lunes, 23 de diciembre de 2019

4º Adviento Ciclo A 22 diciembre 2019



[Chiesa/Omelie1/Avvento/4AdvA19JoséObedienciaFeEncuentroConCristoConfiandoVida]

Ø 4º Domingo de adviento, Ciclo A (2019). La vocación de José: aceptó el encargo que Dios le hizo; descubre y acepta la vocación a la que Dios le llamó. El Señor irrumpe en nuestras vidas, en nuestra historia personal, dándonos a conocer su designio, su plan para cada uno de nosotros, y, por la fe en Él, aceptamos esa irrupción. Es la «obediencia de la fe». La disponibilidad para escuchar la palabra de Dios y servir fielmente a su voluntad; es la respuesta del hombre al Dios que habla y que, con Cristo, adquiere la forma del encuentro con una Persona a la que se confía la propia vida. La fe no significa sólo aceptar un cierto número de verdades abstractas. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, basada en el amor con que nos ha amado antes hasta la entrega total de sí mismo, al que correspondemos con la voluntad de poner en sintonía la propia vida con los pensamientos y sentimientos de su Corazón. No puede faltar una atenta escucha de sus inspiraciones a través de su Palabra, de las personas con que nos encontramos, de las situaciones de la vida de todos los días.


v  Cf. 4º Adviento Ciclo A   22 diciembre 2019


Mateo 1, 18-24. 18 La generación  de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de que conviviesen, se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. 20 Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -«José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque -«José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra  del Espíritu Santo.. 21  Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus  pecados.» 22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: 23 «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» 24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Romanos 1, 1-7: 1Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios, 2 que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas, 3 acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, 4 constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro, 5 por quien recibimos la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles, 6 entre los cuales os contáis también vosotros, llamados de Jesucristo, 7 a todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

En este domingo precedente a la Navidad, la liturgia nos propone la meditación sobre las figuras de los padres de Jesús. En el Evangelio de Mateo (Ciclo A) resalta la figura de José; María dará luz a un hijo a quien pondrá por nombre Jesús, “Dios-con-nosotros”. Se trata de dos padres inscritos en la acción misteriosa de Dios en la historia. Toda pareja humana que se constituye en familia, tiene una vocación semejante, la de estar «abierta» a la acción de Dios.  Cfr. Omelie- temi di predicazione, n. 107 nuova serie, IV Domenica di Avvento Ciclo A,


La obediencia de la fe. El sentido vocacional de la vida.
El descubrimiento del designio que Dios tiene para cada uno de nosotros.
José aceptó el encargo que Dios le hizo:
descubre y acepta la vocación a la que Dios le llamó.

1.    La vocación de José: aceptó el encargo que Dios le hizo; descubre y acepta la vocación a la que Dios le llamó. Es la «obediencia de la fe». El Señor irrumpe en nuestras vidas, en nuestra historia personal, dándonos a conocer su designio, su plan para cada uno de nosotros, y, por la fe en Él, aceptamos esa irrupción.

 

v  La vocación de José

o   Lo mismo que María acepta colaborar en la historia de la salvación.

·         Mateo 1, José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido
concebido es obra  del Espíritu Santo (v. 20). Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer  (v. 24).
·         José es llamado justo (v. 19), que en la mentalidad de la época indicaba el hombre que vivía según
los preceptos de la Ley, y buscaba cumplir la  voluntad de Dios en todo, que acepta y respeta el misterio de Dios, no sólo en esta ocasión sino también cuando tuvo que ir a Belén para registrarse, cuando tuvo que escapar a Egipto y volver a Israel guiando, por otra parte, a su familia con mano firme y segura.  José – lo mismo que María – acepta colaborar en la historia de la salvación. El Señor le pide que acoja a María en su casa, formalizando de este modo la segunda parte del matrimonio entre los hebreos; al dar el nombre al hijo de María, José cumple con el cometido que tiene todo padre: Jesús es hijo a todos los efectos jurídicos y es reconocido como miembro de esa familia considerada como una más en Nazaret, y es considerado descendiente de David.

v  La «obediencia de la fe»  en la  Carta a los Romanos

o   En la segunda Lectura de hoy

Romanos 1, 5, segunda Lectura de hoy: “Por  Jesucristo Señor nuestro recibimos la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles”.
·         Nuevo Testamento, Eunsa 2004: “La «obediencia de la fe» es la aceptación del Evangelio, acto
que pertenece a la inteligencia y voluntad humanas, pero que las supera: sólo puede realizarse a partir de la fe”.

o   La fe en Romanos 1, 16

Romanos 1, 16: “No me avergüenzo del Evangelio, porque es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”.
§  La fe no es sólo pura adhesión intelectual sino también confianza y obediencia a una verdad de vida que compromete todo el ser.
·         Cfr. Biblia de Jerusalén, comentario a Romanos 1,16: La fe no es pura adhesión intelectual; es también
confianza y obediencia (Romanos 1,5, Romanos 6,17, Romanos 10,16, Romanos 16,26; ver Hechos 6,7) a una verdad de vida (2Tesalonicenses 2,12s) que compromete a todo el ser mediante la unión con Cristo (2Corintios 13,5, Gálatas 2,16, Gálatas 2,20, Efesios 3,17) y le otorga el Espíritu (Gálatas 3,2, Gálatas 3,5, Gálatas 3,14; ver Juan 7,38s, Hechos 11,16-17) de Hijos de Dios (Gálatas 3,26; ver Juan 1,12).

v  La obediencia de la fe en «Redemptoris custos», de Juan Pablo II

o   José se convirtió en depositario singular del misterio.

