viernes, 24 de enero de 2020

Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la iglesia. 30 de septiembre de 2010.






[Chiesa/Testi//Parola Dio/PalabraDiosCristoTextosElegidosVerbumDominiBXVI]

Ø Palabra de Dios. Textos elegidos de la Exhortación Apostólica «Verbum Domini» (30 de septiembre de 2010), de Benedicto XVI. «Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros» (Juan1,14a). La Palabra eterna, que se expresa en la creación y se comunica en la historia de la salvación, en Cristo se ha convertido en un hombre «nacido de una mujer» (Gálatas 4,4). La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Ahora la Palabra tiene un rostro: viviendo en él, podemos vivir en la luz. Cuando el hombre, aunque sea frágil y pecador, sale sinceramente al encuentro de Cristo, comienza una transformación radical: «A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Juan 1,12). La necesidad de que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social. 

v  Benedicto XVI, Exhortación Apostólica «Verbum Domini», sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la iglesia.

30 de septiembre de 2010.

o   Necesidad de la Palabra de Dios para construir la vida sobre roca.

 n. 10. Tenemos especial necesidad en nuestros días, en los que muchas cosas en las que se confía para construir la vida, en las que se siente la tentación de poner la propia esperanza, se demuestran efímeras. Antes o después, el tener, el placer y el poder se manifiestan incapaces de colmar las aspiraciones más profundas del corazón humano. En efecto, necesita construir su propia vida sobre cimientos sólidos, que permanezcan incluso cuando las certezas humanas se debilitan. En realidad, puesto que «tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo» y la fidelidad del Señor dura «de generación en generación» (Salmo 119,89-90), quien construye sobre esta palabra edifica la casa de la propia vida sobre roca (cf. Mateo 7,24). Que nuestro corazón diga cada día a Dios: «Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu palabra» (Salmo 119,114) y, como san Pedro, actuemos cada día confiando en el Señor Jesús: «Por tu palabra, echaré las redes» (Lucas 5,5).

o   «Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros» (Juan1,14a).

§  La Palabra eterna, que se expresa en la creación y se comunica en la historia de la salvación, en Cristo se ha convertido en un hombre «nacido de una mujer» (Gálatas 4,4).  
La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús.
n. 11. “La Palabra eterna, que se expresa en la creación y se comunica en la historia de la salvación, en Cristo se ha convertido en un hombre «nacido de una mujer» (Gálatas 4,4). La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad. Así se entiende por qué «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Enc. Deus caritas est, 1). La renovación de este encuentro y de su comprensión produce en el corazón de los creyentes una reacción de asombro ante una iniciativa divina que el hombre, con su propia capacidad racional y su imaginación, nunca habría podido inventar. Se trata de una novedad inaudita y humanamente inconcebible: «Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros» (Juan 1,14a). Esta expresión no se refiere a una figura retórica sino a una experiencia viva. La narra san Juan, testigo ocular: «Y hemos contemplado su gloria; gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1,14b). La fe apostólica testifica que la Palabra eterna se hizo Uno de nosotros. La Palabra divina se expresa verdaderamente con palabras humanas”.

o   Ahora la Palabra tiene un rostro: viviendo en él, podemos vivir en la luz.  

§  En Cristo, la Palabra de Dios está presente como Persona. Ahora, viviendo con él y por él, podemos vivir en la luz. Con Cristo la fe adquiere la forma del encuentro con una Persona a la que se confía la propia vida.
n. 12. (…) “Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret” [Cf. Mensaje final] (XII Asamblea Sinodal, 5 al 26 octubre 2008).  (…)
Cristo, Palabra de Dios encarnada, crucificada y resucitada, es Señor de todas las cosas; él es el Vencedor, el Pantocrátor, y ha recapitulado en sí para siempre todas las cosas (cf. Efesios 1,10). Cristo, por tanto, es «la luz del mundo» (Juan8,12), la luz que «brilla en la tiniebla» (Juan1,54) y que la tiniebla no ha derrotado (cf. Juan 1,5). Aquí se comprende plenamente el sentido del Salmo 119: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (v. 105); la Palabra que resucita es esta luz definitiva en nuestro camino. Los cristianos han sido conscientes desde el comienzo de que, en Cristo, la Palabra de Dios está presente como Persona. La Palabra de Dios es la luz verdadera que necesita el hombre. Sí, en la resurrección, el Hijo de Dios surge como luz del mundo. Ahora, viviendo con él y por él, podemos vivir en la luz.
n. 25.  Con Cristo la fe adquiere la forma del encuentro con una Persona a la que se confía la propia vida. Cristo Jesús está presente ahora en la historia, en su cuerpo que es la Iglesia; por eso, nuestro acto de fe es al mismo tiempo un acto personal y eclesial”.
§  Cuando el hombre, aunque sea frágil y pecador, sale sinceramente al encuentro de Cristo, comienza una transformación radical: «A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Juan 1,12).
n. 50. (…) Cuando el hombre, aunque sea frágil y pecador, sale sinceramente al encuentro de Cristo, comienza una transformación radical: «A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Juan 1,12). Recibir al Verbo quiere decir dejarse plasmar por Él hasta el punto de llegar a ser, por el poder del Espíritu Santo, configurados con Cristo, con el «Hijo único del Padre» (Juan1,14). Es el principio de una nueva creación, nace la criatura nueva, un pueblo nuevo. Los que creen, los que viven la obediencia de la fe, «han nacido de Dios» (cf. Juan 1,13), son partícipes de la vida divina: «hijos en el Hijo» (cf. Gálatas 4,5-6; Rm 8,14-17).
n. 51. En la Palabra de Dios proclamada y escuchada, y en los sacramentos, Jesús dice hoy, aquí y ahora, a cada uno: «Yo soy tuyo, me entrego a ti», para que el hombre pueda recibir y responder, y decir a su vez: «Yo soy tuyo» [Cf. Relatio  post disceptationem, 10, de la XII Asamblea Sinodal, 5 al 26 octubre 2008 ] La Iglesia aparece así en ese ámbito en que, por gracia, podemos experimentar lo que dice el Prólogo de Juan: «Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Juan 1,12).
§  La necesidad de que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social.
n. 93. (…) Todos nos damos cuenta de la necesidad de que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social (Benedicto XVI, Cf.  Homilía, en la apertura de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 5 octubre de 2008). No se trata de anunciar  una palabra sólo de consuelo, sino que interpela, que llama a la conversión, que hace accesible el encuentro con Él, por el cual florece una humanidad nueva.

