sábado, 24 de junio de 2017

“No tengáis miedo”: Monseñor Agrelo (Arzobispo de Tánger)

Lo dijo Jesús  a sus apóstoles: “No tengáis miedo”.
Lo dijo el que había de ser crucificado a otros que, en aquella hora de sus vidas, aún no sabían que iban a ser crucificados. Y hoy lo dice el Señor resucitado a quienes, celebrando la eucaristía, nos sentamos con él a la mesa de la gracia, escuchamos su palabra, hacemos memoria de su vida, de su éxodo, de su pascua, de su camino de hijo del hombre hacia la casa del Padre.
No tengáis miedo”: Lo dice hoy el Señor al emigrante, al desplazado, a esa multitud de hombres, mujeres y niños que en los caminos de la clandestinidad van dejando a borbotones la sangre de sus vidas.
Se lo dice a los excluidos del bienestar, que se ven obligados a mendigar con humillación un pan que deberían poder ganar, que tienen derecho a ganar con la dignidad del propio trabajo.
Se lo dice a las mujeres, a esa multitud de mujeres para quienes las esperanzas de vivir han quedado reducidas a tristísima certeza de ser explotadas.
Se lo dice a un mundo de niños que aprenderán a sonreír y a confiar sólo si el amor los envuelve en una fantasía de hermosura.
Se lo dice también a los violentos, a todos los que, bajo el velo de una agresividad irracional, esconden la cobardía del odio, el miedo al sinsentido, la angustia de no ser, la insignificancia de sus vidas.
También me lo dice a mí, que soy un pecador, y hago en mi barquilla rota la travesía de la noche.
No tengáis miedo”, pues sois amados. “No tengáis miedo”, pues Dios os ha creado para el amor y para la vida. “No tengáis miedo”, pues el amor de Dios es el insobornable tribunal de apelación contra el mal que acecha vuestras vidas.
No tengáis miedo”: Nos lo dice el Padre que, por amor, nos da a su único Hijo. Nos lo dice el Hijo de Dios con quien hacemos comunión. Nos lo dice el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad que da testimonio de Jesús y que va haciendo plena nuestra comunión con el Hijo de Dios.
Miradlo los humildes y alegraos.
Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos”.
Feliz domingo a todos los amados de Dios.



viernes, 23 de junio de 2017

Tercer Domingo de Pascua, Ciclo C (2016). ¡Jesús el Señor! Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. Para reconocer a Jesús como Señor, es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. Quien hace esa afirmación decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». La afirmación del señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo.


1  Tercer Domingo de Pascua, Ciclo C (2016). ¡Jesús el Señor! Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. Para reconocer a Jesús como Señor, es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. Quien hace esa afirmación decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». La afirmación del señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Juan 21 1 Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así: 2 estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.4 Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús. 5 Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No.6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. 7 Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.9 Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. 10 Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.11 Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y aunque eran tantos no se rompió la red.12 Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor. 13 Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos. [15 Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». 16 Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». 17 Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: « ¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». 19 Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme»].  Cfr. 3º Pascua Ciclo C 10/04/2016 Hechos 5, 27b-32.40b-41; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19 cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme 1999, pp. 115-116; Cfr. Raniero Cantalamessa, El Canto del Espíritu (Meditaciones sobre el Veni Creator), PPC 1999, Cap. XXI pp. 377-391 Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! (Juan 21,7) A. Cuatro comentarios del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la proclamación de que Jesucristo es el Señor, que nos ayudan a entender el contenido de esta proclamación.  1. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Corintios 12,3). • n. 152: No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque "nadie puede decir: 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios...Nadie conoce lo íntimo de 2 Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.  2. Sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demuestran su soberanía divina. • n. 447 El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 109 (Mateo 22,41-46; cf. también Hechos 2, 34-36; Hebreos 1, 13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus apóstoles (Juan 13, 13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.  3. Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación. • n. 448 Con mucha frecuencia, en los Evangelios, hay personas que se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación (Mateo 8, 2; 14, 30; 15, 22, etc.). Bajo la moción del Espíritu Santo, expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús (Lucas 1, 43; 2, 11). En el encuentro con Jesús resucitado, se convierte en adoración: "Señor mío y Dios mío" (Juan 20, 28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: "¡Es el Señor!" (Juan 21, 7).  4. La afirmación del Señorío de Jesús significa también reconocer que el hombre no debe someter la libertad personal a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo. • n. 450 Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (Apocalipsis 11, 15) significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (Marcos 12, 17; Hechos 5, 29). " La Iglesia cree.. que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Señor y Maestro" (Gaudium et spes 10, 2; 45, 2). B. Ciertamente no es fácil creer.  a) La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano. o Hay que recorrer el camino de la fe, que no está privado de signos sensibles, como el de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes» del Evangelio de hoy. • Cfr. G. Ravasi, o.c. p. 118: “La falta de reconocimiento del Cristo resucitado, se da constantemente en las apariciones pascuales: es clamoroso el caso de María Magdalena que confunde a Cristo con el hortelano. Por tanto, hay que recorrer un camino diverso para encontrar y reconocer a Cristo glorioso. Ese camino no puede seguir siendo el de la simple costumbre familiar, el de los ojos y los sentimientos, sino que es el camino de la fe. Un camino que, sin embargo, no está privado de signos comprensibles: como en el caso de la pesca milagrosa con sus «153 peces grandes». También en este dato cuantitativo probablemente no se esconden grandes secretos, no obstante las muy agudas y frenéticas investigaciones de los lectores del Evangelio de todos los siglos, sino, sencillamente, un recuerdo histórico y ocular. Y es precisamente a partir de este signo cuando la narración de Juan empieza a orientarse hacia una dimensión más alta y completa. (...) Pedro reconoce a su Señor y se echa al agua y se dirige hacia él con todo el impulso de su amor”. Cfr. Gianfranco Ravasi o.c. pp. 115-116  b) Juan Pablo II, Carta Novo millennio inneunte, 6 de enero de 2001 o Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús y Tomás n. 19. « Los discípulos se alegraron de ver al Señor » (Jn 20,20). El rostro que los Apóstoles contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido unos tres años, 3 y que ahora los convencía de la verdad asombrosa de su nueva vida mostrándoles « las manos y el costado » (ibíd.). Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron sólo después de un laborioso itinerario del espíritu (cf. Lc 24,13-35). El apóstol Tomás creyó únicamente después de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel rostro. Ésta era una experiencia que los discípulos debían haber hecho ya en la vida histórica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sentían interpelados por sus gestos y por sus palabras. o Cómo llega Pedro a la fe A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús les pregunta quién dice la « gente » que es él, recibiendo como respuesta: « Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas » (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante aún —¡y cuánto!— de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensión religiosa realmente excepcional de este rabbí que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad, ¡Jesús es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que atañe al nivel profundo de su persona, lo que él espera de los « suyos »: « Y vosotros ¿quién decís que soy yo? » (Mt 16,15). Sólo la fe profesada por Pedro, y con él por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al corazón, yendo a la profundidad del misterio: « Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo » (Mt 16,16). o Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre. • Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento auténtico, fiel y coherente de ese misterio. n. 20. ¿Cómo llegó Pedro a esta fe? ¿Y qué se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez más convencido sus pasos? Mateo nos da una indicación clarificadora en las palabras con que Jesús acoge la confesión de Pedro: « No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos » (16,17). La expresión « carne y sangre » evoca al hombre y el modo común de conocer. Esto, en el caso de Jesús, no basta. Es necesaria una gracia de « revelación » que viene del Padre (cf. ibíd.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma dirección, haciendo notar que este diálogo con los discípulos se desarrolló mientras Jesús « estaba orando a soalas » (Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: « Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad » (Jn 1,14).  c) Para reconocer al Señor es necesario ser amigo suyo: los amigos de Dios en el AT y en el NT: • S.A. Panimolle, Amor, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Ed, Paulinas 1990: c) Los amigos de Dios. En el pueblo de Dios algunas personas en particular son amadas por el Señor porque desempeñan una misión salvífica y han amado con todo el corazón a su Dios, adhiriéndose a él por completo, escuchando su voz y viviendo su palabra: tales son los padres de .Israel, Moisés, los justos, el rey David; se les llama amigos de Dios. Abrahán es el primer padre de Israel, presentado como amigo del Señor(2Ch 20,7 Is 41,8 Da 3,35 Jc 2,23). Dios conversó afablemente con este siervo suyo y le manifestó sus proyectos, lo mismo que se hace con un amigo íntimo (Gen 18,17ss). También Benjamín fue considerado de tal modo porque fue amado por el Señor (Dt 33,12). / Moisés es otro gran amigo de Dios: hablaba con él cara a cara, lo mismo que habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Moisés fue amado por Dios y por los hombres; su memoria será bendita (Si 45,1); en efecto, él fue el gran mediador de la revelación del amor misericordioso del Señor (Ex 34,6s; Núm 14,18s; Dt 5,9s). También / Samuel fue amado por el Señor (Si 46,13), lo mismo que / David y Salomón (2 S 12,24 lCrón 2S 17,16 [LXX]; Si 47,22 Ne 13,26), y lo mismo el siervo del Señor (Is 48,14). Finalmente, todos los hombres fieles y piadosos son amigos de Dios (Ps 127,2). 4 En el NT los amigos de Dios y de su Hijo son los creyentes (cf 1 Tes 1,4; 2Th 2,13 Col 3,12), y de manera especial los apóstoles y los primeros discípulos, que son amados por el Padre y por Jesús (Jn 14,21 Jn 17,23). Pero es preciso merecer esta amistad divina, observando y guardando la palabra del Hijo de Dios (Jn 14,23s), es decir, creyendo vitalmente en él (Jn 17,26). En el grupo de los primeros seguidores de Cristo hay uno que es designado especialmente por el cuarto evangelista como "el discípulo amado", es decir, el amigo de Jesús (Jn 21,7 Jn 21,20), que se reclinó sobre el pecho del maestro (Jn 13,23), es decir, vivió en profunda intimidad con el Hijo de Dios, lo siguió hasta el Calvario (Jn 18,15 19,26s) y lo amó intensamente (Jn 20,2-5). ( Diccionario RAVASI 153) 3. Importancia del reconocimiento de Jesucristo como «Señor». Cfr. Raniero Cantalamessa, o.c.  Quien pronuncia esa proclamación, es como si dijese: «Tú eres mi Señor, me someto a ti, te reconozco como como mi salvador». • Desde el punto de vista subjetivo - es decir, en lo que depende de nosotros - la fuerza de esa proclamación está en que supone también una decisión. Quien la pronuncia decide sobre el sentido de su vida. Es como si dijera: «Tú eres mí Señor; yo me someto a ti, te reconozco libremente como mi salvador, mi jefe, mi maestro, aquel que tiene todos los derechos sobre mí». (…) 4- Anunciar, dar testimonio, adorar Cfr. Papa Francisco, Homilía, Domingo 3º de Pascua, 14 de abril de 2013  Anunciar o Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. • No los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. • En la Primera Lectura llama la atención la fuerza de Pedro y los demás Apóstoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio.  Con su vida dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo • Pero demos un paso más: el anuncio de Pedro y de los Apóstoles no consiste sólo en palabras, sino que la fidelidad a Cristo entra en su vida, que queda transformada, recibe una nueva dirección, y es precisamente con su vida con la que dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo. En el Evangelio, Jesús pide a Pedro por tres veces que apaciente su grey, y que la apaciente con su amor, y le anuncia: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21,18). (…) Esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? ¿Tengo el valor de Pedro y los otros Apóstoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada día, los santos «ocultos», una especie de «clase media de la santidad», como decía un escritor francés, esa «clase media de la santidad» de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los Apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un 5 testimonio marcado con el precio de su sangre. Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. (…) Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.  Adorar • (…) Es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como «el Señor». ¡Adorarlo! El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoración: miríadas de ángeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoración ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. Ap 5,11-14). Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. (…) Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia. o Despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. • ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Jesucristo, el Buen Pastor (2016). Los pastores en la Iglesia están al servicio de Jesús. Textos sobre el Buen Pastor en Jesús de Nazaret, de Benedicto XVI. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor. La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer?


