No parece que la parábola del rico necio tenga mucho que ver con el tiempo de Adviento, y, sin embargo, necesito recordarla antes de entrar en el misterio de este domingo:
“Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha… Entonces se dijo: Amigo, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come, bebe y date la buena vida”.
De este hombre se podría decir aquello de que “era tan pobre que sólo tenía riquezas”. Este hombre, aunque nadie en aquella noche le hubiese reclamado la vida, habría sido en todo caso un condenado al aburrimiento: túmbate, come, bebe, deja de preocuparte, disfruta la vida.
Necesitaba recordar esa parábola porque nos ofrece la contrafigura perfecta del Adviento, nos acerca al hombre del Adviento imposible, a un insensato atrapado en el espejismo de su granero lleno. Intenta, si puedes, dejarle el mensaje del Adviento: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Serán para él palabras sin sentido. Él no espera a nadie; él no espera nada: ¡Tiene el granero lleno!
“Estad siempre alegres en el Señor”: Las palabras del mandato son palabras para pobres, para hombres y mujeres de granero escaso en bienes y con espacio para la esperanza; son palabra para expertos en zozobras, en incertidumbres, en debilidades, en humanidad; son palabras de gracia para ti, Iglesia amada de Dios, para ti que estás en expectación y te preguntas por la venida de tu Señor.
“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Está cerca el que te ama: “Él se goza y se complace en ti”. Está cerca el que tú amas: “¡Qué grande en medio de ti el Santo de Israel!” Está cerca tu salvador.
La palabra profética anuncia su venida, la eucaristía la prefigura y la realiza, tus pobres la anticipan para ti. Hoy, por la fe y la caridad, tú escuchas la palabra del que esperas, lo recibes en comunión, lo abrazas en tus pobres. Hoy, por la fe y la caridad, el Señor está tan cerca de ti que está para siempre contigo en la palabra inspirada que escuchas y acoges, en el pan consagrado que comulgas, en el pobre a quien abrazas y cuidas.
“Estad siempre alegres en el Señor. El Señor está cerca”. En esa tierra tuya de comunidad pobre, verdea ya la mies de la justicia y la fidelidad: ¡El Señor será tu cosecha! ¡Y tú serás cosecha de Dios!
Feliz domingo.
jueves, 13 de diciembre de 2018
3º Domingo de Adviento (2018). Dos hilos conductores con colores contrastantes: la alegría de la Navidad y las exigencias de Jesús.
Ø 3º
Domingo de Adviento (2018). Dos hilos conductores con colores contrastantes: la
alegría de la Navidad y las
exigencias de Jesús. La alegría en el
Señor. Dos metáforas: a) El Señor es semejante al agricultor que con el bieldo
eleva la paja para que se la lleve el viento, separándola del trigo; es decir,
distingue entre el grano y la paja de nuestras vidas; b) como el fuego libera
de las escorias lo metales preciosos, Cristo hace desparecer las escorias de
nuestra vida.
v
Cfr. Tercer Domingo de Adviento, Ciclo C. - 16
de diciembre de 2018
Sofonías
3, 14-18a; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18
Salmo
responsorial. Isaías 12,2-3. 4bcd.
5-6: R/ Gritad
jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» El Señor es mi
Dios y salvador; confiare y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Dad
gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas. Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas
a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio
de ti el Santo de Israel.»
2ª Lectura (Filipenses 4,4-7): Hermanos
míos: Alegraos siempre en el Señor; os
lo repito, alegraos. Que vuestra
comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os
preocupéis por nada; al contrario: en
toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de
gracias. Y la paz de Dios que supera
todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús.
Lucas 3, 10-18: 10 La gente le
preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?» 11
Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no
tiene; el que tenga para comer, que haga
lo mismo.» 12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro,
¿qué debemos hacer?» 13 El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.»
14 Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les
dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos
con vuestra soldada.» 15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos
pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; 16
respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es
más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El
os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 En
su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su
granero; pero la paja la quemará con
fuego que no se apaga.» 18 Y, con
otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
La alegría de la Navidad: «alegraos siempre en el Señor»
(Segunda Lectura)
y las exigencias de Jesús:
«pero la paja la quemará con fuego que no se apaga».
(Evangelio)
1. San Pablo nos pide que estemos alegres en el Señor. Juan el Bautista afirma
que el Señor «quemará
la paja con fuego que no se apaga».
El grano y la paja de nuestras vidas.
v
El Señor es semejante al agricultor que con el
bieldo eleva la paja para que se la lleve el viento, separándola del trigo.
o El
bieldo: el Señor distingue entre el grano y la paja de nuestras vidas.
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno
C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
§ El
bieldo: es un utensillo agrícola que sirve para separar el grano de trigo y la
paja.
·
El Señor tiene el
bieldo: Lucas 3, 17 «En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger
el trigo
en su granero; pero la paja
la quemará con fuego que no se apaga».
- El
bieldo es un utensillo agrícola a modo de tenedor, constituido por varios
dientes insertos en una pieza a la que va unido un mango largo, que se emplea
para diversas operaciones agrícolas: por ejemplo, para aventar o para izar y
cargar los haces de mies. En este caso, para aventar (bieldar) el grano de modo
que se separe de la paja que se lleva el viento. Esta imagen era muy bien
entendida por los que escuchaban a Juan el Bautista. El Señor que viene (el Niño Dios que festejaremos en la Navidad ) distinguirá entre
grano y paja, es decir, entre el grano y la paja en nuestras vidas ...
-
El salmo 1 (v.4) nos habla del siguiente modo sobre el hombre impío: ¡No así
los impíos, no así! Que ellos son como
paja que se lleva el viento.
v
Como el fuego libera de las escorias lo metales
preciosos, Cristo hace desparecer las escorias de nuestra vida.
o La
acción de quemar la paja no tiene como meta la destrucción sino la liberación
del mal del hombre en su raíz.
Cfr. Gianfranco Ravasi,
Secondo le Scritture Anno C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
·
El fuego es
bastante más potente para hacer desaparecer las escorias y que brillen los metales preciosos.
Corroe hasta la raíz la
realidad que entra en contacto con él.
Esta presentación de la figura
del Señor que hace Juan el Bautista, puede parecer, a primera vista, negativa.
En realidad, tiene un valor radical muy preciso que es una novedad que
introduce Cristo: él libera totalmente al hombre de su mal, atacando en la raíz
su fuerza destructiva. La acción de quemar no tiene como meta la destrucción
sino la liberación.
o El
símbolo del fuego en el Catecismo de la Iglesia Católica: el anuncio de Cristo
como el que «bautizará en el Espíritu Santo y el fuego».
