sábado, 7 de octubre de 2017

“La viña del Señor es la casa de Israel”: + Fr. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

Así lo dijo el profeta a los habitantes de Jerusalén, a los hombres de Judá. Pero esas palabras se proclaman hoy para ti, Iglesia de Cristo, convocada en la eucaristía al encuentro con tu Señor: Tú eres la viña del Señor.
De Dios y de ti habla el canto de amor que vas a escuchar: “Mi amigo tenía una viña”, “la entrecavó” con palabras de sabiduría celestial, “la descantó” con signos y prodigios de misericordia, “y plantó buenas cepas”, nacidas todas del que es la Vid, y destinadas todas a dar, unidas a la Vid, el vino nuevo del reino de Dios.
El amor del viñador te ha llevado a Cristo Jesús, te ha plantado en la tierra buena que es Cristo Jesús, te ha comunicado la vida de Cristo Jesús. El amor de tu Dios te ha comunicado el Espíritu de Cristo, el buen olor de Cristo, la dulzura fuerte de Cristo.
Tu Dios se cubrió de barro para entrecavar su viña. Tu Dios hizo de piedra su rostro para descantar su viña. Tu Dios, desde lo alto de una cruz, atalaya noche y día las cepas de su viña.
Y, porque el vino de tu vida corriera dulce y fuerte, tu Dios “cavó un lagar”, te unió a la pasión de su Hijo, a la noche de su Hijo, al abandono de su Hijo, a la muerte de su Hijo, al destino de su Hijo, a la resurrección de su Hijo.
Ahora, Iglesia viña del Señor, escucha la amonestación del profeta, pues es hoy para nosotros lo que entonces se dijo a la casa de Israel, a los hombres de Judá: Esperó de ellos que lo recibieran y contra él levantaron vallas y cerraron fronteras; pidió amor a los enemigos y le han dado cosechas de odio a los hermanos; pidió compasión con los pobres y le dan culto a la economía, al lucro, al interés, al beneficio, al dinero; esperó de ellos derecho y le han dado indiferencia egoísta y legalidad opresiva; esperó de ellos justicia y por todas partes se oye el lamento de los abandonados al borde de la vida.
No quiero, Señor, engañarme a mí mismo con ofrendas que no te agradan y comuniones engañosas que no me unen a ti. No quiero, Señor, que caigan verdaderas sobre mí las palabras de tu sentencia: “Se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
Pues que tú nos elegiste, Señor, para dar fruto, no nos dejes caer en la tentación de la apropiación, líbranos de la seducción del Maligno, y haz que por nuestra vida corra abundante hacia los pobres el vino de la misericordia.

jueves, 5 de octubre de 2017

Maternidad y profesión: una carrera de obstáculos




 


[Chiesa/Testi/Famiglia/MaternidadTrabajoConjunciónNoFácilAceprensa]

Ø Maternidad  y profesión. Que las mujeres no lo tienen fácil para conjugar su deseo de ser madres con su empleo o con su promoción profesional, quedó patente en un caso reciente: una aerolínea española exigía que sus candidatas a puestos laborales se sometieran a pruebas de embarazo. El Ministerio de Trabajo juzgó el requerimiento como sospechoso de discriminación y multó a la empresa, que alegó haberlo hecho por motivos más bien de protección a las potenciales trabajadoras. Un libro estudio: «Maternidad y trayectoria profesional. Análisis de las barreras e impulsores para la maternidad de las mujeres españolas». Maternidad y trayectoria profesional. Análisis de las barreras e impulsores para la maternidad de las mujeres españolas.

Maternidad y profesión: una carrera de obstáculos

       ACEPRENSA   4.OCT.2017

Que las mujeres no lo tienen fácil para conjugar su deseo de ser madres con su empleo o con su promoción profesional, quedó patente en un caso reciente: una aerolínea española exigía que sus candidatas a puestos laborales se sometieran a pruebas de embarazo. El Ministerio de Trabajo juzgó el requerimiento como sospechoso de discriminación y multó a la empresa, que alegó haberlo hecho por motivos más bien de protección a las potenciales trabajadoras.

La norma general, sin embargo, parece ser que la maternidad continúa asociándose falsamente con una “menor predisposición” hacia el trabajo y con un compromiso profesional “por debajo” del de los hombres, según explican los autores del estudio Maternidad y trayectoria profesional. Análisis de las barreras e impulsores para la maternidad de las mujeres españolas, publicado por el IESE Business School, de la Universidad de Navarra.

En Dinamarca, donde la tasa de actividad laboral femenina supera a la de España, la tasa de natalidad es también mayor
Señalan los investigadores que una sociedad como la española, que en las décadas de los ochenta y los noventa experimentó una incorporación intensa de la mujer al mundo laboral, ha testimoniado al mismo tiempo un agudo descenso de la natalidad. Esto no tendría que ser una ley inexorable, como se ve, por ejemplo, en los países nórdicos: mientras en España la tasa de fecundidad y la de actividad femenina en 2014 fueron de 1,32 hijos por mujer y 69%, respectivamente, Dinamarca, con el 76% de sus mujeres en edad laboral trabajando, muestra una mayor (aunque insuficiente) fecundidad que España, con 1,70.
El desfase español no es, en todo caso, por apatía a la maternidad, pues ellas querrían tener más hijos. Y ellos también.

