domingo, 23 de julio de 2017

La parábola del trigo y la cizaña. El mal y el bien están mezclados juntos en la historia presente, e incluso en el interior de nuestra conciencia. ¿Por qué esperar a arrancar la cizaña?



[Chiesa/Testi/RegnoDio/16A17ReinoDiosCizañaPaciencia]

Ø     Domingo 16 del tiempo ordinario (23 de julio de 2017) . Parábolas sobre el Reino de Dios: hoy Jesús nos propone, entre otras,  la parábola del trigo y la cizaña. Después de los pecados el Señor concede a todos la posibilidad de arrepentirse. La paciencia de Dios y la impaciencia de los hombres.

 v     Cfr. Domingo 16 tiempo ordinario Año A 
23 de julio de 2017
Sabiduría 12, 13.16-19; Salmo 85; Romanos 8, 26-27; Mateo 13, 24-43

1ª Lectura - Sabiduría 12: 13 Pues no hay otro Dios fuera de ti que se cuide de todo, al que tengas que explicar que tú no has juzgado injustamente. 16 Tu poder es el principio de la justicia, y el ser Señor de todas las cosas te hace perdonar a todos. 17 Muestras  tu fuerza al que no cree en la perfección de tu poder, y a quienes la reconocen dejas convictos de su atrevimiento. 18 Tú, dueño de la fuerza, juzgas con benignidad y nos gobiernas con gran indulgencia;  porque, cuando quieres, haces valer tu poder.  19 Por esos hechos enseñaste a tu pueblo que el justo ha de ser amigo del hombre, y llenaste a tus hijos de buena esperanza, pues, después de pecar, das ocasión para el arrepentimiento.
Salmo Responsorial - Sal 86: 5 Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de piedad  para los que te invocan, 6 escucha mi plegaria, Señor, atiende a la voz de mi súplica; 9 Todas las naciones que tú hiciste vendrán a ti, Señor, para adorarte y glorificar tu nombre.  10 Tú eres grande y haces  maravillas, pues tú eres el único Dios. 15 Mas tú, Señor, misericordioso y compasivo, paciente y lleno de amor y de lealtad, 16 ven conmigo, ten compasión de mí; da tu fuerza a este tu siervo, salva al hijo de tu sierva.
 2ª Lectura - Romanos 8,26-27: 26 Igualmente, el Espíritu viene en ayuda de nuestra  flaqueza, porque no sabemos lo que nos conviene, pero el  mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos  inenarrables.   27 Y el que penetra los corazones, conoce  los pensamientos del Espíritu y sabe que lo que pide para  los creyentes es lo que Dios quiere.   
Evangelio - Mateo 13,24-30 (forma breve): 24 Les propuso otra parábola: «El reino de Dios es  semejante a un hombre que sembró buena semilla en un  campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su  enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26  Pero cuando creció la hierba y llevó fruto, apareció  también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que  tiene cizaña?  28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo  esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a  recogerla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al recoger la  cizaña, arranquéis con ella el trigo30 Dejad crecer  juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega  diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla  en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi  granero».

La parábola del trigo y la cizaña.
El mal y el bien están mezclados juntos en la historia presente,
e incluso en el interior de nuestra conciencia.
¿Por qué esperar a arrancar la cizaña?

A. La parábola del trigo y de la cizania se refiere al actuar de Dios con referencia al hombre.

v     La paciencia de Dios con el hombre

- En la primera Lectura, del Libro de la Sabiduría, encontramos (12, 19)  cómo Dios  actúa con el hombre después de que éste peca: “da ocasión para el arrepentimiento”. Y también se dice que Dios, “dueño de la fuerza”,   “juzga con benignidad” y “gobierna con gran i ndulgencia” (12, 18).
                Aunque sea fácil pensar que es necesario hacer desaparecer las hierbas malas  - la cizania -  cuanto antes porque es lo bueno para el campo y el trigo, si pensamos  en el hombre  podríamos añadir que un característica del obrar de Dios  es su grande paciencia con el hombre. Y no ciertamente por falta de poder (El es dueño de la fuerza, que la hace valer cuando quiere (v. 18).
                En el salmo responsorial de hoy 86/85, invocamos el atributo divino de la misericordia:  “Señor, misericordioso y compasivo, paciente …. ten compasión de mí” (vv. 15 y 16), y podemos recordar algo que nos puede parecer sorprendente: que Dios manifiesta especialmente su poder con el perdón y la misericordia. Esto nos los recuerda la oración colecta del Domingo 26 del tiempo ordinario: “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, apiádate de nosotros, pecadores, para que no desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has prometido”. Y es recogido por el Catecismo de la Iglesia Católica, “por su misericordia infinita, muestra su poder en el más alto grado perdonando libremente los pecados” (cfr. n. 270); “Dios manifiesta su omnipotencia convirtiéndonos de nuestros pecados y restableciéndonos en su amistad por la gracia. "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia… " - : MR, colecta del Dom XXVI) ( cfr. n. 277).