·
n. 696: El fuego. Mientras que el agua
significaba el nacimiento y la fecundidad de la Vida dada en el
Espíritu Santo, el fuego
simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta
Elías que «surgió como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha»
(Sirácida 48, 1), con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio
del monte Carmelo (Cf 1 Reyes 18, 38-39), figura del fuego del Espíritu Santo
que transforma lo que toca. Juan Bautista, «que precede al Señor con el
espíritu y el poder de Elías» (Lucas 1, 17), anuncia a Cristo como el que
«bautizará en el Espíritu Santo y el fuego» (Lucas 3, 16), Espíritu del cual
Jesús dirá: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya
estuviese encendido!» (Lucas 12, 49). En forma de lenguas «como de fuego» se
posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los
llenó de él (Hechos 2, 3-4). La tradición espiritual conservará este simbolismo
del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo (Cf S.
Juan de la Cruz, Llama de amor viva).
«No extingáis el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5, 19).
v
Cristo y las imágenes del bieldo y el fuego: de
este modo su figura no es vaporosa y dulzona.
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno
C, III domenica di Avvento, I ed economica 1999.
·
Esa imagen del
fuego hace que Cristo no se reduzca a una figura como vaporosa y dulzona, ya
que nos
pone ante elecciones que con
más o menos frecuencia son desgarradoras, como se deduce del oráculo que
pronunció Simeón ante el niño Jesús: « Este está puesto para caída y elevación
de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción» (Lc 2,34). También
dijo: 34 « No penséis que he venido a traer paz a la
tierra. No he venido a traer paz, sino espada».
o Podemos
aplicar la imagen del bieldo y del fuego a la conciencia del hombre.
§ El
Señor no acepta componendas ni tolera medias medidas.
- El Señor no acepta
componendas, no permite fugas estratégicas, no tolera medias medidas y equilibrismos,
no se puede estar con él y con su adversario.
- Todo creyente debe dirigir a
su conciencia la pregunta que hacen a Juan el Bautista algunas personas: ¿qué
debemos hacer?
- Dostoevskij, en Memorias del subsuelo (1865): “El hombre
es una criatura frívola e incoherente, y tal vez, como el jugador de ajedrez,
ama sólo el desarrollo del juego, pero no la conclusión”.
- El compromiso moral no es un
“optional” sino que se da en el corazón mismo del mensaje cristiano; san Pablo
en todas sus Cartas, después de la parte teológica dedica una segunda parte al
compromiso concreto y cotidiano.
v
Ese Niño, cuya figura contemplaremos
especialmente durante la Navidad, se propondrá a sí mismo como «camino, verdad y vida».
“Le dice Jesús: «Yo soy el
Camino, la Verdad
y la Vida. Nadie
va al Padre sino por mí»” (Juan
14,6); como la piedra descartada por los
constructores (Mateo 21, 42; cfr. Salmo 118,22), que fue elegida por Dios (cfr.
Isaías 28, 16), como roca sobre la que se construye la
Iglesia , nuevo pueblo de Dios;
·
su venida es una
llamada a que nos convirtamos a El.
En esa oferta radica la alegría, y la
felicidad;
·
seremos juzgados con relación a
esa oferta que nos hará el Niño Dios; dicho con otras palabras,
Jesús nos pide que nos convirtamos a El; y, a través de
él, que nos convirtamos a Dios Padre;
precisamente esta conversión, aceptar su salvación, sus leyes, sus
preceptos, su proyecto, es el fundamento
de la alegría.
2. La alegría en el Señor: Alegraos siempre en el Señor; os
lo repito, alegraos (segunda Lectura).
v
Los proyectos del Señor, su providencia, sus
preceptos son oferta de salvación; motivo de alegría. Así se expresan los
salmos y otros textos de la Escritura
§ En
el salmo responsorial de hoy
·
Quien se decide
por seguir las palabras exigentes del Señor, experimenta una paz y una
serenidad
profundas, y el miedo se
transforma en confianza.
- A esto se refiere el
salmo Responsorial de hoy, tomado del libro de Isaías (12, 2-6): “He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo,
pues Yahveh es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación. Sacaréis agua con gozo de los hontanares de
salvación. y diréis aquel día: Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre,
divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su nombre.
Cantad a Yahveh, porque ha hecho algo
sublime, que es digno de saberse en toda la tierra. Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de
Sión, que grande es en medio de ti el Santo de Israel.
§ En
la segunda Lectura de hoy
- También
encontramos esa llamada a alegrarnos en el Señor en la segunda Lectura
(Filipenses 4, 6-7): Gozaos siempre en el Señor; otra vez os digo, gozaos. .... No tengáis solicitud de cosa alguna [no os agobiéis por cosa
alguna] ... la paz de Dios, que
sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros sentimientos
en Jesucristo.
§ En
otros textos de la Escritura
·
La alegría es
fruto del Espíritu Santo: Gálatas 5,22; “No consiste el Reino de Dios en
comer ni beber,
sino que es justicia, paz y
alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14, 17); “Los discípulos quedaron
llenos de alegría en el Espíritu Santo” (Hechos 13,52).
§ El
salmo 1
·
La ley de Dios
(su proyecto, su providencia, sus preceptos, etc.) es una oferta de salvación:
oferta de
amor que da frutos; si la
aceptamos, somos dichosos, felices; y daremos buenos frutos «como árboles plantados junto al río»; pero, si no aceptamos su oferta, terminamos como la paja que se lleva el viento. Es lo que leemos en el salmo 1, viernes de la
segunda semana de Adviento, en la liturgia de la Misa:
1
¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni se entretiene en la senda de los pecadores, ni se sienta en
la reunión de los necios, 2 sino que
pone su gozo en la ley del Señor, meditándola día y noche! 3 Es como un árbol
plantado junto al río, que da a su tiempo el fruto, y sus hojas no se marchitan;
todo lo que hace le sale bien.4 No sucede lo mismo con los malvados, que son
como paja que se lleva el viento. 5 No prevalecerán en el juicio los malvados
ni los pecadores en la asamblea de los
justos. 6 Porque el Señor conoce el
camino de los justos, pero el camino de los impíos conduce a la perdición.
o La
alegría se manifiesta incluso en medio de las adversidades
·
La alegría se
manifiesta incluso en medio de las adversidades: los Apóstoles, después de
haber sido
azotados por orden del
Sanedrín, cuando fueron dejados libres se marcharon “contentos por haber sido
considerados dignos de sufrir ultrajes por el nombre del Señor” (Hechos
5,41); Santiago en su carta, dice que
los cristianos deben considerar como una gran gozo el estar “rodeados por toda
clase de pruebas” (Santiago 1, 2); San Pablo dice a los cristianos de Corinto: “Estoy
muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en
todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 7,4).
