viernes, 17 de febrero de 2017

Domingo 7º del Tiempo Ordinario. Año A (19 de febrero de 2017). La misericordia y el perdón.




Domingo 7º del Tiempo Ordinario. Año A (19 de febrero de 2017). La misericordia y el perdón.

Conversión a Dios y descubrimiento de su misericordia. Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina. El hombre está llamado a «usar misericordia» con los demás. El mundo de los hombres puede hacerse cada vez más humano, únicamente si introducimos en el ámbito pluriforme de las relaciones humanas y sociales, junto con la justicia, el «amor misericordioso» que constituye el mensaje mesiánico del evangelio. El sacramento de la confesión renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha adquirido (Audiencia de Papa Francisco en el Año Jubilar).

Cfr. 7ª semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A, 19 de febrero de 2017

Levítico 19, 1-2.17-18; Salmo 102; 1 Corintios 3, 16-23; Mateo 5, 38-48

Levítico 19, 1-2.17-18: 1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo: 2 Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo. 17 No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no te cargues con pecado por su causa. 18 No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
Salmo responsorial – Salmo 102, 1-2.3-4. 8 y 10. 12-13. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el señor ternura por sus fieles.
Mateo 5, 38-48: 38 Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40 Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también la capa. 41 A quien te fuerce a andar una milla, ve con él dos. 42 A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado. 43 Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Acaso no hacen eso también los publicanos? 47 Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los paganos? 48 Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.

Señor, yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
(Salmo 12, 6 – Antífona de entrada)
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
(Salmo Responsorial de este domingo102, 1-4, 8-10)

1. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia

a) La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia.

  San Juan Pablo II, Dives in misericordia, 13.
La Iglesia profesa y proclama la conversión. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su
 misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno (Cfr. 1 Corintios 13, 4) a medida del Creador y Padre: el amor, al que « Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo » (2 Corintios 1, 3) es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia.
Catecismo de la Iglesia Católica, 277: (…) Dios manifiesta su omnipotencia convirtiéndonos de
nuestros pecados y restableciéndonos en su amistad por la gracia (…) - "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia… " - : MR, colecta del Domingo XXVI).

b) La misericordia es revelada en la cruz.

  San Juan Pablo II, Dives in misericordia, 7

o Creer en el Hijo crucificado significa « ver al Padre » (Cfr. Juan 14, 9), significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos. Creer en ese amor significa creer en la misericordia.

(...) Creer en el Hijo crucificado significa « ver al Padre » (Cfr. Juan 14, 9), significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos. Creer en ese amor significa creer en la misericordia. En efecto, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle « perecer en la gehenna » (Mateo 10, 28).

c) La misericordia de Jesús no es solamente un sentimiento, es mucho más. ¡Es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!

Papa Francisco, 09 de junio de 2013. Rezo del Ángelus con los fieles.
La misericordia de Jesús no es solamente un sentimiento, es mucho más. ¡Es una fuerza que da vida, que resucita al hombre! Lo dice también el evangelio de hoy, en el episodio de la viuda de Nain (Lc 7,11-17).Jesús con sus discípulos está llegando justamente a Nain, un pueblo de Galilea, en el momento mismo en que se está realizando un funeral: cargan a un joven para enterrarlo, hijo único de una mujer viuda. La mirada de Jesús se fija en seguida sobre la madre en lágrimas.
Dice el evangelista Luca: “Al verla el Señor fue tomado de gran compasión por ella” (v.13). Esta “compasión es el amor de Dios por el hombre, es la misericordia, o sea la actitud de Dios hacia la miseria humana, hacia nuestra indigencia, en el sufrimiento, en la angustia. El término bíblico “compasión” llama a las vísceras maternas: la madre de hecho, tiene una reacción particular delante del dolor de los hijos. Así nos ama Dios, dice la escritura.
¿Y cuál es el fruto de este amor? ¡Es la vida! Jesús le dijo a la viuda de Nain: “¡No llores!”, y entonces llamó al joven muerto y lo despertó como de un sueño (cfr vv. 13-15).
La misericordia de Dios le da la vida al hombre, lo resucita de la muerte. El Señor nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia. ¡No tengamos temor de acercarnos a Él! ¡Hay un corazón misericordioso! Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, ¡Él siempre nos perdona. Es pura misericordia!

d) Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina.

               San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Homilía «La Vocación cristiana», n. 7
(…)
Ahora, que se acerca el tiempo de la salvación, consuela escuchar de los labios de San Pablo que después que Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres, nos ha liberado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia (Tit III,5).
Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la presencia de la misericordia de Dios: llena la tierra (Ps XXXII, 5), se extiende a todos sus hijos, super omnem carnem (Ecclo XVIII,12); nos rodea (Ps XXI, 10), nos antecede (Ps LVIII,11), se multiplica para ayudarnos (Ps XXXIII,8), y continuamente ha sido confirmada (Ps CXVI, 2). Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera en su misericordia (Ps XXIV, 7): una misericordia suave Ps CVIII, 21), hermosa como nube de lluvia (Ecclo XXV, 26).
Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt V,7). Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso (Lc VI, 36). Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím (Lc VII, 1-17). ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso (Ex XXXII, 27). Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno (Heb 4, 16). Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si —por nuestra culpa y nuestra debilidad— caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 7).

e) El hombre está llamado a «usar misericordia» con los demás.

  Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, n. 14
Jesucristo ha enseñado que el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino
que está llamado a « usar misericordia » con los demás: « Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia » (Mateo 5,7). La Iglesia ve en estas palabras una llamada a la acción y se esfuerza por practicar la misericordia. Si todas las bienaventuranzas del sermón de la montaña indican el camino de la conversión y del cambio de vida, la que se refiere a los misericordiosos es a este respecto particularmente elocuente. El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios, su misericordia, en cuanto él mismo interiormente se transforma en el espíritu de tal amor hacia el prójimo.

o Ello constituye todo un estilo de vida, una característica esencial y continua de la vocación cristiana.

Este proceso auténticamente evangélico no es sólo una transformación espiritual realizada de una vez para siempre, sino que constituye todo un estilo de vida, una característica esencial y continua de la vocación cristiana. Consiste en el descubrimiento constante y en la actuación perseverante del amor en cuanto fuerza unificante y a la vez elevante: —a pesar de todas las dificultades de naturaleza psicológica o social—se trata, en efecto, de un amor misericordioso que por su esencia es amor creador. (…)

o La misericordia se hace elemento indispensable para plasmar las relaciones mutuas entre los hombres, en el espíritu del más profundo respeto de lo que es humano y de la recíproca fraternidad.

La misericordia se hace elemento indispensable para plasmar las relaciones mutuas entre los hombres, en el espíritu del más profundo respeto de lo que es humano y de la recíproca fraternidad. Es imposible lograr establecer este vínculo entre los hombres si se quiere regular las mutuas relaciones únicamente con la medida de la justicia. Esta, en todas las esferas de las relaciones interhumanas, debe experimentar por decirlo así, una notable « corrección » por parte del amor que—como proclama san Pablo—es « paciente » y « benigno », o dicho en otras palabras lleva en sí los caracteres del amor misericordioso tan esenciales al evangelio y al cristianismo. (…)
§ El mundo de los hombres puede hacerse cada vez más humano, únicamente si introducimos en el ámbito pluriforme de las relaciones humanas y sociales, junto con la justicia, el «amor misericordioso» que constituye el mensaje mesiánico del evangelio.
Si Pablo VI indicó en más de una ocasión la « civilización del amor » (Pablo VI. Enseñanzas al Pueblo de Dios (1975), p. 482) como fin al que deben tender todos los esfuerzos en campo social y cultural, lo mismo que económico y político, hay que añadir que este fin no se conseguirá nunca, si en nuestras concepciones y actuaciones, relativas a las amplias y complejas esferas de la convivencia humana, nos detenemos en el criterio del « ojo por ojo, diente por diente » (Mt 5, 38) y no tendemos en cambio a transformarlo esencialmente, superándolo con otro espíritu. Ciertamente, en tal dirección nos conduce también el Concilio Vaticano II cuando hablando repetidas veces de la necesidad de hacer el mundo más humano,(Cfr. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 40) individúa la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo precisamente en la realización de tal cometido. El mundo de los hombres puede hacerse cada vez más humano, únicamente si introducimos en el ámbito pluriforme de las relaciones humanas y sociales, junto con la justicia, el « amor misericordioso » que constituye el mensaje mesiánico del evangelio.

o El mundo de los hombres puede hacerse « cada vez más humano », solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio.

El mundo de los hombres puede hacerse « cada vez más humano », solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio. El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no sólo en la relación de Dios con el nombre, sino también en las recíprocas relaciones entre los hombres. Un mundo, del que se eliminase el perdón, sería solamente un mundo de justicia fría e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicaría sus propios derechos respecto a los demás; así los egoísmos de distintos géneros, adormecidos en el hombre, podrían transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresión de los más débiles por parte de los más fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros. (…)
¡Cuántas veces repetimos las palabras de la oración que El mismo nos enseñó, pidiendo: « perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores », es decir, a aquellos que son culpables de algo respecto a nosotros (Mateo 6, 12)! (…) La conciencia de ser deudores unos de otros va pareja con la llamada a la solidaridad fraterna que san Pablo ha expresado en la invitación concisa a soportarnos « mutuamente con amor » (Efesios 4, 2; cfr. Gálatas 6, 2). (…)
Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia.
Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia. La justicia rectamente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón. En ningún paso del mensaje evangélico el perdón, y ni siquiera la misericordia como su fuente, significan indulgencia para con el mal, para con el escándalo, la injuria, el ultraje cometido. En todo caso, la reparación del mal o del escándalo, el resarcimiento por la injuria, la satisfacción del ultraje son condición del perdón.

