domingo, 19 de mayo de 2019

El amor hace nuevo el universo: por Santiago Agrelo

Considéralo el uniforme de la institución, la señal por la que puedan ser reconocidos los discípulos de Jesús: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Cada vez que celebramos la Eucaristía nos sumergimos en ese misterio de amor que hemos de imitar en la vida: confesamos el amor que Dios nos tiene, entramos en comunión con el Hijo de Dios que, en el don sacramental, nos manifiesta el amor extremo que había manifestado en la entrega de su vida.
Cada vez que celebramos la Eucaristía entramos en esa escuela de amor para recibir, con el cuerpo de Cristo, su forma de amar: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Se acercan ya los días de la separación. Jesús, glorificado, exaltado a la derecha de Dios, vuelve al Padre. Vuelve, pero se queda. Vuelve al Padre y se queda con nosotros en el amor con que nos amamos.
Ése es el camino que lleva al mundo nuevo, a la nueva humanidad: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Ése es también el testamento de Jesús, el mandato nuevo, su mandato, el que da a los suyos cuando ya le queda poco de estar con ellos: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Acogido, abrazado, cumplido, ese mandato hace nueva la tierra, nuevo el cielo, nueva la ciudad santa.
Este mandato, acogido, abrazado, cumplido, hace de ti, Iglesia de Cristo, la morada del amor, la morada de Dios con los hombres
El amor que es Dios, enjugará las lágrimas de los que lloran: “Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”.
El amor que es Dios, el amor con que eres amada en Cristo, el amor con que Dios ama en ti, ese amor hace nuevo el universo.
Escucha el mandato. Comulga el mandato. Entra por la Eucaristía en la novedad del mundo.
Feliz domingo, Iglesia discípula del amor.

Domingo 5º de Pascua, Ciclo C. (19 de mayo de 2019). La fe y las tribulaciones en la vida cristiana.







[Chesa/Omelie1/Pasqua/5PascuaC19FeTribulaciones]
Domingo 5º de Pascua, Ciclo C. (19 de mayo de 2019). La fe y las tribulaciones en la vida
cristiana.

Cfr. Domingo 5º de Pascua, Ciclo C.
19 de mayo de 2019
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, pp. 126-132; Temi di Predicazione – Omelie, 49 Nuova Serie Ciclo C, Editrice Domenicana Italiana, pp. 56-64

1ª Lectura, Hechos de los apóstoles 14, 21b-27 : En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y  exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que es preciso que entremos  en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones. En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.
2ª Lectura, Apocalipsis 21, 1-5a : 1 Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. 2 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. 3 Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. 4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: - «Todo lo hago nuevo.»
Evangelio, San Juan 13, 31-33a. 34-35: Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: - «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»


LA FE Y LAS PRUEBAS/TRIBULACIONES DE LA VIDA

Pablo y Bernabé animaban a los discípulos de Jesús
a “perseverar en la fe” diciéndoles
“que es preciso que entremos en el reino de Dios
a través de muchas tribulaciones”
(1ª Lectura) 
1. La fe y las tribulaciones 
- Son elementos de nuestra identidad cristiana. La fuerza de la fe ayuda a afrontar las  dificultades de la vida con la fuerza que viene de Dios. La fuerza de la fe es alimentada por la memoria de los beneficios recibidos de Dios. Pablo y Bernabé exhortan  a perseverar en la fe, diciendo: «es preciso que entremos  en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones». (1ª Lectura, Hechos 14, 21b-27.)

Las tribulaciones o pruebas se dan en la vida de todo hombre y también, por tanto, del cristiano
o Significado del vocablo “prueba”
Acerca de la prueba - la palabra griega  peirasmós es muy frecuente en la Escritura -  se ha escrito
que originariamente significa “exploración”, “intento”. Se trata de comprobar lo que uno vale, su fidelidad, su resistencia, su fuerza. A este sentido originario se añaden otros dos en la Biblia: a) la tentación, que empuja al pecado; b) la prueba a la que se refiere Jesús  , que son las dificultades que con frecuencia encontramos en nuestra vida,  que pueden venir incluso de parte de Dios. Estas dificultades se pueden llamar de diversos modos (pruebas, tribulaciones, etc.) y forman parte de la vida del hombre sobre la tierra. Job dice: ¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra? (7,1).
o Los servidores del Señor contamos con las dificultades en nuestra vida
     cotidiana.
Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 60
¡Cómo ha sido desfigurado el cristianismo, cuando ha querido hacerse de él una vía cómoda!
El cristiano conoce todo y se enfrenta con todo, lleno de
                                               entereza humana y de la fortaleza que recibe de Dios.
(…) Comportémonos en todas las cosas como servidores del Señor. Si te das como El quiere,
la acción de la gracia se manifestará en tu conducta profesional, en el trabajo, en el empeño para hacer
a lo divino las cosas humanas, grandes o pequeñas, porque por el Amor todas adquieren una nueva
dimensión.
(…) No podemos olvidar que querer ser servidores de Dios no es fácil. Sigamos con el texto de San Pablo, que recoge la Epístola de la Misa de este domingo  , para recordar las dificultades: Como servidores de Dios — escribe el Apóstol —, con mucha paciencia en medio de tribulaciones, de necesidades, de angustias, de azotes, de cárceles, de sediciones, de trabajos, de vigilias, de ayunos; con pureza, con doctrina, con longanimidad, con mansedumbre, con Espíritu Santo, con caridad sincera, con palabras de verdad, con fortaleza de Dios ( 2 Corintios 6, 4-7).
En los momentos más dispares de la vida, en todas las situaciones, hemos de comportarnos como servidores de Dios, sabiendo que el Señor está con nosotros, que somos hijos suyos. Hay que ser conscientes de esa raíz divina, que está injertada en nuestra vida, y actuar en consecuencia.
Estas palabras del Apóstol deben llenaros de alegría, porque son como una canonización de vuestra vocación de cristianos corrientes, que vivís en medio del mundo, compartiendo con los demás hombres, vuestros iguales, afanes, trabajos y alegrías. Todo eso es camino divino. Lo que os pide el Señor es que, en todo momento, obréis como hijos y servidores suyos.
Pero esas circunstancias ordinarias de la vida serán camino divino, si de verdad nos convertimos, si nos entregamos. Porque San Pablo habla un lenguaje duro. Promete al cristiano una vida difícil, arriesgada, en perpetua tensión. ¡Cómo ha sido desfigurado el cristianismo, cuando ha querido hacerse de él una vía cómoda! Pero también es una desfiguración de la verdad pensar que esa vida honda y seria, que conoce vivamente todos los obstáculos de la existencia humana, sea una vida de angustia, de opresión o de temor.
El cristiano es realista, con un realismo sobrenatural y humano, que advierte todos los matices de la vida: el dolor y la alegría, el sufrimiento propio y el ajeno, la certeza y la perplejidad, la generosidad y la tendencia al egoísmo. El cristiano conoce todo y se enfrenta con todo, lleno de entereza humana y de la fortaleza que recibe de Dios.
o Se trata, por la acción del Espíritu Santo, ni más ni menos, que de la experiencia de la paternidad divina por parte de los hijos de Dios.
 Cfr. San Josemaría Escrivá, Carta 9-I-1959, n. 60. En “Vida cotidiana y santidad en
la  enseñanza de San Josémaría, Vol. 2, Rialp 1911, p. 31. 
“Qué confianza, que descanso y que optimismo os dará, en medio de las dificultades, sentiros
hijos de un Padre, que todo lo sabe y todo lo puede”.

