¡Con cuánto amor te ha llevado de la mano tu Señor! A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien. Queridos: Con la mirada fija en el Señor que camina delante de nosotros, nos guía con su Espíritu, nos ilumina con su palabra y nos atrae con la fuerza de su amor, nos disponemos a celebrar nuestro particular Día de la Iglesia, que este año estará marcado por la liturgia solemne de la Natividad de San Juan Bautista. Las palabras del profeta las has entendido como referidas al Precursor de Jesús y también a Jesús, tu Maestro y Señor, y las puedes entender también dichas de ti: “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Si las refieres a Cristo Jesús, él es tu luz porque te amó y se entregó por ti, para que tuvieses vida. Por eso para ti su nombre es: “Dios, mi salvación”, “Dios de nuestra paz”, “Dios con nosotros”, “Dios maná para nuestro camino”, “Dios agua de la roca para nuestra sed”. Cristo Jesús, que es luz para ti, es también luz en ti, pues en ti continúa amando y entregándose para que la salvación de Dios alcance a los pobres de todos los confines. Tus manos, Iglesia cuerpo de Cristo, son las manos de Dios para los necesitados de misericordia y de pan. Por tus ojos se derrama sobre los pobres la compasión de Dios. En tu corazón late el amor de Dios por todas sus criaturas. Un día descubrirás asombrada y agradecida cuánto evangelio ha pasado por ti desde Dios a los pobres. Aquel día descubrirás que Dios te hizo su sacramento, su portadora, su mensajera, lugar donde a todos se ofrece su salvación… Aquel día descubrirás que Dios te hizo luz de las naciones. Si pudieses siquiera sospechar el gozo, la paz, la esperanza, que los pobres han recibido al encontrarse contigo, harías subir hasta el cielo un canto de acción de gracias que resonaría durante toda la eternidad, porque el Señor ha hecho obras grandes por ti: con tus brazos Dios ha abrazado a la humanidad desechada; con tu palabra Dios ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos, ha sanado enfermos y enjugado lágrimas, le ha robado víctimas a la muerte y ha evangelizado a los pobres. ¡Con cuánto amor te ha llevado de la mano tu Señor! Tu fuerza es el Señor, él tiene tu salario, y él mismo es la salvación –la buena noticia- que se te ha confiado para que la lleves a los pobres: “Te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos”. Recorre ese camino con fidelidad. Pide vuestra oración y os bendice vuestro hermano menor.
viernes, 22 de junio de 2018
jueves, 21 de junio de 2018
Familia. El padre es necesario. 5 mitos que infravaloran su papel, refutados con estudios
Ø Familia. El padre es necesario. 5 mitos que infravaloran su
papel, refutados con estudios
¡El
padre es necesario!:
5
mitos que infravaloran su papel, refutados con estudios.
Religión en Libertad 20
de junio de 2018
v Ni
la madre soltera perfecta ni la pareja que cohabita pueden sustituir al padre
casado
Pese a que muchos afirman lo contrario, el
padre tiene una función vital a la hora de educar a los hijos
P. S / ReL - 18 junio 2018
El director del Proyecto Nacional del Matrimonio (http://nationalmarriageproject.org)
en la Universidad de Virginia, EEUU, W. Bradford Wilcox, ha
denunciado varios mitos anticientíficos que quitan importancia a la
figura paterna en la familia. Después de muchas décadas de
investigación sociológica, los científicos sociales tienen una idea bastante
clara de la importancia del padre varón.
Con datos científicos y varios estudios, Bradford
refuta así, en Mercatornet, cinco de los mitos más extendidos contra
la figura paterna.
Mito 1:
"Muchos padres se quedan en casa ya a tiempo completo"
No: los padres que se quedan como
responsables del hogar a tiempo completo son pocos. Los padres aún son los que
mayoritariamente se encargan de llevar el sustento al hogar, como demuestra
un estudio del Pew Research Center, que refleja que
en Estados Unidos son los padres varones los que ganan dos tercios de los
ingresos familiares.
Bradford apunta que la prensa
aprovecha el día del padre para presentar como un fenómeno habitual historias
de padres que se quedan en casa mientras las madres trabajan a tiempo completo.
Sin embargo, las familias en las que ocurre esto son tan solo el 5%, según
la Oficina del Censo Estadounidense. En 2017, este órgano
oficial mostró que 267.000 de los 21 millones de padres casados y con hijos
menores de 15 años se quedaron en casa. De estas 21 millones de familias, el
23% (4,96 millones) tenían una madre que se quedó en casa cuidando de los
hijos.
Mito 2:
"Casi todas las madres quieren repartir las tareas del hogar al 50% con
los padres"
Otro mito que Bradford denuncia es el
de aquellas mujeres que buscan un marido que divida su tiempo en un
50-50 entre el trabajo y la vida familiar. Es cierto que la mayoría de
mujeres casadas y con hijos quieren que el padre haga su parte, pero no
piensan que esta división tenga que hacerse en dos mitades iguales.