2. Amar es compadecer. Es tener el corazón compasivo por la miseria del otro. Quien

ama tiene «corazón», «entrañas» para la desgracia y para la miseria del amado.

Cfr. Ricardo Yepes Stork, Fundamentos de Antropología, Un ideal de la excelencia humana. Eunsa 1996, 7 Relaciones interpersonales, 7.4.2 La afirmación del otro. pp. 193-94
Quien ama tiene «corazón», «entrañas», para la desgracia y la miseria del amado, se compadece de él. Esto es «tener el corazón compasivo por la miseria de otro». Los clásicos lo llamaban misericordia, y es un «sentimiento que nos compele a socorrer, si podemos»1, por cuanto «nos entristecemos y sufrimos por la miseria ajena en cuanto la consideramos como nuestra»2. Cuanto más amado es quien la sufre, más nos compadecemos. Amar es compadecer, padecer–con y tener una compasión o misericordia. Si el amado está triste, le damos consuelo y aliento en el sufrimiento (16.2): amar es consolar.

3. Cuando, arrepentidos, nos confesamos, encomendándonos a Él, estamos seguros de ser perdonados. No debemos temer nuestras miserias.
Cfr. Papa Francisco, Catequesis, Audiencia General del 6 de abril de 2016, durante el Año Jubilar.

o ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que sale de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha adquirido!

§ El poder del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se agota nunca.
Y cuando nosotros nos confesamos arrepentidos encomendándonos a Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que sale de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha adquirido! No debemos temer nuestras miserias: el poder del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se agota nunca.
Queridos, en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de hacer experiencia del poder del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y mirar al mundo con más bondad. Si acogemos el Evangelio del Crucificado Resucitado, toda nuestra vida es plasmada por la fuerza de su amor que renueva”.



Vida Cristiana




1  Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, C. 5
2 Tomás de Aquino, Summa Theologica, II-II, q. 30, a. 2.

Matrimonio en Europa: el debate sigue vivo (1)



Matrimonio en Europa: el debate sigue vivo (1)

Padre, madre e hijos: un modelo de familia muy actual
  Aceprensa - BIRGIT KELLE - 15.FEB.2017

Cada cierto tiempo, el Statitische Bundesamt (Oficina Federal de Estadísticas) toma el pulso al paisaje familiar de Alemania. Tras la publicación de las cifras, se levantan con la misma regularidad los oráculos sobre la cuestión de en qué consiste “la familia moderna”.

“La familia clásica es un modelo en extinción”, proclamó un titular de Die Welt, uno de tantos que difunden un mismo mensaje: el matrimonio con hijos está en declive y pasará pronto a ser una especie protegida. En algunos informes y comentarios resuena incluso una alegría secreta al comprobar que ese modelo vital, asociado a lo retro, por fin parece liquidado.
El 70% de las parejas alemanas están casadas y tienen hijos; entre las que no lo están, el modelo padre-madre-hijos sigue siendo el preferido
Es curioso comprobar, sin embargo, que el 70% de todas las familias alemanas resultan corresponder al presentado como “modelo en extinción”. Ciertamente, Die Welt parte de una comparación con las cifras del estudio anterior, del año 1996. En 1996 eran un 81% las familias alemanas encuadrables en el modelo “matrimonio más hijo(s)”. En resumen, la evolución puede resumirse así: el porcentaje de matrimonios con hijos desciende, el porcentaje de padres o madres que educan solos a sus hijos asciende fuertemente, y el porcentaje de parejas no casadas con hijos aumenta también.

o La estabilidad sigue siendo el ideal

Se trata de cifras desnudas: las interpretaciones empiezan después. Y también las valoraciones acerca de si se trata de una evolución buena o mala. Y el caso es que ha llegado a ser difícil afirmar que no sea una evolución positiva o que merezca preocupación. Si uno lo hace, se arriesga a ser incluido en las filas de los nostálgicos del patriarcado de los viejos hombres blancos, o en las de los negadores de la modernidad, llenos de prejuicios y refractarios a los cambios, o a que le sean imputados los “miedos de los cristianos ultraconservadores, los que tienen cara de vinagre”.
Pero lo cierto es que las cifras muestran algo muy claro: la familia de padre, madre e hijos es el modelo ideal. Pues de entre el 20% de familias monoparentales, muchas proceden de matrimonios fracasados o relaciones rotas. No empezaron diciendo: “yo de mayor quiero ser madre soltera”. Comenzaron su vida de pareja con la ambición de que fuera “para siempre”, pero la vida a menudo tuerce las cosas en una dirección que uno no esperaba. Y el 10% restante –las parejas no casadas con hijos– corresponden también al esquema padre-madre-niños, aunque no tengan vínculo matrimonial. El puñado de “familias arcoiris”, incluido estadísticamente en ese 10%, es marginal.
Pero el hecho de que algo se dé en la realidad, ¿implica automáticamente que sea bueno? ¿Debemos simplemente gestionar el declive del matrimonio entre hombre y mujer, hasta que el último apague la luz? ¿O existen quizás buenas razones para intentar contrarrestar el declive? A la clase política le cuesta trabajo valorar públicamente esas tendencias, puesto que siempre pende amenazante la espada de Damocles de la “discriminación” si se privilegia estatalmente a una concreta forma de familia, aunque eso es lo que pedía la Constitución.
La ideología siempre es complicada, de manera que el Estado también podría enfocar la cosa de forma pragmática. ¿De qué modelos de familia obtiene la sociedad mayores beneficios? ¿Qué modelos de familia le causan, por el contrario, los mayores esfuerzos financieros? La clase política se lamenta constantemente del “cambio demográfico”: no nacen suficientes niños. Ahora bien, estadísticamente, la probabilidad de la maternidad crece de manera exponencial con el matrimonio. Si los políticos quisieran realmente elevar los índices de natalidad –una voluntad que habría que demostrar– deberían de hecho apostar abiertamente por la promoción del matrimonio, considerada la estadística. Lo mejor sería una campaña mediática: “¡Casaos! ¡Ya!”.
Y si algunos modelos de familia suponen para el Estado –y por tanto para todos nosotros– una carga financiera superior a otros, ¿tiene a pesar de ello que fomentarlos en pie de igualdad con el matrimonio, para no estar expuesto a la acusación de discriminación?

o Ayudar a que los matrimonios no fracasen

Tomemos el ejemplo de los padres o madres que educan solos. Casi el 40% de estas familias monoparentales viven de prestaciones estatales, es decir, de la solidaridad de los demás. A ello se suma el hecho de que en la gran mayoría de esas familias falta el padre, lo cual añade dificultades al desarrollo psicológico de los hijos, lo que ha llevado incluso a nuestro Ministerio de Familia a iniciar programas como el de “más hombres en las guarderías”, para compensar esa carencia. ¿Y ahora deberíamos entonces regocijarnos de que el matrimonio se desmorone, y en su lugar cada vez más padres o madres tengan que esforzarse por educar solos bajo condiciones difíciles? Y finalmente, la pregunta herética: ¿tenemos además que promover todo eso, o no deberíamos más bien contrarrestarlo?
Si hay personas que fracasan en la puesta en práctica de su ideal familiar, ¿debemos celebrarlo como conquista de la modernidad o tomar medidas?
Lo que las cifras del censo sólo captan estadísticamente, pero no interpretan, es que muchos solteros, personas que viven solas, divorciados y padres que crían individualmente a sus hijos no rechazan el concepto de matrimonio, sino que simplemente han fracasado al llevarlo a la práctica, o no lo han alcanzado. El matrimonio era y sigue siendo para muchos el ideal, y de hecho no pocos vuelven a intentar las nupcias por segunda y por tercera vez.
E incluso el número creciente de solteros no es indicio de un rechazo fundamental del matrimonio o de otra relación. Constantemente surgen portales on line sobre encuentros y búsqueda de pareja; los foros de Internet están llenos de solteros que buscan su media naranja. Si cada vez fracasan más personas en la puesta en práctica de su ideal, ¿debemos asumir pasivamente ese fracaso, o incluso celebrarlo como conquista de la modernidad?
La investigación de las razones por las que tantos fracasan en la búsqueda del ideal, y de cómo podríamos impedir ese fracaso, sería también una alternativa. A menudo celebramos a las familias reconstituidas (familias patchwork) como el modelo del futuro. Sí, es cierto que empíricamente hay cada vez más de ésas. Pero, una vez más: ¿es bueno simplemente porque sea la realidad? Las dificultades que ese tipo de familias conllevan tanto para los adultos como para los niños son bien conocidas. ¿Debo celebrarlo, o puede uno mostrar preocupación sin que automáticamente alguien grite “¡discriminación!”?
Toda familia reconstituida surge del fracaso de al menos una familia anterior. También detrás de las familias monoparentales cabe rastrear a menudo el fracaso de una familia biparental anterior. ¿Queremos seguir aclamando el fracaso o ayudar a la gente a realizar el ideal? Cuando se pregunta a los jóvenes sobre sus planes de futuro, la mayoría contesta que casarse y tener hijos es el deseo número uno. ¿Queremos, entonces, ayudar a nuestros jóvenes a alcanzar su ideal, o queremos cambiar sus ideales?

