sábado, 5 de enero de 2019

Solemnidad de la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2019.





Ø Tiempo de Navidad. Epifanía del Señor (2019). ¿Quiénes eran los Magos? No a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá. Sólo quien tiene una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación. Los hombres de los que habla Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran «sabios»; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra. Estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos. Es la fe, la fuerza interior de la Epifanía, lo que  llevó a esos personajes a reconocer al Mesías. Nuestra vida es una peregrinación exterior e interior: pedimos al Señor que nos haga encontrar las señales justas, Para abandonar los propios proyectos y dejarse conducir por un camino desconocido. Herodes estaba atenazado por el miedo de perder el poder que le proporcionaba la ilusión de vivir.


v  Cfr. Solemnidad de la Epifanía del Señor, 6 de enero de 2019.

Isaías 60, 1-6; Efesios 3, 2-3.5-6; Mateo 2, 1-12. 

·         Isaías 60, 1-6- La gloria del Señor amanece sobre ti! - ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la
gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
·         Salmo responsorial  - Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)  - R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los
pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R. Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
·         Efesios 3, 2-3a. 5-6 - Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa
Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
·         Aleluya Mt 2, 2 - Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor.
·         Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente a adorar al Rey. Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey
Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: -«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»  Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Los Magos: la búsqueda de Cristo
como meta de nuestra salvación
1.    Breve introducción de San Agustín a la Solemnidad de la Epifanía del Señor
-          “Hace pocos días hemos celebrado el nacimiento del Señor; hoy, en cambio, celebramos, con
solemnidad no menos merecida, su primera manifestación a los gentiles. En aquel día lo vieron recién nacido los pastores judíos; hoy lo adoraron los Magos llegados de Oriente” (San Agustín, predicación en la fiesta de la Epifanía).

2. Significado de la palabra epifanía.
-  Epifanía es una palabra griega que significa «manifestación», en este caso de la divinidad de  Jesús, con el sucesivo reconocimiento y adoración por parte de los «gentiles», es decir por parte de los «paganos», por parte de personas que no eran israelitas, que no pertenecían al pueblo elegido. «Gentil» era el centurión del cual dijo el Señor: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande» (cfr. Mateo 8, 5-10); «Gentil» era también la mujer cananea a la que el Señor dijo: «Mujer, grande es tu fe» (Cfr. Mateo 15, 21-28). 

3.    La figura de los Reyes Magos

    Cfr. Benedicto XVI, La infancia de Jesús, Capítulo IV 

o   Cuadro histórico y geográfico de la narración

Difícilmente habrá otro relato bíblico que haya estimulado tanto la fantasía, pero también la investigación y la reflexión, como la historia de los «Magos» venidos de «Oriente», una narración que el evangelista Mateo pone inmediatamente después de haber hablado del nacimiento de Jesús: «Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos [astrólogos] de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo"» (2,1 s).
Con la mención del rey Herodes y el lugar del nacimiento, Belén, encontramos aquí primero una neta determinación del contexto histórico. Se indica un personaje bien conocido de la época y un lugar geográfico fácilmente reconocible. (…)
Belén es el pueblo natal del rey David. El significado teológico de aquel lugar se esclarecerá todavía con mayor nitidez en el curso de la narración mediante la respuesta que dan los escribas a Herodes acerca del lugar en el que debía nacer el Mesías. También podría comportar una intención teológica el que la localización geográfica se precise aún más, añadiendo «de Judá». En la bendición de Jacob, el patriarca dice a su hijo Judá de manera profética: «No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos» (Gn 49,10). En una narración que trata de la llegada del David definitivo, del recién nacido rey de los judíos que salvará a todos los pueblos, se ha de percibir de algún modo esta profecía como trasfondo.
(…)

4.    ¿Quiénes eran los «Magos»

      Cfr. Benedicto XVI, La infancia de Jesús, Capítulo IV 
Pero ahora es preciso preguntarse ante todo: ¿Qué clase de hombres eran esos que Mateo describe como «Magos» venidos de «Oriente»? El término «magos» (mágoi) tiene una considerable gama de significados en las diversas fuentes, que se extiende desde una acepción muy positiva hasta un significado muy negativo.

v  Cuatro acepciones

o   a) «Magos»  son los pertenecientes a la casta sacerdotal persa

La primera de las cuatro acepciones principales designa como «magos» a los pertenecientes a la casta sacerdotal persa. En la cultura helenista eran considerados como «representantes de una religión auténtica»; pero se sostenía al mismo tiempo que sus ideas religiosas estaban «fuertemente influenciadas por el pensamiento filosófico», hasta el punto de que se presenta con frecuencia a los filósofos griegos como adeptos suyos (cf. Delling, ThWNT, IV, p. 360). Quizá haya en esta opinión un cierto núcleo de verdad no bien definido; después de todo, también Aristóteles había hablado del trabajo filosófico de los magos (cf. ibid.).

o   b) Otros significados: dotadores de saberes y poderes sobrenaturales, brujos, embaucadores y seductores.

Los otros significados mencionados por Gerhard Delling designan a los dotados de saberes y poderes sobrenaturales, y también a los brujos. Y, finalmente, a los embaucadores y seductores. En los Hechos de los Apóstoles encontramos este último significado: Pablo califica a un mago llamado Barjesús «hijo del diablo, enemigo de toda justicia» (13, 10), manteniéndolo así a raya.
Los diversos significados del término «mago» que encontramos aquí hacen ver también la ambivalencia de la dimensión religiosa en cuanto tal. La religiosidad puede ser un camino hacia el verdadero conocimiento, un camino hacia Jesucristo. Pero cuando ante la presencia de Cristo no se abre a él, y se pone contra el único Dios y Salvador, se vuelve demoníaca y destructiva.

o   c) Dos significados en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento vemos estos dos significados de «mago»: en el relato de san Mateo sobre los Magos, la sabiduría religiosa y filosófica es claramente una fuerza que pone a los hombres en camino, es la sabiduría que conduce en definitiva a Cristo. Por el contrario, en los Hechos de los Apóstoles encontramos otro tipo de mago. Éste contrapone el propio poder al mensajero de Jesucristo, y se pone así de parte de los demonios que, sin embargo, ya han sido vencidos por Jesús.
            La primera acepción vale evidentemente para los Magos en Mateo 2, al menos en sentido amplio. Aunque no pertenecían exactamente a la clase sacerdotal persa, tenían sin embargo un conocimiento religioso y filosófico que se había desarrollado y aún persistía en aquellos ambientes.

o   d) Astrónomos

Se ha tratado naturalmente de encontrar clasificaciones todavía más precisas. El astrónomo vienés Konradin Ferrari d'Occhieppo ha mostrado que en la ciudad de Babilonia, centro de la astronomía científica en épocas remotas, aunque ya en declive en la época de Jesús, continuaba existiendo todavía «un pequeño grupo de astrónomos ya en vías de extinción... Hay tablas de terracota con inscripciones en caracteres cuneiformes con cálculos astronómicos.., que lo demuestran con seguridad» (p. 27). La conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis, que tuvo lugar en los años 7-6 a. C. —considerado hoy como el verdadero período del nacimiento de Jesús— habría sido calculada por los astrónomos babilonios y les habría indicado la tierra de Judá y un recién nacido «rey de los judíos».

v  ¿Qué tipo de hombres eran aquellos que se pusieron en camino hacia el rey?

o   No a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá.

§  Para que la estrella pudiera convertirse en un mensaje, debía haber circulado un vaticinio y en aquellos tiempos bullían en el ambiente expectativas según las cuales surgiría en Judá el dominador del mundo, una expectación que Flavio Josefo interpreta como referida a Vespasiano, con el resultado de que éste pasó a gozar de su favor
Sobre la cuestión de la estrella volveremos de nuevo más adelante. Por ahora queremos dedicarnos a la pregunta sobre qué tipo de hombres eran aquellos que se pusieron en camino hacia el rey. Tal vez fueran astrónomos, pero no a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá, que tenía importancia también para ellos. Para que la estrella pudiera convertirse en un mensaje, debía haber circulado un vaticinio como el del mensaje de Balaán. Sabemos por Tácito y Suetonio que en aquellos tiempos bullían en el ambiente expectativas según las cuales surgiría en Judá el dominador del mundo, una expectación que Flavio Josefo interpreta como referida a Vespasiano, con el resultado de que éste pasó a gozar de su favor (cf. De bello lud., III, pp. 399-408).

o   Varios factores podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación.

