lunes, 4 de diciembre de 2017

ÁNGELUS de Papa Francisco, primer domingo de Adviento. 3 de diciembre de 2017


Ø El Adviento (2017). Palabras de Papa Francisco en el rezo del Angelus (primer domingo, 3 de diciembre). El Adviento es el tiempo que se  nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro. En la fiesta de Navidad, Él regresará a nosotros cuando haremos memoria de su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a vivos y a muertos». Por eso siempre debemos estar siempre vigilantes y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. Por eso siempre debemos estar vigilantes y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo


v  Cfr. ÁNGELUS de Papa Francisco, primer domingo de Adviento.

                  3 de diciembre de 2017
     ¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy iniciamos el camino del Adviento, que culminará en Navidad. El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para comprobar nuestro deseo de Dios, para mirar adelante y prepararnos a la vuelta de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando haremos memoria de su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos para «juzgar a vivos y a muertos». Por eso siempre debemos estar vigilantes y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos introduce precisamente en ese sugestivo tema de la vigilancia y la espera.
En el Evangelio (cfr. Mc 13,33-37) Jesús exhorta a estar atentos y a velar, para estar preparados para recibirlo en el momento del regreso. Nos dice: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento […]; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos» (vv. 33-36).

o   Vigilad. La persona que presta atención es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o por la superficialidad, sino que vive de maniera plena y consciente, con una preocupación dirigida principalmente a los demás

La persona que presta atención es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o por la superficialidad, sino que vive de maniera plena y consciente, con una preocupación dirigida principalmente a los demás. Con esa actitud nos damos cuenta de las lágrimas y de las necesidades del prójimo y podemos captar también las capacidades y las cualidades humanas y espirituales. La persona atenta se dirige luego también al mundo, procurando contrarrestar la indiferencia y la crueldad presentes en él, y alegrándose de los tesoros de belleza que también existen y deben protegerse. Se trata de tener una mirada de comprensión para reconocer tanto las miserias y las pobrezas de los individuos y de la sociedad, como para reconocer la riqueza escondida en las cosas pequeñas de cada día, precisamente allí donde el Señor nos ha puesto.

o   Quién es la persona vigilante

La persona vigilante es la que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse dominar por el sueño del desánimo, de la falta de esperanza, de la desilusión; y al mismo tiempo rechazar la solicitación de tantas vanidades que desbordan el mundo y tras las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar. Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, contada por el profeta Isaías: Dios parecía haber dejado vagar a su pueblo lejos de sus caminos (cfr. Isaías 63,17), pero eso era un efecto de la infidelidad del pueblo mismo (cfr. 64,4b).
También nosotros nos encontramos a menudo en esa situación de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos indica la vía buena, la vía de la fe, la vía del amor, pero nosotros buscamos nuestra felicidad por otra parte.

o   Presupuestos para no continuar “vagando lejos de las vías del Señor”

§  Condiciones para permitir a Dios que irrumpa en nuestra existencia, para devolverle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura.
Estar atentos y vigilantes son los presupuestos para no continuar “vagando lejos de las vías del Señor”, perdidos en nuestros pecados y en nuestras infidelidades; estar atentos y estar vigilantes son las condiciones para permitir a Dios que irrumpa en nuestra existencia, para devolverle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura. Que María Santísima, modelo de la espera de Dios e imagen de la vigilancia, nos guíe al encuentro de su hijo Jesús, reavivando nuestro amor por Él.




Vida Cristiana

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