sábado, 14 de julio de 2018

Escucha y profetiza: por Santiago Agrelo

Continuamos hablando de profetas y crucificados.
Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz de tu Señor en los despreciados y escarnecidos.
Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios.
Eso no es privilegio sino responsabilidad, no es prebenda sino crucifixión.
Porque eres profeta, eres un desarraigado: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.
Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”.
Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”.
Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.
Escucha y profetiza: No anuncies lo que no hayas oído a tu Señor. No calles lo que él te haya revelado.
Escucha y profetiza: El que te ha llamado, el que te ha desarraigado, el que te ha enviado a recorrer los caminos de los hombres, el que te ha querido libre para él y para la misión, te ha confiado un tesoro que a todos has de ofrecer. Irás sin pan ni alforja ni dinero en la faja, rico de justicia y de paz, de salvación y de gloria, de misericordia y de fidelidad.
Escucha y profetiza, porque Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Con lluvia de bendiciones nos ha bendecido el Señor, para que nuestra tierra diese una cosecha de justicia y de salvación que los pecadores nunca hubiéramos podido soñar.
Escucha y profetiza: “Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Por este Hijo hemos recibido la redención… El tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros”.
Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres llevando la palabra del Señor resucitado que te envía, el pan de su vida para repartir, irás con su autoridad para liberar, llevarás el aceite de su misericordia para curar.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia.
Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra.
Dichosos, Señor, tus profetas.
Feliz domingo.

Escucha y profetiza: por Santiago Agrelo

Continuamos hablando de profetas y crucificados.
Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz de tu Señor en los despreciados y escarnecidos.
Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios.
Eso no es privilegio sino responsabilidad, no es prebenda sino crucifixión.
Porque eres profeta, eres un desarraigado: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.
Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”.
Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”.
Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.
Escucha y profetiza: No anuncies lo que no hayas oído a tu Señor. No calles lo que él te haya revelado.
Escucha y profetiza: El que te ha llamado, el que te ha desarraigado, el que te ha enviado a recorrer los caminos de los hombres, el que te ha querido libre para él y para la misión, te ha confiado un tesoro que a todos has de ofrecer. Irás sin pan ni alforja ni dinero en la faja, rico de justicia y de paz, de salvación y de gloria, de misericordia y de fidelidad.
Escucha y profetiza, porque Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Con lluvia de bendiciones nos ha bendecido el Señor, para que nuestra tierra diese una cosecha de justicia y de salvación que los pecadores nunca hubiéramos podido soñar.
Escucha y profetiza: “Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Por este Hijo hemos recibido la redención… El tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros”.
Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres llevando la palabra del Señor resucitado que te envía, el pan de su vida para repartir, irás con su autoridad para liberar, llevarás el aceite de su misericordia para curar.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia.
Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra.
Dichosos, Señor, tus profetas.
Feliz domingo.

Escucha y profetiza: por Santiago Agrelo

Continuamos hablando de profetas y crucificados.
Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz de tu Señor en los despreciados y escarnecidos.
Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios.
Eso no es privilegio sino responsabilidad, no es prebenda sino crucifixión.
Porque eres profeta, eres un desarraigado: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.
Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”.
Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”.
Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.
Escucha y profetiza: No anuncies lo que no hayas oído a tu Señor. No calles lo que él te haya revelado.
Escucha y profetiza: El que te ha llamado, el que te ha desarraigado, el que te ha enviado a recorrer los caminos de los hombres, el que te ha querido libre para él y para la misión, te ha confiado un tesoro que a todos has de ofrecer. Irás sin pan ni alforja ni dinero en la faja, rico de justicia y de paz, de salvación y de gloria, de misericordia y de fidelidad.
Escucha y profetiza, porque Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Con lluvia de bendiciones nos ha bendecido el Señor, para que nuestra tierra diese una cosecha de justicia y de salvación que los pecadores nunca hubiéramos podido soñar.
Escucha y profetiza: “Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Por este Hijo hemos recibido la redención… El tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros”.
Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres llevando la palabra del Señor resucitado que te envía, el pan de su vida para repartir, irás con su autoridad para liberar, llevarás el aceite de su misericordia para curar.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia.
Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra.
Dichosos, Señor, tus profetas.
Feliz domingo.

El sentido vocacional de la vida




El sentido vocacional de la vida

Ø  Domingo 15 del Tiempo Ordinario, Año B (2018). La vocación. El sentido vocacional de la vida. Ninguno de nosotros está en este mundo por casualidad, y mucho menos dependemos de la fatalidad. Estamos integrados, desde siempre, en un proyecto universal. Dios tiene un proyecto (plan, designio, etc.) para cada uno de nosotros desde toda la eternidad, no hay azar. (Cfr. las tres Lecturas de hoy: del profeta Amós, de la Carta a los Efesios, del Evangelio de Marcos). Es lo que San Pablo llama el “misterio”. Un aspecto fundamental de la fe es aprender a descubrir ese proyecto, es decir, la voluntad de Dios. Ese proyecto es la vocación de cada uno. En la raíz de toda vocación está la iniciativa de Dios. Necesitamos una fe más personal y madura, convencida, para superar así los sentimientos religiosos vagos y poco comprometidos. Debemos aprender a pensar de manera más profunda. Dios nos revela en Cristo su proyecto, nuestra vocación. 

v  Cfr. 15 Tiempo Ordinario 15 julio 2018  Año B

                       Amós 7,12-15; Efesios 1,3-14; Marcos 6,7-13.

