domingo, 19 de noviembre de 2017

Domingo 33 tiempo ordinario Ciclo A ,19 noviembre 2017 Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 127, 1-2.3.4-5; 1 Tesalonicenses 5, 1-6; Mateo 25, 14-30; 1




[Chiesa/Omelie1/TempoStoria/33A17TiempoHistoriaTalentosDonesDiosActividadHumana]

Ø Domingo 33 del Tiempo Ordinario, Ciclo A (2017). El tiempo. La historia. Nuestra vida.  No durmamos como los demás, sino estemos en vela y seamos sobrios (2ª Lectura). Los dones/talentos que  Dios nos da son un compromiso por parte del hombre, que tiene que hacerlos fructificar. Sabiduría y  necedad. El talento se convierte en símbolo de la acción divina y de la respuesta humana. El Señor nos llama a un vigilante uso de los talentos que Él ha confiado a cada uno de nosotros. No son dignos del Señor quienes, por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo. Los  talentos son los dones que nos da Dios, que tenemos que usar para que den fruto: son un compromiso por parte del hombre. El que escondió el talento recibido inutilizó su existencia. La actividad humana responde al plan de Dios. Esto vale también para todos los trabajos cotidianos. Los deberes cívicos.


v  Cfr. Domingo 33 tiempo ordinario Ciclo A ,19 noviembre 2017

Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 127, 1-2.3.4-5; 1 Tesalonicenses 5, 1-6;
Mateo 25, 14-30; 1

1 Tesalonicenses 5, 1-6: 1 Acerca del tiempo y de las circunstancias, hermanos, no necesitáis que os escriba, 2 porque vosotros mismos sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche. 3 Así, pues, cuando clamen: "Paz y seguridad", entonces, de repente, se precipitará sobre ellos la ruina -como los dolores de parto de la que está encinta-, sin que puedan escapar. 4 Pero vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, de modo que ese día os sorprenda como un ladrón; 5 pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos en vela y seamos sobrios.
Mateo 25, 14-30: El Reino de los Cielos, 14 es también como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. 16 El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. 20 Llegado el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado. 21 Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. 22 Llegado también el que había recibido los dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste, he aquí otros dos que he ganado. 23 Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. 24 Llegado por fin el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo. 26 Le respondió su amo, diciendo: Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo de donde no he esparcido; 27 por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses. 28 Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez. 29 Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 30 En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

No durmamos como los demás,
sino estemos en vela y seamos sobrios
(1 Tesalonicenses 5, 6)

1.    Hay que velar y emplear bien el tiempo de nuestra vida.


v  Vivid como sabios

-          Además de las palabras de hoy de la Carta a los Tesalonicenses, San Pablo insiste, en otras dos Cartas:
·         Efesios 5, 15-17: 15 Fijaos bien cómo vivís; no como necios, sino como sabios. 16 redimiendo [1] el tiempo, porque vienen días malos. 17 Por eso, no os volváis insensatos, sino entended cuál es la voluntad del Señor.
Nuevo Testamento, EUNSA 2004, Comentario a 5, 8-29: (…) “La vida nueva recibida en el Bautismo se caracteriza por la sensatez, frente a la necedad de quienes se empeñan en vivir de espaldas a Dios (cfr. 1 Corintios 1-18). La consecuencia inmediata es hacer buen uso del tiempo que Dios nos da para santificarnos (v. 16).  
·         Colosenses 4, 5: 5 Comportaos sabiamente ante los de fuera, redimiendo el tiempo.

-           El mismo Jesús  nos dice acerca del tiempo de su segunda venida (Marcos 13, 32-36):
32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.  33 Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.34 Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 35 Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: 36 no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!.