o   Entre lo esperado y lo deseado


El estudio del IESE tomó como muestra a 7.804 mujeres, un 64% de ellas casadas, además de un 28% de simplemente convivientes, un 6% de solteras y un 2% de separadas o divorciadas. Los investigadores encuestaron además a 670 hombres.
¿Más hijos? Si de ellas dependiera, sí: según la brecha que han detectado los investigadores entre maternidad real y deseada, las mujeres esperan tener por término medio 1,69 hijos, y desearían 2,52. Los hombres, por su parte, creen que tendrán 1,66 hijos, pero les gustaría un número mayor: 2,49. Esta distancia, dice el informe, “debería hacer sonar todas las alarmas en un país que lleva tres décadas por debajo de la fertilidad mínima requerida para asegurar el reemplazo generacional. Eliminar las barreras que impiden tener el número de hijos que se desea, no solo es facilitar la culminación de un proyecto vital y personal, sino garantizar la riqueza y la sostenibilidad del país en el medio y largo plazo”.
Las mujeres españolas esperan tener 1,69 hijos, si bien desearían 2,52
En no pocos casos, el proyecto de ampliar la descendencia ha quedado por el camino, desplazado por la necesidad o el deseo de ir más arriba en lo profesional. Interrogadas sobre qué tipo de renuncias habían hecho para alcanzar un puesto más alto en la empresa, un 51% de las mujeres mencionó el tener menos hijos que los que hubieran querido, un 60% dijo que dedicarles menos tiempo a los que ya tienen, y un 28%, que había renunciado a tenerlos. Los hombres han mencionado las mismas razones con porcentajes menores, excepto en el asunto de dedicarles menos tiempo a sus hijos: aquí ellos son más.

o   Madres españolas, las mayores


Un aspecto muy relacionado con lo anterior es la postergación del momento de convertirse en madres. El 48% de las entrevistadas aseguró que prefiere esperar a alcanzar una posición laboral y económica más sólida, con el propósito de poder cubrir holgadamente las necesidades de sus descendientes.
Los expertos señalan que la edad media de las madres en el primer parto ha pasado en España de 24,2 años en 1975 a 31,9 en 2015. Si no se cuenta a las inmigrantes, la edad sube hasta los 32,4. Ello está en sintonía con la percepción de más de la mitad de las encuestadas, de que tener hijos puede limitar su desempeño laboral, y con el tercio de ellas que declara que para apuntar más arriba en lo profesional hay que hacer grandes renuncias en términos de familia. Como consecuencia, a día de hoy España es el país de la UE en que las mujeres son madres por primera vez a una edad más avanzada.
No es fácil decidirse cuando hay tantos obstáculos que tienden a desanimar. Para empezar, el estudio del IESE menciona que el 46% de las mujeres trabajadoras que son madres han tenido que trabajar más de lo debido para poder mostrar su idoneidad para el puesto. A esto se suma el acoso que dice haber sufrido el 45% de ellas en los procesos de selección para una vacante, toda vez que se les pregunta cuestiones propiamente personales o familiares, como si ya tienen hijos o si están en perspectiva. Además, unas 1.560 (el 20% del total) aseguraron que no se les había dejado ocupar nuevamente su plaza al término de la baja por maternidad.
Pero habría otras barreras, como las organizativas, asumidas por la empresa como normales y casi invisibles. La principal sería la falta de flexibilidad. Según un estudio de 2010, dice el informe del IESE, “en España el 70% de los empleados tiene un horario fijo de entrada y salida. (…) El 62,49% de las mujeres de la muestra manifiestan que sus empresas tienen políticas de flexibilidad, pero también el 64,50% percibe que acceder a ellas conlleva consecuencias negativas para sus carreras”.
El 63% de las mujeres españolas dice que sus empresas tienen políticas de flexibilidad, pero el 64,5% percibe que acceder a ellas puede acarrearles consecuencias negativas
Es así que la obsesión por la dedicación exclusiva de sus trabajadores, por su eficiencia, lleva a muchas compañías a asociar paternidad y maternidad con baja productividad. Un error de percepción que les lleva a pasar por alto el aporte potencial de madres y padres.

o   Obstáculos que vencer


Junto a los anteriores factores negativos, los investigadores del IESE citan otros de corte familiar, sociopolítico o personal. Entre los primeros, las mujeres encuestadas señalaron la escasa flexibilidad de la pareja, su poco apoyo en la realización de las tareas domésticas y, en consecuencia, la sobrecarga de roles que ellas se ven obligadas a asumir. Además, a veces el medio no ayuda: un 25% de las participantes afirmó que personas que les eran cercanas ejercían su influencia para convencerlas de que, en lugar de buscar un empleo remunerado, se quedaran en casa cuidando de los hijos.
En cuanto a los obstáculos sociopolíticos, el estudio expresa que estos son los menos complejos de desmontar, pues los actores gubernamentales y sociales pueden contribuir a ello. Un ejemplo sería el de los horarios españoles: para el 92% de las mujeres y el 88,4% de los hombres, hay un desajuste entre los horarios y los calendarios escolar y laboral. Para casi tres cuartos de los consultados (ambos sexos), las pausas para comer son demasiado largas y tardías.
Para la gran mayoría de los encuestados, hay un desajuste entre los horarios escolar y laboral
Por último, están las barreras personales. Según el informe, más de la mitad de las mujeres ve como un problema su falta de formación en áreas profesionales dominadas generalmente por hombres, como la de ciencias y tecnología, a lo que sigue una infravaloración de sí mismas (34,8%) y su temor a fracasar (34,5%). “La falta de competencias profesionales que manifiesta el 30,7% de las mujeres es un dato relevante al que hay que poner solución. Una formación específica para algunas mujeres es necesaria para lograr una transición que las sitúe en un plano de igualdad con los hombres”.

o   Atender a la familia, beneficiar a la sociedad


Para quitar algunas de estas barreras que desaniman a la mujer en su camino a la maternidad, los expertos del IESE ofrecen un amplio grupo de recomendaciones. Algunas apuestan directamente por favorecer la conciliación: entre otras, establecer horarios laborales normales, para lo que se podría volver al uso horario que corresponde al país, además de reducir en el trabajo el tiempo de la comida, dedicar espacios a las madres que amamantan a sus hijos y establecer jornadas flexibles.
Siguiendo en el ámbito laboral, los investigadores proponen que se regulen los contratos de tiempo parcial, de modo que al empresario no le resulte más caro contratar a dos personas por media jornada que a una por jornada completa. Además, para erradicar el acoso laboral por maternidad, se pueden introducir mecanismos como los currículos ciegos, algo que evitaría situaciones como la descrita al inicio de este artículo.
“Las mujeres –añaden– han de poder elegir hasta cuándo estarán trabajando, sin verse forzadas a coger la baja y, en caso de necesidad, el Estado ha de cubrir la diferencia”. Para la que acabe de alumbrar, la propuesta es que la baja se extienda hasta un año.
La UE-28 destina de media el 2,2% del PIB a apoyar a las familias; España, el 1,4%
En lo económico, los expertos sugieren que se ofrezcan ayudas de guardería y se incremente el respaldo monetario a la familia. “Mientras en la UE-28 cada país destina de media el 2,2% del PIB a apoyar a las familias –precisan–, España dedica como máximo el 1,4%. Y nueve de cada diez familias no tienen derecho a recibir la prestación por ingresar más de 15.500 euros brutos anuales”.
Asimismo, señalan la importancia de impulsar campañas divulgativas a favor de la maternidad, tal como se hace en países del norte de Europa, en las que el prestigio de la institución familiar se vea reforzado. Al final, el resultado trascenderá las cuatro paredes del hogar: “El tiempo y la atención que se presta a la familia son fuente de riqueza personal y, como somos sistémicos, supone también un beneficio para la propia familia y para el conjunto de la sociedad”.

