domingo, 16 de junio de 2019

Os llevo en el corazón: por Santiago Agrelo

A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien.
Las circunstancias pudieran tentarme a decir palabras de despedida, puede incluso que palabras tristes, pero la fe pide ser sencillamente compartida, y hoy celebramos el más humano de los misterios de la fe: La Santísima Trinidad.
Hoy no habrá despedida sino confesión de fe, comunión en la fe y agradecimiento por la fe recibida. Esta es la fe que nos une:
Creo en Dios, amor creador que hizo brillar la luz en la tiniebla y señaló caminos a los astros para hacer posible la vida de sus hijos, ¡para hacer posible nuestra vida!
Creo en Dios, amor liberador, que nos ha visitado y nos ha redimido.
Si digo: «creo en Dios», la fe evoca la nube de la presencia divina sobre las tiendas de su pueblo, la ley y la alianza, el pan del cielo y el agua de la roca.
Si digo «creo en Dios», la memoria de la fe va repitiendo: creo en el que es «mi luz y mi salvación, mi paz y mi alegría, mi rey y mi pastor, la roca de mi refugio, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo protector».
En realidad, cuando en nuestra vida, de cualquier modo, resuena el nombre del Señor nuestro Dios, la fe, bajo la acción del Espíritu Santo, evoca «el nombre de Cristo Jesús», sabiduría de Dios que habita entre nosotros, Palabra de Dios hecha carne, en quien el amor de Dios se nos ha revelado amor sin medida, nos ha recreado, nos ha iluminado, nos ha visitado y redimido.
Cristo Jesús, ungido por el Espíritu Santo y enviado a los pobres, es la plenitud de las bendiciones que de Dios que los pobres podemos recibir: ¡él es nuestra paz!, ¡nuestro bien!, ¡nuestro todo bien!
Y allí donde él es acogido, allí se hace presente el reino de Diosla luz para los ciegos, la libertad para los cautivos, la salud para los enfermos. Con Jesús la vida irrumpe en el lugar de los muertos, se transforman en días de fiesta los días de luto, y lo que antes era amargo se nos vuelve dulzura del alma y del cuerpo.
Y necesito añadir: Con vosotros y por Cristo Jesús estoy en el corazón de Dios; con vosotros y por Cristo Jesús he entrado en el seno de la Trinidad Santa; con vosotros y por Cristo Jesús soy familia de Dios: somos el cuerpo del Hijo único de Dios, y aun siendo muchos, somos uno, como uno es nuestro Dios.
Queridos: A este día de confesión de fe, de comunión en la fe, y de fiesta por lo que somos para Dios, no puede faltarle la confesión de mi gratitud:
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”, porque se ha fijado en mi debilidad y me ha llevado de la mano, como un padre, una madre, llevan de la mano o en brazos a su hijo pequeño.
Doy gracias al Papa Benedicto que me otorgó confianza y me pidió servir como obispo a esta comunidad eclesial.
Doy gracias al Papa Francisco con quien me he sentido siempre en una comunión tan plena que sólo en el Espíritu del Señor puede tener su fuente.
No soy capaz de pensar esta Iglesia sin los institutos de vida consagrada, congregaciones y órdenes religiosas, sin los numerosos laicos, mujeres y hombres de asombrosa generosidad, que aquí estáis al servicio del reino de Dios: vosotros sois el rostro de esta Iglesia, un rostro bellísimo.
Doy gracias al pueblo marroquí, a sus autoridades, que no sólo han tratado siempre con respeto a esta comunidad eclesial, sino que han hecho posible, normal y sostenida nuestra misión de llevar el evangelio a los pobres.
Y doy gracias a los pobres, de modo muy especial a los emigrantes, a los llamados irregulares o clandestinos o sin papeles, porque vosotros nos acercasteis a la verdad del evangelio, nos llevasteis al corazón mismo del reino de Dios, pusisteis a Cristo en el centro de nuestra vida.
Y al agradecimiento quiero añadir un deseo, el mismo que expresaba hace doce años ante la comunidad reunida en esta catedral:
Como cristiano, mi deseo es que todos llevemos a Cristo en nuestra vida: que él mire desde nuestros ojos, que él evangelice a los pobres con nuestras palabras, que él se acerque a los enfermos con nuestros pasos, que él continúe amando a la humanidad entera con nuestro amor;
Por decirlo con palabras de mi lema episcopal, mi deseo es que todos llevemos a Cristo en el corazón, ¡siempre! Y eso sólo puede ser fruto de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.
Éste es el mandato que hoy hemos escuchado: “Que os améis unos a otros como él os ha amado”; “que seáis uno, como Jesús y el Padre son uno”; “que os améis tanto que a todos resulte manifiesto que Jesús es el Señor”.
En ese: “que os améis unos a otros” entran los que se van y los que llegan y los que aquí permanecen; rezad por vuestro hermano Santiago que se va; amad a vuestro hermano Cristóbal que llega como Administrador Apostólico de esta diócesis; amad al obispo que el Señor, en su misericordia, llamará a acompañar vuestro camino de fe; y amad a cuantas personas encontréis en vuestro camino: el pueblo marroquí, los pobres, y de modo muy especial, los emigrantes que Cristo Jesús ha declarado cuerpo suyo real entre nosotros.
Y vuelvo a recordar palabras que, por haber sido primeras en el día de mi ordenación como obispo para vosotros, pueden muy bien desempeñar hoy el papel de últimas palabras como obispo entre vosotros:
El mismo Señor que desde el comienzo de mi vida me llamó a ser cristiano con vosotros, me llamó un día a ser obispo para vosotros; al decirle “” a él, a su llamada, aquel día y para siempre os dije “” a vosotros; al escoger como lema de mi servicio episcopal “siempre en el corazón Cristo”, entendía expresado también en esas palabras: “siempre en el corazón su cuerpo que es la Iglesia”, “siempre en mi corazón la Iglesia de Tánger”.
Queridos: con Cristo os llevo para siempre en el corazón.

Fiesta de la Ss.ma Trinidad Año C, 16 de junio de 2019.


[Chiesa/Omelie1/Trinità/C19DiosPadreAmorMisericordiosoCristoRevelaEspírituSanto]

Fiesta de la Ss.ma Trinidad C 2019. La paternidad de Dios se muestra en su amor misericordioso. Cristo revela a Dios que es Padre, «amor» y «misericordia». En su predicación y, sobre todo, en la cruz que es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre —de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos— llama su infeliz destino. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El conocimiento único que el Hijo tiene del Padre, se nos hace accesible a nosotros gracias al Espíritu Santo. Una referencia frecuente a la Trinidad es la invocación del santo nombre de Dios cuando hacemos la señal del cristiano, la señal de la Santa Cruz: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. La Trinidad y la familia cristiana.


v  Cfr. Fiesta de la Ss.ma Trinidad Año C, 16 de junio de 2019.

Proverbios 8, 22-31; Salmo 8; Romanos 5, 1-5; Juan 16, 12-15

Romanos 5, 1-5: 1 Justificados, por tanto, por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por quien también tenemos acceso en virtud de la fe a esta  gracia en la que permanecemos, y nos gloriamos apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3 Pero no sólo esto: también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce la paciencia; 4 la paciencia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 5 Una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.

