sábado, 20 de octubre de 2018

Domingo 29 del tiempo ordinario, Año B, 21 de octubre de 2018




Ø Domingo 29 del tiempo ordinario, Año B (2018). La identidad de Jesucristo: en las tres Lecturas aparecen los rasgos del Señor.  Se puede emplear también otra palabra: títulos. Es Buen Pastor - Roca - Camino, verdad y vida - Piedra viva - Roca - Sabiduría de Dios – Salvador – Mediador – Redentor – etc. Hoy nos fijamos especialmente en que es siervo.  Es el siervo que da su vida como rescate por muchos: no ha venido a esta tierra “a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. Se compadece de nuestras flaquezas y por ello nos acercamos a él para alcanzar misericordia. Él nos pide a los cristianos que sigamos en nuestra vida su camino: “el que quiera llegar ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos”. La grandeza cristiana no consiste en dominar, sino en servir. El camino que conduce a la “grandeza” evangélica es un itinerario de amor y de servicio, que invierte toda lógica humana.

v  Cfr. Domingo 29 del tiempo ordinario, Año B, 21 de octubre de 2018

Isaías 53, 2.3.10-11; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme 4 edizione settembre 1996, XIX domenica tempo ordinario; Raniero Cantalamessa, La Parola e la Vita anno B, Città Nuova IX edizione giugno 2001 XIX domenica tempo ordinario; San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 7.

Isaías 53: 2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada, ni belleza que nos agrade en él. 3 Despreciado y rechazado  de los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. 10 Mas dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias. Puesto que dio su vida en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y, por su mano, el designio del Señor prosperará. 11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará de su conocimiento. El justo, mi siervo, justificará a muchos y cargará con sus culpas.
Hebreos 4: 14 Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. 15 Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. 16 Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna.
Marcos 10: 35 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: « Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos ». 36 El les dijo: « ¿Qué queréis que os conceda? » 37 Ellos le respondieron: « Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. » 38 Jesús les dijo: « No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? » 39 Ellos le dijeron: « Sí, podemos. » Jesús les dijo: « La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado. » 41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. 42 Jesús, llamándoles, les dice: « Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

LA IDENTIDAD DE JESUCRISTO
Ha venido a esta tierra para servir y dar su vida como rescate por muchos
(Evangelio)
Justificará a muchos y cargará con su culpas
(Primera Lectura)
Se compadece de nuestras flaquezas
y por ello nos acercamos a él para alcanzar misericordia
(Segunda Lectura)

1.    La identidad de Jesucristo.

v  La primera Lectura

o   Los llamados cuatro Cantos del Siervo, del libro de Isaías, son un lugar muy adecuado para conocer los rasgos del Señor Jesús.

§  Hoy, se nos proponen algunos versos del 4º Canto del Siervo doliente.
·         La Liturgia de la Palabra de este domingo nos propone en la primera Lectura algunos versos del 4º Canto
del siervo doliente.
·         Los otros tres Cantos que, como el cuarto, los encontramos en el libro de Isaías, son: Isaias 42, 1-4
(primer Canto); Isaias 49, 1-6 (segundo Canto); Isaias 50, 4-9 (tercer Canto).
“Los Evangelios y los hechos de los Apóstoles, sin entrar en la cuestión sobre la personalidad originaria del siervo, ven en cada uno de los cuatro cantos una profecía que anuncia al Mesías y que se cumple en Jesucristo” (Libros proféticos, Eunsa 2002, Isaías 42, 1-9).
§  Algunas notas sobre la vida del Siervo según los versículos que aparecen en el Canto 4º este domingo.
a) La vida del Siervo aparece como una existencia privada de importancia: “no hay hermosura que atraiga nuestra mirada”. Pero forma parte del designio misterioso de Dios.
·         La vida del Siervo es descrita como una existencia privada de importancia, como la de un brote que
crece en un terreno árido, y “no hay hermosura que atraiga nuestra mirada” (53,2). A la consideración de su vida como sin relieve se añade el sufrimiento que es consecuencia del desprecio que se le tiene (53,3), porque se le considera culpable y por esto como alguien que ha atraído la maldición de Dios sobre sí. 
La voz del profeta comenta la experiencia del Siervo y la interpreta como algo que forma parte del designio misterioso de Dios (53, 10: “dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias”). Su muerte como expiación tiene como consecuencia el hecho de que “verá descendencia y alargará sus días” (53, 10).
·         Acerca del v. 3 (es “varón de dolores y experimentado en el sufrimiento”),  alguna traducción dice que es
“sabedor de dolores”, lo cual indica que  el conocimiento que tenía no era simplemente intelectual sino que coincidía “con la experiencia personal de una realidad propia de la vida humana”, en este caso con el dolor[1].
b) Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 601: «Muerto por nuestros pecados según las Escrituras» - Este
designio divino de salvación a través de la muerte del «Siervo, el Justo» (Isaías 53, 11) (Cf Hechos 3, 14) había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (Cf Isaías 53, 11-12; Juan 8, 34-36). S. Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber «recibido» (1 Corintios 15, 3) que «Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras» (ibid.) (Cf también Hechos 3, 18; 7, 52; 13, 29; 26, 22-23).  La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente (Cf Isaías 53, 7-8 y Hechos 8, 32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (Cf Mateo 20, 28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (Cf Lucas 24, 25-27), luego a los propios apóstoles (Cf Lucas 24, 44-45).
c) Juan Bautista señala a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo»
·         Catecismo de la Iglesia católica, n. 608: «El cordero que quita el pecado del mundo» - Juan Bautista,
después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores (Cf Lucas 3, 21; Mt 3, 14-15), vio y señaló a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» (Juan 1, 29) (Cf Juan 1, 36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Isaías 53, 7) (Cf Jeremías 11, 19) y carga con el pecado de las multitudes (Cf Isaías 53, 12), y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Éxodo 12, 3-14) (Cf Juan 19, 36; 1 Co 5, 7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: «Servir y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10, 45).
d) Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados.
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 615: Jesús reemplaza  nuestra desobediencia por su obediencia –
«Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos» (Romanos 5, 19). Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que «se dio a sí mismo en expiación», «cuando llevó el pecado de muchos», a quienes «justificará y cuyas culpas soportará» (Cf Isaías 53, 10-12). Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados (Cf Cc. de Trento: DS 1529).
·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 623: Por su obediencia amorosa a su Padre, «hasta la muerte de
cruz» (Filipenses 2, 8), Jesús cumplió la misión expiatoria (Cf Isaías  53, 10) del Siervo doliente que «justifica a muchos cargando con las culpas de ellos» (Isaías 53, 11). (Cf Romanos 5, 19)