1  Jesucristo, el Buen Pastor (2016). Los pastores en la Iglesia están al servicio de Jesús. Textos sobre el Buen Pastor en Jesús de Nazaret, de Benedicto XVI. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor. La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer?  Cfr. 4 Domingo de Pascua Año C EL PASTOR pp. 320-335 A. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La esfera de los libros 2007, CAP. 8 Las grandes imágenes del Evangelio de Juan pp. 261-335 [El agua – la vid y el vino – el pan – el pastor]; B. Benedicto XVI, Spe Salvi, sobre la esperanza Cristiana, n. 6, 30 noviembre 2007  Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, 2007 1. Precedentes de esta imagen de los sinópticos y de Juan • “La imagen del pastor, con la cual Jesús explica su misión tanto en los sinópticos como en el Evangelio de Juan cuenta con una larga historia precedente”.  A. En el antiguo Oriente: apacentar a los débiles es una imagen de la tarea de gobierno p. 321 • “En el antiguo Oriente, tanto en las inscripciones de los reyes sumerios como en el ámbito asirio y babilónico, el rey se considera como el pastor establecido por Dios; el «apacentar» es una imagen de su tarea de gobierno. La preocupación por los débiles es, a partir de esta imagen, uno de los cometidos del soberano justo. Así, se podría decir que, desde sus orígenes, la imagen de Cristo buen pastor es un evangelio de Cristo rey, que deja traslucir la realiza de Cristo”.  B. En el Antiguo Testamento pp. 321-322 o Dios mismo aparece como pastor de Israel  Salmo 23: • “Esta imagen ha marcado profundamente la piedad de Israel y, sobre todo en los tiempos de calamidad, se ha convertido en un mensaje de consuelo y confianza. Esta piedad confiada tiene tal vez su expresión más bella en el Salmo 23: El Señor es mi pastor. «Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo...» (v. 4).  Cfr. Ezequiel capítulos 34-37: • “La imagen de Dios pastor se desarrolla más en los capítulos 34-37 de Ezequiel, cuya visión, recuperada con detalle en el presente, se retoma en las parábolas sobre los pastores de los sinópticos y en el sermón de Juan sobre el pastor, como profecía de la actuación de Jesús. Ante los pastores egoístas que Ezequiel encuentra en su tiempo y a los que recrimina, el profeta anuncia la promesa de que Dios mismo buscará a sus ovejas y cuidará de ellas. «Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra... Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré sestear... Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré» (34, 13.15-16)”. (p. 321) • “Ante las murmuraciones de los fariseos y de los escribas porque Jesús compartía mesa con los pecadores, el Señor relata la parábola de las noventa y nueve ovejas que están en el redil, mientras una anda descarriada, y a la que el pastor sale a buscar, para después llevarla a hombros todo contento y devolverla al redil. Con esta parábola Jesús les dice a sus adversarios: ¿no habéis leído la palabra de Dios en Ezequiel? Yo sólo hago lo que Dios como verdadero pastor ha anunciado: buscaré las ovejas perdidas, traeré al redil a las descarriadas”. (p. 322)  Un pastor que sufre la muerte. Redentor que sufre, pastor que se convierte en cordero (pp. 322-324) 2 • “En un momento tardío de las profecías veterotestamentarias se produce un nuevo giro sorprendente y profundo en la representación de la imagen del pastor, que lleva directamente al misterio de Jesucristo. Mateo nos narra que Jesús, de camino hacia el monte de los Olivos después de la Última Cena, predice a sus discípulos que pronto iba a ocurrir lo que estaba anunciado en Zacarías 13, 7: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño» (Mt 26, 31). En efecto, aparece aquí, en Zacarías, la visión de un pastor «que, según el designio de Dios, sufre la muerte, dando inicio al último gran cambio de rumbo de la historia» (Jeremias, ThWNT VI 487). Esta sorprendente visión del pastor asesinado, que a través de la muerte se convierte en salvador, está estrechamente unida a otra imagen del Libro de Zacarías: «Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron; harán llanto como llanto por el hijo único... Aquel día será grande el duelo de Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Megido... Aquel día manará una fuente para que en ella puedan lavar su pecado y su impureza la dinastía de David y los habitantes de Jerusalén» (12,10.11; 13, 1)”. (pp. 322-323) • “Se aprecia una relación interna con el siervo de Dios del Deutero-Isaías. Los últimos profetas de Israel vislumbran, sin poder explicar mejor la figura, el Redentor que sufre y muere, al pastor que se convierte en cordero” (p. 323) • “Mientras que en Mateo, al comienzo de la historia de la pasión, Jesús cita a Zacarías 13,7 – la imagen del pastor asesinado -, Juan cierra el relato de la crucifixión del Señor con una referencia a Zacarías 12,10: «Mirarán al que atravesaron» (19,37). Ahora ya está claro: el asesinado y el salvador es Jesucristo, el Crucificado”. (p. 324) • “Juan relaciona todo esto con la visión de Zacarías de la fuente que limpia los pecados y las impurezas: del costado abierto de Jesús brotó sangre y agua (Cf. Jn 19,34). El mismo Jesús, el que fue traspasado en la cruz, es la fuente de la purificación y de la salvación para todo el mundo. Juan lo relaciona además con la imagen del cordero pascual, cuya sangre tiene una fuerza purificadora: «No le quebrantará un hueso» (Jn 19,36; Ex 12,46). Así se cierra al final el circulo enlazando con el comienzo del Evangelio, cuando el Bautista, al ver a Jesús, dice: «Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1, 29)”. (p. 324). 2. La puerta de las ovejas pp. 324-326 “Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,17). “Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas (Jn 10, 1s)  Los pastores del rebaño de Jesús son buenos cuando entran a través de Jesús, entendido como puerta • “Se comprueba que alguien es un buen pastor cuando entra a través de Jesús, entendido como la puerta. De este modo, Jesús sigue siendo, en sustancia, el pastor: el rebaño le «pertenece» sólo a Él. (p. 325)  Es el amor - que hace ser una sola cosa con Jesús - lo que hace llegar a las ovejas a través de Jesús pp. 325-326 “«Apacienta mis corderos» (respectivamente «mis ovejas»)”: Jn 21, 15-17 • “Pedro es designado claramente pastor de las ovejas de Jesús, investido del oficio pastoral propio de Jesús. Sin embargo, para poder desempeñarlo debe entrar por la «puerta». A este entrar - o mejor dicho, ese dejarle entrar por la puerta (cf 10,3)- se refiere la pregunta repetida tres veces: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Ahí está lo más personal de la llamada: se dirige a Simón por su nombre propio, «Simón», y se menciona su origen. Se le pregunta p0or el amor que le hace ser una sola cosa con Jesús. Así llega a las ovejas «a través de Jesús»; no las considera suyas - e Simón Pedro -, sino como el rebaño de «Jesús». Puesto que llega a ellas por la «puerta» que es Jesús, como llega unido a Jesús en el amor, las ovejas escuchan su voz, la voz de Jesús mismo; no siguen a Simón, sino a Jesús, por el cual y a través del cual llega a ellas, de forma que, en su guía, es Jesús mismo quien guía”. (pp. 325-326) 3 3. Cuatro elementos fundamentales de la imagen del verdadero pastor pp. 326-27 “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11) • “Destacan sobre todo cuatro elementos fundamentales.[1] «El ladrón viene para robar, matar y hacer estragos» (10,10). [2]Ve las ovejas como algo de su propiedad, que posee y aprovecha para sí. [3] Sólo le importa él mismo, todo existe sólo para él. [4]Al contrario, el verdadero pastor no quita la vida, sino que la da: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia “(10,10).  La gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. ¿Qué es esta vida? pp. 326-328 • “Ésta es la gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. Todo hombre desea la vida en abundancia. Pero, ¿qué es, en qué consiste la vida? ¿Dónde la encontramos? ¿cuándo y cómo tenemos «vida en abundancia»? ¿Es cuando vivimos como el hijo pródigo, derrochando toda la dote de Dios? ¿Cuándo vivimos como el ladrón y el salteador, tomando todo para nosotros? Jesús promete que mostrará a las ovejas los «pastos» aquello de lo que viven, que las conducirá realmente a las fuentes de la vida. Podemos escuchar aquí como una eco de las palabras del Salmo 23: «En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas … preparas una mesa ante mí … tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida …» (2,5s). resuenan más directas las palabras del pastor en Ezequiel: «La apacentaré en pastizales escogidos, tendrán su dehesa en lo alto de los montes de Israel …»” (34,14). o ¿De qué vive el hombre? De la Palabra de Dios y de la Eucaristía. pp. 326- 328  La Palabra de Dios • “Ahora bien, ¿qué significa todo esto? Ya sabemos de qué viven las ovejas, pero, ¿de qué vive el hombre? Los Padres han visto en los montes altos de Israel y en los pastizales de las camperas, donde hay sombra y agua, una imagen de las alturas de la Sagrada Escrituras, del alimento que da la vida, que es la Palabra de Dios. Y aunque este no sea el sentido histórico del texto, ene. Fondo lo han visto adecuadamente y, sobre todo, han entendido correctamente a Jesús. El hombre vive de la verdad y de ser amado, de ser amado por la Verdad. Necesita a Dios, al Dios que se le acerca y que le muestra el sentido de su vida, indicándole así el camino de la vida. Ciertamente el hombre necesita pan, necesita el alimento del cuerpo, pero en lo más profundo necesita sobre todo la Palabra, el Amor, a Dios mismo. Quien le da todo esto, le «da vida en abundancia». Y así libera también las fuerzas mediante las cuales el hombre puede plasmar sensatamente la tierra, encontrando para sí y para los demás los bienes que sólo podemos tener en la reciprocidad. (…) Jesús, como palabra de Dios hecha carne, no es sólo el pastor, sino también el alimento, el verdadero «pasto»; nos da la vida entregándose a sí mismo, a Él, que es la vida (cf. 1,4; 3, 26; 11,25).  