miércoles, 19 de julio de 2017

Domingo 23 del Tiempo Ordinario, Ciclo A. (2011). La vigilancia en la vida cristiana. La vocación de profeta: no es un adivino, un vago o un embustero, sino alguien que, por vocación de Dios, vigila, es el centinela que está atento a la palabra de Dios para darla a conocer a los demás, iluminando los acontecimientos de la historia. El apoyo recíproco entre los discípulos del Señor para vivir la fe: no se puede seguir a Jesús en solitario. La corrección fraterna.


1 Domingo 23 del Tiempo Ordinario, Ciclo A. (2011). La vigilancia en la vida cristiana. La vocación de profeta: no es un adivino, un vago o un embustero, sino alguien que, por vocación de Dios, vigila, es el centinela que está atento a la palabra de Dios para darla a conocer a los demás, iluminando los acontecimientos de la historia. El apoyo recíproco entre los discípulos del Señor para vivir la fe: no se puede seguir a Jesús en solitario. La corrección fraterna. Cfr. Dom. 23 tiempo ordinario Ciclo A 4 septiembre 2011 Ezequiel 33, 7-9; Romanos 13, 8-10; Mateo 18, 15-20 Cfr. La Casa de la Biblia, Comentario al Antiguo Testamento II, 1997, p. 220; Cfr. Sagrada Biblia, Libros proféticos, Eunsa 2002, Ezequiel 33. Lectura del Profeta Ezequiel 33,7-9: Esto dice el Señor: 7 A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela sobre la casa de Israel: escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. 8 Si yo digo al impío: «Impío, vas a morir», y no hablas para advertir al impío de su camino, este impío morirá por su culpa, pero reclamaré su sangre de tu mano. 9 Pero si tú adviertes al impío para que se aparte de su camino y no se aparta, él morirá por su culpa pero tú habrás salvado tu vida. Mateo 18, 15-20: 15 « Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. 18 « Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. 19 « Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 1ª Lectura: El profeta es centinela de su pueblo - Evangelio: Jesús aplica la misma responsabilidad a sus discípulos. A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela sobre la casa de Israel: escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. 1. La vigilancia en el Antiguo Testamento o El profeta/centinela en la Biblia: su función de vigilancia. “Escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte” • La Casa de la Biblia, p. 220: “Ya Jeremías hablaba de estos centinelas que el Señor ha dado a su pueblo para que den la alerta en caso de peligro (Jr 6,17). De profetas centinelas también hablan Oseas (5,8; 6,5), Habacuc (2,1) e Isaías (21,6). (...) Los falsos profetas son adivinos, magos y embusteros; el profeta verdadero es el centinela que vigila y está atento a la palabra de Dios; no adivina, sino que lee los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de la palabra de Dios que anuncia” • El profeta invitará frecuentemente a la conversión, porque el Señor quiere la vida del hombre y no su muerte (cfr. Ez 33,11). 2. Evangelio. La responsabilidad de los discípulos de Cristo: la vigilancia 2 a) La vigilancia es fundamental en la vida cristiana o Hay que estar atentos al relajamiento, a la negligencia y a la indiferencia, a la pereza espiritual. Jesús en el Evangelio insta a la vigilancia como condición para entrar en el Reino de Dios y perseverar en él: en la parábola del siervo fiel, la de las vírgenes necias y prudentes, la de los talentos. • La vigilancia es fundamental en la vida cristiana, como se deduce del contenido del primer Mandamiento de la Ley de Dios: «El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2088). Hay que estar atentos al relajamiento, a la negligencia y a la indiferencia, a la pereza espiritual, etc. Cfr. Catecismo ..., nn. 2094, 2733. Frecuentemente, Jesús en el Evangelio insta a la vigilancia como condición para entrar en el Reino de Dios y perseverar en él (cfr. Catecismo ..., nn. 2612, 2621), como aparece claro en las conocidas parábolas sobre la vigilancia que encontramos en los capítulos 24 y 25 de San Mateo: la parábola del siervo fiel, la de las vírgenes necias y prudentes, la de los talentos. • San Pedro, al final de su primera Carta, hace una indicación precisa a todos: “Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos” (5, 8-9). b) La vigilancia en la oración del Padre nuestro • Una de las enseñanzas del Padre nuestro, la oración que non enseñó Jesús, es precisamente la de la vigilancia: “Al decir: «No nos dejes caer en la tentación», pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.” (Catecismo ... n. 2863). c) Uno de los modos de vigilar es vivir la fraternidad mediante la corrección fraterna • En el texto del Evangelio que se proclama hoy, el Señor habla de uno de los modos de vivir esa vigilancia. La práctica de la fraternidad nos lleva a velar por nuestros hermanos como hizo Cristo (Cfr. Jn 17,12); y uno de los modos de cooperar en la salvación de los hermanos en la fe es la práctica de la corrección fraterna (vv. 15,17). Los comentadores de estos versículos, señalan dos aspectos: a) que, como primer paso, la advertencia sea hecha en privado (v. 15), para no herir o humillar a nuestro hermano, para facilitar su conversión y para no proclamar sin necesidad lo que es privado; b) antes de advertir a un hermano de su culpa, antes de aconsejarlo o, si es el caso, antes de amonestarlo, es necesario hacer examen de conciencia. Este examen de conciencia ayudará a confirmar que nos mueve el amor y no la sutil complacencia de creernos superiores al hermano que se ha equivocado; y también asegurará que quien corrige hace todo lo posible por ser justo ante Dios. Recuérdese, con relación a esto, la necesidad de quitar la viga del propio ojo, antes de fijarse en la mota que hay en el ojo del hermano (Mateo 7, 4-5). • “¿Por qué reprendes a tu hermano? ¿Por qué no te gusta que haya faltado contra ti? ¡Que no suceda esto! Si lo haces por amor a ti mismo, no hagas nada. Si, por el contrario, lo haces por amor hacia él, harás un cosa óptima. Por tanto, considera, a propósito de las palabras del Señor (Mt 18,15), por amor de quien debes hacerlo, si por amor tuyo o de él.” (San Agustín - † 430 – Sermón 82, 4.7). 3. La fe y la vigilancia Benedicto XVI, Homilía en la Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011, 21 de agosto o Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a 3 Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. o Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente ded apoyo para los otros. Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios. De la amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana  

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