lunes, 3 de abril de 2017
Cuaresma 2016, domingo 1º, año C. En el Año de la Misericordia reflexionemos sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración.
1 Cuaresma 2016, domingo 1º, año C. En el Año de la Misericordia reflexionemos sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración. cfr. Domingo 1º de Cuaresma, año C. 14 de febrero 2016 - Lucas 4, 1-13; Romanos 10, 8-13; Dt 26, 4-10 Romanos 10, 8-13: ¿Hermanos, qué dice la Escritura? = Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón =. Sed refiere a la palabra de la fe que nosotros proclamamos. 9 Porque, si confiesas con tu boca: «Jesús es Señor», y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, te salvarás. 10 Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. 11 Ya la Escritura dice: = Todo el que cree en él no quedará confundido. = 12 Pues no hay distinción entre judío y griego; porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que le invocan. 13 = Porque todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. = Lucas 4 1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu en el desierto, 2 durante estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y al final sintió hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: « Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. » 4 Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre». 5 Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; 6 . y le dijo el diablo: « Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. 7 . Si, pues, me adoras, toda será tuya. » 8 . Jesús le respondió: « Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto. » 9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: « Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; 10 porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. 11 Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna. » 12 Jesús le respondió: « Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios. » 13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno. EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA Que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. (Cfr. Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2016, Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar. 26 de enero de 2016) 1. La Cuaresma es tiempo de conversión: apto para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. A) Esta finalidad de la conversión del tiempo de Cuaresma está claramente indicada en la Liturgia de hoy. a) Oración Colecta de la Misa: “Al celebrar un año más la santa cuaresma, concédenos, Dios Todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”. b) Oración después de la comunión: “Haznos sentir hambre de Cristo pan vivo y verdadero y enséñanos a vivir de toda palabra que sale de su boca”. B) Sólo quien cree en el Señor encontrará la salvación. o Como una de las consecuencias, la misión de quien hace catequesis (en cualquiera de sus formas) es importante y clara. El catequista tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. 2 • Romanos 10, 13 (segunda Lectura): “Porque todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”. • Juan Pablo II, Homilía en el jubileo de los catequistas y profesores de religión, 10/12/2000: “Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. Como el Precursor, el catequista no debe enaltecerse a sí mismo, sino a Cristo. Todo está orientado a él: a su venida, a su presencia y a su misterio. El catequista debe ser voz que remite a la Palabra, amigo que guía hacia el Esposo”. C) Rasgad los corazones, y no las vestiduras Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa, Bendición e imposición de la ceniza, Miércoles de Ceniza, 13de febrero de 2013. La conversión, el volver a Dios, solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Señor penetra en nuestro interior y lo remueve dándonos la fuerza de «rasgar el corazón» y no las vestiduras. También hoy muchos están dispuestos a «rasgarse las vestiduras» ante escándalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio «corazón», sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta. Hay que subrayar la expresión «de todo corazón», que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, desde la raíz de nuestras decisiones, elecciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero, es posible este retorno a Dios? Sí, porque existe una fuerza que no reside en nuestro corazón, sino que brota del mismo corazón de Dios. Es la fuerza de su misericordia. Continúa el profeta: «Convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas» (Joel 2, 13). El retorno al Señor es posible por la ‘gracia’, porque es obra de Dios y fruto de la fe que ponemos en su misericordia. Este volver a Dios solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Señor penetra en nuestro interior y lo remueve dándonos la fuerza de «rasgar el corazón». Una vez más, el profeta nos transmite de parte de Dios estas palabras: «Rasgad los corazones y no las vestiduras» (v. 13). En efecto, también hoy muchos están dispuestos a «rasgarse las vestiduras» ante escándalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio «corazón», sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta. D. La Cuaresma es el tiempo oportuno para oír los silbidos del buen Pastor. o Nos llama a cada uno por nuestro nombre, con el apelativo familiar con el que nos llaman las personas que nos quieren. La ternura de Jesús, por nosotros, no cabe en palabras. Es Cristo que pasa, n. 59 “Exhortamur ne in vacuum gratiam Dei recipiatis (2 Corintios 6,1), os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque la gracia divina podrá llenar nuestras almas en esta Cuaresma, siempre que no cerremos las puertas del corazón. Hemos de tener estas buenas disposiciones, el deseo de transformarnos de verdad, de no jugar con la gracia del Señor. (…) No podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza. Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis (2 Corintios 6,2): éste es el tiempo oportuno, que puede ser el día de la salvación. Otra vez se oyen los silbidos del buen Pastor, con esa llamada cariñosa: ego vocavi te nomine tuo (Isaías 43,1). Nos llama a cada uno por nuestro nombre, con el apelativo familiar con el que nos llaman las personas que nos quieren. La ternura de Jesús, por nosotros, no cabe en palabras. 3 2. En la tradición cristiana se señalan tres caminos para la conversión: ayuno, caridad/limosna y oración. A) El ayuno o El ayuno radical, el ayuno de nosotros mismos, la verdadera conversión. Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, anno C, pp. 76-80 1 El ayuno nos lleva a aprender a no ser esclavos de nada, a ser desprendidos. • El ayuno nos lleva a aprender a no ser esclavos de nada, a ser desprendidos. Buscamos no ser esclavosno solamente de la comida y de la bebida sino también de las sensaciones que nos esclavizan, de valores de mero consumo, de vicios; del odio, de la venganza, de la frivolidad, de la vanidad ... Junto al ayuno corporal existe el ayuno al que se refiere san Pablo (Romanos 12, 2): “No os amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto”. El ayuno de “nosotros mismos”: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo”. “Iba de pequeño con mi padre al río, para cavar el tocón de los chopos cortados recientemente; se quitaba el terreno de alrededor y se cortaban, a medida que surgían, todas la raíces laterales y superficiales. Entonces yo, que era inexperto, comenzaba a empujar el chopo como si se pudiese moverlo con un sencillo empujón. El chopo, como muchos otros árboles, tiene una raíz-madre que cala a plomo en el terreno y es inamovible; hasta que no se corta esa raíz no se obtiene nada. Así nos sucede a nosotros: podemos cortar con tantos vínculos o necesidades: con los alimentos, con las cosas, con los demás, pero hasta que no metemos el hacha en nuestro “yo” viejo, tenaz y egoísta, no se avanza un centímetro en el camino del Evangelio. Permanecemos al otro lado de la verdadera conversión. Ésa es nuestra raíz que alimenta y hace crecer a las demás. Puede darse el asceta que atormenta su cuerpo, privado de todo, que está reducido a la piel y a los huesos por la penitencia, pero que está lleno