domingo, 15 de marzo de 2020

Domingo 3º de Cuaresma, Ciclo A (2020). El encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo de Jacob.


[Chiesa/Omelie1/Quaresima/3A20AguaQueSaltaHastaVidaEterna]

Ø Domingo 3º de Cuaresma, Ciclo A (2020). El encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo de Jacob. El agua viva de la que le habla Jesús, simboliza la acción del Espíritu Santo en el Bautismo. El Espíritu es el agua viva que brota de Cristo crucificado como de su manantial y que en nosotros brota en vida eterna. El creyente tiene necesidad de Dios y de su palabra para estar vivo y existir. Cristo es el agua que lleva a la vida eterna. Jesús invita a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo íntimo del corazón, a despertar las esperanzas más profundas: importancia del examen de conciencia. “Golpearás la peña, y saldrá de ella agua” (Éxodo 17,6). Jesús indica a la Samaritana  el camino que lleva al agua. Es el camino de la conversión y de las obras buenas.


Juan 4, 5-42: 5 Jesús llegó a una ciudad de Samaría, llamada Sicar, junto al campo que le dio Jacob a su hijo José. 6 Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado en el pozo. Era más o menos la hora sexta. 7 Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: - Dame de beber  8– sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos.  9 Entonces le dijo la mujer samaritana: - ¿Cómo tú siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? – porque los judíos no se tratan  con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: -Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva.  Etc.


v  Cfr. Domingo 3º de Cuaresma Ciclo A  15 de marzo de 2020

Éxodo 17, 3-7; Romanos 5, 1-2.5-8; Juan 4, 5-42
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará de todas vuestras inmundicias.
Y os infundiré un espíritu nuevo – dice el Señor
(Cfr. Antífona de entrada, Exequiel 36.23.24.25.26)

Todo el que bebe de esta agua [de la del pozo]
tendrá sed de nuevo –respondió Jesús -,
pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más,
sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua
que salta hasta la vida eterna.
(Evangelio de hoy, Juan 4, 13-14)

1.    El encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo de Jacob: le prometa a la mujer que le dará un agua “viva” (v. 10).


-        Jesús le dijo: “El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el

agua que yo le daré se hará en él  fuente de agua que  salta hasta la vida eterna” (v. 14).


-       Esa agua viva es un don exclusivo de Dios, que en el lenguaje bíblico y litúrgico se

refiere a un “signo de vida , di prosperidad, de bienestar en la esfera del espíritu”.  Más en concreto, se refiere  a la acción del Espíritu Santo, realidad de la que habla el mismo Jesús en Juan 7, 38-39: “Si alguno tiene sed, venga a mí;  y beba  quien cree en mí. Como dice la Escritura, de sus entrañas brotarán ríos de agua viva. Se refirió con esto al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él”. 


-       Se trata del agua de la salvación, realidad que encontramos en textos de la Biblia[1]:

“Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación” (Isaías  12,3); vid. el torrente del Templo en Ezequiel 47, 1-12;  etc. “Como de la roca salió el agua que quietó la sed  a los hebreos, así de Cristo (1 Corintios 10, 4) surge el agua del Espíritu Santo que vivifica a los creyentes”[2].


-       La sed es el símbolo de nuestros deseos, de aquello que ansiamos.  En la vida cristiana se ha
considerado como el símbolo de la nostalgia de Dios, de su búsqueda. Pero, tendremos en cuenta que cuando nosotros buscamos a Dios,  Él ya nos buscó primero.

2.    El agua en el Catecismo de la Iglesia Católica (algunos números)


o   El agua, desde el origen del mundo, es la fuente de la vida y de la fecundidad

- n. 1218: Desde el origen del mundo, el agua, criatura humilde y admirable, es la fuente de la vida y de la fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el Espíritu de Dios «se cernía» sobre ella  (Cf Génesis 1, 2):
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar (MR, Vigilia Pascual, bendición del agua bautismal, 42).

o   Dios habla al hombre a través de la creación visible

- n. 1147: Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador (Cf Sabiduría 13, 1; Romanos 1, 19-20; Hechos 14, 17). La luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad.
- n. 1094: (...) El  agua de la roca era la figura de los dones espirituales de Cristo (Cf 1 Corintios 10, 1-6) (...) [Cf. Exodo 17, 3-7: primera Lectura de hoy]

o   Los símbolos del Espíritu Santo. El agua simboliza la acción del Espíritu Santo en el Bautismo.

§  El Espíritu es el Agua viva que brota de Cristo crucificado como de su manantial y que en nosotros brota en vida eterna.
- n. 694: Los símbolos del Espíritu Santo -  El agua. El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que, después de la invocación del Espíritu Santo, ésta se convierte en el signo sacramental eficaz del nuevo nacimiento: del mismo modo que la gestación de nuestro primer nacimiento se hace en el agua, así el agua bautismal significa realmente que nuestro nacimiento a la vida divina se nos da en el Espíritu Santo. Pero «bautizados en un solo Espíritu», también «hemos bebido de un solo Espíritu» (1 Corintios 12, 13): el Espíritu es, pues, también personalmente el Agua viva que brota de Cristo crucificado (Cf Juan 19, 34; 1 Juan 5, 8) como de su manantial y que en nosotros brota en vida eterna (Cf Juan 4, 10-14; 7, 38; Éxodo 17, 1-6; Isaías 55, 1; Zacarías 14, 8; 1 Corintios 10, 4; Apocalipsis 21, 6; 22, 17).

3.    El agua en la Biblia y en nuestro tiempo

Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno A, Piemme  III edizione, novembre 1995, III domenica di quaresima.

o   Para la Biblia el agua es un grande símbolo teológico.

“Para la Biblia el agua es un grande símbolo teológico. Hay hasta 1.500 versos del Antiguo Testamento y 430 del Nuevo que se refieren al agua, también porque es precisamente esa realidad  la que más desea el paisaje oriental, frecuentemente árido y sediento”. (pp. 76-77)
            “Las palabras de Jesús sobre el «agua viva» - es decir, sobre la revelación del Padre donada a los hombres a través de Cristo – nos invitan a retomar este símbolo amado en todas las culturas, raíz de nuestra existencia. También en nuestros días el agua vuelve a hablarnos con toda su fuerza física y simbólica a causa de los desequilibrios ecológicos, de los ciegos egoísmos industriales, de los derroches y del desprecio en relación con la naturaleza. Pero, sobre todo, debe volver ante nuestros ojos por su valor espiritual, como signo bautismal y purificador. Toda la Biblia, en efecto, está atravesada y bañada idealmente por el agua física y espiritual: «¡Todos los sedientos, venid a las aguas! ... Si alguno tiene sed, venga a mí y beba quien cree en mí» (Isaías 55,1; Juan 7, 37)”.  (p. 77)

v  En el Antiguo Testamento

o   El grito de la cierva sedienta. La sed de oír las palabras del Señor.  

“Inmerso en una plaga del desierto, en un silencio absoluto, el poeta del Salmo 42-43 siente de repente el grito de la cierva sedienta. En este anhelo y en este lamento el salmista encierra también su autobiografía espiritual, atravesada  por una ansia instintiva y primordial, por una tensión y por un deseo vital hacia Dios, agua viva, alegría, esperanza, frescura y meta última de su ser: «Como ansía la cierva las corrientes de agua, así te ansía mi alma, Dios mío. Mi alma  [¡en hebreo una misma palabra significa «alma» y «garganta»!] está sedienta de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?» (Salmo 42, 2-3). «Vienen días - se lee en Amós 8, 11  -  en que enviaré al país, no sed de agua, sino de oír las palabras del Señor”.  (p. 77)

o   Un deseo intenso de Dios. El creyente tiene necesidad de Dios y de su palabra para estar vivo y existir.

“También el salmo 63, «un canto del amor  místico», según la definición de un comentador, es la celebración de esta sed insuprimible de Dios, más fuerte de la sed física. Santa Teresa de Avila, en su Camino de perfección escribía: «La sed expresa el deseo de una cosa, pero se trata de un deseo tan intenso que morimos si permanecemos privados de él». He aquí las palabras del salmista: «Oh Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco, mi alma tiene sed de Ti, por Ti mi carne desfallece, en tierra desierta y seca, sin agua. Por eso te contemplo en el Santuario, para ver tu poder y tu gloria. Porque tu misericordia vale más que la vida» (vv. 2-4).
Están conectados indisolublemente en el salmo el paisaje exterior (el desierto) y el paisaje interior (el vacío que se experimenta cuando estamos sin Dios). Como la tierra está muerta sin la lluvia y como con las grietas de su superficie parece que es una boca abrasada y sedienta, sin agua, así el creyente tiene necesidad de Dios y de su palabra para estar vivo y existir. Es Dios, precisamente, el agua que sacia la sed, recrea, fecunda el desierto de nuestra conciencia cuando está endurecida por el pecado, por la frialdad, por la soledad. Con las mismas palabras otro texto del Salterio declara: «Extiendo mis manos hacia Ti, mi alma está ante Ti como tierra reseca» (143,6)”.   (p. 78)

v  En el Nuevo Testamento

Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno A, Piemme  III edizione, novembre 1995, III domenica di quaresima.

o   El agua que busca el cristiano es Cristo.

