viernes, 14 de julio de 2017

Domingo 29 del Tiempo Ordinario Año A. (2014) Nuestra salvación. Dios se sirvió de Ciro rey de los persas, para realizar su designio de salvación del pueblo de Israel. El descubrimiento, a través de la historia de los hombres, de la acción de Dios. Para realizar su designio, Dios se vale de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas. El creyente desea descubrir en la historia la realización del plan salvador por parte de Dios. Dios nos ha concedido a los hombres el poder participar libremente en su providencia; podemos llegar a ser colaboradores de Dios y, a menudo, somos cooperadores inconscientes de la voluntad divina, como sucedió en el caso de Ciro, rey de Persia. San Pablo exhorta a los primeros cristianos a que sepan valorar bien sus días, su tiempo, la historia de su vida, descubriendo la voluntad del Señor (Efesios 5, 17), su designio para cada uno de nosotros.


1 Domingo 29 del Tiempo Ordinario Año A. (2014) Nuestra salvación. Dios se sirvió de Ciro rey de los persas, para realizar su designio de salvación del pueblo de Israel. El descubrimiento, a través de la historia de los hombres, de la acción de Dios. Para realizar su designio, Dios se vale de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas. El creyente desea descubrir en la historia la realización del plan salvador por parte de Dios. Dios nos ha concedido a los hombres el poder participar libremente en su providencia; podemos llegar a ser colaboradores de Dios y, a menudo, somos cooperadores inconscientes de la voluntad divina, como sucedió en el caso de Ciro, rey de Persia. San Pablo exhorta a los primeros cristianos a que sepan valorar bien sus días, su tiempo, la historia de su vida, descubriendo la voluntad del Señor (Efesios 5, 17), su designio para cada uno de nosotros. Cfr. Domingo 29 del Tiempo Ordinario, Año A 19 octubre 2014 – Isaías 45, 1.4-6; Salmo 95; 1 Tesalonicenses 1, 1-5b; Mateo 22, 15-21 Jornada Mundial y colecta por la Evangelización de los Pueblos. [Día del Domund] Isaías 45, 1.4-6: “1 Así dice el Señor a su ungido, a Ciro, a quien he tomado por su diestra, para someter ante él las naciones y desatar las cinturas de los reyes, par abrir ante él las puertas, y que no se cierren las puertas de las ciudades. 4 A favor de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado una alcurnia, aunque tú no me conozcas. 5 Yo soy el Señor, y no hay ningún otro, fuera de mí no hay dios. Yo te he ceñido, aunque tú no me conozcas, 6 para que sepan, desde la salida del sol hasta el ocaso, que no hay otro fuera de mí: Yo soy el Señor, y no hay ningún otro. «No seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad del Señor». (Efesios 5, 17) 1. Primera lectura: Dios es uno, es único, no hay otros dioses fuera del Señor Los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede ponerse en su lugar. Benedicto XVI, Homilía, Domingo 29 del tiempo ordinario, Misa para la Nueva Evangelización, 16 de octubre de 2011 No hay otros dioses fuera del Señor. Incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande que sólo Dios conoce y lleva adelante. Pasemos ahora a las lecturas bíblicas, en las que hoy el Señor nos habla. La primera, tomada del libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede ponerse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el concilio Vaticano II transmitió en sus documentos, y que mis predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, ilustraron con su magisterio. Ciro, rey de los persas, es elegido por Dios como instrumento para la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Babilonia. Dios se vale, para realizar sus designios, de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas. • Después de la caída de Jerusalén (en el año 586 antes de Cristo) por obra de los babilonios, los 2 israelitas son deportados a Babilonia, y comienza su cautividad. 47 años después ( en el año 539 antes de Cristo), Ciro rey de los persas se apodera de Babilonia, y un año después - en el 538 – hace un Decreto por el que autoriza a los israelitas a regresar a sus hogares, a Jerusalén, y a reconstruir el Templo. Así se describe al final del Libro Segundo de las Crónicas este hecho: “En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías, movió Yahvé el espíritu de Ciro, Rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: Yahvé, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!»” (36, 22-23). • Este hecho histórico es una paradoja - notable y que llama la atención - de la historia de la salvación del pueblo de Israel: Ciro el libertador, que ejecutará la voluntad salvífica de Dios con Israel sirviéndole de instrumento, es un rey extranjero, que es calificado por Isaías, en la profecía