viernes, 12 de enero de 2018

Algunos aspectos sobre la vocación que resalta el Catecismo de la Iglesia Católica



Ø Algunos aspectos sobre la vocación que resalta el Catecismo de la Iglesia Católica


o   Los diez mandamientos establecen los fundamentos de la vocación del hombre. Son una luz ofrecida a la conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los caminos de Dios.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1962: “La Ley antigua es el primer estado de la Ley revelada. Sus
prescripciones morales están resumidas en los Diez mandamientos. Los preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la vocación del hombre, formado a imagen de Dios. Prohíben lo que es contrario al amor de Dios y del prójimo, y prescriben lo que le es esencial. El Decálogo es una luz ofrecida a la conciencia de todo hombre para manifestarle la llamada y los caminos de Dios, y para protegerle contra el mal:
Dios escribió en las tablas de la Ley lo que los hombres no leían en sus corazones (S. Agustín, Sal. 57, 1).

o   Todos los discípulos de Cristo tenemos una vocación común: es la llamada a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo (vocación al apostolado), cuyo fundamento son los sacramentos de la iniciación cristiana. Nuestra respuesta a esa llamada.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1533: “El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los
sacramentos de la iniciación cristiana. Fundamentan la vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo. Confieren las gracias necesarias para vivir según el Espíritu en esta vida de peregrinos en marcha hacia la patria”. 
§  Nuestra respuesta a esa llamada: tratar de ajustarnos al proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2807: Santificado sea tu nombre (…).  Esta petición es
enseñada por Jesús como algo a desear profundamente y como proyecto en que Dios y el hombre se comprometen. Desde la primera petición a nuestro Padre, estamos sumergidos en el misterio íntimo de su Divinidad y en el drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea santificado nos implica en «el benévolo designio que él se propuso de antemano» para que nosotros seamos «santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Cf Efesios 1, 9. 4).

o   Todos estamos llamados a vivir las bienaventuranzas, que están en el centro de la predicación de Jesús.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1716, 1717 y 1719: Las bienaventuranzas expresan la vocación
de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y actitudes características de la vida cristiana; paradójicamente sostienen la esperanza en las tribulaciones;  descubren la meta de la existencia humana.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1820: “ (…) Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza
hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en «la esperanza que no falla» (Romanos 5, 5). La esperanza es «el ancla del alma», segura y firme, «que penetra... a donde entró por nosotros como precursor Jesús» (Hebreos  6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación: «Revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación» (1 Tesalonicenses 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: «Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación» (Romanos 12, 12). Se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear”.

o   Todos estamos llamados a la comunión con Dios.

§  Esta vocación que tiene todo hombre a la comunión con Dios, es la razón más alta de la dignidad humana. Y es el fin último y principio unificador de la existencia humana.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 27: El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque
el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar:
La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (Gaudium et spes 19,1). 

o   La vocación es llamada gratuita de Dios, que tiene siempre la iniciativa.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1998: “(...) La vocación depende enteramente de la
iniciativa gratuita de Dios, porque sólo El puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como las de toda criatura (Cf 1 Corintios 2, 7-9).”

o   A veces, se sirve de intermediarios - es la mediación -  para comunicar ese proyecto.

§  Primera lectura (de este domingo 2º del tiempo ordinario). Samuel. «Habla, Señor, que tu siervo escucha».  Ana y  Elí son los mediadores de los que se sirve el Señor para que Samuel le reconozca.
·         Samuel vivió aproximadamente entre los años 1050 a.C. y el 970 a.C., en los reinados de Saúl y David.
Samuel fue hijo de Ana, una mujer que era estéril hasta que, después de muchas oraciones por parte de
ella, el Señor le curó de la esterilidad (cfr. 1 Samuel 1). Su madre le consagró al Señor, y Samuel desde pequeño servía a Yahvé en el templo, a las órdenes del sacerdote Elí (cfr. 1 Samuel 2, 11).
Cierto día, como relata el párrafo de la primera Lectura, cuando Samuel estaba acostado, le llamó el Señor. Samuel pensó que le llamaba el sacerdote Elí, y “corrió donde Elí diciendo: «Aquí estoy porque me has llamado»”.Elí  le respondió que no le había llamado y le ordenó que fuese a acostarse. Esto sucedió por tres veces (1 Samuel 3, 4-9); la Escritura dice que la tercera vez Elí “comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»” (1 Samuel 3,9). Elí, por tanto, instruyó a Samuel  - le ayudó – para que el joven reconociese la voz del Señor, pues, como dice la misma Escritura, las tres primeras veces no había reconocido la voz del Señor: “Samuel todavía no había reconocido al Señor”(1 Samuel 3,7). A partir de entonces, el Señor indicó a Samuel la misión para la que le había llamado, le indicó su vocación: fue el primer profeta del que se sirvió el Señor para instruir a su pueblo, a sus sacerdotes y a sus reyes. La Escritura nos dice, como acabamos de escuchar en la primera Lectura, que Samuel “crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse” (v. 19); es decir, que Samuel fue fiel a su vocación, a la misión que el Señor le había encomendado.
§  Elí es modelo del verdadero educador espiritual.
·         Gianfranco Ravasi o.c. p. 155: “Elí es modelo del verdadero educador espiritual, el cual no se pone
como sustituto en el asunto personal del joven Samuel sino que lo sostiene y lo ilumina: «si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"».
                El encuentro con un guía espiritual es un don extraordinario; el testimonio ofrecido a los demás es un compromiso fundamental del creyente;  la mediación límpida del hermano es frecuentemente el camino para descubrir nuestra meta, nuestra vocación. Es sugerente la representación de Juan el Bautista en la Crucifixión de Grünewald: él tiene un enorme dedo índice que apunta hacia la cruz de Jesús.  Ciertamente la meta está más allá del dedo, está más allá del maestro, más allá del hermano que nos guía. En efecto, la confesión de Juan el Bautista es iluminadora: «Es necesario que Él crezca y yo disminuya». El verdadero educador debe ser capaz de retirarse, de convertirse  hasta en un «inútil», repitiendo al final de su misión aquella frase áspera pero decisiva de Jesús:«Somos siervos inútiles; hemos hecho solamente lo que debíamos hacer»”.  
§  La mediación de su madre Ana y del sacerdote Elí.      
·         También se puede resaltar, en la vocación de Samuel, cómo el Señor se sirve de su madre Ana – que
implora sin cesar al Señor que le cure de su esterilidad y le conceda descendencia -  para que el joven aprenda cómo estar ante el Señor.
·         El Catecismo de la Iglesia Católica  lo afirma así (n. 2578): (...) “El niño Samuel aprendió de su
madre Ana cómo «estar ante el Señor» (Cf 1 Samuel 1, 9-18) y del sacerdote Elí cómo escuchar su Palabra: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (Cf 1 Samuel 3, 9-10)  (...) ”.
§  Evangelio: los primeros discípulos del Señor. Oyeron las palabras de Juan el Bautista – que fue el mediador -  y siguieron a Jesús. Pedro es conducido a Jesús por su hermano Andrés, que fue su mediador.
·         Después de reflexionar sobre la vocación de Samuel, ahora consideramos la vocación de los primeros
discípulos del Señor Jesús. Se ha escrito que las palabras más bellas y sugestivas de la Biblia son las que nos presentan la vocación de hombres concretos; en el Antiguo Testamento encontramos - junto a la de Samuel -  tantas otras: Abrahán, Moises, David, Isaías, Jeremías, etc.; en el Nuevo Testamento encontramos también muchas Zaqueo, la Samaritana, Nicodemo ... pero seguramente las “más importantes” son las de los apóstoles  que el Señor escoge directamente, sirviéndose a veces de la mediación de otros discípulos o apóstoles. En el Evangelio que se ha leído encontramos también una mediación – la de Juan el Bautista – en la elección de dos de ellos;  a su vez uno de éstos - Andrés – es el mediador de su hermano Simón a quien el Señor cambia el nombre por Pedro; en los versículos sucesivos Jesús llama a Felipe y éste lleva Natanael a Jesús ... (43-51). Los otros tres evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas), también nos hablan del llamamiento por parte de Jesús de los primeros discípulos, señalando algunos datos diferentes de  los que hemos leído hoy.  