Vida
Cristiana
3º Domingo de Adviento (2018) Ciclo C. La alegría en el Señor Jesús.
[Chiesa/Omelie1/Avvento/3AdvC18AlegríaEnElSeñor]
Ø 3º Domingo
de Adviento (2018) Ciclo C. La alegría en el Señor Jesús.
v Cfr.
Tercer Domingo de Adviento, Ciclo C.
16 de
diciembre de 2018 - Sofonías 3, 14-18a; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18
2ª Lectura (Filipenses 4,4-7): Hermanos
míos: 4 Alegraos siempre en el Señor; os
lo repito, alegraos. 5 Que vuestra comprensión sea patente a todos los
hombres. El Señor está cerca. 6 No
os preocupéis por nada; al contrario: en
toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de
gracias. 7 Y que la paz de Dios que supera
todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús.
La alegría del Señor Jesús
v Nadie
queda excluido de la alegría reportada por el Señor.
n. 22. Nadie queda excluido
de la alegría reportada por el Señor. El gran gozo anunciado por el ángel, la
noche de Navidad, lo será de verdad para todo el pueblo (cf. Lc 8,10),
tanto para el de Israel que esperaba con ansia un Salvador, como para el pueblo
innumerable de todos aquellos que, en el correr de los tiempos, acogerán su
mensaje y se esforzarán por vivirlo. Fue la Virgen María la primera en recibir
el anuncio del ángel Gabriel y su Magnificat era ya el himno de
exultación de todos los humildes. Los misterios gozosos nos sitúan así, cada
vez que recitamos el Rosario, ante el acontecimiento inefable, centro y culmen
de la historia: la venida a la tierra del Emmanuel, Dios con nosotros. Juan
Bautista, cuya misión es la de mostrarlo a Israel, había saltado de gozo en su
presencia, cuando aún estaba en el seno de su madre (cf. Lc 1,44).
Cuando Jesús da comienzo a su ministerio, Juan «se llena de alegría por la voz
del Esposo» (Jn 3,29).
v El
ha experimentado en su humanidad todas nuestras alegrías.
o
El, palpablemente, ha conocido, apreciado,
ensalzado toda una gama de alegrías humanas, de esas alegrías sencillas y
cotidianas que están al alcance de todos.
n. 23.
Hagamos ahora un alto para contemplar la persona de Jesús, en el curso de su
vida terrena. El ha experimentado en su humanidad todas nuestras alegrías. El,
palpablemente, ha conocido, apreciado, ensalzado toda una gama de alegrías
humanas, de esas alegrías sencillas y cotidianas que están al alcance de todos.
La profundidad de su vida interior no ha desvirtuado la claridad de su mirada,
ni su sensibilidad. Admira los pajarillos del cielo y los lirios del campo. Su
mirada abarca en un instante cuanto se ofrecía a la mirada de Dios sobre la
creación en el alba de la historia. El exalta de buena gana la alegría del
sembrador y del segador; la del hombre que halla un tesoro escondido; la del
pastor que encuentra la oveja perdida o de la mujer que halla la dracma; la
alegría de los invitados al banquete, la alegría de las bodas; la alegría del
padre cuando recibe a su hijo, al retorno de una vida de pródigo; la de la
mujer que acaba de dar a luz un niño. Estas alegrías humanas tienen para Jesús
tanta mayor consistencia en cuanto son para él signos de las alegrías
espirituales del Reino de Dios: alegría de los hombres que entran en este
Reino, vuelven a él o trabajan en él, alegría del Padre que los recibe. Por su
parte, el mismo Jesús manifiesta su satisfacción y su ternura, cuando se
encuentra con los niños deseosos de acercarse a él, con el joven rico, fiel y
con ganas de ser perfecto; con amigos que le abren las puertas de su casa como
Marta, María y Lázaro.
Su felicidad
mayor es ver la acogida que se da a la Palabra, la liberación de los posesos,
la conversión de una mujer pecadora y de un publicano como Zaqueo, la
generosidad de la viuda. El mismo se siente inundado por una gran alegría
cuando comprueba que los más pequeños tienen acceso a la revelación del Reino,
cosa que queda escondida a los sabios y prudentes (Lc 10,21). Sí,
«habiendo Cristo compartido en todo nuestra condición humana, menos en el
pecado» [5], él ha aceptado y gustado las alegrías
afectivas y espirituales, como un don de Dios. Y no se concedió tregua alguna
hasta que no «hubo anunciado la salvación a los pobres, a los afligidos el
consuelo» (cf. Lc 14,18). El evangelio de Lucas abunda de manera
particular en esta semilla de alegría. Los milagros de Jesús, las palabras del
perdón son otras tantas muestras de la bondad divina: la gente se alegraba por
tantos portentos como hacía (cf. Lc 13,17) y daba gloria a Dios. Para el
cristiano, como para Jesús, se trata de vivir las alegrías humanas, que el
Creador le regala, en acción de gracias al Padre.
v La
alegría de saberse amado por su Padre
n. 24.
Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva
dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que
nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras íntimas del Hijo de Dios
hecho hombre. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad,
se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre. Después de su
bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de
su Encarnación, se hace manifiesto: «Tu eres mi hijo amado, mi predilecto» (Lc
3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia
que nunca lo abandona (cf. Jn 16,32). Es un conocimiento íntimo el que
lo colma: «El Padre me conoce y yo conozco al Padre» (Jn 10,15). Es un
intercambio incesante y total: «Todo lo que es mío es tuyo, y todo lo que es
tuyo es mío» (Jn 17,19). El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y
de disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitación recíproca: «Yo estoy en el Padre y el Padre
está en mí» (Jn 14,10). En correspondencia, el Hijo tiene para con el
Padre un amor sin medida: «Yo amo al Padre y procedo conforme al mandato del
Padre» (Jn 14,31). Hace siempre lo que place al Padre, es ésta su
«comida» (cf. Jn 8,29; 4,34). Su disponibilidad llega hasta la donación
de su vida humana, su confianza hasta la certeza de recobrarla: «Por esto me
ama el Padre, porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo» (Jn
10,17). En este sentido, él se alegra de ir al padre. No se trata, para Jesús,
de una toma de conciencia efímera: es la resonancia, en su conciencia de
hombre, del amor que él conoce desde siempre, en cuanto Dios, en el seno de
Padre: «Tú me has amado antes de la creación del mundo» (Jn 17,24).