que leemos hoy en la liturgia eucarística, nada menos que como “ungido de Dios” (Isaías 45, 1), un título reservado a los reyes de Israel. Y en los versículos 4 y 5, del mismo texto de Isaías, queda subrayada la paradoja, cuando se dice que ese título de “ungido” se da a un soberano extranjero que no conocía al Dios del pueblo elegido. En los versículos 2 y 3, que no recoge la liturgia de hoy, se afirma, incluso, que “la misión y los éxitos del conquistador persa son debidos a una especial providencia de Dios, que lo ha designado para liberar a Israel de la opresión de otros pueblos”. Vale la pena que veamos estos dos versículos: - “2 Yo iré delante de ti, // y allanaré los terrenos abruptos; //romperé los portones de bronce, // y partiré los cerrojos de hierro. // 3 Te daré tesoros ocultos // y riquezas secretas, // para que sepas que Yo soy el Señor, // el que te ha llamado por tu nombre, el Dios de Israel” • Todo esto, “a la vuelta de los siglos, no deja de llamar nuestra atención sobre los designios de Dios, que a veces se vale de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas”. (Sagrada Biblia, Libros proféticos, Eunsa 2002, Isaías 45, 1-13). El creyente valora la historia teniendo en cuenta la perspectiva de la fe, que es compatible con la investigación científica desde el punto de vista de la crítica histórica. El creyente desea descubrir en la historia la realización del plan salvador por parte de Dios. • La historia narrada por la Revelación (historia bíblica) pone de manifiesto la realización del plan salvador por parte de Dios. • “El historiador convencional propondrá las explicaciones que le parezcan más razonables acerca del desarrollo de los hechos”, mientras que el teólogo y en general el creyente podrán “disponer gracias a la fe de algunas perspectivas originales” que son una valoración de la historia en la que también se tiene en cuenta el punto de vista de la fe, compatible con una investigación científica desde el punto de vista de la crítica histórica. 2. Segunda Lectura: el anuncio siempre debe ir precedido, acompañado y seguido por la oración. Es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, llamando a las personas a la fe y a la comunión en la Iglesia. Benedicto XVI, Homilía, Domingo 29 del tiempo ordinario, Misa para la Nueva Evangelización, 16 de octubre de 2011 La evangelización, para ser eficaz, necesita la fuerza del Espíritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa «plena convicción» de la que nos habla el Apóstol. La segunda lectura es el inicio de la Primera Carta a los Tesalonicenses, y esto ya es muy sugerente, pues se trata de la carta más antigua que nos ha llegado del mayor evangelizador de todos los tiempos, el apóstol san Pablo. Él nos dice ante todo que no se evangeliza de manera aislada: también él tenía de hecho como colaboradores a Silvano y Timoteo (cf. 1 Tesalonicenses 1, 1), y a muchos otros. E inmediatamente añade otra cosa muy importante: que el anuncio siempre debe ir 3 precedido, acompañado y seguido por la oración. En efecto, escribe: «En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones» (v. 2). El Apóstol asegura que es bien consciente de que los miembros de la comunidad no han sido elegidos por él, sino por Dios: «él os ha elegido», afirma (v. 4). Todo misionero del Evangelio siempre debe tener presente esta verdad: es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, llamando a las personas a la fe y a la comunión en la Iglesia. Por último, san Pablo nos deja una enseñanza muy valiosa, extraída de su experiencia. Escribe: «Cuando os anuncié nuestro Evangelio, no fue sólo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción» (v. 5). La evangelización, para ser eficaz, necesita la fuerza del Espíritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa «plena convicción» de la que nos habla el Apóstol. Este término «convicción», «plena convicción», en el original griego, es pleroforía: un vocablo que no expresa tanto el aspecto subjetivo, psicológico, sino más bien la plenitud, la fidelidad, la integridad, en este caso del anuncio de Cristo. Anuncio que, para ser completo y fiel, necesita ir acompañado de signos, de gestos, como la predicación de Jesús. Palabra, Espíritu y convicción —así entendida— son por tanto inseparables y concurren a hacer que el mensaje evangélico se difunda con eficacia. 