viernes, 8 de junio de 2018

Fiesta San Antonio. 13/06/2018 desde las 19:30h


Satanás está perdido: por Santiago Agrelo

Puede que no lo digamos a nadie, que no nos atrevamos a decirlo siquiera a nosotros mismos, pero en lo hondo de nuestra conciencia asoma una y otra vez la pregunta sobre Jesús: ¿Quién eres? ¿De quién eres? ¿Eres un iluso? ¿Estás en tus cabales? ¿Eres un poseído por el espíritu del mal?
Una sombra estremece de frío las entrañas: Los pobres necesitamos que Jesús sea Jesús, Dios salvador, la descendencia que hiere en la cabeza a la serpiente del mal.
El mal se nos ha hecho tan cercano como el hambre, la desnudez, la soledad y la muerte de los desposeídos de la tierra, tan de casa como la frivolidad, la indiferencia, la arrogancia, la prepotencia, la violencia de los poderosos.
Hoy, con los pobres y con Jesús, en la Iglesia hacemos nuestras las palabras del Salmista: “Desde lo hondo a ti grito, Señor… Espero en el Señor, espero en su palabra… mi alma aguarda al Señor más que el centinela la aurora”.
Hoy, en los pobres y en Jesús, en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el linaje de la mujer se enfrenta al mundo de la serpiente: a la mentira, a la injusticia, a la violencia, a la opresión y a la muerte.
Para esa lucha necesitamos la certeza de la esperanza.
Necesitamos, Cristo Jesús, escuchar tu palabra y creer en ti: “Satanás está perdido”; “ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”.
Ya sabemos quién eres: Eres el anti mal, eres la descendencia que hiere en la cabeza a la serpiente antigua que desde siempre parecía dominar el destino del hombre.
Eres Dios contra la enfermedad, la marginación, el espíritu inmundo, la muerte.
En ti, Jesús, Dios se revela como Dios de los pobres, Dios para los pobres, Dios levantado en alto entre los pobres.
Llévanos, Señor, a la comunión contigo: Llévanos contigo a la condición de hijos de Dios y enséñanos a cumplir la voluntad del Padre.
Llévame pobre por el camino de los pobres, levantado contigo entre los pobres, ungido por tu Espíritu para evangelizar a los pobres, enviado contigo a realizar en el mundo el reino de Dios y hacer retroceder el reino del mal.
Oigo el grito de victoria de los pobres: ¡Boza! ¡Boza! ¡Boza!
“Creemos y por eso hablamos”; creemos y por eso luchamos; creemos y, con Cristo Jesús, también nosotros decimos: «Satanás está perdido».

jueves, 7 de junio de 2018

La voluntad de Dios y Jesucristo en el Catecismo de la Iglesia Católica



La voluntad de Dios y Jesucristo

en el Catecismo de la Iglesia Católica


2822 «HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO». La voluntad de nuestro Padre es "que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2, 3  - 4). El "usa de paciencia, no queriendo que algunos perezcan" (2P 3, 9; cf Mt 18, 14). Su mandamiento que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que "nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado" (Jn 13, 34; cf 1Jn 3; 4; Lc 10, 25  - 37).
2823 El nos ha dado a "conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano … : hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza … a él por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su Voluntad" (Ef 1, 9  - 11). Pedimos con insistencia que se realice plenamente este designio benévolo, en la tierra como ya ocurre en el cielo.
2824 En Cristo, y por medio de su voluntad humana, la voluntad del Padre fue cumplida perfectamente y de una vez por todas. Jesús dijo al entrar en el mundo: " He aquí que yo vengo, oh Dios, a hacer tu voluntad" (Hb 10, 7; Sal 40, 7). Sólo Jesús puede decir: "Yo hago siempre lo que le agrada a él" (Jn 8, 29). En la oración de su agonía, acoge totalmente esta Voluntad: "No se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22, 42; cf Jn 4, 34; Jn 5, 30; Jn 6, 38). He aquí por qué Jesús "se entregó a sí mismo por nuestros pecados según la voluntad de Dios" (Ga 1, 4). "Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo" (Hb 10, 10).
2825 Jesús, "aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia" (Hb 5, 8). ¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar nosotros, criaturas y pecadores, que hemos llegado a ser hijos de adopción en él! Pedimos a nuestro Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para cumplir su voluntad, su designio de salvación para la vida del mundo. Nosotros somos radicalmente impotentes para ello, pero unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad y decidir escoger lo que su Hijo siempre ha escogido: hacer lo que agrada al Padre (cf Jn 8, 29):
"Adheridos a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará tanto en la tierra como en el cielo" (Orígenes, or. 26).
"Considerad cómo Jesucristo nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que nuestra virtud no depende sólo de nuestro esfuerzo sino de la gracia de Dios. El ordena a cada fiel que ora, que lo haga universalmente por toda la tierra. Porque no dice 'Que tu voluntad se haga' en mí o en vosotros 'sino en toda la tierra': para que el error sea desterrado de ella, que la verdad reine en ella, que el vicio sea destruido en ella, que la virtud vuelva a florecer en ella y que la tierra ya no sea diferente del cielo" (San Juan Crisóstomo, hom. in Mt 19, 5).

