lunes, 25 de septiembre de 2017

 Cfr. Homilía del Papa Francisco a la Gendarmería Vaticana Domingo, 24 de septiembre de 2017 - 25 del Tiempo Ordinario Ciclo A Isaías 55, 6-9; Salmo 144; Filipenses 1, 20c-24.27a; Mateo 20, 1-6





Ø La conversión: homilía de Papa Francisco a la Gendarmería pontificia (2017).La conversión es buscar al Señor, cambiar de vida. Es más: es la lógica del amor en cuanto lo importante es que es Él quien nos está buscando. Hasta cinco veces en este pasaje se habla de la salida: la salida de Dios, el dueño de la casa, que va a contratar a jornal trabajadores para su viña. Y la jornada es la vida de una persona, y Dios sale por la mañana, a media mañana, a mediodía, y por la tarde, a las cinco. No se cansa de salir. Cuando alguno dice: “He encontrado a Dios”, se equivoca. Él, por fin, te ha encontrado y te ha llevado consigo. Es Él quien da el primer paso. Respeta la libertad de cada hombre, pero está ahí, esperando que le abramos un poquito la puerta. Todos somos pecadores y todos necesitamos el encuentro con el Señor; un encuentro que nos dé fuerzas para avanzar, para ser más buenos, simplemente. Pero estemos atentos. Porque Él pasa, Él viene, y sería muy triste que pasase y no nos diéramos cuenta de que Él está pasando. Que el Señor nos conceda la gracia de estar seguros de que Él siempre está a la puerta, esperando que yo abra un poquito para entrar.


v  Cfr. Homilía del Papa Francisco  a la Gendarmería Vaticana

Domingo, 24 de septiembre de 2017  - 25 del Tiempo Ordinario Ciclo A
Isaías 55, 6-9; Salmo 144; Filipenses 1, 20c-24.27a; Mateo 20, 1-6

Esta mañana, en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos, el Santo Padre ha presidido la
Celebración Eucarística para el Cuerpo de la Gendarmería Vaticana, con ocasión de la fiesta
de su patrón, San Miguel Arcángel, que se celebra el 29 de septiembre.

En la primera Lectura, el profeta Isaías nos anima a buscar el Señor, a convertirnos: «Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes» (55,6-7).
Es la conversión. Nos dice que el camino es ese: buscar al Señor. Cambiar de vida, convertirse… Y eso es cierto. Pero Jesús cambia la lógica y va más allá, con una lógica que nadie podía comprender: es la lógica del amor de Dios. Es verdad, debes buscar al Señor y hacer lo que sea para encontrarlo; pero lo importante es que es Él quien te está buscando: ¡Él te está buscando a
ti! Más importante que buscar al Señor, es darse cuenta de que Él me busca.
El pasaje del Evangelio, esta parábola, nos hace comprender esto: Dios sale a
encontrarnos. Hasta cinco veces en este pasaje se habla de la salida: la salida de Dios, el dueño de la casa, que va a contratar a jornal trabajadores para su viña. Y la jornada es la vida de una persona, y Dios sale por la mañana, a media mañana, a mediodía, y por la tarde, a las cinco. No se cansa de salir.
Nuestro Dios no se cansa de salir a buscarnos, para hacernos ver que nos ama. “Pero, padre, yo soy un pecador…”. Y cuántas veces estamos en la plaza como estos de la parábola, que están ahí todo el día; y estar en la plaza es estar en el mundo, estar en los pecados, estar… “¡Ven!” – “Pero es tarde…” – “¡Ven!”. Para Dios nunca es tarde. ¡Nunca, jamás! Esa es su lógica de la conversión. Él sale de sí mismo para buscarnos, y salió tanto de sí mismo que mandó a su Hijo a buscarnos.
Nuestro Dios siempre tiene la mirada sobre nosotros. Pensemos en el padre del hijo pródigo: dice el Evangelio que lo vio llegar de lejos (cfr. Lc 15,20). ¿Y por qué lo vio? Porque todos los días, y quizá varias veces al día, subía a la terraza a mirar si el hijo venía, si el hijo volvía.
Ese es el corazón de nuestro Dios: nos espera siempre. Y cuando alguno dice: “He encontrado a Dios”, se equivoca. Él, por fin, te ha encontrado y te ha llevado consigo. Es Él quien da el primer paso. No se cansa de salir y salir…
Respeta la libertad de cada hombre, pero está ahí, esperando que le abramos un poquito la puerta. Y eso es lo grande del Señor: que es humilde. ¡Nuestro Dios es humilde! Se humilla esperándonos. Siempre está ahí, esperando.
Todos somos pecadores y todos necesitamos el encuentro con el Señor; un encuentro que nos dé fuerzas para avanzar, para ser más buenos, simplemente. Pero estemos atentos. Porque Él pasa, Él viene, y sería muy triste que pasase y no nos diéramos cuenta de que Él está pasando.
Pidamos hoy la gracia: “Señor, que yo esté seguro de que Tú estás esperando. Sí, esperándome a mí, con mis pecados, con mis defectos, con mis problemas”. Todos los tenemos, todos. Pero Él está ahí: siempre está ahí. Creo que el peor de los pecados es no entender que Él siempre está ahí esperándome, no tener confianza en ese amor: la desconfianza en el amor de Dios.
Que el Señor, en esta jornada gozosa para vosotros, os conceda esa gracia.
También a mí, a todos. La gracia de estar seguros de que Él siempre está a la puerta, esperando que yo abra un poquito para entrar. Y no tengáis miedo: cuando el hijo pródigo volvió a su padre, el padre bajó de la terraza y fue al encuentro del hijo. Aquel anciano iba de prisa, y dice el Evangelio que cuando el hijo empezó a hablar: “Padre, he pecado…”, no lo dejó hablar; lo abrazó, lo besó (cfr. Lucas 15,20-21). Eso es lo que nos espera si abrimos un poquito la puerta: el abrazo del Padre.