§  Los hombres de los que habla Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran «sabios»; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra.
Varios factores podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación. Los hombres de los que habla Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran «sabios»; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra. La sabiduría sanea y así también el mensaje de la «ciencia»: la racionalidad de este mensaje no se contentaba con el mero saber, sino que trataba de comprender la totalidad, llevando así a la razón hasta sus más elevadas posibilidades.
§  Estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos.
Basándonos en todo lo que se ha dicho, podemos hacernos una cierta idea de cuáles eran las convicciones y conocimientos que llevaron a estos hombres a encaminarse hacia el recién nacido «rey de los judíos». Podemos decir con razón que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él. Están en cierto modo siguiendo a Abraham, que se pone en marcha ante la llamada de Dios. De una manera diferente están siguiendo a Sócrates y a su preguntarse sobre la verdad más grande, más allá de la religión oficial. En este sentido, estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos.
 (…)

o   Los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia.

Queda la idea decisiva: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo [1].

5.    La estrella y la fe y la esperanza. ¿Qué es lo que lleva a los Magos hacia el niño que nace en el pesebre?


v  a) Benedicto XVI, La infancia de Jesús, capítulo IV

o   Hubo un fenómeno de extraordinaria intensidad en el año verosímil del nacimiento de Jesús.

  • Hay científicos astrónomos que aseguran que entre finales del año 7 y comienzos del 6 a.C.
(año verosímil del nacimiento de Jesús), hubo un fenómeno de extraordinaria  luminosidad, que podría identificarse como la estrella de Belén. La razón de este fenómeno fue, entre otras explicaciones, la conjunción o encuentro entre planetas (Júpiter y Saturno).
Benedicto XVI afirma a este respecto:  
§  La constelación estelar podía ser un impulso, una primera señal para la partida exterior e interior. Pero no habría podido hablar a estos hombres si no hubieran sido movidos también de otro modo: movidos interiormente por la esperanza de aquella estrella que habría de surgir de Jacob (cf. Números m 24,17 [2]).
La gran conjunción de Júpiter y Saturno en el signo de Piscis en los años 7-6 a. C. parece ser un hecho constatado. Podía orientar a los astrónomos del ambiente cultural babilónico-persa hacia el país de Judá, hacia un «rey de los judíos». Los pormenores de cómo aquellos hombres han llegado a la certeza que los hizo partir y llevarlos finalmente a Jerusalén y a Belén, es una cuestión que debemos dejar abierta. La constelación estelar podía ser un impulso, una primera señal para la partida exterior e interior. Pero no habría podido hablar a estos hombres si no hubieran sido movidos también de otro modo: movidos interiormente por la esperanza de aquella estrella que habría de surgir de Jacob (cf. Números 24,17).
§  El cosmos habla de Cristo
Que los Magos fueran en busca del rey de los judíos guiados por la estrella y representen el movimiento de los pueblos hacia Cristo significa implícitamente que el cosmos habla de Cristo, aunque su lenguaje no sea totalmente descifrable para el hombre en sus condiciones reales. El lenguaje de la creación ofrece múltiples indicaciones. Suscita en el hombre la intuición del Creador. Suscita también la expectativa, más aún, la esperanza de que un día este Dios se manifestará. Y hace tomar conciencia al mismo tiempo de que el hombre puede y debe salir a su encuentro. Pero e1 conocimiento que brota de la creación y se concretiza en las religiones también puede perder la orientación correcta, de modo que ya no impulsa al hombre a moverse para ir más allá de sí mismo, sino que lo induce a instalarse en sistemas con los que piensa poder afrontar las fuerzas ocultas del mundo.
§  La estrella guía a los Magos sólo hasta Judea.
En nuestra narración pueden verse las dos posibilidades: ante todo, la estrella guía a los Magos sólo hasta Judea. Es del todo normal que en su búsqueda del recién nacido rey de los judíos fueran a la ciudad regia de Israel y entraran en el palacio del rey. Era de suponer que el futuro rey habría nacido allí. Después, para encontrar definitivamente el camino hacia el verdadero heredero de David, necesitan la indicación de las Sagradas Escrituras de Israel, las palabras del Dios vivo.
§  En el mundo antiguo los cuerpos celestes eran considerados como poderes divinos que decidían el destino de los hombres.
La fe en el Dios único que muestra la Biblia ha realizado muy pronto una desmitificación al llamar con gran sobriedad al sol y a la luna —las grandes divinidades del mundo pagano— «lumbreras» que Dios puso en la bóveda celeste.
Los Padres han destacado aún otro aspecto. Gregorio Nacianceno dice que, en el momento mismo en que los Magos se postraron ante Jesús, la astrología había llegado a su fin, porque desde aquel momento las estrellas se moverían en la órbita establecida por Cristo (Poem. dogm., V, 55-64: PG 37, 428-429). En el mundo antiguo los cuerpos celestes eran considerados como poderes divinos que decidían el destino de los hombres. Los planetas tienen nombres de divinidades. Según la opinión de entonces, dominaban de alguna manera el mundo, y el hombre debía tratar de avenirse con estos poderes. La fe en el Dios único que muestra la Biblia ha realizado muy pronto una desmitificación al llamar con gran sobriedad al sol y a la luna —las grandes divinidades del mundo pagano— «lumbreras» que Dios puso en la bóveda celeste (cf. Gn 1,1 6s).
§  Cristo resucitado ha vencido a todo principado y poder del aire y domina todo el universo.
No es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella.
Al entrar en el mundo pagano, la fe cristiana debía volver a abordar la cuestión de las divinidades astrales. Por eso Pablo insiste con vehemencia en sus cartas desde el cautiverio a los Efesios y a los Colosenses en que Cristo resucitado ha vencido a todo principado y poder del aire y domina todo el universo. También el relato de la estrella de los Magos está en esta línea: no es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella. Si se quiere, puede hablarse de una especie de punto de inflexión antropológico: el hombre asumido por Dios —como se manifiesta aquí en el Hijo unigénito— es más grande que todos los poderes del mundo material y vale más que el universo entero.

v  La fuerza interior de le Epifanía guía a los Reyes Magos. Les permite reconocer al Mesías en el niño que yace en el pesebre.

Juan Pablo II, Homilía, 6/01/1984  
Dice el profeta a Jerusalén: “Caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos” (Is 60,3-4).
            Los guía la fe. Los guía la fuerza interior de la Epifanía.
De esta fuerza habla así el Concilio: “Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (cf. Ef 1,9); por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina (cf. Col 1,15; 1 Tim 1,17), movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33,11; Jn 15,14-15), trata con ellos (cf. Bar 3,38) para invitarlos y recibirlos en su compañía” (Dei Verbum, 2).
            Los Magos de Oriente llevan en sí esa fuerza interior de la Epifanía. Les permite reconocer al Mesías en el Niño que yace en el pesebre. Esta fuerza les manda postrarse ante Él y ofrecerle los dones: oro, incienso y mirra (cf. Mt 2,11).
            Los Magos son, al mismo tiempo, un anuncio de que la fuerza interior de la Epifanía se difundirá ampliamente entre los pueblos de la tierra.
            Dice el Profeta: “Entonces lo verás, radiante de alegría;/ tu corazón se asombrará, se ensanchará,/ cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar,/ y te traigan las riquezas de los pueblos” (Is 60,5).

6.    Nuestra vida es una peregrinación exterior e interior: pedimos al Señor que nos haga encontrar las señales justas.

o   Para abandonar los propios proyectos y dejarse conducir por un camino desconocido. Herodes estaba atenazado por el miedo de perder el poder que le proporcionaba la ilusión de vivir.

·         También en nuestro caso, como en el de los Magos, a veces el camino es luminoso y sereno (se ve la
estrella); otras veces es difícil y oscuro: también en este caso hemos de continuar como ellos, pidiendo un consejo o una información, si hiciese falta; no podemos desalentarnos; así se explica S. Pablo: “Él hizo, de un solo hombre, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra. Y fijó las edades de su historia y los límites de los lugares en que los hombres habían de vivir, para que buscasen a Dios, a ver si al menos a tientas lo encontraban, aunque no está lejos de cada uno de nosotros  ...” (Hechos 17, 26-27).
·         En cualquier caso, pedimos al Señor que nos haga encontrar las señales justas ... ¡también en esto es
importante el problema de la señalización!: encontrar nuestra estrella.
·         Omelie – Temi predicazioni, n. 107 Nuova serie, Epifania, p. 182: “Las lecturas de hoy nos indican
una condición para que el encuentro con Cristo sea posible: abandonar los propios proyectos y dejarse conducir por un camino desconocido. Los sabios de Jerusalén no admitían que sus propios ideales fueran trastornados. No podían aceptar la pobreza y la humildad  de Belén. Y Herodes estaba atenazado por el miedo de perder el poder, que le proporcionaba la ilusión de vivir”.

o   La tragedia de quien no descubre el sentido profundo de la vida por medio de las señales oportunas. ¡El problema de la señalización!, encontrar nuestra estrella.