§  "Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios”.
·         4.  (...) “Se puede decir que lo que hizo José le unió en modo particularísimo a la fe de María.
Aceptó como verdad proveniente de Dios lo que ella ya había aceptado en la anunciación. El Concilio dice al
respecto: "Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre
y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo
voluntariamente a la revelación hecha por él"(Const. dogm. Dei Verbum sobre la divina Revelación, 5).
La frase anteriormente citada, que concierne a la esencia misma de la fe, se refiere plenamente a José de
Nazaret.
·         5.  El, por tanto, se convirtió en el depositario singular del misterio "escondido desde siglos en
Dios" (cf. Efesios 3, 9), lo mismo que se convirtió María en aquel momento decisivo que el Apóstol llama "la plenitud de los tiempos", cuando "envió Dios a su Hijo, nacido de mujer" para "rescatar a los que se hallaban bajo la ley", "para que recibieran la filiación adoptiva" (cf. Gálatas 4, 4-5). "Dispuso Dios -afirma el Concilio- en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Efesios 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cf. Efesios2, 18; 2 Pe 1, 4)". (Const. dogm. Dei Verbum sobre la divina Revelación, 2)
§  José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios, y, haciéndolo así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación.
De este misterio divino José es, junto con María, el primer depositario. Con María -y también en relación con María- él participa en esta fase culminante de la autorrevelación de Dios en Cristo, y participa desde el primer instante. Teniendo a la vista el texto de ambos evangelistas Mateo y Lucas, se puede decir también que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios, y que, haciéndolo así, sostiene a su esposa en la fe de la divina anunciación. El es asimismo el que ha sido puesto en primer lugar por Dios en la vía de la "peregrinación de la fe", a través de la cual, María, sobre todo en el Calvario y en Pentecostés, precedió de forma eminente y singular. (Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium sobre la Iglesia, 63)

o   La historia de José – en determinados momentos dramática, cuando «consideraba él estas cosas» - nos invita a todos a desear discernir la presencia de Dios en nuestras vidas. La «obediencia de la fe» es la disponibilidad para escuchar la palabra de Dios y servir fielmente a su voluntad.  nn. 30-31

·         30.  “Como se dice en la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II sobre la divina
Revelación, la actitud fundamental de toda la Iglesia debe ser de "religiosa escucha de la Palabra de Dios"(Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina Revelación, 1), esto es, de disponibilidad absoluta para servir fielmente a la voluntad salvífica de Dios revelada en Jesús. Ya al inicio de la redención humana encontramos el modelo de obediencia -después del de María- precisamente en José, el cual se distingue por la fiel ejecución de los mandatos de Dios.
Pablo VI invitaba a invocar este patrocinio "como la Iglesia, en estos últimos tiempos suele hacer; ante todo, para sí, en una espontánea reflexión teológica sobre la relación de la acción divina con la acción humana, en la gran economía de la redención, en la que la primera, la divina, es completamente suficiente, pero la segunda, la humana, la nuestra, aunque no puede nada (cf. Juan 15, 5), nunca está dispensada de una humilde, pero incondicional y ennoblecedora colaboración. Además, la Iglesia lo invoca como protector con un profundo y actualísimo deseo de hacer florecer su terrena existencia con genuinas virtudes evangélicas, como resplandecen en san José" (Pablo VI, Alocución (19 de marzo de 1969): Insegnamenti, VII (1969), p. 1269)
·         31. La Iglesia transforma estas exigencias en oración. Y recordando que Dios ha confiado los
primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José, le pide que le conceda colaborar fielmente en la obra de la salvación, que le dé un corazón puro, como san José, que se entregó por entero a servir al Verbo Encarnado, y que "por el ejemplo y la intercesión de san José, servidor fiel y obediente, vivamos siempre consagrados en justicia y santidad". (Cf. Missale Romanum, Collecta; Super oblata en "Sollemnitate S. Ioseph Sponsi B.M.V."; Post. commn. en "Missa votiva S. Ioseph")”.

v  La obediencia de la fe en el Catecismo de La Iglesia Católica

o   La obediencia de la fe es la respuesta del hombre al Dios que revela.

n. 143: “Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (Cf DV 5). La Sagrada Escritura llama «obediencia de la fe» a esta respuesta del hombre a Dios que revela (Cf Romanos 1, 5; 16, 26).”

o   La obediencia en la fe: sometimiento libre a la palabra escuchada porque su verdad está garantizada por Dios.

·         n. 144:  LA OBEDIENCIA DE LA FE - Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse libremente a la
palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo  que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma.

v  La obediencia de la fe en el libro de los Salmos.

Cfr. Salmo responsorial del pasado lunes de la semana 3ª de Adviento.
Salmo 24, 4-5 AB.6-7 BC, 8-9 (R: 4B)

o   Una petición del salmista a Dios, para que nos dé a conocer su designio, su proyecto sobre nosotros, nuestra vocación.