 

“La gracia del Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo
sean con todos vosotros”
(Un saludo de San Pablo a la comunidad de Corinto,
que recoge la liturgia eucarística al inicio de la Misa)  


1. Una referencia frecuente a la Trinidad es la invocación del santo nombre de Dios: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Palabras que acompañan cuando hacemos la señal del cristiano, la señal de la Santa Cruz.


v  Son unas palabras familiares para el cristiano

-          Nos resulta  familiar a los cristianos la referencia a la Trinidad: cada vez que hacemos la señal de cruz
pronunciamos el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y si se hace con  atención, con verdadera fe, queda claro el  significado de ese hacer la señal de la cruz acompañando las palabras con el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: se quiere manifestar que lo que se hace - el principio de un trabajo, el principio del día, antes de las comidas, cuando se emprende un viaje, etcétera -, o lo que se recibe - los sacramentos, por ejemplo -, se hace o se recibe «en el nombre de», es decir «por la autoridad», o «por el poder» o «por gracia», del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
-          En el umbral de nuestra vida se nos dijo: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo…
-          Y en el momento del fallecimiento: "Parte,  alma cristiana, de este mundo, en el nombre del Padre que te
ha creado, del Hijo que te ha redimido, del Espíritu Santo que te ha santificado…." 
-          Y entre estos dos extremos: en el nombre de la Trinidad los novios se unen  en el matrimonio, en el
nombre de la Trinidad recibimos el sacramento del sacerdocio los sacerdotes, en el nombre de la Trinidad  son remitidos nuestros pecados en el sacramento de la Reconciliación… hemos iniciado la celebración de esta santa Misa en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y la acabaremos, dentro de poco, con la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2. Dios Padre

v  La paternidad no se refiere sólo al pueblo elegido, sino que llega a cada uno de los hombres y supera el vínculo existente con los padres terrenos.

                    Cfr. Juan Pablo II, Catequesis, 16-X-1985

o   La paternidad de Dios se muestra en su amor misericordioso.

·         “ Dios se revela como Padre de su Pueblo Israel, cuando manda a Moisés que pida su liberación de
Egipto: 'Así habla el Señor: Israel es mi hijo primogénito. Yo te mando que dejes a mi hijo ir.' (Exodo 4, 22-23).
Al basarse en la Alianza, se trata de una paternidad de elección, que radica en el misterio de la creación. Dice Isaías: 'Tú eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú nuestro alfarero, todos somos obra de tus manos' (Isaías 64, 7; 63, 16).  
Esta paternidad no se refiere sólo al pueblo elegido, sino que llega a cada uno de los hombres y supera el vínculo existente con los padres terrenos. He aquí algunos textos: 'Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá' (Salmo 26, 10). 'Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles' (Salmo 102, 13). 'El Señor reprende a los que ama, como un padre a su hijo preferido' (Proverbios 3, 12). En los textos que acabamos de citar está claro el carácter analógico de la paternidad de Dios-Señor, al que se eleva la oración: 'Señor, Padre Soberano de mi vida, no permitas que por ello caiga. Señor, Padre y Dios de mi vida, no me abandones a sus sugestiones' (Siracida 23, 1-4). En el mismo sentido dice también: 'Si el justo es hijo de Dios, El lo acogerá y lo librará de sus enemigos' (Sabiduría 2, 18).  
La paternidad de Dios, con respecto tanto a Israel como a cada uno de los hombres, se manifiesta en el amor misericordioso. Leemos, p.e., en Jeremías: “Vendrán todos llorando, y yo los guiaré entre consuelos. Seré un padre para Israel, y Efraín será  mi primogénito' (Jeremías 31, 9).

o   La aparente impotencia de Dios.

·         Catecismo n. 272: El misterio de la aparente impotencia de Dios -  La fe en Dios Padre Todopoderoso
puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Así, Cristo crucificado es «poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres» (1 Corintios 2, 24-25). En la Resurrección y en la exaltación de Cristo es donde el Padre «desplegó el vigor de su fuerza» y manifestó «la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes» (Efesios 1, 19-22).

o   La providencia y el escándalo del mal

·         Catecismo n. 309: Si Dios Padre Todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de
todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad  de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal.

3. Cristo revela a Dios que es Padre, «amor» y «misericordia». En su predicación y, sobre todo, en la cruz que es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre —de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos— llama su infeliz destino.


v  Cristo revela a Dios «rico de misericordia»

·         Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 3: “Cristo revela a Dios que es Padre, que es « amor », como
dirá san Juan en su primera Carta (1 Juan 4,16); revela a Dios « rico de misericordia », como leemos en san Pablo (Efesios 2,4). Esta verdad, más que tema de enseñanza, constituye una realidad que Cristo nos ha hecho presente. Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo mismo la prueba fundamental de su misión de Mesías; lo corroboran las palabras pronunciadas por El primeramente en la sinagoga de Nazaret y más tarde ante sus discípulos y antes los enviados por Juan Bautista.
Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación. Como de costumbre, también aquí enseña preferentemente « en parábolas », debido a que éstas expresan mejor la esencia misma de las cosas. Baste recordar la parábola del hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) o la del buen Samaritano (Lucas 10, 30-37) y también —como contraste— la parábola del siervo inicuo (Mateo 18, 28-35). Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada (Mateo 18, 12-14; Lucas 15, 3-7) o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida.(Lucas 15, 8-10) El evangelista que trata con detalle estos temas en las enseñanzas de Cristo es san Lucas, cuyo evangelio ha merecido ser llamado « el evangelio de la misericordia ».
·         Enc. Dives in misericordia, 8: La cruz es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre y
todo lo que el hombre —de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos— llama su infeliz destino. La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre, es el cumplimiento, hasta el final, del programa mesiánico que Cristo formuló una vez en la sinagoga de Nazaret (Cfr. Lucas 4, 18-21) y repitió más tarde ante los enviados de Juan Bautista.(Cfr Lucas 7, 20-23) Según las palabras ya escritas en la profecía de Isaías (Isaías 35,5; 61, 1-3), tal programa consistía en la revelación del amor misericordioso a los pobres, los que sufren, los prisioneros, los ciegos, los oprimidos y los pecadores.

v  Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre

Cfr. Papa Francisco, «Misericordiae vultus», Bula de proclamación del Jubileo
Extraordinario de la Misericordia, 11 de abril de 2015.
1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra, que se hizo viva, visible y alcanzó su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, rico de misericordia (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad (Ex 34,6) no dejó de dar a conocer, de varios modos y en muchos momentos de la historia, su naturaleza divina. En la plenitud de los tiempos (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, envió a su Hijo, nacido de la Virgen María, para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien ve a Él ve al Padre (cfr. Jn 14,9). Jesús de Nazaret, con su palabra, sus gestos y toda su persona[1], revela la misericordia de Dios.

v  Necesidad de contemplar siempre el misterio de la misericordia

2. Siempre necesitamos contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, serenidad y paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el que Dios sale a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados, a pesar de las limitaciones de nuestros pecados.

4. Dios Espíritu Santo


·         Romanos 5,5: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo
que se nos ha dado». (2ª Lectura)
·         Catecismo, n. 684: El Espíritu Santo con su gracia es el «primero» que nos despierta en la fe y nos inicia
en la vida nueva que es: «que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Juan 17, 3). (…)

o   El conocimiento único que el Hijo tiene del Padre, se nos hace accesible a nosotros gracias al Espíritu Santo.