La Eucaristía pp. 328-329 “El buen pastor da la vida por las ovejas” (10,11) • “Igual que el sermón sobre el pan no se queda en una referencia a la palabra, sino que se refiere a la Palabra que se ha hecho carne y «don para la vida del mundo» (6,51), así, en el sermón sobre el pastor es central la entrega de la vida por las «ovejas». La cruz es el punto central del sermón sobre el pastor, y no como un acto de violencia que encuentra desprevenido a Jesús y se le inflige desde fuera, sino como una entrega libre por parte de Él mismo: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (10, 17 s). Aquí se explica lo que ocurre en la Eucaristía: Jesús transforma el acto de violencia externa de la crucifixión en un acto de entrega voluntaria de sí mismo por los demás. Jesús no entrega algo, sino que se entrega a sí mismo. Así, Él da la vida. Tendremos que volver de nuevo sobre este tema y profundizar más en él cuando hablemos de la Eucaristía y del acontecimiento de la Pascua”. 4. El conocimiento mutuo entre el pastor y el rebaño: dos interrelaciones. ¿Qué significa conocer? pp. 329-331 “Él va llamando a sus ovejas por el nombre y las saca fuera… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (10, 3s). “Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas”. (10, 14s) 4 “En estos versículos saltan a la vista dos interrelaciones que debemos examinar para entender lo que significa «conocer».  Primera interrelación: conocimiento y pertenencia, no posesión; conocimiento y entrega pp. 329-331 • “En primer lugar, conocimiento y pertenencia están entrelazados. El pastor conoce a las ovejas porque éstas le pertenecen, y ellas lo conocen precisamente porque son suyas. Conocer y pertenecer (en el texto griego, «ser propio» de : ta ídia) son básicamente lo mismo. El verdadero pastor no «posee» las ovejas como un objeto cualquiera que se usa y se consume; ellas le «pertenecen» precisamente en ese conocerse mutuamente, y ese «conocimiento» es una aceptación interior. Indica una pertenencia interior, que es mucho más profunda que la posesión de las cosas. Lo veremos claramente con un ejemplo tomado de nuestra vida. Ninguna persona «pertenece» a otra del mismo modo que le puede pertenecer un objeto. Los hijos no son «propiedad» de los padres; los esposos no son «propiedad» el uno del otro. Pero se «pertenecen» de un modo mucho más profundo de lo que pueda pertenecer a uno, por ejemplo, un trozo de madera, un terreno o cualquier otra cosa llamada «propiedad». Los hijos «pertenecen» a los padres y son a la vez criaturas libres de Dios, cada uno con su vocación, con su novedad y su singularidad ante Dios. No se pertenecen como una posesión, sino en la responsabilidad. Se pertenecen precisamente por el hecho de que aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse; son libres y al mismo tiempo una sola cosa para siempre en esta comunión. De este modo, tampoco las «ovejas», que justamente son personas creadas por Dios, imágenes de Dios, pertenecen al pastor como objetos; en cambio, es así como se apropian de ellas el ladrón y el salteador. Ésta es precisamente la diferencia entre el propietario, el verdadero pastor y el ladrón: para el ladrón, para los ideólogos y dictadores, las personas son sólo cosas que se poseen. Pero para el verdadero pastor, por el contrario, son seres libres en vista de alcanzar la verdad y el amor; el pastor se muestra como su propietario precisamente por el hecho de que las conoce y las ama, quiere que vivan en la libertad de la verdad. Le pertenecen mediante la unidad del «conocerse», en la comunión de la Verdad, que es él mismo. Del mismo modo que va unidos Logos y encarnación, Logos y pasión, también conocerse y entregarse son en el fondo una misma cosa”.  Segunda interrelación: el conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo se entrecruza con el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas. Sólo en Dios y a través de Dios se conoce verdaderamente al hombre.. pp. 331-332 “Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas” (10, 14s). • “El conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo se entrecruza con el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas. El conocimiento que une a Jesús con los suyos se encuentra dentro de su unión cognoscitiva con el Padre. Los suyos están entretejidos en el diálogo trinitario … (…) La compenetración de estos dos niveles del conocer resulta de suma importancia para entender la naturaleza del «conocimiento» de la que habla el Evangelio de Juan. Trasladando esto a nuestra experiencia vital, podemos decir: sólo en Dios y a través de Dios se conoce verdaderamente al hombre. Un conocer que reduzca al hombre a la dimensión empírica y tangible no llega a lo más profundo de su ser. El hombre sólo se conoce a sí mismo cuando aprende a conocerse a partir de Dios, y sólo conoce al otro cuando ve en él el misterio de Dios.  El pastor no debe sujetar a los hombres a él mismo, a su pequeño yo. El conocimiento recíproco debe ser un encontrarse juntos en Dios y dirigirse hacia Él. Para el pastor al servicio de Jesús eso significa que no debe sujetar a los hombres a él mismo, a su pequeño yo. El conocimiento recíproco que le une a las «ovejas» que le han sido confiadas debe tender a introducirse juntos en Dios y dirigirse hacia Él; debe ser, por tanto, un encontrarse en la comunión del conocimiento y del amor de Dios. El pastor al servicio de Jesús debe llevar siempre más allá de sí mismo para que el otro encuentre toda su libertad; y por ello, él mismo debe ir también siempre más allá de sí mismo hacia la unión con Jesús y con el Dios trinitario.” (…) 5. La unidad pp. 332-333 • (…) “ La misión de Jesús como pastor no sólo tiene que ver con las ovejas dispersas de la 5 casa de Israel, sino que tienden, en general, «a reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos» (11,52). (…) «Recibiréis la fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo» (Hechos 1,8). (…) “Aquí se nos muestra con claridad la razón interna de esta misión universal: hay un solo pastor. El Logos, que se ha hecho hombre en Jesús, es el pastor de todos los hombres, pues todos han sido creados mediante aquel único Verbo; aunque estén dispersos, todos son uno a partir de Él y envista de él. (…)  B. Benedicto XVI Encíclica «Spe salvi», sobre la esperanza cristiana, n. 6 30 noviembre 2007 El filósofo y el pastor en la cultura pre-cristiana y en el cristianismo  El filósofo: quien sabía enseñar el arte de vivir y morir; quien sabe indicar verdaderamente el camino de la vida 6. Los sarcófagos de los primeros tiempos del cristianismo muestran visiblemente esta concepción, en presencia de la muerte, ante la cual es inevitable preguntarse por el sentido de la vida. En los antiguos sarcófagos se interpreta la figura de Cristo mediante dos imágenes: la del filósofo y la del pastor. En general, por filosofía no se entendía entonces una difícil disciplina académica, como ocurre hoy. El filósofo era más bien el que sabía enseñar el arte esencial: el arte de ser hombre de manera recta, el arte de vivir y morir. Ciertamente, ya desde hacía tiempo los hombres se habían percatado de que gran parte de los que se presentaban como filósofos, como maestros de vida, no eran más que charlatanes que con sus palabras querían ganar dinero, mientras que no tenían nada que decir sobre la verdadera vida. Esto hacía que se buscase con más ahínco aún al auténtico filósofo, que supiera indicar verdaderamente el camino de la vida. o Cristo, el verdadero filósofo Hacia finales del siglo III encontramos por vez primera en Roma, en el sarcófago de un niño y en el contexto de la resurrección de Lázaro, la figura de Cristo como el verdadero filósofo, que tiene el Evangelio en una mano y en la otra el bastón de caminante propio del filósofo. Con este bastón Él vence a la muerte; el Evangelio lleva la verdad que los filósofos deambulantes habían buscado en vano. En esta imagen, que después perdurará en el arte de los sarcófagos durante mucho tiempo, se muestra claramente lo que tanto las personas cultas como las sencillas encontraban en Cristo: Él nos dice quién es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre. Él nos indica el camino y este camino es la verdad. Él mismo es ambas cosas, y por eso es también la vida que todos anhelamos. Él indica también el camino más allá de la muerte; sólo quien es capaz de hacer todo esto es un verdadero maestro de vida.  Cristo Pastor: conoce el camino que pasa por el valle de la muerte y nos acompaña para atravesarlo Lo mismo puede verse en la imagen del pastor. Como ocurría para la representación del filósofo, también para la representación de la figura del pastor la Iglesia primitiva podía referirse a modelos ya existentes en el arte romano. En éste, el pastor expresaba generalmente el sueño de una vida serena y sencilla, de la cual tenía nostalgia la gente inmersa en la confusión de la ciudad. Pero ahora la imagen era contemplada en un nuevo escenario que le daba un contenido más profundo: « El Señor es mi pastor, nada me falta... Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo... » (Sal 22,1-4). El verdadero pastor es Aquel que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su « vara y su cayado me sosiega », de modo que « nada temo » (cf. Sal 22,4), era la nueva « esperanza » que brotaba en la vida de los creyentes. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado «del buen pastor». (2016). El buen pastor es Cristo. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena en el exterior de nosotros: es una gracia que precede la historia de cada uno. Los cristianos debemos escuchar la voz del Señor y seguirle. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor. Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. La meta de la vocación cristiana es la vida eterna, es decir, la comunión de vida con Dios. El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. Es decir, tiene implicaciones éticas. El verdadero conocimiento lleva a la comunión. Jornada mundial por las vocaciones.. "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.


