jueves, 13 de diciembre de 2018

Estad siempre alegres en el Señor: por Santiago Agrelo

No parece que la parábola del rico necio tenga mucho que ver con el tiempo de Adviento, y, sin embargo, necesito recordarla antes de entrar en el misterio de este domingo:
“Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha… Entonces se dijo: Amigo, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come, bebe y date la buena vida”.
De este hombre se podría decir aquello de que “era tan pobre que sólo tenía riquezas”.  Este hombre, aunque nadie en aquella noche le hubiese reclamado la vida, habría sido en todo caso un condenado al aburrimiento: túmbate, come, bebe, deja de preocuparte, disfruta la vida.
Necesitaba recordar esa parábola porque nos ofrece la contrafigura perfecta del Adviento, nos acerca al hombre del Adviento imposible, a un insensato atrapado en el espejismo de su granero lleno. Intenta, si puedes, dejarle el mensaje del Adviento: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Serán para él palabras sin sentido. Él no espera a nadie; él no espera nada: ¡Tiene el granero lleno!
“Estad siempre alegres en el Señor”: Las palabras del mandato son palabras para pobres, para hombres y mujeres de granero escaso en bienes y con espacio para la esperanza; son palabra para expertos en zozobras, en incertidumbres, en debilidades, en humanidad;  son palabras de gracia para ti, Iglesia amada de Dios, para ti que estás en expectación y te preguntas por la venida de tu Señor.
“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Está cerca el que te ama: “Él se goza y se complace en ti”. Está cerca el que tú amas: “¡Qué grande en medio de ti el Santo de Israel!” Está cerca tu salvador.
La palabra profética anuncia su venida, la eucaristía la prefigura y la realiza, tus pobres la anticipan para ti. Hoy, por la fe y la caridad, tú escuchas la palabra del que esperas, lo recibes en comunión, lo abrazas en tus pobres. Hoy, por la fe y la caridad, el Señor está tan cerca de ti que está para siempre contigo en la palabra inspirada que escuchas y acoges, en el pan consagrado que comulgas, en el pobre a quien abrazas y cuidas.
“Estad siempre alegres en el Señor. El Señor está cerca”. En esa tierra tuya de comunidad pobre, verdea ya la mies de la justicia y la fidelidad: ¡El Señor será tu cosecha! ¡Y tú serás cosecha de Dios!
Feliz domingo.


3º Domingo de Adviento (2018). Dos hilos conductores con colores contrastantes: la alegría de la Navidad y las exigencias de Jesús.




Ø    3º Domingo de Adviento (2018). Dos hilos conductores con colores contrastantes: la alegría de la Navidad  y las exigencias  de Jesús. La alegría en el Señor. Dos metáforas: a) El Señor es semejante al agricultor que con el bieldo eleva la paja para que se la lleve el viento, separándola del trigo; es decir, distingue entre el grano y la paja de nuestras vidas; b) como el fuego libera de las escorias lo metales preciosos, Cristo hace desparecer las escorias de nuestra vida.

v  Cfr. Tercer Domingo de Adviento, Ciclo C. - 16 de diciembre de 2018

            Sofonías 3, 14-18a; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

Salmo responsorial. Isaías 12,2-3. 4bcd. 5-6: R/ Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» El Señor es mi Dios y salvador; confiare y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas.    Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»

2ª Lectura (Filipenses 4,4-7): Hermanos míos: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.  Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis  por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. Y la paz de Dios que supera  todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Lucas 3, 10-18: 10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»     11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que  haga lo mismo.» 12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» 13 El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.» 14 Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.» 15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; 16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»  18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

La alegría de la Navidad: «alegraos siempre en el Señor»
(Segunda Lectura)
 y las exigencias de Jesús:
«pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
(Evangelio)

1. San Pablo nos pide que estemos alegres en el Señor. Juan el Bautista afirma que el Señor «quemará la paja con fuego que no se apaga». El grano y la paja de nuestras vidas.


v  El Señor es semejante al agricultor que con el bieldo eleva la paja para que se la lleve el viento, separándola del trigo.


o   El bieldo: el Señor distingue entre el grano y la paja de nuestras vidas.

Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
§  El bieldo: es un utensillo agrícola que sirve para separar el grano de trigo y la paja.
·         El Señor tiene el bieldo: Lucas 3, 17 «En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo
en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
- El bieldo es un utensillo agrícola a modo de tenedor, constituido por varios dientes insertos en una pieza a la que va unido un mango largo, que se emplea para diversas operaciones agrícolas: por ejemplo, para aventar o para izar y cargar los haces de mies. En este caso, para aventar (bieldar) el grano de modo que se separe de la paja que se lleva el viento. Esta imagen era muy bien entendida por los que escuchaban a Juan el Bautista. El Señor que viene  (el Niño Dios que festejaremos en la Navidad) distinguirá entre grano y paja, es decir, entre el grano y la paja en nuestras vidas ...  
- El salmo 1 (v.4) nos habla del siguiente modo sobre el hombre impío: ¡No así los impíos, no así!  Que ellos son como paja que se lleva el viento. 

v  Como el fuego libera de las escorias lo metales preciosos, Cristo hace desparecer las escorias de nuestra vida.

o   La acción de quemar la paja no tiene como meta la destrucción sino la liberación del mal del hombre en su raíz.

                          Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
·         El fuego es bastante más potente para hacer desaparecer las escorias y que brillen los  metales preciosos.
Corroe hasta la raíz la realidad que entra en contacto con él.
Esta presentación de la figura del Señor que hace Juan el Bautista, puede parecer, a primera vista, negativa. En realidad, tiene un valor radical muy preciso que es una novedad que introduce Cristo: él libera totalmente al hombre de su mal, atacando en la raíz su fuerza destructiva. La acción de quemar no tiene como meta la destrucción sino la liberación.

o   El símbolo del fuego en el Catecismo de la Iglesia Católica: el anuncio de Cristo como el que «bautizará en el Espíritu Santo y el fuego».

·         n. 696: El fuego. Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la Vida dada en el
Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta Elías que «surgió como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha» (Sirácida 48, 1), con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo (Cf 1 Reyes 18, 38-39), figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, «que precede al Señor con el espíritu y el poder de Elías» (Lucas 1, 17), anuncia a Cristo como el que «bautizará en el Espíritu Santo y el fuego» (Lucas 3, 16), Espíritu del cual Jesús dirá: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese encendido!» (Lucas 12, 49). En forma de lenguas «como de fuego» se posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él (Hechos 2, 3-4). La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo (Cf S. Juan de la Cruz, Llama de amor viva). «No extingáis el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5, 19).

v  Cristo y las imágenes del bieldo y el fuego: de este modo su figura no es vaporosa y dulzona.

Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
·         Esa imagen del fuego hace que Cristo no se reduzca a una figura como vaporosa y dulzona, ya que nos
pone ante elecciones que con más o menos frecuencia son desgarradoras, como se deduce del oráculo que pronunció Simeón ante el niño Jesús: « Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción» (Lc 2,34). También dijo: 34 « No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada». 

o   Podemos aplicar la imagen del bieldo y del fuego a la conciencia del hombre.

§  El Señor no acepta componendas ni tolera medias medidas.
- El Señor no acepta componendas, no permite fugas estratégicas, no tolera medias medidas y equilibrismos, no se puede estar con él y con su adversario.
- Todo creyente debe dirigir a su conciencia la pregunta que hacen a Juan el Bautista algunas personas: ¿qué debemos hacer?
- Dostoevskij, en Memorias del subsuelo (1865): “El hombre es una criatura frívola e incoherente, y tal vez, como el jugador de ajedrez, ama sólo el desarrollo del juego, pero no la conclusión”.
- El compromiso moral no es un “optional” sino que se da en el corazón mismo del mensaje cristiano; san Pablo en todas sus Cartas, después de la parte teológica dedica una segunda parte al compromiso concreto y cotidiano.  

v  Ese Niño, cuya figura contemplaremos especialmente durante la Navidad, se propondrá a sí mismo como «camino, verdad y vida».  

“Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por  mí»” (Juan 14,6);  como la piedra descartada por los constructores (Mateo 21, 42; cfr. Salmo 118,22), que fue elegida por Dios (cfr. Isaías 28, 16), como roca sobre la que se construye  la Iglesia, nuevo pueblo de Dios;
·         su venida es una llamada a que nos convirtamos a El. En esa oferta  radica la alegría, y la felicidad;
·         seremos  juzgados con relación a esa oferta que nos hará el Niño Dios; dicho con otras palabras,
Jesús nos pide que nos convirtamos a El; y, a través de él, que nos convirtamos a Dios Padre;  precisamente esta conversión, aceptar su salvación, sus leyes, sus preceptos, su proyecto,  es el fundamento de la alegría.

2. La alegría en el Señor: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos (segunda Lectura).


v  Los proyectos del Señor, su providencia, sus preceptos son oferta de salvación; motivo de alegría. Así se expresan los salmos y otros textos de la Escritura

§  En el salmo responsorial de hoy
·         Quien se decide por seguir las palabras exigentes del Señor, experimenta una paz y una serenidad
profundas, y el miedo se transforma en confianza.
- A esto se refiere el salmo Responsorial de hoy, tomado del libro de Isaías (12, 2-6): “He aquí  a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues Yahveh es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.  Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación. y diréis aquel día: Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su nombre. Cantad  a Yahveh, porque ha hecho algo sublime, que es digno de saberse en toda la tierra.  Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión, que grande es en medio de ti el Santo de Israel.
§  En la segunda Lectura de hoy
- También encontramos esa llamada a alegrarnos en el Señor en la segunda Lectura (Filipenses 4, 6-7): Gozaos siempre en el Señor; otra vez os digo, gozaos.  .... No tengáis solicitud  de cosa alguna [no os agobiéis por cosa alguna]   ... la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros sentimientos en Jesucristo.
§  En otros textos de la Escritura
·         La alegría es fruto del Espíritu Santo: Gálatas 5,22; “No consiste el Reino de Dios en comer ni beber,
sino que es justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14, 17); “Los discípulos quedaron llenos de alegría en el Espíritu Santo” (Hechos 13,52).
§  El salmo 1
·         La ley de Dios (su proyecto, su providencia, sus preceptos, etc.) es una oferta de salvación: oferta de
amor que da frutos; si la aceptamos, somos dichosos, felices; y daremos buenos frutos   «como árboles plantados junto al río»;  pero,  si no aceptamos su oferta, terminamos  como la paja que se lleva el viento.  Es lo que leemos en el salmo 1, viernes de la segunda semana de Adviento, en la liturgia de la Misa:   
1 ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni se entretiene  en la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los necios,  2 sino que pone su gozo en la ley del Señor, meditándola día y noche! 3 Es como un árbol plantado junto al río, que da a su tiempo el fruto, y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.4 No sucede lo mismo con los malvados, que son como paja que se lleva el viento. 5 No prevalecerán en el juicio los malvados ni los pecadores en la asamblea  de los justos. 6 Porque el Señor  conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos conduce a la perdición.

o   La alegría se manifiesta incluso en medio de las adversidades

·         La alegría se manifiesta incluso en medio de las adversidades: los Apóstoles, después de haber sido
azotados por orden del Sanedrín, cuando fueron dejados libres se marcharon “contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el nombre del Señor” (Hechos 5,41);    Santiago en su carta, dice que los cristianos deben considerar como una gran gozo el estar “rodeados por toda clase de pruebas” (Santiago 1, 2); San Pablo dice a los cristianos de Corinto: “Estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 7,4). 


