martes, 11 de julio de 2017

El Pan de Vida. Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre más importante, que no puede ser saciada con un alimento ordinario. Se trata del hambre de vida, del hambre de eternidad que solo Él puede apagar, en cuanto pan que da la vida (v. 35). Jesús no elimina la preocupación ni la búsqueda del pan de cada día, que podría hacer la vida más llevadera. Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestro existir terreno está al final, en la eternidad, en el encuentro con Él. Nos recuerda también que la historia humana —con sus sufrimientos y sus alegrías— debe ser vista en un horizonte de eternidad, o sea, en el horizonte del encuentro definitivo con Él.


1 El Pan de Vida. Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre más importante, que no puede ser saciada con un alimento ordinario. Se trata del hambre de vida, del hambre de eternidad que solo Él puede apagar, en cuanto pan que da la vida (v. 35). Jesús no elimina la preocupación ni la búsqueda del pan de cada día, que podría hacer la vida más llevadera. Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestro existir terreno está al final, en la eternidad, en el encuentro con Él. Nos recuerda también que la historia humana —con sus sufrimientos y sus alegrías— debe ser vista en un horizonte de eternidad, o sea, en el horizonte del encuentro definitivo con Él. Cfr. Papa Francisco, Angelus, Domingo, 2 de agosto de 2015, 18 del Tiempo Ordinario, Ciclo B. Evangelio: Juan 6, 24-35 Queridos hermanos y hermanas: en este domingo continúa la lectura del capítulo sexto del Evangelio de Juan. Después de la multiplicación de los panes, la gente se puso a buscar a Jesús y finalmente lo encontraron en Cafarnaúm. Él comprende bien el motivo de tanto entusiasmo por seguirlo y se lo dice con claridad: Vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros (Jn 6,26). En realidad, aquellas personas le siguen por el pan material que el día anterior había aplacado su hambre, cuando Jesús multiplicó los panes; no comprendieron que ese pan, partido para tantos, para muchos, era la expresión del amor de Jesús mismo. Dieron más valor al pan que a su donante. Y ante esa ceguera espiritual, Jesús muestra la necesidad de ir más allá del don, y descubrir, conocer al donante. Dios mismo es el don y también el donante. Y así, de ese pan, de ese gesto, la gente puede encontrar al que lo da, que es Dios. Invita a abrirse a una perspectiva que no es solo la de las preocupaciones diarias del comer, del vestir, del éxito, de la carrera. Jesús habla de otro alimento, habla de un alimento que no es corruptible y que es bueno buscar y acoger. Les exhorta: No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésa es la comida que os dará el Hijo del hombre (v. 27). Es decir, buscad la salvación, el encuentro con Dios. Y con estas palabras nos quiere hacer comprender que, además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre más importante —todos tenemos esa hambre— que no puede ser saciada con un alimento ordinario. Se trata del hambre de vida, del hambre de eternidad que solo Él puede apagar, en cuanto pan que da la vida (v. 35). Jesús no elimina la preocupación ni la búsqueda del pan de cada día; no, no quita la preocupación de todo eso, que podría hacer la vida más llevadera. Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestro existir terreno está al final, en la eternidad, en el encuentro con Él, que es don y donante, y nos recuerda también que la historia humana —con sus sufrimientos y sus alegrías— debe ser vista en un horizonte de eternidad, o sea, en el horizonte del encuentro definitivo con Él. Y ese encuentro ilumina todos los días de nuestra vida. Si pensamos en ese encuentro, en ese gran don y en los pequeños dones de la vida —incluso los sufrimientos—, las preocupaciones se iluminarán por la esperanza de ese encuentro. Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed (v. 35). Y esto es una referencia a la Eucaristía, el don más grande que sacia el alma y el cuerpo. Encontrar y acoger en nosotros a Jesús, pan de vida, da significado y esperanza al camino a menudo tortuoso de la vida. Pero este pan de vida se nos da con una tarea, que es para que podamos a nuestra vez saciar el hambre espiritual y material de los hermanos, anunciando el Evangelio por todas partes. Con el testimonio de nuestro ejemplo fraterno y solidario hacia el prójimo, hagamos presente a Cristo y su amor en medio de los hombres. Que la Virgen Santa nos sostenga en la búsqueda y en el seguimiento de su Hijo Jesús, el pan verdadero, el pan vivo que no se corrompe y dura hasta la vida eterna. 2 Después del Ángelus Hoy se recuerda el Perdón de Asís. Es un fuerte reclamo para acercarse al Señor en el Sacramento de la Misericordia y también para recibir la Comunión. Hay gente que tiene miedo de acercarse a la Confesión, olvidando que ahí no encontramos a un juez severo, sino al Padre inmensamente misericordioso. Es verdad que cuando vamos al confesionario, sentimos un poco de vergüenza. Eso nos pasa a todos, a todos, pero debemos recordar que también esa vergüenza es una gracia que nos prepara al abrazo del Padre ¡que perdona siempre, y siempre lo perdona todo! www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

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