o   Palabra de Dios y testimonio cristiano

n. 97. (…) Por una parte, se necesita la Palabra que comunique todo lo que el Señor mismo nos ha dicho. Por otra, es indispensable que, con el testimonio, se dé credibilidad a esta Palabra, para que no aparezca como una bella filosofía o utopía, sino más bien como algo que se puede vivir y que hace vivir. Esta reciprocidad entre Palabra y testimonio vuelve a reflejar el modo con el que Dios mismo se ha comunicado a través de la encarnación de su Verbo. La Palabra de Dios llega a los hombres «por el encuentro con testigos que la hacen presente y viva» (Propositio 38). De modo particular, las nuevas generaciones necesitan ser introducidas a la Palabra de Dios «a través del encuentro y el testimonio auténtico del adulto, la influencia positiva de los amigos y la gran familia de la comunidad eclesial» (Mensaje final, IV, 12). (…)
§  En nuestro tiempo, con frecuencia nos detenemos superficialmente ante el valor del instante que pasa, como si fuera irrelevante para el futuro. Por el contrario, el Evangelio nos recuerda que cada momento de nuestra existencia es importante y debe ser vivido intensamente, sabiendo que todos han de rendir cuentas de su propia vida.
n. 99. (…) En nuestro tiempo, con frecuencia nos detenemos superficialmente ante el valor del instante que pasa, como si fuera irrelevante para el futuro. Por el contrario, el Evangelio nos recuerda que cada momento de nuestra existencia es importante y debe ser vivido intensamente, sabiendo que todos han de rendir cuentas de su propia vida. En el capítulo veinticinco del Evangelio de Mateo, el Hijo del hombre considera que todo lo que hacemos o dejamos de hacer a uno sólo de sus «humildes hermanos» (25,41.45), se lo hacemos o dejamos de hacérselo a Él: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36). Así pues, la misma Palabra de Dios reclama la necesidad de nuestro compromiso en el mundo y de nuestra responsabilidad ante Cristo, Señor de la Historia. Al anunciar el Evangelio, démonos ánimo mutuamente para hacer el bien y comprometernos por la justicia, la reconciliación y la paz.

o   Palabra de Dios y compromiso por la justicia en la sociedad

§  La Palabra de Dios impulsa al hombre a entablar relaciones animadas por la rectitud y la justicia; da fe del valor precioso ante Dios de todos los esfuerzos del hombre por construir un mundo más justo y más habitable.
n. 100. La Palabra de Dios impulsa al hombre a entablar relaciones animadas por la rectitud y la justicia; da fe del valor precioso ante Dios de todos los esfuerzos del hombre por construir un mundo más justo y más habitable.[327] La misma Palabra de Dios denuncia sin ambigüedades las injusticias y promueve la solidaridad y la igualdad.[328] Por eso, a la luz de las palabras del Señor, reconocemos los «signos de los tiempos» que hay en la historia y no rehuimos el compromiso en favor de los que sufren y son víctimas del egoísmo. El Sínodo ha recordado que el compromiso por la justicia y la transformación del mundo forma parte de la evangelización. Como dijo el Papa Pablo VI, se trata «de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación».[329]
§  Ciertamente, no es una tarea directa de la Iglesia el crear una sociedad más justa, aunque le corresponde el derecho y el deber de intervenir sobre las cuestiones éticas y morales que conciernen al bien de las personas y los pueblos.
Es sobre todo a los fieles laicos, educados en la escuela del Evangelio, a quienes corresponde la tarea de intervenir directamente en la acción social y política.
A este respecto, los Padres sinodales han pensado particularmente en los que están comprometidos en la vida política y social. La evangelización y la difusión de la Palabra de Dios han de inspirar su acción en el mundo en busca del verdadero bien de todos, en el respeto y la promoción de la dignidad de cada persona. Ciertamente, no es una tarea directa de la Iglesia el crear una sociedad más justa, aunque le corresponde el derecho y el deber de intervenir sobre las cuestiones éticas y morales que conciernen al bien de las personas y los pueblos. Es sobre todo a los fieles laicos, educados en la escuela del Evangelio, a quienes corresponde la tarea de intervenir directamente en la acción social y política. Por eso, el Sínodo recomienda promover una adecuada formación según los principios de la Doctrina social de la Iglesia.[330]
§  Deseo llamar la atención de todos sobre la importancia de defender y promover los derechos humanos de cada persona, fundados en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y que, como tales, son «universales, inviolables, inalienables».
n. 101. Además, deseo llamar la atención de todos sobre la importancia de defender y promover los derechos humanos de cada persona, fundados en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y que, como tales, son «universales, inviolables, inalienables».[331] La Iglesia espera que, mediante la afirmación de estos derechos, se reconozca más eficazmente y se promueva universalmente la dignidad humana,[332] como característica impresa por Dios Creador en su criatura, asumida y redimida por Jesucristo por su encarnación, muerte y resurrección. Por eso, la difusión de la Palabra de Dios refuerza la afirmación y el respeto de estos derechos.[333]
[327] Cf. Propositio 39.
[328] Cf. Mensaje para Jornada Mundial de la Paz 2009: L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (12 diciembre
          2008), 8-9.
[329] Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 19: AAS 68 (1976), 18.
[330] Cf. Propositio 39.
[331] Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), I: AAS 55 (1963), 259.
[332] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 47: AAS 83 (1991), 851-852; Id., Discurso a la
          Asamblea general de las Naciones Unidas (2 octubre 1979), 13: AAS 71 (1979), 1152-1153.
[333] Cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 152-159.