v   La segunda Lectura

o   Es una síntesis sobre el sacerdocio de Cristo

§  Cristo en su misericordia se compadece de nuestras debilidades.
·         Si es verdad que Cristo es el grande Sumo Sacerdote que ha penetrado en los cielos, también ha sido
 “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado”, y, por tanto,  debemos acercarnos a Él confiadamente, “a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna”.
·         Nuevo Testamento, Eunsa 2004, nota a Hebreos 4, 14-16: “El cristiano debe poner su confianza en el
nuevo Sumo Sacerdote, Cristo, que penetró en los cielos, y en su misericordia, porque se compadece de nuestras debilidades: «Los que habían creído sufrían por aquel entonces una gran tempestad de tentaciones; por eso el Apóstol los consuela, enseñando que nuestro Sumo Pontífice no sólo conoce en cuanto Dios la debilidad de nuestra naturaleza, sino que también en cuanto hombre experimentó nuestros sufrimientos, aunque estaba exento de pecado. Por conocer bien nuestra debilidad, puede concedernos la ayuda que necesitamos, y al juzgarnos dictará su sentencia teniendo en cuenta esa debilidad» (Teodoreto de Ciro, Interpretatio ad Hebraeos, ad loc). (…). 

v  El Evangelio

o   Toda la vida de Cristo expresa su misión: "Servir y dar su vida en rescate por muchos"

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 608. Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en
compañía de los pecadores (cf. Lucas 3,21 Mateo 3,14-15), vio y señaló a Jesús como el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Juan 1,29 cf. Juan 1,36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Isaías 53,7 cf. Jeremías 11,19) y carga con el pecado de las multitudes (cf. Is 53,12) y el cordero pascual símbolo de la Redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12,3-14; cf Jn 19,36 1Co 5,7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: "Servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mc 10,45).
§   Jesús es el primer "Siervo de los siervos de Dios".
·         Benedicto XVI, Homilía, 24 de marzo de 2006: Jesús, explicando a los doce Apóstoles que su
autoridad debía ejercerse de modo muy diferente del de los "jefes de las naciones", resume esta modalidad con el estilo del servicio: "El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos (aquí Jesús utiliza la palabra más fuerte (Mc 10,43-44). La total y generosa disponibilidad para servir a los demás es el signo distintivo de quien en la Iglesia está revestido de autoridad, porque así sucedió con el Hijo del hombre, que no vino "a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Marcos 10,45). Aun siendo Dios, más aún, impulsado precisamente por su divinidad, asumió la forma de siervo - "formam servi" -, como dice admirablemente el himno a Cristo contenido en la carta a los Filipenses (cf. Filipenses  2,6-7).
Así pues, el primer "Siervo de los siervos de Dios" es Jesús. Detrás de él, y unidos a él, los Apóstoles; y, entre estos, de modo especial, Pedro, al que el Señor encomendó la responsabilidad de guiar su grey.
§  La grandeza cristiana
·         Benedicto XVI, Homilía, 24 de noviembre de 2007: La verdadera grandeza cristiana no consiste en
dominar, sino en servir. Jesús nos repite hoy a cada uno que él "no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida como rescate por muchos" (Marcos 10,45).
§  El camino que conduce a la “grandeza evangélica”.  
·         San Juan Pablo II, Homilía, 19 de octubre de 2003, en la Beatificación de Madre Teresa de Calcuta:
"El que quiera ser el primero, sea esclavo de todos" (Mc 10,44). Estas palabras de Jesús a sus discípulos, que acaban de resonar en esta plaza, indican cuál es el camino que conduce a la "grandeza" evangélica. Es el camino que Cristo mismo recorrió hasta la cruz; un itinerario de amor y de servicio, que invierte toda lógica humana. ¡Ser siervo de todos!
§  Jesús perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez.
·         Francisco, Evangelii gaudium, n. 3: Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se
encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor».( Pablo VI, Exhort. ap. Gaudete in Domino, 22) Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría.

