viernes, 19 de enero de 2018

El momento es apremiante: por Santiago Agrelo

Se ha cumplido el plazo” para la llegada del Reinado de Dios. En el reloj de la salvación ha sonado la hora decisiva, la que desvela el misterio de todas las demás.
Los acontecimientos obligan a actuar prontamente. No es tiempo para dormidos o distraídos o despreocupados.
Está cerca el reino de Dios”: Está cerca el evangelio para los pobres. El que lo lleva, ya ha sido ungido y enviado.
Con el Reinado de Dios se acerca a los ciegos la vista, la libertad a los oprimidos, la gracia a los pecadores, la salvación a los que creen.
Evangelio, Reino, Cristo Jesús: lo despreciarán los epulones aunque también lo necesiten –no saben cuánto-, y se anunciará a los pobres, a los hambrientos de justicia, de paz, de consuelo y de pan.
El Reino, el evangelio, Cristo, no viene para afirmarse a sí mismo, para predicarse a sí mismo, para realizarse a sí mismo.
El Reino, el evangelio, Cristo, es de Dios, viene de Dios y es inseparable de los pobres a quienes se acerca, a quienes es enviado, para quienes viene, a quienes se anuncia, a quienes salva.
Para ese encuentro de Cristo con los pobres, para que nos alcance la salvación, para que nos levantemos de nuestra postración, para que resucitemos, sólo falta lo que hemos de poner los postrados, los necesitados: “Convertirnos al Reinado de Dios”, o lo que es lo mismo, “creer en el evangelio”, creer en Cristo Jesús.
Porque te has convertido y crees, Iglesia de pobres, te acercas hoy a Cristo, lo recibes, escuchas el evangelio, comulgas el Reino.
Porque te has convertido y crees y escuchas y comulgas, dichosa y humilde, te reconoces hoy cuerpo de Cristo, buena noticia para los pobres, Reinado de Dios para los desheredados de la tierra, sacramento de la ternura, de la misericordia, de la bondad de Dios con sus hijos humillados.
Lo has pedido en tu oración: “Señor, enséñame tus caminos”.
Y el Señor te ha mostrado el evangelio, ha puesto a tu alcance su Reino, te ha dado a su Unigénito, sacramento de amor sin medida.
Se lo dijiste sentada a sus pies: “Señor, instrúyeme en tus sendas”. Y has aprendido que Cristo es tu camino, que los pobres son tu destino.
Ellos, a su tiempo, dirán si lo has recorrido.
El momento es apremiante”.
Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo.
Feliz encuentro con tu Señor en la Eucaristía y en los pobres.



La eucaristía (2018). La Santa Misa (6). El acto penitencial.  Cfr. Papa Francisco, Catequesis sobre la Eucaristía, Audiencia General del 3 de enero de 2018


Ø La eucaristía (2018). La Santa Misa (6). El acto penitencial. Catequesis de Papa Francisco.

Favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, reconociendo que somos pecadores. Favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, o sea, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados, reconociendo que somos pecadores. Realizamos comunitariamente el acto penitencial mediante una fórmula de confesión general, pronunciada en primera persona del singular. Cada uno confiesa a Dios y a los hermanos “que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Sí, también de omisión, o sea, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer.


v  Cfr. Papa Francisco, Catequesis sobre la Eucaristía,

Audiencia General del 3 de enero de 2018

La Santa Misa - 6. El acto penitencial


Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

v  Favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, o sea, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados, reconociendo que somos pecadores.

o   Realizamos comunitariamente el acto penitencial mediante una fórmula de confesión general, pronunciada en primera persona del singular. Cada uno confiesa a Dios y a los hermanos “que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”. También de omisión, o sea, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer.

§  Las palabras que decimos con la boca van acompañadas por el gesto de golpearse el pecho, reconociendo que he pecado precisamente por culpa mía, y no de otros.
Las palabras que decimos con la boca van acompañadas por el gesto de golpearse el pecho, reconociendo que he pecado precisamente por culpa mía, y no de otros.
Retomando las catequesis sobre la celebración eucarística, consideremos hoy, en el contexto de los ritos de introducción, el acto penitencial. En su sobriedad, favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, o sea, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados, reconociendo que somos pecadores. La invitación del sacerdote, de hecho, se dirige a toda la comunidad en oración, porque todos somos pecadores.

¿Qué puede dar el Señor a quien ya tiene el corazón lleno de sí mismo, de sus éxitos? Nada,
porque el presuntuoso es incapaz de recibir perdón, ufano como está de su presunta justicia.  Pensemos en la parábola del fariseo y del publicano, donde solo el segundo –el publicano– vuelve a casa justificado, es decir, perdonado (cfr. Lc 18,9-14). Quien es consciente de sus propias miserias y baja los ojos con humildad, siente posarse sobre él la mirada misericordiosa de Dios.

Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer sus faltas y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los demás. Escuchar en silencio la voz de la conciencia permite reconocer que nuestros pensamientos están distantes de los pensamientos divinos, que nuestras
palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas, o sea, guiadas por decisiones contrarias al Evangelio.

Por eso, al inicio de la Misa, realizamos comunitariamente el acto penitencial mediante una fórmula de confesión general, pronunciada en primera persona del singular. Cada uno confiesa a
Dios y a los hermanos “que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Sí, también de omisión, o sea, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer.

            Frecuentemente nos sentimos buenos porque –digamos– “no he hecho daño a nadie”. En realidad, no basta no hacer mal al prójimo, hay que elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen ejemplo de que somos discípulos de Jesús. Es bueno subrayar que confesamos tanto a
Dios como a los hermanos que somos pecadores: esto nos ayuda a comprender la dimensión del pecado que, mientras nos separa de Dios, nos divide también de nuestros hermanos, y viceversa. El pecado corta: corta el trato con Dios y corta el trato con los hermanos, el trato en la familia, en la
sociedad, en la comunidad: el pecado corta siempre, separa, divide.

Las palabras que decimos con la boca van acompañadas por el gesto de golpearse el pecho, reconociendo que he pecado precisamente por culpa mía, y no de otros. A menudo sucede que, por miedo o vergüenza, señalamos con el dedo para acusar a otros. Cuesta admitirse culpable, pero nos hace bien confesarlo con sinceridad. Confesar los propios pecados. Recuerdo una anécdota que contaba un viejo misionero acerca de una mujer que fue a confesarse y empezó a decirle las faltas de su marido; luego pasó a contar los errores de la suegra y luego los pecados de los vecinos. En un momento dado, el confesor le dijo: “Pero, señora, dígame: ¿ha acabado ya? – Muy bien: pues
ya que ha acabado usted con los pecados de los demás, ahora empiece a decir los suyos”. ¡Decir los propios pecados!

Después de la confesión del pecado, suplicamos a la Santísima Virgen María, a los Ángeles y a los Santos que recen al Señor por nosotros. También en esto es preciosa la comunión de los Santos: es decir, la intercesión de esos «amigos y modelos de vida» (Prefacio del 1 de noviembre) nos sostiene en el camino hacia la plena comunión con Dios, cuando el pecado sea definitivamente aniquilado.

Además del “Yo confieso”, se puede hacer el acto penitencial con otras fórmulas, por ejemplo: «Ten piedad de nosotros, Señor / Contra ti hemos pecado. / Muéstranos, Señor, tu misericordia. / Y danos tu salvación» (cfr. Sal 123,3; 85,8; Jer 14,20). Especialmente el domingo se puede realizar la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo (cfr. OGMR, 51)
que borra todos los pecados. También es posible, como parte del acto penitencial, cantar el Kyrie eléison: con una antigua expresión griega, aclamamos al Señor –Kyrios– e imploramos su misericordia (ibid., 52).
La Sagrada Escritura nos ofrece luminosos ejemplos de figuras “penitentes” que, recapacitando después de haber cometido el pecado, hallan el valor de quitarse la máscara y abrirse a la gracia que renueva el corazón. Pensemos en el rey David y en las palabras a él atribuidas en el Salmo: «Ten piedad de mí, oh Dios, por tu amor; por tu gran misericordia borra mi iniquidad» (51,3). Pensemos en el hijo pródigo que vuelve al padre; o en la invocación del publicano: «Señor, apiádate de mí que soy un pecador» (Lc 18, 13). Pensemos también en San Pedro, en Zaqueo, en la mujer samaritana.
§  Medirse con la fragilidad del barro del que estamos hechos es una experiencia que nos fortalece, nos abre el corazón para invocar la misericordia divina que transforma y convierte.
Medirse con la fragilidad del barro del que estamos hechos es una experiencia que nos
fortalece: a la vez que nos hace tener en cuenta nuestra debilidad, nos abre el corazón para invocar la misericordia divina que transforma y convierte. Y eso es lo que hacemos en el acto penitencial al inicio de la Misa.



Vida Cristiana

La Eucaristía (2017). La Misa (5). Los ritos de introducción. Papa Francisco, Catequesis, Audiencia General Miércoles, 20 de diciembre de 2017


Ø La Eucaristía (2017). La Misa (5). Los ritos de introducción. La Misa comienza con la señal de la Cruz, con estos ritos introductorios, porque ahí comenzamos a adorar a Dios como comunidad. Y por eso es importante prever no llegar tarde, sino con antelación, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad.


v  Papa Francisco, Catequesis, Audiencia General

Miércoles, 20 de diciembre de 2017

La Santa Misa - 5. Ritos de introducción


Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

 

La celebración de la Misa se abre con los ritos introductorios.

v  Desde la entrada del celebrante hasta la oración colecta.

o   Su fin es lograr «que los fieles, reunidos juntos, formen una comunidad, y se dispongan a escuchar con fe la palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía».

