sábado, 29 de diciembre de 2018

Preguntas para mi Navidad: por Santiago Agrelo


“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Si lo crees, no lo digas sin asombro, y, si te asombras, no dejes de contemplar el misterio que has creído.
Considera el porqué de esa Navidad: entrarás en un abismo de amor, insondable como el abismo de Dios.
Mira en el espejo de esa Navidad: entrarás en un abismo de humildad, de pobreza, de debilidad, insondable como el abismo del hombre.
Considera lo que en esa Navidad se te ofrece: entrarás en el misterio de la justicia que tu corazón añora, de la paz que todo tu ser desea, de la alegría que cada sufrimiento te hace recordar, de una vida que sólo ese nacimiento puede revestir de inmortalidad.
Y no dejes de considerar lo que del hombre recibe ese Dios que apareció en el mundo: entrarás en el abismo del pecado, que es rechazo del amor, rechazo del don de Dios, rechazo de Dios.
Considera cómo se ha presentado Dios entre los hombres, y te adentrarás en el misterio de la fe: misterio del Dios escondido, misterio de una búsqueda que es hermana de oscuridades y sufrimientos.
Los padres de Jesús lo buscaron angustiados porque lo amaban, lo habían perdido, y no lo encontraban.
También Herodes lo buscó, pero sólo para matarlo.
Como Herodes, lo buscaron quienes tramaron su muerte y lo mataron.
Otros lo buscaron para escuchar su palabra, que dejaba la vida empapada en esperanza. Otros, porque esperaban ser curados. Otros, casi todos, como el posadero de Belén, ni siquiera cayeron en la cuenta de que Dios había aparecido en el mundo y vivía entre ellos.
“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Me pregunto si he aprendido a conjugar en tiempos de presente los verbos de esta confesión, me pregunto si también yo puedo encontrar a Dios en mis caminos.
El que a Belén llegó pidiendo posada desde el seno de una joven madre, el que a unos pastores se mostró envuelto en pañales y recostado en un pesebre, llama a la puerta de mi casa cada día, pidiendo entrar y que cenemos juntos.
Me pregunto en qué voz podré reconocer su palabra, en qué llanto su queja, en qué cuerpo su necesidad, en qué rostro su presencia.
Me pregunto si alguna vez lo he reconocido en la Eucaristía y en los pobres. ¡Me pregunto si lo amo!

domingo, 23 de diciembre de 2018

LA OBEDIENCIA DE LA FE

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[Chiesa/Omelie1 /4AdvC18ObedienciaFeEscrituraCatecismo]
 Obediencia de la fe. “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo
alcance supera la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios que lo ha
revelado”. "Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que
había de recibir en herencia, y salió sin saber adónde iba"
Hebreos 10, 5-10 (2ª Lectura): Por eso, al entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y ofrenda no quisiste,
pero me has preparado un cuerpo; 6 los holocaustos y sacrificios por el pecado no te han agradado. 7 Entonces
dije: ¡He aquí que vengo, como está escrito de mí al comienzo del libro, para hacer, oh Dios, tu voluntad!» 8
Después de haber dicho antes: «No quisiste ni te agradaron sacrificios y ofrendas ni holocaustos y víctimas
expiatorias por el pecado - cosas que se ofrecen según la Ley -, 9 añade luego: He aquí que vengo a hacer tu
voluntad. Abroga lo primero para establecer el segundo.10 Y en virtud de esta voluntad somos santificados,
merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 1
LA OBEDIENCIA DE LA FE
1. Escritura
 “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo alcance
supera la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios
que lo ha revelado”.
 Romanos 1,5:
"Por quien" – [Jesucristo nuestro Señor resucitado de entre los muertos] - "recibimos la
gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos
los gentiles".
- “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo alcance supera
la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios que lo ha
revelado”. (Nuevo Testamento, Eunsa 1991, nota a Rm 1, 1-15).
- “Como adhesión de fe” (cf. Heh 6,7; Rm 6, 16-17; 10,16; 15,18; 16, 19-26; 2 Co
10, 5-6; 2 Ts 1,8; 1 P 1,22; Hb 5,9; 11,8) (Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer
1998, nota a Romanos 1,5).
