martes, 24 de octubre de 2017

Calendario de catequesis: curso 2017 / 2018

Amor y miedo: Santiago Agrelo

El escriba preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” Y Jesús le respondió: “El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser»”. Si entras en el misterio de la divina unidad, te habrás asomado al misterio de la divina plenitud, y allí se llenan de luz las palabras de aquel mandato primero que reclama la plenitud de tu amor: amarás… con todo el corazón, con toda el alma… Hoy, en la asamblea eucarística, la palabra de Dios proclama y la fe confiesa la unidad divina “Yo soy el Señor y no hay otro”. Y la palabra escuchada se nos vuelve exigencia de que, en la relación con Dios, vivamos la plenitud del amor. Un amor así es necesariamente perturbador, inquietante, peligroso; un amor así es vida que da muerte, es muerte que da vida. Quienes niegan a Dios, como quienes viven ignorándolo, no rechazan la verdad de un enunciado doctrinal sino que huyen de un amor intuido como amenaza por su evidente pretensión de totalidad. Aunque no lo confesemos, el amor nos da miedo, ¡a todos! Denominador común de ateísmo, agnosticismo, relativismo, indiferentismo, ritualismo, fundamentalismo, moralismo, fariseísmo, magia, es el miedo al amor. Lo inaceptable de Dios no es que exista, sino que sea Uno, pues esa unicidad lleva aparejada la plenitud de su gloria, de su poder, de su grandeza, de su soberanía, de su dignidad. Por eso “dar a Dios lo que es de Dios” significa necesariamente “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo el ser”. Todos lo intuimos, también los ateos, y así multiplicamos los dioses para dividir el amor. Ahora, a ti que crees, te pido que recuerdes el misterio de tu comunión por la fe con Cristo Jesús, con el Hijo de Dios hecho carne, con el hombre en el que se nos ha manifestado el amor que Dios nos tiene, con el hombre en el que los pecadores le decimos a Dios el amor que le tenemos. Recuérdalo, pues sólo en Cristo podemos amar como tenemos que amar. No te apartes del amor de este Hijo si quieres guardar el precepto del amor al Padre. Hoy, recibiendo a Cristo en comunión sacramental, recibes la moneda que el Espíritu de Dios acuñó para tu tributo, recibes el amor eterno con que has de amar a tu Dios. Con todo, no es la de Dios la única imagen que has de reconocer en Cristo Jesús, pues en él se halla grabada también la imagen del hombre. Y si has de tributar a Dios todo tu amor, el hombre no ha de quedar fuera de ese tributo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No tengas miedo: el que te pide amar es el que te da, con su Hijo, su Espíritu, para que ames a Dios con todo tu ser, y al prójimo como a ti mismo.

lunes, 23 de octubre de 2017

Domingo 29 del Tiempo Ordinario Año A. (2017) Celebramos hoy la Jornada Mundial de las Misiones para este año.






Ø Domingo 29 del Tiempo Ordinario Año A. (2017) Celebramos hoy la Jornada Mundial de las Misiones para este año. La misión de la Iglesia está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio, que ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, que se convierte en Camino, Verdad y Vida. Jesús entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. Dios nos ha concedido a los hombres el poder participar libremente en su providencia; podemos llegar a ser plenamente colabores de Dios y,  a menudo,  somos cooperadores inconscientes de la voluntad divina, como sucedió en el caso de Ciro, rey de Persia. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta.


v  Cfr. Domingo 29 del Tiempo Ordinario, Año A

22 de octubre  2017 – Isaías 45, 1.4-6; Salmo 95; 1 Tesalonicenses 1, 1-5b; Mateo 22,
15-21
Jornada Mundial de las Misiones 2017 y colecta por la Evangelización de los Pueblos.
Día del Domund: el lema de este año es: “Sé valiente, la misión te espera”. Es una Invitación a comprometerse a fondo con la labor misionera de la Iglesia.
Con la Jornada Mundial de las Misiones, Domund, se apoya económica y espiritualmente a
los territorios de misión, aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Estos territorios están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y dependen de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de todo el mundo. Es el día en que toda la Iglesia universal reza por la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con ellos en su labor, especialmente entre los más pobres y necesitados.

Isaías 45, 1.4-6: “1 Así dice el Señor a su ungido, a Ciro, a quien he tomado por su diestra, para someter ante él las naciones y desatar las cinturas de los reyes, par abrir ante él las puertas, y que no se cierren las puertas de las ciudades. 4 A favor de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado una alcurnia, aunque tú no me conozcas. 5 Yo soy el Señor, y no hay ningún otro, fuera de mí no hay dios. Yo te he ceñido, aunque tú no me conozcas, 6 para que sepan, desde la salida del sol hasta el ocaso, que no hay otro fuera de mí: Yo soy el Señor, y no hay ningún otro.
Tesalonicenses 1, 1-5b: Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.
Yo soy el Señor, y no hay ningún otro
(Primera Lectura de hoy, Isaías 45, 6)
Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones
(Salmo Responsorial de hoy, n. 95)
Decid a los pueblos:
«El Señor gobierna a los pueblos rectamente»
(Salmo Responsorial de hoy, n. 95)

1. Mensaje de Papa Francisco (4 de junio de 2017) con ocasión del Domund, Día de las misiones, de 2017 Algunos párrafos de este documento.

o   La misión de la Iglesia está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio, que ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, que se convierte en Camino, Verdad y Vida.

Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre.
1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.
2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

o   La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes.

§  Jesús entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo.
Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».
El Evangelio es una persona [Jesús], que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección.
3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).
4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

o   El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta.