El Pew Research Center recoge que tan solo el 23% de las mujeres casadas y
con hijos menores de 18 querían trabajar a tiempo completo, contra un
53% que prefería tener un trabajo a tiempo parcial y otro 23% que
optaba por quedarse en casa.
Mito 3:
"Los padres que cohabitan educan igual que los padres casados"
Varios expertos han
demostrado que un 40% de niños de esta generación pasarán tiempo en una
casa donde los padres solamente cohabitan, ya sea por no estar casados, o
porque están separados.
Aunque la cohabitación y el
matrimonio se pretenden mostrar como iguales a la hora de educar a los hijos,
los estudios demuestran lo contrario. Sandra Hofferth, de la Universidad de
Maryland y Kermyt Anderson, de la Universidad de Oklahoma, mostraron en un
estudio publicado años atrás que los padres casados son
significativamente más cariñosos y participativos con sus hijos que
los padres que solo cohabitan. “El matrimonio per se confiere
ventajas en términos de implicación que están más allá de las características
de los padres que cohabitan”, concluían en el estudio.

El Mapa Mundial de la Familia de 2017 comprobó que los
niños nacidos de parejas no casadas son dos veces más propensos a vivir
una ruptura familiar antes de los 12 años que aquellos nacidos en un
matrimonio.
Otro estudio realizado por Wendy
Manning, de la Universidad de Bowling Green State, y Pamela Smock, de la
Universidad de Michigan, demostró que el 50% de los niños nacidos de
padres no casados verían romperse la familia antes de cumplir los 5 años.
En cambio, tan solo el 15% de los niños nacidos de un matrimonio sufren
esta experiencia.
Según los sociólogos Frank
Frustenberg y Andrew Cherlin, esto ocurre porque para los papás el
matrimonio y la paternidad son un “pack”, una misma cosa.
Mito 4.
"A los niños no les importan las rupturas y lo llevan bien"
El mito del “buen divorcio” suele
aparecer cada cierto tiempo en la prensa, según escribe Bradford, y se utiliza
muy a menudo para justificar malos hábitos o adulterios. Así
lo hizo Sandra Tsing Loh, periodista de The Atlantic, que
justificó el divorcio con su marido (con el que llevaba casada 20 años), entre
otras razones porque no podía sustituir “la imagen romántica de mi compañero
(adúltero) transgresor con la de mi marido, más formal”. Loh explicaba también
que sus hijos parecían estar “relativamente contentos” y “poco
afectados” por el divorcio.
Sin embargo, los estudios muestran
una tendencia muy distinta en los niños. Según una investigación realizada
por Sara McLanahan, de la Universidad de Princeton, las niñas de padres
divorciados son el doble de propensas a dejar la universidad, quedar
embarazadas siendo adolescentes, y a sufrir de depresión o tener pensamientos
suicidas. También son más propensas a divorciarse en el futuro.
Un divorcio más tardío, cuando los
hijos son mayores, también tiene consecuencias. Según el Institute for Family Studies (Instituto de Estudios de
la Familia), los divorcios generan en los hijos que ya son jóvenes
adultos un sufrimiento oculto que puede afectar de por vida.
Mito 5.
"El padre varón no es imprescindible para educar"
El último mito es que la
figura del padre no tiene un papel central en la educación de los
hijos. Según Bradford, este error está muy favorecido por los brillantes perfiles
de madres solteras perfectas que se presentan en la prensa.
Con todo, trabajos como
el del psicólogo Ross Parke indican que los papás son más tendentes a
realizar juegos físicos con los hijos y a animarlos a sobrevenir las
dificultades de la vida. El estudio demuestra también que los papás son
más firmes a la hora de imponer disciplina.
Los hijos se benefician físicamente,
mentalmente y emocionalmente de la forma de educar de los papás. El
sociólogo David Eggebeen ha mostrado que los adolescentes que
han tenido un padre implicado tienen menos posibilidades de sufrir
depresión o caer en la delincuencia; además, desarrollan una relación con
sus madres de mucha mejor calidad. “Lo que muestran estos análisis es que tanto
las madres como los padres hacen contribuciones vitales para el bienestar del
hijo adolescente”, concluye en su estudio.
Para terminar de recalcar la
importancia de la figura paterna, Bradford cita un artículo de Charlotter
Hilton publicado en Redbook, que señala como un padre
implicado y afectivo es crucial en la educación de las hijas, y evita que
acaben cayendo en desórdenes alimenticios o relaciones sexuales tempranas.
Vida Cristiana
miércoles, 20 de junio de 2018
San Juan Pablo II, Catequesis, Audiencia General del 25 de febrero de 1987
[Chiesa/Testi/Profeta/ProfetaSiervoDeDiosCantosDeIsaias
JPII]
Los
Cantos de
Isaías sobre el Siervo
de Yahvéh
v
Cfr.
