viernes, 21 de junio de 2019
jueves, 20 de junio de 2019
Solemnidad del Corpus Christi 2019. Y ocultamiento de la fe.
o
«Dos españoles en la historia» está expuesta en
la Biblioteca Nacional de Madrid
Ø Cuando la
fe es ocultada en grandes exposiciones: el caso de Menéndez Pidal y del «Cid
Campeador»
Menéndez Pidal, en el centro, junto a Charlton Heston
durante el rodaje de la película El Cid (1961)
Alfonso V. Carrascosa / ReL
- 17 junio
2019
En pleno Bienio Pidaliano 2018-2019, durante el
cual se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Ramón
Menéndez-Pidal, se celebra en la Biblioteca Nacional de España
importante exposición titulada Dos
españoles en la historia: el Cid y Ramón Menéndez Pidal,
en la que se exhibe el original del mundialmente conocido Poema del Mío Cid, uno de
los primeros libros escritos en español, de autoría anónima.
Una vez más se ensalza la figura de
Menéndez-Pidal y su categoría científica, el valor del Cantar del Mío Cid, evitando
destacar un aspecto de vital importancia: que tanto Menéndez-Pidal como
el Cantar del Mío Cid rezuman
fe católica por todos los poros de su piel. Este hecho, lejos de ser
anecdótico, es por el contrario muy importante, porque no es baladí que el que
probablemente deba ser considerado el filólogo o lingüista español más
importante de todos los tiempos era persona de profundas convicciones
religiosas.
Pionero
en el estudio del Cantar del Mío Cid
Fue además el que primero estudiara en
profundidad el Cantar del
Mío Cid,
libro que pone de manifiesto no sólo las sólidas creencias católicas del héroe
legendario, sino también los avatares en los que se encontró inmerso por
defender dicha fe frente al Islam.
De Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) diría Jon
Juaristi: “La figura de Ramón Menéndez Pidal, que, sin demasiada exactitud, se
definió él mismo en alguna ocasión como ‘uno del noventa y ocho’, encabezó
las iniciativas fundamentales de la cultura española durante casi tres cuartos
del siglo XX, no sólo en el ámbito de la lingüística, la historia literaria
y la historiografía, sino también en el de la literatura de creación.
»Sin Menéndez Pidal no habríamos tenido un
medievalismo digno de tal nombre, desconoceríamos o conoceríamos muy mal la
historia de las lenguas peninsulares (no sólo la del español); las obras de
Américo Castro (su secuaz díscolo) y, en buena parte, la de Ortega habrían
resultado gravemente mermadas y, desde luego, la Generación del veintisiete no
habría dado sus extraordinarios frutos ni en la poesía ni en la crítica. No fue
un nacionalista deprimido ni belicoso. No necesitó serlo: español y liberal de
una pieza, hizo suya la ética del trabajo auspiciada por los institucionistas y
no escogió mal sus modelos históricos (ante todo, Alfonso X, el rey Sabio (rey
católico confeso, por cierto), creador del primer laboratorio humanístico
occidental, acorde con su proyecto de un Renacimiento en lengua vulgar que se
adelantó en más de dos centurias a las versiones vernáculas europeas de la
vuelta a los clásicos).
»Si su obra fue manipulada por un nacionalismo
con vocación totalitaria, es asimismo innegable que constituyó una
referencia primordial para la reconstrucción de una razón ilustrada,
auténticamente nacional y democrática durante los años del franquismo, más
fecundos de lo que suele reconocerse gracias a esforzadas empresas individuales
o familiares como la que don Ramón sostuvo a lo largo de tres décadas que
permitieron restablecer la continuidad con lo mejor de la cultura española
anterior a la guerra civil”.

Una
figura cultural de primer nivel
Este coruñés de nacimiento, hijo de asturianos,
ovetense de adopción, se castellanizó en el Instituto Cardenal Cisneros de
Madrid, y fue discípulo de nada menos que Marcelino Menéndez Pelayo. Desde 1899
y hasta que se jubiló en 1939 fue catedrático de Filología Románica de la
Universidad de Madrid. En 1900 se casó con María Goyri, y de su
matrimonio nacieron tres hijos, Jimena Menéndez Pidal fue uno de ellos. En
su viaje de novios descubrieron ambos la persistencia del Romancero español
como literatura oral y empezaron a recoger muchos romances en sucesivas
excursiones por tierras de Castilla la Vieja. También lo hizo con posterioridad
en Hispanoamérica. Electo para la Real Academia Española en 1901, su maestro
Menéndez Pelayo pronunció su discurso de acogida. En 1925 sería elegido
presidente de dicha institución, cargo que ocuparía hasta la Guerra Civil.
Fue nombrado Presidente del Comité
Directivo de la Residencia de Estudiantes, al fundarse en 1910, así como
Director del Centro de Estudios Históricos desde su fundación, y en 1926
vicepresidente primero de la Junta de Ampliación de Estudios. Todas estas
instituciones estaban al menos en parte relacionadas con la Institución Libre
de Enseñanza, ideario que Menéndez Pidal conocía y compartía.
Durante su exilio tras la Guerra Civil, estuvo
en Francia, Cuba y Estados Unidos, donde impartió cursos, escribió la Historia de la lengua Española,
obra póstuma publicada sólo en 2005. También realizó estudios históricos
muy interesantes sobre gramática. Su actividad en el Centro de Estudios
Históricos creó escuela, en la que se incluyen filólogos de la talla de
Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Alonso
Zamora Vicente. Sufrió represalias del gobierno republicano, que le cesó como
director del Centro de Estudios Históricos, y persecución por el gobierno de
Franco.
Menéndez
Pidal, un católico devoto
Sobre la religiosidad de Ramón Menéndez Pidal,
transcribo literalmente el contenido de un artículo de Lago Carballo: “Pérez
Villanueva habla de que la muerte del doctor Marañón, a quien don Ramón quería
y admiraba tanto, le impresionó por la religiosidad con que su amigo
afrontó su muerte. En una conversación con Xavier Zubiri, don Ramón le
declaró: ‘Yo he de morir cristianamente y en el seno de la Iglesia’”.
