jueves, 20 de julio de 2017

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La culpa fue del whatsapp. Según un estudio del CyberPsychology and behaviour Journal, el whatsapp ha causado 28 millones de separaciones en todo el mundo. Como es de suponer, la mayoría de las rupturas que se producen por culpa del whatsapp son jóvenes, novios cuya relación no se ha asentado todavía. No obstante, toda pareja está bajo amenaza de sufrir una crisis de whatsapp siempre y cuando se cumplan estas dos condiciones: primera, un mal uso de tal aplicación, y segunda, una comunicación deficiente. Es evidente que no debemos dejar nuestra relación en manos de un aparato telefónico. Nos hemos acostumbrado, a hablar más con los dedos que con la boca, a hacerlo a distancia y no en presencia, lo cual limita bastante lo que se quiere expresar. Seguimos pensando que la culpa no fue del whatsapp, sino de la baja calidad de la comunicación.


1 La culpa fue del whatsapp. Según un estudio del CyberPsychology and behaviour Journal, el whatsapp ha causado 28 millones de separaciones en todo el mundo. Como es de suponer, la mayoría de las rupturas que se producen por culpa del whatsapp son jóvenes, novios cuya relación no se ha asentado todavía. No obstante, toda pareja está bajo amenaza de sufrir una crisis de whatsapp siempre y cuando se cumplan estas dos condiciones: primera, un mal uso de tal aplicación, y segunda, una comunicación deficiente. Es evidente que no debemos dejar nuestra relación en manos de un aparato telefónico. Nos hemos acostumbrado, a hablar más con los dedos que con la boca, a hacerlo a distancia y no en presencia, lo cual limita bastante lo que se quiere expresar. Seguimos pensando que la culpa no fue del whatsapp, sino de la baja calidad de la comunicación. Publicado el 21/10/2013 por blogfamiliaactual Según un estudio del CyberPsychology and behaviour Journal, el whatsapp ha causado 28 millones de separaciones en todo el mundo (ver) Parece que dos de las funciones de esta aplicación, como son el doble check, que indica que el mensaje ha llegado al receptor (aunque no lo haya leído), y la vista de la hora exacta de la última conexión, son los culpables de que tal cantidad de parejas hayan roto su relación. Como es de suponer, la mayoría de las rupturas que se producen por culpa del whatsapp son jóvenes, novios cuya relación no se ha asentado todavía. No obstante, toda pareja está bajo amenaza de sufrir una crisis de whatsapp siempre y cuando se cumplan estas dos condiciones: primera, un mal uso de tal aplicación, y segunda, una comunicación deficiente. En primer lugar, es evidente que no debemos dejar nuestra relación en manos de un aparato telefónico; no obstante, hay muchos jóvenes y no tan jóvenes que lo hacen. Se han acostumbrado, nos hemos acostumbrado, a hablar más con los dedos que con la boca, a hacerlo a distancia y no en presencia, lo cual limita bastante lo que se quiere expresar. No 2 hay símbolo que diga lo que se quiere decir, ni emoticono que sustituya a la expresión facial de la persona que nos está hablando. Las investigaciones del psicólogo Albert Mehrabian sobre la comunicación de actitudes y sentimientos le llevó a la conclusión de que la comunicación digital, es decir, las palabras, cuentan solamente un 7%, mientras que la comunicación analógica, a saber, la voz (38%) y la fisiología (55%), el resto. Especialmente en la transmisión de sentimientos, la intensidad, el volumen, el tono, el ritmo y la velocidad de la voz, así como los gestos, la mirada, las posturas, la respiración y todos los demás aspectos fisiológicos, son mucho más decisivos que lo que se dice. El mal uso del whatsapp se puede corregir utilizándolo para lo que sirve, para dar recados y poco más, y no pedirle que sustituya a una conversación personal. Algunas webs recomiendan una solución técnica, como es eliminar los indicadores check y de última conexión. Estas dos opciones pueden generar un clima de desconfianza, al ver que el otro se ha conectado después de haberle enviado un mensaje y no “ha querido” contestar, cuando en realidad puede ser que simplemente no lo haya leído. Pero esa solución técnica no soluciona el problema, si seguimos confiando nuestra intimidad a lo que puedan teclear nuestros dedos en un espacio tan reducido. En segundo lugar, también resulta claro que una comunicación deficiente en la pareja propicia que se pueda caer en una crisis de whatsapp. El antídoto pasa por atender a las tres “ces” que aparecen en la palabra comunicación. La primera “c” es de conexión, pues no se puede mantener una relación sin que haya una conexión, una unión, un vínculo, entre los dos. La segunda es de cantidad, pues las relaciones se enfrían cuando se dejan enfriar, cuando se deja de hablar, cuando las palabras se quedan dentro de cada uno. La tercera “c” es la “c” de calidad, capital en toda comunicación, pues mientras la cantidad suma, la calidad multiplica. De nada nos sirve hablar mucho si las palabras que decimos no tienen ese peso que hace que no se las lleve el viento. Al whatsapp le podemos pedir conectividad, inmediatez, cantidad, comodidad, diversión… pero no le podemos exigir lo que no puede dar: calidad en la conversación. De lo contrario, nos puede pasar lo que le ocurre a la pareja del cortometraje de Paco Caballero (ver): el whatsapp es capaz de crear tales susceptibilidades entre ellos que acaban rompiendo la relación. Sin embargo, seguimos pensando que la culpa no fue del whatsapp, sino de la baja calidad de la comunicación. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

5º Domingo del tiempo ordinario, Año C (2016). La vocación. «Aquí estoy, mándame» (1ª Lectura, Isaías 6,8); «Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.» (Evangelio, Lucas 5,11). A lo largo de nuestra vida Cristo nos llama por nuestro nombre. Pensamos que tuvo lugar en los tiempos de los apóstoles, pero no creemos que la llamada nos ataña a nosotros, no la esperamos. El Señor nos purifica para prepararnos a cada uno a la misión que Él ha proyectado, para la que pedirá nuestra colaboración. La verdadera religiosidad nos lleva a adherir a la voluntad del Señor cuando solicita un compromiso de nosotros en esta vida. En definitiva, a tener una profunda amistad con Él, a “estar con él”. La vida cristiana es comunión con Jesús. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida. Si falta el encuentro con Cristo no habrá auténtica existencia cristiana, aunque haya devociones y prácticas.


1  5º Domingo del tiempo ordinario, Año C (2016). La vocación. «Aquí estoy, mándame» (1ª Lectura, Isaías 6,8); «Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.» (Evangelio, Lucas 5,11). A lo largo de nuestra vida Cristo nos llama por nuestro nombre. Pensamos que tuvo lugar en los tiempos de los apóstoles, pero no creemos que la llamada nos ataña a nosotros, no la esperamos. El Señor nos purifica para prepararnos a cada uno a la misión que Él ha proyectado, para la que pedirá nuestra colaboración. La verdadera religiosidad nos lleva a adherir a la voluntad del Señor cuando solicita un compromiso de nosotros en esta vida. En definitiva, a tener una profunda amistad con Él, a “estar con él”. La vida cristiana es comunión con Jesús. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida. Si falta el encuentro con Cristo no habrá auténtica existencia cristiana, aunque haya devociones y prácticas.  Cfr. 5 Domingo Tiempo Ordinario Ciclo C 7 de febrero 2016 Isaías 6, 1-2a.3-8; 1 Corintios 15, 1-11; Lucas 5, 1-11 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, V Domenica del Tiempo Ordinario, pp. 169-174. Isaías 6, 1-2a.3-8: 1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.2 Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él. 3 Y se gritaban el uno al otro: "Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.". 4 Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo. 5 Y dije: "¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!". 6 Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,7 y tocó mi boca y dijo: "He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está perdonado." 8 Entoces, escuché la voz del Señor que decía: "¿A quién mandaré? ¿ Quién irá por mí"? Contesté: - «Aquí estoy, mándame». 1 Corintios 15, 1-11: 1 Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, 2 y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano. 3 Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; 4 y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; 5 y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; 6 después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; 7 después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; 8 por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. 9 Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. 11 Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros. Lucas 5, 1-11: 1 Sucedió que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios.2 Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes.3 Entonces, subiendo en una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y sentado enseñaba desde la barca a la multitud.4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.5 Simón le contestó: Maestro, hemos estado fatigándonos durante toda la noche y nada hemos pescado; pero, no obstante, sobre tu palabra echaré las redes.6 Y habiéndolo hecho recogieron gran cantidad de peces, tantos que las redes se rompían.7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían.8 Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían capturado. 10 Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar. 11 Ellos sacaron las barcas a tierra, dejándolo todo, lo siguieron. La vocación: nos llama por nuestro nombre. «Aquí estoy, mándame» (Primera Lectura, Isaías 6,8) 2 Por la gracia de Dios soy lo que soy. (Segunda Lectura, 1 Corintios 15, 10) «Venid y seguidme» – dice el Señor -. (Aleluya antes del Evangelio, Mateo 4, 19) 1. A lo largo de nuestra vida Cristo nos llama por nuestro nombre.  Pensamos que tuvo lugar en los tiempos de los apóstoles, pero no creemos que la llamada nos ataña a nosotros, no la esperamos. Cfr. Beato John Henry Newman (1801-1890)1 . Sermones parroquiales: PPS vol. 8, sermón 2. (En Magnificat, n. 147, febrero 2016, pp. 122-123). • “A lo largo de toda nuestra vida Cristo nos llama. Estaría bien tener conciencia de ello, pero somos lentos en comprender esta gran verdad: que Cristo camina a nuestro lado y con su mano, sus ojos y su voz nos invita a seguirle. En cambio, nosotros ni siquiera alcanzamos a oír su llamada, que se sigue dando ahora. Pensamos que tuvo lugar en los tiempos de los apóstoles, pero no creemos que la llamada nos ataña a nosotros, no la esperamos. No tenemos ojos para ver al Señor, muy al contrario del apóstol al que Jesús amaba, que distinguía a Cristo cuando los demás discípulos no lo reconocían. No obstante, estate seguro: Dios te mira, seas quien seas. Dios te llama por tu nombre. Te ve y te comprende, él, que te hizo. Todo lo que hay en ti le es conocido; todos tus sentimientos y tus pensamientos, tus inclinaciones, tus gustos, tu fuerza y tu debilidad. Te ve en los días de alegría y en los tiempos de pena. Se interesa por todas tus angustias y tus recuerdos, todos tus ímpetus y los desánimos de tu espíritu. Dios te abraza y te sostiene; te levanta o te deja descansar en el suelo. Contempla tu rostro cuando lloras y cuando ríes, en la salud y en la enfermedad. Mira tus manos y tus pies, escucha tu voz, el latido de tu corazón y hasta tu aliento. No te amas tú más de lo que te ama él”. 