Vida Cristiana


La palabra, un tesoro para tener luz en esta vida






v  Es Cristo que pasa, 34

o   La palabra, un tesoro para tener luz en esta vida

Si la vocación es lo primero, si la estrella luce de antemano, para orientarnos en nuestro camino de amor de Dios, no es lógico dudar cuando, en alguna ocasión, se nos oculta. Ocurre en determinados momentos de nuestra vida interior, casi siempre por culpa nuestra, lo que pasó en el viaje de los Reyes Magos: que la estrella desaparece. Conocemos ya el resplandor divino de nuestra vocación, estamos persuadidos de su carácter definitivo, pero quizá el polvo que levantamos al andar —nuestras miserias— forma una nube opaca, que impide el paso de la luz.
            ¿Qué hacer, entonces? Seguir los pasos de aquellos hombres santos: preguntar. Herodes se sirvió de la ciencia para comportarse injustamente; los Reyes Magos la utilizan para obrar el bien. Pero los cristianos no tenemos necesidad de preguntar a Herodes o a los sabios de la tierra. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino. Disponemos de un tesoro infinito de ciencia: la Palabra de Dios, custodiada en la Iglesia; la gracia de Cristo, que se administra en los Sacramentos; el testimonio y el ejemplo de quienes viven rectamente junto a nosotros, y que han sabido construir con sus vidas un camino de fidelidad a Dios.

v  Es Cristo que pasa, 131

o   Cita de San Juan Crisóstomo

Si no existiera el Espíritu Santo, no habría en la Iglesia palabra alguna de sabiduría o de ciencia, porque está escrito: es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría (I Cor XII, 8)...

v  Es Cristo que pasa, 118

o   El Pan y la Palabra, camino para encontrarnos con Cristo

Si sabemos contemplar el misterio de Cristo, si nos esforzamos en verlo con los ojos limpios, nos daremos cuenta de que es posible también ahora acercarnos íntimamente a Jesús, en cuerpo y alma. Cristo nos ha marcado claramente el camino: por el Pan y por la Palabra, alimentándonos con la Eucaristía y conociendo y cumpliendo lo que vino a enseñarnos, a la vez que conversamos con El en la oración. Quien come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él. Quien conoce mis mandamientos y los cumple, ése es quien me ama. Y el que me ame será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él.

v  Forja 254

o   La palabra de Cristo sana, consuela e ilumina

A nadie niega Jesús su palabra, y es una palabra que sana, que consuela, que ilumina.
    —Para que tú y yo lo recordemos siempre, también cuando nos encontremos fatigados por el peso del trabajo o de la contradicción.

v  Es Cristo que  pasa, 162

o   Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, es la Palabra de la que procede el amor

Y el Verbo, la Palabra de Dios es Verbum spirans amorem, la Palabra de la que procede el Amor.
            El amor se nos revela en la Encarnación, en ese andar redentor de Jesucristo por nuestra tierra, hasta el sacrificio supremo de la Cruz. Y, en la Cruz, se manifiesta con un nuevo signo: uno de los soldados abrió a Jesús el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Agua y sangre de Jesús que nos hablan de una entrega realizada hasta el último extremo, hasta el consummatum est, el todo está consumado, por amor.



domingo, 19 de enero de 2020

«Mi hijo se ha alejado de Dios», 11 cosas que un padre debe entender y, sobre todo, ¡paciencia!


o   Los hijos tienen que seguir su camino, pero si les educamos con amor, volverán

«Mi hijo se ha alejado de Dios»,
11 cosas que un padre debe entender y, sobre todo, ¡paciencia!