5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

o   Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio»

§  La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia.
6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

2. Primera lectura: Dios es uno, es único, no hay otros dioses fuera del Señor

v  Los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede ponerse en su lugar.

Benedicto XVI, Homilía, Domingo 29 del tiempo ordinario, Misa para la Nueva Evangelización, 16 de octubre de 2011

o   No hay otros dioses fuera del Señor. Incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande que sólo Dios conoce y lleva adelante.

Pasemos ahora a las lecturas bíblicas, en las que hoy el Señor nos habla. La primera, tomada del libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede ponerse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el concilio Vaticano II transmitió en sus documentos, y que mis predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, ilustraron con su magisterio.

v  Ciro, rey de los persas, es elegido por Dios como instrumento para la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Babilonia. Dios se vale, para realizar sus designios, de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas.

·         Después de la caída  de Jerusalén (en el año 586 antes de Cristo) por obra de los babilonios, los
israelitas  son deportados a Babilonia, y comienza su cautividad. 47 años después ( en el año 539 antes de Cristo), Ciro rey de los persas se apodera de Babilonia, y un año después  - en el 538 – hace un Decreto por el que  autoriza a  los israelitas a  regresar a  sus hogares, a Jerusalén, y a reconstruir el Templo. Así se describe al final del Libro Segundo de las Crónicas este hecho: “En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías, movió Yahvé el espíritu de Ciro, Rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: Yahvé, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!»” (36, 22-23).
·         Este hecho histórico  es una paradoja - notable y que llama la atención -  de la historia de la salvación del
pueblo de Israel: Ciro el  libertador, que ejecutará la voluntad salvífica de Dios con Israel sirviéndole de instrumento, es un rey extranjero, que es calificado por Isaías, en la profecía que leemos hoy en la liturgia eucarística, nada menos que  como “ungido de Dios” (Isaías 45, 1), un título reservado a los reyes de Israel. Y en los versículos  4 y 5, del mismo texto de Isaías, queda subrayada la paradoja, cuando se dice que ese título de “ungido” se da a un soberano extranjero que no conocía al Dios del pueblo elegido. En los versículos 2 y 3, que no recoge la liturgia de hoy, se afirma, incluso, que “la misión y los éxitos del conquistador persa son debidos a una especial providencia de Dios, que lo ha designado para liberar a Israel de la opresión de otros pueblos”. Vale la pena que veamos estos dos versículos:
-          “2 Yo iré delante de ti, // y allanaré los terrenos abruptos; //romperé los portones de bronce, // y
 partiré los cerrojos de hierro. // 3 Te daré tesoros  ocultos // y riquezas secretas, // para que sepas que Yo soy el Señor, // el que te ha llamado por tu nombre, el Dios de Israel”
·         Todo esto,  “a la vuelta de los siglos, no deja de llamar nuestra atención sobre los designios de Dios, que
a veces se vale de situaciones históricas que pueden parecernos paradójicas”. (Sagrada Biblia, Libros proféticos, Eunsa  2002, Isaías 45, 1-13). 

3. Dios nos ha concedido a los hombres el poder participar libremente en su providencia; podemos llegar a ser plenamente colabores de Dios y,  a menudo,  somos cooperadores inconscientes de la voluntad divina, como sucedió en el caso de Ciro, rey de Persia.   

·         Catecismo de la Iglesia Católica, n. 373: (...) A imagen del Creador, «que ama todo lo que existe»
(Sabiduría 11, 24), el hombre y la mujer son llamados a participar en la providencia divina respecto a las otras cosas creadas. De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les ha confiado.
·         Catecismo …, n.  307: Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su
providencia confiándoles la responsabilidad de «someter» la tierra y dominarla (Cf Génesis l, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos. Los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino no sólo por su acciones y sus oraciones, sino también por sus sufrimientos (Cf Colosenses l, 24). Entonces llegan a ser plenamente «colaboradores de Dios» (l Corintos 3, 9; 1 Ts 3, 2) y de su Reino (Cf Colosenses 4, 11).
·         Es Cristo que pasa, 113: “La obra de Cristo, la tarea que su Padre le encomendó, se está realizando, su
fuerza atraviesa la historia trayendo la verdadera vida, y cuando ya todas las cosas estén sujetas a El, entonces el Hijo mismo quedará sujeto en cuanto hombre al que se las sujetó todas, a fin de que en todas las cosas todo sea Dios (1 Corintios 15, 28).
En esa tarea que va realizando en el mundo, Dios ha querido que seamos cooperadores suyos, ha querido correr el riesgo de nuestra libertad”.

4. Una exhortación de San Pablo a los primeros cristianos: que sepan valorar bien sus días, su tiempo, la historia de su vida, descubriendo la voluntad del Señor, su designio para cada uno de nosotros.  