v     Otros puntos del Catecismo que se refieren a la paciencia de Dios con los hombres:

-          n. 681 El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo
definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia.
-          n. 827: (…) Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores (cf
1Jn 1, 8  - 10). En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos (cf Mt 13, 24  - 30) (…) .
-          n. 1832: “Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como
primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad» (Gálatas 5, 22-23, vulg.).
-          n. 2822: “La voluntad de nuestro Padre es «que todos los hombres  […] se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad» (1 Timoteo 2, 3-4). El «usa de paciencia […] no queriendo que algunos perezcan» (2 Pedro 3, 9) (Cf Mateo 18, 14)”. (...).

§         Los cristianos cumplen con sus tareas trerrenas, fieles a su Maestro, con rectitud, paciencia y amor.
-          n.  2046. “Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, «Reino
de justicia, de verdad y de paz» (MR, Prefacio de Jesucristo Rey). Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor”.
§         La paciencia es una obra de misericordia
-          n. 2447: “Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro
prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (Cfr. Isaías 58, 6-7; Hebreos 13,3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia”. (…)

B. La paciencia de Dios y la impaciencia de los hombres.

El mundo es redimido por la paciencia de Dios
y destruido por la impaciencia de los hombres.
-          Benedicto XVI, Homilía en la misa de inicio del Ministerio Petrino (24-04-205): “No es el poder lo que
redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres

C.  Algunas características del amor verdadero: es paciente ….

      Cfr. Papa Francisco, Exhort. Apost. Amoris Laetitia, cap. IV - Capítulo cuarto – El amor en el
       Matrimonio según San Pablo.
(…)

v     El amor es paciente


90. En el así llamado himno de la caridad escrito por san Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:
«El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13,4-7).
Esto se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos. Por eso es valioso detenerse a precisar el sentido de las expresiones de este texto, para intentar una aplicación a la existencia concreta de cada familia.

o     La paciencia

91. La primera expresión utilizada es makrothymei. La traducción no es simplemente que «todo lo soporta», porque esa idea está expresada al final del v. 7. El sentido se toma de la traducción griega del Antiguo Testamento, donde dice que Dios es «lento a la ira» (Ex 34,6; Nm 14,18). Se muestra cuando la persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir. Es una cualidad del Dios de la Alianza que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar. Los textos en los que Pablo usa este término se deben leer con el trasfondo del Libro de la Sabiduría (cf. 11,23; 12,2.15-18); al mismo tiempo que se alaba la moderación de Dios para dar espacio al arrepentimiento, se insiste en su poder que se manifiesta cuando actúa con misericordia. La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder.
§         Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos.
El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta.
92. Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta: «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad» (Ef 4,31). Esta paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.
§         Actitud de servicio
93. Sigue la palabra jrestéuetai, que es única en toda la Biblia, derivada de jrestós (persona buena, que muestra su bondad en sus obras). Pero, por el lugar en que está, en estricto paralelismo con el verbo precedente, es un complemento suyo. Así, Pablo quiere aclarar que la «paciencia» nombrada en primer lugar no es una postura totalmente pasiva, sino que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa ante los demás. Indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se traduce como «servicial».
94. En todo el texto se ve que Pablo quiere insistir en que el amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es «hacer el bien». Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras»[106]. Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.




Vida  Cristiana

Mientras sus hombres dormían…



v     Cfr. Domingo 16 del tiempo ordinario Año A

                  23 de julio de 2017

Evangelio - Mateo 13,24-30 (forma breve): 24 Les propuso otra parábola: «El reino de Dios es  semejante a un hombre que sembró buena semilla en un  campo. 25 Mientras sus hombres dormían, vino su  enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26  Pero cuando creció la hierba y llevó fruto, apareció  también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo: ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que  tiene cizaña?  28 Él les dijo: Un hombre enemigo hizo  esto. Los criados dijeron: ¿Quieres que vayamos a  recogerla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al recoger la  cizaña, arranquéis con ella el trigo30 Dejad crecer  juntas las dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega  diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla  en haces para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi  granero».

“Mientras sus hombres dormían ….” (Mateo 13, 25).


Estamos obligados a una vigilancia continua contra el sueño.
La vida no es cosa de juego,
sino un tesoro divino que hay que hacer fructificar.

v     Es responsabilidad de los cristianos prevenir el mal. Una vigilancia continua contra el sueño.

