sábado, 1 de septiembre de 2018

Domingo 22 del tiempo ordinario, Ciclo B. (2018). El corazón. “Toda nuestra obra en esta vida, queridos hermanos, consiste en curar los ojos del corazón para que puedan ver a Dios”




Ø  Domingo 22 del tiempo ordinario, Ciclo B. (2018). El corazón. “Toda nuestra obra en esta vida,

queridos hermanos, consiste en curar los ojos del corazón para que puedan ver a Dios” (San Agustín) En lo profundo del corazón está la raíz de todo bien y, por desgracia, de todo mal. Al conformar nuestro corazón al de Cristo, los cristianos podemos llevar a cabo lo más profundo de la vida: ser un don que se realiza al darse.  Jesús proclama en el Evangelio de hoy que la “pureza” no es una cuestión de una limpieza solamente exterior, sino del “corazón”. Las perversidades salen del corazón y contaminan el hombre. Para que la sociedad asuma un rostro verdaderamente humano y todos puedan afrontar el futuro con confianza, es necesario rehacer al hombre desde dentro. La transformación del corazón es atribuida al Espíritu Santo. Ya los profetas habían dicho al pueblo de Israel que Dios no aceptaba los sacrificios exteriores (la matanza de terneros y machos cabritos para ofrecerlos a Dios) porque tenían el corazón lejos de Él. El corazón es la sede de la personalidad moral. Son obras impuras no sólo «los pecados de la carne» en sentido estricto (fornicación, libertinaje, etc.), sino también la idolatría, los odios, la discordia, la ira, la envidia …  

v  Cfr. Dom. 22 tiempo ordinario, Año B 

 Deuteronomio  4, 1-2.6-8; Santiago 1, 17-18.21-22.27; Marcos 7, 1-8.14-15.21-23
 Salmo 15(14)  - 2 de septiembre  de 2018
Salmo 15 1 Salmo. De David. Yahveh, ¿quién morará en tu tienda? , ¿quién habitará en tu santo monte? 2 El que camina con integridad, el que practica la justicia, el que habla con corazón sincero, 3 y no calumnia con su lengua, no hace mal a su hermano, ni levanta infamia contra su prójimo; 4 el que tiene por vil al réprobo, y honra a los que temen al Señor; el que no se desdice aunque jure en propio daño, 5 el que no presta a usura su dinero, ni acepta soborno contra el inocente. Quien obra así jamás vacilará. 
 Marcos 7 1 . Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. 2. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, 3. - es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, 4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -. 5 Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: « ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras? » 6 . El les dijo: « Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. 8 . Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. 14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: « Oídme todos y entended. 15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.  21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.
Toda nuestra obra en esta vida, queridos hermanos,
consiste en curar los ojos del corazón para que puedan ver a Dios
(San Agustín, Sermo 88, 6)
De dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas …
Las perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.
(Marcos 7, 21.23, Evangelio de hoy)

En lo profundo del corazón está la raíz de todo bien

y, por desgracia, de todo mal.

(Juan Pablo II, 22 de junio de 2003, Discurso en Banja Luka (Bosnia)

1. Jesús proclama en el Evangelio de hoy que la “pureza” no es una cuestión de una limpieza solamente exterior, sino del “corazón”.


v  Las perversidades salen del corazón y contaminan al hombre.

  • Marcos 7: 14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: « Oídme todos y entended. 15 Nada hay fuera del hombre
que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.  21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.  Cfr. Mateo 15, 1-20
  • Se trata de doce  acciones negativas que, en cuanto que son elecciones que hace el hombre en su corazón,
vuelven impuro y contaminado a todo el sujeto, en cada acción es involucrada la totalidad de la existencia humana.

o   Extirpar un vicio del corazón produce sufrimiento y exige fatiga.

                            Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno B, Piemme  4ª edizione, XXII domenica.
·         “Jesús enumera doce acciones que son verdaderamente impuras, no tanto porque sean ritualmente indecorosas, sino
porque son moralmente indignas. Sobre la prostitución, el hurto, el homicidio, el adulterio, sobre la avaricia, la maldad, el fraude, el libertinaje, la envidia, la injuria, la insolencia, sobre la insensatez, se mide la autenticidad de la religiosidad, y no tanto sobre el lavarse las manos antes de comer, o sobre la purificación ritual del lavavajillas … Ciertamente es mucho más sencillo y cómodo adaptarse a un rito de purificación, mientras extirpar  un vicio del corazón produce sufrimiento, exige fatiga … ”.
·         “El corazón en la Biblia designa la conciencia, las decisiones fundamentales y su operatividad. Las verdaderas
impurezas nacen en el remolino de la libertad humana, y ahí debe brotar la genuina observancia, donde se juega el destino del hombre. Y no en la exterioridad de los trajes de ceremonia, de los alimentos rituales, de las frías rúbricas.”  

o   Para que la sociedad asuma un rostro verdaderamente humano y todos puedan afrontar el futuro con confianza, es necesario rehacer al hombre desde dentro.

asuma un rostro verdaderamente humano y todos puedan afrontar el futuro con confianza, es necesario rehacer al hombre desde dentro, curando las heridas y realizando una auténtica purificación de la memoria mediante el perdón recíproco. En lo profundo del corazón está la raíz de todo bien y, por desgracia, de todo mal (cf. Marcos 7,21-23). Allí es donde debe tener lugar el cambio, gracias al cual será posible renovar el entramado social y e
ntablar relaciones humanas abiertas a la colaboración entre las fuerzas vivas del país.

o   Hemos de cultivar la interioridad del hombre: la conversión constante.

·  Como muchos autores señalan, la novedad más profunda del perfeccionamiento del Antiguo Testamento realizado por Jesús es que traslada la ley del exterior al interior, de los labios al corazón,  de «fuera» a «dentro» del hombre.
Marcos, 7: Los escribas y fariseos piden explicaciones a Jesús porque «algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas» (v. 2). Y preguntan a Jesús: « ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras? » Jesús denuncia su hipocresía con unos razonamientos muy claros: a) se preocupan de prescripciones  solamente exteriores a los que califica como «preceptos de hombres» (v. 7): se aferran a esta «tradición de los hombres» y «dejan el precepto de Dios» (v. 8); b) lo que hace impuro al hombre son «las cosas que salen del hombre» y «nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro» (cfr. vv. 15-16.18-19). Antes de acabar su discurso insistirá: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades  salen de dentro y contaminan al hombre»  (vv. 21-23). Como se ve, son 12 las «malas intenciones» que pueden anidar en el corazón, una realidad interior al hombre que lleva a la materialidad de los gestos exteriores y que debe ser objeto de  saneamiento: de conversión.
§  Ya los profetas habían dicho al pueblo de Israel que Dios no aceptaba los sacrificios exteriores (la matanza de terneros y machos cabritos para ofrecerlos a Dios) porque tenían el corazón lejos de Él.
·  Ya los profetas habían dicho al pueblo de Israel que Dios no aceptaba los sacrificios exteriores (la matanza de terneros y machos cabritos para ofrecerlos a Yahvé) porque tenían el corazón lejos: “ ¡Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de animales cebados! La sangre de novillos, corderos y machos cabríos ¡no la quiero! ... No traigáis más ofrendas vanas. ¡Abomino del humo del incienso!  ...  dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien: buscad la justicia, proteged al oprimido ....” (cfr. Isaías 1, 10-17); “Este pueblo se me acerca con la boca, pero su corazón está lejos de mi” (Isaías 29, 13); cfr. Amos 5, 21-24). También los salmos (Cfr. 40, 7-9; 50, 5-15; 51, 18-19) destacan los sentimientos que  deben inspirar el sacrificio exterior: obediencia, acción de gracias, contrición.
·  El Catecismo de la Iglesia Católica explica muy bien esta problemática cuando dice que el sacrificio exterior, para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual (cfr. nn. 2100; 2611).  

o   Lo que Jesús pide es que nuestras vidas y el culto y los holocaustos no estén desligados de la pureza de corazón.