·         Cfr. Raniero Cantalamessa, Un himno de silencio, Meditaciones sobre el Padre, ed. Monte Carmelo 2ª
ed. 2001, pp. 14-15: “El conocimiento único que el Hijo tiene del Padre se nos hace accesible a nosotros gracias al Espíritu Santo. Este no añade nada a la revelación que nos hizo Jesús, pero nos hace comprender lo que Jesús dijo del Padre. Hace que la revelación exterior y pública se convierta en revelación interior y personal, y la revelación histórica en revelación actual. Cuando Jesús dice a los discípulos que el Paráclito les enseñará “todo” y que les recordará “todo lo que él les ha dicho” (Juan 14,26), por el contexto resulta claro que está aludiendo en primer lugar a lo que les ha dicho acerca del Padre. “Viene la hora —dice también— en que os hablaré del Padre claramente” (Juan 16,25). ¿Cuándo va a hablarles del Padre, si éstas son  unas de las últimas palabras que dirige a los discípulos en la tierra? Les hablará “claramente” del Padre, mediante su Espíritu, ¡después de Pascua! “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Juan 16,12-13).
Si nos fijamos en cómo llegó Jesús, en cuanto hombre, a descubrir cada vez con mayor claridad su relación de filiación con el Padre, observaremos que lo hizo “por el Espíritu Santo”. La primera proclamación oficial de esa su filiación, en el Bautismo del Jordán, está íntimamente ligada a la bajada del Espíritu Santo sobre él. Era el mismo Espíritu Santo que hará brotar desde lo más profundo del corazón de Cristo el grito filial. Abba, Padre (cf  Lucas 10,21)”.

5. La Trinidad y la familia cristiana


v  Catecismo de la Iglesia Católica

·         n. 2205: “La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión
del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.”

v  El niño no puede ser amado con un amor distinto y separado, sino que quiere ser admitido en el amor con el que el padre y la madre se aman entre ellos, sabiendo que él procede de ahí.

o   “¿Qué es lo que da más alegría y seguridad al niño, sino que el padre y la madre se amen entre ellos?

·         Raniero Cantalamessa, La vida en Cristo, PPC  1998, p. 27).  [Capítulo 1º, Comentario a
Romanos 5, 1-5: « el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones»]: “¿Qué es lo que da más alegría y seguridad al niño, sino que papá y mamá se amen entre ellos? Esto, para él, cuenta más, inconscientemente, que el hecho de que le amen a él. Papá y mamá pueden, por separado, amar todo lo que quieran a su niño, pero si no se aman entre ellos (lo cual, por desgracia, ocurre a menudo), nada podrá impedir que el niño se sienta, en el fondo, infeliz e inseguro del amor. El niño no puede ser amado con un amor distinto y separado, sino que quiere ser admitido en el amor con el que el padre y la madre se aman entre ellos, sabiendo que él procede de ahí. Pues bien, he aquí la gran revelación: ¡las personas de la Trinidad se aman entre ellas con infinito amor y nos permiten disfrutar de su amor! Nos admiten al banquete de la vida: sacian a sus elegidos «de la abundancia de su casa», les dan de beber «en el río de sus delicias» (cf. Sal 36,9). El principio teológico por el cual «la gracia es el comienzo de la gloria» (Tomás de Aquino, Summa theologiae, II-IIae, q. 24, a. 3,2) significa precisamente esto: que poseemos ya, por fe, a modo de «primicia», lo que algún día poseeremos, en visión y plenitud, en la vida eterna, es decir, el amor de Dios.”



Vida Cristiana



[1] Cfr. Dei Verbum, 4.

Los médicos de EEUU, contra la eutanasia: «Es imposible de controlar y un riesgo para la sociedad»


Inicio / Vida y familia

o  La Asociación Médica Americana, la más grande del país, se reafirma en su oposición

Ø Los médicos de EEUU, contra la eutanasia: «Es imposible de controlar y un riesgo para la sociedad»


La Asociación Médica Americana ha tenido que votar su posición ante las presiones para que modificase su código ético

J.L. / ReL - 14 junio 2019

Los médicos, en una gran mayoría, están en contra de la eutanasia y del suicidio asistido pues decidir matar a un paciente o ayudarle a suicidarse va en contra de la ética médica y al juramento hipocrático.
En pleno debate sobre la legalización de estas prácticas en varias partes del mundo es llamativo la escasa atención que la clase política presta a los argumentos presentados por los médicos, que son los grandes expertos en la salud y los que en última instancia deberán acabar con la vida de sus propios pacientes.
Los médicos no apoyan la eutanasia
La Asociación Médica Mundial deja claro que “la eutanasia, que es el acto de terminar deliberadamente con la vida de un paciente, incluso a petición del paciente o a petición de parientes cercanos, no es ética”. Tampoco el suicidio asistido es ético –afirma la AMM- “y debe ser condenado por la profesión médica. Cuando la asistencia del médico se dirige deliberadamente a permitir que un individuo termine con su propia vida, el médico actúa sin ética”.
Precisamente, esta misma semana la Asociación Médica Americana (AMM), la más grande de EEUU y que engloba a más de 240.000 médicos del país, ha vuelto a mostrar su oposición a la eutanasia y al suicidio asistido resistiendo así los envites de aquellos grupos que les exigían un posicionamiento favorable.
Los médicos de EEUU no ceden a las presiones
En la asamblea anual de la organización se tenía que votar el informe del Comité de Ética y Asuntos Judiciales que debía volver a valorar el posicionamiento sobre este asunto. El texto finalmente recomendaba a la asociación mantener su oposición al suicidio asistido.
La AMM ratificó el informe del Comité tras una votación en la que el 65% de los miembros votó en contra del suicidio asistido. Este resultado llega tras años de reuniones e informes internos en los que médicos y lobbies pro-eutanasia habían presionado para que la asociación cambiara su parecer sobre este asunto, lo cual favorecería a los legisladores a la hora de aprobar leyes que permitan acabar con la vida de los pacientes.
"Serios riesgos para la sociedad"
De este modo, los médicos estadounidenses no modificarán su código ético sobre el suicidio asistido, que dice lo siguiente:
“Es comprensible, aunque trágico, que algunos pacientes en condiciones extremas, como aquellos que padecen una enfermedad terminal, dolorosa y debilitante, puedan decidir que la muerte es preferible a la vida. Sin embargo, permitir que los médicos se involucren en el suicidio asistido en última instancia, causaría más daño que bien. El suicidio asistido por un médico es fundamentalmente incompatible con el papel del médico como persona que cura, sería difícil o imposible de controlar y plantearía serios riesgos para la sociedad.
En lugar de dedicarse al suicidio asistido, los médicos deben responder las necesidades de los pacientes al final de la vida”.
Asociaciones de pacientes se felicitan
Tras la decisión de la Asociación Médica Americana de mantener su oposición a estas prácticas, asociaciones de pacientes como Patients Rights Action Fund se han felicitado por la noticia. Su presidente, Matt Vallière, explicaba a LifeNews que “aplaudimos a la AMA por mantener su larga oposición al suicidio asistido por un médico. Al hacerlo, se alía con los pacientes y las personas con discapacidad que corrían el riesgo de sufrir un daño mortal debido a los errores, la coerción y el abuso, al mismo tiempo que protegen cuidadosamente la confianza en la que se basa la relación médico-paciente”.
Además, Vallière recordaba que “los pacientes merecen atención y protección, no una receta para la muerte. Confiamos en que está decisión alentará a los Estados que están considerando una legislación a continuar rechazando el suicidio asistido”.
Los obispos de EEUU, contentos con la decisión
También se han mostrado contentos ante esta votación los obispos de Estados Unidos. El arzobispo de Kansas, Monseñor Joseph F. Naumann, presidente del Comité Provida de la Conferencia Episcopal de EEUU ha afirmado que “la AMA tiene razón al reafirmar su opinión de que el suicidio asistido por un médico es fundamentalmente incompatible con el papel del médico como alguien que cura”.
"La práctica y la promoción del suicidio asistido plantean graves consecuencias para toda nuestra sociedad, pero en particular para las personas que viven con enfermedades, discapacidades o desventajas socioeconómicas", recuerda el obispo.
Más información en nuestras secciones de Eutanasia y Suicidio Asistido.