Existe una relación incomunicable de amor, que se confunde con su existencia de
Hijo y que constituye el secreto de la vida trinitaria: el Padre aparece en
ella como el que se da al Hijo, sin reservas y sin intermitencias, en un
palpitar de generosidad gozosa, y el Hijo, como el que se da de la misma manera
al Padre con un impulso de gozosa gratitud, en el Espíritu Santo.
v Estamos
llamados a participar de la alegría de Jesús
n.25.
De ahí que los discípulos y todos cuantos creen en Cristo, estén llamados a
participar de esta alegría. Jesús quiere que sientan dentro de sí su misma
alegría en plenitud: «Yo les he revelado tu nombre, para que el amor con que tú
me has amado esté en ellos y también yo esté en ellos» (Jn 17,26).
o
La alegría de estar dentro del amor de Dios
comienza ya aquí abajo
n.26.
Esta alegría de estar dentro del amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es la
alegría del Reino de Dios. Pero es una alegría concedida a lo largo de un
camino escarpado, que requiere una confianza total en el Padre y en el Hijo, y
dar una preferencia a las cosas del Reino. El mensaje de Jesús promete ante todo
la alegría, esa alegría exigente; ¿no se abre con las bienaventuranzas?
«Dichosos vosotros los pobres, porque el Reino de los cielos es vuestro.
Dichosos vosotros lo que ahora pasáis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos vosotros, los que ahora lloráis, porque reiréis» (Lc 6,20-21).
Vida Cristiana
[1]
Pablo VI, fue el papa 262º de la
Iglesia católica desde el 21 de junio de 1963 hasta su muerte el 6 de agosto de
1978. Fue canonizado como san Pablo VI por el papa Francisco en
2018. Nació el 26 de septiembre de 1897, falleció el 6 de agosto de 1978.
viernes, 7 de diciembre de 2018
Inmaculada Concepción. Ella dijo sí al Señor. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre 2005.
Descargar
v
Cfr. Benedicto XVI, Homilía en
o
Significado del título “Inmaculada”: dos
imágenes
§ Primera
imagen. El relato del anuncio a María: el Señor está en ella; ella dice sí al
Señor
§ Segunda
imagen: la lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal, y la
victoria de Dios en el linaje de la mujer.
La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas
del mal. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una
dependencia, y no se fía de él.
o
La libertad de un ser humano es la de un ser
limitado, es limitada por tanto.
o
El pecado original, la historia de todos los
tiempos: una gota de veneno
o
Varias sospechas que son fruto de ese veneno del
pecado original
§ Quien
no peca es aburrido; un poco de mal es bueno para experimentar la plenitud del
ser
o
Pero hemos de reconocer que no es así: el mal
envenena
§ El
mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere
de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad.
§ Cuanto
más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres.
§ María
nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo
Ø Inmaculada Concepción. Ella dijo sí al Señor. La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal y la victoria de Dios en el linaje de la mujer. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia, y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. Varias sospechas que tiene el hombre que son fruto del veneno del pecado original.
v
Cfr. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de
la celebración de los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, 8
de diciembre 2005.
o
Significado del título “Inmaculada”: dos
imágenes
§ Primera
imagen. El relato del anuncio a María: el Señor está en ella; ella dice sí al
Señor
Pero
ahora debemos preguntarnos: ¿Qué significa "María, la Inmaculada"?
¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el
contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato
maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías.
El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el "resto santo" de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo.
Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: "La tierra ha dado su fruto" (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios.
El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el "resto santo" de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo.
Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo: "La tierra ha dado su fruto" (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice "sí" al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios.
§ Segunda
imagen: la lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas del mal, y la
victoria de Dios en el linaje de la mujer.
La lucha en la historia entre el hombre y las fuerzas
del mal. El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una
dependencia, y no se fía de él.
La
segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro
del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo
se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar
una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante
toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir,
entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia
que "el linaje" de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de
la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer
y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto
con la Iglesia
creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos
comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y
también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención.
¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad.
El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte.
¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad.
El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte.
o
La libertad de un ser humano es la de un ser
limitado, es limitada por tanto.
Amor no
es dependencia, sino don que nos hace vivir. La libertad de un ser humano es la
libertad de un ser limitado y, por tanto, es limitada ella misma. Sólo podemos
poseerla como libertad compartida, en la comunión de las libertades: la
libertad sólo puede desarrollarse si vivimos, como debemos, unos con otros y
unos para otros. Vivimos como debemos, si vivimos según la verdad de nuestro
ser, es decir, según la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios no es para
el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida
intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace
imagen de Dios, y así criatura libre.
Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre.
Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre.
o
El pecado original, la historia de todos los
tiempos: una gota de veneno
Queridos
hermanos y hermanas, si reflexionamos sinceramente sobre nosotros mismos y
sobre nuestra historia, debemos decir que con este relato no sólo se describe
la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos, y que
todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar
reflejado en las imágenes del libro del Génesis. Esta gota de veneno la
llamamos pecado original.
o
Varias sospechas que son fruto de ese veneno del
pecado original
§ Quien
no peca es aburrido; un poco de mal es bueno para experimentar la plenitud del
ser
Precisamente en la fiesta de la Inmaculada Concepción
brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el
fondo es aburrida; que le falta algo en su vida: la dimensión dramática de ser
autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y
querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que
sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad
del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos
poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente
nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que
lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser.
Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario.
Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario.
o
Pero hemos de reconocer que no es así: el mal
envenena
§ El
mal envilece y humilla; quien se abandona en Dios no se convierte en un títere
de Dios, en una persona aburrida y conformista, no pierde su libertad.
Pero al
mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal
envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo
hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el
día de la Inmaculada
debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las
manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y
conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en
manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de
la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más
pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande,
se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en
manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al
contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se
transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.
§ Cuanto
más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres.
Cuanto
más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos
en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está
también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de
toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar
dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es
para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.
En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.
En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.
§ María
nos dice que hay que ser valientes: osar con Dios, no tenerle miedo
Como
Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente
del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa , de la Madre que comparte el
sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su
corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad
de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros
como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros,
diciendo: "Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de
él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la
bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con
Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y
no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita
de Dios no se agota jamás".
En este día de fiesta queremos
dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su
Madre y Madre de la
Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro
camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar
esta luz en las noches de la historia. Amén.
Vida Cristiana
Solemnidad de la Inmaculada Concepción (2018). Homilía por Raniero Cantalamessa (2018).