“El agua del pozo es la realidad que el oriental busca con continua ansia en su panorama frecuentemente soleado, sabiendo que ella no es sólo instrumento de purificación y de refrigerio sino, sobre todo, raíz de vida y de fecundidad. El agua empapa el suelo haciendo que nazcan brotes lozanos; el agua combate la muerte en el desierto estableciéndose la vida; el agua vigoriza al hombre en su camino cotidiano. Bajo esta luz, las palabras de la Samaritana «Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed» contienen la pregunta fundamental del cristiano; éste no busca una agua aunque sea fresca y santa como la del pozo de Jacob, sino «el agua que salta hasta la vida eterna», es decir, Cristo con su bautismo regenerador: «Si alguno tiene sed, venga a mí; y beba quien cree en mí» (Juan 7, 37). (p. 74)

4.    Cristo es el agua que lleva a la vida eterna.

v  Jesús invita a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo íntimo del corazón, a despertar las esperanzas más profundas: importancia del examen de conciencia.

Cfr. San Juan Pablo II, Homilía, domingo 3º de Cuaresma, en la parroquia de los Santos Pedro y Pablo (22-III-1981).

o   “Golpearás la peña, y saldrá de ella agua” (Éxodo 17,6). Precisamente de esa roca maciza podrán sacar los israelitas agua en su viaje hacia la tierra prometida, lo mismo que del Corazón de Cristo, sediento en la cruz, brotará el agua que salve a quienes han emprendido el camino de fe.

·         El largo viaje de los israelitas por el desierto sirve de contexto inmediato al pasaje del Éxodo. Una
de las dificultades mayores presentadas por un viaje en el desierto a un pueblo tan numeroso que llevaba consigo rebaños y ganado, fue ciertamente la falta de agua. Por esto es comprensible que, en los días en que el hambre y la sed se hacían sentir de modo más agudo, los israelitas añoraran Egipto y murmuraran contra Moisés. Dios, que había manifestado de tantos modos su particular benevolencia para con aquel pueblo, exige ahora la fe, el abandono absoluto en Él, la superación de las propias seguridades humanas. Y precisamente en el momento en que el pueblo no puede contar ya con sus propios recursos, está extenuado y abatido, y alrededor no hay más que la desnuda roca estéril y árida y sin vida, interviene Dios, se hace presente y hace brotar de esa roca agua abundante que da la vida. Precisamente de esa roca maciza podrán sacar los israelitas agua en su viaje hacia la tierra prometida, lo mismo que del Corazón de Cristo, sediento en la cruz, brotará el agua que salve a quienes han emprendido el camino de fe. Por esta semejanza, Pablo identifica la roca con Cristo mismo, nuevo Templo, y manantial que da de beber en la vida eterna (Cf. 1 Cor 10,4). He aquí cómo la potencia de Dios se manifiesta en el misterio del agua viva, que salta hasta la eternidad, porque es el agua regeneradora de la gracia y reveladora de la verdad.
·         Como en el tiempo del Éxodo, también hoy los hombres notan la fe de esta agua salvadora y
liberadora que proviene de Cristo, y la Iglesia, en respuesta, no se cansa de anunciarlo a todos los pueblos de todos los tiempos. Ella está presente en el mundo, sobre todo “para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de dedicar sus energías a esta tarea” (Catechesis tradendae,1).

o   Desde hacía siglos judíos y samaritanos vivían en una enemistad implacable. Pero Jesús se muestra superior a este prejuicio, como también a la opinión judía que consideraba como indecoroso para un maestro hablar públicamente con una mujer.

·                    Del agua que salta hasta la vida eterna habla Cristo a la Samaritana junto al pozo de Sicar. Cansado del camino se sienta sobre el brocal del pozo. Los discípulos habían ido solos a la ciudad para las compras. Jesús pide a la Samaritana, que había venido para sacar agua, que le dé de beber. Ella se admira de esto. ¿Cómo puede Él, un judío, pedir algo a una samaritana? Desde hacía siglos judíos y samaritanos vivían en una enemistad implacable. Pero Jesús se muestra superior a este prejuicio, como también a la opinión judía que consideraba como indecoroso para un maestro hablar públicamente con una mujer. Para Él no cuenta la distinción de nación y de raza, ni tampoco la distinción entre hombre y mujer.

o   Del  agua natural, elemento material que Jesús pide primeramente a la mujer, lleva la conversación al plano de la revelación, el agua verdaderamente viva. Jesús revela a la mujer que Él es en persona la fuente misma del agua viva.

·         Del agua natural, elemento material que Jesús pide primeramente a la mujer, lleva la
conversación al plano de la revelación, el agua verdaderamente viva. La expresión “agua viva” en el lenguaje del Profeta indica los bienes de la salvación del tiempo mesiánico (Cf. Isaías 12,3; 49,10; Jeremías 2,13; 17,13). Pero la mujer no pudiendo comprender su lenguaje, piensa en un agua milagrosa que apague la sed del cuerpo, por lo que ya no será necesario sacar más. De este modo Jesús ha despertado en ella el deseo de su don: “Señor -le dice la mujer- dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla” (Juan 4,14). Entonces Jesús revela a la mujer que Él es en persona la fuente misma del agua viva. Y demuestra cómo el camino de la fe en Él pasa a través del reconocimiento de su misión divina, manifestando su conocimiento profético, propio de un enviado de Dios. Ella ha tenido cinco maridos y vive ilegalmente con un sexto. La mujer comienza a reflexionar: un conocimiento tal de los corazones no es el de un hombre común, y prorrumpe en un emocionado acto de fe: “Señor, veo que tú eres un profeta” (Juan 4,19). Y luego irá a avisar a los habitantes de su ciudad que ha encontrado al Mesías y les invita a “venir a Jesús” (Juan 4,29). En este estupendo pasaje evangélico, que alcanza una cumbre sublime por su belleza formal y por su profundidad doctrinal, hay rasgos pedagógicos interesantes para todo educador de la fe. La revelación personal es obra de Jesús, que la realiza partiendo de la situación concreta para llevar a una revisión ideal de la vida: esa vida vista a la luz de la verdad, porque sólo en la verdad puede efectuarse el encuentro con Cristo que personifica la misma verdad.

o   Jesús indica a la Samaritana  el camino que lleva al agua. Es el camino de la verdad interior, el camino de la conversión y de las obras buenas.