de sí mismo y de su ascética: éste sería un hombre que debe convertirse todavía. Cada año, en Cuaresma, llamándonos a la conversión, la palabra de Dios nos llama a esa difícil operación. ¿Pero es necesario cortar con el hacha esa precisa raíz? ¿Por qué hay que entrar en conflicto con nosotros mismos? Porque es el lugar de Dios. Nuestro yo lo ocupa como un usurpador. El hombre, después del pecado, es como una ciudad fortificada pasada manos del enemigo: aunque cueste a quien la ha construida y habita en ella, hace falta desmantelarla, si no, desde allí, el enemigo no dejará de golpearnos. Desde ese sitio sabemos sobre quién estamos fundados y enraizados, quién es el sostén y la «roca» de nuestra vida, en quién nos centramos: en Dios o en nosotros mismos. ¡Pablo dice que nosotros debemos estar «enraizados y edificados» en Cristo Jesús. (Colosenses 2,7)!” (R. Cantalamessa, o.c. pp. 77-78). • Descendiendo a lo concreto. ¿Cuándo chupamos la linfa y nos alimentamos con aquella vieja raíz? Cuando dejamos que sea el “yo” viejo y pecador quien habla en nosotros, y expresa libremente sus juicios, sus condenas, quien destila resentimientos y rencores; cuando cedemos a la ira, a los celos y a la autocompasión. A veces, en esos casos, se tiene como la impresión física de chupar de aquella raíz venenosa; el espíritu se oscurece, se cierra en sí mismo, respiramos aire de muerte dentro de nosotros. Cuando nos sorprendemos en ese estado, debemos cortar enseguida con aquel hilo de los pensamientos, renegarlos, oponer a ellos pensamientos contrarios de amor, de perdón, de pureza, de misericordia: reconocer el error. Así se pone «el hacha en la raíz de los árboles» (Mateo 3,10): «Si con la ayuda del Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis» (Romanos 8,13). Éste es el verdadero ayuno espiritual, el ayuno de nosotros mismos. Sus frutos son la paz, la alegría, la concordia, la comunidad; en una palabra, «la vida nueva»”. (R. Cantalamessa, o.c. p. 78). o Razones para el ayuno Cfr. Indicaciones litúrgico-pastorales sobre el ayuno y la oración por la paz en preparación al encuentro de Asís del 24 de enero de 2002 1 Traducción de la redacción de VIDA CRISTIANA. 4 Como vivimos en una cultura “individualista”, las razones del ayuno son : impide que nos convirtamos en “puros consumidores”; nos ayuda a adquirir el fruto del Espíritu que es el dominio de sí (Cfr. Gálatas 5); nos predispone al encuentro con Dios y nos convierte en personas atentas a las necesidades de los demás. Son ayunos alternativos al ayuno y abstinencia de alimentos: el ayuno del tabaco y de alcohólicos (que también hace bien al cuerpo, además de, en primer lugar, al alma); el ayuno de las imágenes violentas y sensuales de medios de comunicación (TV etc.), de espectáculos, el ayuno de pensamientos hostiles, que hace que nuestros corazones sean pacificadores, etc. También estos “demonios” son vencidos solamente con el ayuno y la oración. o En los días de Cuaresma, que preceden a la fiesta pascual, se nos exige con más urgencia una purificación del espíritu. La purificación espiritual por el ayuno, no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios. De los sermones de san León Magno, papa, Sermón 6 sobre la Cuaresma. • Cuando se avecinan estos días, consagrados más especialmente a los misterios de la redención de la humanidad, estos días que preceden a la fiesta pascual, se nos exige, con más urgencia, una preparación y una purificación del espíritu. Porque es propio de la festividad pascual que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, no sólo aquellos que nacen en el sagrado bautismo, sino también aquellos que, desde hace tiempo, se cuentan ya en el número de los hijos adoptivos. Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo; así viviremos, en santos ayunos, esta Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios. B) La caridad/limosna o La limosna incluye una extensa gama de obras de misericordia (S. León Magno) • Caridad/Limosna: para sentirnos responsables de las necesidades de los demás. S. León Magno, papa (390-461). La limosna: incluye una extensa gama de obras de misericordia: son variadísimas (De los Sermones sobre la Cuaresma, Sermón 6º, 1-2 PL 54, 285-287): “Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Los ángeles dijeron: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; con ello nos enseñaron que todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz. Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición.” • Nos sentiremos responsables de las necesidades de los demás, de la sociedad civil, de hacer fructificar al servicio de los demás nuestras capacidades de todo tipo que podamos tener ... Reconociendo a Cristo en las necesidades de los demás. o Este tiempo de penitencia y de reconciliación animará a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad auténtica, abierta a todas las dimensiones del hombre. Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma del 2001. Esta actitud interior llevará también a ofrecer, con corazón nuevo, la ayuda material a quien se encuentra en necesidad. 5 Que este tiempo de penitencia y de reconciliación anime a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad autentica, abierta a todas las dimensiones del hombre. Esta actitud interior los conducirá a llevar los frutos del Espíritu (cfr Gal 5, 22) y a ofrecer, con corazón nuevo, la ayuda material a quien se encuentra en necesidad. Un corazón reconciliado con Dios y con el prójimo es un corazón generoso. En los días sagrados de la Cuaresma la "colecta" asume un valor significativo, porque no se trata de dar lo que nos es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino de hacerse cargo con solidaria solicitud de la miseria presente en el mundo. Considerar el rostro doliente y las condiciones de sufrimiento de muchos hermanos y hermanas no puede no impulsar a compartir, al menos, parte de los propios bienes con aquellos que se encuentran en dificultad. Y la ofrenda de Cuaresma resulta todavía más rica de valor si quien la cumple se ha librado del resentimiento y de la indiferencia, obstáculos que alejan de la comunión con Dios y con los hermanos. El mundo espera de los cristianos un testimonio coherente de comunión y de solidaridad. Al respecto, las palabras del apóstol Juan son más que nunca iluminadoras: “Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1 Jn 3, 17). C) La oración. o Nos ayuda a encontrar la justa relación con Dios: la oración nos convierte porque cambia la dirección de nuestra mirada. En vez de mirarnos a nosotros, contemplamos a Dios en Cristo, para que todo sea orientado hacia El. Cfr. Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, 6/01/2001 a) La contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, está impregnada de este misterio, señalado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que san Jerónimo afirma con vigor: « Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo ». [n. 17] (…) b) Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: « Señor, enséñanos a orar » (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: « Permaneced en mí, como yo en vosotros » (Jn 15,4). [n. 32] c) Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.18 [n. 33] d) Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino « cristianos con riesgo ». En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición. Hace falta, pues, que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral.[n. 34]. e) Alimentarnos de la Palabra para ser « servidores de la Palabra » en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio.[n. 40] o Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre Cfr. Francisco, «Misericordiae vultus», Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, 11 de abril de 2015. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que 6 encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. 1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico en misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como « Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona[1] revela la misericordia de Dios. 2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
