jueves, 10 de agosto de 2017
domingo, 6 de agosto de 2017
Seremos semejantes a él: Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
Son muchas las comunidades
eclesiales puestas bajo el patrocinio del divino Salvador, y hoy es su día: la
fiesta de la Transfiguración del Señor.
Fíjate en Jesús mientras lleva a
sus discípulos “a una montaña alta”:
él está llegando al fin del camino por donde
baja hasta la muerte, y una muerte de cruz. Él, “un hijo de hombre”, está bajando a su infierno. ¡Él es el hombre!
Fíjate en Jesús, fíjate en el
hombre, y que nadie separe de Jesús al hombre, que nadie separe lo que Dios ha
unido.
De Jesús lo dice la Sublime
Gloria que le trajo aquella voz: «Éste es
mi Hijo amado, mi predilecto». Y la fe lo entiende del hombre, sobre todo
del que pudiera parecer más olvidado, menos hijo, menos de Dios: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto».
Es a ese hombre, al bebé que esta
mañana nació muerto para desolación de su madre y de su padre, al adulto que encuentras horadando la basura
en busca de algo que cambiar por pan, al joven que encerraron sin papeles en un
espacio que no mira al futuro, al marginado a quien nada se le debe porque nada
produce, al que trabaja horas interminables por un salario que no da para matar
el hambre, al lázaro que los perros lamen en la soledad de nuestros portales,
es a ese hombre al que la fe ve transfigurado: resplandeciente más que el sol,
limpio más que la luz, amado como hijo predilecto, en Cristo Jesús muerto y
resucitado.
La liturgia nos recuerda que la
claridad de la transfiguración brillará un día en todo el cuerpo de Cristo. Y
yo necesito recordar que esa luz, aunque no la veamos, está ya encendida en el
cuerpo de Cristo que son los pobres
A ellos, a los sin nombre, a los
sin papeles, a los sepultados en el mar del olvido, a los reducidos a cifra en
una lápida o en una página de periódico, a ellos de manera del todo particular
se refiere el canto de nuestra comunión: “Cuando Cristo se manifieste, seremos
semejantes a él, porque le veremos tal cual es”.
Y mientras llega el día de la
luminosa manifestación de Cristo, vivamos esperanzados la oscuridad de la
comunión con Cristo.
Feliz domingo.
sábado, 5 de agosto de 2017
Domingo 18 del Tiempo Ordinario, Año A (6 de agosto de 2017). La compasión de Jesús.
Ø Domingo 18 del Tiempo Ordinario, Año A (6 de agosto de 2017). La compasión de Jesús. En el Evangelio y en el Catecismo de la Iglesia Católica. En nuestra civilización, herida de anonimato y enferma de curiosidad malsana, es necesaria la mirada cercana para para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina. La compasión en el lenguaje común.
v Cfr. Domingo 18 del Tiempo Ordinario, Año A.
6 de agosto de 2017
Isaías
55, 1-3; Sal 144,8-9. 15-16. 17-18; Mateo
14, 13-21.
Mateo 14, 13-21: 13 Jesús, se alejó de allí en una barca hacia un
lugar desierto él solo. Cuando se enteraron las multitudes le siguieron a pie
desde las ciudades. 14 Al desembarcar
vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos.
15 Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto
y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a
comprarse alimentos. 16 Pero Jesús les dijo: No tienen necesidad de ir, dadles
vosotros de comer.17 Ellos le respondieron: No tenemos aquí más que cinco panes
y dos peces.
18 Él les dijo: Traédmelos aquí.19 Entonces mandó a la gente que se
acomodara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los
ojos al cielo, recitó la bendición,
partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. 20
Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y recogieron de los trozos
sobrantes doce cestos llenos.21 Los que comieron eran como unos cinco mil
hombres, sin contar mujeres y niños.
Sal 144,8-9.
15-16. 17-18:
R/. Abres tú la mano,
Señor, y nos sacias de favores. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la
cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus
criaturas. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su
tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. El Señor es
justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el
Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Jesús al desembarcar vio
una gran multitud
y se llenó de compasión
por ella y curó a los enfermos.
(Mateo 14, 14)
1. Sinónimos y antónimos de la compasión
·
Sinónimos:
lástima, conmiseración, misericordia, piedad, caridad;
·
Antónimos:
la mofa, la impiedad, crueldad, la inhumanidad y la insensibilidad".
v Salmo responsorial de hoy
o El Señor es misericordioso, rico en piedad, bondadoso, está cerca de los que le invocan …
·
Sal 144,8-9. 15-16. 17-18: R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es
cariñoso con todas sus criaturas. Los ojos de todos te están aguardando, tú les
das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo
viviente. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus
acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan
sinceramente.
2. Otros textos acerca de la compasión de Jesús en la Escritura y en el Catecismo de la Iglesia Católica
v En el Evangelio
·
Mateo 9, 36-38:
“Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban
vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que
envíe obreros a su mies.»”.
·
Marcos 6, 31-34: “Él,
entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario,
para descansar
un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni
para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les
vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de
todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha
gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen
pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”
·
Marcos 8, 1-3: “Por aquellos
días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer,
llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta
gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer.
Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de
ellos han venido de lejos.»”
v En el Catecismo de la Iglesia Católica
(Resumen de los aspectos más
interesantes)
o Aspectos de la compasión de Jesús y lo que pide a sus discípulos
·
Con compasión,
Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar
una
vida en vez de destruirla» (Marcos 3, 4) (2173).
·
La compasión de
Cristo hacia todos los que sufren llega
hasta identificarse con ellos (n. 1503).
·
Jesús hace
participar a sus discípulos de su
ministerio de compasión y de curación
(n. 1506).
·
Su mirada nos
enseña a ver todo a la luz de su verdad
y de su compasión por todos los hombres (n.
2715).
·
Aunque no está en
nuestra mano no sentir la ofensa y
olvidarla, sin embargo el corazón que se ofrece al
Espíritu Santo cambia la
herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en
intercesión (n. 2843).
·
Por otra parte es
notable la relación que establece el Catecismo entre el don de la oración y la
compasión: este don no puede
recibirse más que en un corazón acorde con la compasión divina (n. 2844).