·         Efesios 5, 15-17: 15 Así pues, mirad cómo vivís: no como necios sino como sabios; 16 Aprovechando [1]
bien el tiempo presente, porque los días son malos. 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad de Señor.
·         Cfr. Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Efesios 5, 8-20: “La vida nueva recibida en el Bautismo se
caracteriza por la sensatez, frente a la necedad de quienes se empeñan en vivir de espaldas a Dios  (cfr. 1 Corintios 1,18). La consecuencia inmediata es la de hacer buen uso del tiempo que Dios nos da para santificarnos (v. 16). ”


Vida Cristiana




[1]  Biblia de Jerusalén: v. 16, literalmente “rescatando el tiempo”. Otras traducciones: “redimiendo el tiempo”. 

domingo, 22 de octubre de 2017

Discurso de Papa Francisco a Pontificio Colegio Pío-Brasileño de Roma Sábado, 21 de octubre de 2017




Ø Los cuatro pilares que sostienen la vida de un presbítero: la dimensión espiritual, la dimensión académica, la dimensión humana y la dimensión pastoral.


v  Cfr. Discurso de Papa Francisco a Pontificio Colegio Pío-Brasileño de Roma

                  Sábado, 21 de octubre de 2017

Eminencias, Excelencias, queridos hermanos y hermanas, os recibo hoy, con ocasión de los 300 años del hallazgo de la venerada Imagen de Nuestra Señora de Aparecida. Agradezco al Cardenal Sérgio da Rocha las palabras que me ha dirigido en nombre de toda la comunidad sacerdotal del Pontificio Colegio Pío-brasileño, así como a las religiosas y empleados que colaboran para hacer de
esa casa “un pedacito de Brasil en Roma”.

v  Los cuatro pilares que sostienen la vida de un presbítero: la dimensión espiritual, la dimensión académica, la dimensión humana y la dimensión pastoral.


¡Qué importante es sentirse en un ambiente acogedor, cada vez que nos encontramos lejos de nuestra tierra y llenos de nostalgia, de “saudades”! Un ambiente así ayuda también a superar las dificultades para adaptarse a una situación donde la actividad pastoral no es el centro del día. Ahora no sois párrocos ni vicarios parroquiales, sino curas estudiantes. Y esta nueva condición puede acarrear el peligro de producir un desequilibrio entre los cuatro pilares que sostienen la vida de un presbítero: la dimensión espiritual, la dimensión académica, la dimensión humana y la dimensión pastoral.

v  Cultivo de la vida espiritual

Naturalmente, en este particular periodo de vuestra vida, la dimensión académica cobra protagonismo. Pero eso no puede significar un descuido de las otras dimensiones. Es necesario cuidar la vida espiritual: la Misa de cada día, la oración cotidiana, la lectio divina, el encuentro personal con el Señor, el rezo del rosario.

v  Dimensión pastoral y dimensión humana

También la dimensión pastoral debe cuidarse: según las posibilidades, es bueno y aconsejable realizar alguna actividad apostólica. Y respecto a la dimensión humana, sobre todo hay que evitar, ante cierto vacío provocado por la soledad –porque ahora se goza menos del consuelo del pueblo de Dios que cuando se está en la diócesis–, que se pierda la perspectiva eclesial y misionera de los estudios.

v  «Enfermedades» posibles del sacerdote estudiante: el “academicismo” y los estudios simplemente como medio de afirmación personal

El descuido en esas dimensiones abre las puertas a algunas “enfermedades” que pueden afectar al sacerdote estudiante, como por ejemplo el “academicismo” y la tentación de hacer de los estudios simplemente un medio de afirmación personal.

o   Se ahoga la fe. ¡Antes de ser maestros y doctores, sois y debéis seguir siendo sacerdotes, pastores del pueblo de Dios!

En ambos casos, se acaba ahogando la fe que, por el contrario, tenemos la misión de proteger, como san Pablo pedía a Timoteo: «Protege lo que se te ha encomendado; evita las conversaciones vanas y perversas, y los argumentos de la falsa ciencia. Algunos, por haberla seguido, se han desviado de la fe» (1Tm 6,20-21). ¡No olvidéis, por favor, que antes de ser maestros y doctores, sois y debéis seguir siendo sacerdotes, pastores del pueblo de Dios!

v  El mantenimiento del l equilibrio entre esos cuatro pilares fundamentales de la vida sacerdotal

o   El remedio más eficaz es la fraternidad sacerdotal

§  La murmuración, el chismorreo
¿Y cómo es posible entonces mantener el equilibrio entre esos cuatro pilares fundamentales de la vida sacerdotal? Diría que el remedio más eficaz contra el riesgo del desequilibrio es la fraternidad sacerdotal. Esto no estaba escrito, pero quiero decirlo ahora, porque Pablo habla de conversaciones vanas y perversas, de murmuraciones: lo que más destruye la fraternidad sacerdotal es murmurar.

¡El chismorreo es un “acto terrorista”, porque con la murmuración tiras una bomba, destruyes al otro y te vas tan tranquilo! Por eso, hay que proteger la fraternidad sacerdotal. Por favor, nada de murmurar. Sería bueno poner un cartel en la entrada: “No se murmura”. Aquí tenemos la imagen de la Virgen del Silencio, en la planta baja del ascensor; la Virgen que dice: “No se murmura”. Ese
es el mensaje para la Curia. Haced algo por el estilo para vosotros.

o   «El primer ámbito donde se realiza la formación permanente es la fraternidad presbiteral»: eje principal de la formación permanente.

§  Mediante la Ordenación sacerdotal, participamos en el único sacerdocio de Cristo y formamos una verdadera familia.
De hecho, la nueva Ratio Fundamentalis para la formación sacerdotal, al afrontar el tema de la formación permanente, afirma que «el primer ámbito donde se realiza la formación permanente es la fraternidad presbiteral» (n. 82). Ese es pues, en cierto modo, el eje principal de la formación permanente.

Y eso se basa en que, mediante la Ordenación sacerdotal, participamos en el único sacerdocio de Cristo y formamos una verdadera familia. La gracia del sacramento asume y eleva nuestras relaciones humanas, psicológicas y afectivas y «se revela y se concreta en las más variadas formas de ayuda mutua, no solo espirituales sino también materiales» (San Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 74).

o   El primer objeto de nuestra caridad pastoral debe ser nuestro hermano en el sacerdocio.