Y hay otro significativo testimonio: el del P.
Llanos en una carta al P. Errandorena: “Yo he tenido el enorme consuelo
de confesar y dar el Santo Viático a nuestro común amigo don Ramón, que
había pedido se le dijera una misa en su habitación, y solicitó expresamente la
absolución y la Extremaunción, que le administró el padre Ramón Ceñal”. Por su
parte, Julián Marías ha contado como un día, en los últimos años de don Ramón,
éste le preguntaba por la otra vida y concretaba su interés en esta conmovedora
interrogación: “¿Cree usted, Marías, que podré ver a los juglares?”.
María
Goyry, también una persona de fe
En un buen número de los intelectuales del
primer tercio del siglo XX, que pusieron en marcha el desarrollo científico que
llega hasta nuestros días, se da la circunstancia de que se trataba de personas
profundamente católicas. Tal es el caso de María Goyri (1874-1954), que es
definida en Wikipedia como “…una literata, investigadora, profesora, defensora
de los derechos de la mujer”. Hija natural de Amalia Goyri, se casó nada menos
que con Ramón Menéndez Pidal. Se la tiene por la primera universitaria
española, que asistió durante años a clase tan sólo como oyente porque no la
permitían matricularse.
Espido Freire dijo de ella “…era la primera
mujer universitaria de la época contemporánea, antigua alumna de la Institución
Libre de Enseñanza, una defensora acérrima de los derechos de la mujer
y una magnífica pedagoga. Una mujer singular en un tiempo en el que florecían
muchas mujeres admirables que fueron luego borradas por el tiempo, la guerra y
la memoria selectiva”.
En un reciente estudio, al hablar de la época,
y concretamente de la Residencia de Señoritas, comenta su autora:
»Gracias a la colaboración del Instituto
Internacional y al hecho de ser un organismo de la Junta para Ampliación de
Estudios, la Residencia de Señoritas se convirtió en un verdadero foco
de cultura femenina durante sus años de vida. Todas las vanguardias de
los años veinte encontraron eco entre sus paredes. Las intelectuales, poetas o
escritoras de aquella época pasaron de una forma u otra por la residencia:
Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, María Zambrano, Gabriela Mistral
(Premio Nobel de Literatura posteriormente), Carmen Conde, María Goyri y María
Moliner, por no hablar de Victoria Kent, la mujer que durante muchos años fue
la que más alto logró llegar en la vida política española (Directora General de
Prisiones). /…/
De Maria Goyri, conferenciante y colaboradora habitual de la residencia, afirma Antonina Rodrigo que iba a misa a las seis de la mañana y nadie en la casa lo advertía, pues era absolutamente reservada en sus asuntos espirituales…
De Maria Goyri, conferenciante y colaboradora habitual de la residencia, afirma Antonina Rodrigo que iba a misa a las seis de la mañana y nadie en la casa lo advertía, pues era absolutamente reservada en sus asuntos espirituales…
En la Biblioteca de la Residencia no existía
demasiada capacidad de elección, pues los libros que debían leerse estaban más
o menos decididos de antemano. Entre ellos cabe destacar las obras de Santa
Teresa de Jesús.
Según testimonio de Eulalia Lapresta, encargada
de la biblioteca entre 1922 y 1928, la literatura ascética y mística de la
santa abulense, junto con la de otros clásicos españoles como Tirso, Calderón,
Lope de Vega, Cervantes, Concepción Arenal, Rosalía de Castro o Sor Juana Inés
de la Cruz, eran los libros más consultados por las residentes. Ya se tratara
de lecturas libres u obligatorias, hay que concluir que, o bien eran ejemplos
evidentes de literatura cristiana, o, desde luego, no contrarios a sus
planteamientos esenciales.
Otro testimonio al respecto de su religiosidad,
esta vez de su propio esposo, es el siguiente: “…carta de don Ramón al P.
Errandonea, amigo suyo desde que se conocieron en Oxford en 1922, en la que le
agradece el pésame por la muerte de su esposa, doña María: ‘Ella, de ánimo
tan austeramente religioso, sufrió, con ejemplar resignación, la larga
enfermedad de crueles padecimientos (…) dejándonos consoladora edificación’”.
Se ha dicho no pocas veces que el Renacimiento,
y el posterior desarrollo científico, tuvo lugar entre otras cosas gracias al
trabajo anterior de bastantes científicos católicos y de la fundación de las
universidades por parte de la Iglesia Católica.
En el caso de María Goyri ocurre algo similar
respecto a la denominada Edad de Plata de la Cultura Española –inicio del siglo
XX, hasta la Guerra Civil- y al desarrollo de los derechos de la mujer: tuvo
lugar gracias a la concurrencia de no pocos católicos y científicos, como María
Goyri que, ante el rechazo a lo católico por la mentalidad laicista de la época
que le tocó vivir, debió practicar su piedad a escondidas,
probablemente para no ser rechazada por los mismos que se tenía por liberales y
modernos.
Dedicó toda su vida a la investigación, fue
profesora del Instituto Escuela fundado por la Institución libre de
Enseñanza. No le importó en muchos casos no firmar publicaciones en
cuyo trabajo había participado, cediéndole así el protagonismo absoluto a su
marido.
La hija
de Menéndez Pidal, pionera y católica
No parece mal momento para traer a colación la
vida de una mujer extraordinaria, de profundas convicciones religiosas, Jimena
Menéndez-Pidal (1901-1990), hija de un matrimonio de científicos católicos
españoles, precisamente Ramón Menéndez-Pidal y María Goyri.
El diario El País publicaba en 2009 un artículo
calificando de vanguardista al colegio que nuestro personaje fundara en 1940,
el Colegio Estudio de Madrid, que Navidad tras Navidad sigue celebrando desde
su puesta en marcha el Auto de Navidad que Jimena compuso para
presentar la vida de Jesucristo a los alumnos, obra construida por Jimena
en la que se insertan textos del Arcipreste de Hita, Gómez Manrique, Juan del
Encina, Fray Luis de Granada, San Juan de la Cruz, Góngora, Lope de Vega, y de
otros poetas. Comenta Lago Carballo en su magnífico artículo La religiosidad de Jimena Menéndez-Pidal,
que el Auto concluía con la anunciación del Calvario que sufriría el Niño
Jesús, pero Jimena terminó añadiendo una escena final en la que se habla de la
Resurrección, y que acompañando al coro, todos los niños actores y
actrices cantaban El
Mesías de Haendel.