§  Se trata de una invitación a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo íntimo del corazón, a despertar en él las esperanzas más profundas.
·         Precisamente cuando la Samaritana se dirige a Jesús con las palabras: “Dame esa
agua” (Juan 4,15), entonces Él no tarda en indicar el camino que lleva a ella. Es el camino de la verdad interior, el camino de la conversión y de las obras buenas. “Anda llama a tu marido” (Juan 4,16), dice el Señor a la mujer: se trata de una invitación a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo íntimo del corazón, a despertar en él las esperanzas más profundas, ésas que se finge esconder bajo la réplica evasiva. Hace descubrir a esta mujer la necesidad de ser salvada y de preguntarse por el camino que puede conducirla a la salvación, haciendo con ella un verdadero y propio “examen de conciencia”, y ayudándola a llamar por su nombre a los pecados de su vida. Por esto el Señor le apremia: “Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido” (Juan 4,17-18). De este modo la mujer no sólo reconoce su situación de pecado, sino que es ayudada a llamar por su nombre a los pecados de su vida. (…)
§  El agua que salta hasta la vida eterna provoca una auténtica conversión en la Samaritana, que la lleva a reconocer que Jesús es el Mesías. Y nota en sí una nueva fuerza que le lleva anunciar a los demás la verdad y la gracia que ha recibido.
·                    ¿Qué efectos produjo en la Samaritana el agua viva que salta hasta la vida eterna? Valorando el desarrollo ulterior de la situación espiritual de la mujer, se puede responder que el fruto fue grande. Efectivamente, se encuentra en ella una auténtica  metanoia que la lleva hasta reconocer en Jesús al Mesías: “Venid a ver -dice a sus conciudadanos- un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías?” (Jn 4,29). Y la pregunta supone en su pensamiento una respuesta afirmativa, porque une esta confesión con el hecho de llamar por su nombre a los pecados: me ha dicho todo lo que he hecho. Nota en sí una nueva fuerza, un nuevo entusiasmo que la lleva a anunciar a los demás la verdad y la gracia que ha recibido: venid a ver. En cierto sentido se convierte en mensaje de Cristo y de su Evangelio de salvación, como la Magdalena en la mañana de Pascua.
§  También nosotros estamos llamados a adorar a Dios no sólo externamente, sino que la adoración debe afectar a las conciencias: “Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón...”
·         También a nosotros se nos dirige la invitación a beber esta agua viva de la verdad, a
purificar nuestra vida, cambiar la mentalidad y acudir a la escuela del Evangelio, donde el Señor, como hizo con la Samaritana, nos interpela, haciéndonos descubrir las exigencias más profundas de la verdad y del espíritu. El tercer domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a la particular adoración de Dios, a rendir una adoración particular al Padre “en espíritu y verdad”.
·         Esta adoración no puede ser solamente externa. La adoración en “espíritu y verdad” debe
afectar  a nuestras conciencias. Y por esto oigamos una vez más el Salmo responsorial, cuando dice: “Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón...” (Sal 94(95,8).
·         Pensemos a quién de nosotros se refieren estas palabras. Pensemos en esos hermanos y
hermanas, que están ausentes, pero a los cuales se refieren estas palabras, e imploremos para nosotros y para ellos el encuentro con Cristo semejante al encuentro de la Samaritana junto al pozo de Sicar. (…)



Vida Cristiana



[1] Sólo se recogen algunos de estos textos.
[2] Cfr. Vincenco Raffa, Liturgia festiva, Tipografía Políglota Vaticana 1983, dicembre 1983  3ª ed.  nn. 90 y 114.

sábado, 14 de marzo de 2020

Beber, creer, comulgar… en tu corazón, en familia, en comunidad…: por Santiago Agrelo

Torturado por la sed, el pueblo de Israel murmuró en el desierto contra Moisés, diciendo: Danos agua de beber. Has oído también que una mujer de Samaria llega al manantial de Jacob para llenar su cántaro de agua. Allí, sentado sobre el manantial y agotado del camino, está Jesús. Jesús dice a la mujer: Dame de beber. Si te pareció natural la sed de Israel en el desierto, y te pareció cotidiano el camino de la samaritana a la fuente en busca de un agua necesaria para vivir, no te asombre la sed de Jesús, ahora insinuada, mañana gritada en el cruz, pues él lleva en la fragilidad de su cuerpo la sed de Israel, la de la mujer samaritana, la tuya, la mía, la de la humanidad entera, también la de Dios. Un día sabrás que, en su cuerpo agotado, Jesús lleva el sufrimiento del mundo: el hambre, la sed, la desnudez, la soledad de los pequeños de la humanidad: “Tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber…”. Y sabrás también –lo aprenderás con la samaritana- que, en aquel hombre agotado del camino –en aquel crucificado que, a gritos, va diciendo su sed-, Dios mismo se ha hecho fuente de agua viva para todos los sedientos. En darnos como nos dio esa fuente, “en darnos como nos dio a su Hijo”, a la Roca no le queda más agua que dar, a Dios nada más le queda con que pueda apagar nuestra sed. Y así, dándose, encarnándose, entregándolo todo por amor, ha dejado patente, ha puesto a la vista de todos, que también él, el Dios del cielo y de la tierra, padece de ausencia, que también él tiene sed: sed de Israel, su pueblo; sed de aquella samaritana sin marido; sed de ti, de mí, de la humanidad entera. Si la encarnación ya te revelaba, Iglesia samaritana, el misterio de la sed de Dios, la pasión te lo desvelará gritado desde lo alto de la cruz: Tengo sed. El que padece nuestra sed, tiene también sed de nosotros. Y éste es, samaritana, el misterio de tu eucaristía de hoy: te acercas al “don de Dios”, a la fuente de agua viva; te acercas y escuchas; te acercas y comulgas; te acercas y bebes. Bebiendo, apagas tu sed, y el agua que recibes, ese Hijo que se te da, el Espíritu que se te comunica, se convierte dentro de ti “en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Hoy, en muchos lugares, la sed de los hijos de la Iglesia se apagará lejos de la Eucaristía dominical, pero no lejos de la fuente que es Cristo Jesús. Nos acercaremos a ella –nos acercaremos a Cristo- en la intimidad de nuestro corazón, en el ámbito sagrado de nuestras familias, en el ámbito fraterno de nuestras comunidades de vida consagrada. Los informativos de los medios de comunicación no hablarán de ese encuentro tuyo con Cristo Jesús junto al pozo; pero tú sabes que puedes hablar acercarte a él, que puedes escucharle, que puedes creer en él, que puedes beber en él, que puedes llenarte de una esperanza que salta con fuerza hasta la vida eterna. Y sabes también que ahí, dentro de ti, en tu familia, en tu comunidad, lo mismo que en la Eucaristía acostumbrada de tus domingos, el encuentro con el Señor no sólo apagará tu sed de Dios, sino que apagará también la sed que Dios tiene de ti: tú recibes lo que necesitas y él se queda con lo que ama. Bebiendo, creyendo, aprenderás también a mitigar en los pobres la sed de tu Señor. Feliz domingo, Iglesia amada de Dios.

MISAS DESDE CASA


SUSPENDIDOS TODOS LOS ACTOS LITÚRGIOS Y ACTIVIDADES PARROQUIALES HASTA EL 26 DE MARZO. 

SE PUEDEN SEGUIR MISAS DESDE CASA.


De acuerdo con lo establecido por el gobierno de la nación los lugares de culto pueden estar abiertos pero sin aglomeración de personas y siguiendo estrictamente las normas de seguridad. Por este motivo y por si alguien de manera individual quiere venir en algún momento a estar un rato con el Señor, mantendremos abierto nuestro templo de 9:30 a 12:30 de la mañana y se 17/00 a 19/00 por la tarde



- En principio hasta el día 26/03/2020 se celebrarán todas las Misas, incluidas las de los festivos de precepto, en la Parroquia Santa Mónica  a puerta cerrada.


- Enlaces para el seguimiento de las Misas por internet:

jueves, 12 de marzo de 2020

¿Aislados por el coronavirus? Sara lleva 3 semanas y ve una «oportunidad única» para esta Cuaresma o Vive en el epicentro del virus en Italia y su experiencia es muy útil ahora en España



Inicio/Europa
¿Aislados por el coronavirus?
Sara lleva 3 semanas y ve una «oportunidad única» para esta Cuaresma

o   Vive en el epicentro del virus en Italia y su experiencia es muy útil ahora en España


Sara Martín, en una de las conexiones con medios españoles que ha hecho desde su casa en Italia durante el aislamiento

Sara Martín, en una de las conexiones con medios españoles que ha hecho desde su casa en Italia durante el aislamiento

