miércoles, 22 de noviembre de 2017

EL REINO DE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO Cfr. Homilía del Papa Francisco en Santa Marta Jueves, 16 de noviembre de 2017




EL REINO DE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO

v  Cfr. Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

                  Jueves, 16 de noviembre de 2017

El Evangelio de hoy (Lc 17,20-25) recoge una pregunta que los fariseos dirigen a Jesús:
“¿Cuándo vendrá el reino de Dios?”.  Una pregunta sencilla, que nace de un corazón bueno y aparece muchas veces en el Evangelio. Por ejemplo, Juan Bautista, cuando estaba en la cárcel, angustiado, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús si Él era el que debía venir o había que esperar a otro. O bien, en otro pasaje, la pregunta vuelve, esta vez descaradamente: “si eres tú, baja de la cruz”.

v  “El reino de Dios está en medio de vosotros”: crece a escondidas

Siempre la duda, la curiosidad sobre cuándo vendrá el reino de Dios. “El reino de Dios está en medio de vosotros”: es la respuesta de Jesús. Ese alegre anuncio en la sinagoga de Nazaret cuando Jesús, después de leer un pasaje de Isaías, dice que esa escritura se cumplía hoy, en medio de ellos.
Como la semilla que, sembrada, crece por dentro, así el reino de Dios crece a escondidas en medio de nosotros o se encuentra escondida come la piedra preciosa o el tesoro, pero siempre con humildad.

v  El Espíritu Santo da el crecimiento a esa semilla

Pero, ¿quién da el crecimiento a esa semilla, quien lo hace germinar? Dios, el Espíritu Santo que está en nosotros. Y el Espíritu Santo es espíritu de mansedumbre, espíritu de humidad, es espíritu de obediencia, espíritu de sencillez. Es Él quien hace crecer dentro el reino de Dios, no son los planes
pastorales, las grandes cosas… No, es el Espíritu, a escondidas. Hace crecer y, llegado el momento, aparece el fruto.

En el caso del buen ladrón, ¿quién habría sembrado la semilla del reino de Dios en su corazón: quizá su madre o tal vez un rabino cuando le explicaba la ley? Luego, a lo mejor se le olvidó, pero en cierto momento, a escondidas, el Espíritu lo hace crecer.

v  “El reino de Dios no vendrá espectacularmente”. Es siempre una sorpresa.


El reino de Dios es siempre una sorpresa, porque es un don dado por el Señor. Jesús explica también que “el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí”.

o   No le gusta la publicidad. Es escondido, y así crece.

§  La mujer más santa pero escondida. Nadie sabía del misterio del reino de Dios
No es un espectáculo o peor aún –aunque muchas veces se piensa– un carnaval. El reino de Dios no se deja ver con soberbia, con orgullo, no le gusta la publicidad: es humilde, escondido, y así crece. Pienso que cuando la gente miraba a la Virgen, allí, siguiendo a Jesús, dirían: “esa es su madre…”. La mujer más santa, pero escondida, nadie sabía el misterio del reino de Dios, la santidad del reino de Dios. Y cuando estaba al lado de la cruz de su hijo, la gente decía: “Pobre mujer, con este criminal como hijo, pobre mujer”. Nadie, ninguno lo sabía.

v  El reino de Dios, pues, crece siempre a escondidas porque está el Espíritu Santo dentro de nosotros que lo hace germinar hasta dar fruto.

o   Todos estamos llamados a hacer ese camino del reino de Dios

§  Todos estamos llamados a hacer ese camino del reino de Dios: es una vocación, es una gracia, es un don, es gratuito.
El reino de Dios, pues, crece siempre a escondidas porque está el Espíritu Santo dentro de nosotros que lo hace germinar hasta dar fruto. Todos estamos llamados a hacer ese camino del reino de Dios: es una vocación, es una gracia, es un don, es gratuito, no se compra, es una gracia que Dios nos da. Y todos los bautizados llevamos dentro el Espíritu Santo. ¿Cómo es mi trato con el Espíritu Santo, el que hace crecer en mí el reino de Dios?

v  Una buena pregunta para hacernos todos hoy: ¿Creo de verdad que el reino de Dios está en medio de nosotros, está escondido, o me gusta más el espectáculo?


Una buena pregunta para hacernos todos hoy: ¿Creo de verdad que el reino de Dios está
en medio de nosotros, está escondido, o me gusta más el espectáculo? Pidamos al Espíritu Santo la gracia de hacer germinar en nosotros y en la Iglesia, con fuerza, la semilla del reino de Dios para que se haga grande, dé refugio a tanta gente y dé frutos de santidad.




VIDA CRISTIANA

[534TO08 Cristo Rey] JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO: + Fr. Santiago Agrelo Martínez Arzobispo de Tánger


JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

A LOS PRESBÍTEROS, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A LOS FIELES LAICOS  DE LA IGLESIA DE TÁNGER

A todos vosotros, amados del Señor: Paz y Bien.