o   La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n.  2820: Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben
distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (Cf  Gaudium et spes 22; 32; 39; 45; Evangelii nuntiandi, 31).

o   Las circunstancias en las que vive cada uno  hacen que haya unas connotaciones específicas sobre el lugar o modalidad de vivir la vocación  común a la santidad 

§  En los fieles laicos esa vocación común a todos los fieles de la Iglesia, tiene una característica propia: la búsqueda de la santidad (del Reino de Dios, de la salvación), ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 898: “Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino
de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios... A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor» (Lumen gentium, 31)”.
§  La intervención  directa en la actividad política y en la organización de la vida social forma parte de la vocación de los fieles laicos
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2442: No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir
directamente en la actividad política y en la organización de la vida social. ö Esta tarea forma parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia iniciativa con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una pluralidad de vías concretas. Deberá atender siempre al bien común y ajustarse al mensaje evangélico y a la enseñanza de la Iglesia. Pertenece a los fieles laicos «animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia» (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 47; cf 42).
§  La vocación específica como mediadores de los padres de familia
Han de fomentar la vocación personal de cada hijo; y tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n.  1656:  “En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e
incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, «Ecclesia doméstica» (Lumen gentium, 11; cf Familiaris consortio, 21.). En el seno de la familia, «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (Lumen gentium, 11)”.
La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia.
·         Catecismo de la Iglesia Católica n.  2226: “La educación en la fe por los padres debe comenzar desde
la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (Cf Lumen gentium, 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres”.
Los padres de familia tienen como misión - como vocación -  respetar la vocación de sus hijos, y favorecer la respuesta de ellos para seguirla. La vocación primera del cristiano es seguir a Jesús.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2232:  “Los vínculos familiares, aunque son muy importantes,
no son absolutos. A la par que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús: (Cf Mateo 16, 25) «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10, 37)”.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2253: “Los padres deben respetar y favorecer la vocación de
sus hijos. Han de recordar y enseñar que la vocación primera del cristiano es la de seguir a Jesús”.

o   La vocación cristiana es también, por su misma naturaleza, vocación al apostolado: todos los cristianos estamos llamados al apostolado. Características del auténtico testigo.


·          Catecismo de la Iglesia Católica, n. 863: “Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a
través de los sucesores de S. Pedro y de los apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es «enviada» al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado». Se llama «apostolado» a «toda la actividad del Cuerpo Místico» que tiende a «propagar el Reino de Cristo por toda la tierra» (Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 2).”