2. El Señor nos purifica para prepararnos a cada uno a la misión que Él ha proyectado, para la que pedirá nuestra colaboración. a) Vemos en la primera Lectura que el profeta Isaías es liberado de sus pecados: uno de los ángeles le toca la boca con un carbón ardiente diciendo: “Mira, esto ha tocado tus labios, tu culpa ha sido quitada, y tu pecado, perdonado” (Is 5, 7). Se trata de la intervención salvadora de Dios. Y cuando el Señor pregunta “¿A quién enviaré?, ¿quién irá de nuestra parte?”, Isaías responde “Aquí estoy. Envíame a mí” ” (Is 6,8); o Además, en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2584) se nos dice que la oración de los profetas es siempre una intercesión que espera la intervención del Dios salvador. En el "cara a cara" con Dios, los profetas sacan luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la palabra de Dios, a veces un litigio o una queja, siempre una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia (cf Amós 7, 2. 5; Isaías 6, 5. 8. 11; Jeremías 1, 6; Jeremías 15, 15 - 18; Jeremías 20, 7 - 18). b) en el caso de Simón Pedro, cuando él se arroja a los pies del Señor, y le dice que es un pecador, Jesús le responde afirmando que será pescador de hombres, junto a los otros apóstoles: “No temas, desde ahora serán hombres los que pescarás” (Lucas 5, 10). 1 Nació en Londres el 21 de febrero de 1801; murió en Birmingham, el 11 de agosto de 1890. Fue un presbítero anglicano que se convirtió al catolicismo en 1845. Fue ordenado sacerdote en la Iglesia Católica el 1 de junio de 1847 y hecho Cardenal por León XIII. Fue beatificado el 19 de septiembre de 2010 por Benedicto XVI en el Reino Unido. Cuando era joven participó en el Movimiento de Oxford, que aspiraba a que la Iglesia de Inglaterra volviese a su raíces católicas. Entre sus publicaciones se encuentran: La fe y la razón; Persuadido por la Verdad; Apología "pro vita sua". Historia de mis ideas religiosas; Carta al Duque de Norfolk; Esperando a Cristo; Sermones parroquiales , 8 volúmenes; Las arma de los santos; Discursos sobre la fe; Calixta (novela), etc. 3 o Nuestra colaboración: unos requisitos indispensables e la vocación cristiana. c) “Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron” (Lc 5, 11). “En la vocación cristiana son requisitos indispensables el desprendimiento auténtico, la pobreza, la elección total del Reino de Dios. Es un paso difícil de dar, ya que estamos ligados a una maraña de intereses, de posesiones, de afectos y de cosas. Sin embargo, como descubrirán los discípulos, la vocación es un “dejar”, es un “perder” más bien sorprendente porque después ellos “encontrarán cien hermanos y hermanas” precisamente entre los hombres de los que serán pescadores” (cfr. G. Ravasi o.c. p. 171). 3. Algunas enseñanzas que se pueden deducir de la llamada del Señor y de nuestra respuesta.  Sobre la verdadera religiosidad o a) Nos lleva a adherir a la voluntad del Señor cuando solicita un compromiso de nosotros en esta vida. • Si hay verdadera religiosidad, cada uno descubrirá su propia vocación, es decir, el compromiso que Dios solicita de nosotros en esta vida. El Señor nos hará saber que cuenta con nosotros para realizar su proyecto de salvación.  El Señor nos purifica para hacernos capaces de responder a sus exigencias. Si alguien piensa que no le sucederá que un ángel del Señor toque su boca con un carbón para purificarle, como hemos visto en el caso de Isaías, que recuerde que, en la vida cristiana, hay algo más que un “ángel y un carbón ardiente para purificar”... El Señor nos purifica en el sacramento de la reconciliación. “Toda la virtud de la penitencia reside en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda amistad” (Catecismo Romano 2,5, 18) (cfr. CEC n. 1468). o b) Nos lleva a tener confianza en él cuando también a nosotros nos diga: “guía mar adentro y echad vuestras redes para la pesca” Se puede añadir que la verdadera religiosidad no acaba en un erróneo sentido de culpabilidad, en la culpa que lleva a la angustia, sino que acaba en un acto de amor, de disponibilidad ante las exigencias del Señor, de caridad hacia Dios, de liberación de las culpas. Pediremos al Señor fe, confianza en él cuando también a nosotros nos diga: “guía mar adentro y echad vuestras redes para la pesca” (Lucas 5, 4); a veces también a nosotros nos parecerá no razonable su exigencia: “Maestro hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada .... pero sobre tu palabra echaré las redes”(Lucas 5, 5). o c) En definitiva, nos llevará a compartir la vida de Jesús, a tener una profunda amistad con Él, a “estar con él”. La vida cristiana es comunión con Jesús.  El estilo de vida de los cristianos, hijos de la luz: Dios nos ha destinado para vivir juntos con él. • 1 Tesalonicenses 5, 4-10: Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Nosotros, por el contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación. Dios no nos ha destinado para la cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos juntos con él.  La Iglesia es comunión con Jesús. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida. • Catecismo de la Iglesia Católica, 787: La Iglesia es comunión con Jesús. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (cf. Marcos 1, 16 - 20; Marcos 3, 13 - 19); les reveló el Misterio del Reino (cf. Mateo 13, 10 - 17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lucas 10, 17 - 20) y en sus sufrimientos (cf. Lucas 22, 28 - 30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre él y los que le sigan: "Permaneced en Mí, como yo en vosotros … Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (Juan 15, 4-5). 4 Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él" (Juan 6, 56).  A pesar de ser siervos inútiles, Jesús nos hace sus amigos. a) No hay secretos entre amigos • Card. Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa por la elección del Papa, 18 de abril de 2005: Pasemos ahora al Evangelio, de cuya riqueza quisiera sacar tan sólo dos pequeñas observaciones. El Señor nos dirige estas maravillosas palabras: «No os llamo ya siervos… a vosotros os he llamado amigos» (Juan 15, 15). Muchas veces no sentimos simplemente siervos inútiles, y es verdad (Cf. Lucas 17, 10). Y, a pesar de ello, el Señor nos llama amigos, nos hace sus amigos, nos da su amistad. El Señor define la amistad de dos maneras. No hay secretos entre amigos: Cristo nos dice todo lo que escucha al Padre; nos da su plena confianza y, con la confianza, también el conocimiento. Nos revela su rostro, su corazón. Nos muestra su ternura por nosotros, su amor apasionado que va hasta la locura de la cruz. Nos da su confianza, nos da el poder de hablar con su yo: «este es mi cuerpo…», «yo te absuelvo…». Nos confía su cuerpo, la Iglesia. Confía a nuestras débiles mentes, a nuestras débiles manos su verdad, el misterio del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; el misterio del Dios que «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Juan 3, 16). Nos ha hecho sus amigos y, nosotros, ¿cómo respondemos? b) La amistad es la comunión de las voluntades, donde tiene lugar nuestra redención El segundo elemento con el que Jesús define la amistad es la comunión de las voluntades. «Idem velle – idem nolle», era también para los romanos la definición de la amistad. «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Juan 15, 14). La amistad con Cristo coincide con lo que expresa la tercera petición del Padrenuestro: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». En la hora de Getsemaní, Jesús transformó nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conformada y unida con la voluntad divina. Sufrió todo el drama de nuestra autonomía y, al llevar nuestra voluntad en las manos de Dios, nos da la verdadera libertad: «pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú» (Mateo 26, 39). En esta comunión de las voluntades tiene lugar nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Dios. Cuanto más amamos a Jesús, más le conocemos, más crece nuestra auténtica libertad, la alegría de ser redimidos. ¡Gracias, Jesús, por tu amistad! o d) Si falta el encuentro con Cristo no habrá auténtica existencia cristiana, aunque haya devociones y prácticas. La compenetración con Cristo. • Es Cristo que pasa, 134: Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración. Fue así como vivieron aquellos primeros, y como debemos vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal — la oración sin anonimato — cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta. Si eso falta, habrá tal vez reflexión erudita, actividad más o menos intensa, devociones y prácticas. Pero no habrá auténtica existencia cristiana, porque faltará la compenetración con Cristo, la participación real y vivida en la obra divina de la salvación. EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA La fuerza transformadora de la Palabra de Cristo cuando nos llama. El testimonio de Pablo: también para nosotros, el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestras vidas. (Cfr. Papa Francisco, Rezo del Angelus, en la festividad de San Pedro y San Pablo, 29 de junio 2014) “De Pablo, se cuenta tres veces el episodio de la llamada en el camino de Damasco, que señala el punto de inflexión en su vida, marcando claramente un antes y un después. Antes, Pablo era un enemigo 5 acérrimo de la Iglesia. Después, pone toda su existencia al servicio del Evangelio. También para nosotros, el encuentro con la Palabra de Cristo es capaz de transformar completamente nuestras vidas. No es posible oír esta Palabra y permanecer en el propio lugar, quedarse bloqueados en las propias costumbres. Ella nos empuja a vencer el egoísmo que tenemos en el corazón para seguir con decisión aquel Maestro que ha dado la vida por sus amigos. Pero es Él que con su palabra nos cambia; es Él el que nos transforma; es Él el que nos perdona todo, si nosotros abrimos el corazón y pedimos el perdón”. Lo específico de la fe cristiana: poner a Jesucristo en el centro de nuestra vida personal y comunitaria. (Cfr. Papa Francisco, Audiencia General, 9 de diciembre de 2015, ¿Por qué el Jubileo de la Misericordia?) “Celebrar un Jubileo de la Misericordia equivale a poner de nuevo en el centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la fe cristiana, es decir, a Jesucristo, el Dios misericordioso”. www.parrroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo 13 del tiempo ordinario (26 de junio de 2016). Ciclo C. La vida como vocación. Hay una voluntad fundamental de Dios que es idéntica para todos nosotros. Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre. Cada uno tiene que encontrar, en sus circunstancias, en su manera de vivir esa única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en los diez mandamientos. Cada cristiano, al descubrir su vocación personal, rechaza una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.