·  Lo que Jesús pide es que nuestras vidas y el culto y los holocaustos no estén desligados de la pureza de corazón, del ofrecimiento al Señor de la propia vida, de la búsqueda de la santidad personal y de la justicia y del amor hacia  los demás. San Lucas expone, a este respecto, con mucha sencillez las palabras del Señor:   “¡Hay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor de Dios!” (Lucas 11,42).  
·   “Jesucristo desenmascara (...) la hipocresía revestida de legalismo. Hay gentes que, so capa de bien, cumpliendo la mera letra de los preceptos, no cumplen su espíritu; no se abren al amor de Dios y del prójimo, y, bajo la apariencia de honorabilidad, apartan a los hombres del verdadero fervor, haciendo intolerable la virtud.[1]
·  Sencillas son  también otras  palabras del Señor a sus discípulos: «No todo el que me dice: Señor, Señor», entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos».

o   La transformación del corazón, que hará al pueblo capaz de observar plenamente la ley de Dios. Este cambio del corazón es atribuido por Ezequiel a la obra del Espíritu (Ez 36,  6-27),

·  Diccionario Ravasi  Cfr. Enseñanza, II, El conocimiento de Dios: El profeta Jeremías, por su parte, anuncia que en los últimos tiempos Dios establecerá con los hijos de Israel una nueva alianza, dentro de la cual escribirá su ley en su corazón, es decir, en lo que, según la Biblia, es el órgano mismo del conocimiento; en consecuencia, afirma: "No tendrán ya que instruirse mutuamente, diciéndose unos a otros: '¡Conoced al Señor!', pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -dice el Señor-, porque perdonaré su crimen y no me acordaré más de sus pecados" (Jr 31,34). La enseñanza escatológica de Yhwh no consiste en la comunicación de nuevas doctrinas o preceptos, sino en una transformación del corazón, que hará al pueblo capaz de observar plenamente la ley de Dios. Este cambio del corazón es atribuido por Ezequiel a la obra del Espíritu (Ez 36,26-27), que aparece así como el maestro interior del pueblo. Por medio del Espíritu Yhwh desempeñará algún día directamente la función de pastor de Israel (Ez 34,11-16 Jr 23,3 Jr 31,10).  
§  Al conformar nuestro corazón al de Cristo, los cristianos podemos llevar a cabo lo más profundo de la vida: ser un don que se realiza al darse.
Juan Pablo II, Catequesis 21/10/1998: Jesús, al obtenernos el don del Espíritu con el sacrificio de su vida, cumple la misión recibida del Padre: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Juan 10,10). El Espíritu Santo renueva nuestro corazón (Ezequiel 36,25-27 Jeremías 31,31-34), conformándolo al de Cristo. Así, el cristiano puede "comprender y llevar a cabo el sentido más verdadero y profundo de la vida: ser un don que se realiza al darse" (Evangelium vitae, 49). Esta es la ley nueva, "la ley del Espíritu, que da la vida en Cristo Jesús" (Romanos 8,2). Su expresión fundamental, a imitación del Señor que da la vida por sus amigos (Juan 15,13), es la entrega de si mismo por amor: "Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos" (1Juan 3,14). [La vida según el Espíritu]

v  Cuatro números en el Catecismo de la Iglesia Católica, entre los numerosos - todos importantes - sobre  el corazón.

o   El corazón es la sede de la personalidad moral.

·         n. 2517: El corazón es la sede de la personalidad moral:  “de dentro del corazón salen las intenciones
malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones” (Mt 15, 19). La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón:
«Mantente en la simplicidad y en la inocencia, y serás como los niños pequeños que ignoran la perversidad que destruye la vida de los hombres» (Hermas, Pastor 27, 1 [mandatum 2, 1]).

o   La educación de la conciencia garantiza la libertad y genera la paz del corazón.

·         n. 1784: La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al
niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o cura del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.

o   El corazón es lugar de la decisión, de la verdad, de la alianza, del encuentro de la alianza.

·         n. 2563.  El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión
semítica o bíblica: donde yo "me adentro"). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.

o   El Reino de los celos pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde.

·         n. 544.  El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con
un corazón humilde. (…) Los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los cielos" (Mt 5, 3); a los "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11, 25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Mc 2, 23  - 26; Mt 21, 18), la sed (cf. Jn 4, 6  - 7; Jn 19, 28) y la privación (cf. Lc 9, 58). Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf. Mt 25, 31  - 46).

2. Son obras impuras no sólo «los pecados de la carne» en sentido estricto (fornicación, libertinaje, etc.), sino también la idolatría, los odios, la discordia, la ira, la envidia …  

Cfr. san Juan Pablo II, Catequesis del 7 de enero de 1981
·         “Pablo, hablando de las «obras de la carne» (cfr. Gálatas 5, 11-21), menciona no sólo «fornicación,
impureza, libertinaje... embriaguez, orgías» - o sea, todo lo que, según un modo objetivo de comprender, tiene el carácter de los «pecados carnales» y del placer sensual unido con la carne - sino que menciona también otros pecados, a los que no solemos atribuir un carácter asimismo «carnal» y «sensual»: «idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias...» (Gálatas 5, 20-21).
            Según nuestras categorías antropológicas (y éticas) nos inclinaríamos más bien a llamar a todas las «obras» aquí enumeradas «pecados del espíritu» humano, en vez de pecados de la «carne». No sin motivo habríamos podido entrever en ellas más bien los efectos de la «concupiscencia de los ojos» o de la «soberbia de la vida» que los efectos de la «concupiscencia de la carne».
            Sin embargo, Pablo las califica a todas como «obras de la carne». Esto se entiende exclusivamente sobre el trasfondo de ese significado más amplio (en cierto sentido metonímico) que en las cartas paulinas asume el término «carne», contrapuesto no sólo y no tanto al «espíritu» humano cuanto al Espíritu Santo que obra en el alma (en el espíritu) del hombre.

3. Breve referencia a la insensatez, la última de las acciones enumeradas por el Señor que salen del corazón y contaminan al hombre.

v  La insensatez [sinónimos: estupidez, tontería, torpeza, necedad …]

·         Se consideran insensatas las personas que en su vida acumulan bienes para sí, pensando que de ello
depende la felicidad. Sin embargo, como se ha escrito muchas veces, la felicidad depende de lo que se da, no de lo que se acumula para sí.
·         Estas personas, después de haber sacrificado toda una vida para acumular bienes, al final se dan cuenta
de que no sólo no poseen los bienes, sino que son ellas mismas  poseídas por los bienes.
·         A este respecto se pueden recordar las palabras de San Agustín sobre aquello que debe constituir la obra
de nuestra vida: “Toda nuestra obra en esta vida, queridos hermanos, consiste en curar los ojos del corazón para que puedan ver a Dios” (Sermo 88, 6).