Amós 7, 12-15: 12 Y Amasías dijo a Amós: «Vete, vidente; huye a la tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. 13 Pero en Betel no has de seguir profetizando, porque es el santuario real  y templo del reino. » 14 Respondió Amós y dijo a Amasías: « Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino ganadero  y cultivador de sicómoros. 15 El Señor  me tomó de detrás del rebaño;  el Señor  me mandó: "Vete, profetiza a mi pueblo Israel."
Efesios 1, 3-14: 3 . Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; 4  por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; 5  eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, 6  para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. 7 En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia 8 . que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano,  10 para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. 11 A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, 12 para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, 14 que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria.
Marcos 6, 7-13: 7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; 9. sino: « Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas. » 10 Y les dijo: « Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. 11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos. » 12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

A. El profeta Amós

El Señor me mandó:
«Vete, profetiza a mi pueblo Israel»

v  Amós tiene conciencia de que es Dios quien le llamó.

-          Es un pastor de vacas y buscador de sicomoros (Amos 7,14-15)  – árbol del que se sacaba
algo parecido al corcho -  llamado Amós, nacido en Tecue, pueblo cercano a Belén (Amos 1,1). Es llamado por Dios para hacer el profeta (profeta etimológicamente significa el que habla en nombre de otro). Profetizó en Betel, donde el rey de Israel Jeroboam, adoraba los ídolos. Predijo a Jeroboam que, si no desistía de su maldad, él y su familia serían llevados cautivos.
-          Es un período de prosperidad y bienestar para Israel. Y el Señor le envía para sacudir el sueño
de su pueblo:
  Amós 6, 3-12: «Pero vosotros estáis reservados para el día calamitoso, y os vais acercando al solio
  de la iniquidad. Vosotros los que dormís en camas de marfil, y os solazáis en vuestros lechos; los
  que coméis los mejores corderos de la grey, y los más escogidos becerros de la vacada;  ... los que
  bebéis vino en anchas copas, despidiendo preciosos olores, sin compadeceros de la aflicción de
  José (de los demás israelitas, ndr) ... El Señor Dios ha jurado por su vida; ha dicho el Señor Dios
  de los ejércitos: Yo detesto la soberbia de Jacob, y aborrezco sus palacios, y entregaré al dominio
  de otros la ciudad con sus habitantes ...».
-          No siempre fue bien acogido. Por ejemplo, un sacerdote de los ídolos de la corte de Betel, un tal
Amasías, predispuso mal al rey de Israel Jeroboam, contra Amos. Le dijo que preparaba una rebelión contra el rey, que decía cosas que el pueblo no podía soportar. Y Amasías le prohibió que siguiese profetizando allí y que se fuese al país de Judá.: «¡Oh tú, que tienes visiones!, vete, huye al país de Judá, y come allí tu pan, y allí podrás profetizar;  mas no vuelvas a profetizar en Betel; porque éste es el santuario del rey, y la corte del reino» (vv. 2-13).

o   Amós explica por qué era profeta: es el Señor quien lo escogió

Amós responde a Amasías explicando por qué era profeta: es el Señor quien lo ha escogido. «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que guardo unas vacas, y voy buscando sicomoros. Pero el señor me tomó mientras yo iba tras el ganado; y díjome el Señor: Ve a profetizar a mi pueblo de Israel» (vv. 14-15).

B. El descubrimiento de la voluntad de Dios para cada uno.

v  1. En el Evangelio de hoy aparece claro que es el  Señor quien llamó a los doce Apóstoles  y les dio una misión: “Y llama a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.” (Marcos 6,7).

Es el Señor que llama. Quien da una misión. Quien da un poder a los Apóstoles (sobre los espíritus inmundos). Quien les da instrucciones: no tomar nada para el camino, permaneced en la casa en que entréis  ....  predicad la conversión, ungid con aceite los enfermos ...  Nada dice el Evangelio acerca de que tuviesen virtudes especiales, cualidades oratorias, etc. El rechazo, la no acogida, puede suceder, está previsto (v. 11); no faltará la eficacia, pero en el modo que Dios quiera: hay que dejar el resultado en sus manos.

v  2. En Efesios 1, 3-10 (2ª Lectura): Es un himno de alabanza que contiene el designio salvador de Dios llamado por san Pablo «el misterio», en el que se comprende la elección eterna de Dios de cada criatura y la recapitulación de todas las cosas en Jesucristo.

