viernes, 20 de septiembre de 2019

Era corresponsal en Nueva York, cínico, agnóstico, duro, pero entró en una misa... y se enganchó





   

Viernes, 20 de septiembre de 2019


Religión en Libertad



UNA HISTORIA DE CONVERSIÓN



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El asombroso testimonio de Tim Wilson y una misa cualquiera pero poderosa


Ø Era corresponsal en Nueva York, cínico, agnóstico, duro, pero entró en una misa... y se enganchó



El periodista Tim Wilson con su pajarita y sus muecas habituales... quedó enganchado a la fe un día que entró en misa



El periodista Tim Wilson con su pajarita y sus muecas habituales...

quedó enganchado a la fe un día que entró en misa



P.J.Ginés/ReL - 20 septiembre 2019



Hacia 2009, Tim Wilson, periodista de la televisión pública neozelandesa, se consideraba un triunfador, un corresponsal exitoso en Nueva York, el centro del mundo, y hasta tenía una novela publicada, lo que siempre había sido su sueño. Era agnóstico y algo sarcástico. "Yo era ese periodista duro, rudo, y sí, muy cínico; sí, 'cada uno va a lo suyo, es lo que hay'", recuerda.

Pero aunque pensaba que vivía una "gran vida", su interior era, y lo sentía, pequeño. "Había un salto entre quién yo creía ser y quién era en realidad".

Cristiano de niño, luego ateo y agnóstico

En su infancia y adolescencia había sido cristiano. De hecho, su padre adoptivo era un pastor presbiteriano. "Pero fui a la universidad, y la universidad es lo más corrosivo para la fe cristiana. Había sido un buen chico y, probablemente quería ser ahora un chico travieso. No era una fe fuerte, era una fe sólo emocional. Y, simplemente, se fue cayendo en jirones".

Al principio fue ateo un tiempo, pero lo encontró "agotador", porque implica dedicar mucho esfuerzo a luchar contra Dios. Prefirió pasar a ser agnóstico y "vagar por el campo", dice con ironía. Después llegó su trabajo en la TVNZ, la televisión pública de Nueva Zelanda, que lo llevó a Nueva York.

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Tim Wilson, protagonista de una noticia por su novela

Entró en una misa: "algo me atraía"

Una noche volvía a su residencia después de haber grabado su crónica de las noticias desde Times Square. Pasó delante de la parroquia de Santa Cecilia. La había visto en otras ocasiones, con personas sin hogar alojadas bajo su entrada. "Algo me atraía en esa iglesia", recuerda. Pero no podía definirlo. Pensó en una amiga católica que tenía y que le parecía ser "un poco distinta".

"Los católicos parecían distintos. ¡Yo no iba a ser católico! Sólo iba a ver esa misa de vísperas. Nunca sería católico. ¿Un católico de esos locos? Son muy raros. Hablan con la Virgen. Yo soy presbiteriano, no hacemos esas cosas", bromeaba Tim.

Y entró.

"Y resulta que me gustó la liturgia. Ya saben ustedes, te levantas y te arrodillas, mueves un poco el cuerpo, dices cosas. El sacerdote era un tío magnífico, un misionero de Tanzania, con un acento tan denso, que no entendí la mitad del sermón. Como ex-presbiteriano, ya saben, uno lo que espera es un sermón, ¿no? Para escuchar algo", explicaba en julio de 2019 en unas jornadas eucarísticas en Auckland que recogió el NZCatholic.

La comunión: ¡una experiencia transformadora!

"Entonces todos se pusieron en fila y fueron a recibir el Cuerpo y la Sangre. Empecé a sentir algo. ¿Conocen el texto de Ezequiel, cuando habla de los huesos del valle, y los huesos vuelven a la vida? Sentí que algo volvía a la vida en mí", recuerda.

Después, acabada la misa, "dijeron, ¿quién celebra un aniversario de boda, un cumpleaños o está aquí por primera vez?, y como era el niño travieso de clase, levanté la mano". Aplaudieron a Tim Wilson, y como le gusta el mundo de la comunicación y llamar la atención, le pareció muy bien. "Oh, vaya, me aplauden en misa; ir a misa fue bueno, y no esperaba que fuera bueno".

Y a la semana siguiente volvió a misa. Y a la siguiente. "Tenía que volver. Y empecé a darme cuenta de que algunas cosas de mi vida no me ayudaban a ir a misa. Así que tuve que librarme de esas cosas. Por ejemplo, yo era un campeón del lenguaje grosero, y el Señor me quitó eso". Y así Tim Wilson pasó a la lista, no muy larga, de personas que se engancharon a la Iglesia por una misa normal de domingo o sábado noche.


Tim Wilson se fotografía con una sentada de manifestantes en protesta: donde fueres. haz lo que vieres...

Vida cristiana y familia

Allí mismo en Estados Unidos se apuntó al curso de iniciación cristiana para adultos y fue recibido en plena comunión con la Iglesia Católica. Como ya estaba bautizado por su infancia presbiteriana, lo que hizo fue recibir la Confirmación y la Primera Comunión.

De vuelta a Nueva Zelanda, quedó muy sorprendido con lo que Dios había preparado para él. Yendo a misa a la Catedral de San Patricio en Auckland conoció a una chica que hoy es su esposa. Tienen 3 niños de 4, 3 y 1 años.

Sigue trabajando en la televisión, pero muchas cosas han cambiado. "Mi vida es muy distinta, y la siento como vida abundante", explicó al público. Finalizó su exposición animando a todos a siempre "caminar con el Señor".






Vida Cristiana



miércoles, 18 de septiembre de 2019

San Juan Pablo II, Homilía, Visita Pastoral a Kazajstán



[Chiesa/Omelie1/Jesucristo/25C19JesucristoÚnicoMediadorSalvaciónJPII]



Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres

Domingo de la semana 25 de tiempo ordinario; ciclo C

22 de septiembre de 2019



v  Cfr.San Juan Pablo II, Homilía, Visita Pastoral a Kazajstán


                    Astana- Plaza de la Madre Patria - Domingo 23 de septiembre de 2001

                  Amós 8,4-7; 1 Tim 2,1-8; Lc 16,1-13



1. "Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos" (1 Tm 2, 5).