La oración. No es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o muerte. Domingo 2º de Cuaresma, Ciclo C (21 de febrero de 2016). Rezo del Angelus, Benedicto XVI (2007). La Transfiguración del Señor. La verdadera oración consiste precisamente en unir nuestra voluntad con la de Dios. Para un cristiano rezar no es evadirse de la realidad y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor
1 La oración. No es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o muerte. Domingo 2º de Cuaresma, Ciclo C (21 de febrero de 2016). Rezo del Angelus, Benedicto XVI (2007). La Transfiguración del Señor. La verdadera oración consiste precisamente en unir nuestra voluntad con la de Dios. Para un cristiano rezar no es evadirse de la realidad y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor. Cfr. Benedicto XVI, Rezo del Angelus, 4 marzo 2007. Fuente: Zenit o El Señor quiso manifestar a sus amigos la luz interior que le invadía cuando rezaba: su rostro --leemos en el Evangelio-- se iluminó y sus vestidos dejaron traslucir el esplendor de la Persona divina del Verbo encarnado. En este segundo domingo de Cuaresma, el evangelista Lucas subraya que Jesús subió al monte «a orar» (9, 28) junto con los apóstoles Pedro, Santiago y Juan y, «mientras oraba» (9,29), acaeció el luminoso misterio de su transfiguración. Subir al monte para los tres apóstoles supuso quedar involucrados en la oración de Jesús, que se retiraba con frecuencia para orar, especialmente en la aurora o después del atardecer, y en ocasiones durante toda la noche. Ahora bien, sólo en esa ocasión, en el monte, quiso manifestar a sus amigos la luz interior que le invadía cuando rezaba: su rostro --leemos en el Evangelio-- se iluminó y sus vestidos dejaron traslucir el esplendor de la Persona divina del Verbo encarnado (Cf. Lucas 9,29). o La verdadera oración consiste en unir nuestra voluntad con la de Dios. Para un cristiano rezar no es evadirse de la realidad y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor. En la narración de san Lucas hay otro detalle que es digno de ser subrayado: indica el objeto de la conversación de Jesús con Moisés y Elías, aparecidos junto a Él transfigurado. Éstos, narra el evangelista, «hablaban de su partida (en griego «éxodos»), que iba a cumplir en Jerusalén» (9, 31). Por tanto, Jesús escucha la Ley y los profetas que le hablan de su muerte y resurrección. En su diálogo íntimo con el Padre, no se sale de la historia, no huye de la misión para la que vino al mundo, a pesar de que sabe que para llegar a la gloria tendrá que pasar a través de la Cruz. Es más, Cristo entra más profundamente en esta misión, adhiriendo con todo su ser a la voluntad del Padre, y nos demuestra que la verdadera oración consiste precisamente en unir nuestra voluntad con la de Dios. Para un cristiano, por tanto, rezar no es evadirse de la realidad y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor. Por este motivo, la comprobación de la transfiguración es, paradójicamente, la agonía en Getsemaní (Cf. Lucas 22, 39-46). Ante la inminencia de la pasión, Jesús experimentará la angustia mortal y se encomendará a la voluntad divina; en ese momento, su oración será prenda de salvación para todos nosotros. Cristo, de hecho, suplicará al Padre celestial que «le libere de la muerte» y, como escribe el autor de la Carta a los Hebreos, «fue escuchado por su actitud reverente» (5, 7). La prueba de esta escucha es la resurrección. o La oración no es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o muerte. Sólo quien reza, es decir, quien se encomienda a Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo. Queridos hermanos y hermanas: la oración no es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o muerte. Sólo quien reza, es decir, quien se encomienda a Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo. Durante este tiempo de Cuaresma, pidamos a María, Madre del Verbo encarnado y Maestra de vida espiritual, que nos enseñe a rezar como hacía su Hijo para que nuestra existencia quede transformada por la luz de su presencia. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
Cuaresma 2016, tercer Domingo, año C. El Señor es compasivo y misericordioso, nos colma de amor y de ternura. La conversión personal es una reorientación radical de toda la vida a Dios con todo nuestro corazón. Se realiza en la vida cotidiana: mediante gestos de reconciliación, de atención a los pobres, del ejercicio y defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas antes los hermanos, con el examen de conciencia, etc. El presuntuoso. La paciencia de Dios.
1 Cuaresma 2016, tercer Domingo, año C. El Señor es compasivo y misericordioso, nos colma de amor y de ternura. La conversión personal es una reorientación radical de toda la vida a Dios con todo nuestro corazón. Se realiza en la vida cotidiana: mediante gestos de reconciliación, de atención a los pobres, del ejercicio y defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas antes los hermanos, con el examen de conciencia, etc. El presuntuoso. La paciencia de Dios. Cfr. 3º Domingo Cuaresma Ciclo C 28 de febrero de 2016 Éxodo 3, 1-8.13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10, 1-6.10-12; Lucas 13, 1-9 -1Corintios 10,1-6.10-12, segunda Lectura: 1 No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; 2 y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar; 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. 5 Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, puesto que cayeron muertos en el desierto. 6 Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. 10 Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador. 11 Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. 12 Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga. -Salmo responsorial: 102 - R. El Señor es compasivo y misericordioso. L. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su Santo Nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios/R L. El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; El rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura /R. L. El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. A Moisés le mostró su bondad, y sus prodigios al pueblo de Israel /R. L. El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia /R. -Evangelio (Lucas 13,1-9): En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. 2 Jesús les hizo este comentario: "¿Pensáis que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si no os arrepentís pereceréis de manera semejante. 4 Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si no os arrepentís, pereceréis de manera semejante". Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. 7 Dijo entonces al viñador: `Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?' 8 El viñador le contestó: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, 9 para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré”. La necesidad de la conversión personal para salvarnos: “si no os arrepentís, pereceréis de manera semejante”. (Evangelio: Lucas 13,4) El Señor es compasivo y misericordioso, nos colma de amor y de ternura. (Salmo responsorial: 102) 1. Primera Lectura: “el que crea estar en pie, mire no caiga”. No basta ir de un lugar a otro, el éxodo físico, sino que hace falta cambiar de modo de vivir. o El paso (éxodo) de la conversión: el paso de un modo de vivir a otro. - San Pablo en la primera Lectura (1 Corintios), explica, acerca del Éxodo del pueblo de Israel cuando salieron de Egipto, que todos cruzaron el mar Rojo ... todos comieron el mismo alimento milagroso y todos bebieron de la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. ... Sin embargo, la mayoría de ellos desagradaron a Dios y murieron en el desierto. - Y Pablo añade: «Todo esto sucedió como advertencia para nosotros, a fin de que no codiciemos cosas malas como ellos lo hicieron. No murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del ángel exterminador. Todas estas cosas les sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros y fueron puestas en las Escrituras como advertencia para los que vivimos en los últimos tiempos. Así pues, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer». - “No