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viernes, 7 de diciembre de 2018

Inmaculada Concepción. Ella dijo sí al Señor. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005.

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Ø Inmaculada Concepción.  Ella dijo sí al Señor. La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. Varias sospechas que tiene el hombre que son fruto del veneno del pecado original.


v  Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005.

o   Significado del título “Inmaculada”: dos imágenes

§  Primera imagen. El relato del anuncio a María: el Señor está en ella; ella dice sí al Señor
                Pero ahora debemos preguntarnos: ¿Qué significa "María, la Inmaculada"? ¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías.
                El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el "resto santo" de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo.
                Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: "La tierra ha dado su fruto" (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios.
§  Segunda imagen: la lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal, y la victoria de Dios en el linaje de la mujer.
La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y no se fía de él.
                La segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir, entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia que "el linaje" de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto con la Iglesia creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención.
                ¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad.
                El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte.

o   La libertad de un ser humano es la de un ser limitado, es limitada por tanto.

                Amor no es dependencia, sino don que nos hace vivir. La libertad de un ser humano es la libertad de un ser limitado y, por tanto, es limitada ella misma. Sólo podemos poseerla como libertad compartida, en la comunión de las libertades: la libertad sólo puede desarrollarse si vivimos, como debemos, unos con otros y unos para otros. Vivimos como debemos, si vivimos según la verdad de nuestro ser, es decir, según la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre.
                Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre.

o   El pecado original, la historia de todos los tiempos: una gota de veneno

                Queridos hermanos y hermanas, si reflexionamos sinceramente sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia, debemos decir que con este relato no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos, y que todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en las imágenes del libro del Génesis. Esta gota de veneno la llamamos pecado original.

o   Varias sospechas que son fruto de ese veneno del pecado original

§  Quien no peca es aburrido; un poco de mal es bueno para experimentar la plenitud del ser
Precisamente en la fiesta de la Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida: la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser.
                Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario.

o   Pero hemos de reconocer que no es así: el mal envenena

§  El mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad.
                Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.
§  Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres.
                Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.
                En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.
§  María nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo
                Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo: "Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás".
En este día de fiesta queremos dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar esta luz en las noches de la historia. Amén.
Vida Cristiana

Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2018). Homilía por Raniero Cantalamessa (2018).



[InmaculadaConcepciónC18ProyectoDiosIglesiaSantosInmaculadosCantal]
Ø Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2018). Homilía por Raniero Cantalamessa (2018). El
Proyecto de Dios sobre nosotros: «Dios Padre nos ha elegido en Jesucristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor». (Segunda Lectura). lo que celebramos en esta solemnidad en María: el inicio de la Iglesia. En María brilla ya todo el esplendor futuro de la Iglesia. Está ante nosotros «como modelo de santidad para el pueblo de Dios». Ella está idealmente ante todo el pueblo cristiano repitiendo siempre lo que dijo en Caná: «Haced lo que Él os diga».

Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Elegidos para ser santos e inmaculados
por Raniero Cantalamessa (05 diciembre 2018) - (Cfr. Religión en Libertad)

Génesis 3, 9-15.20; Efesios 1,3-6.11-12; Lucas 1,26-38
Para que la solemnidad de la Inmaculada Concepción no se quede en mera celebración de
los «privilegios» de María, sino que nos toque y nos implique profundamente, debemos comprenderla a la luz de las palabras de Pablo en la segunda lectura: «Dios Padre nos ha elegido en Jesucristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor». Todos, por lo tanto, estamos llamados a ser santos e inmaculados; es nuestro verdadero destino; es el proyecto de Dios sobre nosotros. Poco más adelante, en la misma Carta a los Efesios, Pablo contempla este plan de Dios refiriéndolo no ya a los hombres singularmente considerados, cada uno por su cuenta, sino a la Iglesia Universal esposa de Cristo: «Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificarla mediante el bautismo y la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa en inmaculada» (Ef 5, 25-27).
Una humanidad de santos e inmaculados: he aquí el gran proyecto de Dios al crear la Iglesia. Una humanidad que pueda, por fin, comparecer ante Él, que ya no tenga que huir de su presencia, con el rostro lleno de vergüenza como Adán y Eva tras el pecado. Una humanidad, sobre todo, que Él pueda amar y estrechar en comunión consigo, mediante Su Hijo, en el Espíritu Santo.   
¿Que representa, en este proyecto universal de Dios, la Inmaculada Concepción de María que celebramos? La liturgia responde a esta pregunta en el prefacio de la Misa del día, cuando dirigiéndose a Dios canta: En Ella has señalado el «comienzo de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura... Entre todos los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad». He aquí, entonces, lo que celebramos en esta solemnidad en María: el inicio de la Iglesia, la primera realización del proyecto de Dios, en la que existe como la promesa y la garantía de que todo el plan irá hacia su cumplimiento: «¡Nada es imposible para Dios!». María es la prueba de ello. En Ella brilla ya todo el esplendor futuro de la Iglesia, como en una gota de rocío, en una mañana serena, se refleja la bóveda azul del cielo. También y sobre todo por esto María es llamada «madre de la Iglesia».
María no se presenta, en cambio, sólo como aquella que está detrás de nosotros, al comienzo de la Iglesia, sino también como quien está ante nosotros «como modelo de santidad para el pueblo de Dios». Nosotros no hemos nacido inmaculados como, por singular privilegio de Dios, nació Ella; es más, el mal anida en nosotros en todas las fibras y en todas las formas. Estamos llenos de «arrugas» que hay que estirar y de «manchas» que hay que lavar. Es en esta labor de purificación y de recuperación de la imagen de Dios en la que María está ante nosotros como poderosa llamada.
La liturgia habla de Ella como de un «modelo de santidad». La imagen es justa, a condición de que superemos las analogías humanas. La Virgen no es como las modelos humanas que posan, inmóviles, para dejarse pintar por el artista. Ella es un modelo que obra con nosotros y dentro de nosotros, que nos lleva la mano al representar las líneas del modelo por excelencia, suyo y nuestro, que es Jesucristo, para hacernos «conformes a su imagen» (Rm 8, 29). Es de hecho «abogada de gracia» antes aún que modelo de santidad. La devoción a María, cuando es iluminada y eclesial, en verdad no desvía a los creyentes del único Mediador, sino que les lleva hacia Él. Quien ha tenido la experiencia auténtica de la presencia de María en la propia vida sabe que ésta se determina por entero en una experiencia de Evangelio y en un conocimiento más profundo de Cristo. Ella está idealmente ante todo el pueblo cristiano repitiendo siempre lo que dijo en Caná: «Haced lo que Él os diga».