“Varón y mujer los creó” Documento de la Congregación para la Educación Católica (Vaticano) 2 de febrero de 2019



“Varón y mujer los creó”  
Documento de la Congregación para la Educación Católica (Vaticano)
2 de febrero de 2019

El Documento firmado por el Cardenal Giuseppe Versaldi, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, y el Arzobispo Vincenzo Zani, Secretario del mismo Dicasterio, busca afrontar “una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”. 

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A continuación se expone el contenido del documento completo.

INTRODUCCIÓN
1.     Se difunde cada vez más la conciencia de que estamos frente a una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad. En muchos casos han sido estructurados y propuestos caminos educativos que « transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón ». La desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural.
2.     En este contexto, la misión educativa enfrenta el desafío que « surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo” ».
3.     Es evidente que la cuestión no puede ser aislada del horizonte más amplio de la educación al amor, la cual tiene que ofrecer, como lo señaló el Concilio Vaticano II, « una positiva y prudente educación sexual » dentro del derecho inalienable de todos de recibir « una educación, que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. En este sentido, la Congregación para la Educación Católica ha ofrecido ulteriores profundizaciones en el documento: Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual.
4.     La visión antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los demás, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo. « Verdaderamente, en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad ». En el proceso de crecimiento « esta diversidad, aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al diseño de Dios en la vocación enderezada a cada uno ». « La educación afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integración de los elementos biológicos, psico-afectivos, sociales y espirituales ».
5.     La Congregación para la Educación Católica, dentro de sus competencias, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada. De esta manera se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escucharrazonar proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades. De hecho, escuchar las necesidades del otro, así como la comprensión de las diferentes condiciones lleva a compartir elementos racionales y a prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe que « todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre ».
6.     Al emprender el camino del diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, es necesario tener presente la diferencia entre la ideología del gender y las diferentes investigaciones sobre el gender llevadas a cabo por las ciencias humanas. Mientras que la ideología pretende, como señala Papa Francisco, « responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles » pero busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños » y, por lo tanto, excluye el encuentro, no faltan las investigaciones sobre el gender que buscan de profundizar adecuadamente el modo en el cual se vive en diferentes culturas la diferencia sexual entre hombre y mujer. Es en relación con estas investigaciones que es posible abrirse a escuchar, razonar y proponer.
7.     Por lo tanto, la Congregación para la Educación Católica encomienda este texto – especialmente en los contextos implicados por este fenómeno – a quienes se preocupan de corazón por la educación, en particular a las comunidades educativas de las escuelas católicas y a cuantos, animados por la visión cristiana de la vida, trabajan en otras escuelas, a los padres, alumnos, directivos y personal, así como a los Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y otras organizaciones del sector.
ESCUCHAR
 Breve historia
8.                 La primera actitud de quien desea entrar en diálogo es escuchar. Se trata, antes que nada, de escuchar y comprender lo que ha sucedido en las últimas décadas. El advenimiento del siglo XX, con sus visiones antropológicas, trae consigo las primeras concepciones del gender, por un lado basadas en una lectura puramente sociológica de la diferenciación sexual y por el otro con un énfasis en las libertades individuales. De hecho, a mediados de siglo, nace una línea de estudios que insistía en acentuar el condicionamiento externo y sus influencias en las determinaciones personales. Aplicados a la sexualidad, estos estudios querían mostrar cómo la identidad sexual tenía más que ver con una construcción social que con una realidad natural o biológica.
9.                 Estos enfoques convergen en negar la existencia de un don originario que nos precede y es constitutivo de nuestra identidad personal, formando la base necesaria de nuestras acciones. En las relaciones interpersonales, lo que importa sería solamente el afecto entre los individuos, independientemente de la diferencia sexual y la procreación, consideradas irrelevantes en la construcción de la familia. Se pasa de un modelo institucional de familia – que tiene una estructura y una finalidad que no dependen de las preferencias subjetivas individuales de los cónyuges – a una visión puramente contractualista y voluntarista.
10.            Con el tiempo, las teorías del gender han ampliado el campo de su aplicación. A principios de los años noventa del siglo pasado, se fueron concentrando en la posibilidad de los individuos de autodeterminar sus propias inclinaciones sexuales sin tener en cuenta la reciprocidad y la complementariedad de la relación hombre-mujer, así como la finalidad procreativa de la sexualidad. Además, incluso se llega a teorizar una separación radical entre género (gender) y sexo (sex), con la prioridad del primero sobre el segundo. Este logro es visto como una etapa importante en el progreso de la humanidad, en la cual se « presenta una sociedad sin diferencias de sexo ».
11.            En este contexto cultural se comprende que sexo y género han dejado de ser sinónimos, es decir, conceptos intercambiables, ya que describen dos entidades diferentes. El sexo define la pertenencia a una de las dos categorías biológicas que derivan de la díada originaria, femenina y masculina. El género, en cambio, es el modo en el cual se vive en cada cultura la diferencia entre los dos sexos. El problema no está en la distinción en sí, que podría ser interpretada rectamente, sino en una separación entre sexo y gender. De esta separación surge la distinción entre diferentes “orientaciones sexuales” que no están definidas por la diferencia sexual entre hombre y mujer, sino que pueden tomar otras formas, determinadas únicamente por el individuo radicalmente autónomo. Asimismo, el mismo concepto de gender va a depender de la actitud subjetiva de la persona, que puede elegir un género que no corresponde con su sexualidad biológica y, de consecuencia, con la forma en que lo consideran los demás (transgender).
12.            En una creciente contraposición entre naturaleza y cultura, las propuestas de género convergen en el queer, es decir, en una dimensión fluida, flexible, nómada al punto de defender la emancipación completa del individuo de cada definición sexual dada a priori, con la consiguiente desaparición de las clasificaciones consideradas rígidas. Se deja así el espacio a diversos matices, variables por grado e intensidad en el contexto tanto de la orientación sexual como de la identificación del propio género.
13.            La dualidad de la pareja entra también en conflicto con los “poliamoríos” que incluyen a más de dos personas. Por lo tanto, se observa que la duración del vínculo – y su naturaleza vinculante – se estructura como una variable de acuerdo con el deseo contingente de las personas, con consecuencias en el nivel de compartir responsabilidades y obligaciones inherentes a la maternidad y la paternidad. Toda esta gama de relaciones se convierte en “parentesco” (kinships), basada en el deseo o el afecto, a menudo caracterizada por un tiempo determinado, éticamente flexible o incluso consensuada sin planificación alguna. Lo que vale es la absoluta libertad de autodeterminación y la elección circunstancial de cada individuo en el contexto de cualquier relación emocional.