Me pregunto si la de hoy es una fiesta o es un escándalo. En realidad, cada domingo, precisamente porque es domingo, por ser el día del Señor, el día de Cristo resucitado, para unos es una fiesta, para otros es un escándalo, para muchos otros, el domingo es sólo un día más del deseado fin de semana.
Cuando a la luz de la palabra de Dios y desde mi experiencia de creyente, malo pero creyente, me acerco a vuestra celebración del domingo, intento sólo ayudaros a entrar en el misterio de salvación que celebráis, a gustar la gracia que se os ofrece, a descubrir el amor que envuelve vuestra vida y, de paso, os invito a vivir en conformidad con lo que, en vuestra celebración, habéis conocido de Dios y recibido de él.
De lo que tal vez nosotros no somos conscientes, es de que, por ese camino sencillo y humilde de la experiencia creyente, del gozo y del canto dominical, estamos librando la batalla de la fiesta contra el escándalo, la batalla del amor contra la indiferencia, la batalla de los pobres contra la marginación, la batalla de los crucificados contra la muerte.
¿No es verdad que muchas veces os habéis sentido solos por causa de vuestra fe, por vuestras opciones morales, por vuestros compromisos laborales, por vuestras decisiones políticas? ¿No es verdad que resulta extraño, por no decir muy raro, que alguien se declare hoy seguidor de Cristo Jesús? ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué molesta un crucifijo en una escuela? Si molesta un crucifijo que nada dice y no se mueve, ¿os imagináis lo que molestáis vosotros cuando vuestra vida y vuestra lengua dan testimonio de lo que creéis y de lo que sois?
Este creyente, malo pero creyente, que cada domingo os acompaña al misterio de la Eucaristía, y que parece llevaros a un remanso de paz, en realidad os está llevando a una guerra, y es bueno que lo sepáis. Los creyentes, con nuestras misas y nuestras mesas, con nuestros ritos y nuestras oraciones, no estamos tratando de salvarnos a nosotros mismos, y mucho menos pretendemos salvar a Dios; luchamos para que la salvación de Dios alcance al hombre, a todo hombre que viene a este mundo, primero al pobre, luego al indiferente, luego, si es todavía posible, también al del escándalo orgulloso.
Queridos: nuestro mundo tiene sus padres, y no es bueno que ignoremos qué herencia hemos recibido de ellos, pues sólo si la conocemos, dejará de darnos miedo.
Os invito a leer una larga cita de un poeta alemán: “Eso que se adora como el Mesías, convierte al mundo en un hospital. Llama hijos suyos, sus bienamados, a los débiles, a los desgraciados y a los enfermos. ¿Y los fuertes? ¿Cómo nos podríamos superar, nosotros, si prestamos nuestra fuerza a los desgraciados, a los oprimidos, a los viles perezosos, desprovistos del sentido de la energía? Que caigan, que mueran solamente los miserables. ¡Sed duros, sed terribles, no tengáis piedad! ¡Debéis ir adelante, siempre adelante! Pocos hombres, pero grandes… con sus brazos vigorosos, musculosos, dominadores, construirán un mundo sobre los cadáveres de los débiles, de los enfermos[1].
Si nos fuese posible poner sobre la tumba del poeta, no digo ya los cadáveres, sino sólo los nombres de los débiles, de los enfermos, de los otros, de los muchos, que desde entonces, desde que él escribió su cuento hasta hoy, han sido sacrificados al vigor y al músculo de los dominadores, levantaríamos una torre que tocaría con sus almenas el cielo de los nuevos dioses. Pero esos nombres de víctimas habrá que repartirlos equitativamente sobre millones de tumbas, las de millones de hombres y mujeres que, aun sin conocer las ideas del poeta, las mudaron en oráculo de un profeta, haciéndolas suyas en la vida familiar, en el trabajo, en la política.
Habréis observado, sin embargo, hermanos míos, que para deshacerse de los débiles, antes hay que deshacerse de “eso que se adora como Mesías”. Quiere ello decir que vuestro domingo, vuestra misa, vuestra fiesta, es una barrera levantada frente a los que sueñan un mundo sin piedad y trabajan incansablemente por realizarlo.
Cada vez que entras en tu iglesia, estás optando por Cristo y su mundo, estás optando por el hombre, estás optando por Dios.

***
Ahora, queridos, os invito a recordar lo que en esta celebración hemos escuchado como anuncio profético: “Así dice el Señor Dios: _Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro… Yo mismo apacentaré mis ovejas… Buscaré las perdidas, haré volver las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”.
Escuchamos una profecía, pero entendimos un evangelio. Escuchamos la palabra de una promesa, pero reconocimos una palabra ya cumplida. Escuchamos al Señor que decía: “buscaré, vendaré, curaré”, y recordamos que Jesús, el Mesías, el Señor, como buen pastor, “nos ha buscado, vendado y curado”.
Su nombre es Jesús, y es un nombre verdadero. Significa lo que dice: Dios salva.
Su nombre es Jesús, porque en Jesús, es Dios quien busca sus ovejas, es Dios quien apacienta, quien hace volver, quien va vendando heridas, quien va curando enfermos.
Su nombre es Jesús, y con él el Reino de Dios se hace buena noticia para los pobres: El Espíritu del Señor está sobre mí… Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos...
Escuchamos una profecía, y nos viene a la memoria entero el evangelio, palabras y gestos de Jesús de Nazaret, Dios con nosotros, Dios entre nosotros, Dios para nosotros, Dios que llama, invita, busca, enseña, alimenta, cura, libera, Dios buen pastor que da la vida por sus ovejas. Con toda verdad podemos decir: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
Escucha la oración de María de Nazaret: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. Es su modo de decir: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Y si es el sacerdote Zacarías el que dice: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo”; en realidad entendemos que va diciendo: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Y si los pastores se vuelven de Belén “glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído”, nosotros nos sumamos a su canto, diciendo con ellos: “El Señor es mi pastor”. Y si es aquel Simeón honrado y piadoso el que dice: “Ahora, Señor, ya puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador”, entendemos que está diciendo con palabras de fe: “Ya nada me falta, porque tú vas conmigo”.
Pero tú no has aclamado hoy al Señor sólo para sumar tu voz a la de quienes se encontraron un día con Jesús de Nazaret. Tú lo aclamas con un salmo del corazón porque tú te has encontrado con el Señor, “porque él ha mirado tu humillación”, se ha fijado en tu pequeñez, “te ha visitado y redimido”, se te ha revelado como tu Salvador, te ha purificado con su gracia, iluminado con su luz, alimentado con su cuerpo y con su sangre, salvado con su vida. Te encontraste con él en el bautismo, para creer y ver. Te encontraste con él en la confirmación, para recibir su Espíritu y ser enviado. Te encontraste con él en la eucaristía, para ofrecerte con él y recibir de él el pan del cielo, medicina de inmortalidad. Te encontraste leproso con él, y él se quedó con tu lepra. Te encontraste enfermo con él, y él cargó con la miseria de tu enfermedad. Ya nunca dejarás de aclamar: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”.