Vida Cristiana

viernes, 8 de diciembre de 2017

Palabas de Papa Francisco en el rezo del Ángelus en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Viernes, 8 de diciembre de 2017 Lucas 1, 26-36




Ø Solemnidad de la Inmaculada (2017). Palabras de Papa Francisco en el rezo del Angelus. Llena de gracia: un nuevo nombre que da Dios a la Virgen.  Quiere decir que María está llena de la presencia de Dios, y que no hay  presencia para el pecado. Cada uno de nosotros, mirándose por dentro, ve lados oscuros. Un bonito piropo a una señora es decirle, con gracia, que se ve más joven. En cierto sentido le decimos eso, al nivel más alto. Solo hay una cosa que hace envejecer de verdad y es el pecado: endurece el corazón, lo cierra y lo hace marchitar. En muchos cuadros María está representada sentada ante el ángel con un pequeño libro en la mano. Ese libro es la Escritura.  María acostumbraba a escuchar a Dios y entretenerse con Él. La Palabra de Dios era su secreto: cercana a su corazón, tomó luego carne en su seno. María hizo hermosa su vida dialogando con Dios. Hace hermosa la vida no la apariencia, no lo que pasa, sino el corazón dirigido a Dios. .


v  Cfr. Palabas de Papa Francisco en el rezo del Ángelus en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

                  Viernes, 8 de diciembre de 2017
                  Lucas 1, 26-36

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días y feliz fiesta!

v  Llena de gracia

Hoy contemplamos la belleza de María Inmaculada. El Evangelio, que narra el episodio de la Anunciación, nos ayuda a comprender lo que celebramos, sobre todo a través del saludo del ángel. Se dirige a María con una palabra no fácil de traducir, que significa colmada de gracia, creada de la gracia, «llena de gracia» (Lc 1,28).

o   Un nuevo nombre que le da Dios: quiere decir que María está llena de la presencia de Dios.

§  No hay  presencia para el pecado
Cada uno de nosotros, mirándose por dentro, ve lados oscuros.
Antes de llamarla María, la llama llena de gracia, y así revela el nuevo nombre que Dios le
da y que le encaja más que el nombre que le dieron sus padres. También nosotros la llamamos así, en cada Avemaría.
¿Qué quiere decir llena de gracia? Que María está llena de la presencia de Dios. Y si está enteramente habitada por Dios, no hay sitio en Ella para el pecado. Es algo extraordinario, porque todo en el mundo, desgraciadamente, está contaminado por el mal. Cada uno de nosotros, mirándose por dentro, ve lados oscuros. Hasta los más grandes santos eran pecadores y todas las
realidades, incluso las más hermosas, están afectadas por el mal: todas, salvo María. Ella es el único “oasis siempre verde” de la humanidad, la única incontaminada, creada inmaculada para acoger plenamente, con su “sí”, a Dios que venía al mundo e iniciar así una historia nueva.

o   Un bonito piropo a una señora es decirle, con gracia, que se ve más joven.

§  En cierto sentido le decimos eso, al nivel más alto.
Solo hay una cosa que hace envejecer de verdad y es el pecado: endurece el corazón, lo cierra y lo hace marchitar.
Cada vez que la reconocemos llena de gracia, le hacemos el mayor de los cumplidos, el mismo que le hizo Dios. Un bonito piropo a una señora es decirle, con gracia, que se ve más joven. Cuando decimos a María llena de gracia, en cierto sentido le decimos también eso, al nivel más alto. Pues la reconocemos siempre joven, pues nunca envejece por el pecado. Sólo hay una cosa que
hace envejecer de verdad, envejecer interiormente: no la edad, sino el pecado. El pecado hace viejos, porque endurece el corazón: lo cierra, lo vuelve inerte, lo hace marchitar. Pero la llena de gracia está vacía de pecado. Por eso es siempre joven, es «más joven que el pecado», es «la más joven del género humano» (G. Bernanos, Diario de un cura rural, II, Ed. Encuentro, Madrid 1998,
p. 206).

v  La Iglesia felicita hoy a María llamándola toda hermosa.


o   Su belleza no consiste en lo exterior, no sobresale por su apariencia, no era famosa, no tuvo vida cómoda sino preocupaciones y temores. ¿Cuál fue su secreto?

§  Podemos intuirlo mirando de nuevo la escena de la Anunciación. En muchos cuadros María está representada sentada ante el ángel con un pequeño libro en la mano. Ese libro es la Escritura.  María acostumbraba a escuchar a Dios y entretenerse con Él. La Palabra de Dios era su secreto: cercana a su corazón, tomó luego carne en su seno.
María hizo hermosa su vida dialogando con Dios. Hace hermosa la vida no la apariencia, no lo que pasa, sino el corazón dirigido a Dios. .
La Iglesia felicita hoy a María llamándola toda hermosa, tota pulchra. Y así como su juventud no está en la edad, tampoco su belleza consiste en lo exterior. María, como muestra el Evangelio de hoy, no sobresale por su apariencia: de familia sencilla, vivía humildemente en Nazaret, una aldea casi desconocida. Y no era famosa: incluso cuando el ángel la visitó nadie lo supo, aquel día no había allí ningún reportero. La Virgen tampoco tuvo una vida cómoda, sino preocupaciones y temores: se «turbó» (v. 29), dice el Evangelio, y cuando el ángel «la dejó» (v. 38), los problemas aumentaron.
Sin embargo, la llena de gracia vivió una vida hermosa. ¿Cuál era su secreto? Podemos intuirlo mirando de nuevo la escena de la Anunciación. En muchos cuadros María está representada sentada ante el ángel con un pequeño libro en la mano. Ese libro es la Escritura María acostumbraba a escuchar a Dios y entretenerse con Él. La Palabra de Dios era su secreto: cercana a su corazón, tomó luego carne en su seno. Permaneciendo con Dios, dialogando con Él en toda circunstancia, María hizo hermosa su vida. No la apariencia, no lo que pasa, sino el corazón dirigido a Dios hace hermosa la vida. Miremos hoy con alegría a la llena de gracia. Pidámosle que nos ayude a permanecer jóvenes, diciendo “no” al pecado, y a vivir una vida hermosa, diciendo “sí” a
Dios.




