lunes, 22 de mayo de 2017

Domingo de la Sagrada Familia (2010). La igual dignidad del hombre y de la mujer. La ausencia del padre o, por el contrario, su presencia opresiva fruto del fenómeno del “machismo” provocan desequilibrios psicológicos y morales en los hijos. La educación de los hijos en los valores esenciales de la vida humana: 1) justa libertad ante los bienes materiales; 2) sentido de la verdadera justicia y del verdadero amor; 3) educación para una cultura sexual que sea verdadera y plenamente persona. La formación específicamente cristiana de los hijos, como seguidores de Cristo: en el sentido vocacional de la vida y en la oración.



1 Domingo de la Sagrada Familia (2010). La igual dignidad del hombre y de la mujer. La ausencia del padre o, por el contrario, su presencia opresiva fruto del fenómeno del “machismo” provocan desequilibrios psicológicos y morales en los hijos. La educación de los hijos en los valores esenciales de la vida humana: 1) justa libertad ante los bienes materiales; 2) sentido de la verdadera justicia y del verdadero amor; 3) educación para una cultura sexual que sea verdadera y plenamente persona. La formación específicamente cristiana de los hijos, como seguidores de Cristo: en el sentido vocacional de la vida y en la oración. Cfr. Sagrada Familia: 26 diciembre 2010 Ciclo A. Mateo 2, 13-15.19-23; Sirácida 3, 2-6.12-14; Sal 127; Colosenses 3, 12-21 Mateo 2, 13-15. 19-23 : 13 Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. » 14 José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y huyó a Egipto. 15 Allí permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» 19 Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto 20 y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» 21 Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a Israel. 22 Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea. 23 Y se fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por medio de los Profetas: «Será llamado Nazareno». Cfr. Sagrada Familia: 26 diciembre 2010 Ciclo A. ................................................................................... 1 1. UNA FAMILIA ORDINARIA, SEGÚN APARECE EN EL EVANGELIO. ............................................................................ 2 2. JOSÉ: EL PADRE DE FAMILIA DEL QUE SE SIRVE DIOS PARA CUSTODIAR A JESÚS Y A MARÍA EN TIEMPOS DIFÍCILES. MISIÓN DE LA FAMILIA. ............................................................................................................................................ 2 A) S. José es el hombre justo, fiel a la misión que Dios le encomienda. ................................................... 2 B) La misión de marido y padre (Familiaris consortio, 25) ...................................................................... 2 o Ve en la esposa la realización del designio de Dios, con profundo respeto por loa igual dignidad de la mujer. .... 2 o Importancia del padre, única e insustituíble; su ausencia provoca desequilibrios psicológicos y morales, y también su presencia opresiva donde vige el fenómeno del “machismo”. ............................................................. 2 El hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida concebida junto al corazón de la madre, y mediante un compromiso educativo más solícito y compartido con la propia esposa ..................................................................... 2 C) Educación en los valores esenciales de la vida humana (Familiaris consortio, 37) ............................ 3 o 1. La justa libertad ante los bienes materiales. La familia escuela de socialidad. ................................................... 3 o 2. Los hijos deben enriquecerse no sólo con el sentido de la verdadera justicia, sino, más aún, del verdadero amor. ...................................................................................................................................................................... 3 Éste lleva al respeto de la dignidad personal de cada uno, sino también y más aún del sentido del verdadero amor, como solicitud sincera y servicio desinteresado hacia los demás, especialmente a los más pobres y necesitados. La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad. ................................................................ 3 El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La participación vivida en la casa es eficaz para la inserción en la sociedad. ................................................................... 3 o 3. Educación para una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. .................................................. 3 Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. ........................................... 3 D) La familia y la educación específica cristiana ..................................................................................... 4 o La misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. .............................................................................................................................................. 