-          El salmo 90, el versículo 12, hace una súplica al Señor, ante la brevedad de la vida: “Enséñanos a llevar
buena cuenta de nuestros días, para que logremos un corazón sabio”.
San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 52: “El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!”.

v  El misterio de la «plenitud de los tiempos».

o   El instante en el que el tiempo se convierte en tiempo de salvación

-          San Juan Pablo II, Enc. “Redemptoris Mater”, 25 de marzo de 1987, n. 1: “Esta plenitud
delimita el momento, fijado desde toda la eternidad, en el cual el Padre  envió a su Hijo « para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna » (Jn 3, 16). Esta plenitud señala el momento feliz en el que « la Palabra que estaba con Dios ... se hizo carne, y puso su morada entre nosotros » (Jn 1, 1. 14), haciéndose nuestro hermano”.  Esta misma plenitud señala el momento en que el Espíritu Santo, que ya había infundido la plenitud de gracia en María de Nazaret, plasmó en su seno virginal la naturaleza humana de Cristo. Esta plenitud define el instante en el que, por la entrada del eterno en el tiempo, el tiempo mismo es redimido y, llenándose del misterio de Cristo, se convierte definitivamente en « tiempo de salvación ».


2.    De una homilía de Juan Pablo II, sobre la parábola de los talentos, dones que Dios nos da  para que le demos gloria y hagamos el bien a los demás.

       En la Parroquia de Santa María de la Salud, en Roma (15-XI-1981).

v  El Señor nos llama a un vigilante uso de los talentos que Él ha confiado a cada uno de nosotros.

o   No son dignos del Señor quienes, por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo.

-          El Señor “nos llama a un vigilante y dinámico uso de los talentos que el Señor ha confiado a cada uno de
nosotros, y a ser generosos en la correspondencia a las gracias y a los dones que Él nos destina. Por esto, no son dignos del Señor la comunidad o el individuo que por miedo de comprometerse, se cierran en sí mismos y se desentienden de las realidades de este mundo. Precisamente en el Evangelio tenemos la actitud típica del que no hace fructificar los dones recibidos: "Señor sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra" (Mt 25,24-25). (…) El Señor de la parábola reprueba el comportamiento de ese siervo. Es un siervo negligente y holgazán, que no ha utilizado en absoluto su dinero, no lo ha explotado, sino que sin más lo ha desperdiciado. Y he aquí lo que dice el Señor: "Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene" (Mt 25,28-29). (…)

o   No nos podemos contentar con conservar los talentos y, mucho menos, dejarlos infructuosos.

Efectivamente, la parábola, insertada como está en el contexto de la parusía, hace pensar en la plenitud del Reino, como premio de una vigilancia que es espera operante y valiente en vista de la cual no nos podemos contentar con conservar el tesoro, mucho menos cuando dejar infructuoso los dones de los diversos talentos es culpa que merece llanto y rechinar de dientes (Mateo 25,30).
Todo esto comporta para cada uno de los cristianos el compromiso de corresponder a la gracia divina en orden a la perseverancia final, y exige también la voluntad de construir un nuevo mundo. (…)

o   El cristiano, instruido por la palabra de Jesús, vive en comunión con Él, vigilando constantemente. Esta espera, para ser auténtica, debe ser operante. Pablo insiste a los Tesalonicenses para que sean activos en el bien: el bien concreto, el de cada día.

  • Por esto, de la liturgia de hoy nace una doble llamada a permanecer en Cristo, como hemos
escuchado en el canto del aleluya: “Sé fiel hasta la muerte, dice el Señor, y te daré la corona de la vida eterna”, y a vigilar según las palabras de San Pablo a los Tesalonicenses. También aquí retorna el tema general del empleo generoso de los talentos, dados por Dios. El cristiano no es aquél que pierde el tiempo discutiendo sobre el día y la hora de la venida del Señor, sino más bien aquél que, instruido por la palabra de Jesús, vive en comunión con Él, vigilando constantemente. Esta espera, para ser auténtica, debe ser operante. Pablo insiste a los Tesalonicenses para que sean activos en el bien: el bien concreto, el de cada día. Se salvarán los que son vigilantes y sobrios, no los que duermen.

o   El Señor vendrá, no solamente al fin del mundo, sino también en nuestro tiempo y en nuestras vicisitudes cotidianas. De aquí nace también nuestra responsabilidad ante el mundo por su paz y su seguridad, por la paz que garantiza el Señor. 