En la práctica, esto significa saber que el primer objeto de nuestra caridad pastoral debe ser nuestro hermano en el sacerdocio –es el primer prójimo que tenemos–: «llevad los unos las cargas de los otros –nos exhorta el Apóstol–: así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6,2). Rezar juntos, compartir las alegrías y los retos de la vida académica, celebrar las fiestas, beber una “cachacinha” 1* …

Todo eso está bien, muy bien; ayudar a los que sufren más la nostalgia; salir justos a dar un paseo; vivir como una familia, como hermanos, sin dejar a nadie de lado, incluidos los que están en crisis o quizá han tenido actitudes censurables, porque «la fraternidad presbiteral no excluye a nadie» (Pastores dabo vobis, 74).

v  El pueblo de Dios desea ver y necesita ver que sus curas se quieren y viven como hermanos

Queridos sacerdotes, el pueblo de Dios desea ver y necesita ver que sus curas se quieren y viven como hermanos; y eso es aún más cierto pensando en Brasil y en los retos, tanto religiosos como sociales, que os esperan a la vuelta. De hecho, en este momento difícil de su historia nacional, cuando tantas personas parecen haber perdido la esperanza en un futuro mejor a causa de los enormes problemas sociales y de una escandalosa corrupción, Brasil necesita que sus curas sean un signo de esperanza. Los brasileños necesitan ver un clero unido, fraterno y solidario, donde los sacerdotes puedan afrontar juntos los obstáculos, sin ceder a las tentaciones del protagonismo o de hacer carrera. ¡Estad atentos a esto! Estoy seguro de que Brasil superará su crisis y confío en que vosotros seréis protagonistas en esto.

v  Invocación a la Virgen

Para eso, contad siempre con una ayuda particular: la ayuda de nuestra Madre del Cielo, que vosotros brasileños llamáis Nuestra Señora de Aparecida. Me vienen a la cabeza las palabras de ese canto con que la saludáis: «Virgen santa, Virgen bella; Madre amable, Madre querida; ampáranos, socórrenos, oh Señora de Aparecida» («Virgem santa, Virgem bela; Mãe amável, mãe querida; Amparai-nos, socorrei-nos; Ó Senhora Aparecida»). Que estas palabras puedan hallar confirmación en la vida de cada uno de vosotros. Quiera la Virgen María, con su amparo y socorro, ayudaros a vivir la fraternidad presbiteral, haciendo que vuestro periodo de estudios en Roma produzca abundantes frutos, además del título académico.

Que la Reina del Colegio Pío-brasileño ayude a hacer de esta comunidad una escuela de fraternidad, haciendo de cada uno de vosotros fermento de unidad en el seno de la respectiva diócesis, ya que la diocesanidad del sacerdote secular se nutre directamente de la experiencia de fraternidad entre los presbíteros.  

Como confirmación de esos deseos, imparto de corazón a la dirección, a los estudiantes, a las religiosas y a los empleados, a todos, junto a todos vuestros familiares, la Bendición Apostólica, y os pido, por favor, que no olvidéis de rezar por mí. Gracias.


* La cachaza (en portugués, cachaça) es una bebida alcohólica destilada de Brasil. Se obtiene
como producto de la destilación del jugo de la caña de azúcar fermentado (ndt).





VIDA CRISTIANA

Discurso de Papa Francisco al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización. Sábado, 21 de octubre de 2017

Descargar


Ø La Nueva Evangelización: la catequesis y las personas con discapacidad. Discurso de Papa Francisco (Octubre 2017). La dignidad de toda persona: asunción de posiciones valientes par la inclusión de cuantos viven con formas de discapacidad. Todavía hay expresiones que lesionan la dignidad de las personas discapacitadas. Una visión de la vida narcisista y utilitarista, sin ver en ellas su multiforme riqueza humana y espiritual. La fe es una gran compañera de vida cuando nos permite palpar la presencia de un Padre que nunca deja solas a sus criaturas, en ninguna condición de su vida. La catequesis, de modo particular, está llamada a descubrir y experimentar formas coherentes para que cada persona, con sus dones, sus límites y sus discapacidades, incluso graves, pueda encontrar en su camino a Jesús y abandonarse en Él con fe. El reconocimiento de la exigencia de la fuerza de la gracia que viene de los Sacramentos de la iniciación cristiana.


v  Cfr. Discurso de Papa Francisco al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

Sábado, 21 de octubre de 2017

Queridos hermanos y hermanas, me alegra recibiros, sobre todo porque en estos días habéis afrontado un tema de gran importancia para la vida de la Iglesia en su labor de evangelización y de formación cristiana: La catequesis y las personas con discapacidad. Agradezco a S.E. Mons. Fisichella su introducción, al Dicasterio por él presidido por su servicio y a todos vosotros por
vuestro trabajo en este campo.

1.    La dignidad de toda persona: asunción de posiciones valientes par la inclusión

de cuantos viven con formas de discapacidad.

v  Todavía ha expresiones que lesionan la dignidad de las personas discapacitadas.

o   Una visión de la vida narcisista y utilitarista. Sin ver en ellas su multiforme riqueza humana y espiritual

Conocemos el gran desarrollo que, en el curso de los últimos años, se ha producido respecto a la discapacidad. El crecimiento en la conciencia de la dignidad de toda persona, sobre todo de las más débiles, ha llevado a asumir posiciones valientes para la inclusión de cuantos viven con diversas formas de discapacidad, para que nadie se sienta extranjero en su casa.