3. Relación entre  la fe y las pruebas y el Reino de Dios
Lo relaciona el mismo Señor: dos textos significativos.
Cfr. Juan 12, 24. Es la ley de la semilla que debe dar fruto: el grano de trigo caído en tierra.
Lucas 22, 28-29: «Vosotros sois los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones  . Por
eso yo os preparo un Reino como mi Padre me lo preparó a mí».
o En la predicación de los Apóstoles
Pablo y Bernabé
Los apóstoles Pablo y Bernabé , en la 1ª Lectura, exhortan, animan, a perseverar en la fe, «
diciendo que es preciso que entremos  en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones».
Gianfranco Ravasi, o.c. “Secondo le Scritture ….”,  p. 130: Es la ley de la semilla que debe
morir para dar fruto. “Cristo ha venido para poner en tensión las conciencias, despertándolas del torpor; su mensaje es desconcertante y provoca los lugares comunes, lo equilibrios artificiales, los cómodos egoísmos de los hombres. 
Cuando [Cristo] todavía era niño, Él  desencadena a su alrededor el odio cruel del poder de Herodes y el «profeta» Simeón con una sola frase consigue desvelar el «escándalo» que la presencia de Cristo provocará en la historia: «Éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción» (Lc 2,34). Y hasta el último instante su presencia será la de  «la piedra que rechazaron los constructores  pero que llega a ser piedra angular ...; quien caiga sobre esta piedra se despedazará, y al que le caiga encima lo aplastará» (Mt 21, 42.44). También el discípulo sabe que es signo de contradicción. Graham Greene, famoso escritor inglés fallecido en 1991,  afirmaba que «si no habéis dicho jamás alguna cosa que desagrade a alguien, es señal de que no habéis dicho siempre la verdad». Para el cristiano existe el riesgo de aguar el vino puro del mensaje evangélico; existe la tentación de la uniformidad y del compromiso con una sociedad cada vez más post-cristiana; existe el deseo de huir de las tribulaciones que se deben padecer a favor de los hermanos y del Reino de Dios”.
Pedro, Pablo, Santiago
Además de la exhortación de Pablo y Bernabé en los Hechos, también hay otros numerosos
textos de la predicación de los Apóstoles: resaltan  la alegría o el gozo que da el Espíritu Santo, en medio de las tribulaciones que producen frutos.
1 Pedro 1,  3-7: 3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran
misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, 4 a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento. 6 Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, 7a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo.
2 Pedro 2,9: el Señor sabe librar de las pruebas a los piadosos y guardar a los impíos para
castigarles en el día del Juicio
Pablo en Hechos 20, 18-19: «18 Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde
el primer día que entré en Asia, 19 sirviendo al Señor con toda humildad y lágrimas y con las pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos».
Santiago 1, 2-3: 2 Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, 3 sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento.
1 Tesalonicenses 1, 6-7: 6 . Por vuestra parte, os hicisteis imitadores nuestros y del Señor, abrazando la Palabra con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones. 7 De esta manera os habéis convertido en modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
1 Tesalonicenses 3, 2-7: Os enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el
Evangelio de Cristo, para afianzaros y daros ánimos en vuestra fe, 3 para que nadie vacile en esas tribulaciones. Bien sabéis que este es nuestro destino: 4 ya cuando estábamos con vosotros os predecíamos que íbamos a sufrir tribulaciones, y es lo que ha sucedido, como sabéis. 5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar ya más, le envié para tener noticias de vuestra fe, no fuera que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo quedara reducido a nada. 6 Nos acaba de llegar de ahí Timoteo y nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y vuestra caridad; y dice que conserváis siempre buen recuerdo de nosotros y que deseáis vernos, así como nosotros a vosotros. 7 Así pues, hermanos, hemos recibido de vosotros un gran consuelo, motivado por vuestra fe, en medio de todas nuestras congojas y tribulaciones.
2 Corintios 6, 3-10: 3 . A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga
mofa del ministerio, 4 . antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias; 5 en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; 6 en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera, 7 en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda; 8 en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces; 9 como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; 10 . como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.
2 Corintios 7, 4: 4 Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy
lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
Romanos 5, 3-5: 3 Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la
tribulación engendra la paciencia; 4 la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, 5 y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
Cfr. además: 2 Corintios 7, 5; 8,2;  2 Tesalonicences 1,4;  Hechos 7, 10; 20,23; Colosenses 1,24;
Efesios 3,13; Hebreos 10, 33.
o En el Catecismo de la Iglesia Católica
En la adhesión total  a Dios no habrá ni penas ni pruebas
CEC n. 45: El hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su dicha.
 «Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, no habrá ya para mí penas ni pruebas, y mi vida, toda llena de ti, será plena» (S. Agustín, conf. 10, 28, 39).
La llegada a la gloria no se consuma sin grandes pruebas; la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios
CEC 769: La Iglesia «sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo» (LG 48), cuando Cristo
 vuelva glorioso. Hasta ese día, «la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios» (S. Agustín, civ. 18, 51; cf LG 8). Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor (Cf 2 Co 5, 6; LG 6), y aspira al advenimiento pleno del Reino, «y espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su Rey en la gloria» (LG 5). La consumación de la Iglesia en la gloria, y a través de ella la del mundo, no sucederá sin grandes pruebas. Solamente entonces, «todos los justos descendientes de Adán, "desde Abel el justo hasta el último de los elegidos" se reunirán con el Padre en la Iglesia universal» (LG 2).
En las pruebas, los Macabeos confesaron su fe en la resurrección
CEC 992: La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo.  La
esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también Aquel que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la resurrección. En sus pruebas, los mártires Macabeos confiesan: El Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna (2 M 7, 9). Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él (2 M 7, 14) (Cf 7, 29; Dn 12, 1-13).

4. La virtud de la fortaleza,  que viene de la caridad de Dios que se ha derramado en nuestros corazones, hace frente a las pruebas 
CEC 1808: La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la
constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. «Mi fuerza y mi cántico es el Señor» (Sal 118, 14). «En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).

5. La prueba no es señal de que Dios nos ha abandonado
     Cfr. Nueva Biblia de Jerusalén, 1998, Desclée de Brouwer, Hebreos 12,7
“A los ojos de la fe, las pruebas de esta vida forman parte de la pedagogía paternal de
Dios con respecto a sus hijos. La argumentación descansa en la noción bíblica de educación, mûsar, paideia, que significa instrucción por medio de la corrección. Ver Job 5, 5,17; 33,19; Salmo 94,12; Sirácida 1,27;4,17; 23.2+: aquí se considera la tribulación como una corrección que supone, y, por tanto,  manifiesta la paternidad de Dios.”

6. Un ejemplo, en el AT, de las pruebas que puede pedir el Señor para realizar su designio. El caso de Abrán.
Cfr. Gianfranco Ravasi, Guía espiritual del Antiguo Testamento, El libro del Génesis (12-50), Herder Ciudad Nueva 1994

Abraham se marchó conforme le había mandado el Señor.
o    A) El relato del Génesis 12, 1-4:
1Yahveh dijo a Abrán: «Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré; 2 De ti haré un gran pueblo, te bendeciré, y engrandeceré tu nombre que servirá de bendición. 3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan; en  ti serán  bendecidos todos los pueblos de la tierra.» 4 Marchó, pues, Abrán, tal como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán.