Vida Cristiana



viernes, 22 de septiembre de 2017

Cuando el gestor de la hacienda es el amor: + Fr. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

¡Sólo porque Dios es bueno!

El Profeta lo dijo así: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor-”.
Y la palabra de Dios –la de la Escritura, la del Hijo- nos ayuda a entrar en el misterio de “los caminos de Dios”, en el misterio del Camino por el que hemos de ir si queremos entrar en la Verdad y la Vida.
Dios es el Otro, el totalmente Otro, el Dios escondido.
Cuando digo Dios, digo lo indecible, lo inefable, lo que no cabe en mis palabras porque no cabe en mis pensamientos.
Sólo él, caminando conmigo, hablándome, amándome, puede acercarme al misterio de lo que él es para mí.
En este domingo escuchamos palabras que nos resultan familiares: “El Señor es clemente y misericordioso… El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas… es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones”.
Intuyes que tu Dios perdona siempre, que sólo has de “regresar a él” para encontrarte con su piedad, que sólo has de “abandonar tu camino” para encontrar un perdón que ya te está esperando, que ya es tuyo, tanto como lo es el amor de donde nace.
Dichosos aquellos obreros de la última hora, que recibieron una paga igual a los de la hora primera, ¡dichosos ellos!, y no porque hayan trabajado menos, sino porque en ellos Dios se ha manifestado “bueno” hasta donde nosotros no seríamos capaces de sospechar.
Dichoso tú, hermano ladrón, crucificado con Jesús, que vas a la viña en la última hora de luz, cuando ya la noche incumbe y apenas queda tiempo para injertarte en la Vid, ¡dichoso tú!, porque la Vid misma te ha injertado en su cuerpo para que, con ella, lleves fruto abundante en el día nuevo del Reino de Dios, y, en ella, recibas –paga inesperada, sorprendente, desmedida-  el denario del paraíso.
Habrás observado –se lo digo a la Iglesia-, que en la parábola, más que la viña y su fruto, lo que se considera es la generosidad del propietario y su preocupación porque los jornaleros tengan un salario, que no va a estar en conformidad con lo que hayan trabajado, sino en conformidad con lo que el propietario ha querido darles para que vivan.
La parábola habla de Dios y de ti –se lo digo a cada uno de los hijos de la Iglesia que hoy celebra la Eucaristía-.
Cada uno de nosotros es ese jornalero de última hora que recibe un salario de gloria por lo que no ha trabajado. Cada uno de nosotros es ese crucificado con Cristo, que, injertado en Cristo, entra con Cristo en el paraíso.  Cada uno de nosotros hace hoy comunión con Cristo, con la Vid, con el Hijo; cada uno de nosotros es injertado hoy en la Vid;  y esa comunión es el salario, admirable, sorprendente, único, inmerecido y divino de nuestra entrada por la fe en la viña de Dios, ¡un salario de eternidad para un tiempo de fe!, un salario de gloria que se te da sólo porque has ido a la viña, ¡sólo porque Dios es bueno!
Te has acercado, Iglesia amada del Señor, al misterio de lo que Dios es para ti.
Sólo me queda recordar lo que nosotros hemos de ser para él: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”, imperativo que parece de perfección, pero que lo es sólo de amor: Amemos como él nos ama.

Feliz domingo.

martes, 19 de septiembre de 2017

Reino de Dios. Salvación. Vida Eterna. Reino de Dios. La gratuidad de la salvación, de la vida eterna, del ingreso en el Reino de Dios. Domingo 25 del Tiempo Ordinario, ciclo A. (2017).







Ø     Reino de Dios. Salvación. Vida Eterna. Reino de Dios. La gratuidad de la salvación, de la vida eterna, del ingreso en el Reino de Dios. Domingo 25 del Tiempo Ordinario, ciclo A. (2017). La parábola de la contratación de los jornaleros de  la viña tiene como objeto hablar de la gratuidad de la salvación, del ingreso en el Reino de Dios. No nos salvamos por nuestras obras. Enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el mérito del hombre ante Dios.

v     Cfr. Domingo 25 del tiempo ordinario Ciclo A

24 de septiembre de 2017
Isaías 55, 6-9; Mateo 20, 1-16
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno A, Piemme 1995, XXV domenica.
- Isaias 55, 6-9: Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-.

Salmo responsorial 144,2-3. 8-9. 17-18: R/. Cerca está el Señor de los que lo invocan. Día tras día te bendeciré, Dios mío, y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones;  cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
- Filipenses 1,20c-24.27a. Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero por otro quedarme en esta vida, veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.
- Mateo 20, 1-16: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos es semejante a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: 

"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."  Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

La gratuidad de la salvación,
de la vida eterna,
del ingreso en el Reino de Dios.