Vida Cristiana

3º Domingo de Adviento (2018) Ciclo C. La alegría en el Señor Jesús.




[Chiesa/Omelie1/Avvento/3AdvC18AlegríaEnElSeñor]

Ø 3º Domingo de Adviento (2018) Ciclo C. La alegría en el Señor Jesús.


v  Cfr. Tercer Domingo de Adviento, Ciclo C.

            16 de diciembre de 2018 - Sofonías 3, 14-18a; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

2ª Lectura (Filipenses 4,4-7): Hermanos míos: 4 Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. 5 Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No os preocupéis  por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. 7 Y que la paz de Dios que supera  todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

La alegría del Señor Jesús

    Cfr. San Pablo VI [1], Exhortación Apostólica «Gaudete in Domino», 9 de mayo de 1975.

v  Nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor.

n. 22. Nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor. El gran gozo anunciado por el ángel, la noche de Navidad, lo será de verdad para todo el pueblo (cf. Lc 8,10), tanto para el de Israel que esperaba con ansia un Salvador, como para el pueblo innumerable de todos aquellos que, en el correr de los tiempos, acogerán su mensaje y se esforzarán por vivirlo. Fue la Virgen María la primera en recibir el anuncio del ángel Gabriel y su Magnificat era ya el himno de exultación de todos los humildes. Los misterios gozosos nos sitúan así, cada vez que recitamos el Rosario, ante el acontecimiento inefable, centro y culmen de la historia: la venida a la tierra del Emmanuel, Dios con nosotros. Juan Bautista, cuya misión es la de mostrarlo a Israel, había saltado de gozo en su presencia, cuando aún estaba en el seno de su madre (cf. Lc 1,44). Cuando Jesús da comienzo a su ministerio, Juan «se llena de alegría por la voz del Esposo» (Jn 3,29).

v  El ha experimentado en su humanidad todas nuestras alegrías.

o   El, palpablemente, ha conocido, apreciado, ensalzado toda una gama de alegrías humanas, de esas alegrías sencillas y cotidianas que están al alcance de todos.

n. 23. Hagamos ahora un alto para contemplar la persona de Jesús, en el curso de su vida terrena. El ha experimentado en su humanidad todas nuestras alegrías. El, palpablemente, ha conocido, apreciado, ensalzado toda una gama de alegrías humanas, de esas alegrías sencillas y cotidianas que están al alcance de todos. La profundidad de su vida interior no ha desvirtuado la claridad de su mirada, ni su sensibilidad. Admira los pajarillos del cielo y los lirios del campo. Su mirada abarca en un instante cuanto se ofrecía a la mirada de Dios sobre la creación en el alba de la historia. El exalta de buena gana la alegría del sembrador y del segador; la del hombre que halla un tesoro escondido; la del pastor que encuentra la oveja perdida o de la mujer que halla la dracma; la alegría de los invitados al banquete, la alegría de las bodas; la alegría del padre cuando recibe a su hijo, al retorno de una vida de pródigo; la de la mujer que acaba de dar a luz un niño. Estas alegrías humanas tienen para Jesús tanta mayor consistencia en cuanto son para él signos de las alegrías espirituales del Reino de Dios: alegría de los hombres que entran en este Reino, vuelven a él o trabajan en él, alegría del Padre que los recibe. Por su parte, el mismo Jesús manifiesta su satisfacción y su ternura, cuando se encuentra con los niños deseosos de acercarse a él, con el joven rico, fiel y con ganas de ser perfecto; con amigos que le abren las puertas de su casa como Marta, María y Lázaro.
Su felicidad mayor es ver la acogida que se da a la Palabra, la liberación de los posesos, la conversión de una mujer pecadora y de un publicano como Zaqueo, la generosidad de la viuda. El mismo se siente inundado por una gran alegría cuando comprueba que los más pequeños tienen acceso a la revelación del Reino, cosa que queda escondida a los sabios y prudentes (Lc 10,21). Sí, «habiendo Cristo compartido en todo nuestra condición humana, menos en el pecado» [5], él ha aceptado y gustado las alegrías afectivas y espirituales, como un don de Dios. Y no se concedió tregua alguna hasta que no «hubo anunciado la salvación a los pobres, a los afligidos el consuelo» (cf. Lc 14,18). El evangelio de Lucas abunda de manera particular en esta semilla de alegría. Los milagros de Jesús, las palabras del perdón son otras tantas muestras de la bondad divina: la gente se alegraba por tantos portentos como hacía (cf. Lc 13,17) y daba gloria a Dios. Para el cristiano, como para Jesús, se trata de vivir las alegrías humanas, que el Creador le regala, en acción de gracias al Padre.