B) La triple ruptura de Abrán: deja su tierra, su patria, la casa de su padre  (Ravasi  cap. 1 La certeza, pp. 33-35)
- Abrán es el hombre de la fe pronta y desnuda, de la fe sin objeciones ni vacilaciones,
totalmente consagrado a la misión recibida (Cfr. Ravasi, p. 30)
- Ravasi, pp. 33-34: Tierra: “su horizonte material, sus propiedades, sus bienes, las
pequeñas y grandes cosas a que estaba acostumbrado, los paisajes y los objetos, los amaneceres y los atardeceres dentro de un marco conocido, ese cálido rincón que es la vida cotidiana” (Ravasi, 33); patria: “el «lugar natal», es decir, el horizonte humano y cultural, los usos y costumbres, la religión nacional, el estilo social de vida, la propia identidad general, modelada por el entorno humano y sus valores” (Ravasi, 33); casa de su padre: “la familia, el clan, con toda su red de relaciones humanas, afectivas, hereditarias, morales, económicas, tradicionales. Es aquí donde la vida continúa y donde el «nombre» se conserva asegurando la inmortalidad en la memoria de sus miembros, que se suceden de generación en generación a través de las cadenas de las genealogías, de las que el Génesis nos ofrece una amplia documentación”. Este último nivel de renuncia es, absolutamente hablando, el más áspero, genera miedo y soledad, es un auténtico desgarro, porque es como salir de un seno cálido y protegido para afrontar la oscuridad y la incertidumbre del mundo exterior”.


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Vida Cristiana 

sábado, 11 de mayo de 2019

¿Qué quiso decir Jesús con “yo soy el buen Pastor”?



[Chiesa/Testi/Gesucristo/JesucristoEsElBuenPastorAleteia]

¿Qué quiso decir Jesús con “yo soy el buen Pastor”?


Roberto Mena | May 07, 2017

A eso es lo que debería aspirar

cualquier cristiano con alguien a su cargo


“Yo soy el buen pastor” (Juan 10,11) es la cuarta de las siete declaraciones “Yo soy” de Jesús registradas sólo en el Evangelio de Juan. Estas proclamas “Yo soy” apuntan a Su identidad y propósito único y divino. Inmediatamente después de declarar que Él es “la puerta” en Juan 10, 7, Jesús declara: “Yo soy el buen pastor”. Él se describe a sí mismo no sólo como “el Pastor”, sino como “el Buen Pastor”.
Debe entenderse que Jesús es “el Buen Pastor, no simplemente “un buen pastor, como otros pueden ser, sino que es único en su carácter (Salmo 23, Zacarías 13, 7, Hebreos 13,20, 1 Pedro 2:,25; 1 Pedro 5, 4).
La palabra griega kalos, traducida como “buena”, describe lo que es noble, sano, bueno y bello, en contraste con lo malo y desagradable. Significa no sólo lo que es bueno interiormente, sino también lo que es atractivo exteriormente. Es una bondad innata.
Por lo tanto, al usar la frase “el buen pastor”, Jesús está haciendo referencia a Su bondad inherente, Su justicia y Su belleza. Como el pastor de las ovejas, Él es el que protege, guía y nutre a su rebaño.
Como lo hizo al declarar que Él es “la puerta de las ovejas” en Juan 10:,7, Jesús está haciendo un contraste entre Él y los líderes religiosos, los fariseos (Juan 10, 12-13). Los compara con un “mercader” o “mano contratada” que no se preocupa por las ovejas.
En Juan 10, 9, Jesús habla de ladrones y ladrones que trataron de entrar sigilosamente en el rebaño. En ese pasaje los líderes judíos (fariseos) se contrastan con Cristo, que es la Puerta. Aquí, en Juan 10,12, el mercenario se contrasta con el pastor verdadero o fiel que voluntariamente da su vida por las ovejas.
El que es un “asalariado” trabaja por salarios, que son su principal consideración. Su preocupación no son las ovejas sino él mismo.
Curiosamente, los pastores de la antigüedad no eran generalmente los dueños del rebaño. Sin embargo, se esperaba que ellos ejercieran el mismo cuidado y preocupación que los propietarios. Esto era característico de un verdadero pastor. Sin embargo, algunos de los mercenarios pensaban sólo en sí mismos. Como resultado, cuando un lobo apareció -la amenaza más común a las ovejas en ese día- el mercader abandonó el rebaño y huyó, dejando las ovejas para ser esparcidas o muertas (Juan 10, 12-13).
Primero, para comprender mejor el propósito de un pastor durante los tiempos de Jesús, es útil darse cuenta de que las ovejas son totalmente indefensas y totalmente dependientes del pastor. Las ovejas están siempre sujetas a peligro y siempre deben estar bajo la atenta mirada del pastor mientras pastan.
Por los valles, precipitaciones de agua repentinas y fuertes pueden arrastrarlas, los ladrones pueden robarlas y los lobos pueden atacar al rebaño. David cuenta cómo mató a un león y a un oso mientras defendía el rebaño de su padre como pastor (1 Samuel 17,36).
Conduciendo nieve en invierno, polvo cegador y arenas ardientes en verano, largas y solitarias horas cada día, todo esto el pastor aguarda pacientemente por el bienestar del rebaño. De hecho, los pastores eran frecuentemente sometidos a un grave peligro, a veces incluso dando sus vidas para proteger a sus ovejas.
Igualmente, Jesús dio Su vida en la cruz como “el Buen Pastor” por su cuenta. El que salvaría a otros, aunque tuviera el poder, no escogió salvarse a sí mismo. “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20,28).
Por medio de su sacrificio voluntario, el Señor hizo posible la salvación para todos los que acuden a Él con fe. Al proclamar que Él es el Buen Pastor, Jesús habla de “dar” Su vida por Sus ovejas (Juan 10,15, 17-18).
La muerte de Jesús fue divinamente designada. Sólo por medio de Él recibimos la salvación. “Soy el buen pastor; Y conozco mis ovejas, y soy conocido por los míos“(Juan 10,14).
Además, Jesús deja claro que no fue sólo para los judíos que Él dio su vida, sino también para las “otras ovejas que tengo que no son de este pliegue; también yo los traeré, y oirán mi voz; Y habrá un rebaño y un pastor” (Juan 10,16). Las “otras ovejas” claramente es una referencia a los gentiles. Como resultado, Jesús es el Buen Pastor de todos, judíos y gentiles, los que llegan a creer en Él (Juan 3,16).



Vida Cristiana

Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado del «buen pastor». (2019).