***
Queridos: Habréis observado que, buscando la razón de nuestro salmo, de nuestro gozo, de nuestra alabanza, hemos acudido a la memoria de la fe, hemos recordado el evangelio de Jesús, y también nuestra historia personal, en la que tantas veces y de maneras tan distintas hemos experimentado la cercanía de Dios, de nuestro Rey, del Buen Pastor de nuestras vidas.
No quiero, sin embargo, que olvidéis lo que hoy estáis viviendo, pues las palabras de la profecía adquieren especial significado y verdad en esta celebración. Las volvemos a escuchar: “Así dice el Señor Dios: _Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro… Yo mismo apacentaré mis ovejas… Buscaré las perdidas, haré volver las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”. Tú sabes, Iglesia amada del Señor, que es él en persona el que hoy te busca, que es él quien anda hoy siguiendo tu rastro; tú sabes que él viene hoy a vendar tus heridas, a curar en tu seno a sus ovejas enfermas. Tu salmo, tu gozo, tu alabanza, no nacen sólo de lo que has vivido en el pasado, se alimentan también de lo que celebras hoy. Aquí escuchas a Cristo, aquí te ofreces con Cristo, aquí recibes su gracia, aquí glorificas con él en la unidad del Espíritu al Padre del cielo, aquí participas en la mesa de los hijos de Dios, aquí comes el pan de la vida en el banquete del Reino, aquí recibes la prenda de la gloria futura. También por este encuentro de hoy con tu Dios, vas diciendo con verdad: El Señor es mi pastor, nada me falta”.

***
Conviene que consideremos aún otro aspecto del misterio que celebramos. Ya te has dado cuenta de que Dios ha salido en tu busca, y lo ha hecho en Cristo y en la Iglesia. Dios nos ha buscado en Cristo, y en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Para cada uno de nosotros la promesa de Dios se hizo concreta en la vida de Jesús de Nazaret y en la comunidad cristiana que nos buscó, nos  recibió, nos formó, nos reunió, nos transformó…
La palabra de Dios, también la palabra de sus promesas, la palabra profética, es una palabra dicha para siempre y que siempre se ha de cumplir. Allí donde oíste decir: _Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro… Yo mismo apacentaré mis ovejas… Buscaré las perdidas, haré volver las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”, allí reconociste anunciado lo que tú has recibido, pero además te has sentido interpelado por tu Dios y llamado a una tarea maravillosa, pues en ti alienta hoy el ansia de Dios para buscar a sus ovejas, son las tuyas las manos que Dios tiene hoy para vendar las heridas de sus hijos, es tuyo el corazón con que Dios se acerca hoy a sus enfermos para curarlos.

***
¡Sorpresa! El que te invitó al gran banquete del Reino de Dios, el mismo que hoy te invita a su mesa en esta eucaristía, ¡tiene hambre! El mismo que te vistió con la gracia del cielo, ¡está desnudo! El mismo que te libró de tus esclavitudes y de tus miedos, ¡está encarcelado y siente terror y angustia! El mismo que vino a hacerse para ti compañero de camino, ¡sufre soledad y abandono!
Nuestra celebración eucarística de hoy, no es sólo cumplimiento admirable de aquella palabra profética: _“Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro”; es también anticipación misteriosa del encuentro definitivo con Cristo nuestro Rey: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y  me disteis de comer, tuve sed… fui forastero… estuve desnudo… estuve enfermo… estuve en la cárcel…”.
Dejemos que el Rey nos juzgue hoy en este sacramento, de modo que entremos un día en el reino que él preparó para la misericordia.

***
Y aunque sea abusar mucho de vuestra paciencia, hoy puede caber en esta reflexión un poema que escribí para orar agradecidos y contemplar admirados allí donde los soldados quitaron a Jesús los vestidos:

Señor de la majestad,
de poder y luz ceñido,
que al cielo diste vestido,
galas a la eternidad.
Tú adornas la oscuridad
con atavío de estrellas,
y al día prendas tan bellas
le entregas cuando amanece,
que más el cielo parece
que de tu cielo las huellas.

Quien de gloria vestir pudo
la flor silvestre, y al ave
le dio de plumaje suave,
ligero y fuerte, un escudo,
hoy por vestir al desnudo
nos entrega su vestido.
Sólo el amor ha podido
en un prodigio unir dos:
dejar desvalido a Dios
y abrigado al desvalido.