·         “Mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo y se fue” (Mateo
13,25). Es ésta otra enseñanza implícita, que podría interpretarse como un reproche ante la incapacidad de esos siervos de vigilar de algún modo  el campo sembrado con buena simiente.

o     San Juan Crisóstomo [1]

La semilla también se puede perder por el sueño.
·         “«Pero, mientras su gente dormía» (Mateo 13,25): estas palabras enseñan el  peligro a que están
 expuestos los que tienen la responsabilidad de las almas, a los que, en concreto, está confiada la defensa del campo; pero no sólo ésos, sino también los fieles. Cristo además precisa que el error aparece después de establecerse la verdad, como también la experiencia de los hechos puede testimoniar. Después de los profetas han aparecido los falsos profetas; después de los apóstoles los falsos apóstoles, y después de Cristo el anticristo. Si el demonio no ve qué tiene que imitar, o hacia quién debe dirigir sus insidias, no sabría cómo dañarnos. Pero ahora que ha visto fructificar en las almas la siembra divina de Jesús, el ciento, el sesenta y el treinta por ciento, recorre otro camino. Ya que se ha dado cuenta que no puede arrancar lo que tiene raíces bien profundas, ni puede ahogarlo y tampoco quemarlo, entonces recurre a  otro insidioso engaño, esparciendo su simiente. 
Pero cuál es la diferencia  - me preguntaréis - entre los que "duermen" en esta parábola y los
que, en la parábola anterior son representados por la semilla que cayó «junto al camino»? En el caso de los que son simbolizados en el "camino" la semilla es arrebatada enseguida por el Maligno, que no da tiempo para echar raíces; mientras en los que "duermen" el trigo ha echado raíces y entonces el demonio tiene que intervenir con un engaño más elaborado. Cristo dice eso para enseñarnos a vigilar continuamente, porque - nos advierte - aún cuando lograrais evitar aquellos daños a los que está sometida la simiente, no estaríais todavía al seguro de otros peligrosos asaltos. Como allí la semilla se pierde «junto al camino», o "en el terreno pedregoso, o "entre los espinos", también aquí la ruina puede derivar del sueño; por tanto estamos obligados a una vigilancia continua. En efecto, Jesús incluso ha dicho que se salvará quién habrá perseverado hasta al final (cf. Mc 4,33) ... 
Pero vosotros observaréis: ¿Cómo es posible prescindir de dormir? Ciertamente no es posible, si se refiere al sueño del cuerpo: pero es posible  no caer en el sueño de la voluntad. Por esto Paolo dijo también: «Vigilad, estad firmes en la fe» (1Cor 16,13 ...)”.

o     San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 123:

§         Los cristianos, que deberíamos estar vigilantes para que las cosas buenas puestas por el Creador en el mundo se desarrollen al servicio de la verdad y del bien, nos hemos dormido.
El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo; pero,  al tiempo de dormir los jornaleros, vino cierto enemigo suyo, esparció cizaña en medio del trigo, y se fue (Mt 13,24-25). Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha lanzado a voleo la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha organizado una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres —los cristianos especialmente— se han dormido, y han permitido que el enemigo se acercara.
Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué ha crecido la cizaña en su
campo, la explicación salta a los ojos: inimicus homo hoc fecit (Mt 13,28), ¡ha sido el enemigo! Nosotros, los cristianos que debíamos estar vigilantes, para que las cosas buenas puestas por el Creador en el mundo se desarrollaran al servicio de la verdad y del bien, nos hemos dormido — ¡triste pereza, ese sueño! —, mientras el enemigo y todos los que le sirven se movían sin cesar. Ya veis cómo ha crecido la cizaña: ¡qué siembra tan abundante y en todas partes!” 

o     Es Cristo que pasa, n. 147:

§         Es necesario, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño, mala cosa que sofoca la dignidad del hombre y le hace esclavo de la tristeza.
“Tened presente que, cum dormirent homines, mientras dormían los hombres, vino el sembrador de la cizaña, dice el Señor en una parábola. Los hombres estamos expuestos a dejarnos llevar del sueño del egoísmo, de la superficialidad, desperdigando el corazón en mil experiencias pasajeras, evitando profundizar en el verdadero sentido de las realidades terrenas. ¡Mala cosa ese sueño, que sofoca la dignidad del hombre y le hace esclavo de la tristeza!
Hay un caso que nos debe doler sobre manera: el de aquellos cristianos que podrían dar más y
no se deciden; que podrían entregarse del todo, viviendo todas las consecuencias de su vocación de hijos de Dios, pero se resisten a ser generosos. Nos debe doler porque la gracia de la fe no se nos ha dado para que esté oculta, sino para que brille ante los hombres (Cf. Mateo 5, 15-16); porque, además, está en juego la felicidad temporal y la eterna de quienes así obran. La vida cristiana es una maravilla divina, con promesas inmediatas de satisfacción y de serenidad, pero a condición de que sepamos apreciar el don de Dios (Cf Juan 4,10), siendo generosos sin tasa.
§         La vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar.
Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño: recordarles que  la
vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo”.