Birgit Kelle es periodista y presidenta de Frau 2000 Plus.
El texto, traducido por Francisco J. Contreras, se publicó originalmente en La batalla por la familia en Europa (Editorial Sekotia, 2016). Reproducido con autorización.



Vida Cristiana

jueves, 16 de febrero de 2017

SIDA. El Sida en Uganda. A medida que se amplía el número de parejas sexuales la tasa de infección vuelve a crecer. La mayor disponibilidad de antirretrovirales ha llevado a pensar que bastan para defenderse del SIDA. El único modo de salir de esta red de contagio de manera eficaz y, por tanto, de frenar el virus, es la decisión de vivir una relación fiel, algo que se comprobó en Uganda durante el plan ABC.




SIDA. El Sida en Uganda. A medida que se amplía el número de parejas sexuales la tasa de infección vuelve a crecer. La mayor disponibilidad de antirretrovirales ha llevado a pensar que bastan para defenderse del SIDA. El único modo de salir de esta red de contagio de manera eficaz y, por tanto, de frenar el virus, es la decisión de vivir una relación fiel, algo que se comprobó en Uganda durante el plan ABC. Cfr. El sida crece entre los ugandeses, que ahora descuidan la prevención Aceprensa - Firmado por M. Ángeles Burguera - 1 Marzo 2010 Uganda, el país africano conocido durante años por su éxito en la prevención del SIDA, vive últimamente horas bajas, con un nuevo repunte en la tasa de infecciones. El cambio de tendencia hace temer una nueva oleada de extensión de la enfermedad en otros países africanos, en un momento en que las ayudas económicas –sobre todo de Estados Unidos– se han estancado y las medicinas no llegan en la misma proporción a los centros de atención. Pero, ¿cuál es la causa de este repunte? Médicos, organizaciones no gubernamentales e investigadores coinciden en afirmar que la extensión de los tratamientos médicos entre la población afectada desde 2005 ha llevado a los ugandeses a confiarse y relajar algunas medidas que en otro tiempo fueron la clave de su triunfo. Así lo explica David Kihumuro Apuuli, director de Uganda AIDS Commission: “hemos dejado de mirar hacia la prevención para centrarnos en el tratamiento y el cuidado”. El resultado es que las nuevas infecciones han comenzado a crecer -unas 135.000 al año- y la tasa de prevalencia, es decir, la proporción de personas que sufren una enfermedad en relación con el total de personas estudiadas, se sitúa en el 7%, según datos recientes recogidos por The Wall Street Journal. La mayor disponibilidad de antirretrovirales en los últimos cinco años, como consecuencia de la ayuda internacional, ha supuesto un avance. Pero ahora se observa que también ha actuado como un potente inhibidor, un freno a las medidas de precaución; ha desaparecido el temor al contagio y se han olvidado temporalmente las consecuencias negativas de la enfermedad. “La gente piensa que tomar antirretrovirales equivale a curarse del VIH”, afirma Joseph Lubega, un activista de las campañas contra el SIDA. o Cuando falla la fidelidad Este espejismo, un efecto que los científicos conocen como “compensación de riesgos”, incide directamente en la conducta sexual, y el número de parejas sexuales de los ugandeses se ha vuelto a ampliar. Así, se ha debilitado uno de los tres puntos de apoyo de la famosa campaña de prevención desarrollada durante años por el Gobierno de Uganda, que proponía la abstinencia sexual hasta el matrimonio (A), la fidelidad posterior (B) y el recurso a los preservativos en último extremo (C), con una sencilla fórmula, ABC, resumen de las siglas de esas mismas medidas en inglés. Precisamente, Edward Green, director del Proyecto de Investigación sobre la prevención del SIDA y autor del libro Rethinking AIDS Prevention (2003), lleva explicando desde hace ya unos años que por este tipo de conducta sexual las estrategias para combatir el SIDA no pueden aplicarse automáticamente a los países de África subsahariana, porque no tienen la misma eficacia. Mientras en América y Europa el inicio de una relación sexual suele significar la ruptura con la anterior, en amplias zonas de África resulta frecuente mantener relaciones de larga duración con dos o más parejas regularmente. El único modo de salir de esta red de contagio de manera eficaz y, por tanto, de frenar el virus, es la decisión de vivir una relación fiel, algo que se comprobó en Uganda durante el plan ABC. En aquellos años la fidelidad a una sola pareja subió del 59 al 79% entre los hombres y del 77 al 91% entre las mujeres, con lo que la tasa de infección se redujo hasta el 4% (ver Aceprensa 2-4-2009), pero ahora está volviendo a crecer. o Compensación del riesgo La extensión del denominado cóctel de antirretrovirales también ha transmitido el fenómeno de “compensación del riesgo” al uso de preservativos, según explica al Wall Street Journal Lubega, que acumula en la oficina de su organización decenas de miles de preservativos, que los ugandeses no le piden. “Ya no se usan como antes”, asegura, porque se minimiza el peligro. El efecto inhibidor no solo se experimenta a nivel personal sino que también ha llegado a las actuaciones de las ONGs, que repiten la misma batalla ideológica que enfrenta a los congresistas americanos a la hora de decidir qué parte de sus presupuestos dirigen a difundir la abstinencia y la fidelidad, y qué parte al uso del condón. El debate acerca de la eficacia del preservativo en África –al que Benedicto XVI contribuyó con sus aclaraciones- se apoya en datos comprobados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que pueden ser muy efectivos para prevenir la transmisión del VIH “si se usan de modo correcto y sistemático”, pero en África no más del 5% de la población lo hace así, según afirma Norman Hearst, profesor de Epidemiología de la Universidad de California. La subida en el número de enfermos de SIDA que afecta a Uganda y que probablemente se extenderá a otros países africanos, llega en un momento complicado, en el que las clínicas del país empiezan a notar la escasez de ayudas americanas, como consecuencia de las restricciones presupuestarias. Tras siete años de funcionamiento de un ambicioso programa de distribución de fármacos, el crecimiento de los fondos americanos destinados a este fin –con los que se financia casi la mitad de la ayuda mundial contra el SIDA– se ha ralentizado de manera alarmante, mientras sigue creciendo el número de afectados que requieren medicinas. www.parroquiasantamonica.com

Bioética. Sida. La disminución del VIH entre los jóvenes coincide con un cambio en las pautas de comportamiento sexual: retrasan la iniciación sexual y disminuye el número de parejas