Vida Cristiana


[1] Cf..  Nuevo Testamento EUNSA,  nota a Lucas 11, 37-54.

viernes, 31 de agosto de 2018

“A mí me lo hicisteis”: por Santiago Agrelo

Lo sabemos desde que hemos sido llamados a la fe: nuestro Dios, aunque siempre escondido, aunque siempre misterio, está siempre cerca de nosotros, tan cerca como lo están de nuestro corazón los mandatos y decretos que nos mandó cumplir, la palabra de la Sagrada Escritura que escuchamos, el Pan de la Eucaristía que recibimos, los pobres con los que nos encontramos.
Dios se nos mostró cercano, bondadoso, pródigo, asombroso, sobrecogedor, en esta tierra que nos confió para que la cuidásemos y la trabajásemos.
Dios se nos hizo cercano como madre y padre que sube a sus hijos sobre sus rodillas, y les enseña a hablar, a discernir lo que lleva a la vida y lo que lleva a la muerte: Dios se nos reveló madre y padre que, con palabras humanas, con lazos humanos, nos ha enseñado a vivir.
Y al llegar a su plenitud los tiempos de la revelación, sin que nadie lo pudiera sospechar, sin que ningún profeta lo hubiese podido intuir, sin que ninguna razón lo pudiese prever, Dios se nos hizo tan cercano que “su Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”: en Cristo, Dios se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza; en Cristo, Dios se vació de sí mismo, “se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos”, y así, como uno cualquiera de nosotros, bajó con los pobres incluso a la muerte y a una muerte de cruz.
Entonces supimos que, en Cristo Jesús, Dios estaba tan cerca de nosotros como lo están los hermanos con quienes convivimos, como lo está la comunidad eclesial a la que pertenecemos, como lo están los necesitados que encontramos, como lo está el pan de la Eucaristía con que Cristo Jesús nos alimenta.
Y si alguien nos preguntase qué hay detrás de esa historia de Dios con nosotros, le diríamos que sólo hay amor, que la razón de todo es el amor, que todo viene del amor y todo lleva al amor, y sólo el amor puede honrar a Dios como Dios quiere ser honrado.
Si no lo honramos con la cercanía del corazón, amándolo allí donde él se nos hace cercano, a Dios sólo lo honraremos con los labios, que es una manera sarcástica de deshonrarlo.
Lo deshonra quien deja a un lado el mandamiento de Dios y se aferra a latines, a vestiduras, a genuflexiones, a sacralidades que son sólo tradiciones humanas.
Lo deshonramos adornando templos y olvidando a los pobres.
Lo deshonramos pidiendo que atienda nuestras oraciones y desoyendo su lamento en los oprimidos.
Lo deshonramos fingiendo recibirlo con respeto en la eucaristía y cubriéndolo de heridas y de injurias y de suciedad en los emigrantes.
Lo deshonramos apropiándonos de lo que fue creado para todos, destruyendo lo que los pobres necesitan para comer, y reduciendo la creación a un basurero.
Y en ese ejercicio blasfemo de honrar a Dios con los labios y dejarlo fuera del corazón, lamentablemente hemos sido pioneros y somos maestros los pueblos que nos decimos de «tradición cristiana».
Si queremos saber qué lugar ocupa Dios en nuestra vida, antes de preguntarnos cuántas veces comulgamos en la eucaristía, habremos de preguntarnos qué lugar ocupan los pobres en nuestro corazón.
Mañana, cuando todo llegue a su fin, todos hemos de escuchar la única verdad que vale la pena reconocer ahora, porque en ello nos va la vida: “A mí me lo hicisteis”.
Feliz encuentro con los pobres en la eucaristía. Feliz encuentro con Cristo resucitado.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Despacho parroquial cerrado del 6 al 13/09/2018


Durante el viaje de Peregrinación a Tierra Santa (del 6 al 13/09/2018) el despacho parroquial no abrirá en su horario habitual.

No obstante se atenderá a cualquier asunto por correo electrónico en la dirección:
jesus.cruz@parroquiasantamonica.com


Disculpen las molestias.


sábado, 25 de agosto de 2018

Emigrantes por Santiago Agrelo

Vuelve la cal viva y las cizallas, la mierda ¡y la sangre!, las armas con que los emigrantes ponen en peligro la vida de los agentes de la guardia civil. Vuelve el “miedo al emigrante”, se habla incluso de "pánico justificado".
Vuelven las insinuaciones, las medias verdades, y después de ensuciar sin piedad la imagen de los emigrantes, de todos los emigrantes, se abre un paréntesis para meter en él con calzador el adjetivo “humanitario”, con el que nos limpiamos las vergüenzas, que no la conciencia.
Una sola de esas muchas palabras que la información utiliza, ahoga en cal viva la vida de centenares de personas, y cubre de sangre y de suciedad sus cuerpos.
Yo sé de la vulnerabilidad sin protección ninguna de esos chicos: sé que tienen derechos pisoteados sistemáticamente, y sé que no van armados, y sé que, si quieren pasar la frontera, tendrán que forzar la valla y vencer la oposición de las fuerzas del orden, y sé que luego les van a acusar de violentos por haberlo hecho, y sé que nadie va a recordar la violencia continuada que se ejerce contra ellos, violencia que, sin que ningún hospital pueda dar testimonio de ello, les dejará secuelas físicas o psíquicas para toda la vida.
Los Gobiernos europeos, todos, y con ellos los responsables de Bruselas, han gastado y continúan gastando miles de millones de euro en rechazar emigrantes en las fronteras, y no han sido capaces de elaborar una política migratoria digna de ese nombre.
La degradación de la política a chantaje, eso es lo que se nos obliga a ver en estos días, sin que nadie parezca escandalizarse por ello.
Un Gobierno soberano amenaza con "devolver a Libia" a unas decenas de emigrantes recogidos por una lancha costera italiana. "Devolver a Libia" significa entregar seres humanos a traficantes de esclavos, a torturadores, a mafias.
Un Gobierno que se supone soberano acaba de devolver a Marruecos a los emigrantes que ayer saltaron la valla de Ceuta. Y los derechos de estos chicos son pisoteados sin que nadie mueva un dedo para evitarlo, sin que se oiga una voz que reclame justicia.
Hoy me ha tocado escuchar en la mañana y en la tarde noticias y comentarios de la COPE sobre lo acontecido en Ceuta. Y no han pronunciado una sino muchas de esas palabras que ahogan en cal viva a los pobres, que suponen para los emigrantes una condena a sufrimientos atroces cuando no una condena a muerte.
Y eso hube de oírlo en la radio de Conferencia Episcopal. Es un escándalo.
Se llevan ustedes por delante, con la vida de los emigrantes, el evangelio de Cristo y la vida de la Iglesia.
Si en la COPE se ninguneara un dogma del Credo, correrían a poner remedio, y no tolerarían que en nombre de ninguna libertad de expresión se pusiese en peligro la fe de los fieles. Pues aquí hay algo que es más que un dogma: Aquí se trata de la vida de los hijos de Dios.