4 o La educción cristiana no persigue solamente la madurez propia de la persona humana... sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe. .......................................... 4 o Los hijos aprenden en la familia a descubrir su vocación, lo que Dios quiere de ellos: los padres han de fomentar la vocación personal de cada hijo (cfr. CCE 1656; Lumen gentium, 11) ............................................................... 4 o Los hijos aprenden en la familia el sentido profundo de la oración ....................................................................... 4 2 1. Una familia ordinaria, según aparece en el Evangelio. • Una familia que vive los problemas cotidianos de la supervivencia. • Dios permite que los suyos tengan persecución o incomprensión. • El Niño Dios, María y José, viven la misma experiencia del Pueblo de Dios, de Israel, también prófugo en Egipto. Forman parte de esa cadena ilimitada de prófugos que, a lo largo de los siglos, recorren tierras inhospitalarias, ciudades extrañas y, a veces, hostiles a ellos. 2. José: el padre de familia del que se sirve Dios para custodiar a Jesús y a María en tiempos difíciles. Misión de la familia. A) S. José es el hombre justo, fiel a la misión que Dios le encomienda. • En los breves párrafos del Evangelio que se ha leído, dos veces el Señor dice a José «Levántate, toma al niño y a su madre» y va a este sitio o vuelve a tal sitio. Y dos veces también el Evangelio nos dice – con mucha sencillez y de modo escueto - que José «se levantó, tomó al niño y a su madre» y huyó al sitio indicado o volvió a tal sitio. B) La misión de marido y padre (Familiaris consortio, 25) • “Dentro de la comunión-comunidad conyugal y familiar, el hombre está llamado a vivir su don y su función de esposo y padre. o Ve en la esposa la realización del designio de Dios, con profundo respeto por la igual dignidad de la mujer. • Él ve en la esposa la realización del designio de Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada», (Génesis 2,18) y hace suya la exclamación de Adán, el primer esposo: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne».(Génesis 2,23) El auténtico amor conyugal supone y exige que el hombre tenga profundo respeto por la igual dignidad de la mujer: «No eres su amo —escribe san Ambrosio— sino su marido; no te ha sido dada como esclava, sino como mujer... Devuélvele sus atenciones hacia ti y sé para con ella agradecido por su amor».(S. Ambrosio, Exameron, V, 7,19) El hombre debe vivir con la esposa «un tipo muy especial de amistad personal».(Pablo VI, Cart. Enc. Humanae vitae,9). El cristiano además está llamado a desarrollar una actitud de amor nuevo, manifestando hacia la propia mujer la caridad delicada y fuerte que Cristo tiene a la Iglesia (Cfr. Efesios 5,25). o Importancia del padre, única e insustituible. Su ausencia y/o también su presencia opresiva donde vige el fenómeno del “machismo”, provocan desequilibrios psicológicos y morales así como dificultades notables en las relaciones familiares. • El amor a la esposa madre y el amor a los hijos son para el hombre el camino natural para la comprensión y la realización de su paternidad. Sobre todo, donde las condiciones sociales y culturales inducen fácilmente al padre a un cierto desinterés respecto de la familia o bien a una presencia menor en la acción educativa, es necesario esforzarse para que se recupere socialmente la convicción de que el puesto y la función del padre en y por la familia son de una importancia única e insustituible (Cfr. Juan Pablo II, Homilía a los fieles de Terni, 3-5, 19 de marzo 1981).Como la experiencia enseña, la ausencia del padre provoca desequilibrios psicológicos y morales, además de dificultades notables en las relaciones familiares, como también, en circunstancias opuestas, la presencia opresiva del padre, especialmente donde todavía vige el fenómeno del «machismo», o sea, la superioridad abusiva de las prerrogativas masculinas que humillan a la mujer e inhiben el desarrollo de sanas relaciones familiares. El hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida concebida junto al corazón de la madre, y mediante un compromiso educativo más solícito y compartido con la propia esposa Revelando y reviviendo en la tierra la misma paternidad de Dios (Cfr. Efesios 3,15), el hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida concebida junto al corazón de la madre, un compromiso educativo más solícito y compartido con la propia esposa (Cfr. Conc. Vat. II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 52), un trabajo que no disgregue nunca la familia, 3 sino que la promueva en su cohesión y estabilidad, un testimonio de vida cristiana adulta, que introduzca más eficazmente a los hijos en la experiencia viva de Cristo y de la Iglesia”. C) Educación en los valores esenciales de la vida humana (Familiaris consortio, 37) o 1. La justa libertad ante los bienes materiales. La familia escuela de socialidad. Aun en medio de las dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción educativa, los padres deben formar a los hijos con confianza y valentía en los valores esenciales de la vida humana. Los hijos deben crecer en una justa libertad