lunes, 3 de abril de 2017
Domingo 2º de Cuaresma, Año B (2015). La fe de Abrahán. Dios le puso a prueba en varias ocasiones. Hoy en la primera Lectura se refiere la prueba más dura a la que le sometió Dios. La elección gratuita por parte de Dios, que escoge instrumentos para realizar la salvación, en el caso de Abrahán lleva a una obediencia que llega a aceptar el sacrificio de su hijo. Dios no quería la muerte del hijo de Abraham, sino la fe del padre. La fe también puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento, que son problemas graves que aquejan la vida humana, donde el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Para comprender el rostro de Dios Padre, es decir, su voluntad y designio sobre nuestras vidas, buscamos el rostro de Cristo, especialmente en las circunstancias difíciles.
1 Domingo 2º de Cuaresma, Año B (2015). La fe de Abrahán. Dios le puso a prueba en varias ocasiones. Hoy en la primera Lectura se refiere la prueba más dura a la que le sometió Dios. La elección gratuita por parte de Dios, que escoge instrumentos para realizar la salvación, en el caso de Abrahán lleva a una obediencia que llega a aceptar el sacrificio de su hijo. Dios no quería la muerte del hijo de Abraham, sino la fe del padre. La fe también puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento, que son problemas graves que aquejan la vida humana, donde el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Para comprender el rostro de Dios Padre, es decir, su voluntad y designio sobre nuestras vidas, buscamos el rostro de Cristo, especialmente en las circunstancias difíciles. o Cfr. 2º Domingo de Cuaresma, 1 de marzo de 2015, Año B Génesis 22,1-2. 9-13.15-18; Romanos 8, 31b-34; Marcos 9, 2-10 Génesis 22,1-2. 9-13.15-18: En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: - «¡Abrahán!» Él respondió: - «Aquí me tienes.» Dios le dijo: - «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.» Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán! Abrahán!» Él contestó:- «Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: - «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo tu único hijo.» Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -- «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. (Primera Lectura, Génesis 22,1) «Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11, 8) (Cf. Génesis 12, 1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (Cf. Génesis 23,4). Por la fe, a Sara se otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (Cf Hebreos 11,17). (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 145) 1. La figura de Abrahán (primera Lectura)1 : Dios le pide que sacrifique al hijo que le había dado; su fe y obediencia. El silencio de Dios. o Abrahán, el padre de los creyentes se hace semejante a Dios Padre que no perdonará a su propio Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros. • Catecismo de la Iglesia Católica n. 2572: Como última purificación de su fe, se le pide al «que había recibido las promesas» (Hebreos 11, 17) que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: «Dios proveerá el cordero para el holocausto» (Génesis 22, 8), «pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar a los muertos» (Hebreos 11, 19). Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su propio Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros (Cf Romanos 8, 32). La oración restablece al 1 “El ejemplo de la fe de Abrahán, halla aquí un punto culminante. Los Padres han visto en el sacrificio de Isaac la figura de la Pasión de Jesús, el Hijo Único” (Biblia de Jerusalén, nota a Génesis 22). 2 hombre en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios que salva a la multitud (Cf Romanos 4, 16-21). El sacrificio de Abraham en su corazón, prueba de una fe magnífica, le obtuvo la promesa de una descendencia innumerable. • San Juan Pablo II, Catequesis, 30 de octubre de 1991: “Abraham, siguiendo el mandato de Dios, estaba dispuesto a sacrificarle su hijo único, que el Señor le había dado a él y a su esposa Sara en su vejez. Pero lo que Dios quería era sólo probar su fe. Isaac, por tanto, en este sacrificio, no sufrió la muerte, sino que permaneció vivo. Ahora bien, Abraham había aceptado el sacrificio en su corazón, y este sacrificio del corazón, prueba de una fe magnifica, le obtuvo la promesa de una descendencia innumerable: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa» (Génesis 22,16-17). o La prueba es casi como un paradigma 2 del itinerario de la fe. • Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme IV Edizione settembre 1996, II domenica di Quaresima (pp. 73-74): “Aquel terrible y silencioso viaje de tres días que afronta Abrahán hacia la cima de la prueba es casi como un paradigma del itinerario de la fe. Es un camino oscuro y atormentado, acompañado sólo por aquella orden implacable: «Toma a tu hijo, a tu único hijo, a quien amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré». Después, el silencio. Silencio de Dios (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”), silencio de Abrahán, silencio del hijo Isaac que sólo una vez, con una ingenuidad desgarradora, insinuó un diálogo ritmado sobre la relación de paternidad y de filiación: Isaac dijo a su padre Abrahán: «¡Padre! Él respondió: Sí, hijo mío. Y el muchacho preguntó: Aquí está el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio? Respondió Abrahán: Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío». o La fe es presentada a su nivel más puro y más desnudo. Como hijo, Isaac debe morir para que Abrahán renuncie también a su paternidad y se apoye solamente en su creer, en la palabra de Dios. Después de la prueba, Abrahán recibe Isaac como hijo de la promesa divina y no ya como hijo de su carne. Aquí la fe es presentada a su nivel más puro y más desnudo. Como hijo, Isaac debe morir para que Abrahán renuncie también a su paternidad e se apoye solamente, en su creer, en la palabra de Dios. Por esto la palabra de Dios le hace vislumbrar la posibilidad de la destrucción de su paternidad. De este modo, después de la prueba, Abrahán recibe Isaac como hijo de la promesa divina y no ya como hijo de su carne”. o La elección gratuita por parte de Dios, que escoge instrumentos para realizar la salvación, en el caso de Abrahán lleva a una obediencia que llega a aceptar el sacrificio de su hijo. Francisco Varo Pineda, Los patriarcas, Ed. Palabra, diciembre 2004, pp. 77-80 o Dios escoge • “Desde el comienzo mismo de la «historia de los patriarcas» [Cfr. Cap. 12 y ss del Génesis] se invita al lector a considerar la elección gratuita de la que Israel ha sido objeto por parte de Dios. Esa elección se pone de manifiesto ya desde la llamada de Dios a Abram: «Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). Consecuencia de su fidelidad a la elección recibida, llegará a ser Abrahán, esto es, «padre de la multitud de pueblos» (Gen 17,5)2. La promesa hecha a Abrahán inaugura la economía de la salvación; Dios escoge instrumentos y reclama confianza plena. “La promesa hecha a Abrahán de que sería padre de una numerosa muchedumbre que, como fruto de la fe, recibiría en posesión la tierra de Canaán, inaugura la economía de la salvación. Mediante esta promesa se inicia la formación del pueblo de Dios. El modo en que estos relatos describen la acción de Dios informa de algo importante acerca de cómo actúa el Señor a favor de los hombres: escoge a quienes quiere, para 2 Se dice que es un paradigma algo que se toma como «modelo», o bien se utiliza como sinónimo de «ejemplo». 3 hacerlos depositarios de sus promesas e instrumentos de su acción salvadora a favor de todo el pueblo; y, a la vez, reclama de ellos una confianza plena”. o La respuesta de una fe total e incondicional en Dios. “La elección divina, aunque resulte desconcertante al principio, abra su camino de felicidad al otorgar pleno sentido al camino de la vida, que es posible recorrer con paz acompañado por la presencia amistosa de Dios. Pero sólo disfrutará de ese gozo el que con una fe total e incondicional en Dios, esté dispuesto a prestar una obediencia heroica a lo que el Señor reclame. Esa es la respuesta que Dios espera, y esa fue la respuesta de Abrahán. Una obediencia tal que llega a aceptar el sacrificio de su hijo “La vocación divina es secundada por el patriarca mediante una obediencia tal que llega incluso a aceptar el sacrificio de su hijo Isaac (cf. Génesis 17, 4-8). La obediencia hasta ese extremo es piedra de toque, que permite contrastar hasta qué punto era sólida la esperanza que Abrahán había depositado en las promesas recibidas de Dios”. (p. 80) (...) Cuando Abrahán recibe la llamada, se pone en marcha «como se lo había dicho el Señor» (Génesis 12,4). (...) y cuando Dios le confía sus planes de destruir Sodoma y Gomorra, procura mover al Señor a tener compasión de los hombres, intercediendo por ellos con audacia (cf. Génesis 18, 16-33)”. (p. 80) o La llamada de Dios a Abrahán y su obediencia. Una exigencia difícil, no tanto por el hecho de salir de su tierra (entonces la vida nómada era habitual), sino vivir en obediencia a Dios y confiar en la promesa de Dios imposible en el orden natural: el nacimiento de un hijo en edad muy avanzada de sus padres. Cfr. Romano Guardini, El Señor, Ediciones Cristiandad, 2ª ed. 2005, p. 303. • “Abrahán era un hombre pudiente, sin hijos, que vivía rodeado de estima en su tierra. De allí lo sacó la llamada de Dios. Debía convertirse, a su avanzada edad, en Padre de un gran pueblo, en comienzo de una historia de trascendental importancia. Para ello tuvo que renunciar a todo lo anterior y seguir la llamada de Dios. La exigencia era difícil. No tanto el hecho de salir de su tierra, ya que entonces la vida nómada era habitual, sino vivir en obediencia a Dios y confiar en una promesa imposible en el orden natural. Su obediencia fue algo grande, como también fue grande su perseverancia en la fe, cuando, veinticinco años más tarde, la promesa seguía siendo promesa y la edad de Abrahán frisaba ya en los cien años. Inconcebiblemente grande fue también el hecho de que, cuando se cumplió la promesa y le nació un hijo, el anciano patriarca tuviera que ponerse en camino hacia el monte Moria para sacrificar allí a su único hijo (Génesis 22) y, a pesar de todo, mantuviera la fe en que de su descendencia nacería un gran pueblo. Abrahán se convierte entonces en «padre de los creyentes» (Romanos 4, 11). En torno a él palpita una esperanza ilimitada. Ante él se abre una promesa infinita. Dios le había dicho