 Hebreos 5,9:
El concepto se ha expresado también en la Carta a los Hebreos, donde se dice que el Hijo
de Dios "llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que
le obedecen"
 Hebreos 11,8:
Pero también los antiguos padres se salvaron a través de la obediencia y de la escucha: "Por la
fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en
herencia, y salió sin saber adónde iba"
- “En Abraham, la fe motivó su salida hacia lo desconocido, la espera del nacimiento de
Isaac, el sacrificio de este hijo único”. (Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer 1998, nota
a Hebreos 11,8).
1Cfr. Salmo 40, 7-9: 7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides
holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro - para
hacer tu voluntad; Oseas 6,6: Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos;
Mateo 9, 13: Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a
justos sino a pecadores».
2
 Apertura a los designios de Dios
- “La fe se apoya en una palabra recibida de Dios que anuncia una realidad invisible
y futura. Esto se muestra en la existencia de Israel, que comienza con el éxodo de Abrahán y
se continúa a través de los siglos; esta fe puede ser sometida a duras pruebas, como cuando se
exige a Abrahán que sacrifique a su hijo, como demuestra también el hecho de que todos los
representantes de la Antigua Alianza «murieron sin haber recibido la tierra prometida” (Hans
Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, pp. 275-276)
- “La familia que se funda tanto en la Antigua como en la Nueva Alianza, es en las
dos lecturas [Natividad del Señor, Ciclo A: Gen 15, 1-6; 21, 1-3; Hb 11, 8.11-12.17-19] una
nueva obra de Dios; el cuerpo de Abrahán está ya viejo, Sara, su mujer, es estéril y Abrahán
ha designado ya como heredero un criado de casa, el hijo de su esclava. Pero Dios cambia el
destino: los padres se vuelven fecundos milagrosamente y el hijo de la promesa será un puro
don de Dios. Este episodio constituye por así decirlo el distintivo de todos los matrimonios de
Israel: su fecundidad, orientada hacia el Mesías, recibirá siempre algo de la gracia
sobrenatural de Dios: el hijo es un don de Dios, en el fondo le pertenece y sirve para que sus
planes se cumplan; a la familia no le está permitido cerrarse en sí misma, sino que, al igual
que Dios la ha abierto en el origen, así también debe permanecer abierta a los designios de
Dios. (Hans Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, p.129)
- El sacrificio de Abrahán. Esto llega hasta lo incomprensible, raya en lo intolerable
humanamente hablando, con la prueba a que se somete a Abrahán, cuando Dios le exige que
le sacrifique al hijo de la promesa, a cuya existencia el propio Dios había vinculado sus
promesas (descendencia tan numerosa como «la estrellas del cielo»). Israel ha considerado
siempre este episodio como uno de los más importantes de su historia. Dios entra en la familia
que él mismo ha fundado milagrosamente y la destruye. Humanamente hablando, Dios se
contradice claramente a sí mismo; pero como se trata de Dios, Abrahán obedece y se dispone
a devolver a Dios lo más precioso para él, lo que el mismo Dios le ha dado”. (Hans Urs Von
Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, pp. 129-130)
 Dejar que Dios cumpla sus designios cuando quiera.
- Abraham esperó una ciudad símbolo de todo lo seguro, perduradero y protector. Pero el
cumplimiento de la promesa se retardó. La ciudad prometida no apareció; Abraham murió sin
verla. También sus hijos y sus nietos bajaron al sepulcro sin poder vivir en ella. Pero no
abandonaron su fe. Dejaron que Dios cumpliera sus promesas cuando quisiera. Cada vez se
hizo más evidente que Dios no pensaba en su cumplimiento cercano, sino en un tardío
cumplimiento, que el último cumplimiento trascendía todas las ciudades e incluso
posibilidades de este mundo. "En la fe murieron todos sin recibir las promesas; pero viéndolas
de lejos y saludándolas y confesándose peregrinos y huéspedes sobre la tierra, pues los que
tales cosas dicen dan bien a entender que buscan la patria. Que si se acordaran de aquella de
donde habían salido, tiempo tuvieron para volverse a ella. Pero deseaban otra mejor, esto es,
la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse Dios suyo, porque les tenía preparada
una ciudad" (M. SCHMAUS TEOLOGIA DOGMATICA VII LOS NOVISIMOS RIALP.