Vida Cristiana

jueves, 20 de julio de 2017

Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (2) Un texto de Papa Francisco del 2013. Oración en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma). “Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: que no seamos sordos al grito de los pobres, que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, que amemos y respetemos siempre la vida humana”.


1  Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (2) Un texto de Papa Francisco del 2013. Oración en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma). “Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: que no seamos sordos al grito de los pobres, que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, que amemos y respetemos siempre la vida humana”. Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor  Cfr. Solemnidad de la Inmaculada (2013), Oración del Papa Francisco en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma). Domingo 8 de diciembre de 2013 Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo y el amparo maternal de nuestra ciudad, nos acogemos con confianza y amor. Eres toda belleza, María. En Ti no hay mancha de pecado. Renueva en nosotros el deseo de ser santos: que en nuestras palabras resplandezca la verdad, que nuestras obras sean un canto a la caridad, que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. Eres toda belleza, María. En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: que no seamos sordos al grito de los pobres, que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, que amemos y respetemos siempre la vida humana. Eres toda belleza, María. En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: que la luz de la fe ilumine nuestra vida, que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. Eres toda belleza, María. Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 2 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (1) Un texto de Benedicto XVI del 2005. Significado del título «Inmaculada Concepción». Dos imágenes. 1) En ella habita el Señor, ella le dijo «sí»; se puso plenamente a su disposición y se convirtió en templo vivo de Dios. 2) La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia: pensamos que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando le dejemos de lado. El pecado original es una gota de veneno. Una sospecha que es fruto de ese veneno del pecado original que hay en nosotros: quien no peca es aburrido; un poco de mal es bueno; reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso es necesario. Por tanto, con ese relato del libro del Génesis no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos. Pero hemos de reconocer que no es así: el mal envenena, el mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad. María nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo.


1  Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (1) Un texto de Benedicto XVI del 2005. Significado del título «Inmaculada Concepción». Dos imágenes. 1) En ella habita el Señor, ella le dijo «sí»; se puso plenamente a su disposición y se convirtió en templo vivo de Dios. 2) La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia: pensamos que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando le dejemos de lado. El pecado original es una gota de veneno. Una sospecha que es fruto de ese veneno del pecado original que hay en nosotros: quien no peca es aburrido; un poco de mal es bueno; reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso es necesario. Por tanto, con ese relato del libro del Génesis no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos. Pero hemos de reconocer que no es así: el mal envenena, el mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad. María nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo. Significado del título «Inmaculada»: dos imágenes Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005. 1. Primera imagen. El relato del anuncio a María: en ella habita el Señor; ella dice «sí» al Señor Evangelio Lucas 1, 26-38; Oración colecta1 ; Prefacio2 .  Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo. Pero ahora debemos preguntarnos: ¿Qué significa "María, la Inmaculada"? ¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías. El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el "resto santo" de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo.  Ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios. Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: "La tierra ha dado su fruto" (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios. 1 “Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas”. 2 “Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura. Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia, y ejemplo de santidad”. 2 2. Segunda imagen, mucho más difícil y oscura: la lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal, y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. Una metáfora tomada del libro del Génesis. Primera Lectura: Génesis 3, 9-15.20  a) El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y no se fía de él. o Pensamos que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando le dejemos de lado. La segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir, entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia que "el linaje" de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto con la Iglesia creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención. ¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte.  b) La libertad de un ser humano es la de un ser limitado, por tanto la misma libertad es limitada. Amor no es dependencia, sino don que nos hace vivir. La libertad de un ser humano es la libertad de un ser limitado y, por tanto, es limitada ella misma. Sólo podemos poseerla como libertad compartida, en la comunión de las libertades: la libertad sólo puede desarrollarse si vivimos, como debemos, unos con otros y unos para otros. Vivimos como debemos, si vivimos según la verdad de nuestro ser, es decir, según la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre. Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre.  El pecado original, una gota de veneno. o Con ese relato del libro del Génesis no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos.  Todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno que llamamos pecado original. Queridos hermanos y hermanas, si reflexionamos sinceramente sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia, debemos decir que con este relato no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos, y que todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en las imágenes del libro del Génesis. Esta gota de veneno la llamamos pecado original. o Una sospecha que es fruto de ese veneno del pecado original  La sospecha de que quien no peca es aburrido; de que un poco de mal es bueno; de que reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso es necesario. Precisamente en la fiesta de la Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida: la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, 3 de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser. Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario. o Pero hemos de reconocer que no es así: el mal envenena  El mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad. Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.  Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa. En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.  María nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo: "Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás". En este día de fiesta queremos dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar esta luz en las noches de la historia. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (3) Un texto de Papa Francisco del 2014. Oración en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma).”Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios”.