San Juan Pablo II, Catequesis, Audiencia General del 25 de febrero de
1987
Jesucristo, Mesías
"Profeta"
1. Durante el proceso ante Pilato, Jesús, al ser
interrogado si era rey, primero niega que sea rey en sentido terreno y
político; después, cuando Pilato se lo pregunta por segunda vez, responde: “Tú
dices que soy rey. Yo para
esto he nacido y para esto he
venido al mundo, para dar
testimonio de la verdad” (Jn 18,
37). Esta respuesta une la misión real y sacerdotal del Mesías con la
característica esencial de la misión profética. En efecto, el Profeta es
llamado y enviado a dar testimonio de la verdad. Como testigo de la verdad él habla en nombre de Dios. En cierto sentido es la voz de
Dios. Tal fue la misión de los Profetas que Dios envió a lo largo de los siglos
a Israel.
En la figura de David, rey y profeta, es en quien especialmente la característica profética se une a la vocación real.
v
La tarea de proclamar la verdad, de hablar en nombre de Dios es un
servicio difícil y fatigoso.
2. La historia de los Profetas del Antiguo Testamento indica
claramente que la tarea de proclamar la verdad, al hablar en nombre de Dios, es
antes que nada un servicio,
tanto en relación con Dios que envía, como en relación con el pueblo al que el
Profetas se presenta como enviado de Dios. De ello se deduce que el servicio profético no sólo es
eminente y honorable, sino también difícil y fatigoso. Un ejemplo
evidente de ello es lo que le ocurrió al Profeta Jeremías, quien encuentra
resistencia, rechazo y finalmente persecución, en la medida en que la verdad proclamada es incómoda. Jesús mismo, que muchas veces se
refirió a los sufrimientos que padecieron los Profetas, los experimentó
personalmente de forma plena.
3. Estas primeras referencias al carácter ministerial de la misión
profética nos introducen en la
figura del Siervo de Dios
(Ebed Yahvéh) que se encuentra en Isaías (y precisamente en el llamado
“Deutero-Isaías”). En esta figura la tradición mesiánica de la Antigua Alianza
encuentra una expresión especialmente rica, e importante, si consideramos que
el Siervo de Yahvéh, en el que sobresalen sobre todo las características del Profeta, une en sí mismo, en cierto
modo, también la cualidad del sacerdote y del rey. Los Cantos de Isaías sobre el Siervo de Yahvéh presentan una síntesis
veterotestamentaria del Mesías, abierta a ulteriores desarrollos. Si bien están
escritos muchos siglos antes de Cristo, sirven de modo sorprendente para la identificación de su figura,
especialmente en cuanto a la descripción del Siervo de Yahvéh sufriente: un
cuadro tan justo y fiel que se diría que está hecho teniendo delante los
acontecimientos de la Pascua de Cristo.
4. Hay que observar que el término “Siervo”, “Siervo de Dios”, se emplea abundantemente en el Antiguo
Testamento. A muchos personajes eminentes se les llama o se les define “siervos
de Dios”. Así Abraham (Gén 26, 24), Jacob (Gén 32, 11), Moisés, David y
Salomón, los Profetas. La
Sagrada Escritura también atribuye este término a algunos personajes paganos
que cumplen su papel en la historia de Israel: así, por ejemplo, a
Nabucodonosor (Jer 25,
8-9), y a Ciro (Is 44,
26). Finalmente, todo Israel como pueblo es llamado “siervo de Dios” (cf. Is 41, 8-9; 42, 19; 44, 21; 48, 20),
según un uso lingüístico del que se hace eco el Canto de María que alaba a Dios
porque “auxilia a Israel, su siervo” (Lc 1,
54).
5. En cuanto a los Cantos de Isaías sobre el Siervo de Yahvéh constatamos ante todo los que se
refieren no a una entidad colectiva, como puede ser un pueblo, sino a una persona determinada a la que el Profeta distingue en
cierto modo de Israel pecador: “He aquí a mi siervo, a quien sostengo yo -leemos en el primer Canto-, mi
elegido en quien se complace mi alma. He
puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. No gritará,
no hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. No romperá la caña cascada
ni apagará la mecha que se extingue... sin cansarse ni desmayar, hasta que
establezca el derecho en la tierra...” (Is 42, 1-4). “Yo, Yahvéh... te he formado
y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, para abrir los ojos de los ciegos,
para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran en las
tinieblas” (Is 42, 6-7).
6. El segundo Canto desarrolla el mismo concepto: “Oídme, islas;
atended, pueblos lejanos: Yavé
me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre me llamó por
mi nombre. Y puso mi boca como cortante espada, me ha guardado a la sombra de
su mano, hizo de mí aguda saeta y me guardó en su aljaba” (Is 49, 6). “Dijo: ligera cosa es para
mí que seas tú mi siervo, para restablecer las tribus de Jacob... Yo te he
puesto para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de
la tierra” (Is 49, 6).