Espido Freire dijo de Jimena que “pronto
comenzó a impartir clases en el Instituto Escuela y a investigar en las
posibilidades pedagógicas del teatro y de los títeres que acercaran a
los niños a sus propias emociones, y para enseñarles literatura, sobre todo las
obras populares…”.
Alumna de Giner de los Ríos, Jimena fue
una pedagoga que buscó siempre la innovación en las técnicas docentes, sin
renunciar nunca a su fe católica. Evocando la figura de Giner y recordando las
últimas clases que le escuchó, Jimena llegaría a escribir: “Siempre he
llevado conmigo la riqueza de penetración en aquel sondear el Padre Nuestro
como oración universal”.
En 1973 Jimena fundaría “Amigos del Monasterio
de Monjas Cistercienses de Buenafuente de Sistal”, en Guadalajara.
Más tarde, en una eucaristía, el capellán del
monasterio, don Ángel Moreno, diría de ella: “…una mujer enamorada de la tarea
de educar y de transmitir los valores más necesarios para formar en cada niño
un hombre abierto a la verdad, sensible al arte, capaz de valorar la
naturaleza, el trabajo artesano, el propio cuerpo y la dimensión trascendente
de la vida”.Brindó una activa colaboración en la Comisión de Liturgia que
actualizó los textos del Leccionario tras el Concilio Vaticano II.
¡Y qué
decir sobre el Cantar del Mío Cid!
Rodrigo Ruy Díaz de Vivar nace en España el año
1043 y muere el 10 de julio de 1099. Los moros lo llamaban
‘Cid’, del árabe ‘Sayyid’, que significa amo o señor. En 1074 se casa
con Jimena Díaz, hija del Conde de Oviedo, con quien tiene tres hijos. Entre
tantos héroes sólo él alcanzó fama y reputación europea.
A Rodrigo Díaz de Vivar se le aparece
en sueños el arcángel San Gabriel. Además, para evitarles peligros,
deja a su esposa e hijas bajo el amparo del abad Sancho del monasterio de San
Pedro de Cardeña, e inicia una campaña militar acompañado de sus fieles en
tierras no cristianas, conquistando a los musulmanes Castejón y Alcocer, aunque
el Cid mantenga a la vez buenas y amistosas relaciones con muchos musulmanes,
como su aliado y vasallo Abengalbón, que refleja el estatus de mudéjar (los
“moros de paz” del Cantar)o la comunidad hispanoárabe, de origen andalusí,
habitual en los valles del Jalón y Jiloca por donde transcurre buena parte del
texto.
Como narra el padre Carlos Miguel Buela IVE, ya
en su juventud, a los dos años de su matrimonio, lo encontramos que con doña
Jimena donó dos medias villas y algunos solares al monasterio de Silos, el 12
de mayo de 1076, “por la salvación del cuerpo y alma propios y de sus padres”,
como contribución “a las luminarias de la iglesia, para la acogida de
los huéspedes y limosna de los peregrinos y para sustentación de los
monjes y en ayuda de los siervos de Dios que viven en el monasterio…”.
El Cid y
su componente religioso
Los desafíos y juramentos, que envía al rey
Alfonso el año 1089 los cierra invocando el juicio de Dios: “Si miento, Dios me
entregue en tus manos para que hagas de mi lo que quieras; en caso
contrario, Dios, que es juez justo, me libre del falso desafío”. Antes del
combate Rodrigo oraba devota e insistentemente invocando el nombre de
Jesucristo y pidiéndole el favor divino para sus hombres; así nos consta que lo
hizo antes de la batalla de Cuarte. En los dificilísimos momentos que
preceden a la batalla de Bairén anima a sus hombres asegurándoles
que “hoy Nuestro Señor Jesucristo pondrá a nuestros enemigos en
nuestras manos y en nuestro poder”. Después de la victoria tanto Rodrigo
como los hombres de su mesnada “dieron gloria a Dios con toda la devoción de su
alma por la victoria que el mismo Dios les había concedido”.
Conquistada Almenara el año 1097, tras tres
meses de asedio, la primera disposición de Rodrigo será ordenar “allí
la construcción de un altar y de una iglesia para el Señor en honor de la
Santísima Virgen María". En el asedio de Murviedro, que sigue a la
conquista de Almenara, la Historia
Roderici presenta a Rodrigo orando al Señor con las manos
extendidas hacia el cielo con la siguiente oración: “Oh Dios eterno, que
conoces todas las cosas antes que sucedan y a quien ningún secreto se oculta,
tú sabes, ¡oh Señor!, que no quisiera volver a Valencia antes de
haber asediado y domeñado Murviedro, y una vez domeñado por la fuerza de la
espada con el auxilio de tu poder, y tomado, poseído por donación tuya y
sometido a nuestro poder, yo te haré celebrar allí a ti, oh Dios, una misa
cantando tus alabanzas”. Habiendo capitulado Murviedro, el Campeador entró en
la fortaleza y, en cumplimiento de su promesa, “inmediatamente ordenó con ánimo
devoto celebrar en ella una misa y ofrecer un obsequio en el ofertorio de
la misma. Hizo también construir allí una iglesia de San Juan de admirable fabrica”,
en honor del santo del día, puesto que la entrada en Murviedro tuvo lugar en
la festividad de San Juan Bautista.
La
restauración religiosa del Campeador
En Valencia el Campeador dedicó una atención
especial a la restauración religiosa; en primer lugar, poco después de la
entrada en la ciudad, convirtió la mezquita mayor en iglesia de
Santa María. Más adelante “mandó construir en el mismo lugar un hermoso y
admirable edificio como iglesia de Santa María, en honor de la Madre de Nuestro
Redentor, regalando a la misma un cáliz de ciento cincuenta marcas de peso.