  • Una certeza guía la vida del cristiano y determina su conducta: ¡el Señor vendrá! y no hay
que considerar su venida solamente en términos escatológicos, es decir, la que tendrá lugar al fin del mundo, sino también la que se realiza en nuestro tiempo y en nuestras vicisitudes cotidianas. De aquí nace también nuestra responsabilidad ante el mundo por su paz y su seguridad (cfr. 1 Tesalonicenses 5,3); pero no por “esa paz que reina entre los hombres, infiel, inestable, mudable e incierta..., sino por la paz que proviene de Jerusalén”, como explica San Agustín (Enarr. in Ps., 127,16), esto es, por la paz que garantiza el Señor. (…)

3.    Los  talentos son los dones que nos da Dios, que tenemos que usar para que den fruto: son un compromiso por parte del hombre.

        Cfr. Gianfranco Ravasi. Secondo le Scritture, Anno A, Piemme 1995, domingo 33 del Tiempo Ordinario, pp. 304-
        306.
- En el Evangelio el Señor habla de un hombre que dio sus bienes, al emprender un viaje, a sus siervos para que los hiciesen fructificar. El talento, desde el punto de vista monetario son 6.000 denarios; y el denario era, más o menos, la paga diaria de un jornalero. Por tanto un talento equivalía al salario de 17 años.

v  El don de Dios de los talentos se transforma en un compromiso, en unidad de medida de una auténtica religiosidad.

- “Como los siervos de los dos y de los cinco talentos, también nosotros hemos sido llamados a no considerar nunca los dones de Dios como frías piedras preciosas sino como simiente para plantar y cultivar para que llegue a ser espiga o árbol. Un celebre dicho del místico islámico medieval al-Ghazali recuerda que la fe tiene tres dimensiones: «es palabra con la boca, es verdad con el corazón, es obra con los hechos»”.
- “Dios irrumpe con sus dones, diversos para cada hombre. Es la oferta de un tesoro, es el ingreso del Reino de Dios en el mundo. Y con ello nos damos cuenta de una segunda dimensión, la más común y popular: el don se transforma en un compromiso. El talento no es una perla que hay que custodiar celosamente en un cofre, sino que es una moneda que debe crecer y fructificar produciendo «el ciento, o el sesenta o el treinta» (Mateo 13,23). El talento se convierte, entonces, en unidad de medida de una auténtica religiosidad: no se complace en considerar la gracia y todos los dones divinos como una fría posesión sino como un compromiso exigente y caluroso”.

v  El talento se convierte en símbolo de la acción divina y de la respuesta humana.

-          “El talento se convierte en símbolo de la gracia y de la fe, es decir de la acción divina y de la respuesta
humana, es el modelo o ejemplo de una genuina religiosidad que compromete todo el ser del hombre en su diálogo con el Señor que lo llama a participar en la construcción de su Reino”.  (…)

4.    El que escondió el talento recibido inutilizó su existencia

-          Cfr. Amigos de Dios, 45. Consideremos ahora la parábola de aquel hombre que, yéndose a lejanas
tierras, convocó a sus criados y les entregó sus bienes (Mateo 25,14). A cada uno le confía una cantidad distinta, para que la administre en su ausencia. Me parece muy oportuno fijarnos en la conducta del que aceptó un talento: se comporta de un modo que en mi tierra se llama cuquería. Piensa, discurre con aquel cerebro de poca altura y decide: fue e hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor (Mateo 25, 18).
            ¿Qué ocupación escogerá después este hombre, si ha abandonado el instrumento de trabajo? Ha decidido irresponsablemente optar por la comodidad de devolver sólo lo que le entregaron. Se dedicará a matar los minutos, las horas, las jornadas, los meses, los años, ¡la vida! Los demás se afanan, negocian, se preocupan noblemente por restituir más de lo que han recibido: el legítimo fruto, porque la recomendación ha sido muy concreta: negotiamini dum venio (Lucas 19,13); encargaos de esta labor para obtener ganancia, hasta que el dueño vuelva. Este no; éste inutiliza su existencia.

5.    La vocación del hombre a la vida eterna: el Reino de Dios y su influjo en la tierra. La actividad humana y el reino de Dios.


v  Catecismo de la Iglesia Católica: la vocación del hombre a la vida eterna

o   La vocación del hombre a la vida eterna refuerza su deber de poner en práctica los medios recibidos del Creador, para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

·         n. 2820: Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino
de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (Cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31).

o   El progreso terreno interesa mucho al Reino de Dios, aunque haya que distinguir el progreso terreno del Reino de Cristo.