“El Señor, Yahvéh, me ha dado lengua de discípulo, para saber sostener con
palabras al cansado” (Is 50,
4). Y también: “Así se admirarán muchos pueblos y los reyes cerrarán ante él su
boca” (Is 52, 15). “El
Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos”
(Is 53, 11).
7. Estos últimos textos, pertenecientes a los Cantos tercero y cuarto, nos introducen con
realismo impresionante en el cuadro
del Siervo Sufriente al que
deberemos volver nuevamente. Todo lo que dice Isaías parece anunciar de modo
sorprendente lo que en el alba misma de la vida de Jesús predecirá el santo
anciano Simeón, cuando lo
saludó como “luz para
iluminación de las gentes” y al mismo tiempo como “signo de
contradicción” (cf. Lc 2,
32. 34).Ya en el libro de Isaías la figura del Mesías emerge como Profeta, que
viene al mundo para dar testimonio de la verdad, y que precisamente a causa de esta
verdad será rechazado por su pueblo, llegando a ser con su muerte motivo de
justificación para “muchos”.
8. Los Cantos del Siervo de Yahvéh encuentran amplia resonancia en el Nuevo Testamento,
desde el comienzo de la actividad mesiánica de Jesús. Ya la descripción del bautismo en el Jordán permite establecer un paralelismo
con los textos de Isaías. Escribe Mateo: “Bautizado Jesús. .. he aquí que se
abrieron los cielos, y vio al
Espíritu de Dios descender
como paloma y venir sobre Él” (Mt 3
16); en Isaías se dice: “He puesto mi espíritu sobre Él” (Is 42, 1). El Evangelista añade:
“Mientras una voz del cielo decía: Esté es mi Hijo amado, en quien tengo
mis complacencias” (Mt 3,
17), y en Isaías Dios dice del Siervo: “Mi elegido en quien se complace mi
alma” (Is 42, 1). Juan
Bautista señala a Jesús que se acerca al Jordán, con las palabras: “He aquí
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29), exclamación que representa
casi una síntesis del contenido del Canto tercero y cuarto sobre el Siervo de Yahvéh sufriente.
9. Una relación análoga se encuentra en el fragmento en que Lucas
narra las primeras palabras mesiánicas pronunciadas por Jesús en la sinagoga de Nazaret, cuando
Jesús lee el texto de Isaías: “EL Espíritu del Señor está sobre mí, porque me
ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la
libertad, a los ciegos la recuperación de la vista: para poner en libertad a
los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 17-19). Son las palabras del primer Canto sobre
el Siervo de Yavé (Is 42, 1-7; cf. también Is 61, 1-2).
10. Si miramos también la vida y el ministerio de Jesús. El se nos
manifiesta como el Siervo de Dios, que trae la salvación a los hombres, que
los sana, que los libra de
su iniquidad, que los quiere ganar para Sí no
con la fuerza, sino con la bondad. El Evangelio, especialmente el de San
Mateo, hace referencia muchas veces al libro de Isaías, cuyo anuncio profético
se realiza en Cristo: así cuando narra que “ya atardecido, le presentaron
muchos endemoniados, y arrojaba con una palabra los espíritus, y a todos los
que se sentían mal los curaba, para
que se cumpliese lo dicho por el Profeta Isaías, que dice: El tomó nuestras
enfermedades y cargó con nuestras dolencias” (Mt 8, 16-17; cf. Is 53, 4). Y en otro lugar: “Muchos
le siguieron, y los curaba a todos... para
que se cumpliera el anuncio
del Profeta Isaías: He aquí a mi siervo...” (Mt 12, 15-21), y aquí el Evangelista
narra un largo fragmento del primer Canto sobre el Siervo de Yahvéh.
11. Como los Evangelios, también los Hechos de los Apóstoles demuestran que la primera generación
de los discípulos de Cristo, comenzando por los Apóstoles, está profundamente
convencida de que en Jesús se cumplió todo lo que el Profeta Isaías había
anunciado en sus Cantos inspirados: que
Jesús es el elegido Siervo de Dios (cf.
por ejemplo, Act 3, 13; 3, 26; 4, 27; 4, 30; 1 Pe 2, 22-25), que cumple la misión del Siervo de
Yahvéh y trae la nueva ley,
es la luz y alianza para todas las naciones (cf. Act 13, 46-47). Esta misma convicción la
volvemos a encontrar también en la “didajé”, en el “Martirio de San Policarpo”,
y en la primera Carta de San Clemente Romano.
12. Hay que añadir un dato de gran importancia: Jesús mismo habla
de Sí como de un siervo, aludiendo claramente a Is 53, cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a
servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45; Mt20, 28) y expresa el mismo
concepto cuando lava los pies a los Apóstoles (Jn 13, 3-4; 12-15).
