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Ø Domingo 18
del Tiempo Ordinario, Ciclo B (2018). Benedicto XVI, Rezo del Angelus (5 de
agosto de 2012). “Vosotros
me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los
panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el
alimento que permanece para la vida eterna (Evangelio de este domingo).
v
Cfr. Domingo 18 tiempo ordinario, ciclo B, 5 de agosto 2018
v
Cfr. Benedicto XVI, Rezo del Angelus
v
Quiere abrir a un horizonte de la existencia que
no sea simplemente el de las preocupaciones diarias de comer, de vestir, de la
carrera.
v
Jesús invita a no quedarse en el horizonte
puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al horizonte de la fe. Exige
sólo una obra: acoger el plan de Dios, es decir, «creer en el que él ha
enviado» (cf. v. 29).
Ø Domingo 18
del Tiempo Ordinario, Ciclo B (2018). Benedicto XVI, Rezo del Angelus (5 de
agosto de 2012). “Vosotros
me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los
panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el
alimento que permanece para la vida eterna (Evangelio de este domingo).
v
Cfr. Domingo 18 tiempo ordinario, ciclo B, 5 de agosto 2018
Juan 6, 24-35;
Efesios 4, 17-20-24; Éxodo 16, 2-4.12-15
Juan 6, 24-35: 24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí,
ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca
de Jesús. 25 Al encontrarle a la orilla del mar, le
dijeron: « Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí? » 26 Jesús les respondió: « En verdad, en verdad os
digo: vosotros me buscáis, no porque
habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis
saciado. 27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por
el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del
hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello. 28 Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para realizar
las obras de Dios? » 29 Jesús les respondió: « La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado. » 30 Ellos entonces le dijeron: « ¿Qué señal haces para
que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 31 Nuestros padres comieron el maná en el
desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer. » 32 Jesús les respondió: « En verdad, en verdad os
digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el
verdadero pan del cielo; 33 porque el pan de Dios es
el que baja del cielo y da la vida al mundo.» 34 Entonces le dijeron: « Señor, danos siempre de
ese pan. » 35 Les dijo Jesús: « Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el
que crea en mí, no tendrá nunca sed.
El pan de vida:
“Vosotros me
buscáis, no porque habéis visto señales,
sino porque
habéis comido de los panes y os habéis saciado.
Obrad, no por el
alimento perecedero,
sino por el
alimento que permanece para la vida eterna”
(Juan 6, 26-27)
v
Cfr. Benedicto XVI, Rezo del Angelus
Domingo 16 del tiempo ordinario, Ciclo B, 5 de
agosto de 2012
1. Jesús quiere ayudar a la gente a ir más allá de la
satisfacción inmediata de sus necesidades materiales, por más importantes que
sean.
v
Quiere abrir a un horizonte de la existencia que
no sea simplemente el de las preocupaciones diarias de comer, de vestir, de la
carrera.
En la
liturgia de la Palabra de este domingo prosigue la lectura del capítulo sexto
del Evangelio de san Juan. Nos encontramos en la sinagoga de Cafarnaúm donde
Jesús está pronunciando su conocido discurso después de la multiplicación de
los panes. La gente había tratado de hacerlo rey, pero Jesús se había retirado,
primero al monte con Dios, con el Padre, y luego a Cafarnaúm. Al no verlo, se
había puesto a buscarlo, había subido a las barcas para alcanzar la otra orilla
del lago y por fin lo había encontrado. Pero Jesús sabía bien el porqué de
tanto entusiasmo al seguirlo y lo dice también con claridad: «Me buscáis no
porque habéis visto signos (porque vuestro corazón quedó impresionado), sino
porque comisteis pan hasta saciaros» (v. 26). Jesús quiere ayudar a la gente a
ir más allá de la satisfacción inmediata de sus necesidades materiales, por más
importantes que sean. Quiere abrir a un horizonte de la existencia que no sea
simplemente el de las preocupaciones diarias de comer, de vestir, de la
carrera. Jesús habla de un alimento que no perece, que es importante buscar y
acoger. Afirma: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento
que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (v. 27).
2. El centro de la existencia, lo que da sentido y firme
esperanza al camino de la vida, a menudo difícil, es la fe en Jesús, el
encuentro con Cristo.
v
Jesús invita a no quedarse en el horizonte
puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al horizonte de la fe. Exige
sólo una obra: acoger el plan de Dios, es decir, «creer en el que él ha
enviado» (cf. v. 29).
La
muchedumbre no comprende, cree que Jesús pide observar preceptos para poder
obtener la continuación de aquel milagro, y pregunta: «¿Qué tenemos que hacer
para realizar las obras de Dios?» (v. 28). La respuesta de Jesús es clara: «La
obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). El centro de
la existencia, lo que da sentido y firme esperanza al camino de la vida, a
menudo difícil, es la fe en Jesús, el encuentro con Cristo. También nosotros
preguntamos: «¿Qué tenemos que hacer para alcanzar la vida eterna?». Y Jesús
dice: «Creed en mí». La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una
idea, un proyecto, sino de encontrarse con Jesús como una Persona viva, de
dejarse conquistar totalmente por él y por su Evangelio. Jesús invita a no
quedarse en el horizonte puramente humano y a abrirse al horizonte de Dios, al
horizonte de la fe. Exige sólo una obra: acoger el plan de Dios, es decir,
«creer en el que él ha enviado» (cf. v. 29). Moisés había dado a Israel el
maná, el pan del cielo, con el que Dios mismo había alimentado a su pueblo.
Jesús no da algo, se da a sí mismo: él es el «pan verdadero, bajado del cielo»,
él la Palabra viva del Padre; en el encuentro con él encontramos al Dios vivo.
«¿Qué
tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (v. 28) pregunta la
muchedumbre, dispuesta a actuar, para que el milagro del pan continúe. Pero
Jesús, verdadero pan de vida que sacia nuestra hambre de sentido, de verdad, no
se puede «ganar» con el trabajo humano; sólo viene a nosotros como don del amor
de Dios, como obra de Dios que es preciso pedir y acoger.
3. El Señor nos invita a no olvidar que, aunque es necesario
preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más fundamental aún
es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en Aquel que es el
«pan de vida»,
Queridos
amigos, en los días llenos de ocupaciones y de problemas, pero también en los
de descanso y distensión, el Señor nos invita a no olvidar que, aunque es
necesario preocuparnos por el pan material y recuperar las fuerzas, más
fundamental aún es hacer que crezca la relación con él, reforzar nuestra fe en
Aquel que es el «pan de vida», que colma nuestro deseo de verdad y de amor. Que
la Virgen María, en el día en que recordamos la dedicación de la basílica de
Santa María la Mayor en Roma, nos sostenga en nuestro camino de fe.
Vida Cristiana
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