1  Domingo 4 de Pascua, Año C, llamado «del buen pastor». (2016). El buen pastor es Cristo. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena en el exterior de nosotros: es una gracia que precede la historia de cada uno. Los cristianos debemos escuchar la voz del Señor y seguirle. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor. Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. La meta de la vocación cristiana es la vida eterna, es decir, la comunión de vida con Dios. El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. Es decir, tiene implicaciones éticas. El verdadero conocimiento lleva a la comunión. Jornada mundial por las vocaciones.. "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal.  Cfr. 4º Domingo de Pascua, Ciclo C. 17 de abril de 2016 Evangelio: Juan 10, 27-30; 2ª Lectura: Apocalipsis 7, 9.14-17; Cfr. Temi di predicazione – Omelie – editrice dominicana italiana – n. 102 Nuova Serie – IV Domenica di Pasqua; Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno C, Piemme, I edizione economica 1999, IV Domenica del Tempo di Pasqua. Segunda Lectura, Apocalipsis 7, 9.14b-17: 9 Yo, Juan, vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero. 15 Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habitará en medio de ellos. 16 Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, 17 pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor, que los conducirá a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. Evangelio, Juan 10, 27-30: 27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno. Aleluya antes del Evangelio: Juan 10, 14: Yo soy el buen Pastor – dice el Señor -, conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Escuchan mi voz Yo las conozco y ellas me siguen. (Evangelio de hoy: Juan 10,27) Ya no tendrán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el sol, ni calor alguno, pues el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor. (2ª Lectura, Apocalipsis 7, 16) 1. La vocación cristiana comienza con una voz que resuena desde el exterior de nosotros: una gracia que precede la historia de cada uno. 2 • Ravasi o.c.: “A través de esa constelación de palabras [en el Evangelio: escuchar, conocer, seguir, da la vida, no perecerán, nadie les arrebatará de mi mano ...] relacionadas entre sí según un hilo luminoso y espiritual, se puede construir la historia integral de la vocación cristiana. Comienza con una voz que resuena externamente a nosotros. San Pablo escribe en la Carta a los Romanos1 que «Isaías 2 , se atreve a decir: Fui encontrado por los que no me buscaban, me manifesté a los que no preguntaban por mí»”. La gracia divina precede toda historia personal y rompe el silencio de la conciencia del mismo modo que la palabra creadora de Dios ha quebrantado el silencio de nuestra nada en el nacimiento”. p. 121 2. «Escuchar» en el lenguaje bíblico tiene unas resonancias específicas: la adhesión gozosa, la elección de vida. • Ravasi o.c.: “El hombre debe «escuchar» y sabemos que en el lenguaje bíblico ese verbo está cargado de resonancias ulteriores que implican también la adhesión gozosa, la obediencia, la elección de vida”. p. 121 “Se establece una comunicación íntima y profunda entre Cristo y el discípulo, que es definida por una grande palabra bíblica: «conocer». Esta palabra abraza de una manera tan intensa la mente y el corazón, la acción y el ser entero del hombre, que llega a ser, en los labios de Jesús, la misma definición que la de vida eterna: “Ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado” (Juan 17,3). p. 121 “Quien ha escuchado y se ha dado a conocer y ha conocido a Dios «sigue» a Cristo como a su único Pastor. Este seguimiento debe ser cotidiano y continuo, también cuando en el horizonte se entrevé la pesadilla del lobo que se para ante nosotros dispuesto a devorar nuestra carne y a torturar nuestro espíritu. En esos momentos salen a relucir en nuestra mente otras dos verbos del párrafo del Pastor: nunca «pereceremos», y nadie nos podrá «arrebatar» de la mano segura y omnipotente de Cristo”. p. 121  La fuerza del conocimiento de Cristo en San Pablo. “Esta seguridad está expresada de modo luminoso por Pablo en una especie de himno que se encuentra al final del capítulo 8 de la Carta a los Romanos: Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro. (8, 38-39)”. (…) p. 122  La meta de la vocación cristiana es la vida eterna no la que enseñaban los griegos, sino la comunión de vida con Dios. “La meta de la vocación cristiana, en efecto, nos es ni oscura ni incierta, sino que se encuentra en la frase última pronunciada por Cristo Pastor: «Yo les doy vida eterna» (Juan 10, 28). En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude a un infinita extensión de años, a una inmortalidad del alma como la enseñaban los Griegos; se trata, en cambio, de la misma vida divina, es la comunión de vida, de paz, de estar con Dios mismo”. p. 122 o Encontramos la descripción simbólica de esta experiencia de la vida eterna en la segunda Lectura de hoy, del libro del Apocalipsis. La comunión perfecta con Dios cara cara. “La descripción simbólica de esta experiencia la tenemos delante de nosotros en la segunda Lectura de hoy, que presenta a nuestra mente un grandioso fresco del Apocalipsis. En él una inmensa multitud de discípulos pertenecientes a todas las regiones, a todos los tiempos y a todas las culturas de nuestro planeta, no tiene en adelante hambre y sed, no es herida por los sucesos externos del clima y de la historia, no conoce en adelante el amargo sabor de las lágrimas, no bebe ya el veneno de la muerte, porque Dios, a sus fieles, les ha abierto «la fuente de las aguas de la vida»”. p. 122 “Es el momento de la comunión perfecta con Dios. Ha quedado a las espaldas el tiempo en el que ellos, los fieles, debían sumergirse en la sangre de la prueba, del sufrimiento y de la tribulación participando en la pasión de Cristo. Ahora ellos se visten con el vestido cándido y resplandeciente del angel pascual (Lucas 24,4). Ellos están ya en la felicidad y sobre ellos se extiende la tienda estrellada del cielo, imagen del Templo celeste 1 Romanos 10,20 2 Isaías 65,1 3 perfecto en el que Dios estará presente no ya como en un reflejo para contemplar como en un espejo, sino que se mostrará cara a cara (1 Corintios 13,12)”. pp. 122-123  Una aclaración acerca de la imagen de las ovejas en la época actual. • Los discípulos se llaman así porque «aprenden»: «discere» en latín significa aprender. El uso de la imagen de las ovejas, no tiene nada que ver con el sentido actual a veces peyorativo; responde más bien a la cultura de la época en que hablaba el Señor, a una sociedad como la hebrea donde ser pastor y tener ovejas era señal de una buena situación social, señal de riqueza y de bienestar. Los verdaderos discípulos acogen dócilmente sus palabras, es decir, permiten al Maestro que enseñe («docere», en latín, significa enseñar). Los verdaderos discípulos son dóciles en cuanto que aprenden a vivir como su modelo, Cristo, pastor ejemplar. 3. El conocimiento en la Biblia o A) Conocer no es solamente una acción intelectual sino una relación cordial, que lleva a la comunión, a una presencia que acaba en el amor.  Se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama. • El verbo «conocer» no indica solamente una acción intelectual, sino una relación cordial y afectiva. Jesús nos conoce en el sentido de que ama a las personas que están ligadas a Él. Por analogía, nosotros le conocemos en cuanto que le amamos. Se trata de una relación mutua y recíproca: se ama a quien se conoce y se conoce a quien se ama.  El verdadero conocimiento en la Biblia lleva a la comunión. • Biblia de Jerusalén, comentario a Juan 10,14: “En la Biblia (ver Os 2,22+), el «conocimiento» no procede de una actividad puramente intelectual, sino de una «experiencia», de una presencia (comparar Juan 10, 14-15 y 14,20; 17, 21-22; ver 14, 17; 17,3; 2 Jn 1-2); acaba necesariamente en el amor (ver Oseas 6,6+ y 1 Jn 1,3+, 10,16)”. • Biblia de Jerusalén, comentario a 1 Juan 1,3: El verdadero «conocimiento» en la Biblia lleva a la «comunión». “El término «comunión» (ver 1 Corintios 1,9+; 2 Pedro 1,4), expresa uno de los temas principales de la mística joánica (Jn 14,20; 15, 1-6; 17, 11.20-26); unión de la comunidad cristiana basada en la unión de cada fiel con Dios, en Cristo. Esta unión se expresa bajo diversas formas: el cristiano «permanece en Dios y Dios permanece en él» (1 Juan 2, 5.6.24.27; 3,6.24; 4, 12.13.15.16; ver Juan 6,56+), ha nacido de Dios (2,29; 3,9; 4,7; 5, 1.18), es de Dios (2,16; 3,10; 4,4.6; 5,19), conoce a Dios (2, 3.13.14; 3,6; 4, 7-8) (sobre conocimiento y presencia, ver también: Juan 14,17; 2 Juan 1,2). o B) Nuestro conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de su soberanía divina y la aceptación de sus exigencias. • Esta identidad divina justifica el que el Señor afirmase en cierta ocasión una exigencia absoluta: “Quien no está conmigo está contra mí” (Mateo 12,30) (cfr. CEC n. 590). No le reconocieron como Dios hecho hombre y veían en Él a “un hombre que se hace Dios” (Juan 10, 33), y, por tanto, lo juzgaron como un blasfemo (cfr. CEC n. 594).  Es decir, implica un comportamiento ético. La obediencia concreta a su voluntad. • Cfr. Comentario al Nuevo Testamento, la Casa de la Biblia, 3ª edición 1995, Juan 10, 1-6 y 7-21: El conocimiento del Señor como pastor implica el reconocimiento de la soberanía divina y la aceptación de sus exigencias (Is 1,2ss; Jr 9, 3-5; 31,34), y la garantía del verdadero conocimiento es la obediencia concreta a su voluntad (Jr 16,11). “Implica, por tanto, el comportamiento ético adecuado, el aspecto moral, del que prescindían los gnósticos. Igualmente el evangelio de Juan habla de un conocimiento activo, de una relación personal entre el pastor y sus ovejas, «como» la que existe entre el Padre y el Hijo. Así como éste se expresa en el amor del Padre por el Hijo (Jn 3,35; 10,17; 15,9 ...) y en la obediencia del Hijo del Padre (Jn 4,34; 6,39 ...), del mismo modo el conocimiento del pastor se manifiesta en el amor por las ovejas (Jn 13,1; 15,12-13) y en la confianza que las ovejas tienen en el pastor (Jn 10, 25-30.37-38). La fe se traduce aquí por el seguimiento de las ovejas al pastor (Jn 14, 21-24).” 4 4. El significado de dar la vida Cfr. Evangelio, Juan 10,28 y 2ª Lectura, del libro del Apocalipsis.  Dos significados. • El conocimiento de sus discípulos por parte del Señor se aclara con lo que afirma en Juan 10, en el v. 28: “yo les doy vida eterna”. “Dar la vida” tiene dos significados: por una parte, Jesús da la propia vida en el sentido de que la pierde; y por otra, en el sentido de que comunica su vida, permitiendo así a los discípulos de tener una vida plena. También hay que tener en cuenta que el adjetivo “eterna” en Juan indica plenitud y totalidad, no solamente duración infinita. Vida eterna por tanto es plena realización de la vida, completa madurez humana. Primariamente no significa una realidad contraria a temporal, sino más bien participación en la vida misma de Dios. o Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. Nuestra condición actual. • Todos somos llamados a participar de esa vida eterna. En la segunda lectura se nos habla de “una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos. (...) Han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero (...) el Cordero que está en el trono será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida, y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”. En cuanto hombres destinados a la vida eterna, debemos considerar provisional nuestra condición terrestre, y también que nuestra debilidad y fragilidad son una situación límite de la que seremos liberados. • JPII, Catequesis 16-12-1998: “Esta "vida eterna" no es mas que la participación de los creyentes en la vida misma de Jesús resucitado y consiste en ser insertados en la circulación de amor que une al Padre y al Hijo, que son uno (Juan 10,30; 17,21-22). • Ravasi o.c: “En el lenguaje de Juan «vida eterna» no alude tanto a una infinita prolongación de los años, a una inmortalidad del alma como era enseñado por los Griegos; en cambio, es la misma vida divina, y la comunión de vida, de paz, de ser con Dios mismo”. p. 122 5. La vida como vocación  Cfr. Juan Pablo II, Mensaje para la 38 jornada mundial por las vocaciones, 6 de mayo de 2001. 