·
“Bajo sus
múltiples formas -indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas o
psíquicas y, por
último, la muerte-, la
miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se
encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de
salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador”
(n. 2448).
3. En nuestra civilización, herida de anonimato y enferma de curiosidad malsana, es
necesaria la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro
cuantas veces sea necesario.
Cfr. Francisco, Evangelii gaudium
v Con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana.
·
n. 169: En una
civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por
los
detalles de la vida de los demás,
impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada
cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea
necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales
pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada
personal. La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos –sacerdotes, religiosos
y laicos– en este «arte del acompañamiento», para que todos aprendan siempre a
quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro
caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de
compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida
cristiana.
·
n. 179: (…) “Así como la Iglesia es misionera por
naturaleza, también brota ineludiblemente de
esa naturaleza la caridad
efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve”.
4. Jesucristo resume y compendia toda la historia de la misericordia divina.
San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Homilía La Vocación cristiana, n. 7
v En las Escrituras descubrimos constantemente la presencia de la misericordia de Dios.
·
(…) Ahora,
que se acerca el tiempo de la salvación, consuela escuchar de los labios de San
Pablo
que después
que Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres,
nos ha liberado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino
por su misericordia (Tito 3,5).
Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la
presencia de la misericordia de Dios: llena la tierra (Salmo 32, 5), se extiende a todos
sus hijos, super omnem carnem (Eclesiástico 18,12); nos rodea (Salmo 21, 10), nos antecede (Salmo 58,11), se multiplica para
ayudarnos (Salmo 33,8), y
continuamente ha sido confirmada (Salmo
116, 2). Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera
en su misericordia (Salmo 24, 7): una misericordia suave (Salmo 108, 21), hermosa como nube de lluvia
(Eclesiástico 25, 26).
v Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina.
Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la
misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia (Mateo
5,7). Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre
celestial es misericordioso (Lucas
6, 36). Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas
del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo
pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del
hijo de la viuda de Naím (Lucas 7, 1-17).
¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el
hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía
ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por
compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano.
v La conmiseración del Señor nos produce seguridad.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará
a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso (Éxodo 32, 27). Es una
invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues,
confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el
auxilio de la gracia en el tiempo oportuno (Hebreos 4, 16). Los
enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios
nos previene; y si —por nuestra culpa y nuestra debilidad— caemos, el Señor nos
socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de
ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones
mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana
no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te
ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso
no te ha negado la esperanza del perdón (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 7).
5. La compasión en el lenguaje común
·
Es un movimiento
interior que nos hace sensibles al mal que padece otro ser. Suele estar unido
al
deseo de aliviar o bien
de reducir el sufrimiento del prójimo.
Se considera también que la compasión es el motivo de la solidaridad. En su
raíz, por tanto, es contraria al individualismo
que tan frecuentemente encontramos en la sociedad actual desarrollada, por el que muchas
personas son insensibles - e incluso
despiadadas – cuando contemplan el dolor ajeno.
·
“Es un sentimiento humano que se manifiesta a partir y comprendiendo el
sufrimiento de otro ser. Más
intensa
que la empatía, la compasión es
la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el
deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento” (Wikipedia).
Vida Cristiana
Benedicto XVI, Angelus del 31 de julio de 2011, domingo 18 del tiempo ordinario. Compasión y eucaristía.
Ø Compasión y Eucaristía. Palabras de Benedicto XVI en el Angelus del 31 de julio de 2011,
Domingo 18 del tiempo ordinario, Ciclo A. El milagro de la multiplicación de los panes.
Compasión y Eucaristía
v Cfr. Benedicto XVI, Angelus del 31 de julio de 2011, domingo 18 del tiempo ordinario. Compasión y eucaristía.
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este domingo describe el milagro de la
multiplicación de los panes, que Jesús realiza para una multitud de personas
que lo seguían para escucharlo y ser curados de diversas enfermedades
(cf. Mt 14, 14). Al atardecer, los discípulos sugieren a Jesús
que despida a la multitud, para que puedan ir a comer. Pero el Señor tiene en
mente otra cosa: «Dadles vosotros de comer» (Mt14, 16). Ellos, sin
embargo, no tienen «más que cinco panes y dos peces». Jesús entonces realiza un
gesto que hace pensar en el sacramento de la Eucaristía: «Alzando la mirada al
cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos,
y los discípulos se los dieron a la gente» (Mt 14, 19). El milagro
consiste en compartir fraternamente unos pocos panes que, confiados al poder de
Dios, no sólo bastan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce
canastos. El Señor invita a los discípulos a que sean ellos quienes distribuyan
el pan a la multitud; de este modo los instruye y los prepara para la futura
misión apostólica: en efecto, deberán llevar a todos el alimento de la Palabra
de vida y del Sacramento.
En este signo prodigioso se entrelazan la encarnación de Dios y la
obra de la redención. Jesús, de hecho, «baja» de la barca para encontrar a los
hombres. San Máximo el Confesor afirma que el Verbo de Dios «se dignó, por amor
nuestro, hacerse presente en la carne, derivada de nosotros y conforme a
nosotros, menos en el pecado, y exponernos la enseñanza con palabras y ejemplos
convenientes a nosotros» (Ambiguum 33: PG 91, 1285
C). El Señor nos da aquí un ejemplo elocuente de su compasión hacia la gente.
Esto nos lleva a pensar en tantos hermanos y hermanas que en estos días, en el
Cuerno de África, sufren las dramáticas consecuencias de la carestía, agravadas
por la guerra y por la falta de instituciones sólidas. Cristo está atento a la
necesidad material, pero quiere dar algo más, porque el hombre siempre «tiene
hambre de algo más, necesita algo más» (Jesús de Nazaret, Madrid
2007, p. 315). En el pan de Cristo está presente el amor de Dios; en el
encuentro con él «nos alimentamos, por así decirlo, del Dios vivo, comemos
realmente el “pan del cielo”» (ib., p. 316). Queridos amigos, «en la
Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y
hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad
para con el prójimo» (Sacramentum caritatis, 88). Nos lo
testimonia también san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, de
quien hoy la Iglesia hace memoria. En efecto, Ignacio eligió vivir «buscando a
Dios en todas las cosas, y amándolo en todas las criaturas» (cf. Constituciones
de la Compañía de Jesús, III, 1, 26). Confiemos a la Virgen María
nuestra oración, para que abra nuestro corazón a la compasión hacia el prójimo
y al compartir fraterno.