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Ayer el Gobierno, violando cuanto se puede violar, devolvió a Marruecos a todos los emigrantes que habían pasado la valla el día anterior.
Varios de los abogados que participaron en la operación van a recurrir la decisión del Gobierno.
Amnistía Internacional ha hecho notar cómo se ha devuelto a un país inseguro y sin garantías de ningún género, a decenas de muchachos que necesitan especial protección.
Y he de recordar que hoy, en la COPE, no es que no he oído un comentario, es que ni siquiera he podido oír la noticia.
Es obvio que tengo un problema por bocazas. Pero igual de obvio es que otros lo tienen por mudos frente a la vulneración sistemática de los derechos de los pobres.

El escándalo de creer: por Santiago Agrelo

Si la fe no se reduce a mero ejercicio de prácticas religiosas, llega un momento en que se nos pide la adhesión personal a Dios: “Si no os parece bien servir al Señor, escoged a quién servir”. Entonces en nuestro interior resonará la pregunta de Jesús a sus discípulos: “¿También vosotros queréis marcharos?”
El evangelio de este domingo describe una situación dramática: Las gentes a las que habíamos visto salir en busca de Jesús y que querían nombrarlo rey como si tuviesen fe, se apartan ahora de él decepcionadas. Muchos de los que hasta aquella hora habían sido sus discípulos “se echaron atrás y no volvieron a ir con él”. Incluso a los Doce, a los íntimos, Jesús ha de preguntar si quieren marcharse.
¿Qué había de escandaloso en lo que Jesús les había dicho? Lo escandaloso en las palabras de Jesús sobre el pan de vida era la muerte de quien decía proceder del cielo y se presentaba como enviado de Dios para la vida del mundo. Lo inaceptable era el Cuerpo repartido del Mesías Jesús y su sangre entregada.
El hombre religioso no puede creer, no puede comer ni beber esa dura realidad, pues se aparta demasiado de las ilusiones que alimenta nuestra religiosidad.
Todos estaríamos dispuesto a seguir a un Dios que por nada reparte pan sabroso y abundante, pero damos la espalda a un Dios que se parte como un pan para que comamos y nos pide hacer de nuestra vida un pan para que todos coman.
Si queremos comprender en profundidad el escándalo que suscita el proyecto de Dios en el corazón del hombre, si queremos acercarnos al misterio de la soledad de Jesús, hemos de dejar la sinagoga de Cafarnaún para acercarnos al monte de la crucifixión. Allí no sólo enemigos, indiferentes o curiosos, sino también los Doce, los íntimos, abandonan a Jesús.
Si la Eucaristía que celebramos nos deja tranquilos en nuestra religiosidad, es de temer que todavía no hemos empezado a vivirla como sacramento del escándalo de la cruz.
Para un cristiano, creer y comulgar significa escoger como Señor a un Dios que le ofrece la vida para que el creyente dé la vida con él.

viernes, 24 de agosto de 2018

Domingo 21 tiempo ordinario Año B, 26 agosto 2018.




[Chiesa/Omelie1/Libertà/21B18LibertadFeServicioAdhesiónProyectoDivinoEspírituSanto]

Ø Domingo 21 del tiempo ordinario, Ciclo B (2018). Libertad y servicio.  La elección de Dios lleva consigo servir al Señor. El servicio, en el lenguaje bíblico, no tiene una acepción «servil», como en algunos idiomas modernos, sino que indica la gozosa adhesión al proyecto divino de nuestras vidas. Libertad y fe. «¿También vosotros queréis marcharos?»: es una invitación a descubrir que sólo Él tiene “palabras de vida eterna”. Es necesario evitar cualquier libertad aparente y superficial. Cristo libera al hombre de lo que limita, disminuye o destruye la verdadera libertad. Para aceptar las palabras del Señor  hace falta la animación de nuestras vidas por el Espíritu Santo.


v  Cfr. Domingo 21 tiempo ordinario Año B,

26 agosto 2018.
Josué 24, 1-2.15-17.18; Efesios 5, 21-32; Juan 6, 60-69

Josué 24: 1 Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, a sus jefes, jueces y escribas que se situaron en presencia de Dios.2 Josué dijo a todo el pueblo: «Esto dice Yahveh el Dios de Israel: Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, Téraj, padre de Abraham y de Najor, y servían a otros dioses.15 Pero, si no os parece bien servir a Yahveh, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi familia serviremos a Yahveh.» 16 El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar a Yahveh para servir a otros dioses.17 Porque Yahveh nuestro Dios es el que nos hizo subir, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que delante de nuestros ojos obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos.18 Además Yahveh expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos a Yahveh, porque él es nuestro Dios.»

Juan 6: 60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: « Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? » 61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: « ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? 63 « El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.64 « Pero hay entre vosotros algunos que no creen. » Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. 65 Y decía: « Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre. » 66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.67 Jesús dijo entonces a los Doce: « ¿También vosotros queréis marcharos? » 68 Le respondió Simón Pedro: « Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, 69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»


Libertad y servicio:
para el cristiano «servir es reinar»
y de este modo participamos en la función regia de Cristo.
(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 786)
Servir indica
la gozosa adhesión al proyecto divino sobre nuestras vidas.

1.    La elección de Dios lleva consigo servir al Señor.


v  El servicio en el lenguaje bíblico, no tiene una acepción “servil”, como en algunos idiomas modernos, sino que indica la gozosa adhesión al proyecto divino.

-          Cfr. Gianfranco Ravasi,  Secondo le Scrittura, Anno B, Piemme 1996 pp. 261-262: Nótese que esa
elección lleva consigo, según la expresión del libro de Josué que se ha leído, «servir» al Señor.  Pero en el lenguaje bíblico no tiene una acepción “servil” (como en algunos idiomas modernos), sino que indica la libre y gozosa adhesión al proyecto divino; de hecho “siervo” es el título de los máximos personajes bíblicos, de Abraham a Moisés, de Josué a David, de los profetas a la figura mesiánica del “Siervo del Señor” cantado por Isaías (capítulos 42; 49;  50; 53). Y en el Nuevo Testamento María se declara «sierva del Señor» (Lucas 1,38), y «siervo» es llamado incluso el Señor (Hechos 3,13; 4,27). Servir al Señor significa seguir su camino, aceptando su propuesta de vida, significa reconocer su grandeza y su gloria, significa amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Deuteronomio 6,5), significa creer en él.

v  El Catecismo de la Iglesia Católica explica que los discípulos de Cristo realizamos nuestra «dignidad regia» viviendo conforme a la vocación de servir con Cristo.  Para el cristiano «servir es reinar» y de este modo participamos en la función regia de Cristo. 

·  Cfr. CEC n. 786: El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (Cf Juan 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Para el cristiano, «servir es reinar» (Lumen gentium, 36.) particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (Lumen gentium, 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.
La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón (S. León Magno, serm. 4, 1)?