2826 Por la oración, podemos "discernir cuál es la voluntad de Dios" (Rm 12, 2; Ef 5, 17) y obtener "constancia para cumplirla" (Hb 10, 36). Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7, 21).
2827 "Si alguno cumple la voluntad de Dios, a ese le escucha" (Jn 9, 31; cf 1Jn 5, 14). Tal es el poder de la oración de la Iglesia en el Nombre de su Señor, sobre todo en la Eucaristía; es comunión de intercesión con la Santísima Madre de Dios (cf Lc 1, 38. 49) y con todos los santos que han sido "agradables" al Señor por no haber querido más que su Voluntad:
"Incluso podemos, sin herir la verdad, cambiar estas palabras: 'Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo' por estas otras: en la Iglesia como en nuestro Señor Jesucristo; en la Esposa que le ha sido desposada, como en el Esposo que ha cumplido la voluntad del Padre" (San Agustín, serm. Dom. 2, 6, 24).

Domingo 10 del Tiempo Ordinario, Ciclo B



Ø El cumplimiento de la voluntad de Dios (2018). Quienes hacen la voluntad de Dios Padre son considerados por Jesús como de su propia familia. Textos de la Escritura y del Catecismo en los que aparece la importancia de la búsqueda de la de la voluntad de Dios en la vida cristiana.


v  Cfr. Domingo 10 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Génesis 3, 9-15; Salmo 129, 1-8; 2 Corintios 4, 13-5,1; Marcos 3, 20-35.

Salmo Responsorial 130 (129), 1-8 : 1 Desde lo más profundo, Te invoco, Señor. 2 Señor, escucha mi clamor ; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. 3 Si llevas cuenta de las culpas, Señor, señor mío, ¿quién podrá quedar en pier? 4 Pero en ti está el perdón, y así infundes respeto. 5 Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; 6 mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. 7 Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia,  la redención copiosa; 8 y él redimirá a Israel de todos sus delitos.
Marcos 3, 20-35: 20 En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de  nuevo tanta gente que no los dejaban i comer. 21 Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. 22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». 23 Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 24 Un reino dividido internamente no puede subsistir; 25 una familia dividida no puede subsistir. 26 Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. 27 Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. 28 En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; 29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». 30 Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. 31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

«Estos son mi madre y mis hermanos.
El que haga la voluntad de Dios,
ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
(Evangelio de hoy, Marcos 334-35)

1.    Evangelio. Quienes hacen la voluntad de Dios Padre son considerados por Jesús como de su propia familia.

Cfr. Evangelio de hoy: Marcos 3, 34-35.
-          “El cumplimiento de la voluntad de Dios supone un parentesco con Cristo más estrecho que el
parentesco natural de sangre”. 
-          El verdadero criterio para reconocer el parentesco con  Jesús. “Estos son mi madre y mis
hermanos”: “el que haga la voluntad de Dios” (Marcos 3, 34-35) [1]  

2.    La comunión de voluntades: amigos de Jesús y de Dios.

      Cfr. Homilía del Card. J. Ratzinger en la Misa “para la elección del Pontífice Romano” del
      inicio del Cónclave, el 18 de abril del 2005.  

v  En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención

-          “El segundo elemento, con el que Jesús define la amistad, es la comunión de las voluntades.
Idem velle- idem nolle”, era también para los Romanos la definición de amistad. “Vosotros sois mis amigos, si hacéis aquello que os ordeno” (Jn 15, 14). La amistad con Cristo coincide con lo que expresa la tercera petición del Padre nuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. En la hora del Getsemani Jesús ha transformado nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina. Ha sufrido todo el drama de nuestra autonomía- y llevando nuestra voluntad en las manos de Dios, nos dona la verdadera libertad: “No como quiero yo, sino como quieres tú” (Mt 21, 39). En esta comunión de las voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, llegar a ser amigos de Dios. Mientras más amamos a Jesús, más lo conocemos, más crece nuestra verdadera libertad, crece el gozo de ser redimidos. ¡Gracias Jesús, por tu amistad!”

3.    Otros textos de la Escritura y del Catecismo en los que aparece la importancia de la búsqueda de la de la voluntad de Dios en la vida cristiana.

 

v  Carta a los Romanos

o   Necesidad del discernimiento de la voluntad de Dios, para no amoldarnos a este mundo.

§  El ofrecimiento de nuestras vidas como en un acto de culto.

                          Cfr. Nuevo Testamento, EUNSA 2004, Nota Romanos 12, 1-8.