[InmaculadaConcepciónC18ProyectoDiosIglesiaSantosInmaculadosCantal]
Ø
Solemnidad de la
Inmaculada Concepción (2018). Homilía por Raniero Cantalamessa (2018). El
Proyecto de Dios sobre nosotros: «Dios
Padre nos ha elegido en Jesucristo antes de la creación del mundo para ser
santos e inmaculados en su presencia, en el amor». (Segunda Lectura). lo que
celebramos en esta solemnidad en María: el inicio de la Iglesia. En María
brilla ya todo el esplendor futuro de la Iglesia. Está ante nosotros «como
modelo de santidad para el pueblo de Dios». Ella está idealmente ante todo el
pueblo cristiano repitiendo siempre lo que dijo en Caná: «Haced lo que Él os
diga».
Solemnidad
de la Inmaculada Concepción
Elegidos
para ser santos e inmaculados
por Raniero Cantalamessa (05
diciembre 2018) - (Cfr. Religión en Libertad)
Génesis 3, 9-15.20; Efesios 1,3-6.11-12; Lucas 1,26-38
Para que
la solemnidad de la Inmaculada Concepción no se quede en mera celebración
de
los «privilegios» de María, sino
que nos toque y nos implique profundamente, debemos comprenderla a la luz de
las palabras de Pablo en la segunda lectura: «Dios Padre nos ha elegido en
Jesucristo antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su
presencia, en el amor». Todos, por lo tanto, estamos llamados a ser santos e
inmaculados; es nuestro verdadero destino; es el proyecto de Dios sobre
nosotros. Poco más adelante, en la misma Carta a los Efesios, Pablo contempla
este plan de Dios refiriéndolo no ya a los hombres singularmente considerados,
cada uno por su cuenta, sino a la Iglesia Universal esposa de Cristo: «Cristo
amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla,
purificarla mediante el bautismo y la palabra, y presentársela resplandeciente
a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa
en inmaculada» (Ef 5, 25-27).
Una humanidad de santos e
inmaculados: he aquí el gran proyecto de Dios al crear la Iglesia. Una humanidad
que pueda, por fin, comparecer ante Él, que ya no tenga que huir de su
presencia, con el rostro lleno de vergüenza como Adán y Eva tras el pecado. Una
humanidad, sobre todo, que Él pueda amar y estrechar en comunión consigo,
mediante Su Hijo, en el Espíritu Santo.
¿Que representa, en este proyecto
universal de Dios, la Inmaculada Concepción de María que celebramos? La
liturgia responde a esta pregunta en el prefacio de la Misa del día, cuando
dirigiéndose a Dios canta: En Ella has señalado el «comienzo de la Iglesia,
esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura... Entre todos los
hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad». He aquí, entonces, lo que
celebramos en esta solemnidad en María: el inicio de la Iglesia, la primera
realización del proyecto de Dios, en la que existe como la promesa y la
garantía de que todo el plan irá hacia su cumplimiento: «¡Nada es imposible
para Dios!». María es la prueba de ello. En Ella brilla ya todo el esplendor
futuro de la Iglesia, como en una gota de rocío, en una mañana serena, se
refleja la bóveda azul del cielo. También y sobre todo por esto María es
llamada «madre de la Iglesia».
María no se presenta, en cambio,
sólo como aquella que está detrás de nosotros, al comienzo de la Iglesia, sino
también como quien está ante nosotros «como modelo de santidad para el pueblo
de Dios». Nosotros no hemos nacido inmaculados como, por singular privilegio de
Dios, nació Ella; es más, el mal anida en nosotros en todas las fibras y en
todas las formas. Estamos llenos de «arrugas» que hay que estirar y de
«manchas» que hay que lavar. Es en esta labor de purificación y de recuperación
de la imagen de Dios en la que María está ante nosotros como poderosa llamada.
La liturgia habla de Ella como de
un «modelo de santidad». La imagen es justa, a condición de que superemos las
analogías humanas. La Virgen no es como las modelos humanas que posan,
inmóviles, para dejarse pintar por el artista. Ella es un modelo que obra con
nosotros y dentro de nosotros, que nos lleva la mano al representar las líneas
del modelo por excelencia, suyo y nuestro, que es Jesucristo, para hacernos
«conformes a su imagen» (Rm 8, 29). Es de hecho «abogada de gracia» antes aún
que modelo de santidad. La devoción a María, cuando es iluminada y eclesial, en
verdad no desvía a los creyentes del único Mediador, sino que les lleva hacia
Él. Quien ha tenido la experiencia auténtica de la presencia de María en la
propia vida sabe que ésta se determina por entero en una experiencia de
Evangelio y en un conocimiento más profundo de Cristo. Ella está idealmente
ante todo el pueblo cristiano repitiendo siempre lo que dijo en Caná: «Haced lo
que Él os diga».
Vida Cristiana
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Dios tiene nostalgia de ti: por Santiago Agrelo
Somos de Cristo y esperamos todavía a Cristo. Somos hijos de Dios, y esperamos que llegue el día en que se manifieste lo que somos. Vivimos en el agradecimiento, como quien todo lo ha recibido ya, y decimos «Ven, Señor Jesús», como quien espera aún recibirlo todo.
Nuestra vida transcurre a un tiempo «dentro» y «lejos» de la Jerusalén que es nuestra madre, «dentro» y «lejos» de Cristo en quien fuimos creados y redimidos. Por eso agradecemos y clamamos, hacemos fiesta y suplicamos.
Hoy resonó en nuestra asamblea la palabra del profeta: “Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da”.
En tu pobreza, Iglesia amada de Dios, creías que eras tú sola la que suplicabas, que era sólo tuya la nostalgia de la patria, que a ti sola estaba reservada la pena de la ausencia. Ahora, el profeta te recuerda que la patria tiene nostalgia de ti, que Jerusalén padece por tu ausencia, y que Cristo el Señor, tu creador, tu redentor, también él pide encontrarte. Vendrá a ti tu Señor, vendrá a tu encuentro, a tus caminos, a tu noche. Y sólo porque él te desea y viene hasta ti, hace posible que tú vayas hasta él.
“Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura y contempla el gozo que Dios te envía, Dios se acuerda de ti, Dios traerá a tus hijos con gloria”.
El profeta hablaba de Jerusalén, la ciudad que él vio iluminada por el esplendor de la gloria divina. Pero tú, que hoy has escuchado el antiguo oráculo, te has visto a ti misma, y, obediente a la palabra, subes a la altura de la fe para contemplar desde allí el gozo que te viene de Dios, un gozo tan inesperado y tan grande que te parece soñar.
Hoy subes a la altura y contemplas a tu Señor que viene a ti, humilde, pequeño y pobre como una palabra, como un pan, como un niño.
Hoy subes a la altura, y, por la fe, la esperanza y el amor, recibes al que viene a ti en la humildad de la palabra, del pan y de los pobres.