§  St.Exupéry: «Trabajan con tedio. // No les falta nada//salvo el nudo divino//que une las cosas».
a)       Dios se revela a nosotros también con hechos más o menos extraordinarios. Así lo dice San
Pablo: “El mismo Dios que mandó: «Del seno de las tinieblas brille la luz», hizo brillar la luz en nuestros corazones, para que irradien el conocimiento de la gloria de Dios que está en el rostro de Cristo” (2 Cor 4,6). Sucede todas las veces en las que  “por un misterioso encuentro entre la acción de Dios y nuestra libertad, se enciende dentro de nosotros una luz y por medio de esa luz «reconocemos» a Jesucristo” (cfr. Raniero Canalamessa, La parola e la vita, Anno C, Città Nuova 1996, pp. 61-62).

b)      Encontramos a Jesús en nuestro corazón:
·         Cuando nos hemos impuesto una privación, para obedecer al Evangelio o a nuestra
conciencia;
·         Cuando hemos vuelto a rezar después de mucho tiempo;
·         Cuando frecuentamos los sacramentos, leemos la Palabra de Dios, nos preocupamos por el prójimo (que son los tres lugares de encuentro con Cristo);
·         Cuando santificamos nuestra vida ordinaria (el trabajo, las relaciones sociales, la vida familiar, las diversiones, etc.).

c)       También en nuestro caso, como en el de los Magos, a veces el camino es luminoso y sereno (se
ve la estrella); otras veces es difícil y oscuro: también en este caso hemos de continuar como ellos, pidiendo un consejo o una información, si hiciese falta; no podemos desalentarnos; así se explica S. Pablo: “Él hizo, de un solo hombre, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra. Y fijó las edades de su historia y los límites de los lugares en que los hombres habían de vivir, para que buscasen a Dios, a ver si al menos a tientas los encontraban, aunque no está lejos de cada uno de nosotros .....” (Hechos 17, 26-27).

d)      En cualquier caso, pedimos al Señor que nos haga encontrar las señales justas .... ¡también en
esto es importante el problema de la señalización!: encontrar nuestra estrella. El escritor St. Exupéry, hablaba de la tragedia de quien no descubre el sentido profundo de la vida, que deseamos encontrar todos por medio de las señales oportunas:
« Trabajan con tedio. // No les falta nada// salvo el nudo divino // que une las cosas.»

7.    Junto a la peregrinación exterior, los Magos hicieron un camino espiritual que tiene dos aspectos. 

      Cfr. Juan Pablo II, Homilía en la Epifanía del 2001, clausura del grande Jubileo del año 2000.

v  Primer aspecto: cuando se encuentra a Cristo hay que saber detenerse y gozar la alegría de su intimidad.

·         “El relato de los Magos puede, en cierto sentido, indicarnos un camino espiritual. Ante todo ellos nos
dicen que, cuando se encuentra a Cristo, es necesario saber detenerse y vivir profundamente la alegría de la intimidad con Él. "Entraron en la casa, vieron al niño con María su Madre y, postrándose, lo adoraron": sus vidas habían sido entregadas ya para siempre a aquella Criatura por la cual habían afrontado las asperezas del viaje y las insidias de los hombres. El cristianismo nace, y se regenera continuamente, a partir de esta contemplación de la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.
·         Un rostro para contemplar, casi vislumbrando en sus ojos los "rasgos" del Padre y dejándose envolver
por el amor del Espíritu. La gran peregrinación jubilar nos ha recordado esta dimensión trinitaria fundamental de la vida cristiana: en Cristo encontramos también al Padre y al Espíritu. La Trinidad es el origen y el culmen. Todo parte de la Trinidad, todo vuelve a la Trinidad.

o   La contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura.

“La contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, está impregnada de este misterio, señalado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que san Jerónimo afirma con vigor: « Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo » (« Ignoratio enim Scripturarum ignoratio Christi est »: Comm. in Is., Prol.: PL 24, 17).  Teniendo como fundamento la Escritura, nos abrimos a la acción del Espíritu (cf. Jn 15,26), que es el origen de aquellos escritos, y, a la vez, al testimonio de los Apóstoles (cf. ibíd., 27), que tuvieron la experiencia viva de Cristo, la Palabra de vida, lo vieron con sus ojos, lo escucharon con sus oídos y lo tocaron con sus manos (cf. 1 Juan 1,1).
Lo que nos ha llegado por medio de ellos es una visión de fe, basada en un testimonio histórico preciso. Es un testimonio verdadero que los Evangelios, no obstante su compleja redacción y con una intención primordialmente catequética, nos transmitieron de una manera plenamente comprensible. (Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, n. 19).”

v  Segundo aspecto: después hay que reemprender el camino, para anunciar al Señor siendo sus testigos.

·         “Y, no obstante, como sucedió a los Magos, esta inmersión en la contemplación del misterio no
impide caminar, antes bien obliga a reemprender un nuevo tramo de camino, en el cual nos convertimos en anunciadores y testigos. "Volvieron a su país por otro camino". Los Magos fueron en cierta manera los primeros misioneros. El encuentro con Cristo no los bloqueó en Belén, sino que les impulso nuevamente a recorrer los caminos del mundo. Es necesario volver a comenzar desde Cristo, y por tanto, desde la Trinidad.
·         ”Es necesario "recomenzar desde Cristo", con el impulso de Pentecostés, con entusiasmo renovado.
Recomenzar desde Él ante todo en el compromiso cotidiano por la santidad, poniéndonos en actitud de oración y de escucha de su palabra. Recomenzar también desde Él para testimoniar el Amor mediante la práctica de una vida cristiana marcada por la comunión, por la caridad, por el testimonio en el mundo”.

Vida Cristiana






[1] Nota de la redacción de Vida Cristiana. “La reina de Saba que busca la sabiduría en la Jerusalén de Salomón y los Magos medos o de Mesopotamia que se dirigen a la ciudad santa en búsqueda de un re-salvador son dos personificaciones de la ansia eterna del hombre que sólo en Dios puede encontrar la paz. El mismo cosmos, en su silencioso lenguaje (Salmo 19)  es la primera guía en la búsqueda. He aquí, en efecto, la estrella que tanta importancia ha tenido en las especulaciones de los exégetas-astrónomos. Esta guía luminosa, presente frecuentemente como motivo legendario en los anuncios greco-romanos de nacimientos imperiales o excepcionales (Alejandro Magno, Mitrídates, Rey del Ponto, Augusto), tiene un significado preciso en la Biblia”.  (Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme  p. 53).
“La estrella se convierte cada vez más  en símbolo del rey mesiánico y el Apocalipsis llama a Cristo “la estrella de la mañana” (2,28; 22,16). En efecto, la luz es telón de fondo de toda aparición mesiánica, como canta Isaías en su espléndido himno a Emanuel: «El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos».  La luz cancela las tinieblas, símbolo de la nada (Génesis 1,2) y de la muerte, y da inicio a una nueva creación”. (Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme  p. 53).
“La tradición cristiana de la Epifanía se articula a la luz de la estrella, pero no buscando una precisa colocación en los sistemas estelares sino más bien exaltando su valor de “luz”, símbolo clásico de Dios. La misma fecha de la Navidad, el 25 de diciembre, como es sabido fue elegida precisamente porque era la fiesta pagana   del dios Sol. El solsticio de invierno señalaba el inicio de la grande  ascensión de la luz solar, antes humillada en la oscuridad invernal. En una estupenda homilía griega atribuida erróneamente a san Juan Crisóstomo, grande Padre de la Iglesia de Capadocia, leemos este bello párrafo: «Después de la fría estación invernal resplandece la luz de la templada primavera, la tierra germina y reverdece la hierba, se adornan los Ramos de nuevos brotes y el aire comienza a iluminarse  por el esplendor del sol. Pero para nosotros hay una primavera celeste, es Cristo que surge como un sol del regazo de la Virgen. Él ha puesto en fuga las nubes borrascosas del diablo y ha despertado a la los somnolientos corazones de los hombres disolviendo con sus rayos la niebla de la ignorancia».  (Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme  p. 56).
“La sociedad actual busca las luces resplandecientes de la publicidad natalicia, las cenas de la  nochevieja, las apariencias resplandecientes del consumismo; el cristiano sabe dónde encontrar la verdadera luz, su sol, su estrella. Cuando en Roma …. por el nacimiento del dios Sol en diciembre se encendían en la noche fuegos de alegría, cuando el pueblo se prostraba hacia el sol que surgía  al amanecer, la Iglesia se reunía para celebrar la manifestación del verdadero sol, Cristo. «Alegrémonos también nosotros - exhortaba san Agustín -  y dejemos que los paganos exulten: ya que este día para nosotros es santificado no por el sol visible sino por su invisible Creador». (Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme  p. 56).