Libertad y fe:
la gozosa adhesión al proyecto divino
« ¿También vosotros queréis marcharos? »
(Juan 6, 67, Evangelio de hoy)


2.    "¿También vosotros queréis marcharos?" (Evangelio: Juan 6, 67) es una

invitación de amor a descubrir que sólo Él tiene “palabras de vida eterna”. El descubrimiento de la libertad.


v  a) La pregunta es una invitación de amor a descubrir que sólo Él tiene “palabras de vida eterna.

-          Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1336: El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos,
igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?" (Juan 6,60). La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?" (Juan 6,67): esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo Él tiene "palabras de vida eterna" (Juan 6,68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.

o   Nuestra respuesta

§  Nuestra respuesta a su pregunta, dispuestos a compartir su vida.
-          Juan Pablo II, Catequesis  7/01/1987: Concluimos esta catequesis introductoria, recordando que
Jesús, en un momento especialmente difícil de la vida de los primeros discípulos, es decir, cuando la cruz se perfilaba cercana y lo abandonaban, hizo a los que se habían quedado con El otra de estas preguntas tan fuertes, penetrantes e ineludibles: "¿Queréis iros vosotros también?". Fue de nuevo Pedro quien, como intérprete de sus hermanos, le respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Juan 6,67-69). Que estos apuntes catequéticos puedan hacernos más disponibles para dejarnos interrogar por Jesús, capaces de dar la respuesta justa a sus preguntas, dispuestos a compartir su Vida hasta el final.
§  La respuesta es una decisión dramática que se plantea en la historia de todo hombre.
-          La afirmación del Señor en la sinagoga de Cafarnaún (“El que come carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna …  Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”, Juan 6, 54-55), provoca la afirmación de muchos oyentes: “Es dura esta enseñanza”.  Lo cual quiere decir que el lenguaje del Señor es duro, intolerable: en el original griego, un lenguaje casi incomprensible, lleno de fantasía, que es incluso ofensivo para la inteligencia de los oyentes (ellos dicen: “¿Quién puede entender esa enseñanza?”). 
-          En la historia de todo hombre se plantea esta decisión dramática: responder ante la persona de Cristo y
sus palabras. En el texto del evangelio de hoy, la falta de fe está descrita de modo dramático en el v. 66: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”.  Se trata de un alejamiento definitivo del Señor.
§  Ya en la primera Lectura se ve cómo Dios exige una decisión libre de su pueblo.
·         Cuando el pueblo de Israel está a punto de tomar posesión de la tierra prometida Dios le exige
que haga una elección: o Él o los dioses extranjeros (Josué 24, 2.15). E Israel eligió a su Dios. Aunque, como ha observado algún autor, esos dioses extranjeros  que habitaban «más allá del río» eran menos exigentes, más cómodos que Yahvé. No pedían que no se matase, que no se robara, que no fueran codiciosos etc. Dios, por el contrario, pidió a su pueblo que le adorase como el Dios único, una adoración que “libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo” (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2097).

v  b) La fe es un acto auténticamente humano que no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre. 

-          Catecismo de la Iglesia Católica, n. 154: Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del
Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por El reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad «presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela» (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con El.

v  c) Es necesario evitar cualquier libertad aparente y superficial

o   Cristo libera al hombre de lo que limita, disminuye o destruye la verdadera  libertad en sus raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia.

-          Juan Pablo II, Redemptor hominis, 12: “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época,
También de nuestra época, con las mismas palabras: «Conoceréis la verdad y la verdad os librará » (Juan 8, 32). Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy, después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia. ¡Qué confirmación tan estupenda de lo que han dado y no cesan de dar aquellos que, gracias a Cristo y en Cristo, han alcanzado la verdadera libertad y la han manifestado hasta en condiciones de constricción exterior!”.

3.    Jesús dice claramente que para la aceptación de sus palabras – ejercitando

nuestra libertad - hace falta la animación de nuestras vidas por el Espíritu Santo.


v   “El Espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (Evangelio, v. 63).

-          Jesús, por otra parte, dice claramente para aceptar sus palabras hace falta la animación de nuestras vidas
por el Espíritu Santo: “El Espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (v. 63).  La capacidad de ver  - de creer y aceptar las palabras de Jesús – no pertenece al  mundo de la “carne”, entendiendo por “carne” el  hombre en su condición criatural, dominado por  la fragilidad, por la precariedad de la condición natural. Hace falta “renacer” en el Espíritu (como  enseñó Jesús a Nicodemo). Sin el don del Espíritu no hay posibilidad de relacionarnos con Jesús.  Con palabras del mismo Jesús: “nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre” (v.65).




Vida Cristiana

sábado, 18 de agosto de 2018

Benedicto XVI, Rezo del Angelus, Domingo 19 de agosto de 2012




Eucaristía (2018). El discernimiento de la Eucaristía. Jesús es el Pan de Vida ofrecido en sacrificio por nosotros para darnos la plenitud de la vida. Rezo del Angelus. Benedicto XVI (19 agosto 2012).


EL DISCERNIMIENTO DE LA EUCARISTÍA

v  Cfr. Benedicto XVI, Rezo del Angelus, Domingo 19 de agosto de 2012

Domingo 20 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

1.    Jesús revela el significado de la multiplicación de cinco panes y dos peces

v  Dios Padre envió a él, el Hijo, como verdadero Pan de vida, y este pan es su carne, su vida, ofrecida en sacrificio por nosotros.

o   Se trata de «comer su carne y beber su sangre» (cf. Jn 6, 54), para tener en nosotros la plenitud de la vida.

§  Es evidente que este discurso no está hecho para atraer consensos.
El Evangelio de este domingo (cf. Jn 6, 51-58) es la parte final y culminante del discurso pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, después de que el día anterior había dado de comer a miles de personas con sólo cinco panes y dos peces. Jesús revela el significado de ese milagro, es decir, que el tiempo de las promesas ha concluido: Dios Padre, que con el maná había alimentado a los israelitas en el desierto, ahora lo envió a él, el Hijo, como verdadero Pan de vida, y este pan es su carne, su vida, ofrecida en sacrificio por nosotros. Se trata, por lo tanto, de acogerlo con fe, sin escandalizarse de su humanidad; y se trata de «comer su carne y beber su sangre» (cf. Jn 6, 54), para tener en sí mismos la plenitud de la vida.
Es evidente que este discurso no está hecho para atraer consensos. Jesús lo sabe y lo pronuncia intencionalmente; de hecho, aquel fue un momento crítico, un viraje en su misión pública. La gente, y los propios discípulos, estaban entusiasmados con él cuando realizaba señales milagrosas; y también la multiplicación de los panes y de los peces fue una clara revelación de que él era el Mesías, hasta el punto de que inmediatamente después la multitud quiso llevar en triunfo a Jesús y proclamarlo rey de Israel. Pero esta no era la voluntad de Jesús, quien precisamente con ese largo discurso frena los entusiasmos y provoca muchos desacuerdos. De hecho, explicando la imagen del pan, afirma que ha sido enviado para ofrecer su propia vida, y que los que quieran seguirlo deben unirse a él de modo personal y profundo, participando en su sacrificio de amor. Por eso Jesús instituirá en la última Cena el sacramento de la Eucaristía: para que sus discípulos puedan tener en sí mismos su caridad —esto es decisivo— y, como un único cuerpo unido a él, prolongar en el mundo su misterio de salvación.