R. Señor, instrúyeme en tus sendas
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.  R.
El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.

v  Benedicto XVI

o    Homilía, en Varsovia 26 mayo 2006

§  La fe no significa sólo aceptar un cierto número de verdades abstractas. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, una relación basada en el amor de Aquél que nos ha amado antes, hasta la entrega total de sí mismo. Nuestra correspondencia, nuestro amor por Cristo, se expresa en poner en sintonía la propia vida con los pensamientos y sentimientos de su Corazón.
            De hecho, Cristo dice: «Si me amáis…». La fe no significa sólo aceptar un cierto número de verdades abstractas sobre los misterios de Dios, del hombre, de la vida y de la muerte, de las realidades futuras. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, una relación basada en el amor de Aquél que nos ha amado antes (Cf. 1 Juan 4, 11), hasta la entrega total de sí mismo. «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Romanos 5, 8). ¿Qué otra respuesta podemos dar a un amor tan grande, sino un corazón abierto y dispuesto a amar? Pero, ¿qué quiere decir amar a Cristo? Quiere decir fiarse de Él, incluso en la hora de la prueba, seguirle fielmente incluso en el Vía Crucis, con la esperanza de que pronto llegará la mañana de la resurrección. Si confiamos en Él no perdemos nada, sino que ganamos todo. Nuestra vida adquiere en sus manos su verdadero sentido. El amor por Cristo se expresa con la voluntad de poner en sintonía la propia vida con los pensamientos y los sentimientos de su Corazón. Esto se logra mediante la unión interior, basada en la gracia de los Sacramentos, reforzada con la oración continua, con la alabanza, con la acción de gracias y la penitencia. No puede faltar una atenta escucha de las inspiraciones que Él suscita a través de su Palabra, a través de las personas con las que nos encontramos, de las situaciones de vida de todos los días[1]. Amarlo quiere decir permanecer en diálogo con Él, para conocer su voluntad y realizarla prontamente.

o   Benedicto XVI, Exhortación apostólica “Verbum Domini”.

30 septiembre de 2010, nn. 24 y 25
Dialogar con Dios mediante sus palabras
§  Toda la existencia del hombre se convierte en un diálogo con Dios que habla y escucha, que llama y mueve nuestra vida. La Palabra de Dios revela aquí que toda la existencia del hombre está bajo la llamada divina
24. La Palabra divina nos introduce a cada uno en el coloquio con el Señor: el Dios que habla nos enseña cómo podemos hablar con Él. Pensamos espontáneamente en el Libro de los Salmos, donde se nos ofrecen las palabras con que podemos dirigirnos a él, presentarle nuestra vida en coloquio ante él y transformar así la vida misma en un movimiento hacia él.[Cf. Discurso en el encuentro con el mundo de la cultura en el  Collège des Bernardins de París (12 septiembre 2008): AAS 100 (2008), 721-730.] En los Salmos, en efecto, encontramos toda la articulada gama de sentimientos que el hombre experimenta en su propia existencia y que son presentados con sabiduría ante Dios; aquí se encuentran expresiones de gozo y dolor, angustia y esperanza, temor y ansiedad. Además de los Salmos, hay también muchos otros textos de la Sagrada Escritura que hablan del hombre que se dirige a Dios mediante la oración de intercesión (cf. Ex 33,12-16), del canto de júbilo por la victoria (cf. Ex 15), o de lamento en el cumplimiento de la propia misión  (cf. Jr 20,7-18). Así, la palabra que el hombre dirige a Dios se hace también Palabra de Dios, confirmando el carácter dialogal de toda la revelación cristiana,[Cf. Propositio 4.] y toda la existencia del hombre se convierte en un diálogo con Dios que habla y escucha, que llama y mueve nuestra vida. La Palabra de Dios revela aquí que toda la existencia del hombre está bajo la llamada divina. [Cf. Relatio post disceptationem, 12.]
§  La fe es la respuesta propia del hombre al Dios que habla. Con Cristo, la fe adquiere la forma del encuentro con una Persona, a la que se confía la propia vida.
25. «Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe” (cf. Romanos 16,26; Romanos 1,5; 2 Corintios 10,5-6), por la que el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece “el homenaje total de su entendimiento y voluntad”, asintiendo libremente a lo que él ha revelado». [76: Conc. Ecum. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, 5] Con estas palabras, la Constitución dogmática Dei Verbum expresa con precisión la actitud del hombre en relación con Dios. La respuesta propia del hombre al Dios que habla es la fe. En esto se pone de manifiesto que «para acoger la Revelación, el hombre debe abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu Santo que le hace comprender la Palabra de Dios, presente en las sagradas Escrituras».[77: Propositio 4] En efecto, la fe, con la que abrazamos de corazón la verdad que se nos ha revelado y nos entregamos totalmente a Cristo, surge precisamente por la predicación de la Palabra divina: «la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo» (Romanos 10,17). La historia de la salvación en su totalidad nos muestra de modo progresivo este vínculo íntimo entre la Palabra de Dios y la fe, que se cumple en el encuentro con Cristo. Con él, efectivamente, la fe adquiere la forma del encuentro con una Persona a la que se confía la propia vida. Cristo Jesús está presente ahora en la historia, en su cuerpo que es la Iglesia; por eso, nuestro acto de fe es al mismo tiempo un acto personal y eclesial.

v  La obediencia a la voluntad de Dios  vale más que los sacrificios

o   Por el bautismo los cristianos hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia.

·         En Romanos 12, 1-2, San Pablo pide a los cristianos que se ofrezcan ellos mismos “como sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios”, y tal será su “culto espiritual”.
·         Nuevo Testamento, Eunsa 1999, Romanos 12,1-8: “En los vv. 1-2 el Apóstol introduce la invitación a
dar a Dios un culto espiritual, como consecuencia de la nueva condición dada por el Bautismo. Los cristianos son el nuevo Pueblo de Dios y están incorporados a Cristo como miembros suyos, de modo que «todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia, ‘para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo’ (1 Pedro 2,5), para realizar cada una de nuestras propias acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, perpetuando así la misión del Dios-Hombre (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 96) ».”