Donó también a dicha iglesia dos preciosísimas cubiertas tejidas en oro y
seda”, e hizo celebrar en la tal iglesia solemnísimos cultos. Sabemos que en el
segundo semestre de 1098 se preocupó de buscar para la sede de Valencia
un obispo en la persona de don Jerónimo y que formó una rica dote con
importantes heredades para el sostenimiento del culto y clero de la
iglesia catedral, heredades que donó a la iglesia de su propio patrimonio.
Vemos, pues, como Rodrigo aparece como un
cristiano profundamente creyente en diversos momentos de su vida.
Impresionados por esta su profesión de hombre de fe y más quizá por los
numerosos prodigios que la leyenda tejió en torno a su persona, la
figura de Rodrigo comenzó a ser considerada por algunos de sus admiradores como
la de un siervo de Dios.

Felipe II ordenó a su embajador en Roma don
Diego Hurtado de Mendoza que comenzase a tratar de la canonización
del venerable caballero Rodrigo Díaz de Vivar, al tiempo que
impulsaba la canonización de los doscientos mártires de Cardeña, haciendo el
mismo embajador una recopilación de las virtudes y sucesos milagrosos del
Campeador con los papeles y noticias que le remitieron desde el
monasterio de Cardeña, aunque la cosa parece que no pasó de aquí.
No se trataba según el estudioso Jose Mª Gárate
de una lucubración beata y absurda la de Felipe II. El Obispo D. Jerónimo le
señaló como enviado, “suscitado por Dios” , en el exordio de la donación
valenciana, o como “venerable” en su donación para ser enterrado en Cardeña.
Según Berganza, el Conde Berenguer tuvo al Campeador por gran siervo de Dios al
considerar con qué poca gente le había vencido. Cuando la traslación de restos
en 1541, el Abad de Cardeña Fray Lope de Frías entonó el salmo “Los santos le alabaron en su gloria”,
después que los monjes cantaron el que comienza ‘Admirable es Dios en sus santos’.
El mismo Abad al referir los hechos hablaba del
‘Santo cuerpo’. Fray Melchor Prieto decía en su historia: “Tengo por probable
que sus huesos son reliquias y que fue santo”. Y el dominico Fray Juan de
Marieta le llamó “valeroso Campeador y santo Rodrigo Díaz”. Enrique IV le
citaba en su privilegio: “El bienaventurado y santo caballero Rodrigo Díaz de
Vivar”. Los Reyes Católicos aludían al Cid con gran veneración en otro
privilegio de Cardeña y lo mismo Carlos I. Cisneros peregrinó a Cardeña
al ser nombrado obispo, y allí besó arrodillado los huesos del Cid, lo
mismo que hizo el Cardenal Benlloch en 1921. El Cid y Jimena tuvieron en
Cardeña oficio o conmemoración propia en el aniversario de su muerte.
Vida Cristiana
miércoles, 19 de junio de 2019
De cristo y de los pobres: por Santiago Agrelo
Celebramos la “solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo”.
Quiere ello decir que dedicamos un día del todo especial a la contemplación y adoración del sacramento que hace a la Iglesia, del alimento que la sostiene, de la medicina de inmortalidad que sanará la corrupción de nuestra muerte, de la prenda que se nos da de la gloria futura.
A gustar el misterio de este día puede ayudarnos la experiencia que, en el camino de la vida, cada uno de nosotros haya hecho de la dulzura del nombre de Jesús.
Aprendimos desde niños a pronunciarlo como nombre del amigo más entrañable. Con el tiempo, ese nombre se nos fue haciendo memoria de palabras que iluminan la vida, de autoridad que remedia pobrezas, de compasión que cura enfermedades; ese nombre nos habla de bienaventuranzas asombrosas, esperanza sin límites, gracia para los pecadores, recompensa para los justos; ese nombre dice siempre misericordia, quietud en la tempestad, amor hasta el extremo.
Cada uno de vosotros sabe –sólo cada uno de vosotros lo puede saber- qué le sugiere al propio corazón el nombre de Jesús. Y cada uno intuye que lo evocado cuando decimos Jesús, eso mismo es lo que encontramos misteriosamente, verdaderamente, realmente entregado en el admirable sacramento de la Eucaristía.
Hoy alabarás el nombre del Señor, y lo ensalzarás dándole gracias, pues si dices “Jesús”, lo encuentras en la Eucaristía; si pides ayuda, allí la recibes; si llamas al amado, es él mismo el que te abre la puerta de la celebración.
Si dices: «Jesús», dices un nombre que, siendo todo humano, evoca un mundo de maravillas que es todo de Dios.
Si dices: «Eucaristía», dices pan y vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, que al mismo tiempo velan y revelan realidades celestes, y son para tu fe el sello de la nueva y eterna alianza, son el cuerpo de la gloria, el cuerpo del amor divino, el cuerpo y la sangre de Cristo resucitado.
Si dices: «Eucaristía», el miedo se desvanece en la libertad recobrada de los hijos de Dios, y la esperanza llena con su luz el corazón de los pobres.
¡Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo! He dicho: “un día para la contemplación y la adoración”. He de añadir: un día para la aceptación del don divino que es la vida eterna, un día para la comunión con la eternidad de Dios.
P.S.: Y no te olvides de los pobres, pues en ellos, como en la Eucaristía, es tu Señor quien sale a tu encuentro, es el Señor quien se te da mientras te pide, es el Señor quien te acude a ti mientras lo acudes, es el Señor el que te enriquece mientras te pide limosna. Adóralo en la Eucaristía, ámalo en los pobres, comulga con él en la Eucaristía y en los pobres.
Feliz día, Iglesia de Cristo y de los pobres. Feliz encuentro con tu Señor.
domingo, 16 de junio de 2019
Os llevo en el corazón: por Santiago Agrelo
A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien.
Las circunstancias pudieran tentarme a decir palabras de despedida, puede incluso que palabras tristes, pero la fe pide ser sencillamente compartida, y hoy celebramos el más humano de los misterios de la fe: La Santísima Trinidad.