4º Domingo de Pascua. o A) “La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios”.  Vocación es la palabra que da sentido al existir cotidiano, mientras estamos en camino hacia la plenitud de la vida. 1. – (…) La palabra "vocación" cualifica muy bien las relaciones de Dios con cada ser humano en la libertad del amor, porque "cada vida es vocación" (Pablo VI, carta Enc. Populorum progressio, 15). (...) Vocación es la palabra que introduce a la comprensión de los dinamismos de la revelación de Dios y descubre al hombre la verdad sobre su existencia: "La razón más profunda de la dignidad humana, - leemos en el documento conciliar Gaudium et spes,- está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndole creado Dios por amor, por amor le conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad, si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador". (N° 19). Es en este diálogo de amor con Dios que se funda la posibilidad para cada uno de crecer según líneas y características propias, recibidas como don y capaces de " dar sentido" a la historia y a las relaciones fundamentales de su existir cotidiano, mientras se está en camino hacia la plenitud de la vida. 5 o B) Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. 2. - Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. La vida asume así el valor del "don recibido, que tiende por naturaleza a llegar a ser bien dado" (Doc. Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 1997,16, b). El hombre muestra ser renovado en el Espíritu (cfr. Jn. 3, 3.5) cuando aprende a seguir el camino del nuevo mandamiento "que os améis los unos a los otros, como yo os he amado" ( cfr. Jn 15,12). Se puede afirmar que, en cierto sentido, el amor es el DNA de los hijos de Dios; es la " la vocación santa" con la que hemos sido llamados "según su propósito y su gracia, gracia que nos fue dada en Cristo Jesús, antes de los tiempos eternos y manifestada en el presente por la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo " (2 Tm 1,9.10). o C) En el origen de todo camino vocacional, está Emmanuel, el Dios-connosotros.  Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. En el origen de todo camino vocacional está Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. Y al mismo tiempo, en armonía con la humanidad y con el mundo entero. Descubrir la presencia de Dios en la propia historia, no sentirse nunca huérfano sino siendo consciente de tener un Padre del que podemos fiarnos totalmente: este es el gran cambio que transforma el horizonte simplemente humano y lleva al hombre a comprender, como afirma la Gaudium et spes, que no puede " encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo" (N°24). En estas palabras del Concilio Vaticano II está encerrado el secreto de la existencia cristiana y de toda la auténtica realización humana. o D. La necesidad del testimonio de hombres y mujeres: a) que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente; b) en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza; c) en la comunión con Cristo y con la Iglesia, que es garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana.  Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. 3. - Hoy, sin embargo, esta lectura cristiana de la existencia debe hacer el balance de algunos comportamientos de la cultura occidental, en la que Dios es prácticamente marginado del vivir cotidiano. He aquí porqué es necesario un compromiso acorde de toda la comunidad cristiana para "reevangelizar la vida". Conviene a esta fundamental obligación pastoral el testimonio de hombres y mujeres que muestren la fecundidad de una existencia que tiene en Dios su fuente, en la docilidad a la acción del Espíritu su fuerza, en la comunión con Cristo y con la Iglesia la garantía del sentido auténtico de la fatiga cotidiana. Conviene que en la Comunidad cristiana, cada uno descubra su personal vocación y responda con generosidad. Cada vida es una vocación, y todo creyente es invitado a cooperar en la edificación de la Iglesia. (…). www.parroquiasantamomnica.com Vida Cristiana

Solemnidad de la Ascensión del Señor (2016), Ciclo C. El Cielo: no es un lugar geográfico, sino estar con Cristo. Ya desde ahora: el cielo se encuentra ya ahora en el corazón del hombre, cuando vive santamente la vida ordinaria. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios.


1  Solemnidad de la Ascensión del Señor (2016), Ciclo C. El Cielo: no es un lugar geográfico, sino estar con Cristo. Ya desde ahora: el cielo se encuentra ya ahora en el corazón del hombre, cuando vive santamente la vida ordinaria. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios.  Cfr. Ascensión del Señor 8/05/16 Ciclo C Hechos 1, 1-11: 1 El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio 2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. 3 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. 4 Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, « que oísteis de mí: 5 Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días ». 6 Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» 7. El les contestó: « A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, 8 sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. 9 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. 10 Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco 11 que les dijeron: « Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo. Efesios 1, 17-23: 17 Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerle, 18 iluminando los ojos de vuestro corazón, para que sepáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuáles las riqueza de gloria que da en herencia a los santos, 19 y cuál es la suprema grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa. 20 Él la ha puesto por obra en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su derecha en los cielos, 21 por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación y de todo cuanto existe, no sólo en este mundo sino también en el venidero. 22 Todo lo sometió bajo sus pies, y a él lo constituyó cabeza de todas las cosas a favor de la Iglesia, 23 que es su cuerpo, la plenitud quien llena todo en todas las cosas. Lucas 24,46-53. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo). Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. 1. ¿Qué significa el cielo?  Lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica  Vivir en el cielo vivir para siempre con Cristo. • n. 1023: EL CIELO - Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven «tal cual es» (1 Jn 3, 2), cara a cara (Cf 1 Co 13, 12; Ap 22, 4).  Vivir en el cielo es «estar con Cristo». • n. 1025: Vivir en el cielo es «estar con Cristo» (Cf Juan 14, 3; Filipenses 1, 23; 1 Tesalonicenses 4, 17). Los elegidos viven «en El», aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (Cf Ap 2, 17): Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (S. Ambrosio, Luc. 10, 121).  No significa un lugar sino una manera de ser. 2 • n. 2794: : «QUE ESTAS EN EL CIELO» - Esta expresión bíblica no significa un lugar [«el espacio»] sino una manera de ser; no el alejamiento de Dios sino su majestad. Dios Padre no está «fuera», sino «más allá de todo» lo que, acerca de la santidad divina, puede el hombre concebir. Como es tres veces Santo, está totalmente cerca del corazón humilde y contrito: Con razón, estas palabras "Padre nuestro que estás en el cielo" hay que entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como en su templo. Por eso también el que ora desea ver que reside en él Aquel a quien invoca (S. Agustín, serm. Dom. 2, 5, 17). El «cielo» bien podía ser también aquellos que llevan la imagen del mundo celestial, y en los que Dios habita y se pasea (S. Cirilo de Jerusalén, catech. myst. 5, 11).  El cielo se encuentra ya ahora en el corazón del hombre • n. 2802: «Que estás en el cielo» no designa un lugar, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. (…)  Llamamos el cielo a vivir en comunión con la Trinidad • n. 1024: Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama «el cielo». El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.  Esto es el cielo .... la participación en la intimidad de Dios. Ya desde ahora, en esta tierra. • Es la acogida de la criatura en la vida de santidad de Dios. Cfr. CEC 260: El fin último de toda la economía divina es la entrada de las criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad (cf. Juan 17, 21-23). Pero ya desde ahora somos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad. «Si alguno a me ama – dice el Señor – guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Juan 14, 23) o La Identificación con Cristo en esta tierra  El Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones". • n. 793 (...) Todos los miembros tienen que esforzarse en asemejarse a él «hasta que Cristo esté formado en ellos» (Gálatas 4, 19) (...) • n. CEC 158: La gracia de la fe abre "los ojos del corazón" (Efesios 1,18) para una inteligencia viva de los contenidos de la Revelación, es decir, del conjunto del designio de Dios y de los misterios de la fe, de su conexión entre sí y con Cristo, centro del Misterio revelado. Ahora bien, "para que la inteligencia de la Revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones". Así, según el adagio de san Agustín, "creo para comprender y comprendo para creer mejor".  En el corazón de los justos o San Agustín De sermone Dominici in monte, 2, 5, 18. • «Con razón, estas palabras “Padre nuestro que estás en el Cielo” hay que entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como en su templo. Por eso también el que ora desea ver que reside en él Aquel a quien invoca». o San Josemaría Escrivá Cfr. Amar el mundo apasionadamente, Conversaciones, 116  En la línea del horizonte parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria ...” • “Cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria ...” »Vivir santamente la vida ordinaria, acabo de deciros. Y con estas palabras me refiero a todo el programa de vuestro quehacer cristiano. Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera - ¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá 3 tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojala fuera viejo!, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: mirad mis manos y mis pies, dijo Jesús resucitado: soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo (Lucas 24, 39)”. 