El Señor os dé la paz.
Tánger, 17 de noviembre de 2008.

Siempre en el corazón Cristo.


+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger





[1] Rainer M. Rilke, Los Apóstoles (1896). Hallé la cita en H. De Lubac, El drama del humanismo ateo (Madrid 2008).

martes, 21 de noviembre de 2017

Señalan la ruptura familiar como la principal causa de los problemas de salud mental entre los niños




Inicio / Vida y familia
Un estudio británico destaca los beneficios de una familia unida

Ø Señalan la ruptura familiar como la principal causa de los problemas de salud mental entre los niños


El estudio ha sido realizado por Marriage Foundation tras analizar los datos de más de 10.000 madres con hijos de 14 años

21 noviembre 2017
Varios estudios muestran los beneficios que suponen para los hijos el crecer con un padre y una madre, así como el que sean parte de una familia unida. Ahora, un nuevo informe que utiliza una muestra de casi 11.000 madres con hijos de 14 años y que acaba de ser publicado confirma estos datos.

La principal conclusión a la que llega The Marriage Foundation tras analizar los datos de Millennium Cohort Study es que la ruptura familiar es la principal causa de la salud mental infantil en Reino Unido.

De este modo, más de un tercio (36%) de los adolescentes cuyos padres se habían separado/ divorciado habían reportado una mala salud mental, mientras que este porcentaje disminuía hasta el 22% entre cuyos padres estaban juntos.

Estado civil, felicidad y estabilidad
En este sentido, los autores del estudio aseguran que es el primero en Reino Unido que compara la salud mental de los niños con el estado civil, la felicidad y la estabilidad de sus padres. Un dato revelador que ofrece este análisis es que el mero hecho de tener padres casados actúa como un amortiguador contra la mala salud mental.



Comparando los resultados de niños que viven en hogares en los que están los padres y en otros en los que sólo hay uno, el estudio revela que el 32% de los vástagos de una familia monoparental presentaron problemas frente al 23% de los de padres casados.

Por su parte, los niños cuyos padres no tienen ningún tipo de relación formal, ni casado ni cohabitando, son los que salen peor parados, pues en estos casos un 40% presenta problemas.

El mejor marco de crecimiento de un niño
Este centro de investigación insiste en que una familia unida y feliz es el mejor marco para el crecimiento de un niño
, favoreciendo su salud emocional, mental e incluso física, por lo que hace un llamamiento para impulsar el papel de la familia.

De este modo, Harry Benson, director de investigación de Marriage Foundation, recuerda que “los problemas de salud mental durante la niñez proyectan una gran sombra sobre las oportunidades en la vida en el futuro, afectando al trabajo, las relaciones y el bienestar en la edad adulta”.

Tras presentar estos datos, el consejo que dan en este caso a las autoridades británicas es que “el conflicto entre los padres es la principal influencia en la salud mental de los niños en el marco de la familia”. Y añaden el punto clave: “Que los padres estén casados, permanezcan juntos, sean felices y permanezcan cerca de sus hijos hace una diferencia única”.

"Los niños necesitan" a sus padres
Este organismo reconoce los “heroicos esfuerzos” de los padres que crían solos a sus hijos pero agrega que “los niños necesitan y se benefician más de dos padres que se comprometen entre sí y se planifican para el futuro” recalcando que “la ruptura familiar tiene el mayor impacto negativo de todos”.

Benson recuerda además que la atención temprana trata en gran parte de mitigar las consecuencias del “colapso familiar”.

En este punto incide Paul Coleridge, presidente de esta institución, que afirma que “se citan muchas causas (uso excesivo de redes sociales, la sexualización de los niños y las presiones escolares), pero mientras estas aumentan el problema, parece que insistimos en hacer la vista gorda ante la razón subyacente más grande, la inestabilidad familiar y su destrucción”.


Atajar la causa principal
En su opinión, por muchos psicoterapeutas infantiles que haya capacitados nunca serán suficientes pues “no se puede detener la avalancha de problemas de salud mental infantil a menos que sepamos cuál es la causa principal: la desintegración de la familia".

“En 44 años que he pasado trabajando en tribunales de familia, la magnitud de la miseria causada por la ruptura familiar con el frágil estado emocional de los niños era evidente para todos los involucrados. Prácticamente en todos los casos que traté como abogado y juez, lo único que los niños querían por encima de todo era ver a sus padres y a su familia junta”, concluyó.

Otros estudios llegan a conclusiones similares
Al igual que éste, existen otros estudios enfocados en otros aspectos familiares que llegan, sin embargo a las mismas conclusiones. Recientemente, se publicaba un estudio del National Center of Fathering, centrado en la importancia de que los niños crezcan con una figura paterna. El centro afirmaba que los niños que viven en hogares sin padre tienen más posibilidades de ser pobres, de abusar de las drogas y el alcohol o de abandonar la escuela. La ausencia de esta figura también genera más posibilidades en estos niños de sufrir problemas de salud o emocionales. Los niños serían más propensos al delito y las niñas a quedarse embarazadas de adolescentes.

Por otro lado, el propio gobierno británico, a través del Ministerio del Trabajo, y apoyado en estudios sociológicos, recalcaba que cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad.

Del mismo modo, una importante investigación realizada por siete expertos y comandada por Mark D. Regnerus ya alertaba en 2013 de las consecuencias de que los niños crecieran sin un padre y una madre.