Hoy quisiera entrar de lleno en la celebración eucarística. La Misa está compuesta por dos partes, que son la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que forman un único acto de culto (cfr. Sacrosanctum Concilium, 56; Ordenación General del Misal Romano, 28).
Introducida por algunos ritos preparatorios y concluida por otros, la celebración es un único cuerpo y no se puede separar, pero para una mejor comprensión intentaré explicar sus varios
momentos, cada uno de los cuales es capaz de tocar e implicar una dimensión de nuestra humanidad. Es necesario conocer estos santos signos para vivir plenamente la Misa y saborear toda su belleza.
Cuando el pueblo está reunido, la celebración se abre con los ritos introductorios, que incluyen la entrada de los celebrantes o del celebrante, el saludo –“El Señor esté con vosotros”, “La paz esté con vosotros”–, el acto penitencial –“Yo confieso”, donde pedimos perdón de nuestros pecados–, el Kyrie eleison, el himno del Gloria y la oración colecta: se llama “oración colecta”
no porque ahí se haga colecta de las ofrendas: es la colecta de las intenciones de oración de todos los pueblos; y esa colecta de la intención de los pueblos sube al cielo como oración. Su fin –de estos ritos introductorios– es lograr «que los fieles, reunidos juntos, formen una comunidad, y se dispongan a escuchar con fe la palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía» (Ordenación
General del Misal Romano, 46). No es buena costumbre mirar el reloj y decir: “Voy bien, llego después del sermón y con eso cumplo el precepto”. La Misa comienza con la señal de la Cruz, con estos ritos introductorios, porque ahí comenzamos a adorar a Dios como comunidad. Y por eso es importante prever no llegar tarde, sino con antelación, para preparar el corazón a este rito, a esta
celebración de la comunidad.
§  El saludo al altar que es figura de Cristo.
Mientras normalmente se realiza el canto de entrada, el sacerdote con los demás ministros llega procesionalmente al presbiterio, y saluda el altar con una inclinación y, en señal de veneración, lo besa y, cuando hay incienso, lo inciensa. ¿Por qué? Porque el altar es Cristo: es figura di Cristo. Cuando vemos el altar, vemos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo. Estos gestos, que corren el riesgo de pasar inadvertidos, son muy significativos, porque expresan desde el inicio que la Misa es un encuentro de amor con Cristo, el cual «con la inmolación de su cuerpo en la cruz […] se manifestó, a la vez, como sacerdote, altar y víctima» (prefacio pascual V).
El altar, en cuanto signo de Cristo, «es el centro de la acción de gracias que se cumple con la
Eucaristía» (Ordenación General del Misal Romano, 296), y toda la comunidad en torno al altar, que es Cristo; no para mirarse a la cara, sino para mirar a Cristo, porque Cristo está en el centro de la comunidad, no está lejos de ella.
§  La señal de la cruz
Luego viene la señal de la cruz. El sacerdote que preside lo traza sobre sí y lo mismo hacen todos los miembros de la asamblea, conscientes de que el acto litúrgico se cumple «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
Y aquí paso a otro tema pequeñísimo. ¿Habéis visto cómo los niños hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un garabato, que no es la señal de la cruz. Por favor: mamá y papá, abuelos, enseñad a los niños, desde el comienzo –desde pequeños– a hacer bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús.
Y la Misa empieza con la señal de la cruz. Toda la oración se mueve, por así decir, en el espacio de la Santísima Trinidad –“En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”–, que es espacio de comunión infinita; tiene como origen y como fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y entregado a nosotros en la Cruz de Cristo. Su misterio pascual es don de la Trinidad, y la Eucaristía mana siempre de su corazón atravesado. Signándonos con la señal de la cruz, pues, no solo hacemos memoria de nuestro Bautismo, sino que afirmamos que la oración litúrgica es el encuentro con Dios en Cristo Jesús, que por nosotros se encarnó, murió en la cruz y resucitó glorioso.
§  El saludo del sacerdote y la respuesta del pueblo.
El sacerdote, luego, dirige el saludo litúrgico, con la expresión: «El Señor esté con vosotros» u otra similar –hay varias–; y la asamblea responde: «Y con tu espíritu». Estamos en diálogo; estamos al inicio de la Misa y debemos pensar en el significado de todos estos gestos y palabras. Estamos entrando en una “sinfonía”, en la que resuenan varias tonalidades de voces, incluidos tiempos de silencio, en vista a crear el “acorde” entre todos los participantes, o sea, reconocerse animados por un único Espíritu y por un mismo fin. En efecto, «el saludo sacerdotal y la respuesta del pueblo manifiestan el misterio de la Iglesia reunida» (Ordenación General del Misal Romano, 50). Se expresa así la común fe y el deseo mutuo de estar con el Señor y de vivir la unidad con toda la comunidad.
Y esta es una sinfonía orante, que se está creando y presenta en seguida un momento muy impactante, porque quien preside invita a todos a reconocer sus propios pecados. Todos somos pecadores. No sé, quizá alguno de vosotros no sea pecador… Si alguno no es pecador que levante la mano, por favor, y así lo vemos todos. Pero no hay manos alzadas, bueno: ¡tenéis la fe buena! Todos somos pecadores; y por eso al inicio de la Misa pedimos perdón. Es el acto penitencial. No se trata solamente de pensar en los pecados cometidos, sino mucho más: es la invitación a confesarse pecadores delante de Dios y delante de la comunidad, ante los hermanos, con humildad y sinceridad, como el publicano en el templo. Si verdaderamente la Eucaristía hace presente el
misterio pascual, es decir el paso de Cristo de la muerte a la vida, entonces lo primero que debemos hacer es reconocer cuáles son nuestras situaciones de muerte para poder resurgir con Él a una vida nueva. Esto nos hace comprender lo importante que es el acto penitencial. Y por eso, retomaremos el tema la próxima catequesis.
Vayamos paso a paso en la explicación de la Misa. Pero, repito: ¡enseñad bien a los niños a hacer la señal de la cruz, por favor!