entonces que saliera a contemplar las estrellas del cielo en la oscuridad de la noche mesopotámica. Tan incontable como su número sería la descendencia que le depararía el futuro (Génesis 15,5). Eso expresa lo que palpita en torno a este personaje …” o La bendición de Dios a Abrahán: serás padre de una multitud de pueblos (Génesis 17,5). Éste será el signo fundamental de la bendición. Cfr. Gianfranco Ravasi, Los rostros de la Biblia, Ciclos A, B. C, San Pablo 2008, pp. 37-39. • “La Biblia trata de interpretar el nombre del patriarca recurriendo a una variación que tenga afinidad con una expresión hebrea: de Abrán (que literalmente significaba «padre elevado, exaltado», título glorioso reservado a la divinidad como padre) se tiene Abrahán «padre de una multitud de pueblos» (Génesis 17, 5). De este modo aparece uno de los dos temas de la promesa que el Señor había hecho al patriarca, el de la descendencia, al que se unirá el don de la tierra de Canaán. De cualquier modo la posteridad será como el signo fundamental de la «bendición» divina para Abrahán. La fecundidad como don divino. Porque si se lee atentamente el texto de la liturgia de hoy, se oye resonar por cinco veces un término: «Te bendeciré … serás una bendición … bendeciré a los que te bendigan … en ti serán benditos los pueblos de la tierra». Ahora bien, el vocabulario hebreo que indica la bendición (brk) tiene una referencia concreta a 4 la fecundidad como don divino: alude a la rodilla, como un eufemismo para referirse a la genitalidad, raíz de la vida. Este es el primer gran don del Señor, el que a través de las generaciones permite al pueblo existir en el tiempo, igual que la tierra concedida es el signo de la presencia de Dios en el espacio. Por lo tanto Dios se revela en la historia humana, que está hecha de tiempo y de espacio. La promesa divina se abrirá camino fatigosa y lentamente en medio de las pruebas del patriarca. Sabemos que la promesa divina se abrirá camino fatigosa y lentamente en medio de las pruebas del patriarca, por lo que Abrahán tendrá que creer y confiar en la misteriosa acción de Dios que, primero, por medio de su esclava Agar, le da un hijo, Ismael, según un típico procedimiento del antiguo Oriente Próximo, y después, a través de su mujer ya anciana, Sara, le permitirá concebir a Isaac. La prueba de la fe llega a su punto culminante cuando el Señor le pide que sacrifique a su único hijo. Pero la prueba de la fe, que se consumará en la cima del monte Moria, va a llegar entonces a su punto culminante: allá arriba Abrahán estará dispuesto a renunciar al hijo tan esperado, y prometido por el mismo Señor que ahora le pide que lo sacrifique. Sin embargo será Dios mismo el que se lo entregue de nuevo como signo total de su bendición y como suprema garantía de una fe pura y absoluta que hará de Abrahán «nuestro padre en la fe», como dirá san Pablo (léase Romanos 4, 1-25 y Gálatas 3, 1-9).” (…) 2. La fe también puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento, que son problemas graves que aquejan la vida humana, donde el hombre experimenta su impotencia, límites y finitud. o En esta vida conocemos a Dios de una manera confusa, imperfecta. La fe es vivida con frecuencia en la oscuridad. • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 164: “(…) Ahora [en esta vida] (…) conocemos a Dios como «en un espejo, de una manera confusa … imperfecta » (1 Corintios 13,12). (…) La fe es vivida con frecuencia en la oscuridad. La fe puede ser puesta a prueba. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a ser para ella una tentación”. o Pero Dios ha revelado su omnipotencia de una manera misteriosa … en Cristo. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. • Catecismo de la …. n. 272: La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Así, Cristo crucificado «es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres» (1 Corintios 2, 24-25). (…) o La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. • Catecismo de la …, n. 1500: La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte ”. 3. La antífona de entrada del segundo domingo de Cuaresma. «Tu rostro buscaré, Señor». “Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”. (Salmo 26/27, 8-9) o Para comprender el rostro de Dios Padre, es decir, su voluntad y designio sobre nuestras vidas, buscamos el rostro de Cristo, especialmente en las circunstancias difíciles. 5 • Juan Pablo II, Novo millenio ineunte: “Señor, busco tu rostro” (Salmo 27,8). El antiguo anhelo del Salmista no podía recibir una respuesta mejor y sorprendente más que en la contemplación del rostro de Cristo. En él Dios nos ha bendecido verdaderamente y ha hecho “brillar su rostro sobre nosotros” (Salmo 67, 3). (…) (n. 23). A la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: « Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad » (Juan 1,14). (n. 20). • La contemplación del rostro de Cristo nos lleva a acercarnos al aspecto más paradójico de su misterio, como se ve en la hora extrema, la hora de la Cruz. Misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración. (…) (n. 25). 4. El amor providente de Dios Padre. Cfr. San Juan Pablo II, Catequesis, miércoles 24 de marzo de 1999 • (…) Los proyectos de Dios no coinciden con los del hombre; son infinitamente mejores, pero a menudo resultan incomprensibles para la mente humana. Dice el libro de los Proverbios: «Del Señor dependen los pasos del hombre: ¿cómo puede el hombre comprender su camino?» (Proverbios 20,24). En el Nuevo Testamento, san Pablo enuncia este principio consolador: «En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Romanos 8,28). (…) La certeza del amor de Dios nos lleva a confiar en su providencia paterna incluso en los momentos más difíciles de la existencia. Santa Teresa de Jesús expresa admirablemente esta plena confianza en Dios Padre providente, incluso en medio de las adversidades: «Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta» (Poesías, 30). o Dios no quería la muerte del hijo de Abraham, sino la fe del padre. La Escritura nos brinda un ejemplo elocuente de confianza total en Dios cuando narra que Abraham había tomado la decisión de sacrificar a su hijo Isaac. En realidad, Dios no quería la muerte del hijo, sino la fe del padre. Y Abraham la demuestra plenamente, dado que, cuando Isaac le pregunta dónde está el cordero para el holocausto, se atreve a responderle: «Dios proveerá» (Génesis 22,8). E, inmediatamente después, experimentará precisamente la benévola providencia de Dios, que salva al niño y premia su fe, colmándolo de bendición. (…) www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
La conversión. Es aprender a hacer el bien. Homilía de Papa Francisco, 3 de marzo de 2015.
1 La conversión. Es aprender a hacer el bien. Homilía de Papa Francisco, 3 de marzo de 2015. Homilía de la Misa en Santa Marta Martes, 3 de marzo de 2015 “Conversión sincera, sin aparentar” Isaías 1, 10.16-20; Salmo 49; Mateo 23, 1-12 Las palabras de la primera lectura (Is 1,10.16-20) son un imperativo y, a la vez, una invitación que viene directamente de Dios: Dejad de obrar mal, aprended a hacer bien; (…) defended al huérfano, proteged a la viuda (Is 1,16- 17). O sea, preocupaos de esos de los que nadie se acuerda, entre los que también están los ancianos abandonados, los niños que no van a la escuela y esos que no saben hacer ni la señal de la Cruz. Y, detrás de ese imperativo, está la invitación de siempre a la conversión. –Pero, ¿cómo puedo convertirme? ¡Aprended a hacer el bien! (Is 1,17): eso es la conversión. La suciedad del corazón no se quita como si fuera una mancha en la ropa: vamos a la tintorería y salimos limpios. ¡No! Se quita haciendo el bien: yendo por un camino distinto al del mal. ¡Aprended a hacer el bien!: el camino de hacer el bien. –Y, ¿cómo hago el bien? Muy sencillo: buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda (Is 1,17). Recordemos que, en Israel, los más pobres y necesitados eran los huérfanos y las viudas: hacedles justicia, yendo a donde están las llagas de la humanidad, a donde hay tanto dolor. Así, haciendo el bien, limpiarás tu corazón. Y la promesa de un corazón limpio, perdonado, viene del mismo Dios, que no lleva la contabilidad de los pecados de quien ama al prójimo. Si haces esto, si vas por el camino al que yo te invito —nos dice el Señor—, aunque vuestros pecados fueren como la grana, serán blanqueados como la nieve (Is 1,18). Parece una exageración, ¡pero es la verdad! El Señor nos da el don de su perdón, nos perdona generosamente. Nosotros decimos: –Yo te perdono hasta aquí; luego, ya veremos. ¡No, no! ¡El Señor lo perdona siempre todo! ¡Todo! Pero si quieres ser perdonado, tienes que empezar el camino de hacer el bien. ¡Ese es el don! El Evangelio del día (Mt 23,1-12) presenta, en cambio, al grupo de los listillos, esos que dicen lo que hay que hacer, y luego hacen lo contrario. En realidad, todos somos muy hábiles y siempre encontramos la manera de parecer más justos de lo que somos: es el camino de la hipocresía. Es gente que aparenta convertirse, pero su corazón es mentiroso: ¡son embusteros! Su corazón no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras, a satanás. ¡Eso es la falsa santidad! Jesús prefiere mil veces a los pecadores que a los otros. ¿Por qué? Porque los pecadores dicen la verdad de sí mismos: Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador (Lc 5,8), dijo una vez Pedro. Pero éstos jamás lo dirían; al revés: Te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, (…). Ayuno dos veces por semana, (…) (Lc 18,11-12). Así que, en la segunda semana de Cuaresma, tenemos que pensar y meditar estas tres ideas: la invitación a la conversión, el don que nos dará el Señor —un gran perdón—, y la trampa, o sea, aparentar convertirse, pero ir por la senda de la hipocresía. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo B. (2015). La Palabra de Dios es vida. Los mandamientos de la ley de Dios establecen los fundamentos de la vocación del hombre, y son luz para su conciencia y su vida. El Decálogo es testimonio de un amor de predilección. Las palabras del Señor son palabras de vida eterna; son gozo, luz, y delicia y alegría del corazón; dilatan el corazón, son dulces para el paladar. Antes de ser escritos en piedra fueron escritos en el corazón del hombre como ley moral universal. Guardarlos significa ser fieles a Dios, pero también a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza y a nuestras aspiraciones más profundas. Defienden nuestra libertad.