ReL - 18 enero 2020
Cuando te enteras que tu esposa está embarazada, o cuando te enteras que te darán un niño en adopción, te cambia la vida para siempre. ¡Tú y tu cónyuge van a ser padres! ¡Y de pronto te vuelves loco de amor! Escribe Andrés D’Angelo en Catholic-Link. Te prometes que vas a hacer por esa pequeña personita que Dios puso en tu camino, todos los sacrificios posibles, todos los esfuerzos imaginables y que siempre vas a ser un padre o una madre presente, paciente, amoroso y genial. Pero… 
1. Luego los niños comienzan a crecer
Y te das cuenta de que… las cosas no son tan sencillas. Los niños tienen una extraordinaria capacidad de trabajar la paciencia de la gente mayor casi desde el primer día. Por eso, Dios en su infinita sabiduría puso un papá y una mamá, para que tomen turnos cuidando al pequeñajo.
 Las mamás lo hacen instintivamente, y los papás… no tanto, pero ¡podemos aprender! Cuando logramos hacer un gran equipo, los niños se desarrollan plenos y felices.
2. Y entonces llega la temida adolescencia
No podemos creer que ese pequeño, que era el sol de nuestras vidas, que tantas alegrías nos dio, de pronto se convierta en un ser huraño, protestón, aburrido, peleón y muchas veces tan tonto, que parece que no hay instrumentos para medirlo.
 Nos busca, y generalmente nos encuentra, y esos encontronazos no son siempre lindos. La relación se desgasta, nos peleamos, nos amargamos y pensamos: “qué lindo será todo después de la adolescencia, cuando mi hijo o mi hija se comporten como adultos serios y responsables”. Pero entonces… ¡Tampoco sucede!
 Nos preguntamos: ¿Por qué esta serie de desencuentros entre el hijo ideal que siempre nos imaginamos y la realidad tan dura?
3. ¡Nuestros hijos son libres!
Así es, ¡Porque nuestros hijos son seres libres! Dios no solo los creó libres: ¡los quiere libres! ¿Y por qué Dios querría ese disparate? ¿Por qué no los hizo obedientes, buenos, sencillos, manejables y dulces como siempre los imaginamos?
 Porque Dios quiere hijos, y no esclavos. El amor es una decisión libre, y por eso, la libertad es tan importante para Dios. El problema es que nuestros hijos los “tenemos” nosotros, y su libertad muchas veces choca con nuestra idealización del hijo. Contra nuestras normas de convivencia, y a veces ¡contra el mismo Dios!
 ¿Cómo puede ser que ese chiquitín o esa chiquitina que participó en su primera comunión con tanto fervor, de pronto no quiera ir más a Misa? Muchas veces esa revisión de “qué pasó”, puede desembocar en una acusación implícita o explícita a nosotros mismos, a nuestra misión como padres.
 ¿Qué hice, o qué hicimos mal para que este pequeño que era tan dócil de pronto se convierta en un rebelde sin causa, que se revuelva contra la autoridad de papá y mamá y quiera “hacer su vida” o que “lo dejemos tranquilo”?
4. ¡No pasó nada, ni hicimos nada mal!
Nuestros hijos están “haciendo” su camino, y para ello deberán dejarnos, por más que muchas veces les duela a ellos y nos duela más a nosotros. Ellos necesitan resolver sus problemas por sí mismos, porque es una herramienta que necesitan para enfrentar la vida por sus propios medios.
 Saben instintivamente que no vamos a estar durante toda su vida, y necesitan enfrentar los problemas que generan sus propias conductas en libertad. Podemos pensar en ellos como en pequeñas plantas que hemos mantenido en un invernadero, y que debemos sacar a las condiciones naturales para que se templen, y desarrollen su propias raíces y follajes.
 El invernadero estuvo muy bien mientras fueron frágiles, ahora es tiempo de que prueben (y especialmente que se prueben a sí mismos) en “condiciones reales”. De ese modo, cuando vengan las tormentas de la vida, ya tendrán herramientas para enfrentarlas, porque dejamos que desplieguen sus alas y vuelen.
 5. ¿Cómo comportarnos ante ese hijo desafiante?
Pero mientras tanto, mientras todavía chocamos, mientras nos desesperan con sus actitudes y desafíos, tendremos que saber cómo comportarnos. Qué cosas les ayudan en esta exploración, qué cosas podemos hacer para otorgarles confianza, tal vez para hacer más corto este “recorrido divergente” y este crecimiento, y en última instancia, para no perder la paciencia y perjudicarnos mutuamente en esta etapa de su desarrollo.
 Para ello me gusta mucho fijarme en la parábola del Hijo Pródigo (o como le gusta llamarla al papa Francisco, la parábola del “Padre Misericordioso”). Viendo la actitud del padre, podremos ver algunas pistas para saber qué hacer en estas circunstancias.
6. Tus hijos te van a “pedir la herencia”
Como vimos, tarde o temprano, tus hijos van a pedirte “que no te metas más en sus vidas”, que te hagas a un lado y te apartes, que ellos necesitan “que los dejes en paz”. Te lo garantizo, la primera vez que te pase se te va a partir el corazón en pedazos.
 No es fácil, no es lindo y es casi seguro que va a suceder, más temprano que tarde. La tendencia natural sería de decirles “mientras dependas de nosotros, cumplirás nuestras reglas”. Pero el Padre Misericordioso no hace eso. Al contrario, accede al pedido de su hijo y lo deja ir con “su parte de la herencia” y probablemente con los pedazos de su corazón destrozado.
 Como te dije en la introducción: ellos necesitan abrirse camino por sus propios medios, necesitan equivocarse y golpearse para poder crecer. Puedes ofrecerle a Dios esos pedazos de tu corazón, para que esa “ruptura” sea fructífera y no tan dolorosa.
7. Tus hijos se van a ir a tierras extrañas
Cuando se vayan de casa, cuando se vayan a estudiar lejos, o cuando comiencen su vida, habrá tiempos en los que no querrán hablar con ustedes, y sentirás que el corazón se te cae de nuevo a pedazos. ¿Cómo puede ser que no nos quieran llamar, que no quieran pasar su cumpleaños con nosotros, que quieran alejarse voluntariamente de la casa que los vio crecer?
 Precisamente, porque necesitan ampliar sus horizontes. Conocer gente nueva, experimentar otras formas de ver el mundo, hablar de otros temas, crecer y conocer nuevas experiencias, tal vez algunas que nosotros no nos animamos a su edad… Y también harán algunas cosas que van en contra de nuestras convicciones y creencias.
 Van a buscarse en tierras extrañas, con la ilusión de descubrirse y encontrarse, pero también… con el riesgo de perderse. ¿Qué hace el Padre Misericordioso?, ¿va a buscarlo?, ¿va a pedirle que vuelva y que no haga lo que está haciendo? ¡No! El padre se mantiene a una respetuosa distancia.
 Respeta la decisión de su hijo, a pesar de que probablemente haya tenido el corazón hecho trizas. Se mantiene apartado, deja que su hijo busque lo que quiera buscar, incluso con riesgo de que se pierda.
8. Puede ser que se equivoquen. Y mucho. Y muy feo
El Hijo Pródigo malgasta su herencia en una vida libertina. Nuestros hijos pueden ser, que en esa búsqueda de sí mismos, en esa exploración, se equivoquen. Y esas equivocaciones hasta pueden tener consecuencias graves. La herencia del padre se perdió… aparentemente.
 El hijo, a raíz de sus decisiones equivocadas termina alimentando a cerdos, y deseando comer las bellotas que comen estos animales. Muchas veces, como consecuencia de sus decisiones erróneas, nuestros hijos la van a pasar realmente mal. Nuestra tentación como padres puede ir en dos direcciones, y (en mi opinión) ambas son decisiones equivocadas.
 En una primera dirección, podremos resolverles el problema, diciendo: “mi hijo no va a comer bellotas de los cerdos”, e intervenir con nuestro dinero, recursos o “poder”, para que nuestro hijo “no sufra”. La otra decisión equivocada sería enfrentarlo y recriminarle por sus errores. “Te lo advertí”, “Te lo mereces”. La actitud correcta es la del padre. Y ya veremos cuál es.
9. Puede ser que pierdan la fe
En el sentido simbólico de la parábola, el derroche de la herencia y la vida con los cerdos significan la pérdida de la fe. En esa búsqueda, puede ser que nuestros hijos también la pierdan, y que dejen de practicar la oración diaria, la misa dominical, la confesión.
 ¡Nos desesperamos cuando pasa eso! ¿Por qué, si nosotros les enseñamos bien?, ¿por qué si nosotros rezamos constantemente por ellos?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos hacer?
 La fe es un don de Dios, y nosotros podremos pedirla para ellos, pero nunca podremos reemplazarla forzándolos a hacer prácticas piadosas, por más que a nosotros nos parezca que es lo que tenemos que hacer. Dios quiere hijos, no esclavos.
 Y tal vez, si los forzamos a hacer cosas contra su voluntad, empeoremos la situación. Paz, y ciencia. Es decir: paciencia. Tengamos paz, sepamos que esto puede suceder y recemos al Buen Dios por la fe de nuestros hijos, que Él nunca deja caer una lágrima de madre o padre en vano.
10. El hijo recuerda cómo vivía en la casa de su padre
Una de las claves de la parábola es que el hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. Ahí es donde tenemos que concentrar nuestras energías. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.
 Y eso se forja antes, mucho antes de que nuestros hijos decidan seguir su rumbo. Por eso es tan importante que durante su infancia y adolescencia nos enfoquemos en que su experiencia filial sea lo más benéfica posible. Que sepamos que el amor que les damos durante su infancia y adolescencia va a moldear su carácter, su modo de ver la vida y su modo particular de amar en el futuro a su esposa e hijos, o a sus hijos espirituales en el caso de que Dios suscite la vocación religiosa o sacerdotal en tu hijo.
 El amor de los padres es reflejo del amor de Dios, y como tal también moldea la fe de tus hijos. No solo el amor que los padres tienen a los hijos, sino el amor que los padres tienen entre sí, así que ¡A cuidar a tu cónyuge, para beneficio de tus hijos!
11. El hijo que vuelve
Y un día, el hijo que se rebeló, el que se fue a estudiar lejos, el que no quería saber nada con nosotros, el que incluso nos despreció, vuelve. Me corrijo: no vuelve ese hijo, vuelve una persona renovada, un nuevo hijo. Y generalmente, ese hijo templado por las tormentas de su vida va a ser extraordinariamente mejor que el que se fue.
 Y tenemos que hacer como el Padre Misericordioso: devolverle inmediatamente y sin preguntar nada, la dignidad de hijo. Nuestro hijo sigue siendo nuestro hijo, pero con una ventaja: ya es un adulto probado por la vida, y va a poder acercarse y comprendernos mucho mejor a nosotros como padres.
 Ya vamos a poder hablar de igual a igual, de adulto a adulto, de persona fogueada a persona fogueada. Nuestro amor de padres se va a ver engrandecido por lo que nuestro hijo logró por sus propios medios.