Vida Cristiana

Visita a Cáceres 14/04/2018


jueves, 18 de enero de 2018

‘Aime’, una revista femenina que rompe el molde


Ø  ‘Aime’, una revista femenina que rompe el molde. Tras un proceso de crowdfunding meteórico, ha llegado recientemente a los quioscos franceses la revista femenina Aime. Pretende romper los estereotipos de los semanarios destinados a mujeres, aportando una perspectiva cristiana. “Es una singularidad que las mujeres no encontrarán en ninguna otra revista de este estilo”, afirma su redactora jefe, Ariane Rollier, en una entrevista publicada en Valeurs Actuelles.

‘Aime’, una revista femenina que rompe el molde

               M. ÁNGELES BURGUERA -   11.ENE.2018 - Aceprensa



Aunque la competencia en el sector es grande, Rollier está convencida de que hay espacio para “ofrecer una alternativa” al resto de publicaciones femeninas. “Consideramos a la mujer como un todo. No somos una revista de decoración, o de bienestar, o de moda”. La idea es integrar en una única publicación “todos los intereses de las mujeres”, combinando los artículos de fácil lectura con otros de fondo.
Su enfoque diferirá claramente del imperante en el mercado: “No vamos a compartir historias ‘bonitas’ que promuevan indirectamente la infidelidad. Tratamos los mismos temas que otras publicaciones, pero no del mismo modo”.

“Somos mujeres y nunca intentaremos amoldarnos a la identidad masculina para sentirnos realizadas”
La llegada de Aime al punto de venta ha seguido un largo proceso colaborativo, desde que en 2014 un grupo de periodistas se organizaron en torno a una intuición: “La prensa femenina está pasada de moda. No nos sigue”. Desde ese momento empezaron a construir en Internet una comunidad de futuras lectoras, que han participado con sus opiniones en dos proyectos beta y han dado apoyo financiero en tiempo récord a través de una web de crowdfundingCredofunding, especializada en proyectos inspirados en el humanismo cristiano.

v  Con luz propia

Otro signo distintivo de Aime será la renuncia al igualitarismo feminista: “Somos mujeres y nunca intentaremos amoldarnos a la identidad masculina para sentirnos realizadas”, señala la responsable de la redacción. “Queremos aceptar y comprender nuestros cuerpos, nuestras psicologías, nuestra identidad, y así ser libres para brillar a nuestra manera y no como hombres”.
La revista impresa, que se despliega en secciones por días de la semana, abarca aspectos como los viajes, el desarrollo personal, la cultura, la moda, la sexualidad o la decoración, e incluye también reflexiones sobre la fe. “Nos interesa todo, no hay temas tabú”, añade Rollier, quien no ve por qué una revista femenina debe ser superficial. Se trata justo de promover la coherencia, de “integrar lo espiritual en la vida cotidiana”.
La revista tiene su edición digital colgada en una de las plataformas habituales en Internet y, tras una campaña de recogida de fondos realizada en cuatro meses, comenzó a finales de diciembre a distribuirse en papel, a través de los quioscos y por suscripción. Por ahora, cuenta con unos 20 redactores y colaboradores.
A pesar del avance imparable del periodismo digital, en Francia ya han anunciado su aparición otros dos semanarios en papel a lo largo del trimestre, Ebdo y Vraiment, ambos impulsados por periodistas y con artículos de fondo no pegados tan directamente a la actualidad.





Vida Cristiana

Papa Francisco. Coordenadas del viaje a Chile y Perú (2018).


Ø Papa Francisco. Coordenadas del viaje a Chile y Perú (2018).