Ø Cfr. Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado del «buen pastor». (2019). Cfr. San Josemaría Escrivá, «Es Cristo que pasa»,  La lucha interior, Responsabilidad de los pastores

       (Homilía pronunciada el 4-IV-1971, Domingo de Ramos)

n. 81.

o   Responsabilidad de los pastores

En la Iglesia de Dios, el tesón constante por ser siempre más leales a la doctrina de Cristo, es obligación de todos. Nadie está exento. Si los pastores no luchasen personalmente para adquirir finura de conciencia, respeto fiel al dogma y a la moral -que constituyen el depósito de la fe y el patrimonio común-, cobrarían realidad las proféticas palabras de Ezequiel: Hijo del hombre, profetiza contra los pastores de Israel. Profetiza, diciéndoles: así habla el Señor Yavé: ¡ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño? Vosotros comíais la grosura de las ovejas, os vestíais de su lana... No confortasteis a las flacas, no curasteis a las enfermas, no vendasteis a las heridas, no redujisteis a las descarriadas, no buscabais a las que se habían perdido, sino que dominabais a todas con violencia y dureza [Ezequiel 34, 2-4].
Son reprensiones fuertes, pero más grave es la ofensa que se hace a Dios cuando, habiendo recibido el encargo de velar por el bien espiritual de todos, se maltrata a las almas, privándoles del agua limpia del Bautismo, que regenera al alma; del aceite balsámico de la Confirmación, que la fortalece; del tribunal que perdona, del alimento que da la vida eterna.
¿Cuándo puede suceder esto? Cuando se abandona esta guerra de paz. Quien no pelea, se expone a cualquiera de las esclavitudes, que saben aherrojar los corazones de carne: la esclavitud de una visión exclusivamente humana, la esclavitud del deseo afanoso de poder y de prestigio temporal, la esclavitud de la vanidad, la esclavitud del dinero, la servidumbre de la sensualidad...
Si alguna vez, porque Dios puede permitir esa prueba, tropezáis con pastores indignos de este nombre, no os escandalicéis. Cristo ha prometido asistencia infalible e indefectible a su Iglesia, pero no ha garantizado la fidelidad de los hombres que la componen. A estos no les faltará la gracia -abundante, generosa- si ponen de su parte lo poco que Dios pide: vigilar atentamente empeñándose en quitar, con la gracia de Dios, los obstáculos para conseguir la santidad. Si no hay lucha, también el que parece estar alto puede estar muy bajo a los ojos de Dios. Conozco tus acciones, tu conducta; sé que tienes nombre de viviente y estás muerto. Está atento y consolida lo que queda de tu grey, que está para morir, pues no he hallado tus obras cabales en presencia de mi Dios. Recuerda, qué cosas has recibido y oíste, y guárdalas y arrepiéntete [Apocalipisis 3, 1-3].
Son exhortaciones del apóstol San Juan, en el siglo primero, dirigidas a quien tenía la responsabilidad de la Iglesia en la ciudad de Sardis. Porque el posible decaimiento del sentido de la responsabilidad en algunos pastores no es un fenómeno moderno; surge ya en tiempos de los apóstoles, en el mismo siglo en el que había vivido en la tierra Jesucristo Nuestro Señor. Y es que nadie está seguro, si deja de pelear consigo mismo. Nadie puede salvarse solo. Todos en la Iglesia necesitamos de esos medios concretos que nos fortalecen: de la humildad, que nos dispone a aceptar la ayuda y el consejo; de las mortificaciones, que allanan el corazón, para que en él reine Cristo; del estudio de la Doctrina segura de siempre, que nos conduce a conservar en nosotros la fe y a propagarla.

n. 34.

o   Buen pastor, buen guía. 

Si la vocación es lo primero, si la estrella luce de antemano, para orientarnos en nuestro camino de amor de Dios, no es lógico dudar cuando, en alguna ocasión, se nos oculta. Ocurre en determinados momentos de nuestra vida interior, casi siempre por culpa nuestra, lo que pasó en el viaje de los Reyes Magos: que la estrella desaparece. Conocemos ya el resplandor divino de nuestra vocación, estamos persuadidos de su carácter definitivo, pero quizá el polvo que levantamos al andar -nuestras miserias- forma una nube opaca, que impide el paso de la luz.
¿Qué hacer, entonces? Seguir los pasos de aquellos hombres santos: preguntar. Herodes se sirvió de la ciencia para comportarse injustamente; los Reyes Magos la utilizan para obrar el bien. Pero los cristianos no tenemos necesidad de preguntar a Herodes o a los sabios de la tierra. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino. Disponemos de un tesoro infinito de ciencia: la Palabra de Dios, custodiada en la Iglesia; la gracia de Cristo, que se administra en los Sacramentos; el testimonio y el ejemplo de quienes viven rectamente junto a nosotros, y que han sabido construir con sus vidas un camino de fidelidad a Dios.
Permitidme un consejo: si alguna vez perdéis la claridad de la luz, recurrid siempre al buen pastor. ¿Quién es el buen pastor? El que entra por la puerta de la fidelidad a la doctrina de la Iglesia; el que no se comporta como el mercenario que viendo venir el lobo, desampara las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño [103]. Mirad que la palabra divina no es vana; y la insistencia de Cristo -¿no veis con qué cariño habla de pastores y de ovejas, del redil y del rebaño?- es una demostración práctica de la necesidad de un buen guía para nuestra alma.
Si no hubiese pastores malos, escribe San Agustín, El no habría precisado, hablando del bueno. ¿Quién es el mercenario? El que ve el lobo y huye. El que busca su gloria, no la gloria de Cristo; el que no se atreve a reprobar con libertad de espíritu a los pecadores. El lobo coge una oveja por el cuello, el diablo induce a un fiel a cometer adulterio. Y tú, callas, no repruebas. Tú eres mercenario; has visto venir al lobo y has huido. Quizá él diga: no; estoy aquí, no he huido. No, respondo, has huido porque te has callado; y has callado, porque has tenido miedo [104].
La santidad de la Esposa de Cristo se ha demostrado siempre -como se demuestra también hoy- por la abundancia de buenos pastores. Pero la fe cristiana, que nos enseña a ser sencillos, no nos induce a ser ingenuos. Hay mercenarios que callan, y hay mercenarios que hablan palabras que no son de Cristo. Por eso, si el Señor permite que nos quedemos a oscuras, incluso en cosas pequeñas; si sentimos que nuestra fe no es firme, acudamos al buen pastor, al que entra por la puerta ejercitando su derecho, al que, dando su vida por los demás, quiere ser, en la palabra y en la conducta, un alma enamorada: un pecador quizá también, pero que confía siempre en el perdón y en la misericordia de Cristo.
Si vuestra conciencia os reprueba por alguna falta -aunque no os parezca grave-, si dudáis, acudid al Sacramento de la Penitencia. Id al sacerdote que os atiende, al que sabe exigir de vosotros fe recia, finura de alma, verdadera fortaleza cristiana. En la Iglesia existe la más plena libertad para confesarse con cualquier sacerdote, que tenga las legítimas licencias; pero un cristiano de vida clara acudirá -¡libremente!- a aquel que conoce como buen pastor, que puede ayudarle a levantar la vista, para volver a ver en lo alto la estrella del Señor.


Vida Cristiana


4º Domingo de Pascua, Ciclo C. 12 de mayo de 2019







Ø Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado «del buen pastor». (2019). El buen pastor es Cristo. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena en el exterior de nosotros: es una gracia que precede la historia de cada uno. Los cristianos debemos escuchar la voz del Señor y seguirle. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida.  Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor. Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. La meta de la vocación cristiana es la vida eterna, es decir, la comunión de vida con Dios.  El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. Es decir, tiene implicaciones éticas. El verdadero conocimiento lleva a la comunión. Jornada mundial por las vocaciones.. "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.


v  Cfr. 4º Domingo de Pascua, Ciclo C.  12 de mayo de 2019

            Evangelio: Juan 10, 27-30; 2ª Lectura: Apocalipsis 7, 9.14-17;
      Cfr. Temi di predicazione – Omelie – editrice dominicana italiana – n. 102 Nuova Serie – IV Domenica di Pasqua;
      Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme, I edizione economica 1999, IV Domenica del Tempo di
      Pasqua.

