miércoles, 17 de enero de 2018

La conversión y la vocación y el tiempo (Domingo 3º del tiempo ordinario, 21 de enero de 2018). Una homilía de San Juan Pablo II, el 24 de enero de 1982.

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Ø La conversión y la vocación y el tiempo (Domingo 3º del tiempo ordinario, 21 de enero de 2018).

Una homilía de San Juan Pablo II, el 24 de enero de 1982.

 

v  Cfr. San Juan Pablo II, Homilía, Parroquia Sta. Teresa de Jesús (Roma).

24 de enero de 1982
Jonás 3, 1-5.10; 1 Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

- Primera lectura. Los ninivitas se convierten de su mala vida.
Lectura de la profecía de Jonás 3,1-5.10: En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:- «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.
-Salmo responsorial
Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (W.: 4a)
Señor, enséñame tus caminos. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.  El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los secadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
-Segunda lectura. La apariencia de este mundo pasa.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31
Digo esto, hermanos: que el tiempo es corto. Por tanto, en lo que queda, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la apariencia de este mundo pasa.
-Aleluya Mc 1, 15
Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
-Evangelio. Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: - «Se ha cumplido el tiempo y  está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.  Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

CONVERSION Y VOCACIÓN

1. La conversión es un cambio de dirección en la vida y en la conducta.


“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed la Buena Noticia” (Mc 1,15).
La liturgia propone dos temas: el primero de ellos es la conversión; el segundo, la vocación.

v  La conversión es proclamada por Jonás en el Antiguo Testamento y también por Jesucristo en el Nuevo Testamento.

o   En uno y otro caso la conversión significa alejamiento del mal, del pecado.

La conversión es proclamada por el profeta del Antiguo Testamento Jonás, al que Dios envió a una gran ciudad, Nínive: “Dentro de Cuarenta días Nínive será arrasada” (Jo 3,4) a causa de sus pecados. Así hablaba, por medio del Profeta, a los habitantes de Nínive el Señor, de quien dice el Salmista que “enseña el camino a los pecadores” (Sal 25/24,8).El anuncio de Jonás obtuvo resultados: “Se convertían de sus pecados” (Jo 3,10) y, por esto, el Señor no envía el castigo anunciado.
La conversión es proclamada también por Jesucristo: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: Convertios y creed la Buena Noticia” (Mc 1,15).
En uno y otro caso la conversión significa alejamiento del mal, del pecado. En el primer caso el alejamiento del mal se impone por miedo al castigo (Jonás). En cambio Jesucristo invita a la conversión por la cercanía de Dios y de su reino.

v  La conversión es un momento clave de la vida interior de cada uno de los hombres.

o   Hay también conversiones cotidianas  importantes para el desarrollo del  alma humana

La conversión es un momento clave de la vida interior de cada uno de los hombres, en la vida religioso-moral. Ésta tiene múltiples características y se realiza en diversos períodos de la vida. Nosotros hablamos de conversión, cuando se trata de un trastrueque fundamental que decide el cambio de dirección en la vida y en la conducta. Pero hay también conversiones cotidianas, que aparentemente pasan casi inadvertidas y se refieren a problemas en apariencia pequeños, y sin embargo importantes para el desarrollo del alma humana.
Se habla también de la primera y segunda conversión y, a veces, de la tercera. La primera significa el alejamiento de los pecados graves que obstaculizan la vida sobrenatural. Las sucesivas conversiones se refieren a etapas ulteriores en el camino del alejamiento del mal y del acercamiento a Dios.
Este es el primer tema que descubrimos en la palabra de la liturgia de hoy. A este tema hay que referir también las palabras del Salmo responsorial: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor” (Sal 25/24, 6-7).
La conversión está en íntimo y orgánico vínculo con la misericordia divina.

2. La vocación significa llamada del hombre por parte de Dios.

v  La llamada de los primeros Apóstoles

o   Dios llama al cumplimiento de tareas que asigna al hombre y, al llamarlo, le manda tener confianza de que llegará a realizar su misión.   