1.      La parábola de la contratación de los jornaleros de  la viña tiene como objeto

hablar de la gratuidad de la salvación, del ingreso en el Reino de Dios.

v     Dios ofrece la misma paga a todos independientemente del número de horas que han trabajado: desde el amanecer, o desde la media mañana, o desde el mediodía, o desde la media tarde o al caer de la tarde. 

·         Una vez más el Señor recurre a una parábola para explicar el Reino de Dios. Narra con elegancia una
historia verosímil, ambientándola en la vida ordinaria; pero, en medio de la normalidad, surge el hecho imprevisible e insólito: la paga de los obreros es igual para todos, a pesar del diverso trabajo que hacen. Es ésta la novedad del Reino de Dios: se ingresa en él de un modo gratuito e incomparable.
·         Cfr. Biblia de Jerusalén, Mateo 20.  “Y el Señor dice a los oyentes de esta parábola, que son
judíos, que ellos fueron llamados a primera hora, pero que después se ha dirigido también a los gentiles: “admite en su Reino a los que han llegado tarde, como los pecadores y paganos. Los llamados a primera hora (los judíos beneficiarios de la Alianza desde Abrahán) no deben escandalizarse por ello”.

o     Dios ofrece también la salvación a quien se convierte al final de su vida.

·         Cfr. Gianfranco Ravasi, o.c. p. 259. Queda claro, por tanto, que el objeto de la enseñanza de
Jesús no es entrar en las legítimas reglas de justicia de las relaciones en el trabajo entre propietarios y obreros, en los normales criterios económicos o sindicales. Tiene una finalidad teológica que toma ocasión de unas relaciones humanas conocidas. El mensaje de la parábola tiene varios aspectos: a) Dios ofrece a todos la salvación; b) la salvación es gratuita; c)  los «fariseos» y los «justos», los «primeros», se escandalizan de que ofrezca la misma salvación a los pecadores, a los «últimos». Como ha señalado un autor, “el obrero que fue llamado en la primera hora fundamentalmente no reclama un salario mayor, sino que, sobre todo, se lamenta por la igualdad de trato que ha tenido él y el que llegó el último”.

2.      La gratuidad de la salvación: el Reino es un don de Dios.


v     No nos salvamos por nuestras obras

·         Cfr. Gianfranco Ravasi, pp. 259.262.  “El Reino es un don de Dios y no un salario debido a las
obras de la ley; la salvación  no es una recompensa de naturaleza casi contractual, sino, sobre todo, una iniciativa divina fruto del amor y de la comunión a la que el hombre es invitado a participar con alegría y sin limitaciones. (...) Es muy probable que Cristo con la figura de los jornaleros haya querido reflejar la figura de los fariseos y del judaísmo más rígido y «observante». Para ellos, la religión es semejante a una rigurosa relación económica que debe ser regulada según criterios de justicia: por medio de la cotidiana fatiga de la observancia de la ley, el hombre «gana» la vida eterna. Para ellos la salvación divina es «debida» como recompensa por las obras humanas. Por esto, ante sus ojos es absolutamente insensato que una conversión se traduzca en un borrón y cuenta nueva del pasado, que se ofrezca la misma «salvación» a un pecador que ha trabajado en la obediencia a la ley solamente por un tiempo determinado. Es fácil imaginarse cuál es la causa de su recriminación: Jesús acoge y declara salvados a los publicanos, prostitutas y pecadores, después de que han pasado gran parte de la jornada de su vida en el ocio, en el vicio y en el mal. Podría ser su portavoz el primogénito de la parábola del hijo pródigo: “Mira cuántos años hace que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos. Pero en cuanto ha venido ese hijo tuyo que devoró su fortuna con meretrices, has hecho matar para él el ternero cebado” (Lucas 15, 29-30).

3.      Dos parábolas: A) la del fariseo y el publicano, B) y la del padre misericordioso


v     A)  Lucas 18, 9-14

·         El mismo evangelista explica el sentido de la parábola, cuando al inicio (v. 9) dice  que el Señor
la dijo “a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás”.
·         El fariseo presumía de su  minuciosa observancia de la Ley, y pensaba que tenía derecho a la
recompensa. Sin embargo, el publicano recurría a la misericordia de Dios. Según el fariseo la salvación divina es «debida» como recompensa por las obras humanas.

v     B) Lucas 15, 11-32

·         También aparece la gratuidad de la salvación en la parábola del hijo pródigo o del padre  misericordioso.
El hermano mayor, cuando ve la fiesta que da su padre al regreso del hermano menor, dice a su padre: Mira cuántos años hace que te sirvo sin  desobedecer ninguna orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos. Pero en cuanto ha venido ese hijo tuyo que devoró tu fortuna con meretrices, has hecho  matar para él el ternero cebado (Lucas 15, 29-30). 

4.      Enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el mérito del hombre ante Dios.


v     La gratuidad del amor de Dios a Israel.