Vida Cristiana

Sexo, silencio y adicciones (2018)



Ø Sexo, silencio y adicciones (2018)

Cfr. El sónar – Ignacio Aréchaga
Publicado el  por El sónar


No pasa día sin que algún personaje famoso en EE.UU. sea denunciado públicamente, llevado a los tribunales o cesado en su puesto por abusos sexuales. Pero, más allá de los casos personales, están emergiendo toda una serie de prácticas que tanto en Hollywood como en grandes empresas han contribuido a favorecer la ley del silencio.
Microsoft ha dado un paso al frente y ha decidido eliminar en sus contratos laborales la cláusula que obligaba a sus empleados a resolver las denuncias por acoso sexual por arbitraje interno en la empresa, en vez de acudir a los tribunales. Ahora la tecnológica de Redmond piensa que la resolución de estos problemas a puerta cerrada contribuye a perpetuar los abusos. No hay que olvidar que antes de que algunas mujeres denunciaran a Harvey Weinstein en el reportaje del New York Times, ya algunos desmanes del productor habían sido arreglados con dinero en negociaciones privadas.
Pero no pensemos que la práctica del arreglo interno haya sido una peculiaridad de Microsoft. Este tipo de cláusulas son habituales en muchas empresas, sobre todo en las más grandes. Según se dice en las informaciones, 60 millones de estadounidenses no tienen opción de acudir a los tribunales porque están obligados por contrato a resolver estos litigios internamente. En la resaca de estos escándalos, los senadores Lindsey Graham y Kirsten Gillibrand han presentado un proyecto de ley para prohibir este tipo de cláusulas, en las que se pacta una compensación al margen de los tribunales.
También es curioso que después de haber criticado tanto a la Iglesia católica porque en algunas diócesis se silenciaron los abusos sexuales con procedimientos puramente internos y con indemnizaciones a las víctimas, ahora resulta que esto es una práctica habitual en las empresas americanas.

Si se trata de acabar con la ley del silencio, es inevitable preguntarse por qué la industria de Hollywood ha estado tanto tiempo callada ante los abusos de Weinstein y de otros famosos del cine. Los que antes eran uña y carne con Weinstein se han apresurado a condenarle y a asegurar que ellos no sabían nada. Junto a las denuncias del MeTootambién podría calificarse de  trending topic el Yotampoco sabía. Es posible. Pero actrices víctimas de Weinstein no han dudado en calificar de hipócritas a gente del círculo del productor, que al menos prefirieron no enterarse y que ahora se apuntan a la moda del MeToo. Rose McGowan no dudó en señalar a Meryl Streep, que asegura no haber sabido nada de los abusos de su amigo Weinstein. Si fuera un obispo que dijera no haber sabido nada de los abusos de algunos curas, nadie le creería. Pero tratándose de Meryl Streep, hay que respetar la presunción de ignorancia.
Sus intentos de distanciarse del productor se han visto amargados por una campaña callejera de un artista seguidor de Trump, que ha llenado lugares estratégicos de Los Ángeles con un poster en el que aparece Streep junto a Weinstein, ambos sonrientes, y ella con los ojos cubiertos con una franja roja que dice “She Knew” (Ella sabía). Este Banksy de derechas admite que no le consta que Streep conociera los abusos de Weinstein, pero, según declara al Guardian, “creo que cualquiera en la industria cinematográfica tenía una idea bastante clara de lo que sucedía”.
Los periódicos liberales han salido en defensa de la actriz icono de Hollywood. Pero cuando una ha utilizado su discurso en los pasados Globos de Oro para meterse con Trump y presentarse como adalid de los derechos de la mujer, hay que estar preparada para recibir fuego de la artillería enemiga y quizá alguno de la amiga. Y ahora que la temporada de los Globos y de los Oscar está a la vuelta de la esquina, hay que tener las espaldas bien cubiertas en la alfombra roja. Por de pronto, una campaña de actrices de Hollywood ha pedido a las famosas que pisarán la alfombra roja en los próximos Globos de Oro que se vistan de negro para concienciar al público sobre el movimiento. No han dicho de qué modistos serán los exclusivos trajes negros.

Si el negro va a ser el color de moda en los premios, la moda entre los acusados de abusos es someterse a terapia contra la adicción al sexo. Incluso lo dicen en sus peticiones de excusas como muestra de arrepentimiento y deseos de enmienda. Kevin Spacey y Harvey Weinstein son compañeros de terapia en una clínica puntera en el tratamiento de adicciones en el desierto de Arizona. Según el periódico The Arizona Republic, en el programa están prohibidos los móviles, la televisión, ordenadores, reproductores de música, videojuegos e instrumentos musicales. Vamos, una trapa. Eso sí, sus propietarios no han hecho voto de pobreza y cobran 37.000 dólares al mes a cada paciente.
Su programa de 30 objetivos en 45 días comienza por salir de la negación y entender la naturaleza de la enfermedad, para centrarse en las raíces de la adicción al sexo y tratar de recuperar el equilibrio interior. “La adicción al sexo es como cargar una gran piedra que va contigo a todas partes”, dice el director de la clínica, Patrick Carnes. “Los secretos sexuales que albergas en tu conciencia pueden hacer la vida ingobernable. Gentle Path [nombre de la clínica] es el lugar donde vas a soltar esa piedra, reivindicar sueños perdidos, y lograr un cambio profundo que dure a largo plazo”. Estupendos objetivos. En cierto modo suena como la terapia espiritual de una confesión laica.
Lo que uno se pregunta es si no sería más productivo y más barato inculcar desde la escuela y la familia una visión más sana y más digna de la sexualidad, ejercitarse en aptitudes para controlar los impulsos, clarificar la mirada para ver al otro/a como una persona y no como un mero instrumento para mi satisfacción sexual.
En definitiva, vistos los derrapajes de la revolución sexual, ¿no habría que redescubrir la templanza y probar con la castidad? Sí, esa virtud que tanto asusta a los diseñadores de los programas de educación sexual, que se considera irreal, pero que luego se pretende inculcar con terapias carísimas en el desierto de Arizona. Por lo menos, la enseñanza de la castidad ha sido tradicionalmente gratis. Quizá habría que ponerle un precio módico para revalorizarla. La Iglesia católica, que tiene una rica experiencia en este aprendizaje de la castidad, podría ofrecer sus servicios en un campo donde en estos momentos apenas hay competencia.