2. La Ascensión del Señor no es un viaje en el espacio: significa que Jesús pertenece totalmente a Dios y está cerca de cada uno de nosotros para siempre o La Ascensión significa que Jesús ya no pertenece al mundo de la corrupción y de la muerte, que pertenece totalmente a Dios; significa que está cerca de cada uno de nosotros para siempre. Cfr. Benedicto XVI, Homilía 7 mayo 2005, al tomar posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán • Entonces, ¿qué nos quiere decir la fiesta de la Ascensión del Señor? No nos quiere decir que el Señor se ha ido a algún lugar alejado de los hombres y del mundo. La Ascensión de Cristo no es un viaje en el espacio hacia los astros más remotos; pues en el fondo, también los astros están constituidos de elementos físicos como la tierra. La Ascensión de Cristo significa que ya no pertenece al mundo de la corrupción y de la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que pertenece completamente a Dios. Él, el Hijo Eterno, ha llevado nuestro ser humano a la presencia de Dios, ha llevado consigo la carne y la sangre de forma transfigurada. El hombre encuentra espacio en Dios, a través de Cristo; el ser humano ha sido llevado hasta dentro de la vida misma de Dios. Y, dado que Dios abraza y sostiene a todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias al hecho de estar con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tutearle, cada uno puede dirigirse a Él. El Señor se encuentra siempre al alcance de nuestra voz. Podemos alejarnos de Él interiormente. Podemos vivir dándole las espaldas. Pero Él nos espera siempre, y siempre está cerca de nosotros.  El Señor se encuentra junto a nosotros con la fuerza del Espíritu Santo. La misión del Espíritu consiste en introducirnos en la grandeza del misterio de Cristo. De las lecturas de la liturgia de hoy aprendemos también algo más sobre la manera concreta en la que el Señor se encuentra junto a nosotros. El Señor promete a sus discípulos su Espíritu Santo. La primera lectura nos dice que el Espíritu Santo será «fuerza» para los discípulos; el Evangelio añade que será guía hacia la Verdad plena. Jesús les dijo todo a sus discípulos, pues él es la Palabra viviente de Dios, y Dios no puede dar algo más que a sí mismo. En Jesús, Dios se nos dio totalmente a sí mismo, es decir, nos dio todo. Además de esto, o junto a esto, no puede haber otra revelación capaz de comunicar algo más o de completar, en cierto sentido, la Revelación de Cristo. En Él, en el Hijo, se nos dijo todo, se nos dio todo. Pero nuestra capacidad de comprender es limitada; por este motivo la misión del Espíritu consiste en introducir a la Iglesia de manera siempre nueva, de generación en generación, en la grandeza del misterio de Cristo. La Iglesia no presenta nada diferente o nuevo junto a Cristo; no hay ninguna revelación pneumática junto a la de Cristo, como algunos creen, no hay un segundo nivel de Revelación. No: «recibirá de lo mío», dice Cristo en el Evangelio (Juan 16, 14). Y, al igual que Cristo, sólo dice lo que escucha y recibe del Padre, el Espíritu Santo es intérprete de Cristo. «Recibirá de lo mío». No nos lleva a otros lugares, alejados de Cristo, sino que nos hace penetrar cada vez más adentro de la luz de Cristo. Por este motivo, la revelación cristiana es, al mismo tiempo, siempre antigua y siempre nueva. Por este motivo, todo se nos ha dado siempre y ya. Al mismo tiempo, toda generación, en el inagotable encuentro con el Señor, encuentro mediado por el Espíritu Santo, aprende siempre algo nuevo. o La creación en el Génesis del hombre, a quien ulteriormente puso en el Paraíso.  Al situar a los primeros hombres en el paraíso, se indica que fueron colocados en una cercanía y amistad con Dios. Cfr. Cándido Pozo, La venida del Señor en la gloria, Edicep 1993, p. 191: • “Dios no sólo creó al hombre, sino que ulteriormente lo puso en el Paraíso (Gn 2,8). Tratándose de un tema claramente metafórico, es necesario preguntarse qué contenido doctrinal subyace a sus elementos descriptivos. Unas simples reflexiones nos harán inteligible lo que el tema del Paraíso pretende expresar. Mientras que los griegos – y también nosotros, sus herederos, hombres de la cultura occidental – tienden a colocar imaginativamente a Dios arriba 4 (lo hacemos espontáneamente, aunque sabemos que Dios está en todas partes), el semita, hombre del desierto, coloca imaginativamente a Dios en un bosque sagrado, en un oasis con agua y árboles (recuérdese la descripción del Paraíso bíblico como oasis Gn 2, 9-14). Al situar a los primeros hombres en el paraíso, se indica que fueron colocados en una cercanía con Dios, como también que más tarde el pecado implicó la pérdida de esa cercanía. El tema de la proximidad a Dios está subrayado con otros elementos descriptivos: el Paraíso como espacio en que Dios “pasea” (Gn 3,8) o la indicación de que Él tiene diálogo directo con los primeros hombres (Gn 2, 16-17). Con esta imagen la Sagrada Escritura quiere expresar que el primer hombre fue constituido en cercanía y amistad con Dios”. 3. Hay una única vida, cuya plenitud está en la vida eterna, en el cielo. La vida en la tierra no es lo definitivo.  Dios nos quiere felices también aquí, pero anhelando el cumplimiento definitivo de esa otra felicidad, que sólo Él puede colmar enteramente. o Vivamos ya como ciudadanos del cielo, siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. • Es Cristo que pasa, 126: “La fiesta de la Ascensión del Señor nos sugiere también otra realidad; el Cristo que nos anima a esta tarea en el mundo, nos espera en el Cielo. En otras palabras: la vida en la tierra, que amamos, no es lo definitivo; pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura (Hebreos 13,14) ciudad inmutable. Cuidemos, sin embargo, de no interpretar la Palabra de Dios en los límites de estrechos horizontes. El Señor no nos impulsa a ser infelices mientras caminamos, esperando sólo la consolación en el más allá. Dios nos quiere felices también aquí, pero anhelando el cumplimiento definitivo de esa otra felicidad, que sólo El puede colmar enteramente. En esta tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones. Cristo nos espera. Vivamos ya como ciudadanos del cielo (Filipenses 3,20), siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. Perseveremos en el servicio de nuestro Dios, y veremos cómo aumenta en número y en santidad este ejército cristiano de paz, este pueblo de corredención. Seamos almas contemplativas, con diálogo constante, tratando al Señor a todas horas; desde el primer pensamiento del día al último de la noche, poniendo de continuo nuestro corazón en Jesucristo Señor Nuestro, llegando a El por Nuestra Madre Santa María y, por El, al Padre y al Espíritu Santo.” 4. La esperanza en el cielo - en la tierra nueva – (Cfr. Efesios 1, 17-18, segunda Lectura) no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra. • Gaudium et spes, 39. Ignoramos tanto el tiempo en que la tierra y la humanidad se consumarán[71], como la forma en que se transformará el universo. Pasa ciertamente la figura de este mundo, deformada por el pecado[72]. Pero sabemos por la revelación que Dios prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia[73], y cuya bienaventuranza saciará y superará todos los anhelos de paz que ascienden en el corazón de los hombres[74]. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios serán resucitados en Cristo, y lo que se sembró en debilidad y corrupción se revestirá de incorrupción[75]; y, subsistiendo la caridad y sus obras[76], serán liberadas de la esclavitud de la vanidad todas aquellas criaturas[77] que Dios creó precisamente para servir al hombre. Y ciertamente se nos advierte que de nada sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo[78]. Mas la esperanza de una nueva tierra no debe atenuar, sino más bien excitar la preocupación por perfeccionar esta tierra, en donde crece aquel Cuerpo de la nueva humanidad que puede ya ofrecer una cierta prefiguración del mundo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir con sumo cuidado entre el 5 progreso temporal y el crecimiento del Reino de Cristo, el primero, en cuanto contribuye a una sociedad mejor ordenada, interesa en gran medida al Reino de Dios[79]. En efecto; los bienes todos de la dignidad humana, de la fraternidad y de la libertad, es decir, todos los buenos frutos de la naturaleza y de nuestra actividad, luego de haberlos propagado -en el Espíritu de Dios y conforme a su mandato- sobre la tierra, los volveremos a encontrar de nuevo, pero limpios de toda mancha a la vez que iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva a su Padre el reino eterno y universal: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz[80]. Aquí, en la tierra, existe ya el Reino, aunque entre misterios; mas, cuando venga el Señor, llegará a su consumada perfección. [71] Cf. Hch 1,7. [72] Cf. 1 Cor 7,31; S. Iren. Adv. haer. 5, 36 PG 7, 1222. [73] Cf. 2 Cor 5,2; 2 Pe 3,13. [74] Cf. 1 Cor 2,9; Ap 21,4-5. [75] Cf. 1 Cor 15,42.53. [76] Cf. 1 Cor 13,8; 3,14. [77] Cf. Rom 8,19-21. [78] Cf. Lc 9,25. [79] Cf. Pío XI, e. QA l. c., 207. [80] Praefatio Festi Christi Regis. 5. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo  Cfr. Jesús de Nazaret 1- J. Ratzinger-Benedicto XVI, Cap. 5, La oración del Señor, pp. 71 ss. o La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios.  La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios. En las palabras de esta petición aparecen inmediatamente claras dos cosas: existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser. Y también: la característica del «cielo» es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios, mientras que es solamente «tierra», polo opuesto del cielo, si y en la medida en que se sustrae a la voluntad de Dios. Por eso pedimos que las cosas vayan en la tierra como van en el cielo, que la tierra se convierta en «cielo». 6. Jesús asciende al cielo, pero permanece con nosotros de una forma nueva. Papa Francisco, Rezo del Angelus en la Solemnidad de la Ascensión, 1 de junio de 2014.  Permanece presente y activo en las vicisitudes de la historia humana con el poder y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: aunque no lo veamos con los ojos. o Nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. • Jesús sale, asciende al cielo, es decir, vuelve al Padre, que lo había mandado al mundo. Hizo su trabajo, por lo tanto, vuelve al Padre. Pero no se trata de una separación, porque Él permanece para siempre con nosotros, de una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles —y también nuestra mirada— a las alturas del cielo para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. Él mismo había dicho que se marcharía para prepararnos un lugar en el cielo. Sin embargo, Jesús permanece presente y activo en las vicisitudes de la historia humana con el poder y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: aunque no lo veamos con los ojos, Él está. Nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados; está cerca de cada hombre y cada mujer que sufre. Está cerca de todos nosotros, también hoy está aquí con nosotros en la plaza; el Señor está con nosotros. ¿Vosotros creéis esto? Entonces lo decimos juntos: ¡El Señor está con nosotros! www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Domingo 12 del tiempo ordinario (2016), Ciclo C. La identidad del cristiano. Se caracteriza esencialmente por el encuentro con Cristo, por la comunión con Cristo y su Palabra. Revestirse de Cristo (cfr. segunda Lectura, de la Carta a los Gálatas) no significa algo exterior, simplemente llevar un vestido, sino participar en su vida y en su destino. Bajo su luz, cualquier otro valor debe ser recuperado y purificado de posibles escorias. Nuestra gran dignidad consiste en que no somos sólo imagen, sino hijos de Dios, por el influjo del Espíritu Santo en nuestra vida.