[2] Números 24, 17: Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel.

Una luz encendida en el corazón de la Iglesia: por Santiago Agrelo

A los Magos de Oriente los guía una estrella, pero, en realidad, quien ilumina su camino es el mismo Cristo Jesús, la Luz de Dios que ha amanecido sobre Belén.
La estrella del Rey es la que les muestra el camino que han de seguir; pero en esa estrella los atrae el Rey que para ellos ha nacido.
Considera, Iglesia amada del Señor, lo que aquellos Magos van buscando; te lo dice el profeta: “Brilla, Jerusalén, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti, sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”. Buscan la luz que al mundo le viene de Dios, buscan contemplar la gloria del Señor que amanece sobre la tierra, buscan al Señor de la gloria.
Considera también lo que ven cuando encuentran lo que iban buscando; te lo dice el evangelista: Entraron en la casa y “vieron al niño con María, su madre”.
¡Buscaban al Señor y vieron al niño!
¡Vieron al niño, y cayendo de rodillas lo adoraron, porque habían encontrado al Señor!
En aquellos Magos que buscaban al Rey para adorarlo, puedes ver representados a todos los pueblos que hasta el fin de los tiempos buscarán al Señor para caminar a su luz.
Si en ellos te vieres representada a ti misma, imita la humildad y alegría de su peregrinación hasta que, como ellos, encuentres, veas y adores al Rey que acaba de nacer, al Señor de tu vida, al Amor de tu alma.
Pero puedes verte también representada en la ciudad que el profeta vio iluminada por la luz de Dios, resplandeciente por la gloria del Señor que amanecía sobre ella: Entonces la Epifanía es la fiesta de la luz que Dios ha encendido en medio de ti.
Sólo si Cristo te ilumina, podrás irradiar su luz.
Deja que Cristo amanezca en ti por su palabra pobre, deja que entre en ti por su Eucaristía humilde, deja que se encienda en ti por el amor a sus hermanos pobres.
Guarda en el corazón palabra, Eucaristía y hermanos, y habrá amanecido sobre ti la luz de Dios, habrás iluminado tu vida con la luz que es Cristo.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Fiesta de la S. Familia (30 de diciembre de 2018) Año C.




[Chiesa/Omelie 1/Famiglia/CFamilia18ConvivenciaFamiliar)

Ø Fiesta de la S. Familia (30 de diciembre de 2018) Año C. 


v  Cfr. Fiesta de la S. Familia

30 de diciembre de 2018, Año C
            Eclesiástico (Siracida) 3,3-7. 14-17;  Colosenses 3,12-21; Lucas 2, 41-52

Lucas, 2, 41-52: 41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta           43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen  su padres. 44 Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo  entre los parientes y conocidos; 45     y al no encontrarlo,  volvieron a Jerusalén en su busca. 46 Y al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; 47 todos los que le oían, quedaban admirados de su sabiduría  y de sus respuestas. 48 Al verlo se maravillaron , y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que  tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.» 49 Y él les dijo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?» 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. 51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba  sujeto. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. 52 Jesús crecía en sabiduría, en edad  y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Colosenses 3, 12-21: Hermanos: 12 como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. 13 Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. 14 Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. 15 Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. 16 La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. 17 Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. 18 Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. 20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. 21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

LA CONVIVENCIA FAMILIAR
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo …
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón …
La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza …
Sea todo en nombre de Jesús …

A.   Algunos datos que nos da el Evangelio
El Evangelio da varios datos que configuran la familia cristiana. Comunión en el amor («Te
buscábamos angustiados»). Unidos en la prueba (desandan el camino para la búsqueda del Niño). Cumplimiento del deber religioso (el hecho de subir a celebrar la Pascua y las palabras de Cristo «no sabíais que debo ocuparme en las cosas de mi Padre») y escuela de realización personal («Jesús iba creciendo en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres»).

B. La convivencia en la familia se construye si todos los miembros de la familia procuramos tener los mismos sentimientos que Cristo.

·         La convivencia se construye si todos procuramos tener los mismos sentimientos que Cristo y somos
compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Refiriéndose no ya solamente a la sociedad en general, sino a la familia en particular,  Pablo se dirige a las mujeres y a los maridos, a los padres y a los hijos, y les anima a vivir según conviene "en el Señor". Aunque en el pensamiento de Pablo podamos encontrar ideas que corresponden a la concepción del matrimonio de su tiempo, encontramos aquí el nuevo espíritu de la fraternidad cristiana. Pablo señala no sólo los deberes de la mujer hacia el marido sino también los deberes del marido respecto a su mujer y de los padres respecto a sus hijos respecto a los padres.

C.   Un hecho dramático

·         Con ocasión de la lectura del Evangelio que se ha leído hoy, podemos meditar sobre un hecho que se
puede calificar como dramático: un niño se pierde  ... los padres lógicamente se angustian. Y cuando encuentran al niño, ellos le preguntan: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.». Y Jesús les respondió: : «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?».
·         Jesús tenía doce años. A esta edad los hebreos celebraban lo que hoy los israelitas llaman el «bar-
mitzvah», es decir llegaban a la mayoría de edad y, por tanto, en el caso de los varones, a la plenitud de la responsabilidad  en relación con la Ley y la religión.

v  Jesús deja entrever su consagración total a la misión encomendada por su Padre, y la Virgen conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 534: El hallazgo de Jesús en el Templo (Cf Lc 2, 41-52) es el
único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: «¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?»  María y José «no comprendieron» esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.
·         CEC n. 583: (…)  A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que
se debía a los asuntos de su Padre (Cf Lc 2, 46-49). (…)

v  Y nos dice el Evangelio que  «ellos no comprendieron lo que les dijo»

o   No debe maravillarnos el que María y José no comprendieran las palabras de Jesús. 

a)      porque  Dios en su revelación sigue el método pedagógico de la gradualidad; su fe no estaba privada de
la oscuridad;
b)      porque el hecho de no comprender no quiere decir que no aceptaban las palabras de Jesús;
c)       porque también su fe debía seguir el proceso del descubrimiento y la profundización  progresivos;
Cfr. CEC n. 534: (…) María y José  «no comprendieron» esta palabra, pero la acogieron en la fe, y María «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», a lo largo de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida ordinaria.
d) Cuando Jesús se pondrá al servicio de Dios más adelante (cfr. Juan 7,5; Marcos 3, 21,31), deberá superar los contrastes con sus parientes.
e) El mismo evangelio nos dice que, después «su madre conservaba todas estas cosas en su corazón».  Seguramente ha entendido que no puede considerar a su hijo como posesión suya, sino como un don con quien debe colaborar en el cumplimiento de su misión.

D.   Jesús tiene deberes particulares  que cumplir en cuanto Hijo de Dios: debe seguir su vocación

a)       Jesús estaba sometido a sus padres (lo dice el Evangelio), pero, al mismo tiempo, tenía deberes
particulares en cuanto Hijo de Dios.
b)      Si los hijos deben acoger con respeto y devoción a sus padres, éstos deben saber que sus hijos tienen una
vocación, una llamada personal de Dios, que cada hijo deben descubrir, y el cometido de los padres es ayudar a los hijos a descubrir su vocación. Es justo que los padres piensen en el futuro de los hijos, pero dejándoles libres para que busquen lo que el Señor quiere de ellos.
c)       En la familia cristiana los padres no consideran a los hijos como su propiedad. 

E.   El deber específico de los padres cristianos con referencia a los hijos: «introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios» (Familiaris consortio, 60) 


·         60. En virtud de su dignidad y misión, los padres cristianos tienen el deber específico de educar
a sus hijos en la plegaria, de introducirlos progresivamente al descubrimiento del misterio de Dios y del coloquio personal con Él: «Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y los deberes del sacramento del matrimonio, importa que los hijos aprendan desde los primeros años a conocer y a adorar a Dios y a amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo». ( Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educación cristiana de la juventud Gravissimum educationis, 3; cfr. Juan Pablo II, Exhort. Ap. Catechesi tradendae, 36: AAS 71 (1979), 1308.)

v  El contenido de la educación cristiana

·         “El Concilio Vaticano II precisa así el contenido de la educación cristiana: «La cual no persigue
solamente la madurez propia de la persona humana... sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 23), ante todo en la acción litúrgica, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Ef 4, 22-24), y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4, 13), y contribuyan al crecimiento del Cuerpo místico. Conscientes, además, de su vocación, acostúmbrense a dar testimonio de la esperanza que hay en ellos (cf. 1 Pe 3, 15) y a ayudar a la configuración cristiana del mundo».( Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educación cristiana de la juventud Gravissimum educationis, 2.)”  (Familiaris consortio, 39, 2)

v  Los padres llegan a ser plenamente padres cuando generan a la vida cristiana

·         “En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros
mensajeros del Evangelio ante los hijos. Es más, rezando con los hijos, dedicándose con ellos a la lectura de la Palabra de Dios e introduciéndolos en la intimidad del Cuerpo —eucarístico y eclesial— de Cristo mediante la iniciación cristiana, llegan a ser plenamente padres, es decir engendradores no sólo de la vida corporal, sino también de aquella que, mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo. (Familiaris consortio, 39,4)”

F.    Un hecho histórico

·         «Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los
mayores. El fin de los tiempos está próximo».
  • La frase no procede de un autor de nuestra era, sino de un anónimo caldeo del 2000 a.C.