Vida Cristiana
jueves, 3 de agosto de 2017
domingo, 30 de julio de 2017
No dejes de buscar a Cristo. Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)
“El Reino de los cielos se parece a un tesoro
escondido en el campo”. Con la palabra ‘tesoro’, no se indica sólo la
abundancia y el valor inestimable de unos bienes, sino también el hecho de que esos
bienes abundantes y preciosos están reunidos y guardados.
El Reino de Dios encierra bienes preciosos,
riquezas incalculables, “lo que ojo nunca vio, ni oído oyó, ni hombre alguno
ha imaginado”, cosas que Dios ha escondido a los sabios y entendidos, y ha
revelado a la gente sencilla.
Si encuentras el tesoro del Reino, en comparación
con él, todo lo demás que puedas poseer o desear te parecerá de valor
insignificante.
Considera cuál es para el rey Salomón el tesoro
deseado y pedido: “Un corazón dócil para gobernar al pueblo de Dios” es para
el rey un tesoro más estimable que una vida larga, más que las riquezas, más
que el sometimiento de los enemigos.
Considera cuál es el tesoro que en su vida ha
reunido y guardado el salmista: “Mi porción es el Señor… mis delicias, tu
voluntad… amo tus mandatos… tus preceptos son admirables”; y fíjate ahora
en los bienes con los que compara su tesoro: “Más estimo yo los preceptos de
tu boca que miles de monedas de oro y plata… Yo amo tus mandatos más que el oro
purísimo”.
Ese mismo tesoro puede ser llamado Sabiduría: “Yo
la amé y la rondé desde muchacho; la pretendí como esposa, enamorado de su
hermosura… Si en la vida la riqueza es un bien deseable, ¿que cosa más rica que
la Sabiduría que todo lo hace?”
No es éste un tesoro que cause preocupación o desasosiego,
no es riqueza que cause temor, pues a sus bienes no llegan ni el ladrón ni la
polilla.
Del tesoro que es Dios, su voluntad, sus promesas,
proceden sabiduría e inteligencia, luz para gobernar, discernimiento para
juzgar, consuelo en la aflicción, dicha en la adversidad, descanso en la
fatiga.
Ahora sólo necesitamos descubrir dónde se halla el
tesoro del Reino de los cielos.
Escucha las palabras del ángel del Señor a María
de Nazaret: “Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás
por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor
Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por
los siglos y su reino no tendrá fin”. Escucha las palabras del mensajero
celeste a los pastores del campo de Belén: “Os anuncio una gran alegría, que
lo será para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un
salvador, el Mesías, el Señor”. Escucha las palabras del justo Simeón,
cuando en el templo de Jerusalén, tomó en brazos al niño Jesús y bendijo a
Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque
mis ojos han visto tu sacramento de salvación”.
Si escuchas, entenderás que el tesoro que buscas está
en Cristo Jesús. Para la Virgen María, para los pastores de Belén y para todo
el pueblo, para el justo Simeón y para todos los que esperan la consolación de
Israel, el tesoro de la salvación se halla escondido y revelado en Cristo Jesús.
Quien encuentra a Jesús, encuentra al Hijo del Altísimo, al rey eterno, al ungido
de Dios; quien encuentra a Jesús, encuentra la salvación que necesita y la
alegría que es compañera inseparable de la salvación; quien encuentra por la fe
a Jesús, ha encontrado en él la redención, la consolación y la paz.
Escucha todavía las palabras del Apóstol: En
Cristo Jesús, “Dios nos ha bendecido con toda clase de bendiciones
espirituales”; en Cristo “tenemos, por medio de su sangre, la redención,
el perdón de los pecados”; en Cristo “fuisteis sellados con el Espíritu
Santo de la promesa”. Es como si te dijese: En el campo que es Cristo
hallarás todas las riquezas del Reino de los cielos.
Escucha finalmente al mismo Cristo Jesús: “Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le
habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”; “yo soy el pan de
la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá
nunca sed”; “yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la
oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”; “yo soy el buen pastor. El
buen pastor da su vida por las ovejas… Yo soy el buen pastor, y conozco mis
ovejas y las mías me conocen a mí”; “yo soy la resurrección y la vida.
El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí,
no morirá para siempre”.
Ya empiezas a intuir que en Cristo hallas todos
los bienes de Dios porque Cristo es para ti todo bien y toda bendición. “El
que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo
lo que tiene y compra el campo”.
No te sorprendas de que, a propósito del tesoro
que hallas en el campo, se te diga, “lo vuelve a esconder”, pues son
muchas las cosas que en tu relación con Cristo pertenecen al “secreto del
Rey”, son muchas las cosas que, al modo de la Virgen María, has de guardar cuidadosamente
en tu corazón, son muchas las cosas que habrás de esconder y que sólo al Señor
corresponde desvelar.
Ya sólo me queda, Iglesia amada del Señor, salir
contigo al encuentro de quien es para nosotros el Reino de los cielos. Hoy, el
tesoro que es Cristo lo encontramos en la palabra de Dios que nos ilumina, nos
consuela y nos da vida.
Hoy, el tesoro que es Cristo lo encontramos en la
asamblea eucarística reunida en el nombre del Señor, asamblea santa, pueblo
sacerdotal, en quien el Señor ora, a quien el Señor ama, con quien el Señor
camina.
Hoy, el tesoro que es Cristo lo encontramos en la
Eucaristía que recibimos, pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Hoy, el tesoro que es Cristo lo encontramos en los
enfermos que visitamos, en los emigrantes que acogemos, en los pobres que con
amor acudimos.
Oh admirable comercio: Si das de tu pan a los
pobres, habrás dado de tu pan a Cristo, y de Cristo recibirás la herencia del
Reino que el Padre Dios ha preparado para ti desde antes de la creación del
mundo.
Feliz comunión con Cristo y con los pobres. Feliz
domingo.
Sabiduría. Capítulo 9 de Libro de la Sabiduría. Catequesis de san Juan Pablo II.