2.    Al escuchar este discurso la gente comprendió que Jesús no era un Mesías,

como ellos querían, que aspirase a un trono terrenal.

v  Aquellos panes, partidos para miles de personas, no querían provocar una marcha triunfal, sino anunciar el sacrificio de la cruz.

o   Muchos de los discípulos, desde entonces, ya no lo siguieron.

§  El grano de trigo
Al escuchar este discurso la gente comprendió que Jesús no era un Mesías, como ellos querían, que aspirase a un trono terrenal. No buscaba consensos para conquistar Jerusalén; más bien, quería ir a la ciudad santa para compartir el destino de los profetas: dar la vida por Dios y por el pueblo. Aquellos panes, partidos para miles de personas, no querían provocar una marcha triunfal, sino anunciar el sacrificio de la cruz, en el que Jesús se convierte en Pan, en cuerpo y sangre ofrecidos en expiación. Así pues, Jesús pronunció ese discurso para desengañar a la multitud y, sobre todo, para provocar una decisión en sus discípulos. De hecho, muchos de ellos, desde entonces, ya no lo siguieron.
Queridos amigos, dejémonos sorprender nuevamente también nosotros por las palabras de Cristo: él, grano de trigo arrojado en los surcos de la historia, es la primicia de la nueva humanidad, liberada de la corrupción del pecado y de la muerte. Y redescubramos la belleza del sacramento de la Eucaristía, que expresa toda la humildad y la santidad de Dios: el hacerse pequeño, Dios se hace pequeño, fragmento del universo para reconciliar a todos en su amor. Que la Virgen María, que dio al mundo el Pan de la vida, nos enseñe a vivir siempre en profunda unión con él.

VIDA CRISTIANA

Dom. 20 del tiempo ordinario Año B - Proverbios 9, 1-6; Efesios 5, 15-20; Juan 6, 51-58




[Chiesa/Omelie1/Eucaristía/20B18ElDiscernimientoDeLaEucaristía]

Ø Domingo 20 del Tiempo Ordinario, ciclo B (2018). El discernimiento de la Eucaristía. Pedimos al

Señor Jesús el don del discernimiento, para aceptar las palabras que él ha dicho sobre la Eucaristía en el capítulo 6º de San Juan. Efectos de la Eucaristía en nuestras vidas El pan es mi carne. Probablemente, los fariseos tienen la sensación de estar ante un exaltado que no tiene remedio. Pero también entre sus amigos se produce la separación: «Muchos discípulos dijeron al oírlo: Ese modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?». El pan bajado del cielo para dar la vida al mundo: un discurso que los oyentes no entienden: Ellos razonan según la carne, que “no sirve para nada” (Juan 6,63). Jesús, en cambio, orienta su discurso hacia el horizonte inabarcable del espíritu: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida”. El auditorio es reacio a las palabras de Jesús y se alejan de Jesús: se consideran personas con sentido común, con los pies en la tierra, por eso sacuden la cabeza y, refunfuñando, se marchan uno detrás de otro; Pero respecto al “pan de vida” Jesús no está dispuesto a contemporizar. 


v  Cfr. Dom. 20 del tiempo ordinario Año B - Proverbios 9, 1-6; Efesios 5, 15-20; Juan 6, 51-58

19 de  agosto de  2018

Juan 6: 51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. » 52 Discutían entre sí los judíos y decían: « ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? » 53 Jesús les dijo: « En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. 58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». 
Proverbios 9 1 La Sabiduría ha edificado su casa, asentó sus siete columnas, 2 inmoló sus víctimas, ha mezclado su vino, preparó también su mesa. 3  Ha enviado a sus criadas y anuncia desde lo alto de las colinas de la ciudad: 4 « Si alguno es sencillo, véngase acá. »Y al falto de inteligencia le dice: 5 « Ven, come de mi pan, y bebe del vino que he mezclado; 6 Deja la simpleza y vivirás, avanza por los caminos del discernimiento. 
Efesios 5 15 Hermanos, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; 16 aprovechando [redimiendo] bien el tiempo presente, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad de Señor. 18 No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. 19 Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, 20 dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Deja la simpleza y vivirás, avanza por los caminos del discernimiento
(Proverbios 9,6) [primera Lectura de hoy]
No seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad del Señor
(Efesios 5, 17) [segunda Lectura de hoy]
“Examinad qué es lo que agrada al Señor”
(Efesios 5, 10)
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él
(Juan 6,56) [Evangelio de hoy]
Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos
mediante la renovación de vuestra mente,
de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios:
lo bueno, lo agradable, lo perfecto.
(Romanos 12, 2)

1. Qué es el discernimiento.

     Cfr. Wikipedia

v  Es una capacidad del hombre

La palabra “discernimiento” significa “escoger”, en el sentido de seleccionar, separar.  Y viene del latín: de "cernere" que significa "escoger". Se refiere a la capacidad del hombre, de su mente, de distinguir, por ejemplo, entre lo efímero y caduco y lo eterno e imperecedero; entre lo que es real e irreal, etc. 

o   Para discernir se requiere una madurez de la mente que supere la vaguedad.

§    Entre los obstáculos para el discernimiento se encuentran los bloqueos de todo signo: bloqueos emocionales, el individualismo, el egoísmo, el orgullo, la presunción, el fanatismo …
            Los especialistas dicen que es un capacidad distinta de las de comprender, o razonar o analizar, o que, tal vez,  sea el resultado final del uso de estas capacidades. Para el discernimiento se requiere una madurez de la mente, y que ésta supere la vaguedad. Hay muchos obstáculos para llegar al discernimiento, como el estar apegados  - a las personas y a las cosas  (y, por tanto, no estar desprendidos) -, y los bloqueos de todo signo, como podrían ser, por ejemplo, los bloqueos emocionales, el individualismo, el egoísmo, el orgullo, la presunción, el fanatismo, etc. Cuando el hombre está sometido a estas realidades, oscila en sus decisiones continuamente, sin encontrar una solución a los problemas que tenga planteados, sin saber discernir el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre lo que realmente es útil y lo que es perjudicial. Entre lo que es un bien para mí y un bien para los demás. Entre lo que es verdad y lo que es superstición.  El discernimiento huye de los entusiasmos ciegos.

v  El discernimiento sobrenatural

·         Es un don de Dios que nos hace descubrir su presencia, su rostro en nuestra vida ordinaria, su
voluntad.

2. El discernimiento y la Eucaristía


v  Pedimos al Señor Jesús el don del discernimiento, para aceptar las palabras que él ha dicho sobre la Eucaristía en el capítulo 6º de San Juan.


·         Concretamente en el Evangelio de hoy: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí
y yo en él» (Juan 6, 56).

o   Efectos de la Eucaristía en nuestras vidas

§    En el Catecismo de la Iglesia Católica
Recibir la Eucaristía da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús.
·         n. 1391: La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como
fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: «Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él» (Juan 6, 56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: «Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí» (Juan 6, 57) (…)
Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida
·         n. 787 Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (cf. Marcos 1, 16-20; Marcos 3, 13-19); les
reveló el Misterio del Reino (cf. Mateo 13,10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lucas 10,17-20) y en sus sufrimientos (cf. Lucas 22,28-30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre él y los que le sigan: "Permaneced en Mí, como yo en vosotros ... Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (Juan 15,4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él" (Juan 6,56).
La Eucaristía no cesa de ser ocasión de división
·         1336 El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los
escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?" (Jn 6,60). La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?" (Jn 6,67): esta pregunta del Señor, resuena a través de las edades, invitación de su amor a descubrir que sólo él tiene "palabras de vida eterna" (Jn 6,68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a él mismo.