basta el éxodo físico, hace falta el éxodo espiritual; no basta pasar de un lugar a otro, hace falta pasar de un estado a otro, de un modo de vivir a otro. Para muchos israelitas no sirvió para nada el haber salido de Egipto, porque no habían salido de sí mismos, de su propia voluntad. Del mismo modo, nos dice el Apóstol, para poco sirve también a nosotros los cristianos el estar bautizados, e incluso comer el Cuerpo del Señor y beber su sangre (el maná y el agua) si después, como sucedía en Corinto, no se abandona el viejo modo de vivir en la fornicación y en la idolatría» (R. Cantalamessa, Passa Gesù di Nazaret, Piemme 1999, p. 98). - Debemos entender «cuál es el nuevo nombre del éxodo: conversión. Conversión, en el lenguaje bíblico, 2 no indica el paso de un lugar a otro, sino, precisamente, el paso de un modo de vivir a otro». ( R. Cantalamessa, o.c., p. 99). - “Estamos en Cuaresma y nos vendrá bien preguntarnos qué camino estamos recorriendo: ¿Voy por el camino de la vida o por el camino de la mentira? ¿Cuánta cerrazón hay en mi corazón todavía? ¿Dónde está mi alegría: en el hacer o en el decir? ¿En salir de mí mismo para ir al encuentro de los demás, para ayudar con las obras de misericordia? ¿O mi alegría es tenerlo todo en su sitio, pero encerrado en mí mismo?” (Papa Francisco, Homilía (25/02/2016). 2. La conversión en el Catecismo de la Iglesia Católica La vida nueva recibida con el Bautismo no suprime la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que es llamada concupiscencia.1 El combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios. • CEC 1426: La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho «santos e inmaculados ante El» (Efesios 1, 4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es «santa e inmaculada ante El» (Ef 5, 27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (Cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (Cf DS 1545; Lumen gentium 40). La conversión es una reorientación radical de toda la vida a Dios con todo nuestro corazón, y comprende la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina. • CEC 1431: La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron «animi cruciatus» (aflicción del espíritu), «compunctio cordis» (arrepentimiento del corazón) (Cf Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4). La conversión se realiza en la vida cotidiana: mediante gestos de reconciliación, de atención a los pobres, del ejercicio y defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, con el examen de conciencia, etc. • CEC 1435: La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Cf Amós 5, 24; Isaías 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (Cf Lucas 9, 23). EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA Una de las dos clases de presunción es esperar obtener el perdón de la misericordia divina sin conversión. • CEC 2092: Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas, (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito). Evangelio de hoy, la parábola de la higuera: la paciencia de Dios • “La parábola, para aquellos hombres y para nosotros, es una advertencia y un aviso: Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cfr. Ezequiel 33,11), y «tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan» (2 Pedro 3,9)”. (Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Lucas 13, 6-9). www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana 1 Cfr. CEC 405, 978 y 1264
domingo, 2 de abril de 2017
5º domingo de cuaresma - Ciclo A 2 de abril de 2017
Ø 5º Domingo de Cuaresma (2 de abril de 2017). En la segunda lectura de hoy se explican las dosmaneras en las que se puede vivir en este mundo. La vida según el espíritu, con arreglo a la cual se busca a Dios por encima de todas las cosas y se lucha, con su gracia, contra las inclinaciones de la concupiscencia. La segunda es la vida según la carne, por la que el hombre se deja vencer por las pasiones. No olvidemos jamás que para todos - para cada uno de nosotros, por tanto - sólo hay dos modos de estar en la tierra: se vive vida divina, luchando para agradar a Dios; o se vive vida animal, más o menos humanamente ilustrada, cuando se prescinde de Él. Dos modos de nacer, de vivir y de morir. La vida sobrenatural de los hijos de Dios. Se trata de la vida según el Espíritu no según la precariedad de la condición humana (vivir según la carne).
v Cfr. 5º domingo de cuaresma - Ciclo A 2 de abril de 2017
Ezequiel 37, 12-14; Romanos 8,
8-11; Juan 11, 1-45
Romanos 8, 8-11: 8
Los que viven según la carne no pueden
agradar a Dios.9 Ahora bien vosotros no
vivís según la
carne, sino
según el espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo ese no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo
está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu tiene vida a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de
Aquel que resucitó a Jesús de entre los
muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó de entre los muertos a Cristo
dará vida también a vuestros cuerpos mortales por medio
de su Espíritu que habita en vosotros.
Juan 11, 1-45: 1 Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania,
la aldea de María y de Marta, su hermana. 2 María era la que ungió al Señor con
perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano
Lázaro. 3 Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú
amas está enfermo». (…) 11 Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está
dormido: voy a despertarlo». 12 Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si
duerme, se salvará». 13 Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron
que hablaba del sueño natural. 14 Entonces Jesús les replicó claramente:
«Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí,
para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro». (…) 17 Cuando Jesús llegó,
Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. (…) 21 Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras
estado aquí no habría muerto mi hermano. 22 Pero aún ahora sé que todo lo que
pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
24 Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». 25 Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree
en mí, aunque haya muerto, vivirá; 26 y el que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees esto?». 27 Ella le contestó: «Sí, Señor: yo
creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». (…)
38 Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad
cubierta con una losa. 39 Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del
muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». 40 Jesús le
replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». 41 Entonces
quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy
gracias porque me has escuchado; 42 yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo
digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». 43 Y
dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». 44 El muerto salió,
los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús
les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». La condena a muerte de Jesús por el
Sanedrín 45 Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había
hecho Jesús, creyeron en él.
«Yo soy la
Resurrección y la Vida»
Nacer, vivir
y morir según la carne o según el Espíritu.
Vosotros no vivís
según la
carne, sino según el espíritu,
si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros.
(Segunda
lectura, Romanos 8, 9)
1. Introducción
v Dos imágenes de los dos domingos anteriores: Jesús, agua y luz. En este domingo: Jesús es la vida.
·
En los dos domingos
anteriores de la Cuaresma (3º ciclo A y 4º ciclo A), el Evangelio nos habla del
agua y de la luz,
refiriéndolos al Señor Jesús y a la vida cristiana. Se
hablaba de dos tipos de agua y de dos tipos de luz, la física y la que trae
Jesús. Hoy la liturgia nos habla de la vida física (que devuelve Jesús a Lázaro
por medio de un milagro, pues había muerto), y de otra vida, diferente a la
biológica, a la que alude Jesús cuando dice «Yo soy la resurrección y la vida:
el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí,
no morirá para siempre (Juan 11, 25)».