El segundo tema -como hemos dicho- es la vocación.
Sobre la vocación del hombre por parte de Dios habla también la primera lectura: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital y pregona allí el pregón que te diré” (Jo 3,2). Jonás se levantó y se fue...
La lectura del Evangelio recuerda la llamada de los primeros Apóstoles. En los dos casos allí citados se trata de dos hermanos: primero de Simón (denominado después Pedro) y de su hermano Andrés; luego de Santiago, hijo de Zebedeo, y de su hermano Juan. Cristo llamó a los dos primeros en la ribera del mar de Galilea cuando, al ser pescadores, “estaban echando el copo en el lago” (Mc 1,17). A los otros los llamó cuando, junto al mismo mar, “estaban en la barca repasando las redes” (Mc 1,19). Y también ellos, “dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él” (Mc 1,20).
Como se ve, la vocación significa llamada del hombre por parte de Dios. Dios llama al cumplimiento de tareas que asigna al hombre y, al llamarlo, le manda tener confianza de que llegará a realizar su misión. Así fue precisamente en el caso de Jonás, que incluso quería huir de la llamada de Dios, juzgando que era superior a sus fuerzas. Los hijos de Jonás y de Zebedeo, llamados junto al mar de Galilea, siguieron muy gustosamente a Cristo. Sin embargo, es sabido que, en el camino de su vocación apostólica, les esperaban diversas pruebas a cada uno de ellos.
Al tema de la vocación se refieren también las palabras del Salmo (25/24,4-5) “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas. Haz que camine con lealtad; enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador”.
Precisamente: la esperanza: Si Dios pone ante nosotros la misión, también nos da la gracia.

3. La conversión y la vocación tienen una importancia determinada en la vida de cada uno de los cristianos

v  El hombre se aleja de todo lo que en él se opone a Dios y a su voluntad, y se acerca a la santidad cuya plenitud es Dios mismo.

o   El hombre descubre que su vida es una misión que Dios le ha asignado.

Estos dos momentos -el momento de la conversión y el de la vocación- tienen una importancia determinada en la vida de cada uno de los cristianos. Se puede decir que en ellos se desarrolla toda la economía salvífica de Dios en relación con el hombre, y en el ámbito de esta economía divina del hombre madura desde dentro.
Esta maduración presupone el alejamiento del mal, la ruptura con el pecado, la extirpación de las malas disposiciones, la lucha, a veces dura, con las ocasiones de pecado, la superación de las pasiones: todo el gran trabajo interior, gracias al cual, el hombre se aleja de todo lo que en él se opone a Dios y a su voluntad, y se acerca a la santidad cuya plenitud es Dios mismo.
La conversión es un movimiento bipolar: el hombre se aparta del mal para orientarse hacia Dios. Y por esto en el camino de la conversión se encuentra la vocación. A medida que el hombre se dirige hacia Dios, encuentra la función que Dios le asigna en la vida. Esto se puede expresar todavía mejor: a medida que el hombre se dirige hacia Dios, descubre que su vida es una misión que Dios le ha asignado. Y la aceptación de esta misión significa una prueba de amor a Dios y a los hombres. Así el hombre “se convierte” de modo nuevo en el que “es”.
Simón y Andrés, Santiago y Juan, siendo pescadores en el mar de Galilea, se convirtieron de modo nuevo en pescadores: “pescadores de hombres” (Mc 1,17).

4. Cristo llama a cada uno

v  Pienso que cada uno tiene una vocación, aun cuando quizá alguno no sea consciente de tenerla.

o   A cada uno Cristo le dice de algún modo: “Sígueme”

Pienso que cada uno se encuentra en un momento  de conversión, conocido sólo por él y por Dios mismo. ¿Alguno está aún muy lejano de Dios a causa de sus pecados? ¿Es tal vez el mundo quien le ofusca la visión de Dios? ¿Acaso no se deja ver en él la primera conversión?... Luego pienso que cada uno tiene aquí una vocación, aun cuando quizá alguno no sea consciente de tenerla. No sabe que todo lo que llena su vida, si es lícito en sí mismo, puede ser, más aún, es precisamente la misión que le ha asignado Dios.
Saludo, pues, a cada uno de vosotros como invitado por la potencia de la divina misericordia a la conversión, y como llamado... A cada uno Cristo le dice de algún modo: “Sígueme” (...).