En esta expresión del apóstol san Pablo, tomada de la primera carta a Timoteo, está contenida la verdad central de la fe cristiana. Me alegra poder anunciárosla hoy a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de Kazajstán. En efecto, estoy entre vosotros como apóstol y testigo de Cristo; estoy entre vosotros como amigo de todo hombre de buena voluntad. A todos y cada uno vengo a ofrecer la paz y el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Conozco vuestra historia. Conozco los sufrimientos que habéis padecido muchos de vosotros, cuando el régimen totalitario anterior os arrancó de vuestra tierra de origen y os deportó en condiciones de grave malestar y privación. Me alegra poder estar aquí hoy entre vosotros para deciros que el corazón del Papa está cerca de vosotros. (...)

2. "Dios es uno". El Apóstol afirma ante todo la absoluta unicidad de Dios. Los cristianos han heredado esta verdad de los hijos de Israel y la comparten con los fieles musulmanes: es la fe en el único Dios, "Señor del cielo y de la tierra" (Lc 10, 21), omnipotente y misericordioso.

En el nombre de este único Dios, me dirijo al pueblo de Kazajstán, que tiene antiguas y profundas tradiciones religiosas. Me dirijo también a cuantos no se adhieren a una fe religiosa y a los que buscan la verdad. Quisiera repetirles las célebres palabras de san Pablo, que tuve la alegría de volver a escuchar el pasado mes de mayo en el Areópago de Atenas: "Dios no se encuentra lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 27-28). Me viene a la mente lo que escribió vuestro gran poeta Abai Kunanbai: "¿Se puede dudar de su existencia, si todo sobre la tierra es su testimonio?" (Poesía 14).

3. "Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús". Después de referirse al misterio de Dios, el Apóstol dirige su mirada a Cristo, único mediador de salvación. Una mediación -subraya san Pablo en otra de sus cartas- que se realiza en la pobreza: "Siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Co 8, 9, citado en el Aleluya).


Jesús "no hizo alarde de su categoría de Dios" (Flp 2, 6); no quiso presentarse a nuestra humanidad, que es frágil e indigente, con su abrumadora superioridad. Si lo hubiera hecho, no habría obedecido a la lógica de Dios, sino a la de los poderosos de este mundo, criticada sin ambages por los profetas de Israel, como Amós, de cuyo libro está tomada la primera lectura de hoy (cf. Am 8, 4-6).

La vida de Jesús fue coherente con el designio salvífico del Padre, "que quiere que todos los

hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tm 2, 4). Él testimonió con fidelidad esta voluntad, ofreciéndose "en rescate por todos" (1 Tm 2, 6). Al entregarse totalmente por amor, nos consiguió la amistad con Dios, perdida a causa del pecado. También a nosotros nos recomienda esta "lógica del amor", pidiéndonos que la apliquemos sobre todo mediante la generosidad hacia los necesitados. Es una lógica que puede unir a cristianos y musulmanes, comprometiéndolos a construir juntos la "civilización del amor". Es una lógica que supera cualquier astucia de este mundo y nos permite granjearnos amigos verdaderos, que nos acojan "en las moradas eternas" (cf. Lc 16, 9), en la "patria" del cielo.

4. Amadísimos hermanos, la patria de la humanidad es el reino de Dios. Es muy elocuente para nosotros meditar en esta verdad precisamente aquí, en la plaza dedicada a la Madre Patria, ante este monumento que la representa simbólicamente. Como enseña el concilio ecuménico Vaticano II, existe una relación entre la historia humana y el reino de Dios, entre las realizaciones parciales de la convivencia civil y la meta última, a la que, por libre iniciativa de Dios, está llamada la humanidad (cf. Gaudium et spes, 33-39).

El décimo aniversario de la independencia de Kazajstán, que celebráis este año, nos lleva a reflexionar en esta perspectiva. ¿Qué relación existe entre esta patria terrena, con sus valores y sus metas, y la patria celestial, en la que, superando toda injusticia y todo conflicto, está llamada a entrar la familia humana entera? La respuesta del Concilio es iluminadora: "Aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al reino de Dios" (ib., 39).

5. Los cristianos son, a la vez, habitantes del mundo y ciudadanos del reino de los cielos. Se comprometen sin reservas en la construcción de la sociedad terrena, pero permanecen orientados hacia los bienes eternos, siguiendo un modelo superior, trascendente, para realizarlo cada vez más y cada vez mejor en la vida diaria.

El cristianismo no es alienación del compromiso terreno. Si en algunas situaciones contingentes a veces da esta impresión, se debe a la incoherencia de muchos cristianos. En realidad, el cristianismo auténticamente vivido es como levadura para la sociedad: la hace crecer y madurar en el plano humano y la abre a la dimensión trascendente del reino de Cristo, realización plena de la humanidad nueva.

Este dinamismo espiritual encuentra su fuerza en la oración, como nos acaba de recordar la segunda lectura. Y es lo que, en esta celebración, queremos hacer orando por Kazajstán y por sus habitantes, a fin de que este gran país, dentro de la variedad de sus componentes étnicos, culturales y religiosos, progrese en la justicia, la solidaridad y la paz; para que progrese especialmente gracias a la colaboración de cristianos y musulmanes, comprometidos cada día, juntos, en la humilde búsqueda de la voluntad de Dios.

6. La oración siempre debe ir acompañada por obras coherentes. La Iglesia, fiel al ejemplo de Cristo, no separa nunca la evangelización de la promoción humana, y exhorta a sus fieles a ser en todo ambiente promotores de renovación y de progreso social.

Amadísimos hermanos y hermanas, ojalá que la "madre patria" de Kazajstán encuentre en vosotros hijos devotos y solícitos, fieles al patrimonio espiritual y cultural heredado de vuestros padres, y capaces de adaptarlo a las nuevas exigencias.

De acuerdo con el modelo evangélico, distinguíos por la humildad y la coherencia, haciendo fructificar vuestros talentos al servicio del bien común y privilegiando a las personas más débiles y desvalidas. El respeto a los derechos de cada uno, aunque tengan convicciones personales diferentes, es el presupuesto de toda convivencia auténticamente humana.