·         n. 1049: «No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la
preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios» (GS 39, 2).

v  Concilio Vaticano II, Constitución «Gaudium et spes»: la actividad humana y el reino de Dios

o   La actividad humana responde al plan de Dios. Esto vale también para todos los trabajos cotidianos. 

·         n. 34. Los creyentes tienen como cierto que la actividad humana, individual y colectiva, o sea, el gran
esfuerzo con que los hombres de todos los tiempos procuran mejorar las condiciones de su vida, considerado en sí mismo, responde al plan de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, ha recibido el mandato de someter la tierra con todo cuanto contiene, para así regir el mundo en justicia y santidad [Cf. Génesis 1, 26-27; 9, 2-3; Sabiduría 9, 2-3], reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, ordenando a Él su propia persona y todas las cosas, de tal modo que el nombre de Dios sea glorificado en toda la tierra, por la subordinación de todas las cosas al hombre [Salmo 8,7.10].
            Y esto vale también para todos los trabajos cotidianos, porque los hombres y mujeres que con el propio trabajo se procuran para sí y para su familia el sustento necesario, ejercitando un servicio conveniente a la sociedad, tienen derecho a pensar que con sus labores desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen personalmente a la realización del plan providencial de Dios en la historia [Cf. Juan XXII, e. PT 1.c., 297]. (...)
            ... el mensaje cristiano, lejos de apartar a los hombres de la edificación del mundo, o hacerles despreocuparse del bien ajeno, les impone el deber de hacerlo con una más estrecha obligación. .
·         n. 35.. (...), norma de la actividad humana es que, según el plan y voluntad divinos, ha de estar de
acuerdo con el auténtico bien de la humanidad, permitiendo al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar su vocación y cumplirla íntegramente.

o   Cristo, por el Espíritu Santo opera en el corazón de los hombres animando, purificando, fortaleciendo .... las generosas aspiraciones por las que intentamos hacer más humana esta vida.

·         n. 38. (...) Proclamado Señor por su resurrección, Cristo, a quien se ha dado todo el poder en el cielo y en
la tierra [ Hechos 2,36; Mateo 28,18.] opera ya en el corazón de los hombres mediante la virtud del Espíritu, no sólo suscitando el deseo del mundo futuro, sino animando, purificando y fortaleciendo, al mismo tiempo, las generosas aspiraciones con que la familia de los hombres intenta hacer más humana su propia vida, y someter a toda la tierra en orden a dicha finalidad.  

o   La esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra.

·         n. 39. Ignoramos tanto el tiempo en que la tierra y la humanidad se consumarán [ Cf. Hechos 1,7.], como
la forma en que se transformará el universo. Pasa ciertamente la figura de este mundo, deformada por el pecado [Cf. 1 Corintios 7,31; S. Ireneo. Adv. haer. 5, 36 PG 7, 1222.]. Pero sabemos por la revelación que Dios prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia [ Cf. 2 Corintios 5,2; 2 Pedro 3,13], y cuya bienaventuranza saciará y superará todos los anhelos de paz que ascienden en el corazón de los hombres . Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios serán resucitados en Cristo, y lo que se sembró en debilidad y corrupción se revestirá de incorrupción[ Cf. 1 Corintios 15,42.53]; y, subsistiendo la caridad y sus obras[ Cf. 1 Corintios 13,8; 3,14], serán liberadas de la esclavitud de la vanidad todas aquellas criaturas [Cf. Romanos 8,19-21] que Dios creó precisamente para servir al hombre.
            Y ciertamente se nos advierte que de nada sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo [Cf. Lucas 9,25]. Mas la esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra, en donde crece aquel Cuerpo de la nueva humanidad que puede ya ofrecer una cierta prefiguración del mundo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir con sumo cuidado entre el progreso temporal y el crecimiento del Reino de Cristo, el primero, en cuanto contribuye a una sociedad mejor ordenada, interesa en gran medida al Reino de Dios[ Cf. Pío XI, e. QA l. c., 207]

6.    Los deberes cívicos


v  Un error frecuente aun entre católicos que parecen responsables y piadosos.


