domingo, 30 de diciembre de 2018

Fiesta de la S. Familia (30 de diciembre de 2018) Año C.




[Chiesa/Omelie 1/Famiglia/CFamilia18ConvivenciaFamiliar)

Ø Fiesta de la S. Familia (30 de diciembre de 2018) Año C. 


v  Cfr. Fiesta de la S. Familia

30 de diciembre de 2018, Año C
            Eclesiástico (Siracida) 3,3-7. 14-17;  Colosenses 3,12-21; Lucas 2, 41-52

Lucas, 2, 41-52: 41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta           43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen  su padres. 44 Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo  entre los parientes y conocidos; 45     y al no encontrarlo,  volvieron a Jerusalén en su busca. 46 Y al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; 47 todos los que le oían, quedaban admirados de su sabiduría  y de sus respuestas. 48 Al verlo se maravillaron , y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que  tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.» 49 Y él les dijo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?» 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. 51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba  sujeto. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. 52 Jesús crecía en sabiduría, en edad  y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Colosenses 3, 12-21: Hermanos: 12 como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. 13 Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. 14 Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. 15 Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. 16 La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. 17 Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. 18 Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. 20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. 21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

LA CONVIVENCIA FAMILIAR
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo …
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón …
La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza …
Sea todo en nombre de Jesús …

A.   Algunos datos que nos da el Evangelio
El Evangelio da varios datos que configuran la familia cristiana. Comunión en el amor («Te
buscábamos angustiados»). Unidos en la prueba (desandan el camino para la búsqueda del Niño). Cumplimiento del deber religioso (el hecho de subir a celebrar la Pascua y las palabras de Cristo «no sabíais que debo ocuparme en las cosas de mi Padre») y escuela de realización personal («Jesús iba creciendo en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres»).

B. La convivencia en la familia se construye si todos los miembros de la familia procuramos tener los mismos sentimientos que Cristo.

·         La convivencia se construye si todos procuramos tener los mismos sentimientos que Cristo y somos
compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Refiriéndose no ya solamente a la sociedad en general, sino a la familia en particular,  Pablo se dirige a las mujeres y a los maridos, a los padres y a los hijos, y les anima a vivir según conviene "en el Señor". Aunque en el pensamiento de Pablo podamos encontrar ideas que corresponden a la concepción del matrimonio de su tiempo, encontramos aquí el nuevo espíritu de la fraternidad cristiana. Pablo señala no sólo los deberes de la mujer hacia el marido sino también los deberes del marido respecto a su mujer y de los padres respecto a sus hijos respecto a los padres.

C.   Un hecho dramático

·         Con ocasión de la lectura del Evangelio que se ha leído hoy, podemos meditar sobre un hecho que se
puede calificar como dramático: un niño se pierde  ... los padres lógicamente se angustian. Y cuando encuentran al niño, ellos le preguntan: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.». Y Jesús les respondió: : «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?».
·         Jesús tenía doce años. A esta edad los hebreos celebraban lo que hoy los israelitas llaman el «bar-
mitzvah», es decir llegaban a la mayoría de edad y, por tanto, en el caso de los varones, a la plenitud de la responsabilidad  en relación con la Ley y la religión.

v  Jesús deja entrever su consagración total a la misión encomendada por su Padre, y la Virgen conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 534: El hallazgo de Jesús en el Templo (Cf Lc 2, 41-52) es el
único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: «¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?»  María y José «no comprendieron» esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.
·         CEC n. 583: (…)  A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que
se debía a los asuntos de su Padre (Cf Lc 2, 46-49). (…)

v  Y nos dice el Evangelio que  «ellos no comprendieron lo que les dijo»

o   No debe maravillarnos el que María y José no comprendieran las palabras de Jesús. 

a)      porque  Dios en su revelación sigue el método pedagógico de la gradualidad; su fe no estaba privada de
la oscuridad;
b)      porque el hecho de no comprender no quiere decir que no aceptaban las palabras de Jesús;
c)       porque también su fe debía seguir el proceso del descubrimiento y la profundización  progresivos;
Cfr. CEC n. 534: (…) María y José  «no comprendieron» esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.
d) Cuando Jesús se pondrá al servicio de Dios más adelante (cfr. Juan 7,5; Marcos 3, 21,31), deberá superar los contrastes con sus parientes.
e) El mismo evangelio nos dice que, después «su madre conservaba todas estas cosas en su corazón».  Seguramente ha entendido que no puede considerar a su hijo como posesión suya, sino como un don con quien debe colaborar en el cumplimiento de su misión.

D.   Jesús tiene deberes particulares  que cumplir en cuanto Hijo de Dios: debe seguir su vocación

a)       Jesús estaba sometido a sus padres (lo dice el Evangelio), pero, al mismo tiempo, tenía deberes
particulares en cuanto Hijo de Dios.
b)      Si los hijos deben acoger con respeto y devoción a sus padres, éstos deben saber que sus hijos tienen una
vocación, una llamada personal de Dios, que cada hijo deben descubrir, y el cometido de los padres es ayudar a los hijos a descubrir su vocación. Es justo que los padres piensen en el futuro de los hijos, pero dejándoles libres para que busquen lo que el Señor quiere de ellos.
c)       En la familia cristiana los padres no consideran a los hijos como su propiedad. 

E.   El deber específico de los padres cristianos con referencia a los hijos: «introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios» (Familiaris consortio, 60) 


·         60. En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos tienen el deber específico de educar
a sus hijos en la plegaria, de introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con Él: «Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y los deberes del sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros años a conocer y a adorar a Dios y a amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo». ( Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educación cristiana de la juventud Gravissimum educationis, 3; cfr. Juan Pablo II, Exhort. Ap. Catechesi tradendae, 36: AAS 71 (1979), 1308.)

v  El contenido de la educación cristiana

·         “El Concilio Vaticano II precisa así el contenido de la educación cristiana: «La cual no persigue
solamente la madurez propia de la persona humana... sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 23), ante todo en la acción litúrgica, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Ef 4, 22-24), y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4, 13), y contribuyan al crecimiento del Cuerpo místico. Conscientes, además, de su vocación, acostúmbrense a dar testimonio de la esperanza que hay en ellos (cf. 1 Pe 3, 15) y a ayudar a la configuración cristiana del mundo».( Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educación cristiana de la juventud Gravissimum educationis, 2.)”  (Familiaris consortio, 39, 2)

v  Los padres llegan a ser plenamente padres cuando generan a la vida cristiana

·         “En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros
mensajeros del Evangelio ante los hijos. Es más, rezando con los hijos, dedicándose con ellos a la lectura de la Palabra de Dios e introduciéndolos en la intimidad del Cuerpo —eucarístico y eclesial— de Cristo mediante la iniciación cristiana, llegan a ser plenamente padres, es decir engendradores no sólo de la vida corporal, sino también de aquella que, mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo. (Familiaris consortio, 39,4)”

F.    Un hecho histórico

·         «Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los
mayores. El fin de los tiempos está próximo».
  • La frase no procede de un autor de nuestra era, sino de un anónimo caldeo del 2000 a.C.



Vida Cristiana

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