Vida Cristiana

Domingo Tiempo Ordinario Ciclo B 14 enero de 2018


Ø Domingo Segundo del Tiempo Ordinario, Ciclo B. (2018). La vida como vocación: el proyecto de Dios para cada uno de nosotros. La vocación de Samuel (primera Lectura); la de Andrés y de Simón (Evangelio).  Este tiempo litúrgico que acaba de comenzar, nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús. Debemos redescubrir a Jesús  continuamente como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. Dios tiene un proyecto para todos, llama a todos, todos tenemos una vocación. Nuestra respuesta a esa llamada: ajustarnos al proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros. Dios siempre tiene la iniciativa gratuita, y a veces se sirve de intermediarios para comunicar su proyecto.

v  Cfr. 2 Domingo Tiempo Ordinario Ciclo B 14 enero de 2018

1 Samuel 3, 3-11; 1 Corintios  6, 13-15.17-20; Juan 1, 35-42.

1 Samuel 3, 3b-10. 19: En aquellos días, 3 Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. 4 El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» 5 Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: - «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. 6 Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: - «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» 7 Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. 8 Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, 9 y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"» Samuel fue y se acostó en su sitio. 10 El Señor se presentó y le llamó como antes: - «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: - «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse. 19 Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.
Salmo responsorial  Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (vv: 8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R
Entonces Yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R.
Juan 1, 35-42: 35 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: - «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: - «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: - «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 39 Él les dijo: - «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: - «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Habla, Señor, que tu siervo escucha.
(Primera Lectura, 1 Samuel 3, 10)
Aquí estoy, para hacer tu voluntad
(Salmo Responsorial, 39)
Hemos encontrado al Mesías, al Cristo
(Aleluya antes del Evangelio, Juan 1, 41)
Vieron donde vivía y se quedaron con él
(Evangelio, Juan 1, 39)

1. La vocación de Samuel (primera Lectura) y de los primeros Apóstoles.

     Cfr. San Juan Pablo II, Homilía en la parroquia romana de Santa Mª Liberadora (14-I-1979)
·         Dios llama por su nombre a un joven; lo llama con voz perceptible, pronunciando su nombre.
Samuel oye la voz y despierta tres veces del sueño, y por tres veces no logra comprender de quién es la voz que lo llama por su nombre. Sólo la cuarta vez, aleccionado por Helí, da una respuesta oportuna: “Habla Yavé, que tu siervo escucha” (1 Samuel 3,9).
Este pasaje del libro de Samuel nos permite comprender más a fondo la vocación de los primeros Apóstoles: de Andrés y de Pedro, llamados por Jesucristo. También ellos aceptan la llamada, siguen a Jesús; primero Andrés que anuncia a su hermano: “Hemos hallado al Mesías”; luego, a su vez, Simón, a quien Jesús, en este primer encuentro, predice su nuevo nombre: “Cefas” (“que quiere decir Pedro”, Juan 1,42). (…)
Dios que llama al hombre a su servicio y le asigna una tarea, tiene sobre él el derecho fundamental, porque es Creador y Redentor de cada uno de nosotros. Si nos llama, si nos invita a seguir un determinado camino, lo hace para que no desvirtuemos su obra, para que respondamos con nuestra misma vida al don que recibimos de Él, para que vivamos de manera digna del hombre que es “templo de Dios”, para que seamos capaces de cumplir el deber particular que quiere confiarnos.

v  Sólo a la cuarta vez Samuel descubre la vocación.

Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno B, p. 152
·         Se trata de una llamada progresiva, con varias etapas, no de una irrupción tempestuosa y
deslumbrante, como fue para Pablo el camino hacia Damasco; se trata de un lento aprendizaje que inicia con una primera llamada en la paz nocturna del Templo «cuando la lámpara del arca todavía no se había apagado» y el joven Samuel se había dejado llevar por el sueño sencillo y sereno de los jóvenes. (…).
            La adhesión de Samuel es fresca, juvenil pero todavía ciega y, por tanto, decepcionante: Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: - «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Será solamente  a la cuarta vez, después de tres fracasos, cuando Samuel descubre su verdadera vocación,  la de no ser un simple siervo de un sacerdote  sino ministro del Dios viviente, su profeta y portavoz. Del seno de aquella noche resurge un nuevo hombre con un nuevo destino; en aquella  alba, como Jacob en las orillas del río Yaboc (Génesis 32), también Samuel nace de modo pleno y auténtico.  

v  Introducción a la liturgia de este domingo, y al tiempo ordinario en general, que acaba de comenzar.  

                  Cfr. Benedicto XVI: Un año para buscar y encontrar a Cristo – En el rezo del Angelus, al
                  Inicio del tiempo ordinario del año litúrgico Ciclo B,  domingo 15 de enero del 2006.

o   Este tiempo nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús.

§  Debemos redescubrirlo continuamente como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre.
El domingo pasado, en el que celebramos el Bautismo del Señor, comenzó el tiempo ordinario del año litúrgico. La belleza de este tiempo consiste en el hecho de que nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un camino de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús, continuamente descubierto y redescubierto como Maestro y Señor, Camino, Verdad, y Vida del hombre. Es lo que nos sugiere el Evangelio de Juan en la liturgia de este día, al presentarnos el primer encuentro entre Jesús y algunos de los que se convirtieron en sus apóstoles.
Eran discípulos de Juan Bautista, y él precisamente les acercó a Jesús, cuando, tras el Bautismo en el Jordán, le presentó como el «Cordero de Dios» (Juan 1, 36). Dos de sus discípulos, entonces, siguieron al Mesías, quien les preguntó: «¿Qué buscáis?». Los dos le preguntaron: «Maestro, ¿dónde vives?». Y Jesús respondió: «Venid y lo veréis», es decir, les invitó a seguirle y a pasar un momento con Él. Quedaron tan impresionados en las pocas horas pasadas con Jesús, que inmediatamente uno de ellos, Andrés, se fue a ver a su hermano Simón para decirle: «Hemos encontrado al Mesías». Nos encontramos con dos palabras particularmente significativas: «buscar», «encontrar».

o   La alegría de buscar y encontrar al Señor.