En el conjunto del Nuevo Testamento, junto a los textos y a las
alusiones a al primer Canto del Siervo de Yahvéh (Is 42, 1-7), que subrayan la elección del
Siervo y su misión profética de liberación, de curación y de alianza para todos
los hombres, el mayor número de textos hace referencia al Canto tercero y
cuarto (Is 50, 4-11; 52,
13-53, 12) sobre el Siervo Sufriente. Es
la misma idea expresada de modo sintético por San Pablo en la Carta a los
Filipenses, cuando hace un himno a Cristo: “el cual, siendo de condición
divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de Sí mismo tomando
la condición de siervo y
apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a Sí mismo, obedeciendo
hasta la muerte” (Flp 2,
6-8).
Vida Cristiana
Solemnidad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2018
Ø Solemnidad de S. Juan Bautista, 24 de junio de 2018. La vocación de Juan el
Bautista: fue
elegido para preparar la
venida de Jesús, el Mesías, Siervo de Dios. La vocación cristiana. Dios llama y
concede la capacidad para cumplir la misión encomendada. El Siervo se sabe
elegido por Dios desde el seno materno.
Juan dirige las personas hacia Jesús. La fe y la vocación de cristianos
afectan a toda nuestra existencia, y no sólo a una parte. Diversos aspectos del
trabajo del hombre que aparece como participación
en la obra creadora de Dios
v Cfr. Solemnidad de San Juan Bautista, 24 de junio
de 2018
En lugar del Domingo 12 del Tiempo Ordinario 2018
Isaías 49, 1-6; Salmo 139 (138)
1-3.13-14.15; Hechos 13, 22-26; Evangelio: Lucas 1, 57-
66.80;
Cfr. Temi di predicazione – Omelie –
Editrice domenicana italiana, 103 nuova serie, Luca de
Santis, o.p., Natività San Giovanni Battista,
pp, 27-31
Isaías 49, 1-6: 1 ¡Oídme, islas, atended,
pueblos lejanos! El Señor me
llamó desde el seno materno, desde
las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. 2 . Hizo de mi boca
espada afilada, en la sombra de su mano me encubrió; hizo de mí
una flecha aguzada, en su aljaba me guardó. 3 . Y me dijo: « Tú
eres mi siervo Israel, en quien me glorío. » 4 . Yo me decía: « En balde me he
fatigado, en vano e inútilmente he gastado mi fuerza. Sin embargo, mi juicio
pertenece al Señor, y mi recompensa está en mi Dios » 5 . Ahora dice el Señor, el que me formó desde el
seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob volviese a él, y para
reunirle a Israel, pues soy estimado a los ojos del Señor y mi Dios ha venido a
ser mi fortaleza. 6 . «Muy poco es que seas mi siervo, para restaurar a
las tribus de Jacob, y hacer volver los supervivientes
de Israel. Te he puesto para ser luz de las naciones, para que mi salvación
alcance hasta los extremos de la tierra.»
Salmo 139, 1-3.13-15: 1 Señor
, Tú me examinas y me conoces; 2 Tú sabes cuándo me siento y cuándo me
levanto. Penetras mis pensamientos desde lejos; 3 Camine o descanse, Tú
lo adviertes; te son familiares todas mis sendas. 13 Tú has formado mis entrañas, me has
plasmado en el vientre de mi madre. 14 Te doy gracias porque me has hecho como un
prodigio: tus obras son maravillosas,
bien lo sabe mi alma. 15 No se te ocultaban
mis huesos cuando iba yo siendo hecho en secreto, cuando era formado en lo
profundo de la tierra.
Hechos 13, 22-26: En aquellos días, decía Pablo: 22 Dios
suscitó como rey de Israel a David, de quien precisamente dio este testimonio: He
encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará
todo lo que yo quiera. 23 De la descendencia de éste, Dios, según la Promesa , ha suscitado para
Israel un Salvador, Jesús. 24 Juan
predicó como precursor, ante su venida, un bautismo de conversión a todo el
pueblo de Israel. 25 Al final de su
carrera, Juan decía: "Yo no soy el que vosotros os pensáis, sino mirad que
viene detrás de mí aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de los
pies." 26 «Hermanos, hijos de la raza de Abraham, y cuantos entre vosotros
temen a Dios: a vosotros ha sido enviada esta
Palabra de salvación.
Lucas 1, 57-66.80: 57 Se
le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. 58 Oyeron sus
vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se
congratulaban con ella. 59 Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al
niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, 60 pero su madre,
tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.» 61 Le decían: «No hay
nadie en tu parentela que tenga ese nombre.» 62 Y preguntaban por señas a su
padre cómo quería que se le llamase. 63 El
pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.