Vida Cristiana

sábado, 18 de enero de 2020

Carmen Fernández de la Cigoña dirige el Instituto de Estudios de la Familia CEU San Pablo Pablo J. Ginés/ReL - 17 enero 2020



Inicio/Vida y Familia

o   Carmen Fernández de la Cigoña dirige el Instituto de Estudios de la Familia del CEU San Pablo

«En nuestra sociedad todo es muy efímero,
pero familia y matrimonio requieren constancia y empeño»

Carmen Fernández de la Cigoña dirige el Instituto de Estudios de la Familia CEU San Pablo

Carmen Fernández de la Cigoña dirige el Instituto de Estudios de la Familia CEU San Pablo

Pablo J. Ginés/ReL - 17 enero 2020
Los cambios en la estructura familiar en España, y en Occidente, son vertiginosos. Los españoles se casan muy mayores y, por lo tanto, poco fértiles: las mujeres a los 35 y los hombres a los 38. Hay apenas 1,3 hijos por mujer en edad fértil, y solo gracias a la aportación de las inmigrantes. Una sociedad sana necesitaría 2,1 hijos por mujer fértil, pero hace 30 años que eso no pasa en España. Desde 2016 hay más muertes que nacimientos en el país.
Además, hace apenas diez años la mitad de las bodas en España aún se hacían por la Iglesia. Hoy son aproximadamente un 20%. Jaén, la provincia más pobre de España, es la única en que las bodas católicas superan el 50%. En algunas provincias las bodas católicas son anecdóticas, un 3 o 4%. De hecho, pocas parejas se atreven a casarse, incluso por lo civil: apenas unas 160.000 bodas al año, mientras que en el año 2000 superaban las 200.000.
En este panorama desconcertante, más gaseoso que líquido, resulta imprescindible estudiar qué sucede con la institución familiar y como afecta a la sociedad en su conjunto. Esa es una de las tareas del Instituto CEU de Estudios de la Familia, con sede en Madrid.
El instituto tiene 3 líneas de actuación:
- el trabajo académico sobre la familia como institución: estudios, publicaciones, formación para profesores y académicos...
- el trabajo transversal con los alumnos: incluye el Gabinete de Atención psicológica y acompañamiento, pero también iniciativas para promover la reflexión entre los jóvenes (concursos de cortos o de ensayos, propuestas de estudios, etc...), reflexiones sobre la familia en distintas disciplinas...
- la colaboración con otras entidades: las asociaciones de familias numerosas, el Foro de la Familia, la Fundación Renacimiento Demográfico, etc...
"La sociedad necesita cada vez más revalorizar la familia", exhorta Carmen Fernández de la Cigoña, la directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia. "En nuestra sociedad todo es muy efímero, todo depende de cada momento... pero para proteger y fortalecer nuestra familia debemos estar convencidos de que merece la pena esforzarse en ella, con constancia".
 Carmen-Fernandez_de_la_cigonya_640_interior