MADRID 19617.Pág. 265-277)
 Hay que estar, pues, preparados y atentos a la multiplicidad de
manifestaciones de la vida y hablar y actuar como creyentes en Jesucristo
allí donde estamos.
-Proceso de fe "Por su fe son recordados los antiguos". "La fe es seguridad de lo que se
espera". Seguimos el camino de fe de Abrahán, que resulta verdaderamente interesante y
aleccionador, como lo plantea la carta a los cristianos Hebreos.
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a) "Por fe obedeció Abrahán a la llamada". Siempre somos llamados por Dios. Debemos tener
muy fino el oído para escuchar la llamada de Dios e iniciar nuestra ruta por la fe.
b) "Salió sin saber adonde iba". La fe es una aventura arriesgada. No hay certezas ni
seguridades. Nunca sabemos adonde nos llevará la vida. Es en cada momento que debemos
hacernos la gran pregunta: ahora y aquí, ¿qué debo hacer?
c) "Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas". Debemos vivir
en un sitio concreto, en una tierra, en un pueblo y estar ahí, es decir, participar en la vida del
pueblo, potenciar todo lo que ayude a que la vida sea más agradable; siempre con la
conciencia clara de que ninguna situación es definitiva.
d) "Mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser
Dios". Es alentador y sumamente gratificante saber que cualquier gesto, cualquier acto de
bondad construye el Reino, nos acerca a la ciudad de Dios, hacia aquella región donde "no
habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor".
e) "Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un
linaje". La fe, siempre "fecunda", siempre engendra vida. No vale moverse por los caminos
del desencanto, de la inactividad, diciendo que todo está perdido, que no se puede hacer
nada...
f) "Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac". La fe nos lleva al corazón de la vida y
ésta es muy complicada a veces, muy variada, muy dura. Y ante cada situación debemos
preguntarnos qué nos exige nuestra fe y ser consecuentes con la respuesta. De otro modo
viviríamos un cristianismo puramente teórico y desde la teoría se justifica y se explica todo:
ser cristiano y llevar una vida de lujo, ser cristiano y rico, ser cristiano y hacer negocios poco
transparentes.
Debemos tener muy claro que hay que tener un orden de valores que evidentemente no
es coincidente con el orden de valores de nuestro mundo. Es más bien un ir contracorriente, es
lo de "haceos talegas que no se echen a perder". "un tesoro inagotable en el cielo" del
evangelio de hoy. "Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá", debemos hacer lo que el
Señor quiere. Hay que estar, pues, preparados y atentos a la multiplicidad de manifestaciones
de la vida y hablar y actuar como creyentes en Jesucristo allí donde estamos. (VICENÇ FIOL
MISA DOMINICAL 1989, 16)
 Que podamos discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno,
agradable y perfecto
 Romanos 12, 1-2:
- Os exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros
cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto espiritual. Y no os
amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente,
para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto.
- Cuerpo = vida.
- “En los vv. 1-2 el Apóstol introduce la invitación a dar Dios un culto espiritual, como
consecuencia de la nueva condición dada por el Bautismo”. (Nuevo Testamento, Eunsa
1991, nota a Rm 1, 1-15).
- “Todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia
«para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo» (1 P 2,5), para
realizar cada una de nuestra acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios,
perpetuando así la misión del Dios-Hombre” (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 96)
 El designio del Dios eterno es dado a conocer a todas las gentes por la
obediencia de la fe
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 Romanos 16, 25-26
- “Al que tiene el poder de confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo,
según la revelación del misterio oculto por los siglos eternos, pero ahora manifestado a través
de las Escrituras proféticas conforme al designio del Dios eterno, dado a conocer a todas las
gentes por la obediencia de la fe, a Dios, el único sabio, a Él la gloria por medio de Jesucristo
por los siglos de los siglos. Amén.” (Final de la Carta a los romanos: alabanza o doxología)
2. Catecismo
 Obediencia de la fe es la respuesta del hombre al Dios que revela
o n. 143:
“Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su
ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (Cf DV 5). La Sagrada Escritura llama
«obediencia de la fe» a esta respuesta del hombre a Dios que revela (Cf Rom 1, 5; 16,
26).”