Ø Domingo 17 del Tiempo Ordinario, Año A (2017). Sabiduría. Capítulo 9 de Libro de la Sabiduría. Catequesis de san Juan Pablo II. No es la simple inteligencia o habilidad práctica, sino más bien la participación en la mente misma de Dios, que "con su sabiduría formó al hombre". Es la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, traspasando la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir en ellos el significado último, querido por el Señor.
v Cfr. Domingo 17 del Tiempo Ordinario, Año A, 30 de julio 2017.
1ª Lectura,
1Re 3,5.7-12:
5 En Gabaón el Señor se apareció a Salomón en sueños durante la noche y le
dijo: «Pide lo que quieras y yo te lo daré».
Y Salomón respondió: 7 Ahora bien, Señor, Dios mío, me has hecho rey a
mí, tu siervo, en lugar de mi padre,
David; pero yo soy muy joven y no sé
cómo actuar. 8 Estoy al frente del
pueblo que te elegiste, pueblo numeroso,
que no se puede contar ni calcular por
su multitud. 9 Concédeme un corazón prudente
para gobernar [otras traducciones: atento para juzgar] a tu pueblo y saber
discernir entre lo bueno y lo malo.
Porque ¿quién, si no, podrá gobernar a
este tu pueblo tan grande?». 10 El Señor
vio con buenos ojos que Salomón hubiese
pedido tal cosa, 11 y por eso le
dijo: «Ya que me has hecho esta
petición, y no has pedido para ti una vida
larga, ni has pedido riquezas, ni has pedido la muerte de tus enemigos, sino que me has pedido
sabiduría para gobernar con
justicia, 12 hago lo que has dicho. Te
doy un corazón sabio y prudente, como no
hubo antes de ti ni lo habrá
después.
Concédeme discernir entre
lo bueno y lo malo
(Primera Lectura 1
Reyes 3,9)
¡Señor, dame sabiduría!
1. El cántico que
se nos propone hoy nos presenta la mayor parte de una amplia oración puesta en
labios de Salomón, al que la tradición bíblica considera el rey justo y el
sabio por excelencia. Se encuentra en el capítulo 9 del libro de la Sabiduría,
un texto del Antiguo Testamento compuesto en griego, tal vez en Alejandría de
Egipto, en los umbrales de la era cristiana. En él se refleja el judaísmo vivo
y abierto de la diáspora hebrea en el mundo helenístico.
v Las tres líneas de pensamiento teológico que nos propone el libro de la Sabiduría
Son fundamentalmente tres las líneas de pensamiento teológico que este libro nos propone: la inmortalidad feliz, como meta final de la existencia del justo (cf. capítulos 1-5); la sabiduría como don divino y guía de la vida y de las opciones de los fieles (cf. capítulos 6-9); la historia de la salvación, sobre todo el acontecimiento fundamental del éxodo de la opresión egipcia, como signo de la lucha entre el bien y el mal, que desemboca en una salvación y redención plena (cf. capítulos 10-19).
v Salomón pide a Dios un corazón prudente para discernir entre el bien y el mal
2. Salomón vivió aproximadamente diez siglos antes del autor inspirado del libro de la Sabiduría, pero ha sido considerado el fundador y el artífice ideal de toda la reflexión sapiencial posterior. La oración del himno puesto en sus labios es una invocación solemne dirigida al "Dios de los padres y Señor de la misericordia" (Sabiduría 9,1), para que conceda el don valiosísimo de la sabiduría.
Es evidente en nuestro texto la alusión a la escena narrada en el primer libro de los Reyes, cuando Salomón, al inicio de su reinado, se dirige al alto de Gabaón, donde se alzaba un santuario, y, después de celebrar un grandioso sacrificio, durante la noche tiene un sueño-revelación. A Dios, que lo invita a pedirle un don, responde: "Concede, pues, a tu siervo, un corazón prudente para gobernar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal" (1 Reyes 3,9).
3. La idea que
sugiere esta invocación de Salomón se desarrolla en nuestro cántico mediante
una serie de peticiones dirigidas al Señor, para que conceda ese tesoro
insustituible que es la sabiduría.
En el pasaje, recortado por la liturgia de Laudes, encontramos estas dos imploraciones: "Dame la sabiduría. (...) Mándala de tus santos cielos, de tu trono de gloria" (Sabiduría 9,4; Sabiduría 9,10). El fiel es consciente de que sin este don carece de guía, de una estrella polar que le oriente en las opciones morales de la existencia: "Soy hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. (...) Sin la sabiduría, que procede de ti, (el hombre) será estimado en nada" (Sabiduría 9, 5-6).
En el pasaje, recortado por la liturgia de Laudes, encontramos estas dos imploraciones: "Dame la sabiduría. (...) Mándala de tus santos cielos, de tu trono de gloria" (Sabiduría 9,4; Sabiduría 9,10). El fiel es consciente de que sin este don carece de guía, de una estrella polar que le oriente en las opciones morales de la existencia: "Soy hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. (...) Sin la sabiduría, que procede de ti, (el hombre) será estimado en nada" (Sabiduría 9, 5-6).
v Sabiduría es la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, traspasando la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir en ellos el significado último, querido por el Señor.
4. La sabiduría es como una lámpara que ilumina nuestras opciones morales de cada día y nos lleva por el camino recto, "para saber lo que es grato al Señor y lo que es recto según sus preceptos" (cf. Sabiduría 9,9). Por eso, la liturgia nos hace orar con las palabras del libro de la Sabiduría al inicio de una jornada, precisamente para que Dios, con su sabiduría, esté a nuestro lado y "nos asista en nuestros trabajos" de cada día (cf. Sabiduría 9, 10), mostrándonos el bien y el mal, lo justo y lo injusto.
Cuando la Sabiduría divina nos lleva de la mano, nos adentramos con confianza en el mundo. A ella nos asimos, amándola con un amor esponsal, a ejemplo de Salomón, el cual, siempre según el libro de la Sabiduría, confesaba: "Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza" (Sabiduría 8,2).
v Cristo es la sabiduría de Dios
5. Los Padres de la Iglesia identificaron a Cristo con la Sabiduría de Dios, siguiendo a san Pablo, que definió a Cristo "fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Corintios 1,24).
Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo así: "Enséñame las palabras llenas de sabiduría, porque tú eres la Sabiduría. Abre mi corazón, tú que abriste el Libro.