1  Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2015) (3) Un texto de Papa Francisco del 2014. Oración en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma).”Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios”. Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios.  Cfr. Solemnidad de la Inmaculada (2014), Oración del Papa Francisco en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (Roma). Lunes 8 de diciembre de 2014 Oh María, Madre nuestra, hoy el pueblo de Dio en fiesta te venera Inmaculada, preservada desde siempre del contagio del pecado. Acoge el homenaje que te ofrezco en nombre de la Iglesia que está en Roma y en todo el mundo. Saber que Tú, que eres nuestra Madre, estás totalmente libre del pecado nos da gran consuelo. Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza en la lucha cotidiana que nosotros debemos mantener contra las amenazas del maligno. Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos, porque Jesús, antes de morir en la cruz, te entregó a nosotros como Madre. Nosotros, por lo tanto, incluso siendo pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada, llamados a esa santidad que resplandece en Ti por gracia de Dios desde el inicio. Animados por esta esperanza, hoy invocamos tu maternal protección para nosotros, para nuestras familias, para esta ciudad, para todo el mundo. Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios. Haz que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalezca sobre el orgullo y podamos llegar a ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre celestial. En este tiempo que nos conduce a la fiesta del Nacimiento de Jesús, enséñanos a ir a contracorriente: a despojarnos, a abajarnos, a donarnos, a escuchar, a hacer silencio, a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios, fuente de la verdadera alegría. Oh Madre nuestra Inmaculada, ¡ruega por nosotros! www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Papa Francisco, Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y Apertura de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana para el inicio del Jubileo de la Misericordia, martes, 8 de diciembre de 2015. La gracia de Dios envolvió a la Virgen, haciéndola digna de convertirse en la madre de Cristo. La plenitud de la gracia transforma el corazón, y lo hace capaz de realizar ese acto tan grande que cambiará la historia de la humanidad. Este Año Extraordinario de la misericordia es también un don de gracia. Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Será un año para crecer en la convicción de la misericordia. Que atravesar la Puerta Santa, por tanto, haga que nos sintamos partícipes de ese misterio de amor. Abandonemos toda forma de miedo y temor, que no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que todo lo transforma.



1  Papa Francisco, Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y Apertura de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana para el inicio del Jubileo de la Misericordia, martes, 8 de diciembre de 2015. La gracia de Dios envolvió a la Virgen, haciéndola digna de convertirse en la madre de Cristo. La plenitud de la gracia transforma el corazón, y lo hace capaz de realizar ese acto tan grande que cambiará la historia de la humanidad. Este Año Extraordinario de la misericordia es también un don de gracia. Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Será un año para crecer en la convicción de la misericordia. Que atravesar la Puerta Santa, por tanto, haga que nos sintamos partícipes de ese misterio de amor. Abandonemos toda forma de miedo y temor, que no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que todo lo transforma. En breve tendré la alegría de abrir la Puerta Santa de la Misericordia. Como hice en Bangui, cumplimos este gesto, a la vez sencillo y fuertemente simbólico, a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, y que pone en primer plano el primado de la gracia. En efecto, en estas lecturas se repite con frecuencia una expresión que evoca la que el ángel Gabriel dirigió a una joven muchacha, asombrada y turbada, indicando el misterio que la envolvería: «Alégrate, llena de gracia» (Lc 1,28). La Virgen María está llamada en primer lugar a regocijarse por todo lo que el Señor hizo en ella. La gracia de Dios la envolvió, haciéndola digna de convertirse en la madre de Cristo. Cuando Gabriel entra en su casa, también el misterio más profundo, que va más allá de la capacidad de la razón, se convierte para ella en un motivo de alegría, motivo de fe, motivo de abandono a la palabra que se revela. La plenitud de la gracia transforma el corazón, y lo hace capaz de realizar ese acto tan grande que cambiará la historia de la humanidad. La fiesta de la Inmaculada Concepción expresa la grandeza del amor Dios. Él no sólo perdona el pecado, sino que en María llega a prevenir la culpa original que todo hombre lleva en sí cuando viene a este mundo. Es el amor de Dios el que previene, anticipa y salva. El comienzo de la historia del pecado en el Jardín del Edén desemboca en el proyecto de un amor que salva. Las palabras del Génesis nos remiten a la experiencia diaria de nuestra existencia personal. Siempre existe la tentación de la desobediencia, que se manifiesta en el deseo de organizar nuestra vida al margen de la voluntad de Dios. Es la enemistad que insidia continuamente la vida de los hombres para oponerlos al diseño de Dios. Sin embargo, la historia del pecado sólo se comprende a la luz del amor que perdona. El pecado sólo se entiende con esa luz. Si todo quedase relegado al pecado, seríamos los más desgraciados de las criaturas, mientras que la promesa de la victoria del amor de Cristo encierra todo en la misericordia del Padre. La palabra de Dios que hemos escuchado no deja lugar a dudas a este propósito. La Virgen Inmaculada es para nosotros testigo privilegiado de esa promesa y de su cumplimiento. Este Año Extraordinario es también un don de gracia. Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Es Él el que nos busca. Es Él el que sale a nuestro encuentro. Será un año para crecer en la convicción de la misericordia. ¡Cuánto se ofende a Dios y a su gracia cuando se afirma sobre todo que los pecados son castigados por su juicio, en vez de destacar que son perdonados por su misericordia! (cf. san Agustín, De praedestinatione sanctorum 12, 24) Sí, así es precisamente. Debemos anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios tendrá lugar siempre a la luz de su misericordia. Que atravesar la Puerta Santa, por tanto, haga que nos sintamos partícipes de ese misterio de amor. Abandonemos toda forma de miedo y temor, que no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que todo lo transforma. 2 Hoy, aquí en Roma y en todas las diócesis del mundo, cruzando la Puerta Santa, queremos recordar también otra puerta que los Padres del Concilio Vaticano II, hace cincuenta años, abrieron al mundo. Esta fecha no puede ser recordada sólo por la riqueza de los documentos producidos, que hasta el día de hoy permiten comprobar el gran progreso realizado en la fe. En primer lugar, el Concilio fue un encuentro; un verdadero encuentro entre la Iglesia y los hombres de nuestro tiempo. Un encuentro marcado por el poder del Espíritu que empujaba a la Iglesia a salir de las aguas poco profundas que durante muchos años la habían recluido en sí misma, para reemprender con entusiasmo el camino misionero. Era volver a tomar el camino para ir al encuentro de cada hombre allí donde vive: en su ciudad, en su casa, en el trabajo...; dondequiera que haya una persona, allí está llamada la Iglesia a ir para llevar la alegría del Evangelio, la misericordia y el perdón de Dios. Un impulso misionero, por tanto, que después de estas décadas seguimos retomando con la misma fuerza y el mismo entusiasmo. El jubileo nos estimula a esta apertura y nos obliga a no descuidar el espíritu surgido en el Vaticano II, el del Samaritano, como recordó el beato Pablo VI en la conclusión del Concilio. Que al cruzar hoy la Puerta Santa nos comprometamos a hacer nuestra la misericordia del Buen Samaritano. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Papa Francisco, Ángelus en la fiesta de la Inmaculada, 8 de diciembre de 2015. La Inmaculada Concepción significa que María es la primera salvada por la infinita misericordia del Padre, como primicia de la salvación que Dios quiere dar a cada hombre y mujer, en Cristo. Celebrar esta fiesta comporta dos cosas. Primero: acoger plenamente a Dios y su gracia misericordiosa en nuestra vida. Segundo: convertirnos a nuestra vez en artífices de misericordia mediante un camino evangélico.