“Las estructuras parentales del mismo sexo excluyen por definición a la madre o al padre . Ciertamente, las parejas del mismo sexo, al igual que otros tipos de estructuras, pueden ofrecer calidad y esfuerzo con éxito en la crianza de niños, esto no se pone en discusión. Pero la evidencia de las ciencias sociales, en particular las conclusiones basadas en pruebas con muestras representativas, sugiere la ventaja única de una estructura formada por una madre y un padre”.

La conclusión final de este estudio aseguraba: “El matrimonio es el medio legal por el cual los niños se unen permanentemente con sus madres y sus padres biológicos, orientados hacia un desarrollo óptimo. Los padres del sexo opuesto permiten que los niños puedan beneficiarse de las contribuciones distintivas maternas y paternas. A la luz de estos hechos, salvaguardar el matrimonio es una libertad que debe serle reconocida a los niños, por lo menos tanto como a sus padres”.

VIDA CRISTIANA


lunes, 20 de noviembre de 2017

Campaña solidaria con la colaboración del autor de esculturas de la parroquia

Donando antes del 7 de diciembre 390$ puedes recibir una imagen.

Recaudado el 44% del objetivo y subiendo.
Más información en:

https://www.kickstarter.com/projects/ladyofpeace/lady-of-peace-senora-de-la-paz-javier-viver

sábado, 18 de noviembre de 2017

Domingo 33 tiempo ordinario Ciclo A ,19 noviembre 2017 Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 127, 1-2.3.4-5; 1 Tesalonicenses 5, 1-6; Mateo 25, 14-30; 1




[Chiesa/Omelie1/TempoStoria/33A17TiempoHistoriaTalentosDonesDiosActividadHumana]

Ø Domingo 33 del Tiempo Ordinario, Ciclo A (2017). El tiempo. La historia. Nuestra vida.  No durmamos como los demás, sino estemos en vela y seamos sobrios (2ª Lectura). Los dones/talentos que  Dios nos da son un compromiso por parte del hombre, que tiene que hacerlos fructificar. Sabiduría y  necedad. El talento se convierte en símbolo de la acción divina y de la respuesta humana. El Señor nos llama a un vigilante uso de los talentos que Él ha confiado a cada uno de nosotros. No son dignos del Señor quienes, por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo. Los  talentos son los dones que nos da Dios, que tenemos que usar para que den fruto: son un compromiso por parte del hombre. El que escondió el talento recibido inutilizó su existencia. La actividad humana responde al plan de Dios. Esto vale también para todos los trabajos cotidianos. Los deberes cívicos.


v  Cfr. Domingo 33 tiempo ordinario Ciclo A ,19 noviembre 2017

Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 127, 1-2.3.4-5; 1 Tesalonicenses 5, 1-6;
Mateo 25, 14-30; 1

1 Tesalonicenses 5, 1-6: 1 Acerca del tiempo y de las circunstancias, hermanos, no necesitáis que os escriba, 2 porque vosotros mismos sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche. 3 Así, pues, cuando clamen: "Paz y seguridad", entonces, de repente, se precipitará sobre ellos la ruina -como los dolores de parto de la que está encinta-, sin que puedan escapar. 4 Pero vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, de modo que ese día os sorprenda como un ladrón; 5 pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos en vela y seamos sobrios.
Mateo 25, 14-30: El Reino de los Cielos, 14 es también como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. 16 El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. 20 Llegado el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado. 21 Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. 22 Llegado también el que había recibido los dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste, he aquí otros dos que he ganado. 23 Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. 24 Llegado por fin el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo. 26 Le respondió su amo, diciendo: Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo de donde no he esparcido; 27 por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses. 28 Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez. 29 Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 30 En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

No durmamos como los demás,
sino estemos en vela y seamos sobrios
(1 Tesalonicenses 5, 6)

1.    Hay que velar y emplear bien el tiempo de nuestra vida.


v  Vivid como sabios

-          Además de las palabras de hoy de la Carta a los Tesalonicenses, San Pablo insiste, en otras dos Cartas:
·         Efesios 5, 15-17: 15 Fijaos bien cómo vivís; no como necios, sino como sabios. 16 redimiendo [1] el tiempo, porque vienen días malos. 17 Por eso, no os volváis insensatos, sino entended cuál es la voluntad del Señor.
Nuevo Testamento, EUNSA 2004, Comentario a 5, 8-29: (…) “La vida nueva recibida en el Bautismo se caracteriza por la sensatez, frente a la necedad de quienes se empeñan en vivir de espaldas a Dios (cfr. 1 Corintios 1-18). La consecuencia inmediata es hacer buen uso del tiempo que Dios nos da para santificarnos (v. 16).  
·         Colosenses 4, 5: 5 Comportaos sabiamente ante los de fuera, redimiendo el tiempo.

-           El mismo Jesús  nos dice acerca del tiempo de su segunda venida (Marcos 13, 32-36):
32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.  33 Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.34 Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 35 Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: 36 no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!.