Sin embargo, a nivel cultural todavía hay expresiones que lesionan la dignidad de estas personas por el prevalecer de una falsa concepción de la vida. Una visión a menudo narcisista y utilitarista lleva, desgraciadamente a no pocos, a considerar como marginales a las personas con discapacidad, sin ver en ellas su multiforme riqueza humana y espiritual. Aún es muy fuerte en la mentalidad
común una actitud de rechazo a esa condición, como si impidiese ser felices y realizarse a sí mismos. Lo prueba la tendencia eugenésica a suprimir a los nascituros que presentan alguna forma de imperfección.

En realidad, todos conocemos a muchas personas que, con sus fragilidades, incluso graves, han
encontrado, aun con esfuerzo, el camino de una vida buena y rica en significado. ¡Como, por otra parte, conocemos personas aparentemente perfectas y desesperadas! Además, es un peligroso engaño pensar que somos invulnerables.

Como me decía una chica que encontré en mi reciente viaje a Colombia, la vulnerabilidad pertenece a la esencia del hombre. La respuesta es el amor: no el falso, blando y pietista, sino el verdadero,
concreto y respetuoso. En la medida en que se es acogido y amado, incluido en la comunidad y acompañado a mirar al futuro con confianza, se desarrolla el verdadero camino de la vida y se experimenta la felicidad duradera. Esto –lo sabemos– vale para todos, pero las personas más frágiles son como la prueba.

2.    La fe es una gran compañera de vida cuando nos permite palpar la presencia de

un Padre que nunca deja solas a sus criaturas, en ninguna condición de su vida.


La fe es una gran compañera de vida cuando nos permite palpar la presencia de un Padre que nunca deja solas a sus criaturas, en ninguna condición de su vida. La Iglesia no puede ser “afónica” ni “desafinada” en la defensa y promoción de las personas con discapacidad. Su cercanía a las familias les ayuda a superar la soledad en que a menudo tienden a encerrarse por falta de atención y ayuda.

Esto vale aún más para la responsabilidad que posee en la generación y en la formación de la vida cristiana. No pueden faltar en la comunidad las palabras y sobre todo los gestos para encontrar y acoger a las personas con discapacidad. Especialmente la liturgia dominical tendrá que saberlas incluir, para que el encuentro con el Señor Resucitado y con la misma comunidad pueda ser fuente de esperanza y de valor en el camino nada fácil de la vida.

v  La catequesis, de modo particular, está llamada a descubrir y experimentar formas coherentes para que cada persona, con sus dones, sus límites y sus discapacidades, incluso graves, pueda encontrar en su camino a Jesús y abandonarse en Él con fe.

o   El reconocimiento de la exigencia de la fuerza de la gracia que viene de los Sacramentos de la iniciación cristiana.


La catequesis, de modo particular, está llamada a descubrir y experimentar formas coherentes para que cada persona, con sus dones, sus límites y sus discapacidades, incluso graves, pueda encontrar en su camino a Jesús y abandonarse en Él con fe. Ningún límite físico y psíquico podrá jamás ser un
impedimento para ese encuentro, porque el rostro de Cristo brilla en lo más íntimo de cada persona.

Además, estemos atentos, especialmente nosotros los ministros de la gracia de Cristo, a no caer en el error neo-pelagiano de no reconocer la exigencia de la fuerza de la gracia que viene de los Sacramentos de la iniciación cristiana.

Aprendamos a superar el malestar y el miedo que a veces se pueden sentir con las personas con discapacidad. Aprendamos a buscar y también a “inventar” con inteligencia instrumentos adecuados para que a nadie le falte la ayuda de la gracia. Formemos –ante todo con el ejemplo– catequistas cada vez más capaces de acompañar a esas personas para que crezcan en la fe y den su aportación genuina y original a la vida de la Iglesia. Por último, espero que en la comunidad cada vez más las personas con discapacidad puedan ser ellas mismas catequistas, también con su testimonio, para trasmitir la fe de modo más eficaz.

Os agradezco vuestro trabajo de estos días y vuestro servicio a la Iglesia. Que la Virgen os acompañe. Os bendigo de corazón. Y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.