·         CEC 218: A lo largo de su historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía una razón para
revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito (Cf Deuteronomio 4, 37; 7, 8; 10, 15). E Israel comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo (Cf Isías 43, 1-7) y de perdonarle su infidelidad y sus pecados (Cf Oseas 2).

v      Hemos recibido todo de Dios

·         CEC 2007: Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del
hombre. Entre Él y nosotros, la desigualdad no tiene medida, porque nosotros lo hemos recibido todo de Él, nuestro Creador.

v     Las buenas acciones del hombre proceden, en Cristo, de las gracias y auxilios del Espíritu Santo

·         CEC 2008: El mérito del hombre ante Dios en la vida cristiana proviene de que Dios ha
dispuesto libremente asociar al hombre a la obra de su gracia. La acción paternal de Dios es lo primero, en cuanto que El impulsa, y el libre obrar del hombre es lo segundo, en cuanto que éste colabora, de suerte que los méritos de las obras buenas deben atribuirse a la gracia de Dios en primer lugar, y al fiel, seguidamente. Por otra parte, el mérito del hombre recae también en Dios, pues sus buenas acciones proceden, en Cristo, de las gracias prevenientes y de los auxilios del Espíritu Santo.

v     La caridad de Cristo es fuente de los méritos ante Dios

·         CEC 2011: La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La
gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito tanto ante Dios como ante los hombres. Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia.
Tras el destierro en la tierra espero gozar de ti en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el Cielo, quiero trabajar sólo por vuestro amor... En el atardecer de esta vida compareceré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que cuentes mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de ti mismo... (Sta. Teresa del Niño Jesús, ofr).
·         CEC 617: «Por su sacratísima pasión en el madero de la cruz nos mereció la justificación»,
enseña el Concilio de Trento (DS 1529) subrayando el carácter único del sacrificio de Cristo como «causa de salvación eterna» (Hebreos 5, 9). Y la Iglesia venera la Cruz cantando: «Salve, oh cruz, única esperanza». (Himno «Vexilla Regis»).

v     Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios.

·         CEC 1996: Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito
que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios (Cf Juan 1, 12-18), hijos adoptivos (Cf Romanos 8, 14-17), partícipes de la naturaleza divina (Cf 2 Pedro 1, 3-4), de la vida eterna (Cf Juan 17, 3).

v     Incluso la preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia.

·         CEC 2001: La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia. Esta es
necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la fe y a la santificación mediante la caridad. Dios completa en nosotros lo que El mismo comenzó, «porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida» (S. Agustín, grat. 17):
Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada (S. Agustín, nat. et grat. 31).

Vida Cristiana

sábado, 16 de septiembre de 2017

Fiesta de inicio del curso de catequesis: 08/10/2017 después de la Misa de las familias







Para empezar con alegría el nuevo curso invitamos a las familias a una gran fiesta de bienvenida que se celebrará el domingo 8 de Octubre después de la Misa de las familias. La fiesta se celebrará en el patio de la parroquia habrá castillos hinchables (imprescindible llevar calcetines) , juegos, refrescos y aperitivos.

¡Os esperamos a tod@s!

Locura contagiosa: + Fr. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

Hemos llegado a un punto en que el creyente, si quiere adentrarse en el misterio de la voluntad divina sobre su vida, ya no puede apartar los ojos de Cristo Jesús, que es la Palabra de Dios hecha carne, la revelación del amor de Dios que nos envuelve.
Guiados por el Espíritu del Señor, hemos llegado a la frontera de lo que es propio de Dios: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”; “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”; “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.
Hemos llegado a la “casa de la compasión”, en la que toda deuda se perdona sencillamente porque se pide perdón. Hemos hallado de nuevo abiertas las puertas del paraíso, las hemos atravesado por el bautismo, hemos entrado en la “tierra de Dios”, en la que se mueve la humanidad nueva que tiene por cabeza a Cristo Jesús, humanidad libre, pacificada, bendecida, santificada, resucitada.
La ley que va a regular de ahora en adelante la relación del creyente con los demás –creyentes o no-, es la ley del amor, es la perfección del amor, es el amor que es el mismo Dios.
La medida del amor a los demás ya no la establece la ley del hombre ni se fundamente en sus razones: la medida del amor cristiano es el amor sin medida de Dios; y el fundamento del amor con que hemos de amar a nuestro prójimo lo pone el amor con que Dios nos ha amado: “Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor-: que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Ese amor, Iglesia cuerpo de Cristo, no es una idea que se aprende en los libros sino un sacramento que recibes en la fe: Hoy, en la comunidad eclesial, te encuentras con Cristo resucitado, escuchas al que te ama, comulgas con el amor entregado de Dios que es Cristo Jesús. Hoy te haces una con Cristo para ser en Cristo perdonada, reconciliada, amada, elevada al corazón de Dios.
Y esa locura divina se te ha de contagiar, pues única condición puesta para que permanezcamos en el amor que es Dios, es amar a los hermanos como Dios nos ama, como Dios los ama.
Feliz domingo.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Domingo 24 del Tiempo Ordinario, Ciclo A (2017). El perdón y la justicia son compatibles.