Hoy no habrá despedida sino confesión de fe, comunión en la fe y agradecimiento por la fe recibida. Esta es la fe que nos une:
Creo en Dios, amor creador que hizo brillar la luz en la tiniebla y señaló caminos a los astros para hacer posible la vida de sus hijos, ¡para hacer posible nuestra vida!
Creo en Dios, amor liberador, que nos ha visitado y nos ha redimido.
Si digo: «creo en Dios», la fe evoca la nube de la presencia divina sobre las tiendas de su pueblo, la ley y la alianza, el pan del cielo y el agua de la roca.
Si digo «creo en Dios», la memoria de la fe va repitiendo: creo en el que es «mi luz y mi salvación, mi paz y mi alegría, mi rey y mi pastor, la roca de mi refugio, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo protector».
En realidad, cuando en nuestra vida, de cualquier modo, resuena el nombre del Señor nuestro Dios, la fe, bajo la acción del Espíritu Santo, evoca «el nombre de Cristo Jesús», sabiduría de Dios que habita entre nosotros, Palabra de Dios hecha carne, en quien el amor de Dios se nos ha revelado amor sin medida, nos ha recreado, nos ha iluminado, nos ha visitado y redimido.
Cristo Jesús, ungido por el Espíritu Santo y enviado a los pobres, es la plenitud de las bendiciones que de Dios que los pobres podemos recibir: ¡él es nuestra paz!, ¡nuestro bien!, ¡nuestro todo bien!
Y allí donde él es acogido, allí se hace presente el reino de Dios: la luz para los ciegos, la libertad para los cautivos, la salud para los enfermos. Con Jesús la vida irrumpe en el lugar de los muertos, se transforman en días de fiesta los días de luto, y lo que antes era amargo se nos vuelve dulzura del alma y del cuerpo.
Y necesito añadir: Con vosotros y por Cristo Jesús estoy en el corazón de Dios; con vosotros y por Cristo Jesús he entrado en el seno de la Trinidad Santa; con vosotros y por Cristo Jesús soy familia de Dios: somos el cuerpo del Hijo único de Dios, y aun siendo muchos, somos uno, como uno es nuestro Dios.
Queridos: A este día de confesión de fe, de comunión en la fe, y de fiesta por lo que somos para Dios, no puede faltarle la confesión de mi gratitud:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”, porque se ha fijado en mi debilidad y me ha llevado de la mano, como un padre, una madre, llevan de la mano o en brazos a su hijo pequeño.
Doy gracias al Papa Benedicto que me otorgó confianza y me pidió servir como obispo a esta comunidad eclesial.
Doy gracias al Papa Francisco con quien me he sentido siempre en una comunión tan plena que sólo en el Espíritu del Señor puede tener su fuente.
No soy capaz de pensar esta Iglesia sin los institutos de vida consagrada, congregaciones y órdenes religiosas, sin los numerosos laicos, mujeres y hombres de asombrosa generosidad, que aquí estáis al servicio del reino de Dios: vosotros sois el rostro de esta Iglesia, un rostro bellísimo.
Doy gracias al pueblo marroquí, a sus autoridades, que no sólo han tratado siempre con respeto a esta comunidad eclesial, sino que han hecho posible, normal y sostenida nuestra misión de llevar el evangelio a los pobres.
Y doy gracias a los pobres, de modo muy especial a los emigrantes, a los llamados irregulares o clandestinos o sin papeles, porque vosotros nos acercasteis a la verdad del evangelio, nos llevasteis al corazón mismo del reino de Dios, pusisteis a Cristo en el centro de nuestra vida.
Y al agradecimiento quiero añadir un deseo, el mismo que expresaba hace doce años ante la comunidad reunida en esta catedral:
Como cristiano, mi deseo es que todos llevemos a Cristo en nuestra vida: que él mire desde nuestros ojos, que él evangelice a los pobres con nuestras palabras, que él se acerque a los enfermos con nuestros pasos, que él continúe amando a la humanidad entera con nuestro amor;
Por decirlo con palabras de mi lema episcopal, mi deseo es que todos llevemos a Cristo en el corazón, ¡siempre! Y eso sólo puede ser fruto de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.
Éste es el mandato que hoy hemos escuchado: “Que os améis unos a otros como él os ha amado”; “que seáis uno, como Jesús y el Padre son uno”; “que os améis tanto que a todos resulte manifiesto que Jesús es el Señor”.
En ese: “que os améis unos a otros” entran los que se van y los que llegan y los que aquí permanecen; rezad por vuestro hermano Santiago que se va; amad a vuestro hermano Cristóbal que llega como Administrador Apostólico de esta diócesis; amad al obispo que el Señor, en su misericordia, llamará a acompañar vuestro camino de fe; y amad a cuantas personas encontréis en vuestro camino: el pueblo marroquí, los pobres, y de modo muy especial, los emigrantes que Cristo Jesús ha declarado cuerpo suyo real entre nosotros.
Y vuelvo a recordar palabras que, por haber sido primeras en el día de mi ordenación como obispo para vosotros, pueden muy bien desempeñar hoy el papel de últimas palabras como obispo entre vosotros:
El mismo Señor que desde el comienzo de mi vida me llamó a ser cristiano con vosotros, me llamó un día a ser obispo para vosotros; al decirle “sí” a él, a su llamada, aquel día y para siempre os dije “sí” a vosotros; al escoger como lema de mi servicio episcopal “siempre en el corazón Cristo”, entendía expresado también en esas palabras: “siempre en el corazón su cuerpo que es la Iglesia”, “siempre en mi corazón la Iglesia de Tánger”.
Queridos: con Cristo os llevo para siempre en el corazón.
Fiesta de la Ss.ma Trinidad Año C, 16 de junio de 2019.
[Chiesa/Omelie1/Trinità/C19DiosPadreAmorMisericordiosoCristoRevelaEspírituSanto]
Fiesta
de la Ss.ma Trinidad C 2019. La paternidad de Dios se muestra en su amor
misericordioso. Cristo revela a Dios que es Padre, «amor» y «misericordia». En
su predicación y, sobre todo, en la cruz que es la inclinación más profunda de la
Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre —de modo especial en los
momentos difíciles y dolorosos— llama su infeliz destino. Jesucristo es
el rostro de la misericordia del Padre. El conocimiento único que el Hijo tiene
del Padre, se nos hace accesible a nosotros gracias al Espíritu Santo. Una
referencia frecuente a la Trinidad es la invocación del santo nombre de Dios
cuando hacemos la señal del cristiano, la señal de la Santa Cruz: en el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. La Trinidad y la familia cristiana.
v
Cfr. Fiesta de la Ss.ma
Trinidad Año C, 16 de junio de 2019.