VIDA CRISTIANA

Cfr. Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Año A, 8 de octubre de 2017





[Chiesa/Omelie1/RegnoDio/27A17ViñasAmoDiosHumanidadViñadoresInfielesUniónCristoBXVI]

Ø Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Año A. (2017). La parábola de los viñadores infieles es imagen de la historia del amor de Dios con la humanidad. Cuando el hombre quiere convertirse en propietario prescindiendo de Dios, surge la injusticia. La uva buena son la justicia y la rectitud; los agraces son la violencia, el derramamiento de sangre y la opresión, que hacen gemir a la gente bajo el yugo de la injusticia. ¿Sucederá con nosotros como con la viña, de la que Dios dice en Isaías (1ª Lectura): «Esperó a que diese uvas, pero dio agraces»? La responsabilidad personal en la viña del Señor.


v  Cfr. Domingo 27 del Tiempo Ordinario, Año A, 8 de octubre de 2017


Isaías 5, 1-7: 1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor  por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. 2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. 3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo: 4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces? 5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella. 7 Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.
Mateo 21, 33-43: 33 Escuchad otra parábola. Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. 34 Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus criados a  los labradores para percibir sus frutos. 35 Pero los labradores, agarrando a los criados, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. 36 De nuevo envió a otros criados en mayor número que los primeros, pero hicieron con ellos lo mismo. 37 Por último les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. 38 Pero los labradores, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero. Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su heredad. 39 Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 40 Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? 41 Le contestaron: A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo. 42 Jesús les dijo: ¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser piedra angular. Es el Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros ojos? 43 Por esto os digo que os será quitado el Reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus frutos.

La parábola de los viñadores homicidas:
“Al ver al hijo [del propietario de la viña],
dijeron entre sí [los viñadores contratados] :
éste es el heredero.
Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su heredad”.
(Mateo 21, 38)

1. Un hecho que no era inverosímil en Palestina,  en tiempo de Jesús

En la Palestina del tiempo de Jesús, no era inverosímil que sucediese lo que cuenta la parábola. Ricos propietarios extranjeros compraban un terreno grande, lo arrendaban a labradores, se marchaban a su país y volvían al fin del año para exigir los frutos.
Dios envió a Israel frecuentemente sus enviados – los profetas - que tenían como misión amonestar, corregir a su pueblo, pero frecuentemente fueron maltratados e incluso matados (Cfr. Evangelio, vv. 35-36).  Finalmente envió a su Hijo, que fue matado  (ibídem, vv. 37-39).
Puede ser oportuno recordar que el mismo Señor, según aparece en el v.40, finaliza la narración con una pregunta que es similar a la que encontramos en los otros dos Evangelios sinópticos: “cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? [1]

o   En el Concilio Vaticano II, se recuerda cómo la naturaleza de la Iglesia se manifiesta en la Escritura con diversas imágenes, y, entre ellas,  la de la viña.

·         Constitución “Lumen Gentium”, n. 6: “En el Antiguo Testamento la revelación del Reino
aparece frecuentemente en forma de figuras. De la misma manera se os manifiesta ahora la íntima naturaleza de la Iglesia también mediante diversas imágenes que, tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y del matrimonio, se encuentran esbozadas en los libros d los profetas.  (…) La Iglesia es labranza o campo de Dios (1 Corintios 3,9). (…) El labrador del cielo la plantó como viña selecta (cf. Mateo 21, 33-43) par.; cf. Isaías 5, 1 ss). La verdadera vida es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en Él por medio de la Iglesia y que sin Él no podemos hacer nada (cf. Juan 15, 1-5)”.

2. Las parábolas del  Reino de Dios: la viña es imagen de la historia del amor de Dios con la humanidad.


v  Cfr. Homilía Benedicto XVI, Inauguración del Sínodo de Obispos

            2 octubre 2005, Domingo 27 tiempo Ordinario Ciclo A.

o   A)  El vino y la vid son imagen del don del amor, en el que experimentamos una cierta experiencia del sabor del Divino. La viña, imagen de la historia del amor de Dios con la humanidad.

Las lecturas de este domingo, tomadas del profeta Isaías y del Evangelio, nos presentan una de las grandes imágenes de la Sagrada Escritura: la imagen de la viña. El pan representa en la Sagrada Escritura todo lo que el hombre necesita para su vida cotidiana. El agua da a la tierra la fertilidad: es el don fundamental, que hace posible la vida. El vino, por el contrario, expresa la exquisitez de la creación, nos da la fiesta en la que sobrepasamos los límites de la vida cotidiana: el vino «alegra el corazón». De este modo el vino y con él la vid se han convertido también en imagen del don del amor, en el que podemos lograr una cierta experiencia del sabor del Divino. Por eso, la lectura del profeta, que acabamos de escuchar, comienza como un cántico de amor: Dios puso una viña, imagen de su historia de amor con la humanidad, de su amor por Israel al que Él eligió.

o   B) Primer pensamiento: Dios ha infundido en el hombre la capacidad de amar y de amarle a Él mismo. Quiere que le amemos.