1  Papa Francisco, Ángelus en la fiesta de la Inmaculada, 8 de diciembre de 2015. La Inmaculada Concepción significa que María es la primera salvada por la infinita misericordia del Padre, como primicia de la salvación que Dios quiere dar a cada hombre y mujer, en Cristo. Celebrar esta fiesta comporta dos cosas. Primero: acoger plenamente a Dios y su gracia misericordiosa en nuestra vida. Segundo: convertirnos a nuestra vez en artífices de misericordia mediante un camino evangélico. Hoy, la fiesta de la Inmaculada nos hace contemplar a la Virgen que, por singular privilegio, fue preservada del pecado original desde su concepción. Aunque vivía en el mundo marcado por el pecado, no fue tocada por él: María es nuestra hermana en el sufrimiento, pero no en el mal ni en el pecado. Es más, el mal en ella fue derrotado antes de rozarla, porque Dios la llenó de gracia (cfr. Lc 1,28). La Inmaculada Concepción significa que María es la primera salvada por la infinita misericordia del Padre, como primicia de la salvación que Dios quiere dar a cada hombre y mujer, en Cristo. Por eso, la Inmaculada es imagen sublime de la misericordia divina que ha vencido al pecado. Y nosotros, hoy, al inicio del Jubileo de la Misericordia, queremos mirar esa imagen con amor confiado y contemplarla en todo su esplendor, imitando su fe. En la concepción inmaculada de María estamos invitados a reconocer la aurora del mundo nuevo, trasformado por la obra salvadora del Padre y del Hijo y del Espírito Santo. La aurora de la nueva creación realizada por la divina misericordia. Por eso, la Virgen María, jamás contagiada por el pecado y siempre llena de Dios, es madre de una humanidad nueva. Es madre del mundo recreado. Celebrar esta fiesta comporta dos cosas. Primero: acoger plenamente a Dios y su gracia misericordiosa en nuestra vida. Segundo: convertirnos a nuestra vez en artífices de misericordia mediante un camino evangélico. La fiesta de la Inmaculada se vuelve entonces la fiesta de todos si, con nuestros “sí” diarios, logramos vencer nuestro egoísmo y hacer más alegre la vida de nuestros hermanos, a darles esperanza, enjugando alguna lagrima y dando un poco de alegría. A imitación de María, estamos llamados a ser portadores de Cristo y testigos de su amor, mirando ante todo a los que son los privilegiados a los ojos de Jesús. Son los que él mismo nos ha indicado: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me hospedasteis, desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 35-36). La actual fiesta de la Inmaculada Concepción tiene un específico mensaje que comunicarnos: nos recuerda que en nuestra vida todo es don, todo es misericordia. Que la Virgen Santa, primicia de los salvados, modelo de la Iglesia, Esposa santa e inmaculada, amada por el Señor, nos ayude a descubrir cada vez más la misericordia divina como distintivo del cristiano. No se puede entender a un cristiano verdadero que no sea misericordioso, como no se puede entender a Dios sin su misericordia. Esa es la palabra-síntesis del Evangelio: misericordia. Es el rasgo fundamental del rostro de Cristo: ese rostro que reconocemos en los distintos aspectos de su existencia: cuando sale al encuentro de todos, cuando cura a los enfermos, cuando se sienta a la mesa con los pecadores, y sobre todo cuando, clavado en la cruz, perdona; ahí vemos el rostro de la misericordia divina. No tengamos miedo: dejémonos abrazar por la misericordia de Dios que nos espera y perdona todo. Nada es más dulce que su misericordia. Dejémonos acariciar por Dios: es tan bueno, el Señor, y perdona todo. Por intercesión de María Inmaculada, que la misericordia tome posesión de nuestros corazones y transforme toda nuestra vida. www.parroqiasantamonica.com Vida Cristiana

Inmaculada Concepción (2013). Ella dijo sí al proyecto del Señor. La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo.