2. Otros comentarios de algunos autores a las tres Lecturas de este domingo 29 del Tiempo Ordinario.

v  Este domingo la palabra de Dios está orientada exclusivamente a hacernos crecer en la fe y en el conocimiento de Cristo.

                      Raniero Cantalamessa, o.c. pp. 323-324
·         A  veces buscamos en la palabra de Dios la verdad sobre el hombre, es decir, qué nos dice sobre
nuestra vida cotidiana y sus problemas, o como comportarnos en esta u otra circunstancia de nuestra vida. 
·         Otras veces buscamos en la palabra de Dios algo que es más importante: la verdad sobre Dios y sobre
Jesucristo que nos quiere transmitir. Esto sucede particularmente en los domingos en los que toda la palabra de Dios se orienta a este fin que, - como dice san Pablo – es el de crecer en el conocimiento de Cristo[2], lo cual era la grande pasión del Apóstol. El resto, saber lo que hay que hacer en concreto,  vendría después espontáneamente porque  para quien conoce a Cristo es fácil «tener los mismos sentimientos que Cristo» (Fil 2,5) La fuerza del cristianismo está precisamente en esto: «no es un una doctrina moral o una ideología, que se limita a decir lo que debo hacer o pensar, dejándolo solo con las propias fuerzas e impotente para realizarlo; es una persona  - Jesucristo – que actúa para nosotros y con nosotros».
·         Este domingo es uno de éstos en los que la palabra de Dios está orientada exclusivamente a hacernos
crecer en la fe y en conocimiento de Cristo.

o   El mismo Jesús presenta el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente.

  R. Cantalamessa o.c. p. 324
·          En el Evangelio el mismo Jesús nos dice de sí mismo: «el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y a dar su vida en redención de muchos» (v. 45). “Es una de las frases más importantes del Evangelio; la que mejor revela lo que pensaba Jesús de sí mismo o, como se dice hoy, la autoconciencia de Cristo. Para entenderlo debemos partir del pasaje de los llamados Cantos del Siervo del Señor, en los que emerge “el perfil misterioso de un hombre  - siervo – que ha acogido una llamada particular de Dios y se ha dedicado alma y cuerpo a su servicio como testigo de la verdad divina, soportando muchos sufrimientos y sacrificando su vida por los demás”.
§  El Catecismo recoge la enseñanza de que fue el mismo Jesús quien presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del  Siervo doliente.
Raniero Cantalamessa o.c. pp. 324-325  
·         En el libro de Isaías “había quedado al mismo tiempo como un misterio y una promesa  quién era ese
siervo. Pero dos cosas eran claras: en primer lugar que ese hombre habría saboreado hasta el fondo el sufrimiento (varón de dolores y experimentado en el sufrimiento, 53,3); en segundo lugar, el sufrimiento tenía un sentido. No habría sido un sufrimiento brutal sin saber el por qué y para quién, como en el caso de Job que le había llevado al borde de la desesperación, sino un sufrir fecundo que se habría transformado en luz, liberación, rescate y salvación “para muchos”.
·         “Se entendía que bajo aquellas palabras había una promesa: Israel - ¡es más, la humanidad entera! – sufre
y es como aplastado, pero llegará un día en el que sucederá algo (¡y vendrá alguno!) que dará un significado a ese sufrimiento. Sin embargo, los israelitas nunca habían pensado que ese “alguno” fuese precisamente el Mesías; el Mesías debía ser “bello” no “privado de belleza”; glorioso, no “despreciado”; victorioso no un vencido; debería ser el famoso “Hijo del hombre” que presenta para recibir el Reino (cf. Dan. 7,13)”.
·         Así pensaban los que estaban cerca de Jesús; así pensaba también Pedro: «De ningún modo te ocurrirá
eso (el sufrir) » (Mt 16,22).  Este fue el motivo por el que Jesús, durante su vida, debió evitar el llamarse y presentarse como Cristo, es decir, como Mesías; enseguida habrían exigido de Él la contraseña del otro mesías que él no quería ser: ¡si eres el Cristo, di esto; si eres el Cristo haz esto o lo otro! (…)

v  El siervo en la Carta a los Hebreos y en el Evangelio

Gianfranco Ravasi o.c. p. 308

o   Jesucristo es presentado como «un sumo sacerdote perfecto» que lleva los estigmas de la cruz y del sufrimiento, que redime con su misma sangre.