64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. 65
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se
comentaban todas estas cosas; 66 todos los que las oían las grababan en su
corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del
Señor estaba con él. 80 El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en
los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
LA VOCACIÓN DE JUAN EL BAUTISTA:
ELEGIDO PARA PREPARAR
LA VENIDA DEL MESÍAS
Se prodigó con todas sus fuerzas para preparar a los
hombres de su tiempo para la inminente venida del Mesías. Jesús mismo lo saludó
como el más grande de los profetas. Como el Bautista, cada cristiano debe
sentirse llamado a ayudar a los hombres
a caminar hacia Cristo, Salvador único y universal.
La liturgia de hoy
nos invita a reflexionar sobre la vocación cristiana, como obra de Dios que
comienza incluso antes de que el hombre exista: es un modo de señalar ya sea la
gratuidad de la elección de parte de Dios, ya sea la dedicación total en la respuesta
por parte del hombre. Cuando quien es llamado descubre la invitación de Dios,
no puede reservarse nada para sí: palabras, pensamientos, acciones.
1. La vocación en cada una de las Lecturas: diversos aspectos.
v A. En el Evangelio, Lucas 1, 57-66.80
§ La mano del Señor estaba en Juan el Bautista
·
El evangelista resalta por los comentarios de los vecinos y parientes
(1, 58), que la nueva
vida que había venido a la luz era obra de la
gran misericordia que Dios había manifestado a Isabel, preparando de este modo
la elección del nombre del niño: Juan, en efecto, significa “Dios es
misericordioso”. (cfr. de Santis, p. 28).
·
“El prodigio que acompaña la circuncisión de Juan (vv. 59-66) se suma
al prodigio de su
nacimiento de una mujer estéril y de un
hombre ya anciano (circunstancia que Lucas señala repitiéndola dos veces: 1,
7.18), y, de este modo, se justifica el temor que suscita al hecho y el que se
hablase de ello. Ciertamente la mano del
Señor estaba con él (1,66)” (de Santis, p. 28).
v B. En la primera lectura, Isaías 49, 1-6
- Es el segundo de los Cantos del Siervo
de Dios.
·
Se lee el martes de la Semana
Santa. En el NT se aplica esta figura
del Siervo de Yahvé a
Jesús
de Nazaret, mediador de la salvación para todas las naciones.
§ Dios llama y concede la capacidad para cumplir la misión
encomendada. El Siervo se sabe elegido por Dios
desde el seno materno.
·
La iniciativa es de Dios: el siervo se sabe elegido por Dios desde el
seno materno (v. 1),
como Jeremías (1,5), y le concede los dones
necesarios para que colabore eficazmente en la misión que le ha sido
encomendada (v. 2).
·
“El profeta es consciente de que su misión tiene un inicio que precede
su existencia. El
descubrimiento de la vocación y la adhesión a
un designio que supera la dimensión humana, es el reconocimiento y la acogida
de una invitación por la que el primer sorprendido es quien ha sido llamado,
quien, al medir la propia inadecuación, reconoce la gratuidad de la elección y
aprende que el fundamento de su acción está en Dios que lo ha llamado. Todo esto el profeta lo ha
expresado con una referencia al tiempo antes del nacimiento, cuando - mientras su
cuerpo estaba todavía en formación, escondido en el seno de la madre - Dios ha
pronunciado su nombre, fórmula que puede significar la asignación de un encargo
(v.1)” (de Santis, p. 29).
·
San Agustín, Confesiones X, c. 19: Pídeme
lo que quieras y dame lo que me pides
v C. En la segunda lectura, Hechos 13, 22-26
§ Juan dirige las personas hacia Jesús
·
San Pablo recuerda la afirmación de Juan el Bautista: "Yo no soy
el que vosotros os
pensáis, sino mirad que viene detrás de mí
aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de los pies." Por muy
grande que hubiese sido su fama, está claro el hecho de que su actividad tiene
una función subalterna en relación con Jesús, ya que su cometido era el de
anunciar la inminente venida del Salvador.
v
D. En el
Salmo Responsorial: 138, 1-3.13-15
·
El salmista manifiesta (vv. 1-3) su convicción de que es
conocido por Dios perfectamente:
“sabe cuando se sienta y
cuando se alza, es decir conoce su actividad y su reposo; tiene un conocimiento
que no se limita sólo a lo que se ve exteriormente; en efecto, Dios conoce
también los pensamientos, a los que llega por la capacidad de penetrar también
en lo que no se ve. Y también conoce todos los caminos del salmista, es decir,
sus decisiones y las formas concretas que asumirán. Se trata de un conocimiento
total y profundo, que es una prerrogativa exclusiva de Dios” (De Santis, p.
30).
·
En el versículo 13, el salmista explica el por qué de ese
conocimiento de Dios: “Conoce
tan bien porque el
hombre es criatura suya. Dios lo ha tejido cuando todavía estaba en el seno
materno, creando las entrañas, es decir, según el lenguaje sapiencial, lo que
tiene que ver con los sentimientos que, desde el punto de vista anatómico, no
se ven porque no son directamente accesibles a la mirada. Este conocimiento de
Dios, que escruta todo, no es visto por el salmista como una presencia
entrometida e indiscreta, sino que es percibido como motivo de agradecimiento,
como aparece en el v. 14: “yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio
soy, prodigios son tus obras”.(de Santis, p. 30).