Segunda Lectura, Apocalipsis 7, 9.14b-17: 9 Yo, Juan, vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero. 15 Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habitará en medio de ellos. 16 Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, 17 pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor, que los conducirá a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.
Evangelio, Juan 10, 27-30: 27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno.
Aleluya antes del Evangelio: Juan 10, 14: Yo soy el buen Pastor – dice el Señor -, conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

JESUCRISTO ES EL BUEN PASTOR

Mis ovejas escuchan mi voz

Yo las conozco y ellas me siguen

(Juan 10, 27)
·         Jesucristo, Buen Pastor, nos conoce a cada uno de nosotros. En el Evangelio de hoy nos dice:
“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10,27-29).


1. «Escuchar» (Juan 10, 27) en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. 

v  Quien ha escuchado y se ha dado a conocer y ha conocido a Dios «sigue» a Cristo como a su único Pastor

·         Ravasi o.c.: “El hombre debe «escuchar» y sabemos que en el lenguaje bíblico ese verbo está cargado
de resonancias ulteriores que implican también la adhesión gozosa, la obediencia, la elección de vida”.   p. 121
            “Se establece una comunicación íntima y profunda entre Cristo y el discípulo, que es definida por una grande palabra bíblica: «conocer». Esta palabra abraza de una manera tan intensa  la mente y el corazón, la acción y el ser entero del hombre, que llega a ser, en los labios de Jesús, la misma definición que la de vida eterna: “Ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien  Tú has enviado” (Juan 17,3).   p. 121
“Quien ha escuchado y se ha dado a conocer y ha conocido a Dios «sigue» a Cristo como a su único Pastor.  Este seguimiento debe ser cotidiano y continuo, también cuando en el horizonte se entrevé  la pesadilla del lobo que se para ante nosotros dispuesto a devorar nuestra carne y a torturar nuestro espíritu. En esos momentos salen a relucir en nuestra mente otras dos verbos del párrafo del Pastor: nunca «pereceremos», y nadie nos podrá «arrebatar» de la mano segura y omnipotente de Cristo”.  p. 121

2. “Yo les doy la vida eterna” (Juan 10, 28)

v  La meta de la vocación cristiana es la vida eterna no la que enseñaban los griegos, sino la comunión de vida con Dios.

Cfr. Gianfranco Ravasi o.c.
“La meta de la vocación  cristiana, en efecto, nos es ni oscura ni  incierta, sino que se encuentra en la frase última pronunciada por  Cristo Pastor: «Yo les doy vida eterna» (Juan 10, 28). En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude a un infinita extensión de años, a una inmortalidad del alma como la enseñaban los Griegos;  se trata, en cambio, de la misma vida divina, es la comunión de vida, de paz, de estar con Dios mismo”.  p. 122

o   Encontramos  la descripción simbólica de esta experiencia de la vida eterna  en la segunda Lectura de hoy, del libro del Apocalipsis. La comunión perfecta con Dios cara cara.

“La descripción simbólica de esta experiencia la tenemos delante de nosotros en la segunda Lectura de hoy, que presenta a nuestra mente un grandioso fresco del Apocalipsis. En él una inmensa multitud de discípulos pertenecientes a todas las regiones, a todos los tiempos y a todas las culturas de nuestro planeta, no tiene  en adelante hambre y sed, no es herida por los sucesos externos del clima y de la historia, no conoce en adelante el amargo sabor de las lágrimas, no bebe ya el veneno de la muerte, porque Dios, a sus fieles. Les ha abierto «la fuente de las aguas de la vida»”.  p. 122
“Es el momento de la comunión perfecta con Dios. Ha quedado a las espaldas el tiempo en el que  ellos, los fieles, debían sumergirse en la sangre de la prueba, del sufrimiento y de la tribulación participando en la pasión de Cristo.  Ahora ellos se visten con el vestido cándido y resplandeciente del angel pascual (Lucas 24,4). Ellos están ya en la felicidad y sobre ellos se extiende la tienda estrellada del cielo, imagen del Templo celeste perfecto en el que Dios estará presente no ya como en un reflejo para contemplar como en un espejo, sino que se mostrará cara a cara (1 Corintios 13,12)”. pp. 122-123


v  Una aclaración acerca de la imagen de las ovejas en la época actual.

o   El uso de la imagen de las ovejas, no tiene nada que ver con el sentido actual a veces peyorativo.

·         Los discípulos se llaman así  porque «aprenden»: «discere» en latín significa aprender. El uso de la
imagen de las ovejas, no tiene nada que ver con el sentido actual a veces peyorativo; responde más bien a la cultura de la época en que hablaba el Señor, a una sociedad como la hebrea donde ser pastor y tener ovejas era señal de una buena situación social, señal de riqueza y de bienestar. Los verdaderos discípulos acogen dócilmente sus palabras, es decir, permiten al Maestro que enseñe («docere», en latín, significa enseñar). Los verdaderos discípulos son dóciles en cuanto que  aprender a vivir como su modelo, Cristo, pastor ejemplar.

3. El conocimiento en  la Biblia

v  A) Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor.

o   Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama.

·         El verbo «conocer» no indica solamente una acción intelectual, sino una relación cordial y afectiva.
Jesús nos conoce en el sentido de que ama a las personas que están ligadas a Él. Por analogía, nosotros le conocemos en cuanto que le amamos. Se trata de una relación mutua y recíproca: se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama.

o   El verdadero conocimiento en la Biblia lleva a la comunión.

·         Biblia de Jerusalén, comentario a  Juan 10,14: “En la Biblia (ver Os 2,22+), el «conocimiento» no
procede de una actividad puramente intelectual, sino de una «experiencia», de una presencia (comparar Juan 10, 14-15 y 14,20; 17, 21-22; ver 14, 17; 17,3; 2 Jn 1-2); acaba necesariamente en el amor (ver Oseas 6,6+ y 1 Jn 1,3+, 10,16)”. 
·         Biblia de Jerusalén, comentario a 1 Juan 1,3: El verdadero «conocimiento» en la Biblia lleva a la
«comunión». “El término «comunión»  (ver 1 Corintios 1,9+; 2 Pedro 1,4), expresa uno de los temas  principales de la mística joánica (Jn 14,20; 15, 1-6; 17, 11.20-26); unión de la comunidad cristiana basada en la unión de cada fiel con Dios, en Cristo. Esta unión se expresa bajo diversas formas: el cristiano «permanece en Dios y Dios permanece en él» (1 Juan 2, 5.6.24.27; 3,6.24; 4, 12.13.15.16; ver Juan 6,56+), ha nacido de Dios (2,29; 3,9; 4,7; 5, 1.18), es de Dios (2,16; 3,10; 4,4.6; 5,19), conoce a Dios (2, 3.13.14; 3,6; 4, 7-8) (sobre conocimiento y presencia, ver también: Juan 14,17; 2 Juan 1,2).

v   B) Nuestro conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias.