ReL - 11 marzo 2020

Sara Martín, colaboradora de ReL, periodista, esposa y madre de tres hijos, lleva años viviendo en Italia, concretamente en Lodi, el punto central de la "zona roja" del coronavirus en Italia. En las últimas semanas ha salido en numerosos medios hablando del aislamiento en el que vive su familia desde el pasado 21 de febrero.
A través del blog Mújeres teníamos que ser, Sara Martín ha ido relatando su experiencia y acontecimientos que ha ido viviendo. Cuando en zonas como Madrid la suspensión de las clases ha comenzado este miércoles ella ya lleva semanas así y le queda como mínimo hasta el 15 de abril.
Por ello, sus reflexiones y vivencias sirven como adelanto a lo que se vivirá poco después en España y otros lugares. Y ante la preocupación de muchas familias ante esta nueva situación de aislamiento, Sara habla de la "oportunidad única" de vivir una Cuaresma de manera diferente. Y con la experiencia que le dan estas semanas ofrece algunos consejos que pueden ayudar ahora a sus compatriotas españoles. Lo hace en este post en Mujeres teníamos que ser
Cuaresma en aislamiento por coronavirus, una oportunidad única
Como sabéis algunos que estáis siguiendo los acontecimientos por redes sociales, soy una de esas miles de personas atrapadas en aislamiento en Italia por el coronavirus. Todo empezó hace ya casi tres semanas, aunque a mí me parece ya una vida, sin exagerar. Mi vida y la de mi familia se “congeló” en cierto modo el pasado 21 de febrero, y de momento ahí seguimos. Colegios y guarderías cerrados hasta el 15 de abril, por lo menos, lo que supone practicamente dos meses de niños en casa. La normalidad se fue y quién sabe cuándo volverá. La cotidianidad ahora es otra completamente distinta. Vivimos los cinco juntos en casa. Mi marido trabaja en nuestro dormitorio con un escritorio improvisado con la mesa del cambiador, y yo me encargo de los niños y de la casa. Salimos a tomar aire con ellos un par de días a la semana, y yo quizás otros dos salgo a hacer recados necesarios. Eso es todo. Nuestra vida transcurre básicamente entre las cuatro paredes de nuestra casa.
            Cuando todo empezó y nos avisaron de que los niños no irían al colegio durante una semana, por algún motivo que no consigo explicar puesto que no soy experta de nada (y menos de esto), supe que la cosa sería mucho más larga de lo que decían. Se lo comenté a mi marido y a alguna amiga: estaba convencida de que nos esperaba al menos un mes de encierro por culpa del coronavirus. Y qué paradoja, me quedé corta. Lo supe e incomprensiblemente lo asumí con total calma. Dentro de mí intuí que este momento era histórico y que lo tenía que vivir como una oportunidad. Vaya locura, dirán algunos, ¡una oportunidad! Pues sí señor. Eso pensé. Es una oportunidad para mi generación, la del bienestar. Estamos acostumbrados a vidas relativamente cómodas (dentro de lo que puedo siendo madre de familia numerosa, no pierdo ocasión para garantizarme un poco de bienestar, no lo niego) y un aislamiento en familia es un reto para la comodidad de cualquiera.
Pocos días después comprendí algo aún más importante. Este aislamiento por el coronavirus iba a ser una oportunidad… para buscar la santidad. ¿Siempre he querido ser santa, no? Pues he aquí que el Cielo me lo ha servido en bandeja.  Me levanto por las mañanas y sirvo, sirvo, sirvo. No es que no lo hiciera ya antes, pero ahora, lo prometo, se ha multiplicado por tres. ¡Qué suerte la mía! Y lo digo en serio. No me queda tiempo para pensar mucho en mí, lo cual es seguramente una suerte para mi conversión. Cocinar, limpiar, organizar, cambiar niños, poner lavadoras, inventar manualidades, buscar recetas niño-friendly, ordenar de acá para allá.
No tengo tiempo para pensar mucho en mis cosas. Llego a la noche que no siempre tengo fuerzas para leer. No pasa nada. Repaso el día y “me salen las cuentas”: ha sido fantástico, he servido y me he entregado. ¿Qué mejor uso del tiempo habría podido hacer? Vivimos en santidad cuando realizamos nuestro trabajo con generosidad y entrega, con amor. No necesariamente sin lágrimas o sin frustraciones, pero sabiendo que Dios nos está enseñando a través de todo ello.
El otro día me metí el rosario en el bolsillo y desde entonces voy por la casa con él a todas partes. Saco la secadora y saco el rosario. Preparo los purés del pequeño, saco el rosario. No siempre lo rezo, pero siempre conmigo y siempre procuro mirarlo, aunque sea de reojo. Viviendo en Su presencia y ofreciendo cuando me acuerdo. Y cuando no… Paciencia. Lo digo y lo recuerdo: ésta es una gran oportunidad que nos ha llegado del Cielo para ayudarnos a ser santos. No podemos desperdiciarla.

colegio
Además, desde el momento en el que se nos comunicó el cierre de colegios  he querido que éste fuera un tiempo que sea útil y que diese fruto. Las oportunidades de este tiempo de aislamiento son tantas que no sé ni por dónde empezar. Aquí dejo algunas:
- Oportunidad para aprender cocina. Normalmente mis hijos comían en sus respectivos colegios y guarderías, por lo que ahora supone el doble de organización y muchas bocas que alimentar diariamente. En medio de todo el barullo, me han entrado ganas de cocinar en serio. Esto es, con el horno y con la olla exprés. Platos de esos que dejan un maravilloso olor por toda la casa. Ya he hecho huevos rellenos al horno, arroz con pollo al horno, empanada, no sé cuántos bizcochos, lentejas, y un largo etcétera. ¿Útil o no?
- Oportunidad inmensa para mis hijos. Los míos tienen 4, 2 y 1 año. Durante la mañana me dedico a las dos primeras con manualidades, pero también procuro enseñarles cosas y que aprendan: ya sacan el lavaplatos, me ayudan a preparar recetas, pasan las mini aspiradoras… Lo que sea, no por tenerlas entretenidas (que también, pero es un efecto secundario), sino para que sea un tiempo útil para ellas. Que comprendan el sentido de la familia donde todos colaboramos y nos ayudamos unos a otros. Que valoren el trabajo que hacen mamá y papá para que la casa funcione y haya ropa limpia en los armarios y comida lista en la mesa.
- Una oportunidad para que cada prioridad tenga su lugar adecuado. Me encantaría hacer limpieza general y vaciar  la casa de trastos. Me gustaría y añoro mis famosos Bible Studies. Pero no es el momento. Aceptarlo también es sabiduría. Y eso me ha costado. No puedo pretender lo que ahora naturalmente no tiene sitio. Cuando he intentado hacer algo que era mejor dejar para más adelante, he acabado histérica y enfadada, además de frustrada. No vale la pena. Es un sacrificio que en algunos momentos, no lo niego, me cuesta. Pero es lo que me pide estos “tiempos de coronavirus”, así que mejor hacerlo con buena disposición de ánimo.
- Una oportunidad para ofrecer por una causa que lo merezca. Y aquí, amigos, doy el primer paso. Quien quiera unirse que lo haga. Una querida amiga, Laura, mujer de un querido amigo y ex colega, está pasando por un momento extremadamente difícil a nivel de salud. Con todo lo que ello comporta a nivel personal y familiar. Ni puedo ni quiero entrar en detalles, pero es difícil y grave. Necesitan oraciones, necesitan toda la ayuda posible para el tiempo que tienen por delante, que será durísimo. Os pido que os unáis a mi causa y ofrezcáis lo posible por ellos. Aprovechemos cada pequeña cosa: la suciedad debajo de la mesa por quinta vez, el enésimo vaso de agua que se tira, la enésima pelea entre los niños, otro baño que limpiar… Todo sirve para la causa. ¡A por ello!



Vida Cristiana

domingo, 8 de marzo de 2020

Una humanidad transida de luz: por Santiago Agrelo

La vida de Jesús, la de los pobres, se enfrenta a la oscuridad de la muerte.
Sobre él, sobre ellos, se cierne el horror del abandono en que los deja Dios, del sinsentido al que los entrega la razón, del infierno que es sinsentido y abandono intuidos como eternos.
No sé si por comunión con Jesús, no sé si por comunión con los pobres, también nosotros bajamos al infierno, caminamos a tientas en el sinsentido, experimentamos la angustia del abandono.
Con Jesús, con los pobres, también nosotros decimos: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Que no triunfen de nosotros nuestros enemigos. Sálvanos de todos nuestros peligros”.
Pisoteados por la justicia, condenados por los poderosos, crucificados por la indiferencia de todos, Jesús y los pobres, Jesús y la Iglesia que es su cuerpo, tú y yo, necesitamos una promesa divina a la que abrazarnos en el naufragio de la vida, una luz por la que guiarnos en la oscuridad de la noche.
Necesitamos entrar en el misterio de nuestra existencia, ir más allá de la piel que nos protege, ver más allá de lo que se ve, entrar más allá de nuestra propia intimidad.
Necesitamos saber quién es Jesús, cuál es la esperanza reservada a los pobres, cuál es el destino del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
Necesitamos saber para no morir de soledad.
Hoy, a sus pobres, a su Iglesia, Jesús nos toma consigo y nos lleva aparte a ‘su montaña alta’, a su humanidad resucitada, y nos la hace contemplar atravesada por la luz de Dios.
Entonces escuchamos las palabras de la revelación. Se dicen para Abrahán, para Jesús, para los pobres, para la Iglesia, para cada uno de nosotros:
Haré de ti un gran pueblo, te bendeciréCon tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo”.
Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.
A la luz de la fe, vemos y escuchamos.
A la luz de la fe, contemplamos y aprendemos.
Más aún, comulgando con ese Hijo amado, con el predilecto, comulgamos la luz de su resurrección, comulgamos la certeza de ser con él bendición para todas las familias del mundo.
Comulgando con ese Hijo, hemos aprendido a decir: «¡Padre!», y la memoria de su ternura y su misericordia se ha quedado para siempre en el secreto de nuestro corazón.
Comulgando con Cristo resucitado, llenamos de esperanza el cuenco de nuestros días.
Y soñamos con poner luz en la vida de los pobres, poner ternura en la soledad de sus caminos,  poner en sus manos el pan que necesitan, alimentar la esperanza en sus corazones, dejarles la certeza de que son amados, de que son como Jesús predilectos de Dios, de que son como nosotros hijos my amados de Dios.
Feliz domingo a todos los que soñáis una humanidad transfigurada, resucitada.