Vida Cristiana




[1] Patriarca de Constantinopla (347-407), In Matth. 46, 1).

La confianza se hace abandono. Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)

Que el bien convive con el mal lo experimentamos dentro de nosotros y lo vemos en torno a nosotros. No parece ser éste, sin embargo, el trasfondo de la parábola del trigo y la cizaña; en ella, más que de la inevitable cercanía entre el bien y el mal, se trata de la cercanía escandalosa entre ciudadanos del Reino y partidarios del Maligno.
La pregunta de los criados al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en el campo?, ¿de dónde sale la cizaña?”, refleja el escándalo que les causa la situación y el reproche nada velado que hacen al dueño del campo.
La última pregunta de los criados: “¿quieres que vayamos a arrancarla?”, describe esa reacción tan de nuestra casa, de nuestra psicología, de nuestra condición humana, que es el impulso a erradicar de inmediato lo que nos estorba, en este caso, gavillas enteras de agentes del mal o de “partidarios del Maligno”.
Sobre ese trasfondo de escándalo, de reproche y de prisas por erradicar, acontece la revelación del designio de Dios: “No hay más Dios que tú, que cuidas de todo”.
Ya puedes, hermano mío, volver a escandalizarte de ese Dios único –no hay otro-, que cuida de su Hijo y de quienes crucifican a su Hijo, cuida de la adúltera amenazada de muerte y de quienes la acusan para matarla, cuida del publicano y del fariseo, del africano pobre y del europeo rico, de los que se ahogan en la miseria y de los que nadan en la abundancia, de quienes mueren abrasados por el sol de Dios en una barca sin pan y sin agua, y de quienes se tuestan al sol para presumir de verano.
Ya puedes volver a escandalizarte de ese Dios único –no hay otro- “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. Tal vez estas palabras escandalosas de Jesús nos ayuden a entender las palabras escandalosas de la Sabiduría que hemos escuchado en nuestra celebración: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres”. Tú juzgas con moderación haciendo salir tu sol para todos; tú gobiernas con gran indulgencia haciendo bajar tu lluvia sobre todos.
Hay palabras que pierden el tono del sarcasmo sólo si las pronuncia alguien que sufre, un vencido, un pobre, una víctima, y las palabras que hablan de Dios pertenecen todas a esa familia, también las palabras con las que nosotros hemos orado hoy: “Tú, Señor, eres bueno y clemente… lento a la cólera, rico en piedad y leal”. Palabras-verdad si las dice un crucificado; palabras-sarcasmo si las dice quien se burla de un crucificado. Palabras de fe si las dice un pobre que confía en el Señor; confesión agradecida si las pronuncia quien, de la mano de Dios, ha pasado de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida.
Pero todos sabemos que entre aquella súplica confiada y aquella confesión agradecida está la noche oscura de la humanidad que sufre, la noche de las víctimas, la noche de Cristo crucificado; entonces en los labios del creyente sólo quedan palabras de entrega confiada; entonces la confianza se hace puro abandono: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
Queridos: No penséis que unos son los que piden esperanzados la salvación, otros los que agradecen porque la han recibido, y otros aún los que han nacido para conocer sólo la oscuridad de la noche. En realidad, cada uno de nosotros experimenta en sí mismo esos tiempos distintos de la fe, y estamos tan familiarizados con ellos que, mientras oramos confiadamente al Señor de nuestras vidas, ya agradecemos como si hubiésemos recibido la salvación que anhelamos, y nos mostramos dispuestos a aceptar con amor de hijos la oscuridad de la noche que puede envolvernos. Y si oramos desde la oscuridad de la noche, entonces la confianza es sólo confianza, el agradecimiento es puro agradecimiento, y el amor es pura gratuidad, humilde semejanza del amor perfecto de Dios.
Sólo la comunión real con el dolor de Cristo y con el dolor de la humanidad puede llenar de verdad y purificar de sarcasmo las palabras de nuestra oración.
Entonces empezarán a tener un profundo significado también para esta asamblea eucarística las palabras de la revelación, que hablan de “juzgar con moderación, gobernar con indulgencia, dar lugar al arrepentimiento, enseñar a ser humano”.
Cristo y los pobres nos enseñan a creer, a orar, a amar. Dios non enseña a ser humanos. Feliz comunión con Cristo y con los que sufren. Feliz domingo.


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