VIDA CRISTIANA

jueves, 19 de octubre de 2017

Las gabelas de Dios: + Fr. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

Muchas veces, para adentrarnos en el misterio de salvación que se celebra en el domingo, hemos pasado por la puerta del salmo responsorial, y hoy también pediremos al salmista que sea él quien nos guíe al inefable silencio donde Dios habita, y a Cristo en quien Dios se nos manifiesta. El salmo, por ser oración, tiene la virtud y la gracia de apartarnos de tentaciones moralizantes, y de introducirnos sin demora en la presencia de Dios.
Todos guardamos en la memoria el dicho de Jesús: “Pagadle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. El mandato es claro, “pagad”, y el significado gramatical también lo es, pues todos entendemos que equivale más o menos a “dad”, “devolved”, “entregad”, “restituid”.
Lo que se ha de pagar “al César”, entiéndase «a las autoridades legítimas», a la hacienda pública, eso no es necesario que os lo explique yo, que ya hay quien se ocupa de que lo cumpláis y sin necesidad de que os den muchas explicaciones. Por experiencia sabéis, sin embargo, que el debido cumplimiento de ese «deber con hacienda» no es para vosotros motivo de júbilo, y no suele llevar consigo gritos de aclamación ni cantos de fiesta.
Cosa bien distinta sucede con el “tributo” que hemos de pagar a Dios.
Ahora será el salmista quien nos ayude a comprender. Recuerda, Iglesia amada del Señor, las palabras del salmo, que fueron hoy palabras también de tu oración: “Cantad al Señor, contad sus maravillas, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor”…
A ti se te ha concedido conocer la gloria del Señor, has podido admirar sus maravillas, a ti se te ha revelado su grandeza, conoces el poder de su brazo.
Si te fijas en la creación, los cielos y la tierra, las criaturas todas te hablan de quien todo lo sostiene sobre el abismo de la finitud; y todas ellas “pagan un tributo de reconocimiento y de agradecimiento” a su Creador: “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos, el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra”.
Si te fijas en tu propia historia de fe, en la salvación de la que ha sido beneficiario el pueblo al que perteneces, hallarás que el Señor “increpó al mar Rojo, y se secó, los condujo por el abismo como por tierra firme; los salvó de la mano del adversario, los rescató del puño del enemigo… Entonces creyeron sus palabras”, y todos ellos, pagando el tributo debido a su Dios, “cantaron su alabanza”.
Vuelve por un momento al tiempo de tu liberación, vuelve a considerar tu pequeñez y tu debilidad frente al Faraón y a su ejército, y entonces sentirás la necesidad de “pagar un tributo de alabanza y de aclamación” a la grandeza de tu Dios, a su gloria y a su poder, al amor con que ha cuidado de ti.
¿Has encontrado el camino que lleva desde la experiencia de la gracia al tributo del agradecimiento? Entonces deja ya la mano del salmista y entra, guiada por el Espíritu de Jesús, en el misterio de la Pascua cristiana. El Padre Dios te ha entregado como sacramento de su amor a su propio Hijo. En Cristo has entrado en el mundo nuevo, en el que Dios es Rey; en Cristo has conocido maravillas que nunca habrías podido siquiera soñar: ser morada de Dios y que Dios sea tu morada; ser hijo de Dios y, por ser hijo, ser también heredero; ser templo del Espíritu Santo; llevar sobre ti, como si de tu hacienda se tratase, todas las bendiciones con que el Padre Dios podía bendecirte. Tú habrás de seguir contemplando lo que eres, Iglesia santa, y si conoces lo que eres, conocerás lo que has de tributar: “Cantad al Señor un cántico nuevo”. Siempre nueva es la Pascua; siempre nuevo ha de ser tu canto, siempre nuevo ha de ser tu tributo…
Deja la mano del salmista, pero no dejes la mano de aquel con quien vas a entrar en comunión sacramental… Es Cristo quien se te ofrece, es a Cristo a quien recibes, es con Cristo con quien Dios se te da por entero. Todo se te da el que viene a ti. Ahora eres tú quien ha de decidir cuál ha de ser la cuantía de tu tributo… Un tributo de aclamaciones, un tributo de pan para Cristo pobre, el tributo de todo tu ser para quien te amó sin reservarse nada para sí…
Feliz domingo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

La piedad. La psiquiatría alaba las virtudes cristiana y las prácticas de piedad para conseguir la felicidad. La práctica de la virtud promueve la felicidad.




Ø La piedad. La psiquiatría alaba las virtudes cristiana 

y las prácticas de piedad para conseguir la felicidad. 

La práctica de la  virtud promueve la felicidad.



v  La Piedad y la vida práctica. Salud mental, virtudes cristianas y felicidad. Interpretración de la Psiquiatría. 

Vivimos en una sociedad en la que los casos de depresión y la ansiedad
se han disparado



14 octubre 2017


El Dr. Aaron Kheriaty enseña psiquiatría y dirige un programa de bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en Irvine (Estados Unidos). En esta entrevista con el National Catholic Register, y que recoge Portaluz,  omenta algunos avances en la investigación sobre el bienestar humano que aportan la psicología y la medicina.

 
Dr. Aaron Kheriaty
- Hoy se dice que todos tienen derecho a "lograr la felicidad", pero las investigaciones muestran que ansiedad y depresión se han disparado. ¿Es debido a ciertas condiciones políticas, económicas o hay otros factores que inciden?
- Circunstancias políticas y económicas, como la recesión del 2008,     desempeñan ciertamente un papel en las crecientes tasas de ansiedad y depresión. Pero si consideramos el incremento de las llamadas "muertes por desesperación" -por suicidio, sobredosis de drogas o problemas con el alcohol, según identifican los investigadores Anne  Case y Angus Deaton-, vemos que inciden otros importantes factores sociales y culturales.
 Vivimos en una sociedad donde las personas se sienten cada vez más aisladas. La ruptura del matrimonio y el debilitamiento de los lazos familiares afectan en mayor proporción a personas vulnerables por su menor nivel socioeconómico. La soledad auto-declarada se ha duplicado del 20% al 40% entre los estadounidenses... Necesitamos una sociedad donde se viva la solidaridad y donde se faciliten las relaciones sociales que contribuyen al desarrollo humano.
- ¿Cómo incide la biología en problemas de salud mental como la depresión y ansiedad?
- Factores biológicos como los genes juegan un papel importante en estos trastornos. Algunas personas nacen con ciertas vulnerabilidades debido a factores biológicos o surgen en el desarrollo temprano… Como psiquiatra prescribo antidepresivos rutinariamente y pueden ser muy útiles para algunas personas. Pero los factores biológicos no son el único componente en los trastornos de salud mental. (…) Hoy vemos que aumentan la depresión y el suicidio, especialmente entre los jóvenes. Desde una perspectiva conductual, la depresión es una señal de retirada     ante un ambiente que se percibe como peligroso o tóxico. Así que, además de mirar la biología y la química del cerebro, también debemos preguntarnos: ¿Qué factores sociales y culturales están causando que cada vez más personas se retiren hacia estados depresivos o incluso decidan que ya no tiene sentido vivir?