§  Seguir a Jesús es realizar un viaje hasta la donación total.
·         En la segunda Lectura de la Carta a los Hebreos, “Jesucristo es presentado solemnemente como «sumo
sacerdote perfecto». Y, sin embargo, bajo el manto de oro de su gloria pascual, él lleva los estigmas de la cruz y del sufrimiento. Es hermano de la humanidad enferma y dolorosa porque «él mismo ha sido probado en todo». No es un sacerdote rey, impasible, con la aureola de su alejamiento sagrado: en efecto, redime con su misma sangre, acercándose al hombre, es más, entrando en el desierto del mal y del dolor que es la historia humana. 
Precisamente conocemos de sus labios esa elección. El pasaje de Marcos que hoy leemos contiene, en efecto, el tercero y último de los anuncios de su pasión y muerte que han acompañado el viaje de Jesús hacia la ciudad de su martirio. Seguir a Jesús es realizar un viaje hasta la donación total, es el «via crucis» en el sentido pleno de la expresión. Ante este mesianismo de donación y no de poder, ante este camino del «servir» y no del «ser servido», surge la reacción de Santiago y de Juan, discípulos que están todavía envueltos por el humo de las ilusiones políticas y de la religiosidad triunfalista. A su concepción basada  en un mesianismo del poder, Jesús opone su mesianismo de la inmolación y de la donación”.

v  La historia de la misericordia divina se resume y se compendia en Jesucristo

o   El autor de la Carta a los Hebreos nos dice que debemos acercarnos a Cristo para que alcancemos misericordia.

§  La misericordia es el atributo de Dios por el que el hombre se encuentra con el Dios vivo.
La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia.
·         Es oportuno que, dentro del perfil de Jesucristo que hace la liturgia de este domingo, sean resaltadas
también dos afirmaciones del texto de la Carta a los Hebreos: la primera es que Cristo se compadece de nuestras flaquezas, y la segunda que debemos acercarnos a Él para alcanzar misericordia. Sobre la misericordia nos habla - abundantemente -  también el salmo 33/32, que hoy es el salmo responsorial: “La tierra está llena de su misericordia” (v. 5);  “Los ojos del Señor velan por los que esperan en su misericordia” (v. 18);  “Que tu misericordia, Señor, esté sobre nosotros, que hemos puesto en Ti nuestra esperanza” (v. 22).
·         La misericordia de Dios - afirma Juan Pablo II – es la perfección y el atributo de Dios “por el que el
hombre, en la verdad íntima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo”[3]. Y también afirmará, en el mismo documento (n.13), que “la conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno [4] a medida del Creador y Padre: el amor, al que «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» [5] es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del reencuentro de este Padre, rico en misericordia”.
·         CCE n. 1846: “El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores
(Cf Lucas 15)”.

v  En los salmos y en muchas escenas del Evangelio se puede descubrir constantemente la misericordia de Dios.

                  San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Homilía «La vocación cristiana», n. 7.
§  Como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el juez misericordioso no niega la esperanza del perdón.
(…) Ahora, que se acerca el tiempo de la salvación, consuela escuchar de los labios de San Pablo que después que Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres, nos ha liberado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia (Tito 3,5).
Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la presencia de la misericordia de Dios: llena la tierra (Salmo 32, 5), se extiende a todos sus hijos, super omnem carnem (Ecclesiástico 18,12); nos rodea (Salmo 21, 10), nos antecede (Salmo 58,11), se multiplica para ayudarnos (Salmo 33,8), y continuamente ha sido confirmada (Salmo 116, 2). Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera en su misericordia (Salmo 24, 7): una misericordia suave (Salmo 108, 21), hermosa como nube de lluvia (Ecclo XXV, 26).
Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mateo V,7). Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso (Lucas 6, 36). Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím (Lucas 7, 1-17). ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso (Éxodo 32, 27). Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno (Hebreos 4, 16). Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si —por nuestra culpa y nuestra debilidad— caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 7).

o   El descubrimiento de la misericordia de Dios es la diferencia entre el arrepentimiento de Pedro  y el de Judas

·         Benedicto XVI, Audiencia del miércoles 18 de octubre de 2006: “Tras su caída, Pedro se arrepintió y
encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y de este modo se convirtió en autodestrucción. Es para nosotros una invitación a recordar siempre lo que dice san Benito al final del capítulo V, fundamental, de su «Regla»: «no desesperar nunca de la misericordia de Dios». En realidad, «Dios es mayor que nuestra conciencia», como dice san Juan (1 Juan 3, 20)”.

Vida Cristiana




[1] A. Sacchi, Enseñanza, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ed. Paulinas 1990. Otras traducciones dicen: “sabedor de dolores”.
[2] Fil 2, 8 ss:  Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo...
[3] Enc. Dives in misericordia, n. 13.
[4] Cf. 1 Co 13,4
[5] 2 Co 1,3

DOMUND 2018 Domingo 21 de octubre de 2018




DOMUND 2018

Domingo 21 de octubre de 2018

29 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Domingo Mundial de las Misiones

Señor, ayúdame a cambiar ...

