viernes, 13 de noviembre de 2020
Que los pobres den testimonio de que estás despierta: por Santiago Agrelo
sábado, 31 de octubre de 2020
Vemos en esperanza nuestra gloria: por Santiago Agrelo
miércoles, 28 de octubre de 2020
Como niños en los brazos de Dios: por Santiago Agrelo
En la liturgia de este domingo, las palabras de la profecía suenan a maldición sobre un determinado modo de ejercer el sacerdocio.
El profeta enumera alguna de las cosas que desagradan al Señor hasta el punto de maldecir la bendición de los sacerdotes. Éstos se apartaron del camino del Señor, es decir, hicieron acepción de personas al aplicar la ley, y de ahí se siguió que muchos tropezaran en ella; invalidaron la alianza, haciendo posible que el hombre despojase a su prójimo.
A la profecía le hace eco el evangelio.
Ahora el que acusa es Jesús, y los señalados son escribas y fariseos, que se sentaron en la cátedra de Moisés como maestros del pueblo de Israel.
Éstos son los abusos que Jesús señala: “No hacen lo que dicen”; “lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar”.
Y esos mismos, que nada se preocupan de los demás, andan desordenadamente preocupados de sí mismos: “Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. De ahí que exhiban su religiosidad y busquen primeros puestos y asientos de honor, que les hagan reverencias y se les llame maestros.
Hoy, Iglesia cuerpo de Cristo, no se leen esos textos como inútil acusación a muertos, sino como saludable amonestación a quienes ahora estamos escuchando.
Supongo que, en nuestra celebración dominical, nos sentiremos particularmente interpelados los obispos, los presbíteros, los religiosos, todos aquellos que en la Iglesia, por nuestro ministerio, nos hemos sentado de alguna manera en la cátedra de Jesús. Pero harían mal los demás fieles si pensasen que no les concierne lo que aquí han escuchado, pues a todos se dirige la palabra de Dios y para todos es ejemplo Cristo Jesús: en él nos fijamos, de él aprendemos, con él comulgamos.
Escucha, Iglesia cuerpo de Cristo, lo que de sí mismo dice el Apóstol: “Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Deseábamos entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas”.
Y añadió, como quien da una explicación: “Porque os habíais ganado nuestro amor”.
Ahora fíjate en Cristo Jesús: nos dio el evangelio, nos dio su vida, nos dio su propia persona, se nos hizo madre, y no porque lo hubiésemos ganado con nuestro amor, sino porque asombrosamente, sencillamente, hermosamente, él nos amó.
Fíjate y escoge con quien deseas comulgar: con el que despoja a su prójimo, con los que dicen y no hacen, con los que lían fardos y se los cargan a los demás, con los que sólo se buscan a sí mismos, o con el que se abaja por todos, con el que se humilla por todos, con el que se entrega por todos.
Aquí comulgamos con el que se entrega.
Unida a él, pues eres su cuerpo, acallas y moderas tus deseos como un niño en brazos de su madre: como un niño en los brazos de Dios.
Feliz domingo.
lunes, 26 de octubre de 2020
sábado, 17 de octubre de 2020
Las gabelas de Dios: por Santiago Agrelo
miércoles, 7 de octubre de 2020
A todos los que encontréis, convidadlos a la boda: por Santiago Agrelo
“Aquel día” Dios preparará para todos los pueblos un festín, manjares suculentos, enjundiosos, vinos de solera, generosos. “Aquel día” Dios aniquilará la muerte para siempre. “Aquel día” Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros.
“Aquel día”: dos palabras en las que se encierra la esperanza del mundo.
Ahora, tú que has oído la palabra del profeta y has creído, dime si la has visto cumplida.
Tenemos un compañero de camino inseparable de nuestra vida, y es la muerte. Tenemos una compañera que conoce como nadie los secretos de nuestro rostro, y esa compañera son las lágrimas. Y más allá de esa muerte y esas lágrimas que nos siguen con la regularidad de los amaneceres, conocemos otras que son hijas de la violencia, de la crueldad, de la indiferencia, de la injusticia, de la avaricia, del odio…
Vivimos en un mundo en el que, pese a nauseabundos silencios informativos, la muerte y las lágrimas se nos cuelan por las ventanas del alma, y vemos pateras a la deriva con hombres, mujeres y niños muertos de hambre y de sed; vemos a hombres, mujeres y niños enterrados vivos en las aguas de nuestros mares; vemos a hombres, mujeres y niños hacinados en campos de confinamiento que hubieran sido considerados inadecuados para los animales de una granja.
Entonces me pregunto por “aquel día”, por la esperanza del profeta encerrada en “aquel día”, también por la confesión del salmista, que hice mía en la oración de la comunidad: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
La de hoy es una de esas celebraciones en que la palabra de Dios reclama ser leída, no desde la quietud de los ambones, sino desde el horror de las pateras: “El Señor me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas… Preparas una mesa ante mí… Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.
En realidad, si queremos entrar en el misterio de la palabra de Dios, tendremos que proclamarla siempre desde la cruz de Cristo Jesús: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”.
Esa cruz es la única cátedra desde la que se puede iluminar el sentido de la palabra de Dios; y Cristo Jesús, el Crucificado-Resucitado, es el único Maestro que te puede introducir en el misterio de esa palabra.