San Pablo incluye un solemne canto, que canta el plan divino de la salvación;  un himno de alabanza (vv. 3- 10) en el que son presentados los beneficios, o bendiciones, que contiene el designio (plan, proyecto) salvífico de Dios, llamado por San Pablo «el misterio». Abarca desde la elección eterna de cada criatura humana por parte de Dios hasta la recapitulación de todas las cosas en Jesucristo, pasando por la obra de la Redención.

o   Significado de “misterio”, según San Pablo 

Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Efesios 1, 9-14: “El misterio (v. 9) es el designio o plan divino de salvar en Cristo a todos los hombres, que, oculto al principio en la voluntad de Dios, ha sido realizado y revelado de forma armónica siguiendo diversas etapas o tiempos (kairoi)  a lo largo de la historia. Ha comenzado por la «elección» (1,4), continúa con la a ser «hijos adoptivos» (1, 5-6), conduce a la «redención» (1, 7-8) y alcanza su plenitud en la recapitulación de todas las cosas en Cristo (v. 10), que reúne en torno a sí un pueblo en el que, junto a Israel  (vv. 11-12), son acogidos todos los hombres y mujeres de cualquier raza y nación que han creído en el Evangelio y han sido sellados por el Espíritu Santo para compartir la herencia de los hijos (vv. 13-14).”

o   San Pablo emplea diversas palabras para expresar la realidad de la llamada de Dios

San Pablo emplea diversas palabras para expresar la realidad de la llamada de Dios antes de que nosotros existiésemos: designio de Dios,  plan, predestinación, elección, beneplácito, misterio, proyecto. Ninguno de nosotros está en este mundo por causalidad, y mucho menos dependemos de la fatalidad. Estamos integrados, desde siempre, en un proyecto universal. Dios tiene un plan, no hay azar.

v  En el proyecto de Dios sobre nosotros, encontramos nuestro propio bien.

             Benedicto XVI, Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, Introducción: “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre” (cf. Juan 8,22).

v  Los cristianos somos instrumentos escogidos por llamada divina desde toda la eternidad, a pesar de nuestra pobre miseria personal.

-          Es Cristo que pasa, n. 160: “Desde el comienzo de mi predicación, os he prevenido contra un
Falso endiosamiento. No te turbe conocerte como eres: así, de barro. No te preocupe. Porque tú y yo somos hijos de Dios —y éste es endiosamiento bueno—, escogidos por llamada divina desde toda la eternidad: nos eligió el Padre, por Jesucristo, antes de la creación del mundo para que seamos santos en su presencia (Efesios 1,4). Nosotros que somos especialmente de Dios, instrumentos suyos a pesar de nuestra pobre miseria personal, seremos eficaces si no perdemos el conocimiento de nuestra flaqueza. Las tentaciones nos dan la dimensión de nuestra propia debilidad”.

C. Un aspecto fundamental de la fe es el de aprender a comprender la voluntad de

Dios.

     Cfr. Benedicto XVI, Homilía al clausurar el Año Paulino, 28 de junio de 2009, en la celebración
     de las primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.

v  1. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios.

            Debemos aprender a pensar de manera profunda. ¿Qué significa eso?. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.

v  2. Qué es una fe adulta.

o   a) Con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo "niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina".

            Este mismo pensamiento sobre la necesaria renovación de nuestro ser como persona humana, Pablo lo ilustró ulteriormente en dos párrafos de la Carta a los Efesios, sobre los cuales queremos reflexionar ahora brevemente. En el cuarto capítulo de la Carta, el apóstol nos dice que con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo "niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina" (4, 14).

o   b) No es una fe "hecha por uno mismo".

            Pablo desea que los cristianos tengamos una fe "responsable", una fe "adulta". La palabra "fe adulta" en los últimos decenios se ha transformado en un eslogan difundido. Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe "hecha por uno mismo". Esto se interpreta como "valentía" para expresarse en contra de Magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta".

o   c) Forma parte de la fe adulta: comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción; reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida.

            Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo.

o   d) La fe se desarrolla primero hacia la verdad, que se transforma en caridad. El poder del mal es la mentira.

            La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran "sí". Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según la verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a Cristo reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.

v  3. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo.

            Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: "ta pánta". La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.

o   Cfr. Juan Pablo II propone una serie de puntos sobre la fe en la Europa contemporánea. Exhortación apostólica «Ecclesia in Europa», 28 de junio de 2003:

§  1) Es necesario por doquier anunciar a Cristo incluso a los bautizados, para superar un sentimiento religioso vago y poco comprometido.
“Por doquier es necesario un nuevo anuncio incluso a los bautizados. Muchos europeos contemporáneos creen saber qué es el cristianismo, pero realmente no lo conocen. Con frecuencia se ignoran ya hasta los elementos y las nociones fundamentales de la fe. Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: se repiten los gestos y los signos de la fe, especialmente en las prácticas de culto, pero no se corresponden con una acogida real del contenido de la fe y una adhesión a la persona de Jesús. En muchos, un sentimiento religioso vago y poco comprometido ha suplantado a las grandes certezas de la fe; se difunden diversas formas de agnosticismo y ateísmo práctico que contribuyen a agravar la disociación entre fe y vida. (n. 47)”.
§  2) Hay que promover una fe más personal y madura, iluminada y convencida.
“ « La actual situación cultural y religiosa de Europa exige la presencia de católicos adultos en la fe y de comunidades cristianas misioneras que testimonien la caridad de Dios a todos los hombres ». El anuncio del Evangelio de la esperanza comporta, por tanto, que se promueva el paso de una fe sustentada por costumbres sociales, aunque sean apreciables, a una fe más personal y madura, iluminada y convencida.
Los cristianos, pues, han de tener una fe que les permita enfrentarse críticamente con la cultura actual, resistiendo a sus seducciones; incidir eficazmente en los ámbitos culturales, económicos, sociales y políticos; manifestar que la comunión entre los miembros de la Iglesia católica y con los otros cristianos es más fuerte que cualquier vinculación étnica; transmitir con alegría la fe a las nuevas generaciones; construir una cultura cristiana capaz de evangelizar la cultura más amplia en que vivimos” (n. 50).
§  3) Hemos de conocer el Evangelio para conocer a Cristo, y que se convierta en vida de nuestra vida.
            “Que todos los fieles acojan la exhortación conciliar a « la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la “sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús” (Flp 3, 8), “pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo” ».118 Que la Sagrada Biblia siga siendo un tesoro para la Iglesia y para todo cristiano: en el estudio atento de la Palabra encontraremos alimento y fuerza para llevar a cabo cada día nuestra misión.
¡Tomemos este Libro en nuestras manos! Recibámoslo del Señor que lo ofrece continuamente por medio de su Iglesia (cf. Ap 10, 8). Devorémoslo (cf. Ap 10, 9) para que se convierta en vida de nuestra vida. Gustémoslo hasta el fondo: nos costará, pero nos proporcionará alegría porque es dulce como la miel (cf. Ap 10, 9-10). Estaremos así rebosantes de esperanza y capaces de comunicarla a cada hombre y mujer que encontremos en nuestro camino” (n. 65).