2. Dos maneras en la que se puede vivir en
este mundo.
v En la segunda lectura de hoy (Romanos 8, 8-11) se explican las dos maneras en las que se puede vivir en este mundo.
·
Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Romanos 8, 1-13: “San Pablo especifica
dos maneras en las que puede vivir en
este mundo (vv.
5-8). La primera es la vida según el
espíritu, con arreglo a la cual se busca a Dios por encima de todas las cosas y
se lucha, con su gracia, contra las inclinaciones de la concupiscencia. La
segunda es la vida según la carne, por la que el hombre se deja vencer por las
pasiones. La vida según el Espíritu, que tiene su raíz en la gracia, no se
reduce al mero estar pasivo y a unas cuantas prácticas piadosas. La vida según
el Espíritu es un vivir según Dios que informa la conducta del cristiano:
pensamientos, anhelos, deseos y obras se ajusta a lo que Dios pide en cada
instante y se realizan al impulso de las mociones del Espíritu Santo”.
·
Cfr. Nuevo Testamento ibídem ..., 8,14-30: “Gracias al Espíritu, el cristiano puede participar en la vida de
Cristo,
Hijo de Dios por
naturaleza. Esta participación viene a ser entonces una «adopción filial» (v.
15) y por eso puede llamar individualmente a Dios: «¡Abbá, Padre!», como lo hacía Jesús. Al ser, por adopción,
verdaderamente hijo de Dios, el cristiano tiene – por decirlo así – un derecho
a participar también en su herencia: la vida gloriosa en el Cielo (vv. 14-18). (…)
El sentido de la filiación divina nos hace descubrir que los acontecimientos de
nuestra vida están dirigidos por la amable Voluntad de Dios y nos llena de
esperanza y paz”.
·
San Pablo señala con fuerza que la vida
según el Espíritu que inhabita en los cristianos es la verdadera y única
vida,
contrapuesta a la vida según la carne, que es una vida sólo aparente, o que, más
bien, es muerte. Con la palabra «carne» no habla de cuerpos mortales, sino de
los vicios y del pecado, que alejan de Dios única fuente de la vida. “Los que
viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8,8). “Ahora bien,
vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu
de Dios habita en vosotros” (Romanos 8, 9). (cfr. 1 Corintios 3,16; 1 Juan
3,24).
·
En otra carta (Gálatas 2, 20),
San Pablo afirma que no se trata de salir de la condición mortal sino de vivir en
la fe: “Vivo,
pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida
que vivo ahora en la carne la vivo en la
fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Y en la misma carta (5, 16-24), hace una
alusión explícita a los frutos de la carne y los del Espíritu: “Andad según el
Espíritu y no realicéis los deseos de la carne, pues la carne desea contra el
espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que
no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el espíritu, no estáis bajo
el dominio de la Ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación,
impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas,
envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias,
borracheras, orgias y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne,
que los que así obran no heredarán el Reino de Dios. En cambio, el fruto del
Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad,
amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la Ley. Y los que son de Cristo
Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos» (Ga 5, 16-24)”.
·
Es interesante observar, a propósito de
cuanto dice san Pablo en este texto (Gálatas 2,20), lo que comenta la
Biblia
de Jerusalén: “(a) Por la fe (Romanos 1,16), Cristo se convierte, en cierto sentido, en sujeto de todas las acciones
vitales del cristiano (Romanos 8, 10-11+; Filipenses 1,21; ver Colosenses
3,3+). (b) Aunque todavía «en la carne»
(Romanos 7,5+), la vida del cristiano está ya espiritualizada por la fe (ver Ef
3,17); sobre esta condición paradójica, ver Rm 8, 18-27).”
·
Amigos de Dios,
206: No olvidemos jamás que para todos - para cada uno de nosotros, por
tanto - sólo hay dos
modos de estar en la tierra: se vive vida divina, luchando para agradar
a Dios; o se vive vida animal, más o menos humanamente ilustrada, cuando se
prescinde de El. Nunca he concedido demasiado peso a los santones que alardean
de no ser creyentes: los quiero muy de veras, como a todos los hombres, mis
hermanos; admiro su buena voluntad, que en determinados aspectos puede
mostrarse heroica, pero los compadezco, porque tienen la enorme desgracia de
que les falta la luz y el calor de Dios, y la inefable alegría de la esperanza
teologal.
Un cristiano sincero, coherente
con su fe, no actúa más que cara a Dios, con visión sobrenatural; trabaja en
mundo, al que ama apasionadamente, metido en los afanes de la tierra,
con la mirada en el Cielo. Nos lo confirma San Pablo: quæ sursum sunt quærite; buscad las cosas de arriba, donde Cristo está
sentado a la diestra de Dios; saboread las cosas del Cielo, no las de la
tierra. Porque muertos estáis ya - a lo que es mundano, por el Bautismo-, y vuestra vida está escondida con Cristo
en Dios (Colosenses 3, 1-3).
2. Evangelio: Yo soy la Resurrección y la Vida (v. 25)
·
Jesús es la Resurrección porque su victoria sobre la
muerte es causa de la resurrección de todos los hombres.
Es la Vida no solamente porque abre la puerta a la
vida eterna, sino también porque concede la gracia al hombre viador. Ciertamente
está hablando de la vida en Él, de la vida según el Espíritu Santo, de la vida
de los Hijos de Dios, que Él concede por medio de nuestra fe y del Bautismo. En la segunda lectura S. Pablo dice a los Romanos, en el
capítulo 8 dedicado a la vida del creyente en el Espíritu: “vosotros no vivís
según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en
vosotros”, v. 9). La palabra «espíritu» “designa o bien la misma persona del
Espíritu Santo (más claramente en el v.9), o bien el espíritu del hombre
renovado por esta presencia (ver 5,5+ y 1,9+)” (Biblia de Jerusalén, Romanos
8,2).
·
La resurrección de Lázaro es un «signo»
muy preciso. Lázaro morirá de nuevo, y podemos estar seguros de que
el milagro realizado
por Jesús no tenía como finalidad garantizar a Lázaro algún mes o algunos años
más de vida en esta tierra, sino la de atraer
a todos hacia la fe en el Mesías.
·
El Espíritu Santo, que Jesús nos envía para que
vivamos como Hijos de Dios, hace - si no
ponemos obstáculos
- que vivamos la vida cristiana en esta tierra, que es preludio,
incoación de la vida eterna. «La vida de
los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse
nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo» (Prefacio
de Difuntos, en el Misal Romano).
v Algunas afirmaciones en el Catecismo de la Iglesia Católica
·
La fe es ya comienzo de la vida eterna (cfr. CEC
163).
·
CEC 168: (...) Por medio de la Iglesia recibimos la
fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual
Romano, el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: «¿Qué pides a
la Iglesia de Dios?» Y la respuesta es: «La fe». «¿Qué te da la fe?» «La vida
eterna».