2. María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe

·         Catecismo de la Iglesia Católica,  148: La Virgen María realiza de la manera más perfecta la
obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que  le traía el ángel Gabriel, creyendo que "nada es imposible para Dios"  (Lucas 1, 37; cf  Génesis 18, 14) y dando su asentimiento: "He aquí la esclava  del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1, 38). Isabel la  saludó: "¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le  fueron dichas de parte del Señor!" (Lucas 1, 45). Por esta fe todas las  generaciones la proclamarán bienaventurada (cf  Lucas 1, 48). Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf  Lucas 2, 35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el "cumplimiento" de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe.  



Vida Cristiana




[1] Nota de la redacción de Vida Cristiana: “El Señor viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino” (Prefacio III de Adviento).

sábado, 14 de diciembre de 2019

El Señor está cerca: por Santiago Agrelo

[Es también memoria de San Juan de la Cruz]
La invitación apostólica nos llega motivada con palabras de revelación: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”.
La Iglesia presiente cercana la fiesta del nacimiento de Cristo, fiesta de gozo y salvación; el pueblo de Dios la espera con fe y pide la gracia de llegar a celebrarla con alegría desbordante.
“El Señor está cerca”, tan cerca como la fiesta de Navidad, parece decir la liturgia; más cerca que la Navidad, te sugiere el corazón.
“El Señor está cerca”, tan dentro de ti como su ausencia:
“¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido”.
El Señor está tan dentro de ti como tu deseo de encontrarte con él, tan dentro de ti como pueda estarlo tu tristeza y la esperanza de que su alegría te encuentre; tan tuyo como tu agitación y tu necesidad de oír pronunciadas sobre ella palabras de paz.
“El Señor está cerca”, tan cerca como la redención que ya has recibido, como el perdón que ya se te ha dado, como la gracia con que ya te han visitado. El Señor está cerca de ti como el bien con que has sido bendecido, como la santidad para la que has sido elegido.
“El Señor está cerca”, tan cerca de ti como lo está su palabra que escuchas, su cuerpo que comulgas, sus pobres a quienes acudes.
“El Señor está cerca”: presencia del amado en el corazón de la esposa, presencia del Amor en la memoria de la Iglesia.
En todo has puesto tú su nombre: en el desierto y el yermo, en el páramo y la estepa, en el Líbano y en el Carmelo. Y en todo ha dejado él la huella de su paso:
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura”.
“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”.

10 ideas de Adviento para católicos atareados: aún puedes aprovechar y ver cuál te encaja mejor




  

Viernes, 13 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

o   Todo en Adviento consiste en prepararse para una venida... he aquí unas sugerencias

10 ideas de Adviento para católicos atareados:
aún puedes aprovechar y ver cuál te encaja mejor

La corona de Adviento, en casa o en la parroquia, es un gesto más para tomar conciencia de este tiempo litúrgico

La corona de Adviento, en casa o en la parroquia, es un gesto más para tomar conciencia de este tiempo litúrgico

ReL - 13 diciembre 2019
Muchos católicos sienten que el Adviento se les escapa: la Navidad lo devora, es más corto que la Cuaresma. Debería incluir momentos de tranquilidad y reflexión, de preparación espiritual, pero suele estar colonizado por actividades prenavideñas y cenas de empresa y gestiones para la familia. Mike Jordan Laskey, director de los ministerios Life&Justice en la diócesis de Camden, New Jersey, publicó en el NCRonline.org algunas ideas de Adviento para "católicos atareados".
1. Lee algo devocional, corto, cada día... coméntalo con más gente
Puedes juntar a tu familia, o a tu cónyuge, y leer juntos cada día algo muy breve de tema espiritual. También es posible ponerse de acuerdo con unos amigos para leer cada uno en su casa algún librito espiritual y quedar luego todos en alguna casa para comentarlo. Jordan cuenta que lo propusieron a unos amigos, con poco tiempo, y 10 personas participaro. "La gente tiene hambre de algo de nutrición espiritual, especialmente en estas fechas", concluyó.
2. Consigue ratos para estar en silencio
Adviento es una época cristiana de silencio y cierta oscuridad, en contraste con la Navidad consumista que es alborotadora y llena de luces. Hay que buscar ratos de silencio "que no sean la hora de ir a la cama. Quizá basta con repetir la oración 'Ven, Señor Jesús' en voz baja, lentamente, mientras respiras con los ojos cerrados. Esto se puede hacer en tu cocina, en tu oficina..."
3. Di "no" a tantas invitaciones, está bien hacerlo
No es obligatorio ir a todas las fiestas a las que nos invitan estos días, ni ir al centro comercial continuamente a por regalos. Podemos ir a menos sitios. Sin embargo, padres y abuelos de niños sí deberían acompañarles a algunas actividades importantes de estas fechas. Hay que discernir.
4. Busca música de adviento: canciones que invitan a Jesús
"Ven, divino Mesías", "Emnanuel", etc... son frases que invocan y anhelan la venida de Jesús, que es el gran tema del Adviento.

5. Decora algo ya, un poco
En casa o en otros ambientes de trabajo e iglesia ya puedes poner algunos decorados navideños. Quizá basta con poner el belén. Quizá ya puedes poner el árbol.