Vivid un profundo y efectivo espíritu de comunión entre vosotros y con todos, inspirándoos en lo que los Hechos de los Apóstoles atestiguan de la primera comunidad de los creyentes (cf. Hch 2, 44-45; 4, 32). Testimoniad en el amor fraterno y en el servicio a los pobres, a los enfermos y a los excluidos, la caridad, que alimentáis en la mesa eucarística. Sed artífices de encuentro, reconciliación y paz entre personas y grupos diferentes, cultivando el auténtico diálogo, para que prevalezca siempre la verdad.

7. Amad la familia. Defended y promoved esta célula fundamental del organismo social; cuidad de este primordial santuario de la vida. Acompañad con esmero el camino de los novios y de los matrimonios jóvenes, para que sean ante sus hijos y ante toda la comunidad signo elocuente del amor de Dios.

Amadísimos hermanos, con alegría y emoción deseo dirigiros a vosotros, aquí presentes, y a todos los creyentes que están unidos a nosotros la exhortación que en muchas ocasiones estoy repitiendo en este inicio de milenio: Duc in altum!

Te abrazo con afecto, pueblo de Kazajstán, y te deseo que realices plenamente todo proyecto de amor y de salvación. Dios no te abandonará. Amén.










Vida Cristiana

Domingo 25 del tiempo ordinario Ciclo C, 22 septiembre 2019



[Chiesa/Omelie1/25C19JesúsAlabaSagacidadAdministradorInfiel]

Ø Domingo 25 del Tiempo ordinario, Ciclo C (2019). La sagacidad. La parábola del administrador infiel. Jesús alaba la sagacidad de un administrador infiel y enseña a sus discípulos que deben servirse de la sagacidad y del ingenio para la extensión del Reino de Dios. El evangelio no nos  presenta al administrador infiel como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora para que hagamos el bien. La sagacidad se demuestra en el cuidado de  todo lo que se refiere al tesoro que hemos recibido: la fe. El primero de los diez  mandamientos “nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella”.




v  Cfr. Domingo 25 del tiempo ordinario Ciclo C,  22 septiembre 2019


Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture C, Piemme 1999, XXV Domenica.



Lucas 16, 1-13: 1 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. 2 Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." 3 El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." 5 Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" 6 Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. 7 Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." 8 Y el amo alabó al administrador infiel, por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz. 9 Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. 10 Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho. 11 Por tanto, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? 12 Y si en lo ajenos no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?  13 Ningún criado puede servir a dos señores, porque o tendrá odio a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.



Amós 8, 4-7: 4 Escuchad esto los que pisoteáis al pobre y queréis suprimir a los humildes de la tierra, 5 diciendo: ¿Cuándo pasará el novilunio para poder vender el grano, y el sábado para dar salida al trigo, par achicar la medida y aumentar el peso, falsificando balanzas de fraude, 6 para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano? 7 Ha jurado Yahvé por el orgullo de Jacob: ¡Jamás he de olvidar todas sus obras! 8¿No se estremecerá por ello la tierra, y hará duelo todo lo que en ella habita, subirá toda entera como el Nilo, se encrespará y bajará como el Nilo de Egipto?



SAGACIDAD Y VIDA CRISTIANA

Y el amo alabó al administrador infiel,

por haber actuado sagazmente;

porque los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo

que los hijos de la luz.

 (Lucas 16,8)



El Señor da por supuesta la inmoralidad de la actuación del administrador;

pero quiere enseñar a sus discípulos

que deben servirse de la sagacidad y el ingenio (v. 8)

 para la extensión del Reino de Dios.

(Nuevo Testamento 2004, Universidad de Navarra)





1.    Qué es la sagacidad




v  Es sagaz quien “prevé y previene las cosas”.  


o   El término sagaz se usa para referirse a quien  se distingue por su previsión y prudencia. A la persona sagaz no  se le anticipan o sorprenden los sucesos, porque sabe tomar las pertinentes previsiones.


§  Aunque a veces  se relacione a la sagacidad con situaciones deshonestas, en sí misma no tiene que ver la sagacidad con la deshonestidad; otra cosa es la utilización que las personas podemos hacer de ella a favor de malas acciones.

·         Comúnmente se suele entender como lucidez para advertir la importancia de algo  y prontitud para tomar

una decisión y realizarla. En nuestro caso el Señor pide que tengamos sagacidad  para descubrir el reino de Dios y realizarlo con la gracia de Dios.

·         La palabra sagacidad “en griego se expresa con la palabra phronimos, vocablo que alude a la lucidez de

advertir la gravedad/importancia de una situación, la prontitud en la búsqueda de una solución en el momento en que se presenta la oportunidad que difícilmente se presentará de nuevo, el coraje de tomar decisiones. Los discípulos de Jesús deben ser  phrosimoi  al trabajar por el Reino de Dios”.

·         Según el Diccionario de la Real Academia Española, sagaz es quien “prevé y previene las cosas”.

·         Según el Diccionario de Maria Moliner, sagaz “se aplica al que percibe la verdadera naturaleza de las

cosas y lo que hay oculto en ellas”.

·         Algunas de las palabras que se citan en la literatura que tienen una semejanza con sagacidad:

perspicacia,  agudeza, astucia, inteligencia, clarividencia, etc.   

Aunque a veces  se relacione a la sagacidad con situaciones deshonestas, en sí misma no tiene que ver la sagacidad con la deshonestidad; otra cosa es la utilización que las personas podemos hacer de ella a favor de malas acciones.

El término sagaz se usa para referirse a quien  se distingue por su previsión y prudencia. A la persona sagaz no  se le anticipan o sorprenden los sucesos, porque sabe tomar las pertinentes previsiones.


2.    La sagacidad en cuanto «que percibe la verdadera naturaleza de las cosas», tiene que ver con el don de la sabiduría que concede el Espíritu Santo: juzgar las cosas humanas según la medida de Dios.




v  El conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de Dios, a la luz de Dios.


·         Juan Pablo II, Angelus, 9 abril 1989: «El primero y mayor de tales dones es la sabiduría, la cual es luz

que se recibe de lo alto: es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. En efecto, leemos en la Sagrada Escritura: “Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. Y la preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza” (Sabiduría 7, 7-8).