Proverbios 8, 22-31; Salmo 8; Romanos 5, 1-5; Juan
16, 12-15
Romanos 5, 1-5: 1 Justificados, por tanto, por la fe,
estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por quien
también tenemos acceso en virtud de la fe a esta gracia en la que permanecemos, y nos
gloriamos apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3 Pero no
sólo esto: también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la
tribulación produce la paciencia; 4 la paciencia, la virtud probada; la virtud
probada, la esperanza. 5 Una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por
medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
“La
gracia del Señor Jesucristo,
el
amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo
sean
con todos vosotros”
(Un saludo de San Pablo a
la comunidad de Corinto,
que recoge la liturgia
eucarística al inicio de la Misa)
1. Una referencia frecuente a la Trinidad es la invocación del
santo nombre de Dios: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Palabras
que acompañan cuando hacemos la señal del cristiano, la señal de la Santa Cruz.
v
Son unas palabras familiares
para el cristiano
-
Nos
resulta familiar a los cristianos la
referencia a la Trinidad: cada vez que hacemos la señal de cruz
pronunciamos el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y si se hace con atención, con verdadera fe, queda claro
el significado de ese hacer la señal de
la cruz acompañando las palabras con el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo: se quiere manifestar que lo que se hace - el principio de un
trabajo, el principio del día, antes de las comidas, cuando se emprende un
viaje, etcétera -, o lo que se recibe - los sacramentos, por ejemplo -, se hace
o se recibe «en el nombre de», es
decir «por la autoridad», o «por el
poder» o «por gracia», del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
-
En
el umbral de nuestra vida se nos dijo: "Yo te bautizo en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo…
-
Y en
el momento del fallecimiento: "Parte,
alma cristiana, de este mundo, en el nombre del Padre que te
ha creado, del
Hijo que te ha redimido, del Espíritu Santo que te ha santificado…."
-
Y
entre estos dos extremos: en el nombre de la Trinidad los novios se unen en el matrimonio, en el
nombre de la
Trinidad recibimos el sacramento del sacerdocio los sacerdotes, en el nombre de
la Trinidad son remitidos nuestros
pecados en el sacramento de la Reconciliación… hemos iniciado la celebración de
esta santa Misa en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y la
acabaremos, dentro de poco, con la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo.
2. Dios Padre
v La paternidad
no se refiere sólo al pueblo elegido, sino que llega a cada uno de los hombres
y supera el vínculo existente con los padres terrenos.
Cfr. Juan Pablo II,
Catequesis, 16-X-1985
o La paternidad de Dios se muestra en su amor misericordioso.
·
“ Dios se revela como Padre de su
Pueblo Israel, cuando manda a Moisés que pida su liberación de
Egipto: 'Así habla el Señor: Israel es mi hijo primogénito.
Yo te mando que dejes a mi hijo ir.' (Exodo 4, 22-23).
Al basarse en la Alianza, se trata
de una paternidad de elección, que radica en el misterio de la creación. Dice
Isaías: 'Tú eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú nuestro
alfarero, todos somos obra de tus manos' (Isaías 64, 7; 63, 16).
Esta paternidad no se refiere sólo
al pueblo elegido, sino que llega a cada uno de los hombres y supera el vínculo
existente con los padres terrenos. He aquí algunos textos: 'Si mi padre y mi
madre me abandonan, el Señor me acogerá' (Salmo 26, 10). 'Como un padre siente
ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles' (Salmo 102, 13).
'El Señor reprende a los que ama, como un padre a su hijo preferido' (Proverbios
3, 12). En los textos que acabamos de citar está claro el carácter analógico de
la paternidad de Dios-Señor, al que se eleva la oración: 'Señor, Padre Soberano
de mi vida, no permitas que por ello caiga. Señor, Padre y Dios de mi vida, no
me abandones a sus sugestiones' (Siracida 23, 1-4). En el mismo sentido dice
también: 'Si el justo es hijo de Dios, El lo acogerá y lo librará de sus
enemigos' (Sabiduría 2, 18).
La paternidad de Dios, con respecto
tanto a Israel como a cada uno de los hombres, se manifiesta en el amor
misericordioso. Leemos, p.e., en Jeremías: “Vendrán todos llorando, y yo los
guiaré entre consuelos. Seré un padre para Israel, y Efraín será mi primogénito' (Jeremías 31, 9).
o La aparente impotencia de Dios.
·
Catecismo n. 272: El misterio de la aparente impotencia
de Dios - La fe en Dios Padre
Todopoderoso
puede ser puesta
a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede
parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado
su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en
la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Así, Cristo
crucificado es «poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es
más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte
que la fuerza de los hombres» (1 Corintios 2, 24-25). En la Resurrección y en
la exaltación de Cristo es donde el Padre «desplegó el vigor de su fuerza» y
manifestó «la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes»
(Efesios 1, 19-22).
o La providencia y el escándalo del mal
·
Catecismo n. 309: Si Dios Padre Todopoderoso, Creador del
mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de
todas sus criaturas,
¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan
dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de
la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor
paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la
Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación
de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida
bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la
cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar.
No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la
cuestión del mal.
3. Cristo revela a Dios que es Padre, «amor» y «misericordia». En
su predicación y, sobre todo, en la cruz que es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia
el hombre y todo lo que el hombre —de modo especial en los momentos difíciles y
dolorosos— llama su infeliz destino.
v
Cristo revela a Dios «rico de
misericordia»
·
Juan
Pablo II, Enc. Dives in misericordia,
3: “Cristo revela a Dios que es Padre, que es « amor », como
dirá san Juan en
su primera Carta (1 Juan 4,16); revela a Dios « rico de misericordia », como
leemos en san Pablo (Efesios 2,4). Esta verdad, más que tema de enseñanza,
constituye una realidad que Cristo nos ha hecho presente. Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la
conciencia de Cristo mismo la prueba fundamental de su misión de Mesías; lo
corroboran las palabras pronunciadas por El primeramente en la sinagoga de
Nazaret y más tarde ante sus discípulos y antes los enviados por Juan Bautista.
Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación. Como de costumbre, también
aquí enseña preferentemente « en parábolas », debido a que éstas expresan mejor
la esencia misma de las cosas. Baste recordar la parábola del hijo pródigo
(Lucas 15, 11-32) o la del buen
Samaritano (Lucas 10, 30-37) y
también —como contraste— la parábola del siervo inicuo (Mateo 18, 28-35). Son
muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el
amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al
Buen Pastor en busca de la oveja extraviada (Mateo 18, 12-14; Lucas 15, 3-7) o
la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida.(Lucas 15, 8-10) El
evangelista que trata con detalle estos temas en las enseñanzas de Cristo es
san Lucas, cuyo evangelio ha merecido ser llamado « el evangelio de la
misericordia ».
·
Enc.
Dives in misericordia, 8: La cruz es
la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre y
todo lo que el
hombre —de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos— llama su
infeliz destino. La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más
dolorosas de la existencia terrena del hombre, es el cumplimiento, hasta el
final, del programa mesiánico que Cristo formuló una vez en la sinagoga de
Nazaret (Cfr. Lucas 4, 18-21) y repitió más tarde ante los enviados de Juan
Bautista.(Cfr Lucas 7, 20-23) Según las palabras ya escritas en la profecía de
Isaías (Isaías 35,5; 61, 1-3), tal programa consistía en la revelación del amor
misericordioso a los pobres, los que sufren, los prisioneros, los ciegos, los
oprimidos y los pecadores.
v Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre
Cfr. Papa Francisco, «Misericordiae
vultus», Bula de proclamación del Jubileo
Extraordinario de la Misericordia, 11 de abril de 2015.
1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana
parece encontrar su síntesis en esta palabra, que se hizo viva, visible y
alcanzó su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, rico de misericordia (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre
a Moisés como Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad (Ex 34,6) no
dejó de dar a conocer, de varios modos y en muchos momentos de la historia, su
naturaleza divina. En la plenitud de los
tiempos (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación,
envió a su Hijo, nacido de la Virgen María, para revelarnos de manera
definitiva su amor. Quien ve a Él ve al
Padre (cfr. Jn 14,9). Jesús de Nazaret, con su palabra, sus gestos y toda
su persona[1], revela
la misericordia de Dios.
v Necesidad de contemplar siempre el misterio de la misericordia
2. Siempre necesitamos contemplar el
misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, serenidad y paz. Es
condición para nuestra salvación. Misericordia:
es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y
supremo con el que Dios sale a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de
cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el
camino de la vida. Misericordia: es
la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser
amados, a pesar de las limitaciones de nuestros pecados.
4. Dios Espíritu Santo
·
Romanos
5,5: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del
Espíritu Santo
que se nos ha
dado». (2ª Lectura)
·
Catecismo,
n. 684: El Espíritu Santo con su gracia es el «primero» que nos despierta en la
fe y nos inicia
en la vida nueva
que es: «que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado,
Jesucristo» (Juan 17, 3). (…)
o El conocimiento único que el Hijo tiene del Padre, se nos hace
accesible a nosotros gracias al Espíritu Santo.
·
Cfr.
Raniero Cantalamessa, Un himno de
silencio, Meditaciones sobre el Padre, ed. Monte Carmelo 2ª
ed. 2001, pp.
14-15: “El conocimiento único que el Hijo tiene del Padre se nos hace accesible
a nosotros gracias al Espíritu Santo. Este no añade nada a la revelación
que nos hizo Jesús, pero nos hace comprender lo que Jesús dijo del Padre. Hace
que la revelación exterior y pública se convierta en revelación interior y
personal, y la revelación histórica en revelación actual. Cuando Jesús dice a
los discípulos que el Paráclito les enseñará “todo” y que les recordará “todo
lo que él les ha dicho” (Juan 14,26), por el contexto resulta claro que está
aludiendo en primer lugar a lo que les ha dicho acerca del Padre. “Viene la
hora —dice también— en que os hablaré del Padre claramente” (Juan 16,25).
¿Cuándo va a hablarles del Padre, si éstas son unas de las últimas palabras que dirige a los
discípulos en la tierra? Les hablará “claramente” del Padre, mediante su
Espíritu, ¡después de Pascua! “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no
podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga El, el Espíritu de la Verdad,
os guiará hasta la verdad plena” (Juan 16,12-13).
Si nos fijamos en cómo llegó Jesús, en cuanto hombre,
a descubrir cada vez con mayor claridad su relación de filiación con el Padre,
observaremos que lo hizo “por el Espíritu Santo”. La primera proclamación
oficial de esa su filiación, en el Bautismo del Jordán, está íntimamente ligada
a la bajada del Espíritu Santo sobre él. Era el mismo Espíritu Santo que hará
brotar desde lo más profundo del corazón de Cristo el grito filial. Abba, Padre
(cf Lucas 10,21)”.
5. La Trinidad y la familia cristiana
v
Catecismo de la Iglesia
Católica
·
n. 2205: “La familia cristiana es
una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión
del Padre y del Hijo en el Espíritu
Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de
Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La
oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la
caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.”
v
El niño no puede ser amado
con un amor distinto y separado, sino que quiere ser admitido en el amor con el
que el padre y la madre se aman entre ellos, sabiendo que él procede de ahí.
o “¿Qué es lo que da más alegría y seguridad al niño, sino que el
padre y la madre se amen entre ellos?