Obras Misionales Pontificias

 

Oración

Señor, ayúdame a cambiar para cambiar el mundo. Necesito renovar el corazón, la mirada, mis modos de hacer, para no terminar en un museo. Y no es solo renovar lo viejo: es permitir que el Espíritu Santo cree algo nuevo. Señor, vacíame de mis esquemas para hacer sitio a tu Espíritu y dejar que sea Él quien haga nuevas todas las cosas. Él nos envía, nos acompaña, nos inspira; Él es el autor de la misión, y no quiero domesticarlo ni enjaularlo. Haz que no tenga miedo de la novedad que viene de Ti, Señor Crucificado y Resucitado. Que mi misión sea comunicar tu vida, tu misericordia, tu santidad. Enséñame a amar como Tú para cambiar el mundo. Amén.


El Domund es una Jornada universal que se celebra cada año en todo el mundo, el penúltimo domingo de octubre, para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres.

El Domund es una llamada a la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización. Es el día en que la Iglesia lanza una especial invitación a amar y apoyar la causa misionera, ayudando a los misioneros.

Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada: Los territorios de misión.

POR QUÉ SE CELEBRA

La actividad pastoral, asistencial y misionera de los territorios de misión depende de los donativos del Domund. Este día es una llamada a la colaboración económica de los fieles de todo el mundo.

Las necesidades en la misión son muchas. Mediante el Domund, la Iglesia trata de cubrir esas carencias y ayudar a los más desfavorecidos a través de los misioneros, con proyectos pastorales, sociales y educativos. Así, se construyen iglesias y capillas; se compran vehículos para la pastoral; se forman catequistas; se sostienen diócesis y comunidades religiosas; se mantienen hospitales, residencias de ancianos, orfanatos y comedores para personas necesitadas en todo el mundo.

En los territorios de misión la Iglesia sostiene casi 27.000 instituciones sociales, que representan el 24% de las de la Iglesia universal, y más de 119.000 instituciones educativas, que representa el 54,86 % del total de centros educativos que atiende la Iglesia en todo el mundo.
Todos estos proyectos son financiados con los donativos recogidos en el Domund.

Las misiones siguen necesitando ayuda económica, y por eso es tan necesaria la colaboración de todos.

UN POCO DE HISTORIA

En 1926 el papa Pío XI estableció que el penúltimo domingo de octubre fuera para toda la Iglesia el Domingo Mundial de las Misiones, en favor de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe; un día para mover a los católicos a amar y apoyar la causa misionera.

Desde 1943, esta “fiesta de la catolicidad y de la solidaridad universal” se conoce en España como Domund (de “Domingo Mundial”). Este nombre ha ayudado a identificar y difundir aún más esta Jornada, de modo que su mensaje —una llamada de atención sobre la común responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización del mundo— ha calado en la profunda sensibilidad y tradición misionera de nuestro país.


Vida Cristiana


jueves, 18 de octubre de 2018

Últimos: nadie se conforme con menos. Por Santiago Agrelo


El Señor lo dijo así a sus discípulos: “El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”.
El que hoy, porque nos ama y porque cuenta con nosotros para amar, nos espera a la orilla de nuestro mar; el que para nosotros, sobre las ascuas del Espíritu, ha preparado el pan de su palabra y de su cuerpo; es él quien hoy nos invita a seguirlo por su camino, a ser como él, como “el Hijo del hombre, que ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”.
El que no quiso más grandeza que la de ser pequeño, ni más reino que el de Dios, ni más saber que la buena noticia de Dios para los pobres, es él quien hoy nos recuerda que “el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir”.
Hoy escuchamos y creemos para ser como él.
Hoy comulgamos y, por la fe, la esperanza y el amor, nos ponemos en camino para dar la vida con él.
Por la fe, la esperanza y el amor somos de Cristo, somos cuerpo de Cristo, somos presencia de Cristo en el mundo: presencia viva, presencia espiritual, presencia real.
Y no habrá de apartarse el sacramento –que es la Iglesia-, de la realidad que en él se representa –que es Cristo-.
Quiere ello decir que también la Iglesia, como Cristo Jesús, ha sido ungida y enviada, no para ser servida, sino para servir; los hijos de la Iglesia estamos en el mundo, no para preservarnos sino para darnos, no para ser nuestros sino para ser de quien necesite de nosotros.
Y cualquier forma, no digo ya de tiranía o de opresión sobre otro, sino incluso de olvido del otro o de indiferencia frente a su necesidad, sería del todo incoherente con esa condición nuestra de “sacramentos de Cristo Jesús”.
Libres como Cristo Jesús, movidos como él por el amor, apegados como él a la justicia y al derecho, empapados como él de misericordia, siervos de todos como él, esperamos y pedimos que Dios, por nuestros ojos, continúe mirando a los pobres con el amor entrañable con que los miró por los ojos de Jesús de Nazaret.
Para ello habremos de desprendamos de nosotros mismos hasta hacernos de todos y de Dios, como Jesús.
Lo hemos oído en el evangelio: “El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”. ¡Y lo hemos creído!
Lo oímos cada vez que celebramos la Eucaristía: “Tomad y comed, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. ¡Y lo comulgamos!
Y creyendo y comulgando, hemos aceptado, como forma de ser para nosotros, ese “servir y dar la vida” que es la forma de ser de Cristo Jesús.
Nadie se conforme con menos: Vamos con Jesús hasta el último lugar. Rompamos y entreguemos con Jesús el pan de nuestra vida.
Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo.

sábado, 13 de octubre de 2018

Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Año B (2018). La Palabra de Dios.