§  Nuestra vida cristiana, con frecuencia, ¿no es quizá más vinagre que vino? ¿Autocompasión, conflicto, indiferencia?
El primer pensamiento de las lecturas de hoy es éste: Dios ha infundido en el hombre, creado a su imagen, la capacidad de amar y, por tanto, la capacidad de amarle a Él mismo, su Creador. Con el cántico de amor del profeta Isaías, Dios quiere hablar al corazón de su pueblo y también a cada uno de nosotros. «Te he creado a mi imagen y semejanza», nos dice. «Yo mismo soy el amor y tú eres mi imagen en la medida en la que brilla en ti el esplendor del amor, en la medida en que me respondes con amor». Dios nos espera. Él quiere que le amemos: un llamamiento así, ¿no debería tocar nuestro corazón? Precisamente en esta hora, en la que celebramos la Eucaristía, en la que inauguramos el Sínodo sobre la Eucaristía, nos sale al encuentro, sale para encontrarse conmigo. ¿Encontrará una respuesta? ¿O sucederá con nosotros como con la viña, de la que Dios dice en Isaías: «Esperó a que diese uvas, pero dio agraces»? Nuestra vida cristiana, con frecuencia, ¿no es quizá más vinagre que vino? ¿Autocompasión, conflicto, indiferencia?

o   C) Segundo pensamiento. La grandeza de la creación de Dios y la grandeza de la elección, y el  fracaso del hombre. Uva buena y agraces; los viñadores que usurpan lo que han recibido en gestión. Cuando el hombre quiere convertirse en propietario prescindiendo de Dios, surge la injusticia.

§  La uva buena son la justicia y la rectitud; los agraces son la violencia, el derramamiento de sangre y la opresión, que hacen gemir a la gente bajo el yugo de la injusticia.
De este modo, hemos llegado al segundo pensamiento fundamental de las lecturas de hoy. Hablan ante todo de la bondad de la creación de Dios y de la grandeza de la elección con la que él nos busca y nos ama. Pero hablan también de la historia que sucedió después, el fracaso del hombre. Dios había plantado vides escogidas y sin embargo dieron agraces. ¿Qué son los agraces? La uva buena que se espera Dios, dice el profeta, habría consistido en la justicia y en la rectitud. Los agraces son por el contrario la violencia, el derramamiento de sangre y la opresión, que hacen gemir a la gente bajo el yugo de la injusticia. En el Evangelio, la imagen cambia: la vid produce uva buena, pero los viñadores arrendadores se quedan con ella. No están dispuestos a entregarla al propietario. Golpean y matan a sus mensajeros y matan a su Hijo. Su motivación es sencilla: quieren convertirse en propietarios; se apoderan de lo que no les pertenece. En el Antiguo Testamento, ante todo aparece la acusación de violación de la justicia social, el desprecio del hombre por parte del hombre. En el fondo, sin embargo, se ve que con el desprecio de la Torá, del derecho dado por Dios, se desprecia al mismo Dios; sólo se quiere gozar del propio poder. Este aspecto es subrayado plenamente en la parábola de Jesús: los arrendadores no quieren tener un patrón y estos arrendadores nos sirven de espejo a nosotros, hombres, que usurpamos la creación que se nos ha confiado en gestión. Queremos ser los dueños en primera persona y solos. Queremos poseer el mundo y nuestra misma vida de manera ilimitada. Dios nos estorba o se hace de Él una simple frase devota o se le niega todo, desterrándolo de la vida pública, hasta que de este modo deje de tener significado alguno. La tolerancia que sólo admite a Dios como opinión privada, pero que le niega el dominio público, la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia, sino hipocresía. Ahora bien, allí donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo no puede haber justicia. Allí sólo puede dominar el arbitrio del poder y de los intereses. Es verdad, se puede expulsar al Hijo de la viña y matarlo para disfrutar egoístamente de los frutos de la tierra. Pero entonces la viña se transforma muy pronto en terreno sin cultivar, pisado por los jabalíes, como dice el salmo responsorial (Cf. Salmo 79, 14).

o   D) Tercer pensamiento. El juicio a la viña infiel.

§  También a nosotros se nos puede quitar la luz si no nos convertimos. Señor, refuerza nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor para que podamos dar buenos frutos.
Llegamos así al tercer elemento de las lecturas de hoy. El Señor, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, anuncia el juicio a la viña infiel. El juicio que Isaías preveía se ha realizado en las grandes guerras y exilios impuestos por los asirios y los babilonios. El juicio anunciado por el Señor Jesús se refiere sobre todo a la destrucción de Jerusalén, en el año 70. Pero la amenaza del juicio nos afecta también a nosotros, a la Iglesia en Europa, a la Iglesia de Occidente en general. Con este Evangelio el Señor grita también a nuestros oídos las palabras que dirigió en el Apocalipsis a la Iglesia de Éfeso: «Iré donde ti y cambiaré de su lugar tu candelero, si no te arrepientes» (2, 5). También se nos puede quitar a nosotros la luz, y haremos bien en dejar resonar en nuestra alma esta advertencia con toda su seriedad, gritando al mismo tiempo al Señor: «¡Ayúdanos a convertirnos! ¡Danos la gracia de una auténtica renovación! No permitas que se apague tu luz entre nosotros! ¡Refuerza nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor para que podamos dar buenos frutos!».

o   E) El final de la historia de la viña de Dios: de la muerte de Cristo surge la vida, una nueva viña.