Esta sabiduría superior es la raíz de un conocimiento nuevo, un conocimiento impregnado por la caridad, gracias al cual el alma adquiere familiaridad, por así decirlo, con las cosas divinas y prueba gusto en ellas. Santo Tomás habla precisamente de “un cierto sabor de Dios” (Summa Theol. II-II, q. 45, a. 2, ad. 1), por lo que el verdadero sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive.

Además, el conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de Dios, a la luz de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los mismos ojos de Dios.»



v  La sagacidad  o sabiduría también se demuestra en el cuidado de  todo lo que se refiere al tesoro que hemos recibido: la fe.


·         La sagacidad  o sabiduría también se demuestra en el cuidado de  todo lo que se refiere al tesoro que

hemos recibido: la fe. Es consecuencia del conocimiento de la voluntad de Dios y de la identificación con los planes divinos (cfr. Carta a los Efesios 5, 15-17). 


También por lo que se refiere a la fe. Es necesario reconocer el fin último de la vida: conocer, amar y servir al Señor. Hacer su voluntad, dar gloria al Señor.  

·         Algunas afirmaciones de la Escritura en las que se refiere a la sagacidad: “Todos los cautos (sagaces)

obran cono conocimiento, pero el estúpido reparte necedad” (Proverbios 13, 16); “El  cauto distingue sus pasos” (Proverbios 14,15); “Yo , la sabiduría, habito con la sagacidad” (Proverbios 8, 12)



v  La solercia, solicitud o sagacidad


·         Sucede a veces que no podemos pedir consejo ni detenernos a deliberar durante mucho tiempo sobre una

acción a realizar. Para que tal actuación no sea precipitada se necesita la solercia (del latín solers, hábil, ingenioso, de dónde deriva solicitud), que es una fácil y pronta apreciación para encontrar los medios que hemos de poner.

            La sagacidad es una de las partes integrantes de la prudencia. La sagacidad se entiende como agudeza, perspicacia.



3.    3. El  elogio que hace Jesús del administrador infiel.




v  A) El evangelio no nos  presenta al administrador infiel como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora.  


            Cfr. Benedicto XVI, Homilía, 23 de septiembre de 2007 

·         “También hoy, con una parábola que suscita en nosotros cierta sorpresa porque en ella se habla de un

administrador injusto, al que se alaba (cf. Lc 16,1-13), analizando a fondo, el Señor nos da una enseñanza seria y muy saludable. Como siempre, el Señor toma como punto de partida sucesos de la crónica diaria: habla de un administrador que está a punto de ser despedido por gestión fraudulenta de los negocios de su amo y, para asegurarse su futuro, con astucia trata de negociar con los deudores. Ciertamente es injusto, pero astuto: el evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora. En efecto, la breve parábola concluye con estas palabras: "El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido" (Lucas 16,8)”.  

·         Así, en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2088), se dice: “El primer mandamiento nos pide que

alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella”. (...)



v  B) Lucas 16, 8: En qué consiste la sagacidad e ingenio del mayordomo infiel.


·         Biblia de Jerusalén: “Según la costumbre entonces tolerada en Palestina, el mayordomo tenía

derecho a autorizar préstamos de los bienes de su amo y, como no percibía sueldo, a resarcirse aumentando en el recibo la cantidad prestada, para que en el reembolso pudiera beneficiarse de la diferencia  como de un excedente que representaba a su interés. En el caso presente, sin duda no había prestado en realidad más que cincuenta medidas de aceite y ochenta cargas de trigo; al rebajar el recibo a su cantidad real, no hace más que privarse del beneficio ciertamente usurario, que había negociado. Su «injusticia», v. 8, no está, pues, en la reducción de los recibos, que no es más que el sacrificio de sus intereses inmediatos, hábil maniobra que su amo puede alabar, sino más bien en las malversaciones  anteriores que han motivado su despido (v. 1).”



v  C) Jesús no intenta presentar como modelo el fraude de aquel administrador infiel, sino más bien alaba el estilo de prontitud con la que ha realizado ese fraude.


·         Gianfranco Ravasi, o.c. p. 286: “Evidentemente no intenta presentar como modelo el fraude de

aquel administrador infiel, sino más bien alaba el estilo de prontitud con la que él ha realizado ese fraude. Parece como si Jesús nos amonestase diciendo: « ¿Por qué vosotros, hijos de la luz, no comprendéis la urgencia de esta hora en la que estáis viviendo? ¿Por qué os mantenéis inertes, desprendidos y distraídos, y  no recurrís al remedio drástico y decisivo de la conversión y de la  escucha activa de la palabra del Evangelio?» No podemos vivir como niños caprichosos o perezosos, que no se ponen de acuerdo sobre el juego que deben hacer y, de ese modo, dejan que se desvanezca el tiempo de la alegría (cf. Lc 7, 31-35). Jesús mira con tristeza la larga fila de las personas indiferentes, amorfas, banales, superficiales, que tienden solamente hacia las cosas y sobre todo al bienestar y a la riqueza”. 

·         Nuevo Testamento, Eunsa, Lucas 16, 1-15: (...) “El Señor da por supuesta la inmoralidad de la

actuación del administrador; pero quiere enseñar a sus discípulos que deben servirse de la sagacidad y el ingenio (v.8) para la extensión del Reino de Dios”.

·         Camino 317: « ¡Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!: ilusiones de honores,

ambición de riquezas, preocupaciones de sensualidad. – Ellos y ellas, ricos y pobres, viejos y hombres maduros y jóvenes y aún niños: todos  igual. – Cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra alma tendremos una fe viva y operativa: y no habrá obstáculo que no venzamos en nuestras empresas de apostolado.



4.    Sagacidad: el cuidado de la fe en el Catecismo de la Iglesia Católica




v  Debemos alimentar la fe con la Palabra de Dios y pedir al Señor que la aumente.


·         n. 162: La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo;

S. Pablo advierte de ello a Timoteo: "Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe" (1Tmoteo 1, 18  - 19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente (cf. Marcos 9, 24; Lucas 17, 5; Lucas 22, 32) (…)

·         n. 1102:  "La fe se suscita en el corazón de los no creyentes y se alimenta en el corazón de los creyentes

con la palabra de la salvación. Con la fe empieza y se desarrolla la comunidad de los creyentes" (Presbyterorum ordinis  4). (…)

·         n. 1154:  La liturgia de la Palabra es parte integrante de las celebraciones sacramentales. Para nutrir la fe

de los fieles, los signos de la Palabra de Dios deben ser puestos de relieve: el libro de la Palabra (leccionario o evangeliario), su veneración (procesión, incienso, luz), el lugar de su anuncio (ambón), su lectura audible e inteligible, la homilía del ministro, la cual prolonga su proclamación, y las respuestas de la asamblea (aclamaciones, salmos de meditación, letanías, confesión de fe…).