·
CEC 265: Por la gracia del bautismo «en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» somos
llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí
abajo en la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eterna (Cf
Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 9).
·
CEC 1709: (...) La vida moral, madurada en la
gracia, culmina en vida eterna, en la gloria del cielo.
·
CEC 1996: (...) La gracia es el favor, el auxilio
gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a
ser hijos de Dios (46), hijos adoptivos (47), partícipes de la
naturaleza divina (48), de la vida eterna
(Cf Juan 17, 3).
·
CEC 2820: Discerniendo según el Espíritu, los
cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de
Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las
que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del
hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en
práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este
mundo a la justicia y a la paz (Cf Gaudium
et spes, 22; 32; 39; 45; Evangelii nuntiandi,
31).
3. La vida sobrenatural de los hijos de Dios. ¿De qué vida se trata?: de la vida según el Espíritu no según la precariedad de la condición humana (vivir según la carne).
v Estar o vivir en el Espíritu, equivale en la práctica estar o vivir «en Cristo». Carne y Espíritu: dos modos de nacer, de vivir y de morir
Cfr. Raniero
Cantalamessa, El misterio de Pentecostés,
Edicep 1998, pp. 85-92:
“El apóstol Pablo, en sus cartas, nunca expone el
misterio cristiano, sin que el anuncio vaya seguido de la exhortación práctica,
y el kerygma de la parénesis. En el
caso del Espíritu santo, el paso del kerygma
a la parénesis y del don al deber, es
admirablemente resumido por el Apóstol con estas palabras: Si vivimos según el Espíritu,
obremos también según el Espíritu (Ga 5, 25). El primer verbo está en
indicativo e indica lo que Dios ha «hecho» por nosotros, esto es, indica el don
de la vida nueva en el Espíritu, o también el «estado» en que nos encontramos
gracias al bautismo. El segundo verbo es un subjuntivo exhortativo e indica «lo
que hay que hacer» por parte nuestra; con él se nos exhorta a comportamos de
manera coherente con lo que hemos llegado a ser. Es como si el Apóstol se
dirigiera al cristiano, diciéndole: «sé aquello en lo que te has convertido».
El don se convierte en norma. El Espíritu Santo, vida nueva, se convierte
también en la nueva ley del cristiano.
San Pablo se sirve de la oposición carne-Espíritu
para delinear una visión completa de la vida cristiana, esto es, para trazar un
primer esbozo de antropología teológica. En particular, dicha oposición sirve
para explicar los tres hechos fundamentales de la existencia: el nacimiento, la
vida, la muerte. En otras palabras, hay dos modos de nacer, según la palabra de
Dios: de la carne y del Espíritu; dos modos de vivir: según la carne y según el
Espíritu; y dos resultados finales: la muerte o la vida eterna: Pues las tendencias de la carne -dice- son muerte;
mas las del Espíritu, vida y
paz (Rm 8, 6).
v Clarificación del significado de los dos términos carne y Espíritu. Uso cotidiano y uso bíblico. (pp. 86-88)
Tratemos de clarificar, ante todo, el significado
de los dos términos carne y Espíritu, En el uso cotidiano «carne» indica el
componente corporal del hombre, con una referencia concreta a la esfera sexual;
mientras que «espíritu» indica la razón, o el alma, esto es, el componente
espiritual del hombre. En este sentido se habla, por ejemplo, de los placeres o
pecados de la carne, o también de cultivar el propio espíritu. Este uso ha
ensombrecido a menudo el genuino significado bíblico de los dos términos. En la
Biblia, la oposición carne-espíritu, aun incluyendo este primer significado, no
queda limitado a él, sino que es mucho más radical. Carne indica tanto el
cuerpo como el alma, esto es, la inteligencia y la voluntad del hombre en
cuanto realidades puramente naturales,
marcadas, además, por la experiencia del pecado que los hace proclives al mal.
En otras palabras, carne indica a todo el hombre en su precariedad, tanto
física como moral, en cuanto infinitamente distante de Dios que es Espíritu
(cfr. Jn 4,24). Para utilizar una expresión moderna, carne indica las
«condición humana». Decir que el Verbo se ha hecho carne (Jn 1,14), significa
decir que se ha hecho hombre, que ha asumido la condición humana. ¿Y qué
indica, entonces, la palabra Espíritu? Indica la realidad divina, la gracia y
todo aquello que el hombre es y hace cuando está movido por este principio
nuevo y superior. En la contraposición carne-Espíritu, Espíritu indica siempre,
directa o indirectamente, al Espíritu Santo, y por ello debería escribirse con
letra mayúscula.
Para
hacernos una idea de la diversidad de usos – el común y el bíblico -, basta
decir que el acto que normalmente es considerado como el más «carnal» de todos,
puede ser, en la visión bíblica, un acto psíquicamente espiritual, un gesto
según el Espíritu, si se realiza en el seno del matrimonio, con amor y en el
respeto a la voluntad del Creador. Por el contrario, el acto que se considera
como el más espiritual de todos – el filosofar -, juzgado con el patrón de la
Biblia, es una obra de la carne, si uno lo realiza siguiendo una lógica
egoísta, para exaltarse a sí mismo o sus propias dotes, o si con él se enseña
el error y la mentira. San Pablo denomina a todo esto, en efecto, «sabiduría de
la carne» (Rm 8,7). Por otra lado, sabemos que lo que se entiende normalmente
con la palabra «espíritu», cuando se habla del «espíritu de los tiempos», o del
«espíritu del mundo», es exactamente eso que la Biblia llamaría «carne».
En la
oposición carne-Espíritu de la Biblia no está, pues, en juego tan sólo la
oposición entre instintos y razón, o entre cuerpo y alma, sino también aquella
otra más radical entre naturaleza y gracia, entre lo humano y lo divino, entre
lo terreno y lo eterno, entre el egoísmo y el amor. Carne y Espíritu indican
dos mundos y dos esferas distintas de acción. Aclarado este significado diverso
de los términos, podemos ahora ilustrar la afirmación hecha más arriba de que
según la Biblia existen dos modos de nacer: de la carne o del Espíritu; dos
modos de vivir: según la carne o según el Espíritu; dos modos de concluir la
vida: con la muerte o con la vida
eterna.
v Dos modos de nacer (pp. 88-90)
o
Nacimiento
natural
Dos modos de
nacer. La Biblia designa de distintos modos el
nacimiento natural del padre o de la madre. Lo llama nacimiento «de la carne» (Jn 3, 6), «de sangre, de voluntad de la
carne o de deseo del hombre» (Jn I, 13), «de germen corruptible» (I P 1,23). Es
necesario prestar atención para no ver en ello ningún juicio negativo, o de
condenación del acto de engendrar o del nacimiento humano en sí mismo. La
Biblia no ignora que, a fin de cuentas, también el nacimiento natural viene de
Dios que creó al hombre, macho y hembra, precisamente para que fueran fecundos
y llenaran la tierra. Venir al mundo es un don, no una condena, como pensaban
en la antigüedad platónicos y gnósticos.