6. Pon la Corona de Adviento, enciende sus velas
Esta costumbre se ha extendido por muchas parroquias y puede aplicarse también a las casas. Cada domingo se enciende una vela más hasta la Navidad. La familia, al imitar este gesto visto en la parroquia, toma conciencia de ser "iglesia doméstica".
La-Corona-de-Adviento
7. Si tienes niños, léeles textos navideños
Incluso libros de dibujos para niños pequeños, de o tres años, les van a servir mucho, porque luego llegará la Navidad, reconocerán los personajes y las escenas. En los libros ven la historia que se cuenta también en el belén.
8. Sé generoso y apoya obras que trabajan por el Reino y la justicia
Los Reyes Magos viajaban con sus regalos, y también nosotros debemos poder presentar a Jesús nuestras ofrendas de caridad, ayudando a Cáritas, a los misioneros, ayudando a los que anuncian la buena nueva...
9. Puedes confesarte
Hay en EEUU programas de móvil e Internet que registran que en Adviento, como en Cuaresma, se disparan las búsquedas con las palabras "acto de contrición". Mucha gente intenta confesarse en Adviento para llegar "limpio" a la Navidad. El Adviento consiste en prepararse, y sin duda es la mejor preparación posible hacer examen de conciencia y pasar por el confesionario.
10. Recuerda las 3 venidas del Señor Jesús
San Bernardo de Claraval solía predicar sobre las tres venidas de Jesús:
- Jesús vino como Niño en Belén
- Jesús viene a nuestras vidas hoy
- Jesús vendrá con gloria en el Día Final
En Adviento, preparamos las tres venidas y reflexionamos sobre las tres.
Al final, todo esto ayuda a ponernos en una actitud de humildad y gratitud ante el Señor, invitar al Espíritu Santo en nuestras vidas y prepararnos para responderle. Ven, Señor Jesús.

Vida Cristiana


viernes, 13 de diciembre de 2019

3º Domingo Adviento Ciclo A. 15 diciembre 2019




[Chiesa/Omelie1/3AdvA19SignosMesiánicosContenidoSalvaciónCristoMesías]

Ø Domingo 3º de Adviento – Ciclo A. (2019). A Una pregunta a Jesús, el Salvador, el Mesías esperado. Juan el Bautista envía discípulos suyos a Jesús, para que le pregunten: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». B  Jesús responde indicándoles unos «signos» o milagros como prueba de que, efectivamente,  Él es el Mesías que esperaban los judíos. Esos «signos» (curaciones, etc.) tienen también un valor simbólico: hacen referencia a la vida nueva que trae Jesús a los hombres y mujeres. A  los cojos, que tienen dificultades para avanzar por los caminos del bien, a los que están afectados por la lepra del mal y del pecado y esperan la salvación, a los que están envueltos en las tinieblas de la ignorancia y no han recibido la luz de la fe …  El descubrimiento, en este Adviento, de la centralidad de Cristo en nuestras vidas.


v  Cfr. 3º Domingo Adviento Ciclo A. 15 diciembre 2019

Isaías 35, 1-6.8.10; Salmo Resp. 145, 7-10; Santiago 5, 7-10; Mateo 11, 2-11 


Isaías 35, 1-6.8.10: 1 Que el desierto y la tierra árida se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor; 2 estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios. 3 Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. 4 Decid a los de corazón intranquilo [otra traducción: pusilánime [1]]: ¡Animo, no temáis! Aquí está vuestro Dios, llega la venganza,  la retribución  de Dios, él vendrá y os salvará. 5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. 6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa.  8 Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán 10 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!
Santiago 5, 7-10: 7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y las tardías. 8 Tened también vosotros paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la Venida del Señor está cerca. 9 No os quejéis, hermanos, unos de otros, para que no seáis juzgados; mirad que el Juez está ya a la puerta. 10 Tomad, hermanos, como modelos de una vida sufrida y paciente a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.
Salmo 145,6-7; 8-9; 10: 6 Del poder de tus portentos se hablará, y yo tus grandezas contaré; 7 se hará memoria de tu inmensa bondad, se aclamará tu justicia. 8 El Señor es clemente y compasivo,  Lento a  la ira y rico en misericordia. 9 El Señor es  bueno  con todos, y su misericordia se extiende a todas  sus obras. 10 Que todas tus obras te den gracias, Señor, todas tus obras y tus fieles  te  bendigan.
Mateo 11, 2-11: 2 En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: 3 -«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» 4 Jesús les respondió: -«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: 5 los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. 6 ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» 7 Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: -«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? 8 ¿0 qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. 9 Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; 10 él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." 11 Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

A
Una pregunta de Juan a Jesús
que tiene plena actualidad para nosotros.
Todos buscamos alguien/algo que sea nuestra salvación
para ser felices en definitiva.

1. Una pregunta muy importante de Juan el Bautista a Jesús (Mateo 11,3): «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».