-          El salmo 90, el versículo 12, hace una súplica al Señor, ante la brevedad de la vida: “Enséñanos a llevar
buena cuenta de nuestros días, para que logremos un corazón sabio”.
San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 52: “El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!”.

v  El misterio de la «plenitud de los tiempos».

o   El instante en el que el tiempo se convierte en tiempo de salvación

-          San Juan Pablo II, Enc. “Redemptoris Mater”, 25 de marzo de 1987, n. 1: “Esta plenitud
delimita el momento, fijado desde toda la eternidad, en el cual el Padre  envió a su Hijo « para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna » (Jn 3, 16). Esta plenitud señala el momento feliz en el que « la Palabra que estaba con Dios ... se hizo carne, y puso su morada entre nosotros » (Jn 1, 1. 14), haciéndose nuestro hermano”.  Esta misma plenitud señala el momento en que el Espíritu Santo, que ya había infundido la plenitud de gracia en María de Nazaret, plasmó en su seno virginal la naturaleza humana de Cristo. Esta plenitud define el instante en el que, por la entrada del eterno en el tiempo, el tiempo mismo es redimido y, llenándose del misterio de Cristo, se convierte definitivamente en « tiempo de salvación ».


2.    De una homilía de Juan Pablo II, sobre la parábola de los talentos, dones que Dios nos da  para que le demos gloria y hagamos el bien a los demás.

       En la Parroquia de Santa María de la Salud, en Roma (15-XI-1981).

v  El Señor nos llama a un vigilante uso de los talentos que Él ha confiado a cada uno de nosotros.

o   No son dignos del Señor quienes, por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo.

-          El Señor “nos llama a un vigilante y dinámico uso de los talentos que el Señor ha confiado a cada uno de
nosotros, y a ser generosos en la correspondencia a las gracias y a los dones que Él nos destina. Por esto, no son dignos del Señor la comunidad o el individuo que por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo. Precisamente en el Evangelio tenemos la actitud típica del que no hace fructificar los dones recibidos: "Señor sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra" (Mt 25,24-25). (…) El Señor de la parábola reprueba el comportamiento de ese siervo. Es un siervo negligente y holgazán, que no ha utilizado en absoluto su dinero, no lo ha explotado, sino que sin más lo ha desperdiciado. Y he aquí lo que dice el Señor: "Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene" (Mt 25,28-29). (…)

o   No nos podemos contentar con conservar los talentos y, mucho menos, dejarlos infructuosos.

Efectivamente, la parábola, insertada como está en el contexto de la parusía, hace pensar en la plenitud del Reino, como premio de una vigilancia que es espera operante y valiente en vista de la cual no nos podemos contentar con conservar el tesoro, mucho menos cuando dejar infructuoso los dones de los diversos talentos es culpa que merece llanto y rechinar de dientes (Mateo 25,30).
Todo esto comporta para cada uno de los cristianos el compromiso de corresponder a la gracia divina en orden a la perseverancia final, y exige también la voluntad de construir un nuevo mundo. (…)

o   El cristiano, instruido por la palabra de Jesús, vive en comunión con Él, vigilando constantemente. Esta espera, para ser auténtica, debe ser operante. Pablo insiste a los Tesalonicenses para que sean activos en el bien: el bien concreto, el de cada día.

  • Por esto, de la liturgia de hoy nace una doble llamada a permanecer en Cristo, como hemos
escuchado en el canto del aleluya: “Sé fiel hasta la muerte, dice el Señor, y te daré la corona de la vida eterna”, y a vigilar según las palabras de San Pablo a los Tesalonicenses. También aquí retorna el tema general del empleo generoso de los talentos, dados por Dios. El cristiano no es aquél que pierde el tiempo discutiendo sobre el día y la hora de la venida del Señor, sino más bien aquél que, instruido por la palabra de Jesús, vive en comunión con Él, vigilando constantemente. Esta espera, para ser auténtica, debe ser operante. Pablo insiste a los Tesalonicenses para que sean activos en el bien: el bien concreto, el de cada día. Se salvarán los que son vigilantes y sobrios, no los que duermen.

o   El Señor vendrá, no solamente al fin del mundo, sino también en nuestro tiempo y en nuestras vicisitudes cotidianas. De aquí nace también nuestra responsabilidad ante el mundo por su paz y su seguridad, por la paz que garantiza el Señor. 

  • Una certeza guía la vida del cristiano y determina su conducta: ¡el Señor vendrá! y no hay
que considerar su venida solamente en términos escatológicos, es decir, la que tendrá lugar al fin del mundo, sino también la que se realiza en nuestro tiempo y en nuestras vicisitudes cotidianas. De aquí nace también nuestra responsabilidad ante el mundo por su paz y su seguridad (cfr. 1 Tesalonicenses 5,3); pero no por “esa paz que reina entre los hombres, infiel, inestable, mudable e incierta..., sino por la paz que proviene de Jerusalén”, como explica San Agustín (Enarr. in Ps., 127,16), esto es, por la paz que garantiza el Señor. (…)

3.    Los  talentos son los dones que nos da Dios, que tenemos que usar para que den fruto: son un compromiso por parte del hombre.

        Cfr. Gianfranco Ravasi. Secondo le Scritture, Anno A, Piemme 1995, domingo 33 del Tiempo Ordinario, pp. 304-
        306.
- En el Evangelio el Señor habla de un hombre que dio sus bienes, al emprender un viaje, a sus siervos para que los hiciesen fructificar. El talento, desde el punto de vista monetario son 6.000 denarios; y el denario era, más o menos, la paga diaria de un jornalero. Por tanto un talento equivalía al salario de 17 años.

v  El don de Dios de los talentos se transforma en un compromiso, en unidad de medida de una auténtica religiosidad.