Ábreme la puerta del cielo, porque tú eres
la Puerta. Si entramos por ti, poseeremos el reino eterno; si entramos por ti,
no quedaremos defraudados, porque no puede equivocarse quien entra en la morada
de la Verdad" (Commento al Salmo 118, 1: SAEMO 9, p. 377).
Vida Cristiana
Domingo 17 del tiempo ordinario, Año A (2017). La sabiduría cristiana.
Ø Domingo 17 del tiempo ordinario, Año A (2017). La sabiduría cristiana. Descubre en las cosas y en los acontecimientos el significado último querido por el Señor. No se trata de la simple inteligencia o habilidad práctica. Nos lleva por el camino recto, "para saber lo que es grato al Señor y lo que es recto según sus preceptos". Los Padres de la Iglesia, siguiendo a san Pablo, identificaron a Cristo con la Sabiduría de Dios. La sabiduría hace crecer a la persona desde dentro hacia la plena medida de la madurez; la plenitud de esa vida consiste en la amistad con Dios. Por la Sabiduría vale la pena renunciar a todo lo demás, porque sólo ella da pleno sentido a la vida, un sentido que supera incluso la muerte, pues pone en comunión real con Dios. La sabiduría actúa en el corazón, que es el centro espiritual de la persona. “Dejar” para “encontrar”: la renuncia para encontrar a Cristo, que es la sabiduría divina encarnada. La petición de Salomón: la sabiduría es discernimiento.
v Cfr. Domingo 17 Tiempo ordinario Ciclo A, 30 de julio 2017
Salmo
118, 57.72; 76-77; 127-128; 129-130; Mateo 13, 44-52
Mateo 13, 44-52: -«El
reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo
encuentra lo vuelve a esconder y, lleno
de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un
comerciante en perlas finas que, al
encontrar una de gran valor, se va a
vender todo lo que tiene y la compra. El reino de
los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase
de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los
buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo:
saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno
encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo
esto?» Ellos le contestaron: -«Sí.» Él les dijo: -«Ya veis, un escriba que
entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del
arca lo nuevo y lo antiguo. »
1ª Lectura, 1Re 3,5.7-12: 5 En Gabaón el Señor se apareció a Salomón en sueños
durante la noche y le dijo: «Pide lo que quieras y yo te lo daré». Y Salomón respondió: 7 Ahora bien, Señor,
Dios mío, me has hecho rey a mí, tu siervo,
en lugar de mi padre, David; pero yo soy muy
joven y no sé cómo actuar. 8
Estoy al frente del pueblo que te
elegiste, pueblo numeroso, que no se puede contar ni calcular por su multitud. 9
Concédeme un corazón prudente para
gobernar [otras traducciones: atento para juzgar] a tu pueblo y saber discernir
entre lo bueno y lo malo. Porque
¿quién, si no, podrá gobernar a este tu
pueblo tan grande?». 10 El Señor vio con
buenos ojos que Salomón hubiese pedido
tal cosa, 11 y por eso le dijo: «Ya que
me has hecho esta petición, y no has
pedido para ti una vida larga, ni has
pedido riquezas, ni has pedido la muerte de
tus enemigos, sino que me has pedido sabiduría para gobernar con justicia, 12 hago lo que has dicho. Te doy un corazón sabio y prudente, como no hubo
antes de ti ni lo habrá después.
Salmo 119/118: 57 El Señor es mi heredad: he prometido guardar tus
palabras. 72 Mejor es para mí la Ley de
tu boca que montones de oro y plata. 76 Que tu misericordia me consuele,
según la promesa que hiciste a tu siervo. 77 Que me alcance tu compasión, y
viviré, porque tu Ley es mi deleite.
127 Por eso amo tus mandamientos más que
el oro, que el oro puro. 128 Por eso estimo
rectos tus mandatos, y detesto todo sendero falso. 129 Admirables son tus preceptos, por eso los guarda mi alma. 130 La revelación de tus palabras ilumina, da
inteligencia a los sencillos.
Salomón pidió a Dios sabiduría
para gobernar con justicia.
(Primera Lectura, 1
Reyes 3, 9)
El Señor vio con
buenos ojos que Salomón hubiese pedido
tal cosa,
y no una vida
larga,
ni riquezas,
ni la muerte de
sus enemigos.
(Primera
Lectura, 1 Reyes 3, 10-11)
QUÉ ES LA SABIDURÍA: MANIFESTACIONES
1) Al ir más allá de los aspectos
superficiales de las cosas y de los acontecimientos, descubre en ellos el
significado último querido por el Señor. No se trata de la simple inteligencia
o habilidad práctica.
Cfr. Juan Pablo II, Audiencia general del 23 de abril de
2003
v La capacidad de descubrir en las cosas y en los acontecimientos el significado último querido por Dios.
·
La idea que
sugiere esta invocación de Salomón se desarrolla en nuestro cántico mediante
una
serie de peticiones dirigidas
al Señor, para que conceda ese tesoro insustituible que es la sabiduría.
En el pasaje, recortado por la liturgia de Laudes,
encontramos estas dos imploraciones: "Dame la sabiduría. (...) Mándala de
tus santos cielos, de tu trono de gloria" (Sabiduría 9,4 Sg 9,10). El fiel es consciente de que sin
este don carece de guía, de una estrella polar que le oriente en las opciones
morales de la existencia: "Soy hombre débil y de pocos años, demasiado
pequeño para conocer el juicio y las leyes. (...) Sin la sabiduría, que procede
de ti, (el hombre) será estimado en nada" (vv. 5-6).
v Nos lleva por el camino recto, "para saber lo que es grato al Señor y lo que es recto según sus preceptos"
·
La sabiduría es
como una lámpara que ilumina nuestras opciones morales de cada día y nos lleva
por el
camino
recto, "para saber lo que es grato al Señor y lo que es recto según sus
preceptos" (cf. v. 9). Por eso, la liturgia nos hace orar con las palabras
del libro de la Sabiduría al inicio de una jornada, precisamente para
que Dios, con su sabiduría, esté a nuestro lado y "nos asista en nuestros
trabajos" de cada día (cf. v. 10), mostrándonos el bien y el mal, lo justo
y lo injusto.