§    Esta intimidad y comunión con el Señor es tan profunda que se vive por Cristo como Cristo vive por el Padre. Evangelio de hoy.
·         v. 57 del Evangelio: «Como me envió el Padre, principio de la vida, y yo vivo por el Padre, así aquél que me come vivirá por mí».
·         La eucaristía comunica a los fieles la vida que el Hijo tiene del Padre
§    La Eucaristía nos hace poseer la vida eterna, ya ahora, en germen. Evangelio de hoy.
·         v. 53 «En verdad, en verdad os digo, si no coméis la carne  del Hijo del Hombre y si no bebéis su sangre, no
tendréis vida en vosotros. v. 54: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día».

§    Un pan necesario para nuestra peregrinación en esta vida
"La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este divino alimento es la fuerza de unión: nos une al Cuerpo del Salvador y hace de nosotros sus miembros para que vengamos a ser lo que recibimos... Este pan cotidiano se encuentra, además, en las lecturas que oís cada día en la Iglesia, en los himnos que se cantan y que vosotros cantáis. Todo eso es necesario en nuestra peregrinación" (San Agustín, serm 57,7,7)
§    Para mantener vivo en nosotros el amor a Dios y a los hombres, es necesaria la Eucaristía. La comunión frecuente, incluso diaria.
                                      Benedicto XVI, Catequesis sobre san Basilio, 1 de agosto de 2007
La Eucaristía, don inmenso de Dios, protege en cada uno de nosotros el recuerdo del sello bautismal y permite vivir en plenitud y con fidelidad la gracia del Bautismo. Por eso, el santo obispo recomienda la Comunión frecuente, incluso diaria: "Comulgar también cada día recibiendo el santo cuerpo y la sangre de Cristo es algo bueno y útil, dado que él mismo dice claramente: "Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna" (Jn 6,54). Por tanto, ¿quién dudará de que comulgar continuamente la vida es vivir en plenitud?" (EP 93, PG 32, 484b). En otras palabras, la Eucaristía nos es necesaria para acoger en nosotros la verdadera vida, la vida eterna (cf. Moralia 21, 1: PG 31,737).

v  El pan es mi carne (Juan 6, 51)

            Cfr. Romano Guardini, El  Señor, ed. Cristiandad, 2ª ed. 2005
·         pp. 257-259: Jesús ya ha anunciado que él mismo es el «pan» y que comer ese pan equivale a la fe.
Pero ahora el discurso adquiere una literalidad inquietante. En lugar de «yo soy el pan» se dice: «El pan es mi carne». Jesús tiene ante sí a judíos para los que el sacrificio y la comida sacrificial forman parte de su vida cotidiana. No pueden pensar en eso; y entendemos su repugnancia. Pero Jesús no edulcora nada. No diluye lo dicho en una metáfora, sino que lo recrudece:
Juan 6, 53-56: 53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.» 

El pan es la carne del Hijo del hombre; la bebida es su sangre. Se repite una y otra vez: «verdadera comida, verdadera bebida». Quien come esa comida y bebe esa bebida, tiene vida eterna ahora, en el tiempo, una vida  interior que ningún poder del mundo puede destruir. Y en su día, resucitará a la inmortalidad bienaventurada. Pero quien rechaza esa comida y renuncia a esa bebida, no tendrá vida en sí. (…)  

o   Probablemente, los fariseos tienen la sensación de estar ante un exaltado que no tiene remedio. Pero también entre sus amigos se produce la separación: «Muchos discípulos dijeron al oírlo: Ese modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?»

¿Qué podemos decir al respecto? Si alguien estuviera ante nosotros y dijera algo semejante, nos llenaríamos de espanto. Y no sabríamos qué pensar, por mucho que se nos hubiera preparado el camino con señales e instrucciones previas. Los fariseos ciertamente no sabían de dónde les venía aquello. No daban crédito a sus oídos. Se indignaron, se horrorizaron; y seguramente también se llenaron de perversa alegría al oír decir a su odiado adversario semejantes monstruosidades. ¡A uno que hablaba así lo tenían en su mano!
La multitud que había hablado al principio ha desaparecido. Probablemente, los fariseos tienen la sensación de estar ante un exaltado que no tiene remedio. Pero también entre sus amigos se produce la separación: «Muchos discípulos dijeron al oírlo: Ese modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?» (Jn 6,60). Quizá ya hace tiempo que no saben muy bien qué pensar de él, pero ahora lo tienen claro. ¡Semejantes discursos ya no hay quien los soporte!

o   El hecho de que las palabras de Jesús sean «espíritu y vida» no significa que haya que entenderlas metafóricamente. Hay que tomarlas a la letra, en concreto, pero «en el espíritu»; es decir, hay que trasladarlas desde la tosquedad de la vida ordinaria al ámbito del misterio, desde la realidad inmediata a la sacramental.

«Jesús, sabiendo que sus discípulos protestaban de aquello, les preguntó: ¿Eso os escandaliza?». Y eso quiere decir: ¿Sois discípulos, o no? ¿Estáis dispuestos a aprender, o queréis juzgar? ¿Estáis preparados para acoger lo que viene a vosotros, a aceptar el único principio desde el que se manifiesta lo que es posible y lo que no lo es, o queréis juzgarlo desde vuestros postulados? Entonces, ¿qué diréis «cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?» (Jn 6,61-62). ¿Qué diréis cuando, por encima de todo lo terrenal, se revele el carácter inefable de lo que vosotros pretendéis poner en tela de juicio? Los que han hablado antes se indignaron porque interpretaron esas palabras «carnalmente». Estaban pensando en lo que han visto siempre en los sacrificios; y ni siquiera han intentado llegar al punto desde el que es posible comprenderlas. Vosotros hacéis exactamente lo mismo. Juzgáis sin estar en la única perspectiva desde la que se puede juzgar: «Sólo el espíritu da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que yo os he dicho son espíritu y vida» (Jn 6,63). La frase no atenúa el sentido. El hecho de que las palabras de Jesús sean «espíritu y vida» no significa que haya que entenderlas metafóricamente. Hay que tomarlas a la letra, en concreto, pero «en el espíritu»; es decir, hay que trasladarlas desde la tosquedad de la vida ordinaria al ámbito del misterio, desde la realidad inmediata a la sacramental. Aquélla tenía que provocar indignación; ésta, en cambio, es sacrosanta realidad divina y, cuando se comprende en clima de amor, se transforma en plenitud infinita.

v  Juan Pablo II, Homilía, Misa de Clausura de la 12 Jornada Mundial de la Juventud.

            Roma, 20 de agosto de 2000  - Juan 6, 51-58

o    El pan bajado del cielo para dar la vida al mundo: un discurso que los oyentes no entienden.