§  La Palabra de Dios constituye firmeza de fe

·         n. 131: "Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la

Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual" (DV 21). "Los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura" (DV 22).

§  Debemos guardar la fe con prudencia y vigilancia, y rechazando todo lo que se opone a ella.

·         n. 2088:  El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia

nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella. (…)



v  Los padres en la familia


§  Primeros “anunciadores de la fe” de los hijos

·         n. 2225: Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y

el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe de los que ellos son para sus hijos los "primeros anunciadores de la fe" (Lumen gentium 11). Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la Iglesia. La forma de vida en la familia puede alimentar las disposiciones afectivas que, durante la vida entera, serán auténticos preámbulos y apoyos de una fe viva.

§  La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe.

·         n. 2226:  La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta

educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (cf  Lumen gentium 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres.

·         n. 1656.  En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias

creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. (…) En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (Lumen Gentium 11).



v  La vida sacramental y el cuidado de la fe


·         n. 1123:  (…)  No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y

acciones; por se llaman sacramentos de la fe" (Sacrosanctum Concilium  59).



v  El testimonio de la vida cristiana ayuda a la educación de la fe


·         n. 2044: La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del evangelio y para

la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. "El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios" (Apostolicam  actuositatem 6).







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Vida Cristiana


viernes, 13 de septiembre de 2019

EL PADRE CORRIÓ A SU ENCUENTRO El padre R. Cantalamessa comenta el Evangelio de este domingo, 24 del Tiempo Ordinario, C.

   

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Ø Domingo 24 del tiempo ordinario, ciclo C (2019). Sanar la relación padres-hijos, desafío de la nueva evangelización. Relaciones entre padres e hijos. La parábola del hijo pródigo.


 


EL PADRE CORRIÓ A SU ENCUENTRO


El padre R. Cantalamessa comenta el Evangelio de este domingo, 24 del Tiempo Ordinario, C.  

ROMA, viernes, 10 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al pasaje evangélico de la liturgia del próximo domingo, 12 de septiembre (Lucas 15,1-32), que narra la parábola del hijo pródigo.



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«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzaron la fiesta».



En la liturgia del día se lee todo el capítulo 15 del Evangelio de Lucas que contiene las tres parábolas llamadas «de la misericordia»: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo. «Un hombre tenía dos hijos...»: basta con oír estas pocas palabras para que quien tenga un mínimo de familiaridad con el Evangelio exclame inmediatamente: ¡la parábola del hijo pródigo! En otras ocasiones he destacado el significado espiritual de la parábola; esta vez querría subrayar en ella un aspecto poco desarrollado, pero actual. En el fondo, la parábola no es sino la historia de una reconciliación entre padre e hijo, y todos sabemos cuán vital es una reconciliación tal para la felicidad de padres e hijos.



Quién sabe por qué la literatura, el arte, el espectáculo, la publicidad se aprovechan sólo de una relación humana: la de fondo erótico entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. Parece como si no existiera otra en la vida. Publicidad y espectáculo no hacen más que guisar en mil salsas este plato. Dejan en cambio inexplorada otra relación humana igualmente universal y vital, otra de las grandes fuentes de gozo de la vida: la relación padre-hijo, el gozo de la paternidad. En literatura la única obra que trata verdaderamente este tema es la «Carta al padre» de F. Kafka (el romance «Padres e hijos» de Turgenev más que de padres e hijos habla de generaciones diversas).



Pero si se ahonda con serenidad y objetividad en el corazón del hombre se descubre que, en la mayoría de los casos, una relación conseguida, intensa y serena con los hijos es, para un hombre adulto y maduro, no menos interesante y satisfactoria que la relación con la mujer. Sabemos cuán importante es tal relación también para el hijo o la hija y el vacío tremendo que deja la carencia o su ruptura.



Igual que el cáncer ataca habitualmente los órganos más delicados en el hombre y en la mujer, así el poder destructor del pecado y del mal ataca los ganglios más vitales de la existencia humana. No hay nada que sea sometido al abuso, a la explotación y a la violencia como la relación hombre-mujer, y no hay nada que esté tan expuesto a la deformación como la relación padre-hijo: autoritarismo, paternalismo, rebelión, rechazo, incomunicación.



No hay que generalizar. Existen casos de relaciones bellísimas entre padre e hijo. Sabemos sin embargo que hay también, y más numerosos, casos negativos. En el profeta Isaías se lee esta exclamación de Dios: «Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí» (1,2). Creo que muchos padres hoy en día saben, por experiencia, qué quieren decir estas palabras.



El sufrimiento es recíproco; no es como en la parábola, donde la culpa es toda y sólo del hijo... Hay padres cuyo sufrimiento más profundo en la vida es ser rechazados o directamente despreciados por los hijos. Y hay hijos cuyo más profundo y no confesado sufrimiento es sentirse incomprendidos, no estimados o francamente rechazados por el padre.



He insistido en la implicación humana y existencial de la parábola de hoy. Pero no se trata sólo de mejorar la calidad de la vida en este mundo. La iniciativa de una gran reconciliación entre padres e hijos y la necesidad de una sanación profunda de su relación entra de nuevo en el esfuerzo de una nueva evangelización. Se sabe cuánto puede influir, positiva o negativamente, la relación con el padre terreno en la relación con el Padre de los cielos y por lo tanto en la vida cristiana misma. Cuando nació el precursor, Juan Bautista, el ángel dijo que una de sus tareas era «hacer volver los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos hacia los padres»[Lucas 1, 17 Ndr]. Una tarea hoy más actual que nunca.