Si hay un matiz negativo en aquellas expresiones, no se debe tanto a lo que el
nacimiento humano es en sí mismo, cuanto a lo que no es; se debe no tanto a lo
que posee cuanto a lo que le falta todavía La mejor confirmación de ello es que
también de Jesús se dice que nació «del linaje de David, según la carne» (Rm 1,3). Ni siquiera la fe en el pecado original anula este valor
fundamentalmente positivo de la vida humana y, por tanto, del nacimiento
natural. Por otra parte, en las fuentes
bíblicas, el pecado original nunca está tan estrechamente ligado al modo de
transmisión de la vida por generación sexual, como lo estará más tarde, a
partir de san Agustín.
o Nacimiento según el Espíritu. (pp. 89-90)
Y vayamos al nacimiento según el Espíritu. También el
nacimiento del Espíritu es designado con expresiones distintas: «de Dios» (Jn 1, 13),
« de lo alto» (Jn 3,3,d « de un germen incorruptible, por medio de la palabra de Dios» (1 P 1,23). Este nacimiento,
o renacimiento, tiene lugar por iniciativa y voluntad de Dios Padre, que
lo obra mediante el Espíritu. La vida que se da como resultado de este nuevo
nacimiento es vida «en Cristo», o vida «en el
Espíritu». El «germen» con el que
se transmite dicha nueva vida es la palabra de Dios, acogida mediante la fe. El
nuevo nacimiento está siempre vinculado a la fe: «Todo el que cree que
Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios»
(1 Jn 5,1). Esto mismo se dice, también, de otro
modo: no somos nosotros los que en realidad nacemos de nuevo, sino que es
Cristo quien es concebido y nace en nosotros «por obra del Espíritu Santo». Pero, en realidad, es lo mismo, visto desde un ángulo distinto.
Todo ello se realiza concretamente en el bautismo, por eso el nuevo nacimiento
es denominado «de agua y de Espíritu» (Jn 3,5). Quien pasa a través de esta experiencia , llamada de
iniciación, es llamado «nueva
criatura» y, del mismo modo en que por el
nacimiento natural somos hijos de hombre, hijos de un padre y de una madre, así
también, con este renacimiento, llegamos a ser hijos de Dios (Rm 8,14; 1 Jn
3,1).
v Dos modos de vivir (pp. 90-91)
Dos modos de vivir. En
continuidad con estos dos tipos de nacimiento – de la carne o del Espíritu -,
la Biblia habla también de dos formas o estilos distintos de vida, que define,
respectivamente, vida según la carne y vida según el Espíritu. San Pablo nos
ofrece una descripción con el estilo de las «vidas paralelas»: Los que viven según la carne, desean lo
carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias
de la carne son muerte; mas las tendencias del espíritu, vida y paz, ya que las
tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios,
ni siquiera pueden; así, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios
(Rm 8, 5-8).
o Vivir según la carne.
Vivir según la carne
significa vivir a un nivel natural, sin la fe. Viven según la carne aquellos
que viven según la naturaleza, pero no la naturaleza originaria, creada buena y
gobernada por Dios que todavía hace oir su voz, por debilitada que esté, a
través de la conciencia; sino la naturaleza corrompida por el pecado, que se
expresa a través de las distintas concupiscencias y, sobre todo, mediante el
egoísmo. Las manifestaciones típicas de una vida planteada de este modo, son
las así llamadas «obras de la carne»: «fornicación, impureza,
libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas,
divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes» (Ga 5,19).
o Vivir según el Espíritu
Vivir según el Espíritu significa, por el contrario, pensar, querer y obrar, movidos
interiormente por ese principio de vida nueva que en el bautismo es introducido
en nosotros, que es el Espíritu de Jesús. Vivir según el Espíritu equivale por
ello a imitar a Cristo. Las manifestaciones propias de esta vida nueva son los
así llamados «frutos del Espíritu»: «amor, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Ga 5, 22).
v Dos modos de morir (pp. 91-92)
o
Según la
carne y según el Espíritu
Dos modos de morir. Y
llegamos, finalmente, a los dos resultados a los que dan lugar respectivamente
el vivir según la carne o el vivir según el Espíritu: la muerte o la vida: Si vivís según la carne, moriréis. Pero si
con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis (Rm 8,13). Si
uno vive según la carne, esto es, en una perspectiva puramente natural y
terrena – ya que la «carne» es, por definición, lo perecedero, lo corruptible, aquello que
tiene un comienzo, un desarrollo y un final -, el horizonte último de una vida
así no puede ser más que la muerte. Toda
carne – dice la Biblia – es hierba y
todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita (Is 40, 6-8).
Desde este punto de vista, tiene mucha razón aquel filósofo que definió al
hombre como un «ser – para – la – muerte»; alguien que acaba de nacer y que ya empieza a morir (M.
Heidegger, El ser y el Tiempo, 51. Fondo Cultura Económica, México 1974,
275-278). No se va más allá de este horizonte: el hombre nace y vive para
morir.
Pero
si uno vive según el Espíritu – dado que el Espíritu es, por definición, lo que
no se corrompe, lo eterno – el horizonte, en este caso, no se cierra con la
muerte. La vida nueva del Espíritu tiene un comienzo, pero no tiene un final: El que siembra en su carne, de la carne
cosechará corrupción; el que siembra en el Espíritu, del Espíritu cosechará la
vida eterna (Ga 6,8). Visto desde una perspectiva «espiritual», el hombre
ya no aparece como un ser – para – la – muerte, sino más bien como un ser –
para – la – eternidad. Ni siquiera la carne, ciertamente, acabará para siempre
en la corrupción, en virtud de la resurrección de los muertos. Pero esto – es
decir, devolverle la vida también a nuestro cuerpo, al final de los tiempos –
será, precisamente, la última gran obra del Espíritu: Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros, aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará
también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en
vosotros (Rm 8,11).
4. La vida divina, una nueva experiencia, una visión luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos los primeros cristianos a dar testimonio público hasta el final”
Cfr. Francisco, Encíclica Lumen fidei, 29 de junio de 2013
o En los primeros cristianos: una nueva experiencia de la que están dispuestos a dar testimonio.
·
n. 5: “La convicción de una
fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su
gracia, animaba la
misión de los primeros cristianos. En las
Actas de los mártires leemos este diálogo entre el prefecto romano Rústico y el
cristiano Hierax: « ¿Dónde están tus padres? », pregunta el juez al mártir. Y
éste responde: « Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en
él »[5].
