martes, 10 de octubre de 2017

Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Año A, 15 de octubre de 2017




[Chiesa/Testi/Omelie1/RegnoDio/28A14ParábolasReinoDios(1)InvitaciónBanquete(2)TrajeBodaConversión]

Ø Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Año A (2017). La Parábola de los invitados al banquete de

bodas del hijo de  un rey  y la del invitado que no tenía traje de boda. El banquete es una imagen de la comunión de vida con Dios y con los hermanos. Es necesario participar en el banquete con el «traje de boda», que es  la caridad que brota de un corazón limpio, una conciencia buena y una fe sincera”; “hacerse discípulo de Cristo”; “la conversión del corazón de las costumbres anteriores”.


v  Cfr. Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Año A, 15 de octubre de 2017

                  Isaías 25,6-10; Filipenses 4,12-14.19-20; Mateo 22,1-14; Salmo 23/22

Isaías 25, 6-10: 6 El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos, en este monte, un banquete de sabrosos manjares, un banquete de vinos añejos: manjares suculentos, y vinos exquisitos. 7 Y eliminará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, y el manto que recubre a todas las naciones. 8 Eliminará para siempre la muerte. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y apartará el oprobio de su pueblo en toda la tierra, porque el Señor  ha hablado. 9 Se dirá aquel día: «Aquí está  nuestro Dios. En Él esperábamos para que nos salvara; es el Señor  en quien esperábamos: exultemos y gocémonos de por su salvación». 10 Porque la mano del Señor descansará en este monte.
Salmo 23. R/. Habitaré en la casa del Señor, por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar: me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor, por años sin término.
Mateo 22,1-14: 1 Jesús les habló de nuevo en parábolas diciendo: 2 El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo, 3 y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. 4 Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. 5 Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; 6 los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. 7 El rey se encolerizó y, enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. 8 Luego dijo a sus criados: Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. 9 Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis. 10 Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. 11 Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; 12 y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda? Pero él se calló. 13 Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 14 Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

EL REINO DE DIOS
¿Cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda?
(Cfr. Evangelio: vv. 11-14)

El traje de boda

Cf. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno A, Piemme 1995  pp. 274-279

El traje de boda es el “revestimiento de Cristo”;
“la caridad que brota de un corazón limpio, una conciencia buena y una fe sincera”;
“hacerse discípulo de Cristo”;
“la conversión del corazón de las costumbres anteriores,
para participar en el banquete”.
de la comunión con Dios”.

v  Significado del vestido de boda

o   La conversión del corazón de las costumbres anteriores: Cristo exige un vestido totalmente nuevo para participar en el banquete de la comunión con Dios.

§  “El vestido de lino son las obras buenas de los santos”.
El Evangelio no es un remiendo nuevo para coser en un vestido viejo, sino una novedad absoluta de  «hábito» y de vida (Marcos 2,21). (p. 279)
·         Cfr. Ravasi, o.c. pp. 276 y 279: «En las grandes fiestas el invitado, ayer y hoy, se presenta con
vestido de ceremonia. En el pasado, le lavaban los pies nada más llegar a la casa del que invitaba, se le perfumaba la cabeza con bálsamo, se le coronaba con flores, era acogido con un beso. En muchas partes de la Biblia se demuestra la existencia de este rito de acogida en la antigüedad, en Oriente Medio. El vestido es signo evidente de una personalidad como muestran en nuestros tiempos, para el bien o para el mal, la moda y el vestuario. Antes de considerar que el vestido sirve para cubrirnos, indica nuestra mentalidad, expresa nuestra identidad y nuestro gusto, bueno o malo. Se intuye, por tanto, el valor de la segunda simbología evocada por Jesús.
»Sin cambio de «hábito», es decir, sin la conversión del corazón de las costumbres anteriores, sin una
nueva personalidad no se puede participar en el banquete de la comunión con Dios. El Evangelio no es un remiendo nuevo para coser en un vestido viejo, sino una novedad absoluta de  «hábito» y de vida (Marcos 2,21). (p. 279)
»Cristo exige un vestido totalmente nuevo y en el Apocalipsis (19, 8) leemos esta frase: “El vestido
de lino son las obras buenas de los santos”». (p. 276).

o   Se requiere una conversión, un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús

·         Cfr. Comentario al Nuevo Testamento, La Casa de la Biblia 1995, Mt 22, 1-14: Para participar en el
banquete, es necesario cambiar de vestido, es decir, se requiere una transformación interior, una conversión. Para entrar en el banquete del reino, “no es suficiente con haber aceptado la invitación”, “es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús”.