1 Bioética. Sida. La disminución del VIH entre los jóvenes coincide con un cambio en las pautas de comportamiento sexual: retrasan la iniciación sexual y disminuye el número de parejas. Cfr. Cambian las tendencias de la epidemia de sida - Los jóvenes lideran la lucha contra el sida. Aceprensa - Firmado por Álvaro Lucas, 20 Julio 2010 Un informe de ONUSIDA hecho público justo antes de iniciarse el Encuentro Internacional sobre Sida que se celebra esta semana en Viena, constata que la disminución del VIH entre los jóvenes coincide con el cambio en sus pautas de comportamiento sexual: retrasan la iniciación sexual y disminuyen el número de parejas. Según las estimaciones de ONUSIDA, en 2008 había 33,4 millones (5 millones de jóvenes) de personas con el VIH en todo el mundo. Ese mismo año hubo cerca de 2,7 millones nuevos infectados (900.000 entre la población joven) y 2 millones de fallecidos. Cerca del 80% de los jóvenes infectados viven en el África subsahariana. Entre los jóvenes de todo el mundo el mayor porcentaje de infectados corresponde a las mujeres que alcanzan el 66%. Más de la mitad de las enfermedades de transmisión sexual las sufren los jóvenes de 15 a 25 años. Pero en 15 de los 25 países más afectados por el sida, la prevalencia de la infección ha disminuido un 25% entre los jóvenes. En ocho países (Costa de Marfil, Etiopía, Kenia, Malaui, Namibia, Tanzania, Zambia y Zimbaue) esta reducción ha ido de la mano de cambios en la conducta sexual de los más jóvenes. En Kenia, por ejemplo, la disminución entre 2000 y 2005 ha sido del 60%. La prevalencia del VIH disminuyó de un 14,2% a un 5,4% en áreas urbanas y del 9,2% al 3,6% en zonas rurales. De igual modo, en Etiopía hubo una reducción del 47% entre las mujeres jóvenes embarazadas de áreas urbanas y del 29% entre las de zonas rurales. Los jóvenes de 13 de los 15 países estudiados esperan más tiempo a ser sexualmente activos. En ocho de estos países los cambios fueron significativos entre las mujeres y en siete entre los hombres de 15 a 19 años. En Camerún, Etiopía, Malaui y Zambia tanto a los chicos como a las chicas se les aconsejó retrasar el inicio de su actividad sexual. El estudio también ha concluido que los chicos de 13 países y las chicas de 10 países han tenido menos parejas en los últimos 12 meses que en años anteriores. En 7 de estos países (Camerún, Costa de Marfil, Etiopía, Kenia, Tanzania, Zambia y Zimbabue) la reducción del número de parejas es significativa tanto por parte de los chicos como de las chicas. o Últimas novedades en prevención En la inauguración del encuentro bienal sobre sida, que esta vez tiene lugar en Viena, se hicieron públicos los resultados de un ensayo con un microbicida vaginal que contiene antirretrovirales y que reduce en un 54% las probabilidades de contraer el virus si se usa sistemáticamente (un 39% si no se usa en todos los casos). Los investigadores estiman que el coste del producto será mínimo, 25 centavos de dólar por aplicación, y la mujer podrá emplearlo sin necesidad de obtener el acuerdo del hombre. Mejores resultados aún ha dado otro experimento, presentado en estos días, que ha conseguido reducir las ocasiones de posible infección entre chicas adolescentes. El problema de los métodos como el preservativo o el microbicida recién citado es que su eficacia puede bajar mucho si no se emplean bien y siempre, o si incitan a tener más relaciones de riesgo. Pues reducen la probabilidad de infección cada vez que se usan; pero si la probabilidad sube por otro lado, porque se multiplican las parejas, a fin de cuentas el efecto preventivo puede llegar a anularse. El segundo estudio recién dado a conocer, patrocinado por el Banco Mundial, muestra la importancia que tiene el cambio en los comportamientos para la lucha contra el VIH. En una zona de Malaui donde es habitual que niñas y jóvenes de 13 a 22 años se prostituyan esporádicamente, con el beneplácito de sus familias, a cambio de regalos y pequeñas cantidades de dinero, los investigadores hicieron un seguimiento de dos grupos de chicas. A las de uno de ellos les dieron una ayuda de 4 a 10 dólares mensuales. Al cabo de 18 meses, la prevalencia del sida entre ellas era del 1,2%, mientras que en las del grupo de control era del 3%. o “Tratamiento 2.0” Además de los resultados sobre el cambio de las pautas del comportamiento sexual de los jóvenes en algunos países de África, ONUSIDA ha aprovechado la reunión de Viena para proponer una nueva estrategia 2 en la lucha contra el virus denominada “Tratamiento 2.0”. Con ella se pretende simplificar la actual manera de tratar el VIH y ampliar el acceso a las medicinas esenciales para prolongar la vida de los afectados. Se trata de una combinación de esfuerzos que faciliten la reducción de los costes, hagan los tratamientos más sencillos y amables, reduzcan la carga en los sistemas de sanidad y mejoren la calidad de la vida de los afectados por el VIH y sus familias. Los cálculos indican que el “Tratamiento 2.0” podría llegar a evitar 10 millones de muertes en 2025. o Este nuevo modelo se sustenta en cinco pilares: 1. Crear mejores medicamentos y formas de diagnóstico. Hacer pastillas más agradables y menos tóxicas y trabajar para que los métodos de diagnóstico sean más fáciles de utilizar. El seguimiento del tratamiento requiere un equipo complejo y técnicos de laboratorio especializados. Una herramienta de diagnóstico más asequible podría ayudar a reducir la gran carga de los sistemas de sanidad, de igual modo que un tratamiento simplificado podría reducir los costes e incrementar el número de personas con acceso al tratamiento. 2. El tratamiento como prevención. La terapia mediante antiretrovirales reduce la presencia del virus en el cuerpo. Si la gente que vive con el VIH reduce su carga viral, es menos propensa a transmitir el virus. Por ejemplo, si se facilita el tratamiento a las embarazadas, se evita la transmisión del virus a sus hijos. 3. La reducción de los costes. A pesar de la importante reducción de los precios de los medicamentos en los últimos diez años, el coste de los programas de terapia con antirretrovirales sigue aumentando. Los medicamentos pueden ser más asequibles, pero han subido los costes de hospitalización, seguimiento del tratamiento y otros. En la actualidad estos gastos doblan el coste de los propios medicamentos. 4. Mejorar la respuesta a las pruebas voluntarias de VIH, al asesoramiento y a los mecanismos de atención. Es importante saber pronto si una persona tiene el virus para comenzar el tratamiento lo antes posible. En la medida en que se detectan antes los casos, aumenta la eficacia de los tratamientos y de las expectativas de vida. 5. Reforzar la movilización de la comunidad. La implicación de la comunidad en la gestión de los programas de tratamiento mejora el acceso y el seguimiento, además de ayudar a reducir los costes y la carga asumida por los sistemas sanitarios. Artículos relacionados ■“Yo freno el sida”, una campaña que confía en los jóvenes Aceprensa (2 Diciembre 09) ■Cambian las tendencias de la epidemia de sida Aceprensa (26 Noviembre 09) www.parroquiasantamonica.com


El SIDA. Para frenar el sida, es imprescindible reducir las prácticas que más favorecen su extensión.



El SIDA. Para frenar el sida, es imprescindible reducir las prácticas que más favorecen su extensión. Cfr. Sida: el virus y los derechos Alvaro Lucas – Aceprensa 30 julio 2010 “Rights Here, Rights Now” (Derechos aquí y ahora) ha sido el eslogan escogido para el XVIII Congreso Internacional sobre el Sida (Viena, 18-23 de julio). Así, los organizadores querían poner de manifiesto la estrecha vinculación entre la transmisión del sida y la violación de los derechos humanos en muchos países del mundo. “No se pondrá fin a la pandemia a menos que aseguremos la protección de los derechos humanos de aquellos que son más vulnerables al VIH y al sida”, exclamaba Julio Montaner, presidente de la International AIDS Society. Las ponencias del Congreso giraron en torno a temas como la relación directa entre las condiciones de vida en las cárceles y la extensión del sida, la importancia del apoyo y los cuidados paliativos a los pacientes, y los riesgos de la coinfección de hepatitis C y VIH. La prevalencia del sida en las cárceles –se dijo– y las medidas con las que las autoridades suelen manejarla a menudo violan los derechos humanos: a un preso se le priva de la libertad, eso no significa que pierda el derecho a no ser sometido a un trato degradante o dañino para la salud. o Dónde está el riesgo de infección Sin embargo, en la lucha contra el sida no basta asegurar los derechos humanos. Una de las conclusiones más claras del informe de Onusida publicado en noviembre pasado (cfr. Aceprensa, 26-11- 2009) señalaba que mientras en el conjunto mundial las nuevas infecciones por VIH habían disminuido un 17% en los últimos ocho años, la epidemia había crecido entre homosexuales de los países desarrollados, donde se supone que los derechos humanos son respetados. Esta escalada de infecciones no obedece a violaciones de derechos sino que “está ligada al aumento de prácticas sexuales de riesgo”, según el informe. Son las prácticas que se dan en los grupos que los propios organizadores de la Conferencia Internacional denominaban también “de riesgo”: principalmente “drogadictos, prostitutas y hombres que realizan prácticas sexuales con otros hombres”. Los derechos humanos se han de respetar en todo caso y a todos, incluidos desde luego los seropositivos, cualquiera que sea el origen de su infección. Esto no obsta a que, para frenar el sida, sea imprescindible reducir las prácticas que más favorecen su extensión. A la vista de ello, resulta ingenuo lo que propuso en el testimonio de clausura de la conferencia de Viena Waheedah Shabazz-El, afroamericana de 55 años, miembro del Community HIV(AIDS Mobilization Project (CHAMP) y portadora del VIH. Según ella se deberían retirar todos los fondos destinados a programas de abstención, porque atentan - dijo - contra el acceso a la información para una vida más segura de los más jóvenes. Si de eso se trata, la continencia es completamente segura. o La decepción económica Y es la prevención más barata, ventaja que resulta aún más decisiva en estos tiempos. El Congreso ha estado también marcado por la decepción de los organizadores al comprobar que la crisis económica ha sido el principal argumento de los principales países donantes para justificar la reducción de su ayuda en la lucha contra la enfermedad. “Me entristece mucho la decisión de Obama de dedicar menos dinero del que prometió para tratar a los enfermos de sida en África”, afirmaba en un artículo en el International Herald Tribune Desmond Tutu, presidente honorario de la Global AIDS Alliance. En un escueto mensaje audiovisual, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se comprometía a redoblar sus esfuerzos en la prevención y tratamiento del sida en América y en el mundo. Pero se centró más en anunciar una estrategia nacional en la lucha contra el sida orientada a reducir las infecciones en los grupos de riesgo – gays, bisexuales, drogadictos – entre los que se concentran la mayor parte de los más de 56.000 nuevos casos que se producen al año en Estados Unidos.

El SIDA y el preservativo (enero 2011).