"Son muchas las presiones hoy que debilitan el proyecto de una vida matrimonial, de estar juntos para siempre, abiertos a la fecundidad. Tenemos que volver a proponer el matrimonio indisoluble, su estabilidad y su permanencia. Al descender el número de matrimonios, también civiles, habrá menos estabilidad familiar y eso tendrá efectos en toda la sociedad", advierte.
Acompañar, y tener testimonios
En 2018, con motivo del Sínodo de la Familia, una y otra vez voces en la Iglesia hablaban de la importancia de acompañar a los novios, a los matrimonios novatos y también a los veteranos. ¿Cuánto de eso se ofrece en la Iglesia española?
"Cada diócesis española presenta un panorama distinto", señala Fernández de la Cigoña. "Hay más acompañamiento familiar en algunos movimientos de Iglesia que tienen más conciencia de esa importancia. Los laicos debemos reclamar a la Iglesia este acompañamiento. Es necesario que las familias tengamos referentes. Ya se hace, y es bueno, que en los cursillos prematrimoniales haya matrimonios cristianos experimentados que cuenten su testimonio, su experiencia de alegría y dificultades. Pero no sólo los cristianos tienen que pedir a la Iglesia que se implique. También la sociedad civil debe reclamar más protección y apoyo para la institución familiar".
parejas
La formación es importante, "con los pies en la tierra"
Recientemente, la Conferencia Episcopal ha publicado materiales de un curso muy largo, de hasta 3 años, para parejas de novios. ¿Es realista un itinerario tan largo? La directora del Instituto CEU de la Familia cree que hay que dar formación adaptada a la realidad de la gente.
 "Casarse, el compromiso matrimonial, ¡es la mayor aventura de la vida! Así que es muy importante formarse, conocer lo que implica la vida en común. Pero puede haber noviazgos cortos que 3 años antes no tenían ni idea de que se casarían, y pueden lograr matrimonios muy buenos. Mejor formación no necesariamente es más tiempo. Cada pareja de novios es distinta. Y la fe de cada pareja cristiana ha de ir creciendo, antes y después de casarse. La formación es importantísima, pero con los pies en la tierra. La vida cotidiana va a ser complicada, va a afectar a nuestra relación familiar, y vale la pena prepararse".
Se necesita el apoyo de otras familias
La familia cristiana no puede ser aislacionista. En un entorno muy hostil, necesitará el sostén y el ejemplo de otras familias cristianas, explica esta experta. "Una familia necesitará crecer acompañada en un ambiente donde reciba apoyo, formación, y no se sienta continuamente juzgada o presionada. La familia combina mucha libertad con mucha conciencia y empeño en tirar adelante, en mejorar. La vida familiar no sale sola: requiere trabajo y constancia. Habrá momentos mejores y momentos peores, pero sin tirar nunca la toalla".
Si ser fiel y trabajador implicó un esfuerzo para los matrimonios de todas las épocas, en nuestro siglo XXI digitalizado se suman retos nuevos. "La tecnología hay que saber usarla bien. Hoy la pérdida de relaciones personales, presenciales, es un problema. Hay cosas que no se aprenden en tutoriales en YouTube, sino en el trato personal: solidaridad, empatía, compartir, ¡lo que hace una familia! En la vida presencial, real, hay peleas y perdón, risa y llanto... lo que aprendes viviéndolo en casa es lo que te afectará toda tu vida".
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25 años de la Evangelium Vitae
En 2020 el Instituto CEU de Estudios de la Familia está atento a un aniversario especial. Se cumplen 25 años desde que San Juan Pablo II publicó su Encíclica Evangelium Vitae. En ella, el Papa expresaba un deseo: "que resurja o se refuerce a cada nivel el compromiso de todos por sostener la familia, para que también hoy —aun en medio de numerosas dificultades y de graves amenazas— ella se mantenga siempre, según el designio de Dios, como santuario de la vida".
El Instituto aún examina el formato concreto con el que celebrará este aniversario, pero incluirá actividades para recordar sus enseñanzas, "tanto entre profesores y académicos como entre un público más amplio", adelanta su directora.




Vida Cristiana

Mary Eberstadt: la revolución sexual introdujo en las relaciones hombre/mujer una lógica homosexual



[Chiesa/Testi/SexoIdeologíaGéneroFeminismo]

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o   Razones antropológicas explican su potencial destructivo

Mary Eberstadt: la revolución sexual introdujo en las relaciones hombre/mujer una lógica homosexual

Mary Eberstadt es una de las grandes estudiosas sobre los devastadores efectos de la revolución sexual, en curso en Occidente desde los años 60, sobre la familia y la persona. En la imagen, su intervención en julio de 2019 en un encuentro de la Fundación Edmund Burke.

Mary Eberstadt es una de las grandes estudiosas sobre los devastadores efectos de la revolución sexual, en curso en Occidente desde los años 60, sobre la familia y la persona. En la imagen, su intervención en julio de 2019 en un encuentro de la Fundación Edmund Burke.