14.            De esta manera, se apela al reconocimiento público de la libertad de elección del género y la pluralidad de uniones en oposición al matrimonio entre hombre y mujer, considerado una herencia del patrimonio patriarcal. Por lo tanto, se quisiera que cada individuo pudiera elegir su propia condición y que la sociedad se limite a garantizar tal derecho, también mediante un apoyo material, de lo contrario, nacerían formas de discriminación social contra las minorías. La reivindicación de dichos derechos ha entrado en el debate político de hoy día, obteniendo aceptación en algunos documentos internacionales e integrándose en algunas legislaciones nacionales.
Puntos de encuentro
15.            En el contexto de las investigaciones sobre el gender, emergen, todavía, algunos posibles puntos de encuentro para crecer en la mutua comprensión. De hecho, a menudo los proyectos educativos tienen la necesidad, compartida y apreciable, de luchar contra cualquier expresión de injusta discriminación. Persiguen una acción pedagógica, sobre todo con el reconocimiento de los retrasos y las carencias. Ciertamente no se puede negar que a lo largo de los siglos se han asomado formas de injusta subordinación, que tristemente han marcado la historia y han influido también al interior de la Iglesia. Esto ha dado lugar a rigidez y fijeza que demoraron la necesaria y progresiva inculturación del mensaje genuino con el que Jesús proclamó igual dignidad entre el hombre y la mujer, dando lugar a acusaciones de un cierto machismo más o menos disfrazado de motivaciones religiosas.
16.            Un punto de encuentro es la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta. Se trata de una educación a la ciudadanía activa y responsable, en la que todas las expresiones legítimas de la persona se acogen con respeto.
17.            Otro punto de crecimiento en la comprensión antropológica son los valores de la feminidad que se han destacado en la reflexión del gender. En la mujer, por ejemplo, la « capacidad de acogida del otro » favorece una lectura más realista y madura de las situaciones contingentes, desarrollando «el sentido y el respeto por lo concreto, que se opone a abstracciones a menudo letales para la existencia de los individuos y la sociedad».  Se trata de una aportación que enriquece las relaciones humanas y los valores del espíritu «a partir de las relaciones cotidianas entre las personas». Por esta razón, la sociedad está en gran parte en deuda con las mujeres que están « comprometidas en los más diversos sectores de la actividad educativa, fuera de la familia: guarderías, escuelas, universidades, instituciones asistenciales, parroquias, asociaciones y movimientos ».
18.            La mujer es capaz de entender la realidad en modo único: sabiendo cómo resistir ante la adversidad, haciendo « la vida todavía posible incluso en situaciones extremas» y conservando « un tenaz sentido del futuro ». De hecho, no es una coincidencia que «donde se da la exigencia de un trabajo formativo se puede constatar la inmensa disponibilidad de las mujeres a dedicarse a las relaciones humanas, especialmente en favor de los más débiles e indefensos. En este cometido manifiestan una forma de maternidad afectiva, cultural y espiritual, de un valor verdaderamente inestimable, por la influencia que tiene en el desarrollo de la persona y en el futuro de la sociedad. ¿Cómo no recordar aquí el testimonio de tantas mujeres católicas y de tantas Congregaciones religiosas femeninas que, en los diversos continentes, han hecho de la educación, especialmente de los niños y de las niñas, su principal servicio?».
Crítica
19.            Sin embargo, hay algunos puntos críticos que se presentan en la vida real. Las teorías del gender indican – especialmente las más radicales – un proceso progresivo de desnaturalización o alejamiento de la naturaleza hacia una opción total para la decisión del sujeto emocional. Con esta actitud, la identidad sexual y la familia se convierten en dimensiones de la “liquidez” y la “fluidez” posmodernas: fundadas solo sobre una mal entendida libertad del sentir y del querer, más que en la verdad del ser; en el deseo momentáneo del impulso emocional y en la voluntad individual.
20.            Las presuposiciones de estas teorías son atribuibles a un dualismo antropológico: a la separación entre cuerpo reducido y materia inerte y voluntad que se vuelve absoluta, manipulando el cuerpo como le plazca. Este fisicismo y voluntarismo dan origen al relativismo, donde todo es equivalente e indiferenciado, sin orden y sin finalidad. Todas estas teorizaciones, desde las más moderadas hasta las más radicales, creen que el gender (género) termina siendo más importante que el sex (sexo). Esto determina, en primer lugar, una revolución cultural e ideológica en el horizonte relativista y, en segundo lugar, una revolución jurídica, porque estos casos promueven derechos individuales y sociales específicos.
21.            En realidad, sucede que la defensa de diferentes identidades a menudo sea perseguida afirmando que son perfectamente indiferentes entre sí y, por lo tanto, negándolas en su relevancia. Esto asume una particular importancia según en términos de diferencia sexual: a menudo, de hecho, el concepto genérico de “no discriminación” oculta una ideología que niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer. « En vez de combatir las interpretaciones negativas de la diferencia sexual, que mortifican su valencia irreductible para la dignidad humana, se quiere cancelar, de hecho, esta diferencia, proponiendo técnicas y prácticas que hacen que sea irrelevante para el desarrollo de la persona y de las relaciones humanas. Pero la utopía de lo “neutro” elimina, al mismo tiempo, tanto la dignidad humana de la constitución sexualmente diferente como la cualidad personal de la transmisión generativa de la vida ». Se vacía – de esta manera – la base antropológica de la familia.
22.            Esta ideología induce proyectos educativos y pautas legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente libres de la diferencia biológica entre el hombre y la mujer. La identidad humana se entrega a una opción individualista, también cambiante con el tiempo, una expresión de la forma de pensar y actuar, muy difundida en la actualidad, que confunde « la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse ».
23.            El Concilio Vaticano II, al cuestionarse sobre lo que la Iglesia piensa de la persona humana, afirma que «en la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador». Por esta dignidad, «no se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material y al no considerarse ya como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana ». Por lo tanto, «no ha de confundirse orden de la naturaleza con orden biológico ni identificar lo que esas expresiones designan. El orden biológico es orden de la naturaleza en la medida en que este es accesible a los métodos empíricos y descriptivos de las ciencias naturales; pero, en cuanto orden específico de la existencia, por estar relacionado manifiestamente con la Causa primera, con Dios Creador, el de la naturaleza ya no es un orden biológico ».
RAZONAR
Argumentos racionales
24.            Escuchar el perfil histórico, de los puntos de encuentro y las cuestiones críticas en la cuestión de gender lleva a consideraciones a la luz de la razón. De hecho, hay argumentos racionales que aclaran la centralidad del cuerpo como un elemento integral de la identidad personal y las relaciones familiares. El cuerpo es la subjetividad que comunica la identidad del ser. En este sentido, se entienden los datos de las ciencias biológicas y médicas, según los cuales el “dimorfismo sexual” (es decir, la diferencia sexual entre hombres y mujeres) está probado por las ciencias, como por ejemplo, la genética, la endocrinología y la neurología. Desde un punto de vista genético, las células del hombre (que contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de las mujeres (cuyo equivalente es XX) desde la concepción. Por lo demás, en el caso de la indeterminación sexual, es la medicina la que interviene para una terapia. En estas situaciones específicas, no son los padres ni mucho menos la sociedad quienes pueden hacer una elección arbitraria, sino que es la ciencia médica la que interviene con fines terapéuticos, operando de la manera menos invasiva sobre la base de parámetros objetivos para explicar la identidad constitutiva.