Vida Cristiana

sábado, 29 de diciembre de 2018

Preguntas para mi Navidad: por Santiago Agrelo


“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Si lo crees, no lo digas sin asombro, y, si te asombras, no dejes de contemplar el misterio que has creído.
Considera el porqué de esa Navidad: entrarás en un abismo de amor, insondable como el abismo de Dios.
Mira en el espejo de esa Navidad: entrarás en un abismo de humildad, de pobreza, de debilidad, insondable como el abismo del hombre.
Considera lo que en esa Navidad se te ofrece: entrarás en el misterio de la justicia que tu corazón añora, de la paz que todo tu ser desea, de la alegría que cada sufrimiento te hace recordar, de una vida que sólo ese nacimiento puede revestir de inmortalidad.
Y no dejes de considerar lo que del hombre recibe ese Dios que apareció en el mundo: entrarás en el abismo del pecado, que es rechazo del amor, rechazo del don de Dios, rechazo de Dios.
Considera cómo se ha presentado Dios entre los hombres, y te adentrarás en el misterio de la fe: misterio del Dios escondido, misterio de una búsqueda que es hermana de oscuridades y sufrimientos.
Los padres de Jesús lo buscaron angustiados porque lo amaban, lo habían perdido, y no lo encontraban.
También Herodes lo buscó, pero sólo para matarlo.
Como Herodes, lo buscaron quienes tramaron su muerte y lo mataron.
Otros lo buscaron para escuchar su palabra, que dejaba la vida empapada en esperanza. Otros, porque esperaban ser curados. Otros, casi todos, como el posadero de Belén, ni siquiera cayeron en la cuenta de que Dios había aparecido en el mundo y vivía entre ellos.
“Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres”. Me pregunto si he aprendido a conjugar en tiempos de presente los verbos de esta confesión, me pregunto si también yo puedo encontrar a Dios en mis caminos.
El que a Belén llegó pidiendo posada desde el seno de una joven madre, el que a unos pastores se mostró envuelto en pañales y recostado en un pesebre, llama a la puerta de mi casa cada día, pidiendo entrar y que cenemos juntos.
Me pregunto en qué voz podré reconocer su palabra, en qué llanto su queja, en qué cuerpo su necesidad, en qué rostro su presencia.
Me pregunto si alguna vez lo he reconocido en la Eucaristía y en los pobres. ¡Me pregunto si lo amo!