 
- La violencia en el debate sobre cuestiones sociales, ¿no es acaso indicativa del desacuerdo en lo que unos y otros entienden por felicidad?
- Algunos ven la felicidad como el logro del máximo placer, la satisfacción óptima de los deseos -los psicólogos llaman a esto "felicidad hedónica", vinculada al "hedonismo". Vale decir, si tengo un capricho o un impulso por adquirir algo y logro lo que quiero, me sentiré bien. La felicidad ocurre entonces según satisfaga mi placer momentáneo; y maximizar la felicidad significaría acumular más momentos de saciedad o satisfacción.
 Una noción más rica y completa de la felicidad humana implica desarrollar nuestros talentos, cultivar relaciones significativas y buscar la excelencia en el trabajo; incluyendo actividades hogareñas que contribuyan a la familia y otras sociales que aportan al bien común. Esta visión de la felicidad requiere cultivar y moldear nuestros deseos, de tal manera que deseemos lo auténticamente bueno para nosotros, según sea propicio para el desarrollo humano. (…)
Esta concepción más rica de la felicidad considera además que en la vida todos tendremos dificultades y que es inevitable algún grado de sufrimiento… pérdida, enfermedad, tal vez la discapacidad o la dependencia. Desarrollar virtudes y ciertos rasgos de carácter…, nos ayudan a sobrellevar esas dificultades. Así, sufrimiento o dificultad no impiden el ser feliz. (…)
 A menudo pensamos que simplemente nacemos libres: "Libertad" significaría estar sin restricción alguna, de modo que siempre podamos obtener lo que deseamos. Esto es erróneo y llevado al extremo conduce a formas de esclavitud, como las adicciones. Esta falsa noción de libertad perjudica nuestra capacidad real de elegir y buscar lo que es mejor para nosotros. (…)
 
- La idea de que nuestro carácter afecta la capacidad de ser feliz es un argumento clave de la llamada "psicología positiva".
- Así es. Algunas escuelas de psicología más antiguas tienen una visión determinista de nuestra capacidad para la felicidad: afirman que somos víctimas de nuestras circunstancias, totalmente condicionados por factores internos o externos que no elegimos; nuestras experiencias pasadas determinarían nuestro futuro o nuestros genes determinarían nuestro destino. Al contrario la "psicología positiva", fundada por Martin Seligman, considera que son nuestras elecciones presentes las que modelan la experiencia y capacidad de ser feliz. Un día Seligman estaba trabajando en el jardín; estaba allí su hija y se enfadó con ella porque jugaba y hacía un gran lío mientras él trataba de sacar la maleza. Ella le dijo: “Desde mis 3 hasta los 5 años, lloriqueé mucho. Pero decidí cuando tuviera 5 dejaría de lloriquear. Y no he lloriqueado ni una vez desde el día en que cumplí cinco años”. Luego, mirándolo ella lo desafió: “Papito, si yo pude dejar de lloriquear, tu puedes dejar de ser un gruñón”.
 Por este acontecimiento Seligman comprendió que si algo sabía sobre desarrollo de la bondad u otras virtudes, no provenía del estudio de la psicología. Los expertos en su campo habían dedicado mucho tiempo a estudiar lo que podía salir mal en nuestra vida mental -desórdenes psicológicos, enfermedades mentales o neurosis-, pero habían descuidado estudiar rigurosamente los rasgos que fomentan la salud mental y el desarrollo humano. Lanzó el movimiento de la psicología positiva para remediar esto.
 
- Seligman descubrió que la práctica de la virtud promueve la felicidad, ¿es correcto?
- Es correcto. Y cuando Seligman y Christopher Peterson escribieron Character Strengths and Virtues, el influyente manual de la psicología positiva, su investigación psicológica, intercultural e histórica los llevó a dividir su libro en siete virtudes principales que eran esenciales para la salud mental y el desarrollo humano. Esta lista resultó ser una recapitulación de las virtudes cardinales clásicas: justicia, coraje (fortaleza), prudencia (sabiduría práctica) y templanza. También identificaron rasgos importantes que los cristianos podrían equiparar con las virtudes teológicas; lo que los psicólogos positivos llamaron trascendencia y humanidad, que incluyen virtudes como la gratitud, la esperanza, la espiritualidad y el amor.

 
- ¿Cómo es que la gratitud nos hace felices?
- Robert Emmons, profesor de psicología en la Universidad de California (Davis), ha investigado y documentado los muchos beneficios psicológicos y físicos del practicar la gratitud. Descubrió que la práctica de cultivar la gratitud hacia Dios y otras personas -incluso el simple ejercicio de escribir cada día tres cosas por las que usted se siente agradecido- puede tener efectos profundamente positivos sobre nuestra salud mental, como disminuir la depresión y la ansiedad.
 - ¿Y el perdón?
- Cuando hemos sido realmente lastimados por la gente, el perdón puede requerir un esfuerzo heroico; de hecho, incluso puede requerir la gracia de Dios, su ayuda sobrenatural. Richard Fitzgibbons, co-autor de “Terapia del Perdón”, descubrió que la práctica del perdón y renunciar a la ira - incluso frente a la injusticia o el maltrato - mejora nuestra salud mental y fomenta niveles sostenidos de felicidad.
 - ¿Cuáles son los elementos básicos de una vida espiritual equilibrada?
- La tradición católica es rica en prácticas espirituales que podemos     integrar en los días y etapas de nuestra vida. No debemos tratar de reinventar la rueda aquí.
 • Diariamente: oración, lectura espiritual y misa siempre que sea posible
• Semanal: Guardar el descanso sabático
• Mensual: dirección espiritual, confesión, grupo de apoyo.
• Anual: retiro (preferiblemente en silencio)
 Es bueno elegir algunas de estas normas de piedad que le ayudarán a desarrollar su vida espiritual. Practicarlas bien y consistentemente, hacerlas parte del tejido de su día. Proteger el tiempo que ha reservado para ellas, darles prioridad. (…)
 Necesitamos más que la prosperidad económica, más que la satisfacción de las necesidades materiales o corporales, para encontrar auténtica felicidad y plenitud.
 Hay un cuerpo sustancial y creciente de investigación médica y de las ciencias sociales que sugiere, en conjunto, a las prácticas espirituales y religiosas como propicias para la salud y el desarrollo humano. Algunas personas se resistirán a esta sugerencia, pero la evidencia es bastante robusta.