El SIDA y el preservativo (enero 2011). Cfr. Zenit.org, 31 de enero y 1 de febrero Por Michel Schooyans* Es cierto que muchas personas han sido contagiadas del SIDA sin tener la más mínima responsabilidad por ello, a través de transfusiones de sangre, errores médicos o contactos accidentales. También el personal sanitario arriesga el contagio, cuando cuida a personas sieropositivas. No vamos a tratar estos casos en esta ocasión. En vez de eso analizaremos las declaraciones realizadas por diversas personalidades de gran relevancia en el mundo académico y eclesiástico, sobre todo moralistas y pastores. Los llamaremos dignatarios, evitando citar nombres para no personalizar el debate y para focalizar la atención en la argumentación moral. [1] o Desorden y confusión Ya que estas declaraciones se refieren al uso del preservativo como medio para no contraer el SIDA, a menudo producen una profunda confusión en la opinión pública y en la Iglesia. Estas declaraciones se acompañan frecuentemente de sorprendentes comentarios sobre la persona del Papa y sobre sus funciones, así como sobre la autoridad de la Iglesia. En este contexto también se producen las habituales quejas sobre la moral sexual, el celibato, la homosexualidad, la ordenación de las mujeres, la Comunión para los divorciados y los abortistas etc.. Son una ocasión para aprovechar y dar así resonancia global a estos temas. Estos dignatarios se manifiestan, muy satisfechos, a través de los medios de comunicación social. Se declaran favorables al uso del condón para evitar el riesgo de contagio del SIDA. Según ellos la Iglesia debería cambiar su postura en este tema. Estas declaraciones crean gran confusión en la mente de la gente. Confunden a los fieles, dividen a los sacerdotes, indisponen al episcopado, desacreditan al colegio cardenalicio, dañan al Magisterio de la Iglesia y acusan directamente al Santo Padre. Otros dignatarios, en estos momentos retirados o difuntos, condujeron en su momento este tipo de movimiento. Hoy, estas observaciones provocan a menudo la consternación, porque la gente espera mayor prudencia y rigor moral, teológico y de comportamiento de estos dignatarios que- influenciados por ideas de moda en ciertos ambientes- hacen de todo para “justificar” el uso del preservativo usando los habituales trucos del “daño menor” o del “doble efecto” como si fueran los vendedores. Uno de estos dignatarios llegó al punto de considerar el uso del condón como una obligación moral basándose en el quinto mandamiento. En este sentido se dice que si la persona infectada por el virus se niega a practicar la abstinencia, deberá proteger a su pareja y que el único modo de hacerlo, en este caso, es a través del preservativo. Este tipo de observaciones son suficientes para dejar a la gente perpleja y revelan un conocimiento incompleto y tendencioso de la moral más natural y en particular de la moral cristiana. El modo de presentar las cosas es cuanto menos sorprendente. o Un problema de moral natural Algunas consideraciones tranquilizadoras pero falsas Los argumentos de estos dignatarios, con respecto al uso del condón, son sorprendentemente superficiales. Estas personas deberían basarse en estudios científicos y clínicos serios, evitando recuperar y dar crédito a bulos que hace tiempo que fueron refutados en cualquier revista de consumidores. ¿Cómo se puede no haber constatado que el efecto de contención del condón es en realidad bastante ilusorio? Es así en cuanto a que el preservativo es mecánicamente frágil, y que anima y incrementa el número de las parejas y la variedad de las experiencias sexuales. Por estos motivos se aumentan los riegos en vez de reducirlos. La única forma eficaz de prevención resulta ser la de la fidelidad y la de la renuncia a los comportamientos de riesgo. Desde este punto de vista, la calificación moral del uso del preservativo es un problema de honestidad científica y de moral natural. La Iglesia no sólo tiene el derecho, sino que también tiene el deber de pronunciarse sobre este tema. o Ineficacia que tiene como consecuencia la muerte Las declaraciones de estos dignatarios no citan recientes estudios de innegable valor científico, como el del doctor Jacques Suaudeau [2]. Si ignorasen estos recientes estudios, podrían tener en cuenta, al menos aquellos previos, emitidos por las más altas autoridades científicas. Por ejemplo en 1996, se leía en un informe del profesor Henri Lestradet, de la Academia Nacional de Medicina (París) [3]: “Es oportuno […] subrayar que el condón está considerado como un medio de anticoncepción. Sin embargo […] la tasa de fracaso está colocada generalmente entre el 5% y el 12% por pareja, y por año de uso”. “A priori […] con el virus de VIH que es 500 veces más pequeño que el esperma, es difícil pensar en una tasa de fracaso inferior. En todo caso hay una enorme diferencia entre estas dos situaciones. Si el condón no es totalmente eficaz como medio anticonceptivo, la consecuencia de este fracaso es el desarrollo de la vida, mientras que en el caso de contagio del VIH es la muerte en todos los casos”. [4] Después considerando el caso de los seropositivos, el mismo informe observa que: “El único comportamiento responsable de un hombre seropositivo es la abstención efectiva de las relaciones sexuales, de las protegidas y de las que no lo son. [...] Si una pareja establece una relación estable, debería seguir estas recomendaciones: que cada uno se someta a análisis clínicos, repitiéndolos tres meses después, practicando en este periodo la abstinencia de toda relación sexual (con o sin condón), para poder ejercitarse en la fidelidad recíproca”. [5] Los dignatarios, que son los autores de las consideraciones que estamos analizando, deberían tener en cuenta esta dramática conclusión que se extrae del informe que estamos citando: “La declaración- realizada centenares de veces de los agentes sanitarios del Conseil supérieur del SIDA, y por asociaciones de lucha contra el SIDA- de la seguridad garantizada en cualquier circunstancia del uso del preservativo, es sin duda alguna, el principio de muchos contagios de los cuales todavía se niegan a buscar las causas”. [6] Algunas campañas internacionales son realizadas en sociedades “expuestas”, inundándolas de preservativos. Se invita a las autoridades religiosas a dar su patrocinio. Pero no obstante estas campañas, y probablemente a causa de ellas, se observa regularmente una progresión de la pandemia. En julio de 2004, una de las más eminentes autoridades mundiales del SIDA, el doctor belga Jean-Louis Lamboray, abandonó el UNAIDS (el programa de las Naciones Unidas contra el SIDA). El motivo que dio de este abandono fue “el fracaso de las políticas en la contención de esta enfermedad”. “Estas políticas han fallado porque la UNAIDS ha olvidado que las verdaderas medidas preventivas se deciden en las casas de las personas y no en las oficinas de los expertos”. [7] Antes de emitir declaraciones perentorias, los dignatarios deberían recordar lo que otro doctor dijo; un doctor a quien los medios de comunicación dieron mucha importancia y que ciertamente no era sospechoso de simpatía hacia las posiciones de la Iglesia. Esto es lo que el difunto profesor Leon Schwartzenberg escribió en 1989: “Son sobre todo los jóvenes los que extienden el SIDA; son completamente ignorantes de la tragedia del SIDA, que para ellos es una enfermedad que afecta a las personas ancianas. Esta convicción es reforzada por la actitud de la clase política mucho mayor que ellos, que son los responsables de esta propaganda: la publicidad oficial del preservativo parece estar creada por quien no lo usa nunca, para quien no quiere usarlo”. [8] Los oyentes, los lectores y los espectadores de televisión, no pueden dar por buenas las consideraciones imprudentes de estos dignatarios, sin arriesgarse -como ellos- a verse acusados, antes o después, de ser “la raíz de muchos contagios”. o Un problema de moral cristiana Además, es engañoso afirmar que la Iglesia no tenga una doctrina oficial sobre el problema del SIDA y el preservativo. Aunque el Papa evita llamarlo por su nombre, los problemas morales ocasionados por el uso del condón son abordados en todas las enseñanzas relacionadas con las relaciones conyugales y la finalidad del matrimonio. Cuando se considera el SIDA y el condón a la luz de la moral cristiana es importante tener en mente algunos puntos esenciales: el acto carnal debería tener lugar en el matrimonio monógamo entre un hombre y una mujer; la fidelidad conyugal es el mejor remedio contra las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA; la unión conyugal debería estar abierta a la vida, a lo que se debe añadir el respeto a la vida de los demás. o ¿Esposos o compañeros? Se deduce que la Iglesia no predica una moral sexual a los “compañeros”. En vez de esto propone una moral conyugal y familiar. Se dirige a los “esposos”, parejas unidas sacramentalmente en una matrimonio monógamo y heterosexual. Sin embargo las consideraciones de los dignatarios van dirigidas a los “compañeros”, que tienen relaciones pre o extramatrimoniales, intermitentes o persistentes, heterosexuales, homosexuales, lésbicas...No se entiende porque la Iglesia, y mucho menos los titulares del Magisterio, deban -arriesgando el escándalo- socorrer a los que practican el vagabundeo sexual y sentirse responsables del pecado de quien, en muchos casos, no se interesa lo más mínimo, ni en la teoría ni en la práctica, de la moral cristiana. “¡Pecad hermanos, pero con seguridad!” ¡Después del “sexo seguro”, tenemos ahora el “pecado seguro”! La Iglesia y sus dignatarios, no tienen derecho a explicar como pecar cómodamente. Abusaría de su autoridad si diera consejos para llegar al divorcio, ya que la Iglesia considera el divorcio como un mal. Sería como confirmar al pecador en su pecado, mostrándole como seguir hacia adelante evitando las consecuencias no deseadas. Por ello la consiguiente pregunta: ¿Es admisible que los dignatarios, que deberían ser custodios de la doctrina, oscurezcan la exigencia de la moral natural y de la moral evangélica, y no hagan un llamamiento a la conversión de los comportamientos? Es inadmisible e irresponsable que los dignatarios den su aval a la idea del “sexo seguro”, usada para legitimar a los que usan el condón, cuando es notorio que esta expresión es una mentira y que lleva a la ruina. Estos ilustres dignatarios deberían, por tanto, preguntarse si están sólo incitando a las personas a burlarse del sexto mandamiento de Dios, aunque también se mofan del quinto “No matarás”. La sensación falsa de seguridad ofrecida por el condón, antes que reducir el riesgo de contagio, lo aumenta. La acusación de no respetar el quinto mandamiento se vuelve contra los “compañeros” que no usan el condón. El argumento usado para “justificar” el uso del “profiláctico” del condón se reduce a nada, en relación a la moral natural y a la cristiana. Sería más simple decir que, si los “esposos” se amasen de verdad, y si uno de ellos enfermase de cólera, peste o tuberculosis, deberían abstenerse de tener relaciones para evitar el contagio. o Objetivo: reinventar la doctrina Un error de método Al principio de este análisis hemos indicado que los dignatarios favorables al condón a menudo relacionan su arenga defensiva con causas distintas a la de los “compañeros” sexuales a largo plazo y organizados. De hecho, se utiliza este argumento para discutir toda la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana, sobre el matrimonio, la familia, la sociedad y la Iglesia misma. Esto explica en parte la casi total carencia de interés de estos dignatarios en las conclusiones científicas y en las ideas fundamentales de la moral natural. Y son justo estas conclusiones y las ideas básicas lo que estos dignatarios deberían tener en cuenta en sus opiniones sobre la moral cristiana. A causa de este error de método -sea voluntario o no- los dignatarios abren el camino a un cambio de la moral cristiana. Pretenden dar la vuelta al dogma cristiano, en cuanto que se reservan el derecho, en sus opiniones, a hacer un llamamiento a la institución de la Iglesia para una reforma que avale su moral y su dogma. Así pretenden participar, a su nivel, en esta nueva revolución cultural. A pesar de que estos dignatarios han cometido, desde el principio, un error metodológico, hacen caso omiso a estas ideas fundamentales y básicas del problema, caminando inevitablemente sobre un terreno resbaloso. Si se parte de premisas erróneas, sólo se puede llegar a conclusiones erradas. Es fácil ver hacia donde estas ideas están llevando a los dignatarios. Su forma de pensar se puede resumir en tres sofismas, que pueden ser desmontados por cualquier colegial. o Tres sofismas El primero: Mayor: no usar el condón favorece la difusión del SIDA Menor:favorecer esta difusión es favorecer la muerte. Conclusión: No usar el condón significa favorecer la muerte. Este razonamiento tortuoso se basa en la idea de que protegerse significa ponerse un preservativo. Los compañeros pueden ser múltiples. La fidelidad no es tomada en consideración. El impulso sexual está considerado como algo irresistible y la fidelidad conyugal como algo imposible. El único modo de no contraer el SIDA es el de usar condón. Segundo sofisma: Mayor: El condón es la única protección contra el SIDA Menor: La Iglesia es contraria al condón Conclusión: Por tanto la Iglesia favorece el SIDA Este pseudo silogismo se basa en la equivocada afirmación de la premisa mayor, que el condón es la única protección posible contra el SIDA. Se da por descontada la afirmación que se quiere demostrar; estamos en presencia de una petitio principii : un razonamiento falaz, en el cual las premisas se presentan como algo indiscutible y de las que se deducen las conclusiones lógicas. Se asume como verdadero lo que se quiere demostrar, es decir que el condón constituye la única protección contra el SIDA. Tercer sofisma: Finalmente un ejemplo de pseudo silogismo, uno sofisticado del cual deberían darse cuenta los dignatarios. Mayor: La Iglesia es contraria al condón Menor: El condón previene embarazos no deseados Conclusión/Premisa mayor: La Iglesia está a favor de los embarazos no deseados. Premisa menor: los embarazos no deseados llevan al aborto. Conclusión final. La Iglesia está a favor del aborto. En definitiva, el renacimiento de la moral y eclesiología cristiana no puede esperar nada de la malvada explotación de los enfermos y de sus muertes. 1) Extracto de Le terrorisme à visage humain, de Michel Schooyans y Anne-Marie Libert, segunda edición, París, F.-X. de Guibert Publisher, 2008, pp. 173-179. 2) Dr Jacques SUAUDEAU, artículo “Sexo seguro” en Lexicon, Madrid, Ed. Palabra, 2004; pp.1041-1061. La edición italiana fue publicada en Bolonia, Ed. EDB, 2003. 3) Henri LESTRADET., AIDS, Propagation and Prevention. Informe de la Commisión V11 de la National Academy of Medicine, con comentarios, París, Editions de Paris, 1996. 4) ibid, p.42. 5) ibid, p.46. 6) ibid, pp.46 e ss. 7) ACI comunicado del 6 julio de 2004. 8) Léon Schwartzenberg, Interview en La Libre Belgique (Bruselas), 13 de marzo 1989, p.2. ------------ *Monseñor Michel Schooyans, filósofo y teólogo, es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Pontificia para la Vida, consultor del Consejo Pontificio para la Familia y miembro de la Academia Mexicana de Bioética. Tras haber enseñado durante diez años en la Universidad Católica de San Pablo, en Brasil, se retiró como profesor de Filosofía Política y Ética de los problemas demográficos en la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica. Es autor de alrededor de treinta libros. [Traducción del italiano por Carmen Álvarez]