Cuando la Sabiduría divina nos lleva de la mano, nos adentramos con confianza en el mundo. A ella nos asimos, amándola con un amor esponsal, a ejemplo de Salomón, el cual, siempre según el libro de la Sabiduría, confesaba: "Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza" (Sabiduría 8,2).
Cuando la Sabiduría divina nos lleva de la mano, nos adentramos con confianza en el mundo. A ella nos asimos, amándola con un amor esponsal, a ejemplo de Salomón, el cual, siempre según el libro de la Sabiduría, confesaba: "Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza" (Sabiduría 8,2).
v Los Padres de la Iglesia identificaron a Cristo con la Sabiduría de Dios.
·
Los Padres de la
Iglesia identificaron a Cristo con la Sabiduría de Dios, siguiendo a san Pablo,
que definió a Cristo
"fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Corintios 1,24).
Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo así: "Enséñame las palabras llenas de sabiduría, porque tú eres la Sabiduría. Abre mi corazón, tú que abriste el Libro. Ábreme la puerta del cielo, porque tú eres la Puerta. Si entramos por ti, poseeremos el reino eterno; si entramos por ti, no quedaremos defraudados, porque no puede equivocarse quien entra en la morada de la Verdad" (Commento al Salmo 118, 1: SAEMO 9, p. 377).
Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo así: "Enséñame las palabras llenas de sabiduría, porque tú eres la Sabiduría. Abre mi corazón, tú que abriste el Libro. Ábreme la puerta del cielo, porque tú eres la Puerta. Si entramos por ti, poseeremos el reino eterno; si entramos por ti, no quedaremos defraudados, porque no puede equivocarse quien entra en la morada de la Verdad" (Commento al Salmo 118, 1: SAEMO 9, p. 377).
2) La sabiduría forma amigos de Dios, hace crecer hacia la madurez. La renuncia para encontrar a Cristo
Cfr. Benedicto XVI,
Homilía el 6 de mayo de 2006
v La sabiduría hace crecer a la persona desde dentro hacia la plena medida de la madurez; la plenitud de esa vida consiste en la amistad con Dios.
o Por la Sabiduría vale la pena renunciar a todo lo demás, porque sólo ella da pleno sentido a la vida, un sentido que supera incluso la muerte, pues pone en comunión real con Dios.
La
primera lectura está tomada del libro de la Sabiduría, atribuido
tradicionalmente al gran rey Salomón. Todo este libro es un himno de alabanza a
la Sabiduría divina, presentada como el tesoro más valioso que el hombre puede
desear y descubrir, el bien más grande, del que dependen todos los demás
bienes. Por la Sabiduría vale la pena renunciar a todo lo demás, porque sólo
ella da pleno sentido a la vida, un sentido que supera incluso la muerte, pues
pone en comunión real con Dios. La Sabiduría —dice el texto— "forma amigos
de Dios" (Sb 7,27),
bellísima expresión que pone de relieve, por una parte, el aspecto
"formativo", es decir, que la Sabiduría forma a la persona, la hace
crecer desde dentro hacia la plena medida de su madurez; y, al mismo tiempo,
afirma que esta plenitud de vida consiste en la amistad con Dios, en la armonía
íntima con su ser y su querer.
v La sabiduría actúa en el corazón, que es el centro espiritual de la persona.
El
lugar interior en el que actúa la Sabiduría divina es lo que la Biblia llama el
corazón, centro espiritual de la persona. Por eso, con el estribillo del salmo
responsorial hemos rezado: "Danos, oh Dios, la sabiduría del
corazón". El salmo 89 recuerda también que esta sabiduría se concede a
quien aprende a "calcular sus años" (v. 12), es decir, a reconocer
que todo lo demás en la vida es pasajero, efímero, caduco; y que el hombre
pecador no puede y no debe esconderse delante de Dios, sino reconocerse como lo
que es, criatura necesitada de piedad y de gracia. Quien acepta esta verdad y
se dispone a acoger la Sabiduría, la recibe como don.
v “Dejar” para “encontrar”: la renuncia para encontrar a Cristo, que es la sabiduría divina encarnada.
Así
pues, por la sabiduría vale la pena renunciar a todo. Este tema de
"dejar" para "encontrar" está en el centro del pasaje
evangélico que acabamos de escuchar, tomado del capítulo 19 de san Mateo.
Después del episodio del "joven rico", que no había tenido la
valentía de separarse de sus "muchas riquezas" para seguir a Jesús
(cf. Mateo 19,22), el apóstol san Pedro
pregunta al Señor qué recompensa les tocará a ellos, los discípulos, que en
cambio han dejado todo para estar con él (cf. Mateo 19,27). La respuesta de Cristo
revela la inmensa generosidad de su corazón: a los Doce les promete que
participarán en su autoridad sobre el nuevo Israel; además, asegura a todos que
"quien haya dejado" los bienes terrenos por su nombre, "recibirá
el ciento por uno y heredará la vida eterna" (Mateo 19,29).
Quien
elige a Jesús encuentra el tesoro mayor, la perla preciosa (cf. Mateo 13,44-46), que da valor a todo lo
demás, porque él es la Sabiduría divina encarnada (cf. Juan 1,14) que vino al mundo para que la
humanidad tenga vida en abundancia (cf. Juan 10,10). Y quien acoge la bondad, la
belleza y la verdad superiores de Cristo, en quien habita toda la plenitud de
Dios (cf. Colosenses 2,9), entra con él en su
reino, donde los criterios de valor de este mundo ya no cuentan e incluso
quedan completamente invertidos.
Una
de las definiciones más bellas del reino de Dios la encontramos en la segunda
lectura, un texto que pertenece a la parte exhortativa de la carta a los
Romanos. El apóstol san Pablo, después de exhortar a los cristianos a
dejarse guiar siempre por la caridad y a no dar escándalo a los que son débiles
en la fe, recuerda que el reino de Dios "es justicia, paz y gozo en el
Espíritu Santo" (Romanos 14,17). Y añade: "Quien así
sirve a Cristo, se hace grato a Dios y aprobado por los hombres.