§    Ellos razonan según la carne, que “no sirve para nada” (Juan 6,63). Jesús, en cambio, orienta su discurso hacia el horizonte inabarcable del espíritu: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida”.
En esta celebración eucarística Jesús nos introduce en el conocimiento de un aspecto particular de su misterio. Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de su discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, después del milagro de la multiplicación de los panes, en el cual se revela como el verdadero pan de vida, el pan bajado del cielo para dar la vida al mundo (cf. Juan 6, 51). Es un discurso que los oyentes no entienden. La perspectiva en que se mueven es demasiado material para poder captar la auténtica intención de Cristo. Ellos razonan según la carne, que “no sirve para nada” (Juan 6,63). Jesús, en cambio, orienta su discurso hacia el horizonte inabarcable del espíritu: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (ibíd).

o   El auditorio es reacio a las palabras de Jesús y se alejan de Jesús

§    Se consideran personas con sentido común, con los pies en la tierra, por eso sacuden la cabeza y, refunfuñando, se marchan uno detrás de otro.
Pero respecto al “pan de vida” Jesús no está dispuesto a contemporizar. 
Sin embargo el auditorio es reacio: “Es duro este lenguaje; ¿Quién puede escucharlo?” (Juan 6,60). Se consideran personas con sentido común, con los pies en la tierra, por eso sacuden la cabeza y, refunfuñando, se marchan uno detrás de otro. El número de la muchedumbre se reduce progresivamente. Al final sólo queda un pequeño grupo con los discípulos más fieles. Pero respecto al “pan de vida” Jesús no está dispuesto a contemporizar. Está preparado más bien para afrontar el alejamiento incluso de los más cercanos: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6,67).

o   Una pregunta de Jesús que nos interpela también a nosotros

3.“¿También vosotros?” La pregunta de Cristo sobrepasa los siglos y llega hasta nosotros, nos interpela personalmente y nos pide una decisión. ¿Cuál es nuestra respuesta? Queridos jóvenes, si estamos aquí hoy es porque nos vemos reflejados en la afirmación del apóstol Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6,68).

§    Sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad.
Muchas palabras resuenan en vosotros, pero sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad. El momento que estáis viviendo os impone algunas opciones decisivas: la especialización en el estudio, la orientación en el trabajo, el compromiso que debéis asumir en la sociedad y en la Iglesia. Es importante darse cuenta de que, entre todas las preguntas que surgen en vuestro interior, las decisivas no se refieren al “qué”. La pregunta de fondo es “quién”: hacia “quién” ir, a “quién” seguir, a “quién” confiar la propia vida.

Pensáis en vuestra elección afectiva e imagino que estaréis de acuerdo: lo que verdaderamente cuenta en la vida es la persona con la que uno decide compartirla. Pero, ¡atención! Toda persona es inevitablemente limitada, incluso en el matrimonio más encajado se ha de tener en cuenta una cierta medida de desilusión. Pues bien, queridos amigos: ¿no hay en esto algo que confirma lo que hemos escuchado al apóstol Pedro? Todo ser humano, antes o después, se encuentra exclamando con él: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Sólo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y de María, la Palabra eterna del Padre, que nació hace dos mil años en Belén de Judá, puede satisfacer las aspiraciones más profundas del corazón humano.

En la pregunta de Pedro: “¿A quién vamos a acudir?” está ya la respuesta sobre el camino que se debe recorrer. Es el camino que lleva a Cristo. Y el divino Maestro es accesible personalmente; en efecto, está presente sobre el altar en la realidad de su cuerpo y de su sangre. En el sacrificio eucarístico podemos entrar en contacto, de un modo misterioso pero real, con su persona, acudiendo a la fuente inagotable de su vida de Resucitado.

o   La Palabra, que se hizo carne hace dos mil años, está presente hoy en la Eucaristía


4. Esta es la maravillosa verdad, queridos amigos: la Palabra, que se hizo carne hace dos mil años, está presente hoy en la Eucaristía. Por eso, el año del Gran Jubileo, en el que estamos celebrando el misterio de la encarnación, no podía dejar de ser también un año “intensamente eucarístico” (cf. Tertio millennio adveniente TMA 55).
§    La Eucaristía es el sacramento de la presencia de Cristo que se nos da porque nos ama. 
            La Eucaristía es el sacramento de la presencia de Cristo que se nos da porque nos ama. Él nos ama a cada uno de nosotros de un modo personal y único en la vida concreta de cada día: en la familia, entre los amigos, en el estudio y en el trabajo, en el descanso y en la diversión. Nos ama cuando llena de frescura los días de nuestra existencia y también cuando, en el momento del dolor, permite que la prueba se cierna sobre nosotros; también a través de las pruebas más duras, Él nos hace escuchar su voz.
Sí, queridos amigos, ¡Cristo nos ama y nos ama siempre! Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz? ¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta al final?

o   Celebrar la Eucaristía “comiendo su carne y bebiendo su sangre” significa ofrecer la propia disponibilidad para sacrificarse por los otros, como hizo Él.


5. Celebrar la Eucaristía “comiendo su carne y bebiendo su sangre” significa aceptar la lógica de la cruz y del servicio. Es decir, significa ofrecer la propia disponibilidad para sacrificarse por los otros, como hizo Él.
De este testimonio tiene necesidad urgente nuestra sociedad, de él necesitan más que nunca los jóvenes, tentados a menudo por los espejismos de una vida fácil y cómoda, por la droga y el hedonismo, que llevan después a la espiral de la desesperación, del sin-sentido, de la violencia. Es urgente cambiar de rumbo y dirigirse a Cristo, que es también el camino de la justicia, de la solidaridad, del compromiso por una sociedad y un futuro dignos del hombre.

Ésta es nuestra Eucaristía, ésta es la respuesta que Cristo espera de nosotros, de vosotros, jóvenes, al final de vuestro Jubileo. A Jesús no le gustan las medias tintas y no duda en apremiarnos con la pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?” Con Pedro, ante Cristo, Pan de vida, también hoy nosotros queremos repetir: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

o   Vivid la Eucaristía dando testimonio del amor de Dios a los hombres.


6. Queridos jóvenes, al volver a vuestra tierra poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida personal y comunitaria: amadla, adoradla y celebradla, sobre todo el domingo, día del Señor. 

Os confío, queridos amigos, este don de Dios, el más grande dado a nosotros, peregrinos por los caminos del tiempo, pero que llevamos en el corazón la sed de eternidad. ¡Ojalá que pueda haber siempre en cada comunidad un sacerdote que celebre la Eucaristía! Por eso pido al Señor que broten entre vosotros numerosas y santas vocaciones al sacerdocio. La Iglesia tiene necesidad de alguien que celebre también hoy, con corazón puro, el sacrificio eucarístico. ¡El mundo no puede verse privado de la dulce y liberadora presencia de Jesús vivo en la Eucaristía!

Sed vosotros mismos testigos fervorosos de la presencia de Cristo en nuestros altares. Que la Eucaristía modele vuestra vida, la vida de las familias que formaréis; que oriente todas vuestras opciones de vida. Que la Eucaristía, presencia viva y real del amor trinitario de Dios, os inspire ideales de solidaridad y os haga vivir en comunión con vuestros hermanos dispersos por todos los rincones del planeta.

www.parroquiasantamonica.com
Vida Cristiana


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