25.            El proceso de identificación se ve obstaculizado por la construcción ficticia de un “género” o “tercer género”. De esta manera, la sexualidad se oscurece como una calificación estructurante de la identidad masculina y femenina. El intento de superar la diferencia constitutiva del hombre y la mujer, como sucede en la intersexualidad o en el transgender, conduce a una ambigüedad masculina y femenina, que presupone de manera contradictoria aquella diferencia sexual que se pretende negar o superar. Al final, esta oscilación entre lo masculino y lo femenino se convierte en una exposición solamente “provocativa” contra los llamados “esquemas tradicionales” que no tienen en cuenta el sufrimiento de quienes viven en una condición indeterminada. Tal concepción busca aniquilar la naturaleza (todo lo que hemos recibido como fundamento previo de nuestro ser y de todas nuestras acciones en el mundo), mientras que lo reafirmamos implícitamente.
26.            El análisis filosófico muestra también cómo la diferencia sexual masculino/femenino sea constitutiva de la identidad humana. En las filosofías greco-latinas, la esencia se pone como un elemento trascendente que recompone y armoniza la diferencia entre lo femenino y lo masculino en la singularidad de la persona humana. En la tradición hermenéutica-fenomenológica, tanto la distinción como la complementariedad sexual se interpretan en una clave simbólica y metafórica. La diferencia sexual constituye, en la relación, la identidad personal ya sea horizontal (diádica: hombre-mujer) o vertical (triádica: hombre-mujer-Dios), tanto en el contexto de la relación interpersonal entre hombre y mujer (yo/tú) que dentro de la relación familiar (tú/yo/nosotros).
27.            La formación de la identidad se basa precisamente en la alteridad: en la confrontación inmediata con el “tú” diferente de mí, reconozco la esencia de mi “yo”. La diferencia es la condición de la cognición en general y del conocimiento de la identidad. En la familia, la comparación con la madre y el padre facilita al niño la elaboración de su propia identidad/ diferencia sexual. Las teorías psicoanalíticas muestran el valor tripolar de la relación padre/hijo, afirmando que la identidad sexual emerge completamente solo en la comparación sinérgica de la diferenciación.
28.            La complementariedad fisiológica, basada en la diferencia sexual, asegura las condiciones necesarias para la procreación. En cambio, el recurso a las tecnologías reproductivas puede consentir la generación a una persona, pareja de una pareja del mismo sexo, con “fertilización in vitro” y maternidad subrogada: pero el uso de tecnología no es equivalente a la concepción natural, porque implica manipulación de embriones humanos, fragmentación de la paternidad, instrumentalización y/o mercantilización del cuerpo humano, así como reducción del ser humano a objeto de una tecnología científica.
29.            Por lo que concierne en particular al sector escolar, es propio en la naturaleza de la educación la capacidad de construir las bases para un diálogo pacífico y permitir un encuentro fructífero entre las personas y las ideas. Además, la perspectiva de una extensión de la razón a la dimensión trascendente parece no secundaria. El diálogo entre fe y razón « si no quiere reducirse a un estéril ejercicio intelectual, debe partir de la actual situación concreta del hombre, y desarrollar sobre ella una reflexión que recoja su verdad ontológico-metafísica ». En esta dimensión se coloca la misión evangelizadora de la Iglesia sobre el hombre y la mujer.
PROPONER
Antropología cristiana
30.            La Iglesia, madre y maestra, no solo escucha, sino que, fortalecida por su misión original, se abre a la razón y se pone al servicio de la comunidad humana, ofreciendo sus propuestas. Es evidente que sin una aclaración satisfactoria de la antropología sobre la cual se base el significado de la sexualidad y la afectividad, no es posible estructurar correctamente un camino educativo que sea coherente con la naturaleza del hombre como persona, con el fin de orientarlo hacia la plena actuación de su identidad sexual en el contexto de la vocación al don de sí mismo. Y el primer paso en esta aclaración antropológica consiste en reconocer que « también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo ». Este es el núcleo de esa ecología del hombre que se mueve desde el « reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano » y desde la necesaria relación de su vida « con la ley moral escrita en su propia naturaleza».
31.            La antropología cristiana tiene sus raíces en la narración de los orígenes tal como aparece en el Libro del Génesis, donde está escrito que« Dios creó al hombre a su imagen […], varón y mujer los creó» (Gen 1, 27). En estas palabras, existe el núcleo no solo de la creación, sino también de la relación vivificante entre el hombre y la mujer, que los pone en una unión íntima con Dios. El sí mismo y el otro de sí mismo se completan de acuerdo con sus específicas identidades y se encuentran en aquello que constituye una dinámica de reciprocidad, sostenida y derivada del Creador.
32.            Las palabras bíblicas revelan el sapiente diseño del Creador que « ha asignado al hombre como tarea el cuerpo, su masculinidad y feminidad; y que en la masculinidad y feminidad le ha asignado, en cierto sentido, como tarea su humanidad, la dignidad de la persona, y también el signo transparente de la “comunión” interpersonal, en la que el hombre se realiza a sí mismo a través del auténtico don de sí ». Por lo tanto, la naturaleza humana, para superar cualquier fisicismo o naturalismo, debe entenderse a la luz de la unidad del alma y el cuerpo, « en la unidad de sus inclinaciones de orden espiritual y biológico, así como de todas las demás características específicas, necesarias para alcanzar su fin ».
33.            En esta « totalidad unificada » se integran la dimensión vertical de la comunión con Dios y la dimensión horizontal de la comunión interpersonal, a la que son llamados el hombre y la mujer. La identidad personal madura auténticamente en el momento en que está abierta a los demás, precisamente porque « en la configuración del propio modo de ser, femenino o masculino, no confluyen sólo factores biológicos o genéticos, sino múltiples elementos que tienen que ver con el temperamento, la historia familiar, la cultura, las experiencias vividas, la formación recibida, las influencias de amigos, familiares y personas admiradas, y otras circunstancias concretas que exigen un esfuerzo de adaptación ». De hecho, « para la persona humana es esencial el hecho de que llega a ser ella misma sólo a partir del otro, el “yo” llega a ser él mismo sólo a partir del “tú” y del “vosotros”; está creado para el diálogo, para la comunión sincrónica y diacrónica. Y sólo el encuentro con el “tú” y con el “nosotros” abre el “yo” a sí mismo ».
34.            Es necesario reiterar la raíz metafísica de la diferencia sexual: de hecho, hombre y mujer son las dos formas en que se expresa y se realiza la realidad ontológica de la persona humana. Esta es la respuesta antropológica a la negación de la dualidad masculina y femenina a partir de la cual se genera la familia. El rechazo de esta dualidad no solo borra la visión de la creación, sino que delinea una persona abstracta « que después elige para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Pero, en este caso, también la prole ha perdido el puesto que hasta ahora le correspondía y la particular dignidad que le es propia ».
35.            En esta perspectiva, educar a la sexualidad y a la afectividad significa aprender « con perseverancia y coherencia lo que es el significado del cuerpo » en toda la verdad original de la masculinidad y la feminidad; significa « aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados […]. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente […], y enriquecerse recíprocamente ». Por lo tanto, a la luz de una ecología plenamente humana e integral, la mujer y el hombre reconocen el significado de la sexualidad y la genitalidad en aquella intrínseca intencionalidad relacional y comunicativa que atraviesa su corporeidad y los envía mutuamente el uno hacia el otro.
La familia
36.            La familia es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación. En ella, el hombre y la mujer unidos en la elección libre y consciente del pacto de amor conyugal, realizan « una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona: reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad». La familia es « una realidad antropológica, y, en consecuencia, una realidad social, de cultura » de lo contrario « calificarla con conceptos de naturaleza ideológica, que tienen fuerza sólo en un momento de la historia y después decaen » significa traicionar su valor. La familia, como sociedad natural en la que se realizan plenamente la reciprocidad y la complementariedad entre el hombre y la mujer, precede al mismo orden sociopolítico del Estado, cuya libre actividad legislativa debe tenerlo en cuenta y darle el justo reconocimiento.