-          Romanos 12, 1-2: 1 Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis
vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
La idea que quiere transmitir puede resumirse en las palabras del v. 2: «No os amoldéis a este mundo».
“Por la predicación apostólica del Evangelio se convoca y congrega el pueblo de Dios, de suerte que todos los que a este pueblo pertenecen, por estar santificados por el Espíritu Santo, se ofrezcan a sí mismos como ´hostia viva, santa, agradable a Dios´ (Romanos 12, 1)” (Conc. Vaticano II, Presbyterorum ordinis, n. 2).  

o   La vida moral es un culto espiritual

-          Cf. Catecismo, n. 2031: La vida moral es un culto espiritual. Ofrecemos nuestros cuerpos como
una hostia viva, santa y agradable a Dios» (Cf. Romanos 12,1) en el seno del cuerpo de Cristo que formamos y en comunión con la ofrenda de su Eucaristía. (…).

v  Evangelio de San Mateo 7

o   Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de Dios.

-          Mateo 7, 21-23: 21 No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino
el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”. 23 Entonces yo les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.
-          Cf. Catecismo, n. 2826: Por la oración, podemos "discernir cuál es la voluntad de Dios"
(Romanos 12, 2; Efesios 5, 17) y obtener "constancia para cumplirla" (Hebreos 10, 36). Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7, 21).

v  Evangelio de San Mateo 26

o   «No se haga como yo quiero, sino como quieres tú»

§  Jesús, al aceptar que se haga la voluntad del Padre, acepa su muerte como redentora.
-          Mateo 26, 39-42: 39 Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre
mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». 40 Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? 41 Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». 42 De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
-          Cfr. Catecismo, n. 612: (…) Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del
Padre (Cfr. Mateo 26, 42), acepta su muerte como redentora para «llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero» (1 Pedro 2, 24). 

v  Carta a los Efesios

o   Jesucristo, mediante su sangre derramada en la cruz, nos ha rescatado de la servidumbre del pecado. Mediante su sangre tenemos la redención.

§  Dios nos dio a conocer el misterio de su voluntad recapitulando en Cristo todas las cosas.
-          Efesios 1, 7-10: 7 En él [en Cristo], mediante su sangre, tenemos la redención, el perdón de los
pecados, según las riqueza de la gracia 8 que derramó sobre nosotros sobreabundantemente con toda sabiduría y prudencia. 9 Nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que se había propuesto realizar mediante él 10 y llevarlo a cabo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra.
-          Cfr. Catecismo, n. 517: Toda la vida de Cristo es Misterio de Redención. La Redención nos
viene ante todo por la sangre de la cruz (cf. Efesios 1, 7; Col 1, 13  - 14; 1P 1, 18  - 19), pero este misterio está actuando en toda la vida de Cristo: ya en su Encarnación porque haciéndose pobre nos enriquece con su pobreza (cf. 2 Corintios  8, 9); en su vida oculta donde repara nuestra insumisión mediante su sometimiento (cf. Lucas 2, 51); en su palabra que purifica a sus oyentes (cf. Juan 15, 3); en sus curaciones y en sus exorcismos, por las cuales "él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mateo 8, 17; cf. Isaías 53, 4); en su Resurrección, por medio de la cual nos justifica (cf. Romanos 4, 25).
-          Cfr. Catecismo, n. 2603: (…) Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su
corazón de hombre al misterio de la voluntad del Padre (Cf Efesios 1, 9 ).
-          Cfr. Catecismo, n. 668: (…) Cristo es el Señor del cosmos (Cfr. Efesios 4,10; 1 Corintios
15,24.27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (cfr. Efesios 1,10), su cumplimiento trascendente.

v  Carta a los Tesalonicenses

o   La voluntad de Dios es nuestra santificación

-          1 Tesalonicenses 4, 3-8: 3 Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os apartéis de
la impureza, 4 que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, 5 no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. 6 En este asunto que nadie abuse ni engañe a su hermano, pus el Señor toma venganza de todas estas cosas, como ya os advertimos y aseguramos. 7 Dios no nos ha llamado a la impureza una vida impura, sino a la santidad. 8 Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo.

o   Bienaventurados los limpios de corazón

§  Quienes ajustan su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios.
Principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe.
-          Cfr. Catecismo n. 2518: La sexta bienaventuranza proclama: "Bienaventurados los limpios de
corazón porque ellos verán a Dios" (Mt 5, 8). Los "corazones limpios" designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad (cf 1Tm 4, 3  - 9; 2Tm 2, 22), la castidad o rectitud sexual (cf 1Ts 4, 7; Col 3, 5; Ef 4, 19), el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (cf Tt 1, 15; 1Tm 1, 3-4; 2Tm 2, 23  - 26). Existe un vínculo entre la pureza del corazón, del cuerpo y de la fe:
       Los fieles deben creer los artículos del Símbolo "para que, creyendo, obedezcan a Dios;
       obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón,
       comprendan lo que creen" (S. Agustín, fid. et symb. 10, 25).

Vida Cristiana



[1] cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture B, Piemme ed. Settembre 1996, pp. 197 y 200-201.

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