Cuestiones sobre la eutanasia




Ø Cuestiones sobre la eutanasia

    Cfr. web de la CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
     Marzo 2020


¿Qué es la eutanasia?
1. Es el modo de quitar la vida a una persona enferma. Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada, crónica o terminal. Esta muerte se puede causar por acción o por omisión.
2. Es similar al suicidio asistido, pero, a diferencia de la eutanasia, en el suicidio asistido la actuación del profesional médico se limita a proporcionar al paciente los medios necesarios para que sea él mismo quien se produzca la muerte.
3. La auténtica eutanasia o muerte dulce debería ser la que permita al enfermo morir dignamente, aliviando su dolor, su angustia y su soledad con la cooperación del personal sanitario, su familia y su entorno. La eutanasia no debe ser un modo de librar a la sociedad de personas molestas y costosas, ni un modo de evitar que el Estado gaste dinero en cuidados paliativos y asistencia domiciliaria.
¿Qué estrategias utilizan las campañas que defienden la ley de eutanasia?
1. Se presenta al público algún «caso límite». Se busca una situación terminal y dramática especialmente llamativa que interpele la sensibilidad colectiva. Admitido este caso, desaparecen las razones profundas para no admitir otros parecidos, ensanchándose después la casuística.
2. Se utilizan expresiones que suenan bien como “muerte digna”, “libertad” y se evitarán expresiones como «provocar la muerte del enfermo», «ayudarle a suicidarse» o «quitarle la vida».
3. Se procura presentar a los defensores de la vida como retrógrados, intransigentes, contrarios a la libertad individual y al progreso. Al discrepante se le pone una etiqueta y así se evita un diálogo sosegado y constructivo que busque el bien del enfermo.
4. Se transmite la idea de que la eutanasia es una cuestión únicamente religiosa y se dice que, en una sociedad pluralista la Iglesia —o cualquier confesión religiosa— no puede, ni debe, imponer sus opiniones.
5. Se transmite la idea de que la eutanasia es una demanda urgente de la población, algo que pide la mayoría de la gente y que es propia de nuestros tiempos.
¿A quién hace daño una ley que permita la eutanasia?
1. Al paciente en situación terminal con dolor físico y sufrimiento psíquico y espiritual, pues en vez de atenderlo, acompañarlo y ofrecerle cuidados paliativos se opta por acabar con su vida. La experiencia demuestra que, cuando un enfermo que sufre pide la muerte, en el fondo está pidiendo que le alivien los padecimientos, tanto los físicos como los morales. Cuando recibe alivio en dolor, atención médica, compañía, afecto y consuelo la experiencia muestra que deja de solicitar que pongan fin a su vida.
2. A la familia angustiada que no acaba de saber gestionar la situación y sufre por el ser querido. La posibilidad de eutanasia introduce en las relaciones familiares un sentimiento de inseguridad, confrontación y miedo, ajeno a lo que la idea de familia sugiere: solidaridad, amor, generosidad.
3. Al personal sanitario que fue educado fundamentalmente para luchar contra la muerte y afrontar y paliar el dolor y el sufrimiento y ahora se le emplea como agente que da muerte al paciente.
¿Por qué es algo nocivo para una sociedad la ley de la eutanasia?
1. Porque el Estado tiene la obligación de defender al más débil. Una sociedad es más civilizada en la medida que sea capaz de proteger a los más débiles, y el Estado tiene el deber de asistir a los más débiles y desfavorecidos permitiéndoles vivir con dignidad y morir en las mejores condiciones posibles cuando llegue su momento.
2. Porque estas leyes hacen que la gente vea normal lo que es un crimen. Cuando por ley se admiten crímenes como el aborto o la eutanasia, mucha gente considera que si se admite legalmente es porque no es algo malo y al convertirse en una práctica admitida terminan considerándolo como algo normal.
3. Porque desnaturaliza la función del médico. La misión del médico es curar cuando se pueda, y cuando no aliviar y consolar, cuando se le autoriza a matar, se pervierte su noble función. La eutanasia responde a una medicina liberal y endiosada que considera que curar no es cuidar al enfermo sino en eliminar la enfermedad y el sufrimiento, aunque sea eliminando al paciente.
¿Cuáles son las mentiras que hay que desmontar sobre la eutanasia?
1. Nos dicen que es sólo para cuando haya un dolor insoportable, pero no dicen que en esos casos la solución no es la eutanasia, sino la atención adecuada, humana y profesional aplicando los cuidados paliativos. Tampoco dicen que la práctica en países como Holanda es que esa figura que empieza a aplicarse a casos extremos termina utilizándose en muchísimo otros casos: personas que no pueden dar su consentimiento, pacientes psiquiátricos, niños recién nacidos, personas con “infelicidad senil” …
2. Nos dicen que se hace por compasión, cuando en realidad lo más humano no es provocar la muerte, sino acoger al enfermo, sostenerlo en estos momentos de dificultad, rodearlo de afecto y atención y poner los medios necesarios para aliviar el sufrimiento y “suprimir el dolor y no al paciente”.
3. Nos dicen que es indigno vivir con sufrimientos y sin calidad de vida. Pero: ¿Con qué baremos se mide la calidad de vida? ¿En qué momento se puede llegar a afirmar que ya carece de valor o que no merece la pena ser vivida? ¿Se puede decir que un ser humano pierde su dignidad por sufrir?
4. Nos dicen que es una decisión fruto de la libertad, cuando en realidad quien lo pide es porque tiene la voluntad debilitada. Se supone que el que nadie es capaz de ir contra una tendencia natural como el amor a uno mismo sin tener la voluntad profundamente dañada. Además, ¿tienen libertad para decidir matarse los que están en depresión, los enfermos dependientes, los discapacitados psíquicos o los pacientes en coma?
¿Qué dice la Medicina?
1. El juramento hipocrático, que ha sido el referente moral de los médicos a lo largo de la historia, dice explícitamente: “jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo”.
2. La Asociación Médica Mundial (AMM), que representa a las organizaciones médicas colegiales de todo el mundo, afirmaba en su resolución adoptada en octubre de 2019 en su septuagésima asamblea general: «La AMM se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio con ayuda médica… Ningún médico debe ser obligado a participar en eutanasia o suicidio con ayuda médica».
3. El objetivo único de la medicina no es curar al enfermo, a veces es sólo calmar sus dolores. Un analgésico puede permitir la vida normal sin propiamente curar. La salud no implica un perfecto bienestar, a menudo se puede desarrollar la actividad diaria con alguna molestia. La medicina debe buscar el bienestar adecuado para poder desarrollar las actividades diarias, sin pretender la utopía de su plenitud. La actitud de la medicina ante la enfermedad ha de ser «curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre».
¿Por qué defender a la persona que sufre?
1. Porque todo ser humano tiene una dignidad infinita. No depende de la edad, ni de la raza, ni de la salud. Existe una dignidad que es objetiva y es propia de todo ser humano. Cada persona es un fin en sí mismo, nunca un medio, por ello requiere todo el esfuerzo que sea necesario para cuidarla y atenderla, el ser humano no puede ser tratado como un objeto inútil o como una carga que produce gastos a la sociedad e incomodidades a la familia.
2. Porque todo ser humano en situación de fragilidad ha de ser especialmente defendido. Las personas frágiles no por eso son menos valiosas, tampoco son menos valiosas las personas con depresión, ni las que están en coma, ni las que tienen enfermedades psíquicas. Como no pueden defenderse por ellos mismos somos los demás los que debemos hacerlo.
3. Porque ninguna persona debe ser tratada como una carga. El enfermo ha de ser visto como una persona a la que hay que atender y cuidar, no como un problema que hay que eliminar lo antes posible. El que sufre ha de sentirse acogido y querido por la sociedad y por la familia, lo contrario sería hacer que se sienta inútil y excluido del grupo. A cualquier sociedad le es muy fácil inducir a alguien a matarse, basta que lo haga sentirse excluido del grupo, así lo demuestra el antropólogo Marcel Mauss cuando estudia la eficacia de las maldiciones del jefe de la tribu: el maldito moría a las pocas semanas porque el sentimiento de ser excluido del grupo bastaba para hacerle languidecer.
¿Por qué no puedo decidir que me quiten la vida?
1. Porque la vida no es mía. La vida no depende de mí, no es algo que yo me haya fabricado, es algo que he recibido, me ha sido donada… Si es algo que me han prestado no puedo hacer con ella lo que yo quiera.
2. Porque si me equivoco en esta decisión ya no puedo rectificar. Si me analizo compruebo que muchas veces tomo decisiones equivocadas, meto la pata continuamente y tengo que rectificar. Si decidiera suicidarme podría tomar la decisión errónea de la que no puedo desquitarme después. Cualquiera de nosotros en un mal momento podría tomar una decisión irreversible.