§  Su sangre es don, es amor y por este motivo es el verdadero vino que se esperaba el Creador. De este modo, Cristo mismo se convirtió en la viña y esa viña da siempre buen fruto: la presencia de su amor por nosotros, que es indestructible.
Al llegar aquí nos surge la pregunta: «Pero, ¿no hay una promesa, una palabra de consuelo en la lectura y en la página evangélica de hoy? La amenaza, ¿es la última palabra?» ¡No! Hay una promesa y es la última palabra, la esencial. La escuchamos en el versículo del aleluya, tomado del Evangelio de Juan: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Juan 15, 5). Con estas palabras del Señor, Juan nos ilustra el último, el auténtico final de la historia de la viña de Dios. Dios no fracasa. Al final, triunfa, triunfa el amor. Se da ya una velada alusión a esto en la parábola de la viña propuesta por el Evangelio de hoy y en sus palabras conclusivas. En ella, la muerte del Hijo no es el final de la historia, aunque no la cuenta directamente. Pero Jesús expresa esta muerte a través de una nueva imagen tomada del Salmo: «La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido…» (Mateo 21, 42; Salmo 117, 22). De la muerte del Hijo surge la vida, se forma un nuevo edificio, una nueva viña. En Caná, cambió el agua en vino, transformó su sangre en el vino del verdadero amor y de este modo transforma el vino en su sangre. En el cenáculo anticipó su muerte y la transformó en el don de sí mismo, en un acto de amor radical. Su sangre es don, es amor y por este motivo es el verdadero vino que se esperaba el Creador. De este modo, Cristo mismo se convirtió en la viña y esa viña da siempre buen fruto: la presencia de su amor por nosotros, que es indestructible.
§  En el misterio de la Eucaristía: Cristo nos atrae hacia  Él y nos convierte en sarmientos de la vid que es Él mismo. Si permanecemos unidos a Él daremos frutos: el buen vino de la alegría en Dios y del amor por el prójimo.
            Así, estas parábolas desembocan al final en el misterio de la Eucaristía, en la que el Señor nos da el pan de la vida y el vino de su amor, y nos invita a la fiesta del amor eterno. Celebramos la Eucaristía con la certeza de que su precio fue la muerte del Hijo, el sacrificio de su vida, que en ella sigue presente. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva, dice san Pablo (cf. 1 Corintios 11, 26). Pero sabemos también que de esta muerte brota la vida, porque Jesús la transformó en un gesto de ofrenda, en un acto de amor, cambiándola así profundamente: el amor ha vencido a la muerte. En la santa Eucaristía, él, desde la cruz, nos atrae a todos hacia sí (cf. Juan 12, 32) y nos convierte en sarmientos de la vid, que es él mismo. Si permanecemos unidos a él, entonces daremos fruto también nosotros, entonces ya no produciremos el vinagre de la autosuficiencia, del descontento de Dios y de su creación, sino el vino bueno de la alegría en Dios y del amor al prójimo. Pidamos al Señor que nos conceda su gracia, para que en las tres semanas del Sínodo que estamos iniciando no sólo digamos cosas hermosas sobre la Eucaristía, sino que sobre todo vivamos de su fuerza. Invoquemos este don por medio de María, queridos padres sinodales, a quienes saludo con gran afecto, así como a las diversas comunidades de las que provenís y que aquí representáis, para que, dóciles a la acción del Espíritu Santo, podamos ayudar al mundo a convertirse, en Cristo y con Cristo, en la vid fecunda de Dios.
Amén.

3. La imagen de la viña en la Exhortac. Apostólica «Christifideles laici».

    Juan Pablo II, 30 de diciembre de 1988

o   La imagen de la Biblia sirve para expresar el misterio del Pueblo de Dios

- n. 8. La imagen de la viña se usa en la Biblia de muchas maneras y con significados diversos; de modo particular, sirve para expresar el misterio del Pueblo de Dios. Desde este punto de vista más interior, los fieles laicos no son simplemente los obreros que trabajan en la viña, sino que forman parte de la viña misma: "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos" (Juan. 15, 5), dice Jesús. (…)
§  También es símbolo y figura de Jesús mismo.
El evangelista Juan nos invita a calar en profundidad y nos lleva a descubrir el misterio de la viña. Ella es el símbolo y la figura, no sólo del Pueblo de Dios, sino de Jesús mismo. El es la vid y nosotros, sus discípulos, somos los sarmientos; Él es la "vid verdadera" a la que los sarmientos están vitalmente unidos (cf. Juan. 15, 1 ss.).
§  La Iglesia misma es la viña evangélica
El Concilio Vaticano II, haciendo referencia a las diversas imágenes bíblicas que iluminan el misterio de la Iglesia, vuelve a presentar la imagen de la vid y de los sarmientos: "Cristo es la verdadera vid, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en El por medio de la Iglesia, y sin El nada podemos hacer (Juan. 15, 1-5) (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 6)" La Iglesia misma es, por tanto, la viña evangélica. Es misterio porque el amor y la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son el don absolutamente gratuito que se ofrece a cuantos han nacido del agua y del Espíritu (cf. Jn. 3, 5), llamados a revivir la misma comunión de Dios y a manifestarla y comunicarla en la historia (misión): "Aquel día -dice Jesús- comprenderéis que Yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros" (Jn 14, 20).
Sólo dentro de la Iglesia como misterio de comunión se revela la "identidad" de los fieles laicos, su original dignidad. Y sólo dentro de esta dignidad se pueden definir su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo.

4. La «canción de la viña»

      Libros proféticos, Eunsa 2002, comentario a Isaías 5, 1-7

o   La casa de Israel no dio los frutos esperados, a pesar de los cuidados recibidos del Señor

·         La «canción de la viña» es una obra maestra  de la poesía hebrea, que condensa un gran significado
simbólico y pedagógico. Bajo la imagen del labrador desencantado se descubre al Señor dolorido por la falta de frutos de justicia de su pueblo. En vv. 1-2 el autor asume el papel del amigo de Dios; en vv. 3-6 es el amado quien expone los prolongados cuidados con su pueblo, y en v. 7 el autor vuelve a tomar la palabra. La trama es fácil y rápida: tras mantener en suspenso el significado de su mensaje (vv. 1-6) - de modo semejante a la parábola que cuenta Natán de David (cfr. 2 Samuel 12, 1-15) – el autor los descubre de pronto: la viña es «la casa de Israel», que a pesar de los cuidados recibidos del amado, que es el Señor, no dio los frutos esperados, uvas selectas, sino «agraces». Israel habrá de reconocer su culpabilidad.
  

o   Actualmente, la Iglesia (todos los bautizados) es la viña del Señor.