domingo, 23 de diciembre de 2018

LA OBEDIENCIA DE LA FE

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1
[Chiesa/Omelie1 /4AdvC18ObedienciaFeEscrituraCatecismo]
 Obediencia de la fe. “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo
alcance supera la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios que lo ha
revelado”. "Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que
había de recibir en herencia, y salió sin saber adónde iba"
Hebreos 10, 5-10 (2ª Lectura): Por eso, al entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y ofrenda no quisiste,
pero me has preparado un cuerpo; 6 los holocaustos y sacrificios por el pecado no te han agradado. 7 Entonces
dije: ¡He aquí que vengo, como está escrito de mí al comienzo del libro, para hacer, oh Dios, tu voluntad!» 8
Después de haber dicho antes: «No quisiste ni te agradaron sacrificios y ofrendas ni holocaustos y víctimas
expiatorias por el pecado - cosas que se ofrecen según la Ley -, 9 añade luego: He aquí que vengo a hacer tu
voluntad. Abroga lo primero para establecer el segundo.10 Y en virtud de esta voluntad somos santificados,
merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 1
LA OBEDIENCIA DE LA FE
1. Escritura
 “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo alcance
supera la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios
que lo ha revelado”.
 Romanos 1,5:
"Por quien" – [Jesucristo nuestro Señor resucitado de entre los muertos] - "recibimos la
gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos
los gentiles".
- “«Obediencia de la fe» significa la aceptación del Evangelio, cuyo alcance supera
la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios que lo ha
revelado”. (Nuevo Testamento, Eunsa 1991, nota a Rm 1, 1-15).
- “Como adhesión de fe” (cf. Heh 6,7; Rm 6, 16-17; 10,16; 15,18; 16, 19-26; 2 Co
10, 5-6; 2 Ts 1,8; 1 P 1,22; Hb 5,9; 11,8) (Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer
1998, nota a Romanos 1,5).
 Hebreos 5,9:
El concepto se ha expresado también en la Carta a los Hebreos, donde se dice que el Hijo
de Dios "llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que
le obedecen"
 Hebreos 11,8:
Pero también los antiguos padres se salvaron a través de la obediencia y de la escucha: "Por la
fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en
herencia, y salió sin saber adónde iba"
- “En Abraham, la fe motivó su salida hacia lo desconocido, la espera del nacimiento de
Isaac, el sacrificio de este hijo único”. (Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer 1998, nota
a Hebreos 11,8).
1Cfr. Salmo 40, 7-9: 7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides
holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro - para
hacer tu voluntad; Oseas 6,6: Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos;
Mateo 9, 13: Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a
justos sino a pecadores».
2
 Apertura a los designios de Dios
- “La fe se apoya en una palabra recibida de Dios que anuncia una realidad invisible
y futura. Esto se muestra en la existencia de Israel, que comienza con el éxodo de Abrahán y
se continúa a través de los siglos; esta fe puede ser sometida a duras pruebas, como cuando se
exige a Abrahán que sacrifique a su hijo, como demuestra también el hecho de que todos los
representantes de la Antigua Alianza «murieron sin haber recibido la tierra prometida” (Hans
Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, pp. 275-276)
- “La familia que se funda tanto en la Antigua como en la Nueva Alianza, es en las
dos lecturas [Natividad del Señor, Ciclo A: Gen 15, 1-6; 21, 1-3; Hb 11, 8.11-12.17-19] una
nueva obra de Dios; el cuerpo de Abrahán está ya viejo, Sara, su mujer, es estéril y Abrahán
ha designado ya como heredero un criado de casa, el hijo de su esclava. Pero Dios cambia el
destino: los padres se vuelven fecundos milagrosamente y el hijo de la promesa será un puro
don de Dios. Este episodio constituye por así decirlo el distintivo de todos los matrimonios de
Israel: su fecundidad, orientada hacia el Mesías, recibirá siempre algo de la gracia
sobrenatural de Dios: el hijo es un don de Dios, en el fondo le pertenece y sirve para que sus
planes se cumplan; a la familia no le está permitido cerrarse en sí misma, sino que, al igual
que Dios la ha abierto en el origen, así también debe permanecer abierta a los designios de
Dios. (Hans Urs Von Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, p.129)
- El sacrificio de Abrahán. Esto llega hasta lo incomprensible, raya en lo intolerable
humanamente hablando, con la prueba a que se somete a Abrahán, cuando Dios le exige que
le sacrifique al hijo de la promesa, a cuya existencia el propio Dios había vinculado sus
promesas (descendencia tan numerosa como «la estrellas del cielo»). Israel ha considerado
siempre este episodio como uno de los más importantes de su historia. Dios entra en la familia
que él mismo ha fundado milagrosamente y la destruye. Humanamente hablando, Dios se
contradice claramente a sí mismo; pero como se trata de Dios, Abrahán obedece y se dispone
a devolver a Dios lo más precioso para él, lo que el mismo Dios le ha dado”. (Hans Urs Von
Balthasar, Luz de la Palabra, Ediciones Encuentro 1994, pp. 129-130)
 Dejar que Dios cumpla sus designios cuando quiera.
- Abraham esperó una ciudad símbolo de todo lo seguro, perduradero y protector. Pero el
cumplimiento de la promesa se retardó. La ciudad prometida no apareció; Abraham murió sin
verla. También sus hijos y sus nietos bajaron al sepulcro sin poder vivir en ella. Pero no
abandonaron su fe. Dejaron que Dios cumpliera sus promesas cuando quisiera. Cada vez se
hizo más evidente que Dios no pensaba en su cumplimiento cercano, sino en un tardío
cumplimiento, que el último cumplimiento trascendía todas las ciudades e incluso
posibilidades de este mundo. "En la fe murieron todos sin recibir las promesas; pero viéndolas
de lejos y saludándolas y confesándose peregrinos y huéspedes sobre la tierra, pues los que
tales cosas dicen dan bien a entender que buscan la patria. Que si se acordaran de aquella de
donde habían salido, tiempo tuvieron para volverse a ella. Pero deseaban otra mejor, esto es,
la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse Dios suyo, porque les tenía preparada
una ciudad" (M. SCHMAUS TEOLOGIA DOGMATICA VII LOS NOVISIMOS RIALP.
MADRID 19617.Pág. 265-277)
 Hay que estar, pues, preparados y atentos a la multiplicidad de
manifestaciones de la vida y hablar y actuar como creyentes en Jesucristo
allí donde estamos.
-Proceso de fe "Por su fe son recordados los antiguos". "La fe es seguridad de lo que se
espera". Seguimos el camino de fe de Abrahán, que resulta verdaderamente interesante y
aleccionador, como lo plantea la carta a los cristianos Hebreos.
3
a) "Por fe obedeció Abrahán a la llamada". Siempre somos llamados por Dios. Debemos tener
muy fino el oído para escuchar la llamada de Dios e iniciar nuestra ruta por la fe.
b) "Salió sin saber adonde iba". La fe es una aventura arriesgada. No hay certezas ni
seguridades. Nunca sabemos adonde nos llevará la vida. Es en cada momento que debemos
hacernos la gran pregunta: ahora y aquí, ¿qué debo hacer?
c) "Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas". Debemos vivir
en un sitio concreto, en una tierra, en un pueblo y estar ahí, es decir, participar en la vida del
pueblo, potenciar todo lo que ayude a que la vida sea más agradable; siempre con la
conciencia clara de que ninguna situación es definitiva.
d) "Mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser
Dios". Es alentador y sumamente gratificante saber que cualquier gesto, cualquier acto de
bondad construye el Reino, nos acerca a la ciudad de Dios, hacia aquella región donde "no
habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor".
e) "Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un
linaje". La fe, siempre "fecunda", siempre engendra vida. No vale moverse por los caminos
del desencanto, de la inactividad, diciendo que todo está perdido, que no se puede hacer
nada...
f) "Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac". La fe nos lleva al corazón de la vida y
ésta es muy complicada a veces, muy variada, muy dura. Y ante cada situación debemos
preguntarnos qué nos exige nuestra fe y ser consecuentes con la respuesta. De otro modo
viviríamos un cristianismo puramente teórico y desde la teoría se justifica y se explica todo:
ser cristiano y llevar una vida de lujo, ser cristiano y rico, ser cristiano y hacer negocios poco
transparentes.
Debemos tener muy claro que hay que tener un orden de valores que evidentemente no
es coincidente con el orden de valores de nuestro mundo. Es más bien un ir contracorriente, es
lo de "haceos talegas que no se echen a perder". "un tesoro inagotable en el cielo" del
evangelio de hoy. "Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá", debemos hacer lo que el
Señor quiere. Hay que estar, pues, preparados y atentos a la multiplicidad de manifestaciones
de la vida y hablar y actuar como creyentes en Jesucristo allí donde estamos. (VICENÇ FIOL
MISA DOMINICAL 1989, 16)
 Que podamos discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno,
agradable y perfecto
 Romanos 12, 1-2:
- Os exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros
cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto espiritual. Y no os
amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente,
para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto.
- Cuerpo = vida.
- “En los vv. 1-2 el Apóstol introduce la invitación a dar Dios un culto espiritual, como
consecuencia de la nueva condición dada por el Bautismo”. (Nuevo Testamento, Eunsa
1991, nota a Rm 1, 1-15).
- “Todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia
«para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo» (1 P 2,5), para
realizar cada una de nuestra acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios,
perpetuando así la misión del Dios-Hombre” (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 96)
 El designio del Dios eterno es dado a conocer a todas las gentes por la
obediencia de la fe
4
 Romanos 16, 25-26
- “Al que tiene el poder de confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo,
según la revelación del misterio oculto por los siglos eternos, pero ahora manifestado a través
de las Escrituras proféticas conforme al designio del Dios eterno, dado a conocer a todas las
gentes por la obediencia de la fe, a Dios, el único sabio, a Él la gloria por medio de Jesucristo
por los siglos de los siglos. Amén.” (Final de la Carta a los romanos: alabanza o doxología)
2. Catecismo
 Obediencia de la fe es la respuesta del hombre al Dios que revela
o n. 143:
“Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su
ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (Cf DV 5). La Sagrada Escritura llama
«obediencia de la fe» a esta respuesta del hombre a Dios que revela (Cf Rom 1, 5; 16,
26).”
 Obediencia en la fe: es el sometimiento libre a la palabra escuchada
porque su verdad está garantizada por Dios
o n. 144:
“LA OBEDIENCIA DE LA FE - Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse libremente
a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma.
De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen
María es la realización más perfecta de la misma.
 Abraham
o n . 145:
Abraham, «el padre de todos los creyentes» - La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe
de los antepasados insiste particularmente en la fe de Abraham: «Por la fe, Abraham
obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba»
(Hb 11, 8) (Cf Gn 12, 1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra
prometida (Cf Gn 23, 4). Por la fe, a Sara se otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la
fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (Cf Hb 11, 17).
 Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios
o n. 2087:
La fe - Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S. Pablo
habla de la «obediencia de la fe» (Rm 1, 5; 16, 26) como de la primera obligación. Hace ver
en el «desconocimiento de Dios» el principio y la explicación de todas las desviaciones
morales (Cf Rm 1, 18-32). Nuestro deber para con Dios es creer en El y dar testimonio de El.
 La vida de oración: es esencial la obediencia del corazón a Dios; la
oración de Abraham se expresa primeramente con hechos.
o n. 2570:
La Promesa y la oración de la fe - Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino «como
se lo había dicho el Señor» (Gn 12, 4): todo su corazón se somete a la Palabra y obedece. ö La
obediencia del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor
relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de
silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera
oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen
cumplirse (6). De este modo surge desde el principio uno de los aspectos de la tensión
dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.
5
 La contemplación es escucha de la palabra de Dios: no es pasiva, es
obediencia de la fe, acogida y adhesión.
o n. 2716
La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la
obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en
el «sí» del Hijo hecho siervo y en el «fiat» de su humilde esclava.
 Por la fe el hombre se entrega; la fe se actúa en la caridad
o n. 1814:
(...) Por la fe «el hombre se entrega entera y libremente a Dios» (DV 5). Por eso el creyente se
esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. «El justo vivirá por la fe» (Rm 1, 17). La fe
viva «actúa por la caridad» (Ga 5, 6).
 La obediencia de la fe en la Virgen
o n. 148:
“María: «Dichosa la que ha creído» - La Virgen María realiza de la manera más perfecta la
obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel
Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37) (Cf Gn 18, 14) y dando su
asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Isabel
la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte
del Señor!» (Lc 1, 45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (Cf
Lc 1, 48).”
o n. 494:
«Hágase en mí según tu palabra…» - Al anuncio de que ella dará a luz al «Hijo del Altísimo»
sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo (Cf Lc 1, 28-37). María respondió por «la
obediencia de la fe» (Rm 1, 5), segura de que «nada hay imposible para Dios»: «He aquí la
esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 37-38). ö Así dando su
consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo
corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí
misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él,
por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención (Cf LG 56):
Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, «por su obediencia fue causa de la salvación
propia y de la de todo el género humano». Por eso, no pocos Padres antiguos, en su
predicación, coincidieron con él en afirmar: «el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la
obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María
por su fe». ö Comparándola con Eva, llaman a María "Madre de los vivientes" y afirman con
mayor frecuencia: «la muerte vino por Eva, la vida por María» (LG 56).”
o n. 511:
“La Virgen María «colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres». (LG
56) Ella pronunció su «fiat» «loco totius humanae naturae» («ocupando el lugar de toda la
naturaleza humana»): (S. Tomás de A., s. th. 3, 30, 1) Por su obediencia, ella se convirtió en
la nueva Eva, madre de los vivientes.”
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Vida Cristiana

