sábado, 15 de septiembre de 2018

La experiencia de la cruz, experiencia de amor: por Santiago Agrelo


Hay palabras que podremos pronunciar como nuevas y como nuestras, sólo si antes las hemos oído pronunciadas como suyas por Jesús de Nazaret: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba; por eso no quedaba confundido”.
Son palabras que hablan de un crucificado, pero no derrotado; de un vejado, pero no confundido ni humillado; de un muerto, pero no vencido.
Son palabras que hablan de hombres, de muerte y de Dios.
Sólo Jesús de Nazaret puede decir con corazón y experiencia de Hijo amado, con corazón y experiencia de resucitado, la oración del salmista: “Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor… El Señor es benigno y justo… Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída”.
Las del Siervo del Señor, las del salmista, las de Jesús, son palabras que podemos hacer nuestras, porque compartimos con ellos la fe, la esperanza y el amor.
Son nuestras, porque el Señor nos ha atraído a él, y nos ha hecho discípulos suyos, y hemos querido caminar con él, cargar con nuestra cruz, seguirle a él, el Hijo, con corazón y obediencia de hijos.
Las de Jesús son palabras nuestras, como nuestros son, porque él ha querido llevarlos por amor, los sufrimientos del Señor, sus heridas, su muerte.
Las de Jesús son palabras nuestras, porque el Señor, por la encarnación, ha querido unirse a nosotros para siempre, y nosotros, por la fe y la comunión, hemos querido unirnos para siempre a él: Nada dice ya él sin nosotros; nada queremos decir nosotros sin él.
Para Jesús y para nosotros, la cruz es escuela y signo de obediencia, de amor, de confianza.
Porque estamos en comunión con él, porque nada suyo nos es ajeno, podemos decir también con él: “Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante; porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco”.
La experiencia de la cruz es para Jesús, para nosotros, para los pobres, para todos los crucificados, una experiencia de amor.



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