·
Libros poéticos y
sapienciales, Eunsa 2001, salmo 139,
13-18: “Dios interviene asimismo
en la vida entera del
hombre: en concepción (v. 13) y en los bienes que recibe a lo largo de su
existencia. El salmista es bien consciente de ello (v. 14), y lo explica
proclamando de nuevo la omnisciencia divina (vv. 15-16). Las expresiones
poéticas del v. 15 para indicar el origen del hombre en el seno materno – en
secreto, lo profundo de la tierra – asumen la consideración de que el hombre
viene de la tierra y vuelve a la tierra (cfr Gn 2,7). (...)
2. Algunos comentarios
v
Es Cristo que
pasa
§ La vocación divina nos da una misión, enciende una luz que hace
reconocer el sentido de la existencia ... n. 45
La vocación divina
nos da una misión, nos invita a participar en la tarea única de la Iglesia , para ser así
testimonio de Cristo ante nuestros iguales los hombres y llevar todas las cosas
hacia Dios.
La vocación enciende
una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es
convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad
terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve
nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y
acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere
conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos
confía.
Dios nos saca de las
tinieblas de nuestra ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las
incidencias de la historia, y nos llama con voz fuerte, como un día lo hizo con
Pedro y con Andrés: Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum (Mt 4, 19), seguidme y yo os haré
pescadores de hombres, cualquiera que sea el puesto que en el mundo ocupemos.
El que vive de fe
puede encontrar la dificultad y la lucha, el dolor y hasta la amargura, pero
nunca el desánimo ni la angustia porque sabe que su vida sirve, sabe para qué ha
venido a esta tierra. Ego sum lux mundi —exclamó Cristo—; qui
sequitur me non ambulat in tenebris, sed habebit lumen vitæ (Jn 8, 12). Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue no camina a oscuras, sino que poseerá la luz de la vida. (...)
§ La fe y la vocación de cristianos afectan a toda nuestra
existencia, y no sólo a una parte. Las realidades que no son ajenas a los
planes divinos n. 46
La fe y la vocación
de cristianos afectan a toda nuestra existencia, y no sólo a una parte. Las
relaciones con Dios son necesariamente relaciones de entrega, y asumen un
sentido de totalidad. La actitud del hombre de fe es mirar la vida, con todas
sus dimensiones, desde una perspectiva nueva: la que nos da Dios.
Vosotros, que
celebráis hoy conmigo esta fiesta de San José, sois todos hombres dedicados al
trabajo en diversas profesiones humanas, formáis diversos hogares, pertenecéis
a tan distintas naciones, razas y lenguas. Os habéis educado en aulas de
centros docentes o en talleres y oficinas, habéis ejercido durante años vuestra
profesión, habéis entablado relaciones profesionales y personales con vuestros
compañeros, habéis participado en la solución de los problemas colectivos de
vuestras empresas y de vuestra sociedad.
Pues bien: os
recuerdo, una vez más, que todo eso no es ajeno a los planes divinos. Vuestra
vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Esta
es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo
a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando
vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros
días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra
manera de estar en el mundo; ese hogar, esa familia vuestra; y esa nación, en
la que habéis nacido y a la que amáis
§ Diversos aspectos del trabajo del hombre, perspectivas que se
alargan para el cristiano n. 47
(...)
Es hora de que los
cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene
ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de
trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del
hombre, de su domino sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la
propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de
recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de
la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se
amplían. Porque el trabajo aparece como participación en la
obra creadora de Dios, que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole: Procread
y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla, y dominad en los peces del
mar, y en las aves del cielo, y en todo animal que se mueve sobre la tierra.
Porque, además, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad
redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino
medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora.
§ El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a
los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre n. 49
El trabajo
profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para
revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad
que el Espíritu Santo derrama en las almas. (...) Con vuestro trabajo mismo,
con las iniciativas que se promuevan a partir de esa tarea, en vuestras
conversaciones, en vuestro trato, podéis y debéis concretar ese precepto
apostólico.
Si trabajamos con
este espíritu, nuestra vida, en medio de las limitaciones propias de la
condición terrena, será un anticipo de la gloria del cielo, de esa comunidad
con Dios y con los santos, en la que sólo reinará el amor, la entrega, la
fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra ocupación profesional, ordinaria
y corriente, encontraréis la materia —real, consistente, valiosa— para realizar
toda la vida cristiana, para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.