EL TIEMPO ES BREVE

v  Unas palabras que pueden sorprender

o   La vida un valor estable, en la medida en que nos alejamos del mal y nos acercamos a Él mismo por el camino de la conversión.

En la segunda lectura de la liturgia de hoy habla San Pablo con palabras que pueden sorprender alguna vez: “Hermanos: os digo esto: el momento es breve [1]. Queda como solución: que los que tiene mujer vivan como sino la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutasen de él: porque la presentación de este mundo se termina” (1 Cor 7,29-31).
¡Solo Dios no pasa! Y por esto tiene la vida un valor estable, en la medida en que nos alejamos del mal y nos acercamos a Él mismo por el camino de la conversión. Y tiene un valor estable la vida, en la medida en que aceptamos la misión que Él nos asigna y la cumplimos.
Que el año nuevo nos permita continuar en el camino de la conversión y de la vocación. 





Vida Cristiana


[1] Redacción de Vida Cristiana. El tiempo es corto o breve. Tres comentarios:
(1) “En la segunda lectura Pablo saca nos pocas consecuencias de la brevedad  del tiempo. No se trata de una «espera inminente», sino más bien de carácter general del tiempo terrestre. Este tiempo es de por sí tan apremiante (ndr: breve, corto) que nadie puede instalarse en él cómoda y despreocupadamente. Todos los estados de vida en la Iglesia deben sacar las consecuencias; el  apóstol se refiere aquí sólo a los laicos: a todas sus actividades y formas de conducta se añade un coeficiente negativo: llorar, como si no se llorase; estar casado, como si no se tuviese mujer; comprar como si no se poseyese  nada, etc. Todos los bienes que poseemos y necesitamos en este mundo debemos poseerlos y utilizarlos con una indiferencia tal que en cualquier momento podamos renunciar  a ellos, porque el tiempo apremia y la frágil figura de este mundo se termina. Todo nuestro vivir es emprestado y el tiempo nos ha sido dado con la condición de que en cualquier momento se nos puede privar de él. (Hans Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, A-B-C, Ediciones Encuentro 1994, pp. 134-135).
(2) “El tiempo se ha cumplido, dice Jesús, y Pablo: el tiempo es breve. No hay contradicción, porque se habla de dos tiempos diversos. Jesús habla del tiempo de la espera – de su primera venida – y dice que se ha cumplido; el Reino está aquí; ¡es posible entrar en él con la fe y la conversión! San Pablo habla del tiempo del cumplimiento final –  de la segunda venida de Cristo – y dice que es breve. (…) Nosotros nos encontramos precisamente  dentro de este tiempo que se ha hecho breve, lleno de urgencia. (…)  La palabra nos llama hoy a una dimensión esencial del vivir cristiano: la provisionalidad, el vivir como peregrinos y forasteros. Una provisionalidad buena, es decir, de signo positivo, no negativo; en efecto, no se trata de dejar la patria, sino de entrar en ella. El Nuevo Testamento tiene una palabra clave para expresar esto: los creyentes son aquí abajo paroikoi, es decir, peregrinos (1 Pedro 2,11); el tiempo de su vida es  es tiempo de paroikia, es decir de peregrinación (1 Pedro 1, 17). Estos nombres nos recuerdan que nuestro vivir  es provisional, a punto de partir, con la prisa encima, pero una prisa buena que se llama fervor, como la de los hebreos cuando iban a dejar Egipto (Cf. Éxodo 12, 11). No tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos en busca de la venidera  (Hebreos 13, 14; cf  Filipenses 3, 20). (…) (Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Anno B, Città  Nuova  IX edizione, giugno 2001, pp. 175-76).
(3) “El tiempo presente es un tiempo de espera y de vigilia” (cf. Mateo 25, 1-13; Mateo 13, 33-37) (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 672).  “Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece  la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también paa hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida. (cfr. Catecismo de la Iglesia …, n. 1007). 

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