37.            Es racionalmente comprensible que en la naturaleza misma de la familia se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados. El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño. Este« derecho primario » después se traduce concretamente en la « obligación gravísima » de los padres de hacerse responsables de  la « educación íntegra personal y social de los hijos », también en lo que respecta a su educación sobre la identidad sexual y la afectividad, « en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua ». Es un derecho-deber educativo que « se califica como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros ».
38.            Otro derecho no secundario es el del niño « a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en relación, en confrontación, con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre, y así armando su madurez afectiva ». Y es dentro del mismo núcleo familiar que el niño puede ser educado para reconocer el valor y la belleza de la diferencia sexual, de la igualdad, de la reciprocidad biológica, funcional, psicológica y social. « Ante una cultura que “banaliza” en gran parte la sexualidad humana, […], el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona – cuerpo, sentimiento y espíritu – y manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí misma en el amor ». Estos derechos se acompañan naturalmente a todos los demás derechos fundamentales de la persona, en particular a aquel de la libertad de pensamiento, conciencia y religión. En estos espacios se pueden hacer nacer experiencias fructíferas de colaboración entre todos los sujetos involucradas en la educación.
La escuela
39.            A la acción educativa de la familia se une la de la escuela, que interactúa de manera subsidiaria. Fortalecida por su fundación evangélica, « la escuela católica se configura como escuela para la persona y de las personas. “La persona de cada uno, en sus necesidades materiales y espirituales, es el centro del magisterio de Jesús: por esto el fin de la escuela católica es la promoción de la persona humana”. Tal afirmación, poniendo en evidencia la relación del hombre con Cristo, recuerda que en su persona se encuentra la plenitud de la verdad sobre el hombre. Por esto, la escuela católica, empeñándose en promover al hombre integral, lo hace, obedeciendo a la solicitud de la Iglesia, consciente de que todos los valores humanos encuentran su plena realización y, también su unidad, en Cristo. Este conocimiento manifiesta que la persona ocupa el centro en el proyecto educativo de la escuela católica».
40.            La escuela católica debe convertirse en una comunidad educativa en la que la persona se exprese y crezca humanamente en un proceso de relación dialógica, interactuando de manera constructiva, ejercitando la tolerancia, comprendiendo los diferentes puntos de vista y creando confianza en un ambiente de auténtica armonía. Se establece así la verdadera «comunidad educativa, espacio agápico de las diferencias. La escuela-comunidad es lugar de intercambio, promueve la participación, dialoga con la familia, que es la primera comunidad a la que pertenecen los alumnos; todo ello respetando su cultura y poniéndose en actitud profunda de escuchar respecto a las necesidades que le salen al paso y a las expectativas de que es destinataria ». De esta manera, las niñas y los niños son acompañados por una comunidad que « los estimula a superar el individualismo y a descubrir, a la luz de la fe, que están llamados a vivir, de una manera responsable, una vocación específica en un contexto de solidaridad con los demás hombres. La trama misma de la humana existencia los invita, en cuanto cristianos, a comprometerse en el servicio de Dios en favor de los propios hermanos y a transformar el mundo para que venga a ser una digna morada de los hombres ».
41.            Asimismo los educadores cristianos que viven su vocación en las escuelas no católicas dan testimonio de la verdad sobre la persona humana y están al servicio de su promoción. De hecho, «la formación integral del hombre como finalidad de la educación, incluye el desarrollo de todas las facultades humanas del educando, su preparación para la vida profesional, la formación de su sentido ético y social, su apertura a la trascendencia y su educación religiosa ». El testimonio personal, unido con la profesionalidad, contribuye al logro de estos objetivos.
42.            La educación a la afectividad necesita un lenguaje adecuado y moderado. En primer lugar, debe tener en cuenta que los niños y los jóvenes aún no han alcanzado la plena madurez y empiezan a descubrir la vida con interés. Por lo tanto, es necesario ayudar a los estudiantes a desarrollar «un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad ». Ante un bombardeo de mensajes ambiguos y vagos – cuyo final es una desorientación emocional y el impedimento de la madurez psico-relacional – « ayudarles a reconocer y a buscar las influencias positivas, al mismo tiempo que toman distancia de todo lo que desfigura su capacidad de amar ».
La sociedad
43.            En el proceso educativo no puede faltar una visión unificada sobre la sociedad actual. La transformación de las relaciones interpersonales y sociales«ha ondeado con frecuencia la “bandera de la libertad”, pero en realidad ha traído devastación espiritual y material a innumerables seres humanos, especialmente a los más vulnerables. Es cada vez más evidente que la decadencia de la cultura del matrimonio está asociada a un aumento de pobreza y a una serie de numerosos otros problemas sociales que azotan de forma desproporcionada a las mujeres, los niños y los ancianos. Y son siempre ellos quienes sufren más en esta crisis ».
44.            Por estas razones, no se puede dejar a la familia sola frente al desafío educativo. Por su parte, la Iglesia continúa ofreciendo apoyo a las familias y a los jóvenes en las comunidades abiertas y acogedoras. Las escuelas y las comunidades locales, en particular, están llamadas a llevar a cabo una gran misión, si bien no reemplacen a los padres, puesto que son complementarias de ellos. La importante urgencia del desafío educativo puede hoy constituir un fuerte estímulo para reconstruir la alianza educativa entre la familia, la escuela y la sociedad.
45.            Como ampliamente se reconoce, este pacto educativo ha entrado en crisis. Es urgente promover una alianza sustancial y no burocrática, que armonice, en el proyecto compartido de « una positiva y prudente educación sexual », la responsabilidad primordial de los padres con la tarea de los maestros. Se deben crear las condiciones para un encuentro constructivo entre los distintos sujetos a fin de establecer un clima de transparencia, interactuando y manteniéndose constantemente informados sobre las actividades para facilitar la participación y evitar tensiones innecesarias que puedan surgir a causa de malentendidos debido a la falta de claridad, información y competencia.
46.            En el marco de esta alianza, las acciones educativas deben ser informadas del principio de subsidiariedad. « Porque cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consentimiento y, en cierto modo, incluso por encargo suyo ». Procediendo juntos, la familia, la escuela y la sociedad pueden articular caminos de educación a la afectividad y la sexualidad dirigidos a respetar el cuerpo de los demás y respetar los tiempos de su propia maduración sexual y emocional, teniendo en cuenta las especificidades fisiológicas y psicológicas, así como las fases de crecimiento y maduración neurocognitiva de niñas y niños para acompañarlos en su crecimiento de manera saludable y responsable.
La formación de los formadores
47.            Con gran responsabilidad, todos los formadores están llamados a la realización real del proyecto pedagógico. Su personalidad madura, su preparación y equilibrio psíquico influyen fuertemente sobre los educandos. Por lo tanto, es importante tener en cuenta su formación, además de los aspectos profesionales, también aquellos culturales y espirituales. La educación de la persona, especialmente en la era evolutiva, requiere un cuidado particular y una actualización constante. No se trata solamente de una simple repetición de argumentos disciplinarios. Se espera que los educadores sepan «acompañar a los alumnos hacia objetivos elevados y desafiantes, demostrar elevadas expectativas hacia ellos, participar y relacionar a los estudiantes entre de ellos y con el mundo ».