Domingo 4º de Adviento, Ciclo C 23 de diciembre de 2018

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[Chiesa/Omelie1/4AdvC18ObedienciaFeSacrificioVoluntadDios]
 Domingo 4 de Adviento, Ciclo C. (2018) El sacrificio de la voluntad y del corazón. Aprendamos
del Hijo de Dios para hacer la voluntad de Dios Padre: esta es la vocación cristiana. “Aquí estoy … ¡oh
Dios!, para hacer tu voluntad”. (Segunda Lectura). Nuestra redención se ha inaugurado con dos «heme
aquí», «aquí estoy»: el de Cristo y el de María. Es necesario aprender a comprender la voluntad de
Dios. «Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe”. La «obediencia de la fe». La
obediencia a la voluntad de Dios vale más que los sacrificios.
 Cfr. Domingo 4º de Adviento, Ciclo C
23 de diciembre de 2018
Miqueas 5, 1-4a; Salmo 79 2ac.3b.15-16.18.19; Hebreos 10, 5-10; Lucas 1, 39-40
Lucas 1, 39-45: 39 Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad
ubicada en los cerros de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Al oír Isabel su
saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo 42 y exclamó en alta voz:
«¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Cómo he merecido yo que
venga a mí la madre de mi Señor? 44 Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en
mis entrañas. 45 ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
Hebreos 10, 5-10 (2ª Lectura): Por eso, al entrar en este mundo, dice: «Sacrificio y ofrenda no
quisiste, pero me has preparado un cuerpo; 6 los holocaustos y sacrificios por el pecado no te han
agradado. 7 Entonces dije: ¡He aquí que vengo, como está escrito de mí al comienzo del libro, para
hacer, oh Dios, tu voluntad!» 8 Después de haber dicho antes: «No quisiste ni te agradaron
sacrificios y ofrendas ni holocaustos y víctimas expiatorias por el pecado - cosas que se ofrecen
según la Ley -, 9 añade luego: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Abroga lo primero para
establecer el segundo.10 Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de
una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 1
LA «OBEDIENCIA DE LA FE»
He aquí que vengo a hacer tu voluntad.
(Hebreos 10,9)
El "Heme aquí" del Hijo encuentra un eco fiel en el "Heme aquí" de la Madre (cf. He 10,7),
al igual que en el "Heme aquí" de todos los hijos adoptivos en el Hijo, es decir, de todos nosotros.
(Benedicto XVI, Homilia, 7 de septiembre de 2008)
1. Nuestra redención se ha inaugurado con dos «heme aquí», «aquí estoy».
 a) Jesús vino a este mundo para hacer la voluntad de su Padre Dios.
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o El Padre envía al Hijo. El Hijo acoge la misión: «Aquí estoy... ¡oh Dios!, para
hacer tu voluntad» (Segunda Lectura, Hebreos 10,7).
 El amor significa la unidad de las voluntades. La voluntad del Padre y la
voluntad del Hijo se unen.
1Cfr. Salmo 40, 7-9: 7 Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni
sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy - como está escrito en mi libro - para hacer tu voluntad; Oseas
6,6: Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos; Mateo 9, 13: Andad, aprended lo
que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
2
A través de la lectura de la Carta a los Hebreos percibimos las palabras del Hijo de Dios: “Aquí estoy... Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo... Aquí estoy... ¡oh Dios!, para hacer tu
voluntad” (Hebreos 10,5,7).
En estas palabras, la venida de Dios en medio de los hombres toma la forma del misterio de la Encarnación.
Dios ha preparado este misterio desde la eternidad, y ahora lo realiza. El Padre manda al Hijo. El Hijo acoge la
misión. Por obra del Espíritu Santo se hace hombre en el seno de la Virgen de Nazaret. “Y el Verbo se hizo
carne” (Jn 1,14). El Verbo es el Hijo eternamente amado y eternamente amante. El amor significa la unidad de
las voluntades. La voluntad del Padre y la voluntad del Hijo se unen. El fruto de esta unión es el Amor personal,
el Espíritu Santo. El fruto del Amor personal es la Encarnación: “me has preparado un cuerpo”.
 b) El Misterio de la Encarnación, se hace también por obra de la criatura, en
este caso, por obra de María, que dice «Sí, hágase en mí según tu palabra» al
proyecto de Dios: esto se llama la «obediencia de la fe».
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o María oye las palabras de Dios, por las que descubre su vocación, lo que Dios
quiere de ella, y las acepta, obedece a Dios.
(…) “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo
que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (Lucas 1,35).
El Espíritu Santo con su fuerza divina actúa ante todo en el corazón de María. De este modo la fuente del
misterio de la Encarnación se hace la fe de Ella: obediencia de la fe. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en
mí según tu palabra” (Lc 1,38). En la Visitación -de la que habla el Evangelio de hoy-, Isabel alaba antes de nada
la fe de María: “¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,45).
En efecto, en la anunciación María pronuncia su “fiat” en la obediencia de la fe. Este “fiat” es el momento
clave. El misterio de la Encarnación es misterio divino y al mismo tiempo humano. Efectivamente, Aquél
que asume el cuerpo es Dios-Verbo (Dios-Hijo). Y al mismo tiempo el cuerpo que asume es humano.
“Admirable commercium”.
En este momento, cuando la Virgen de Nazaret pronuncia su “fiat” (hágase en mí según tu palabra), el Hijo
puede decir al Padre: “Me has preparado un cuerpo”.
El Adviento de Dios se realiza también por obra del hombre. Mediante la obediencia de la fe. (…)
 c) El misterio de la Encarnación significa el comienzo del nuevo sacrificio: del
perfecto sacrificio. Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10,5-
7). Agrada a Dios el sacrificio en el que se expresa toda la verdad interior del
hombre: el sacrificio de la voluntad y del corazón.
Cfr. Juan Pablo II, Homilía del Domingo IV de Adviento, ciclo C, 22/12/1985
o Durante el período de la Navidad aprendamos del Hijo de Dios a hacer la
voluntad del Padre. En efecto, ésta es la vocación de los que se han
convertido en “hijos en el Hijo”. Esta es vuestra vocación cristiana. Este es
fruto del Adviento de Dios en la vida humana.
Cuando Cristo entró en el mundo dijo: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un
cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije...: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu
voluntad” (Hebreos 10,5-7).
El misterio de la Encarnación significa el comienzo del nuevo sacrificio: del perfecto sacrificio. El que
es concebido en el seno de la Virgen por obra del espíritu Santo, que nace en la noche de Belén, es Sacerdote
Eterno. Lleva al Sacrificio y realiza el Sacrificio ya en su Encarnación. Es decir, el Sacrificio que “es agradable a
Dios”.
Agrada a Dios el sacrificio en el que se expresa toda la verdad interior del hombre: el sacrificio de
la voluntad y del corazón. El Hijo de Dios asume la naturaleza humana, el cuerpo humano, precisamente para
comenzar dicho sacrificio en la historia de la humanidad.
Lo realizará definitivamente mediante su “obediencia hasta la muerte” (cfr. Filipenses 2,8). Sin
embargo, el comienzo de esta obediencia está ya en el seno de la Virgen María. Ya en la noche de Belén: “Aquí
estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”.
Al rodear al recién nacido, en la noche de Belén y durante todo el período de Navidad, demos desahogo
a la necesidad de nuestros corazones.
Gocemos de esa alegría, que el tiempo de Navidad lleva consigo.
3
Cantemos “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama” (Lucas 2,14).
Y sobre todo: aprendamos hasta el final la verdad contenida en este misterio penetrante: “Aquí
estoy... ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”.
Aprendamos del Hijo de Dios a hacer la voluntad del Padre. En efecto, ésta es la vocación de los que
se han convertido en “hijos en el Hijo”. Esta es vuestra vocación cristiana. Este es fruto del Adviento de Dios en
la vida humana.
 d) La aclamación antes del Evangelio (Lucas 1, 38) y la segunda Lectura de la
Carta a los Hebreos (10,9): «aquí estoy».
Raniero Cantalamessa, La parola e la vita, Anno C, Cittá Nuova 1998, IV Domenica di Avvento, pp. 31-
32.
o Aclamación antes del Evangelio
 “La aclamación antes del Evangelio nos ha puesto ante la respuesta de María al obrar de Dios:
Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. En el párrafo del Evangelio Isabel declara
bienaventurada a la Madre del Señor precisamente por aquel «Aquí estoy» pronunciado en la Anunciación:
Bienaventurada porque has creído. En el fondo de todas las bienaventuranzas está la de la fe:
Bienaventurados los que crean sin haber visto (Juan 20, 29). Creer es fiarse de Dios, es confiarse a Dios;
María se ha fiado de Dios, sin «ver», es decir, sin entender todo y enseguida lo que estaba sucediendo y
cómo habría terminado”.
o Segunda Lectura
 Nuestra redención se ha inaugurado con dos «He aquí», con dos «sí»
dichos a Dios: el de Jesús y el de María; ellos han interrumpido,
respectivamente, los dos «no» antiguos: el de Adán y el de Eva.
 “Si releemos con atención la segunda lectura, descubrimos que también nos habla de un «he aquí»: Al
entrar en este mundo, Cristo dice: ¡He aquí que vengo, … para hacer, oh Dios, tu voluntad! Nuestra
redención se ha inaugurado con dos «He aquí», con dos «sí» dichos a Dios: el de Jesús y el de María; ellos
han interrumpido, respectivamente, los dos «no» antiguos: el de Adán y el de Eva. El sí de María es