Coordenadas del viaje del Papa a Chile y Perú

           JOAQUÍN GARCÍA-HUIDOBRO - 12.ENE.2018 – Aceprensa


Santiago. – El Papa comienza el año con un viaje a Chile y Perú (del 15 al 22 de enero), dos países vecinos, pero con realidades muy distintas para la Iglesia católica.
(Actualizado el 15-01-2018)
El 15 de enero llegará Chile, donde acaban de celebrarse elecciones presidenciales y una alianza liberal-conservadora, liderada por el expresidente Sebastián Piñera, derrotó por amplio margen a la centroizquierda. Francisco será recibido por la actual presidente, la socialista Michelle Bachelet, que está terminando su mandato. Ella logró que se aprobara una ley del aborto el año pasado, y está realizando una fuerte presión sobre la legislatura actual, donde tiene mayoría, para que se apruebe, antes de que asuma el nuevo Congreso, una ley de identidad de género particularmente radical.
En los últimos años, Chile ha experimentado un fuerte proceso de secularización, muy perceptible en la forma en que algunos medios han tratado la visita papal
Mientras la situación política chilena después de las elecciones es estable, la del Perú ha estado muy agitada por el frustrado intento de declarar la inhabilidad del presidente Pedro Pablo Kuczynski y la polémica en torno al indulto de Alberto Fujimori.
La realidad que enfrentará el Papa Francisco en uno y otro país es muy diferente. Los propios chilenos se han sorprendido por la aparente frialdad con la que algunos sectores recibieron la noticia de la visita del Papa. Recién ahora, pasadas las elecciones, la prensa se ha concentrado en Francisco, pero no faltan las críticas, aunque no sean mayoritarias.

v  Chile: qué ha cambiado desde Juan Pablo II

El ambiente actual es muy diverso al entusiasmo que despertó la visita de Juan Pablo II a Chile, hace 30 años. La diferencia es comprensible, entre otras razones porque los chilenos de entonces estaban muy agradecidos al Papa polaco por haber evitado una guerra con Argentina, que estuvo a punto de producirse a fines de 1978. Además, Chile estaba terminando un prolongado régimen militar y todos esperaban que las palabras y ejemplo papales contribuyeran a una transición pacífica a la democracia, como efectivamente sucedió.
La sociedad chilena ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años, comenzando por la situación de la Iglesia. Cuando comenzó la transición a la democracia (1990) era la institución más valorada en la sociedad, con una aprobación superior al 70%. Esta imagen positiva derivaba tanto de las convicciones religiosas de los chilenos como del papel que había desempeñado en su defensa de los derechos humanos durante el régimen militar (1973-1990).
Hoy, ese porcentaje ha bajado a un 36%. Las causas de esa disminución no pueden atribuirse simplemente a la influencia secularizadora de los gobiernos de centroizquierda, particularmente los dos periodos presidenciales de Bachelet. La crisis de los abusos sexuales, aunque numéricamente no fue tan grande como en otros lugares, afectó a sacerdotes muy connotados y causó un profundo impacto en la sociedad. Por otra parte, la deuda de gratitud que la izquierda tuvo con la Iglesia por su protección en épocas difíciles ya es antigua: han venido nuevas generaciones, que no tienen motivos para mirarla con especial simpatía, y en los últimos 15 años ha brotado un fuerte anticlericalismo, tanto en ese sector ideológico como en medios liberales de derecha.
En Perú existe una creciente clase media que tiene una fuerte identidad católica, y el ambiente de todos los sectores políticos y de la prensa es muy favorable al Papa Francisco
Hay también un factor sociológico muy importante. En las últimas décadas, Chile ha experimentado una enorme transformación económica, que ha sacado de la pobreza a un porcentaje muy elevado de la población. Esas personas, que casi no tienen formación religiosa, han adquirido un enorme protagonismo, y la Iglesia, afectada por una endémica escasez de clero y por problemas internos, no ha estado en condiciones de llegar a esos sectores de la sociedad con un mensaje capaz de cautivarlos.

o   Entre la secularización y la piedad popular

Así las cosas, no puede extrañar que, según un reciente estudio de Latinobarómetro, el Papa Francisco tenga en Chile la peor evaluación dentro de Latinoamérica (un 5,3, comparado con un 8,3 de Paraguay y 8,0 de Brasil). El mismo estudio indica que Chile, con un 38% de ateos, agnósticos y sin religión, ya se acerca a los niveles de Uruguay, el país más secularizado de la región. Aunque se trata de una información que habría que corroborar con otras investigaciones antes de darla por segura, no se puede dudar que el país ha experimentado un fuerte proceso de secularización, muy perceptible en la forma en que algunos medios han tratado la visita papal.
Sin embargo, no faltan motivos de optimismo para la Iglesia en Chile. Uno de ellos es la vigencia de la religiosidad popular. En el pasado diciembre, la peregrinación anual a la Virgen de Lo Vázquez reunió, como siempre, a un millón de personas. Gran parte de ellas recorren a pie grandes distancias, para pagar sus “mandas” (promesas) a la Virgen. En otros lugares del país sucede algo semejante, como en Iquique, uno de los lugares que visitará el Papa, en la fiesta de La Tirana, famosa por sus bailes de diablos que danzan en honor de la Virgen. El Papa removerá las aguas, fortalecerá esa religiosidad y podrá despertar un mayor interés por la Iglesia en las clases medias emergentes.
Otro signo positivo es la presencia de un número importante de intelectuales, políticos y empresarios que tienen una sólida formación cristiana y gran influencia en el país.
Se espera, asimismo, que la visita de Francisco impulse un alza en las vocaciones sacerdotales.