§  Él nos sale al paso para darnos su comunión y su plenitud de vida.
            Podemos extraer de este pasaje evangélico de hoy estos dos verbos y sacar una indicación fundamental para el año nuevo, un tiempo en el que queremos renovar nuestro camino espiritual con Jesús, con la alegría de buscarlo y encontrarlo incesantemente. La alegría más auténtica, de hecho, está en la relación con Él al haberlo encontrado, seguido, conocido, amado, gracias a una continua tensión de la mente y del corazón. Ser discípulo de Cristo: esto le basta al cristiano. La amistad con el Maestro asegura al alma paz profunda y serenidad incluso en los momentos oscuros y en las pruebas más difíciles. Cuando la fe atraviesa noches oscuras, en las que se deja de «oír» y «ver» la presencia de Dios, la amistad de Jesús garantiza que en realidad no hay nada que nos pueda separar de su amor (Cf. Romanos 8, 39).

o   Al inicio del nuevo año retomamos este camino de fe que nunca acaba.

Buscar y encontrar a Cristo, manantial inagotable de verdad y de vida: la palabra de Dios nos invita a retomar, al inicio de un nuevo año este camino de fe que nunca acaba. «Maestro, ¿dónde vives?», preguntamos también nosotros a Cristo y Él nos responde: «Venid y lo veréis». Para el creyente, se trata siempre de una incesante búsqueda y de un nuevo descubrimiento, pues Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero nosotros, el mundo, la historia, no somos nunca los mismos, y Él nos sale al paso para darnos su comunión y su plenitud de vida. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a seguir a Jesús, experimentando cada día la alegría de penetrar cada vez más en su misterio.

2. Dios tiene un proyecto para todos, llama a todos, todos tenemos una vocación.


v  Un equívoco: cuando pensamos que la vocación es exclusivamente la sacerdotal o la religiosa

·         Cuando se habla de vocación, a veces se suele reducir este hecho - erróneamente – a la vocación de los
Apóstoles; o se hace referencia exclusivamente a la vocación del sacerdote, o del religioso/a, o del misionero/a, etc. Sin embargo, existe una vocación para todos los  hombres y mujeres: es común a todos, aunque muchísimos no lo sepan o encuentren dificultades en descubrirla. Por ello, vamos a ver algunas pistas que nos da  el Catecismo de la Iglesia Católica sobre el proyecto de Dios para todos los hombres y mujeres, que tiene connotaciones específicas, dependiendo de las circunstancias de la vida de cada uno. A través de esas pistas,  más fácilmente podamos encontrar  nuestro lugar en la vida y, también, ayudar a otros a encontrarlo.  
·         Gianfranco Ravasi, o.c. p. 154: “En realidad existe una «vocación» que precede y alimenta esa y todas
las otras vocaciones:  es la llamada a la fe en Cristo, raíz y soporte de toda otra elección de vida espiritual” .

3. Dios siempre tiene la iniciativa gratuita, y a veces se sirve de intermediarios para comunicar su proyecto.


o   La vocación es llamada gratuita de Dios, que tiene siempre la iniciativa.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1998: “(...) La vocación depende enteramente de la iniciativa
gratuita de Dios, porque sólo Él puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como las de toda criatura (Cf 1 Corintios 2, 7-9).”