Procuremos,
por tanto, lo que fomente la paz y la mutua edificación" (Romanos 14,18-19). "Lo que fomente
la paz" constituye una expresión sintética y perfecta de la sabiduría
bíblica, a la luz de la revelación de Cristo y de su misterio de salvación. La
persona que ha reconocido en él la Sabiduría encarnada y ha dejado todo lo
demás por él se transforma en "artífice de paz", tanto en la
comunidad cristiana como en el mundo; es decir, se transforma en semilla del
reino de Dios, que ya está presente y crece hacia su plena manifestación.
Por
tanto, desde la perspectiva del binomio Sabiduría-Cristo, la palabra de Dios
nos ofrece una visión completa del hombre en la historia: la persona que,
fascinada por la sabiduría, la busca y la encuentra en Cristo, deja todo por
él, recibiendo en cambio el don inestimable del reino de Dios, y revestida de
templanza, prudencia, justicia y fortaleza —las virtudes
"cardinales"— vive en la Iglesia el testimonio de la caridad.
3) La petición de Salomón: la sabiduría es discernimiento.
·
Cuando el Señor
dice a Salomón que le pida algo, éste con su petición - «Concédeme un corazón
prudente para gobernar a tu pueblo y saber
discernir entre lo bueno y lo malo», v. 9 - demuestra que es consciente de la misión
que Dios le ha concedido de gobernar a su pueblo, y pide lo que es más
importante para realizar esa misión: el discernimiento para gobernar con
sabiduría. Otras traducciones ponen un corazón «dócil», es decir un corazón
«que escucha», lo que sería tanto como escuchar la Palabra de Dios en todas las
realidades y acontecimientos de la vida. Salomón prefiere ese don a otros
bienes tales como una larga vida, riquezas, etc.
·
Hoy día los
problemas económicos ocupan uno de los
lugares preferentes en la vida, y esto
es justo en
tanto en cuanto que se busque el legítimo bienestar de la
familia o bien la creación de bienes para mejorar la calidad de vida de todos,
etc. Pero esto es diferente del hecho de que en el corazón entren las diversas
idolatrías (del poder, del dinero, etc.), o la envidia, el deseo de venganza,
los celos, etc.
Hemos
de considerar como sumamente importante el que, con la gracia de Dios, deseemos
el don de un corazón dócil, prudente, que sepa escuchar la voz del Señor y
encontrar así el justo camino de la felicidad que no depende de bienes que se
corrompen. En definitiva, nosotros también pediremos la sabiduría que proviene
de Dios, de su Palabra: “amo tus
mandamientos más que el oro”, “son
admirables tus preceptos”, “estimo
rectos tus mandatos”, la “revelación
de tus palabras ilumina, da inteligencia a los sencillos”, tu “Ley es mi deleite” (cfr. Salmo
Responsorial de hoy, n. 119/118).
Vida Cristiana
domingo, 23 de julio de 2017
La parábola del trigo y la cizaña. El mal y el bien están mezclados juntos en la historia presente, e incluso en el interior de nuestra conciencia. ¿Por qué esperar a arrancar la cizaña?
[Chiesa/Testi/RegnoDio/16A17ReinoDiosCizañaPaciencia]
Ø Domingo 16 del tiempo ordinario (23 de julio de 2017) . Parábolas sobre el Reino de Dios: hoy Jesús nos propone, entre otras, la parábola del trigo y la cizaña. Después de los pecados el Señor concede a todos la posibilidad de arrepentirse. La paciencia de Dios y la impaciencia de los hombres.
v Cfr.
Domingo 16 tiempo ordinario Año A
23 de julio de
2017
Sabiduría 12, 13.16-19; Salmo 85; Romanos 8, 26-27;
Mateo 13, 24-43
1ª Lectura - Sabiduría
12: 13 Pues no hay otro Dios fuera de ti que se cuide de todo, al que
tengas que explicar que tú no has juzgado injustamente. 16 Tu poder es el principio
de la justicia, y el ser Señor de todas las cosas te hace perdonar a todos.
17 Muestras tu fuerza al que no cree en la perfección de
tu poder, y a quienes la reconocen dejas convictos de su atrevimiento. 18 Tú, dueño de la fuerza, juzgas con
benignidad y nos gobiernas con gran
indulgencia; porque, cuando quieres,
haces valer tu poder. 19 Por esos hechos enseñaste a tu
pueblo que el justo ha de ser amigo del hombre, y llenaste a tus hijos de buena
esperanza, pues, después de pecar, das
ocasión para el arrepentimiento.
Salmo Responsorial - Sal 86: 5 Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de
piedad para los que te invocan, 6 escucha mi plegaria, Señor, atiende a
la voz de mi súplica; 9 Todas las
naciones que tú hiciste vendrán a ti, Señor, para adorarte y glorificar tu
nombre. 10 Tú eres grande y haces maravillas, pues tú eres el único Dios. 15 Mas tú, Señor, misericordioso y
compasivo, paciente y lleno de amor y de lealtad, 16 ven conmigo, ten compasión de mí; da tu fuerza a este tu siervo,
salva al hijo de tu sierva.
2ª Lectura - Romanos 8,26-27: 26 Igualmente, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos lo que nos
conviene, pero el mismo Espíritu
intercede por nosotros con gemidos
inenarrables. 27 Y el que penetra los corazones,
conoce los pensamientos del Espíritu y
sabe que lo que pide para los creyentes
es lo que Dios quiere.
Evangelio - Mateo
13,24-30 (forma breve): 24 Les propuso otra parábola: «El reino
de Dios es semejante a un hombre que
sembró buena semilla en un campo. 25 Mientras
sus hombres dormían, vino su
enemigo, esparció cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Pero cuando creció la hierba y llevó fruto,
apareció también la cizaña. 27 Los criados fueron a decir a su amo:
¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?
28 Él les dijo: Un hombre
enemigo hizo esto. Los criados dijeron:
¿Quieres que vayamos a recogerla? 29 Les contestó: ¡No!, no sea que, al
recoger la cizaña, arranquéis con ella
el trigo. 30 Dejad crecer juntas las
dos cosas hasta la siega; en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la
cizaña y atadla en haces para quemarla,
pero el trigo recogedlo en mi granero».
La parábola del trigo y la cizaña.
El mal y el bien están mezclados juntos en
la historia presente,
e incluso en el interior de nuestra
conciencia.
¿Por qué esperar a arrancar la cizaña?