Para aquellos cristianos, la fe, en cuanto encuentro con el Dios vivo
manifestado en Cristo, era una « madre », porque los daba a luz, engendraba en
ellos la vida divina, una nueva experiencia, una visión luminosa de la
existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio público hasta el
final”.
§ La fe nos transforma interiormente, y nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida.
·
n. 20: “La fe sabe que Dios
se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don
que nos transforma interiormente, que
habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la
vida, el arco completo del camino humano”.
5. La psique que anima el cuerpo humano, es principio natural. El Espíritu Santo es principio sobrenatural. Los dos son principios diferentes de vida: cada uno transmite la vida que posee.
·
Biblia de Jerusalén, 1 Corintios 15,44: “Para Pablo, como para la tradición bíblica, la psijê (hebr.
Nefeš: ver Gen 2,7)
es el principio vital que anima el cuerpo humano (1 Co 15,45). Es su vida (Romanos
16,4; Filipenses 2,30; 1 Tesalonicenses 2,8; ver Mateo 2,20; Marcos 3,4; Lucas
12,20; Juan 10,11; Hechos 20,10, etc.), su alma viviente (2 Corintios 1,23), y
puede servir para designar al hombre entero (Romanos 2,9; 13,1; 2 Corintios
12,15; Hechos 2, 41.43,etc.). Pero no es más que un principio natural (1 Corintios
2,14; ver Judas 19), que ha de desaparecer ante el pneuma para que el hombre encuentre de nuevo la vida
divina. Esta sustitución, que se inicia ya durante la vida mortal por el don
del Espíritu (Romanos 5,5+; ver 1,9+), consigue la plenitud de su efecto
después de la muerte. Mientras que la filosofía griega esperaba una
supervivencia inmortal de sólo el alma superior (nus), liberada finalmente del cuerpo, el cristianismo sólo concibe
la inmortalidad como restauración íntegra del hombre, es decir, como la
resurrección del cuerpo por el Espíritu, principio divino que Dios había
retirado del hombre a consecuencia del pecado (Génesis 6,3), y que se lo
devuelve por la unión con Cristo resucitado (Romanos 1,4+; 8,11+), hombre
celeste y Espíritu vivificante (1 Corintios 15, 45-49). De natural o psíquico el
cuerpo se hace entonces pneumático,
incorruptible, inmortal (1 Corintios 15, 53), glorioso (1 Corintios 15,43; ver
Romanos 8,18; 2 Corintios 4,17; Filipenses 3,212; Colosenses 3,4), liberado de
las leyes de la materia terrestre (Juan 20, 19.26), y de sus apariencias (Lucas
24,16). – En un sentido más amplio, la psyjê
puede designar, en contraposición al cuerpo, (Mateo10, 28), la sede de
la vida moral y de los sentimientos (Filipenses 1,27; Efesios 6,6; Colosenes
3,23; ver Mateo 22,37p; 26,38p; Lucas 1,
46; Juan 12,27; Hechos 4,32; 14,2; 1 Pedro 2,11, etc.), y aun el alma
espiritual e inmortal (Hechos 2,27; Santiago 1,21; 5,20; 1 Pedro 1,9; Apocalipsis
6,9, etc.; 15,45). Es decir un ser dotado de vida por su psyjê, pero de una vida puramente natural, y sometida a las leyes
del desgaste y de la corrupción”.
6. Los cristianos están en la carne,
pero no viven según la carne.
·
CEC, n. 2796:
Cuando la Iglesia ora diciendo «Padre nuestro que estás en el cielo», profesa
que somos el Pueblo de
Dios «sentado en el
cielo, en Cristo Jesús» (Efesios 2, 6), «ocultos con Cristo en Dios» (Colosenses
3, 3), y, al mismo tiempo, «gemimos en este estado, deseando ardientemente ser
revestidos de nuestra habitación celestial» (2 Corintios 5, 2) (Cf Filipenses
3, 20; Hebreos 13, 14):
Los cristianos están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su
vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo (Epístola a Diogneto 5, 8-9).
Vida Cristiana
sábado, 1 de abril de 2017
Sacramentos para resucitar: por Monseñor Agrelo
Aquel otro día,
“al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento”.
Todavía resuenan en nuestro corazón las palabras que le dijo: “Ve
a lavarte a la piscina de Siloé”.whatsapp://send?text=Hello World!&phone=+9198********1
Esas palabras
evocan el misterio de nuestro encuentro con Jesús, cuando la Luz nos
dijo: “Ve a lavarte a la fuente bautismal”, “ve a
Siloé”, “al Enviado”, “a Cristo Jesús”...
Fuimos, nos
lavamos, y volvimos con ojos de ver, unos ojos que sólo Dios puede
dar.
Hoy, el que es
nuestra luz, dice de sí mismo: “Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, no morirá para siempre”.
Y esas palabras,
que nos revelan el misterio de Jesús, revelan al mismo tiempo el
misterio del bautismo que los catecúmenos se disponen a recibir y
que el pueblo de Dios ya ha recibido, y revelan también el misterio
de la eucaristía que hoy celebramos: Hoy, a ti que has creído en
él, viene “el que es la resurrección y la vida”.
Tu fe lo recuerda
con asombro y agradecimiento: “En la Palabra estaba la vida, y
la vida era la luz de los hombres… Y la Palabra se hizo carne y
habitó entre nosotros”.
Tu fe dice: “La
Palabra habitó entre nosotros”; y el evangelio que se proclama
en tu celebración, te ayuda a comprender el significado de lo que
dices: La Palabra que es la vida ha venido a ti, ha abrazado tu
debilidad, se ha llegado a tu sepulcro, ha descendido a lo hondo de
tu mortalidad. La Palabra que es la vida, por amor a ti, habitó
contigo en el lugar de los muertos.
Y tú, por la fe y
los sacramentos de la fe, has acogido a la Palabra y te has abrazado
a la vida: creyendo, vives; comulgando, resucitas.
“La Palabra
se hizo carne y habitó entre nosotros”: Viniendo a ti, la Vida
ha apartado la losa de tu sepulcro; viniendo a ti, la Resurrección
te liberó de tus ataduras y te dejó andar.
A ti, que gritabas
desde lo hondo, te ha visitado la misericordia de Dios, a ti ha
venido la redención copiosa. El Señor ha abierto nuestros sepulcros
y nos ha hecho salir de nuestros sepulcros, y nos ha infundido el
Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos.
Creyendo, Iglesia
cuerpo de Cristo, un día fuiste bautizada en el que es la
resurrección y la vida. Creyendo y comulgando, hoy, en la
Eucaristía, te haces una con el que es la resurrección y la vida.
Feliz domingo.
I
Suscribirse a:
Entradas (Atom)