ante los bienes materiales, adoptando un estilo de vida sencillo y austero, convencidos de que «el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene» (Conc. Ecum. Vaticano II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 35). o 2. Los hijos deben enriquecerse no sólo con el sentido de la verdadera justicia, sino, más aún, del verdadero amor. Éste enriquecimiento lleva no sólo al respeto de la dignidad personal de cada uno, sino también al sentido del verdadero amor, entendido como solicitud sincera y servicio desinteresado hacia los demás, especialmente a los más pobres y necesitados. La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad. En una sociedad sacudida y disgregada por tensiones y conflictos a causa del choque entre los diversos individualismos y egoísmos, los hijos deben enriquecerse no sólo con el sentido de la verdadera justicia, que lleva al respeto de la dignidad personal de cada uno, sino también y más aún del sentido del verdadero amor, como solicitud sincera y servicio desinteresado hacia los demás, especialmente a los más pobres y necesitados. La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La participación vivida en la casa es eficaz para la inserción en la sociedad. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad, representa la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. o 3. Educación para una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. La educación para el amor como don de sí mismo constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada. Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona —cuerpo, sentimiento y espíritu— y manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí misma en el amor. La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiaridad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres. Educación para la castidad 4 En este contexto es del todo irrenunciable la educación para la castidad, como virtud que desarrolla la auténtica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el «significado esponsal» del cuerpo. Más aún, los padres cristianos reserven una atención y cuidado especial —discerniendo los signos de la llamada de Dios— a la educación para la virginidad, como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido mismo de la sexualidad humana. Por los vínculos estrechos que hay entre la dimensión sexual de la persona y sus valores éticos, esta educación debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garantía necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable en la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de información sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no sería más que una introducción a la experiencia del placer y un estímulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los años de la inocencia. D) La familia y la educación específica cristiana o La misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. • En la familia: “se transmite e irradia el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. En la familia consciente de tal don, como escribió Pablo VI, «todos los miembros evangelizan y son evangelizados» (Exhort. Apostólica Evangelii nuntiandi, 71).En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante los hijos.” (Familiaris consortio, 39). o La educación cristiana no persigue solamente la madurez propia de la persona humana... sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe. • La educación cristiana: “no persigue solamente la madurez propia de la persona humana... sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Juan 4, 23), ante todo en la acción litúrgica, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Efesios 4, 22-24), y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo (cf. Efesios 4, 13), y contribuyan al crecimiento del Cuerpo místico. Conscientes, además, de su vocación, acostúmbrense a dar testimonio de la esperanza que hay en ellos (cf. 1 Pedro 3, 15) y a ayudar a la configuración cristiana del mundo»” (Decl. Sobre la educación cristiana de la juventud Gravissimum educationis) (Familiaris consortio, 39). o Los hijos aprenden en la familia a descubrir su vocación, lo que Dios quiere de ellos: los padres han de fomentar la vocación personal de cada hijo (cfr. CCE 1656; Lumen gentium, 11) • Familiaris consortio, n. 53: “La familia debe formar a los hijos para la vida, de manera que cada uno cumpla en plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios. Efectivamente, la familia que está abierta a los valores transcendentes, que sirve a los hermanos en la alegría, que cumple con generosa fidelidad sus obligaciones y es consciente de su cotidiana participación en el misterio de la cruz gloriosa de Cristo, se convierte en el primero y mejor seminario de vocaciones a la vida consagrada al Reino de Dios”. o Los hijos aprenden en la familia el sentido profundo de la oración • Familiaris consortio, n. 59: “La vida de oración en la familia “tiene como contenido original la misma vida de familia que en las diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos.”

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