·
Raniero Cantalamessa, La vida
en Cristo, PPC 1998, p. 27). [Capítulo 1º, Comentario a
Romanos 5, 1-5: « el amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones»]: “¿Qué es lo que da más alegría y
seguridad al niño, sino que papá y mamá se amen entre ellos? Esto, para él,
cuenta más, inconscientemente, que el hecho de que le amen a él. Papá y mamá
pueden, por separado, amar todo lo que quieran a su niño, pero si no se aman
entre ellos (lo cual, por desgracia, ocurre a menudo), nada podrá impedir que
el niño se sienta, en el fondo, infeliz e inseguro del amor. El niño no puede
ser amado con un amor distinto y separado, sino que quiere ser admitido en el
amor con el que el padre y la madre se aman entre ellos, sabiendo que él
procede de ahí. Pues bien, he aquí la gran revelación: ¡las personas de la
Trinidad se aman entre ellas con infinito amor y nos permiten disfrutar de su
amor! Nos admiten al banquete de la vida: sacian a sus elegidos «de la
abundancia de su casa», les dan de beber «en el río de sus delicias» (cf. Sal
36,9). El principio teológico por el cual «la gracia es el comienzo de la
gloria» (Tomás de Aquino, Summa
theologiae, II-IIae, q. 24, a. 3,2) significa precisamente esto: que
poseemos ya, por fe, a modo de «primicia», lo que algún día poseeremos, en
visión y plenitud, en la vida eterna, es decir, el amor de Dios.”
Vida Cristiana
Los médicos de EEUU, contra la eutanasia: «Es imposible de controlar y un riesgo para la sociedad»
Inicio / Vida y familia
o
La Asociación Médica Americana, la más grande
del país, se reafirma en su oposición
Ø Los
médicos de EEUU, contra la eutanasia: «Es imposible de controlar y un riesgo para
la sociedad»
La Asociación Médica
Americana ha tenido que votar su posición ante las presiones para que modificase
su código ético
J.L. / ReL - 14 junio 2019
Los médicos, en una gran mayoría, están en contra de la eutanasia y
del suicidio asistido pues decidir matar a un paciente o
ayudarle a suicidarse va en contra de la ética médica y al juramento
hipocrático.
En pleno debate sobre la legalización de estas
prácticas en varias partes del mundo es llamativo la escasa atención que la clase política
presta a los argumentos presentados por los médicos, que son
los grandes expertos en la salud y los que en última instancia deberán acabar
con la vida de sus propios pacientes.
Los
médicos no apoyan la eutanasia
La Asociación Médica Mundial deja claro que “la eutanasia, que es el acto de
terminar deliberadamente con la vida de un paciente, incluso a petición del
paciente o a petición de parientes cercanos, no es ética”.
Tampoco el suicidio asistido es ético –afirma la AMM- “y debe ser condenado por
la profesión médica. Cuando la asistencia del médico se dirige deliberadamente
a permitir que un individuo termine con su propia vida, el médico actúa sin
ética”.
Precisamente, esta misma semana la Asociación Médica
Americana (AMM), la más grande de EEUU y que engloba a más de 240.000
médicos del país, ha
vuelto a mostrar su oposición a la eutanasia y al suicidio asistido resistiendo
así los envites de aquellos grupos que les exigían un posicionamiento
favorable.
Los
médicos de EEUU no ceden a las presiones
En la asamblea anual de la organización se
tenía que votar el informe del Comité de Ética y Asuntos Judiciales que debía
volver a valorar el posicionamiento sobre este asunto. El texto finalmente recomendaba a la
asociación mantener su oposición al suicidio asistido.
La AMM ratificó el informe del Comité
tras una votación en
la que el 65% de los miembros votó en contra del suicidio asistido.
Este resultado llega tras años de reuniones e informes internos en los que
médicos y lobbies pro-eutanasia habían presionado para que la asociación
cambiara su parecer sobre este asunto, lo cual favorecería a los legisladores a
la hora de aprobar leyes que permitan acabar con la vida de los pacientes.
"Serios
riesgos para la sociedad"
De este modo, los médicos estadounidenses no modificarán su código
ético sobre el suicidio asistido, que dice lo siguiente:
“Es comprensible, aunque trágico, que algunos
pacientes en condiciones extremas, como aquellos que padecen una enfermedad
terminal, dolorosa y debilitante, puedan decidir que la muerte es preferible a
la vida. Sin embargo, permitir que los médicos se involucren en el suicidio
asistido en última instancia, causaría más daño que bien. El suicidio asistido
por un médico es fundamentalmente incompatible con el papel del médico como
persona que cura, sería difícil o
imposible de controlar y plantearía serios riesgos para la sociedad.
En lugar de dedicarse al suicidio asistido, los médicos deben responder las
necesidades de los pacientes al final de la vida”.
Asociaciones
de pacientes se felicitan
Tras la decisión de la Asociación Médica
Americana de mantener su oposición a estas prácticas, asociaciones de pacientes
como Patients Rights
Action Fund se han felicitado por la noticia. Su presidente, Matt
Vallière, explicaba a LifeNews que “aplaudimos a la AMA por mantener su
larga oposición al suicidio asistido por un médico. Al
hacerlo, se alía con los pacientes y las personas con discapacidad que corrían
el riesgo de sufrir un daño mortal debido a los errores, la coerción y el
abuso, al mismo tiempo que protegen cuidadosamente la confianza en la que se
basa la relación médico-paciente”.
Además, Vallière recordaba que “los pacientes
merecen atención y protección, no una receta para la muerte. Confiamos en que
está decisión alentará a los Estados que están considerando una legislación a
continuar rechazando el suicidio asistido”.
Los
obispos de EEUU, contentos con la decisión
También se han mostrado contentos ante esta
votación los obispos de Estados Unidos. El arzobispo de Kansas, Monseñor Joseph
F. Naumann, presidente del Comité Provida de la Conferencia Episcopal de EEUU
ha afirmado que “la AMA tiene razón al reafirmar su opinión de que el suicidio
asistido por un médico es
fundamentalmente incompatible con el papel del médico como alguien que cura”.
"La práctica y la promoción del suicidio
asistido plantean graves consecuencias para toda nuestra sociedad, pero
en particular para las personas que viven con enfermedades, discapacidades o
desventajas socioeconómicas", recuerda el obispo.
Más información en nuestras secciones de Eutanasia y Suicidio Asistido.
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