48.            La responsabilidad de los dirigentes, el personal docente y el personal escolástico es aquella de garantizar un servicio coherente con los principios cristianos que constituyen la identidad del proyecto educativo, así como interpretar los desafíos contemporáneos a través de un testimonio diario de comprensión, objetividad y prudencia. De hecho, es comúnmente compartido que « el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, […] o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio ». La autoridad del educador, por lo tanto, se configura como la confluencia concreta « de una formación general, fundada en una concepción positiva y constructiva de la vida, y en el esfuerzo constante por realizarla. Una tal formación rebasa la necesaria preparación profesional y penetra los aspectos más íntimos de la personalidad, incluso el religioso y espiritual».
49.            La formación de formadores – cristianamente inspirada – tiene como objetivo tanto la persona del solo maestro como la construcción y consolidación de una comunidad educativa a través de un ventajoso intercambio educativo, emocional y personal. De esta manera se genera una relación activa entre los educadores donde el crecimiento personal integral enriquece aquella profesional, viviendo la enseñanza como un servicio de humanización. Por lo tanto, es necesario que los maestros católicos reciban una preparación adecuada sobre el contenido de los diferentes aspectos de la cuestión del gender y sean informados sobre las leyes vigentes y las propuestas que se están discutiendo en sus propios países con la ayuda de personas calificadas de manera equilibrada y en nombre del diálogo. Las instituciones universitarias y los centros de investigación están llamados a ofrecer su contribución específica para garantizar una capacitación adecuada y actualizada durante toda su vida.
50.            Con referencia a la tarea específica de la educación a el amor humano– «teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica» – se requiere a los formadores « una preparación psicopedagógica adaptada y seria, que le permita captar situaciones particulares que requieren una especial solicitud ». Por lo tanto, « se impone un conocimiento claro de la situación, porque el método utilizado no sólo condiciona grandemente el resultado de esta delicada educación, sino también la colaboración entre los diversos responsables».
51.            Hoy en día, muchas legislaciones reconocen la autonomía y la libertad de enseñanza. En este contexto, las escuelas tienen la oportunidad de colaborar con las instituciones católicas de educación superior para profundizar los diversos aspectos de la educación sexual a fin de obtener subvenciones, guías pedagógicas y manuales educativos establecidos en la « visión cristiana del hombre ». En este sentido, tanto los pedagogos como los docentes, así como los expertos en literatura infantil y juvenil pueden contribuir a ofrecer herramientas innovadoras y creativas para consolidar la educación integral de la persona desde la primera infancia frente a visiones parciales y distorsionadas. A la luz de un pacto educativo renovado, la cooperación entre todos los responsables – a nivel local, nacional e internacional – no puede agotarse únicamente mediante el intercambio de ideas y el intercambio exitoso de buenas prácticas, sino que se ofrece como un medio importante de formación permanente de los propios educadores.
CONCLUSIÓN
52.            En conclusión, el camino del diálogo – que escucha, razona y propone– parece ser el camino más efectivo para una transformación positiva de las inquietudes e incomprensiones en un recurso para el desarrollo de un entorno relacional más abierto y humano. Por el contrario, el enfoque ideológico a las delicadas cuestiones de género, al tiempo que declara respeto por la diversidad, corre el riesgo de considerar las diferencias mismas de forma estática, dejándolas aisladas e impermeables entre sí.
53.            La propuesta educativa cristiana enriquece el diálogo por la finalidad de « conseguir la realización del hombre a través del desarrollo de todo su ser, espíritu encarnado, y de los dones de naturaleza y gracia de que ha sido enriquecido por Dios ». Esto requiere un sentido y acogedor acercamiento hacia el otro comprendiéndose como un antídoto natural contra “la cultura del descarte” y el aislamiento. De esta manera, se promueve « una dignidad originaria de todo hombre y mujer irreprimibile, indisponible a cualquier poder o ideología ».
54.            Más allá de cualquier reduccionismo ideológico o relativismo uniformador, las educadoras y educadores católicos – en su adecuación a la identidad recibida de su inspiración evangélica – están llamados a transformar positivamente los desafíos actuales en oportunidades, siguiendo los senderos de la escucha, de la razón y la propuesta cristiana, así como a dar testimonio, con las modalidades de la propia presencia, con coherencia entre las palabras y la vida. Los formadores tienen la fascinante misión educativa de « enseñar un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido. Porque todo eso prepara un don de sí íntegro y generoso que se expresará, luego de un compromiso público, en la entrega de los cuerpos. La unión sexual en el matrimonio aparecerá así como signo de un compromiso totalizante, enriquecido por todo el camino previo ».
55.            Esta cultura de diálogo no contradice la legítima aspiración de las escuelas católicas de mantener su propia visión de la sexualidad humana en función de la libertad de las familias para poder basar la educación de sus hijos en una antropología integral, capaz de armonizar todas las dimensiones que constituyen su identidad física, psíquica y espiritual. Un Estado democrático no puede, de hecho, reducir la propuesta educativa a un solo pensamiento, especialmente en un asunto tan delicado que toca la visión fundamental de la naturaleza humana y el derecho natural de los padres a tener una opción de educación libre, siempre de acuerdo con la dignidad de la persona humana. Por lo tanto, cada institución escolar debe estar equipada con herramientas organizativas y programas didácticos que hagan que este derecho de los padres sea real y concreto. De esta manera, la propuesta pedagógica cristiana se concretiza en una respuesta sólida a las antropologías de la fragmentación y de lo provisional.
56.            Los centros educativos católicos que ofrecen programas de formación afectiva y sexual deben tener en cuenta las diferentes edades de los alumnos, así como dar ayuda en el pleno respeto a cada persona. Esto se puede lograr a través de un camino de acompañamiento discreto y confidencial, con el que también se acoge a quien se encuentran viviendo una situación compleja y dolorosa. La escuela debe, por lo tanto, proponerse como un ambiente de confianza, abierto y sereno, especialmente en aquellos casos que requieren tiempo y discernimiento. Es importante crear las condiciones para una escucha paciente y comprensiva, lejos de las discriminaciones injustas.
57.            Consciente de la solicitud educativa y del trabajo diario que realizan las personas empeñadas en la escuela y en los diversos contextos de la actividad pedagógica formal e informal, la Congregación para la Educación Católica alienta a continuar con la misión formativa de las nuevas generaciones, especialmente de quien sufre la pobreza en sus diversas expresiones y necesita del amor de los educadores y las educadoras, de modo que « los jóvenes no solo sean amados, sino que también sepan que son amados» (San Juan Bosco). Este Dicasterio también expresa gratitud agradecida y, con las palabras de Papa Francisco, alienta a « los maestros cristianos, que trabajan tanto en escuelas católicas como públicas, […] a estimular en los alumnos la apertura al otro como rostro, como persona, como hermano y hermana por conocer y respetar, con su historia, con sus méritos y defectos, riquezas y límites. La apuesta es la de cooperar en la formación de chicos abiertos e interesados en la realidad que los rodea, capaces de tener atención y ternura ».
Ciudad del Vaticano, 2 de febrero de 2019, Fiesta de la Presentación del Señor.
Giuseppe Card. Versaldi
Prefecto
Arciv. Angelo Vincenzo Zani
Secretario



Vida Cristiana
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