Hoy, contigo, se pone en pie la Jerusalén del cielo, la ciudad santa, la morada de Dios con los hombres, que al gozo eterno por la presencia de su Señor, une el gozo de verse en esperanza llena de hijos. Su nombre es también tu nombre: «Paz en la justicia, gloria en la piedad».
Ven, Señor Jesús.
Feliz domingo.
Nuestra vida transcurre a un tiempo «dentro» y «lejos» de la Jerusalén que es nuestra madre, «dentro» y «lejos» de Cristo en quien fuimos creados y redimidos. Por eso agradecemos y clamamos, hacemos fiesta y suplicamos.
Hoy resonó en nuestra asamblea la palabra del profeta: “Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da”.
En tu pobreza, Iglesia amada de Dios, creías que eras tú sola la que suplicabas, que era sólo tuya la nostalgia de la patria, que a ti sola estaba reservada la pena de la ausencia. Ahora, el profeta te recuerda que la patria tiene nostalgia de ti, que Jerusalén padece por tu ausencia, y que Cristo el Señor, tu creador, tu redentor, también él pide encontrarte. Vendrá a ti tu Señor, vendrá a tu encuentro, a tus caminos, a tu noche. Y sólo porque él te desea y viene hasta ti, hace posible que tú vayas hasta él.
“Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura y contempla el gozo que Dios te envía, Dios se acuerda de ti, Dios traerá a tus hijos con gloria”.
El profeta hablaba de Jerusalén, la ciudad que él vio iluminada por el esplendor de la gloria divina. Pero tú, que hoy has escuchado el antiguo oráculo, te has visto a ti misma, y, obediente a la palabra, subes a la altura de la fe para contemplar desde allí el gozo que te viene de Dios, un gozo tan inesperado y tan grande que te parece soñar.
Hoy subes a la altura y contemplas a tu Señor que viene a ti, humilde, pequeño y pobre como una palabra, como un pan, como un niño.
Hoy subes a la altura, y, por la fe, la esperanza y el amor, recibes al que viene a ti en la humildad de la palabra, del pan y de los pobres.
Hoy, contigo, se pone en pie la Jerusalén del cielo, la ciudad santa, la morada de Dios con los hombres, que al gozo eterno por la presencia de su Señor, une el gozo de verse en esperanza llena de hijos. Su nombre es también tu nombre: «Paz en la justicia, gloria en la piedad».
Ven, Señor Jesús.
Feliz domingo.
sábado, 1 de diciembre de 2018
Domingo primero de Adviento (2018) Ciclo C. Las venidas de Cristo
Ø Domingo primero de Adviento (2018) Ciclo C. Las venidas de Cristo. Vino por primera vez con su nacimiento, que celebramos en la fiesta de Navidad; vendrá al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos y revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia; está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo: ésta es llamada la venida intermedia, que se repite muchas veces en nuestras vidas si no ponemos obstáculos. Por eso el señor nos pide que vigilemos: «Vigilad para que vuestros corazones no estén embotados [ofuscados, adormecidos]» (Lucas 21, 34). Toda venida de Cristo es una llamada a la conversión y a la vigilancia.
v Cfr. I Domingo
de Adviento, Año C
2 diciembre 2018
Jeremías 33, 14-16; Sal 25 (24); 1 Tesalonicenses
3, 12 – 4,2; Lucas 21, 25-28.34-36
Salmo responsorial Salmo 25 (24) 4-5. 8-9. 10
y 14. (R.: 1B)
A ti, Señor, levanto mi
alma
(Salmo responsorial 24,1B)
Lucas
21, 25-28.34-36: 25 «Habrá
señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia
de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, 26 muriéndose
los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo;
porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. 27 Y entonces verán venir al
Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando empiecen a suceder
estas cosas, cobrad ánimo y levantad la
cabeza porque se acerca vuestra liberación.» 34 «Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por el libertinaje, la
embriaguez y los afanes de esta vida, y
aquel día no sobrevenga de improviso sobre vosotros, 35 porque caerá como
un lazo sobre todos aquellos que habitan en la faz de la tierra. 36 Vigilad orando en todo tiempo, a fin de que
podáis evitar todos estos males que van a suceder, y podáis comparecer
delante del Hijo del hombre.»
1
Tesalonicenses 3,12-4,2: 12 Hermanos, que el Señor os colme y os haga
rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a
vosotros; 13 y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis
ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor
Jesús con todos sus santos. 4 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos
en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para
agradar a Dios; pues comportaos así y seguid adelante. 2 Pues ya conocéis las
instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.
Salmo 25
(24): R. A ti,
Señor, levanto mi alma. 4 Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas. 5 Hazme caminar en tu fidelidad, instrúyeme, pues Tú eres mi Dios salvador.
8 El
Señor es bueno y recto; por eso enseña
el camino a los pecadores. 9 Guía a los mansos en la justicia, enseña su camino a los humildes. 10 Las
sendas del Señor son amor y
fidelidad para los que guardan su alianza y sus preceptos. 14 El Señor es
amigo de quienes le temen, a ellos les da a conocer su alianza.
«Vigilaos a vosotros mismos,
para que vuestros corazones no estén ofuscados por el libertinaje,
por la embriaguez y por los afanes de esta vida,
y aquel día no sobrevenga de improviso sobre vosotros.
(Evangelio,
Lucas 21, 34)
Vigilad orando en
todo tiempo.
(Evangelio,
Lucas 21, 36)
1.
En el tiempo litúrgico del
Adviento preparamos la celebración de la Navidad, aniversario de la primera
venida del Señor. Pero, además, queremos prepararnos
para acoger al Señor que se hace presente en
nuestra vida en cualquier momento
si no ponemos obstáculos, si nuestros corazones no están ofuscados.
v
A) Así como Cristo vino una vez al mundo en la
carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para
habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si
nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
Cfr. San
Carlos Borromeo (1538-1584), Arzobispo
de Milán, en las Cartas Pastorales, Acta
Ecclesiae
Mediolanensis, t. 2, Lyon 1683, 916-917.
o
La venida de Cristo no sólo
aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia
continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los
sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta
conforme a sus mandamientos.
La Iglesia
celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros [el
misterio de
la Navidad], exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez
nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el
tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica
si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos
prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
La Iglesia desea vivamente
hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo
en
la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para
habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si
nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
(…).
v
B) La venida intermedia (en cualquier momento de
nuestra vida). Es como una senda por la que se pasa de la primera venida
(nacimiento de Jesús) a la última (al final de los tiempos).
Cfr. San Bernardo (1090-1153), Sermón 5 en el
Adviento del Señor, 1-3
§ Y
para que nadie piense que es pura invención lo que estamos diciendo de esta
venida intermedia, oídle a él mismo: El que me ama - nos dice- guardará
mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él (Juan 14, 23).