- “Como los siervos de los dos y de los cinco talentos, también nosotros hemos sido llamados a no considerar nunca los dones de Dios como frías piedras preciosas sino como simiente para plantar y cultivar para que llegue a ser espiga o árbol. Un celebre dicho del místico islámico medieval al-Ghazali recuerda que la fe tiene tres dimensiones: «es palabra con la boca, es verdad con el corazón, es obra con los hechos»”.
- “Dios irrumpe con sus dones, diversos para cada hombre. Es la oferta de un tesoro, es el ingreso del Reino de Dios en el mundo. Y con ello nos damos cuenta de una segunda dimensión, la más común y popular: el don se transforma en un compromiso. El talento no es una perla que hay que custodiar celosamente en un cofre, sino que es una moneda que debe crecer y fructificar produciendo «el ciento, o el sesenta o el treinta» (Mateo 13,23). El talento se convierte, entonces, en unidad de medida de una auténtica religiosidad: no se complace en considerar la gracia y todos los dones divinos como una fría posesión sino como un compromiso exigente y caluroso”.

v  El talento se convierte en símbolo de la acción divina y de la respuesta humana.

-          “El talento se convierte en símbolo de la gracia y de la fe, es decir de la acción divina y de la respuesta
humana, es el modelo o ejemplo de una genuina religiosidad que compromete todo el ser del hombre en su diálogo con el Señor que lo llama a participar en la construcción de su Reino”.  (…)

4.    El que escondió el talento recibido inutilizó su existencia

-          Cfr. Amigos de Dios, 45. Consideremos ahora la parábola de aquel hombre que, yéndose a lejanas
tierras, convocó a sus criados y les entregó sus bienes (Mateo 25,14). A cada uno le confía una cantidad distinta, para que la administre en su ausencia. Me parece muy oportuno fijarnos en la conducta del que aceptó un talento: se comporta de un modo que en mi tierra se llama cuquería. Piensa, discurre con aquel cerebro de poca altura y decide: fue e hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor (Mateo 25, 18).
            ¿Qué ocupación escogerá después este hombre, si ha abandonado el instrumento de trabajo? Ha decidido irresponsablemente optar por la comodidad de devolver sólo lo que le entregaron. Se dedicará a matar los minutos, las horas, las jornadas, los meses, los años, ¡la vida! Los demás se afanan, negocian, se preocupan noblemente por restituir más de lo que han recibido: el legítimo fruto, porque la recomendación ha sido muy concreta: negotiamini dum venio (Lucas 19,13); encargaos de esta labor para obtener ganancia, hasta que el dueño vuelva. Este no; éste inutiliza su existencia.

5.    La vocación del hombre a la vida eterna: el Reino de Dios y su influjo en la tierra. La actividad humana y el reino de Dios.


v  Catecismo de la Iglesia Católica: la vocación del hombre a la vida eterna

o   La vocación del hombre a la vida eterna refuerza su deber de poner en práctica los medios recibidos del Creador, para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

·         n. 2820: Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino
de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (Cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31).

o   El progreso terreno interesa mucho al Reino de Dios, aunque haya que distinguir el progreso terreno del Reino de Cristo.

·         n. 1049: «No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la
preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios» (GS 39, 2).

v  Concilio Vaticano II, Constitución «Gaudium et spes»: la actividad humana y el reino de Dios

o   La actividad humana responde al plan de Dios. Esto vale también para todos los trabajos cotidianos. 

·         n. 34. Los creyentes tienen como cierto que la actividad humana, individual y colectiva, o sea, el gran
esfuerzo con que los hombres de todos los tiempos procuran mejorar las condiciones de su vida, considerado en sí mismo, responde al plan de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, ha recibido el mandato de someter la tierra con todo cuanto contiene, para así regir el mundo en justicia y santidad [Cf. Génesis 1, 26-27; 9, 2-3; Sabiduría 9, 2-3], reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, ordenando a Él su propia persona y todas las cosas, de tal modo que el nombre de Dios sea glorificado en toda la tierra, por la subordinación de todas las cosas al hombre [Salmo 8,7.10].
            Y esto vale también para todos los trabajos cotidianos, porque los hombres y mujeres que con el propio trabajo se procuran para sí y para su familia el sustento necesario, ejercitando un servicio conveniente a la sociedad, tienen derecho a pensar que con sus labores desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen personalmente a la realización del plan providencial de Dios en la historia [Cf. Juan XXII, e. PT 1.c., 297]. (...)
            ... el mensaje cristiano, lejos de apartar a los hombres de la edificación del mundo, o hacerles despreocuparse del bien ajeno, les impone el deber de hacerlo con una más estrecha obligación. .
·         n. 35.. (...), norma de la actividad humana es que, según el plan y voluntad divinos, ha de estar de
acuerdo con el auténtico bien de la humanidad, permitiendo al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar su vocación y cumplirla íntegramente.

o   Cristo, por el Espíritu Santo opera en el corazón de los hombres animando, purificando, fortaleciendo .... las generosas aspiraciones por las que intentamos hacer más humana esta vida.

·         n. 38. (...) Proclamado Señor por su resurrección, Cristo, a quien se ha dado todo el poder en el cielo y en
la tierra [ Hechos 2,36; Mateo 28,18.] opera ya en el corazón de los hombres mediante la virtud del Espíritu, no sólo suscitando el deseo del mundo futuro, sino animando, purificando y fortaleciendo, al mismo tiempo, las generosas aspiraciones con que la familia de los hombres intenta hacer más humana su propia vida, y someter a toda la tierra en orden a dicha finalidad.  

o   La esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra.