1 Inmaculada Concepción (2013). Ella dijo sí al proyecto del Señor. La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. 2º Domingo de Adviento Ciclo A (8 diciembre de 2013). El juicio de Cristo en la vida cristiana. Cristo Juez forma parte de la fe cristiana. Quien confiesa a Cristo como salvador no lo teme como juez. La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza, pero que exige la responsabilidad. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, atendiendo una solicitud de la Conferencia Episcopal Española, ha dispensado para el presente año 2013 (en que coinciden la Solemnidad de la Inmaculada y el 2º domingo de Adviento) de las normas litúrgicas que imponen el traslado de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción al lunes siguiente, por lo que en España se celebra este domingo dicha solemnidad. Para ello, y con el fin de no perder el sentido del domingo II de Adviento, lo siguiente: - La segunda lectura de la Misa debe ser la del segundo domingo de Adviento. - En la homilía debe hacerse mención del Adviento. - En la Oración universal se debe hacer, al menos, una petición con el sentido del Adviento y concluir con la Oración colecta del domingo II de Adviento. A. SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 8 de diciembre de 2013 Primera Lectura, de la Solemnidad: Génesis 3, 9-15.20; segunda Lectura del 2º domingo de Adviento, Ciclo A: Romanos 15, 4-9; Evangelio de la Solemnidad Lucas 1, 26-38. - Oración Colecta del 2º domingo de Adviento: Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida. Ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios. (Benedicto XVI, Homilía, 8 de diciembre de 2005) Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Evangelio, Lucas 1, 38) 1. Significado de la “Inmaculada”: dos imágenes Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005. Primera imagen. El relato del anuncio a María: el Señor está en ella; ella dice sí al Señor. o Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo. Pero ahora debemos preguntarnos: ¿Qué significa "María, la Inmaculada"? ¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías. El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el "resto santo" de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo. 2 o Ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios. Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: "La tierra ha dado su fruto" (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios. Segunda imagen, del libro del Génesis: se predice que, durante la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte; y se anuncia que “el linaje” de la mujer un día vencerá y así, mediante el hombre, Dios vencerá. . o La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y no se fía de él. El hombre, tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, de que es un competidor que limita nuestra libertad. La segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir, entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia que "el linaje" de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto con la Iglesia creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención. ¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte. o La libertad de un ser humano es la de un ser limitado, por tanto es limitada. Amor no es dependencia, sino don que nos hace vivir. La libertad de un ser humano es la libertad de un ser limitado y, por tanto, es limitada ella misma. Sólo podemos poseerla como libertad compartida, en la comunión de las libertades: la libertad sólo puede desarrollarse si vivimos, como debemos, unos con otros y unos para otros. Vivimos como debemos, si vivimos según la verdad de nuestro ser, es decir, según la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre. Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre. 2. En el relato del Génesis no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos. Todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar. Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005. Queridos hermanos y hermanas, si reflexionamos sinceramente sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia, debemos decir que con este relato no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos, y 3 que todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en las imágenes del libro del Génesis. Esta gota de veneno la llamamos pecado original. La sospecha de que quien no peca es aburrido; de que un poco de mal es bueno para experimentar la plenitud del ser Precisamente en la fiesta de la Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida: la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser. Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario. o Pero hemos de reconocer que no es así: el mal envenena El mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad. Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta. Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa. En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa. María nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo: "Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás". En este día de fiesta queremos dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar esta luz en las noches de la historia. Amén. 3. María acoge con fidelidad la misión que Dios le encomienda. Esta adhesión a Dios al proyecto de Dios se llama, en la Iglesia Católica, la «obediencia de la fe», que es la cooperación libre y activa con el proyecto salvífico de Dios. o La autodefinición de «sierva»/«esclava» es expresión de la radical adhesión al Señor. • Es llamada por el ángel Gabriel «llena de gracia» (Lc 1, 28), y ella responde llamándose a sí misma «la esclava del Señor» (Lc 1, 38). • Alguien ha escrito que esa autodefinición de María, sierva, en el lenguaje bíblico no es “tanto una expresión de humildad como la alegre y solemne decisión de adherir radicalmente, sin reservas y reticencias, al Señor. En su vida ha adherido siempre totalmente al proyecto de Dios”. 4 • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 149: “Durante toda su vida, y hasta su última prueba (Cf Lucas 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el «cumplimiento» de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe.” • San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 172. Con otras palabras: por esa obediencia a la palabra de Dios, María es considerada como prototipo ideal del creyente. “El valor sobrenatural de nuestra vida no depende de que sean realidad las grandes hazañas que a veces forjamos con la imaginación, sino de la aceptación fiel de la voluntad divina” • S. Biblia, antiguo Testamento, Libros poéticos y sapienciales, Eunsa 2001, Salmo 123,2. En la Escritura, y más concretamente en el Antiguo Testamento, con la palabra siervo o esclavo se quiere resaltar - más allá de la resonancia que esas palabras puedan tener en nuestra época – “la total dependencia del pueblo respecto a Dios, su único Señor, del que le viene todo bien. En la actitud del esclavo podemos ver también una invitación a estar pendientes del Señor en toda circunstancia, a buscar su presencia de continuo y vivir con el corazón puesto en él”. Valga como ejemplo, lo que se nos dice en el Salmo 123: “Como los ojos de los esclavos miran a las manos de sus señores, como los ojos de la esclava, a la mano de su señora, así miran nuestros ojos al Señor nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros”. Se ha escrito que aquí lo que cuenta es la actitud, “la espera continua, el recurso confiado y el anhelo permanente” (cfr La Casa de la Biblia, Comentario al Antiguo Testamento, 1997, Salmo 123), una actitud necesaria para cooperar con el proyecto de Dios. o La «obediencia de la fe», o adhesión de fe, en la Virgen al proyecto de Dios • En la Iglesia Católica esa actitud de adhesión al proyecto de Dios, se llama «obediencia de la fe» (Romanos 1,5), o adhesión de fe, que viene así descrita por lo que se refiere a la Virgen en el Catecismo, n. 148: “La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lucas 1, 37) (Cf Gn 18, 14) y dando su asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Isabel la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (Cf Lucas 1,48).” o El Concilio Vaticano II, expresa de este modo sintético la cooperación activa de María a los planes de Dios: • “Abrazando la voluntad salvífica de Dios, con generoso corazón y sin el impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo bajo El y con El, por la gracia de Dios omnipotente, al misterio de la Redención. Con razón, pues, los Santos Padres consideran a María, no como un mero instrumento pasivo en las manos de Dios, sino como cooperadora a la salvación humana por la libre fe y obediencia. Porque ella, como dice San Ireneo (Ad. Haer., III, 22, 4: PG 7, 959 A; Harvey, 2, 123), "obedeciendo fue causa de su salvación propia y de la de todo el género humano" . Por eso no pocos Padres antiguos en su predicación, gustosamente afirman con él: "El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María: lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe"(S. Ireneo, ibidem; Harvey, 2, 124); y comparándola con Eva, llaman a María "Madre de los vivientes" (S. Epifanio, Haer., 78, 18: PG 42, 728 CD-729 AB), y afirman con mucha frecuencia: "la muerte vino por Eva, por María la vida" (S. Jerónimo, Epist., 22, 21: PL 22, 408. Cf. S. Agustín, Serm., 51, 2, 3: PL 38, 335; Serm., 232, 2: col. 1.108. S. Cirilo de Jer., Catech., 12, 15: PG 33, 741 AB. S. Juan Crisóstomo, In Ps., 44, 7: PG 55, 193. S. Juan Damasceno, Hom., 2 in dorm., B. M. V., 3: PG 96, 728)”. (Lumen gentium, 56). o La grandeza y repercusión de la cooperación de María al proyecto de Dios, es descrita de modo muy elocuente y breve por Juan Pablo II, en el documento sobre el tercer milenio: • “La respuesta de María al mensaje angélico fue clara: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra » (1, 38). Nunca en la historia del hombre tanto dependió, como entonces, del consentimiento de la criatura humana. (Tertio millenio adveniente, 2). o Esa obediencia en la fe, «haced lo que él os diga», es el «telón de fondo» de los Misterios de Luz, propuestos por Juan Pablo II, para el rezo del Rosario • «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5) “se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos. Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los «misterios de luz».” (Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 16/10/02, n. 21) 5 B. Segundo domingo de Adviento, Ciclo A 8 de diciembre de 2013 Isaías 11, 1-10; Romanos 15, 4-9; Mateo 3, 1-12 - En la homilía debe hacerse mención del Adviento. - En la Oración universal se debe hacer, al menos, une petición con el sentido del Adviento y concluir con la Oración colecta del domingo II de Adviento. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. (Mateo 3,3) Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. (Mateo 3, 10) En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. (Mateo 3, 12). 1. El juicio en la vida cristiana El rostro de Cristo • A causa de los abusos de la imagen popular sobre el Juicio, el hablar de Cristo como juez puede infundir temor. Pero Cristo no nos llama a su tribunal para hacer un ajuste de cuentas. La misión de Cristo como juez - lo mismo que la de Señor de nuestras vidas – es la de conducirnos a nuestro último destino según el plan salvador de Dios. El rostro de Cristo que los cristianos deseamos descubrir con su gracia es único, pero se manifiesta de modo diverso según nuestras necesidades: rostro misericordioso, de juez, transfigurado, etc. etc. o El juicio, más que una sentencia divina, es una revelación del interior de los corazones humanos. • Es importante, por otra parte, que todos conozcamos cuál es nuestra actitud con referencia al Señor. Porque no es que Jesucristo haya venido al mundo para juzgar al mundo, sino para salvarlo (Juan 3,17; 8,15s). Deberemos tener en cuenta que, como se ha escrito, «el juicio se opera ya por la actitud que cada cual adopte para con El. Quien no cree ya está juzgado por haber rechazado la luz (Juan 3,18ss). El juicio, más que una sentencia divina, es una revelación del interior de los corazones humanos: «Éste está puesto -dirá Simeón- para caída y elevación de muchos, como señal de contradicción, a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones» (Lucas 2, 34-35). Aquellos cuyas obras son malas prefieren las tinieblas a la luz (Juan 3,19) y Dios no hace más que dejarles en la ceguera con la que creen ver claro, satisfechos en su jactancia. En cuanto a los que reconocen su ceguera, Jesús les abre los ojos (Juan 9,39), para que actuando en la verdad lleguen a la luz (Juan 3,21)». o Cristo Juez forma parte de la fe cristiana • Compatiblemente con el hecho de que entendamos en la fe con mayor o menor profundidad el hecho, en este domingo de adviento recordamos que la espera del retorno de Cristo como juez de vivos y muertos forma parte de la fe cristiana. En el Credo, que es el Símbolo de la fe de la Iglesia, confesamos que Jesús ascendió a los cielos y «Desde allí vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos». o San Agustín: quien confiesa a Cristo como salvador no lo teme como juez Pues nuestro Señor estuvo sobre la tierra, está ahora en el cielo y vendrá en gloria como Juez de vivos y muertos. Vendrá, en efecto, como ascendió, según el testimonio de los Hechos de los Apóstoles (He 1,11) y también del Apocalipsis: «Esto dice El que es, El que fue y El que vendrá» (1,8). « De allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos». ¡Confesémosle ahora como salvador, para no temerlo entonces como Juez¡ A quien ahora cree en El y le ama no le hará palidecer el miedo, cuando El llame a juicio a «los vivos y a los muertos» (2 Timoteo 4,1; 1 Pedro 4,5). Lejos de temerlo, anhelará su venida. ¿Puede haber mayor felicidad que la llegada del Amado y Deseado (Cant 2,8)? No temamos, porque es nuestro Juez: Abogado nuestro ahora (1 Juan 1,8-9; 2,1; Hebreos 7,22; 9,24), entonces será nuestro Juez. Supongamos que 6 te hallas en la situación de ser juzgado por un juez. Nombras un abogado, quien te acoge benévolo y, haciendo cuanto le sea posible, defiende tu causa. Si antes del fallo recibes la noticia de que este abogado ha sido nombrado juez tuyo, ¡qué alegría tener por juez a tu mismo defensor! Pues bien, Jesucristo es quien ahora ruega e intercede por nosotros (1 Juan 1,2), ¿vamos a temerlo como juez? Tras haberle enviado nosotros delante para interceder en favor nuestro, ¡esperemos sin miedo que venga a ser nuestro Juez! (De Fide et Symbolo VIII,15; Sermón 213,6.) El Juicio de Cristo Benedicto XVI, Encíclica SPE SALVI o La perspectiva del juicio ha influido en los cristianos desde los primeros tiempos, como criterio para ordenar la vida presente, como llamada a su conciencia, como esperanza en la justicia de Dios. n. 41. La parte central del gran Credo de la Iglesia, que trata del misterio de Cristo desde su nacimiento eterno del Padre y el nacimiento temporal de la Virgen María, para seguir con la cruz y la resurrección y llegar hasta su retorno, se concluye con las palabras: « de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos ». Ya desde los primeros tiempos, la perspectiva del Juicio ha influido en los cristianos, también en su vida diaria, como criterio para ordenar la vida presente, como llamada a su conciencia y, al mismo tiempo, como esperanza en la justicia de Dios. El Juicio final de Cristo se ha entendido como imagen de la responsabilidad respecto a