Vida Cristiana


Homilía de Papa Francisco en Santa Marta Martes, 17 de octubre de 2017



Ø Tres grupos de necios, de corruptos. Los doctores de la ley. Los paganos y los ideólogos del  cristianismo.


v  Cfr. Homilía de Papa Francisco  en Santa Marta

Martes, 17 de octubre de 2017

La palabra necios sale dos veces en la Liturgia de hoy. Jesús la dice a los fariseos (Lc 11,37-41), mientras que San Pablo se refiere a los paganos (Rm 1,16- 25). Y también a los Gálatas cristianos el Apóstol de las Gentes les había llamado insensatos porque se dejaron engañar por las nuevas ideas.
            Esa palabra más que una condena, es una advertencia, porque muestra el camino de la necedad que conduce a la corrupción. Y los tres grupos de necios son corruptos.

o   Los Doctores de la ley

A los doctores de la Ley Jesús les decía que se parecían a sepulcros blanqueados: se volvían corruptos porque se preocupaban de embellecer solo lo exterior de las cosas, pero no lo de  dentro, donde está la corrupción. Estaban corruptos por la vanidad, las apariencias, la belleza exterior, la justicia exterior.

o   Los paganos

Los paganos, en cambio, tienen la corrupción de la idolatría: se hacen corruptos porque cambian la gloria de Dios –al que habrían podido conocer a través de la razón– por los ídolos, que también hoy existen, como el consumismo o buscar un dios más cómodo.

o   Los ideólogos del cristianismo

Finalmente, esos cristianos que se han dejado corromper por ideologías, es decir, que han dejado de ser cristianos para volverse ideólogos del cristianismo. Y los tres grupos, a causa
de esa necedad, acaban en la corrupción.

v  La necedad


o   La necedad es un no escuchar, literalmente “nescio”, “no sé”, no escuchar. Es la incapacidad para escuchar la Palabra, cuando la Palabra no entra, no la dejo entrar porque no la escucho.

La necedad es un no escuchar, literalmente “nescio”, “no sé”, no escuchar. Es la incapacidad para escuchar la Palabra, cuando la Palabra no entra, no la dejo entrar porque no la escucho. El necio no escucha. Cree que escucha, pero no  lo hace. Va a lo suyo, siempre. Por eso la Palabra de Dios no puede entrar en el corazón, y no hay sitio para el amor. Y si entra, entra filtrada,  transformada por mi concepción de la realidad. Los necios no saben escuchar. Y esa sordera
les lleva a la corrupción. No entra la Palabra de Dios, no hay sitio para el amor y, en definitiva, no hay sitio para la libertad. Y se vuelven esclavos, porque cambian la verdad de Dios con la mentira, y adoran a las criaturas en vez de al Creador. No son libres, y no escuchan, esa sordera, no deja lugar al amor ni a la libertad: nos lleva siempre a una esclavitud.

o    ¿Escucho yo la Palabra de Dios? ¿La dejo entrar o  estoy sordo?

§  ¿La transformo en apariencia, en idolatría , en ideología?
Esa es la necedad  de los cristianos  y pastores necios.
 ¿Escucho yo la Palabra de Dios? ¿La dejo entrar? Lo hemos oído en el Aleluya: la Palabra de Dios es viva y eficaz, juzga los deseos e intenciones del corazón. Corta, va adentro. Esa Palabra, ¿la dejo entrar o estoy sordo? ¿La trasformo en apariencia, en idolatría, en costumbres idolátricas, o la trasformo en ideología? Y no entra… Esa es la necedad de los cristianos.
Hay cristianos necios y también pastores necios. San Agustín les pega bien, con fuerza porque la necedad de los pastores hace daño a la grey. La referencia es a la necedad del pastor corrupto, a la necedad del pastor satisfecho de sí mismo, y a la necedad del pastor ideólogo.
§  Miremos al Señor que siempre está a la puerta, llama y espera. Pensemos en la nostalgia del Señor por nosotros.
Miremos la imagen de esos cristianos necios y, junto a esa necedad, miremos al Señor que
siempre está a la puerta, llama y espera. Así pues, pensemos en la nostalgia del Señor por nosotros, en el primer amor que tuvo con nosotros. Y si caemos en esa necedad, nos alejamos de Él y Él siente esa nostalgia, nostalgia de nosotros. Jesús lloró con esa nostalgia, lloró sobre Jerusalén: era la nostalgia de un pueblo que Él eligió y amó, pero que se alejó por necedad, que prefirió las apariencias, los ídolos o las ideologías.





VIDA CRISTIANA
Imprimir

Printfriendly