A. La parábola del trigo y de la cizania se refiere al actuar de Dios con referencia al hombre.
v La paciencia de Dios con el hombre
- En la primera Lectura, del
Libro de la Sabiduría, encontramos (12, 19) cómo Dios actúa con el hombre después de que éste peca: “da ocasión para el arrepentimiento”. Y también se dice que Dios, “dueño de la fuerza”, “juzga con benignidad” y “gobierna con gran i
ndulgencia” (12, 18).
Aunque sea fácil pensar que es necesario hacer
desaparecer las hierbas malas - la
cizania - cuanto antes porque es lo
bueno para el campo y el trigo, si pensamos en el hombre podríamos añadir que un característica del
obrar de Dios es su grande paciencia con
el hombre. Y no ciertamente por falta de poder (El es dueño de la fuerza, que
la hace valer cuando quiere (v. 18).
En el salmo responsorial de hoy 86/85, invocamos el
atributo divino de la misericordia: “Señor,
misericordioso y compasivo, paciente …. ten compasión de mí” (vv. 15 y 16), y
podemos recordar algo que nos puede parecer sorprendente: que Dios manifiesta
especialmente su poder con el perdón y la misericordia. Esto nos los recuerda
la oración colecta del Domingo 26 del tiempo ordinario: “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con
el perdón y la misericordia, apiádate de nosotros, pecadores, para que no
desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has prometido”. Y es
recogido por el Catecismo de la Iglesia Católica, “por su misericordia
infinita, muestra su poder en el más alto grado perdonando libremente los
pecados” (cfr. n. 270); “Dios manifiesta su omnipotencia convirtiéndonos de
nuestros pecados y restableciéndonos en su amistad por la gracia. "Oh
Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia… " - : MR, colecta del
Dom XXVI) ( cfr. n. 277).
v Otros puntos del Catecismo que se refieren a la paciencia de Dios con los hombres:
-
n. 681 El día del
Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el
triunfo
definitivo del bien sobre el
mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la
historia.
-
n. 827: (…) Todos
los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores
(cf
1Jn 1, 8 - 10). En
todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla
del Evangelio hasta el fin de los tiempos (cf Mt 13, 24 - 30) (…) .
-
n. 1832: “Los
frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo
como
primicias de la gloria
eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad,
benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad» (Gálatas
5, 22-23, vulg.).
-
n. 2822: “La
voluntad de nuestro Padre es «que todos los hombres […] se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la
verdad» (1 Timoteo 2, 3-4). El «usa de
paciencia […] no queriendo que algunos perezcan» (2 Pedro 3, 9) (Cf Mateo
18, 14)”. (...).
§ Los cristianos cumplen con sus tareas trerrenas, fieles a su Maestro, con rectitud, paciencia y amor.
-
n. 2046.
“Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino
de Dios, «Reino
de justicia, de verdad y de paz» (MR, Prefacio de Jesucristo Rey). Esto
no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro,
las cumplen con rectitud, paciencia y amor”.
§ La paciencia es una obra de misericordia
-
n. 2447: “Las obras de misericordia son
acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro
prójimo en sus necesidades
corporales y espirituales (Cfr. Isaías 58, 6-7; Hebreos 13,3). Instruir,
aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como
también lo son perdonar y sufrir con paciencia”. (…)
B. La paciencia de Dios y la impaciencia de los hombres.
El mundo es redimido por la paciencia de
Dios
y destruido por la impaciencia de los
hombres.
-
Benedicto XVI, Homilía en la misa de inicio del
Ministerio Petrino (24-04-205): “No es el poder lo que
redime, sino el amor. Éste es
el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se
mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo
mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la
destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la
humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos
necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el
mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es
redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres
C. Algunas características del amor verdadero: es paciente ….
Cfr. Papa Francisco, Exhort. Apost. Amoris Laetitia, cap. IV - Capítulo cuarto – El amor en el
Matrimonio según San Pablo.
(…)
v
El amor es paciente
90.
En
el así llamado himno de la caridad escrito por san Pablo, vemos algunas
características del amor verdadero:
«El amor es paciente, es
servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra
con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1
Co 13,4-7).
Esto se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los
días los esposos, entre sí y con sus hijos. Por eso es valioso detenerse a
precisar el sentido de las expresiones de este texto, para intentar una
aplicación a la existencia concreta de cada familia.
o
La paciencia
91. La primera
expresión utilizada es makrothymei. La
traducción no es simplemente que «todo lo soporta», porque esa idea está
expresada al final del v. 7. El sentido se toma de la traducción griega del
Antiguo Testamento, donde dice que Dios es «lento a la ira»
(Ex 34,6; Nm 14,18). Se muestra cuando la persona no se deja
llevar por los impulsos y evita agredir. Es una cualidad del Dios de la Alianza
que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar. Los textos en
los que Pablo usa este término se deben leer con el trasfondo del Libro de
la Sabiduría (cf. 11,23; 12,2.15-18); al mismo tiempo que se alaba la
moderación de Dios para dar espacio al arrepentimiento, se insiste en su poder
que se manifiesta cuando actúa con misericordia. La paciencia de Dios es
ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder.
§
Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar
agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos.
El problema es cuando
exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas,
o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia
voluntad. Entonces todo nos impacienta.
92. Tener
paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones
físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos
que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando
nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad.
Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si
no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y
finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales,
incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de
batalla. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta: «Desterrad de vosotros la
amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad» (Ef 4,31). Esta
paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir
en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si
altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es
todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión
que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de
un modo diferente a lo que yo desearía.
§
Actitud de servicio
93. Sigue la
palabra jrestéuetai, que es
única en toda la Biblia, derivada de jrestós (persona buena, que muestra su bondad en sus obras).
Pero, por el lugar en que está, en estricto paralelismo con el verbo
precedente, es un complemento suyo. Así, Pablo quiere aclarar que la
«paciencia» nombrada en primer lugar no es una postura totalmente pasiva, sino
que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa
ante los demás. Indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se
traduce como «servicial».
94. En todo el
texto se ve que Pablo quiere insistir en que el amor no es sólo un sentimiento,
sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es
«hacer el bien». Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más
en las obras que en las palabras»[106]. Así puede mostrar toda su fecundidad, y
nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de
donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto
de dar y de servir.
Vida Cristiana
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