·         Esta identidad divina justifica el que el Señor afirmase en cierta ocasión  una exigencia absoluta:
 “Quien no está conmigo está contra mí” (Mateo 12,30) (cfr. CEC n. 590). No le reconocieron como Dios hecho hombre y veían en Él a “un hombre que se hace Dios” (Juan 10, 33), y, por tanto, lo juzgaron como un blasfemo (cfr. CEC n. 594).

o   Es decir, implica un comportamiento ético. La obediencia concreta a su voluntad.

·         Cfr. Comentario al Nuevo Testamento, la Casa de la Biblia, 3ª edición 1995, Juan 10, 1-6 y 7-21:
El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de la soberanía divina y la aceptación de sus exigencias (Is 1,2ss; Jr 9, 3-5; 31,34), y la garantía del verdadero conocimiento es la obediencia concreta a su voluntad (Jr 16,11). “Implica, por tanto, el comportamiento ético adecuado, el aspecto moral, del que prescindían los gnósticos. Igualmente el evangelio de Juan habla de un conocimiento activo, de una relación personal entre el pastor y sus ovejas, «como» la que existe entre el Padre y el Hijo. Así como éste se expresa en el amor del Padre por el Hijo (Jn 3,35; 10,17; 15,9 ...) y en la obediencia del Hijo del Padre (Jn 4,34; 6,39 ...), del mismo modo el conocimiento del pastor se manifiesta en el amor por las ovejas (Jn 13,1; 15,12-13) y en la confianza que las ovejas tienen en el pastor (Jn 10, 25-30.37-38). La fe se  traduce aquí por el seguimiento de las ovejas al pastor (Jn 14, 21-24).”
  

4. El significado de dar la vida

     Cfr. Evangelio, Juan  10,28 y 2ª Lectura, del libro del Apocalipsis.

v  Dos significados.

·         El conocimiento de sus discípulos por parte del Señor se aclara con lo que afirma en Juan 10, en el v. 28: “yo
les doy vida eterna”.  
“Dar la vida” tiene dos significados: por una parte, Jesús da la propia vida en el sentido de que la pierde; y por otra, en el sentido de que comunica su vida, permitiendo así a los discípulos de tener una vida plena. También  hay que tener en cuenta que el adjetivo “eterna” en Juan indica plenitud y totalidad, no solamente duración infinita. Vida eterna por tanto es plena realización de la vida, completa madurez humana. Primariamente no significa una realidad contraria a temporal, sino más bien participación en la vida misma de Dios.

o   Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. Nuestra condición actual.

·         Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. En la segunda lectura se nos habla de “una
muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos. (...) Han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero (...) el Cordero que está en el trono será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida, y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”.
En cuanto hombres destinados a la vida eterna, debemos considerar provisional nuestra condición  terrestre, y también que nuestra debilidad y fragilidad son una situación límite de la que seremos liberados.
·         JPII, Catequesis 16-12-1998: “Esta "vida eterna" no es mas que la participación de los creyentes en
la vida misma de Jesús resucitado y consiste en ser insertados en la circulación de amor que une al Padre y al Hijo, que son uno (Juan 10,30; 17,21-22).
·         Ravasi o.c: “En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude tanto a una infinita prolongación de los
años, a una inmortalidad del alma como era enseñado por los Griegos; en cambio, es la misma vida divina, y la comunión de vida, de paz, de ser con  Dios mismo”.  p. 122

5. La vida como vocación


v  Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la 38 jornada mundial por las vocaciones, 6 de mayo de 2001. 4º Domingo de Pascua. 

o   A)  “La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios”.

§  Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida.
1. – (…)
La palabra "vocación" cualifica muy bien las relaciones de Dios con cada ser humano en la libertad del amor, porque "cada vida es vocación" (Pablo VI, carta Enc. Populorum progressio, 15). (...)
Vocación es la palabra que introduce a la comprensión de los dinamismos de la revelación de Dios y descubre al hombre la verdad sobre su existencia: "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndole creado Dios por amor, por amor le conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad, si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador". (N° 19). Es en este diálogo de amor con Dios que se funda la posibilidad para cada uno de crecer según líneas y características propias, recibidas como don y capaces de " dar sentido" a la historia y a las relaciones fundamentales de su existir cotidiano, mientras se está en camino hacia la plenitud de la vida.

o   B) Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.

2. - Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. La vida asume así el valor del "don recibido, que tiende por naturaleza a llegar a ser bien dado" (Doc. Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 1997,16, b). El hombre muestra ser renovado en el Espíritu (cfr. Jn. 3, 3.5) cuando aprende a seguir el camino del nuevo mandamiento "que os améis los unos a los otros, como yo os he amado" ( cfr. Jn 15,12). Se puede afirmar que, en cierto sentido, el amor es el DNA de los hijos de Dios; es la " la vocación santa" con la que hemos sido llamados "según su propósito y su gracia, gracia que nos fue dada en Cristo Jesús, antes de los tiempos eternos y manifestada en el presente por la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo " (2 Tm 1,9.10).

o   C) En el origen de todo camino vocacional, está Emmanuel, el Dios-con-nosotros.

§  Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible.
En el origen de todo camino vocacional está Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. Y al mismo tiempo, en armonía con la humanidad y con el mundo entero.
Descubrir la presencia de Dios en la propia historia, no sentirse nunca huérfano sino siendo consciente de tener un Padre del que podemos fiarnos totalmente: este es el gran cambio que transforma el horizonte simplemente humano y lleva al hombre a comprender, como afirma la Gaudium et spes, que no puede " encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo" (N°24). En estas palabras del Concilio Vaticano II está encerrado el secreto de la existencia cristiana y de toda la auténtica realización humana.

o   D. La necesidad del testimonio de hombres y mujeres: a) que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente; b) en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza; c) en la comunión con Cristo y con la Iglesia, que es garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana.

§  Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad.
3. - Hoy, sin embargo, esta lectura cristiana de la existencia debe hacer el balance de algunos comportamientos de la cultura occidental, en la que Dios es prácticamente marginado del vivir cotidiano. He aquí porqué es necesario un compromiso acorde de toda la comunidad cristiana para "reevangelizar la vida". Conviene a esta fundamental obligación pastoral el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente, en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza, en la comunión con Cristo y con la Iglesia la garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana. Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. Cada vida es una vocación,  y todo creyente es invitado a cooperar en la edificación de la Iglesia. (…).