Sida. Un estudio de la Universidad de Harvard ha dado razón a la posición de Benedicto XVI sobre el sida, afirmando que un comportamiento sexual responsable y la fidelidad al propio cónyuge han sido factores que han determinado un drástico descenso de la epidemia del sida en Zimbabue.




Sida. Un estudio de la Universidad de Harvard ha dado razón a la posición de Benedicto XVI sobre el sida, afirmando que un comportamiento sexual responsable y la fidelidad al propio cónyuge han sido factores que han determinado un drástico descenso de la epidemia del sida en Zimbabue. cfr. La Universidad de Harvard da razón al Papa en la lucha contra el sida. Estudio realizado tomando el caso de Zimbabwe Zenit.org, 25 de febrero de 2011 ROMA, viernes 25 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Un estudio de la Universidad de Harvard ha dado razón a la posición de Benedicto XVI sobre el sida, afirmando que un comportamiento sexual responsable y la fidelidad al propio cónyuge han sido factores que han determinado un drástico descenso de la epidemia del sida en Zimbabue. Lo explica en su última investigación Daniel Halperin, investigador del Departamento para la Salud Global y la Población de la Población de esa universidad estadounidense, que desde 1998 estudia las dinámicas sociales que provocan la difusión de las enfermedades de transmisión sexual en los países en vías de desarrollo, es decir, lo que más están golpeados por el flagelo del sida. Halperin ha utilizado datos estadísticos y análisis sobre el terreno, como entrevistas y focus group, que le han permitido recoger testimonios entre personas que pertenecen a los grupos sociales más pobres. La tendencia de diez años es evidente: desde 1997 a 2007 el índice de infección entre la población adulta ha descendido del 29 al 16 por ciento. Tras su investigación, Halperin no tiene dudas: la repentina y clara disminución de la incidencia del sida ha avanzado con "la reducción de comportamientos arriesgados, como las relaciones fuera del matrimonio, con prostitutas y esporádicas". El estudio, publicado en PloSMedicine.org, ha sido financiado por la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional, de la que ha sido consejero Halperin, y por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población y el Desarrollo. "Con este estudio Halperin promueve una seria y honesta reflexión sobre las políticas hasta ahora adoptadas por las principales agencias de lucha contra el sida en los países en vías de desarrollo", afirma el diario L'Osservatore Romano, al dar la noticia en su edición italiana del 26 de febrero. Según el estudio, es evidente que el drástico cambio de comportamientos sexuales de la población de Zimbabue "ha recibido ayuda de programas de prevención en los medios de comunicación y de proyectos formativos promovidos por iglesias". Hace ya unos años Halperin se había preguntado cómo es posible que las políticas de prevención "más significativas hayan sido realizadas hasta ahora basándose en evidencias que resultan sumamente débiles", es decir, la ineficacia de los preservativos. En definitiva, según el estudio de Halperin, es necesario "enseñar a evitar la promiscuidad y promover la fidelidad", apoyando iniciativas que busquen construir en la sociedad afectada por el sida una nueva cultura. Como ha dicho Benedicto XVI, es necesario promover una "humanización de la sexualidad". www.parroquiasantamonica.com

La prevención del Sida. La experiencia de Zimbabue pone en primer plano la importancia de los cambios de la conducta sexual para combatir la epidemia. Según una investigación ahora publicada, el principal factor del descenso ha sido el aumento de la fidelidad matrimonial y la reducción del número de parejas sexuales, un cambio de conducta estimulado por el miedo a la mortalidad causada por el sida. La investigación ha sido publicada en la revista PLOS Medicine por un equipo encabezado por Daniel T. Halperin, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, y otros expertos del Imperial College de Londres, del Fondo de Población de Naciones Unidas y de organismos sanitarios de Zimbabue.