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Ø     Domingo 24 del Tiempo Ordinario, Ciclo A (2017). El perdón y la justicia son
compatibles. El perdón no se opone a la justicia, sino al rencor, a la venganza, al odio; se opone al instinto de devolver mal por mal.  Raíz y dimensiones divinas del perdón y razones humanas.  La autoridad legítima tiene el derecho y el deber de imponer reparaciones a los desórdenes introducidos por delitos  que lesionan derechos humanos y la convivencia civil. El odio voluntario a la persona es contrario a la caridad. La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo. La enseñanza del Padrenuestro: «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Estamos llamados a ser una sola cosa con Cristo; Pero observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de  imitar desde fuera el modelo divino. Sólo el Espíritu Santo puede hacer nuestros los sentimientos de Cristo Jesús.   

v     Cfr. 24 Domingo del  tiempo ordinario ciclo A -  17 de  septiembre  de  2017

                  Eclesiástico 27, 30-28.8; Romanos 14, 7-9;  Mateo 18, 21-35

Mateo 18, 21-35: 21En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: -«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» 22 Jesús le contesta: -«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23 Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. 24 Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 26 El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo. 27 " El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 28 Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." 29 El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." 30 Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.  31 Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32 Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. 33 ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" 34 Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35 Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Eclesiástico 27,33-28, 9:  33  Rencor y cólera, ambos son detestables, y el hombre pecador los tendrá dentro. 1 Del vengativo se vengará el Señor; Él le tendrá siempre presentes sus pecados. 2 Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando reces. 3 Hombre que a hombre guarda rencor, ¿cómo osará pedir al Señor la curación? 4.  El hombre que no tiene misericordia con su semejante, ¿cómo se atreve a rezar por sus propios pecados? 5. Si él, siendo mortal, guarda rencor, ¿quién le perdonará sus pecados? ¿Y pide a Dios la reconciliación? 6.  Recuerda tus postrimerías y dejarás de odiar: 7 son corrupción y muerte; así cumplirás los mandatos.  8 Recuerda los preceptos, y no te enojes con el prójimo; 9 recuerda la  alianza del Altísimo, y no tengas en cuenta los errores del prójimo.

El perdón y la justicia son compatibles:
«No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón».
(San Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial por la paz del 2002)

1. Una falsa alternativa: ¿perdón o justicia?

-          Ante hechos indignantes y muy numerosos -  desgraciadamente -  que suceden en la
vida (crímenes y todo tipo de injusticias), que proporcionan indecibles sufrimientos a personas y pueblos, podemos caer en la tentación de preguntarnos: ¿debo perdonar como dice el Señor o promover que se haga justicia?. La indignación que sufrimos ante determinados hechos objetivamente condenables, nos lleva a estar de acuerdo con lo que un autor ha escrito: “perdonar las ofensas no es fácil, y probablemente no forma parte del código genético de la criatura humana”.
Pero plantearnos en términos alternativos el perdón y la justicia es falso, como
observa San Juan Pablo II en su Mensaje para la Celebración de la Jornada Mundial por la Paz (1 de enero de 2002).
Se proponen a continuación  de manera esquemática y breve (compatible con la naturaleza de una homilía)  los puntos que nos pueden ayudar a resolver esa falsa alternativa, según ese documento y algunos otros del magisterio eclesiástico. Se observará que se trata de procurar hacer compatible las exigencias de la justicia con las de la misericordia y del perdón.

v     El perdón no se opone a la justicia, sino al rencor, a la venganza, al odio.

-          cfr. Mensaje …, n. 3: “El perdón se opone al rencor y a la venganza, no a la
justicia. (...) El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, porque no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias de reparación del orden violado. (...) pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas. Para esta recuperación, son esenciales ambos, la justicia y el perdón.”.
-          Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n  2262: “En el Sermón de la Montaña, el
Señor recuerda el precepto: «No matarás» (Mateo 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza.” (...)

v     El perdón se opone al instinto de devolver mal por mal.  Raíz y dimensiones divinas del perdón y razones humanas.  

-          Mensaje...., n.8: “El perdón, antes de ser un hecho social, nace en el corazón de
cada uno. Sólo en la medida en que se afirma una ética y una cultura del perdón se puede esperar también en una " política del perdón ", expresada con actitudes sociales e instrumentos jurídicos, en los cuales la justicia misma asuma un rostro más humano.
En realidad, el perdón es ante todo una decisión personal, una opción del
corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal. Dicha opción tiene su punto de referencia en el amor de Dios, que nos acoge a pesar de nuestro pecado y, como modelo supremo, el perdón de Cristo, el cual invocó desde la cruz: " Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen " (Lucas 23, 34).
Así pues, el perdón tiene una raíz y una dimensión divinas. No obstante, esto no excluye que su valor pueda entenderse también a la luz de consideraciones basadas en razones humanas. La primera entre todas, es la que se refiere a la experiencia vivida por el ser humano cuando comete el mal. Entonces se da cuenta de su fragilidad y desea que los otros sean indulgentes con él. Por tanto, ¿por qué no tratar a los demás como uno desea ser tratado? Todo ser humano abriga en sí la esperanza de poder reemprender un camino de vida y no quedar para siempre prisionero de sus propios errores y de sus propias culpas. Sueña con poder levantar de nuevo la mirada hacia el futuro, para descubrir aún una perspectiva de confianza y compromiso.”

v     La autoridad legítima tiene el derecho y el deber de imponer reparaciones a los desórdenes introducidos por delitos  que lesionan derechos humanos y la convivencia civil.

-          CEC, n.  2266: “A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo
del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable”. 
  

v     El odio voluntario a la persona es contrario a la caridad.