o   El traje de boda y el bautismo

§  El traje de boda: el cristiano, por el bautismo, se reviste de Cristo. El «hombre viejo» y el «hombre nuevo».
·         Gálatas 3,27: “Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo”.
·         Efesios, 4,24: “Revestíos del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la
verdad”. (Cfr. 4, 17-32: la vida nueva en Cristo).
- Biblia de Jerusalén, Ef 4,24: “Todos los hombres deben revestirse del «Hombre Nuevo» (Efesios 2,15+), para ser en él re-creados (ver Gálatas 3,27; Romanos 13,14). En otros lugares Pablo habla en este sentido de «nueva creación» (2 Corintios 5,17).  
·         Colosenses, 3, 9-11: “No os engañéis unos a otros, ya que os habéis despojado del hombre viejo con sus
obras y os habéis revestido del hombre nuevo, que se renueva para lograr un conocimiento pleno según la imagen de su creador, para quien no hay  griego o judío, circuncisión o no circuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, sino que Cristo es todo en todos”.
- Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, Eunsa 1999, Col 3, 5-11: “El «hombre viejo» (v. 9) es el que se deja dominar por las inclinaciones de la concupiscencia desordenada. El discípulo de Cristo, que ha sido renovado y vive para el Señor, posee un nuevo y más perfecto conocimiento de Dios y del mundo, ve las cosas con una perspectiva más alta, con visión sobrenatural, que no es sino «dejarse mover y poseer por la poderosa mano del autor de todo bien» (S. Ignacio de Loyola, Epist. 4, 561-562).
- Biblia de Jerusalén, Col 3,10: “El hombre creado (Génesis 1, 26s+), se perdió buscando el conocimiento del bien y del mal fuera de la voluntad divina (Génesis 2,17+). Desde entonces, convertido en esclavo del pecado y de sus apetencias (Romanos 5,12+), el hombre viejo quedó condenado a morir (Romanos 6,6; Efesios 4,22). El hombre nuevo, re-creado en Cristo (Efesios 2,15+), que es imagen de Dios (Romanos 8,29+), vuelve a encontrar la rectitud anterior y el verdadero conocimiento moral (1,9; Hebreos 5,14).

o   El vestido de boda son los preceptos del Señor y las obras que se realizan en el espíritu de la Ley y del Evangelio

·         S. Jerónimo (343-420) (In Matt. III, 22, 8-11): “El vestido de boda son los preceptos del Señor y
las obras que se realizan en el espíritu de la Ley y del Evangelio. Estos son el vestido del hombre nuevo. Si alguien que lleva el nombre de cristiano, en el momento del juicio se encontrará sin el vestido de boda, es decir, sin el vestido del hombre celeste, y  llevará un vestido manchado, es decir el vestido del hombre viejo, será capturado inmediatamente y se le preguntará: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda»? (Mateo 22, 12). 

o   El vestido de boda “«es la caridad que brota de un corazón limpio, una conciencia buena y una fe sincera»

·         San Agustín (354-430) (Sermón 90.,6): el vestido de boda “«es la caridad que brota de un corazón
limpio, una conciencia buena y una fe sincera» (1 Tim 1,5). (...) En un mismo individuo existen dos impulsos del alma: la caridad y la codicia. Que nazca en ti la caridad, si todavía no ha nacido; y, si ya ha nacido, que sea cultivada y alimentada, y así crezca. Por lo que se refiere a la codicia, no  puede ser eliminada totalmente en esta vida – «pues si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros» (1 Jn 1,8) -. Nosotros cometemos pecados en cuanto que tenemos la codicia; hagamos que crezca la caridad y que disminuya la codicia, con el fin de que la caridad sea llevada a la perfección un día, y la codicia sea reducida a la extinción”.

o   Entra a la boda, pero sin vestido de boda, quien formando parte de la Iglesia tiene fe, pero no tiene la caridad

·         San Gregorio Magno (540-604) (Homilía 38):  “Hermanos, puesto que, por gracia de Dios,
habéis ya entrado en la sala del banquete de bodas, es decir en la santa Iglesia, procurad que cuando entre el rey non tenga motivos para llamaros la atención en lo referente al vestido de vuestra alma. (...) ¿Cuál es el significado del vestido nupcial? Si decimos que el vestido nupcial es el bautismo o la fe, ¿quién ha ido a estas bodas sin el bautismo o la fe? Está excluido, en efecto quien todavía no tiene la fe. Por tanto, ¿qué podemos entender por vestido nupcial si no es la caridad?  Entra a la boda, pero sin vestido de boda, quien formando parte de la Iglesia tiene fe, pero no tiene la caridad.”

o   No basta haber entrado en la Iglesia para estar seguro de la salvación eterna: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de bodas?» (Mateo 22,12), pregunta el rey a uno de los invitados.