1 La prevención del Sida. La experiencia de Zimbabue pone en primer plano la importancia de los cambios de la conducta sexual para combatir la epidemia. Según una investigación ahora publicada, el principal factor del descenso ha sido el aumento de la fidelidad matrimonial y la reducción del número de parejas sexuales, un cambio de conducta estimulado por el miedo a la mortalidad causada por el sida. La investigación ha sido publicada en la revista PLOS Medicine por un equipo encabezado por Daniel T. Halperin, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, y otros expertos del Imperial College de Londres, del Fondo de Población de Naciones Unidas y de organismos sanitarios de Zimbabue. Cfr. Zimbabue: avance en la prevención del sida gracias a la mayor fidelidad. Aceprensa, 24 Febrero 2011. En 1997, el 29% de los adultos de Zimbabue estaban infectados por el VIH; en 2007, la tasa se había reducido al 16%. Aunque la tasa sigue siendo elevada, este descenso es algo excepcional en los países del sur de África, una zona que está a la cabeza de la epidemia de sida. Según una investigación ahora publicada, el principal factor del descenso ha sido el aumento de la fidelidad matrimonial y la reducción del número de parejas sexuales, un cambio de conducta estimulado por el miedo a la mortalidad causada por el sida. La investigación ha sido publicada en la revista PLOS Medicine por un equipo encabezado por Daniel T. Halperin, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, y otros expertos del Imperial College de Londres, del Fondo de Población de Naciones Unidas y de organismos sanitarios de Zimbabue. Los triunfos en la lucha por la prevención del sida en países con altas tasas de infección no han sido muchos hasta la fecha. Los casos de Tailandia y Uganda son los más conocidos, pero no todos los consideran concluyentes. En Tailandia la transmisión del VIH estaba relacionada sobre todo con el difundido comercio del sexo, lo que permitió abordarla con programas de distribución masiva de condones en los burdeles. En Uganda, con una campaña dirigida desde el gobierno y centrada sobre todo en la reducción del número de parejas sexuales, la tasa de infección por VIH descendió desde un máximo del 15% a principios de los 90 a un 4% en 2003. Pero luego ha vuelto a subir hasta un 7% cuando la mayor disponibilidad de antirretrovirales ha llevado a que los ugandeses descuiden la prevención (cfr. Aceprensa, 1-03-2010). El éxito de Uganda nunca ha acabado de ser reconocido por organizaciones que trabajan en la prevención del sida, quizá porque, conforme a la estrategia ABC, hablaba de abstinencia y fidelidad y no solo de condones. Ahora el caso de Zimbabue, calificado por estos investigadores como “un sorprendente éxito de prevención”, vuelve a poner en primer plano la importancia de los cambios de conducta sexual para combatir la epidemia. Los datos indican que tras un rápido crecimiento de la prevalencia del contagio por VIH a principios de los años 90, se alcanzó un máximo del 29% en 1997, y después empezó a bajar hasta el 16% en 2007. A partir de estos datos y de entrevistas en sesiones de grupo, los investigadores celebraron una reunión entre organizaciones que trabajan en este campo en Zimbabue para discutir las causas del declive. La conclusión unánime fue que “una reducción en el número de parejas sexuales es la causa próxima más probable del reciente descenso en el riesgo de VIH”. Aunque no parece que haya habido un retraso en la edad de iniciación sexual, diversos informes revelan una reducción aproximada de un 30% en la proporción de hombres con relaciones extramatrimoniales. Además ha habido una considerable reducción en el número de hombres que frecuentan a prostitutas. La experiencia de Zimbabue vuelve a poner en primer plano la importancia de los cambios de conducta sexual para combatir la epidemia 2 En cambio, aunque el uso de preservativos creció de modo regular durante los años 90, no ha aumentado más entre 1999 y 2006, y su uso es muy bajo en las relaciones estables. Más receptivos al mensaje de fidelidad A juzgar por las declaraciones de los entrevistados en sesiones de grupo, el principal motivo para los cambios en la conducta sexual ha sido la experiencia de la mortandad causada por el sida en un entorno próximo. Los investigadores piensan que, paradójicamente, también el retroceso económico ha ayudado. Con la catastrófica gestión económica del gobierno de Robert Mugabe, el PIB descendió cerca de un 40% entre 1999 y 2005, lo que redujo mucho los ingresos personales y la posibilidad de pagar por sexo o de mantener varias parejas sexuales. Igualmente, muchos participantes en las discusiones de grupo mencionaron que el mensaje de fidelidad difundido en programas de prevención desarrollados por las Iglesias –la insistencia en la B (Be faithful) del ABC– “fue atendido por muchos miembros de la comunidad”. Los investigadores se preguntan también por qué el descenso observado en Zimbabue es superior al de otros ocho países del sur de África, donde el porcentaje de adultos infectados por el VIH oscila entre el 12% y el 26%. Su conclusión es que Zimbabue destaca por tener altos niveles de personas con estudios de secundaria y de casados. Esta combinación favorece una mejor comprensión de la relación entre conducta sexual arriesgada y sida, y una actitud más receptiva a los mensajes que invocan la fidelidad. La conclusión del estudio es que la experiencia de Zimbabue tiene implicaciones importantes para la prevención del sida en África. La lección que emerge es que “en Zimbabue, como en otras partes, la reducción de parejas sexuales parece haber tenido un papel crucial en la reversión de la epidemia de VIH. Los programas de los sectores público y privado en Zimbabue se apoyan ahora en este conocimiento para hacer advertencias más firmes contra las parejas sexuales múltiples y para promover la fidelidad, además del uso regular de condones y otros enfoques efectivos, como la circuncisión masculina. Esfuerzos similares están surgiendo en otros países de la región, como una enérgica campaña en Suazilandia que advierte de los peligros de tener amantes secretos” (cfr. Aceprensa, 14-04-2009). Artículos relacionados • La prevención del sida en el África subsahariana Aceprensa (2 Abril 09) www.parroquiasantamonica.com

La Iglesia y el sida: una propuesta más humana de lo que parece



1 La Iglesia y el sida: una propuesta más humana de lo que parece Juan Meseguer, Aceprensa, 17 de junio de 2011 “La clave para evitar la infección es la formación y la educación en una conducta humana responsable” La propuesta de la Iglesia católica para combatir el sida suele ser fuente de malentendidos. Una oportunidad para conocerla mejor es la que ofrece el debate ocasionado con motivo de una declaración sobre el sida aprobada en la ONU en una reunión de alto nivel sobre VIH/Sida. Del 8 al 10 de junio tuvo lugar en la sede de Naciones Unidas, Nueva York, una reunión mundial sobre el sida. El último día, aprobó una declaración política que orientará durante los próximos cinco años las respuestas de los Estados miembros a esta epidemia. Cada Estado tendrá que ver ahora cómo ajusta esas orientaciones a sus necesidades particulares. De ahí que, en un documento aparte, se recojan sintetizadas las matizaciones y reservas expresadas por los representantes de algunos Estados. Entre ellas figuran las de la Delegación de la Santa Sede en esa reunión, expuestas por la jurista estadounidense Jane Adolphe, profesora asociada de la Ave Maria School of Law. A juzgar por este segundo documento de la ONU, da la impresión de que la representante de la Santa Sede en esa reunión estuvo allí solamente para mostrar su reserva frente a términos como los de “salud sexual y reproductiva”, “género”, “población de alto riesgo” o la caracterización de las prostitutas como “trabajadoras sexuales”. Pero la postura de la Santa Sede ofrece una respuesta integral que abarca cuestiones de un amplio espectro. El sida requiere de una respuesta integral, que atienda tanto a los aspectos técnicos como humanos de la enfermedad En este sentido, es esclarecedor leer directamente el discurso de Adolphe. Publicado ya por la agencia Zenit, la jurista recuerda algo que a menudo olvidan los críticos con la postura de la Iglesia: “Al reunirnos hoy en este encuentro de alto nivel de dignatarios de todo el mundo, lo hacemos reconociendo que estamos al lado, como una familia, con quienes viven con el VIH y el sida, y recordamos en nuestros pensamientos y oraciones a todos aquellos a quienes esta enfermedad se ha llevado de este mundo”. Y añade: “Las políticas, los programas y las declaraciones políticas no tienen sentido si no reconocemos la dimensión humana de esta enfermedad en los hombres, mujeres y niños que viven con el VIH y el sida”. o Cambio de conductas Estas son las dos coordenadas sobre las que Adolphe construye su discurso. Primera: que la epidemia del sida es un drama que la Iglesia trata de erradicar y paliar, sabiéndose parte de una misma familia humana. Y segunda: que el sida requiere de una respuesta integral, que atienda tanto a los aspectos técnicos como humanos de la enfermedad. De ahí que para frenar el sida los medios técnicos serán siempre insuficientes si no van acompañados de un cambio de conductas. “Combatir la expansión del HIV –afirmó Jane Adolphe– no requiere medicamentos y productos caros, que buscan disminuir las consecuencias de una conducta peligrosa e irresponsable, sino que requiere más bien una respuesta basada en valores que reconozca la necesidad de promover la dignidad inherente de la persona humana, y por tanto, una conducta sexual responsable y el reconocimiento de la responsabilidad de cada uno y de la propia comunidad”, 2 Prueba de que la Iglesia no se limita a teorizar sobre el sida es que “a través de sus aproximadamente 117.000 centros de salud de todo el mundo, la Iglesia católica proporciona por sí sola alrededor del 25% de todas las atenciones a quienes viven con el VIH y el sida, especialmente a niños”. Y lo hace viendo “a las personas no como estadísticas, sino más bien en su dignidad y valor como hermanos, hermanas y vecinos de la misma familia humana”. Después de trazar estas coordenadas básicas, Adolphe recuerda: “Mi delegación sigue comprometida con el objetivo de detener y mitigar la extensión del VIH promoviendo el único medio universalmente efectivo, seguro y asequible para detener la propagación de este mal: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad mutua durante el matrimonio, evitando correr riesgos y conductas irresponsables, y promoviendo el acceso universal a los medicamentos que previenen el contagio del VIH de madre a hijo”. o Respuesta integral Esta propuesta central –cambios en las conductas humanas– va acompañada de otras que a menudo pasan desapercibidas a la opinión pública. Propuestas que forman parte de una respuesta integral y que, si no se tienen en cuenta, ofrecen una caricatura de aquella. Es significativo que Adolphe dedique a ellas la mitad de su discurso. Sobre el acceso a medicamentos antirretrovirales, denuncia que sigan “estando fuera del alcance de muchos de los más pobres y vulnerables. En países de ingresos bajos o medios, aproximadamente 15 millones de personas viven con el VIH, pero sólo 5,2 millones tienen acceso al tratamiento para salvar su vida”. Junto a los medicamentos, la representante de la Santa Sede recuerda el deber de cuidar de los cerca de 16 millones niños en el mundo que han quedado huérfanos por el sida. Asimismo, pide medidas de “apoyo económico, social, médico y espiritual” para las familias afectadas por el sida y “políticas que eliminen las discriminaciones contra quienes viven con el VIH y el sida y los miembros de su familia”. Unido a lo anterior está la reivindicación de favorecer también “un desarrollo social y personal más amplio”, lo que incluye “acceso a agua potable limpia, instalaciones sanitarias, nutrición suficiente, vivienda adecuada y cuidado sanitario básico”. Hacia el final de su intervención, Adolphe vuelve a retomar el núcleo central de la propuesta de la Iglesia: “La formación y la educación en una conducta humana responsable o, en otras palabras, una dignidad humana adquirida. Esta es la clave para evitar la infección”. Como se ve, la propuesta de la Iglesia católica para combatir el sida es más elaborada de como la presentan algunos medios (en ocasiones, también católicos). El mensaje no es nuevo, pero la reunión de la ONU ofrece la posibilidad de volver a reflexionar sobre él. Puestos a simplificar las cosas, quien quiera hablar solamente del “no” de la Iglesia a los preservativos, tendrá que hablar también del “sí” de la Iglesia al agua potable.