§         La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo.
-          CEC, n. 1933: (...) La enseñanza de Cristo exige incluso el perdón de las ofensas.
Extiende el mandamiento del amor que es el de la nueva ley a todos los enemigos (Cf Mateo 5, 43-44). La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo.”
-          CEC, 2303: El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es
pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. «Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...» (Mateo 5, 44-45).

2.  El perdón en la liturgia de la celebración eucarística de hoy


v     En la primera Lectura, del libro del Eclesiástico, encontramos dos grupos de sentencias sobre el perdón.

                  cfr. Sagrada Escritura, Libros poéticos y sapienciales, Eclesiástico/Sirácida
                  28, 1-13, Eunsa 2001.

-          Versículos 1-5: hay que perdonar para poder ser perdonado;
-          Versículos 6-9: no mantendremos el ánimo irritado contra el prójimo si
«recordamos» quiénes somos y qué ha hecho Dios con nosotros.
-          “Parece claro que nuestro Señor tenía estos u otros consejos semejantes al enseñar
en el Padrenuestro: «perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12; cfr. también Mt 6,14)”. (Cfr. Sagrada Escritura, Libros poéticos ....).

v     En el Evangelio: Mateo 18, 21-22

-          La respuesta del Señor a la pregunta de Pedro equivale al adverbio «siempre».
Debemos perdonar siempre. “No encerró el Señor el perdón en un número determinado, sino que dio a entender que hay que perdonar continuamente y siempre” (S. Juan Crisóstomo, Hom. In Mt. 61,1).
Biblia de Jerusalén, Mateo 18-21:“El «prójimo» se extiende a todo hombre, incluidos aquellos a los que hay que devolver bien por mal (5, 44-45; Romanos 12, 17-21; 1 Tesalonicenses 5,15; 1 Pedro 3,9; ver Éxodo 21, 25+; Salmo 5,11+). (Biblia de Jerusalén, Mt 18, 21).

3. La enseñanza del Padrenuestro: «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.


v     Estamos llamados a ser una sola cosa con Cristo

- CEC 521: Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en nosotros. «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre» (Gaudium et spes 22, 2). Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con El; nos hace comulgar en cuanto miembros de su Cuerpo en lo que El vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro:
Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y Misterios de Jesús, y pedirle con frecuencia que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en toda su Iglesia... Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus Misterios en nosotros y en toda su Iglesia por las gracias que El quiere comunicarnos y por los efectos que quiere obrar en nosotros gracias a estos Misterios. Y por este medio quiere cumplirlos en nosotros (S. Juan Eudes, regn).

v     Pero observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de  imitar desde fuera el modelo divino. Sólo el Espíritu Santo puede hacer nuestros los sentimientos de Cristo Jesús.    

-          CEC, n.  2842: Este «como» no es el único en la enseñanza de Jesús: «Sed perfectos
"como" es perfecto vuestro Padre celestial» (Mateo 5, 48); «Sed misericordiosos, "como" vuestro Padre es misericordioso» (Lucas 6, 36); «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que "como" yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Juan 13, 34). Observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de imitar desde fuera el modelo divino. Se trata de una participación, vital y nacida «del fondo del corazón», en la santidad, en la misericordia y en el amor de nuestro Dios. Sólo el Espíritu que es «nuestra vida» (Gálatas 5, 25) puede hacer nuestros los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús (Cf Filipenses  2, 1. 5). Así, la unidad del perdón se hace posible, «perdonándonos mutuamente "como" nos perdonó Dios en Cristo» (Efesios 4, 32).




VIDA CRISTIANA

lunes, 11 de septiembre de 2017

CATEQUESIS CONFIRMACION ADULTOS: INFORMACION CURSO 2017/2018

CATEQUESIS CONFIRMACION ADULTOS


Parroquia “Santa Monica”/www.parroquiasantamonica.com



INFORMACION CURSO 2017/2018
1.- Hoja inscripción: Se podrá obtener en formato PDF en la web www.parroquiasanta monica.com.
2.-Periodo de inscripción. Durante el mes de Septiembre de 2017.
3.-Lugar de inscripción: En el despacho parroquial o bien en la dirección:    confirmacionadultos@parroquiasantamonica.com
4.-Dia y horario de catequesis: El comienzo de curso será en Octubre, el horario, se informara una vez finalizadas las inscripciones.


viernes, 8 de septiembre de 2017

No corrijas si no te sabes amado: + Fr. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