·         La respuesta del Señor en la que da las señales para  reconocerle como Mesías (Mateo 11, 4-5):
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio.
·         En el judaísmo esperaban un Mesías (o Ungido),  es decir, un hombre lleno del espíritu de Dios y
enviado por Él para traer la paz a la humanidad restaurando el Reino de Dios. Los cristianos aceptaron que el Mesías esperado era Jesús de Nazareth; le llamaron "Cristo", que es una traducción literal del hebreo "Mesías".
·         Es también una pregunta actual, porque los seres humanos continuamente - de modo consciente o
inconsciente – estamos buscando alguien/algo que sea nuestra salvación, para ser felices en definitiva: una ideología, una persona, que nos salve, un “mesías”.  Que nos salve de la precariedad de la vida humana, de la enfermedad, de la soledad, de la pobreza, de la inmadurez, de la ignorancia, del egoísmo, etc. etc. etc. Y, con más o menos frecuencia, ese algo/alguien es un mesías falso: el poder, el dinero, el alcohol, la droga, la infidelidad, la pereza, un mentiroso, un adulador, un visionario, quien odia,  cualquier idolatría, cualquier superstición, la injusticia, etc. etc. etc.

v  Catecismo de la Iglesia Católica   

o   Cristo, Mesías (ungido en hebreo), Ungido

§  Cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.
·         Catecismo n. 436: Cristo viene de la traducción griega del término hebreo «Mesías» que quiere
decir «ungido». No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque El cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Este era el caso de los reyes (Cf 1 Samuel  9, 16; 10, 1; 16, 1. 12-13; 1 Reyes 1, 39), de los sacerdotes (Cf Éxodo  29, 7; Levítico 8, 12) y, excepcionalmente, de los profetas (Cf 1 Reyes 19, 16). Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (Cf Salmo 2, 2; Hechos 4, 26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (Cf Isaías 11, 2) a la vez como rey y sacerdote (Cf Zacarías 4, 14; 6, 13), pero también como profeta (Cf  Isaías 61, 1; Lucas 4, 16-21).  Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.

o   Jesús aceptó el título de Mesías con reservas

§  Porque una parte de los contemporáneos lo comprendían según una concepción esencialmente política
·         Catecismo n. 439: Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza
reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico «hijo de David» prometido por Dios a Israel (Cf Mt 2, 2; 9, 27; 12, 23; 15, 22; 20, 30; 21, 9. 15). Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho (Cf Jn 4, 25-26; 11, 27), pero no sin reservas porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado humana (Cf Mt 22, 41-46), esencialmente política (Cf Jn 6, 15; Lc 24, 21).

v  Jesús nos libera del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.

             Francisco, Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”,  24 de noviembre de 2013

o   El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Los creyentes también corren ese riesgo.

§  Muchos caen en ese riesgo y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida.
n.1 “Quienes se dejan salvar por Jesús son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. (…)
n. 2 El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.
n. 3 Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor».[PabloVI, Gaudete in Domino 9 mayo 1975, 22] Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. (…)

2. «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»


v  ¿Por qué hizo Juan esa pregunta?

·         Biblia de Jerusalén, Mateo 11,3: Los exégetas han discutido al interpretar esta pregunta de Juan
el Bautista: a) tal vez ya lo sabía pero es un modo de provocar a Jesús para que él mismo desvelase su identidad; b) o tal vez “sin dudar absolutamente de Jesús, Juan Bautista se extraña viéndole plasmar un tipo de Mesías tan distinto del que él esperaba, ver Mateo 3, 10-12”.
·         Juan Pablo II afirma (14/12(1986): “¿Cómo es que hace esa pregunta quien había reconocido la
plenitud de los tiempos? No porque tuviese dudas acerca del Redentor, indicado por Juan como el perdón de Dios tan esperado e invocado, sino porque se había sorprendido. En efecto, él, que en ese momento está prisionero destinado a morir, en cierto sentido se sentía desconcertado porque Jesús sea portador del juicio de Dios de un modo así humilde e inerme; porque  realizaba con la delicada potencia del amor todo lo que el Bautista había anunciado con tonos fuertes (Mateo 3,12): “El tiene en su mano el bieldo y limpiará su era, y recogerá su trigo en el granero; en cambio quemará la paja con fuego que no se apaga”.

v  Esa pregunta conserva una actualidad. Nosotros debemos preguntarnos: ¿es Jesucristo mi salvador en el que espero? ¿Espero en otro salvador? Hoy, también en este Adviento, estamos llamados a redescubrir la centralidad de Cristo en nuestras vidas. 