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Ø Domingo 28 del Tiempo Ordinario, Año B (2018). La Palabra de Dios. La verdadera riqueza del cristiano es la Palabra de Dios. “Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios” (Benedicto XVI, “Porta fidei”, 3). Nacemos de nuevo “por medio de la palabra de Dios viva y verdadera.”. El Espíritu Santo es quien constituye a los bautizados en hijos de Dios y, al mismo tiempo, en miembros del Cuerpo de Cristo.


2ª Lectura , Hebreos 4, 12-13: “12 Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que un espada de doble filo: penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón. 13 No hay ante ella criatura invisible, sino que todo está desnudo y patente a los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuenta”.
Marcos 10, 17-30: 17 Cuando salía para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno, Dios. 19 Ya conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre. 20 El respondió: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia. 21 Y Jesús, fijando en él su mirada, se prendó de él y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme. 22 Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, pues tenía muchos bienes. 23 Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos quedaron impresionados por sus palabras. Y hablándoles de nuevo, dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! 25 Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios. 26 Y ellos se asombraban aún más diciéndose unos a otros: Entonces, ¿quién podrá salvarse? 27 Jesús, fijándose en ellos, dijo: Para los hombres esto es imposible, pero no para Dios; pues para Dios todo es posible. 28 Comenzó Pedro a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. 29 Jesús respondió: En verdad os digo que no hay nadie que habiendo dejado casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, 30 no reciba en esta vida cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna.

Mirad que habéis vuelto a nacer, por medio de la palabra de Dios,
viva y verdadera
(1 Pedro 1, 23)
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz
 (Hebreos 4, 12, 2ª Lectura de hoy)
Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra Dios y la guardan
(Lucas 11, 28)

v  Cfr. Domingo 28 del Tiempo Ordinario, año B.

14 de octubre de 2018
Sabiduría 7, 7-11; Salmo 89, 12-17; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

1.    La verdadera riqueza del cristiano es la Palabra de Dios. (2ª  Lectura)


v  Hemos vuelto a nacer por medio de la palabra de Dios viva y verdadera.

  • 1 Pedro 1, 23: “Mirad que habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una
inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y verdadera” [1].
  • Juan Pablo II, Christifideles laici, 11: San Pedro “designa a los cristianos como aquellos que «no
han sido reengendrados de un germen corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente» (1 Pedro 1,23).

§  Cada cristiano vuelve a escuchar la voz que un día fue oída a orillas del río Jordán
Por el santo Bautismo somos hechos hijos de Dios en su Unigénito Hijo, Cristo Jesús. Al salir de las aguas de la sagrada fuente, cada cristiano vuelve a escuchar la voz que un día fue oída a orillas del río Jordán: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Lucas 3,22); y entiende que ha sido asociado al Hijo predilecto, llegando a ser hijo adoptivo (cf. Gálatas 4,4-7) y hermano de Cristo. Se cumple así en la historia de cada uno el eterno designio del Padre: «a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que Él fuera el primogénito entre muchos hermanos» (cf.  Romanos  8; Romanos 29).
§  El Espíritu Santo es quien constituye a los bautizados en hijos de Dios y, al mismo tiempo, en miembros del Cuerpo de Cristo.
El Espíritu Santo es quien constituye a los bautizados en hijos de Dios y, al mismo tiempo, en miembros del Cuerpo de Cristo. Lo recuerda Pablo a los cristianos de Corinto: «En un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo» (1Corintios 12,13); de modo tal que el apóstol puede decir a los fieles laicos: «Ahora bien, vosotros sois el Cuerpo de Cristo y sus miembros, cada uno por su parte» (1Corintios 12,27); «La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Gálatas 4,6 cf.  Romanos 8,15-16).
§  Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios.
  • Benedicto XVI, Porta fidei, n. 3:  “Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos
con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cfr. Juan 6, 51). Creer en Jesucristo es el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación”. Ningún texto de espiritualidad alcanza la riqueza de la Escritura.
§  Que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne. Meditemos sobre la Palabra de Dios.
  • Benedicto XVI, Verbum Domini, 124: Así pues, que cada jornada nuestra esté marcada por
el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne. Él está en el principio y en el fin, y «todo se mantiene en él» (Colosenses 1,17). Hagamos silencio para escuchar la Palabra de Dios y meditarla, para que ella, por la acción eficaz del Espíritu Santo, siga morando, viviendo y hablándonos a lo largo de todos los días de nuestra vida. De este modo, la Iglesia se renueva y rejuvenece siempre gracias a la Palabra del Señor que permanece eternamente (cf. 1Pedro1,25 Isaías 40,8). Y también nosotros podemos entrar así en el gran diálogo nupcial con que se cierra la Sagrada Escritura: «El Espíritu y la Esposa dicen: “¡Ven!”. Y el que oiga, diga: “¡Ven!”... Dice el que da testimonio de todo esto: “Sí, vengo pronto”. ¡Amen! “Ven, Señor Jesús”» (Apocalipsis 22,17.20).