3. Dios nos ha concedido a los hombres el poder participar libremente en su providencia; podemos llegar a ser plenamente colabores de Dios y, a menudo, somos cooperadores inconscientes de la voluntad divina, como sucedió en el caso de Ciro, rey de Persia. • CEC 373: (...) A imagen del Creador, «que ama todo lo que existe» (Sb 11, 24), el hombre y la mujer son llamados a participar en la providencia divina respecto a las otras cosas creadas. De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les ha confiado. • CEC 307: Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su providencia confiándoles la responsabilidad de «someter» la tierra y dominarla (Cf Gn l, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos. Los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino no sólo por su acciones y sus oraciones, sino también por sus sufrimientos (Cf Col l, 24). Entonces llegan a ser plenamente «colaboradores de Dios» (l Co 3, 9; 1 Ts 3, 2) y de su Reino (Cf Col 4, 11). • Es Cristo que pasa, 113: “La obra de Cristo, la tarea que su Padre le encomendó, se está realizando, su fuerza atraviesa la historia trayendo la verdadera vida, y cuando ya todas las cosas estén sujetas a El, entonces el Hijo mismo quedará sujeto en cuanto hombre al que se las sujetó todas, a fin de que en todas las cosas todo sea Dios (1 Corintios 15, 28). En esa tarea que va realizando en el mundo, Dios ha querido que seamos cooperadores suyos, ha querido correr el riesgo de nuestra libertad”. 4. Una exhortación de San Pablo a los primeros cristianos: que sepan valorar bien sus días, su tiempo, la historia de su vida, descubriendo la voluntad del Señor, su designio para cada uno de nosotros. • Efesios 5, 15-17: 15 Así pues, mirad cómo vivís: no como necios sino como sabios; 16 Aprovechando 1 bien el tiempo presente, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad de Señor. • Cfr. Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Efesios 5, 8-20: “La vida nueva recibida en el Bautismo se 1 Biblia de Jerusalén: v. 16, literalmente “rescatando el tiempo”. Otras traducciones: “redimiendo el tiempo”. 4 caracteriza por la sensatez, frente a la necedad de quienes se empeñan en vivir de espaldas a Dios (cfr. 1 Corintios 1,18). La consecuencia inmediata es la de hacer buen uso del tiempo que Dios nos da para santificarnos (v. 16). ” Los griegos tenían dos palabras para referirse al tiempo: chronos y kairós • Acerca de la palabra tiempo: para esta realidad de la vida humana, los griegos tenían dos palabras: chronos y kairós. La primera se refiere sencillamente al tiempo como sucesión, el tiempo del reloj, el tiempo en sentido cuantitativo. El kairós, hace referencia el tiempo en cuanto cualidad u ocasión, tiempo propicio o justo o adecuado para hacer algo, para tomar una decisión determinada porque el tiempo ya está “maduro” para ello. Las previsiones meteorológicas son cada vez más precisas, pero el conocimiento de las señales de la acción y de la voluntad divina con frecuencia no es claro. • En nuestros días, también tenemos previsiones meteorológicas cada vez más precisas, y sin embargo sobre comportamientos sociales, morales, religiosos, también muy importantes para nuestro futuro, y también sobre el conocimiento de la voluntad de Dios, sobre su designio, etc., con frecuencia no llegamos a conclusiones o convicciones claras, legítimas. • G. Ravasi, Secondo le Scritture – Anno C, Piemme 1999, p. 260:«El hombre está invitado a entender los signos de la acción y de la voluntad divina diseminados en el fluir de los días y de las obras del hombre. El Reino de Dios, en efecto, está radicado en el presente y, entendiendo los caminos de Dios, conseguimos lograr la plenitud futura. Por tanto, es peligroso dejar correr el tiempo sin entenderlo, sin penetrarlo, sin vivirlo intensamente. Porque en él anida la revelación divina, como bajo los márgenes humanos de Jesús de Nazaret se ocultaba el Hijo de Dios, la presencia suprema del Padre en medio de nosotros”. o Creemos que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. • CEC 314: Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios «cara a cara» (1 Corintios 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (Cf Génesis 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra. 5. La gratuidad de la salvación: Carta de san Pablo a los Efesios 2, 4-10 - “4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, 5 aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo – por gracia habéis sido salvados – 6 y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos por Cristo Jesús, 7 a fin de manifestar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, por su bondad con nosotros por medio de Cristo Jesús. 8 Así pues, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios: 9 es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe, 10 ya que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para hacer las obras buenas, que Dios había preparado para que las practicáramos. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana 

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