D. La “recapitulación” en Cristo de todas las cosas  (Efesios 1,10: segunda Lectura)


v  Cfr. Juan Pablo II, Catequesis del 14 de febrero del 2001.

o   El único Señor es Jesucristo que, en la Encarnación, une en sí mismo toda la historia de la salvación, a la humanidad y a la creación entera.

El plan salvífico de Dios, "el misterio de su voluntad" (Ef 1, 9) con respecto a toda criatura, se expresa en la carta a los Efesios con un término característico: "recapitular" en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (cf. Ef 1, 10). La imagen podría remitir también al asta en torno a la cual se envolvía el rollo de pergamino o de papiro del volumen, en el que se hallaba un escrito: Cristo confiere un sentido unitario a todas las sílabas, las palabras y las obras de la creación y de la historia.
El primero que captó y desarrolló de modo admirable este tema de la "recapitulación" fue san Ireneo, obispo de Lyon, gran Padre de la Iglesia del siglo II. Contra cualquier fragmentación de la historia de la salvación, contra cualquier separación entre la Alianza antigua y la nueva, contra cualquier dispersión de la revelación y de la acción divina, san Ireneo exalta al único Señor, Jesucristo, que en la Encarnación une en sí mismo toda la historia de la salvación, a la humanidad y a la creación entera: "Él, como rey eterno, recapitula en sí todas las cosas" (Adversus haereses III, 21, 9).

o   En la expresión "todas las cosas" queda comprendido también el hombre, tocado por el misterio de la Encarnación.

Escuchemos un pasaje en el que este Padre de la Iglesia comenta las palabras del Apóstol que se refieren precisamente a la recapitulación en Cristo de todas las cosas. En la expresión "todas las cosas" -afirma san Ireneo- queda comprendido también el hombre, tocado por el misterio de la Encarnación, por el que el Hijo de Dios "de invisible se hizo visible, de incomprensible comprensible, de impasible pasible, y de Verbo hombre. Él ha recapitulado en sí todas las cosas para que el Verbo de Dios, como tiene la preeminencia sobre los seres supracelestes, espirituales e invisibles, del mismo modo la tenga sobre los seres visibles y corporales; y para que, asumiendo en sí esta preeminencia y poniéndose como cabeza de la Iglesia, pueda atraer a sí todas las cosas" (ib., III, 16, 6). Este confluir de todo el ser en Cristo, centro del tiempo y del espacio, se realiza progresivamente en la historia superando los obstáculos y las resistencias del pecado y del maligno. 

o   Catecismo de la Iglesia Católica

§  Que todo tenga a Cristo por cabeza: consideración de algunos aspectos.
-          n. 2823: “El nos ha dado a "conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que
en él se propuso de antemano...: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza... a él por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su Voluntad" (Efesios 1,9-11). Pedimos con insistencia que se realice plenamente este designio de benevolencia, en la tierra como ya ocurre en el cielo.”
-          n. 52: (…) “Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle
más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas”. 
-          n. 2603: (…) “Toda la oración de Jesús  está en la adhesión amorosa de su corazón de hombre al
«misterio de la voluntad» del Padre (Cf. Efesios 1,9).
-          n. 668: (…) “Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1Co 15, 24. 27 - 28) y de la historia.
En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente”.

E. A modo de conclusión: hemos de invocar al Señor (buscarle) para que se haga

presente en nuestras vidas, y así nos haga descubrir  nuestra vocación.

 

v  Es necesario vivir en la adhesión a la voluntad divina.