La Palabra que escuchamos este domingo parece centrada en la corrección fraterna, y  seguramente hay en esa apreciación mucho de verdad.
Sabéis, sin embargo, que vuestra celebración ha de estar centrada en Cristo, y Cristo –su enseñanza, su vida, su muerte-, será la luz que nos permita acercarnos al misterio de la Palabra de Dios y discernir, iluminados por él, también lo que concierne al ámbito de nuestra solidaridad con los hermanos en la búsqueda de su bien y de su salvación.
Pues de eso se trata, de “solidaridad”, una solidaridad semejante a la que tiene Dios con todos sus hijos: “Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre”. No se preocupa el Señor por su ley sino por la sangre, es decir, por la vida de quien quebranta esa ley.
Es ésta una primera condición que hemos de salvaguardar siempre en nuestra relación con los hermanos: Amar su vida, amarlos.
Por eso, cuando en la oración unos a otros nos animamos, diciendo: “¡Ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis vuestro corazón!”, lo decimos con el pensamiento puesto en la ley del Señor, deseamos que todos aclamen a nuestro salvador, pedimos que todos bendigan al Señor, creador nuestro, pero también llevamos en el corazón la vida de nuestros hermanos, y a todos decimos “escucha”, porque para todos deseamos la vida. “A nadie le debáis nada más que amor”. No temas, hermano mío, que el Señor te pida cuenta de tu hermano, si tú lo has amado; no temas que te reclame su vida, si le has ayudado a amar.
“¡Ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis vuestro corazón!” Para ti, la voz del Señor, que ha resonado en las Escrituras Santas, se ha hecho voz humana en Cristo Jesús. Fíjate cómo corrige quien ama: recuerda cómo corrige a la mujer que con sus avíos de prostituta entra en el banquete de Simón para llorar agradecida a los pies de la compasión de Dios; mira cómo reprende a Zaqueo el publicano, a la mujer adúltera, al hijo que vuelve de lejos después de haber derrochado la fortuna de la familia; recuerda, escucha, contempla cómo reprende Jesús a los leprosos con los que se manchó, a los pecadores con los que comió, al ladrón que con él entró en el paraíso para estrenarlo en el primer día de la nueva creación.
Y si no eres capaz de recordar lo que otros han vivido como buena noticia de Dios en sus vidas, recuerda lo que tú mismo has podido experimentar en la tuya, y contempla lo que ahora estás viviendo, pues hoy, en esta eucaristía, te recibe el que te ama, te acoge el que te cura, te invita a su mesa el que te salva.
Y esta experiencia de fe nos orienta para definir una segunda condición para una relación cristiana, para una relación según Dios, con los demás: No corrijas si no te sabes amado, curado, salvado.
Habréis observado que ese modo que tiene Jesús de “corregir” es expresión perfecta de lo que Jesús es para los “necesitados de corrección”, o más exactamente, es expresión perfecta de lo que el Verbo eterno, el Altísimo Hijo de Dios, ha escogido hacerse por nosotros y ser para nosotros: pequeño y siervo, humilde y entregado. Anota, pues, hermano mío, una nueva condición para la corrección fraterna: No corrijas si no te haces pequeño y humilde, si no te entregas a todos para servirlos a todos.
Ahora, de labios de Jesús, del que te ama, del que te salva, ya puedes escuchar de nuevo las palabras del Evangelio: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano”. Corrige para salvar. Ama para corregir. Aprende de Jesús para amar. Escucha su palabra para aprender. Haz silencio en tu interior para escuchar.

Dom. 23 del Tiempo Ordinario Ciclo A – 10 de septiembre de 2017.

Ø     Domingo 23 del Tiempo Ordinario, Ciclo A (2017). La vigilancia en el Antiguo y
Nuevo Testamento. La vigilancia en la vida cristiana es responsabilidad de todos los cristianos. "Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno".
Aspectos sobre la vigilancia que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica.
Todos debemos sentiros corresponsables de la vida de los demás, de sus éxitos o de sus fracasos.

v     Cfr. Dom. 23 del Tiempo Ordinario Ciclo A – 10 de septiembre de 2017.

Ezequiel 33, 7-9; Romanos 13, 8-10; Mateo 18, 15-20
Cfr. Sagrada Biblia, Libros proféticos, Eunsa 2002, Ezequiel 33.

Lectura del Profeta Ezequiel 33,7-9: Esto dice el Señor: 7 A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela sobre la casa de Israel: escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. 8 Si yo digo al  impío: «Impío, vas a morir», y no hablas para advertir al impío de su camino, este impío morirá por su culpa, pero reclamaré su sangre de tu mano. 9 Pero si tú adviertes al impío para que se aparte de su camino y no se aparta, él morirá por su culpa pero tú habrás salvado tu vida.

Mateo 18, 15-20: 15 « Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. 18 « Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. 19 « Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela sobre la casa de Israel:
escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte.
(Primera Lectura, Ezequiel 33, 79)

En líneas generales,
las lecturas de hoy nos hablan de la preocupación por el hermano,
como una consecuencia del mandato del amor al prójimo, es decir,
de sentirse corresponsable de su vida, de sus éxitos o sus fracasos.

1. La vigilancia en el Antiguo Testamento

v     El profeta/centinela en la Biblia: su función de vigilancia. “Escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte”

·         La Casa de la Biblia, Comentario al Antiguo Testamento II, 1997 p. 220: “Ya Jeremías
hablaba de estos centinelas que el Señor ha dado a su pueblo para que den la alerta en caso de peligro (Jeremías 6,17).  De profetas centinelas también hablan Oseas (5,8; 6,5), Habacuc (2,1) e Isaías (21,6). (...) Los falsos profetas son adivinos, magos y embusteros; el profeta verdadero es el centinela que vigila y está atento a la palabra de Dios; no adivina, sino que lee los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de la palabra de Dios que anuncia”
·         El profeta invitará frecuentemente a la conversión, porque el Señor quiere la vida del
hombre y no su muerte (cfr. Ezequiel  33,11).