 Domingo 12 del tiempo ordinario (2016), Ciclo C. La identidad del cristiano. Se caracteriza esencialmente por el encuentro con Cristo, por la comunión con Cristo y su Palabra. Revestirse de Cristo (cfr. segunda Lectura, de la Carta a los Gálatas) no significa algo exterior, simplemente llevar un vestido, sino participar en su vida y en su destino. Bajo su luz, cualquier otro valor debe ser recuperado y purificado de posibles escorias. Nuestra gran dignidad consiste en que no somos sólo imagen, sino hijos de Dios, por el influjo del Espíritu Santo en nuestra vida.  Cfr. Domingo 12 del tiempo ordinario, Ciclo C 19 de junio de 2016 Zacarías 12, 10-11.13,1; Gálatas 3, 26-29; Lucas 9, 18-24 Gálatas 3, 26-29: 26 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. 27 En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: 28 ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa. LA IDENTIDAD DEL CRISTIANO Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo 1. Algunos textos sobre la identidad del cristiano en la Escritura  Segunda lectura, de la carta a los Gálatas, y otros textos de San Pablo sobre el revestimiento de Cristo de los bautizados o Todos los bautizados en Cristo os habéis revestidos de Cristo …. todos sois uno en Cristo Jesús. Gálatas 3, 26-29: 26 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. 27 En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: 28 ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa. San Pablo, además de esa afirmación en la 2ª lectura de hoy, en la Carta a los Gálatas, nos exhorta con estas palabras: a)“revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de Dios” (Col. 3,10), b) “revestíos del hombre nuevo creado según Dios en santidad y justicia” (Ef. 4,24) 2. La identidad del cristiano en el Catecismo de la Iglesia Católica  Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida. o Revestirse de Cristo no significa algo exterior, simplemente llevar un vestido, sino participar en su vida y en su destino. - n. 787: La Iglesia es comunión con Jesús - Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (Cf Marcos 1, 16-20; 3, 13-19); les reveló el Misterio del Reino (Cf. Mateo 13, 10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (Cf Lucas 10, 17-20) y en sus sufrimientos (Cf Lucas 22, 28-30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre Él y los que le sigan: «Permaneced en mí, como yo en vosotros... Yo soy la vid y vosotros los sarmientos» (Juan 15, 4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: «Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Juan 6, 56).  El bautizado encuentra en Cristo encuentra su verdadera identidad o La vida es estar con Cristo - n. 1025 Vivir en el cielo es «estar con Cristo» (Cf Juan 14, 3; Filipenses 1, 23; 1 Tesaloniceneses 4, 17). Los elegidos viven «en El», aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (Cf Apocalipsis 2, 17): Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (S. Ambrosio, Luc. 10, 121).  b) Otros puntos del Catecismo de la Iglesia Católica que nos ayudan a entender lo que significa “revestirnos de Cristo”. o vivir en comunión con Cristo n. 1108: La finalidad de la misión del Espíritu Santo en toda acción litúrgica es poner en comunión con Cristo para formar su Cuerpo. (…) n. 426: (…) Catequizar es … descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios … (…) El fin de la catequesis: “conducir a la comunión con Jesucristo: sólo él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad”. n. 533: La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos ordinarios de la vida humana. (…) n. 791: (…) La unidad del Cuerpo místico sale victoriosa de todas las divisiones humanas: “En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío, ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3, 27- 28). n. 1227: Los bautizados se han “revestido de Cristo” (Gálatas 3, 27). Por el Espíritu Santo, el Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica (Cf. 1 Corintios 6,11; 1 Corintios 12,13). 3. Benedicto XVI: la identidad cristiana  a) La identidad del cristiano se caracteriza esencialmente por el encuentro con Cristo, por la comunión con Cristo y su Palabra. Pablo de Tarso, Apóstol por vocación, Catequesis del 25 de octubre de 2006 o Bajo su luz, cualquier otro valor debe ser recuperado y purificado de posibles escorias. De aquí se deriva una lección muy importante para nosotros: lo que cuenta es poner en el centro de la propia vida a Jesucristo, de manera que nuestra identidad se caracterice esencialmente por el encuentro, la comunión con Cristo y su Palabra. Bajo su luz, cualquier otro valor debe ser recuperado y purificado de posibles escorias. Otra lección fundamental dejada por Pablo es el horizonte espiritual que caracteriza a su apostolado. Sintiendo agudamente el problema de la posibilidad para los gentiles, es decir, los paganos, de alcanzar a Dios, que en Jesucristo crucificado y resucitado ofrece la salvación a todos los hombres sin excepción, se dedicó a dar a conocer este Evangelio, literalmente «buena noticia», es decir, el anuncio de gracia destinado a reconciliar al hombre con Dios, consigo mismo y con los demás. Desde el primer momento había comprendido que ésta es una realidad que no afectaba sólo a los judíos, a un cierto grupo de hombres, sino que tenía un valor universal y afectaba a todos.  b) La identidad cristiana: el influjo del Espíritu Santo o Benedicto XVI, Pablo de Tarso, El Espíritu en nuestros corazones, Catequesis del 15 noviembre 2006  El espíritu de hijos adoptivos: no somos sólo imagen sino hijos de Dios. Ahora bien, san Pablo, en sus cartas, nos habla del Espíritu también desde otro punto de vista. No se limita a ilustrar sólo la dimensión dinámica y operativa de la tercera Persona de la Santísima Trinidad, sino que analiza también su presencia en la vida del cristiano, cuya identidad queda marcada por él. Es decir, Pablo reflexiona sobre el Espíritu mostrando su influjo no solamente sobre el actuar del cristiano sino sobre su mismo ser. De hecho, dice que el Espíritu de Dios habita en nosotros (Cf. Romanos 8, 9; 1 Corintios 3,16) y que «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Gálatas 4, 6). Para Pablo, por tanto, el Espíritu nos penetra hasta en nuestras profundidades personales más íntimas. En este sentido, estas palabras tienen un significado relevante: «La ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte… Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!» (Romanos 8, 2.15), dado que somos hijos, podemos llamar «Padre» a Dios. Podemos ver, por tanto, que el cristiano, incluso antes de actuar, posee ya una interioridad rica y fecunda, que le ha sido entregada en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, una interioridad que le introduce en una relación objetiva y original de filiación en relación con Dios. En esto consiste nuestra gran dignidad: no somos sólo imagen, sino hijos de Dios. Y esto constituye una invitación a vivir nuestra filiación, a ser cada vez más conscientes de que somos hijos adoptivos en la gran familia de Dios. Es una invitación a transformar este don objetivo en una realidad subjetiva, determinante para nuestra manera de pensar, para nuestro actuar, para nuestro ser. Dios nos considera hijos suyos, pues nos ha elevado a una dignidad semejante, aunque no igual, a la del mismo Jesús, el único que es plenamente verdadero Hijo. En Él se nos da o se nos restituye la condición filial y la libertad confiada en nuestra relación con el Padre. 4. Papa Francisco, Rezo del Regina Coeli, Solemnidad de Pentecostés, domingo 15 de mayo de 2016. - El Espíritu Santo no trae una enseñanza distinta, sino que hace viva, activa la enseñanza de Jesús, para que el tiempo que pasa no lo borre o no lo debilite. El Espíritu Santo mete esa enseñanza en nuestro corazón, nos ayuda a interiorizarlo, haciendo que forme parte de nosotros, carne de nuestra carne. Al mismo tiempo, prepara nuestro corazón para que sea capaz de verdad de recibir las palabras y los ejemplos del Señor. Todas las veces que la palabra de Jesús es acogida con alegría en nuestro corazón, eso es obra del Espíritu Santo. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

La JMJ en Polonia (28 de julio de 2016). Discurso de Papa Francisco de acogida a los jóvenes. El motivo de este encuentro es celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros. Los jóvenes “jubilados”. Son jóvenes esencialmente amargados... y aburridos, que aburren a los demás, y eso me duele. Es difícil, y al mismo tiempo nos interpela, ver jóvenes que dejan la vida en busca del “vértigo”, o de esa sensación de sentirse vivos por vías oscuras que luego acaban "pagando"... y lo pagan caro. Una ocasión mejor para renovar la amistad con Jesús reforzando la amistad entre vosotros. El mejor modo para reforzar nuestra amistad con Jesús es compartirla con los demás. El modo mejor para experimentar la alegría del Evangelio es querer “contagiar” la Buena Noticia en tantas situaciones dolorosas y difíciles. «Bienaventurados los misericordiosos, porque encontrarán misericordia». Jesucristo es un don, regalo del Padre, para tener una vida plena. Sabe dar verdadera pasión a la vida. Nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos. Nos empuja a alzar la mirada y soñar alto. Nos interpela, invita y ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. La aventura de la misericordia.


1  La JMJ en Polonia (28 de julio de 2016). Discurso de Papa Francisco de acogida a los jóvenes. El motivo de este encuentro es celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros. Los jóvenes “jubilados”. Son jóvenes esencialmente amargados... y aburridos, que aburren a los demás, y eso me duele. Es difícil, y al mismo tiempo nos interpela, ver jóvenes que dejan la vida en busca del “vértigo”, o de esa sensación de sentirse vivos por vías oscuras que luego acaban "pagando"... y lo pagan caro. Una ocasión mejor para renovar la amistad con Jesús reforzando la amistad entre vosotros. El mejor modo para reforzar nuestra amistad con Jesús es compartirla con los demás. El modo mejor para experimentar la alegría del Evangelio es querer “contagiar” la Buena Noticia en tantas situaciones dolorosas y difíciles. «Bienaventurados los misericordiosos, porque encontrarán misericordia». Jesucristo es un don, regalo del Padre, para tener una vida plena. Sabe dar verdadera pasión a la vida. Nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos. Nos empuja a alzar la mirada y soñar alto. Nos interpela, invita y ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. La aventura de la misericordia.  Cfr. Papa Francisco, Discurso de acogida a los jóvenes, en la JMJ en Polonia 28 de julio de 2016 ¡Finalmente nos encontramos! ¡Gracias por esta calurosa acogida! Agradezco al Cardenal Dziwisz, a los Obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos y a todos los que os acompañan. Gracias a los que han hecho posible nuestra presencia aquí hoy, que se han “puesto en juego” para que pudiésemos celebrar la fe. Es decir: celebrar la fe. Hoy nosotros, todos juntos, estamos celebrando la fe. o El motivo del encuentro de la JMJ: celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros.  