Es Cristo Jesús quien lo dice: “Me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa… Habitaré en la casa del Señor por años sin término”. Y es él quien lo interpreta. Y no lo hace hablándonos de Dios, sino mostrándosenos, y dejando así que veamos lo que hemos de creer, que veamos lo que necesitamos aprender.
En Cristo Jesús vemos que la palabra del profeta y la palabra del salmista y todas las palabras de la revelación han llegado a cumplimiento.
Ahora, Iglesia de Cristo Jesús, si ves cumplida en Cristo la palabra que escuchaste, si en él se declaran cumplidas todas las palabras, tu fe te dice que también se han cumplido para ti que eres su cuerpo; más aún, que están cumplidas para todos los pueblos, pues de todos quiso ser esa Palabra divina que por todos se hizo debilidad, vulnerabilidad, fragilidad, mortalidad; tu fe te dice que Cristo Jesús es el banquete de bodas que Dios ha preparado: Él es el banquete de la vida, de la alegría y de la abundancia para todos los pueblos, un banquete del que sólo quedan excluidos los que a sí mismos se excluyen “porque tienen otras cosas en que ocuparse”.
Dios ha preparado para todos el banquete de bodas de su Hijo. Con arrogancia y desprecio, se negarán a entrar “los que mucho tienen”. Sorprendidos y agradecidos, entrarán los que nada tienen, ya sabes, los expertos en agonías y lágrimas.
Entra, escucha, contempla, comulga y vive.
viernes, 2 de octubre de 2020
Me preguntará por los pobres: por Santiago Agrelo
Se trata siempre de la relación de Dios con nosotros: de lo que somos para él, de lo que él es para nosotros.
Dos imágenes, la de la viña que Dios cultiva y la de la viña que Dios arrienda, ayudan hoy a entrar en el misterio de esa relación.
Ya sé que la viña de la que habla el profeta, la que Dios cultiva, “es la casa de Israel”.
Pero todo mi ser va diciendo que “viña del Señor” lo soy yo también. Pues si de aquella se dice que “la entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas, construyó en medio una a atalaya y cavó un lagar”; de ésta, de la comunidad eclesial, de cada uno de los que hemos creído en Cristo Jesús, podemos decir con verdad que Dios nos ha cultivado injertándonos en Cristo Jesús: de su savia recibimos energía, de su Espíritu recibimos aliento, de su gracia recibimos sabor, de su ser recibimos la vida.
Y si de la viña que era Israel el Señor esperó que fructificase en justicia y en derecho, de ésta –de mí y de ti- espera que demos como fruto la justicia y el derecho que trajo a los pobres el reino de Dios.
Y en la viña de la que habla el evangelio, la que aquel propietario arrendó a unos labradores, puedo reconocer el reino de Dios que ha sido confiado a la comunidad eclesial para que en él demos frutos de vida eterna.
Considera ahora lo que esos relatos dicen de nuestro Dios: ¡Dios labrador! ¡Dios de jardines de Edén, de tierras prometidas! ¡Dios que tanto nos amó que nos dio a Cristo Jesús, tierra que mana leche y miel, evangelio para los pobres!
El Dios de nuestra fe es labrador incansable de tierras que él ha soñado como un paraíso de abundancia y de justicia para sus hijos.
El canto de amor a su viña es siempre un canto de amor a ti, es siempre un soñar de Dios contigo, con tu justicia, con tu paz, con tu plenitud, con tu divinidad –no voy a retirar la palabra: ¡con tu divinidad!-.
El canto de amor de tu Dios lo puedes oír hoy en la eucaristía que celebras, pues a ti, a un pueblo que produzca sus frutos, se te da hoy el reino de Dios; a ti se te entrega hoy la viña que es Cristo Jesús; en tus manos –lo digo a la comunidad eclesial- el creador de paraísos deja hoy su reino: el derecho, la justicia, la paz, la abundancia, la plenitud que son evidencia de que reino de Dios está cerca; a tu corazón y a tus manos el amor de Dios confía hoy “la piedra que desecharon los arquitectos” y que “es ahora la piedra angular”: Cristo Jesús.
Y eso quiere decir que a tu corazón y a tus manos el amor de Dios confía hoy la suerte de los pobres, piedra siempre desechada por los arquitectos del mundo, piedra que Dios ha hecho cuerpo de su Hijo.
“Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”: Comulgamos con Cristo y con los pobres.
jueves, 17 de septiembre de 2020
“Ábrenos el corazón, Señor”: por Santiago Agrelo
lunes, 14 de septiembre de 2020
AVISOS IMPORTANTES INVIERNO
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DESPACHO PARROQUIAL:
Lunes y Miércoles de 17:30h a 19h
CORREO: jesutol@gmail.com
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Cáritas Rivas:
Cita previa: caritasrivasvaciamadrid@gmail.com
Teléfono: 680 33 57 38
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Horario del despacho de catequesis (durante periodo lectivo escolar): Martes y Jueves de 17 a 19 horas.
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domingo, 13 de septiembre de 2020
Celebración de primeras comuniones durante los fines de semana de Septiembre y Octubre 2020. Cambios en los horarios de Misa
Debido a las celebraciones de las primeras comuniones los fines de semana de Septiembre y Octubre 2020, se ven alterados los horarios de las Misas quedando de la siguiente forma:
- Sábados: 9:30h
20h
- Domingos: 9h
10h
12h (Cristo de Rivas)
13h.
14h
Horarios actualizados en:
https://misas.org/p/parroquia-de-santa-monica-rivas-vaciamadrid/