Sida. Sólo un comportamiento sexual responsable puede frenar la pandemia. La denuncia el empeño de una industria multimillonaria por difundir la irresponsabilidad sexual aun a costa de la vida humana. La necesidad de abordar el problema del sida sin prejuicios ideológicos.




1 Sida. Sólo un comportamiento sexual responsable puede frenar la pandemia. La denuncia el empeño de una industria multimillonaria por difundir la irresponsabilidad sexual aun a costa de la vida humana. La necesidad de abordar el problema del sida sin prejuicios ideológicos. Cfr. Green insiste: “El preservativo no es la solución contra el sida” Aceprensa Fuente: Il Sussidiario.net - Fecha: 21 Septiembre 2009 A Edward Green, director del “Proyecto de Investigación sobre la Prevención del sida” de la Universidad de Harvard, no le importó coincidir haces unos meses con Benedicto XVI en que la solución a la epidemia no es más preservativos, sino cambios en la conducta sexual. Pese al revuelo que provocaron sus palabras, ha vuelto a repetirlas en una entrevista para Il Sussidiario.net realizada con ocasión del Meeting de Rímini. Green lleva más de veinte años investigando estrategias para combatir el sida. Uno de los datos más positivos es que, desde hace unos once años, las tasas de nuevos infectados por VIH han descendido en todo el mundo. Pero todavía hay algunos países en los que el sida sigue aumentado; entre ellos, Estados Unidos. Por eso a Green le sorprende que sea precisamente su país el que vaya a darle lecciones a África. “Deberíamos ir a Uganda y aprender. También hay otros países africanos en donde el sida está descendiendo, por ejemplo, Zambia, Kenia, Zimbabue, Etiopía o Malaui. En todo ellos, se registra una reducción del número de parejas sexuales”. El pasado marzo, Green se situó en el punto de mira de la opinión pública cuando afirmó que coincidía en lo sustancial con la visión de Benedicto XVI sobre el modo de combatir el sida en África. En su viaje a Camerún y Angola, el Papa dijo que el problema “no puede resolverse simplemente con la distribución de preservativos; al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. La solución, añadió el Papa, exige “una humanización de la sexualidad”. o El Papa tenía razón Las declaraciones del Papa desencadenaron una oleada de críticas; muchos consideraron entonces que sus opiniones eran contrarias a la evidencia científica. Por eso sentó tan mal en algunos sectores que, unos días más tarde, un experto de la talla de Green se mostrara de acuerdo con el comentario que hizo Benedicto XVI (cfr. Aceprensa, 2-04-2009). En el Meeting de Rímini, Green aclaró que es posible que no coincida en todo lo que dice el Papa sobre el uso de los preservativos. Por ejemplo, él defiende que los preservativos han funcionado en algunos lugares como Tailandia y Camboya. Sin embargo, no duda en afirmar otra vez que en lo esencial da la razón a Benedicto XVI. “Sabía que la parte más controvertida de sus declaraciones iba a ser la afirmación de que los preservativos podían aumentar el problema. Pero el hecho es que, desde hace muchos años, venimos observando que hay una relación entre el aumento del uso de condones y el aumento de la tasa de prevalencia del VIH”. “Y cuando estudiamos quiénes son los que se infectan comprobamos que tienden a ser los que usan condones”. Es posible, dice Green, que el uso de preservativos genere un comportamiento desinhibido, es decir, lo que se llama “compensación de riesgo”: “Cuando se usa algún instrumento para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un riesgo mayor que si uno no lo usara”. La conclusión de Green es clara: sólo un comportamiento sexual responsable puede frenar la pandemia. “Los condones no pueden ser la solución. Más bien, la respuesta a este problema se encuentra en actitudes como el respeto a tu mujer o a tu marido. El mensaje a los adolescentes debería ser: ‘preservaos, retrasad el inicio de las relaciones sexuales’”. Justo lo contrario de lo que promueven algunos programas de prevención del sida: “En estos momentos, Suazilandia es el país que tiene la tasa de infección más alta del mundo. He vivido allí cuatro años, así que conozco bien el país. Pues bien, la actual estrategia consiste en decir que el sexo es divertido; de hecho, el lema de su última campaña fue: ‘Condones: donde está la diversión’”. o Aparcar la ideología 2 Durante muchos años, Uganda ha sido un ejemplo palpable de cómo se puede frenar el sida gracias a cambios de conducta. Aunque los partidarios de repartir condones nunca han llegado a creérselo, la realidad es que su célebre estrategia ABC (abstinencia, fidelidad y uso del condón si falla lo anterior) logró reducir la tasa de infección por VIH desde un máximo del 15% a principios de los noventa a en torno a un 4% en 2003. Sin embargo, esta tendencia parece estar cambiando en la actualidad. Y Green culpa de ello a la obsesión que tiene Occidente por difundir el uso del preservativo entre los ugandeses. Además, a su juicio, la experiencia de Uganda demuestra que los avances en la lucha contra el sida no dependen principalmente del dinero. “El programa más efectivo que ha visto el mundo hasta la fecha se puso en práctica en Uganda a finales de los ochenta. En esa época, el programa costaba cada año 23 centavos por persona. Hoy Uganda está siendo inundada de dinero; aunque todavía no llega a los niveles de otros países, los donantes están gastando como mínimo hasta ocho veces más que antes y, curiosamente, la tasa de infección ha vuelto a subir”. “La mayor historia de éxito del mundo [en la batalla contra el sida] se ha visto truncada por la presión que ejercen las donaciones extranjeras, incluidas las de mi país, para que Uganda haga lo mismo que hacen los demás países: promoción de los preservativos, hacerse la prueba del VIH y tratar las enfermedades de transmisión sexual, dejando a un lado los mensajes como la fidelidad a la propia pareja. El coste de los programas ha aumentado, pero la eficacia ha disminuido. Y la explicación que se da es que siguen faltando condones”. A continuación, Green explica las incomprensiones que ha sufrido por sostener semejante postura: “En Estados Unidos estamos tan polarizados, que la gente piensa que si defiendes la estrategia ABC eres un incondicional de Bush”. Precisamente ahora, Green está escribiendo un libro (Sida e ideología) en el que denuncia el empeño de una industria multimillonaria por difundir la irresponsabilidad sexual aun a costa de la vida humana. Según este experto de Harvard, la razón de que todavía no se haya dado un cambio de paradigma en la lucha contra el sida (pasando de un enfoque centrado en la difusión de los preservativos a una estrategia basada en los cambios de conductas) se encuentra, en buena medida, en el poder de adoctrinamiento que tiene esta industria. Frente a la presión de este movimiento, Green propone abordar el problema del sida sin prejuicios ideológicos: “La clave es el sexo responsable, basado en la confianza y en el mutuo respeto. No importa si eres católico o protestante, hetero u homosexual. Existen algunas organizaciones gays que defienden el valor de la fidelidad frente al sexo duro. Pero nunca se oye hablar de ellas, porque están silenciadas por la voz de los grupos activistas que dominan los medios y el debate sobre el sida”.
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