 Obediencia en la fe: es el sometimiento libre a la palabra escuchada
porque su verdad está garantizada por Dios
o n. 144:
“LA OBEDIENCIA DE LA FE - Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse libremente
a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma.
De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen
María es la realización más perfecta de la misma.
 Abraham
o n . 145:
Abraham, «el padre de todos los creyentes» - La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe
de los antepasados insiste particularmente en la fe de Abraham: «Por la fe, Abraham
obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba»
(Hb 11, 8) (Cf Gn 12, 1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra
prometida (Cf Gn 23, 4). Por la fe, a Sara se otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la
fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (Cf Hb 11, 17).
 Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios
o n. 2087:
La fe - Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S. Pablo
habla de la «obediencia de la fe» (Rm 1, 5; 16, 26) como de la primera obligación. Hace ver
en el «desconocimiento de Dios» el principio y la explicación de todas las desviaciones
morales (Cf Rm 1, 18-32). Nuestro deber para con Dios es creer en El y dar testimonio de El.
 La vida de oración: es esencial la obediencia del corazón a Dios; la
oración de Abraham se expresa primeramente con hechos.
o n. 2570:
La Promesa y la oración de la fe - Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino «como
se lo había dicho el Señor» (Gn 12, 4): todo su corazón se somete a la Palabra y obedece. ö La
obediencia del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor
relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de
silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera
oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen
cumplirse (6). De este modo surge desde el principio uno de los aspectos de la tensión
dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.
5
 La contemplación es escucha de la palabra de Dios: no es pasiva, es
obediencia de la fe, acogida y adhesión.
o n. 2716
La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la
obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en
el «sí» del Hijo hecho siervo y en el «fiat» de su humilde esclava.
 Por la fe el hombre se entrega; la fe se actúa en la caridad
o n. 1814:
(...) Por la fe «el hombre se entrega entera y libremente a Dios» (DV 5). Por eso el creyente se
esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. «El justo vivirá por la fe» (Rm 1, 17). La fe
viva «actúa por la caridad» (Ga 5, 6).
 La obediencia de la fe en la Virgen
o n. 148:
“María: «Dichosa la que ha creído» - La Virgen María realiza de la manera más perfecta la
obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel
Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37) (Cf Gn 18, 14) y dando su
asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Isabel
la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte
del Señor!» (Lc 1, 45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (Cf
Lc 1, 48).”
o n. 494:
«Hágase en mí según tu palabra…» - Al anuncio de que ella dará a luz al «Hijo del Altísimo»
sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo (Cf Lc 1, 28-37). María respondió por «la
obediencia de la fe» (Rm 1, 5), segura de que «nada hay imposible para Dios»: «He aquí la
esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 37-38). ö Así dando su
consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo
corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí
misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él,
por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención (Cf LG 56):
Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, «por su obediencia fue causa de la salvación
propia y de la de todo el género humano». Por eso, no pocos Padres antiguos, en su
predicación, coincidieron con él en afirmar: «el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la
obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María
por su fe». ö Comparándola con Eva, llaman a María "Madre de los vivientes" y afirman con
mayor frecuencia: «la muerte vino por Eva, la vida por María» (LG 56).”
o n. 511:
“La Virgen María «colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres». (LG
56) Ella pronunció su «fiat» «loco totius humanae naturae» («ocupando el lugar de toda la
naturaleza humana»): (S. Tomás de A., s. th. 3, 30, 1) Por su obediencia, ella se convirtió en
la nueva Eva, madre de los vivientes.”
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Vida Cristiana

Domingo 4º de Adviento, Ciclo C 23 de diciembre de 2018

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[Chiesa/Omelie1/4AdvC18ObedienciaFeSacrificioVoluntadDios]
 Domingo 4 de Adviento, Ciclo C. (2018) El sacrificio de la voluntad y del corazón. Aprendamos
del Hijo de Dios para hacer la voluntad de Dios Padre: esta es la vocación cristiana. “Aquí estoy … ¡oh
Dios!, para hacer tu voluntad”. (Segunda Lectura). Nuestra redención se ha inaugurado con dos «heme
aquí», «aquí estoy»: el de Cristo y el de María. Es necesario aprender a comprender la voluntad de
Dios. «Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe”. La «obediencia de la fe». La
obediencia a la voluntad de Dios vale más que los sacrificios.