o   A veces, se sirve de intermediarios - es la mediación -  para comunicar ese proyecto.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2578: (...) “El niño Samuel aprendió de su madre Ana cómo «estar
ante el Señor» (Cf 1 Samuel 1, 9-18) y del sacerdote Elí cómo escuchar su Palabra: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (Cf 1 Samuel 3, 9-10)  (...) ”.
§  Primera lectura (de este domingo 2º del tiempo ordinario). Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».  Ana y  Elí son los mediadores de los que se sirve el Señor para que Samuel le reconozca.
·         Samuel vivió aproximadamente entre los años 1050 a.C. y el 970 a.C., en los reinados de Saúl y David.
Samuel fue hijo de Ana, una mujer que era estéril hasta que, después de muchas oraciones por parte de
ella, el Señor le curó de la esterilidad (cfr. 1 Samuel 1). Su madre le consagró al Señor, y Samuel desde pequeño servía a Yahvé en el templo, a las órdenes del sacerdote Elí (cfr. 1 Samuel 2, 11).
Cierto día, como relata el párrafo de la primera Lectura, cuando Samuel estaba acostado, le llamó el Señor. Samuel pensó que le llamaba el sacerdote Elí, y “corrió donde Elí diciendo: «Aquí estoy porque me has llamado»”.Elí  le respondió que no le había llamado y le ordenó que fuese a acostarse. Esto sucedió por tres veces (1 Samuel 3, 4-9); la Escritura dice que la tercera vez Elí “comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»” (1 Samuel 3,9). Elí, por tanto, instruyó a Samuel  - le ayudó – para que el joven reconociese la voz del Señor, pues, como dice la misma Escritura, las tres primeras veces no había reconocido la voz del Señor: “Samuel todavía no había reconocido al Señor”(1 Samuel 3,7). A partir de entonces, el Señor indicó a Samuel la misión para la que le había llamado, le indicó su vocación: fue el primer profeta del que se sirvió el Señor para instruir a su pueblo, a sus sacerdotes y a sus reyes. La Escritura nos dice, como acabamos de escuchar en la primera Lectura, que Samuel “crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse” (v. 19); es decir, que Samuel fue fiel a su vocación, a la misión que el Señor le había encomendado.
§  Elí es modelo del verdadero educador espiritual.
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme 4ª Edizione
1996, p. 155
·         “Elí es modelo del verdadero educador espiritual, el cual no se pone como sustituto en el asunto personal
del joven Samuel sino que lo sostiene y lo ilumina: «si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
                El encuentro con un guía espiritual es un don extraordinario; el testimonio ofrecido a los demás es un compromiso fundamental del creyente;  la mediación límpida del hermano es frecuentemente el camino para descubrir nuestra meta, nuestra vocación. Es sugerente la representación de Juan el Bautista en la Crucifixión de Grünewald: él tiene un enorme dedo índice que apunta hacia la cruz de Jesús.  Ciertamente la meta está más allá del dedo, está más allá del maestro, más allá del hermano que nos guía. En efecto, la confesión de Juan el Bautista es iluminadora: «Es necesario que Él crezca y yo disminuya». El verdadero educador debe ser capaz de retirarse, de convertirse  hasta en un «inútil», repitiendo al final de su misión aquella frase áspera pero decisiva de Jesús: «Somos siervos inútiles; hemos hecho solamente lo que debíamos hacer»”.  
§  La mediación de su madre Ana      
·         También se puede resaltar, en la vocación de Samuel, cómo el Señor se sirve de su madre Ana – que
implora sin cesar al Señor que le cure de su esterilidad y le conceda descendencia -  para que el joven aprenda cómo estar ante el Señor. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, como se acaba de señalar).
§  Evangelio: los primeros discípulos del Señor. Oyeron las palabras de Juan el Bautista – que fue el mediador -  y siguieron a Jesús. Pedro es conducido a Jesús por su hermano Andrés, que fue su mediador.
·         Después de reflexionar sobre la vocación de Samuel, ahora consideramos la vocación de los primeros
discípulos del Señor Jesús. Se ha escrito que las palabras más bellas y sugestivas de la Biblia son las que nos presentan la vocación de hombres concretos; en el Antiguo Testamento encontramos - junto a la de Samuel -  tantas otras: Abrahán, Moises, David, Isaías, Jeremías, etc.; en el Nuevo Testamento encontramos también muchas Zaqueo, la Samaritana, Nicodemo ... pero seguramente las “más importantes” son las de los apóstoles  que el Señor escoge directamente, sirviéndose a veces de la mediación de otros discípulos o apóstoles. En el Evangelio que se ha leído encontramos también una mediación – la de Juan el Bautista – en la elección de dos de ellos;  a su vez uno de éstos - Andrés – es el mediador de su hermano Simón a quien el Señor cambia el nombre por Pedro; en los versículos sucesivos Jesús llama a Felipe y éste lleva Natanael a Jesús ... (43-51). Los otros tres evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas), también nos hablan del llamamiento por parte de Jesús de los primeros discípulos, señalando algunos datos diferentes de  los que hemos leído hoy.
  

Vida Cristiana

sábado, 6 de enero de 2018

Solemnidad de la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2018.


Ø Fiesta de la Epifanía del 6 de enero de 2018. Conmemoración de la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre. Esa manifestación tuvo lugar con la adoración de los Magos referida por S. Mateo.  Esta fiesta subraya el destino y el significado universales del nacimiento de Jesús: vino no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos. Hoy proponemos una homilía de Benedicto XVI, pronunciada el 6 de enero de 2011. Acerca de los encuentros que tuvieron en Jerusalén (con Herodes, con expertos en las Escrituras y con la Estrella) cuando iban hacia Belén para adorar al Niño Dios.  

v  Cfr. Solemnidad de la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2018.

Isaías 60, 1-6; Efesios 3, 2-3.5-6; Mateo 2, 1-12
·                     Isaías 60, 1-6- La gloria del Señor amanece sobre ti! - ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
·         Salmo responsorial  - Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)  - R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los
pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R. Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
·         Efesios 3, 2-3a. 5-6 - Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa
Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
·         Aleluya Mt 2, 2 - Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor.
Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente a adorar al Rey. Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: -«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»  Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Una meditación sobre los Magos:
sobre su camino en busca del Mesías.
Tres encuentros que tuvieron,
en la gran ciudad de Jerusalén.
Su deseo de dejarse guiar
por los signos de Dios.

v  Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2011.

Queridos hermanos y hermanas:

Los Magos: personas en busca de una luz capaz de indicar el camino que es preciso

recorrer en la vida.  


v  Tenían la certeza de que en la creación existe lo que podríamos definir la «firma» de Dios.

o   Lo que encontraron en  su camino, en la gran ciudad de Jerusalén.

En la solemnidad de la Epifanía la Iglesia sigue contemplando y celebrando el misterio del nacimiento de Jesús salvador. En particular, la fiesta de hoy subraya el destino y el significado universales de este nacimiento. Al hacerse hombre en el seno de María, el Hijo de Dios vino no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos. Y la Iglesia nos invita hoy a meditar y orar precisamente sobre los Magos y sobre su camino en busca del Mesías (cf. Mt 2, 1-12). En el Evangelio hemos escuchado que los Magos, habiendo llegado a Jerusalén desde el Oriente, preguntan: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo» (v. 2). ¿Qué clase de personas eran y qué tipo de estrella era esa? Probablemente eran sabios que escrutaban el cielo, pero no para tratar de «leer» en los astros el futuro, quizá para obtener así algún beneficio; más bien, eran hombres «en busca» de algo más, en busca de la verdadera luz, una luz capaz de indicar el camino que es preciso recorrer en la vida. Eran personas que tenían la certeza de que en la creación existe lo que podríamos definir la «firma» de Dios, una firma que el hombre puede y debe intentar descubrir y descifrar. Tal vez el modo para conocer mejor a estos Magos y entender su deseo de dejarse guiar por los signos de Dios es detenernos a considerar lo que encontraron, en su camino, en la gran ciudad de Jerusalén.

v  A. Ante todo encontraron al rey  Herodes

o   Éste consideraba a Dios como un rival.