ReL - 17 enero 2020

La capacidad de destrucción social que ha demostrado la revolución sexual en Occidente obedece a razones antropológicas y psicológicas profundas. La ensayista norteamericana Mary Eberstadt lo ha estudiado en profundidad en varias de sus obras, donde quedan de manifiesto también los estrechos vínculos entre fe y familia. Es el análisis de Alberto Frigerio en Tempi:
Revolución sexual, fe, familia y sociedad
En 2019, Mary Eberstadt, Senior Research Fellow en el Faith and Reason Institute de Washington D.C. y colaboradora en revistas y periódicos como Los Angeles Times y el Wall Street Journal, publicó el ensayo Primal Screams. How the Sexual Revolution created Identity Politics.
Este libro da un paso adelante en el recorrido iniciado por Eberstadt sobre el tema de la revolución sexual, objeto de la investigación de esta escritora y ensayista estadounidense, que se centra en sus implicaciones en relación a la fe, la familia y la sociedad. La obra de Mary Eberstadt ofrece claves de lectura para la comprensión de nuestro tiempo.
Revolución sexual
Eberstadt describe el fenómeno de la revolución sexual, iniciado a partir de los años 60 del siglo XX, como el proceso de progresiva "desestigmatización" de todas las variedades de prácticas sexuales no conyugales, propiciada por la difusión de las técnicas modernas de anticoncepción.
La revolución sexual está históricamente vinculada a la Reforma, el Romanticismo y el Feminismo. La interpretación negativa del eros, entendido como fruto de la concupiscencia pecaminosa, llevó, en el ámbito protestante, a secularizar la sexualidad a través de la desacralización del matrimonio. Ante la represión puritana de los afectos, que se abrió paso en ámbito católico a traves del jansenismo, en los siglos XVIII y XIX se desarrolló en el ámbito alemán el Romanticismo, cuya intención inicial era revalorizar el elemento afectivo de la relación amorosa, pero que acabó por reducir el amor a sentimiento. La crisis del puritanismo explotó cuando surgió el heterogéneo movimiento feminista, cuyo fin era reivindicar la igualdad entre el hombre y la mujer, pero que acabó siendo la búsqueda de lo que es específicamente femenino y llevando a que algunas de sus ramificaciones degeneraran en la afirmación de una generalizada indiferenciación sexual.
Según los promotores y defensores de la revolución sexual, la píldora y, como plan B, el aborto (aunque la anticoncepción atenta contra la castidad conyugal y el aborto contra la justicia, ambas circunstancias morales no están privadas de conexión, dado que el aborto se realiza a menudo como anticoncepción de emergencia) liberarían a la humanidad al liberar a la mujer de las cadenas de la fertilidad y a las minorías sexuales de la prisión de la moral tradicional.
De manera más detallada, en el libro-manifiesto de la revolución sexual Die Sexualität im Kulturkampf. Zur sozialistischen Umstrukturierung des Menschen (1936), el psicoanalista austriaco Wilhelm Reich teorizó el conflicto entre el instinto sexual y los principios morales, y propuso la superación de la familia monógama tradicional, considerada una institución social represiva, en la que la líbido es mortificada en aras del elemento procreador. En esta óptica, la práctica de la sexualidad solo se entiende en virtud de la búsqueda del placer sexual, y la liberación coincidiría con la mera satisfacción de los instintos sexuales.
En su coloquio con el periodista y escritor Vittorio Messori, el entonces cardenal Ratzinger describía la revolución sexual como un fenómeno caracterizado por una triple fracturaentre sexualidad y matrimonio, que abre la vía en ámbito civil a la equiparación del matrimonio a otras formas de relación heterosexual; entre sexualidad y procreación, eliminando la diferencia sexual y poniendo las bases para la equiparación de las relaciones heterosexuales y homosexuales; entre sexualidad y amor, reducido a fenómeno fisiológico que hay que apoyar hedonísticamente [Informe sobre la fe, 1985].
Para comprender a fondo el cambio radical que se está llevando a cabo, vale la pena recordar el papel que ha tenido la acción/saber tecnológico, copartícipe de la triple factura descrita y del avance en ámbito sexual de una lógica consumista. Junto a la difusión de las técnicas anticonceptivas, que separan la sexualidad de la procreación, hay que recordar la difusión de las técnicas de reproducción asistida, que separan la procreación de la sexualidad. Ambos métodos han abierto el camino al doble movimiento from sex without babies to babies without sex [del sexo sin bebés, a los bebés sin sexo], introduciendo en las relaciones heterosexuales una lógica homosexual, caracterizada por una sexualidad privada del elemento procreador, y por prácticas procreadoras privadas del ejercicio de la sexualidad. En este sentido, se comprende lo que escribió el filósofo Augusto del Noce, según el cual el pensamiento moderno tiene carácter nihilista y es incapaz de captar la diferencia, también en términos sexuales, como "otra" presencia positiva distinta a uno mismo, por lo que acaba concibiendo la experiencia amorosa, también heterosexual, en términos homosexuales, como prolongación del yo [Carta a Rodolfo Quadrelli, 1984].
Implicaciones
La revolución sexual favoreció la proliferación de una serie de comportamientos que, hasta ese momento, eran escasos y considerados inaceptables: relaciones prematrimoniales, relaciones extraconyugales, rupturas familiares. En lugar de propiciar una auténtica liberación, la revolución sexual ha contribuido a la difusión de una inestabilidad afectiva perjudicial, como atestiguan a nivel macroscópico los datos correspondientes a las convivencias, separaciones y divorcios, que provocan un gran sufrimiento en grandes y pequeños.
John Lennon y Yoko Ono en Amsterdam. Foto: Eric Koch/Wikimedia.
En el ensayo Home-Alone America (2004), Eberstadt evidencia las consecuencias de las rupturas familiares y la ausencia de la figura paterna en niños y adolescentes: incremento del índice de depresión, delincuencia y abuso de sustancias, inicio precoz de la actividad sexual con difusión de las enfermedades de transmisión sexual (ETS). Por último, la autora observa un aumento del 350%  en el número de abusos sexuales sobre niños a partir de 1980. Este último dato confirma lo que ha observado el Papa emérito Benedicto XVI que, en sus notas sobre los abusos sexuales publicadas en abril de 2019, pone en evidencia el vínculo entre revolución sexual, que no toleraba ninguna norma en materia de sexualidad, y la difusión de la pedofilia.
En Adán y Eva después de la píldora (2012), Mary Eberstadt observa el resultado paradójico de la revolución sexual para hombres y mujeres: a un crecimiento exponencial del sexo, cada vez más difundido y al alcance de todos, le corresponde una disminución significativa de satisfacción romántica.
En el texto Cómo el mundo occidental perdió realmente a Dios (2013), Eberstadt pone de manifiesto el vínculo entre fe y familia, doble hélice que constituye el ADN de la sociedad. La tesis clásica de la secularización, a saber: que la fe favorece la edificación de la familia y la crisis de fe la erosiona, es integrada con la afirmación de que el buen estado de salud de la familia alimenta la fe, y el malo dificulta el acceso a Dios. La perspectiva planteada por Eberstadt recuerda el ensayo Family and Civilization (1947) del sociólogo de Harvard Carle C. Zimmerman, según el cual el declive del mundo clásico estuvo caracterizado por el declive de la familia.