1 Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo B. (2015). La Palabra de Dios es vida. Los mandamientos de la ley de Dios establecen los fundamentos de la vocación del hombre, y son luz para su conciencia y su vida. El Decálogo es testimonio de un amor de predilección. Las palabras del Señor son palabras de vida eterna; son gozo, luz, y delicia y alegría del corazón; dilatan el corazón, son dulces para el paladar. Antes de ser escritos en piedra fueron escritos en el corazón del hombre como ley moral universal. Guardarlos significa ser fieles a Dios, pero también a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza y a nuestras aspiraciones más profundas. Defienden nuestra libertad. Cfr. 3 domingo de Cuaresma Año B 8 marzo 2015 Éxodo 20, 1-17; Salmo 18; 1 Corintios 1, 22-25; Juan 2, 13-25. Juan 2, 13-25: Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: - «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: -«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre. Éxodo 20, 1-17: 1 En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: 2 «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. 3 No tendrás otros dioses frente a mí. 4 No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. 5 No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. 6 Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos. 7 No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. 8 Fíjate en el sábado para santificarlo. 9 Durante seis días trabaja y haz tus tareas, 10 pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. 11 Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. 12 Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. 13 No matarás. 14 No cometerás adulterio. 15 No robarás. 16 No darás testimonio falso contra tu prójimo. 17 No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.» 1. Algunos textos de la Revelación en los que se afirma, con expresiones diversas, que las palabras de Dios son vida. Las palabras del Señor son palabras de vida eterna Cfr. El Salmo responsorial de hoy (Salmo 18). R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6, 68) 8 La ley del Señor es perfecta, y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. 9 Los preceptos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. 10 La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.11 Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. La palabra de Dios es como lluvia que hace germinar la tierra • Isaías 55, 10-11: Como la lluvia y la nieve desciende de los cielos y no vuelve allá, sino que riegan la 2 tierra, la fecundan, la hacen germinar, y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer, así será la palabra que sale de mi boca … Cfr. también: Deuteronomio 32, 2 y Salmo 71,6 Son gozo, luz, y delicia y alegría del corazón; dilatan el corazón, son dulces para el paladar. • Jeremías 15, 16: Cuando me encontraba tus palabras, las devoraba. Tus palabras eran un gozo para mí, las delicias de mi corazón, porque yo llevo tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos. - Salmo 19 (18), 11: Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón. Los mandamientos del Señor son puros, dan luz a los ojos. o Cfr. el largo Salmo 119, que tiene 176 versículos • Está compuesto para ser leído y meditado personalmente, más que para ser proclamado en público, con el fin de estimular la reverencia y la piedad hacia la Ley de Dios. En él encontramos muchas imágenes sobre los preceptos, mandamientos, decretos, etc. de Dios. Los preceptos de Dios son gozo para el salmista, dilatan el corazón, con ellos el Señor da la vida, son dulces para el paladar, etc. 1 . Son fuego que arde en el corazón • Lucas 24, 32: ¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? • Jeremías 5, 14: Yo pondré mis palabras en tu boca como fuego: este pueblo es leña y la devorará. Son martillo que hace añicos la roca • Jeremías 23, 29: ¿No es mi palabra como el fuego - oráculo del Señor – y como martillo que hace añicos la roca? Son semilla y fermento que hace fructificar la tierra • Cfr. la parábola del sembrador, Mateo capítulo 13 2. La Palabra de Dios, los mandamientos de la Ley que Dios dio a Moisés (primera Lectura), establecen los fundamentos de la vocación del hombre, y son luz y vida para la conciencia del hombre. Este decálogo, diez Palabras, se encuentra en el Éxodo 20, 1-17 y en el Deuteronomio 5, 6-21. “Decálogo” es una palabra griega que significa “diez palabras”. o Dios habla y el pueblo prometa cumplir cuanto dice el Señor. • Deuteronomio 4, 13: [El Señor, vuestro Dios] «Os anunció una alianza, que os mandó cumplir: las diez Palabras que escribió en las dos tablas de piedra». • Expresa las exigencias de Dios y el modo correcto de relacionarnos con los demás. En Éxodo 20,1 se dice explícitamente que los 10 mandamientos son expresión de la voluntad de Dios: “Y habló Dios todo esto diciendo”. La respuesta del pueblo a esta iniciativa de Dios de hablar está en 24,7, después de la lectura de la ley: “Cumpliremos todo cuanto dice el Señor y obedeceremos”. . Los preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a imagen de Dios. Son una luz ofrecida a la conciencia del hombre. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica • n. 1962: La Ley antigua es el primer estado de la Ley revelada. Sus prescripciones morales están 1 Cfr. Sagrada Biblia, Libros poéticos y sapienciales, Eunsa 2001, Nota a Salmo 119; Cf. Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer Bilbao 1998, comentario al Salmo 119. 3 resumidas en los Diez mandamientos. Los preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a imagen de Dios. Prohiben lo que es contrario al amor de Dios y del prójimo, y prescriben lo que le es esencial. El Decálogo es una luz ofrecida a la conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los caminos de Dios, y para protegerle contra el mal: Dios escribió en las tablas de la Ley lo que los hombres no leían en sus corazones (S. Agustín, Sal. 57, 1). Más allá de que sean el núcleo de la ética del Antiguo Testamento que mantiene su valor en el Nuevo Testamento (cfr. Lc 18,20) 2 , los mandamientos - «diez palabras» de Dios – son vida. o Una breve reflexión general sobre el concepto de Ley en el Antiguo Testamento 3 . “En primer lugar es necesaria una reflexión sobre la palabra ley, que es un traducción de la palabra hebrea Torah, pasando a través del griego nomos. La traducción griega ha acentuado la acepción legal de la palabra, haciendo que, de hecho, se considere como exclusiva, ensombreciendo así otros significados como el de instrucción. En la literatura sapiencial la palabra asume el significado de instrucción más más bien que el de ley. El Salmo, por tanto, se refiere a la instrucción dada por Dios más que a un sistema normativo. En segundo lugar, en la Escritura la ley es un don hecho por Dios. Este don, en cuanto don, da alegría y es un signo de la iniciativa de Dios en la edificación del pueblo de la alianza. La ley no fue dada por Dios como una constricción y, por tanto, fue acogida por el pueblo como como una señal de la benevolencia de Dios. Agustín, comentando el salmo 18, propone una interpretación de la ley que va precisamente en esa dirección. “La ley del Señor no doblega bajo el yugo de la esclavitud sino que, por medio de ella, el alma se dirige espontáneamente hacia la imitación de Dios”. 3. Los mandamientos, si se miran en profundidad, son el medio que el Señor nos da para defender nuestra libertad tanto de los condicionamientos internos de las pasiones como de los abusos externos de los malintencionados. Los «no» de los mandamientos son otros tantos «sí» al crecimiento de una auténtica libertad. Cfr. Homilía de Benedicto XVI en la Santa Misa por el mundo del trabajo, domingo, 19 de marzo 2006, III de Cuaresma - Hemos oído juntos una página famosa del Libro del Éxodo, aquella en la que el autor sagrado relata la entrega a Israel del Decálogo de parte de Dios. Un detalle impacta inmediatamente: la enunciación de los mandamientos está introducida por una significativa referencia a la liberación del pueblo de Israel. Dice el texto: «Yo soy el Señor tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de la servidumbre» (Ex 20,2). El Decálogo, por lo tanto, quiere ser una confirmación de la libertad conquistada. En efecto, los mandamientos, si se miran en profundidad, son el medio que el Señor nos da para defender nuestra libertad tanto de los condicionamientos internos de las pasiones como de los abusos externos de los malintencionados. Los «no» de los mandamientos son otros tantos «sí» al crecimiento de una auténtica libertad. o El Decálogo es testimonio de un amor de predilección. Hay una segunda dimensión en el Decálogo que también hay que subrayar: mediante la Ley dada por mano de Moisés, el Señor revela que quiere cerrar con Israel un pacto de alianza. La Ley, por lo tanto, más que una imposición es un don. Más que mandar lo que el hombre debe hacer, ella quiere hacer manifiesta a todos la elección de Dios: Él está de parte del pueblo elegido; lo ha liberado de la esclavitud y lo rodea con su bondad misericordiosa. El Decálogo es testimonio de un amor de predilección. 2 Cfr. Pentateuco, Eunsa 2ª ed. Agosto 2000, nota Ésodo 20, 1-21. 3 Cfr. Temi di predicazione – Omelie (Napoli), 1/2012, III Domenica di Quaresima, Esegesi. 4 La historia de amor entre Dios y el hombre y los mandamientos. Cfr. Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 17 • “El reconocimiento del Dios viviente es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. No obstante, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por «concluido» y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a sí mismo. Idem velle, idem nolle4 , querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío5 . Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría (cf. Sal 73 [72], 23-28)”. 3. La Ley que Dios dio en el monte Sinaí, los diez mandamientos de la Alianza Juan Pablo II, Homilía en la Celebración de la Palabra en el Monte Sinaí 6 , 26 febrero 2002 a) Es ley de vida y de libertad. La obediencia liberadora. - Hoy, con gran alegría y profunda emoción, el Obispo de Roma llega como peregrino al monte Sinaí, atraído por este monte santo que se eleva como un monumento majestuoso a lo que Dios reveló aquí. ¡Aquí reveló su nombre! ¡Aquí dio su ley, los diez mandamientos de la Alianza! (...) Aquí, en el monte Sinaí, la verdad de "quién es Dios" ha llegado a ser el fundamento y la garantía de la Alianza. Moisés entra en la "oscuridad luminosa" (Vida de Moisés, II, 164), y aquí recibe la ley "escrita por el dedo de Dios" (Ex 31, 18). ¿Qué es esta ley? Es la ley de la vida y de la libertad. En el mar Rojo el pueblo experimentó una gran liberación. Vio el poder y la fidelidad de Dios; descubrió que él es el Dios que realmente libra a su pueblo, como había prometido. Pero ahora, en las alturas del Sinaí, este mismo Dios sella su amor estableciendo una Alianza, a la que jamás renunciará. Si el pueblo obedece a su ley, conocerá la libertad para siempre. El Éxodo y la Alianza no son solamente acontecimientos del pasado; son para siempre el destino de todo el pueblo de Dios. El encuentro entre Dios y Moisés en este monte encierra en el corazón de nuestra religión el misterio de la obediencia liberadora, que llega a su culmen en la obediencia perfecta de Cristo en la encarnación y en la cruz (cf. Flp 2, 8; Hb 5, 8-9). También nosotros seremos verdaderamente libres si aprendemos a obedecer como hizo Jesús (cf. Hb 5, 8). b) Los mandamientos, antes de ser escritos en piedra fueron escritos en el corazón del hombre como ley moral universal, válida en todo tiempo y lugar. o Salvan al hombre de la fuerza destructora del egoísmo, del odio y de la mentira. Señalan todos los falsos dioses que lo esclavizan. - Los diez mandamientos no son una imposición arbitraria de un Señor tirano. Fueron escritos en la piedra; 4 Salustio, De coniuratione Catilinae, XX, 4. 