastor que da la vida por ti, buen pastor que te guía por el sendero justo, que te da seguridad aunque camines por cañadas oscuras.
Y mientras el diácono proclama el evangelio de la curación del ciego de nacimiento, tú, Iglesia cuerpo de Cristo, hecha discípulo que escucha, reconocerás en Jesús a la Palabra que era la luz verdadera que alumbra a todo hombre, reconocerás en Jesús al que es la luz del mundo; y a ti misma te reconocerás en aquel ciego, y te verás ungida por Cristo con Espíritu Santo, lavada, purificada e iluminada en Siloé, es decir, en el Enviado, en la muerte y resurrección de tu Señor.
Aquel a quien escuchando viste, comulgando lo recibes.
Aquel en quien, escuchando, creíste, comulgando te haces una con él.
Comulgas, y nada te falta con el pastor de tu vida.
Comulgas, y ungida, te sumerges en Siloé, y la vida entera se te ilumina por dentro con la luz de Dios.
Comulgas, y ves; entras en un mundo que sólo tú puedes ver: un mundo nuevo que resplandece con la luz de la vida.

Feliz domingo, Iglesia iluminada por Cristo. 

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