La autora defiende su tesis aportando algunos datos sociológicos (concomitancia en la segunda posguerra del boom religioso y familiar; marcada secularización en los países con un alto índice de personas que viven solas, como en los países escandinavos; debilitamiento de la práctica religiosa en las confesiones cristianas de matriz protestante al introducir cambios en el ámbito de la moral sexual y familiar a través de la anticoncepción, el divorcio y la homosexualidad) y avanzando consideraciones antropológicas (la generación es una experiencia trascendente que lleva a que las personas salgan de sí mismas; los padres buscan comunidades morales que les coadyuven en ámbito educativo; la fe es un apoyo al afrontar los sacrificios que requiere la vida familiar).
La familia tiene carácter sagrado, y esta es la razón por la que la crisis de la familia es expresión, y también motivo, de la secularización. La familia es el lugar de la transmisión de la fe, no sólo porque es en ella donde el hijo es introducido o no a una determinada tradición religiosa, sino también porque, y de manera más profunda, la experiencia familiar tiene un carácter religioso.
Las relaciones conyugales y paterno-filiales tienen un valor sagrado, puesto que se invita a las personas a tomar partido por un bien gratuito y lleno de significado, como es propio de la experiencia de fe: matrimonio y familia llevan a cabo la figura de la vida como dedicación a un plan trascendente. En la novela El hombre sin atributos (1930), que ataca una cierta visión burguesa del matrimonio, Robert Musil afirma: "Y sin embargo, hay algo de verdad en lo que se conoce como significado sagrado de la familia, en ese estar atraídos los unos por los otros, sirviéndose mutuamente".
La familia es una realidad creatural que proporciona el lenguaje a la fe, como muestra la Alianza bíblica, que tiene su ejemplificación en el acontecimiento nupcial, que nos habla de esponsalidad y generación. Véase, a título de ejemplo, el libro del profeta Oseas, que en el capítulo 2 interpreta la relación entre Dios y el pueblo a la luz de la unión entre marido y mujer ("Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón... Aquel día -oráculo del Señor- me llamarás 'esposo mío'... Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura"), mientras que en el capítulo 11 lo interpreta a la luz de la relación entre padres e hijos ("Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo... Pero era yo quien habría criado a Efraín, tomándolo en mis brazos... Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un  niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer").
En el libro It's Dangerous to Believe (2016), Mary Eberstadt denuncia la persecución soft [suave] llevada  a cabo por la ortodoxia laicista contra todo el que disienta del dogma progresista de la revolución sexual. El secularismo progresista considera que rechazar los postulados de la liberación sexual constituye una amenaza para la sociedad y merece ser castigado. En este sentido, es preocupante constatar que determinadas posiciones de quienes se sienten perplejos ante los denominados nuevos derechos respecto al ámbito bioético tienden a ser denigradas a priori al ser consideradas contrarias al pensamiento dominante. Preocupa también constatar que el derecho a la objeción de conciencia en relación a temáticas tan complejas y debatidas no sea acogido y protegido a nivel jurídico, causando graves dificultades al conjunto de determinadas categorías profesionales, sobre todo en ámbito sanitario.
En Primal Screams. How the Sexual Revolution created Identity Politics (2019), Mary Eberstadt aborda el tema de la identidad y de las políticas identitarias. La autora hace referencia al ensayo La cultura del narcisismo (1979), del sociólogo estadounidense Robert C. Lasch, sobre la difusión de la mentalidad narcisista, y al ensayo Solo en la bolera (2000), del politólogo estadounidense Robert D. Putman, sobre el declive de las comunidades y las asociaciones, e investiga los motivos centrando su mirada en el tema de la familia. La gran dispersión (great scattering) familiar provocada por la revolución sexual, afirma la autora, constituye el impedimento más significativo a la comprensión de uno mismo. La relación es camino de edificación de uno mismo, entre el yo y el uno mismo, diría el filósofo francés Paul Ricoeur; por esto, la crisis de las relaciones familiares complica el proceso identitario y la cuestión de la identidad se convierte en zona zero emotivo y político para una amplísima parte de la población.
La ruptura de los vínculos familiares y la búsqueda de la identidad encuentra ejemplificación en el panorama musical, que se divide entre quienes cantan la disgregación de la familia (Eminem, Papa Roach, Everclear, Blink-182, Good Charlotte, Eddie Vedder y Pearl Jam, Kurt Kobain y Nirvana, Tupac Shakur, Snoop Dogg) y lo que representan el mito del andrógino en la perspectiva de la ambigüedad sexual (David Bowie, FFC-Acrush, BTS).
Conclusión
La revolución sexual, aun partiendo de perspectivas de cambio en parte aceptables como la búsqueda de afecto y el amor solidario, anteriormente, en un segundo plano, ha provocado un deterioro del ethos sexual, marcado por una "mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad" (Juan Pablo II, encíclica Evangelium vitae n. 13). Es cuanto afirmaba Pablo VI proféticamente en la encíclica Humanae vitae, promulgada en el verano de 1968, en plena revolución sexual, afirmando que la introducción de las prácticas anticonceptivas llevaría a un disminución general de la moralidad (infidelidad conyugal, degradación de la dignidad de la mujer), mientras que la defensa de la moral conyugal en su totalidad es el camino a la edificación de una civilización verdaderamente humana (nn. 17-18).
Dos textos nos ayudan a comprender el alcance antropológico y social de la anticoncepción: el primero es Contraception and Chastity (1975), en el que Elizabeth Anscombe, filósofa británica discípula de Wittgenstein, ponía en evidencia la imposibilidad, implícita en la legitimación de la anticoncepción, de distinguir entre actos sexuales buenos y malos. Separar el significado unitivo del procreador, por ejemplo, impediría reconocer el aspecto crítico existente en el acto homosexual. El segundo es De la vie avant tout chose (1979), en el que Pierre Simon, ginecólogo ex Gran Maestre de la Gran Logia Masónica de Francia, declaraba la voluntad de subvertir las costumbres sociales occidentales de matriz clásica y judeocristiana a través de la anticoncepción, a la que añadía el aborto y la eutanasia. Estas tres prácticas, a la que hoy podríamos añadir muchas más (eugenesia, experimentación con embriones, fecundación asistida, maternidad subrogada, manipulación de los cuerpos) introducirían la noción de vida como algo material, vacío de todo significado intrínseco y a total disposición de la voluntad subjetiva.
La reflexión llevada a cabo por Mary Eberstadt nos ayuda a comprender el estrecho nexo entre fe y familia: por un lado, la fe en Dios pone las bases para una experiencia familiar sólida y, por el otro, la vida familiar lleva a Dios en cuanto lugar de cuidado en el que la persona vive vínculos de gratuidad y de bondad de carácter religioso. El hombre alcanza la conciencia siempre en la mediación de una experiencia práctica, actuando e implicándose en la realidad (Jn 3, 21); por lo tanto, la posibilidad de mantener vivas evidencias seculares como el carácter insuperable de la diferencia sexual, está relacionado con la tutela de experiencias fundamentales como la familia.
La Iglesia, al ocuparse y cuidar de la familia, fortalece el cuerpo eclesial y edifica al conjunto de la sociedad. El vínculo de ida y vuelta entre fe y familia nos dice que evangelizar a la familia implica anunciar la fe en el Dios de Jesucristo y, al mismo tiempo, el anuncio de la fe nos pide promover la familia jurídica y culturalmente, en cuanto la cultura es mediación de la conciencia y la ley es uno de los dispositivos culturales más poderosos.
Traducido por Elena Faccia Serrano.


Vida Cristiana

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