 Cfr. Domingo 4º de Adviento, Ciclo C
23 de diciembre de 2018
Miqueas 5, 1-4a; Salmo 79 2ac.3b.15-16.18.19; Hebreos 10, 5-10; Lucas 1, 39-40
Lucas 1, 39-45: 39 Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad
ubicada en los cerros de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Al oír Isabel su
saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo 42 y exclamó en alta voz:
«¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Cómo he merecido yo que
venga a mí la madre de mi Señor? 44 Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en
mis entrañas. 45 ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
Hebreos 10, 5-10 (2ª Lectura): Por eso, al entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y ofrenda no
quisiste, pero me has preparado un cuerpo; 6 los holocaustos y sacrificios por el pecado no te han
agradado. 7 Entonces dije: ¡He aquí que vengo, como está escrito de mí al comienzo del libro, para
hacer, oh Dios, tu voluntad!» 8 Después de haber dicho antes: «No quisiste ni te agradaron
sacrificios y ofrendas ni holocaustos y víctimas expiatorias por el pecado - cosas que se ofrecen
según la Ley -, 9 añade luego: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Abroga lo primero para
establecer el segundo.10 Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de
una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 1
LA «OBEDIENCIA DE LA FE»
He aquí que vengo a hacer tu voluntad.
(Hebreos 10,9)
El "Heme aquí" del Hijo encuentra un eco fiel en el "Heme aquí" de la Madre (cf. He 10,7),
al igual que en el "Heme aquí" de todos los hijos adoptivos en el Hijo, es decir, de todos nosotros.
(Benedicto XVI, Homilia, 7 de septiembre de 2008)
1. Nuestra redención se ha inaugurado con dos «heme aquí», «aquí estoy».
 a) Jesús vino a este mundo para hacer la voluntad de su Padre Dios.
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o El Padre envía al Hijo. El Hijo acoge la misión: «Aquí estoy... ¡oh Dios!, para
hacer tu voluntad» (Segunda Lectura, Hebreos 10,7).
 El amor significa la unidad de las voluntades. La voluntad del Padre y la
voluntad del Hijo se unen.
1Cfr. Salmo 40, 7-9: 7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni
sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro - para hacer tu voluntad; Oseas
6,6: Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos; Mateo 9, 13: Andad, aprended lo
que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
2
A través de la lectura de la Carta a los Hebreos percibimos las palabras del Hijo de Dios: “Aquí estoy... Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo... Aquí estoy... ¡oh Dios!, para hacer tu
voluntad” (Hebreos 10,5,7).
En estas palabras, la venida de Dios en medio de los hombres toma la forma del misterio de la Encarnación.
Dios ha preparado este misterio desde la eternidad, y ahora lo realiza. El Padre manda al Hijo. El Hijo acoge la
misión. Por obra del Espíritu Santo se hace hombre en el seno de la Virgen de Nazaret. “Y el Verbo se hizo
carne” (Jn 1,14). El Verbo es el Hijo eternamente amado y eternamente amante. El amor significa la unidad de
las voluntades. La voluntad del Padre y la voluntad del Hijo se unen. El fruto de esta unión es el Amor personal,
el Espíritu Santo. El fruto del Amor personal es la Encarnación: “me has preparado un cuerpo”.
 b) El Misterio de la Encarnación, se hace también por obra de la criatura, en
este caso, por obra de María, que dice «Sí, hágase en mí según tu palabra» al
proyecto de Dios: esto se llama la «obediencia de la fe».
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o María oye las palabras de Dios, por las que descubre su vocación, lo que Dios
quiere de ella, y las acepta, obedece a Dios.
(…) “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo
que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (Lucas 1,35).
El Espíritu Santo con su fuerza divina actúa ante todo en el corazón de María. De este modo la fuente del
misterio de la Encarnación se hace la fe de Ella: obediencia de la fe. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en
mí según tu palabra” (Lc 1,38). En la Visitación -de la que habla el Evangelio de hoy-, Isabel alaba antes de nada
la fe de María: “¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,45).