Una ocasión mejor para renovar la amistad con Jesús reforzando la amistad entre vosotros. El mejor modo para reforzar nuestra amistad con Jesús es compartirla con los demás. El modo mejor para experimentar la alegría del Evangelio es querer “contagiar” la Buena Noticia en tantas situaciones dolorosas y difíciles. «Bienaventurados los misericordiosos, porque encontrarán misericordia» En esta tierra natal suya, quisiera agradecer especialmente a san Juan Pablo II — ¡fuerte, fuerte! — que soñó y dio impulso a estos encuentros. Desde el cielo nos acompaña al ver a tantos jóvenes pertenecientes de pueblos, culturas, lenguas tan diversas con un solo motivo: celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros. ¿Habéis entendido? Celebrar a Jesús que está vivo en medio de nosotros. Y decir que está Vivo, es querer renovar nuestro deseo de seguirle, nuestro deseo de vivir con pasión el seguimiento de Jesús. ¡Qué ocasión mejor para renovar la amistad con Jesús que reforzar la amistad entre vosotros! ¡Qué modo mejor para reforzar nuestra amistad con Jesús que compartirla con los demás! ¡Qué modo mejor para experimentar la alegría del Evangelio que querer “contagiar” la Buena Noticia en tantas situaciones dolorosas y difíciles! Y Jesús es el que nos ha convocado a esta trigésimo primera Jornada Mundial de la Juventud; es Jesús quien nos dice: «Bienaventurados los misericordiosos, porque encontrarán misericordia» (Mt 5,7). Bienaventurados son los que saben perdonar, que saben tener un corazón compasivo, que saben dar los mejor a los demás; lo mejor, no lo que les sobra: ¡lo mejor! Queridos jóvenes, en estos días Polonia, esta noble tierra, se viste de fiesta; en estos días Polonia quiere ser el rostro siempre joven de la Misericordia. De esta tierra con vosotros y también unidos a tantos jóvenes que hoy no pueden estar aquí, pero que nos acompañan a través de varios medios de comunicación, todos juntos haremos de esta jornada una verdadera fiesta jubilar, en esto Jubileo de la Misericordia. En mis años vividos como Obispo he aprendido una cosa (he aprendido muchas, pero una quiero decirla ahora): no hay nada más bonito que contemplar los deseos, el empeño, la pasión y la energía con la que tantos jóvenes viven la vida. ¡Eso es bonito! ¿Y de dónde viene esa belleza? Cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, estos son capaces de acciones verdaderamente grandiosas. Es estimulante, sentirlos 2 compartir sus sueños, sus preguntas y su deseo de oponerse a todos los que dicen que las cosas no pueden cambiar. Esos que yo llamo los quietistas: “¡Nada se puede cambiar!” No, los jóvenes tienen la fuerza de oponerse a esos! Pero algunos no están seguros de esto. Yo os pregunto, vosotros responded: ¿las cosas se pueden cambiar? (Sí) ¡No se oye! (Sí) ¡Bien! Es un don del cielo poder ver a muchos de vosotros que, con vuestros interrogantes, buscáis actuar para que las cosas sean distintas. Es bonito, y me conforta el corazón, veros tan exuberantes. La Iglesia hoy os mira —diré más— el mundo hoy os mira y quiere aprender de vosotros, para renovar su confianza en la Misericordia del Padre que tiene el rostro siempre joven y no deja de invitarnos a formar parte de su Reino, que es un Reino de alegría, es un Reino siempre de felicidad, es un Reino que siempre nos lleva adelante, es un Reino capaz de darnos la fuerza de cambiar las cosas. Yo lo he olvidado. Hago la pregunta otra vez: ¿las cosas se pueden cambiar? (Sí) ¡De acuerdo!  Un corazón misericordioso sabe compartir el pan con quien tiene hambre, un corazón misericordioso se abre para recibir al prófugo y al emigrante. Decir misericordia con vosotros, es decir oportunidad, es decir mañana, es decir empeño, es decir confianza, es decir apertura, hospitalidad, compasión, es decir sueños. Conociendo la pasión que ponéis en la misión, me atrevo a repetir: la misericordia tiene siempre el rostro joven. Porque un corazón misericordioso tiene el valor de dejar las comodidades; un corazón misericordioso sabe ir al encuentro de los demás, logra abrazar a todos. Un corazón misericordioso sabe ser un refugio para quien no ha tenido nunca una casa o la ha perdida, sabe crear un ambiente de casa y de familia para quien ha tenido que emigrar, es capaz de ternura y de compasión. Un corazón misericordioso sabe compartir el pan con quien tiene hambre, un corazón misericordioso se abre para recibir al prófugo y al emigrante. Decir misericordia con vosotros, es decir oportunidad, es decir mañana, es decir empeño, es decir confianza, es decir apertura, hospitalidad, compasión, es decir sueños. ¿Pero vosotros sois capaces de soñar? […] Y cuando el corazón es abierto y capaz de soñar hay sitio para la misericordia, hay sitio para acariciar a los que sufren, hay sitio para ponerse junto a los que no tienen paz en el corazón o les falta lo necesario para vivir o le falta lo más bonito: la fe. Misericordia. Digamos juntos esta palabra: Misericordia. ¡Todos! (…) ¡Otra vez! (…) ¡Otra vez! (…) ¡Otra vez, para que el mundo lo oiga! (…) o Los jóvenes “jubilados”  Son jóvenes esencialmente amargados... y aburridos, que aburren a los demás, y eso me duele. Es difícil, y al mismo tiempo nos interpela, ver jóvenes que dejan la vida en busca del “vértigo”, o de esa sensación de sentirse vivos por vías oscuras que luego acaban "pagando"... y lo pagan caro. También quiero confesaros otra cosa que he aprendido en estos años. No quiero ofender a nadie. Me duele encontrar jóvenes que parecen “jubilados” antes de tiempo. Eso me duele. Jóvenes que parece que se hayan jubilado a los 23, 24, 25 años. Eso me duele. Me preocupa ver jóvenes que han “tirado la toalla” antes de empezar la partida. Que se han “parado” sin haber comenzado a jugar. Me duele ver jóvenes que caminan con la cara triste, como si su vida no tuviese valor. Son jóvenes esencialmente amargados... y aburridos, que aburren a los demás, y eso me duele. Es difícil, y al mismo tiempo nos interpela, ver jóvenes que dejan la vida en busca del “vértigo”, o de esa sensación de sentirse vivos por vías oscuras que luego acaban "pagando"... y lo pagan caro. Pensad en tantos jóvenes que conocéis, que han elegido ese camino. Hace pensar cuando ves jóvenes que pierden los mejores años de su vida y de sus energías corriendo tras vendedores de falsas ilusiones —¡los hay!—, vendedores de falsas ilusiones (en mi tierra natal se dice “vendedores de humo”) que os roban lo mejor de vosotros mismos. Y eso me duele. Yo estoy seguro de que hoy entre vosotros no hay ninguno de esos, pero quiero deciros: hay jóvenes jubilados, jóvenes que tiran la toalla antes del partido, hay jóvenes que luego entran en el vértigo con las falsas ilusiones y acaban en nada. Por eso, queridos amigos, nos hemos reunido para ayudarnos mutuamente, porque no queremos dejarnos robar lo mejor de nosotros mismos, no queremos permitir que nos roben las energías, que nos roben la alegría, que nos roben los sueños con falsas ilusiones. o Jesucristo es un don, regalo del Padre, para tener una vida plena.  Sabe dar verdadera pasión a la vida. Nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos. Nos empuja a alzar la mirada y soñar alto. Nos interpela, invita y ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. 3 Queridos amigos, os pido: ¿queréis para vuestra vida ese “vértigo” alienante o queréis oír la fuerza que os haga sentiros vivos y plenos? ¿Vértigo alienante o fuerza de la gracia? ¿Qué queréis: vértigo alienante o fuerza de plenitud? ¿Qué queréis? […] ¡No se oye bien! […] Para ser plenos, para tener una vida renovada, hay una respuesta, hay una respuesta que no se vende, hay una respuesta que no se compra, una respuesta que no es una cosa, que no es un objeto, es una persona, se llama Jesucristo. ¡Un aplauso! Os pregunto: ¿Jesucristo se puede comprar? [¡No!] ¿Jesucristo se vende en las tiendas? Jesús Cristo es un don, es un regalo del Padre, el don de nuestro Padre. ¿Quién es Jesucristo? ¡Todos! ¡Jesucristo es un don! ¡Todos! […] Es el regalo del Padre. Jesucristo es el que sabe dar verdadera pasión a la vida, Jesucristo es el que nos lleva a no contentarnos con poco y nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos; es Jesucristo quien nos interpela, nos invita y nos ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. Es Jesucristo quien nos empuja a alzar la mirada y soñar alto. “Pero padre —puede decirme alguno— es tan difícil soñar alto, es tan difícil subir, estar siempre de subida. Padre, yo soy débil, yo caigo, yo me esfuerzo, pero tantas veces me vengo abajo”. Los alpinos, cuando suben las montañas, cantan una canción muy bonita, que dice así: “En el arte de subir, lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído”. Si tú eres débil, si caes, mira un poquito a lo alto y está la mano tendida de Jesús que te dice: “Levántate, ven conmigo”. “¿Y si lo hago otra vez?” También. “¿Y si lo hago otra vez?” También. Pero Pedro una vez preguntó al Señor: “Señor, cuántas veces? 70 veces 7”. La mano de Jesús siempre está tendida para levantarnos, cuando caemos. ¿Habéis entendido? [¡Sí!]. o La casa de Marta, María y Lázaro  En estos días de la JMJ, Jesús quiere entrar en nuestra casa: en tu casa, en mi casa, en el corazón de cada uno de nosotros. Que sean días para Jesús, dedicados a escucharnos, a recibirlo en aquellos con quien comparto la casa, el camino, el grupo o la escuela. En el Evangelio hemos escuchado que Jesús, mientras está yendo a Jerusalén, se detiene en una casa —la de Marta, María y Lázaro— que le acoge. De paso, entra en su casa para estar con ellos; las dos mujeres reciben al que saben que es capaz de emocionarse. Las muchas ocupaciones nos hacen ser como Marta: activos, distraídos, siempre corriendo de acá para allá... pero a menudo somos también como María: ante un bonito paisaje, o un vídeo que nos manda un amigo al móvil, nos detenemos a reflexionar, en escucha. En estos días de la JMJ, Jesús quiere entrar en nuestra casa: en tu casa, en mi casa, en el corazón de cada uno de nosotros; Jesús verá nuestras preocupaciones, nuestro ir corriendo, como hizo con Marta... y esperará que le escuchemos como María: que, en medio de todas las cosas, tengamos el valor de encomendarnos a Él. Que sean días para Jesús, dedicados a escucharnos, a recibirlo en aquellos con quien comparto la casa, el camino, el grupo o la escuela.  Quien acoge a Jesús aprende a amarle. Para tener una vida plena como María de Betania, sentada a los pies de Jesús como discípula, que ama escucharlo porque sabe que ahí está la paz. El “sí” a la aventura de la misericordia. Y quien acoge a Jesús, aprende a amar a Jesús. Entonces Él nos pregunta si queremos una vida plena. Y yo en nombre de Él os pregunto: ¿quieres… queréis una vida plena? ¡Comienza desde este momento a dejarte emocionar! Porque la felicidad germina y brota en la misericordia: esa es su respuesta, esa es su invitación, su desafío, su aventura: la misericordia. La misericordia tiene siempre un rostro joven; como el de María de Betania, sentada a los pies de Jesús como discípula, que ama escucharlo porque sabe que ahí está la paz. Como el rostro de María de Nazaret, lanzada con su “sí” a la aventura de la misericordia, y que será llamada bienaventurada por todas las generaciones, llamada por todos nosotros “la Madre de la Misericordia”. Invoquémosla todos juntos: María Madre de la Misericordia. Todos: María Madre de la Misericordia. o Pidamos al Señor que nos lance en la aventura de la misericordia.  Socorrer al pobre, a quien se siente solo; acompañar a los que no conocen al Señor, a quien ya no encuentra un sentido para su vida, etc. etc. 4 Ahora todos juntos, pidamos al Señor —que cada uno repita en su corazón en silencio—: ¡Señor lánzanos a la aventura de la misericordia! Lánzanos a la aventura de construir puentes y derribar muros (sean recintos o redes); lánzanos a la aventura de socorrer al pobre, a quien se siente solo y abandonado, a quien ya no encuentra un sentido para su vida. Lánzanos a acompañar a los que no te conocen y decirles lentamente y con tanto respeto tu nombre, el porqué de mi fe. Empújanos, como María de Betania, a la escucha de los que no comprendemos, de los que vienen de otras culturas, otros pueblos, también de los que tememos porque creemos que pueden hacernos daño. Haz que dirijamos nuestra mirada, como María de Nazaret con Isabel, que volteemos nuestras miradas a nuestros ancianos, a nuestros abuelos para aprender de su sabiduría. Yo os pregunto: ¿habláis con vuestros abuelos? ¡Eh! Así, así, ¿eh? Buscad a vuestros abuelos, que ellos tienen la sabiduría de la vida y os dirán cosas que emocionarán vuestro corazón. ¡Aquí estamos, Señor! Mándanos a compartir tu Amor Misericordioso. Queremos acogerte en esta Jornada Mundial de la Juventud, queremos afirmar que la vida está llena cuando se vive a partir de la misericordia, y que esta es la parte mejor, es la parte más dulce, es la parte que nunca nos será quitada. Amén. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana

Printfriendly