1  Domingo 13 del tiempo ordinario (26 de junio de 2016). Ciclo C. La vida como vocación. Hay una voluntad fundamental de Dios que es idéntica para todos nosotros. Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre. Cada uno tiene que encontrar, en sus circunstancias, en su manera de vivir esa única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en los diez mandamientos. Cada cristiano, al descubrir su vocación personal, rechaza una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.  Cfr. Domingo 13 del Tiempo Ordinario, Ciclo C - 26 de junio de 2016 1 Reyes 19, 16b.19-21; Salmo 15; Gálatas 5,1.13-18; Lucas 9, 51-62 Evangelio (Lucas 9,51-62) - Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del Cielo para que acabe con ellos ?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y les reprendió. Después se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: "Te seguiré a dondequiera que vayas". Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza". A otro, Jesús le dijo: "Sígueme". Pero é1 le respondió: "Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre". Jesús le replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te Seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia". Jesús le contestó; "El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". LA VIDA COMO VOCACIÓN 1. EL VIAJE DE JESÚS A JERUSALÉN.  “Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén”. o Al encaminarse decididamente a Jerusalén, hacia la cruz, Jesús cumple voluntariamente el designio del Padre. - Jesús, según el evangelio de Juan, fue varias veces a Jerusalén en su vida pública. Sin embargo, los tres evangelios sinópticos solamente hablan de una subida: la última. Lucas dedica gran parte de su evangelio a este viaje de Jesús camino de Jerusalén: la narración ocupa casi diez capítulos, y recoge muchas enseñanzas del Señor (la parábola del buen samaritano, la conversión de Zaqueo, etc.). Es fácil reconocer la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación; basta considerar que es en Jerusalén donde se consuma nuestra salvación (Luca 19, 28-24,53). En los Hechos de los Apóstoles aparece cómo la Iglesia germina en Jerusalén (Hechos 1,1-7,60) y de allí se extenderá hasta los confines de la tierra. “Al encaminarse decididamente a Jerusalén, hacia la cruz, Jesús cumple voluntariamente el designio del Padre (Cfr. 9,31), que había determinado que por su pasión y muerte llegase a la resurrección y ascensión gloriosas” (Nuevo Testamento, Eunsa, Lc 9, 51-56). Jesús es consciente del peligro hacia el que se encamina yendo a Jerusalén, pero lo afronta con fortaleza y reafirma varias veces su decisión de llegar a la Ciudad Santa 1 .  Papa Francisco, Catequesis del 17 de abril de 2013 o En nuestra vida cristiana, entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, también cuando requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros programas. - «Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de caminar a 1 Editrice Domenicana Italiana, Temi predicazione-Omelie, 3/2013 Ciclo C, 13ª Domenica dell`anno, 30 giugno 2013, Vangelo, esegesi. 2 Jerusalén» (Lc 9, 51). Mientras «sube» a la Ciudad santa, donde tendrá lugar su «éxodo» de esta vida, Jesús ve ya la meta, el Cielo, pero sabe bien que el camino que le vuelve a llevar a la gloria del Padre pasa por la Cruz, a través de la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. (…) También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, también cuando requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros programas. 2. LA VOCACIÓN  El encuentro de Jesús con tres personas anónimas (Evangelio de hoy). En los versículos que siguen encontramos importantes afirmaciones dichas por el Señor con ocasión del encuentro con tres personas anónimas. o a) Al primero que se ofrece a seguir a Jesús, Él le advierte de las dificultades que una tal decisión comporta: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza. (Lucas 9, v. 58).  Se trata del desprendimiento o renuncia de lo que proporciona una cierta seguridad. - «El hogar es la base de la seguridad terrena. Y el Señor advierte que quien quiera seguirlo debe desprenderse de las seguridades y ventajas terrenas. ¿Significa que debemos quedarnos sin casa o habitación? No. Al menos no todos. ........... pero debemos aprender a seguir a Cristo sin intereses ni segundas intenciones y, además, sin importarnos que el camino a donde nos lleve ese seguimiento pueda volverse - como de hecho suele suceder - incómodo, difícil, sin seguridades, con confianza hacia lo que nos vaya pidiendo el Señor. La respuesta del Señor viene a indicar: “no tengo nada que ofrecerte, ya que ni tengo casa donde alojarte”». o b) Segundo encuentro. La persona es invitada por Jesús a seguirlo, pero parece que no se encuentra todavía preparado: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios» (v. 60).  Jesús le advierte de que el discípulo debe saber renunciar también a los afectos más queridos, aunque sean legítimos y de peso, si se convierten en obstáculos para sacar adelante la misión encomendada. Amad a los padres pero anteponed a Dios • San Agustín, Sermón 100, 1-3: “Cuando nuestro Señor Jesucristo destina a los hombres al evangelio, no quiere que se interponga excusa alguna de piedad carnal y temporal. Ciertamente la ley ordena esta acción piadosa, y el mismo Señor acusó a los judíos de echar abajo ese mandato de Dios. También dice San Pablo en su carta: Éste es el primer mandamiento de la promesa. ¿Cuál? Honra a tu padre y a tu madre (Ef 6,2). No hay duda de que es mandato de Dios. Este joven, pues, quería obedecer a Dios, dando sepultura a su padre. Pero hay lugares, tiempos y asuntos apropiados a este asunto, tiempo y lugar. Ha de honrarse al padre, pero ha de obedecerse a Dios; ha de amarse al progenitor, pero ha de anteponerse el Creador. Yo -dice Jesús- te llamo al evangelio; te llamo para obra más importante que la que tú quieres hacer. Deja a los muertos que entierren a sus muertos (Lc 9,60).” “En este texto nos ordenó el Señor lo que está escrito en el Cantar de los Cantares: Ordenad en mí el amor (Cant 2,4). ¿Qué significan esas palabras? Estableced una jerarquía, un orden y dad a cada uno lo que se le debe. No sometáis lo primario a lo secundario. Amad a los padres, pero anteponed a Dios. Contemplad a la madre de los Macabeos: Hijos, no sé cómo aparecisteis en mi seno (2 Mac 7). Pude concebiros y daros a luz, pero no pude formaros. Luego oíd a Dios, anteponedle a mí, no os importe el que me quede sin vosotros. Se lo indicó y lo cumplieron. Lo que enseñó la madre a sus hijos, eso mismo enseñaba nuestro Señor Jesucristo a aquel a quien decía: Sígueme.” 3 o c). «El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios» (v. 62)  En este caso el Señor no concede “al candidato” el despedirse de su familia, como había hecho Elías con Eliseo. Puede pedir cortar con el pasado, sin compromisos, sin pruebas, sin esperas. Para seguir a Cristo hay que tener, como decía Santa Teresa de Jesús, “una determinada determinación”. • «Es probable que este candidato ya haya sido seguidor de Jesús, y que le haya pedido autorización para volver por un tiempo con su familia: “Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”. La respuesta de Jesús se refiere a la inconstancia: “El que empuña el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios”». Para seguir a Cristo hay que tener, como decía Santa Teresa de Jesús, “una determinada determinación”, que es lo mismo que decir: “una decidida decisión”. Porque vienen los momentos de decaimiento, desaliento, incomprensiones y persecuciones, y - ya lo dice el Señor a este candidato- hay que saber que no hay vuelta a atrás. Hay que seguir adelante. “¡Más hubiera valido no empezar!”, también exclama Santa Teresa.” Jesús nos señala las exigencias de la palabra de Dios. Cuando alguien oye la Palabra debe responder a ella inmediatamente. Hemos de comprender que si Él "toma -resueltamente- el camino de Jerusalén", donde "es preciso" que muera un profeta, es comprensible que exija, a quienes quieren seguirle, una decisión firme como la suya. 3. PARA TODOS LOS CRISTIANOS: LA VIDA COMO VOCACIÓN Hay momentos decisivos en los que es necesario tomar una postura por Cristo, dejando a un lado – de un modo u otro - comodidades, seguridades, realizaciones personales, bienes materiales, preferencias familiares, tal vez todas cosas lícitas, pero que el Señor quiere que dejemos de lado para seguirlo como El nos pide. o Juan Pablo II, Mensaje: La vida como vocación, 14 septiembre 2000 2 :  Cada cristiano debe descubrir su vocación personal, rechazando así una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. “Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. Cada vida y vocación y todo creyente es invitado a cooperar en la edificación de la Iglesia.” “Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. La vida asume así el valor del "don recibido, que tiende por naturaleza a llegar a ser bien dado" (Doc. Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 1997,16, b)”. “Esta lectura cristiana de la existencia debe hacer el balance de algunos comportamientos de la cultura occidental, en la que Dios es prácticamente marginado del vivir cotidiano. He aquí porqué es necesario un compromiso acorde de toda la comunidad cristiana para "reevangelizar la vida". Conviene a esta fundamental obligación pastoral el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente, en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza, en la comunión con Cristo y con la Iglesia la garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana.”  A los jóvenes, a los padres, a los catequistas y a los docentes cristianos. “Mi pensamiento se dirige ahora a tantos jóvenes sedientos de valores y las más de las veces incapaces de encontrar el camino que a ello conduce. Si: sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Y es por esto necesario hacerles encontrar al Señor y ayudarlos a establecer con Él una relación profunda. Jesús debe entrar en su mundo, asumir su historia y abrirle su corazón, para que se dispongan a conocerlo siempre más, a medida que siguen las huellas de su amor”. - Me dirijo ahora a vosotros, queridos padres cristianos, para exhortaros a estar cerca de vuestros hijos. No los dejéis solos frente a las grandes opciones de la adolescencia y de la juventud. Ayudadlos a no dejarse arrollar por la búsqueda afanosa del bienestar y guiadlos hacia el gozo auténtico, como lo es el del 2 Mensaje para la 38 Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. 