v  El visible arraigo de la Iglesia en Perú

La situación en el Perú, en cambio, es radicalmente distinta, porque allí existe una creciente clase media que tiene una fuerte identidad católica, y el ambiente de todos los sectores políticos y de la prensa es muy favorable al Papa Francisco, incluso en los medios intelectuales donde, a diferencia de Chile, la presencia de católicos influyentes es significativamente menor. Así, la visita enfrenta menos obstáculos y el panorama para la Iglesia se presenta como especialmente positivo. 
Hay, sin embargo, un asunto espinoso. Hace unos días el Papa ordenó intervenir al Sodalicio de Vida Cristiana, una institución fundada en el Perú, por los cargos de abusos que pesan sobre su fundador –ya reemplazado hace unos años del gobierno del Sodalicio– y otros miembros. La institución ha aceptado inmediatamente esa decisión.
Tanto Chile como Perú han estado muy polarizados en el último tiempo y las palabras del Papa pueden mover los ánimos para buscar entendimientos
Por encima de las diferencias, hay un fruto que debería obtenerse en ambos países, además de los beneficios para la tarea evangelizadora de la Iglesia. Tanto Chile como Perú han estado muy polarizados en el último tiempo y las palabras del Papa pueden mover los ánimos para buscar entendimientos. Si bien en los dos casos se aprecian grandes progresos económicos en las últimas décadas, se trata de naciones que enfrentan desafíos muy importantes –entre ellos terminar con la pobreza–, que solo pueden ser resueltos si se producen grandes acuerdos de las diversas fuerzas políticas. La visita del Papa representa una oportunidad única para recordar la vigencia de unas palabras que pronunció Juan Pablo II en su visita a Chile: “los pobres no pueden esperar”.





Vida Cristiana

miércoles, 17 de enero de 2018

La conversión y la vocación y el tiempo (Domingo 3º del tiempo ordinario, 21 de enero de 2018). Una homilía de San Juan Pablo II, el 24 de enero de 1982.

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Ø La conversión y la vocación y el tiempo (Domingo 3º del tiempo ordinario, 21 de enero de 2018).

Una homilía de San Juan Pablo II, el 24 de enero de 1982.

 

v  Cfr. San Juan Pablo II, Homilía, Parroquia Sta. Teresa de Jesús (Roma).

24 de enero de 1982
Jonás 3, 1-5.10; 1 Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

- Primera lectura. Los ninivitas se convierten de su mala vida.
Lectura de la profecía de Jonás 3,1-5.10: En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:- «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.
-Salmo responsorial
Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (W.: 4a)
Señor, enséñame tus caminos. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.  El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los secadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
-Segunda lectura. La apariencia de este mundo pasa.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31
Digo esto, hermanos: que el tiempo es corto. Por tanto, en lo que queda, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la apariencia de este mundo pasa.
-Aleluya Mc 1, 15
Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
-Evangelio. Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: - «Se ha cumplido el tiempo y  está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.  Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

CONVERSION Y VOCACIÓN

1. La conversión es un cambio de dirección en la vida y en la conducta.


“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed la Buena Noticia” (Mc 1,15).
La liturgia propone dos temas: el primero de ellos es la conversión; el segundo, la vocación.

v  La conversión es proclamada por Jonás en el Antiguo Testamento y también por Jesucristo en el Nuevo Testamento.

o   En uno y otro caso la conversión significa alejamiento del mal, del pecado.

La conversión es proclamada por el profeta del Antiguo Testamento Jonás, al que Dios envió a una gran ciudad, Nínive: “Dentro de Cuarenta días Nínive será arrasada” (Jo 3,4) a causa de sus pecados. Así hablaba, por medio del Profeta, a los habitantes de Nínive el Señor, de quien dice el Salmista que “enseña el camino a los pecadores” (Sal 25/24,8).El anuncio de Jonás obtuvo resultados: “Se convertían de sus pecados” (Jo 3,10) y, por esto, el Señor no envía el castigo anunciado.
La conversión es proclamada también por Jesucristo: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: Convertios y creed la Buena Noticia” (Mc 1,15).
En uno y otro caso la conversión significa alejamiento del mal, del pecado. En el primer caso el alejamiento del mal se impone por miedo al castigo (Jonás). En cambio Jesucristo invita a la conversión por la cercanía de Dios y de su reino.

v  La conversión es un momento clave de la vida interior de cada uno de los hombres.

o   Hay también conversiones cotidianas  importantes para el desarrollo del  alma humana