Cfr. Juan Pablo II, Audiencia General 18 de septiembre de 1991
§  El “traje” de bodas es el mandamiento nuevo.
·         No basta haber entrado en la Iglesia para estar seguro de la salvación eterna: «Amigo, ¿cómo
has entrado aquí sin traje de bodas?» (Mateo 22,12), pregunta el rey a uno de los invitados. La parábola, que en este punto parece pasar del problema del rechazo histórico de la elección por parte del pueblo de Israel al comportamiento individual de todo aquel que es llamado, y al juicio que se pronunciará sobre él, no especifica el significado de ese «traje». Pero se puede decir que la explicación se encuentra en el conjunto de la enseñanza de Cristo. El Evangelio, en particular el sermón de la montaña, habla del mandamiento del amor, que es el principio de la vida divina y de la perfección según el modelo del Padre: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48). Se trata del «mandamiento nuevo» que, como enseña Cristo, consiste en esto: «Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34). Por ello, parece posible colegir que el «traje de bodas», como condición para participar en el banquete, es precisamente ese amor.

o   Jesús quiere hechos, no sólo palabras

·         Es Cristo que pasa, n. 180: “La salvación, que predica Nuestro Señor Jesucristo, es una invitación
dirigida a todos: acontece lo que a cierto rey, que celebró las bodas de su hijo y envió a los criados a llamar a los convidados a las bodas (Mateo 22,2-3). Por eso, el Señor revela que el reino de los cielos está en medio de vosotros (Lucas 17,21).
            Nadie se encuentra excluido de la salvación, si se allana libremente a las exigencias amorosas de Cristo: nacer de nuevo  (Cfr. Juan 3,5), hacerse como niños, en la sencillez de espíritu (Cfr. Mc 10,15; Mateo 18,3; 5,3); alejar el corazón de todo lo que aparte de Dios (En verdad os digo que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos – Mateo 19,23). Jesús quiere hechos, no sólo palabras (Cfr. Mateo 7,21). Y un esfuerzo denodado, porque sólo los que luchan serán merecedores de la herencia eterna (El reino de los cielos se alcanza a viva fuerza y los que la hacen lo arrebatan – Mateo 12,12)”.

o   No un remiendo, sino un vestido totalmente nuevo

·         Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno A Piemme noviembre 1995, p. 276.:.  “Aquel
que grita «Señor, Señor» pero no hace concretamente la voluntad del Padre, es quien ha puesto solamente «un remiendo de tela nueva sobre un vestido viejo». Cristo, sin embargo, exige un vestido totalmente nuevo y en el Apocalipsis leemos esta frase: «Alegrémonos, saltemos de júbilo; démosle gloria, pues llegaron las bodas del Cordero y se ha engalanado su esposa; le han regalado un vestido de lino deslumbrante y puro: el lino son las buenas obras de los santos» (19, 8).

o   El vestido de boda es hacerse discípulo de Cristo

·         CEC n. 546: Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza
(Cf Mc 4, 33-34). Por medio de ellas invita al banquete del Reino (Cf Mt 22, 1-14), pero exige también una
elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (Cf Mt 13, 44-45); las palabras no bastan,
hacen falta obras (Cf Mt 21, 28-32). Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra
como un suelo duro o como una buena tierra (Cf Mt 13, 3-9)? ¿Qué hace con los talentos recibidos (Cf Mt
25, 14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas.
Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para «conocer los Misterios del Reino de
los cielos» (Mt 13, 11). Para los que están «fuera» (Cf Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo
enigmático (Cf Mt 13, 10-15).

o   Jesús se refiere en esta parábola – en la invitación a un banquete de boda – a la invitación que Dios nos hace a la comunión transformante con Él.  El traje adecuado consiste en las buenas obras que deben acompañar nuestra fe.

§  Los invitados no aceptaron la invitación probablemente porque con inaudita presunción y autosuficiencia juzgaron el banquete inútil o, al menos, inferior a las propias exigencias y pretensiones. En efecto, fueron los pobres quienes aceptaron la invitación, aquellos que estaban parados “en los cruces de los caminos... buenos y malos”.
              Cfr. San Juan Pablo II, Homilía, 11-10-1981
Deseo a cada uno de vosotros y a todos que, ante la invitación al “banquete de la boda de su hijo”, no os comportéis como hemos escuchado en el Evangelio.
Efectivamente, los primeros invitados no quisieron ir (Mt 22,3); después otros no hicieron caso (Ib., 22,5); otros hasta insultaron o mataron a los criados que llevaban la invitación (Ib., 22,6). Todos ellos “no se lo merecían” probablemente porque con inaudita presunción y autosuficiencia juzgaron el banquete inútil o, al menos, inferior a las propias exigencias y pretensiones. En efecto, fueron los pobres quienes aceptaron la invitación, aquellos que estaban parados “en los cruces de los caminos... buenos y malos” (Ib., 22,9-10) esto es aquellos que en su humildad conocieron la riqueza inmerecida del don de Dios, y lo aceptaron con sencillez. Es preciso que nosotros seamos conscientes de la invitación que se nos hace a una comunión transformante con el Señor, invitación que se nos hace por la Palabra de Dios y la predicación de la Iglesia; y además que sepamos acogerla con todo el corazón, con plena disponibilidad, en la certeza de que el Señor sólo quiere nuestra salvación. Finalmente como sugiere la alegoría del traje nupcial con la que se concluye la parábola, también estamos llamados a presentarnos al Señor llevando un traje adecuado; consiste en las buenas obras que deben acompañar nuestra fe como nos advierte el mismo Jesús: “Si vuestra justicia (esto es, vuestra vida real) no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Ib., 5,20). Pero si esto se realiza, entonces la fiesta es plena e intensa.

             

Vida Cristiana

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