En esa tarea
profesional vuestra, hecha cara a Dios, se pondrán en juego la fe, la esperanza
y la caridad. Sus incidencias, las relaciones y problemas que trae consigo
vuestra labor, alimentarán vuestra oración. El esfuerzo para sacar adelante la
propia ocupación ordinaria, será ocasión de vivir esa Cruz que es esencial para
el cristiano. La experiencia de vuestra debilidad, los fracasos que existen
siempre en todo esfuerzo humano, os darán más realismo, más humildad, más
comprensión con los demás. Los éxitos y las alegrías os invitarán a dar
gracias, y a pensar que no vivís para vosotros mismos, sino para el servicio de
los demás y de Dios.
2. La vocación de todo cristiano
v Ser testimonio de Cristo
·
El cometido de Juan “era el de orientar los corazones hacia Jesús, el
de «preparar un
pueblo
para Jesucristo», como dice la oración colecta de la Misa de hoy. Así, el
verdadero discípulo que se interesa por el reino de Dios, debe ser capaz de ser
como el índice que apunta hacia su Señor, debe desviar la atención sobre Dios,
debe proclamar no sus tesis sino la voluntad divina, debe alegrarse cuando ve
que los demás no se paran junto a él sino que se dirigen hacia quien él ha
indicado. No en vano el célebre Juan Bautista de Mathias Grünewald, en la
“Crucifixión” del altar de Isenheim (museo de Colmar en la Alsacia alemana) está
pintado con un enorme índice que se dirige al Crucifijo. En esa figura se resume
la historia del Precursor” (Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C,
Piemme 1999, p 370).
·
El cristiano debe ser siempre precursor de Cristo, señal viva de su
presencia en medio de
los hombres.
·
«Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente,
piden a los
creyentes
de hoy no sólo « hablar » de Cristo, sino en cierto modo hacérselo « ver ». ¿Y
no es quizá cometido de la
Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la
historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo
milenio?» (Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 16).
·
Un programa de vida cristiana: « El programa ya existe. Es el de
siempre, recogido por el
Evangelio
y la Tradición
viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e
imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia
hasta su perfeccionamiento en la
Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los
tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un
verdadero diálogo y una comunicación eficaz.»
(Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 29).
3. Juan el Bautista en el Catecismo de la
Iglesia Católica
v
«Vino como testigo para dar
testimonio de la luz»
·
CEC 719: Juan es «más que un profeta» (Lc
7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el
«hablar por
los profetas». Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (Cf
Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la «voz»
del Consolador que llega (Jn 1, 23) (Cf Is 40, 1-3.). Como lo hará el Espíritu
de Verdad, «vino como testigo para dar testimonio de la luz» (Jn 1, 7) (Cf Jn
15, 26; 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las «indagaciones de
los profetas» y el ansia de los ángeles (Cf 1 P 1, 10-12): «Aquél sobre quien
veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el
Espíritu Santo... Y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido
de Dios... He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1, 33-36).
Vida Cristiana
domingo, 17 de junio de 2018
Sueña tu vida llena de pobres que se acogen a ti: por Santiago Agrelo
Hablemos de plantas y de pájaros.
Semilla caída en tierra, muerta… semilla que da fruto abundante, tanto que habrá para que coman el sembrador y su casa, los pobres y los pájaros del cielo.
Mostaza: Semilla pequeña, insignificante, despreciable… que brota y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Hablemos de Jesús y de nosotros.
En Jesús, en el que se abajó hasta lo hondo de la muerte, en el último, en el despreciado de los hombres, en el evitado, en el leproso, en el desfigurado que ni siquiera parecía hombre, en él anidaron los liberados del espíritu inmundo, los leprosos purificados, los lisiados curados, los pecadores perdonados, los pobres evangelizados.
En Jesús anidamos nosotros: en él somos de Dios, en él somos hijos de Dios, en él tenemos la vida de Dios, en él somos humanidad nueva, en él somos hermanos, en él somos uno, un solo cuerpo, su cuerpo…
Los místicos gozaron viéndose anidar en la cavidad de la roca, en el costado abierto del Salvador.
Tú, Iglesia convocada hoy para la Eucaristía, gozas viéndote anidar en los brazos abiertos de Cristo, en el árbol de la vida que es Cristo, en la Vida que estaba junto a Dios y que se hizo árbol humano para que tú pudieses anidar en él.
Tú gozas viéndote anidar en Cristo resucitado a quien hoy recibes, con quien hoy comulgas, en quien hoy eres recibida y escondida, protegida y cobijada.
En Cristo encuentras el Espíritu que hace posible tu vuelo, el alimento que te da fuerza, la confianza que necesitas, la gracia que te hermosea, el amor que te da calor y protección.
Y aprendes… de él aprendes a ser rama en la que puedan anidar los pobres, los hambrientos de paz y de pan, los sedientos de justicia y de agua, los pequeños en busca de protección y cobijo.
Sueña, sueña tu vida llena de pobres que se acogen a ti.
Feliz domingo, Iglesia mostaza y acogedora.
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