§  ¿También nosotros somos ciegos ante los signos de Dios, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone límites a nuestra vida y no nos permite disponer de nuestra existencia como nos plazca?
Ante todo encontraron al rey Herodes. Ciertamente, Herodes estaba interesado en el niño del que hablaban los Magos, pero no con el fin de adorarlo, como quiere dar a entender mintiendo, sino para eliminarlo. Herodes es un hombre de poder, que en el otro sólo ve un rival contra el cual luchar. En el fondo, si reflexionamos bien, también Dios le parece un rival, más aún, un rival especialmente peligroso, que querría privar a los hombres de su espacio vital, de su autonomía, de su poder; un rival que señala el camino que hay que recorrer en la vida y así impide hacer todo lo que se quiere. Herodes escucha de sus expertos en las Sagradas Escrituras las palabras del profeta Miqueas (5, 1), pero sólo piensa en el trono. Entonces Dios mismo debe ser ofuscado y las personas deben limitarse a ser simples peones para mover en el gran tablero de ajedrez del poder. Herodes es un personaje que no nos cae simpático y que instintivamente juzgamos de modo negativo por su brutalidad. Pero deberíamos preguntarnos: ¿Hay algo de Herodes también en nosotros? ¿También nosotros, a veces, vemos a Dios como una especie de rival? ¿También nosotros somos ciegos ante sus signos, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone límites a nuestra vida y no nos permite disponer de nuestra existencia como nos plazca? Queridos hermanos y hermanas, cuando vemos a Dios de este modo acabamos por sentirnos insatisfechos y descontentos, porque no nos dejamos guiar por Aquel que está en el fundamento de todas las cosas. Debemos alejar de nuestra mente y de nuestro corazón la idea de la rivalidad, la idea de que dar espacio a Dios es un límite para nosotros mismos; debemos abrirnos a la certeza de que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, no amenaza; más aún, es el único capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir en plenitud, de experimentar la verdadera alegría.

v  B. Encontraron también a estudiosos, teólogos, expertos.

o   La tentación de considerar   las  S. Escrituras más como objeto de estudio y de debate de especialistas que como el Libro que nos enseña el camino para llegar a la vida.

§  Queremos construir nuestra existencia sobre la roca y no sobre la arena.
Los Magos, luego, se encuentran con los estudiosos, los teólogos, los expertos que lo saben todo sobre las Sagradas Escrituras, que conocen las posibles interpretaciones, que son capaces de citar de memoria cualquier pasaje y que, por tanto, son una valiosa ayuda para quienes quieren recorrer el camino de Dios. Pero, afirma san Agustín, les gusta ser guías para los demás, indican el camino, pero no caminan, se quedan inmóviles. Para ellos las Escrituras son una especie de atlas que leen con curiosidad, un conjunto de palabras y conceptos que examinar y sobre los cuales discutir doctamente. Pero podemos preguntarnos de nuevo: ¿no existe también en nosotros la tentación de considerar las Sagradas Escrituras, este tesoro riquísimo y vital para la fe la Iglesia, más como un objeto de estudio y de debate de especialistas que como el Libro que nos señala el camino para llegar a la vida? Creo que, como indiqué en la exhortación apostólica Verbum Domini, debería surgir siempre de nuevo en nosotros la disposición profunda a ver la palabra de la Biblia, leída en la Tradición viva de la Iglesia (n. 18), como la verdad que nos dice qué es el hombre y cómo puede realizarse plenamente, la verdad que es el camino a recorrer diariamente, junto a los demás, si queremos construir nuestra existencia sobre la roca y no sobre la arena.

v  C. Encontraron una estrella.

o   Lo esencial para conocer esa estrella, más allá de los estudios de los astrónomos, es que esos hombres buscaban la “firma” de la creación, el sentido último de la realidad. El lenguaje de la creación.

Pasemos ahora a la estrella. ¿Qué clase de estrella era la que los Magos vieron y siguieron? A lo largo de los siglos esta pregunta ha sido objeto de debate entre los astrónomos. Kepler, por ejemplo, creía que se trataba de una «nova» o una «supernova», es decir, una de las estrellas que normalmente emiten una luz débil, pero que pueden tener improvisamente una violenta explosión interna que produce una luz excepcional. Ciertamente, son cosas interesantes, pero que no nos llevan a lo que es esencial para entender esa estrella. Debemos volver al hecho de que esos hombres buscaban las huellas de Dios; trataban de leer su «firma» en la creación; sabían que «el cielo proclama la gloria de Dios» (Sal 19, 2); es decir, tenían la certeza de que es posible vislumbrar a Dios en la creación. Pero, al ser hombres sabios, sabían también que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en busca del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios, suscitado por la fe, como es posible encontrarlo, más aún, como resulta posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Al contemplarlo, se nos invita a leer en él algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor a nosotros. No deberíamos permitir que limiten nuestra mente teorías que siempre llegan sólo hasta cierto punto y que —si las miramos bien— de ningún modo están en conflicto con la fe, pero no logran explicar el sentido último de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos menos de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos de dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra. Si tenemos esta mirada, veremos que el que creó el mundo y el que nació en una cueva en Belén y sigue habitando entre nosotros en la Eucaristía son el mismo Dios vivo, que nos interpela, nos ama y quiere llevarnos a la vida eterna.

o   La estrella desapareció en Jerusalén.