3. Porque con mi decisión incito a los demás a que me imiten. El que se quita la vida, al atentar contra sí, atenta también contra el otro porque se pone como ejemplo y lo incita a cometer el mismo acto. Con su acto, el que pide la eutanasia está diciendo a los demás que la vida no merece ser vivida y que destruirse es una liberación y este mensaje puede hacer mucho daño a personas que pasan por malos momentos.
¿Qué tenemos que hacer para que todo enfermo tenga una muerte digna?
1. Permitirle morir sin que sufra inútilmente, pudiendo recibir los cuidados médicos paliativos. La medicina paliativa ayuda a que los enfermos pasen los últimos momentos conscientes, sin dolor, con los síntomas controlados, de modo que transcurran con dignidad, rodeados de las personas que aman y si fuera posible, considerando su estado clínico y las atenciones que pudiera precisar, en su propio domicilio.
2. Aplicar cuando sea necesario la sedación paliativa. Se utiliza para aliviar el sufrimiento del enfermo en situaciones de enfermedad incurable, avanzada e irreversible, con un pronóstico de vida limitado o bien en situación de agonía. Esta sedación consiste en disminuir el nivel de conciencia con ayuda de medicamentos de modo que el enfermo no perciba dolor, sufrimiento o angustia intratables. En estos casos el médico debe saber administrar la medicación de modo que sea suficiente para sedar sin provocar intencionadamente la muerte.
3. Permitirle morir a su tiempo natural, sin que se acorte o se prolongue de forma innecesaria la vida. No se admite la obstinación terapéutica, que consiste en el empeño de aplicar los tratamientos o procedimientos de cualquier naturaleza que ya no proporcionan beneficios al enfermo y solo sirven para prolongar penosamente su agonía, impidiendo que la naturaleza siga su curso natural.
4. Permitirle morir rodeado del cariño de la familia y los amigos. Podemos aliviar el dolor, la angustia y la soledad del enfermo con la cooperación del personal sanitario, su familia y su entorno. El enfermo ha de poder morir con la posibilidad de haber sido informado adecuadamente, eligiendo, si se puede, el lugar y participando en todas las decisiones importantes que le afecten; además ha de tener la ayuda espiritual que precise.

Vida Cristiana

sábado, 7 de marzo de 2020

Benedicto XVI, Discurso en Polonia a los jóvenes, 26 de mayo de 2006





Jesucristo en el centro de la Cuaresma


Conocer mejor al Señor y vivir la vida en Él.

-          “Al celebrar un año más la santa Cuaresma concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la
inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”. (Oración colecta del domingo 1º de Cuaresma).

Jesucristo, roca de la Iglesia
-          Catecismo de la Iglesia Católica n. 424: “Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por
el Padre nosotros creemos y confesamos a propósito de Jesús: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (cf. Mt 16, 18; San León Magno, serm. 4, 3;51, 1;62, 2;83, 3)”.

Construir la casa de nuestra vida sobre la roca de Cristo

-Cfr. Benedicto XVI, Discurso en Polonia a los jóvenes, 26 de mayo de 2006
  [Chiesa/Testi/Gesucristo/CristoRocaConstrucciónCasaBXVI]

Ø Cristo es  la roca para la construcción de la casa de nuestra vida.


v  Cfr. Benedicto XVI, Discurso en el encuentro con los jóvenes de Polonia, el sábado 26 de mayo de 2006. 

Queridos jóvenes amigos: 

¡Os doy mi cordial bienvenida! Vuestra presencia me alegra. Doy gracias al Señor por este encuentro con el calor de vuestra cordialidad. Sabemos que "donde están dos o tres reunidos en el nombre de Jesús, él está en medio de ellos" (cf. Mt 18, 20). ¡Pero vosotros sois hoy aquí muchos más! Por esto os doy las gracias a cada uno de vosotros. Así pues, Jesús está aquí con nosotros. Está presente entre los jóvenes de la tierra polaca, para hablar con ellos de una casa que no se desplomará jamás, porque está edificada sobre roca. Es la palabra evangélica que acabamos de escuchar (cf. Mt 7, 24-27).

o   Un deseo y una nostalgia que existe en los corazones jóvenes: una casa donde encontramos el amor, el perdón la necesidad de perdón … Esta nostalgia no es más que el deseo de una vida plena, feliz.

Amigos míos, en el corazón de cada hombre existe el deseo de una casa. En un corazón joven existe con mayor razón el gran anhelo de una casa propia, que sea sólida, a la que no sólo se pueda  volver  con alegría, sino también en la que se pueda acoger con alegría a todo huésped que llegue. Es la nostalgia de una casa en la que el pan de cada día sea el amor, el perdón, la necesidad de comprensión, en la que la verdad sea la fuente de la que brota la paz del corazón.
Es la nostalgia de una casa de la que se pueda estar orgulloso, de la que no se deba avergonzar y por cuya destrucción jamás se deba llorar. Esta nostalgia no es más que el deseo de una vida plena, feliz, realizada. No tengáis miedo de este deseo. No lo evitéis. No os desaniméis a la vista de las casas que se han desplomado, de los deseos que no se han realizado, de las nostalgias que se han disipado. Dios Creador, que infunde en un corazón joven el inmenso deseo de felicidad, no lo abandona después en la ardua construcción de la casa que se llama vida.

o   ¿Cómo construir esta casa? Es una pregunta necesaria que nos debemos hacer cada día.

Amigos míos, se impone una pregunta: "¿Cómo construir esta casa?". Es una pregunta que seguramente ya os habéis planteado muchas veces en vuestro corazón y que volveréis a plantearos muchas veces. Es una pregunta que es preciso hacerse a sí mismos no solamente una vez. Cada día debe estar ante los ojos del corazón: ¿cómo construir la casa llamada vida? Jesús, cuyas palabras hemos escuchado en el pasaje del evangelio según san Mateo, nos exhorta a construir sobre roca. En efecto, solamente así la casa no se desplomará.
§  Quiere decir, ante todo, construir sobre Cristo y con Cristo.
Pero ¿qué quiere decir construir la casa sobre roca? Construir sobre roca quiere decir ante todo: construir sobre Cristo y con Cristo. Jesús dice: "Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que construyó su casa sobre roca" (Mt 7, 24). Aquí no se trata de palabras vacías, dichas por una persona cualquiera, sino de las palabras de Jesús. No se trata de escuchar a una persona cualquiera, sino de escuchar a Jesús. No se trata de cumplir cualquier cosa, sino  de cumplir las palabras de Jesús.
§  Construir con Alguien ante quien somos preciosos, con Alguien que siempre es fiel, con Alguien que se inclina sobre el corazón herido del hombre y no nos condena, con Alguien que da su vida por nosotros.
Construir sobre Cristo y con Cristo significa construir sobre un fundamento que se llama amor crucificado. Quiere decir construir con Alguien que, conociéndonos mejor que nosotros mismos, nos dice:  "Eres precioso a mis ojos, ... eres estimado, y yo te amo" (Is 43, 4). Quiere decir construir con Alguien que siempre es fiel, aunque nosotros fallemos en la fidelidad, porque él no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2, 13). Quiere decir construir con Alguien que se inclina constantemente sobre el corazón herido del hombre, y dice: "Yo no te condeno. Vete, y en adelante no peques más" (cf. Jn 8, 11). Quiere decir construir con Alguien que desde lo alto de la cruz extiende los brazos para repetir por toda la eternidad:  "Yo doy mi vida por ti, hombre, porque te amo".
§  Construir sobre Cristo quiere decir fundar sobre su voluntad todos nuestros deseos, expectativas, sueños, ambiciones, y todos nuestros proyectos.
Por último, construir sobre Cristo quiere decir fundar sobre su voluntad todos nuestros deseos, expectativas, sueños, ambiciones, y todos nuestros proyectos. Significa decirse a sí mismo, a la propia familia, a los amigos y al mundo entero y, sobre todo, a Cristo:  "Señor, en la vida no quiero hacer nada contra ti, porque tú sabes lo que es mejor para mí. Sólo tú tienes palabras de vida eterna" (cf. Jn 6, 68). Amigos míos, no tengáis miedo de apostar por Cristo. Tened nostalgia de Cristo, como fundamento de la vida. Encended en vosotros el deseo de construir vuestra vida con él y por él. Porque no puede perder quien lo apuesta todo por el amor crucificado del Verbo encarnado.