-          San Josemaría, Carta 9-I-1932, n. 46 (en J.L.Illanes, La santificación del trabajo, p. 116, nota 76) :«Es
frecuente, aun entre católicos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que solo están  obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren oír hablar de deberes cívicos: No se trata de egoísmo; es sencillamente falta de formación, porque nadie les ha dicho nunca claramente que la virtud de la piedad - parte de la virtud cardinal de la justicia – y el sentido de la solidaridad cristiana se concretan también en este estar presentes, en este conocer y contribuir a resolver los problemas que interesan a toda la comunidad»

7.    Acerca del trabajo y el siervo malo y perezoso.


-          San Basilio [2], El deber de trabajar. (Reglas más amplias, 37, 1-2). “Igual que el alimento diario es
necesario, también lo es el trabajo cotidiano. No en vano, Salomón ha escrito esta alabanza [de la mujer laboriosa]: el pan que come no es fruto de pereza (Proverbios 31, 27). El Apóstol dice de sí mismo: ni comimos gratis el pan de nadie, sino trabajando día y noche con cansancio y fatiga (2Tesalonicenses 3, 8) a pesar de que, como predicador del Evangelio, tenía derecho a vivir de su predicación. El Señor unió la malicia a la pereza cuando dijo: siervo malo y perezoso (Mateo 25, 26). Y también el sabio Salomón, no sólo alaba a quien trabaja, sino que condena al vago enviándolo junto al animal más pequeño: ¡vete donde la hormiga, perezoso!, le dice (Proverbios 6, 6). Por tanto, hemos de temer que estas palabras nos sean dirigidas en el día del juicio, porque quien nos ha dado energías para trabajar exigirá que nuestras obras sean proporcionales a esas fuerzas. A quien mucho se le ha dado, mucho le será exigido (Lucas 12, 48) (...)

8.    Encontrar el tiempo

Gianfranco Ravasi, en Avvenire, 12 Novembre 2006
En una “Antigua balada irlandesa”

Encuentra el tiempo para reflexionar porque es fuente de energía. Encuentra tiempo para el juego: es el florecer de la juventud. Encuentra el tiempo para los libros, fundamento del saber. Encuentra el tiempo de ser amable: es un camino para la felicidad. Encuentra el tiempo para soñar: subirás hasta las estrellas. Encuentra el tiempo para amar y gozarás de la alegría de la vida.  Encuentra el tiempo para rezar: es la música del alma. (…)
            Es  útil hacer resonar en nosotros  un mensaje como éste, sobre todo el domingo, cuando se debería «encontrar el tiempo» para detenerse y reflexionar. Uno de los lugares comunes que llenan las respuestas de todos, también de aquellos que en realidad tienen poco que hacer, es siempre éste: “No tengo tiempo”. A esto nos ha conducido un modelo de vida marcado por la frenesía y lo que queda entre manos es solamente polvo.  
            Los Griegos antiguos sabían distinguir entre el cronos, que es el tiempo “cronológico”, extrínseco, marcado por los relojes, y el  kairós que es en cambio nuestro tiempo, lleno de hechos y de palabras, de emociones y de pasiones, de pensamientos y de decisiones. La balada nos invita precisamente al kairós,  que está hecho de reflexión, de juego, de estudio, de generosidad, de sueños, de amor y de oración. No nos acontentemos con el correr de las horas, de confiar en el puro y simple gotear del chrónos.  Llenémoslo de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestra conciencia de existir, de amar, de obrar, de esperar. Parafraseando un famoso dicho del evangelio, Rabelais en su célebre «Gargantua y Pantragruel» [3] escribía: «Las horas están hechas para el hombre, no el hombre para las horas»


Vida Cristiana



[1] En lenguaje coloquial “redimir” significa “aprovechar”,  hacer “buen uso”  del tiempo.
[2] San Basilio de Cesarea (ca. 330 -1 de enero, 379), llamado Basilio el Magno. Es uno de los cuatro Padres de la Iglesia Griega, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. .
[3] Conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI por François Rabelais.

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