Vida Cristiana

sábado, 4 de mayo de 2019

Tangibles como el pan: por Santiago Agrelo


La hora es de pasión.
Es de noche.
Es hora y noche de traiciones y cobardías, ambiciones y miedos, lágrimas y desesperanzas.
¡Pobres discípulos de Jesús! ¡Pobre Iglesia!: Comunidad de ilusos, asamblea ridícula de galileos fatuos, pescadores crédulos ¡y mujeres!
La cruz del amigo, aquella cruz en la que fue clavado el Maestro, el Señor, aquella cruz envuelve en luz negra lo que a los discípulos les queda de la vida.
El Nazareno se ha llevado consigo a la cruz, a la muerte, las esperanzas de todos, y les ha dejado en herencia frustración, amargura y miedo.
El templo mantendrá intactos su velo y sus atrios, la muerte su chantaje, ¡y el corazón sus divisiones!: habrá todavía esclavo y libre, judío y gentil, hombre y mujer, explotado y explotador.
Con aquel Nazareno, en su cruz, no moría una nueva religión sino una nueva creación: moría una humanidad nueva, un mundo de hermanos, un mundo sin fronteras. Moría un sueño.
Pero algo irrumpió en la oscuridad de la noche.
Los testigos dejaron noticia de ello en unas palabras: “No está aquí. Ha resucitado”. Ha resucitado el amigo. Y con él ha resucitado la esperanza.
Luego, aquellos testigos añadieron otras palabras: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero”.
En la noche se difunde la noticia: hay mundo nuevo y nueva humanidad.
Aquella es hora y noche de libertad conquistada, de salvación ofrecida, de gracia derramada, de Espíritu desatado sobre la faz de la tierra, de viento celeste que remueve las losas de las tumbas.
Resuena en la noche la voz del Nazareno que pone novedad en las viejas palabras del salmista: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”.
Oigo la voz de la humanidad redimida que, unida a Cristo su Señor, evoca su propio éxodo desde la muerte a la vida: “Sacaste me vida del abismo; me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”.
El mundo, la humanidad, las palabras, todo es nuevo si el Nazareno se acerca y lo ilumina con la luz de su presencia, todo es verdadero si Cristo ha resucitado.
Todo, también mi vida y la tuya, mi esperanza y tu esperanza, tu paz y la mía, son nuevas y verdaderas si Cristo vive, si “Jesús se acerca, toma el pan y nos lo da”.
Por eso hoy, los pobres nos reunimos en asamblea eucarística, porque necesitamos extender la mano y recibir el pan de Cristo Jesús, el pan que es Cristo Jesús. Necesitamos comulgar con Cristo resucitado.
Tangibles como ese pan serán para nosotros la dicha, la paz, la esperanza y la vida.
Feliz domingo para todos los moradores del mundo nuevo.


jueves, 2 de mayo de 2019

3º Pascua Ciclo C 5 de mayo de 2019





[Chiesa/Omelie1/Pasqua/3PascuaC19CBúsquedaRostroCristoEsElSeñor]

Ø Tercer Domingo de Pascua, Ciclo C (2019). Jesús es llamado «Señor». Con mucha frecuencia en los evangelios hay personas que se dirigen a Jesús, llamándole “Señor”. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). La afirmación del Señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la  libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaus y Tomás. Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento auténtico, fiel y coherente de ese misterio. Para reconocer al Señor es necesario ser amigo suyo: los amigos de Dios en el AT y en el NT. También a nosotros se nos une el misterioso Compañero de viaje


v  Cfr. 3º Pascua Ciclo C  5 de mayo de 2019 –

Hechos 5, 27b-32.40b-41; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19

cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme 1999

Juan 21 1 Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así:
2 estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.4 Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús. 5 Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No.6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 7 Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.9 Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. 10 Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.11 Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y aunque eran tantos no se rompió la red.12 Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor. 13 Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos. 15 Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». 16 Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas».
17 Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». 19 Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

(Evangelio de hoy: Juan 21,7)

1.    Con mucha frecuencia en los evangelios hay personas que se dirigen a Jesús llamándole “Señor”.

v  Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. 

·         Catecismo de la Iglesia Católica,  n. 448: Con mucha frecuencia, en los evangelios, hay
personas que se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de El socorro y curación. Bajo la moción del Espíritu Santo, expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús. En el encuentro con Jesús resucitado, se convierte en adoración: "Señor mío y Dios mío" (Juan 20,28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: "¡Es el Señor!" (Juan 21,7).  

2.    Otras afirmaciones del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la proclamación de que Jesucristo “es el Señor”.


v  Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3).

quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios...Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.

v  Jesús mismo confirma que Dios es "el único Señor" y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas (cf. Mc 12,29-30)

todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas (cf. Mc 12,29-30). Deja al mismo tiempo entender que él mismo es "el Señor" (cf. Mc 12,35-37). Confesar que "Jesús es Señor" es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Unico. Creer en el Espíritu Santo, "que es Señor y dador de vida", no introduce ninguna división en el Dios único.

v  Sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina

  • n. 447: El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los
fariseos sobre el sentido del Salmo 109 (Mt 22,41-46; cf. también Hch 2, 34-36; Hb 1, 13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus apóstoles (Jn 13, 13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.  

v  La afirmación del Señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la  libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo 

  • n. 450: Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el
mundo y sobre la historia (Ap 11, 15) significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (Mc 12, 17; Hch 5, 29). " La Iglesia cree.. que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Señor y Maestro" (GS 10, 2; 45, 2).  

3. Acerca del reconocimiento del rostro de Cristo.


v  A) La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano.

o   Hay que recorrer el camino de la fe, que no está privado de signos sensibles, como el de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes» del Evangelio de hoy.

  • Cfr. G. Ravasi, o.c. p. 118: “La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente
en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano.  Por tanto, hay que recorrer un camino diverso para encontrar y reconocer a Cristo glorioso. Ese camino no puede seguir siendo el de la simple costumbre familiar, el de los ojos y los sentimientos, sino que es el camino de la fe. Un camino que, sin embargo, no está privado de signos comprensibles: como en el caso de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes». También en este dato cuantitativo probablemente no se esconden grandes secretos, no obstante las muy agudas y frenéticas  investigaciones de los lectores del Evangelio de todos los siglos, sino, sencillamente, un recuerdo histórico y ocular. Y  es precisamente a partir de este signo cuando la narración  de Juan empieza a orientarse hacia una dimensión más alta y completa. (...) Pedro reconoce a su Señor y se echa al agua y se dirige  hacia él con todo el impulso de su amor”. Cfr. Gianfranco Ravasi o.c. pp. 115-116

v  B) Juan Pablo II, en su Carta Novo millennio ineunte, 6 de enero de 2001

o   Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaus y Tomás

19. « Los discípulos se alegraron de ver al Señor » (Jn 20,20). El rostro que los Apóstoles contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido unos tres años, y que ahora los convencía de la verdad asombrosa de su nueva vida mostrándoles « las manos y el costado » (ibíd.). Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron sólo después de un laborioso itinerario del espíritu (cf. Lc 24,13-35). El apóstol Tomás creyó únicamente después de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel rostro. Ésta era una experiencia que los discípulos debían haber hecho ya en la vida histórica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sentían interpelados por sus gestos y por sus palabras.

o   Cómo llega Pedro a la fe

A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús les pregunta quién dice la « gente » que es él, recibiendo como respuesta: « Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas » (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante aún —¡y cuánto!— de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensión religiosa realmente excepcional de este rabbí que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad, ¡Jesús es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que atañe al nivel profundo de su persona, lo que él espera de los « suyos »: « Y vosotros ¿quién decís que soy yo? » (Mt 16,15). Sólo la fe profesada por Pedro, y con él por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al corazón, yendo a la profundidad del misterio: « Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo » (Mt 16,16).

o   Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre.

·          Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento auténtico, fiel y coherente de ese misterio.
20. ¿Cómo llegó Pedro a esta fe? ¿Y qué se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez más convencido sus pasos? Mateo nos da una indicación clarificadora en las palabras con que Jesús acoge la confesión de Pedro: « No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos » (16,17). La expresión « carne y sangre » evoca al hombre y el modo común de conocer. Esto, en el caso de Jesús, no basta. Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre (cf. ibíd.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma dirección, haciendo notar que este diálogo con los discípulos se desarrolló mientras Jesús « estaba orando a solas » (Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: « Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad » (Jn 1,14).

v  C) La comida con sus discípulos (Juan 21,13),  «signo de comunión y de intimidad», es una  experiencia que se repite «cada vez que parte con nosotros el pan eucarístico».