§   Construir sobre roca significa construir sobre Cristo y con Cristo, que es la roca.
Construir sobre roca significa construir sobre Cristo y con Cristo, que es la roca. En la primera carta a los Corintios san Pablo, hablando del camino del pueblo elegido a través del desierto, explica que todos "bebieron... de la roca espiritual que los acompañaba; y la roca era Cristo" (1 Co 10, 4). Ciertamente, los padres del pueblo elegido no sabían que esa roca era Cristo. No eran conscientes de que los acompañaba Aquel que, cuando llegaría la plenitud de los tiempos, se encarnaría, asumiendo un cuerpo humano. No necesitaban comprender que apagaría su sed el Manantial mismo de la vida, capaz de ofrecer el agua viva para saciar la sed de todo corazón. Sin embargo, bebieron de esta roca espiritual que es Cristo, porque sentían nostalgia del agua de la vida, la necesitaban.

o    Debemos ser conscientes de la presencia de Jesús mientras caminamos por las sendas de la vida: en los momentos felices y en las adversidades.

Mientras caminamos por las sendas de la vida, a veces quizá no somos conscientes de la presencia de Jesús. Pero precisamente esta presencia viva y fiel, la presencia en la obra de la creación, la presencia en la palabra de Dios y en la Eucaristía, en la comunidad de los creyentes y en todo hombre redimido por la preciosa sangre de Cristo, esta presencia es la fuente inagotable de la fuerza humana. Jesús de Nazaret, Dios que se hizo hombre, está a nuestro lado en los momentos felices y en las adversidades, y desea esta relación, que es en realidad el fundamento de la auténtica humanidad. En el Apocalipsis leemos estas significativas palabras:  "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20).

o   La construcción sobre roca: es la construcción sobre Alguien que fue rechazado. Muchas veces Jesús es ignorado, escarnecido, proclamado rey del pasado pero no del hoy y mucho menos del mañana.

Amigos míos, ¿qué quiere decir construir sobre roca? Construir sobre roca significa también construir sobre Alguien che fue rechazado. San Pedro habla a sus fieles de Cristo como de una "piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios" (1 P 2, 4). El hecho innegable de la elección de Jesús por parte de Dios no esconde el misterio del mal, a causa del cual el hombre es capaz de rechazar a Aquel que lo ha amado hasta el extremo. Este rechazo de Jesús por parte de los hombres, mencionado por san Pedro, se prolonga en la historia de la humanidad y llega también a nuestros días.

No se necesita una gran agudeza para descubrir las múltiples manifestaciones del rechazo de Jesús, incluso donde Dios nos ha concedido crecer. Muchas veces Jesús es ignorado, es escarnecido, es proclamado rey del pasado, pero no del hoy y mucho menos del mañana; es arrumbado en el armario de cuestiones y de personas de las que no se debería hablar en voz alta y en público. Si en la construcción de la casa de vuestra vida os encontráis con los que desprecian el fundamento sobre el que estáis construyendo, no os desaniméis. Una fe fuerte debe superar las pruebas. Una fe viva debe crecer siempre. Nuestra fe en Jesucristo, para seguir siendo tal, debe confrontarse a menudo con la falta de fe de los demás.

§  Ser conscientes de que habrá dificultades. “Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos: son fenómenos naturales previsibles que son imagen de las múltiples contrariedades de la condición humana.
Queridos amigos, ¿qué quiere decir construir sobre roca? Construir sobre roca quiere decir ser conscientes de que habrá contrariedades. Cristo dice: "Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa..." (Mt 7, 25). Estos fenómenos naturales no sólo son la imagen de las múltiples contrariedades de la condición humana; normalmente también son previsibles. Cristo no promete que sobre una casa en construcción no caerá jamás un aguacero; no promete que una ola violenta no derribará lo que para nosotros es más querido; no promete que vientos impetuosos no arrastrarán lo que hemos construido a veces a costa de enormes sacrificios. Cristo no sólo comprende la aspiración del hombre a una casa duradera, sino que también es plenamente consciente de todo lo que puede arruinar la felicidad del hombre. Por eso, no debéis sorprenderos de que surjan contrariedades, cualesquiera que sean. No os desaniméis a causa de ellas. Un edificio construido sobre roca no queda exento de la acción de las fuerzas de la naturaleza, inscritas en el misterio del hombre. Haber construido sobre roca significa tener la certeza de que en los momentos difíciles existe una fuerza segura en la que se puede confiar.

o   Construir sobre roca quiere decir construir con sabiduría. Tal vez sea más fácil fundar nuestra vida sobre las arenas movedizas de nuestra visión del mundo, construir nuestro futuro lejos de la palabra de Jesús, y a veces incluso contra ella. Sin embargo, es evidente que quien construye de este modo no es prudente.

Amigos míos, permitidme que insista: ¿qué quiere decir construir sobre roca? Quiere decir construir con sabiduría. Con razón Jesús compara a quienes oyen sus palabras y las ponen en práctica con un hombre sabio que ha construido su casa sobre roca. En efecto, es insensato construir sobre arena cuando se puede hacer sobre roca, teniendo así una casa capaz de resistir a cualquier tormenta. Es insensato construir la casa sobre un terreno que no ofrece garantías de resistir en los momentos más difíciles. Tal vez sea más fácil fundar nuestra vida sobre las arenas movedizas de nuestra visión del mundo, construir nuestro futuro lejos de la palabra de Jesús, y a veces incluso contra ella. Sin embargo, es evidente que quien construye de este modo no es prudente, porque quiere convencerse a sí mismo y a los demás de que en su vida no se desatará ninguna tormenta, de que ninguna ola se estrellará contra su casa. Ser sabio significa tener en cuenta que la solidez de la casa depende de la elección del fundamento. No tengáis miedo de ser sabios; es decir, no tengáis miedo de construir sobre roca.

o   Construir sobre roca quiere decir también construir sobre Pedro y con Pedro

Amigos míos, una vez más: ¿qué quiere decir construir sobre roca? Construir sobre roca quiere decir también construir sobre Pedro y con Pedro, pues a él el Señor le dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Si Cristo, la Roca, la piedra viva y preciosa, llama a su Apóstol piedra, significa que quiere que Pedro, y con él toda la Iglesia, sean signo visible del único Salvador y Señor.

Ciertamente aquí, en Cracovia, la ciudad predilecta de mi predecesor Juan Pablo II, a nadie sorprenden las palabras acerca de construir con Pedro y sobre Pedro. Por eso os digo:  no tengáis miedo de construir vuestra vida en la Iglesia y con la Iglesia. Sentíos orgullosos del amor a Pedro y a la Iglesia a él encomendada. No os dejéis engañar por quienes quieren contraponer a Cristo y a la Iglesia. Sólo hay una roca sobre la cual vale la pena construir la casa. Esta roca es Cristo. Sólo hay una piedra sobre la cual vale la pena apoyarlo todo. Esta piedra es aquel a quien Cristo dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16, 18). Vosotros, los jóvenes, habéis conocido bien al Pedro de nuestro tiempo. Por eso, no olvidéis que ni aquel Pedro que está observando nuestro encuentro desde la ventana de Dios Padre, ni este Pedro que ahora está delante de vosotros, ni ningún Pedro sucesivo estará nunca contra vosotros, ni contra la construcción de una casa duradera sobre roca. Al contrario, con su corazón y con sus manos os ayudará a construir la vida sobre Cristo y con Cristo.

o   La última palabra de Cristo es una palabra de esperanza

Queridos amigos, meditando en las palabras de Cristo sobre la roca como fundamento adecuado para la casa, no podemos menos de notar que la última palabra es una palabra de esperanza. Jesús dice que, a pesar de la furia de los elementos, la casa no se desplomó, porque estaba fundada sobre roca. Con estas palabras nos infunde una extraordinaria confianza en la fuerza del fundamento, la fe que no teme ser desmentida porque está confirmada por la muerte y resurrección de Cristo. Esta es la fe que, años después, confesará san Pedro en su carta:  "He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa, y el que crea en ella no será confundido" (1 P 2, 6). Ciertamente "no será confundido...".