- La intermedia, en cambio, es oculta, y
en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí
mismos,
y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino
en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en
gloria y majestad.
Esta venida intermedia es como una senda por la que
se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención;
en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y
nuestro consuelo.
Y para que nadie piense que es pura invención lo que
estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a él mismo: El que me ama - nos dice- guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y
vendremos a él (Juan 14, 23). He
leído en otra parte: El que teme a Dios
obrará el bien (Sirácida 15,1); pero
pienso que, se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla?
En el, corazón, sin duda alguna, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti (Salmo
118,11) .
Así es cómo has de cumplir la palabra de Dios,
porque son dichosos los que la cumplen. Es como si la palabra
de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu
conducta. Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento
sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva
árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.
Si es así cómo guardas la palabra de Dios, no cabe
duda que ella te guardará a ti. El Hijo vendrá a ti en compañía del Padre,
vendrá el gran Profeta, que renovará Jerusalén, el que lo hace todo nuevo. Tal
será la eficacia de esta venida, que nosotros,
que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre
celestial (1 Corintios 15, 49). Y así
como el viejo Adán se difundió por toda la humanidad y ocupó al hombre entero,
así es ahora preciso que Cristo lo posea todo, porque él lo creó todo, lo
redimió todo, y lo glorificará todo.
v
C) Algunos números del Catecismo acerca de la
venida de Cristo al final de los tiempos.
·
n. 681: El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo
vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo
definitivo del bien sobre el
mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la
historia.
·
n. 682: Cristo glorioso, al venir al final de los
tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la
disposición secreta de los
corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su
rechazo de la gracia.
v
D) Toda venida de Cristo es una llamada a la conversión y a la
vigilancia
o
El Señor advierte que, para detectar
su presencia, y escucharle y acogerle,
hay que vigilar, procurando que nuestro corazón no esté ofuscado [«pesado»].
§
Evangelio de hoy, vv. 34-36:
·
«Guardaos de que no se hagan pesados [no estén
ofuscados] vuestros corazones por el libertinaje,
por la embriaguez y por las preocupaciones [los afanes] de esta vida, y venga aquel día de improviso
sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la
faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis
fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis comparecer ante el
Hijo del hombre.»
§ Podemos
entender qué es un corazón pesado, ofuscado, embotado, recordando otros dos textos del Evangelio
a) Cfr. Lucas 8,14:
Lo
que cayó [semilla] entre espinos son los
que oyeron, pero en su caminar se ahogan
a causa de las
preocupaciones, riquezas
y placeres de la vida y no llegan a dar fruto.
b) Cfr. Lucas 12, 13-21:
13 Uno de la gente le dijo:
«Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» 14 Él le
respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre
vosotros?» 15 Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun
en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.» 16 Les dijo
una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y
pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi
cosecha?" 18 Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y
edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, 19 y diré a mi alma: Alma,
tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe,
pásalo bien." 20 Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma
noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?"
21 Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios».
o
En la raíz de un corazón
pesado u ofuscado, está:
·
el vivir el presente como
si fuese definitivo; sobre todo cuando nos parece que están en nuestra mano
todas las metas que tenemos en nuestra
cabeza;
·
sobre todo cuando tenemos
la sensación de que nada nos falta; o pensamos que todo está en regla;
·
y como consecuencia ya no
esperamos en el Señor.
v
E) Las dificultades que llevan a no acoger al
Señor en nuestra vida son la falta de atención por nuestra parte, el
entorpecimiento de nuestro corazón y nuestra mente.
§ Algunos
hechos que entorpecen (ofuscan) nuestra mente, nuestro corazón, nuestra
conciencia.
·
Se podría concluir que, los peligros para nuestra salvación, no derivan tanto de los trastornos exteriores
- véanse en el evangelio de hoy, en los versículos 25-26, las catástrofes anunciadas -, como de la falta de atención y de la pereza
en las condiciones normales de nuestra vida. Debemos tener miedo más que de la
catástrofe final del entorpecimiento de la mente a lo largo de la vida.
Podemos recordar
algunos ejemplos que llevan al entorpecimiento de la mente a lo largo de la vida,
que se pueden describir, de modo esquemático, así:
a) Tener una vida
sentimental sin discernimiento; no olvidemos que todo consumo superficial de
sentimientos nos hace frágiles. Deberíamos aprender a reconocer el significado
de nuestras emociones y de nuestros impulsos:
b) No percibir el
influjo en nuestra vida de la tibieza, que nos aleja de las manifestaciones
rectas y maduras del amor, con la consiguiente caída en el individualismo, en
la instrumentalización de la vida de los demás;
c) La ausencia
prolongada de la capacidad de percibir las amistosas llamadas del Señor a la
puerta de nuestras vidas. Véase el conocido texto del Apocalipsis (3,20): “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”;
d) El descuido en nuestra vida de la importante
práctica cristiana del examen diario de conciencia, durante unos pocos minutos.
He aquí unas palabras certeras de Papa Francisco acerca de este examen : “¿Cómo es nuestro modo de vivir? ¿Vivimos como hijos o
como esclavos? ¿Vivimos como personas bautizadas en Cristo, ungidas por el
Espíritu, rescatadas, libres? ¿O vivimos según la lógica mundana, corrupta,
haciendo lo que el diablo nos hace creer que es nuestro interés?”. “Del examen de
conciencia depende, para los cristianos, la calidad de nuestro obrar, de
nuestro vivir, de nuestra presencia en la ciudad, de nuestro servicio al bien
común, de nuestra participación en las instituciones públicas y eclesiales”. (Homilía durante el Te Deum de acción de gracias al final del año 2014, 31 de diciembre).
2.
«Preparad los caminos del Señor»: la
imagen del Salmo responsorial de hoy, salmo 25 (24).
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo
le Scrittura Anno C Piemme 1999 I Domenica di Avvento, pp. 14-15
v
No todos los caminos son iguales: existe el
camino del bien y el camino del mal, el de la paz y el del odio ... pp.
14-15
·
“«Todo sendero,
en cuanto camino de la investigación humana, es al mismo tiempo camino y desvío,
progreso y extravío». Es
uno de los mayores filósofos del novecientos, el alemán M. Heidegger quien, con
esta frase, nos ayuda a descubrir este símbolo del adviento, el del camino: en
efecto, es conocido el grito del Bautista « ¡Preparad sus caminos!». La imagen
del camino que hay que recorrer incide en el salmo responsorial de hoy, sacado de una súplica muy ferviente en el
salmo 25 (24). Es suficiente con que nos
paremos en los vocablos: «tus caminos, tus senderos, guíame [1], el camino recto, mostrar, enseñar los caminos …»
La Biblia repite con insistencia que no todos los caminos
son iguales: existe el camino del bien, de la vida y de la paz y el camino del
mal, de la muerte y del odio; existe el camino ancho y fácil pero del final
trágico, y el áspero y estrecho que sube hasta el esplendor de Dios.