En efecto, en la anunciación María pronuncia su “fiat” en la obediencia de la fe. Este “fiat” es el momento
clave. El misterio de la Encarnación es misterio divino y al mismo tiempo humano. Efectivamente, Aquél
que asume el cuerpo es Dios-Verbo (Dios-Hijo). Y al mismo tiempo el cuerpo que asume es humano.
“Admirable commercium”.
En este momento, cuando la Virgen de Nazaret pronuncia su “fiat” (hágase en mí según tu palabra), el Hijo
puede decir al Padre: “Me has preparado un cuerpo”.
El Adviento de Dios se realiza también por obra del hombre. Mediante la obediencia de la fe. (…)
 c) El misterio de la Encarnación significa el comienzo del nuevo sacrificio: del
perfecto sacrificio. Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10,5-
7). Agrada a Dios el sacrificio en el que se expresa toda la verdad interior del
hombre: el sacrificio de la voluntad y del corazón.
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o Durante el período de la Navidad aprendamos del Hijo de Dios a hacer la
voluntad del Padre. En efecto, ésta es la vocación de los que se han
convertido en “hijos en el Hijo”. Esta es vuestra vocación cristiana. Este es
fruto del Adviento de Dios en la vida humana.
Cuando Cristo entró en el mundo dijo: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un
cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije...: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu
voluntad” (Hebreos 10,5-7).
El misterio de la Encarnación significa el comienzo del nuevo sacrificio: del perfecto sacrificio. El que
es concebido en el seno de la Virgen por obra del espíritu Santo, que nace en la noche de Belén, es Sacerdote
Eterno. Lleva al Sacrificio y realiza el Sacrificio ya en su Encarnación. Es decir, el Sacrificio que “es agradable a
Dios”.
Agrada a Dios el sacrificio en el que se expresa toda la verdad interior del hombre: el sacrificio de
la voluntad y del corazón. El Hijo de Dios asume la naturaleza humana, el cuerpo humano, precisamente para
comenzar dicho sacrificio en la historia de la humanidad.
Lo realizará definitivamente mediante su “obediencia hasta la muerte” (cfr. Filipenses 2,8). Sin
embargo, el comienzo de esta obediencia está ya en el seno de la Virgen María. Ya en la noche de Belén: “Aquí
estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”.
Al rodear al recién nacido, en la noche de Belén y durante todo el período de Navidad, demos desahogo
a la necesidad de nuestros corazones.
Gocemos de esa alegría, que el tiempo de Navidad lleva consigo.
3
Cantemos “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama” (Lucas 2,14).
Y sobre todo: aprendamos hasta el final la verdad contenida en este misterio penetrante: “Aquí
estoy... ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”.
Aprendamos del Hijo de Dios a hacer la voluntad del Padre. En efecto, ésta es la vocación de los que
se han convertido en “hijos en el Hijo”. Esta es vuestra vocación cristiana. Este es fruto del Adviento de Dios en
la vida humana.
 d) La aclamación antes del Evangelio (Lucas 1, 38) y la segunda Lectura de la
Carta a los Hebreos (10,9): «aquí estoy».
Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Anno C, Cittá Nuova 1998, IV Domenica di Avvento, pp. 31-
32.
o Aclamación antes del Evangelio
 “La aclamación antes del Evangelio nos ha puesto ante la respuesta de María al obrar de Dios:
Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. En el párrafo del Evangelio Isabel declara
bienaventurada a la Madre del Señor precisamente por aquel «Aquí estoy» pronunciado en la Anunciación:
Bienaventurada porque has creído. En el fondo de todas las bienaventuranzas está la de la fe:
Bienaventurados los que crean sin haber visto (Juan 20, 29). Creer es fiarse de Dios, es confiarse a Dios;
María se ha fiado de Dios, sin «ver», es decir, sin entender todo y enseguida lo que estaba sucediendo y
cómo habría terminado”.
o Segunda Lectura
 Nuestra redención se ha inaugurado con dos «He aquí», con dos «sí»
dichos a Dios: el de Jesús y el de María; ellos han interrumpido,
respectivamente, los dos «no» antiguos: el de Adán y el de Eva.