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Vida Cristiana

24 tiempo ordinario C 15/09/1919 – Lucas 15, 1-32

   



[Chiesa/Omelie1/Misericordia/24C19PadreMisericordiosoHijoProdigoHijoMayorParábola]

Ø  Domingo 24 del tiempo ordinario, Ciclo C. 15 de septiembre de 2019. La parábola del Padre misericordioso. El pecado del hijo pródigo: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde». Nuestro Padre Dios que es puesto en estado de sospecha, y acusado de ser el enemigo de la criatura. La paternidad es considerada como un obstáculo, límite o impedimento para la realización del individuo. El hombre será propenso a ver en Dios ante todo una propia limitación y no la fuente de su liberación y la plenitud del bien. Como si el hombre fuera expropiado de su humanidad cuando, al aceptar la idea de Dios, le atribuye lo que pertenece al hombre y exclusivamente al hombre. El árbol de la ciencia y la prohibición de comer sus frutos tenían el fin de recordar al hombre que no es 'como Dios': ¡es sólo una criatura!, particularmente perfecta porque está hecha a 'imagen y semejanza de Dios', y con todo, siempre y sólo una criatura. Precisamente esta verdad, y por consiguiente el principio primordial de comportamiento del hombre, ha sido radicalmente “contestada”, y ha sido juzgada con  el criterio según el cual Dios es 'alienante' para el hombre, de modo que si éste quiere ser él mismo, ha de acabar con Dios (Cfr., p.e., Feuerbach, Marx, Nietzsche). El arrepentimiento y conversión: no son un «sentimiento de culpa», sino encuentro con la misericordia de nuestro Padre Dios. La conversión es fruto del encuentro con Dios Padre, rico en misericordia. El auténtico conocimiento de Dios misericordioso es una constante e inagotable fuente de conversión.




v  24 tiempo ordinario C  15/09/1919 – Lucas 15, 1-32


Cf. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme 1999, pp. 278-284; Temi di predicazione – Omelie, Ciclo C 78 Nuova serie, Editrice Domenicana Italiana pp. 108-11, Geraldo Incalza; Temi di Predicazione Omelie, 4/2013, Ciclo C - 2012 / 2013, XIX-XXVIII Domenica del Tempo Ordinario, 11 agosto - 13 ottobre 2013.



Lucas 15, 1-32. [vv.1-10: Las parábolas de la oveja y de la moneda perdidas]
La parábola del hijo pródigo
11 También les dijo: - «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: 12 "Padre, dame la parte de la  hacienda que me corresponde" El padre les repartió los bienes. 13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 15 Fue y se puso a servir a un hombre de aquella región, el cual lo mandó a sus tierras  a guardar cerdos. 16 Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie se las daba. 17 Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. 18 Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;  19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. " 22 Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestido; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. 25 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, 26 y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. 27  Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." 28 Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." 31 Pero él le respondió: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: 32 pero había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado».

                                         

La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia.

(San Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, n. 13)

La misericordia de Dios le da la vida al hombre, lo resucita de la muerte.

El Señor nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia.

¡No tengamos temor de acercarnos a Él! ¡Hay un corazón misericordioso!

Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados,

¡Él siempre nos perdona. Es pura misericordia!

(Papa Francisco, Angelus 9 de junio de 2013)



1.    El pecado del hijo pródigo: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde».


v  No se trata solamente de una falsificación de nuestra identidad con relación a Dios, es decir, que somos criaturas/hijos/dependientes, sino también de una falsificación sobre la verdad de nuestro Padre Dios que es puesto en estado de sospecha, y acusado de ser el enemigo de la criatura. 


o   La paternidad es considerada como un obstáculo, límite o impedimento para la realización del individuo.


·         “Padre, dame la parte de la  hacienda que me corresponde”. Hay diversos aspectos que son

como el contenido de esta petición del hijo menor. La paternidad es considerada como un obstáculo, límite o impedimento para la realización del individuo. No se trata solamente de una falsificación de nuestra identidad con relación a Dios, es decir, que somos criaturas/hijos/dependientes, sino también de una falsificación sobre la verdad de nuestro Padre Dios que es puesto en estado de sospecha, y acusado de ser el enemigo de la criatura. 

§  El hombre será propenso a ver en Dios ante todo una propia limitación y no la fuente de su liberación y la plenitud del bien. Como si el hombre fuera expropiado de su humanidad cuando, al aceptar la idea de Dios, le atribuye lo que pertenece al hombre y exclusivamente al hombre.

  • Juan Pablo II, Encíclica «Dominum et Vivificantem», n. 38: “El análisis del pecado en su

dimensión originaria indica que, por parte del « padre de la mentira », se dará a lo largo de la historia de la humanidad una constante presión al rechazo de Dios por parte del hombre, hasta llegar al odio: « Amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios », como se expresa San Agustín. (Cf. De Civitate Dei XIV, 28: CCL 48, p. 451). El hombre será propenso a ver en Dios ante todo una propia limitación y no la fuente de su liberación y la plenitud del bien. Esto lo vemos confirmado en nuestros días, en los que las ideologías ateas intentan desarraigar la religión en base al presupuesto de que determina la radical « alienación » del hombre, como si el hombre fuera expropiado de su humanidad cuando, al aceptar la idea de Dios, le atribuye lo que pertenece al hombre y exclusivamente al hombre. Surge de aquí una forma de pensamiento y de praxis histórico-sociológica donde el rechazo de Dios ha llegado hasta la declaración de su « muerte ». Esto es un absurdo conceptual y verbal. Pero la ideología de la « muerte de Dios » amenaza más bien al hombre, como indica el Vaticano II, cuando, sometiendo a análisis la cuestión de la « autonomía de la realidad terrena », afirma: « La criatura sin el Creador se esfuma ... Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida ».( Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en e1 mundo actual, 36) La ideología de la « muerte de Dios » en sus efectos demuestra fácilmente que es, a nivel teórico y práctico, la ideología de la « muerte del hombre ».”

o   El árbol de la ciencia y la prohibición de comer sus frutos tenían el fin de recordar al hombre que no es 'como Dios': ¡es sólo una criatura!, particularmente perfecta porque está hecha a 'imagen y semejanza de Dios', y con todo, siempre y sólo una criatura.


§  Precisamente esta verdad, y por consiguiente el principio primordial de comportamiento del hombre, ha sido radicalmente “contestada”, y ha sido juzgada con  el criterio según el cual Dios es 'alienante' para el hombre, de modo que si éste quiere ser él mismo, ha de acabar con Dios (Cfr., p.e., Feuerbach, Marx, Nietzsche).