4 espíritu. Haced resonar en sus corazones, a veces llenos de miedo por el futuro, el gozo liberador de la fe. Educadlos, como escribía mi venerado predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, "apreciando simplemente los múltiples gozos humanos que el Creador pone ya en su camino: alegría entusiasta de la existencia y de la vida; gozo del amor casto y santificado; júbilo pacificante de la naturaleza y del silencio; regocijo, a veces austero, del trabajo esmerado; felicidad y satisfacción del deber cumplido; contento transparente de la pureza, del servicio, de la participación: satisfacción exigente del sacrificio". (Gaudete in Domino, I). A la acción de la familia sirva de apoyo la de los catequistas y de los docentes cristianos, llamados de forma particular a promover el sentido de la vocación en los jóvenes. Su tarea es guiar a las nuevas generaciones hacia el descubrimiento del proyecto de Dios sobre sí mismo, cultivando en ellos la disponibilidad de hacer de la propia vida, cuando Dios llama, un don para la misión. Esto se verificará a través de ocasiones progresivas que preparen al "sí" pleno, por el que la entera existencia es puesta al servicio del Evangelio. Queridos catequistas y docentes: para obtener esto, ayudad a los jóvenes confiados a vosotros a mirar hacia lo alto, a huir de la tentación constante del compromiso. Educadlos en la confianza en Dios que es Padre y muestra la extraordinaria grandeza de su amor, confiando a cada uno un deber personal al servicio de la gran misión de "renovar la faz de la tierra". 4. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA: LA VIDA HUMANA COMO VOCACIÓN o El hombre invitado al diálogo con Dios. La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. n. 27: EL DESEO DE DIOS - El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar: La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (Gaudium et spes 19,1). o Los padres deben fomentar en sus hijos el sentido de la vocación desde la más tierna infancia.  Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús. n. 2226: La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (Cf Lumen gentium 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres. n. 2232: Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús: (Cf Mateo 16, 25) «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10, 37). n. 2253: Los padres deben respetar y favorecer la vocación de sus hijos. Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús. 5. DIOS TIENE UN PROYECTO PRECISO PARA CADA HOMBRE Benedicto XVI, Discurso en un encuentro con jóvenes, en Roma, 25 de marzo de 2010. o Hay una voluntad fundamental de Dios que es idéntica para todos nosotros. • “Los diez mandamientos a los que Jesús apunta en su respuesta, son sólo una explicitación del mandamiento del amor. Son, por así decirlo, reglas del amor, indican el camino del amor con estos puntos esenciales: la familia, como fundamento de la sociedad; la vida, que hay que respetar como don de Dios; el 5 orden de la sexualidad, de la relación entre hombre y mujer; el orden social, y finalmente, la verdad. Estos elementos esenciales explicitan el camino del amor, explicitan cómo amar realmente y cómo encontrar el camino recto. Por tanto, hay una voluntad fundamental de Dios para todos nosotros, que es idéntica para todos nosotros. o Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre.  Cada uno tiene que encontrar, en sus circunstancias, en su manera de vivir esta única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en esta explicitación del amor. Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre. San Francisco de Sales dijo una vez: la perfección, es decir, ser bueno, vivir la fe y el amor, es sustancialmente una, pero con formas muy distintas. Muy diversa es la santidad de un cartujo y de un político, de un científico o de campesino, etc. Y así, para cada hombre, Dios tiene su proyecto y yo tengo que encontrar, en mis circunstancias, mi manera de vivir esta única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en esta explicitación del amor. Y buscar también por tanto realizar lo que es la esencia del amor, es decir, no tomar mi vida para mí, sino dar la vida; no “tener” la vida, sino hacer de la vida un don, no buscarme a mí mismo sino darme a los demás. Esto es lo esencial, e implica renuncias, es decir, salir de mí mismo y no buscarme a mí mismo. Y precisamente no buscándome a mí mismo, sino dándome para las cosas grandes y verdaderas, encuentro la verdadera vida. Así cada uno encontrará, en su vida, las distintas posibilidades: comprometerse en el voluntariado, en una comunidad de oración, en un movimiento, en la acción de su parroquia, en su propia profesión. Encontrar mi vocación y vivirla en cada lugar es importante y fundamental, sea uno un gran científico o un campesino. Todo es importante a los ojos de Dios: es hermoso si se vive hasta el fondo con ese amor que realmente redime al mundo.” www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo 15 del Tiempo Ordinario, Año B (2015). Dios tiene para cada uno de nosotros un proyecto: es su llamada, es la vocación de cada uno. Un aspecto fundamental de la fe es aprender a descubrir ese proyecto, es decir, la voluntad de Dios para cada uno. El profeta Amós tiene conciencia de que es Dios quien le llamó para una misión. Necesitamos una fe más personal y madura, convencida, para superar así los sentimientos religiosos vagos y poco comprometidos. Ninguno de nosotros está en este mundo por casualidad, y, mucho menos, dependemos de la fatalidad. Dios tiene un proyecto, no hay azar. Debemos aprender a pensar de manera más profunda. Dios nos revela en Cristo su proyecto, nuestra vocación. La «recapitulación en Cristo de todas las cosas»: Cristo debe eliminar la obra de devastación, las horribles idolatrías, las violencias y todo pecado que el rebelde Adán diseminó en la historia secular de la humanidad y en el horizonte de la creación; con su plena obediencia al Padre, Cristo inaugura la era de paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa.


1 Domingo 15 del Tiempo Ordinario, Año B (2015). Dios tiene para cada uno de nosotros un proyecto: es su llamada, es la vocación de cada uno. Un aspecto fundamental de la fe es aprender a descubrir ese proyecto, es decir, la voluntad de Dios para cada uno. El profeta Amós tiene conciencia de que es Dios quien le llamó para una misión. Necesitamos una fe más personal y madura, convencida, para superar así los sentimientos religiosos vagos y poco comprometidos. Ninguno de nosotros está en este mundo por casualidad, y, mucho menos, dependemos de la fatalidad. Dios tiene un proyecto, no hay azar. Debemos aprender a pensar de manera más profunda. Dios nos revela en Cristo su proyecto, nuestra vocación. La «recapitulación en Cristo de todas las cosas»: Cristo debe eliminar la obra de devastación, las horribles idolatrías, las violencias y todo pecado que el rebelde Adán diseminó en la historia secular de la humanidad y en el horizonte de la creación; con su plena obediencia al Padre, Cristo inaugura la era de paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa. Cfr. 15 Tiempo Ordinario 12 julio 2015 Año B Amós 7,12-15; Efesios 1,3-14; Marcos 6,7-13. Amós 7, 12-15: 12 Y Amasías dijo a Amós: «Vete, vidente; huye a la tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. 13 Pero en Betel no has de seguir profetizando, porque es el santuario del rey y la Casa del reino. » 14 Respondió Amós y dijo a Amasías: - Yo no soy profeta ni hijo de profeta; sino ganadero y cultivador de sicómoros. El Señor me tomó de detrás del rebaño; el Señor me mandó: «Vete y profetiza a mi pueblo Israel». Efesios 1, 3-14: 3 . Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; 4 por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; 5 eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. 7 En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia 8 que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, 10 para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. 11 A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, 12 para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, 14 que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria. Marcos 6, 7-13: 7 Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; 9 y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. 10 Y les decía: - Si entráis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de aquel lugar. 11 Y si en algún sitio no os acogen ni os escuchan, al salir de allí sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos. » 12 Se marcharon y predicaron que se convirtieran. 13 Y expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. 2 (Marcos 6, 8-9) A. Jesús llama a algunos discípulos a colaborar directamente en su misión. Cfr. Benedicto XVI, Homilía, 15 de julio de 2012, domingo 15 del tiempo ordinario. Les da instrucciones: no deben estar apegados al dinero ni a la comodidad, y les advierte que a veces serán rechazados. Jesús los manda de dos en dos y les da instrucciones, que el evangelista resume en pocas frases. La primera se refiere al espíritu de desprendimiento: los apóstoles no deben estar apegados al dinero ni a la comodidad. Jesús además advierte a los discípulos de que no recibirán siempre una acogida favorable: a veces serán rechazados; incluso puede que hasta sean perseguidos. Pero esto no les tiene que impresionar: deben hablar en nombre de Jesús y predicar el Reino de Dios, sin preocuparse de tener éxito. El éxito se lo dejan a Dios. o El profeta Amós (primera Lectura) no fue bien recibido La primera lectura proclamada nos presenta la misma perspectiva, mostrándonos que los enviados de Dios a menudo no son bien recibidos. Este es el caso del profeta Amós, enviado por Dios a profetizar en el santuario de Betel, un santuario del reino de Israel (cf. Am 7, 12-15). Amós predica con gran energía contra las injusticias, denunciando sobre todo los abusos del rey y de los notables, abusos que ofenden al Señor y hacen vanos los actos de culto. Por ello Amasías, sacerdote de Betel, ordena a Amós que se marche. Él responde que no ha sido él quien ha elegido esta misión, sino que el Señor ha hecho de él un profeta y le ha enviado precisamente allí, al reino de Israel. Por lo tanto, ya se le acepte o rechace, seguirá profetizando, predicando lo que Dios dice y no lo que los hombres quieren oír decir. Y esto sigue siendo el mandato de la Iglesia: no predica lo que quieren oír decir los poderosos. Y su criterio es la verdad y la justicia aunque esté contra los aplausos y contra el poder humano. o También los Apóstoles a veces podrán no ser bien recibidos. Igualmente, en el Evangelio Jesús advierte a los Doce que podrá ocurrir que en alguna localidad sean rechazados. En tal caso deberán irse a otro lugar, tras haber realizado ante la gente el gesto de sacudir el polvo de los pies, signo que expresa el desprendimiento en dos sentidos: desprendimiento moral —como decir: el anuncio os ha sido hecho, vosotros sois quienes lo rechazáis— y desprendimiento material —no hemos querido y nada queremos para nosotros (cf. Mc 6, 11). B. Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros. Es la llamada de Dios. Cfr. Segunda Lectura, de la carta de san Pablo a los Efesios . San Pablo emplea diversas palabras para expresar la realidad de la llamada de Dios San Pablo emplea diversas palabras para expresar la realidad de la llamada de Dios antes de que nosotros existiésemos: designio de Dios, plan, predestinación, elección, beneplácito, misterio, proyecto. Ninguno de nosotros está en este mundo por casualidad, y mucho menos dependemos de la fatalidad. Estamos integrados, desde siempre, en un proyecto universal. Dios tiene un plan, no hay azar. El profeta Amós tiene conciencia de que es el Señor quien le llamó. 3 Amós es llamado por Dios para hacer el profeta (profeta etimológicamente significa el que habla en nombre de otro). Profetizó en Betel, donde Jeroboam, rey de Israel, adoraba los ídolos. Predijo a Jeroboam que, si no desistía de su maldad, él y su familia serían llevados cautivos. Cuando Amasías, un sacerdote de los ídolos de la corte de Betel, le prohibió que siguiese profetizando allí, Amós le respondió que es el Señor quien le había escogido: - Yo no soy profeta ni hijo de profeta; sino ganadero y cultivador de sicómoros. El Señor me tomó de detrás del rebaño; el Señor me mandó: "Vete y profetiza a mi pueblo Israel." (vv. 14 y 15). Libros proféticos, EUNSA 2002: “Amós era una hombre corriente – ni profeta ni sacerdote – que recibió de Dios un mensaje inesperado que debía proclamar. La vocación, la llamada de Dios, es algo tan imperativo que nadie puede rehusar (cfr. Amós 3,8), pero, al mismo tiempo, da fuerza y sentido a la existencia: la conciencia de Amós le lleva a estar por encima de las instituciones - el Templo o el rey – porque se sabe enviado por el Señor. Por eso, también se reserva la última palabra (cfr. Amós 7, 17)”. En el proyecto de Dios sobre nosotros, encontramos nuestro propio bien. - Benedicto XVI, Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, Introducción: “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre” (cf. Juan 8,22). Los cristianos somos instrumentos escogidos por una llamada divina desde toda la eternidad, a pesar de nuestra pobre miseria personal. Es Cristo que pasa, n. 160: “Desde el comienzo de mi predicación, os he prevenido contra un falso endiosamiento. No te turbe conocerte como eres: así, de barro. No te preocupe. Porque tú y yo somos hijos de Dios —y éste es endiosamiento bueno—, escogidos por llamada divina desde toda la eternidad: nos eligió el Padre, por Jesucristo, antes de la creación del mundo para que seamos santos en su presencia (Efesios 1,4). Nosotros que somos especialmente de Dios, instrumentos suyos a pesar de nuestra pobre miseria personal, seremos eficaces si no perdemos el conocimiento de nuestra flaqueza. Las tentaciones nos dan la dimensión de nuestra propia debilidad”. Un aspecto fundamental de la fe es el de aprender a comprender la voluntad de Dios. Cfr. Benedicto XVI, Homilía al clausurar el Año Paulino, 28 de junio de 2009. o 1. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios. Debemos aprender a pensar de manera profunda. ¿Qué significa eso?. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo. o 2. Qué es una fe adulta. a) Con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo "niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina". Este mismo pensamiento sobre la necesaria renovación de nuestro ser como persona humana, Pablo lo ilustró ulteriormente en dos párrafos de la Carta a los Efesios, sobre los cuales queremos reflexionar ahora brevemente. En el cuarto capítulo de la Carta, el apóstol nos dice que con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo "niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina" (4, 14). b) No es una fe "hecha por uno mismo". «La fe adulta» 4 Pablo desea que los cristianos tengamos una fe "responsable", una fe "adulta". La palabra "fe adulta" en los últimos decenios se ha transformado en un eslogan difundido. Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe "hecha por uno mismo". Esto se interpreta como "valentía" para expresarse en contra de Magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". C. La “recapitulación” en Cristo de todas las cosas Efesios 1,10: segunda Lectura Cfr. Juan Pablo II, Catequesis del 14 de febrero del 2001. El único Señor es Jesucristo que, en la Encarnación, une en sí mismo toda la historia de la salvación, a la humanidad y a la creación entera. El plan salvífico de Dios, "el misterio de su voluntad" (Ef 1, 9) con respecto a toda criatura, se expresa en la carta a los Efesios con un término característico: "recapitular" en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (cf. Ef 1, 10). (…) El primero que captó y desarrolló de modo admirable este tema de la "recapitulación" fue san Ireneo, obispo de Lyon, gran Padre de la Iglesia del siglo II. Contra cualquier fragmentación de la historia de la salvación, contra cualquier separación entre la Alianza antigua y la nueva, contra cualquier dispersión de la revelación y de la acción divina, san Ireneo exalta al único Señor, Jesucristo, que en la Encarnación une en sí mismo toda la historia de la salvación, a la humanidad y a la creación entera: "Él, como rey eterno, recapitula en sí todas las cosas" (Adversus haereses III, 21, 9). o En la expresión "todas las cosas" queda comprendido también el hombre, tocado por el misterio de la Encarnación. Escuchemos un pasaje en el que este Padre de la Iglesia comenta las palabras del Apóstol que se refieren precisamente a la recapitulación en Cristo de todas las cosas. En la expresión "todas las cosas" -afirma san Ireneoqueda comprendido también el hombre, tocado por el misterio de la Encarnación, por el que el Hijo de Dios "de invisible se hizo visible, de incomprensible comprensible, de impasible pasible, y de Verbo hombre. Él ha recapitulado en sí todas las cosas para que el Verbo de Dios, como tiene la preeminencia sobre los seres supracelestes, espirituales e invisibles, del mismo modo la tenga sobre los seres visibles y corporales; y para que, asumiendo en sí esta preeminencia y poniéndose como cabeza de la Iglesia, pueda atraer a sí todas las cosas" (ib., III, 16, 6). Este confluir de todo el ser en Cristo, centro del tiempo y del espacio, se realiza progresivamente en la historia superando los obstáculos y las resistencias del pecado y del maligno. o Cristo es el nuevo Adán, es decir, el Primogénito de la humanidad fiel que acoge con amor y obediencia el plan de redención que Dios ha trazado como alma y meta de la historia. Cristo debe eliminar la obra de devastación, las horribles idolatrías, las violencias y todo pecado que el rebelde Adán diseminó en la historia secular de la humanidad y en el horizonte de la creación. Con su plena obediencia al Padre, Cristo inaugura la era de paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa. Él "recapitula" en sí a Adán, en el que toda la humanidad se reconoce, lo transfigura en hijo de Dios y lo vuelve a llevar a la comunión plena con el Padre. Para ilustrar esta tensión, san Ireneo recurre a la oposición, que ya presenta san Pablo, entre Cristo y Adán (cf. Rm 5, 12-21): Cristo es el nuevo Adán, es decir, el Primogénito de la humanidad fiel que acoge con amor y 5 obediencia el plan de redención que Dios ha trazado como alma y meta de la historia. Así pues, Cristo debe eliminar la obra de devastación, las horribles idolatrías, las violencias y todo pecado que el rebelde Adán diseminó en la historia secular de la humanidad y en el horizonte de la creación. Con su plena obediencia al Padre, Cristo inaugura la era de paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa (cf. Ef 2, 16). Él "recapitula" en sí a Adán, en el que toda la humanidad se reconoce, lo transfigura en hijo de Dios y lo vuelve a llevar a la comunión plena con el Padre. Precisamente a través de su fraternidad con nosotros en la carne y en la sangre, en la vida y en la muerte, Cristo se convierte en "la cabeza" de la humanidad salvada. Escribe también san Ireneo: "Cristo recapituló en sí toda la sangre derramada por todos los justos y por todos los profetas que existieron desde el inicio" (Adversus haereses V, 14, 1; cf. V, 14, 2). o La liberación realizada por Cristo en el Espíritu Santo. Es la realización plena del proyecto original del Creador: una creación en la que Dios y el hombre, el hombre y la mujer, la humanidad y la naturaleza estén en armonía, en diálogo y en comunión. El bien y el mal, por consiguiente, se consideran a la luz de la obra redentora de Cristo. Como insinúa san Pablo, la redención de Cristo afecta a la creación entera, en la variedad de sus componentes (cf. Rm 8, 18-30). En efecto, la naturaleza misma, sujeta al sinsentido, a la degradación y a la devastación provocada por el pecado, participa así en la alegría de la liberación realizada por Cristo en el Espíritu Santo. Así pues, se delinea la realización plena del proyecto original del Creador: una creación en la que Dios y el hombre, el hombre y la mujer, la humanidad y la naturaleza estén en armonía, en diálogo y en comunión. Este proyecto, alterado por el pecado, lo restablece de modo admirable Cristo, que lo está realizando de forma misteriosa pero eficaz en la realidad presente, a la espera de llevarlo a pleno cumplimiento. Jesús mismo declaró que él era el fulcro y el punto de convergencia de este plan de salvación, cuando afirmó: "Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Y el evangelista san Juan presenta esta obra precisamente como una especie de recapitulación, un "reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn 11, 52). Esta obra llegará a su plenitud al concluir la historia, cuando, como recuerda san Pablo, "Dios será todo en todos" (1 Co 15, 28). Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2823 o Que todo tenga a Cristo por cabeza Él nos ha dado a «conocer […] el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano […] hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza […] a Él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su Voluntad » (Efesios 1,9-11). Pedimos con insistencia que se realice plenamente este designio de benevolencia, en la tierra como ya ocurre en el cielo.” www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

4º Domingo de Pascua. Ciclo B (2015). A) 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Mensaje de Papa Francisco para esta Jornada. El paso de la de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo, es un verdadero y real éxodo. La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí”. La vocación es un particular éxodo o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. B) Jesús es el Buen Pastor. Características: da su vida por el rebaño voluntariamente, nos conoce y nos llama uno a uno. La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión a su persona, seguimiento de Él, que debe ser el centro de la catequesis. Catequizar es descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios. El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo.