5 Cf. San Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CCL 27, 32. 6 El Monte Sinaí está situado al sur de la Península del Sinaí, al nordeste de Egipto, y es el lugar donde, según la Biblia (Libro del Éxodo), Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos o el Decálogo, que es una palabra griega que significa “diez palabras”, que son el “núcleo de la ética del antiguo Testamento y mantienen su valor en el Nuevo Testamento: Jesucristo los recuerda frecuentemente (cfr. Lucas 18,20) y los completa (cfr. Mateo 5, 17,ss). Los Santos Padre y los Doctores de la Iglesia los han comentado con profusión pues, como señala Santo Tomás, todos los preceptos de la ley natural están incluidos en el Decálogo: los universales, p.ej. hacer el bien y evitar el mal, están «contenidos como los principios en sus próximas conclusiones», y los particulares que se deducen por raciocinio, se hallan contenidos «como conclusiones en sus principios»” (Summa theologiae, 1-2, 100,3). (Antiguo Testamento, Pentateuco, Eunsa 2º edición, agosto 2000, Éxodo 20, 1-21). 5 pero antes fueron escritos en el corazón del hombre como ley moral universal, válida en todo tiempo y en todo lugar. Hoy, como siempre, las diez palabras de la ley proporcionan la única base auténtica para la vida de las personas, de las sociedades y de las naciones. Hoy, como siempre, son el único futuro de la familia humana. Salvan al hombre de la fuerza destructora del egoísmo, del odio y de la mentira. Señalan todos los falsos dioses que lo esclavizan: el amor a sí mismo que excluye a Dios, el afán de poder y placer que altera el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la de nuestro prójimo. Si nos alejamos de estos falsos ídolos y seguimos a Dios, que libera a su pueblo y permanece siempre con él, apareceremos como Moisés, después de cuarenta días en el monte, "resplandecientes de gloria" (san Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 230), envueltos en la luz de Dios. c) Guardar los mandamientos significa ser fieles a Dios, pero también a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza y a nuestras aspiraciones más profundas. - Guardar los mandamientos significa ser fieles a Dios, pero también ser fieles a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza y a nuestras aspiraciones más profundas. El viento que aún hoy sopla en el Sinaí nos recuerda que Dios quiere ser honrado en sus criaturas y en su crecimiento: gloria Dei, homo vivens. En este sentido, ese viento lleva una insistente invitación al diálogo entre los seguidores de las grandes religiones monoteístas para el bien de la familia humana. Sugiere que en Dios podemos encontrar nuestro punto de encuentro: en Dios omnipotente y misericordioso, Creador del universo y Señor de la historia, que al final de nuestra existencia terrena nos juzgará con perfecta justicia. 4. Las diez palabras, el decálogo. El decálogo nos revela a Dios, y a nuestro yo más profundo y al prójimo • Gianfranco Ravasi, pp. 79-80 7 : “Las «diez palabras» no son una simple codificación de normas morales universales. La obligación humana, en efecto, se inserta en el contexto de la Alianza entre Dios y el hombre, una realidad que es gracia, es don divino y revelación. No es casualidad que el texto comienza con una solemne autopresentación de Dios que se revela como el Salvador y el liberador de la esclavitud de Egipto8 . No estamos sólo ante una serie de nobles normas morales sino ante un diálogo en el que Dios indica su voluntad y el hombre adhiere con todo su ser, ante un diálogo en el que se entrelazan dos libertades, la divina y la humana”. o La primera palabra: “no tendrás otro Dios fuera de mí”. • El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2083), la formula así: Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mateo 22, 37) (Cf Lucas 10, 27). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor» (Deuteronomio 6, 4). • Pentateuco, Eunsa 2 ed. agosto 2000, Éxodo 20, 3-6: En el Decálogo este precepto abarca dos aspectos: el monoteísmo (v. 3) y la obligación de no adorar ídolos ni imágenes del Señor (vv. 4-6). Es en el rostro de nuestro hermano donde debemos buscar una huella del rasgo de Dios, y no en un objeto mágico • Ravasi, p. 80: “No se trata de una fría declaración filosófica de monoteísmo sino de una calurosa proclamación de adhesión total a Dios. (…) La segunda formulación [el segundo aspecto, según Eunsa] tiene un corte pastoral; Israel no tendrá nunca estatuas de su Dios y combatirá contra toda representación idolátrica de la divinidad porque la imagen más semejante a Dios es precisamente el hombre viviente, «creado a imagen y semejanza de Dios» (Génesis 1,27). Es en el rostro de nuestro hermano donde debemos buscar una huella del rasgo de Dios, y no en un objeto mágico”. (…) La tercera declaración [formulación o aspecto, vv. 5-6] es litúrgica; como responderá Jesús a satanás citando la Biblia, «Al Señor 7 Secondo le Scritture Anno B, Piemme IV edizione novembre 1996 pp. 79-84 8 v. 2: Yo soy el Señor, tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la esclavitud. 6 tu Dios adorarás y solamente a Él darás culto» (Mateo 4,10). En estas tres proclamaciones del primer mandamiento, encontramos una acusación contra las idolatrías modernas cuyos ídolos se llaman tal vez poder, dinero, sexo; encontramos un ataque contra nuestros intereses y supersticiones; encontramos una invitación a descubrir siempre detrás del rostro débil del hermano el perfil del Creador; encontramos una llamada al culto y al conocimiento siempre nuevos y profundos del estupendo misterio de Dios”. • Un Dios celoso (vv. 5-6): “no se trata del “celo” en el sentido peyorativo (amor egoísta), sino en el sentido de quien quiere custodiar celosamente la felicidad y la libertad del hombre (amor altruista). El hombre, para la Biblia, es feliz y libre en tanto en cuanto confía en Dios y acoge su proyecto de vida. Si confía en otros dioses, acogiendo sus proyectos, pierde la felicidad y la libertad. El riesgo de la idolatría es la esclavitud”. (cfr. Temi di predicazione – Omelie 1/2009, III Domenica di Quaresima, Tiziano Lorenzin p. 46) o Segunda palabra o mandamiento. «No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano». (v. 7) • Ravasi p. 80: “No es solamente una condenación de la blasfemia: la «vanidad» en la Biblia es el ídolo y, por tanto, el segundo mandamiento condena toda reducción de la persona (el «nombre») de Dios a un subrogado para nuestras maniobras”. o Tercera palabra o mandamiento. Recuerda el día del sábado para santificarlo. (vv. 8-11). • Ravasi, pp. 80-81: El sábado es para Israel como un templo erigido en el tiempo. Nosotros conducimos a este santuario interior las fatigas, las alegrías, las lágrimas de los seis días feriales para transformarlas en alabanza, en súplica, para consagrarlos a Dios. El séptimo día de la creación Dios ha vuelto a su esplendor de la santidad celeste después de haber pasado al mundo maravillas cósmicas. Así, también nosotros, en el día del Señor no debemos dominar más las cosas, sino descubrir su sentido participando en la vida divina y celeste. Por tanto, no son horas de reposo inerte y vacío, sino para descubrir la paz interior. No por nada la tradición judía pone en boca de Dios esta definición pintoresca del sábado: «Israel, yo poseo en mi tesorería un don precioso que quiero regalarte, el sábado». Seis palabras o mandamientos, de la segunda tabla del Decálogo, que regulan las relaciones entre los hombres (vv. 12-17) o Cuarta palabra: Honra a tu padre y a tu madre (v. 12) • Ravasi p. 81: “El Sirácida/Eclesiástico, sabio bíblico del II siglo a.C, escribe (3,18): «El que abandona al padre es como un blasfemo; y es maldito del Señor quien exaspera a su madre». Pero el cuarto mandamiento es también una llamada a participar activamente en toda la vida de la familia y de la sociedad civil”. o Quinto mandamiento: No matarás (v. 13) • Ravasi p. 81: “El «no matar» puede ser entendido en positivo como la tutela de la vida en todas sus manifestaciones”. • Pentateuco, Eunsa: Nuestro Señor ahondará en el sentido positivo de este mandamiento, explicando la obligación de practicar la caridad ( cfr Mt 5, 21-26). Cfr. CEC 2262: [rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún ...] o Sexto mandamiento: no cometerás adulterio (v. 14) • Ravasi p. 81: Exalta la santidad del matrimonio y la transparencia de la donación del amor. o Séptimo mandamiento: no robarás (v. 15) • Ravasi p. 81: “En su sentido original significaba «no cometer secuestro de persona»: es por tanto una defensa de la libertad individual que puede ser destruida también cuando al hombre se le quitan los bienes para vivir y realizarse”. • Catecismo de la Iglesia … n. 2414: El séptimo mandamiento proscribe los actos o empresas que, por una u otra razón, egoísta o ideológica, mercantil o totalitaria, conducen a esclavizar seres humanos, a menospreciar su dignidad personal, a comprarlos, a venderlos y a cambiarlos como mercancía. Es un pecado contra la dignidad de las personas y sus derechos fundamentales reducirlos por la violencia a la condición de 7 objeto de consumo o a una fuente de beneficio. S. Pablo ordenaba a un amo cristiano que tratase a su esclavo cristiano «no como esclavo, sino... como un hermano... en el Señor» (Filemón 16). • Catecismo … n. 2409: Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al séptimo mandamiento. Así, retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio (Cf Deuteronomio 25, 13-16), pagar salarios injustos (Cf Deuteronomio 24, 14-15; Santiago 5, 4), elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas (Cf Amós 8, 4-6). Son también moralmente ilícitos, la especulación mediante la cual se pretende hacer variar artificialmente la valoración de los bienes con el fin de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupción mediante la cual se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; la apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de cheques y facturas, los gastos excesivos, el despilfarro. Infligir voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas es contrario a la ley moral y exige reparación. • Eunsa, Pentateuco: Este mandamiento condena en primer lugar el rapto de personas para después venderlas como esclavos (cfr. Deuteronomio 24,7); pero es indudable que abarca toda apropiación injusta de bienes ajenos. o Octavo mandamiento: No darás falso testimonio contra tu prójimo (v. 16) • Ravasi p. 81: La lucha contra el falso testimonio, fundamental en una sociedad «oral» y basada sobre la palabra como es el caso del Antiguo Oriente, es la celebración del derecho al honor y a la dignidad de la persona en el ámbito público y procesal. o Noveno/décimo mandamientos: No codiciarás los bienes de tu prójimo; ni codiciarás la mujer de tu prójimo ... (v. 17) • Pentateuco, Eunsa: La redacción de este precepto difiere de la del Deuteronomio: allí se distingue entre el deseo de la mujer del prójimo y la codicia de sus bienes (crf. Deuteronomio 5,21). (...) Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento proscribe la concupiscencia de la carne; el décimo prohíbe la codicia del bien ajeno (CEC n. 2514). La codicia • “La codicia conduce a distintas formas de robo. Así, lleva al comerciante a falsear las balanzas, a especular y a hacer dinero de todo (Amós 8, 5-6; Sirácida 26, 29; 27, 1-2); al rico a hacer extorsiones y acaparar propiedades (Amós 5, 12; Isaías 5, 8; Miqueas 2, 2), a explotar a los pobres (Nehemías 5, 1-5; 2 Reyes 4, 1; Amós 2, 6), incluso negando el salario merecido (Jeremías 22, 13); al jefe y al juez a exigir cohechos (Isaías 33, 15; Mi 3, 1 1; Proverbios 28, 16), a violar el derecho (Is 1, 23; 5, 23; Miqueas 7, 3) (151). La codicia es directamente opuesta al amor del prójimo y, sobre todo, de los pobres, a los que la ley debe proteger (Éxodo 20, 17; 22, 24; Deuteronomio 24, 10-21). Mientras que Yahvé prescribe: «No endurezcas tu corazón» (Deuteronomio 15, 7), el codicioso es un hombre que tiene el alma seca (Sirácida 14, 8-9), pues no tiene compasión (27,1)”. La propiedad privada • La propiedad privada: a) no es un derecho absoluto e incondicionado (Cfr. Pablo VI, Enc. Populorum progressio); b) todos los hombres tienen derecho a acceder a la propiedad; c) la propiedad asegura una autonomía personal y familiar que es ampliación de la libertad humana, condición de las libertades civiles; d) cuando se habla del derecho a la propiedad privada se piensa, sobre todo, en los que no gozan de ella. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
Domingo 5º de Cuaresma (2015). Año B. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto». La imagen del grano de trigo es una fórmula básica de la vida cristiana. Los discípulos de Cristo debemos aprender a renunciar a nosotros mismos. Y como sucedió en la vida de Cristo, la renuncia a nosotros mismos encierra un misterio de fecundidad y de resurrección. El Señor interpreta todo su itinerario terrenal como el proceso del grano de trigo, que solamente mediante la muerte llega a producir fruto. Podemos tener la impresión de que en la tierra la energía de la semilla es destinada a apagarse; en efecto, la semilla se marchita y muere. Sin embargo, nos encontramos ante la eterna sorpresa de la naturaleza: cuando la cosecha se vuelve amarilla en el verano es cuando se desvela el secreto fecundo de aquella muerte. Que nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla.
1 Domingo 5º de Cuaresma (2015). Año B. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto». La imagen del grano de trigo es una fórmula básica de la vida cristiana. Los discípulos de Cristo debemos aprender a renunciar a nosotros mismos. Y como sucedió en la vida de Cristo, la renuncia a nosotros mismos encierra un misterio de fecundidad y de resurrección. El Señor interpreta todo su itinerario terrenal como el proceso del grano de trigo, que solamente mediante la muerte llega a producir fruto. Podemos tener la impresión de que en la tierra la energía de la semilla es destinada a apagarse; en efecto, la semilla se marchita y muere. Sin embargo, nos encontramos ante la eterna sorpresa de la naturaleza: cuando la cosecha se vuelve amarilla en el verano es cuando se desvela el secreto fecundo de aquella muerte. Que nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla. Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno B, V Domenica di Quaresima, Piemme 1996, pp. 90-96; Cfr. san Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor; Cfr. Raniero Cantalamessa, jueves, 30 marzo 2006 (ZENIT.org). Cfr. V Domingo de Cuaresma (ciclo B) 22 de marzo de 2015 Jeremías 31, 31-34; Salmo 50; Hebreos 5, 7-9; Juan 12, 20-33 Juan 12, 20-33: 20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. 21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: « Señor, queremos ver a Jesús. » 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 23 Jesús les respondió: « Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. 24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28 Padre, glorifica tu Nombre. » Vino entonces una voz del cielo: « Le he glorificado y de nuevo le glorificaré. » 29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: « Le ha hablado un ángel. » 30 Jesús respondió: « No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» 33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna (Juan 12, 24-25) 1. La parábola del grano de trigo que muere nos ayuda a entender a Cristo y también a nosotros mismos, entendiendo el sentido de nuestras vidas. A) El entendimiento de Cristo o Él es el grano de trigo • Jesús habló con frecuencia tomando ocasión de hechos de la vida de los agricultores, que él transforma en parábolas, en imágenes, para darnos luz sobre nuestras vidas. Así encontramos en el Evangelio, junto a la imagen de hoy sobre el grano de trigo, otras en las que habla del sembrador, del vino, del aceite, de la viña, de la vendimia .... La imagen del grano de trigo sirve para transmitirnos luz sobre la vida del mismo Jesús, y también sobre la nuestra. Todas las personas que conocen lo que sucede en la naturaleza lo saben bien: si el grano de trigo se deja escondido en el granero, al final se pierde; por el 2 contrario si se pudre cuando se ha sembrado en el campo, es generada una nueva vida. La simiente se corrompe para poder convertirse en una nueva planta. o Cristo, con su pasión, muerte y resurrección, cayó en la tierra y dio mucho fruto: la Iglesia o reino de Cristo. La “Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra salvación” • Con su pasión, muerte y resurrección, cayó en la tierra y trajo mucho fruto: ese «mucho fruto» es la Iglesia o reino de Cristo, que es su cuerpo místico del que formamos parte los cristianos y al que todos los hombres están llamados a formar parte 1 , aunque muchos no lo sepan. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la “Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra salvación”... que “nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la Cruz del mismo modo que Eva fue formada del costado de Adán adormecido” 2 . Para llegar a la Resurrección, Jesús tuvo que pasar por su muerte. Él aplicó a sí mismo la parábola del grano de trigo diciendo a continuación: “El que ama su vida la pierde; y el que odia [odiar es renunciar a sí mismo en el lenguaje semítico] su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna” (v. 25). Muerte y resurrección constituyen un doble aspecto del misterio Pascual, es decir, del paso de Jesús de la muerte a la vida: por la muerte nos liberó del pecado, y por la resurrección nos abrió el acceso a una nueva vida, que es la participación en su vida 3 . B) El grano de trigo nos ayuda también a entendernos a nosotros mismos y entender el sentido de nuestras vidas. o Los discípulos de Cristo debemos aprender a renunciar a nosotros mismos. Y como sucedió en la vida de Cristo, la renuncia a nosotros mismos encierra un misterio de fecundidad y de resurrección. • Cfr. Ravasi o.c. p. 93. “Jesús se da cuenta de que debe pasar a través de la vía oscura de la muerte para llevar a la humanidad a la vía luminosa de la vida divina. Sobre su rastro también el discípulo afronta ahora su «hora»4 , la de la muerte, sabiendo sin embargo que por medio de ella él se asoma a la «vida eterna» que, en el lenguaje de Juan, es sinónimo de plena y perfecta comunión con Dios. También Pablo escribe a los cristianos de Roma el mismo mensaje: «Si hemos sido injertados en él con una muerte como la suya, también lo seremos con una resurrección como la suya» (Romanos 6,5)” Además, la muerte a nosotros mismos - a la vanidad, a la envidia, al odio, al egoísmo, etc. etc.- deberá ser acompañada siempre por la esperanza en la vida, en la gloria y en la resurrección que nos esperan, según la promesa de Jesús: “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté allí estará también mi servidor (Juan 12, 26)”. 1 Cf. Conc. Vaticano II, Lumen gentium, 3 2 Catecismo … n. 766 3 Catecismo … n. 654 4 Ravasi o.c. p. 92: La «hora»: se trata del “momento fundamental en el que Jesús levantado de la tierra, atraerá a todos hacia sí (Juan 12,32). (…) Juan llama ese momento decisivo la «hora» por excelencia: «Ha llegado la hora ...». La humanidad, representada emblemáticamente por los griegos, prosélitos del judaísmo, que deseaban conocer a Jesús (cfr. Juan 12, 20-23) puede acceder a esa «hora». Y Cristo, a quienes quieren comprender el significado de su «hora» les enseña una pequeña parábola y enuncia la ley de la cruz”. • Ravasi o.c. pp. 95-96: “Hay dos polos en los que se refleja el significado de la Hora: por una parte el morir, perder la vida; por otra producir mucho fruto, encontrar la vida eterna. (…) Son, también, los dos rostros de la «exaltación»: (…) «cuando sea levantado de la tierra, atraeré todos hacia mí. La crucifixión de Cristo es la señal de su «elevación», en su doble verdad de muerte y de gloria. Sobre la cruz Jesús es matado como un malhechor; aparentemente es el momento de su derrota, el más clamoroso fracaso. Pero sobre la cruz se abre ya en el cuarto evangelio el ingreso de Cristo en la gloria, es ya el momento de su triunfo sobre el mal. En efecto, como la semilla que, muerta, ha producido la espiga, así Cristo Crucificado «atrae todos a sí». Toda la humanidad, emblemáticamente representada en los Griegos como primeros, converge ahora hacia lo alto, hacia la gloria, hacia la vida, hacia lo eterno”. 