El
salmista pide a Dios que le guíe sobre el camino justo para no despistarse en
el desierto. Es una oración también necesaria para nosotros, frecuentemente
tentados por tantas desviaciones del camino maestro de la verdad y de la
justicia, con frecuencia privados de una estrella polar para caminar en la
noche de nuestras dudas, a menudo bloqueados por obstáculos aparentemente
insuperables que nos obligan a paradas
y bandazos. Una grande mística musulmana
del siglo octavo, Rabía, rezaba así: «Dios mío, yo me refugio en ti para
defenderme de todo lo que me desvía de ti, de toda barrera que se interpone
entre tú y yo, y cancela tu horizonte en mi camino».
v
Unas palabras del Señor en imperativo para el
Adviento: «Levantad la cabeza [2],
estad atentos, vigilad, rezad». Una meditación sobre el tiempo y su valor.
Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le
Scrittura Anno C Piemme 1999 I Domenica di
Avvento, pp. 16-18.
o
Una imagen sobre el tiempo
·
“El conocido
escritor argentino Jorge L. Borges, muerto en 1986, tiene un verso fulgurante
que
señalamos en la apertura
del nuevo año litúrgico que se inaugura hoy con el Adviento: «No hay un
instante de la vida que no esté cargado como un arma». Todo fragmento de tiempo
está, en sí, rico de fecundidad y de mal, está lleno de fuerza como una semilla
pero también como un explosivo peligroso de manejar. El texto del evangelio de
hoy, leído tantas veces como un
pronóstico apocalíptico del fin del mundo, en realidad es una meditación
sobre el tiempo y su valor.
Por un lado, en
efecto, se trata de descripciones con imágenes que apreciaban los
contemporáneos de Jesús sobre los «signos de los tiempos». Imágenes que,
precisamente, están «cargadas como un arma», capaces de generar tensión, de
inducir a la urgencia, de atraer la atención.
o
Cómo el hombre debe acoger el
tiempo: «Levantad la cabeza, estad atentos, vigilad, rezad»
Por
otra parte, en cambio, estamos ante la representación del modo con que el
hombre debe acoger el
tiempo. Precisamente queremos fijar nuestra mirada
sobre este mensaje del Jesús. Hay una secuencia de imperativos semejantes: «Levantad la cabeza, estad
atentos. vigilad, rezad». El cristianismo no es una especie de dulcificante
para poner en las amarguras de la vida sino que es como un toque de trompeta
que turba el entorpecimiento nocturno y el gris de la indiferencia.
§ El
reconocimiento del carácter «inquietante» de la Palabra de Dios
Debemos reconocer con más
frecuencia el carácter «inquietante» de la Palabra de Dios, su ser espada y
martillo, su ser sal y
lluvia, por usar algunos conocidos símbolos bíblicos. Amós, el profeta agricultor del siglo VIII
a.C., declaraba (3, 6.8; 1,2): « ¿Si suena la trompeta en la ciudad, no se
alarmará el pueblo? Ruge el león: ¿quién
no temerá? Habla el Señor Dios: ¿quién no profetizará?».
§ Cuando
nuestra religiosidad es soporífera.
Con demasiada frecuencia nuestra religiosidad es soporífera, no conoce el «imperativo» sino
solo un descontado «indicativo», no nos lleva a «alzar la cabeza» para
reflexionar y para decidir. La espera que el Adviento suscita tiene también esta finalidad: introducir
una espiritualidad del día y de la vigilancia y eliminar una actitud
de reposo y de oscuridad. «He venido a arrojar un fuego
sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!».
§ Cuando la conciencia está vacía, inerte. En el
interior del vicio, de la agitación frenética, del gozo ciego, se esconde una
especie de muerte del espíritu.
El espíritu somnoliento y
tenebroso es representado por Jesús sustancialmente con dos ejemplos que no son
evidentes totalmente en una primera lectura. Por un lado las disipaciones y las borracheras y por
el otro los afanes de la vida son, a primera vista, signo de una existencia
movida, llena de actividad, de placer o de miedo, pero ciertamente no
adormecida. Pero en realidad anublan la
mente y el corazón, vuelven vacía e inerte la conciencia, encierran al hombre
en la prisión del egoísmo. En el
interior del vicio, de la agitación frenética, del gozo ciego, se esconde una
especie de muerte del espíritu. Como dice un texto de los salmos, adorando a
los ídolos, que son cosas muertas, nos convertimos semejantes a ellos: «son
como ellos todos los que en ellos confían»» (115, 8).
§ La vigilancia es necesaria para comparecer
delante del Hijo del Hombre en el «día del Señor».
El cristiano debe salir de esta telaraña de
superficialidad y de banalidad porque está a la espera de una persona, de un
día y de un evento, la persona de Cristo: (v. 36) «Vigilad para que tengáis la fuerza de comparecer delante del Hijo del
hombre».
El día es el del juicio que
Jesús describe con la imagen del lazo: como los pájaros y las otras presas
animales caen sin darse cuenta en la red preparada, así sucederá a los impíos
que se encontrarán implicados en «el día del Señor».
Vida Cristiana
[1] Cfr. Temi di predicazione – Omelie, I Domenica
di Avvento, Ciclo C , 6/2009 p. 17: “Según la mentalidad bíblica, la verdad no
es una serie de nociones que hay que aprender, sino una relación en la que hay
que entrar, es el vínculo con el Señor, roca estable sobre la que se ha de
encontrar el agarradero y el fundamento de la propia existencia. El vocablo
«verdad» lleva consigo la imagen de la roca sobre la que nos apoyamos y
encontramos estabilidad. La verdad, roca firme de nuestra vida, es la Palabra
fiel de Dios, que se inclina sobre nosotros, y «quiere salvar a todos los
hombres». El Señor que guía en la
verdad, dice el Salmo 24, guía a los humildes según la justicia, enseña a los
pobres sus caminos. Hace entrar a los humildes y a los pobres en una relación
en la que descubren que Dios es el
primer «justo», porque es «fiel» y no falla en sus promesas”.
[2] Nota de la redacción de
Vida Cristiana. “Alzad la cabeza”: las
peticiones al Señor del salmo responsorial de hoy, manifiestan bien el
contenido de ese “alzad la cabeza”; muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas. 5 Hazme caminar en tu fidelidad, instrúyeme, pues Tú eres mi Dios
salvador.
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