·         Juan Pablo II, Audiencia 12/11/1986: “Ese árbol de la ciencia y la prohibición de comer sus

frutos tenían el fin de recordar al hombre que no es 'como Dios': ¡es sólo una criatura!. Sí, una criatura particularmente perfecta porque está hecha a 'imagen y semejanza de Dios', y con todo, siempre y sólo una criatura. Esta era la verdad fundamental del ser humano. El mandamiento que el hombre recibió al principio incluía esta verdad expresada en forma de advertencia: Recuerda que eres una criatura llamada a la amistad con Dios y sólo El es tu Creador: 'No quieras ser lo que no eres!. No quieras ser 'como Dios'. Obra según lo que eres, tanto más cuanto que ésta es ya una medida muy alta: la medida de la 'imagen y semejanza de Dios'. Esta te distingue entre las criaturas del mundo visible, te coloca sobre ellas. Pero al mismo tiempo la medida de la imagen y semejanza de Dios te obliga a obrar en conformidad con lo que eres. Sé pues fiel a la Alianza que Dios-Creador ha hecho contigo, criatura, desde el principio.

Precisamente esta verdad, y por consiguiente el principio primordial de comportamiento del hombre, no sólo ha sido puesto en duda por las palabras del tentador referidas en Gen 3, sino que además ha sido radicalmente “contestado”. Al pronunciar esas palabras tentadoras, la 'antigua serpiente', tal como le llama el Apocalipsis (Ap 12, 9), formula por primera vez un criterio de interpretación al que recurrirá luego el hombre pecador muchas veces intentando afirmarse a sí mismo e incluso crearse una ética sin Dios: es decir, el criterio según el cual Dios es 'alienante' para el hombre, de modo que si éste quiere ser él mismo, ha de acabar con Dios (Cfr., p.e., Feuerbach, Marx, Nietzsche).

La palabra 'alienación' presenta diversos matices de significado. En todos los casos indica la 'usurpación' de algo que es propiedad de otro. ¡El tentador de Gen 3 dice por primera vez que el Creador ha 'usurpado' lo que pertenece al hombre-criatura! Atributo del hombre sería pues el 'ser como Dios' lo cual tendría que significar la exclusión de toda dependencia de Dios”.

o   La esencia del pecado está en el alejamiento de la casa del padre; es la ruptura de una relación personal entre el Creador y la criatura.


§  Según el testimonio del pecado original, el pecado fue la desobediencia a Dios de nuestros primeros  padres, motivado por una desconfianza de ellos hacia Él; esto mismo será válido para explicar los pecados que cometemos los hombres.

2.    El arrepentimiento y conversión: no son un «sentimiento de culpa», sino encuentro con la misericordia de nuestro Padre Dios.


·         “Recapacitando,  se dijo: ... me levantaré e iré a mi padre, y le diré: «Padre, he pecado ... contra ti”.

Cuando el hijo pródigo recapacita, también a través de la tragedia y de los fracasos,  vuelve a su padre. Debemos reconciliarnos con Dios (Cf. 2 Cor 5, 18-21) nuestro Padre, porque si, cuando  recapacitamos, no salimos  de nosotros mismos, pueden darse dos riesgos: la autoflagelación o la autocompasión que, a su vez, no nos llevan al arrepentimiento, no se da el sentido del pecado sino simplemente el «sentimiento de culpa» que, como sabemos, nos enrolla en  la soledad y nos atasca en nosotros mismos.



v  La conversión es fruto del encuentro con Dios Padre, rico en misericordia. El auténtico conocimiento de Dios misericordioso es una constante e inagotable fuente de conversión.


·         JPII, «Dives in misericordia»,  n. 13: “La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su

misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno (117) a medida del Creador y Padre: el amor, al que « Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo » (118) es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia.

El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una

constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris”.



v  El hijo pródigo madura el sentido de la dignidad perdida a través de la desastrosa situación material a la que llega.


·         El hecho de que vuelva a casa después del fracaso de su vida (vv. 14-16 del Evangelio), no debe

llevarnos a pensar que actuó solamente por oportunismo sin que se diese un cambio en su conciencia. Por una parte, con toda seguridad, Jesús no pretendía ponernos como ejemplo la bribonería del hijo menor, y, por otra, tampoco ponernos como ejemplo a un padre ingenuo que no se da cuenta de las verdaderas intenciones de su hijo. ¡Muchas veces todos nos damos cuenta de que hemos ofendido al Señor después de comprobar hasta donde nos llevan nuestras infidelidades!

o   El patrimonio que aquel hijo había recibido de su padre era un recurso de bienes materiales, pero más importante que estos bienes materiales era su dignidad de hijo en la casa paterna.


§  La situación en que llegó a encontrarse cuando ya había perdido los bienes materiales, le debía hacer consciente, por necesidad, de la pérdida de esa dignidad.

·         Dives in misericordia, n. 5: “Aquel hijo, « cuando hubo gastado todo..., comenzó a sentir necesidad

 », tanto más cuanto que sobrevino una gran carestía « en el país », al que había emigrado después de abandonar la casa paterna. En este estado de cosas « hubiera querido saciarse » con algo, incluso « con las bellotas que comían los puercos » que él mismo pastoreaba por cuenta de « uno de los habitantes de aquella región ». Pero también esto le estaba prohibido.

La analogía se desplaza claramente hacia el interior del hombre. El patrimonio que aquel tal había recibido de su padre era un recurso de bienes materiales, pero más importante que estos bienes materiales era su dignidad de hijo en la casa paterna. La situación en que llegó a encontrarse cuando ya había perdido los bienes materiales, le debía hacer consciente, por necesidad, de la pérdida de esa dignidad. El no había pensado en ello anteriormente, cuando pidió a su padre que le diese la parte de patrimonio que le correspondía, con el fin de marcharse. Y parece que tampoco sea consciente ahora, cuando se dice a sí mismo: « ¡Cuántos asalariados en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre! ». Él se mide a sí mismo con el metro de los bienes que había perdido y que ya « no posee », mientras que los asalariados en casa de su padre los « poseen ». Estas palabras se refieren ante todo a una relación con los bienes materiales. No obstante, bajo estas palabras se esconde el drama de la dignidad perdida, la conciencia de la filiación echada a perder.