Queridos jóvenes amigos, el miedo al fracaso a veces puede frenar incluso los sueños más hermosos. Puede paralizar la voluntad e impedir creer que pueda existir una casa construida sobre roca. Puede persuadir de que la nostalgia de la casa es solamente un deseo juvenil y no un proyecto de vida. Como Jesús, decid a este miedo: "¡No puede caer una casa fundada sobre roca!". Como san Pedro, decid a la tentación de la duda: "Quien cree en Cristo, no será confundido". Sed testigos de la esperanza, de la esperanza que no teme construir la casa de la propia vida, porque sabe bien que puede apoyarse en el fundamento que le impedirá caer: Jesucristo, nuestro Señor.

Entremos en el desierto con Jesús
Audiencia General de Papa Francisco
Miércoles de Ceniza, 26 de febrero de 2020 - Catequesis sobre la Cuaresma

Ø Significado espiritual del desierto

v  El desierto es el lugar donde despegarse del trasiego que nos rodea. Es ausencia de palabras, para dejar sitio a otra Palabra, la Palabra de Dios que, como brisa ligera, nos acaricia el corazón

o   En el desierto se escucha la Palabra de Dios que es como un sonido ligero.

§  A Jesús le gustaba retirarse cada a día a lugares desiertos para rezar.
Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos el camino cuaresmal, camino de 40 días hacia la Pascua, hacia el corazón del año litúrgico y de la fe, y un camino que sigue el de Jesús que, al principio de su ministerio, se retiró durante 40 días a rezar y ayunar, tentado por el diablo, al desierto. Precisamente del significado espiritual del desierto quería hablaros hoy.
¿Qué significa espiritualmente el desierto para todos nosotros, incluso para los que vivimos en la ciudad? ¿Qué significa el desierto? Imaginemos que estamos en un desierto. La primera sensación sería la de encontrarnos envueltos por un gran silencio, sin ruido, salvo el viento y nuestra respiración. Sí, el desierto es el lugar donde despegarse del trasiego que nos rodea. Es ausencia de palabras, para dejar sitio a otra Palabra, la Palabra de Dios que, como brisa ligera, nos acaricia el corazón (cfr. 1Re 19,12). El desierto es el lugar de la Palabra, con mayúscula. De hecho, en la Biblia al Señor le gusta hablarnos del desierto: en el desierto entrega a Moisés las Diez Palabras, los Diez Mandamientos, y cuando el pueblo se aleja de Él, comportándose como una esposa infiel, Dios dice: “Yo la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí me responderá como en los días de su juventud” (Os 2,16-17). En el desierto se escucha la Palabra de Dios que es como un sonido ligero. El Libro de los Reyes dice que la Palabra de Dios es como un hilo de silencio sonoro. En el desierto se recupera la intimidad con Dios, el amor del Señor. A Jesús le gustaba retirarse cada a día a lugares desiertos para rezar (cfr. Lc 5,16). Nos ha enseñado cómo buscar al Padre que nos habla en el silencio. ¡Y no es fácil guardar silencio en el corazón! Porque siempre estamos procurando hablar con los demás, estar con la gente… ¡El silencio en el corazón!

v  La Cuaresma es el tiempo propicio para dejar sitio a la palabra de Dios, el tiempo para apagar la televisión y abrir la Biblia, el tiempo para separarnos del móvil y conectarnos al Evangelio.

o   Como el pan –más que el pan–, necesitamos la Palabra de Dios, nos hace falta hablar con Dios: ¡nos hace falta rezar! Porque solo ante Dios salen a relucir las inclinaciones del corazón y caen las dobleces del alma.

§  Intentemos de nuevo pensar en un desierto. El desierto es el lugar de lo esencial, como he dicho. Miremos nuestras vidas: ¡cuántas cosas inútiles nos rodean, seguimos mil cosas que parecen necesarias y en realidad no lo son!
¡Qué bien nos haría liberarnos de tantas realidades superfluas para redescubrir lo que cuenta, para reencontrar los rostros de quienes están a nuestro lado!
            La Cuaresma es el tiempo propicio para dejar sitio a la palabra de Dios, el tiempo para apagar la televisión y abrir la Biblia, el tiempo para separarnos del móvil y conectarnos al Evangelio. Cuando era niño, no había televisión, pero estaba la costumbre de no escuchar la radio en Cuaresma: el desierto. Es el tiempo para renunciar a palabras inútiles, chismes, habladurías…, y hablarle de tú al Señor. ¡Tiempo para hablar de tú al Señor! El tiempo para dedicarse a una santa ecología del corazón: ¡hacer una limpieza ahí! Vivimos en un ambiente contaminado por una violencia verbal de tantas palabras ofensivas y nocivas que internet amplifica.
            ¡Hoy se insulta como si se dijese: buen día! Estamos sumergidos en palabras vacías, en publicidad, de mensajes tortuosos…, estamos acostumbrados a oírlo todo de todos, y corremos el riesgo de resbalar a una mundanidad que nos atrofia el corazón. ¡Y no hay bypass para curar esto, solo el silencio! Nos cuesta distinguir la voz del Señor que nos habla, la voz de la conciencia, la voz del bien. Jesús, al llamarnos al desierto, nos invita a prestar atención a lo que cuenta, a lo
importante, a lo esencial. Al diablo que lo tentaba respondió: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Como el pan –más que el pan–, necesitamos la Palabra de Dios, nos hace falta hablar con Dios: ¡nos hace falta rezar! Porque solo ante Dios salen a relucir las inclinaciones del corazón y caen las dobleces del alma. Eso es el desierto, lugar de vida, no de muerte, porque dialogar en el silencio con el Señor nos da la vida.
            Intentemos de nuevo pensar en un desierto. El desierto es el lugar de lo esencial, como he dicho. Miremos nuestras vidas: ¡cuántas cosas inútiles nos rodean, seguimos mil cosas que parecen necesarias y en realidad no lo son! ¡Qué bien nos haría liberarnos de tantas realidades superfluas para redescubrir lo que cuenta, para reencontrar los rostros de quienes están a nuestro lado!

v  También en esto Jesús nos da ejemplo ayunando. Ayunar es saber renunciar a las cosas vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial.

También en esto Jesús nos da ejemplo ayunando. Ayunar es saber renunciar a las cosas
vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial. ¡Ayunar no es solo para adelgazar! Ayunar es precisamente ir a lo esencial, es buscar la belleza de una vida más sencilla.

v  El desierto, finalmente, es el lugar de la soledad.

o   Cerca de nosotros, hay tantos desiertos, muchas personas solas. Son las personas solas y abandonadas.

§  ¡Tantas miradas silenciosas que piden nuestra ayuda! El camino en el desierto cuaresmal es un camino de caridad con quien es más débil.
            El desierto, finalmente, es el lugar de la soledad. También hoy, cerca de nosotros, hay tantos desiertos, muchas personas solas. Son las personas solas y abandonadas. ¡Cuántos pobres y ancianos están a nuestro lado y viven en silencio, sin hacer ruido, marginalizados y descartados! Hablar de ellos no da audiencia, pero el desierto nos conduce a ellos, a cuantos, obligados a callar,
piden en silencio nuestra ayuda. ¡Tantas miradas silenciosas que piden nuestra ayuda! El camino en el desierto cuaresmal es un camino de caridad con quien es más débil.
            Oración, ayuno, obras de misericordia: ese es el camino del desierto cuaresmal. Queridos hermanos y hermanas, con la voz del profeta Isaías, Dios hizo esta promesa –oídla bien–: “hago una cosa nueva, abriré en el desierto una senda” (Is 43,19). En el desierto se abre la senda que nos lleva de la muerte a la vida.

v  Entremos en el desierto con Jesús y saldremos saboreando la Pascua

o   Sucederá en nosotros como en esos desiertos en que florece la primavera, haciendo germinar de repente, de la nada, yemas y plantas.

            Entremos en el desierto con Jesús y saldremos saboreando la Pascua: el poder del amor de Dios que renueva la vida. Sucederá en nosotros como en esos desiertos en que florece la primavera, haciendo germinar de repente, de la nada, yemas y plantas. ¡Ánimo, entremos en este desierto de la Cuaresma, sigamos a Jesús en el desierto! ¡Con Él, nuestros desiertos florecerán! Gracias.



Vida Cristiana

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