La conversión es un momento clave de la vida interior de cada uno de los hombres, en la vida religioso-moral. Ésta tiene múltiples características y se realiza en diversos períodos de la vida. Nosotros hablamos de conversión, cuando se trata de un trastrueque fundamental que decide el cambio de dirección en la vida y en la conducta. Pero hay también conversiones cotidianas, que aparentemente pasan casi inadvertidas y se refieren a problemas en apariencia pequeños, y sin embargo importantes para el desarrollo del alma humana.
Se habla también de la primera y segunda conversión y, a veces, de la tercera. La primera significa el alejamiento de los pecados graves que obstaculizan la vida sobrenatural. Las sucesivas conversiones se refieren a etapas ulteriores en el camino del alejamiento del mal y del acercamiento a Dios.
Este es el primer tema que descubrimos en la palabra de la liturgia de hoy. A este tema hay que referir también las palabras del Salmo responsorial: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor” (Sal 25/24, 6-7).
La conversión está en íntimo y orgánico vínculo con la misericordia divina.

2. La vocación significa llamada del hombre por parte de Dios.

v  La llamada de los primeros Apóstoles

o   Dios llama al cumplimiento de tareas que asigna al hombre y, al llamarlo, le manda tener confianza de que llegará a realizar su misión.   


El segundo tema -como hemos dicho- es la vocación.
Sobre la vocación del hombre por parte de Dios habla también la primera lectura: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital y pregona allí el pregón que te diré” (Jo 3,2). Jonás se levantó y se fue...
La lectura del Evangelio recuerda la llamada de los primeros Apóstoles. En los dos casos allí citados se trata de dos hermanos: primero de Simón (denominado después Pedro) y de su hermano Andrés; luego de Santiago, hijo de Zebedeo, y de su hermano Juan. Cristo llamó a los dos primeros en la ribera del mar de Galilea cuando, al ser pescadores, “estaban echando el copo en el lago” (Mc 1,17). A los otros los llamó cuando, junto al mismo mar, “estaban en la barca repasando las redes” (Mc 1,19). Y también ellos, “dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él” (Mc 1,20).
Como se ve, la vocación significa llamada del hombre por parte de Dios. Dios llama al cumplimiento de tareas que asigna al hombre y, al llamarlo, le manda tener confianza de que llegará a realizar su misión. Así fue precisamente en el caso de Jonás, que incluso quería huir de la llamada de Dios, juzgando que era superior a sus fuerzas. Los hijos de Jonás y de Zebedeo, llamados junto al mar de Galilea, siguieron muy gustosamente a Cristo. Sin embargo, es sabido que, en el camino de su vocación apostólica, les esperaban diversas pruebas a cada uno de ellos.
Al tema de la vocación se refieren también las palabras del Salmo (25/24,4-5) “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas. Haz que camine con lealtad; enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador”.
Precisamente: la esperanza: Si Dios pone ante nosotros la misión, también nos da la gracia.

3. La conversión y la vocación tienen una importancia determinada en la vida de cada uno de los cristianos

v  El hombre se aleja de todo lo que en él se opone a Dios y a su voluntad, y se acerca a la santidad cuya plenitud es Dios mismo.

o   El hombre descubre que su vida es una misión que Dios le ha asignado.

Estos dos momentos -el momento de la conversión y el de la vocación- tienen una importancia determinada en la vida de cada uno de los cristianos. Se puede decir que en ellos se desarrolla toda la economía salvífica de Dios en relación con el hombre, y en el ámbito de esta economía divina del hombre madura desde dentro.
Esta maduración presupone el alejamiento del mal, la ruptura con el pecado, la extirpación de las malas disposiciones, la lucha, a veces dura, con las ocasiones de pecado, la superación de las pasiones: todo el gran trabajo interior, gracias al cual, el hombre se aleja de todo lo que en él se opone a Dios y a su voluntad, y se acerca a la santidad cuya plenitud es Dios mismo.
La conversión es un movimiento bipolar: el hombre se aparta del mal para orientarse hacia Dios. Y por esto en el camino de la conversión se encuentra la vocación. A medida que el hombre se dirige hacia Dios, encuentra la función que Dios le asigna en la vida. Esto se puede expresar todavía mejor: a medida que el hombre se dirige hacia Dios, descubre que su vida es una misión que Dios le ha asignado. Y la aceptación de esta misión significa una prueba de amor a Dios y a los hombres. Así el hombre “se convierte” de modo nuevo en el que “es”.
Simón y Andrés, Santiago y Juan, siendo pescadores en el mar de Galilea, se convirtieron de modo nuevo en pescadores: “pescadores de hombres” (Mc 1,17).