 “Si releemos con atención la segunda lectura, descubrimos que también nos habla de un «he aquí»: Al
entrar en este mundo, Cristo dice: ¡He aquí que vengo, … para hacer, oh Dios, tu voluntad! Nuestra
redención se ha inaugurado con dos «He aquí», con dos «sí» dichos a Dios: el de Jesús y el de María; ellos
han interrumpido, respectivamente, los dos «no» antiguos: el de Adán y el de Eva. El sí de María es
radicalmente diverso del sí de Cristo: el de María expresa solamente la humilde aceptación de la criatura y
es fruto del sí de Cristo. Y sin embargo, misteriosamente, este sí que María pronuncia en nombre de todos
nosotros, era también indispensable, porque expresa el consentimiento de la libertad humana que Dios
respeta. Dios no derriba nuestra libertad , sino que la salva”.
2. Evangelio: el encuentro entre María y su prima Isabel
 Entre otras cosas, se pueden resaltar, de este encuentro, las palabras dirigidas
a María: “eres bendita” (v. 42) y “¡dichosa tú (v. 45), por haber creído
[obedecido] que se cumplirían las promesas del Señor!
o Por encima de la maternidad física, Jesús proclama la fidelidad espiritual de
María
 Se pueden relacionar con las alabanzas del mismo Señor (Lucas 11, 27-28): «bienaventurados
más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan». Isabel precisa que la grandeza de María es total
porque María acompañó su maternidad física con la fe en el cumplimiento de las palabras del Señor.
 Nuevo Testamento, Eunsa, 1999, nota Lucas 11, 27-28): “Tal como lo ha entendido la tradición
De la Iglesia, estas frases (vv. 27-28) son un elogio de la grandeza de Santa María. «Por encima de su
maternidad física, Jesús proclama su fidelidad espiritual. Era el elogio de su Madre, de su fiat (Lucas 1,38),
del hágase sincero, entregado, cumplido hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones
aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada» (San Josemaría Escrivá, Es Cristo
que pasa, 172)”.
o Bienaventurada porque has creído
 “El contenido de la bienaventuranza dirigida a María se expresa en el original griego con un
participio que tiene casi como la función de una definición, la «creyente». María es bienaventurada no sólo
porque engendra físicamente a Cristo, como lo entenderá “la mujer entre el gentío”: «Bienaventurado el
vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Sino, como replicará Jesús, es bienaventurada porque «ha
escuchado la palabra de Dios y la ha puesto en práctica». La bendición y la bienaventuranza está unidas entre
sí precisamente por el vínculo de la fe, como ya se decía en el Antiguo Testamento: «Si escuchas de verdad
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la voz del Señor, tu Dios, observando y cumpliendo todos los preceptos que yo te mando hoy, será bendito
el fruto de tu vientre» (Deuteronomio 28, 1.4).
El retrato de María «la creyente» por excelencia, que emerge en el breve himno de Isabel, es la
referencia continua de los Evangelios y de la tradición cristiana (meditemos, por ejemplo, en el hecho de que
en la encíclica mariana de Juan Pablo II la bienaventuranza a «la que ha creído» se repite más de veinte
veces). Por esto, frecuentemente los Padres de la Iglesia han unido María no sólo a Eva, «la madre de todos
los vivientes», sino también a Abrahán, «nuestro padre en la fe». La vida del patriarca ha sido una continua
peregrinación en la fe como sucederá en la de María. Y las etapas de este itinerario se sucederán
frecuentemente en la oscuridad, como en la escena del Calvario, última cita de María en los Evangelios”.
(Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, IV Domenica di Avvento, pp. 31-32).
 Es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios.
Cfr. Benedicto XVI, Homilía al clausurar el Año Paulino, 28 de junio de 2009, en la celebración de las
primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo
o Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual.
Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios
quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado.
 “Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la
segunda parte de la frase 2: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme
nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios
quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios
debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha
ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de
Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo”.
 «Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe”.
Cfr. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», n. 25
 25. “«Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe” (cf. Romanos 16,26;
Romanos 1,5; 2 Corintios 10,5-6), por la que el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece “el
homenaje total de su entendimiento y voluntad”, asintiendo libremente a lo que él ha revelado».[76: Conc.