- Jeremías 29, 12-14: 12 Me invocaréis y vendréis a rogarme, y yo os escucharé. 13 Me buscaréis y me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón; me dejaré encontrar de vosotros, y cambiaré vuestra suerte. Os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé –oráculo del Señor–, y os devolveré al lugar adonde os deporté».
- Salmo 86, 5: 5 Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan; 
- Salmo 145, 18-19: 18 Cerca está Yahveh  de los que le invocan, de todos los que le invocan de verdad (otras traducciones: invocan con corazón sincero). 19  El cumple el deseo de los que le temen, escucha su clamor y los libera.
- Juan Pablo II, Catequesis, 2 de julio de 2003, sobre el salmo 145: (…)  El Señor no es un soberano alejado de sus criaturas, sino que está comprometido en su historia, como Aquel que propugna la justicia, actuando en favor de los últimos, de las víctimas, de los oprimidos, de los infelices. (…) "Bienaventurado aquel a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios" (v. 5). Es el camino de la confianza en el Dios eterno y fiel. El amén, que es el verbo hebreo de la fe, significa precisamente estar fundado en la solidez inquebrantable del Señor, en su eternidad, en su poder infinito. Pero sobre todo significa compartir sus opciones, que la profesión de fe y alabanza, antes descrita, ha puesto de relieve. Es necesario vivir en la adhesión a la voluntad  divina …  (…) 

Vida Cristiana


miércoles, 11 de julio de 2018

Misa de envío de jóvenes a Calcuta


El pasado lunes 9 de julio, en la Eucaristía de las 20,00 horas, nuestro Párroco, D Jesús de la Cruz, dio la bendición a un grupo de jóvenes de nuestra Parroquia, que partían hacia Calcuta para pasar el verano con las «Hijas de la Caridad» para ayudarlas en su trabajo diario.

Estos jóvenes llevan ya varios años pasando sus vacaciones, en distintos países del mundo, colaborando en todo tipo de tareas con las «Sisters» y empleando su tiempo de vacaciones en esta labor.

Todos los que formamos la Parroquia de Santa Mónica les deseamos lo mejor y les acompañamos con nuestras oraciones

sábado, 7 de julio de 2018

Escuchar a los crucificados: por Santiago Agrelo

Que Dios exista o no, es asunto que supongo de importancia vital para Dios, aunque poco o nada interesante para los Picos de Europa, para las rosas de tu jardín, o para los insectos que se alimentan de tus rosas.
A ti y a mí la pregunta sobre Dios nos concierne cuando descubrimos que Dios habla, y que hemos nacido equipados para escuchar a Dios y responderle.
La cuestión no es saber si Dios existe, sino responderle si nos habla, pues en ello nos va la vida, también la que esperamos, pero sobre todo ésta que ahora administramos, gozamos, padecemos.
Párate a escuchar a Dios en la voz del universo; atiende al rumor del Espíritu de Dios en las palabras de la Sagrada Escritura; levanta tus ojos al que habita en los cielos.
La liturgia de este domingo va de profetas, de enviados de Dios a decir palabras de Dios.
Si la pregunta por la existencia de Dios podía ser considerada ejercicio retórico, no así la pregunta por los profetas de Dios.
Tú puedes levantar los ojos a Dios, puedes fijarlos en él esperando su misericordia, puedes gritar tu necesidad de salvación. Él responderá enviándote su palabra, sus profetas. Y, si no reconoces la palabra que él te dice, si no acoges al profeta que él te envía, ten por cierto que llamarán a tu puerta la misericordia y la salvación que has pedido, y no les abrirás.
Suele la palabra de Dios ser despreciada por humana, y el profeta por conocido; y solemos ignorar misericordia y salvación por desprecio de palabras y profetas: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero?”
Eso decían los vecinos de Jesús de Nazaret cuando escucharon su enseñanza en la sinagoga. Me pregunto qué dirían si lo hubiesen visto clavado en una cruz y moribundo, atrapado en un infierno de sufrimiento, y abandonado por Dios. Te lo puedes imaginar: “¡Vaya! Tú que destruías el santuario y lo reconstruías en tres días, baja de la cruz y sálvate… Ha salvado a otros y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos!”
Pero tú no miras así a tu Cristo crucificado. Tú aprendiste a escuchar su silencio, a leer sus llagas, a descifrar el misterio de su vida. Y viste y oíste a Dios en aquel hombre abandonado de Dios.
Desde entonces, el mundo se te ha llenado de profetas, de crucificados que te hablan en nombre de Dios.
Y sabes que has de preocuparte, no por la existencia de Dios, sino por escuchar el silencio de los crucificados, la palabra de los profetas, el grito de los pobres.
Muchos se quedarán fuera del reino de los cielos, porque la invitación a poseerlo les llegó en las manos de un desheredado ¡y la rechazaron!
Feliz domingo.

viernes, 6 de julio de 2018

14 Domingo tiempo ordinario Ciclo B - 8 de julio de 2018




Ø Domingo 14 del Tiempo Ordinario, Año B (2018). Segunda Lectura, de la 2ª Carta de san

Pablo a los Corintios: la fuerza del Señor resplandece en nuestras debilidades y flaquezas. Debemos gloriarnos en (presumir de) nuestras flaquezas para que habite en nosotros la fuerza de Cristo. «No podemos dar un paso en la vida cristiana sin la ayuda del Señor, porque somos débiles». Toda dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio se puede superar abriéndose con confianza a la acción del Señor. No es el poder de nuestras capacidades el que realiza el reino de Dios.


v  Cfr.14 Domingo tiempo ordinario  Ciclo B -  8 de julio de 2018

Ezequiel 2, 2-5; Salmo 122; 2 Corintios 12,7-10; Marcos 6, 1-6.