§  Tuvieron que constatar que aquel recién nacido no se encontraba en los lugares del poder y de la cultura, aunque en esos lugares se daban valiosas informaciones sobre él. Los criterios de Dios.
Herodes, los expertos en las Escrituras, la estrella. Sigamos el camino de los Magos que llegan a Jerusalén. Sobre la gran ciudad la estrella desaparece, ya no se ve. ¿Qué significa eso? También en este caso debemos leer el signo en profundidad. Para aquellos hombres era lógico buscar al nuevo rey en el palacio real, donde se encontraban los sabios consejeros de la corte. Pero, probablemente con asombro, tuvieron que constatar que aquel recién nacido no se encontraba en los lugares del poder y de la cultura, aunque en esos lugares se daban valiosas informaciones sobre él. En cambio, se dieron cuenta de que a veces el poder, incluso el del conocimiento, obstaculiza el camino hacia el encuentro con aquel Niño. Entonces la estrella los guió a Belén, una pequeña ciudad; los guió hasta los pobres, hasta los humildes, para encontrar al Rey del mundo. Los criterios de Dios son distintos de los de los hombres. Dios no se manifiesta en el poder de este mundo, sino en la humildad de su amor, un amor que pide a nuestra libertad acogerlo para transformarnos y ser capaces de llegar a Aquel que es el Amor. Pero incluso para nosotros las cosas no son tan diferentes de como lo eran para los Magos. Si se nos pidiera nuestro parecer sobre cómo Dios habría debido salvar al mundo, tal vez responderíamos que habría debido manifestar todo su poder para dar al mundo un sistema económico más justo, en el que cada uno pudiera tener todo lo que quisiera. En realidad, esto sería una especie de violencia contra el hombre, porque lo privaría de elementos fundamentales que lo caracterizan. De hecho, no se verían involucrados ni nuestra libertad ni nuestro amor. El poder de Dios se manifiesta de un modo muy distinto: en Belén, donde encontramos la aparente impotencia de su amor. Y es allí a donde debemos ir y es allí donde encontramos la estrella de Dios.

o   La Palabra de Dios es la verdadera estrella. Escuchar la voz de las Escrituras.

§  Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos.  
Y también nosotros podremos convertirnos en estrellas para los demás.
Así resulta muy claro también un último elemento importante del episodio de los Magos: el lenguaje de la creación nos permite recorrer un buen tramo del camino hacia Dios, pero no nos da la luz definitiva. Al final, para los Magos fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino. La Palabra de Dios es la verdadera estrella que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina. Queridos hermanos y hermanas, dejémonos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios; sigámosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos. Y también nosotros podremos convertirnos en estrellas para los demás, reflejo de la luz que Cristo ha hecho brillar sobre nosotros. Amén.




Vida Cristiana


viernes, 5 de enero de 2018

Mi preferida: Santiago Agrelo


Tú eres mi elegida a quien prefiero

Celebramos el misterio del Bautismos del Señor: “Apenas se bautizó el Señor se abrió el cielo, y el Espíritu se posó sobre él como una paloma. Y se oyó la voz del Padre, que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.
Ahora, Iglesia de Cristo, entra en ese misterio que celebras.
Abre los ojos de la fe y verás que se te ha abierto la morada misma donde Dios habita, pues oyes la voz del Padre, ves al Espíritu Santo, y se te revela la presencia del Hijo predilecto del Padre.
Me dirás con razón que tal cosa es imposible.
Es verdad: nosotros no podemos traspasar la frontera de Dios, pero él puede traspasar nuestras fronteras: es él quien ha venido a tu morada, a tu tierra, a tu pobreza.
El misterio de Dios se ha hecho tan cercano al hombre que pasa por la vida del hombre Cristo Jesús. El cielo se ha hecho tan cercano a la tierra que la Trinidad Santa la ilumina con la claridad de su luz.
Escucha ahora el evangelio de este día: “Tú eres mi Hijo amado, mi preferido”.
En Dios, ésas son palabras de un diálogo eterno de amor.
Pero ahora son también palabras de un diálogo con el hombre, palabras pronunciadas en nuestra tierra, en nuestro tiempo, sobre uno de nosotros, sobre uno como nosotros, sobre un pobre.
Recuerda, Iglesia santa, con cuánta insistencia se te ha dicho durante el tiempo de Navidad que hoy termina: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.
Recuérdalo y admira lo que eso significa. A ese hombre, a ese hijo que nos ha nacido, a ese niño que se nos ha dado, a esa carne de nuestra carne, a ese humillado que se bautiza entre los humillados del mundo, el Padre Dios puede decirle con toda verdad: “Tú eres mi Hijo amado, mi preferido”.
Lo que era verdad sólo en el cielo, lo es ya también y para siempre en la tierra.
Ése es, Iglesia santa, el fondo luminoso de tu fiesta de hoy.
A ese fondo, añade luego los detalles del misterio que contemplas: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu… Promoverá fielmente el derecho”.
Ves que en ese hombre nuevo se dan la mano el Hijo y el Siervo, el amado de Dios y el que Dios ha enviado a promover el derecho entre los hombres, el que es elegido de Dios y el que es luz de las naciones.
Aún no has considerado, sin embargo, lo más asombroso del misterio que celebras, pues a Cristo Jesús, al Siervo de Dios, al Hijo preferido del Padre Dios, tú has sido unida en admirable comunión por la fe, de tal modo que puedes decir con verdad: Él se bautiza y yo soy purificada; él se bautiza, y yo soy santificada; él se bautiza, y sobre mí baja el Espíritu Santo; él se bautiza, y yo oigo la voz del Padre que me dice: “Tú eres mi elegida a quien prefiero”.
De esa comunión admirable y dichosa es sacramento la eucaristía que estamos celebrando. No olvides tu pobreza, Esposa de Cristo, que hoy haces comunión con el Hijo de Dios. Dichosa tú, que has creído, porque hoy los cielos se abren para ti, y baja sobre ti el Espíritu del Señor, y la voz del Padre te penetra con su declaración de amor. Dichosa tú, humanidad nueva, que el Señor ha llamado con justicia, que tu Dios ha tomado de la mano, para hacerte luz de las naciones.
No olvides tu pobreza, no olvides que eres amada, no olvides a los pobres.

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