·         n. 39. Ignoramos tanto el tiempo en que la tierra y la humanidad se consumarán [ Cf. Hechos 1,7.], como
la forma en que se transformará el universo. Pasa ciertamente la figura de este mundo, deformada por el pecado [Cf. 1 Corintios 7,31; S. Ireneo. Adv. haer. 5, 36 PG 7, 1222.]. Pero sabemos por la revelación que Dios prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia [ Cf. 2 Corintios 5,2; 2 Pedro 3,13], y cuya bienaventuranza saciará y superará todos los anhelos de paz que ascienden en el corazón de los hombres . Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios serán resucitados en Cristo, y lo que se sembró en debilidad y corrupción se revestirá de incorrupción[ Cf. 1 Corintios 15,42.53]; y, subsistiendo la caridad y sus obras[ Cf. 1 Corintios 13,8; 3,14], serán liberadas de la esclavitud de la vanidad todas aquellas criaturas [Cf. Romanos 8,19-21] que Dios creó precisamente para servir al hombre.
            Y ciertamente se nos advierte que de nada sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo [Cf. Lucas 9,25]. Mas la esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra, en donde crece aquel Cuerpo de la nueva humanidad que puede ya ofrecer una cierta prefiguración del mundo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir con sumo cuidado entre el progreso temporal y el crecimiento del Reino de Cristo, el primero, en cuanto contribuye a una sociedad mejor ordenada, interesa en gran medida al Reino de Dios[ Cf. Pío XI, e. QA l. c., 207]

6.    Los deberes cívicos


v  Un error frecuente aun entre católicos que parecen responsables y piadosos.


-          San Josemaría, Carta 9-I-1932, n. 46 (en J.L.Illanes, La santificación del trabajo, p. 116, nota 76) :«Es
frecuente, aun entre católicos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que solo están  obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren oír hablar de deberes cívicos: No se trata de egoísmo; es sencillamente falta de formación, porque nadie les ha dicho nunca claramente que la virtud de la piedad - parte de la virtud cardinal de la justicia – y el sentido de la solidaridad cristiana se concretan también en este estar presentes, en este conocer y contribuir a resolver los problemas que interesan a toda la comunidad»

7.    Acerca del trabajo y el siervo malo y perezoso.


-          San Basilio [2], El deber de trabajar. (Reglas más amplias, 37, 1-2). “Igual que el alimento diario es
necesario, también lo es el trabajo cotidiano. No en vano, Salomón ha escrito esta alabanza [de la mujer laboriosa]: el pan que come no es fruto de pereza (Proverbios 31, 27). El Apóstol dice de sí mismo: ni comimos gratis el pan de nadie, sino trabajando día y noche con cansancio y fatiga (2Tesalonicenses 3, 8) a pesar de que, como predicador del Evangelio, tenía derecho a vivir de su predicación. El Señor unió la malicia a la pereza cuando dijo: siervo malo y perezoso (Mateo 25, 26). Y también el sabio Salomón, no sólo alaba a quien trabaja, sino que condena al vago enviándolo junto al animal más pequeño: ¡vete donde la hormiga, perezoso!, le dice (Proverbios 6, 6). Por tanto, hemos de temer que estas palabras nos sean dirigidas en el día del juicio, porque quien nos ha dado energías para trabajar exigirá que nuestras obras sean proporcionales a esas fuerzas. A quien mucho se le ha dado, mucho le será exigido (Lucas 12, 48) (...)

8.    Encontrar el tiempo

Gianfranco Ravasi, en Avvenire, 12 Novembre 2006
En una “Antigua balada irlandesa”

Encuentra el tiempo para reflexionar porque es fuente de energía. Encuentra tiempo para el juego: es el florecer de la juventud. Encuentra el tiempo para los libros, fundamento del saber. Encuentra el tiempo de ser amable: es un camino para la felicidad. Encuentra el tiempo para soñar: subirás hasta las estrellas. Encuentra el tiempo para amar y gozarás de la alegría de la vida.  Encuentra el tiempo para rezar: es la música del alma. (…)
            Es  útil hacer resonar en nosotros  un mensaje como éste, sobre todo el domingo, cuando se debería «encontrar el tiempo» para detenerse y reflexionar. Uno de los lugares comunes que llenan las respuestas de todos, también de aquellos que en realidad tienen poco que hacer, es siempre éste: “No tengo tiempo”. A esto nos ha conducido un modelo de vida marcado por la frenesía y lo que queda entre manos es solamente polvo.  
            Los Griegos antiguos sabían distinguir entre el cronos, que es el tiempo “cronológico”, extrínseco, marcado por los relojes, y el  kairós que es en cambio nuestro tiempo, lleno de hechos y de palabras, de emociones y de pasiones, de pensamientos y de decisiones. La balada nos invita precisamente al kairós,  que está hecho de reflexión, de juego, de estudio, de generosidad, de sueños, de amor y de oración. No nos acontentemos con el correr de las horas, de confiar en el puro y simple gotear del chrónos.  Llenémoslo de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestra conciencia de existir, de amar, de obrar, de esperar. Parafraseando un famoso dicho del evangelio, Rabelais en su célebre «Gargantua y Pantragruel» [3] escribía: «Las horas están hechas para el hombre, no el hombre para las horas»


Vida Cristiana



[1] En lenguaje coloquial “redimir” significa “aprovechar”,  hacer “buen uso”  del tiempo.
[2] San Basilio de Cesarea (ca. 330 -1 de enero, 379), llamado Basilio el Magno. Es uno de los cuatro Padres de la Iglesia Griega, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. .
[3] Conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI por François Rabelais.

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