2 Corintios 12, 7b-10. 7 Hermanos: para que no tenga soberbia, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, que me abofetea para que no sea soberbio. 8 Por esto, rogué tres veces al Señor que lo apartase de mí; 9 pero El me dijo: Te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece en la flaqueza. Por eso, con sumo gusto, presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. 10 Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Él me dijo: te basta mi gracia,
porque la fuerza resplandece en la flaqueza.
Por eso, con sumo gusto,
presumo de mis debilidades,
porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
 (2ª Lectura, 2ª Carta de san Pablo a los Corintios)


1.    La experiencia de la flaqueza, de la debilidad, de las propias miserias, está patente en la historia del mundo y en la historia personal de cada hombre.


v  Varios textos

·         Concilio Vaticano II: "Lo que la revelación nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en
efecto, cuando examina su corazón, comprueba su tendencia hacia el mal, se ve anegado por muchos males, que no pueden tener su origen en su Santo Creador [...]. Toda la vida humana, individual y colectiva, se presenta como lucha -lucha dramática- entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Es más: el hombre se siente incapaz de combatir con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas" (Const. Gaudium et spes, 13).
·         Concilio Vaticano II: “Nadie por sí y sus propias fuerzas se libra del pecado, ni se eleva sobre sí
mismo; nadie se ve enteramente libre de su debilidad, de su soledad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo modelo, maestro, liberador, salvador y vivificador”.  (Decreto Ad gentes, 8)
·         San Agustín: "No hay pecado ni crimen cometido por otro hombre que yo no sea capaz de cometer
por razón de mi fragilidad; y si aún no lo he cometido es porque Dios, en su misericordia, no lo ha permitido y me ha preservado del mal" (Confesiones, II, 7) .
·         San Josemaría: “Al barruntar en nuestra alma el amor, la compasión, la ternura con que Cristo Jesús
nos mira, porque Él no nos abandona, comprenderemos en toda su hondura las palabras del Apóstol: virtus in infirmitate perficitur [1](2 Corintios 12, 9); con fe en el Señor, a pesar de nuestras miserias –mejor, con nuestras miserias–, seremos fieles a nuestro Padre Dios; brillará el poder divino, sosteniéndonos en medio de nuestra flaqueza” (Amigos de Dios, 194).


2.    El Señor se hace presente en la historia de la humanidad, en la debilidad de sus apóstoles y discípulos, en las diversas pruebas o dificultades de la vida.

o   Jesús le dijo a Pablo: te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece  en la flaqueza (segunda Lectura, v. 9).

§  El «aguijón de la carne» (v. 7), es la expresión que utiliza san Pablo para hablar de la enfermedad, o persecuciones, o nuestras debilidades o flaquezas.
La actitud cristiana ante la propia debilidad es confiar en la ayuda divina.
·         San Juan Crisóstomo ve en esta expresión las tribulaciones y continuas persecuciones antes
mencionadas. San Agustín, por su parte, piensa que se trata de una enfermedad física, crónica y molesta. Sólo a partir de San Gregorio Magno comenzó a hablarse de tentaciones de concupiscencia. En todo caso, este gesto de sencillez por parte del Apóstol y la consiguiente respuesta divina «te basta mi gracia» (v. 10) son fuente de innumerables enseñanzas para la lucha ascética, pues enseñan que la actitud cristiana ante la propia debilidad es confiar en la ayuda divina. «Porque Dios libra de las tribulaciones no cuando las hace desaparecer (…), sino cuando con la ayuda de Dios no nos abatimos al sufrir tribulación» (Orígenes, De oratione 30,1) [2]

3.    Hay otros ejemplos en la Escritura, además del de san Pablo, que subrayan nuestra absoluta insuficiencia y la fuerza de la intervención divina [3].

v  La Escritura resalta nuestra absoluta insuficiencia, para que quede clara la intervención divina; además de lo que se dice hoy de S. Pablo, podemos ver algunos de los ejemplos: 


·         2 Re 17, 36: 36 Rendiréis culto únicamente al Señor, que os trajo de la tierra de Egipto con
gran fuerza y con su brazo extendido; os postraréis ante él y a él ofreceréis sacrificios.  
  • 1 Samuel 17, 32-54, cómo David vence al gigante Goliat.
  • 2 Re 6, 8-23: Eliseo vence un ejército che lo rodeaba  
  • 1 Macabeos 4, 1-35, victoria de Judas sobre Gorgias.
  • Salmo 77: El camino de Dios con su pueblo; con tu brazo rescataste a tu pueblo (v. 16)

4.    Papa Francisco, homilía del 18 de junio de 2015


o   Fuertes en la debilidad

En la oración colecta [4], observó inmediatamente el Papa, «hemos pedido ayuda al Señor, que es nuestra fortaleza». Y, en efecto, hemos rezado: «En nuestra debilidad, nada podemos sin tu ayuda». Palabras que expresan precisamente «la consciencia de ser débiles». Es «esa debilidad que todos nosotros cargamos tras la herida del pecado original: somos débiles, caemos en el pecado, no podemos seguir adelante sin la ayuda del Señor».
He aquí, por qué, afirmó el Papa Francisco, «conocer y confesar nuestra debilidad es precisamente indispensable». En efecto, «quien se cree fuerte, quien se cree capaz de arreglárselas solo, es ingenuo y, al final, es un hombre derrotado por tantas debilidades que lleva consigo». En cambio, precisamente «la debilidad nos lleva a pedir ayuda al Señor», porque, como dice la oración colecta, «en nuestra debilidad nada podemos sin tu ayuda».
Así, pues, insistió el Papa, «no podemos dar un paso en la vida sin la ayuda del Señor, porque somos débiles». Y «quien está en pie tenga cuidado de no caer porque es débil, incluso débil en la fe». Recordemos, continuó, a ese padre que, tras la transfiguración, «había llevado a su hijo para que Jesús lo curase. Y Jesús dijo que todo es posible para quien tiene fe». Por su parte el padre respondió: «Tengo fe, pero hazla crecer Señor, porque es débil».
«Todos nosotros tenemos fe — explicó el Papa — y todos nosotros queremos seguir adelante en la vida cristiana. Pero si no somos conscientes de nuestra debilidad acabaremos todos derrotados». Por ello, añadió, «es hermosa esa oración: “Señor, yo sé que en mi debilidad nada puedo sin tu ayuda”». Y «esta es la primera palabra de hoy: debilidad».