Es entonces cuando toma la decisión: « Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado, contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros ».(63) Palabras, éstas, que revelan más a fondo el problema central. A través de la compleja situación material, en que el hijo pródigo había llegado a encontrarse debido a su ligereza, a causa del pecado, había ido madurando el sentido de la dignidad perdida.”

3.    La figura del hijo mayor


v  Su lógica es, ciertamente, una lógica legítima, dentro de  la que el hijo mayor está seguro de vencer, y de “tener razón”.  Por otra parte, sin embargo, está la lógica del padre, que es la del amor. Ella no renuncia a la justicia y al derecho, pero los supera introduciendo la grandeza de la donación.


o   Por desgracia, muchos cristianos están parados en la primera lógica, en la pura y simple recompensa por los gestos debidos y ejecutados con fidelidad. Cristo nos invita a ir más allá, a acceder a la lógica de la gratuidad, de la generosidad, de la comunión.


·         Ravasi, o.c., p. 280: Refleja la figura de las personas «que están convencidas de ser acreedores en

relación con Dios», y , sobre todo, de haber alcanzado un pedestal desde el cual pueden juzgar y envanecerse. Por el contrario, también los que siempre se han quedado en la casa del padre tienen necesidad de recordar las palabras de Pablo: «todos fueron constituidos pecadores y todos están privados de la gloria de Dios” (Rom 5, 19; 3,23).  Todos deben implorar perdón y, sobre todo, compartir el gozo de Dios todas las veces en las que abraza un hijo pecador convertido”. 

- Ravasi, p. 284 «Por una parte está la lógica rígida del mérito, encarnada en el hijo mayor; se manifiesta en los derechos y deberes respetados rigurosamente, en la ley observada y en el consiguiente juicio severo sobre las transgresiones. Es, ciertamente, una lógica legítima, dentro de  la que el hijo mayor está seguro de vencer, y de “tener razón”.  Por otra parte, sin embargo, está la lógica del padre, que es la del amor. Ella no renuncia a la justicia y al derecho, pero los supera introduciendo la grandeza de la donación. Por desgracia, muchos cristianos están parados en la primera lógica, en la pura y simple recompensa por los gestos debidos y ejecutados con fidelidad. Cristo nos invita a ir más allá, a acceder a la lógica de la gratuidad, de la generosidad, de la comunión: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis  y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados” (Lucas 3, 35-37).

o   Él mismo se excluyó de la fiesta.


·         Él mismo se excluye de la fiesta. ¿Por qué? Por caer en ese estado en el que el hombre es absorbido

completamente en el propio mundo, en los propios pensamientos, donde se puede consolidar el sentimiento de estar en regla, en el lugar justo merecedor de un reconocimiento.  Dice el evangelio que «se indignó» (v. 28). No percibió su vida y las demás cualidades como don recibido, gratuitamente; estaba fuera de la relación padre-hijo-hermano, y por tanto no se alegró por el bien de su hermano, por el bien de los demás, lo cual es una señal de la autenticidad de la fe: «adhiriéndonos al bien», «honrando cada uno a los otros más que a sí mismo», «alegrándonos con los que se alegran», etc. (Cfr. Romanos 12, 9-21).

o   Se comportó más como un mercenario que como un hijo. Cree de gozar de créditos en relación con su padre. Y esto es precisamente lo que Jesús quería corregir en los fariseos que le escuchaban


·         Raniero Cantalamessa [1]: “El error del hijo mayor es que consideraba el haber permanecido siempre en

casa con su padre y haberle servido en todo, no un privilegio sino un mérito, no una alegría sino una fatiga. Se comportó más como un mercenario que como un hijo. Cree de gozar de créditos en relación con su padre. Y esto es precisamente lo que Jesús quería corregir en los fariseos que le escuchaban”.

4.    La misericordia, la conversión, el perdón, la alegría: otros textos [Cfr. La alegría del perdón, Edibesa 1998 – cf. índice analítico]


a)       El Señor viene a nuestro encuentro cuando nos convertimos en lo más profundo del alma (San

Ambrosio, Comentario al Evangelio de san Lucas, VII).

b)      Nada es tan grato a Dios, y tan conforme a su amor, como la conversión de los hombres mediante un

sincero arrepentimiento por los pecados (San Máximo el Confesor, Carta 11).

c)       Dios conoce perfectamente la fragilidad de nuestra naturaleza (Santa Teresita del Niño Jesús, Historia de

un alma, cap. VIII).

d)      Nuestro Padre Dios previene nuestro deseo de perdón abriéndonos sus brazos con su gracia (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 649).

e)       La alegría del padre se celebra con un banquete: en la cultura, y en la religión hebraica, el banquete era la expresión fundamental de amistad, de fiesta y de paz (Catecismo de adultos, n. 198).

f)       La penitencia valiosa es la que suscita Dios: por su misericordia llama al arrepentimiento (San Juan de Avila, Sermón del miércoles de ceniza, n. 7,1).

g)      No perder la esperanza de la conversión (San Cirilo de Jerusalén, Segunda catequesis bautismal, la penitencia, n. 5).

h)      Dios no se cansa de perdonar; la conciencia de ser como vasos de arcilla nos debe servir para consolidar nuestra esperanza en Cristo (San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 215).

i)        La conversión transforma al hombre (Conferencia Episcopal Española, Dejaos reconciliar con Dios, n.3).

j)        La llamada de Jesús a la penitencia se dirige, sobre todo, a la conversión del corazón (CCE n. 1430).

k)      La conversión es obra de la gracia de Dios (CCE n. 1432). etc. 



5.    Catecismo de la Iglesia Católica n. 1439


v  Una descripción maravillosa del proceso de la conversión y de la penitencia


o   La fascinación de una libertad ilusoria; la miseria extrema en que el hijo se encuentra; el arrepentimiento, la alegría y la acogida generosa del padre, etc.  


-          El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la

parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el Padre misericordioso" (Lucas 15, 11  - 24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.



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[1] Passa Gesù di Nazaret, Piemme 1999, pp. 251-252

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