3 o Podemos tener la impresión de que en la tierra la energía de la semilla es destinada a apagarse; en efecto, la semilla se marchita y muere. Sin embargo, nos encontramos ante la eterna sorpresa de la naturaleza: cuando la cosecha se vuelve amarilla en el verano es cuando se desvela el secreto fecundo de aquella muerte. • Ravasi o.c. pp. 92-93: “Con la sugestiva imagen de la semilla que muere, iniciamos una interpretación muy original de la parábola de la semilla y del sembrador que ya había sido narrada por los otros evangelistas. Jesús trata como de liberar uno de los contrastes más trágicos de la existencia, el de la vida y la muerte. La semilla se hunde en la oscuridad de la tierra: los comentadores de los primeros siglos del cristianismo veían en ello una alusión simbólica a la encarnación del Hijo de Dios en el horizonte tenebroso de la historia. Podemos tener la impresión de que en la tierra la energía de la semilla es destinada a apagarse; en efecto, la semilla se marchita y muere. Sin embargo, nos encontramos ante la eterna sorpresa de la naturaleza: cuando la cosecha se vuelve amarilla en el verano es cuando se desvela el secreto fecundo de aquella muerte. En otra ocasión Jesús había confirmado la misma realidad, cuando se paró admirado ante un frondoso árbol de mostaza, que había nacido de una casi microscópica semilla abandonada por alguien en la tierra (Mc 4, 30-32). Si la semilla no hubiese caído en la tierra y no hubiese muerto, habría permanecido estéril y solitaria, porque solamente nace el fruto a través del sufrimiento y de la muerte. Pablo aplicará la imagen de Jesús al destino futuro del creyente, que se abre de ese modo a la esperanza de la resurrección: “Lo que tú siembras no revive si antes no muere; y lo que siembras no es el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano (1 Co 15, 36-37). o Jesús ya ve que se cierne sobre él la muerte, y sin embargo no nos la presenta como un monstruo devorador. Para Cristo tiene la fuerza secreta de un parto, encierra en sí un misterio de fecundidad y de resurrección. Jesús ya ve que se cierne sobre él la muerte, y sin embargo no nos la presenta como un monstruo devorador. Aunque ella sea tiniebla y laceración, para Cristo tiene la fuerza secreta de un parto, encierra en sí un misterio de fecundidad y de resurrección. Y bajo esta luz Jesús formula la grande ley de la cruz: «Quien ama su vida la pierde, y quien odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna». Quien se agarra a la propia vida considerándola como una piedra preciosa que hay que ocultar en la escribanía del propio egoísmo, es como una semilla cerrada en sí misma y estéril. Por el contrario, es diverso el destino de quien «odia su vida», expresión muy fuerte y paradójica en el lenguaje semita para indicar la renuncia a sí mismo: la donación a los demás es creativa, se transforma en fuente de paz, de vida y de felicidad. Es la semilla muerta que germina”. o Hay situaciones, ya en esta vida, sobre las cuales la parábola del grano de trigo arroja una luz tranquilizadora. • Cfr. R. Cantalamessa o.c.: Hay situaciones, ya en esta vida, sobre las cuales la parábola del grano de trigo arroja una luz tranquilizadora. Tienes un proyecto que te importa muchísimo; por él has trabajado, se había convertido en el principal objetivo en la vida, y he aquí que en poco tiempo lo ves como caído en tierra y muerto. Ha fracasado; o tal vez se te ha privado de él y se ha confiado a otro que recoge sus frutos. Acuérdate del grano de trigo y espera. Nuestros mejores proyectos y afectos (a veces el propio matrimonio de los esposos) deben pasar por esta fase de aparente oscuridad y de gélido invierno para renacer purificados y llenos de frutos. Si resisten a la prueba, son como el acero después de que ha sido sumergido en agua helada y ha salido “templado”. Como siempre, constatamos que el Evangelio no está lejos, sino muy cerca de nuestra vida. También cuando nos habla con la historia de un pequeño grano de trigo. 2. Una posible paradoja: la libertad vivida en el don de sí. • Juan Pablo II, en el n. 85 de la enc. Veritatis splendor, habla de la libertad del Hijo de Dios que se da, que da su vida por nosotros: “Cristo crucificado revela el significado auténtico de la libertad, lo vive plenamente en el don total de sí y llama a los discípulos a tomar parte en su misma libertad.” 4 3. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna (Juan 24-25) Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la visita a la Iglesia Evangélica Luterana de Roma. 14 de marzo de 2010 El significado de la indicación del Señor de “odiar” nuestra vida. o Cuando escuchamos esto, en un primer momento no nos agrada. Lo que aquí, en esta parábola cristológica, el Señor dice de sí mismo, lo aplica a nosotros en otros dos versículos: "El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna" (Jn 12,25). Creo que, cuando escuchamos esto, en un primer momento no nos agrada. Quisiéramos decir al Señor: "Pero, ¿qué dices, Señor? ¿Debemos odiar nuestra vida, odiarnos a nosotros mismos? ¿Nuestra vida no es un don de Dios? ¿No hemos sido creados a tu imagen? ¿No deberíamos estar agradecidos y alegres porque nos has dado la vida?". Pero la palabra de Jesús tiene otro significado. Naturalmente, el Señor nos ha dado la vida, y por ello le estamos agradecidos. Gratitud y alegría son actitudes fundamentales de la existencia cristiana. Sí, podemos estar alegres porque sabemos que mi vida procede de Dios. No es una casualidad sin sentido. Soy querido y soy amado. Jesús se refiere a quien se considera a sí mismo como una propiedad suya, y quiere vivirla sólo para sí. Cuando Jesús dice que deberíamos odiar nuestra propia vida, quiere decir algo muy diferente. Piensa en dos actitudes fundamentales. La primera es la de quien quiere tener para sí mismo su propia vida, de quien considera su vida casi como una propiedad suya, de quien se considera a sí mismo como una propiedad suya, por lo cual quiere disfrutar al máximo de esta vida, vivirla intensamente sólo para sí mismo. Quien actúa así, quien vive para sí mismo, y sólo piensa y se quiere a sí mismo, no se encuentra, se pierde. Y es precisamente lo contrario: no tomar la vida, sino darla. Esto es lo que nos dice el Señor. Y no es que tomando la vida para nosotros, la recibamos, sino dándola, yendo más allá de nosotros mismos, no mirándonos a nosotros mismos, sino entregándonos al otro en la humildad del amor, dándole nuestra vida a él y a los demás. Así nos enriquecemos alejándonos de nosotros mismos, liberándonos de nosotros mismos. Entregando la vida, y no tomándola, recibimos de verdad la vida. Nosotros sólo llegamos a ser nosotros mismos cuando nos entregamos. El seguimiento: estar con él. El Señor prosigue, afirmando en un segundo versículo: "Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre lo honrará" (Jn 12,26). Este entregarse, que en realidad es la esencia del amor, es idéntico a la cruz. En efecto, la cruz no es más que esta ley fundamental del grano de trigo que muere, la ley fundamental del amor: que nosotros sólo llegamos a ser nosotros mismos cuando nos entregamos. Sin embargo, el Señor añade que este entregarse, este aceptar la cruz, este alejarse de sí mismos, es estar con él, pues nosotros, yendo en pos de él y siguiendo el camino del grano de trigo, encontramos el camino del amor, que en un primer momento parece un camino de tribulación y de sufrimiento, pero precisamente por eso es el camino de la salvación. El seguimiento, el estar con él, que es el camino, la verdad y la vida, forma parte del camino de la cruz, que es el camino del amor, del perderse y del entregarse. Este concepto incluye también el hecho de que este seguimiento se realiza en el "nosotros", que ninguno de nosotros tiene su propio Cristo, su propio Jesús, sino que sólo lo podemos seguir si caminamos todos juntos con él, entrando en este "nosotros" y aprendiendo con él su amor que entrega. El seguimiento se realiza en este "nosotros". El "ser nosotros" en la comunidad de sus discípulos forma parte del ser cristianos. También en la sociedad actual es necesario redescubrir el valor de la entrega de nosotros mismos. o Excepto en momentos de emergencia, en nuestra época hay una mentalidad particularmente sensible a las tentaciones del egoísmo. • Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma del 2003: “Nuestra época está influenciada, lamentablemente, por una mentalidad particularmente sensible a las tentaciones del egoísmo, siempre dispuesto a resurgir en el ánimo humano. Tanto en el ámbito social, como en el de los medios de 5 comunicación, la persona está a menudo acosada por mensajes que insistente, abierta o solapadamente, exaltan la cultura de lo efímero y lo hedonístico. Aun cuando no falta una atención a los otros en las calamidades ambientales, las guerras u otras emergencias, generalmente no es fácil desarrollar una cultura de la solidaridad. El espíritu del mundo altera la tendencia interior a darse a los demás desinteresadamente, e impulsa a satisfacer los propios intereses particulares. Se incentiva cada vez más el deseo de acumular bienes. Sin duda, es natural y justo que cada uno, a través del empleo de sus cualidades personales y del propio trabajo, se esfuerce por conseguir aquello que necesita para vivir, pero el afán desmedido de posesión impide a la criatura humana abrirse al Creador y a sus semejantes. ¡Cómo son válidas en toda época las palabras de Pablo a Timoteo: «el afán de dinero es, en efecto, la raíz de todos los males, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores», (1 Timoteo 6, 10)”. 4. La libertad y la entrega se sostienen mutuamente. • Amigos de Dios, n. 31: “Querría grabarlo a fuego en cada uno: la libertad y la entrega no se contradicen; se sostienen mutuamente. La libertad sólo puede entregarse por amor; otra clase de desprendimiento no la concibo. No es un juego de palabras, más o menos acertado. En la entrega voluntaria, en cada instante de esa dedicación, la libertad renueva el amor, y renovarse es ser continuamente joven, generoso, capaz de grandes ideales y de grandes sacrificios. Recuerdo que me llevé una alegría cuando me enteré de que en portugués llaman a los jóvenes os novos. Y eso son. Os cuento esta anécdota porque he cumplido ya bastantes años, pero al rezar al pie del altar al Dios que llena de alegría mi juventud (Salmo 42,4), me siento muy joven y sé que nunca llegaré a considerarme viejo; porque, si permanezco fiel a mi Dios, el Amor me vivificará continuamente: se renovará, como la del águila, mi juventud. Por amor a la libertad, nos atamos. Unicamente la soberbia atribuye a esas ataduras el peso de una cadena. La verdadera humildad, que nos enseña Aquel que es manso y humilde de corazón, nos muestra que su yugo es suave y su carga ligera: el yugo es la libertad, el yugo es el amor, el yugo es la unidad, el yugo es la vida, que El nos ganó en la Cruz”. 5. El hombre se encuentra plenamente a sí mismo por la entrega. La actitud de servicio en dos situaciones de la vida. o a) En el ejercicio del sacerdocio ministerial • Exhortación apostólica Pastores dabo vobis, n. 21: “Jesucristo es Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo. Es «Cabeza» en el sentido nuevo y original de ser «Siervo», según sus mismas palabras: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45). El servicio de Jesús llega a su plenitud con la muerte en cruz, o sea, con el don total de sí mismo, en la humildad y el amor: «se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz ...» (Flp 2, 78). La autoridad de Jesucristo Cabeza coincide pues con su servicio, con su don, con su entrega total, humilde y amorosa a la Iglesia. Y esto en obediencia perfecta al Padre: él es el único y verdadero Siervo doliente del Señor, Sacerdote y Víctima a la vez. (...) La vida espiritual de los ministros del Nuevo Testamento deberá estar caracterizada, pues, por esta actitud esencial de servicio al Pueblo de Dios (cf. Mt 20, 24ss,; Mc 10, 43-44), ajena a toda presunción y a todo deseo de «tiranizar» la grey confiada (cf. 1 Pe 5, 2-3). Un servicio llevado como Dios espera y con buen espíritu. De este modo los ministros, los «ancianos» de la comunidad, o sea, los presbíteros, podrán ser «modelo» de la grey del Señor que, a su vez, está llamada a asumir ante el mundo entero esta actitud sacerdotal de servicio a la plenitud de la vida del hombre y a su liberación integral.” o b) En el matrimonio y en la familia El don sincero de sí es el criterio moral de la autenticidad de las relaciones conyugales y familiares • Exhortación apostólica Familiaris consortio, n. 22: “El criterio moral de la autenticidad de las relaciones conyugales y familiares consiste en la promoción de la dignidad y vocación de cada una de las personas, las cuales logran su plenitud mediante el don sincero de sí mismas”. El don de sí mismo de los esposos es modelo y norma del don de sí entre los hermanos 6 • san Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, n. 37: La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad, representa la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. www.parroquiasanramonica.com Vida Cristiana