5.    Benedicto XVI


v  Toda dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio se puede superar abriéndose con confianza a la acción del Señor.

¿De qué debilidades habla el Apóstol? […] su actitud da a entender que toda dificultad en el seguimiento de Cristo y en el testimonio de su Evangelio se puede superar abriéndose con confianza a la acción del Señor. San Pablo es muy consciente de que es un “siervo inútil” (Lucas 17, 10) —no es él quien ha hecho las maravillas, sino el Señor—, una “vasija de barro” (2 Corintios 4, 7), en donde Dios pone la riqueza y el poder de su gracia.

o   En el momento en que se experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios

En este momento de intensa oración contemplativa, San Pablo comprende con claridad cómo afrontar y vivir cada acontecimiento, sobre todo el sufrimiento, la dificultad, la persecución: en el momento en que se experimenta la propia debilidad, se manifiesta el poder de Dios, que no nos abandona, no nos deja solos, sino que se transforma en apoyo y fuerza. 

o   No es el poder de nuestras capacidades el que realiza el reino de Dios

           El Señor no nos libra de los males, pero nos ayuda a madurar en los sufrimientos, en las dificultades, en las persecuciones. […] Por tanto, en la medida en que crece nuestra unión con el Señor y se intensifica nuestra oración, también nosotros vamos a lo esencial y comprendemos que no es el poder de nuestros medios, de nuestras virtudes, de nuestras capacidades, el que realiza el reino de Dios, sino que es Dios quien obra maravillas precisamente a través de nuestra debilidad, de nuestra inadecuación al encargo. Por eso, debemos tener la humildad de no confiar simplemente en nosotros mismos, sino de trabajar en la viña del Señor, con su ayuda, abandonándonos a él como frágiles “vasijas de barro”.

6.    En el Catecismo de la Iglesia Católica


v  El poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad

  • n. 268: (…) “la omnipotencia de Dios es misteriosa, porque sólo la fe puede descubrirla cuando "se
manifiesta en la debilidad" (2Corintios 12,9 cf. 1Corintios 1,18).
  • n. 273: “Sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. Esta fe se
gloría de sus debilidades con el fin de atraer sobre sí el poder de Cristo” (cf. 2 Corintios 12,9 Filipenses 4,13). (…)
  • n. 1508: (…) Ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las
enfermedades. Así S. Pablo aprende del Señor que "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2Corintios 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: "completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Colosenses 1,24).

7.    El testimonio de san Juan Pablo II, sobre la fuerza de Dios presente en la debilidad humana, ante el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981.


Yo siento también profundamente mi debilidad humana,
y por esto repito confiadamente las palabras del Apóstol:
"en la flaqueza llega al colmo el poder"

v  A) "Ahora me doy cuenta de que realmente el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo judío"» (Hechos 12, 3-11).

            San Juan Pablo II, Audiencia General del 7 de octubre de 1981

o   El poder  y la eficacia de las oraciones de toda la Iglesia

·         Este episodio acaecido en los primeros días de la Iglesia en Jerusalén, me ha venido con frecuencia a
la mente durante la estancia en el hospital. Aun cuando las circunstancias de entonces y las de hoy parecen tan distintas entre sí, sin embargo, le ha resultado difícil al convaleciente, que era el Sucesor de Pedro en la sede episcopal de Roma, no meditar estas palabras del Apóstol: "Me doy cuenta de que el Señor me ha arrancado de las manos de Herodes y de toda la expectación"...
He citado este pasaje de los Hechos de los Apóstoles también por las palabras que encontramos en él y que han sido para mí, en ese período, una ayuda muy grande. Mientras " Pedro era custodiado en la cárcel"... "la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él" (Act 12, 5).
He experimentado, queridos hermanos y hermanas, de manera semejante a Pedro, apartado y destinado a la muerte, la eficacia de las oraciones de la Iglesia. Lo experimenté inmediatamente: de parte de los que estaban reunidos para la audiencia general que no se pudo celebrar. (…)
Me resulta difícil pensar en todo esto sin emoción. Sin una profunda gratitud para todos. Hacia todos los que el día 13 de mayo se reunieron en oración. Y hacia todos los que han perseverado en ella durante todo este tiempo. Agradezco esta oración a los hombres, mis hermanos y hermanas. Estoy agradecido a Cristo Señor y al Espíritu Santo, el cual, mediante este evento, que tuvo lugar en la plaza de San Pedro el día 13 de mayo, a las 17:17 horas, ha inspirado a tantos corazones para la oración común.
Y, al pensar en esta gran oración, no puedo olvidar las palabras de los Hechos de los Apóstoles, que se refieren a Pedro: "La Iglesia oraba insistentemente a Dios por él" (Act 12, 5)

v  B) La dimensión profunda de una prueba permitida por Dios

Juan Pablo II, Audiencia General del miércoles 14 de octubre de 1981

o   Es Cristo quien concede la gracia de poder, mediante el sufrimiento y con el peligro de la vida y de la salud, dar testimonio de su Verdad y de su Amor.