·         Como continuación del antiguo pueblo de Israel, la Iglesia está también prefigurada en la historia
de la viña. Así lo hace notar el Concilio Vaticano II al recordar las figuras bíblicas de la Iglesia: «La Iglesia es labranza o campo de Dios (1 Corintios 3,9). (… La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en Él por medio de la Iglesia y que sin Él no podemos hacer nada (Juan 15, 1-5)» (Lumen gentium, n. 6).

v  El hecho de que, actualmente, todos los bautizados somos la viña del Señor,  nos ayuda a vivir con responsabilidad personal.

Cfr. Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Riflessioni sulla Parola di Dio delle Domeniche e delle Feste
dell’anno, Anno A, Città Nuova XI Ediziine, giugno 2001, p. 262. [2]

o   Aleluya antes del Evangelio: Juan 15, 16: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca».

·         “El discurso es serio si lo aplicamos a cada uno de nosotros. Dios nos ha dado todo. Nos ha plantado en
la Iglesia, injertados en Jesucristo en el bautismo, nos ha podado y alimentado. Ahora, tiene el derecho de venir a pedirnos los frutos. Y viene, en efecto, aunque nosotros no nos damos cuenta de sus visitas. Viene como el dueño venía a buscar los higos de su árbol y solo encontraba hojas. «Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto». (Juan 15, 2).
            La palabra de Dios se nos presenta hoy verdaderamente como la espada aguda, que penetra en nosotros y nos obliga a toma posición, nos pone en estado de decidir. ¿Qué queremos ser? ¿Un sarmiento unido a Cristo, a su palabra, a sus sacramentos, en estado de crecimiento (y, por tanto, de conversión), o un sarmiento inútil, rico solamente de hojarasca, es decir un cristiano de boquilla sin hechos?

Vida Cristiana




[1]  En Marcos la pregunta es: «¿Qué hará el dueño de la viña?» (12,9). Y en Lucas es: «¿Qué hará ahora con ellos el dueño de la viña?» (20,15).  Algunos autores afirman que en realidad  la pregunta quiere decir: ¿Qué es lo que merecen los viñadores homicidas? De este modo, el Señor invita a juzgar sobre lo que ha narrado, sobre la parábola, como invitando, de algún modo, a tomar parte en los hechos implicándose en esa “historia”. 

[2] Traducción de la Redacción de Vida Cristiana. 

martes, 3 de octubre de 2017

Ø Edad Media. Desacreditados mitos sobre la Edad Media son el ariete contra la Iglesia en libros de texto y blogs. Origen y actualidad de esta denigración de la Edad Media. Descrita como una época de oscuridad, ignorancia y superstición. Presentación de "la superstición y la religión" como un único fenómeno. Es «tremendamente injusto», dice una medievalista de Oxford.



[Chiesa/Testi/EdadMedia/EdadMediaMitosDesacreditadosArieteContraIglesiaEnLibrosYBlogs]

Ø Edad Media. Desacreditados mitos sobre la Edad Media son el ariete contra la Iglesia en libros de texto y blogs. Origen y actualidad de esta denigración de la Edad Media. Descrita como una época de oscuridad, ignorancia y superstición. Presentación de "la superstición y la religión" como un único fenómeno. Es «tremendamente injusto», dice una medievalista de Oxford.


La Edad Media abarca mil años y situaciones muy diversas: descalificarla en su conjunto solo indica ignorancia.

2 octubre 2017
Mitos desacreditados hace tiempo sobre la historia medieval pueblan aún los libros de textos y encuentran voceros interesados en el activismo ateo en internet. Eleanor Parker, profesora de Literatura Inglesa Medieval en el Brasenose College de Oxford, sale al paso de esta escandalosa situación en el Catholic Herald:


Eleanor Parker es doctora en Literatura Medieval por la Universidad de Oxford y experta en la Inglaterra vikinga: "Dejad de enseñar a nuestros hijos esos mitos anti-católicos e inútiles", pide en el título de su artículo.

Hay algo relacionado con la palabra "medieval" que hace que las personas actúen de manera extraña. Como ha observado recientemente el profesor David Patonon en Catholic Herald, por desgracia los libros de texto de las escuelas secundarias siguen repitiendo errores comunes acerca de la Edad Media, descrita como una época de oscuridad, ignorancia y superstición.

En el blog Bitesize de la BBC, por ejemplo, se informa a los estudiantes de que en el periodo medieval "la mayoría de los campesinos eran extremamente supersticiosos" y que la Iglesia medieval fue la responsable del "estancamiento" en los conocimientos médicos, a causa sobre todo de su "apoyo a la oración y la superstición". Supuestamente, la Iglesia "se oponía al progreso" de la ciencia, "animando a la gente a confiar en la oración a los santos y la superstición" y diciendo a la gente que "la enfermedad era un castigo de Dios", una creencia que "llevaba al fatalismo y obstaculizaba la investigación de posibles tratamientos".

Es un retrato sesgado e inexacto de la enseñanza medieval, y el sitio web Bitesize no es tan excepcional como uno esperaría. Un libro de texto de historia aprobado por la AQA[Assessment and Qualifications Alliance, entidad británica que facilita exámenes y certificados de calificación académica] presenta "la superstición y la religión" como un único fenómeno. La popular página Revise GCSE History afirma: "Los médicos tenían creencias supersticiosas, decían conjuros cuando trataban a los pacientes y consultaban las estrellas".

Origen y actualidad de esta denigración de la Edad Media
Estas fuentes tratan la palabra "superstición" como si fuera la clave para entender la historia medieval, sin tan siquiera intentar definirla. Es un término comúnmente asociado a la Edad Media en la cultura popular, aunque mucha gente que lo utiliza en ese contexto tiene sólo una vaga idea de lo que quiere decir; muy a menudo es utilizado como sinónimo de "religión". Esto sucede también con la palabra "medieval", a la que se le atribuye el significado de "bárbaro" o "primitivo". Es tremendamente injusto hacia el periodo de nuestra historia que llamamos Edad Media, que cubre mil años de historia y que está lleno de variedad y diversidad.