1 4º Domingo de Pascua. Ciclo B (2015). A) 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Mensaje de Papa Francisco para esta Jornada. El paso de la de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo, es un verdadero y real éxodo. La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí”. La vocación es un particular éxodo o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. B) Jesús es el Buen Pastor. Características: da su vida por el rebaño voluntariamente, nos conoce y nos llama uno a uno. La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión a su persona, seguimiento de Él, que debe ser el centro de la catequesis. Catequizar es descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios. El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo. Cfr. 4 Domingo de Pascua 2015 Ciclo B 26 abril 2015 - Hechos 4, 8-12; Salmo 117; 1 Juan 3, 1-2; Juan 10, 11-18 Juan 10, 11-18: 11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.» 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Domingo del Buen Pastor Jesús es el Buen Pastor 1. Del mensaje de Papa Francisco en la 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, cuyo tema es: “El Éxodo, experiencia fundamental de la vocación”. El paso de la de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo, es un verdadero y real éxodo. o “La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí”. La vocación es un particular éxodo o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. • En los tres Ciclos (A,B,C) de este 4º domingo de Pascua, que es llamado «el domingo del Buen Pastor» se lee el mismo evangelio . Y como todos los años, se celebra la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. El Papa envía un mensaje para toda la Iglesia. Este año es la Jornada 52 y el tema: El Éxodo, experiencia fundamental de la vocación. El Papa Francisco afirma, al inicio del Mensaje, que es “un verdadero y real éxodo” el paso “de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo1 ”; y que se trata 1 El Papa, unas líneas antes, ha recordado el sentido originario de la palabra “éxodo” en el Antiguo Testamento: “Cuando oímos la palabra éxodo, nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino a la tierra prometida. El libro del 2 “del camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre”; y que en la raíz de toda vocación cristiana se encuentra un movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer “quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo”. Este sería el camino del éxodo de cada uno de nosotros: se trata, añadirá el Papa, de ese particular éxodo que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da”; “escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en ese dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por el Reino de Dios”. “Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos”. “La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Deus caritas est, 6)”. La vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo. Nos saca de la rutina y de la indiferencia. • “La vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta a la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad”. o Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. • “Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, la vocación cristiana, arraigada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo al compromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a un horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una huida de la vida y del mundo, sino que, al contrario, esencialmente se configura como comunión misionera (Evangelii gaudium, 23)”. 2. Jesús se presenta a sí mismo como buen pastor En el Evangelio de hoy se ve cómo Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor • Juan 10, 14-17 : 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. El oficio de pastor en el simbolismo bíblico. Cfr. Temi di Predicazione – Omelie, Editrice Domenicana Italiana 2/2012, Ciclo B. Claudio Doglio,Quarta domenica di Pasqua, Vangelo, Esegesi. • En el simbolismo bíblico el título de pastor era atribuido a Dios, y, por tanto, Jesús se identifica con Éxodo ―segundo libro de la Biblia―, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana”. 3 Dios mismo. o El adjetivo “bueno”. Algunas características. a) Da la vida por las ovejas (vv. 11, 15, 17 y 18). • El adjetivo “bueno” se puede entender en el sentido de “auténtico, justo, válido”, el pastor “por excelencia”, el único capaz de realizar en plenitud la promesa de Dios de ser pastor de su pueblo. “El buen pastor ofrece la vida por las ovejas” (v. 11b); éste es su estilo y su connotación esencial que se repite en los versículos 15, 17 y 18. En el v. 8 se distingue de otros, cualificados como “ladrones y salteadores”, y se contrapone a la figura metafórica del “mercenario” que trabaja por un estipendio y le interesa la paga y no las ovejas. Dentro del adjetivo bueno está la disponibilidad para perder la vida por el otro. Por otra parte, el término pastor es usado para designar a los jefes (sobre todo los reyes de Israel), a los responsables de la comunidad y la diversas autoridades (civiles, políticas, militares, religiosas). Durante el Exilio, el profeta Ezequiel escribió una página muy dura contra los pastores de Israel, porque fueron culpables de la ruina del pueblo, de la dispersión del rebaño. Sin embargo, Dios prometió a través de la voz del profeta una intervención suya personal en el futuro: se presenta como el pastor que hará bien su trabajo, buscará a sus ovejas y cuidará de ellas. Ezequiel 34, 11-14: 11 Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. 12 Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. 13 Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra. 14 Las apacentaré en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de Israel. • En la tradición judía, existía la convicción de que el Señor fuese personalmente el auténtico pastor de Israel y de que los diversos jefes fuesen sus delegados. b) Conoce a sus ovejas y las ovejas le conocen (v. 14) • En el lenguaje bíblico, el verbo conocer no indica una noción abstracta y teórica, sino una relación de profundo afecto, de amistad auténtica, un vínculo fuerte y apasionado. Aunque se emplee todavía el término “ovejas”, se supera la imagen y las afirmaciones se refieren a las personas humanas y su relación con Dios mismo; se trata de una relación semejante a la que une a las personas divinas (v. 15: “como el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre” ….). c) La obra de Jesús parte históricamente de Israel pero es pastor también de los otros pueblos. • La obra de Jesús (dar su vida) tiene una perspectiva universal, se refiere a la humanidad, aunque tenga su punto de partida históricamente en Israel (“este aprisco”, v. 16). Aparece el proyecto de Dios de la unificación de la humanidad, reconciliada en la escucha del único pastor. d) Jesús, Buen Pastor, se sometió libremente a la voluntad del Padre. El Catecismo de la Iglesia Católica habla expresamente de esta característica del Buen Pastor. • n. 569: Jesús ha subido voluntariamente a Jerusalén sabiendo perfectamente que allí moriría de muerte violenta a causa de la contradicción de los pecadores. (Cf Hebreos 12, 3). • n. 599: La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica S. Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: «Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios» (Hechos 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han «entregado a Jesús» (Hechos 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios. • n. CCE n. 609: Jesús acepta libremente el amor redentor del Padre. La imagen literaria del Buen Pastor es muy conocida en el Antiguo Testamento • En el salmo 23 (22) aparece el pueblo elegido como un rebaño del que el Señor es el pastor: “Yahvé es 4 mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre”. El Dios todopoderoso era descrito como un pastor en el libro de Isaías (40,11) : “Apacienta su rebaño como un pastor; lo congrega con su brazo …” Por otra parte, en los libros sagrados los hebreos encuentran que los que les han guiado son descritos como pastores: Abrahám, Isaac, Jacob. Del mismo Moisés, su liberador y legislador, se dice que fue pastor; y lo mismo sus primeros reyes: Saúl y David. En el libro de Ezequiel Dios: a) reprende a los guías del pueblo de Israel - reyes y sacerdotes, a quienes se aplicaban el nombre de pastores - , por su infidelidad. “Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos: ¿no son los rebaños lo que deben apacentar los pastores? Os alimentáis de su leche, os cubrís con su lana y matáis las reses más cebadas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis robustecido a las débiles ni sanado a las enfermas .... etc.” (Cf. 34, 2-4 ss) b) anuncia que Él mismo va a cuidar de su pueblo y que suscitará de la estirpe de David un buen pastor: “Porque esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré. Como recuenta un pastor su rebaño cuando está en medio de sus ovejas que se han dispersado, así recontaré mis ovejas y las recogeré de todos los lugares en que se dispersaron en día de niebla y oscuridad” (Ezequiel 34, 11-12; Cf ss; Cf. Jeremías 23, 1-6 ). 3. Cristo mismo gobierna la Iglesia. Nuestra correspondencia • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 754: La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Cf Juan 10, 1-10). Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció (Cf Isaías 40, 11; Ezequiel 34, 11-31). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; El, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (Cf Juan 10, 11; 1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas» (Cf Juan 10, 11-15). o Nuestra correspondencia: conversión a Jesucristo en la fe y en el amor La fe cristiana es ante todo conversión a Jesucristo: adhesión a su persona, seguimiento. • “Mirad si sois de verdad sus ovejas, si le conocéis, si habéis alcanzado la luz de su verdad. Si le conocéis, digo, no sólo por la fe, sino también por el amor; no sólo por la credulidad, sino también por las obras. Porque el mismo Juan Evangelista, que nos dice lo que acabamos de oir, añada también: «Quien dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso»” (San Gregorio Magno (540-604), hom.14,3) • La fe cristiana es ante todo conversión a Jesucristo: adhesión a su persona, seguimiento. Pensar, juzgar, vivir, como Él. Esta conversión dura toda la vida: desde el inicio hasta llegar “a la medida de la plenitud de Cristo” (Efesios 4, 13). 4. Jesucristo, el Buen Pastor, debe estar en el centro de la catequesis de la Iglesia. Catecismo de la Iglesia Católica. En el centro de la catequesis encontramos a Cristo. • n. 426: En el centro de la catequesis: Cristo - «En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros... Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios... Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por El mismo» (Juan Pablo II, Exhortac. Apostólica Catechesi tradendae, 5). El fin de la catequesis: «conducir a la comunión con Jesucristo: sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad» (Juan Pablo II, Exhortac. Apostólica Catechesi tradendae, 5). • n. 427: «En la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a El; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca... Todo catequista debería poder aplicarse a sí 5 mismo la misteriosa palabra de Jesús: "Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado" (Jn 7, 16)» (Juan Pablo II, Exhortac. Apostólica Catechesi tradendae, 6). o El redescubrimiento de la catequesis como anuncio de la persona de Jesucristo Cf. Comité para el Jubileo del Año 2000, Jesucristo, Salvador del mundo, BAC 3ª edición, cap. II: “El «redescubrimiento de la catequesis» como anuncio de la persona de Jesucristo y de su ministerio de salvación (TMA 42)”, pp. 42-44 • El reclamo a Jesucristo, como auténtico centro y fuente de anuncio cristiano, emerge explícitamente en el Concilio Vaticano II, definido por Pablo VI: «el gran catecismo de los nuevos tiempos»2 . En el discurso de apertura del Concilio (11 de noviembre de 1962), Juan XXIII puso a Jesucristo «en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con El y con su Iglesia, y entonces gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz; o, por el contrario, están sin El»3 . El cristocentrismo es una de las claves interpretativas más eficaces del Vaticano II. Desde el primer documento - «Cristo está siempre presente en su Iglesia, de modo especial en las acciones litúrgicas»4 -, a la constitución dogmática sobre la divina revelación - «Cristo Señor, en quien encuentra cumplimiento toda la revelación del Dios supremo»5 , hasta el último documento, que afirma en el conocido número 22: «En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación (... ). Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba, Padre!»6 . La recuperación del cristocentrismo en la evangelización y en la catequesis significa reafirmar la centralidad de Jesucristo en el anuncio de la fe, como camino de maduración, de educación y de formación de la existencia cristiana en su concreción y globalidad. Esta es, de hecho, la definición de la catequesis: «Se llamó “catequesis" al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo»7 . El cristocentrismo en la catequesis tiene un doble significado. Ante todo, indica que Jesucristo es el único verdadero Maestro; por lo cual, en la catequesis es necesario enseñar sólo la doctrina y la vida de Jesús8 . En segundo lugar, la catequesis sitúa en el centro de su anuncio la «persona» misma del Salvador, su misterio de encarnación, pasión, muerte y resurrección redentora. De hecho, la finalidad última de la catequesis «es poner a cada uno no sólo en contacto, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y puede hacernos participar de la vida de la Santísima Trinidad»9 . o Id con confianza al encuentro con Jesús. No tengáis miedo a hablar de Él. • Juan Pablo II, 3 mayo 2003, encuentro con los jóvenes en Madrid: Queridos jóvenes, ¡id con confianza al encuentro de Jesús!, (…) ¡no tengáis miedo de hablar de Él! pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino. Es preciso que vosotros jóvenes os convirtáis en apóstoles de vuestros coetáneos. Sé muy bien que esto no es fácil. Muchas veces tendréis la tentación de decir como el 2 AAS 58 (1966) p.575. 3 EV 1,31*. 4 SC 7. 5 DV 7. 6 GS 22. 7 CT l. 8 CT 6-8 9 CT 5. 6 profeta Jeremías: “¡Ah, Señor! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho” (Jr 1,6). No os desaniméis, porque no estáis solos: el Señor nunca dejará de acompañaros, con su gracia y el don de su Espíritu. o Manifestaciones de la imagen de Jesucristo como Buen Pastor. Siente compasión de las gentes, nos conoce y nos llama uno a uno, nos alimenta con su propia vida, etc. • Juan Pablo II, Exhortación Apostólica «Pastores dabo vobis», n. 22: “La imagen de Jesucristo, Pastor de la Iglesia, su grey, vuelve a proponer, con matices nuevos y más sugestivos, los mismos contenidos de la imagen de Jesucristo, Cabeza y Siervo. Verificándose el anuncio profético del Mesías Salvador, cantado gozosamente por el salmista y por el profeta Ezequiel (cf. Sal 22-23; Ez 34, 11ss), Jesús se presenta a sí mismo como «el buen Pastor» (Jn 10, 11.14), no sólo de Israel, sino de todos los hombres (cf. Jn 10, 16). Y su vida es una manifestación ininterrumpida, es más, una realización diaria de su «caridad pastoral». Él siente compasión de las gentes, porque están cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor (cf. Mt 9, 35-36); él busca las dispersas y las descarriadas (cf. Mt 18, 12-14) y hace fiesta al encontrarlas, las recoge y defiende, las conoce y llama una a una (cf. Jn 10, 3), las conduce a los pastos frescos y a las aguas tranquilas (cf. Sal 22-23), para ellas prepara una mesa, alimentándolas con su propia vida. Esta vida la ofrece el buen Pastor con su muerte y resurrección, como canta la liturgia romana de la Iglesia: «Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya».(Misal Romano, Antífona de comunión de la Misa del IV domingo de Pascua)”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo Segundo del Tiempo Ordinario, Ciclo B. (2015). La vocación o proyecto de Dios para cada uno de nosotros. Este tiempo litúrgico que acaba de comenzar, nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús. Debemos redescubrir a Jesús continuamente como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. Dios tiene un proyecto para todos, llama a todos, todos tenemos una vocación. Todos los discípulos de Cristo tenemos una vocación común: es la llamada a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo (vocación al apostolado). Nuestra respuesta a esa llamada: ajustarnos al proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros. Algunos aspectos sobre la vocación que resalta el Catecismo de la Iglesia Católica.


1 Domingo Segundo del Tiempo Ordinario, Ciclo B. (2015). La vocación o proyecto de Dios para cada uno de nosotros. Este tiempo litúrgico que acaba de comenzar, nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús. Debemos redescubrir a Jesús continuamente como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. Dios tiene un proyecto para todos, llama a todos, todos tenemos una vocación. Todos los discípulos de Cristo tenemos una vocación común: es la llamada a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo (vocación al apostolado). Nuestra respuesta a esa llamada: ajustarnos al proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros. Algunos aspectos sobre la vocación que resalta el Catecismo de la Iglesia Católica. Cfr. 2 Domingo Tiempo Ordinario Ciclo B 18 enero de 2015 1 Samuel 3, 3-11; 1 Corintios 6, 13-15.17-20; Juan 1, 35-42. Samuel 3, 3b-10. 19: En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: - «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: - «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: - «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: - «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse. Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (vv: 8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R Entonces Yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R. Juan 1, 35-42: 35 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: - «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: - «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: - «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 39 Él les dijo: - «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: - «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» Habla, Señor, que tu siervo escucha. (Primera Lectura) Aquí estoy, para hacer tu voluntad (Salmo Responsorial, 39) Hemos encontrado al Mesías, al Cristo (Aleluya antes del Evangelio, Juan 1, 41) Vieron donde vivía y se quedaron con él (Evangelio) 1. Introducción a la liturgia de este domingo, y al tiempo ordinario en general, que acaba de comenzar. Cfr. Benedicto XVI: Un año para buscar y encontrar a Cristo – En el rezo del Angelus, al inicio del tiempo ordinario del año litúrgico Ciclo B, domingo 15 de enero del 2006. 2 Este tiempo nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús. o Debemos redescubrirlo continuamente como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. El domingo pasado, en el que celebramos el Bautismo del Señor, comenzó el tiempo ordinario del año litúrgico. La belleza de este tiempo consiste en el hecho de que nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús, continuamente descubierto y redescubierto como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. Es lo que nos sugiere el Evangelio de Juan en la liturgia de este día, al presentarnos el primer encuentro entre Jesús y algunos de los que se convirtieron en sus apóstoles. Eran discípulos de Juan Bautista, y él precisamente les acercó a Jesús, cuando, tras el Bautismo en el Jordán, le presentó como el «Cordero de Dios» (Juan 1, 36). Dos de sus discípulos, entonces, siguieron al Mesías, quien les preguntó: «¿Qué buscáis?». Los dos le preguntaron: «Maestro, ¿dónde vives?». Y Jesús respondió: «Venid y lo veréis», es decir, les invitó a seguirle y a pasar un momento con Él. Quedaron tan impresionados en las pocas horas pasadas con Jesús, que inmediatamente uno de ellos, Andrés, se fue a ver a su hermano Simón para decirle: «Hemos encontrado al Mesías». Nos encontramos con dos palabras particularmente significativas: «buscar», «encontrar». o La alegría de buscar y encontrar al Señor. Él nos sale al paso para darnos su comunión y su plenitud de vida. Podemos extraer de este pasaje evangélico de hoy estos dos verbos y sacar una indicación fundamental para el año nuevo, un tiempo en el que queremos renovar nuestro camino espiritual con Jesús, con la alegría de buscarlo y encontrarlo incesantemente. La alegría más auténtica, de hecho, está en la relación con Él al haberlo encontrado, seguido, conocido, amado, gracias a una continua tensión de la mente y del corazón. Ser discípulo de Cristo: esto le basta al cristiano. La amistad con el Maestro asegura al alma paz profunda y serenidad incluso en los momentos oscuros y en las pruebas más difíciles. Cuando la fe atraviesa noches oscuras, en las que se deja de «oír» y «ver» la presencia de Dios, la amistad de Jesús garantiza que en realidad no hay nada que nos pueda separar de su amor (Cf. Romanos 8, 39). o Al inicio del nuevo año retomamos este camino de fe que nunca acaba. Buscar y encontrar a Cristo, manantial inagotable de verdad y de vida: la palabra de Dios nos invita a retomar, al inicio de un nuevo año este camino de fe que nunca acaba. «Maestro, ¿dónde vives?», preguntamos también nosotros a Cristo y Él nos responde: «Venid y lo veréis». Para el creyente, se trata siempre de una incesante búsqueda y de un nuevo descubrimiento, pues Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero nosotros, el mundo, la historia, no somos nunca los mismos, y Él nos sale al paso para darnos su comunión y su plenitud de vida. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a seguir a Jesús, experimentando cada día la alegría de penetrar cada vez más en su misterio. 2. Dios tiene un proyecto para todos, llama a todos, todos tenemos una vocación. Un equívoco: cuando pensamos que la vocación es exclusivamente la sacerdotal o la religiosa • Cuando se habla de vocación, a veces se suele reducir este hecho - erróneamente – a la vocación de los Apóstoles; o se hace referencia exclusivamente a la vocación del sacerdote, o del religioso/a, o del misionero/a, etc. Sin embargo, existe una vocación para todos los hombres y mujeres: es común a todos, aunque muchísimos no lo sepan o encuentren dificultades en descubrirla. Por ello, vamos a ver algunas pistas que nos da el Catecismo de la Iglesia Católica sobre el proyecto de Dios para todos los hombres y mujeres, que tiene connotaciones específicas, dependiendo de las circunstancias de la vida de cada uno. A través de esas pistas, más fácilmente podamos encontrar nuestro lugar en la vida y, también, ayudar a otros a encontrarlo. • Gianfranco Ravasi, o.c. p. 154: “En realidad existe una «vocación» que precede y alimenta esa y todas 3 las otras vocaciones: es la llamada a la fe en Cristo, raíz y soporte de toda otra elección de vida espiritual” . Algunos aspectos sobre la vocación que resalta el Catecismo de la Iglesia Católica o Los diez mandamientos establecen los fundamentos de la vocación del hombre. Son una luz ofrecida a la conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los caminos de Dios. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1962: “La Ley antigua es el primer estado de la Ley revelada. Sus prescripciones morales están resumidas en los Diez mandamientos. Los preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a imagen de Dios. Prohíben lo que es contrario al amor de Dios y del prójimo, y prescriben lo que le es esencial. El Decálogo es una luz ofrecida a la conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los caminos de Dios, y para protegerle contra el mal: Dios escribió en las tablas de la Ley lo que los hombres no leían en sus corazones (S. Agustín, Sal. 57, 1). o Todos los discípulos de Cristo tenemos una vocación común: es la llamada a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo (vocación al apostolado), cuyo fundamento son los sacramentos de la iniciación cristiana. Nuestra respuesta a esa llamada. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1533: “El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana. Fundamentan la vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo. Confieren las gracias necesarias para vivir según el Espíritu en esta vida de peregrinos en marcha hacia la patria”. Nuestra respuesta a esa llamada: tratar de ajustarnos al proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2807: Santificado sea tu nombre (…). Esta petición es enseñada por Jesús como algo a desear profundamente y como proyecto en que Dios y el hombre se comprometen. Desde la primera petición a nuestro Padre, estamos sumergidos en el misterio íntimo de su Divinidad y en el drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea santificado nos implica en «el benévolo designio que él se propuso de antemano» para que nosotros seamos «santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Cf Efesios 1, 9. 4). o Todos estamos llamados a vivir las bienaventuranzas, que están en el centro de la predicación de Jesús. • Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1716, 1717 y 1719: Las bienaventuranzas expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y actitudes características de la vida cristiana; paradójicamente sostienen la esperanza en las tribulaciones; descubren la meta de la existencia humana. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1820: “ (…) Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en «la esperanza que no falla» (Romanos 5, 5). La esperanza es «el ancla del alma», segura y firme, «que penetra... a donde entró por nosotros como precursor Jesús» (Hebreos 6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación: «Revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación» (1 Tesalonicenses 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: «Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación» (Romanos 12, 12). Se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear”. o Todos estamos llamados a la comunión con Dios. Esta vocación que tiene todo hombre a la comunión con Dios, es la razón más alta de la dignidad humana. Y es el fin último y principio unificador de la existencia humana. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 27: El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar: 4 La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (Gaudium et spes 19,1). o La vocación es llamada gratuita de Dios, que tiene siempre la iniciativa. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1998: “(...) La vocación depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios, porque sólo El puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como las de toda criatura (Cf 1 Corintios 2, 7-9).” o A veces, se sirve de intermediarios - es la mediación - para comunicar ese proyecto. Primera lectura. Samuel. «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Ana y Elí son los mediadores de los que se sirve el Señor para que Samuel le reconozca. • Samuel vivió aproximadamente entre los años 1050 a.C. y el 970 a.C., en los reinados de Saúl y David. Samuel fue hijo de Ana, una mujer que era estéril hasta que, después de muchas oraciones por parte de ella, el Señor le curó de la esterilidad (cfr. 1 Samuel 1). Su madre le consagró al Señor, y Samuel desde pequeño servía a Yahvé en el templo, a las órdenes del sacerdote Elí (cfr. 1 Samuel 2, 11). Cierto día, como relata el párrafo de la primera Lectura, cuando Samuel estaba acostado, le llamó el Señor. Samuel pensó que le llamaba el sacerdote Elí, y “corrió donde Elí diciendo: «Aquí estoy porque me has llamado»”.Elí le respondió que no le había llamado y le ordenó que fuese a acostarse. Esto sucedió por tres veces (1 Samuel 3, 4-9); la Escritura dice que la tercera vez Elí “comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»” (1 Samuel 3,9). Elí, por tanto, instruyó a Samuel - le ayudó – para que el joven reconociese la voz del Señor, pues, como dice la misma Escritura, las tres primeras veces no había reconocido la voz del Señor: “Samuel todavía no había reconocido al Señor”(1 Samuel 3,7). A partir de entonces, el Señor indicó a Samuel la misión para la que le había llamado, le indicó su vocación: fue el primer profeta del que se sirvió el Señor para instruir a su pueblo, a sus sacerdotes y a sus reyes. La Escritura nos dice, como acabamos de escuchar en la primera Lectura, que Samuel “crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse” (v. 19); es decir, que Samuel fue fiel a su vocación, a la misión que el Señor le había encomendado. Elí es modelo del verdadero educador espiritual. • Gianfranco Ravasi o.c. p. 155: “Elí es modelo del verdadero educador espiritual, el cual no se pone como sustituto en el asunto personal del joven Samuel sino que lo sostiene y lo ilumina: «si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"». El encuentro con un guía espiritual es un don extraordinario; el testimonio ofrecido a los demás es un compromiso fundamental del creyente; la mediación límpida del hermano es frecuentemente el camino para descubrir nuestra meta, nuestra vocación. Es sugerente la representación de Juan el Bautista en la Crucifixión de Grünewald: él tiene un enorme dedo índice que apunta hacia la cruz de Jesús. Ciertamente la meta está más allá del dedo, está más allá del maestro, más allá del hermano que nos guía. En efecto, la confesión de Juan el Bautista es iluminadora: «Es necesario que Él crezca y yo disminuya». El verdadero educador debe ser capaz de retirarse, de convertirse hasta en un «inútil», repitiendo al final de su misión aquella frase áspera pero decisiva de Jesús:«Somos siervos inútiles; hemos hecho solamente lo que debíamos hacer»”. La mediación de su madre Ana y del sacerdote Elí. • También se puede resaltar, en la vocación de Samuel, cómo el Señor se sirve de su madre Ana – que implora sin cesar al Señor que le cure de su esterilidad y le conceda descendencia - para que el joven aprenda cómo estar ante el Señor. • El Catecismo de la Iglesia Católica lo afirma así (n. 2578): (...) “El niño Samuel aprendió de su madre Ana cómo «estar ante el Señor» (Cf 1 Samuel 1, 9-18) y del sacerdote Elí cómo escuchar su Palabra: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (Cf 1 Samuel 3, 9-10) (...) ”. Evangelio: los primeros discípulos del Señor. Oyeron las palabras de Juan el Bautista – que fue el mediador - y siguieron a Jesús. Pedro es conducido a Jesús por su hermano Andrés, que fue su mediador. • Después de reflexionar sobre la vocación de Samuel, ahora consideramos la vocación de los primeros 5 discípulos del Señor Jesús. Se ha escrito que las palabras más bellas y sugestivas de la Biblia son las que nos presentan la vocación de hombres concretos; en el Antiguo Testamento encontramos - junto a la de Samuel - tantas otras: Abrahán, Moises, David, Isaías, Jeremías, etc.; en el Nuevo Testamento encontramos también muchas Zaqueo, la Samaritana, Nicodemo ... pero seguramente las “más importantes” son las de los apóstoles que el Señor escoge directamente, sirviéndose a veces de la mediación de otros discípulos o apóstoles. En el Evangelio que se ha leído encontramos también una mediación – la de Juan el Bautista – en la elección de dos de ellos; a su vez uno de éstos - Andrés – es el mediador de su hermano Simón a quien el Señor cambia el nombre por Pedro; en los versículos sucesivos Jesús llama a Felipe y éste lleva Natanael a Jesús ... (43-51). Los otros tres evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas), también nos hablan del llamamiento por parte de Jesús de los primeros discípulos, señalando algunos datos diferentes de los que hemos leído hoy. o La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2820: Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (Cf Gaudium et spes 22; 32; 39; 45; Evangelii nuntiandi, 31). o Las circunstancias en las que vive cada uno hacen que haya unas connotaciones específicas sobre el lugar o modalidad de vivir la vocación común a la santidad En los fieles laicos esa vocación común a todos los fieles de la Iglesia, tiene una característica propia: la búsqueda de la santidad (del Reino de Dios, de la salvación), ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 898: “Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios... A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor» (Lumen gentium, 31)”. La intervención directa en la actividad política y en la organización de la vida social forma parte de la vocación de los fieles laicos • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2442: No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad política y en la organización de la vida social. ö Esta tarea forma parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia iniciativa con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una pluralidad de vías concretas. Deberá atender siempre al bien común y ajustarse al mensaje evangélico y a la enseñanza de la Iglesia. Pertenece a los fieles laicos «animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia» (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 47; cf 42). La vocación específica como mediadores de los padres de familia Han de fomentar la vocación personal de cada hijo; y tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1656: “En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, «Ecclesia doméstica» (Lumen gentium, 11; cf Familiaris consortio, 21.). En el seno de la familia, «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (Lumen gentium, 11)”. 6 La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. • Catecismo de la Iglesia Católica n. 2226: “La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (Cf Lumen gentium, 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres”. Los padres de familia tienen como misión - como vocación - respetar la vocación de sus hijos, y favorecer la respuesta de ellos para seguirla. La vocación primera del cristiano es seguir a Jesús. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2232: “Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús: (Cf Mateo 16, 25) «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10, 37)”. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2253: “Los padres deben respetar y favorecer la vocación de sus hijos. Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús”. 3. La vocación cristiana es también, por su misma naturaleza, vocación al apostolado: todos los cristianos estamos llamados al apostolado. Características del auténtico testigo. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 863: “Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los sucesores de S. Pedro y de los apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es «enviada» al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado». Se llama «apostolado» a «toda la actividad del Cuerpo Místico» que tiende a «propagar el Reino de Cristo por toda la tierra» (Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 2).” 4. El pecado es la esclavitud más grave de los hombres, y el obstáculo en su vocación de hijos de Dios. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 549: “Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (Cf Juan 6, 5-15), de la injusticia (Cf Lucas 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (Cf Mateo 11, 5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (Cf Lucas 12, 13. 14; Juan 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (Cf Juan 8, 34- 36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas”. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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