4. Cristo llama a cada uno

v  Pienso que cada uno tiene una vocación, aun cuando quizá alguno no sea consciente de tenerla.

o   A cada uno Cristo le dice de algún modo: “Sígueme”

Pienso que cada uno se encuentra en un momento  de conversión, conocido sólo por él y por Dios mismo. ¿Alguno está aún muy lejano de Dios a causa de sus pecados? ¿Es tal vez el mundo quien le ofusca la visión de Dios? ¿Acaso no se deja ver en él la primera conversión?... Luego pienso que cada uno tiene aquí una vocación, aun cuando quizá alguno no sea consciente de tenerla. No sabe que todo lo que llena su vida, si es lícito en sí mismo, puede ser, más aún, es precisamente la misión que le ha asignado Dios.
Saludo, pues, a cada uno de vosotros como invitado por la potencia de la divina misericordia a la conversión, y como llamado... A cada uno Cristo le dice de algún modo: “Sígueme” (...).

EL TIEMPO ES BREVE

v  Unas palabras que pueden sorprender

o   La vida un valor estable, en la medida en que nos alejamos del mal y nos acercamos a Él mismo por el camino de la conversión.

En la segunda lectura de la liturgia de hoy habla San Pablo con palabras que pueden sorprender alguna vez: “Hermanos: os digo esto: el momento es breve [1]. Queda como solución: que los que tiene mujer vivan como sino la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutasen de él: porque la presentación de este mundo se termina” (1 Cor 7,29-31).
¡Solo Dios no pasa! Y por esto tiene la vida un valor estable, en la medida en que nos alejamos del mal y nos acercamos a Él mismo por el camino de la conversión. Y tiene un valor estable la vida, en la medida en que aceptamos la misión que Él nos asigna y la cumplimos.
Que el año nuevo nos permita continuar en el camino de la conversión y de la vocación. 





Vida Cristiana


[1] Redacción de Vida Cristiana. El tiempo es corto o breve. Tres comentarios:
(1) “En la segunda lectura Pablo saca nos pocas consecuencias de la brevedad  del tiempo. No se trata de una «espera inminente», sino más bien de carácter general del tiempo terrestre. Este tiempo es de por sí tan apremiante (ndr: breve, corto) que nadie puede instalarse en él cómoda y despreocupadamente. Todos los estados de vida en la Iglesia deben sacar las consecuencias; el  apóstol se refiere aquí sólo a los laicos: a todas sus actividades y formas de conducta se añade un coeficiente negativo: llorar, como si no se llorase; estar casado, como si no se tuviese mujer; comprar como si no se poseyese  nada, etc. Todos los bienes que poseemos y necesitamos en este mundo debemos poseerlos y utilizarlos con una indiferencia tal que en cualquier momento podamos renunciar  a ellos, porque el tiempo apremia y la frágil figura de este mundo se termina. Todo nuestro vivir es emprestado y el tiempo nos ha sido dado con la condición de que en cualquier momento se nos puede privar de él. (Hans Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, A-B-C, Ediciones Encuentro 1994, pp. 134-135).
(2) “El tiempo se ha cumplido, dice Jesús, y Pablo: el tiempo es breve. No hay contradicción, porque se habla de dos tiempos diversos. Jesús habla del tiempo de la espera – de su primera venida – y dice que se ha cumplido; el Reino está aquí; ¡es posible entrar en él con la fe y la conversión! San Pablo habla del tiempo del cumplimiento final –  de la segunda venida de Cristo – y dice que es breve. (…) Nosotros nos encontramos precisamente  dentro de este tiempo que se ha hecho breve, lleno de urgencia. (…)  La palabra nos llama hoy a una dimensión esencial del vivir cristiano: la provisionalidad, el vivir como peregrinos y forasteros. Una provisionalidad buena, es decir, de signo positivo, no negativo; en efecto, no se trata de dejar la patria, sino de entrar en ella. El Nuevo Testamento tiene una palabra clave para expresar esto: los creyentes son aquí abajo paroikoi, es decir, peregrinos (1 Pedro 2,11); el tiempo de su vida es  es tiempo de paroikia, es decir de peregrinación (1 Pedro 1, 17). Estos nombres nos recuerdan que nuestro vivir  es provisional, a punto de partir, con la prisa encima, pero una prisa buena que se llama fervor, como la de los hebreos cuando iban a dejar Egipto (Cf. Éxodo 12, 11). No tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos en busca de la venidera  (Hebreos 13, 14; cf  Filipenses 3, 20). (…) (Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Anno B, Città  Nuova  IX edizione, giugno 2001, pp. 175-76).
(3) “El tiempo presente es un tiempo de espera y de vigilia” (cf. Mateo 25, 1-13; Mateo 13, 33-37) (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 672).  “Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece  la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también paa hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida. (cfr. Catecismo de la Iglesia …, n. 1007). 

domingo, 14 de enero de 2018

Presentación del libro “Misalgar” por Eva Latonda


Si buscas utilidad y no asombro este no es tu libro, si buscas productividad y no contemplación, este no es tu evento, si buscas seriedad y no espontaneidad pues allá tu!!!!
A los demás os espero. Habrá canciones, teatro, juego y mucha ilusión por vivir!!!!


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