v  La alegría de saberse amado por su Padre

n. 24. Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras íntimas del Hijo de Dios hecho hombre. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre. Después de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de su Encarnación, se hace manifiesto: «Tu eres mi hijo amado, mi predilecto» (Lc 3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia que nunca lo abandona (cf. Jn 16,32). Es un conocimiento íntimo el que lo colma: «El Padre me conoce y yo conozco al Padre» (Jn 10,15). Es un intercambio incesante y total: «Todo lo que es mío es tuyo, y todo lo que es tuyo es mío» (Jn 17,19). El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y de disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitación  recíproca: «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,10). En correspondencia, el Hijo tiene para con el Padre un amor sin medida: «Yo amo al Padre y procedo conforme al mandato del Padre» (Jn 14,31). Hace siempre lo que place al Padre, es ésta su «comida» (cf. Jn 8,29; 4,34). Su disponibilidad llega hasta la donación de su vida humana, su confianza hasta la certeza de recobrarla: «Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo» (Jn 10,17). En este sentido, él se alegra de ir al padre. No se trata, para Jesús, de una toma de conciencia efímera: es la resonancia, en su conciencia de hombre, del amor que él conoce desde siempre, en cuanto Dios, en el seno de Padre: «Tú me has amado antes de la creación del mundo» (Jn 17,24). Existe una relación incomunicable de amor, que se confunde con su existencia de Hijo y que constituye el secreto de la vida trinitaria: el Padre aparece en ella como el que se da al Hijo, sin reservas y sin intermitencias, en un palpitar de generosidad gozosa, y el Hijo, como el que se da de la misma manera al Padre con un impulso de gozosa gratitud, en el Espíritu Santo.

v  Estamos llamados a participar de la alegría de Jesús

n.25. De ahí que los discípulos y todos cuantos creen en Cristo, estén llamados a participar de esta alegría. Jesús quiere que sientan dentro de sí su misma alegría en plenitud: «Yo les he revelado tu nombre, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y también yo esté en ellos» (Jn 17,26).

o   La alegría de estar dentro del amor de Dios comienza ya aquí abajo

n.26. Esta alegría de estar dentro del amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es la alegría del Reino de Dios. Pero es una alegría concedida a lo largo de un camino escarpado, que requiere una confianza total en el Padre y en el Hijo, y dar una preferencia a las cosas del Reino. El mensaje de Jesús promete ante todo la alegría, esa alegría exigente; ¿no se abre con las bienaventuranzas? «Dichosos vosotros los pobres, porque el Reino de los cielos es vuestro. Dichosos vosotros lo que ahora pasáis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos vosotros, los que ahora lloráis, porque reiréis» (Lc 6,20-21).



Vida Cristiana




[1] Pablo VI, ​ fue el papa 262º de la Iglesia católica desde el 21 de junio de 1963 hasta su muerte el 6 de agosto de 1978. Fue canonizado como san Pablo VI por el papa Francisco en 2018. Nació el 26 de septiembre de 1897, falleció el 6 de agosto de 1978. 


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