2. La vigilancia en el Nuevo Testamento.


v     La vigilancia es fundamental en la vida cristiana

o       La enseñanza de Jesús en el Catecismo de la Iglesia Católica
n.  2612: «En Jesús "el Reino de Dios está próximo", llama a la conversión y a la fe pero
también a la vigilancia».  (…)

n.  2621 : “En su enseñanza, Jesús instruye a sus discípulos para que oren con un corazón
purificado, una fe viva y perseverante, una audacia filial. Les insta a la vigilancia y les invita a presentar sus peticiones a Dios en su Nombre. El mismo escucha las plegarias que se le dirigen”.

n. 2730.Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y dominador consiste en la
vigilancia. Cuando Jesús insiste en la vigilancia, es siempre en relación a Él, a su Venida, al último día y al "hoy". El esposo viene en mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe: "Dice de ti mi corazón: busca su rostro" (Sal 27, 8).

n. 2863 : Al decir: «No nos dejes caer en la tentación», pedimos a Dios que no nos permita
tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.
La vigilancia es "guarda del corazón", y Jesús pide al Padre que "nos guarde en su Nombre". Pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino del pecado
n. 2849 : (…) La vigilancia del corazón es recordada con insistencia en comunión con la
suya (cf Mc 13, 9. 23. 33 - 37; Mc 14, 38; Lc 12, 35 - 40). La vigilancia es "guarda del corazón", y Jesús pide al Padre que "nos guarde en su Nombre" (Jn 17, 11). El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esta vigilancia (cf 1Co 16, 13; Col 4, 2; 1Ts 5, 6; 1P 5, 8). Esta petición adquiere todo su sentido dramático referida a la tentación final de nuestro combate en la tierra; pide la perseverancia final. "Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela" (Ap 16, 15).
o       Otros aspectos sobre la vigilancia que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica
n. 2088:  “El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella”.  (…)
Con referencia al  amor a Dios hay que estar atentos - vigilar -  a la indiferencia, la ingratitud, la tibieza, la pereza espiritual. 
n. 2094: Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia olvida
o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza. La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza es una vacilación o una negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad. La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio de Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas.
o       El descuido de la vigilancia lleva a la acedia [1]: una forma de aspereza o de desabrimiento.
·         n. 2733: Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedia. Los Padres
espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. "El espíritu está pronto pero la carne es débil" (Mt 26, 41). El desaliento, doloroso, es el reverso de la presunción. Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia.
o       Primera Carta de San Pedro
·         San Pedro, al final de su primera Carta, hace una indicación precisa a todos: “Sed
sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos” (5, 8-9).
o       Las parábolas de Jesús sobre la vigilancia
No olvidemos las conocidas parábolas sobre la vigilancia que encontramos en los capítulos 24 y 25 de San Mateo: la parábola del siervo fiel, la de las vírgenes necias y prudentes, la de los talentos. 

 

3. "Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno".

Homilía de Papa Francisco en la Casa Santa Marta - Viernes 11 de octubre de 2013, comentando el Evangelio del día, Lucas 11, 15-26.
(…)
o       ¿Vigilo sobre mí? ¿Sobre mi corazón? ¿Sobre mis sentimientos? ¿Sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí?
El Papa observó que Jesús nos ofrece algunos criterios para entender la presencia del maligno y reaccionar.
Último criterio es el de la vigilancia. "Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno", exhortó el Pontífice. Y volvió a citar el Evangelio: "Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Y nosotros podemos hacernos la pregunta: ¿yo vigilo sobre mí? ¿Sobre mi corazón? ¿Sobre mis sentimientos? ¿Sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí?". Si no se custodia -añadió, citando otra vez el Evangelio-, "llega otro que es más fuerte y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín".
Son estos, por lo tanto, los criterios para responder a los desafíos planteados por la presencia del diablo en el mundo: la certeza de que "Jesús lucha contra el diablo"; "quien no está con Jesús está contra Jesús"; y "la vigilancia". Hay que tener presente -dijo también el Papa- que "el demonio es astuto: jamás es expulsado para siempre, sólo lo será el último día". Porque cuando "el espíritu inmundo sale del hombre -recordó, citando el Evangelio-, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y al no encontrarlo dice: volveré a mi casa de donde salí. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio".
He aquí por qué es necesario velar. "Su estrategia es ésta -advirtió el Papa Francisco-: tú te has hecho cristiano, vas adelante con tu fe, y yo te dejo, te dejo tranquilo. Pero después, cuando te has acostumbrado y no estás muy alerta y te sientes seguro, yo vuelvo. El Evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y acaba con el demonio que vuelve. San Pedro lo decía: es como un león feroz que ronda a nuestro alrededor". Y esto no son mentiras: "es la Palabra del Señor".
"Pidamos al Señor -fue su oración conclusiva- la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación, Él ha vencido al demonio".




VIDA CRISTIANA



[1] Nota de la Redacción de Vida Cristiana sobre la acedia. Es  la pereza – o torpor, modorra o aburrimiento -  en el plano espiritual y religioso. Santo Tomás de Aquino precisa que es tristeza ante el  bien espiritual que  quita el gusto de la acción sobrenatural. Es una desazón o flacidez espiritual ante  las realidades espirituales que  empuja a abandonar toda actividad de la vida espiritual. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2094) dice “Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. (…) La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino (…)”. Se suelen referir como sinónimos de la palabra “desabrimiento” que aparece en el Catecismo: el desagrado, la aspereza en el trato, la brusquedad, la hosquedad, la adustez.

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