o   Ningún texto de espiritualidad o de literatura puede alcanzar el valor y la riqueza contenida en la Sagrada Escritura

Cfr. Benedicto XVI, Exhortación apostólica  Verbum Domini (30 septiembre 2010)
  • n. 69: “«Ningún texto de espiritualidad o de literatura puede alcanzar el valor y la riqueza
contenida en la Sagrada Escritura, que es Palabra de Dios».
  • n. 107: «El Señor ensalza la sencillez de corazón de quien reconoce a Dios como la verdadera
riqueza, pone en Él la propia esperanza, y no en los bienes de este mundo».

v  La Palabra de Dios es eficaz (v. 12).

Cfr. Temi di Predicazione – Omelie, Editrice Domenicana Italiana 5/2012, Domenica 28, pp. 15-16

            La verdadera riqueza del cristiano, según la Carta a los Hebreos, es la Palabra de Dios, porque es una llamada a la comunión con quien habla, que es Dios mismo. 
Es eficaz, como ya había anunciado el profeta Isaías (55,11):  “así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié”.
Así lo repitió san Pablo en su 1ª Carta a los Tesalonicenses (2, 13): “ Damos gracias a Dios sin cesar, porque cuando recibisteis la palabra que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino como lo que es en verdad, palabra divina, que actúa eficazmente en vosotros los creyentes”.

v  Es cortante como una espada de doble filo (v. 12).

Cfr. Temi di Predicazione – Omelie, Editrice Domenicana Italiana 5/2012, Domenica 28, pp. 15-16
Al hombre que está atenazado sobre todo por las falsas preocupaciones que proceden de la avidez o ansia del dinero, el Señor le regala como un instrumento para discernir y orientarse sobre los verdaderos valores de la vida. 

2. La Palabra de Dios crea comunión, con Dios y entre los creyentes y es fuente de alegría.

  • 1 Juan 1, 2-3: "Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó: lo
que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Juan., 1, 2-3).

v  El sacerdote - ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino y para conducir a los creyentes a la comunión con Dios -, debe ser el primero en cultivar una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios.

Cfr. Benedicto XVI, Exhortación apostólica  Verbum Domini (30 septiembre 2010)

  • n. 80 Respecto a los sacerdotes, quisiera también remitirme a las palabras del Papa Juan Pablo II, el
cual, en la Exhortación apostólica postsinodal «Pastores dabo vobis», ha recordado que «el sacerdote es, ante todo, ministro de la Palabra de Dios; es el ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino, llamando a cada hombre a la obediencia de la fe y conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nosotros en Cristo». Por eso, el sacerdote mismo debe ser el primero en cultivar una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios: «no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: “la mente de Cristo” (1 Corintios 2,16)». (n. 26).  Consiguientemente, sus palabras, sus decisiones y sus actitudes han de ser cada vez más una trasparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio; «solamente “permaneciendo” en la Palabra, el sacerdote será perfecto discípulo del Señor; conocerá la verdad y será verdaderamente libre».

o   Una condición indispensable para una fecunda labor pastoral es la relación personal con Cristo.

                           Cfr. Juan Pablo II, Mensaje durante el encuentro con los miembros de la
                         Conferencia Episcopal Polaca,  Varsovia, 11 de junio de 1999.
§  Los pastores deben abrirse a la luz y a la fuerza de la palabra de Dios: quien ha recibido el ministerio de la palabra se convierte en vano  predicador  exterior de la palabra de Dios si no la escucha interiormente.
  • 4.  (…) Una condición indispensable para una fecunda labor pastoral es la relación personal con
Cristo, que se manifiesta ante todo en la oración y en el amor, lleno de espíritu de sacrificio, a la Iglesia, nuestra Madre. «Porque me devora el celo por tu casa, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí» (PS 69,10).
  • 5. En la base de toda renovación está la palabra de Dios, «que tiene poder para construir el edificio y
daros la herencia con todos los santificados» (AC 20,32). Sigue siendo siempre actual la exhortación del concilio ecuménico Vaticano II, según la cual «toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la sagrada Escritura. En los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (Dei Verbum, DV 21).  
A la luz y a la fuerza de la palabra de Dios deben abrirse ante todo los pastores, para que, como recomienda san Agustín, aquel a quien se ha encomendado el santo ministerio de la palabra no se convierta en vano predicador exterior de la palabra de Dios, si no la escucha interiormente (cf. Sermón 179, 1: PL 38, 966). «La palabra de Dios es viva y eficaz» (Hebeos 4,12). Que esa palabra alimente vuestra espiritualidad y se transforme en fuente de un apostolado fecundo, de acuerdo con el principio de santo Tomás: «contemplata aliis tradere». La palabra de Dios es un medio insustituible de salvación para los hombres de todos los tiempos. «Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (Dei Verbum, DV 21).

v  El anuncio de la Palabra crea comunión y es fuente de alegría. Una alegría profunda que brota del corazón mismo de la vida trinitaria y que se nos comunica en el Hijo.