·         Cfr. Gianfranco Ravasi, o.c, p. 116: “Aquella pobre comida de pescadores, a causa de la presencia
extraordinaria del Señor evoca otras cenas, sobre todo aquella celebrada en el cenáculo o aquella con los discípulos de Emaús. Se delinea una dimensión nueva y simbólica que los Padres de la Iglesia frecuentemente han exaltado, entreviendo en aquella comida sencilla y frugal  la alegre Cena del Señor que nosotros celebramos también en este domingo” .

v  D) Para reconocer al Señor es necesario ser amigo suyo: los amigos de Dios en el AT y en el NT:

·         S.A. Panimolle, Amor, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ed, Paulinas 1990:  c) Los
amigos de Dios. En el pueblo de Dios algunas personas en particular son amadas por el Señor porque desempeñan una misión salvífica y han amado con todo el corazón a su Dios, adhiriéndose a él por completo, escuchando su voz y viviendo su palabra: tales son los padres de Israel, Moisés, los justos, el rey David; se les llama amigos de Dios. / Abrahán es el primer padre de Israel, presentado como amigo del Señor (2Ch 20,7 Is 41,8 Da 3,35 Jc 2,23). Dios conversó afablemente con este siervo suyo y le manifestó sus proyectos, lo mismo que se hace con un amigo íntimo (Gen 18,17ss). También Benjamín fue considerado de tal modo porque fue amado por el Señor (Dt 33,12). / Moisés es otro gran amigo de Dios: hablaba con él cara a cara, lo mismo que habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Moisés fue amado por Dios y por los hombres; su memoria será bendita (Si 45,1); en efecto, él fue el gran mediador de la revelación del amor misericordioso del Señor (Ex 34,6s; Núm 14,18s; Dt 5,9s). También / Samuel fue amado por el Señor (Si 46,13), lo mismo que / David y Salomón (2S 12,24 lCrón 2S 17,16 [LXX]; Si 47,22 Ne 13,26), y lo mismo el siervo del Señor (Is 48,14). Finalmente, todos los hombres fieles y piadosos son amigos de Dios (Ps 127,2).
            En el NT los amigos de Dios y de su Hijo son los creyentes (cf 1 Tes 1,4; 2Th 2,13 Col 3,12), y de manera especial los apóstoles y los primeros discípulos, que son amados por el Padre y por Jesús (Jn 14,21 Jn 17,23). Pero es preciso merecer esta amistad divina, observando y guardando la palabra del Hijo de Dios (Jn 14,23s), es decir, creyendo vitalmente en él (Jn 17,26). En el grupo de los primeros seguidores de Cristo hay uno que es designado especialmente por el cuarto evangelista como "el discípulo amado", es decir, el amigo de Jesús (Jn 21,7 Jn 21,20), que se reclinó sobre el pecho del maestro (Jn 13,23), es decir, vivió en profunda intimidad con el Hijo de Dios, lo siguió hasta el Calvario (Jn 18,15 19,26s) y lo amó intensamente (Jn 20,2-5). ( Diccionario RAVASI 153)

4. Importancia objetiva y subjetiva del reconocimiento de Jesucristo como «Señor».

v  La proclamación de Jesús como «Señor» nos salva. Este conocimiento lo hace posible sólo el Espíritu Santo.

  • Cfr. Raniero Cantalamessa, El Canto del Espíritu (Meditaciones sobre el Veni Creator), PPC
1999,Cap. XXI pp. 377-391: “San Pablo habla de un conocimiento «superior», y hasta «sublime», de Cristo, que consiste en conocerlo y proclamarlo «Señor» (cfr.  Flp 3,8).  Es la proclamación que, unida a la fe en la resurrección de Cristo, nos salva (cfr.  Rom 10,9).  Y este conocimiento lo hace posible sólo el Espíritu Santo:
«Nadie puede decir: "Jesús es Señor", si no está movido por el Espíritu Santo» (1 Cor 12,3).
Cualquiera puede decir estas palabras con los labios, incluso sin el Espíritu Santo, pero entonces no sería eso tan grandioso que acabamos de decir; no nos salvaría.

o   La fuerza objetiva y subjetiva de la afirmación  «Jesús es Señor»

·         Fuerza objetiva
            ¿Qué es lo que hay de especial en esta afirmación, que la hace ser tan determinante?  Podemos explicarlo desde distintos puntos de vista, objetivos o subjetivos.  La fuerza objetiva de la frase: «Jesús es Señor» está en el hecho de que hace presente la historia y en particular el misterio pascual.  Es el resultado de dos eventos: Cristo ha muerto por nuestros pecados; ha resucitado para nuestra justificación; por tanto es el Señor.
    «Para eso murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos» (Rom 14,9).
            Los acontecimientos que lo han preparado están como encerrados en esta conclusión y en ella se hacen presentes y operantes.  En este caso, la palabra es verdaderamente «la casa del ser». «Jesús es Señor» es la semilla de la que se ha desarrollado todo el kerigma y el sucesivo anuncio cristiano.  Con esta proclamación, Pedro concluye su discurso el día de Pentecostés (cfr.  Hech 2,36).

o   Fuerza subjetiva. Es decir, en lo que depende de nosotros,  la fuerza de esa proclamación está en que supone también una decisión.

·    Desde el punto de vista subjetivo - es decir, en lo que depende de nosotros - la fuerza de
esa proclamación está en que supone también una decisión.  Quien la pronuncia decide sobre el sentido de su vida.  Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí».
            Este «para mí», es el motivo por el cual los demonios, en los Evangelios, no tienen dificultad en proclamar a Jesús como «Hijo de Dios» y «Santo de Dios», pero jamás dicen: «Sabemos quién eres: ¡eres el Señor!».  En el primer caso, no hacen otra cosa que reconocer un dato de hecho que no depende de ellos y que no pueden cambiar; en el segundo, llegarían a someterse a Cristo, cosa que no pueden hacer.

5. También a nosotros se nos une el misterioso Compañero de viaje

·         Juan Pablo II, Catequesis, Audiencia General del 18 de abril de 2001: “Aunque sea con
dificultad, el camino de Emaús lleva del sentido de desolación y extravío a la plenitud de la fe pascual. Al recorrer este itinerario, también a nosotros se nos une el misterioso Compañero de viaje. Durante el trayecto, Jesús se nos acerca, se une a nosotros en el punto donde nos encontramos y nos plantea las preguntas esenciales que devuelven al corazón la esperanza. Tiene muchas cosas que explicar a propósito de su destino y del nuestro. Sobre todo revela que toda existencia humana debe pasar por su cruz para entrar en la gloria. Pero Cristo hace algo más: parte para nosotros el pan de la comunión, ofreciendo la Mesa eucarística en la que las Escrituras cobran su pleno sentido y revelan los rasgos únicos y esplendorosos del rostro del Redentor.
Después de reconocer y contemplar el rostro de Cristo resucitado, también nosotros, como los dos discípulos, somos invitados a correr hasta el lugar donde se encuentran nuestros hermanos, para llevar a todos el gran anuncio: "Hemos visto al Señor" (Juan 20, 25) ”




Vida Cristiana

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