o   Juan Pablo II, en diversas homilías del 3º Domingo de Adviento

§  ¿Quién es Jesucristo para mí?: es la pregunta del Adviento.
·         Juan Pablo II, 14 de diciembre de 1980: “¿Quién es Jesucristo en verdad en mis pensamientos,
en mi corazón y en mi obrar? ¿Hablo de él a los demás? Doy testimonio de él al menos ante los más cercanos a mí: en mi casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en todo mi vida y mi conducta? Esta es precisamente la pregunta del adviento, y es necesario que, apoyándonos en ella, nos hagamos las preguntas posteriores a las que he aludido, porque hacen que profundicemos en  nuestra conciencia cristiana y así nos preparan para la venida del Señor”.
§  La situación en  que vivimos se presenta a veces como un «desierto», una «tierra árida»,  difícil de roturar y refractaria a la siembra evangélica.  
·         Juan Pablo  II, 17 diciembre de1989: “La pregunta conserva una actualidad. Es hecha también
por el nuevo Israel, la Iglesia, que espera la venida del Señor, sobre todo la última. Es hecha, de modo particular, por parte de muchos hombres desalentados y perdidos que, con corazón sincero buscan la salvación, (…) La situación en que vivimos se presenta a veces - usando las palabras del profeta Isaías -  como un «desierto», una «tierra árida»,  difícil de roturar y refractaria a la siembra evangélica. Nos encontramos con los «corazones pusilánimes» que han perdido el camino de la verdad y de la vida; con muchas «manos débiles» incapaces de hacer el bien; con muchas «rodillas vacilantes» en el camino del seguimiento de Cristo.
Con las palabras del profeta, Dios nos invita a no desalentarnos y nos exhorta a tener esperanza: ¡Animo, no temáis! Aquí está vuestro Dios …  él vendrá y os salvará!.
Sí, hermanos y hermanas, el Señor viene. Es más, está entre nosotros. Las señales de su presencia salvífica son ya visibles ….  Son muchas las obras de caridad y de servicio que se ofrecen a los enfermos, a los que sufren, a los marginados …
§  La salvación no ha llegado a todos. Es necesario incrementar la misión de evangelización y de promoción humana.
Pero la salvación que Jesús ofrece no es un don que ha llegado a todos; muchos «pobres» que tenemos con nosotros todavía no han acogido el anuncio de la Buena Nueva y todavía no han sido liberados del pecado y de todo lo que les humilla y les pone al margen de una convivencia humana fraterna y solidaria; y muchos «escandalizados» se han distanciado de Cristo y de la Iglesia.
Es necesario, por tanto, incrementar la misión de evangelización y de promoción humana, para abrir a todos las puertas del Reino de Dios, que viene por medio de Jesucristo.
§  También en nuestros días son numerosos los que están envueltos en las tinieblas de la ignorancia y no han recibido la luz de la fe; los cojos, que tienen dificultades para avanzar por los caminos del bien; los que se sienten defraudados y desalentados; los que están afectados por la lepra del mal y del pecado y esperan la salvación.
·         Juan Pablo II, 13 de diciembre de 1998: «También en nuestros días son numerosos los que están
envueltos en las tinieblas de la ignorancia y no han recibido la luz de la fe; son numerosos los cojos, que tienen dificultades para avanzar por los caminos del bien; son numerosos los que se sienten defraudados y desalentados; son numerosos los que están afectados por la lepra del mal y del pecado y esperan la salvación. A todos ellos se dirige la «buena nueva» del Evangelio, encomendada a la comunidad cristiana. La Iglesia, en el umbral del tercer milenio, proclama con vigor que Cristo es el verdadero liberador del hombre, el que lleva de nuevo a toda la humanidad al abrazo paterno y misericordioso de Dios».

2. La respuesta que dio el Señor: presenta unos signos que manifiestan que Él es el Salvador, el Mesías que esperaban. ¿En qué consiste su salvación?


v  Catecismo de la Iglesia Católica

·         n. 549: Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (Cf Juan 6, 5-15), de la
injusticia (Cf Lucas 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (Cf Mateo 11, 5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (Cf Lucas 12, 13. 14; Juan 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (Cf Juan 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
·         n. 547: Jesús acompaña sus palabras con numerosos «milagros, prodigios y signos» (Hch 2, 22)
que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (Cf Lucas 7, 18-23).
·         n. 548: Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (Cf Juan 5, 36;
10, 25.). Invitan a creer en Jesús (Cf Juan 10, 38). (…)

v  Juan Pablo II, en diversas en diversas homilías del 3º Domingo de Adviento.

o   Las curaciones de Cristo son signos de la salvación eterna.  

·         Juan Pablo II, 13 de diciembre de 1992: “Los prodigiosos signos de la curación realizada por
Cristo en los enfermos, asumen un  precioso valor simbólico, el de indicar el auténtico don del saneamiento y de la vida nueva que él trae a las almas. Las curaciones de Cristo son signos de la salvación eterna”.  

o   Algunas exigencias fundamentales para conservar el carácter original de la salvación traída por Cristo.

§  Es necesario huir de dos peligrosas tentaciones.
·         Juan Pablo II, 17 de diciembre de 1989: Es necesario huir de dos peligrosas tentaciones. Por una
parte, hace falta evitar la reducción de la misión de la Iglesia a la sola dimensión de un proyecto temporal, con el riesgo de que se pierda la originalidad de la liberación en el mensaje evangélico. Por otra parte, es necesario excluir toda violencia en el camino de la liberación humana , porque ésta « engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y de esclavitud » (Pablo VI, Evangelio Nuntiandi, 37).
- «Al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas, y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara anunciar la salvación en Jesucristo». (Pablo VI, Evangelio Nuntiandi, 34).
Los creyentes saben que la salvación ofrecida por Cristo no se agota en una dimensión exclusivamente terrena y temporal; esa salvación es transcendente y tendrá su cumplimiento definitivo cuando llegue el segundo Adviento de Señor. Tiene ciertamente aquí su inicio, pero sólo al final su plena realización”.
§  Jesús libera al hombre del mal, orientándolo hacia el bien y hacia la felicidad.
·          Juan Pablo II, 17 de diciembre de 1995: “El Mesías que prometido, que viene a la tierra en la
noche de Belén es el Salvador del mundo, e aquél que libera al hombre del mal, orientándolo hacia el bien y hacia la felicidad. 
El Salmo responsorial ensalza a Dios que es siempre fiel: él hace justicia a los oprimidos, nutre con el pan a los hambrientos, libera a los cautivos, da la vista a los ciegos, endereza a quien ha caído, ama a los justos, protege a los extranjeros, sustenta al huérfano y a  la viuda (cf. Salmo 145, 7-10).
Las palabras del salmista se relacionan con lo que afirmó el profeta Isaías: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.  Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo». Son señales de una grande conversión, de un retorno, que se realizará por obra del Redentor. Y el profeta anuncia: «Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós  a las penas y suspiros!».