la propia vida, en lo cotidiano. La fe en Cristo nunca ha mirado sólo hacia atrás ni sólo hacia arriba, sino siempre adelante, hacia la hora de la justicia que el Señor había preanunciado repetidamente. Este mirar hacia adelante ha dado la importancia que tiene el presente para el cristianismo. En la configuración de los edificios sagrados cristianos, que quería hacer visible la amplitud histórica y cósmica de la fe en Cristo, se hizo habitual representar en el lado oriental al Señor que vuelve como rey –imagen de la esperanza–, mientras en el lado occidental estaba el Juicio final como imagen de la responsabilidad respecto a nuestra vida, una representación que miraba y acompañaba a los fieles justamente en su retorno a lo cotidiano. Sin embargo, en la iconografía se ha dado cada vez más relieve al aspecto amenazador y lúgubre del Juicio. En el desarrollo de la iconografía, sin embargo, se ha dado después cada vez más relieve al aspecto amenazador y lúgubre del Juicio, que obviamente fascinaba a los artistas más que el esplendor de la esperanza, el cual quedaba con frecuencia excesivamente oculto bajo la amenaza. La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza, pero que exige la responsabilidad. 44. La protesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza (cf. Ef 2,12). Sólo Dios puede crear justicia. Y la fe nos da esta certeza: Él lo hace. La imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza. ¿Pero no es quizás también una imagen que da pavor? Yo diría: es una imagen que exige la responsabilidad. (…) Al comparecer ante el Juez, si hemos permanecidos firmes sobre Jesucristo, este fundamento resiste y no se nos puede quitar ni siquiera en la muerte, y seremos capaces de ser definitivamente de Dios, aunque sea necesario atravesar el «fuego» que purifica. 46 (…) ¿Qué sucede con estas personas cuando comparecen ante el Juez? Toda la suciedad que ha acumulado en su vida, ¿se hará de repente irrelevante? O, ¿qué otra cosa podría ocurrir? San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, nos da una idea del efecto diverso del juicio de Dios sobre el hombre, según sus condiciones. Lo hace con imágenes que quieren expresar de algún modo lo invisible, sin que podamos traducir estas imágenes en conceptos, simplemente porque no podemos asomarnos a lo que hay más allá de la muerte ni tenemos experiencia alguna de ello. Pablo dice sobre la existencia cristiana, ante todo, que ésta está construida sobre un fundamento común: Jesucristo. Éste es un fundamento que resiste. Si hemos permanecido firmes sobre este fundamento y hemos construido sobre él nuestra vida, sabemos que este fundamento no se nos puede quitar ni siquiera en la muerte. Y continúa: « Encima de este cimiento edifican con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno o paja. Lo que ha hecho cada uno saldrá a la luz; el día del juicio lo manifestará, porque ese día despuntará con fuego y el fuego pondrá a prueba la calidad de cada construcción. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa, mientras que aquel cuya obra quede abrasada sufrirá el daño. No obstante, él quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego » (3,12-15). En todo caso, en este texto se muestra con nitidez que la salvación de los hombres puede tener diversas formas; que algunas de las cosas construidas pueden consumirse totalmente; que para salvarse es necesario atravesar el « fuego » en 7 primera persona para llegar a ser definitivamente capaces de Dios y poder tomar parte en la mesa del banquete nupcial eterno. Ese fuego que arde y a la vez salva, es Cristo mismo, Juez y Salvador. Somos purificados en el encuentro con Él; nos cura a través de una transformación que ciertamente es dolorosa. Es un dolor bienaventurado, como llama que permite que seamos totalmente de Dios. En el dolor de ese encuentro con Cristo está la salvación. 47. Algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador. El encuentro con Él es el acto decisivo del Juicio. Ante su mirada, toda falsedad se deshace. Es el encuentro con Él lo que, quemándonos, nos transforma y nos libera para llegar a ser verdaderamente nosotros mismos. En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de este encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad, está la salvación. Su mirada, el toque de su corazón, nos cura a través de una transformación, ciertamente dolorosa, « como a través del fuego ». Pero es un dolor bienaventurado, en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos y, con ello, totalmente de Dios. (…) 2. Los contenidos esenciales de la nueva evangelización: se debe anunciar que Dios está presente en la historia para hacer justicia. Josef Ratzinger, 10 de diciembre de 2000 • El 10 de diciembre de 2000, Josef Ratzinger indicaba en una conferencia a catequistas y profesores de religión, con motivo del año jubilar, los contenidos esenciales de la nueva evangelización: la conversión, el reino de Dios, Jesucristo y la vida eterna. Dentro del apartado de la vida eterna indicaba expresamente el juicio en los términos siguientes, que nos avisan acerca de la importancia de reflexionar en Cristo como Juez de acuerdo con la liturgia del Adviento. o Se debe anunciar que Dios está presente en la historia para hacer justicia. El anuncio del juicio y de nuestra responsabilidad. El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetezca. Será juzgado. Debe rendir cuentas. Un último elemento central de toda verdadera evangelización es la vida eterna. Hoy, en la vida diaria, debemos anunciar con nueva fuerza nuestra fe. Aquí quisiera sólo aludir a un aspecto a menudo descuidado actualmente de la predicación de Jesús: el anuncio del reino de Dios es anuncio del Dios presente, del Dios que nos conoce, que nos escucha; del Dios que entra en la historia para hacer justicia. Por eso, esta predicación es anuncio del juicio, anuncio de nuestra responsabilidad. El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetezca. Será juzgado. Debe rendir cuentas. Esta certeza vale tanto para los poderosos como para los sencillos. Si se respeta, se trazan los límites de todo poder de este mundo. Dios hace justicia, y en definitiva sólo él puede hacerla. Nosotros lograremos hacer justicia en la medida que seamos capaces de vivir en presencia de Dios y de comunicar al mundo la verdad del juicio. Así el artículo de fe del juicio, su fuerza de formación de las conciencias, es un contenido central del Evangelio y es realmente una buena nueva. Lo es para todos los que sufren por la injusticia del mundo y piden justicia. Así se comprende también la conexión entre el reino de Dios y los "pobres", los que sufren y todos los que viven las bienaventuranzas del sermón de la Montaña. Están protegidos por la certeza del juicio, por la certeza de que hay justicia. Este es el verdadero contenido del artículo del Credo sobre el juicio, sobre Dios juez: hay justicia. Las injusticias del mundo no son la última palabra de la historia. Hay justicia. Sólo quien no quiera que haya justicia puede oponerse a esta verdad. Si tomamos en serio el juicio y la grave responsabilidad que de él brota para nosotros, comprenderemos bien el otro aspecto de este anuncio, es decir, la redención, el hecho de que Jesús en la cruz asume nuestros pecados; que Dios mismo en la pasión de su Hijo se convierte en abogado de nosotros, pecadores, y así hace posible la penitencia, la esperanza al pecador arrepentido, esperanza expresada de modo admirable en las palabras de san Juan: "Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (Jn 3, 20). Ante Dios tranquilizaremos nuestra conciencia, independientemente de lo que nos reproche. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
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