Cuaresma 2016. Mensaje de Papa Francisco, Misericordia quiero y no sacrificio. Las obras de misericordia en el camino jubilar. «La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios». La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales.
1 Cuaresma 2016. Mensaje de Papa Francisco, Misericordia quiero y no sacrificio. Las obras de misericordia en el camino jubilar. «La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios». La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Cfr. Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2016, Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar. 26 de enero de 2016 1. MARÍA, ICONO DE UNA IGLESIA QUE EVANGELIZA PORQUE ES EVANGELIZADA o «La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» En la Bula de convocatoria del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios. o La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada precisamente a las entrañas maternas (rahamim) y a una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales. María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada precisamente a las entrañas maternas (rahamim) y a una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales. 2. LA ALIANZA DE DIOS CON LOS HOMBRES: UNA HISTORIA DE MISERICORDIA El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y compasión viscerales, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos ante un auténtico drama de amor, en el que Dios desempeña el papel de padre y marido traicionado, mientras que Israel el del hijo/hija y esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cfr. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo. 2 o Dios derrocha su ilimitada misericordia: hace del Hijo hecho hombre la «Misericordia encarnada». El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella. Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él, Dios derrocha su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella. Es éste el corazón del kerygma 1 apostólico, en el que la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de varias maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo así la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa. 3. LAS OBRAS DE MISERICORDIA La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. o Que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina». La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y ordinarios, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: alimentarlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» 1 Nota de la Redacción de Vida Cristiana: El término kerigma proviene del griego κήρυγμα ('anuncio', 'proclamación') y significa el anuncio de una buena noticia. Se trata de la proclamación de Jesucristo por parte de los cristianos. Es el primer anuncio de la salvación; es la buena noticia de que Jesús nos ama y ha muerto y resucitado por nosotros. Kerigma o mensaje: “proclamar, pregonar, anunciar, dar a conocer, predicar”. Tres elementos constitutivos del kerygma (según el Nuevo Testamento) son: 1 el acto de anunciar, de comunicar por parte de un heraldo (el apóstol, el profeta, el evangelizador); 2 un contenido; 3 que se convierte en un acontecimiento de salvación para quien lo acoge por la fe y la conversión. El kérygma es Cristo Jesús en cuanto Mesías muerto y resucitado para salvación de todos y en cuanto promesa cumplida por el Padre y anunciada por los profetas. 3 (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cfr. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe. o El pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder, no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Ante este amor fuerte como la muerte (cfr. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder, no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser ese engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cfr. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y ese ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el que resuena siniestramente el diabólico «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos. o La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Misericordias corporales y espirituales. Nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado, el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente, tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado, el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el 4 Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abraham: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida. No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, ante la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cfr. Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cfr. Lc 1,38). Vaticano, 4 de octubre de 2015, Fiesta de San Francisco de Asís. FRANCISCUS www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
Cuaresma 2016, domingo 1º, año C. En el Año de la Misericordia reflexionemos sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración.
1 Cuaresma 2016, domingo 1º, año C. En el Año de la Misericordia reflexionemos sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración. cfr. Domingo 1º de Cuaresma, año C. 14 de febrero 2016 - Lucas 4, 1-13; Romanos 10, 8-13; Dt 26, 4-10 Romanos 10, 8-13: ¿Hermanos, qué dice la Escritura? = Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón =. Sed refiere a la palabra de la fe que nosotros proclamamos. 9 Porque, si confiesas con tu boca: «Jesús es Señor», y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, te salvarás. 10 Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. 11 Ya la Escritura dice: = Todo el que cree en él no quedará confundido. = 12 Pues no hay distinción entre judío y griego; porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que le invocan. 13 = Porque todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. = Lucas 4 1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu en el desierto, 2 durante estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y al final sintió hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: « Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. » 4 Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre». 5 Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; 6 . y le dijo el diablo: « Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. 7 . Si, pues, me adoras, toda será tuya. » 8 . Jesús le respondió: « Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto. » 9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: « Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; 10 porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. 11 Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna. » 12 Jesús le respondió: « Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios. » 13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno. EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA Que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. (Cfr. Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2016, Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar. 26 de enero de 2016) 1. La Cuaresma es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. A) Esta finalidad de la conversión del tiempo de Cuaresma está claramente indicada en la Liturgia de hoy. a) Oración Colecta de la Misa: “Al celebrar un año más la santa cuaresma, concédenos, Dios Todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”. b) Oración después de la comunión: “Haznos sentir hambre de Cristo pan vivo y verdadero y enséñanos a vivir de toda palabra que sale de su boca”. B) Sólo quien cree en el Señor encontrará la salvación. o Como una de las consecuencias, la misión de quien hace catequesis (en cualquiera de sus formas) es importante y clara. El catequista tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. 2 • Romanos 10, 13 (segunda Lectura): “Porque todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”. • Juan Pablo II, Homilía en el jubileo de los catequistas y profesores de religión, 10/12/2000: “Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. Como el Precursor, el catequista no debe enaltecerse a sí mismo, sino a Cristo. Todo está orientado a él: a su venida, a su presencia y a su misterio. El catequista debe ser voz que remite a la Palabra, amigo que guía hacia el Esposo”. C) Rasgad los corazones, y no las vestiduras Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa, Bendición e imposición de la ceniza, Miércoles de Ceniza, 13de febrero de 2013. La conversión, el volver a Dios, solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Señor penetra en nuestro interior y lo remueve dándonos la fuerza de «rasgar el corazón» y no las vestiduras. También hoy muchos están dispuestos a «rasgarse las vestiduras» ante escándalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio «corazón», sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta. Hay que subrayar la expresión «de todo corazón», que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, desde la raíz de nuestras decisiones, elecciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero, es posible este retorno a Dios? Sí, porque existe una fuerza que no reside en nuestro corazón, sino que brota del mismo corazón de Dios. Es la fuerza de su misericordia. Continúa el profeta: «Convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas» (Joel 2, 13). El retorno al Señor es posible por la ‘gracia’, porque es obra de Dios y fruto de la fe que ponemos en su misericordia. Este volver a Dios solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Señor penetra en nuestro interior y lo remueve dándonos la fuerza de «rasgar el corazón». Una vez más, el profeta nos transmite de parte de Dios estas palabras: «Rasgad los corazones y no las vestiduras» (v. 13). En efecto, también hoy muchos están dispuestos a «rasgarse las vestiduras» ante escándalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio «corazón», sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta. D. La Cuaresma es el tiempo oportuno para oír los silbidos del buen Pastor. o Nos llama a cada uno por nuestro nombre, con el apelativo familiar con el que nos llaman las personas que nos quieren. La ternura de Jesús, por nosotros, no cabe en palabras. Es Cristo que pasa, n. 59 “Exhortamur ne in vacuum gratiam Dei recipiatis (2 Corintios 6,1), os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque la gracia divina podrá llenar nuestras almas en esta Cuaresma, siempre que no cerremos las puertas del corazón. Hemos de tener estas buenas disposiciones, el deseo de transformarnos de verdad, de no jugar con la gracia del Señor. (…) No podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza. Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis (2 Corintios 6,2): éste es el tiempo oportuno, que puede ser el día de la salvación. Otra vez se oyen los silbidos del buen Pastor, con esa llamada cariñosa: ego vocavi te nomine tuo (Isaías 43,1). Nos llama a cada uno por nuestro nombre, con el apelativo familiar con el que nos llaman las personas que nos quieren. La ternura de Jesús, por nosotros, no cabe en palabras. 3 2. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración. A) El ayuno o El ayuno radical, el ayuno de nosotros mismos, la verdadera conversión. Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, anno C, pp. 76-80 1 El ayuno nos lleva a aprender a no ser esclavos de nada, a ser desprendidos. • El ayuno nos lleva a aprender a no ser esclavos de nada, a ser desprendidos. Buscamos no ser esclavosno solamente de la comida y de la bebida sino también de las sensaciones que nos esclavizan, de valores de mero consumo, de vicios; del odio, de la venganza, de la frivolidad, de la vanidad ... Junto al ayuno corporal existe el ayuno al que se refiere san Pablo (Romanos 12, 2): “No os amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto”. El ayuno de “nosotros mismos”: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo”. “Iba de pequeño con mi padre al río, para cavar el tocón de los chopos cortados recientemente; se quitaba el terreno de alrededor y se cortaban, a medida que surgían, todas la raíces laterales y superficiales. Entonces yo, que era inexperto, comenzaba a empujar el chopo como si se pudiese moverlo con un sencillo empujón. El chopo, como muchos otros árboles, tiene una raíz-madre que cala a plomo en el terreno y es inamovible; hasta que no se corta esa raíz no se obtiene nada. Así nos sucede a nosotros: podemos cortar con tantos vínculos o necesidades: con los alimentos, con las cosas, con los demás, pero hasta que no metemos el hacha en nuestro “yo” viejo, tenaz y egoísta, no se avanza un centímetro en el camino del Evangelio. Permanecemos al otro lado de la verdadera conversión. Ésa es nuestra raíz que alimenta y hace crecer a las demás. Puede darse el asceta que atormenta su cuerpo, privado de todo, que está reducido a la piel y a los huesos por la penitencia, pero que está lleno de sí mismo y de su ascética: éste sería un hombre que debe convertirse todavía. Cada año, en Cuaresma, llamándonos a la conversión, la palabra de Dios nos llama a esa difícil operación. ¿Pero es necesario cortar con el hacha esa precisa raíz? ¿Por qué hay que entrar en conflicto con nosotros mismos? Porque es el lugar de Dios. Nuestro yo lo ocupa como un usurpador. El hombre, después del pecado, es como una ciudad fortificada pasada manos del enemigo: aunque cueste a quien la ha construida y habita en ella, hace falta desmantelarla, si no, desde allí, el enemigo no dejará de golpearnos. Desde ese sitio sabemos sobre quién estamos fundados y enraizados, quién es el sostén y la «roca» de nuestra vida, en quién nos centramos: en Dios o en nosotros mismos. ¡Pablo dice que nosotros debemos estar «enraizados y edificados» en Cristo Jesús. (Colosenses 2,7)!” (R. Cantalamessa, o.c. pp. 77-78). • Descendiendo a lo concreto. ¿Cuándo chupamos la linfa y nos alimentamos con aquella vieja raíz? Cuando dejamos que sea el “yo” viejo y pecador quien habla en nosotros, y expresa libremente sus juicios, sus condenas, quien destila resentimientos y rencores; cuando cedemos a la ira, a los celos y a la autocompasión. A veces, en esos casos, se tiene como la impresión física de chupar de aquella raíz venenosa; el espíritu se oscurece, se cierra en sí mismo, respiramos aire de muerte dentro de nosotros. Cuando nos sorprendemos en ese estado, debemos cortar enseguida con aquel hilo de los pensamientos, renegarlos, oponer a ellos pensamientos contrarios de amor, de perdón, de pureza, de misericordia: reconocer el error. Así se pone «el hacha en la raíz de los árboles» (Mateo 3,10): «Si con la ayuda del Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis» (Romanos 8,13). Éste es el verdadero ayuno espiritual, el ayuno de nosotros mismos. Sus frutos son la paz, la alegría, la concordia, la comunidad; en una palabra, «la vida nueva»”. (R. Cantalamessa, o.c. p. 78). o Razones para el ayuno Cfr. Indicaciones litúrgico-pastorales sobre el ayuno y la oración por la paz en preparación al encuentro de Asís del 24 de enero de 2002 1 Traducción de la redacción de VIDA CRISTIANA. 4 Como vivimos en una cultura “individualista”, las razones del ayuno son : impide que nos convirtamos en “puros consumidores”; nos ayuda a adquirir el fruto del Espíritu que es el dominio de sí (Cfr. Gálatas 5); nos predispone al encuentro con Dios y nos convierte en personas atentas a las necesidades de los demás. Son ayunos alternativos al ayuno y abstinencia de alimentos: el ayuno del tabaco y de alcohólicos (que también hace bien al cuerpo, además de, en primer lugar, al alma); el ayuno de las imágenes violentas y sensuales de medios de comunicación (TV etc.), de espectáculos, el ayuno de pensamientos hostiles, que hace que nuestros corazones sean pacificadores, etc. También estos “demonios” son vencidos solamente con el ayuno y la oración. o En los días de Cuaresma, que preceden a la fiesta pascual, se nos exige con más urgencia una purificación del espíritu. La purificación espiritual por el ayuno, no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios. De los sermones de san León Magno, papa, Sermón 6 sobre la Cuaresma. • Cuando se avecinan estos días, consagrados más especialmente a los misterios de la redención de la humanidad, estos días que preceden a la fiesta pascual, se nos exige, con más urgencia, una preparación y una purificación del espíritu. Porque es propio de la festividad pascual que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, no sólo aquellos que nacen en el sagrado bautismo, sino también aquellos que, desde hace tiempo, se cuentan ya en el número de los hijos adoptivos. Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo; así viviremos, en santos ayunos, esta Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios. B) La caridad/limosna o La limosna incluye una extensa gama de obras de misericordia (S. León Magno) • Caridad/Limosna: para sentirnos responsables de las necesidades de los demás. S. León Magno, papa (390-461). La limosna: incluye una extensa gama de obras de misericordia: son variadísimas (De los Sermones sobre la Cuaresma, Sermón 6º, 1-2 PL 54, 285-287): “Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Los ángeles dijeron: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; con ello nos enseñaron que todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz. Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición.” • Nos sentiremos responsables de las necesidades de los demás, de la sociedad civil, de hacer fructificar al servicio de los demás nuestras capacidades de todo tipo que podamos tener ... Reconociendo a Cristo en las necesidades de los demás. o Este tiempo de penitencia y de reconciliación animará a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad auténtica, abierta a todas las dimensiones del hombre. Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma del 2001. Esta actitud interior llevará también a ofrecer, con corazón nuevo, la ayuda material a quien se encuentra en necesidad. 5 Que este tiempo de penitencia y de reconciliación anime a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad autentica, abierta a todas las dimensiones del hombre. Esta actitud interior los conducirá a llevar los frutos del Espíritu (cfr Gal 5, 22) y a ofrecer, con corazón nuevo, la ayuda material a quien se encuentra en necesidad. Un corazón reconciliado con Dios y con el prójimo es un corazón generoso. En los días sagrados de la Cuaresma la "colecta" asume un valor significativo, porque no se trata de dar lo que nos es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino de hacerse cargo con solidaria solicitud de la miseria presente en el mundo. Considerar el rostro doliente y las condiciones de sufrimiento de muchos hermanos y hermanas no puede no impulsar a compartir, al menos, parte de los propios bienes con aquellos que se encuentran en dificultad. Y la ofrenda de Cuaresma resulta todavía más rica de valor si quien la cumple se ha librado del resentimiento y de la indiferencia, obstáculos que alejan de la comunión con Dios y con los hermanos. El mundo espera de los cristianos un testimonio coherente de comunión y de solidaridad. Al respecto, las palabras del apóstol Juan son más que nunca iluminadoras: “Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1 Jn 3, 17). C) La oración. o Nos ayuda a encontrar la justa relación con Dios: la oración nos convierte porque cambia la dirección de nuestra mirada. En vez de mirarnos a nosotros, contemplamos a Dios en Cristo, para que todo sea orientado hacia El. Cfr. Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, 6/01/2001 a) La contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, está impregnada de este misterio, señalado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que san Jerónimo afirma con vigor: « Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo ». [n. 17] (…) b) Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: « Señor, enséñanos a orar » (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: « Permaneced en mí, como yo en vosotros » (Jn 15,4). [n. 32] c) Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.18 [n. 33] d) Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino « cristianos con riesgo ». En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición. Hace falta, pues, que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral.[n. 34]. e) Alimentarnos de la Palabra para ser « servidores de la Palabra » en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio.[n. 40] o Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre Cfr. Francisco, «Misericordiae vultus», Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, 11 de abril de 2015. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que 6 encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. 1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico en misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como « Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona[1] revela la misericordia de Dios. 2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
Suscribirse a:
Entradas (Atom)