Esta presuntuosa idea sobre el periodo medieval se remonta muy atrás, a los pensadores del Renacimiento, que fueron los que inventaron esta idea acerca de la Edad Media: un periodo que eligieron ver como una brecha de ignorancia que dividía su mundo moderno del pasado clásico. Pero el lenguaje de la "superstición" para describir la religión medieval es reminiscencia, sobre todo, de un cierto tipo de historiador británico del siglo XIX, que veía el catolicismo como una religión extranjera sospechosa, apta sólo para campesinos ignorantes y pueriles. Este prejuicio significaba que estaban dispuestos a creer casi cualquier mito sobre la Iglesia medieval.


A los alumnos se les enseña en ocasiones una auténtica caricatura de la verdadera historia de la Edad Media, solo por aversión al cristianismo, que fue su alma. Imagen: Christian Adams. Catholic Herald.

A pesar del avance, desde hace décadas, de estudios serios sobre la Edad Media, que han cambiado ese punto de vista, recientemente los viejos clichés han caído en manos de internautas agresivos y ateos que han regurgitado los estereotipos originalmente creados por el fanatismo anticatólico. Ahora, el historiador victoriano lleno de prejuicios y el trollde Twitter tienen una causa común. Es irónico que la gente que está más dispuesta a etiquetar a la Edad Media de credulidad, sea la que esté más ansiosa por tragarse mitos desacreditados hace tiempo acerca de la historia medieval.

Monjes y frailes medievales, científicos en todos los ámbitos
Seamos claros: la Iglesia medieval no prohibía el progreso científico. A lo largo de la Edad Media, científicos y estudiosos –muchos de ellos monjes y frailes– utilizaron la curiosidad que sentían por el mundo natural para explorar, debatir, razonar, teorizar y deleitarse en todo tipo de aprendizaje. Los eruditos medievales estudiaron muchos tipo de ciencia, incluyendo temas que ahora podrían llamarse astronomía, matemáticas, ingeniería, geografía, ramas de la física (como la óptica) y, sí, la medicina.


Arriba, San Isidoro de Sevilla (560-636). Abajo, San Alberto Magno (1206-1280). Son dos hombres medievales, los más sabios de su tiempo en todas las disciplinas, incluidas las experimentales. San Alberto Magno es, de hecho, y no por nada, patrón de los científicos.



No definieron estos temas de manera tan precisa como hacemos nosotros hoy en día, y no los abordaron con los mismos métodos que utilizamos ahora, o no sacaron las mismas conclusiones. El conocimiento y los métodos científicos cambian y se desarrollan con el tiempo. Pero sugerir que los modos medievales de abordar estas cuestiones, distintos a los nuestros, fueron un obstáculo al "progreso", un signo de "estancamiento", es imponer un tipo de conformidad intelectual que se niega a ver el valor que tiene cualquier otra cultura que no sea la nuestra. Enseñar esta actitud a nuestros niños en edad escolar es preocupante.

Pero ¿qué es superstición?
Lo es también el sentido de superioridad cultural implícito en el término "superstición". ¿Qué valor tiene, cuando se enseña historia, utilizar dicha etiqueta a no ser que se explique que se quiere decir con este término? Este término es impropiamente peyorativo y, a la vez, demasiado amplio, puesto que la gente tiene puntos de vista diferentes sobre lo que considera superstición.

Lo que la mayoría de la gente entiende cuando habla de superstición medieval es, probablemente, una vaga referencia a las prácticas devocionales del catolicismo medieval: peregrinaciones, creencias en milagros y en las reliquias de los santos, visitas a fuentes sagradas, etc. Estas prácticas no estaban limitadas a los campesinos de la Edad Media, o a los ignorantes. Las élites sociales e intelectuales las practicaban con el mismo entusiasmo y, durante siglos, fueron un aspecto indiscutido tanto de las personas instruidas como de la fe popular. Para comprender la religión medieval es esencial intentar saber por qué dichas prácticas tenían tanto significado para gente tan diversa, en lugar de limitarse a descartarlas como supersticiones.

Todo lo creado estaba en relación continua con el Creador 
En general (y debemos tener en mente la dificultad que implica generalizar sobre un periodo que cubre mil años), la visión del mundo que respaldaba estas prácticas era la de un universo en el que cada cosa creada tenía el potencial de recibir la gracia de Dios. No había nada en el mundo tan trivial que no pudiera ser importante para Dios. Cada cosa tenía su finalidad y su lugar, desde los planetas al más minúsculo tallo de hierba. Había bendiciones para cada cosecha y para los instrumentos de cada día, oraciones para cada hora del día y para cada necesidad humana.

Los científicos medievales calcularon el tiempo y los calendarios, desarrollaron intrincadas teorías sobre los ciclos entrelazados del año natural, el movimiento de las estrellas y el calendario de la Iglesia. Y para la gente común, estos ciclos estaban entretejidos con su vida diaria, para que así cada día del año perteneciera a un santo cuya historia podía llevar a cada persona hacia Dios.

Ésta es la visión del mundo que hay detrás del tipo de historias milagrosas que, hoy en día, provocan una sonrisa; historias en las que los santos curan al ganado, encuentran los objetos perdidos y alteran el clima. Dios se percataba de cualquier preocupación humana y nada era demasiado pequeño para ser ocasión de milagro. Cuando tenían que enfrentarse a dificultades serias, no era el fatalismo lo que llevaba a la gente a buscar la ayuda de Dios en la enfermedad: era la fe, la creencia en que Dios podía intervenir, e intervenía, en el mundo.


Un libro imprescindible para deshacer tópicos y falsedades sobre los siglos medievales: Para acabar con la Edad Media, de Régine Pernoud (1909-1998), historiadora y conservadora del Museo de Reims y de los Archivos Nacionales de Francia.

Devotos y peregrinos, personas normales y reales 
Las peregrinaciones proporcionan beneficios genuinos a la salud (aunque no de la manera como lo hubieran explicado los cristianos de la Edad Media) y son, además, una oportunidad de viajar, conocer a gente y tener experiencias espirituales profundas en lugares santificados por siglos de devoción.