§  Una dimensión de la prueba divina, que el hombre no puede descubrir fácilmente.
·         El miércoles pasado, durante la audiencia general, hice referencia al evento del 13 de mayo. Puesto
que ese día se interrumpieron los encuentros que hemos reanudado de nuevo tras haber recuperado la salud, deseo compartir al menos brevemente con vosotros, el contenido de mis meditaciones en ese período de algunos meses, durante los que he pasado por una gran prueba divina.
Digo prueba divina. Efectivamente, aunque los acontecimientos del 13 de mayo —el atentado contra la vida del Papa y también sus consecuencias, vinculadas a la intervención y la cura en el Policlínico Gemelli— tengan su dimensión plenamente humana, sin embargo ésta no puede ofuscar una dimensión todavía más profunda: precisamente la dimensión de la prueba permitida por Dios. En esta dimensión se debe situar también todo lo que dije el pasado miércoles. Hoy deseo retornar una vez más sobre ello.
Dios me ha permitido experimentar, durante los meses pasados, el sufrimiento, me ha permitido experimentar el peligro de perder la vida. (…)
Cristo, que es la luz del mundo, el Pastor de su rebaño, y sobre todo el Príncipe de los pastores, me ha concedido la gracia de poder, mediante el sufrimiento y con el peligro de la vida y de la salud, dar testimonio de su Verdad y de su Amor. Esto precisamente juzgo que ha sido una gracia particular que me ha hecho, y por esto expreso de modo especial mi gratitud al Espíritu Santo, que han recibido los Apóstoles y sus Sucesores el día de Pentecostés como fruto de la cruz y de la resurrección de su Maestro y Redentor. (…)
Es el Espíritu Santo quien, desde el día de Pentecostés, ayudó a los Apóstoles a dar testimonio, primero en Jerusalén y luego en diversos países del mundo de entonces. Fue Él quien les dio la fuerza para testimoniar a Cristo ante todo el pueblo, y, cuando por esto iban a los tormentos, les concedió alegrarse por "padecer ultrajes por el nombre de Jesús. (Ac 5,41). (…)
            Fue el Espíritu Santo quien sostuvo a Pedro para dar testimonio de Cristo, primero en Jerusalén, luego en Antioquía, y finalmente aquí, en Roma, capital del Imperio. Este testimonio fue confirmado al final con el martirio, como también lo fue el testimonio de Pablo de Tarso, gran Apóstol de las Gentes. (…)
Es difícil hablar de estas cosas sin una profunda veneración, sin estremecimiento interior. En efecto, por el sacrificio de los que dieron testimonio de Cristo crucificado y resucitado, especialmente durante los primeros siglos, creció el Cuerpo místico de Cristo, surgió la Iglesia, profundizó en las almas y se consolidó en aquel mundo antiguo, que respondió a la Buena Nueva del Evangelio —tan frecuentemente— con persecuciones sangrientas. (…)
Yo siento también profundamente mi debilidad humana, y por esto repito confiadamente las palabras del Apóstol: "virtus in infirmitate perficitur", "en la flaqueza llega al colmo el poder" (2Co 12,9). (…)

v  C) El perdón

                  Juan Pablo II: miércoles 21 de octubre de 1981, Audiencia General

o   Cristo nos ha enseñado a perdonar

·         Rezo por el hermano que me ha herido, al cual he perdonado sinceramente. Unido a Cristo, sacerdote
y víctima, ofrezco mis sufrimientos por la Iglesia y por el mundo. A Ti, María, te digo de nuevo: ‘Totus tuus ego sum’”.
            ¡El perdón! Cristo nos ha enseñado a perdonar. Muchas veces y de varios modos Él ha hablado de perdón. Cuando Pedro le preguntó cuántas veces habría de perdonar a su prójimo, “¿hasta siete veces?”. Jesús contestó que debía perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21 s.). En la práctica, esto quiere decir siempre: efectivamente, el número «”setenta” por “siete” es simbólico, y significa, más que una cantidad determinada, una cantidad incalculable, infinita. (…)
            Dejando a Dios mismo el juicio y la sentencia en su dimensión definitiva, no cesemos de pedir: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.


Vida Cristiana



[1] “La  fuerza se perfecciona en la flaqueza”
[2] Cfr. Nuevo Testamento, EUNSA 2004, nota 2 Corintios 12, 1-10
[3] Ver anexo (a este domingo 14 ciclo B del tiempo ordinario) con  los textos completos
[4] Oración colecta del jueves de la XI semana del tiempo ordinario: “Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas, y pues  el  hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos  la ayuda de tu gracia para guardar  los mandamientos  y agradarte con nuestras acciones y deseos” (Nota de la redacción de VIDA CRISTIANA)

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