3. Brevísimo resumen  de cinco catequesis de Juan Pablo II sobre los milagros o signos.

o   El significado salvífico de los milagros (25.XI.87)

o   Los milagros, signos de salvación (2.XII.87)

o   Los milagros son signos del amor (9.XII.87)

o   El milagro es una llamada a la fe (16.XII.87)

o   Los milagros demuestran la existencia del mundo sobrenatural (13.I.88)


4. Jesucristo en el centro de la vida de Pablo de Tarso

v  Cfr. Benedicto XVI, Catequesis, 8 de noviembre de 2006

o   A la luz del encuentro con Cristo, comprendió que su vida necesitaba absolutamente una nueva orientación.

·         “(…) Hemos visto cómo el encuentro con Cristo en la carretera de Damasco revolucionó
literalmente su vida. Cristo se convirtió en su razón de ser y en el motivo profundo de todo su trabajo apostólico. En sus cartas, después del nombre de Dios, que aparece más de quinientas veces, el nombre mencionado con más frecuencia es el de Cristo (380 veces). Por tanto, es importante que nos demos cuenta de cómo Jesucristo puede influir en la vida de una persona y, por tanto, también en nuestra misma vida. (…)
·         Pablo, antes de la conversión, no era un hombre alejado de Dios ni de su Ley.  Por el contrario,
era un observante, con una observancia que rayaba en el fanatismo. Sin embargo, a la luz del encuentro con Cristo comprendió que con ello sólo se había buscado hacerse a sí mismo, su propia justicia, y que con toda esa justicia sólo había vivido para sí mismo. Comprendió que su vida necesitaba absolutamente una nueva orientación. Y esta nueva orientación la expresa así: «la vida, que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2, 20).
Pablo, por tanto, ya no vive para sí mismo,  para su propia justicia. Vive de Cristo y con Cristo: dándose a sí mismo; ya no se busca ni se hace a sí mismo. Esta es la nueva justicia, la nueva orientación que nos ha dado el Señor, que nos da la fe. ¡Ante la cruz de Cristo, expresión máxima se su entrega, ya no hay nadie que pueda gloriarse de sí, de su propia justicia! (…)

o   Los bautizados en Cristo debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios.

·         Pablo lo escribe en la Carta a los Romanos: «Fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos
bautizados en su muerte… Fuimos con él sepultados… somos una misma cosa con él… Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6, 3.4.5.11). Precisamente esta última expresión es sintomática: para Pablo, de hecho, no es suficiente decir que los cristianos son bautizados, creyentes; para él es igualmente importante decir que ellos «están en Cristo Jesús» (Cf. también Romanos 8,1.2.39; 12,5; 16,3.7.10; 1 Corintios 1, 2.3, etcétera).
En otras ocasiones invierte los términos y escribe que «Cristo está en nosotros/vosotros» (Romanos 8,10; 2 Corintios 13,5) o «en mí» (Gálatas 2,20). Esta compenetración mutua entre Cristo y el cristiano, característica de la enseñanza de Pablo, completa su reflexión sobre la fe. La fe, de hecho, si bien nos une íntimamente a Cristo, subraya la distinción entre nosotros y Él. Pero, según Pablo, la vida del cristiano tiene también un elemento que podríamos llamar «místico», pues comporta ensimismarnos en Cristo y Cristo en nosotros. En este sentido, el apóstol llega a calificar nuestros sufrimientos como los «sufrimientos de Cristo en nosotros» (2 Corintios 1, 5), de manera que «llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Corintios 4,10).

o    La fe debe mantenernos en una actitud constante de humildad ante Dios, de adoración y de alabanza. Ningún ídolo tiene que contaminar nuestro universo espiritual.

Todo esto tenemos que aplicarlo a nuestra vida cotidiana siguiendo el ejemplo de Pablo que vivió siempre con este gran horizonte espiritual. Por una parte, la fe debe mantenernos en una actitud constante de humildad ante Dios, es más, de adoración y de alabanza en relación con Él. De hecho, lo que somos como cristianos sólo se lo debemos a Él y a su gracia. Dado que nada ni nadie puede tomar su lugar, es necesario por tanto que a nada ni a nadie rindamos el homenaje que le rendimos a Él. Ningún ídolo tiene que contaminar nuestro universo espiritual, de lo contrario en vez de gozar de la libertad alcanzada volveremos a caer en una forma de esclavitud humillante.

o   La radical pertenencia a Cristo infunde una actitud de total confianza y de inmensa alegría.

Por otra parte, nuestra radical pertenencia a Cristo y el hecho de que «estamos en Él» tiene que infundirnos una actitud de total confianza y de inmensa alegría.
En definitiva, tenemos que exclamar con san Pablo: «Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8, 31). Y la respuesta es que nada ni nadie «podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8,39). Nuestra vida cristiana, por tanto, se basa en la roca más estable y segura que puede imaginarse. De ella sacamos toda nuestra energía, como escribe precisamente el apóstol: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta» (Fi1ipenses 4,13).
Afrontemos por tanto nuestra existencia, con sus alegrías y dolores, apoyados por estos grandes sentimientos que Pablo nos ofrece. Haciendo esta experiencia, podemos comprender que es verdad lo que el mismo apóstol escribe: «yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día», es decir, hasta el día definitivo (2 Timoteo 1,12) de nuestro encuentro con Cristo, juez, salvador del mundo y nuestro.

Vida Cristiana



[1] Pusilánime: se dice de quien muestra poco ánimo, poco valor para emprender acciones, o para enfrentarse a peligros o dificultades.

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