lunes, 10 de julio de 2017
LA PACIENCIA EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
1 LA PACIENCIA EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA La paciencia todo lo alcanza n. 227: Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente: Nada te turbe, / Nada te espante,Todo se pasa, / Dios no se muda, La paciencia / Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene / Nada le falta: Sólo Dios basta (Poesía, 9: Biblioteca mística carmelitana, v. 6 (Burgos 1919)). Es uno de los frutos del Espíritu Santo n. 736: Gracias a este poder del Espíritu Santo los hijos de Dios pueden dar fruto. El que nos ha injertado en la Vid verdadera hará que demos «el fruto del Espíritu que es caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza» (Ga 5, 22-23). «El Espíritu es nuestra Vida»: cuanto más renunciamos a nosotros mismos (Cf Mt 16, 24-26), más «obramos también según el Espíritu» (Ga 5, 25): Por la comunión con él, el Espíritu Santo nos hace espirituales, nos restablece en el Paraíso, nos lleva al Reino de los cielos y a la adopción filial, nos da la confianza de llamar a Dios Padre y de participar en la gracia de Cristo, de ser llamados hijos de la luz y de tener parte en la gloria eterna (S. Basilio, Spir. 15, 36). n. 1832: Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad» (Ga 5, 22-23, vulg.). El esfuerzo misionero de la Iglesia exige paciencia n. 854: Por su propia misión, «la Iglesia... avanza junto con toda la humanidad y experimenta la misma suerte terrena del mundo, y existe como fermento y alma de la sociedad humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios» (GS 40, 2). El esfuerzo misionero exige entonces la paciencia. Comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo (Cf RM 42-47); continúa con el establecimiento de comunidades cristianas, «signo de la presencia de Dios en el mundo» (AG 15), y en la fundación de Iglesias locales (Cf RM 48-49); ö se implica en un proceso de inculturación para así encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos (Cf RM 52-54); en este proceso no faltarán también los fracasos. «En cuanto se refiere a los hombres, grupos y pueblos, solamente de forma gradual los toca y los penetra y de este modo los incorpora a la plenitud católica» (AG 6). Si se llevan con paciencia en el Espíritu y se unen a la ofrenda de Cristo en la Eucaristía, todos los aspectos de la vida (obras, vida conyugal, trabajo diario, descanso …) se convierten en sacrificios agradables a Dios n. 901: La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo - «Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios» (LG 34; cf LG 10). El confesor debe conducir con paciencia al penitente hacia la curación y plena madurez n. 1466: El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo (Cf PO 13). Debe tener un conocimiento probado del comportamiento cristiano, experiencia de las cosas humanas, respeto 2 y delicadeza con el que ha caído; debe amar la verdad, ser fiel al magisterio de la Iglesia y conducir al penitente con paciencia hacia la curación y su plena madurez. Debe orar y hacer penitencia por él, confiándolo a la misericordia del Señor. El hogar es la primera escuela de la vida cristiana donde se aprende la paciencia, junto con el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso etc. n. 1657: Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, «en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras» (LG 10). El hogar es así la primera escuela de la vida cristiana y «escuela del más rico humanismo» (GS 52, 1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida. Los cristianos no abandonamos sino que cumplimos con paciencia y amor nuestras tareas terrenas n. 2046: Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, «Reino de justicia, de verdad y de paz» (MR, Prefacio de Jesucristo Rey). Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor. La caridad empuja a los cristianos «a tratar con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de la fe» n. 2104: El deber social de la religión y el derecho a la libertad religiosa - «Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla» (DH 1). Este deber se desprende de «su misma naturaleza» (DH 2). No contradice al «respeto sincero» hacia las diversas religiones, que «no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres» (NA 2), ni a la exigencia de la caridad que empuja a los cristianos «a tratar con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de la fe» (DH 14). En el ambiente familiar se viven las relaciones en la caridad, humildad, dulzura y paciencia n. 2219: El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar. «Corona de los ancianos son los hijos de los hijos» (Pr 17, 6). «Soportaos unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia» (Ef 4, 2). La paciencia es una obra de misericordia n. 2447: Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (Cf Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (Cf Mt 25, 31-46.). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (Cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (Cf Mt 6, 2-4): El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos o hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (St 2, 15-16) (Cf 1 Jn 3, 17). 3 La paciencia en la relación amorosa n. 2522: El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia; inspira la elección de la vestimenta. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción. El pudor y la paciencia n. 2533: La pureza del corazón requiere el pudor, que es paciencia, modestia y discreción. El pudor preserva la intimidad de la persona. La paciencia de la fe y la oración n. 2613: S. Lucas nos ha transmitido tres parábolas principales sobre la oración: La primera, «el amigo importuno» (Cf Lc 11, 5-13), invita a una oración insistente: «Llamad y se os abrirá». Al que ora así, el Padre del cielo «le dará todo lo que necesite», y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones. La segunda, «la viuda importuna» (Cf Lc 18, 1-8), está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?» La tercera parábola, «el fariseo y el publicano» (Cf Lc 18, 9-14), se refiere a la humildad del corazón que ora. «Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador». La Iglesia no cesa de hacer suya esta oración: «¡Kyrie eleison!». El tiempo presente es tiempo de paciencia y de espera n. 2772: De esta fe inquebrantable brota la esperanza que suscita cada una de las siete peticiones. Estas expresan los gemidos del tiempo presente, este tiempo de paciencia y de espera durante el cual «aún no se ha manifestado lo que seremos» (1 Jn 3, 2) (Cf Col 3, 4). La Eucaristía y el Padre Nuestro están orientados hacia la venida del Señor, «¡hasta que venga!» (1 Co 11, 26). Dios usa de paciencia porque quiere que nos salvemos n. 2822: HAGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO - La voluntad de nuestro Padre es «que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1 Tm 2, 3-4). El «usa de paciencia, no queriendo que algunos perezcan» (2 P 3, 9) (Cf Mt 18, 14). Su mandamiento que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que «nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado» (Jn 13, 34) (Cf 1 Jn 3; 4; Lc 10, 25- 37). www.parroquiasantamonica.com
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