Decir que los campesinos medievales eran "extremamente supersticiosos" es una cosa; es fácil burlarse de las abstracciones. Pero si se leen las crónicas medievales sobre la gente enferma que visitaba los santuarios, los retratos no reflejan estereotipos, sino seres humanos reales: hombres y mujeres de todas las clases sociales, en busca de ayuda a causa de un dolor y sufrimiento extremos, con historias de sacrificio, abnegación y profunda fe personal. Algunas de sus creencias pueden parecer ajenas a un punto de vista moderno, pero sus miedos y esperanzas no. Esta gente y sus creencias merecen respeto y, por lo menos, un intento de comprensión. Santificaban cada día y su visión del mundo estaba cargada de poder y significado; y, para los estudiosos medievales, nada de esto era incompatible con la ciencia o el aprendizaje.

Hay que evitar el lenguaje emotivo al hablar como científicos 
Nadie pretende decir que el periodo medieval era perfecto, o que la Iglesia medieval no tuviera defectos. Lo que se necesita, hoy, es una visión más equilibrada, que entienda que la Edad Media fue un periodo tan complejo como cualquier otro periodo de la historia, evitando así un lenguaje emotivo y crítico como son los términos "estancamiento" y "superstición". Ya no hay excusa para ello.

Nunca ha sido más fácil acceder a información sobre el pasado medieval, sobre todo cuando con algunos minutos en Google llegas a sitios web escritos por expertos en ciencia y religión medieval, no sólo desmintiendo mitos, sino también proporcionando información más detallada.

Ha llegado la hora que educadores y periodistas vayan más allá de los inútiles estereotipos sobre la Edad Media. La verdad es mucho más interesante.

Traducción de Helena Faccia Serrano.


Cfr. Homilía de Papa Francisco en Santa Marta





[Chiesa/Testi/RemordimientoDeConcienciaExaminarnosSeñorPerdonaFrancisco].

Ø El remordimiento de la conciencia. Homilía de Papa Francisco (28 de septiembre de 2017). Es una gracia sentir que la conciencia nos acusa, nos dice algo. El remordimiento de la conciencia no es un simple acordarse de algo, sino una llaga. Y debemos –permitidme la palabra– “bautizar” la llaga, darle un nombre. ¿Qué hago para quitármela? Examinar tu vida. Tengo este remordimiento de conciencia porque he hecho esto concreto; la concreción. Esa es la verdadera humildad ante Dios, y Dios se conmueve ante lo concreto. Aprender la ciencia, la sabiduría de acusarse a uno mismo. Yo me acuso, siento el dolor de la llaga, hago lo que sea para saber de dónde viene ese síntoma y luego me acuso. No tener miedo de los remordimientos de la conciencia, que son un síntoma de salvación. Al revés, tener miedo de taparlos, de maquillarlos, de disimularlos, de esconderlos... de eso sí. Por tanto, ser claros, y el Señor nos curará. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de tener el valor de acusarnos para encaminarnos por la vía del perdón.


v  Cfr. Homilía de Papa Francisco  en Santa Marta

Jueves, 28 de septiembre de 2017 – 25 semana del tiempo ordinario

Del Evangelio de San Lucas (9,7-9) que acabamos de leer, dedicado a la reacción de Herodes ante la predicación de Cristo, podemos aprender a no tener miedo a decir la verdad sobre nuestra vida, siendo conscientes de nuestros pecados, y confesándolos al Señor para  que nos perdone.

«Unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas» (Lc 9,8).

Herodes no sabía qué pensar, pero sentía algo dentro, que no era solo curiosidad, sino un remordimiento en el alma, en el corazón, y tenía ganas de ver a Jesús para tranquilizarse. Quería ver milagros realizados por Cristo, pero Jesús no hizo “un circo” delante de él, y entonces lo entregó a Pilato: y Jesús lo pagó con la muerte. De modo que tapó un crimen con otro, su remordimiento
de conciencia con otro crimen, como quien mata por miedo.

Así que, el remordimiento de la conciencia no es un simple acordarse de algo, sino una
llaga. Una llaga que, cuando hemos cometido males en la vida, duele. Pero es una llaga escondida, no se ve; ni siquiera yo la veo, porque me acostumbro a llevarla y luego se adormece. Está ahí, algunos la tocan, pero la llaga está dentro. Y cuando esa llaga duele, sentimos remordimiento. No solo soy consciente de haber hecho mal, sino que lo siento: lo siento en el corazón, lo siento en el cuerpo, en el alma, lo siento en la vida. De ahí la tentación de taparlo para dejarlo de sentir.
           
Pero es una gracia sentir que la conciencia nos acusa, nos dice algo. Además, ninguno de nosotros es santo y todos nos sentimos tentados a mirar los pecados de los demás y no los nuestros, compadeciendo quizá a quien sufre la guerra o a causa de dictadores que matan a la gente. Debemos –permitidme la palabra– “bautizar” la llaga, darle un nombre.

¿Dónde tienes la llaga? ¿Qué hago para quitármela? Lo primero, rezar: Señor, ten piedad de mí que soy un pecador. El Señor escucha tu oración. Luego examinar tu vida. Pero, si no veo cómo ni dónde está ese dolor, de dónde viene, qué síntomas tiene, ¿qué hago? Pide ayuda a alguien que te ayude a sacarla; que salga la llaga y luego darle nombre. Tengo este remordimiento de conciencia porque he hecho esto concreto; la concreción. Esa es la verdadera humildad ante Dios, y Dios se
conmueve ante lo concreto.

Es la concreción que expresan los niños en la confesión. Una concreción de decir lo que se ha hecho, para que salga la verdad. Así se cura. Aprender la ciencia, la sabiduría de acusarse a uno mismo. Yo me acuso, siento el dolor de la llaga, hago lo que sea para saber de dónde viene ese síntoma y luego me acuso. No tener miedo de los remordimientos de la conciencia, que son un
síntoma de salvación. Al revés, tener miedo de taparlos, de maquillarlos, de disimularlos, de esconderlos... de eso sí. Por tanto, ser claros, y el Señor nos curará.

            Pidamos al Señor que nos dé la gracia de tener el valor de acusarnos para encaminarnos por la vía del perdón.





Vida Cristiana

Printfriendly