Ecum. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, 5 ] Con estas palabras, la
Constitución dogmática Dei Verbum expresa con precisión la actitud del hombre en relación con Dios. La
respuesta propia del hombre al Dios que habla es la fe. En esto se pone de manifiesto que «para acoger la
Revelación, el hombre debe abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu Santo que le hace
comprender la Palabra de Dios, presente en las sagradas Escrituras».[77: Propositio 4]”
 La obediencia a la voluntad de Dios vale más que los sacrificios.
 Hacer su voluntad: Biblia de Jerusalén Salmo 40,9: “La obediencia vale más que el sacrificio
(1 Samuel 15,22) 3. Los profetas alertaron con frecuencia a Israel contra prácticas que no empeñaban el
corazón (Amós 5,21+; ver Génesis 8,21+), o contra una confianza presuntuosa en la presencia de Dios en su
Templo (ver Jeremías 3-4+). En el Judaísmo posterior al destierro, sea cual fuere aún la importancia del
Templo como señal de salvación (Za 1,16), el culto interior se va afinando más y más, y las disposiciones del
corazón, la oración, la obediencia, el amor, cobran por sí mismas valor de culto (Salmos 50; 51,19; 69, 31-
32; 141,2; Proverbios 21,3; ver también Tobías 4,11; Sirácida 34,18-35,10). Esta evolución prepara la
supervivencia del Judaísmo después de la destrucción del Templo y proseguirá en el NT (Romanos 1,9+;
12,1+).”
3. Catecismo de la Iglesia Católica: la obediencia de la fe.
 Un resumen
 A) La obediencia de la fe es la respuesta del hombre al Dios que revela. n. 143: “Por la fe,
2 Romanos 12, 2: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra
mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios...".
3 1 Samuel 15, 22: ¿Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y los sacrificios tanto como en la
obediencia a la palabra de Yahvé? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros”.
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el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su
asentimiento a Dios que revela (Cf Dei Verbum 5). La Sagrada Escritura llama «obediencia de la fe» a esta
respuesta del hombre a Dios que revela (Cf Romanos 1, 5; 16, 26)”.
 B) La obediencia en la fe es el sometimiento libre a la palabra escuchada porque su verdad
está garantizada por Dios. n. 144: “La obediencia de la fe - Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse
libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta
obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización
más perfecta de la misma.
 C) n. 1831: [Los siete dones del Espíritu Santo]Hacen a los fieles dóciles para obedecer con
prontitud a las inspiraciones divinas.
 D) n. 2087: La fe - Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S.
Pablo habla de la "obediencia de la fe" (Romanos 1, 5; Romanos 16, 26) como de la primera obligación. (…)
Nuestro deber para con Dios es creer en él y dar testimonio de él.
 E) n. 2716: La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es
la obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el "sí" del
Hijo hecho siervo y en el "fiat" de su humilde esclava.
 F) n. 2825: Jesús, "aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia" (Hebreos 5, 8).
¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar nosotros, criaturas y pecadores, que hemos llegado a ser
hijos de adopción en él! Pedimos a nuestro Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para cumplir su
voluntad, su designio de salvación para la vida del mundo. Nosotros somos radicalmente impotentes para
ello, pero unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad
y decidir escoger lo que su Hijo siempre ha escogido: hacer lo que agrada al Padre (cf Jn 8, 29): "Adheridos
a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará
tanto en la tierra como en el cielo" (Orígenes, or. 26).
 La “obediencia de la fe” en María
o "Por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género
humano"
 n. 494 : "Hágase en mí según tu palabra… " - Al anuncio de que ella dará a luz al "Hijo del
Altísimo" sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo (cf. Lucas 1, 28 - 37), María respondió por "la
obediencia de la fe" (Romanos 1, 5), segura de que "nada hay imposible para Dios": "He aquí la esclava del
Señor: hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1, 37 - 38). Así dando su consentimiento a la palabra de Dios,
María llegó a ser Madre de Jesús y , aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que
ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para
servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención (cf. Lumen Gentium
56):
"Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, "por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de
todo el género humano". Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en
afirmar "el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen
Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe". Comparándola con Eva, llaman a María
`Madre de los vivientes' y afirman con mayor frecuencia: "la muerte vino por Eva, la vida por
María". "(Lumen gentium. 56).
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Vida Cristiana

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