radicalmente diverso del sí de Cristo: el de María expresa solamente la humilde aceptación de la criatura y
es fruto del sí de Cristo. Y sin embargo, misteriosamente, este sí que María pronuncia en nombre de todos
nosotros, era también indispensable, porque expresa el consentimiento de la libertad humana que Dios
respeta. Dios no derriba nuestra libertad , sino que la salva”.
2. Evangelio: el encuentro entre María y su prima Isabel
 Entre otras cosas, se pueden resaltar, de este encuentro, las palabras dirigidas
a María: “eres bendita” (v. 42) y “¡dichosa tú (v. 45), por haber creído
[obedecido] que se cumplirían las promesas del Señor!
o Por encima de la maternidad física, Jesús proclama la fidelidad espiritual de
María
 Se pueden relacionar con las alabanzas del mismo Señor (Lucas 11, 27-28): «bienaventurados
más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan». Isabel precisa que la grandeza de María es total
porque María acompañó su maternidad física con la fe en el cumplimiento de las palabras del Señor.
 Nuevo Testamento, Eunsa, 1999, nota Lucas 11, 27-28): “Tal como lo ha entendido la tradición
De la Iglesia, estas frases (vv. 27-28) son un elogio de la grandeza de Santa María. «Por encima de su
maternidad física, Jesús proclama su fidelidad espiritual. Era el elogio de su Madre, de su fiat (Lucas 1,38),
del hágase sincero, entregado, cumplido hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones
aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada» (San Josemaría Escrivá, Es Cristo
que pasa, 172)”.
o Bienaventurada porque has creído
 “El contenido de la bienaventuranza dirigida a María se expresa en el original griego con un
participio que tiene casi como la función de una definición, la «creyente». María es bienaventurada no sólo
porque engendra físicamente a Cristo, como lo entenderá “la mujer entre el gentío”: «Bienaventurado el
vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Sino, como replicará Jesús, es bienaventurada porque «ha
escuchado la palabra de Dios y la ha puesto en práctica». La bendición y la bienaventuranza está unidas entre
sí precisamente por el vínculo de la fe, como ya se decía en el Antiguo Testamento: «Si escuchas de verdad
4
la voz del Señor, tu Dios, observando y cumpliendo todos los preceptos que yo te mando hoy, será bendito
el fruto de tu vientre» (Deuteronomio 28, 1.4).
El retrato de María «la creyente» por excelencia, que emerge en el breve himno de Isabel, es la
referencia continua de los Evangelios y de la tradición cristiana (meditemos, por ejemplo, en el hecho de que
en la encíclica mariana de Juan Pablo II la bienaventuranza a «la que ha creído» se repite más de veinte
veces). Por esto, frecuentemente los Padres de la Iglesia han unido María no sólo a Eva, «la madre de todos
los vivientes», sino también a Abrahán, «nuestro padre en la fe». La vida del patriarca ha sido una continua
peregrinación en la fe como sucederá en la de María. Y las etapas de este itinerario se sucederán
frecuentemente en la oscuridad, como en la escena del Calvario, última cita de María en los Evangelios”.
(Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, IV Domenica di Avvento, pp. 31-32).
 Es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios.
Cfr. Benedicto XVI, Homilía al clausurar el Año Paulino, 28 de junio de 2009, en la celebración de las
primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo
o Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual.
Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios
quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado.
 “Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la
segunda parte de la frase 2: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme
nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios
quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios
debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha
ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de
Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo”.
 «Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe”.
Cfr. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», n. 25
 25. “«Cuando Dios revela, el hombre tiene que “someterse con la fe” (cf. Romanos 16,26;
Romanos 1,5; 2 Corintios 10,5-6), por la que el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece “el
homenaje total de su entendimiento y voluntad”, asintiendo libremente a lo que él ha revelado».[76: Conc.
Ecum. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, 5 ] Con estas palabras, la
Constitución dogmática Dei Verbum expresa con precisión la actitud del hombre en relación con Dios. La
respuesta propia del hombre al Dios que habla es la fe. En esto se pone de manifiesto que «para acoger la
Revelación, el hombre debe abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu Santo que le hace
comprender la Palabra de Dios, presente en las sagradas Escrituras».[77: Propositio 4]”
 La obediencia a la voluntad de Dios vale más que los sacrificios.
 Hacer su voluntad: Biblia de Jerusalén Salmo 40,9: “La obediencia vale más que el sacrificio
(1 Samuel 15,22) 3. Los profetas alertaron con frecuencia a Israel contra prácticas que no empeñaban el
corazón (Amós 5,21+; ver Génesis 8,21+), o contra una confianza presuntuosa en la presencia de Dios en su
Templo (ver Jeremías 3-4+). En el Judaísmo posterior al destierro, sea cual fuere aún la importancia del
Templo como señal de salvación (Za 1,16), el culto interior se va afinando más y más, y las disposiciones del
corazón, la oración, la obediencia, el amor, cobran por sí mismas valor de culto (Salmos 50; 51,19; 69, 31-
32; 141,2; Proverbios 21,3; ver también Tobías 4,11; Sirácida 34,18-35,10). Esta evolución prepara la
supervivencia del Judaísmo después de la destrucción del Templo y proseguirá en el NT (Romanos 1,9+;
12,1+).”
3. Catecismo de la Iglesia Católica: la obediencia de la fe.
 Un resumen
 A) La obediencia de la fe es la respuesta del hombre al Dios que revela. n. 143: “Por la fe,
2 Romanos 12, 2: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra
mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios...".
3 1 Samuel 15, 22: ¿Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y los sacrificios tanto como en la
obediencia a la palabra de Yahvé? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros”.
5
el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su
asentimiento a Dios que revela (Cf Dei Verbum 5). La Sagrada Escritura llama «obediencia de la fe» a esta
respuesta del hombre a Dios que revela (Cf Romanos 1, 5; 16, 26)”.
 B) La obediencia en la fe es el sometimiento libre a la palabra escuchada porque su verdad
está garantizada por Dios. n. 144: “La obediencia de la fe - Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse
libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta
obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización
más perfecta de la misma.
 C) n. 1831: [Los siete dones del Espíritu Santo]Hacen a los fieles dóciles para obedecer con
prontitud a las inspiraciones divinas.
 D) n. 2087: La fe - Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S.
Pablo habla de la "obediencia de la fe" (Romanos 1, 5; Romanos 16, 26) como de la primera obligación. (…)
Nuestro deber para con Dios es creer en él y dar testimonio de él.
 E) n. 2716: La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es
la obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el "sí" del
Hijo hecho siervo y en el "fiat" de su humilde esclava.
 F) n. 2825: Jesús, "aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia" (Hebreos 5, 8).
¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar nosotros, criaturas y pecadores, que hemos llegado a ser
hijos de adopción en él! Pedimos a nuestro Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para cumplir su
voluntad, su designio de salvación para la vida del mundo. Nosotros somos radicalmente impotentes para
ello, pero unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad
y decidir escoger lo que su Hijo siempre ha escogido: hacer lo que agrada al Padre (cf Jn 8, 29): "Adheridos
a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará
tanto en la tierra como en el cielo" (Orígenes, or. 26).
 La “obediencia de la fe” en María
o "Por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género
humano"
 n. 494 : "Hágase en mí según tu palabra… " - Al anuncio de que ella dará a luz al "Hijo del
Altísimo" sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo (cf. Lucas 1, 28 - 37), María respondió por "la
obediencia de la fe" (Romanos 1, 5), segura de que "nada hay imposible para Dios": "He aquí la esclava del
Señor: hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1, 37 - 38). Así dando su consentimiento a la palabra de Dios,
María llegó a ser Madre de Jesús y , aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que
ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para
servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención (cf. Lumen Gentium
56):
"Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, "por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de
todo el género humano". Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en
afirmar "el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen
Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe". Comparándola con Eva, llaman a María
`Madre de los vivientes' y afirman con mayor frecuencia: "la muerte vino por Eva, la vida por
María". "(Lumen gentium. 56).
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