Cfr. Benedicto XVI, Exhortación apostólica  Verbum Domini (30 septiembre 2010)

o   Una alegría que es un don inefable que el mundo no puede dar. Se pueden organizar fiestas, pero no la alegría. Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Gálatas 5,22)

  • 123  El anuncio de la Palabra crea comunión y es fuente de alegría. Una alegría profunda
que brota del corazón mismo de la vida trinitaria y que se nos comunica en el Hijo. Una alegría que es un don inefable que el mundo no puede dar. Se pueden organizar fiestas, pero no la alegría. Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22), que nos permite entrar en la Palabra y hacer que la Palabra divina entre en nosotros trayendo frutos de vida eterna. Al anunciar con la fuerza del Espíritu Santo la Palabra de Dios, queremos también comunicar la fuente de la verdadera alegría, no de una alegría superficial y efímera, sino de aquella que brota del ser conscientes de que sólo el Señor Jesús tiene palabras de vida eterna (cf. Juan 6,68).

o   La íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en la Virgen.

  • 124 Esta íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en
la Madre de Dios. Recordemos las palabras de santa Isabel: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lucas 1,45). María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios. El Evangelio de Lucas nos presenta en dos textos este misterio de escucha y de gozo. Jesús dice: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra» (Lucas 8,21). Y, ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría: «Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen» (Lucas 11,28). Jesús muestra la verdadera grandeza de María, abriendo así también para todos nosotros la posibilidad de esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica. Por eso, recuerdo a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina. Finalmente, me dirijo a todos los hombres, también a los que se han alejado de la Iglesia, que han abandonado la fe o que nunca han escuchado el anuncio de salvación. A cada uno de ellos, el Señor les dice: «Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos» (Apocalipsis 3,20).

v  Por la revelación, Dios invisible (cf. Colosenses, 1, 15; 1 Timoteo, 1, 17), movido por su gran amor, habla a los hombres como amigos.

o   Cfr. Conc. Vaticano II, const. «Dei Verbum».


2. Quiso Dios en su bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Ef., 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cf. Ef., 2, 18; 1 Pe., 1, 4). Así, pues, por esta revelación Dios invisible (cf. Col., 1, 15; 1 Tim., 1, 17), movido por su gran amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex., 33, 11; Jn., 15, 14-15) y trata con ellos (cf. Bar., 3, 38), para invitarlos y recibirlos a la comunión con El. Este plan de la revelación se realiza con palabras y hechos intrínsecamente conexos entre sí, de modo que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación (Cf. Mateo 11, 27; Juan 1, 14 y 17; 14, 6; 17, 1-3; 2 Corintios, 3, 16; 4, 6; Efesios 1, 3-14.).

v  Todo está desnudo y patente a los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuenta.

o   Incluso lo que la acción libre de las criaturas producirá.

  • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302: (…) Dios guarda y gobierna por su providencia todo
lo que creó, "alcanzando con fuerza de un extremo al otro del mundo y disponiéndolo todo con dulzura" (SG 8,1). Porque "todo está desnudo y patente a sus ojos" (HE 4,13), incluso lo que la acción libre de las criaturas producirá (Cc. Vaticano I: DS 3003).



Vida Cristiana


[1] Cfr. Lumen Gentium, 9: “Pues los que creen en Cristo, renacidos de germen no corruptible, sino incorruptible, por la palabra de Dios vivo (1Pedro 1,23), no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo (Juan 3,5-6), son hechos por fin "linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo de adquisición… que en un tiempo no era pueblo, y ahora pueblo de Dios" (1 Pedro 2,9-10). Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1228: El Bautismo es, pues, un baño de agua en el que la "semilla incorruptible" de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador (cf. 1Pedro 1,23 Efesios 5,26). S. Agustín dirá del Bautismo: "Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum" ("Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento", ev. Io. 80,3); n. 2475: Los discípulos de Cristo se han ‘revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad’ (Efesios 4,24). ‘Desechando la mentira’ (Efesios 4,25), deben ‘rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias’ (1Pedro 2,1); n. 2769: En el Bautismo y la Confirmación, la entrega ["traditio"] de la Oración del Señor significa el nuevo nacimiento a la vida divina. Como la oración cristiana es hablar con Dios con la misma Palabra de Dios, "los que son engendrados de nuevo por la Palabra del Dios vivo" (1Pedro 1,23) aprenden a invocar a su Padre con la única Palabra que él escucha siempre. Y pueden hacerlo de ahora en adelante porque el Sello de la Unción del Espíritu Santo ha sido grabado indeleble en sus corazones, sus oídos, sus labios, en todo su ser filial. Por eso, la mayor parte de los comentarios patrísticos del Padre Nuestro están dirigidos a los catecúmenos y a los neófitos. Cuando la Iglesia reza la Oración del Señor, es siempre el Pueblo de los "neófitos" el que ora y obtiene misericordia (cf 1Pedro  2,1-10).
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